| Estos instrumentos se usaban �y a�n se usan, sin ornamentar pero en esencia invariadas� en formatos orales y rectales, como el ejemplo aqu� presente, y en formato vaginal de mayor tama�o. Se introduc�an en la boca, recto o vagina de la v�ctima y all� se desplegaban por medio del tornillo hasta la m�xima apertura. El interior de la cavidad afectada quedaba irremediablemente da�ado. Las puntas que sobresalen del extremo de cada segmento serv�an para desgarrar mejor el fondo de la garganta o del recto, o la cerviz del �tero. La pera oral frecuentemente se aplicaba a los predicadores her�ticos, pero tambi�n a seglares reos de tendencias antiortodoxas; la pera vaginal en cambio, estaba destinada a las mujeres culpables de relaciones con Satan�s o con uno de sus familiares, y por �ltimo, la rectal a los homosexuales pasivos. La mutilaci�n de los senos y �rganos genitales femeninos constituye una costumbre omnipresente y constante a lo largo de la historia. Puesto que el esp�ritu de la tortura es masculino, los �rganos masculinos han gozado siempre de una especie de inmunidad (no obstante ciertas excepciones); tal hecho conduce a la hip�tesis de un entendimiento hermanal entra la v�ctima macho y el juez-verdugo macho, un entendimiento que debe haber sido establecido hace miles de a�os en la naciente conciencia primordial. Y puesto que el esp�ritu de la tortura es masculino, y en las tinieblas de su natura iniluminable el macho permanece aterrado por los misterios de los ciclos y la fecundidad, pero sobre todo por la cong�nita superioridad intelectual, emocional y sexual de la hembra, esos �rganos que definen la esencia femenina han estado siempre sujetos a la ferocidad m�s cruenta, ya que �l es superior s�lo en fuerza f�sica. De ah� los siglos de cazas de brujas, con procedimientos innombrables. |
| La Pera |
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| La Doncella de Hierro |
| Seg�n una tradici�n familiar muy veros�mil, �sta es una copia hecha en 1828 de la famosa �Doncella� de Nuremberg del siglo XV (destru�da con los bombardeos de 1944). En 1982 las partes de hierro fueron restauradas y vueltas a montar sobre una nueva armadura interna de madera en sustituci�n de la vieja consumida. Procede del comercio de antig�edades de Lombard�a; desde 1974 ha permanecido en una colonia privada italiana. La historia de la tortura registra muchos instrumentos con forma de sarc�fago antropomorfo, con dos puertas y clavos en su interior que penetraban, al cerrar las puertas, en el cuerpo de la v�ctima. El ejemplo m�s conocido ha sido siempre la llamada �doncella de hierro� (die eiserne Jungfrau) del castillo de Nuremberg. Es dif�cil separar la leyenda de los hechos referentes a este aparato ya que la mayor�a del material publicado se basa en investigaciones del siglo XIX, distorsionadas por el romanticismo y fantasiosas tradiciones orales. La primera referencia a una ejecuci�n con la doncella de la que tenemos noticia procede del 14 de agosto de 1515, aunque el instrumento para entonces hab�a sido usado ya durante varias d�cadas. |
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| Ese d�a un falsificador de moneda fue introducido �y las puertas cerradas lentamente, por tanto las puntas afilad�simas le penetraban en los brazos, en las piernas en varios lugares, y en la barriga y en el pecho, y en la vejiga y en la ra�z del miembro, y en los ojos y en los hombros y en las nalgas, pero no tanto como para matarlo; y as� permaneci� haciendo gran griter�o y lamento durante dos d�as, despu�s de los cuales muri�. Es probable que los clavos de entonces fueran desmontables y se pudieran colocar en varios alojamientos practicados en el interior, con fines m�s o menos letales, m�s o menos mutilantes seg�n las exigencias de la sentencia. |