La nueva Jerusalén celestial en la tierra

 

 

 

 

Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra, porque el cielo anterior y la tierra anterior habían pasado, y el mar ya no existe. Vi también la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde Dios y preparada como una novia ataviada para su esposo. (Apocalipsis 21:1)

 

Porque he aquí que voy a crear nuevos cielos y una nueva tierra; y las cosas anteriores no serán recordadas, ni subirán al corazón. (Isaías 65:17)

 

Pero hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa, y en estos la justicia habrá de morar. (2 Pedro 3:13)

 

Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: ¡Mira! El tabernáculo de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán su pueblo. (Apocalipsis 21:3)

 

Ciertamente pondré mi tabernáculo en medio de ustedes, y mi alma no los aborrecerá. Y verdaderamente andaré en medio de ustedes y resultaré ser su Dios, y ustedes, por su parte, resultarán ser pueblo mío. (Levítico 26:11)

 

Y Dios mismo estará con ellos. Y limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá más lamento, ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado. (Apocalipsis 20: 4)

 

No se fatigarán en vano mis escogidos, ni tendrán hijos que los conturben; porque estirpes de benditos del Eterno son, así ellos como sus nietos. Y antes que clamen yo los oiré cuando estén aun con la palabra en la boca, otorgaré su petición.

 

El lobo y el cordero pacerán juntos; el león, como el buey, comerá heno; el alimento de la serpiente será el polvo; no habrá quien haga daño ni cause muerte en todo mi santo monte dice el Eterno. (Isaías 65: 23-25)

 

Y Aquel que estaba sentado en el trono dijo: He aquí voy a hacer nuevas todas las cosas. También dice: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está, yo soy el Alfa y la Omega, el principio y fin. A cualquiera que tenga sed le daré de la fuente de la vida gratuita. (Apocalipsis 21:6)

 

A cualquiera que beba del agua que yo le daré de ningún modo le dará sed jamás, sino que el agua que yo le daré se hará en él una fuente de aguas que brotará para vida eterna. (Juan 4:14)

 

Cualquiera que venza heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo.

 

Pero en cuanto a los cobardes, y los que no tienen fe y los que son repugnantes en su suciedad, y asesinos y fornicadores, y los que practican espiritismo, e idólatras, y todos los mentirosos, su porción será en el lago que arde con fuego y azufre. Esto es la muerte segunda. (Apocalipsis 21:7,8)

 

Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas que contenían las siete últimas plagas, y habló conmigo y dijo: Ven acá, te mostraré a la novia, la esposa del Cordero.

 

De modo que me llevó en el espíritu a una montaña grande y encumbrada , y me mostró la santa ciudad de Jerusalén, que descendía del cielo desde Dios, y que tenía la gloria de Dios. Su resplandor era semejante a una piedra preciosísima, como piedra de jaspe con brillo y claridad cristalina.

 

Tenía un muro grande y encumbrado, y tenía doce puertas, y a las puertas doce ángeles, y había nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel.

 

Al oriente había tres puertas, y al norte tres puertas, y al sur tres puertas, y al occidente tres puertas. El muro de la ciudad también tenía doce piedras de fundamento, y sobre ellas los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. (Apocalipsis 21: 9-14)

 

La ciudad está compuesta por los 144,000 sellados de todas las tribus del Israel espiritual de Dios.

 

Y han sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular de fundamento. En unión con él, el edificio entero, unido armoniosamente, va creciendo para ser un templo santo para Jehová. (Efesios 2:20)

 

Ahora bien, el que hablaba conmigo tenía como medida una caña de oro para que midiera la ciudad y sus puertas y su muro. Y la ciudad se extiende en cuadro; y su longitud es tan grande como su anchura. Y midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; su longitud y anchura y altura son iguales.

 

También midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, según medida de hombre y a la vez de ángel. (Apocalipsis 21:15-17)

 

Un cubo perfecto con un perímetro de 12,000 estadios (2220 km), rodeado de un muro de 64 metros de altura.

 

Ahora bien, la estructura del muro era jaspe, y la ciudad era de oro puro, semejante a vidrio claro. Los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados con toda clase de piedra preciosa: el primer fundamento era jaspe, el segundo, zafiro; el tercero, calcedonia; el cuarto, esmeralda; el quinto, sardónica; el sexto sardio; el séptimo, crisólito; el octavo, berilio; el noveno, topacio; el décimo crisoprasa; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista.

 

También las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas estaba hecha de una sola perla. Y el camino ancho de la ciudad era oro puro, como vidrio transparente. (Apocalipsis 21:18-21)

 

Los fundamentos de la ciudad están adornados por 12 gemas preciosas, como el efod que portaba el antiguo sacerdote judío en los días ceremoniales.

 

Y no vi en ella templo, porque Jehová Dios el Todopoderoso es su templo, también lo es el Cordero. Y la ciudad no tiene necesidad de que el sol ni la luna resplandezcan sobre ella, porque la gloria de Dios la alumbraba y su lámpara era el Cordero. (Apocalipsis 21:22,23)

 

Para ti el sol ya no resultará ser luz de día, y para resplandor la luna misma ya no te dará luz. Y el Eterno tiene que llegar a ser para ti una luz sempiterna; y tu Dios, tu hermosura. Ya no se pondrá tu sol, ni irá menguando tu luna; porque Jehová mismo llegará a ser para ti una luz sempiterna, y los días de tu duelo habrán quedado completos. (Isaías 61:19)

 

Y las naciones andarán por medio de su luz, y los reyes de la tierra llevarán a ella su gloria. Y sus puertas de ningún modo se cerrarán ni de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán a ella la honra de las naciones. (Apocalipsis 21: 24,25)

 

Y naciones ciertamente irán a tu luz, y reyes al resplandor de tu brillar. (Isaías 60:3)

 

Y tus puertas realmente habrán de ser mantenidas abiertas constantemente; no serán cerradas ni de día ni de noche, para que se traigan a ti los recursos de las naciones, y sus reyes estarán a la delantera. Porque cualquier nación y cualquier reino que no te sirva parecerá; y las naciones mismas sin falta serán devastadas. (Isaías 60: 11,12)

 

Pero cualquier cosa que no sea sagrada, y cualquiera que se ocupe en una cosa repugnante, y la mentira no entrará en ella de ninguna manera, solamente los que estén inscritos en el libro de la vida del Cordero.

 

Y él me mostró un río de agua de vida, claro como el cristal, que fluía desde el trono de Dios y del Cordero, por en medio de su camino ancho. Y de este lado del río, y de aquel lado, había árboles de vida que producían doce cosechas de fruto, y daban sus frutos cada mes. Y las hojas de los árboles eran para sanidad de las naciones. (Apocalipsis 22:1,2)

 

Y junto al torrente subirán, a lo largo de su margen en este lado y en aquel lado, toda suerte de árboles para alimento. Su follaje no se marchitará, ni se consumirá su fruto. En sus meses llevarán nuevo fruto, porque el agua para ellos, ésta sale del santuario mismo. Y su fruto tiene que servir de alimento, y su follaje para curación. (Ezequiel 47:12)

 

Aunque aquí se habla literalmente de los árboles y un río que los riega, la doble connotación también muestra a los 144,000 que llevan fruto a las naciones, el alimento espiritual de vida, ya que el agua de vida que fluye desde el santuario, es también la palabra del Eterno.

 

Y ya no había ninguna maldición. Pero el trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad, y sus siervos le rendirán servicio sagrado, y verán su rostro, y tendrán su nombre en sus frentes.

 

Además ya no habrá noche, ni tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz solar, porque Jehová arrojará luz sobre ellos, y reinará para siempre.

 

Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas, sí, Jehová el Dios de las expresiones inspiradas de los profetas envió a su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que tienen que suceder dentro de poco.

 

He aquí vengo pronto. Bienaventurado es cualquiera que observa las palabras de la profecía de este libro. Pues bien, yo Juan, fui el que oyó y vio estas cosas. Y cuando hube oído y visto, caí para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira que no lo hagas, yo simplemente soy consiervo tuyo y de tus hermanos que son profetas, y de los que observan las palabras de este libro. Adora a Dios.

 

También me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. El que esté haciendo injusticia, haga injusticia todavía; y el sucio, sea sucio todavía; pero el justo haga justicia todavía; y el santo, santifíquese todavía.

 

He aquí vengo pronto, y el galardón que doy está conmigo, para dar a cada uno según sus obras. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y fin. Bienaventurados son los que lavan sus ropas, para que sea suya la autoridad de ir a los árboles de la vida, y para que consigan entrada a la ciudad por sus puertas.

 

Afuera están los perros y los que practican espiritismo, y los fornicadores y los asesinos y los idólatras y todo aquel a quien le gusta la mentira y se ocupan en ella.

 

Yo, Jesús, envié a mi ángel para darles a ustedes testimonio de estas cosas para las congregaciones. Yo soy la raíz y la prole de David, y la brillante estrella de la mañana.

 

Y el espíritu y la novia dicen: ¡Ven!. Y cualquiera que oiga, diga: ¡Ven!. Y cualquiera que tenga sed, venga, cualquiera que desee, tome gratis del agua de la vida.

 

Estoy dando testimonio a todo el que oye las palabras de la profecía de este libro: si alguien hace una añadidura a estas cosas, Dios le añadirá a él las plagas que están escritas en este libro; y si alguien quita algo de las palabras de la profecía de este libro, Dios le quitará la porción de los árboles de la vida y de la santa ciudad, cosas de las cuales se han escrito en este libro.

 

El que da testimonio de estas cosas dice: Sí, vengo pronto. Amén, ven Señor Jesús. Que la bondad inmerecida del Señor esté con los santos. (Apocalipsis 22: 3-21)

 

 

 

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