¿Qué es el REINO DE DIOS?

Por: Sendey Chávez Ramírez

 

 

Porque un niño nos ha nacido, y se nos ha dado un hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado, y tendrá por nombre Admirable; el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo venidero, el Príncipe de paz. Su imperio se extenderá, y la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David; y poseerá su reino para afianzarlo y consolidarlo, haciendo reinar la equidad y justicia, desde ahora y para siempre. (Isaías 9: 6,7)

 

Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. (Lucas 1: 32,33)

 

 

 

Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. 

 

Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno.

Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra.

 

Este es el sueño; también la interpretación de él diremos en presencia del rey. Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad. Y dondequiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro.

 

Y después de ti se levantará otro reino inferior al tuyo; y luego un tercer reino de bronce, el cual dominará sobre toda la tierra. Y el cuarto reino será fuerte como hierro; y como el hierro desmenuza y rompe todas las cosas, desmenuzará y quebrantará todo. Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro cocido. 

 

Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil. Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro.

 

Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre, de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación.     (Daniel 2)

 

Daniel hace referencia al rey Nabucodonosor sobre la visión de sucesión de reinos a lo largo de la historia, desde el momento de su época, la cual era el reinado de Babilonia, hasta los tiempos del fin, en los cuales el Dios del cielo terminaría con el sistema de gobierno humano y lo reemplazaría por su reino, el reino de los cielos en la tierra.

 

Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que el monte en que se erigirá la Casa del Señor, tendrá sus cimientos sobre la cumbre de todos los montes, y se elevará sobre los collados, y correrán a ella todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos y dirán: Vamos, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob, y él nos enseñará sus caminos y por sus sendas andaremos; porque de Sión saldrá la ley y de Jerusalén la palabra del Eterno.

 

Y el será juez de toda gente, y convencerá a muchos pueblos; los cuales forjarán sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en azadones, no alzará más espada nación contra nación ni se adestrarán más para la guerra. (Isaías 2:2-4)

 

El único juez sobre toda la tierra, el Dios del cielo, con Jerusalén como capital del gobierno mundial de su reino, todas las naciones se someterán a él, porque rectos y justos son sus caminos y por ellos andaremos. La palabra guerra será borrada sobre la tierra, y la paz prevalecerá.

 

No sabéis vosotros que Jehová Dios de Israel dio el reino a David sobre Israel para siempre, a él y a sus hijos, bajo pacto de perpetuo?
(2 Crónicas 13:5
)

 

Y ahora vosotros tratáis de resistir al reino de Jehová en mano de los hijos de David, porque sois muchos, y tenéis con vosotros los becerros de oro que Jeroboam os hizo por dioses. (2 Crónicas 13:8)

 

El cetro real fue dado a David y a su descendencia, de la cuál proviene Jesucristo. Muchos resisten al reino de Dios por medio de la adoración de toda clase de imágenes, siendo que es el primero y más importante de los mandamientos:

 

No tendrás otros dioses delante de mí. No harás para ti imagen de escultura, ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni de las que hay en las aguas debajo de la tierra. No las adorarás ni darás culto, porque yo soy el Señor Dios tuyo que castigo en los hijos la maldad de los padres hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago uso de misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos. (Deuteronomio 5: 7-10)

 

Claro está, los que no guarden estos mandamientos, no verán el reino de Dios, y su castigo es por generaciones, mas los justos, heredarán el reino.

 

Yo estaba, pues, observando en la visión nocturna, y he aquí que venía entre las nubes del cielo uno que parecía el Hijo del hombre, quien se adelantó hacia el anciano de días, y le presentaron ante él. Y dióle esta potestad, el honor y el reino; y todos los pueblos, tribus y lenguas le servían a él; la potestad suya es potestad eterna que no le será quitada, y su reino es indestructible. (Daniel 7: 13,14)

 

Hasta tanto que llegó el anciano de días, y sentenció a favor de los santos del Altísimo, y vino el tiempo, y los santos obtuvieron el reino.

 

Y se celebrará juicio, a fin de que se le quite el poder (al gobierno humano) y sea destruído y perezca para siempre. Y para que el reino, y la potestad, y la magnificencia del reino, cuanta hay debajo de todo el cielo, sea dada al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino sempiterno, y a él le servirán y obedecerán los reyes todos (Daniel 7: 22, 26-27)

 

Mas esto dice Jehová de los ejércitos. Yo he vuelto ahora a Sión y moraré en medio de Jerusalén y ella será llamada Ciudad de la verdad y el monte del Señor de los ejércitos, monte santo. (Zacarías 8: 3)

 

Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra. (Isaías 37: 15)

 

Años antes del nacimiento de Jesucristo, los profetas ya habían anunciado el reino de Dios, pero cuando él llegó a la tierra, empezó a predicar las nuevas buenas del reino, y su ministerio duró tres años y medio en los cuales anunció lo que sería el reino de los cielos, el cuál ya se había acercado.

 

El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentios y creed en el evangelio. (Marcos 1:15)

 

Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él. (Lucas 7:28)

 

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan. (Mateo 11: 12)

 

Porque éste es aquel del cual fue dicho por el profeta Isaías, que dijo: Voz de uno que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Enderezad sus sendas. (Mateo 3:3)

 

Desde entonces comenzó Jesús á predicar, y á decir: Arrepentios, que el reino de los cielos se ha acercado. (Mateo 4:17)

 

Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. (Mateo 5:3)

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos. (Mateo 5: 10)

 

Felices y por buen camino van todos los que son humildes, ellos heredarán el reino, y aquellos cuya persecución y rechazo sea por defender la palabra de Dios y el nombre del Eterno.

 

Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo (Mateo 5: 11)

 

De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos. (Mateo 5: 19)

 

Así entonces el reino de los cielos es el reino de Dios en la tierra:

 

Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. (Mateo 6: 9-11)

 

Santo, que quiere decir apartado, es el nombre de Jehová, venga tu reino a los hombres, como lo es en el cielo, lo sea en la tierra. El pan, que es también la palabra de Dios, no nos falte de día en día.

 

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas (Mateo 6: 31-33)

 

Cuando Jesús daba su ministerio en la ciudad de Capernaum, vino un centurión pidiéndole sanara a su criado, sólo di la palabra y se sanará decía él, y Jesús se maravillo de su fe.

 

Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y crujir de dientes. (Mateo 8: 11,12)

 

Así, a partir de la fe en Jesucristo, toda gente tiene salvación, aunque no sean descendientes del pueblo de Israel, que es el pueblo de Dios, ya que aun ellos mismos, cuando no tengan la fe en su salvador no pueden tener parte en el reino, basta recordar que los propios judíos (fariseos) llevaron a Jesucristo al sacrificio, por no reconocer a su redentor.

 

Mas los fariseos , al oírlo decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios.  Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado....... Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo pues permanecerá su reino?........ Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. (Mateo 12: 24-28)

 

Las PARÁBOLAS del reino

 

 

LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

 

Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí el que sembraba salió á sembrar.

Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron.

Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía profundidad de tierra: Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenía raíz.

Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron.

Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cual a ciento, cual  sesenta, y cual a treinta.

Quien tiene oídos para oír, oiga.

Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

Y Él respondiendo, les dijo: Por que a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no es concedido.

 

Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no miraréis.

Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan: Para que no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y del corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane.

 

Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron: y oír lo que oís, y no lo oyeron.

Oid, pues, vosotros la parábola del que siembra:

 

Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado junto al camino.

 

Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo.

Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal que venida la aflicción o la persecución por la palabra, luego se ofende.

 

Y el que fue sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas, ahogan la palabra, y se hace infructuosa.

Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva fruto: y lleva uno a ciento, y otro a sesenta, y otro a treinta. (Mateo 13)

 

LA PARÁBOLA DE LA CIZAÑA

 

Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo:

Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

Y como la hierba salió e hizo fruto, entonces apareció también la cizaña.

Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde, pues, tiene cizaña?

 

Y Él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la agarremos?

Y Él dijo: No; porque tomando la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo.

 

Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Coged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí. (Mateo13)

 

LA PARÁBOLA DE LA SEMILLA DE MOSTAZA

 

Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo:

 

El cual á la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. (Mateo13)

 

Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo.

 

Todo esto habló Jesús por parábolas á las gentes, y sin parábolas no les hablaba:

Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; Rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo.

 

Entonces, despedidas las gentes, Jesús se vino á casa; y llegándose á Él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo.

Y respondiendo Él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre; y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo; y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

 

De manera que como es cogida la cizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo.

Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y tomarán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad,

Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.

 

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: el que tiene oídos para oír, oiga.  (Mateo13)

 

LA PARÁBOLA DEL TESORO

 

Además, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo; el cual hallado, el hombre lo encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.

 

También el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas; que hallando una preciosa perla, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.

 

LA PARÁBOLA DE LA RED

 

Asimismo el reino de los cielos es semejante a la red, que echada en la mar, recoge de todas suertes de peces:

La cual estando llena, la sacaron a la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.

 

Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los malos de entre los justos,

Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.

Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor.

 

LA PARÁBOLA DEL PADRE DE FAMILIA

 

Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.

 

LA PARÁBOLA DE LA VIÑA

 

Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a ajustar obreros para su viña.

Y habiéndose concertado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.

Y saliendo cerca de la hora de las tres, vio otros que estaban en la plaza ociosos; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron.

Salió otra vez cerca de las horas sexta y nona, e hizo lo mismo.

Y saliendo cerca de la hora undécima, halló otros que estaban ociosos; y díceles: ¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos?

Dícenle: Porque nadie nos ha ajustado. Díceles: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que fuere justo.

 

Y cuando fue la tarde del día, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros.

 

Y viniendo los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.

Y viniendo también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario.

Y tomándolo, murmuraban contra el padre de la familia, diciendo: Estos postreros sólo han trabajado una hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del día.

 

Y él respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no te concertaste conmigo por un denario?

Toma lo que es tuyo, y vete; mas quiero dar a este postrero, como a ti.

 

¿No me es lícito a mí hacer lo que quiero con lo mío? ó ¿es malo tu ojo, porque yo soy bueno?

Así los primeros serán postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. (Mateo 20)

 

LA PARÁBOLA DE LAS BODAS

 

Y respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:

El reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que hizo bodas a su hijo; y envió sus siervos para que llamasen los llamados a las bodas; mas no quisieron venir.

 

Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los llamados: He aquí, mi comida he aparejado; mis toros y animales engordados son muertos, y todo está prevenido: venid a las bodas.

 

Mas ellos no se cuidaron, y se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a sus siervos, los afrentaron y los mataron.

 

Y el rey, oyendo esto, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y puso fuego a su ciudad.

Entonces dice a sus siervos: Las bodas a la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos.

 

Id pues a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos hallareis.

Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados.

 

Y entró el rey para ver los convidados, y vio allí un hombre no vestido de boda y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca.

 

Entonces el rey dijo a los que servían: Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.

Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. (Mateo 22)

 

LA PARÁBOLA DE LAS DIEZ VÍRGENES

 

Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.

Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco fatuas.

Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;

 

Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas.

Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.

Y a la media noche fue oído un clamor: He aquí, el esposo viene; salid a recibirle.

Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.

Y las fatuas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.

 

Mas las prudentes respondieron, diciendo. Porque no nos falte aa nosotras y a vosotras, id antes a los que venden, y comprad para vosotras.

Y mientras que ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.

 

Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.

Mas respondiendo Él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.

Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir. (Mateo 25)

 

LA PARÁBOLA DE LOS TALENTOS

 

Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes.

Y a éste dio cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: a cada uno conforme a su facultad; y luego se partió lejos.

 

Y el que había recibido cinco talentos se fue, y granjeó con ellos, e hizo otros cinco talentos.

 

Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos.

Mas el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.

Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, e hizo cuentas con ellos.

 

Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos.

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.

 

Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.

Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.

 

Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; y tuve miedo, y fui, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.

Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí;

 

Por tanto te convenía dar mi dinero a los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura.

 

Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.

Porque a cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

 

Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.

Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria.

 

Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda.

 

Entonces el Rey dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.

 

Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿o sediento, y te dimos de beber?

¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿ó desnudo, y te cubrimos?

¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

 

Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis.

 

Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles: porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.

 

Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, ni a mí lo hicisteis. (Mateo 25)

 

El evangelio del reino

 

Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. (Lucas 18:15)


De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
(Lucas 18: 16)

 

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. (Juan 3: 4)

 

Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder. (Corintios 4: 19)

 

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. (Corintios 6: 8-11)


Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.
(Corintios 15: 49)

 

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. (Gálatas 5: 19-22)

 

Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. (Efesios 5: 4)

 

Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino. (Hebreos 1:7)


Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?
(Santiago 2:4)

 

El reino de Dios con los hombres

 

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una novia ataviada para su marido.

 

Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.

 

Enjugará Dios toda lágrima  de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.

Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.

 

Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de vida.

 

El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

(Apocalipsis 21: 1-8)

 

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