Las Arañas
I
Despertó por la mañana y se sentó en la cama. Miró a su alrededor y solo descubrió un simple departamento de un ambiente, en penumbras, desarreglado y desaseado. Intranquilo registró cada parte de su cuerpo, sentía molestias agudas en el estómago. Con las manos se tocaba la zona dolorida y con la vista intentaba descubrir algún cambio superficial, pero le era imposible detectar alguno.
Ensimismado en su dolor
y sin poder entender el porqué de ellos, se dirigió al baño para asearse con el
objeto de ir a trabajar, y mientras se cepillaba los dientes lanzó fuertes
gases estomacales inundando la reducida habitación de olores nauseabundos y
detestables. Parecía como si la tapa de un gran osario se hubiese abierto en
esos precisos momentos. Su estómago despidió sonidos grotescos y se sentó en
el inodoro para largar una abrupta y ruidosa diarrea, parecía irse en aguas,
como si una gran canilla desparramaba líquido con terrible violencia.
<<¿Será el
helado de chocolate de anoche?, no, eso no me cae mal, puede ser el asado del
mediodía, eso tampoco me cae mal, ¿pero qué carajo me está pasando?>>
pensó mientras sostenía su cabeza con ambas manos como si ésta estuviese por
caer.
Estuvo sentado media
hora en el retrete sin acertar una idea somera de la causa de su estado calamitoso.
Y fue atacado por las nauseas de manera bestial, lanzando un líquido pardo
verdoso con tal fuerza y potencia que llegó hasta la pared.
Estaba con la cabeza
apoyada sobre sus rodillas; la levantó para ver su obra: un fluido hediondo se escurría
hacia la rejilla ubicada en la otra punta del baño. Pensó <<se parece al
flujo que largan las arañas al pisarlas>>. Perdió el conocimiento y cayó
en medio del asqueroso charco de vomito.
Pasó más o menos una
hora inconsciente, al despertar se limpió con asco y fue hasta el teléfono,
llamó a la empresa para asegurar su ausencia y pedir de manera urgente un médico.
Al colgar el tubo un
par de arañas negras de unos 5 centímetros de diámetro aparecieron por detrás
de un cuadro familiar. Sin poder contener su repugnancia las aplastó con brutal
violencia contra la pared con su zapatilla. Un sudor frío lo apresó en medio de
una fuerte cefalea. <<Me va explotar la cabeza>>, fue al baño a
ducharse y bajo el agua fría perdió el equilibrio y se desplomó contra la pared
abriéndose por arriba de la ceja una pequeña pero profunda herida. Quedó
inconsciente mientras el agua caía sin detenerse y llevaba su sangre por la
rejilla.
Volando de temperatura
llegó apenas a su cama y se tiró, la contusión inundó la almohada de manchas
rojas.
II
Despertó por primera
vez en su vida en un hospital. Ingresó un médico y le habló con lentitud –Usted
pasó 3 días inconsciente, los estudios que se hicieron no dieron ninguna
anomalía, igualmente le recomiendo que se quede internado por unos días,
después si quiere se puede ir a su casa... ¡ah! y no se preocupe por su
trabajo, le dieron 7 días de licencia–.
<<La internación
es muy cara y si es verdad que no tengo nada ¿para qué quedarme?, me voy a casa
ya>> aunque el especialista no estuvo de acuerdo, aceptó su decisión. –Cuídese–
pidió este, y él asintió con un gesto de “¡obviamente hombre!”. Salió del
hospital y tomó un taxi para ir a su departamento.
Antes de ingresar al
edificio preguntó la hora al conserje, este pasó el mate a su mujer y contestó –son
las 4 de la tarde de este hermoso día–. <<Siempre con esa estúpida efusividad
y su asquerosa alegría, siempre tan servicial, ¿no tendrá problemas este
estúpido?>> pensó mientras esperaba el ascensor. Por el rabillo del ojo
percibió movimientos extraños en la pared de su derecha. Giró lenta su cabeza y
allí estaban 2 grandes, pulposas, musculosas, y asquerosas arañas. Colérico las
aplastó sin piedad una y otra vez, <<Este hijo de puta, se le paga y mirá
vos como mantiene el edificio>> miraba los restos reventados; glorioso y
satisfecho de su acto.
Entró a su
departamento, estaba muy cansado para buscar una interpretación de los sucesos
ocurridos días anteriores y decidió recostarse a dormir con un leve, pero
persistente dolor en la nuca. <<¿A quien no le hace bien una buena y
reparadora siesta?>> musitó al tumbarse en la cama.
Despertó y miró su
reloj, eran las 2 de la mañana. Yacía en la cama con su cabeza apoyada en la
almohada. <<El próximo miércoles tengo que volver a trabajar de nuevo,
podría tranquilamente pasar estos días como unas ligeras vacaciones, de hecho,
me las voy a tomar ni bien me reintegre>>. Se levantó alegré de un salto
de la cama y en ese momento sintió un fuerte y persistente dolor en su cuello,
en el mismo lugar anterior, pero mucho más agudo y desgarrador, parecía como si
una manada de elefantes caminasen sin cesar sobre sus vértebras cervicales.
Al intentar llegar
hasta la silla se le nubló la vista y perdió el equilibrio. Se sentó para no
caer. A pesar de su estado descubrió a duras penas, entre la mesa donde estaba
su vieja maquina de escribir y la descolorida pared, la existencia de una
inmensa y horripilante tela de arañas. En ella había una colosal viuda negra
devorando una pequeña mosca. Se acercó con sigilo y con un encendedor y su desodorante
en spray, la incineró en pleno acto de gula. Su regocijo al escuchar su crujir
entre las llamas casi lo hacen olvidar del todo su dolor, pero este era
abominable e inolvidable, por poco lo hacía llorar. Su capacidad para soportarlo
le duró lo suficiente como para ir a tomar una novalgina y un I.M.75 y recostarse
nuevamente. <<Debí quedarme en el hospital, tendría que haber comido
algo, pero que voy a comer si no puedo tragar ni un vaso de agua>>.
III
Cuando despertó
pretendió levantarse para llamar nuevamente un médico, los dolores de la nuca
eran más persistentes. Descubrió con patética sorpresa a sus miembros
inferiores y superiores inertes, aunque se esforzaba no conseguía moverlos.
Solo podía manejar su cuello, pero al hacerlo le atacaban pavorosos y espinosos
quebrantos. ¿De donde provenía toda ésta aberración y el significado de su
calvario?, todo sus análisis eran inútiles, no podía poner ni una pizca de luz
al misterio.
Su estómago empezó a
crujir con bravura. Sentía algo moverse frenético dentro de su panza hacia
fuera, causándole un cosquilleo muy parecido al logrado con plumas. Los dolores
fueron en aumento progresivo y veloz, intentó gritar, pero no pudo, algo se lo
impedía, algo estaba en su garganta y le producía un hormigueo semejante al
anterior.
Recostó su cabeza
buscando un poco de paz al caos de su situación y al apoyarla el dolor en su
vientre fue más agudo, punzante y desgarrador. Aterrorizado vio la zona
dolorida y entonces ocurrió lo más horripilante de toda su vida, aunque se
jactaba de haber pasado las mil y una y nada lo asustaba ya, pero ésta vez el
terror se apoderó de cada átomo de su cuerpo: de su ombligo surgió una pata peluda
y mordaz, le continuaron otras más, todas ellas parecían realizar un esfuerzo
para una titánica misión: emergió triunfal una araña descomunal abriéndole el
ombligo de un tamaño capaz de dejarla salir con soltura y holgadés.
No podía creerlo, el
pánico y la ignorancia lo dominaban, trató de gritar, su vientre ya tenía 6
arañas caminado, y seguían saliendo más y más. Era como si ese terreno lo
habían ganado, él podía sentirlo, creía sentirlo, como también creía escuchar
conversaciones entre ellas, cuchicheaban y se reían de él. Para luego olvidarse
de esas impresiones por las repugnantes y penetrantes sensaciones.
Se
esforzó por gritar cuando sintió en su boca algo húmedo, viscoso y pegajoso,
produciendo un cosquilleo en su paladar. Detuvo entonces su esfuerzo por lanzar
un alarido. Un cuerpo extraño permanecía inmóvil en su boca, lo escupió,
incrédulo descubrió una araña aplastada y cubierta de líquido pardo verdoso.
<<¿Por qué ésta
tortura?>>. Perdió el control de su nuca y de sus músculos faciales. De
su boca empezaron a salir arañas de todos las dimensiones y de aspecto
horrendo, peludas, negras, con un liquido viscoso y gomoso. Cuando su cuerpo
se cubrió por una gran variedad de estas alimañas, 2 de las más grandes se
precipitaron sobre sus cuencas. Sitiado, yermo, con los ojos desorbitados.
Ambas parecían estudiarlo. Y clavaron al unísono sus especies de dientes
haciendo salir espesos y calientes chorros de sangre que llegaron hasta el
techo con una presión desmedida. Quiso aullar, pero el dolor se ahogó en su garganta
inútil.
Dueñas de su cuerpo
inservible, no tardaron en cubrirlo con su tela, y aun estaba vivo, aun podía
sentir. Lentamente lo devoraron desde las plantas de los pies hasta arriba, y
aun estaba vivo, aun podía sentir. Falleció cuando la hueste de arañas llegó a
las costillas flotantes. Ni los huesos dejaron, solo una cama envuelta en hediondos
fragmentos de osamenta y jirones de carnes.
Encontraron sus restos
10 días más tarde, cuando el conserje entró investigando la razón de los olores
fétidos emanados por el departamento. Debió detener su ingreso al ver el cuarto
repleto en telas de arañas y miles de ellas precipitándose de un lado hacia el
otro. Algunas ni se dieron cuanta de la presencia del visitante, otras en
cambio, detuvieron su actividad para observarlo.
Horas más tarde vino
un fumigador para exterminarlas y ante la sorpresa del conserje no había
rastros de ellas, solo andrajos de carne descompuesta sobre una cama
ensangrentada. Sus únicas palabras a la policía fueron –Estaban ahí, eran
muchísimas, por todos lados y parecían mirarme–.