Dos profetas como Moisés y Elías

El anuncio de las plagas de la séptima trompeta

 

 

Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que moran en él. (Apocalipsis 11: 1)

 

La acción de medir el templo es sinónimo de corrección como lo explica Dios mismo con el profeta Habacuc.

 

Vendrá Dios del mediodía, y el Santo desde el monte Farán. Su gloria cubrió los cielos, y la tierra está llena de sus alabanzas. Él resplandecerá como luz; en sus manos tendrá un poder: allí está escondida su fortaleza. Llevará delante de sí la muerte, y el diablo delante de sus pies.

 

Parose y midió la tierra. Hecho una mirada y acabó con las naciones, y quedaron reducidos a polvo los altísimos montes. Encorváronse los collados del mundo al pasar el Eterno. (Habacuc 3: 3-6)

 

Y el templo que será corregido es cada uno de los miembros de la iglesia.

 

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el espíritu de Dios mora en vosotros?

Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. (I Corintios 3: 16,17)

 

Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses (Apocalipsis 11: 2)

 

Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. (Lucas 21: 24)

 

Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. (Apocalipsis 11: 3)

 

Estos dos testigos de Dios, profetizarán en el tiempo de los gentiles que es 3.5 años =  42 meses =  1260 días.

 

Estos testigos son dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra. (Apocalipsis 11: 4)

 

Y díjome: ¿Qué es lo que ves? Yo veo, respondí, aparecer un candelero todo de oro que tiene encima una lámpara, y siete lamparillas, y siete canales para dichas siete luces del candelero; y sobre éste dos olivos, uno a la derecha de la lámpara, otro a su izquierda.

 

Y yo le repuse, y dije: ¿Qué son esos dos olivos a la derecha y a la izquierda del candelero?

Y respondió él: Estos son los dos ungidos, los cuales están ante el Dominador de todo el orbe. (Zacarías 4: 2,3,12,14)

 

Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos, y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera.

 

Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran. (Apocalipsis 11: 5,6)

 

Elías cierra el cielo durante tres años para que no llueva, se retira al desierto y es sustentado de alimento por los cuervos que manda Dios (IV Reyes 17)

 

Moisés y Arón convierten las aguas del río Nilo en sangre, sin mencionar toda serie de plagas con las que hirieron a Egipto. (Éxodo 7)

 

Estos dos profetas, que se parecen en mucho a Moisés y Elías, profetizarán las plagas postreras que vienen después de que la séptima trompeta suene.

 

Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará.

Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado.

 

Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. (Apocalipsis 11: 7-9)

 

Todos los pueblos del mundo verán este acontecimiento gracias a los medios de comunicación modernos.

 

Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra.

 

Pero después de tres días y medio entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies, y cayó gran temor sobre los que vinieron.

 

Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los vieron. En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y por el terremoto murieron en número de siete mil hombres; y los demás se aterrorizaron, y dieron gloria al Dios del cielo.

 

El segundo ay pasó; he aquí, el tercer ay viene pronto. (Apocalipsis 11: 10-14)

 

 

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