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Felación
Forma una 'O' con los labios, ponlos cuidadosamente
en la
punta de su miembro y mueve la cabeza en círculos diminutos.
Coloca los labios ajustándolos al tronco y recórrelo, primero
a un lado y después al otro.
Coge la punta de su pene suavemente entre tus labios, con
giros rápidos, besándolo tiernamente y tirando hacia atrás de
su suave piel.
Permite que el glande se deslice completamente en tu boca y
presiona el tronco firmemente entre tus labios.
Sostén la presión un momento antes de soltar. Forma de nuevo un círculo con
tus labios y besa a todo lo largo de su
longitud, succionando y besando al mismo tiempo.
Mientras besas, permite que tu lengua "aletee" por todo su
pene acabando en el extremo. Golpeando con ella repetidamente la sensible
punta del glande.
Permite que su miembro penetre en tu boca tan profundamente como te sea posible (sin ahogarte,
mujer), presionándolo y chupándolo.
No le soples nunca dentro en el pene. Puede ocasionar una
infección.
También puedes acariciar y besar sus testículos.
No consientas que te digan otra cosa: La decisión es tuya.
Puedes permitir o no llegar hasta el final y que él eyacule en
tu boca. Igual que puedes tragarlo o no, según te agrade o no
su sabor.
Analogías del sexo Explorar los deseos,
apetencias y necesidades del sexo equivaldría a sentarse en la mesa de un
restaurante y luego de mirar el menú, escoger lo que se desea comer.
Tal vez una de las
convicciones más arraigadas en el ser humano sea la creencia de que el sexo
es inherentemente malo. Esta concepción negativa de la sexualidad, dificulta
mucho la aproximación al tema, y aún más, dificulta los intentos por
pretender cambiarla. Una de las formas más sutiles en que las personas se
ven afectadas se refleja en el discurso que tienen acerca del sexo, en las
palabras que escogen o evitan, en los eufemismos, e incluso en los
silencios. Comencemos por una buena analogía: el sexo y la comida
Sexo y comida. (La analogía por
excelencia)
A veces las analogías
funcionan bien. Veamos si suena convincente equiparar sexo y comida a la
hora de imaginar una cosmovisión diferente sobre el sexo. La gran mayoría de
la gente no tendría dificultades en aceptar que el mundo está repleto de
personas que son respetadas en cuanto a sus preferencias alimenticias.
Cualquiera puede decidir qué desea comer, si está de humor para pizza o
prefiere un sushi en la barra de un bar, si comería siempre con la misma
persona o le divierte más la idea de compartir su cena en grupo, y
cualquiera aceptaría que hablar sobre sus apetencias culinarias en una
comida de a dos, es un dato ni más ni menos importante que su color de pelo
o su historia familiar. Existen mucho ejemplos que hablan de una cosmovisión
amplia respecto a la comida. ¿Pero qué ocurre si reemplazamos la palabra
"comida" por la palabra "sexo", y qué ocurre cuando pasamos del "hagamos la
comida" al "hagamos el amor"?.
Quizá la primer cuestión
que debería revisarse sea la noción de "normalidad" que se maneja. Que
alguien prefiera el chocolate blanco al chocolate negro no lo hace más
normal que al resto. Significa que el chocolate blanco es lo normal para esa
persona y que su elección no justifica comparaciones. Llevado esto al
terreno de la sexualidad, podría decirse que la preferencia de una persona
por el sexo oral en lugar de una relación sexual, o de masajes eróticos en
lugar de besos, implicaría una sola cosa: que nadie "debería" ser de tal o
cual manera, y que lo normal, siempre, sería lo normal "para uno" y sólo
para uno. Explorar los deseos, apetencias y necesidades del sexo equivaldría
a sentarse en la mesa de un restaurante y luego de mirar el menú, escoger lo
que se desea comer. ¿Alguien podría afirmar que ha comido lo mismo, sin
variación alguna, durante 40 años?. ¿Porqué no podrían operarse las mismas
variantes en la sexualidad?.
La dificultad para
lograr una mirada positiva respecto a la sexualidad se evidencia en el uso
de las palabras, en particular en ciertas situaciones. ¿Qué tipo de
expresiones se utilizan en un momento de enojo contra otra persona?.
Supongamos que alguien encierra con su auto a un motociclista. Jamás
escucharíamos que el motociclista le grite "rodilla!!!" al responsable del
encierro. La razón es simple. No hay nada de malo con esa parte del cuerpo.
Si no se tuviera la convicción de que existe algo malo en el sexo, no se
utilizarían palabras con connotaciones sexuales como insultos.
Quitando
el velo.
Pensemos en las
ambigüedades. Es otro bonito ejemplo. ¿Quién no escuchó decir "mi pareja y
yo dormimos juntos los fines de semana"?, asumiendo que sabemos lo que eso
significa. Una concepción positiva de la sexualidad alienta la utilización
exacta del término, sin eufemismos ni ambigüedades.
Remueve el velo que
opaca no sólo la sexualidad sino la comunicación en general. ¿Cómo sería
salir a la calle y pretender pedir lo que se necesita cuando el lenguaje
escasea o es confuso?. Sería como ir a un restaurante y decirle al camarero
"elija usted por mí", o "cualquier cosa estaría bien", o aún más: "me
gustaría cualquier cosa".
Suena disparatado, sin
embargo
¿cuántas veces escuchamos frases equivalentes en contextos sexuales?.
¿Significaría lo mismo
invitarla a un restaurante italiano a comer penne a la putanesca, que
decirle que su lengua jugueteando alrededor del pene es lo que se desea esa
noche?.
Algunas personas se
sienten sorprendidas cuando descubren que finalmente pueden hablar de
ciertos temas con absoluta comodidad, cuando hasta ese momento se trataba de
tópicos que no podían manejar. Si existe una función corporal que provoca
desagrado, difícilmente pueda hablarse de ello.
Un ejemplo bastante
común es el tema de la menstruación. Sin embargo sentirse cómodo con la
menstruación no significa que siempre sea un tópico aceptable de
conversación. Del mismo modo que con la comida, sentirse cómodo hablando del
tema no significa que no existan momentos en los que sentarse a comer o
hablar sobre comida no sea lo apropiado. Sea como fuere, hablar de sexo sin
metáforas o eufemismos implicará siempre un aprendizaje, y como en todo
aprendizaje habrá que empezar por reconocer, lo que aún, nos resta por
saber....
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Cunnilingus
Ábrete paso separando sus labios suavemente con tu
nariz y permite que tu lengua acaricie su sexo.
Forma círculos lentamente con tu nariz, labios y barbilla
. Afirma tus labios a los de ella. Bésala profundamente.
Mordisquea y chupa suavemente el clítoris.
Intenta tomar su clítoris entre tus
labios.
Cuando notes su sexo muy húmedo, sopla suavemente. Provoca una sensación muy
agradable.
Forma una "U" con la lengua y propíciale largas y suaves
lamidas, comenzando en el clítoris y acabando en la entrada
de su vagina.
Endurece tu lengua (como cuando haces burlas) y juega con
ella en la entrada de su vagina, intentando introducirla
dentro.
Si optas por introducir un dedo en su vagina, no lo hagas
desde el principio. El placer que provoca el dedo "distrae"
al que obtiene de tu lengua, (mucho más sensual pero menos
intenso).
Algunas mujeres cuando llegan al orgasmo, y durante corto
Asegúrate que no sea el caso de tu pareja.
Su boca y tu boca lamiendo tu sexo y su sexo, respectivamente
amor, pasión y en una perfecta conjunción donde el sudor,
deseo aumentan y crecen hasta estrellarse en los muros del
placer máximo llamado orgasmo.
EROTISMO ANAL
¿Sexo sucio?
El erotismo anal aún suena
como un poderoso tabú. El ano,
ricamente dotado en terminaciones nerviosas e interconectado con los
principales músculos pélvicos,
es la zona erógena más cercana a los genitales y se contrae
rítmicamente durante el orgasmo.
En una encuesta realizada a 100.000 lectores de la
revista Playboy, el 47% de los hombres y el 61% de las mujeres admitieron
haber intentado el sexo anal.
Tal vez por tabú, tal vez por ser considerado sexo sucio,
nadie escapa a la tentación de experimentarlo.
No todo se sabe acerca del sexo
anal.
1. La penetración anal es lo que menos se
practica del sexo
anal.
Hay muchas maneras de disfrutar el erotismo anal. Las técnicas más comunes
incluyen la exploración del
ano con un dedo mientras se practica la masturbación de la pareja o el
sexo oral
. Otros
disfrutan la introducción de un dildo o de un vibrador.
Muchos hombres, aún heterosexuales, prefieren esta forma de
penetración.
2. La penetración o estimulación anal no debe
ser dolorosa si
se la practica adecuadamente.
Asociarla con el dolor es un mito. Los músculos del ano se
contraen espasmódicamente ante cualquier intromisión. Para eliminar el dolor
se necesita cierto grado de relajación
física
y psíquica, algo de tiempo y por supuesto, deseo.
3. El sexo anal puede ser placentero, aún
cuando se vivieron
malas experiencias.
El desearlo no es garantía de un sexo placentero. Hay factores
que atentan contra la relajación: tensión anal crónica, hemorroides,
constipación, etc.
La mejor manera de explorar el ano es durante un baño o
una ducha. La respiración profunda ayuda en la relajación
. Tensar los músculos del ano y luego soltarlos es una buena
manera de aprender a relajarlos.
4. La estimulación anal provee diferentes
grados de placer.
En el hombre, la próstata (contigua a la pared rectal), puede
ser una fuente de placer adicional cuando la misma es masajeada por la
introducción de un dedo, cuidando
de orientar los movimientos en dirección de la pelvis.
La base del pene (bulbo)también se ve estimulada indirectamente por este ejercicio.
5. La estimulación anal puede llevar al orgasmo
Hombres y mujeres pueden responder orgásmicamente a la
estimulación anal sin necesidad de estimulación genital
directa.
La capacidad de concentración y el sumirse en fantasías ayuda mucho en estos
casos.
En la mujer la contracción de los músculos
vaginales favorece el desencadenamiento del orgasmo, en el
hombre la estimulación de la próstata desencadena el mismo efecto. Sin
embargo es importante aclarar
que la mayoría de las personas precisan ser estimuladas
simultáneamente en sus
genitales
6.
La vagina y el recto precisan diferentes reglas de higiene
Debe evitarse siempre la penetración vaginal luego de una
penetración anal si no se utilizan preservativos o si no se ha
efectuado una correcta higiene. El recto posee bacterias que
en contacto con la vagina pueden provocar
infecciones.
Es necesario saber que el recto no produce lubricación, por
tanto hay que proveerla con un buen lubricante compatible con
latex (al agua), o bien con saliva.
Las duchas anales no son necesarias y en muchos casos hasta son sentidas como anti-eróticas
Para algunas personas la idea de sexo sucio es simplemente,
un condimento más.
7. La penetración anal no es necesariamente un
acto de dominancia y sumisión.
Es una práctica sexual más. Puede ser sentida como una fuente alternativa de
placer, tanto como una expresión
de poder. Y en ambos casos la sola idea puede generar
fantasías lo suficientemente estimulantes como para lograr
la cuota de deseo necesaria.
Lo importante es la forma en que a uno le guste
pensarse en esa situación y desechar todo aquello que pudiera
ser sentido como traumático.
8. El sexo anal puede ser perfectamente seguro.
Para evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual (gonorrea,
sífilis, herpes, sida) basta el uso de
preservativos.
Lo mismo para la práctica del llamado beso negro que es la
introducción de la lengua en el ano. En esos casos se recomienda utilizar
una barrera de látex, y para ello basta
con cortar a lo largo un preservativo y cubrir con el
látex la zona.
Obviamente, lo ideal sería recurrir a preservativos saborizados.
Según el Doctor Jack Morin, terapeuta sexual, investigador, y autor del
libro Placer anal y Salud, cientos de hombres
y mujeres con problemas anales crónicos se han restablecido gracias a la
práctica de la esmulación
anal.
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