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La Revelación
de Jesucristo
El que es y que era y que ha de venir.
La
revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las
cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a
su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio
de Jesucristo, y de todas las cosas que has visto.
Bienaventurado
el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas
en ella escritas; porque el tiempo está cerca. (Apocalipsis 1: 1-3)
Porque
la visión es todavía para el tiempo señalado, mas ella al fin se cumplirá y no
será fallida. Aun si tardara espérale, que el que ha de venir vendrá y no
tardará. (Habacuc 2:3)
Juan, a las
siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era
y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de
Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los
reyes de la tierra.
Al
que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y
sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea la gloria e imperio por los siglos de
los siglos. Amén.
He
aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron y
todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. (Apocalipsis
4-7)
Entonces
aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, y entonces todas las tribus
de la tierra se golpearán en lamento, y verán al Hijo del hombre viniendo sobre
las nubes del cielo con poder y gran gloria. (Mateo 24:3)
Yo
soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y
que ha de venir, el Todopoderoso.
Yo,
Juan, vuestro hermano y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en
la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la
palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.
Yo
estaba en el espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como
de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último.
(Apocalipsis 1: 5-10)
¡Ay,
ay!, qué día es ese día que llega. ¡Ay!, cercano está el día del Señor, y
vendrá como una espantosa borrasca enviada del Todopoderoso. (Joel 1: 15)
Sonad trompeta en Sión, prorrumpir en alaridos desde mi
santo monte, estremézcanse todos los moradores de la tierra; porque se acerca
el día del Señor, porque está ya para llegar.
Día
de tinieblas y oscuridad, día de nublados y de torbellinos: un pueblo numeroso
y fuerte se derrama por todos los montes de la Judea, como se extiende la luz
por la mañana: no lo ha habido semejante desde el principio, ni lo habrá en
muchas generaciones. (Joel 2: 1,2)
El
sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de la llegada de
aquel grande y espantoso día del Señor.
(Joel 2:31)
Cerca
está el día grande del Señor: está cerca, y va llegando con suma velocidad;
amargas voces en el día del Señor; los poderosos se verán entonces en aprietos.
Día
de ira aquel, día de tribulación y de congoja, día de calamidad y de miseria,
día de tinieblas y de oscuridad, día de nublados y de tempestades, día de
sonido de la trompeta contra las ciudades fuertes y contra las altas torres.
(Sofonías 1: 14-16)
Escribe
en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a
Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Loadicea. (Apocalipsis
1: 11)
Estas siete Iglesias eran parte de una ruta que seguía en
aquellos tiempos el correo, pero además esta referencia tiene una doble
connotación, son las siete eras de la verdadera iglesia que se han sucedido en
el mundo. Sin embargo, han de esperarse condiciones similares en las
congregaciones de nuestros tiempos.
Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi
siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros, a uno semejante al Hijo
del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el
pecho con un cinto de oro. (Apocalipsis 1: 12,13)
La vestidura es propia del oficio sacerdotal
que ejerce Jesucristo en presencia de Jehová, como los sacerdotes judíos,
llevaban una cinta de oro sobre el pecho.
Su
cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como
llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un
horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.
Tenía
en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos;
y su rostro era como el sol como cuando resplandece en su fuerza. (Apocalipsis
1: 12-16)
Porque la palabra de Dios es viva, y ejerce
poder, y es más aguda que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el
alma y el espíritu, y entre coyunturas y tuétano, y puede discernir
pensamientos e intenciones del corazón. (Hebreos 4:12)
Cuando
le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome:
No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he
aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la
muerte y del Hades.
Escribe
las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.
El
misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete
candeleros de oro: las siete estrellas son los siete ángeles de las siete
iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.
(Apocalipsis 1: 17-20)