La quinta trompeta

El   sometimiento  de  la  nueva  potencia  mundial

 

 

El quinto ángel tocó la trompeta y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo. (Apocalipsis 9:1)

 

¿Cómo caíste del cielo, ¡oh lucero!, tú que tanto brillabas en la mañana? ¿Cómo fuiste precipitado por tierra, tú que has sido la ruina de las naciones? (Isaías 14:12)

 

Antes de la creación del hombre en la tierra, hubo una gran batalla en los cielos, el arcángel Miguel, brazo derecho de Dios, lucho con su ejército de ángeles contra el dragón (Satanás) y sus ángeles de rebelión, mas éstos no vencieron y fueron precipitados a la tierra.

 

En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra, empero estaba informe y vacía y las tinieblas cubrían la superficie del abismo y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas. (Génesis 1:1,2)

 

Me paré sobre la arena del mar y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas un nombre blasfemo. (Apocalipsis 13:1)

 

En el capítulo once del libro de la revelación se habla de dos testigos de Dios que profetizarán al mundo.

 

Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos y los vencerá y los matará. Apocalipsis (11:7).

 

Juan en visión ve una bestia que sube del mar, después advierte a ésta misma subir del abismo, como lo explica el Génesis y el Apocalipsis el abismo se refiere a las aguas de los mares.

 

La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición... (Apocalipsis 17:8).

Me dijo también: las aguas que has visto, donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. (Apocalipsis 17:15).

 

La llave del abismo, en lenguaje simbólico bíblico, son las aguas: pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas y han sido entregadas en poder de Satanás.

 

Y le llevó el diablo a un alto monte y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: a ti te daré toda esta potestad y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido dada y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. (Lucas 4:5,6,7)

 

Y abrió el pozo del abismo y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo. Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder como tienen poder los escorpiones de la tierra. (Apocalipsis 9:2,3)

 

Cuando Jesucristo reúne a todas las naciones (las aguas, que son el abismo) en el Armagedón, es tal el número de los ejércitos que salen del abismo que oscurecen el cielo, como sucede con una gran plaga de langostas cuando vuelan. Y del humo salieron langostas...  de todas esas multitudes salieron langostas.

 

Allí mismo serás devorada por el fuego; parecerás al filo de la espada, la cual te devorará como el pulgón a la hierba, aunque reúnas gente en tanto número como el pulgón y la langosta.

 

Tus comerciantes eran en mayor número que las estrellas del cielo; mas fueron como el pulgón, que habiéndose engordado voló a otra parte. Tus capitanes se parecen a las langostas y tus soldados a las tiernas langostas; las cuales hacen asiento en los vallados durante el frío de la noche, pero luego que el sol ha nacido, se levantan y ya no queda rastro sobre ellas en el lugar donde han parado.

 

Durmiéronse, ¡oh rey de Asiria!, tus capitanes; enterrados serán tus príncipes; escondióse tu gente por los montes y no hay quien la reúna. (Nahum 3:15-18)

 

La Historia identifica a los asirios con sus conquistas crueles, la base de su ejército fue de infantería pesada; los soldados llevaban casco y coraza de escamas, se usó también la caballería; tenían torres de asalto movidas por ruedas. La capital de los asirios fue Nínive y fue de las ciudades mejor defendidas de todo el mundo.

 

En el sur de Alemania occidental, cerca de la frontera con Luxemburgo, hay una ciudad llamada Tréveris que fue fundada por el hijo del que fundó la ciudad de Nínive.

 

Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. (Apocalipsis 9:4)

 

Y el que nos confirma con vosotros es Cristo; y el que nos ungió es Dios, el cual también nos ha sellado y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones. (Corintios II 1:21).

 

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación; y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa. (Efesios 1:13).

 

Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. (Efesios 4:30). El Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. (Hechos 5:32).

 

Y les fue dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al hombre. Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos.

 

El aspecto de las langostas era semejante a los caballos preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro; sus caras eran como caras humanas; tenían cabello como cabello de mujer; sus dientes eran como de leones, tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla; tenían colas como de escorpiones y también aguijones; y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses. (Apocalipsis 9:5-10)

 

Juan describe cientos de helicópteros o aviones para guerra de la mejor manera que su época  le permite. Las coronas de oro pueden observarse en las hélices en movimiento, sus caras humanas, ya que van al mando de éstos; el ruido de sus alas, las hélices, era semejante a un estruendo de muchos caballos y las colas de estos helicópteros  semejante a la de los escorpiones; y en estas el poder para dañar, o bien de donde se disparan las armas.

 

Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón y en griego Apolión.

 

El primer ay pasó; he aquí vienen aun dos ayes después de esto. (Apocalipsis 9:11,12).

 

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