Capítulo 2

Con un estirón Alec desmontó el mecanismo y lanzó el arma sobre el puente al mar. Demasiado grande para intentar pasarla por las barreras policiales, mejor deshacerse de ella. Pero eso le dejaba sin ningún arma con Max en celo. Tenía que encontrar algún sitio seguro para ella y tenía que hacerlo deprisa. No tenía ninguna experiencia con el celo, sólo lo que había aprendido en Educación Sexual en Manticore. La realidad no se parecía en nada a lo que había imaginado. Su aroma era tan intoxicante, nunca antes había sentido deseo como éste.

Su corazón palpitaba a toda velocidad, su cuerpo, sus sentidos, parecía que todos sus instintos estuvieran al máximo, su único foco él y Max desnudos en cualquier sitio, piel sobre piel. Gimiendo para sí mismo cambió discretamente de posición. Estaba tan empalmado que incluso estar sentado le resultaba molesto. Estaba sentado en la moto tan lejos de ella como podía sin caerse. Ninguna parte de su cuerpo tocaba a Max. Si sólo puediese evitar tocarla sabía que estaría bien, que podría controlarse. Su cuerpo estaba disciplinado, había estado entrenándolo toda su vida. Alec decidía y él obedecía. El celo no iba a cambiar eso. Max era su amiga, le importaba, coño más que importarle. Sabía que nunca podría ser una amenaza para ella y nunca haría nada para hacerle daño. Todo lo que tenía que hacer era llevarla a un sitio seguro para que pudiera dejarlo pasar. La moto se detuvo y Alec, mirando a su alrededor, se dio cuenta de que Max le había llevado a casa. Se bajo en seguida sin tocarla. ‘Vale ¿y ahora qué?’

Max le observaba incómodo frente a ella, aflojando los hombros, cerrando y abriendo los puños, la mirada escaneando los alrededores mirando a cualquier sitio menos a ella.

‘Es tan sexy. No, no lo es.’

-No estoy en celo, Alec, no me toca hasta la semana que viene por lo menos.

-Sí, sí que estás en celo. Lo que pasa es que aún no lo has notado –enfatizó Alec.

-¿Cómo...?

-No podemos quedarnos aquí, Max –la interrumpió él-. No es seguro, tenemos que meterte dentro –haciendo el gesto de cogerla, lo pensó mejor, retrajo su mano y en su lugar hizo un gesto para que andara.

-No voy a entrar ahí contigo, Alec.

-Sí lo harás. No es seguro aquí fuera, cuando te afecte el celo no serás capaz de defenderte, y yo no puedo protegerte aquí fuera –le hizo de nuevo el gesto de que se moviera.

-Cuando me afecte el celo ¿quién me va a proteger de ti?

‘O mejor aún, ¿quién te va a proteger de mí?’

-¿Qué...? –dijo Alec frunciendo el ceño sin poder creerlo-. Yo nunca te haría daño, nunca te obligaría a hacer nada que no quisieras, estés en celo o no, estás a salvo conmigo –dijo, era evidente que se sentía herido.

‘No tiene idea de como es el celo para mí’

-Nunca he estado cerca de otro X5 estando en celo. Tú tampoco, ¿verdad? –le preguntó ella, mirándole brevemente mientras él se movia inquieto.

-No, pero nos hablaron de ello en Manticore, y he oido hablar a otros... ya sabes... –dejó la frase sin acabar, mirando alrededor con inquietud. Podía sentir como ella le miraba, sus ojos se centraron en ella por propia voluntad. Ojos marrones capturaron ojos verdes. Alec tragó, incapaz de apartar su mirada de la oscura intensidad de la de Max.

‘Tiene unos ojos tan expresivos. Creí que eran verdes, pero puedes ver como cambian de color, ahora son del color de un mar oscuro y embravecido.’ Finalmente, consiguiendo apartar su mirada, Max se miró las manos que aferraban el manillar de su moto.

-Ven dentro, Max, y te diré lo que Manticore nos enseñó sobre el celo –le prometió con voz profunda y ronca, sonriéndole dulcemente mientras le señalaba para que andara.

Max, mirándole absorta, asintió y entró sin ser consciente dentro de su edificio, con él siguiéndola. Alec echó las cerraduras de la puerta y comprobó que todas las ventanas estuvieran cerradas. ‘A salvo, nadie puede llegar a ella aquí.’

-Hace calor aquí, ¿por qué cierras todas las ventanas?

-Más seguro –abrió el armario donde guardaba las armas, mordiéndose el labio inferior. Con mirada absorta las sacó y las comprobó con detenimiento antes de arreglarlas todas sobre el banco.

Max observó divertida como reorganizaba las armas.

‘Eso que hace con el labio cuando está pensando es tan mono.’

-Y ahora ¿qué? –se rió-. ¿Nos sentamos aquí y esperamos a que yo entre en celo mientras tú juegas con tus armas? ¡Va a ser largo y aburrido! –bostezó mientras se acomodaba en el sofá.

‘No la miras, no le hables. Todo irá bien, eres un soldado, disciplinado.’

Silencio.

-Dijiste que me contarías lo que Manticore os enseñó sobre el celo.

Más silencio.

Miró hacia Alec. Había acabado de jugar con sus armas y ahora estaba rondando por la cocina.

-Alec estate quieto, ven aquí y cuéntame, necesito saberlo. Los otros, ¿por qué se comportaron así? ¿Qué habría pasado si no hubiéramos escapado? –le preguntó en voz baja.

Suspirando, Alec se sentó en la silla de enfrente. –Habríamos luchado por ti.

-Y quien hubiera ganado, habría intentado acostarse conmigo, lo quisiera yo o no.

-No, Max. Yo habría ganado, nadie habría intentado forzarte.

Mirándole mientras él observaba sus manos nervioso, ella supo que había estado a salvo porque él estaba allí.

-Pero si tu no hubieras estado allí –insistió.

-Es el ADN, Max, no podemos evitarlo. La mayoría de ellos no habría intentado forzarte, sólo habrían intentado que tú lo quisieras. Algunos habrían llegado más lejos. Los transgénicos no son diferentes a los machos ordinarios; algunos son buenos, otros no tanto. La única diferencia es que los ordinarios no tienen ADN forzándoles.

-¿Es así para ti? –susurró ella.

-Sí, ni siquiera ha empezado para ti y me está volviendo loco –sus ojos se deslizaron sobre ella.

‘No la mires, todo irá bien.’

-¿Cómo es que esto nunca les ha pasado a las otras X5s hembras?

-¿El qué, el celo? –le preguntó confundido. Su mirada sobre la cabeza inclinada de Max.

-No, lo que me ha pasado a mí –dijo con voz débil.

-Ellas saben como nos afecta, Max, así que están preparadas para cuando entran en celo –dijo con suavidad-. Como lo estarás tú la próxima vez.

‘Preparada cómo, tú lo has sabido antes que yo’.

-Sí –susurró con desánimo, limpiándose las lágrimas no deseadas-. La próxima vez estaré preparada.

-No es culpa tuya, Max. Tú no lo sabías –sentándose a su lado con rápidez, Alec la rodeó con su brazo y trató de limpiarle las lágrimas con los dedos.

‘Mierda, mierda, ¿qué estás haciendo? ¡No la toques, jodido idiota!’

Max le miró a los ojos y Alec no se podía mover, no podía apartar la mirada.

-Alec, ¿recuerdas lo que has dicho sobre tu ADN forzándote? –le preguntó ella. Sus ojos grandes, vulnerables y luminosos por las lágrimas.

-Sí –le contestó con voz primaria, los ojos fijos en ella.

-Es igual para mí –susurró-. Cuando me afecte voy a estar encima tuyo. No podré contrarlo.

-¿Qué? –Alec parpadeó sorprendido.

-No podré resistirme a ti.

‘Oh Dios, he muerto y he ido al cielo.’

-Vas a tener que resistir por los dos.

‘No, ¡joder! Es el infierno, estoy en el infierno.’

Con su preocupación por su reacción a Max, no había considerado cómo le iba a afectar a ella el celo. Que podría hacer que Max le deseara no se le había pasado por la cabeza. ‘¿Por qué coño iba a hacerlo?’ pensó burlonamente, Max nunca había ocultado sus sentimientos hacia él.

¿Cómo había podido ser tan jodidamente estúpido? ¿Qué les había enseñado Manticore al respecto? Oh, sí, lo recordaba palabra por palabra, de hecho, su memoria fotográfica acaba de mostrárselo de nuevo en la mente. ‘El celo hace a las hembras abiertas al apareamiento y asegura una copulación con éxito’. Genial, jodidamente genial, el bueno de Manticore especialista en quedarse jodidamente corto.

-Um, no, eso no es lo que yo esperaba. Tú no me deseas, nunca me has deseado. Ni siquiera te gusto demasiado. No creí que tu celo cambiaría eso –contestó él, mirándola brevemente a los ojos- Creí que sería yo resistiéndome a ti. Eso puedo hacerlo. Puedo controlar mi propio cuerpo. Nunca te obligaría a hacer nada. Pero si te me echas encima, eso es diferente. No sé si puedo hacer eso –dijo Alec con urgencia-. Ya es difícil para mí y va a ser diez veces peor cuando empieces a soltar hormonas y las mías reaccionen –ella le devolvió la mirada sin parpadear-. No sé si puedo hacerlo si te me echas encima –repitió Alec con voz ronca, su mirada fija en ella, dedos aún en su mejilla. ‘Al menos ha dejado de llorar.’

Perdida en sus ojos verdes y tormentosos, Max cerró los ojos brevemente al notar que su cuerpo empezaba a calentarse y una ola de hormonas la inundaba. Nunca antes había sido tan consciente de su celo, nunca lo había sentido tan intensamente. Podía sentirlo moverse, pulsando y flotando por su cuerpo.

Alec supo cuando realmente empezó a afectar a Max. Su deseo, necesidad, calor, lujuria, lo vio todo reflejado en su provocativa mirada, vio como sus pupilas se agrandaban, nebulosas y desenfocadas. Observó fascinado como se ruborizaban sus mejillas y una capa fina de sudor cubría su frente.

Max le observó mientras él la miraba, vio como sus labios se entreabrían y su garganta se movía al tragar, vio el mismo calor, necesidad y anhelo que ella sentía reflejado en sus ojos y pensó que era lo más erótico que había visto nunca.

‘Es tan hermosa, tan viva, todo lo que siente ahí para que lo vea.’

Cuando Max alzó la mano hasta su mejilla, Alec la miró sorprendido. Max vio como sus ojos se cerraban lánguidamente a la vez que gemía y movía su mejilla contra su mano.

‘Es tan guapo, tan sexy.’

Cautivado, perdido en su mirada oscura y conmovedora, le apartó el pelo de la cara inconscientemente. Max se inclinó y le besó con suavidad, experimentando. Paralizado, sorprendido, él no reaccionó. Max se apartó y lo miró con preocupación.

‘¡Joder!, deja de mirarla.’

Apartando la mirada, Alec sacudió la cabeza intentando aclararse. ‘Tienes que luchar contra esto, ella no te desea, sólo son hormonas, ella quiere a Logan. Si haces esto todo cambiará. Cuando haya acabado te odiará. Probablemente ni siquiera te querrá cerca, tendrías que irte, estar solo otra vez, igual que cuando Manticore ardió. ¿Sería eso peor que no aprovechar esta oportunidad única para besarla, tocarla?’ se preguntó a sí mismo mirándola de nuevo. ‘Joder, joder.’

Max seguía mirándole fijamente a la cara pero ahora con un aire cauteloso y aprensivo. ‘No me desea’, pensó con desesperación, tenía tanta hambre de él que todo el cuerpo le quemaba, ahogándola con necesidad. ‘Nunca antes había sido así de malo’. Gimió internamente al notar calor recorriéndola y abrasándola. Ojos marrones frustrados miraron impotentes a sus ojos verdes.

‘Mierda, ¿qué he hecho ahora? Me tiene miedo.’

-No pasa nada, Max, no voy a tocarte. –dijo con voz apaciguadora, la mirada sincera, ademanes tranquilizadores-. Ninguno de los dos quiere que pase nada entre nosotros, así que tú vas a entrar en la habitación y yo me voy a quedar aquí fuera.

‘¡Brillante! Ahora estás pensando, Alec’

‘No, yo no quiero entrar ahí dentro sola’ Lloriqueó mentalmente. Podía literalmente sentir como otra ola de calor recorría sus venas. ‘Tenía razón, nuestras hormonas reaccionan mutuamente. Nunca antes lo he sentido tan intensamente, mi cuerpo vibra, late.’

-Todo irá bien mientras no te me eches encima -dijo Alec, más para sí mismo que para ella-. No va a pasar nada. –Alec intentaba sonar tranquilizador pero en su lugar su voz sonó áspera.

‘¿Por qué se queda ahí?’ Se preguntó con impaciencia.

-¡Muévete! –le dijo duramente, con más dureza de la que pretendía, a la vez que otro subidón de adrenalina recorría su cuerpo.

Max, sintiéndose más caliente y desesperada a cada momento, se mantuvo inmóvil, su cabeza llena de imágenes del dolor, la miseria y desolación de sus celos anteriores, mientras otra ola la recorría.

‘Siento como si mi piel fuera a derretirse’ Max pensó con frustración. ‘¿Por qué coño no me folla?’

-Oooohh... ¡Dios, lo odio! –Max se lamentó con impotencia-. Es asqueroso, repugnante. –se echó a llorar, lágrimas rodándole por la cara-. Odio como me hace sentir, odio lo que me hace hacer, ¡lo odio! –gritó-. Y te odio a ti, Alec –le gritó al pasarle de camino a la puerta. Lloraba con tanta fuerza que no podía ver con claridad para abrir las cerraduras de su puerta. La golpeó con furia impotente-. ¡Abre la jodida puerta! Me vuelvo a TC.

‘Repugnante, asqueroso, ¿qué...? ¿De verdad es eso lo que cree?' Se preguntó incrédulo.

-¡Abre la puerta, Alec! No me voy a quedar aquí.

-Sí, Max, ya sabes lo que pasará si vuelves a TC. ¿Eso es lo que quieres?

Aún llorando, apoyada en la puerta, se deslizó lentamente hasta el suelo.

-Que te jodan, Alec.

Siguió llorando, abrazándose las piernas, la cara escondida entre sus rodillas.

Sentándose a su lado, Alec se acercó instintivamente para calmarla, ella levantó la cabeza y sus miradas se encontraron en el momento en que él retiró la mano.

-No soy contagiosa –bufó Max-. No te voy a pegar el sexo –le dijo furiosa.

-Vale, si estás segura –contestó riendo, mientras la rodeaba por los hombros tentativamente y cuando ella no se resistió la atrajo hacia sí con cautela.

‘Mala idea’ se dio cuenta en seguida cuando una nueva ola de testosterona le recorrió, haciéndole gemir. ‘Joder, esto es una tortura.’ Ella lo miró a los ojos. –Acabas de soltar más hormonas –le explicó, moviéndose para intentar aliviar su dolorosa y latiente erección.

-¿Cómo lo sabes?

-Lo huelo –le dijo golpeándose la nariz-. Y mi cuerpo lo sabe también de algún modo –se encogió de hombros.

-Llorar ha ayudado a calmarme un poco –Max sorbitó-. Ya no me encuentro tan mal.

Alec la miró extrañado. -¿Siempres lloras cuando estás en celo?

-No, no hasta de después de... ya sabes –dijo derrotada. Frunciendo el ceño Alec la atrajo más cerca-. Tenías razón sobre nuestras hormonas reaccionando mutuamente, nunca antes había sido tan intenso para mí –dijo en voz muy baja.

-Ah lo siento. –‘Sí, sientes ponerla caliente... seguro’

Acercándose a él, rodeando la cintura con su brazo, Max se acomodó apoyando la mejilla en su pecho. Más hormonas la atravesaron.

Alec gimió torturado y se movió de nuevo. Ella se rió contra su pecho.

-¿De qué te ríes? –le preguntó indignado.

-¡De ti! Eres gracioso, me gusta que también te vuelva loco... te lo mereces.

-¿Qué... qué? Yo no he hecho nada –tartamudeó.

-Eres un macho –bufó irritada.

‘No jodas’ pensó él, moviéndose de nuevo, tratando de acomodar la dolorosa prueba.

Max sintió como él invadía sus sentidos, su olor intenso, su cuerpo duro y cálido donde tocaba el de ella. Cerrando los ojos confusamente, sintiendo otra oleada de calor recorrerla se acercó más a él. Al darse cuenta de que no podría acercarse más si seguía sentada a su lado, apartó con impaciencia el brazo de Alec de sus hombros y rápidamente se sentó en su regazo. ‘Oh Dios, esto está mejor’. Ojos cerrados, restregando sus pechos contra el pecho de Alec, le acarició el cuello con la nariz empapándose en su olor.

Alec, con el regazo repentinamente lleno de Max cálida e inquieta, le puso las manos en la cintura aturdido, y luego las deslizó hacia arriba por su espalda para atraerla hacia sí.

‘Pararemos pronto’ pensó él. Cerrando los ojos cuando Max puso sus manos alrededor de su cuello y le rodeó la oreja con la lengua perezosamente.

‘Pronto’ pensó. Sus ojos nublándose cuando ella le chupó el lóbulo suavemente.

‘Pronto’ mientras le besaba desde el cuello a la mandíbula y mordisqueaba el labio inferior antes de chuparlo con suavidad.

‘Pronto’ pensó mientras ella se movía en su regazo, la mano enredada en su pelo, besándola mientras el mundo se desenfocaba a su alrededor, hasta que sólo quedó Max y el latido de su corazón.

Max se aferró a él, perdida en su beso, ahogándose en sensación. ‘El celo nunca ha sido así. Su último pensamiento coherente antes de que el aturdimiento del celo la reclamara.

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