¿Qué es el REINO DE DIOS?
Porque un niño nos ha nacido,
y se nos ha dado un hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado, y
tendrá por nombre Admirable; el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo venidero,
el Príncipe de paz. Su imperio se extenderá, y la paz no tendrá fin; se sentará
sobre el solio de David; y poseerá su reino para afianzarlo y consolidarlo,
haciendo reinar la equidad y justicia, desde ahora y para siempre. (Isaías 9:
6,7)
Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. (Lucas 1: 32,33)
Tú, oh
rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya
gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible.
La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su
vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de
hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra fue
cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro
cocido, y los desmenuzó.
Entonces
fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y
el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin
que de ellos quedara rastro alguno.
Mas la
piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra.
Este es el
sueño; también la interpretación de él diremos en presencia del rey. Tú, oh
rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder,
fuerza y majestad. Y dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del
campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado el dominio
sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro.
Y después
de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de
bronce, el cual dominará sobre toda la tierra. Y el cuarto reino será fuerte
como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y
quebrantará todo. Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro
cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en
él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro
cocido.
Y por ser
los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino
será en parte fuerte, y en parte frágil. Así como viste el hierro mezclado con
barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con
el otro, como el hierro no se mezcla con el barro.
Y en los
días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás
destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a
todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre, de la manera que viste
que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro,
el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que
ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su
interpretación. (Daniel 2)
Daniel hace referencia al rey Nabucodonosor sobre la visión de sucesión de reinos a lo largo de la historia, desde el momento de su época, la cual era el reinado de Babilonia, hasta los tiempos del fin, en los cuales el Dios del cielo terminaría con el sistema de gobierno humano y lo reemplazaría por su reino, el reino de los cielos en la tierra.
Acontecerá
en lo postrero de los tiempos, que el monte en que se erigirá la Casa del
Señor, tendrá sus cimientos sobre la cumbre de todos los montes, y se elevará
sobre los collados, y correrán a ella todas las naciones. Y vendrán muchos
pueblos y dirán: Vamos, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de
Jacob, y él nos enseñará sus caminos y por sus sendas andaremos; porque de Sión
saldrá la ley y de Jerusalén la palabra del Eterno.
Y el será juez de toda gente, y
convencerá a muchos pueblos; los cuales forjarán sus espadas en rejas de arado y
sus lanzas en azadones, no alzará más espada nación contra nación ni se
adestrarán más para la guerra. (Isaías 2:2-4)
El único juez sobre toda la tierra, el Dios
del cielo, con Jerusalén como capital del gobierno mundial de su reino, todas
las naciones se someterán a él, porque rectos y justos son sus caminos y por
ellos andaremos. La palabra guerra será borrada sobre la tierra, y la paz
prevalecerá.
No sabéis
vosotros que Jehová Dios de Israel dio el reino a David sobre Israel para
siempre, a él y a sus hijos, bajo pacto de perpetuo?
(2 Crónicas 13:5)
Y ahora
vosotros tratáis de resistir al reino de Jehová en mano de los hijos de David,
porque sois muchos, y tenéis con vosotros los becerros de oro que Jeroboam os
hizo por dioses. (2 Crónicas 13:8)
El
cetro real fue dado a David y a su descendencia, de la cuál proviene
Jesucristo. Muchos resisten al reino de Dios por medio de la adoración de toda
clase de imágenes, siendo que es el primero y más importante de los
mandamientos:
No tendrás otros
dioses delante de mí. No harás para ti imagen de escultura, ni figura alguna de
las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni de las que hay
en las aguas debajo de la tierra. No las adorarás ni darás culto, porque yo soy
el Señor Dios tuyo que castigo en los hijos la maldad de los padres hasta la
tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago uso de misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos.
(Deuteronomio 5: 7-10)
Claro está, los que no guarden estos mandamientos, no verán el reino de Dios, y su castigo es por generaciones, mas los justos, heredarán el reino.
Yo
estaba, pues, observando en la visión nocturna, y he aquí que venía entre las
nubes del cielo uno que parecía el Hijo del hombre, quien se adelantó hacia el
anciano de días, y le presentaron ante él. Y dióle esta potestad, el honor y el
reino; y todos los pueblos, tribus y lenguas le servían a él; la potestad suya
es potestad eterna que no le será quitada, y su reino es indestructible.
(Daniel 7: 13,14)
Hasta
tanto que llegó el anciano de días, y sentenció a favor de los santos del
Altísimo, y vino el tiempo, y los santos obtuvieron el reino.
Y
se celebrará juicio, a fin de que se le quite el poder (al gobierno
humano) y sea destruído y perezca para siempre. Y para
que el reino, y la potestad, y la magnificencia del reino, cuanta hay debajo de
todo el cielo, sea dada al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es
reino sempiterno, y a él le servirán y obedecerán los reyes todos (Daniel 7:
22, 26-27)
Mas
esto dice Jehová de los ejércitos. Yo he vuelto ahora a Sión y moraré en medio
de Jerusalén y ella será llamada Ciudad de la verdad y el monte del Señor de
los ejércitos, monte santo. (Zacarías 8: 3)
Jehová de los
ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines sólo tú eres Dios de
todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra. (Isaías 37:
15)
Años antes del nacimiento de Jesucristo, los profetas ya habían anunciado el reino de Dios, pero cuando él llegó a la tierra, empezó a predicar las nuevas buenas del reino, y su ministerio duró tres años y medio en los cuales anunció lo que sería el reino de los cielos, el cuál ya se había acercado.
El tiempo
se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentios y creed en el
evangelio. (Marcos 1:15)
Os digo
que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista;
pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él. (Lucas 7:28)
Desde los
días de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y
los valientes lo arrebatan. (Mateo 11: 12)
Porque
éste es aquel del cual fue dicho por el profeta Isaías, que dijo: Voz de uno
que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Enderezad sus sendas.
(Mateo 3:3)
Desde
entonces comenzó Jesús á predicar, y á decir: Arrepentios, que el reino de los
cielos se ha acercado. (Mateo 4:17)
Bienaventurados
los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. (Mateo 5:3)
Bienaventurados
los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el
reino de los cielos. (Mateo 5: 10)
Felices y por buen camino van todos los que son humildes, ellos heredarán el reino, y aquellos cuya persecución y rechazo sea por defender la palabra de Dios y el nombre del Eterno.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os
vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo
(Mateo 5: 11)
De manera que cualquiera que quebrante uno de
estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será
llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe,
éste será llamado grande en el reino de los cielos. (Mateo 5: 19)
Así
entonces el reino de los cielos es el reino de Dios en la tierra:
Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que
estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu
voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada
día, dánoslo hoy. (Mateo 6: 9-11)
Santo,
que quiere decir apartado, es el nombre de Jehová, venga tu reino a los
hombres, como lo es en el cielo, lo sea en la tierra. El pan, que es también la
palabra de Dios, no nos falte de día en día.
No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos,
o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas
cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas
cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas (Mateo 6: 31-33)
Cuando
Jesús daba su ministerio en la ciudad de Capernaum, vino un centurión
pidiéndole sanara a su criado, sólo di la palabra y se sanará decía él, y Jesús
se maravillo de su fe.
Y os digo que vendrán muchos del oriente y del
occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos;
mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el
lloro y crujir de dientes. (Mateo 8: 11,12)
Así,
a partir de la fe en Jesucristo, toda gente tiene salvación, aunque no sean
descendientes del pueblo de Israel, que es el pueblo de Dios, ya que aun ellos
mismos, cuando no tengan la fe en su salvador no pueden tener parte en el
reino, basta recordar que los propios judíos (fariseos) llevaron a Jesucristo
al sacrificio, por no reconocer a su redentor.
Y les
habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió á
sembrar.
Y
sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la
comieron.
Y parte
cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía
profundidad de tierra: Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no
tenía raíz.
Y parte
cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.
Y parte
cayó en buena tierra, y dio fruto, cual a ciento, cual sesenta, y cual a treinta.
Quien
tiene oídos para oír, oiga.
Entonces,
llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?
Y Él
respondiendo, les dijo: Por que a vosotros es concedido saber los misterios del
reino de los cielos; mas a ellos no es concedido.
Porque a
cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo
que tiene le será quitado.
Por eso
les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.
De manera que
se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no
entenderéis; Y viendo veréis, y no miraréis.
Porque el
corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de
sus ojos guiñan: Para que no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y del
corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane.
Mas
bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.
Porque de
cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo
vieron: y oír lo que oís, y no lo oyeron.
Oid, pues,
vosotros la parábola del que siembra:
Oyendo
cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata
lo que fue sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado junto al camino.
Y el que
fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe
con gozo.
Mas no
tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción o la persecución
por la palabra, luego se ofende.
Y el que
fue sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este
siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
Mas el que
fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el
que lleva fruto: y lleva uno a ciento, y otro a sesenta, y otro a treinta.
(Mateo 13)
Otra
parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre
que siembra buena simiente en su campo:
Mas
durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se
fue.
Y como la
hierba salió e hizo fruto, entonces apareció también la cizaña.
Y
llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no
sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde, pues, tiene cizaña?
Y Él les
dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres,
pues, que vayamos y la agarremos?
Y Él dijo:
No; porque tomando la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo.
Dejad
crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo
diré a los segadores: Coged primero la cizaña, y atadla en manojos para
quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí. (Mateo13)
Otra parábola
les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza,
que tomándolo alguno lo sembró en su campo:
El cual á
la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es
la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y
hacen nidos en sus ramas. (Mateo13)
Otra
parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura que tomó
una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo.
Todo esto
habló Jesús por parábolas á las gentes, y sin parábolas no les hablaba:
Para que
se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi
boca; Rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo.
Entonces,
despedidas las gentes, Jesús se vino á casa; y llegándose á Él sus discípulos,
le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo.
Y
respondiendo Él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del
hombre; y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y
la cizaña son los hijos del malo; y el enemigo que la sembró, es el diablo; y
la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
De manera
que como es cogida la cizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este
siglo.
Enviará el
Hijo del hombre sus ángeles, y tomarán de su reino todos los escándalos, y los
que hacen iniquidad,
Y los
echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.
Entonces
los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: el que tiene
oídos para oír, oiga. (Mateo13)
Además, el
reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo; el cual
hallado, el hombre lo encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene,
y compra aquel campo.
También el
reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas;
que hallando una preciosa perla, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
Asimismo el
reino de los cielos es semejante a la red, que echada en la mar, recoge de
todas suertes de peces:
La cual
estando llena, la sacaron a la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos,
y lo malo echaron fuera.
Así será
al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los malos de entre los
justos,
Y los
echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.
Díceles
Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor.
Y él les
dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante a un
padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.
Porque el
reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por
la mañana a ajustar obreros para su viña.
Y
habiéndose concertado con los obreros en un denario al día, los envió a su
viña.
Y saliendo
cerca de la hora de las tres, vio otros que estaban en la plaza ociosos; y les
dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos
fueron.
Salió otra
vez cerca de las horas sexta y nona, e hizo lo mismo.
Y saliendo
cerca de la hora undécima, halló otros que estaban ociosos; y díceles: ¿Por qué
estáis aquí todo el día ociosos?
Dícenle: Porque
nadie nos ha ajustado. Díceles: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo
que fuere justo.
Y cuando
fue la tarde del día, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los
obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.
Y viniendo
los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.
Y viniendo
también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos
recibieron cada uno un denario.
Y
tomándolo, murmuraban contra el padre de la familia, diciendo: Estos postreros
sólo han trabajado una hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos
llevado la carga y el calor del día.
Y él
respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no te concertaste
conmigo por un denario?
Toma lo
que es tuyo, y vete; mas quiero dar a este postrero, como a ti.
¿No me es
lícito a mí hacer lo que quiero con lo mío? ó ¿es malo tu ojo, porque yo soy
bueno?
Así los
primeros serán postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados,
mas pocos escogidos. (Mateo 20)
Y
respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:
El reino
de los cielos es semejante a un hombre rey, que hizo bodas a su hijo; y envió
sus siervos para que llamasen los llamados a las bodas; mas no quisieron venir.
Volvió a
enviar otros siervos, diciendo: Decid a los llamados: He aquí, mi comida he
aparejado; mis toros y animales engordados son muertos, y todo está prevenido:
venid a las bodas.
Mas ellos
no se cuidaron, y se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros,
tomando a sus siervos, los afrentaron y los mataron.
Y el rey,
oyendo esto, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas,
y puso fuego a su ciudad.
Entonces
dice a sus siervos: Las bodas a la verdad están aparejadas; mas los que eran
llamados no eran dignos.
Id pues a
las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos hallareis.
Y saliendo
los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente
malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados.
Y entró el
rey para ver los convidados, y vio allí un hombre no vestido de boda y le dijo:
Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca.
Entonces
el rey dijo a los que servían: Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en
las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.
Porque
muchos son llamados, y pocos escogidos. (Mateo 22)
Entonces
el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomando sus
lámparas, salieron a recibir al esposo.
Y las
cinco de ellas eran prudentes, y las cinco fatuas.
Las que
eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;
Mas las
prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas.
Y
tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.
Y a la
media noche fue oído un clamor: He aquí, el esposo viene; salid a recibirle.
Entonces
todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.
Y las
fatuas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras
lámparas se apagan.
Mas las
prudentes respondieron, diciendo. Porque no nos falte aa nosotras y a vosotras,
id antes a los que venden, y comprad para vosotras.
Y mientras
que ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas,
entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.
Y después
vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.
Mas respondiendo
Él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
Velad,
pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.
(Mateo 25)
Porque el
reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó á sus
siervos, y les entregó sus bienes.
Y a éste
dio cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: a cada uno conforme a su
facultad; y luego se partió lejos.
Y el que
había recibido cinco talentos se fue, y granjeó con ellos, e hizo otros cinco
talentos.
Asimismo
el que había recibido dos, ganó también él otros dos.
Mas el que
había recibido uno, fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
Y después
de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, e hizo cuentas con ellos.
Y llegando
el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo:
Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado
sobre ellos.
Y su señor
le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te
pondré: entra en el gozo de tu señor.
Y llegando
también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me
entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.
Su señor
le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te
pondré: entra en el gozo de tu señor.
Y llegando
también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres
hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; y
tuve miedo, y fui, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es
tuyo.
Y
respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabías que siego
donde no sembré y que recojo donde no esparcí;
Por tanto
te convenía dar mi dinero a los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo
que es mío con usura.
Quitadle
pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.
Porque a
cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo
que tiene le será quitado.
Y al
siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el
crujir de dientes.
Y cuando
el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él,
entonces se sentará sobre el trono de su gloria.
Y serán
reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros,
como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.
Y pondrá
las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda.
Entonces
el Rey dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre,
heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
Porque
tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui
huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis;
estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.
Entonces
los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te
sustentamos? ¿o sediento, y te dimos de beber?
¿Y cuándo
te vimos huésped, y te recogimos? ¿ó desnudo, y te cubrimos?
¿O cuándo
te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?
Y
respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a
uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis.
Entonces
dirá también a los que estarán a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego
eterno preparado para el diablo y para sus ángeles: porque tuve hambre, y no me
disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui huésped, y no me
recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me
visitasteis.
Entonces
les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno
de estos pequeñitos, ni a mí lo hicisteis. (Mateo 25)
Mas Jesús,
llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de
los tales es el reino de Dios. (Lucas
18:15)
De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no
entrará en él. (Lucas 18: 16)
Respondió
Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del
Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. (Juan 3: 4)
Porque el
reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. (Corintios 4: 19)
¿No sabéis
que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios,
ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con
varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes,
ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. (Corintios 6: 8-11)
Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino
de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. (Corintios 15: 49)
Y manifiestas son las obras de la carne, que
son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías,
enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias,
homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las
cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales
cosas no heredarán el reino de Dios. (Gálatas 5: 19-22)
Porque
sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene
herencia en el reino de Cristo y de Dios. (Efesios 5: 4)
Mas del
Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el
cetro de tu reino. (Hebreos
1:7)
Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para
que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? (Santiago 2:4)
Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque
el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo
Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios,
dispuesta como una novia ataviada para su marido.
Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí
el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su
pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.
Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más
muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas
pasaron.
Y el que estaba sentado en el trono dijo: He
aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: escribe; porque estas palabras
son fieles y verdaderas.
Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la
Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de
la fuente del agua de vida.
El que venciere heredará todas las cosas, y yo
seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los
abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos
los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es
la muerte segunda.
(Apocalipsis 21: 1-8)