Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elizabet. (Lucas 1: 5)
Elizabet
era estéril y de edad avanzada, por lo que Zacarías y su mujer no tenían hijos.
Siendo éste sacerdote, le tocó ofrecer en el Santuario el incienso cuando se le
apareció un ángel del Señor el cual le anunció el nacimiento de su hijo al que
pondría por nombre Juan (Lucas 6:17)
Dijo
Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de
edad avanzada. Respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante
de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas nuevas buenas.
Y
ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por
cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. (Lucas 1:
18-20)
Y
cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa. Después de aquellos días
concibió su mujer Elizabet, y se recluyó en casa por cinco meses, diciendo: Así
ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre
los hombres. (Lucas 1: 24,25)
Al
sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada
Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de
David; y el nombre de la virgen era María.
Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.
Entonces
el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y
ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús
(Yeshúa Jehová es el Salvador)
Éste será grande y será llamado hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Entonces
María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Pues no conozco varón. Respondiendo el ángel,
le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del altísimo te cubrirá
con su sombra; por lo cuál también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo
de Dios.
Y
he aquí tu parienta Elizabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y
este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay
imposible para Dios. (Lucas 1: 26-37)
Puesto
que Juan el Bautista llevaba seis meses al concebir María, Juan nació seis
meses antes que Jesucristo.
Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elizabet. (Lucas 1: 5)
En los tiempos de David, éste
distribuyó en veinticuatro clases las familias de Aarón, y del mismo modo se
distribuyeron por suertes las familias de otros levitas, pues eran demasiados
para cumplir como sacerdotes. Recordando que la tribu de Leví era la encargada
del sacerdocio y servían en el ministerio de Dios.
El primer turno tocó a Joyarib, el segundo a Jedei, el tercero a Harim, el cuarto a Seorim, el quinto a Melquía, el sexto a Maimán, el séptimo a Accos, el octavo a Abías. (I Crónicas 24: 7-10)
Zacarías pertenecía a la
clase de Abías, al cual le había correspondido el octavo turno o suerte, cada
turno duraba una semana y un día.
Los levitas, pues, y todo Judá ejecutaron puntualmente las órdenes del pontífice Joíada. Y tomó cada uno los hombres que tenía a su mando, así los que venían según el turno para hacer la semana, como los que, como los que, cumplida su semana, debían salir, porque el pontífice Joíada no había permitido que se marcharan las compañías que al fin de la semana se sucedían unas a otras. (II Crónicas 23: 8)
Los turnos de ocho días
empezaban la primera semana del primer mes del calendario sagrado judío, como
está indicado en el Talmud del pueblo Judío, que es un compendio de leyes civiles
y religiosas reunidas a través del tiempo.
Dijo también el Señor a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: Este mes ha de ser para vosotros el principio de los meses. Será el primero entre los meses del año.
Los hebreos comenzaban el año
civil en otoño, y el año sagrado, según el cual arreglaban las fiestas, en la
primavera, en el mes que corresponde a parte de marzo y parte de abril en cuyo
tiempo salieron de Egipto.
Entonces, cada turno de
sacerdotes correspondía a una semana, y empezaban la primer semana del mes (el
primer turno la primer semana, el segundo turno la segunda semana).
En la tercera semana del
calendario hebreo se celebraba la fiesta de la Pascua, la cual empezaba el 14
del primer mes, por lo que había muchos sacrificios que hacer, todos los
turnos, los veinticuatro, trabajaban juntos.
Entonces la cuarta semana
correspondía al tercer turno de sacerdotes, y a Zacarías le tocaba el turno de
Abías que era el octavo y que entonces correspondería a la novena semana
(principios de junio) y en este mes se celebraba la fiesta del Pentecostés, en
la cual volvían a trabajar juntos los veinticuatro turnos de sacerdotes, por lo
que a Zacarías le tocó quedarse una semana más. Zacarías terminó su ministerio después
de la fiesta del Pentecostés, cubriendo dos semanas, con lo que era la décima
semana (mediados o fin de junio).
Y
cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa. Después de aquellos días
concibió su mujer Elizabet, y se recluyó en casa por cinco meses, diciendo: Así
ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre
los hombres. (Lucas 1: 24,25)
Si
Elizabet concibió a finales de junio, y si sumamos seis meses, hacia el mes de
diciembre tenía Elizabet seis meses de embarazo, y tres meses más nació Juan el
bautista, hacia fines de marzo en época de Pascua. Y si tenemos en cuanta que Jesucristo
fue concebido cuando ella tenía seis meses de embarazo, cuando Juan naciera, Jesús
tendría tres meses en el vientre de su madre, por lo que sumando otros seis
meses a partir del mes que nació Juan el bautista (fines de marzo), Jesucristo habría
nacido a finales de septiembre o principios de octubre.
Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. (Lucas 2: 7)
En
el mes que corresponde a fines de septiembre y principios de octubre se
celebraba la fiesta de las Trompetas y de los Tabernáculos, y todos celebraban éstas,
por lo que se explica que no hubiera lugar en el mesón para José y María.
Había pastores en la misma región que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí que se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.
Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor (Lucas 2: 8-11)