| El Mendigo y el Ladr�n | ||||||||||||||
| A lo largo de la Avenida risue�a van y vienen los trans�untes,hombres y mujeres, perfumados, elegantes, insultantes. Pegado a la pared, est� el mendigo, la pedig�e�a mano adelantada, en los labios temblando la s�plica servil. - �Una limosna por el amor de Dios! - De vez en cuando cae una moneda en la mano del pordiosero, que �ste mete presuroso en el bolsillo prodigando alabanzas y reconocimientos degradantes. El ladr�n pasa y no puede evitar observar al mendigo con una mirada de desprecio. El pordiosero se indigna, porque tambi�n la indignidad tiene rubores, y refunfu�a atufado: -�No te arde la cara, �bribon!, de verte frente a frente de un hombre honrado como yo? Yo respeto la ley: yo no cometo el crimen de meter la mano en el bolsillo ajeno. Mis pisadas son firmes, como las de todo buen ciudadano que no tiene la costumbre de caminar de puntillas, en el silencio de la noche, por las habitaciones ajenas. Puedo presentar el rostro en todas partes; no rehuyo la mirada del gendarme; el rico me ve con benevolencia y , al echar una moneda en mi sombrero, me palmea el hombro diciendome "�buen hombre!" El ladr�n se baja el ala del sombrero hasta la nariz, hace un gesto de asco, lanza una mirada escudri�adora en torno suyo, y replica al mendigo: -No esperes que me sonroje yo ante t� �vil mendigo! �Honrado tu? La honradez no vive de rodillas esperando que se le arroje el hueso que ha de roer. La honradez es altiva por excelencia. Yo no s� si soy honrado o no lo soy; pero te confieso que me falta valor para suplicar al rico que me d�, por el amor de Dios, una migaja de lo que me ha despojado. �Qu� violo la ley? es cierto; pero la ley es cosa muy distinta de la justicia. Violo la ley escrita por el burgu�s, y esa violaci�n contiene en si un acto de justicia, porque la ley autoriza el robo del rico en perjuicio del pobre, esto es, una injusticia, y al arrebatar yo al rico parte de lo que nos ha robado a los pobres, ejecuto un acto de justicia. El rico te palmea el hombro porque tu servil�simo, tu bajeza abyecta, le garantiza el disfrute tranquilo de lo que a t�, a mi y a todos los pobres del mundo nos ha robado. El ideal del rico es que todos los pobres tengamos alma de mendigos. Si fueras hombre, morder�as la mano del rico que te arroja un mendrugo. �Yo te desprecio! El ladr�n escupe y se pierde entre la multitud. El mendigo alza los ojos al cielo y gime: - �Una limosna por el amor de Dios!. |
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| Ricardo Flores Mag�n (11 de diciembre de 1915). | ||||||||||||||
| Textos | ||||||||||||||