Los 7 truenos

La voz de Dios proclamada por la iglesia

 

 

 

 

 

Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columna de fuego. (Apocalipsis 10: 1)

 

Este ángel representa a Jesucristo:

 

Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.

 

Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol como cuando resplandece en su fuerza. (Apocalipsis 1: 12-16)

 

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; y clamó a gran voz, como ruge un león; (Apocalipsis 10: 2)

 

Jesucristo es el León de la tribu de Judá, y el librito en su mano es el libro del Apocalipsis.

 

Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos. (Apocalipsis 5: 4,5)

 

Y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces. (Apocalipsis 10: 3)

 

Voz de Jehová sobre las aguas; truena el Dios de gloria, Jehová sobre las aguas. Voz de Jehová con potencia, voz de Jehová con gloria. (Salmos 29: 4,5)

 

A tu reprensión huyeron; al sonido de tu trueno se apresuraron; subieron los montes, descendieron los valles, al lugar que tu les fundaste. (Salmos 104: 7)

 

Los truenos son la voz de Dios, y la voz de Dios escrita es la Biblia, son siete las voces y también siete las eras de la iglesia en la que han proclamado la voz de Dios.  Vea:  Las siete eras de la iglesia de Dios

 

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.

 

Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas. (Apocalipsis 10: 4-7)

 

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. (I Corintios: 15: 51,52)

 

Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos........Grande es este misterio; mas yo os digo esto con respecto de Cristo y de la iglesia. (Efesios 5: 30,32)

 

Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. (I Corintios 15: 44)

 

La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra. Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. (Apocalipsis 10: 8,9)

 

Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, la cual tenía un libro enrollado, y lo abrió delante de mí, y estaba escrito por dentro y por fuera; y lamentaciones, y canciones lúgubres, y ayes, era lo que se hallaba escrito en él.

 

Y díjome: Hijo de hombre, come cuanto hallares; come ese volumen, y díjome: Hijo de hombre, con este volumen que yo te doy tu vientre se alimentará, y llenaré tus entrañas. Lo comí, pues, y mi paladar hallólo dulce como la miel. (Ezequiel 2: 9   3: 1-3)

 

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.

 

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes. (Apocalipsis 10: 10,11)

 

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