Los lobos de la verdad
I
El personaje entró a la cocina con
paso tembloroso, dibujando con su trayectoria una curva zigzageante, como una
desmesurada y lóbrega víbora reptando sobre la superficie polvorienta del desierto,
y tras de sí, un camino infestado de abatimiento y desilusión.
Tomó un equipo de música olvidado
en el polvo y lo depositó sobre la mesa donde acostumbraba comer todos los
días de su mediocre vida. Vació sus bolsillos buscando un paquete de cigarrillos,
no sabía si los traía consigo o si se los había olvidado en su habitación. Lo
encontró y apresurado encendió uno. Parecía adivinar a su vida depender de la
rapidez con la cual absorbiese el humo envenenado, el humo salvador, humo asesino.
Cargó un poco de Vodka en un vaso
de metal y se sentó lo más próximo al sonido, que lento y persistente inundó el
reducido espacio con acústicos ritmos psicodélicos.
Un
estridente trueno y el cielo empezaba a descargar su furia de tiempos perdidos
sobre una ciudad sumergida en cotidianeidad y melancolía. Afuera, los hombres
se peleaban por alcanzar sus metas y conservar sus posiciones, pero en la
cocina estaban solo él y su aflicción, ignorante de los destinos fugaces de
miles de personas abandonadas a su suerte.
Tomó papel y lápiz, mirando
fijamente la hoja comenzó a hacer girar su cabeza al son de la música hasta
marearse y golpear su frente contra la mesa. Suave, frío, duro, seco, híbrido.
Miró los ventanales humedecidos y percibió la cortina de lágrimas derramándose
tras los cristales del irrisorio lugar. Inclinó su cabeza hacia atrás y dio un
profundo suspiro para poner un poco de oxígeno en sus neuronas naufragas en
alcohol, y tomando impulso escribió:
La
lluvia cubre con su manto inmaculado todo lo que puedo percibir. La vieja
cocina está sola conmigo, los cristales de arena sangran la ira del cielo, todo
está bajo fuego, menos las serpientes que bailan sus danzas dentro de algún
llanto que rompe en las afueras de la vieja cocina.
Puedo
escuchar el suspiro ahogado de mariposas sobre el perímetro. Hoy es el día, hoy
fue el día, volando, abriendo oscuras cavernas de dolor.
Y descubrió la mugre de tanta hipocresía
derramada sobre su inútil y ridículo cuerpo, y tétricamente dijo casi inescuchable
--¿Cuándo te voy a encontrar?, dejame ver tu figura bailando entre ritos de
fuegos antes de que mi último suspiro me haga pasar al otro lado-- Y ni
siquiera sabía como empezar. Hoy era el día, hoy había sido el día, hoy
presenciaba su entierro, hoy intentaba salvar del anegamiento su alma, hoy, hoy
no quería vivir más, hoy, hoy quería ser feliz, quería gozar, amar, sentir, volar,
correr, flotar, hundirse, saltar, jugar, hablar, llorar, llorar, pero llorarlo
todo (repetía Girondo) y él pretendía pero no podía, estaba seco de ira y dolor...
Y una lágrima secreta y gloriosa corrió por su rostro hasta toparse con la hoja
reseca de letras recién escritas. Su espíritu se sorprendió, su mente se
alarmó, nunca podía, pero hoy parecía ser el día, él lo creía por lo menos.
Imágenes de la noche anterior
aterraban su mente, invadían cada espacio alcohólico hasta asfixiarlo.
Imágenes flotando en las aguas de sus internos torrentes encabritados:
demonios, diablos de mil formas. Crueles partículas de su vida cotidiana.
<<Todos quieren verme muerto,
todos me desean, menos ella: la muerte. Todos>> pensaba cuando la puerta
fue abierta intempestivamente por su hermana.
--¿Qué estás haciendo?-- Preguntó
<<con su voz de mierda, de rata esquizofrénica y paranoica, como cuando se siente perseguida, ¡no!, como gata
acorralada, arañando toda la película en la que es una protagonista insensible,
bruja de maleficios, igual que mamá, soplando todos mis estúpidos temores en
una furtiva escapatoria sin sentido>>. Le decían a diario --tus padres no
planean hacerte sentir mal-- e indivisible contestaba --pero me hacen sufrir--
para luego abandonar la idea de hacer comprender a otros el infierno del cual
era prisionero, y entonces asentía con esmerada sinceridad, pero si las actitudes
tomadas por ellos hacia él no eran esas, ¡Qué parecidas eran, por Dios, cómo se
le parecían!.
--Nada-- Contestó simulando muy
bien la sobriedad. Ensimismado en las imágenes casi borrosas y poco
entendibles de la noche anterior, miró la hoja y aunque las letras se movían
terroríficamente prosiguió con su carta.
Everyone
wants go to the great freeway, Everyone wants fly, todos menos el gran espectro, que te espera en el
límite de la realidad.
Despierto
entre zumbidos quebrados de latas ahogadas por estrellas de fuego.
Los
jinetes de las tormentas acompañan a los asesinos del tiempo, jinete de la tormenta,
asesino en el tiempo.
Every city have wolfs, menos una, this, que se disfraza de locura eléctrica,
de luces esquizofrénicas, entre sires, brujas y manzanos you can see the
lagartos rondar los metales and subways.
Violento se detuvo y fue corriendo
a vomitar al baño. Y la náusea lo desahogó, la náusea lo desestabilizó cayendo
inerme de rodillas. Creyó ver a Sartre mirarle entristecido pensando
<<hay otro mortal sintiendo lo mismo que yo>>.
Estúpida solución: dados cargados
para jugar por su vida, rocanrroles estridentes: Metallica, Pantera, Nirvana,
Alice in Chains, y el mundo desaparece
por los artificios del alcoholismo. Te cura o te mata le dice Patricio Rey, te
despierta o te duerme para siempre ocultando el corazón, desapareciendo a la
realidad. Errante entre tiempos y lugares, quien de tanto caminar se da cuenta
que sus plantas sangran, y el frío de la muerte lo abraza, lo acuna, lo mece.
--Ya está-- dijo y regresó con esa
extraña melancolía poseída por aquellos destinados a sufrir, como si fuera
parte de su vida y algo indispensable para su existencia. --Los hombres no
pueden escapar a su destino-- se repetía caótico, estúpido. <<No puedo
escapar a mi destino>> caviló entristecido, sintiendo en el centro de su
alma una carga demasiado pesada arrojándole hacia los confines de la nada, la cual
presentía no poder soportar por más tiempo, como si su pecho de un momento a
otro dejase escapar en el medio de un abrupto despeñamiento, un caudal de aguas
lúgubres entremezcladas de carroña y moho.
Se vio fugitivo de la realidad, se
vio asesino de su propia vida y criminal indeleble de otras existencias. Un
frío escozor corrió por su espalda y sintió el calvario del hierro candente
sobre la garganta. Estaba perdido en el tiempo y nada podía hacer, equivocado
de lugar y no podía escapar. Quizás si su mente hubiese despertado a tiempo
para comprender su suerte, quizás si hubiese recordado quién era y cuál era su
función en la vida, quizás si por un momento esa persona hubiese entendido su
condición de simple mortal, si por un momento hubiese entendido que esa persona
mirándole incrédulo a través del espejo era él mismo.
Killers
on the storms, raiders on the time.
¿What
do you do with your life? (¿What I do with my life? pensó), ¿What will you do with your life? (¿What
will I do with my life? musitó), ¿Cómo
te ha ido en las antiguas ruinas de dolor?. Debería ser el fin mi único amigo,
mi antiguo amigo, nunca más podrán volver a verme disfrazado entre extraños lugares.
Encontré
la entrada, la puerta hacia el otro lado y allí todos están bien, todos están
locos, todos esperan estas lluvias y cuando destrozan los ojos solo dicen:
"Olvidemos todo".
Las últimas imágenes del desastre
son las más temidas de recordar, son aquellas que acosan la mente de manera
bestial y total. Olvidemos todo le dijeron y él dijo adiós. Adiós a la suave
verdad inalcanzable, a la niñez, a los sueños, a las ganas de vivir.
Era
imperativo verlo, era imprescindible escuchar las clásicas palabras de
salvación de Matías.
Come
here, I show you the rest, a bus waiting for you to come back again.
The
killers take a trip outside, come with me, come to destroy all, kill em all,
burn with me all the yell things, let’s run with me. The old kill don’t hear
any more, he’s don’t care.
End,
my only friend, this the end.
In
the scream ruin only be one exit, but you don’t know, she locks for you, wait
for she. She give you light, she gives you happiness, she gives you smiles.
This is the end.
Las ruinas de su vida eran un terreno
de nadie en esos momentos donde su alegría era el dolor, y su dolor la alegría.
Prófugo de la razón y escéptico de amor se elevó hasta las cimas de lo inimaginable
y luego volvió. Las serpientes lo habían mordido, tenía el veneno dentro de sí.
¿Cómo podía suponer que su historia
terminaría como terminó?, ¿cómo imaginarlo?. En su mente aparecían mil y un
demonios aterrorizándole, sofocándole y él, en su incapacidad de pensar, escapó.
Escapó de las sombras quienes horrorizan la mente del niño mostrándole a
tientas un infinito desconocido, enseñándole una verdad EXTRA UTERINA, menos
cálida, más ácida y por sobre todo: su incapacidad de defensa ante los designios
de la existencia. Escapó de los fantasmas que torturan al adolescente con
sus idilios imposibles, con su rebeldía, con sus impotencias, con sus llantos,
con sus cicatrices sangrantes. Escapó de los espectros de las tinieblas, los que
persiguen al hombre recordándole todas sus frustraciones y sus necesidades
postergadas. Escapó del espíritu de la muerte, quien cercena la mente del
anciano fogoneando sus sentidos con todos los pecados realizados y todas las
atrocidades humanas cometidas. Y aún no había cumplido los 20 años.
La esterilidad es una fuente de
dolor, cuando la esterilidad es del corazón. Imposibilitado de sentir y
estupefacto de sufrir, se retiró de la cocina y ensobrando la carta se prometió
despacharla al otro día sin falta.
II
Una vez y otra vez caminó zombi por
la ciudad, y sin más remedio se volteaba putas sin corazón, y sin más remedio
quedaba amedrentado por las imágenes fatales del beso vivo de la mugre sobre su
visión, una vez y otra vez, caminaba zombi por la ciudad mostrando su estilo de
convicto sin soluciones ni salvatorias. <<Condenado por mí mismo,
encarcelado por otros, mientras gozan felices viéndome sufrir>> pensaba.
--¿Por qué me mira así?, ¿por qué?,
¿le debo algo?, ¿se le perdió algo?--. Sí, se le había perdido algo, pero él no
sabía qué, ¿cómo suponerlo?, si el perdido era él.
--¿Te drogás?-- le preguntó su
padre una vez con lágrimas en los ojos --yo te puedo ayudar-- suplicaba
enjugándose las aguas del dolor de sus ojos, las que permanecían en tinieblas
ante la catástrofe intuida por su mente. <<¿A qué me vas a ayudar?, ¿a
salir de este pozo frío y nefasto?, ¿a negar las ganas de matarte?>> y
después se tomó un litro de Vodka de una, y salió a dar tumbos por ahí, ¡no!,
para eso no necesitaba ayuda de nadie.
El
universo caótico de su interior desbordaba, y él intentaba salvarse del
naufragio, pero no podía, y en su mente un estertor de imágenes lejanas
gritando por ser liberadas, volcadas sobre un viejo cuaderno:
Otra vez en Octubre, otra vez sobre
el polvo de calor de tus días marcados, volvemos a Octubre después de la
extraña masa de sentimientos de Septiembre, regresamos una vez más. Reproductor
Internacional del Círculo Plateado de Sonido Digital.
Vivimos a mil esquivando el dolor,
tratando de safar a la anárquica idea de no transar, pero ¿hacia donde voy?,
aunque intente luchar nadie me asegura del eterno destructor, de la nefasta
PRISION. Y yo les grito: ¡¡No es mi prisión, es tu prisión!!, da vuelta la
herida y deambulá sin tocarme, no soy bueno para lo que llaman profesión.
La vista se nubló, la diversión
partió y nos hemos quedado solos y en silencio. Y me pregunto: ¿Y lo que
sentimos para cuándo?.
Por cuentas irreales obligan,
engañan, piden, olvidan, hacen cosas por las cuales nunca se arrepentirán.
Cuentas fatales de la imaginación, la más hermosa de todas: la sangre chillona
de tus venas sobre el hilo de la verdad. Te dicen --Educadito, arregladito,
tranquilito te quiero ver-- ¡¡FUCK YOU!!.
Bailemos
tu hipocresía, limpiás tu conciencia con muecas rotas, y en las calles mostrás
tus ideas: Lo errado y distinto afuera.
¡Calla
niño!, no llores más, tu madre te arrinconará con sus sentimientos y no dejará
que seas libre, ella cercenará tus heridas con su flujo vaginal de hembra criminal. Mamá te ayudará a
morir.
Todo
es tan oscuro desde el corazón desposeído, todo es tan, tan distinto.
!Ya tu estupidez se ve y todos se
cagan de risa de vos¡: And now your stupidity inspect, I can hear your
shout, you are breaking the doors for all your thought; Now!, Open your eyes
and see the wild feels that are brought in your mind and perceive the blizzard
in your fucking dash. You going down, but you said: What happened here? Your pain laughs at you. Kill your mind; kill
your fucking life. Wheel one more time and deceased again on the same way, you
are the unique guy in this fucking game.
You are a mommy, 1
fucking mommy.
Hubo un tiempo en que el dolor
seguía siniestramente las sombras. Pero ahora es todo tan plásticamente
irreversible (Rocanrroll entre pensamientos burgueses).
La impotencia es la seguridad de
los esclavos del temor.
Un trágico despertar al
aturdimiento incesante de tu vida, hielo bajo tus pies, un cielo de silencio,
el témpano se quiebra y la sorpresa inunda tu mente. Estamos encerrados, encerrados
en nosotros mismos, en nuestros cuerpos, en nuestras mentes y las paredes
delimitan la existencia de una familia lejana viviendo en la memoria inexorable
del tiempo.
Todo empieza desde el alma, después
nos conmueve hasta las lágrimas, después es el sabor del fracaso en los labios
mientras la muerte se entierra en nuestras manos como si escapásemos de nuestro
propio funeral.
Una botella basta para olvidar, una
dosis es suficiente para ver al Dios de turno, una revolución es insuficiente
para descubrirlo: estamos presos en el fondo del pozo de este infierno
terrenal. Somos incapaces de discernir si somos culpables o inocentes de todo
cuanto sucede, somos inútiles al ver las idioteces de nuestro actuar, y así escapamos
al medio, prófugos de ningún lado y al frenarnos en nuestra carrera vemos el
espacio lleno de luces extrañas y en el fondo fuegos de artificio como si
estuviésemos en medio de una guerra campal. Y solo eran los chicos festejando
que Argentina salió campeón, campeón de la sutil idea de perder un lugar en el
cielo. Y el engaño es y está, pero cerramos los ojos sin querer mirar hasta que
una bomba estalla en algún lugar y las pupilas se dilatan preguntando con asqueante
piedad --¿cómo dejamos que pase esto?--.
Veneno en los labios cuando grité y
la puerta se abrió y las ideas salieron de mi mente al ver el colectivo pasar y
no lo pude tomar, me di vuelta y tiré el cigarrillo, un hombre con rostro desconocido
me trató de levantar. !ANDA A CAGAR PUTO DE MIERDA!.
El castillo de la esquina está
tieso dentro de la claridad nocturna, de su interior salen sonidos como muertos
escapando de sus celdas de libertad simulada, toco la puerta y pido agua y
nadie me atiende por que están muy ocupados discutiendo quién va a ocupar el
auto de “pá” ésta noche.
Y la satisfacción de la liberación
de la rabia inunda mi espíritu cuando grito y destruyo las paredes a trompadas
o cuando parto un fierro en medio de la cabeza pelada de quien cuida que no me
escape de mi cárcel y la sirvienta se embaraza cuando estoy muriéndome desde mi
podrido y viejo sillón.
Cerca del mar bastó para darme
cuenta: unas vacaciones no sirven para comprender cuán grande es la miseria de
sus almas por soportar la vida desde la vida misma y ellos exigían más y más y
nosotros pagamos el pato. Pero con el tiempo fuimos creciendo y dentro de todo
no la pasamos tan mal, después de todo hay muchos peor, pero qué digo, si a mi
no me importa, si soy el elegido, el elegido del fracaso y la desilusión, de
todos lados es posible ver cómo la rebeldía de mi abundancia hace fuerza por
dejarme vivir desde este posible, pero casi incrédulo diván de psicoanalista y
mezcla de doctor de Harvard y decidido ingeniero. Pero siempre es preferible
ir por ahí derribando paredes ocultas que nadie las ve por que el delirio es
cada vez superior al ataque anterior.
Y hagamos un trato: Convengamos en
una casa común, dos pisos, con patio, un perro. Después le ponemos una mujer.
Unos años de vida matrimonial como ángeles caídos del cielo, lleno de armonía y
amor. Después unos hijos, tres vendrían bien. Después el primario. Después el
secundario y a soportar su despertar, que seguro será más precoz y más atroz al
tuyo. Y después sus parejas y después se casarán y quedarás solo. Y te morís y
resucitás, o te vas al cielo, o sos materia en el espacio, o sos abono de
plantas, y dentro de mil años los capitalistas explotarán los cementerios donde
habrá petróleo para todos. Vamos, es un buen trato, pero yo me pregunto: ¿Y
después que?. !¿Y, cerramos el trato?¡.
El hombre se encontró sumergido en
el desierto, la noche agonizaba. Se puso de pie, miró hacia el volcán y caminó
hacia él, la arena marcaba sus pasos, cubría sus pies descalzos, flechas
clavadas en su espaldar de psicópata errante. Irónicamente corrió hasta caer.
Y el volcán llegó y lo vio, mojó
incrédulo su piel y subió por las piedras sangrando sus manos (los indios
tiempo más tarde supieron de él por aquellas imperceptibles huellas). Llegó a
la cima y mirando hacia atrás, creyó ver un mar lejano, estiró sus manos y se
desplegaron sus alas grises. Y voló.
<<Mi destino llegó>> pensó sobre las nubes, su cuerpo vibraba. Bajó sus ojos y vio la ciudad, y siguió volando más allá. --¿Hacia dónde?-- Preguntó uno de los cuantos que desde la ciudad lo observaban, --No sé-- contestó otro.
Se elevó hasta desaparecer de los
mortales.
Y descubrió otro hombre impregnado
de las arenas del desierto. Trató de discernir quien era, pero no podía ver con
claridad. Este caminó hacia el mismo volcán, y al encontrar las viejas huellas
frenó y retrocedió, miró a su alrededor y fue tarde. Los indios lo rodearon,
los indios lo apresaron, los indios se lo comieron. Solo era otro hombre más
para la tribu.
Miró hacia abajo y dio comienzo el
ritual, no comprendía las irresistibles ganas por formar parte de él. --El
culto-- pronunció imperceptible, como quien está a punto de morir, ella no
entendió sus palabras, estaba muy preocupada atendiendo todos sus movimientos y
jadeos. --El culto me llama-- gritó y ella se asustó. Y entonces descendió a
gran velocidad sobre la salvaje escena. El día se convirtió en noche y las
nubes en el suelo, y el piso se elevó hasta las alturas, y todo dio vueltas.
Los indios, al verlo, levantaron la cabeza del otro hombre y comenzaron a danzar
alrededor del fuego que iluminaba la noche con espectral gracia. El hombre-pájaro
quedó paralizado ante las miradas, le pedían se acercara. Así llegó hasta la
cabeza colgando ensangrentada de una lanza y al verla gritó, era su cabeza
quien pendía, y el ritual de la tribu continuó con él en el centro y con su
testa envarada. El más viejo de los indios acercó una vasija con un líquido
ambarino y rojizo hasta él para que bebiese. La tomó con ambas manos y antes de
ingerirla levantó la vista y la vio gritándole desesperada. Cuando abrió sus
ojos lo abrazó, pero al mirarlo nuevamente desapareció. Él bajó la mirada y
vio la tribu expectante para que tomase de la vasija, y cuando mojó sus labios
con el tibio liquido, cayeron gotas heladas desde el cielo--desierto, la tribu
desapareció y se descubrió solo en el desierto--cielo, con la vasija en sus
manos. Abrió los ojos y la vio con una botella entre sus manos. Se levantó y
fue al baño sin pronunciar palabra, ella lo siguió con la vista por que no
podía moverse del terror, una lágrima recorrió su mejilla hasta estrellarse con
violencia en el piso cuadriculado de mármol. El temblor sacudió la ciudad y
todo se tiñó de un verde ceniza. Llegó hasta el baño y cerró la puerta tras de sí,
los de la secta aparecieron por todos lados, detrás del inodoro, desde las
cañerías, desde la cortina de la bañera. El anciano surgió entre la multitud y
llevó las manos al techo, las paredes cedieron y el cielorraso voló por los
aires como si fuese un naipe. Y en algún lugar una víctima sucumbió ante los
designios del victimario. Y en algún sitio un crimen recibió su castigo. Pero
ella dijo --Cuando quiero hablar con vos estás sordo. Cuando puedo mirarte
desaparecés, cuando puedo tocarte te vas lejos. Quiero estar con vos, quiero
estar con vos hoy y siempre-- su voz trepó por detrás de la puerta del baño
como miles de ratones escurridizos, y cuando quisieron llegar a su destino final,
descubrieron la inmensidad solitaria, espacios esmeraldas sobre un desierto
café. --Contestá, hablame-- escuchó él, pero el anciano tocó sus hombros y se
dio vuelta. Tomó la vasija y la llevó a sus labios. --Aún podés... aún podés quedarte y no partir, aún... -- fue
lo último que llegó hasta él de ella, tomó aire y bebió hasta la última gota. En
el cielo un reloj de perlas celestes y azules brillaban con estridente fuerza y
pudo ver claramente cómo marcaban las 3
AM. Apagó su cigarrillo, se levantó y salió de la habitación cerrando la puerta
tras de sí.
III
Practicaba el deleite del rock
cuando sus piernas disfrazan la verdad, intentando no llorar cuando se veía
esclavo de su bienhechor destino de insurrecto. Encendía el equipo de música y
solo daba sonidos, sonidos y nada más:
¿Era todo?, preguntó (soy un iluso)
No nos dimos nada más
Solo un buen gesto
Mordí el anzuelo una vez más (siempre un iluso)
Nuestra estrella se agotó
Y era mi lujo
Cantaban los Redonditos de Ricota
ensimismados en su atmósfera de placer psicoespiritual. Y él se internaba en
los cielos de perdición de su imperceptible poesía, <<¿qué puedo hacer?, ¿cómo
salir de ésta?>> pero no encontró respuestas.
Si conociéramos el futuro, los
hechos del presente, aparentemente sin sentido, serían decisivos fundamentos
del devenir le explicó alguien alguna vez, pero él sólo podía ver en su
presente un camino recto a la desgracia.
Y así fue como una noche de
aquellas (la última creo, sino la anteúltima), cuando abrazaba el alcohol y se
perdía en los desiertos de soles indios y viejos enfrentamientos sin sentidos,
su cuerpo se precipitó sobre la entrada de un Pub. Miró a su alrededor y no vio
conocido alguno <<como siempre, tan solo como siempre>> pensó. Se
acercó hasta la boletería apenas disimulando su estado deprimente de
ebriedad.
Con el ticket de acceso en la mano
se dirigía hacia la entrada y los vio, una sensación de antigua felicidad le
recorrió ácida por sus venas, mientras su rígido cuerpo los veía acercarse
hasta él sin poder hablar por el nuboso panorama de sus ojos: Eduardo, Zulma,
Natalia, Gustavo. <<Todos, siempre los mismos, siempre en la misma>>
pensó y saludando se internó en la oscuridad de la entrada apenas iluminada,
sin siquiera cruzar palabras con ellos.
Horas bailando como poseído por mil
infiernos. Lo miraban con temor, o con recelo, o con asco; a él le parecía lo
mismo, no le importaba en lo más mínimo. Y el espacio era cada vez más pequeño
y el alcohol cada vez mayor.
Sintió la gomita de su pelo demasiado
tirante y la soltó y sus largos cabellos quedaron libres. Sus seudos amigos lo
miraban y no comprendían muy bien sus actitudes, ¿por qué esa persona moviéndose
alocadamente se desvanecía y nada podían hacer?, aunque en realidad a él le
parecía que mucho no les importaba.
Y lo de siempre pasó, la música
fatal se estrelló en sus oídos trayendo historias de otros tiempos, trayendo a
sus ojos otras miradas, otros sitios, otros espacios. Y la mentira volvió a
sus labios como pasaje al paraíso, los ojos dulces de su perdido amor lo
miraban desde sus recuerdos y lo atormentaban sin piedad dándole desalmados latigazos
a su sensibilidad. <<PUTA DE MIERDA, PUTA HIJA DE PUTA. Te amo>> pensó
cabizbajo. Sus antiguos fracasos estaban presentes sobre el círculo descripto
por sus pies al bailar. <<Y me decían “Son el uno para el otro”...
mentira, ella siempre me mintió, todos me mintieron, todos me cagaron>>
pero en realidad la única verdad era que ella siempre lo amó y nunca se quiso
entregar, ¿para qué hacerlo?, ¿para sufrir aún más de lo que ya sufrían con su
amor?, no, no era conveniente, entonces ella desapareció de su vida y él debió
regresar de aquellos lugares soslayado de pena.
Miró la niña bailando delante suyo
<<unos 15 años más o menos... buen plato para comer>>, pero sus
ojos seguían reiterando todo el pasado desvanecido por la espuma blanca del tiempo
de manera abominable... Se besaban, se abrazaban, se acariciaban, se
escuchaban, sus ojos, sus labios, sus cabellos, la espera en el café, la eterna
espera, su pérdida definitiva... Dio vuelta su cuerpo entero y empezó a golpear
con furia las paredes de vidrio del local haciendo explotar los espejos. Sus
manos se bañaron de sangre, la gente a su alrededor quedó inmóvil viéndolo cómo,
enloquecido, destrozaba el vidriado, y caían una y otra vez a sus pies
delirantes y enfermos de revolución estúpida.
Nunca nadie llegó a saber los
motivos de aquel período de su vida. Toda esa etapa le parece un sueño, y al
recordar piensa en ello como hechos sin sentido que al volver a analizarlos
son imposibles de comprender el porqué, como si no perteneciesen a su historia,
como si no tuviesen tiempo ni espacio, como si fuese una mala pesadilla
nocturna, una alucinación fantasmagórica y horripilante donde él era el principal
torturado. No lo soñó, lo vivió, y al pensarlo se obliga a bajar la cabeza,
medita profundamente en el tema antes de dar opinión.
Si corrió a la deriva, si se cegó,
se desfiguró, se perdió, fue por una causa, y es de aquellas que la mente
oculta por temor al suicidio, por temor a la verdad. Son las causas que se
aterran enfrentar, porqué sabemos no tendrán solución, como cuando nos enojamos
con alguien fallecido, y es justo por esto que lo retamos, y en nuestra apatía
no nos damos cuenta lo inútil de pelear contra los designios del destino.
Nunca supo si sus decisiones y
actitudes estuvieron bien o no, hoy solo retiene ensimismado el recuerdo de
aquellos países espectrales, de las sensaciones del horror, de los mares endemoniados,
de los desiertos de víboras, de las legiones púrpuras del rey lagarto, de los
descensos a los terribles océanos infernales del sufrimiento, de las visiones
de los infiernos interiores.
No
somos quiénes para pretender una correcta versión de los hechos, solo una
realidad que poco entendemos y quien de a poco destroza nuestros pensamientos.