(Recopilación
de opiniones, comentarios y conferencias 1969 - 1995)

Al lector
Este
libro da cuenta de lo expuesto oralmente por Silo a lo largo de casi tres
décadas.
Nos
hemos permitido incluír algunas notas aclaratorias. Una de estas aparece en la
primera exposición del 4 de Mayo de 1969. Con ella hemos pretendido informar
sobre las circunstancias que rodearon a este acto público en el que Silo sentó
las bases de su pensamiento. La segunda se encontrará encabezando la exposición
del 27 de Septiembre de 1981. La tercera corresponde a lo explicado por quien
lo precediera en el uso de la palabra
el 6 de Junio de 1986. El recurso de las notas antepuestas, y no a pie de
página o al final del libro, responde a la idea de presentar al lector un
contexto que, de otro modo, podría ser omitido.
Hemos
excluído todo lo dicho por Silo ante los medios de difusión. Una recopilación
abundante de ese tipo de material exije un tratamiento diferente al usado en el
presente trabajo.
Las
explicaciones que ahora presentamos son transcripciones de apuntes y
grabaciones de audio y video.
Los
recopiladores.

I. Opiniones, comentarios y participación en
actos públicos
· La curación del sufrimiento (Punta de Vacas. Mendoza
04/05/69).
· La acción válida
(Las Palmas de Gran Canaria 29/09/78).
· Sobre el acertijo de la percepción (Las Palmas de Gran
Canaria 01/10/78).
· El sentido de la vida
(México D. F. 10/10/80).
· El voluntario (México. D.F. 11/10/80).
· Acto público de Madrid (Pabellón de los deportes. Madrid.
27/09/81).
· La colectividad agrícola de Sri Lanka (Colombo 20/10/81)
· Acto público de Bombay (Chowpatty. Bombay. 01/11/81).
· Acerca de lo Humano (Tortuguitas. Buenos Aires 01/05/83).
· La religiosidad en el mundo actual (Casa Suiza. Buenos Aires
06/06/86).
II. Presentación de libros
· Experiencias guiadas
(El Ateneo. Madrid 03/11/89).
· Humanizar la Tierra (Centro Escandinavo. Reykjavik
13/11/89).
· Contribuciones al pensamiento (Centro Cultural S. M.
Buenos Aires 04/10/90).
· Mitos raíces universales (Centro Cultural S. M. Buenos
Aires 18/04/91).
· Pensamiento y obra literaria (Gran Palace. Santiago
23/05/91).
· Cartas a mis amigos (Centro Cultural Estación Mapocho.
Santiago 14/05/94).
III. Conferencias
· Humanismo y nuevo mundo (Universidad de Bellas Artes.
México D. F. 07/07/91).
· La crisis de la civilización y el Humanismo (Academia de
Ciencias. Moscú18/06/92).
· Visión actual del Humanismo (Universidad Autónoma de
Madrid 16/04/93).
· Las condiciones del diálogo (Academia de Ciencias.
Moscú 06/10/93).
· Foro humanista (Moscú
07/10/93).
· Qué entendemos hoy por Humanismo Universalista ( Comunidad
Emanu-El, sede del Judaísmo Liberal en Argentina. Buenos Aires 24/11/94)
· Encuentro para el diálogo filosófico - religioso
(Sindicato de Luz y Fuerza Buenos Aires 29/10/95).
I.
Opiniones, comentarios y participación en actos públicos
La
curación del sufrimiento (Punta de
Vacas. Mendoza. 04/05/69)
Nota. 1.- La dictadura militar de Argentina había
prohibido la realización de todo acto público en las ciudades. Por consiguiente
se eligió un paraje desolado, conocido como Punta de Vacas, en los límites de
Chile y Argentina. Desde muy temprano las autoridades controlaron las rutas de
acceso. Se distinguían nidos de ametralladoras, vehículos militares y hombres
armados. Para acceder era necesario exhibir documentación y datos personales,
lo que creó algunos conflictos con la Prensa internacional. En un magnífico escenario de montes nevados
Silo comenzó su alocución ante un auditorio de doscientas personas. El día era
frío y soleado. Alrededor de las 12 a.m. todo había concluido.
2.
- Esta es la primera intervención
pública de Silo. En un envoltorio más o menos poético se explica que el
conocimiento más importante para la vida (‘la real sabiduría”), no coincide con
el conocimiento de libros, de leyes universales, etc. sino que es una cuestión
de experiencia personal, íntima. El conocimiento más importante para la vida
está referido a la comprensión del sufrimiento y su superación.
A
continuación se expone una tesis muy simple, en varias partes: 1. Se comienza
por distinguir entre el dolor físico y sus derivados, sosteniendo que pueden
retroceder gracias al avance de la ciencia y de la justicia, a diferencia del
sufrimiento mental que no puede ser eliminado por ellas; 2. Se sufre por tres
vías: la de la percepción, la del recuerdo y la de la imaginación; 3. El
sufrimiento delata un estado de violencia; 4. La violencia tiene por raíz el
deseo; 5. El deseo tiene distintos grados y formas. Atendiendo a esto (“por la
meditación interna”), se puede progresar.
Así
pues: 6. El deseo (“cuanto más groseros son los deseos”) motiva la violencia
que no queda en el interior de las personas sino que contamina al medio de
relación. 7. Se observan distintas formas de violencia y no solamente la
primaria que es la violencia física; 8. Es necesario contar con una conducta
simple que oriente la vida (“cumple con mandatos simples”): aprender a llevar
la paz, la alegría y sobre todo la esperanza.
Conclusión:
la ciencia y la justicia son necesarias para vencer el dolor en el género
humano. La superación de los deseos primitivos es imprescindible para vencer el
sufrimiento mental.
___________________
Si
has venido a escuchar a un hombre de quien se supone se transmite la sabiduría, has equivocado el camino porque la real
sabiduría no se transmite por medio de libros ni de arengas; la real sabiduría
está en el fondo de tu conciencia como
el amor verdadero está en el
fondo de tu corazón.
Si
has venido empujado por los calumniadores y los hipócritas a escuchar a éste
hombre a fin de que lo que escuchas te sirva luego como argumento en contra de
él, has equivocado el camino porque este hombre no está aquí para pedirte nada,
ni para usarte, porque no te necesita.
Escuchas
a un hombre desconocedor de las leyes que rigen al Universo, desconocedor de
las leyes de la Historia, ignorante de las relaciones que rigen a los pueblos.
Este hombre se dirige a tu conciencia a mucha distancia de las ciudades y de
sus enfermas ambiciones. Allí en las ciudades, donde cada día es un afán
truncado por la muerte, donde al amor sucede el odio, donde al perdón sucede la
venganza; allí en las ciudades de los hombres ricos y pobres; allí en los
inmensos campos de los hombres, se ha posado un manto de sufrimiento y de
tristeza.
Sufres
cuando el dolor muerde tu cuerpo. Sufres cuando el hambre se apodera de tu
cuerpo. Pero no solo sufres por el dolor inmediato de tu cuerpo, por el hambre
de tu cuerpo. Sufres, también, por las consecuencias de las enfermedades de tu
cuerpo.
Debes
distinguir dos tipos de sufrimiento. Hay un sufrimiento que se produce en ti
merced a la enfermedad (y ese sufrimiento puede retroceder gracias al avance de
la ciencia, así como el hambre puede retroceder pero gracias al imperio de la
justicia). Hay otro tipo de sufrimiento que no depende de la enfermedad de tu
cuerpo sino que deriva de ella: si estás impedido, si no puedes ver, o si no oyes,
sufres; pero aunque éste
sufrimiento derive del cuerpo, o de las enfermedades de tu cuerpo, tal sufrimiento es de tu mente.
Hay
un tipo de sufrimiento que no puede retroceder frente al avance de la ciencia
ni frente al avance de la justicia. Ese tipo de sufrimiento, que es
estrictamente de tu mente , retrocede frente a la fe, frente a la alegría de
vivir, frente al amor. Debes saber que este sufrimiento está siempre basado en
la violencia que hay en tu propia conciencia. Sufres porque temes perder lo que
tienes, o por lo que ya has perdido, o por lo que desesperas alcanzar. Sufres
porque no tienes, o porque sientes temor en general... He ahí los grandes
enemigos del hombre: el temor a la enfermedad, el temor a la pobreza, el temor
a la muerte, el temor a la soledad. Todos estos son sufrimientos propios de tu
mente; todos ellos delatan la violencia interna, la violencia que hay en tu
mente. Fíjate que esa violencia siempre deriva del deseo. Cuanto más violento
es un hombre, más groseros son sus deseos.
Quisiera
proponerte una historia que sucedió hace mucho tiempo.
Existió
un viajero que tuvo que hacer una larga travesía. Entonces, ató su animal a un
carro y emprendió una larga marcha hacia un largo destino y con un límite
fijo de tiempo. Al animal lo llamo Necesidad, al carro Deseo, a una rueda la llamó Placer y a la otra Dolor. Así pues
el viajero llevaba su carro a derecha e izquierda, pero siempre hacia su
destino. Cuanto más velozmente andaba el carro, más rápidamente se movían las
ruedas del Placer y del Dolor, conectadas como estaban por el mismo eje y
transportando como estaban al carro del Deseo. Como el viaje era muy largo ,
nuestro viajero se aburría. Decidió entonces decorarlo, ornamentarlo con muchas
bellezas, y así lo fue haciendo. Pero cuanto más embelleció el carro del Deseo
más pesado se hizo para la Necesidad. De tal manera que en las curvas y en las
cuestas empinadas, el pobre animal desfallecía no pudiendo arrastrar el carro
del Deseo. En los caminos arenosos las ruedas del
Placer y el Sufrimiento se incrustaban en el piso. Así, desesperó un día el
viajero porque era muy largo el camino y estaba muy lejos su destino. Decidió
meditar sobre el problema esa noche y,
al hacerlo, escuchó
el relincho de su viejo amigo. Comprendiendo el mensaje, a la mañana
siguiente desbarató la ornamentación del carro, lo alivió de sus pesos y muy temprano llevó al trote a su animal
avanzando hacia su destino. No obstante , había perdido un tiempo que ya era
irrecuperable. A la noche siguiente volvió a meditar y comprendió, por un nuevo aviso de su amigo, que tenía
ahora que acometer una tarea doblemente difícil porque significaba su
desprendimiento. Muy de madrugada sacrificó el carro del Deseo. Es cierto que al hacerlo perdió la rueda
del Placer, pero con ella perdió
también la rueda del Sufrimiento. Montó sobre el animal de la Necesidad, sobre sus lomos, y comenzó al galope por las
verdes praderas hasta llegar a su destino.
Fíjate
como el deseo puede arrinconarte. Hay deseos de distinta calidad. Hay deseos más groseros y hay deseos más elevados. Eleva el deseo,
supera el deseo, purifica el deseo,
que habrás seguramente de
sacrificar con eso la rueda del
placer pero también la rueda del
sufrimiento.
La
violencia en el hombre, movida por los deseos, no queda solamente como
enfermedad en su conciencia, sino que actúa en el mundo de los otros hombres
ejercitándose con el resto de la gente. No creas que hablo de violencia refiriéndome solamente al hecho armado de la
guerra, en la que unos hombres destrozan a otros hombres. Esa es una forma de
violencia física. Hay una violencia económica: la violencia económica es
aquella que te hace explotar a otro; la violencia económica se da cuando robas
a otro, cuando ya no eres hermano del otro, sino que eres ave de rapiña para tu
hermano. Hay, además, una violencia racial: ¿crees que no ejercitas la
violencia cuando persigues a otro que es da una raza diferente a la tuya, crees
que no ejerces violencia cuando lo difamas por ser de una raza diferente a la
tuya? Hay una violencia religiosa: ¿ crees que no ejercitas la violencia cuando
nos das trabajo, o cierras las puertas, o despides a alguien, por no ser de tu
misma religión? ?Crees que no es violencia cercar a aquel que no comulga con
tus principios por medio de la difamación; cercarlo en su familia, cercarlo
entre su gente querida, porque no comulga con tu religión? Hay otras formas de
violencia que son las impuestas por la moral filistea. Tú quieres imponer tu
forma de vida a otro, tú debes imponer tu vocación a otro...¿ pero quién te ha
dicho que eres un ejemplo que debe seguirse? ¿ Quién te ha dicho que puedes
imponer una forma de vida porque a ti te place? ¿Dónde está el molde y dónde
está el tipo para que tú lo impongas?... He aquí otra forma de violencia.
Únicamente puedes acabar con la violencia en ti y en los demás y en el mundo
que te rodea, por la fe interna y la meditación interna. No hay falsas puertas
para acabar con la violencia. Este
mundo está por estallar y no hay
forma de acabar con
la violencia! No busques falsas puertas!. No hay política que pueda
solucionar éste afán de violencia enloquecido. No hay partido ni movimiento en
el planeta que pueda acabar con la violencia. No hay falsas salidas para la
violencia en el mundo... Me dicen que la gente joven en distintas latitudes
está buscando falsas puertas para salir de la violencia y el sufrimiento
interno. Busca la droga como solución. No busques falsas puertas para acabar
con la violencia.
Hermano
mío: cumple con mandatos simples, como son simples éstas piedras y ésta nieve y
éste sol que nos bendice. Lleva la paz en ti y llévala a los demás. Hermano
mío: allá en la historia ésta el
ser humano mostrando
el rostro del sufrimiento, mira ese rostro del
sufrimiento... pero recuerda que es necesario seguir adelante y que
es necesario aprender a reír y
que es necesario aprender a amar.
A
ti hermano mío arrojo ésta esperanza, ésta esperanza de alegría, ésta esperanza
de amor para que eleves tu corazón y eleves tu espíritu, y para que no olvides
elevar tu cuerpo.
La
acción válida (Las Palmas de Gran
Canaria 29/09/78)
¿Cuál es la acción válida? A esta pregunta se ha
respondido, o se ha tratado de responder, de distintos modos y casi siempre
teniendo en cuenta la bondad o la maldad de la acción. Se ha tratado de
responder a lo válido de la acción. Es decir, se han dado respuestas a lo que
desde antiguo ha sido conocido como lo ético o lo moral. Durante muchos años
nos preocupamos por consultar acerca de qué era lo moral, qué era lo inmoral,
lo bueno y lo malo. Pero básicamente, nos interesó saber qué era lo válido en
la acción. Nos fueron respondiendo de distinto modo. Hubo respuestas
religiosas, hubo respuestas jurídicas, hubo respuestas ideológicas. En todas
esas respuestas, se nos decía que las personas debían hacer las cosas de un
modo y también evitar hacer las cosas de otro modo. Para nosotros era muy
importante obtener una clara respuesta sobre este punto. Era de mucha
importancia por cuanto el quehacer humano, según tenga una dirección o tenga
otra, desarrolla también una forma de vida distinta. Todo se acomoda en la vida
humana según la dirección. Si mi dirección hacia el futuro es de un tipo, mi
presente se acomoda también a él. De manera que estas preguntas en torno a lo
válido, lo inválido, lo bueno, lo malo, afectan no solo al futuro del ser
humano, sino que afectan su presente. Afectan no solo al individuo, afectan a
los conjuntos humanos, afectan a los pueblos.
Diferentes posturas religiosas daban su solución. Así
pues, para los creyentes de determinadas religiones, había que cumplir con
ciertas leyes, con ciertos preceptos inspirados por Dios. Eso era válido para
los creyentes de esas religiones. Es más, distintas religiones daban distintos
preceptos. Algunas indicaban que no se debía realizar determinadas acciones
para evitar cierta vuelta de los acontecimientos; otras religiones lo indicaban
para evitar un infierno. A veces no coincidían tampoco estas religiones que en
principio eran universales; no coincidían en sus preceptos y en sus mandatos. Pero
lo más preocupante de todo esto, consistía en que ocurría en áreas del mundo
donde muchísimos de esos habitantes no podían cumplir, aún queriendo de muy
buena fe, no podían cumplir con esos preceptos porque no los sentían. De manera
que los no creyentes (que también para las religiones son hijos de Dios), no
podían cumplir esos mandatos, como si estuvieran dejados de esa mano de Dios.
Una religión, si es universal, debe serlo no porque ocupe geográficamente el
mundo. Básicamente debe ser universal porque ocupe el corazón del ser humano,
independientemente de su condición, independientemente de su latitud. Así pues,
las religiones, en su respuesta ética, nos presentaban ciertas dificultades.
Consultamos entonces a otros formadores de conducta: los
sistemas jurídicos. Estos son formadores, son moldeadores de conducta. Los
sistemas jurídicos establecen de algún modo, aquello que se debe hacer o se
debe evitar en el comportamiento de relación, en el comportamiento social.
Existen códigos de todo tipo para reglar las relaciones. Hay hasta códigos
penales, que prevén la punición para determinados delitos, para comportamientos
considerados no sociales, o asociales, o antisociales. Los sistemas jurídicos
también han tratado de dar su respuesta a la conducta humana en lo que hace al
buen o mal comportamiento. Y así como las religiones han dado su respuesta y
está bien para sus creyentes, también los sistemas jurídicos han dado su
respuesta y está bien para un momento histórico dado, está bien para un tipo de
organización social, pero nada dicen al individuo que debe cumplir con una
determinada conducta. Porque la gente razonable sin duda advierte que es
interesante que exista una regulación de la conducta social a fin de evitar un
caos total. Pero esta es una técnica de organización social, no es una
justificación de la moral. Y por cierto que según su desarrollo y según su
concepción, las distintas comunidades humanas tienen normas de conducta
jurídicamente regladas, que a veces se oponen. Los sistemas jurídicos no tienen
validez universal. Sirven para un momento, para un tipo de estructura, pero no
sirven para todos los seres humanos, ni sirven para todos los momentos y todas
las latitudes; y lo más importante de todo, nada dicen al individuo acerca de
lo bueno y lo malo.
También consultamos a las ideologías. Las ideologías son
más amigas de los desarrollos y bastante más vistosas en sus explicaciones, que
los chatos sistemas legales, o tal vez que los preceptos o las leyes traídas
desde las alturas. Algunas doctrinas explicaban que el ser humano es una suerte
de animal rapaz, es un ser que se desarrolla a costa de todo y que debe abrirse
paso a pesar de todo, a pesar inclusive de los otros seres humanos. Una suerte
de voluntad de poderío, es la que está detrás de esa moral. De algún modo esa
moral que puede parecer romántica, es sin embargo exitista, y nada dice al
individuo en cuanto a que las cosas le salgan mal en sus pretensiones de
voluntad de poderío.
Hay otro tipo de ideología que nos dice: por cuanto todo
en la naturaleza está en evolución y el ser humano mismo es producto de esta
evolución, y el ser humano es el reflejo de las condiciones que se dan en un
momento dado, su comportamiento va a mostrar el tipo de sociedad en que vive.
Así pues, una clase va a tener un tipo de moral y otra va a tener otro tipo de
moral. De esta manera, la moral está determinada por las condiciones objetivas,
por las relaciones sociales y por el modo de producción. No hay que preocuparse
mucho por cuanto uno hace lo que mecánicamente está impulsado a hacer aunque,
por razones publicitarias, se hable de la moral de una clase o la mora de otra.
Limitándonos al desarrollo mecánico, yo hago lo que hago porque estoy impulsado
en tal sentido. ¿Dónde está el bueno y dónde está el malo?... Hay solamente un
choque mecánico de partículas en marcha.
Otras singulares ideologías nos decían cosas como estas:
la moral es una presión social que sirve para contener la fuerza de los
impulsos y esta contención que efectúa es una suerte de super-yo, esta
compresión que hace en el caldero de la conciencia permite que aquellos
impulsos básicos se vayan sublimando, vayan tomado cierta dirección...
De modo que nuestro pobre amigo, que ve pasar a unos y a
otros con sus ideologías, se sienta de pronto en la acera y dice: "que es
lo que yo debo hacer, porque acá me presiona un conjunto social, yo tengo
impulsos y parece que éstos se pueden sublimar, siempre que yo sea artista; de
otro modo, o me tiendo en el sofá del psicoanalista o terminaré en la neurosis."
Así pues, la moral en realidad es una forma de control de estas presiones que,
sin embargo, a veces desbordan el
caldero.
Otras ideologías, también psicológicas, explicaron lo
bueno y lo malo según la adaptación. Una moral conductual adaptativa, algo que
permite encajar en un conjunto y en la medida en que uno desencaja de ese
conjunto, se segrega de ese conjunto, tiene problemas. Así que más vale andar
“derechito” y encajar bien en el conjunto. La moral nos dice que es lo bueno y
que es lo malo de acuerdo a la adaptación que debe establecer el individuo con
su medio. Y está bien... es otra ideología.
Pero en las épocas de las grandes fatigas culturales, como
sucedió ya repetidamente en otras civilizaciones, surgen las respuestas cortas,
inmediatas, acerca de lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer. Me
estoy refiriendo a las llamadas “escuelas morales de decadencia”. En distintas
culturas (ya en su ocaso), surgen suertes de moralistas que muy rápidamente
tratan de acomodar sus comportamientos como buenamente pueden, a fin de dar una
dirección a su vida. Están algunos que dicen más o menos esto: "La vida no
tiene ningún sentido, y como no tiene ningún sentido, puedo hacer cuanto me
plazca... si puedo". Otros dicen: "Como la vida no tiene mucho sentido,
debo hacer aquellas cosas que me satisfacen, que me hacen sentir bien, a costa
de todo lo otro". Finalmente, algunos afirman: "Ya que estoy en una
mala situación y hasta la misma vida es sufrimiento, debo hacer las cosas
guardando ciertas formas, cierto desinterés, cierta impavidez. Debo hacer las cosas como un estoico".
Así se llama esta última escuela de la decadencia: la escuela estoica.
Detrás de estas escuelas, aunque sean respuestas de
emergencia, hay también ideología. Está, parece, la ideología básica de que
todo ha perdido sentido y se responde de urgencia a esa pérdida de sentido.
Actualmente, por ejemplo, se pretende justificar la acción con una teoría del
absurdo, en donde aparece de contrabando el “compromiso”. Sucede que estoy
comprometido con algo y por tanto debo cumplir. Se trata de una especie de
coacción bancaria. Es difícil comprender que pueda establecer un compromiso si
el mundo en que vivo es absurdo y termina en la nada. Por otra parte, esto no
otorga ninguna convicción al que declama tal postura.
Así pues las religiones, los sistemas jurídicos, los
sistemas ideológicos, las escuelas morales de la decadencia, han trabajado para
dar respuesta a este serio problema de la conducta, para establecer una moral,
para establecer una ética, porque todos ellos han advertido la importancia que
tiene la justificación o no justificación de un acto.
¿Cual es la base de la acción válida?. La base de la
acción válida no está dada por las ideologías, ni por los mandatos religiosos,
ni por las creencias, ni por la regulación social. Aun cuando todas estas cosas
sean de mucha importancia, la base de la acción válida no está dada por ninguna
de ellas, sino que está dada por el registro interno de la acción. Hay una
diferencia fundamental entre la valoración que parece provenir del exterior y
esta valoración que se hace de la acción por el registro que el ser humano
tiene de lo que precisamente hace.
¿Y cual es el registro de la acción válida? El registro de
la acción válida es aquel que se experimenta como unitivo; es aquel que da al
mismo tiempo sensación de crecimiento interno y es, por último, aquél que se
desea repetir porque tiene sabor de continuidad en el tiempo. Examinaremos
estos aspectos de modo separado.
El registro de unidad interna por una parte y la
continuidad en el tiempo por otra parte.
Frente a una situación difícil, puedo yo responder de un
modo o de otro. Si soy hostigado, por ejemplo, puedo responder violentamente y
frente a esa irritación que me produce el estímulo externo y esta tensión que
me provoca, puedo distenderme, puedo reaccionar violentamente y al hacerlo
experimentar una sensación de alivio. Me distiendo. Así pues, aparentemente, se
ha cumplido la primera condición de la acción válida: frente a un estímulo
irritante, lo saco de enfrente y al hacerlo me distiendo y al distenderme tengo
un registro unitivo.
La acción válida no puede justificarse simplemente por la
distensión en ese instante, porque no se continúa en el tiempo sino que produce
lo contrario. En el momento A produzco la distensión al reaccionar del modo
comentado; en el momento B, no estoy para nada de acuerdo con lo que hice. Esto
me produce contradicción. Esa distensión no es unitiva por cuanto el momento
posterior contradice al primero. Es necesario que cumpla, además, con el
requisito de la unidad en el tiempo, sin presentar fisuras, sin presentar
contradicción. Podríamos presentar numerosos ejemplos en donde esto de la
acción válida para un instante no lo es para el siguiente y el sujeto no puede,
cabalmente, tratar de prolongar ese tipo de actitud porque no registra unidad
sino contradicción.
Pero hay otro punto: el del registro de una suerte de
sensación de crecimiento interno. Hay numerosas acciones que todos efectuamos
durante el día, determinadas tensiones que aliviamos distendiendo. Estas no son
acciones que tengan que ver con lo moral. Las realizamos y nos distendemos y
nos provoca un cierto placer, pero ahí quedan. Y si nuevamente surgiera una
tensión, nuevamente la descargaríamos con esa suerte de efecto de condensador,
en donde sube una carga y al llegar a ciertos límites se la descarga. Y así,
con este efecto condensador de cargar y descargar, nos da la impresión que
estuviéramos metidos en una eterna rueda de repeticiones de actos y nos decimos
que si la vida fuera simplemente eso (una rueda de repeticiones, de placeres y
dolores), ésta no pasaría del absurdo. Hoy, frente a esta tensión, provoco esta
descarga. Y mañana del mismo modo... sucediéndose la rueda de las acciones,
como el día y la noche, continuamente, independientemente de toda intención
humana, independiente toda elección humana.
Hay acciones, sin embargo, que tal vez muy pocas veces
hayamos realizado en nuestras vidas. Son acciones que nos dan gran unidad en el
momento. Son acciones que nos dan, además, registro de que algo ha mejorado en
nosotros cuando hemos hecho eso. Y son acciones que nos dan una propuesta a
futuro, en el sentido que si pudiéramos repetirlas algo iría creciendo, algo
iría mejorando. Son acciones que nos dan unidad, sensación de crecimiento
interno y continuidad en el tiempo. Esos son los registros de la acción válida.
Nosotros nunca hemos dicho que esto sea mejor o peor, o
deba coercitivamente hacerse: hemos dado más bien las propuestas y los sistemas
de registros que corresponden a esas propuestas. Hemos hablado de las acciones
que crean unidad o crean contradicción. Y, por último, hemos hablado del
perfeccionamiento de la acción válida, por la repetición de esos actos. Como
para cerrar un sistema de registros de acciones válidas, hemos dicho: "Si
repites tus actos de unidad interna ya nada podrá detenerte". Esto último
habla no sólo del registro de unidad, de la sensación de crecimiento, de la
continuidad en el tiempo. Eso habla del mejoramiento de la acción válida.
Porque, es claro, no todas las cosas nos salen bien en los intentos. Muchas
veces tratamos de hacer cosas interesantes y no salen tan bien. Nos damos
cuenta que esas cosas pueden mejorar. También la acción válida puede
perfeccionarse. La repetición de aquellos actos que dan unidad y crecimiento y
continuidad en el tiempo, constituyen el mejoramiento de la misma acción
válida. Esto es posible.
Nosotros, en principios muy generales, hemos dado los
registros de la acción válida. Hay un principio mayor, conocido como La Regla
de Oro. Este principio dice así: "Trata a los demás como quieres que te
traten a ti." Este principio no es cosa nueva, tiene milenios. Ha
aguantado el paso del tiempo en distintas regiones, en distintas culturas. Es
un principio universalmente válido. Se ha formulado de distintas maneras; se lo
ha considerado por el aspecto negativo, diciendo algo así como: "No hagas
a otros lo que no quieres que te hagan a ti". Es otro enfoque de la misma
idea. O bien, se ha dicho: "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Es
otro enfoque. Claro no es exactamente lo mismo que decir "trata a los
demás como quieres que te traten". Y está bien, y desde antiguo se ha
hablado de este principio. Es el más grande de los principios morales. Es el más
grande de los principios de la acción válida. Pero, ¿como quiero que me traten
a mí? Porque se da por sentado que será bueno tratar a los demás como uno
quisiera que lo trataran a uno mismo. Y cómo quiero que me traten? Tendré que
responder a eso diciendo que si me tratan de un modo me hacen mal y si me
tratan de otro me hacen bien. Tendré que responder acerca de lo bueno y de lo
malo. Tendré que volver a definir la acción válida, según una u otra teoría,
según una u otra religión. Para mi será buena una cosa, para otra persona no
será lo mismo. Y no faltará alguno que tratará muy mal a otro, aplicando el
mismo principio, porque a él le gustará que lo traten mal.
Está muy bien este Principio que habla así del tratamiento
del otro, según lo bueno para uno, pero estará mejor saber qué es lo bueno para
uno. Así las cosas, nos interesa ir a la base de la acción válida y la base de
la acción válida está en el registro que se obtiene de ella.
Si digo: "debo tratar a los demás como quiero que me
traten", inmediatamente me pregunto: “por qué?” Habrá algún proceso en
uno, habrá alguna forma en el funcionamiento de la mente que crea problemas en
uno cuando uno trata mal a los otros. Y ¿cómo puede ser ese funcionamiento?. Si
yo veo a alguien en muy mala condición, o veo a alguien de pronto que sufre un
corte, o una herida, algo resuena en mí. ¿Cómo puede resonar en mí algo que le
está sucediendo al otro? ¡Es casi mágico!. Sucede que alguien sufre un
accidente y experimento casi físicamente el registro del accidente en otro.
Ustedes son estudiosos de estos fenómenos, saben bien que a toda percepción
corresponde una imagen, y comprenden que alguna imágenes pueden tensar ciertos
puntos así como otras pueden distenderlos. Si a toda percepción va
correspondiendo una representación y de esa representación se tiene a su vez
registro, es decir, una nueva sensación, entonces no es tan difícil entender
cómo al percibir un fenómeno, y al corresponderse la imagen interna con ese
fenómeno (al movilizarse esta imagen), tenga a su vez sensación en distintas
partes de mi cuerpo o de mi intracuerpo, que se han modificado por acción de la
imagen anterior. Me siento identificado cuando alguien sufre un corte porque a
la percepción visual de tal fenómeno le corresponde un disparo de imagen
visual, y correlativamente un disparo de imágenes cenestésicas y táctiles de
las cuales, además, tengo una nueva sensación que termina provocando en mí el
registro del corte del otro. No será bueno que trate yo a los demás de mala
manera, porque al efectuar este tipo de actividad tengo el correspondiente
registro.
Hablaremos casi técnicamente. Para ello vamos a simular el
funcionamiento de circuitos por pasos, aún cuando sabemos que la estructura de
la conciencia procede como una totalidad. Bien, una cosa es el primer circuito
que corresponde a la percepción, representación, nueva toma de la
representación y sensación interna. Y otra cosa es el segundo circuito que
tiene que ver con la acción y que significa esto: de toda acción que lanzo
hacia el mundo, tengo también registro interno. Esa toma de realimentación es,
por ejemplo, la que me permite aprender haciendo cosas. Si no hubiera en mi una
toma de realimentación de los movimientos que estoy haciendo, jamás podría
perfeccionarlos. Yo aprendo a escribir a máquina por repetición, es decir, voy
grabando actos entre acierto y error. Pero puedo grabar actos únicamente si los
realizo. De tal modo que es desde el hacer desde donde tengo registro.
Permítanme una digresión. Hay un prejuicio grande que a veces ha invadido el campo
de la pedagogía. Según esta creencia se aprende por pensar en lugar de hacer.
Ciertamente, se aprende porque se tiene la recepción del dato, pero tal dato no
queda simplemente memorizado sino que siempre se corresponde con una imagen
que, a su vez, moviliza una nueva actividad: coteja, rechaza, etc. y esto
muestra la continua actividad de la conciencia y no una supuesta pasividad en
la cual se aloja simplemente el dato. Esta realimentación es la que nos permite
decir: “me equivoqué de tecla”. Así voy registrando la sensación del acierto y
del error; así voy perfeccionando el registro del acierto, así se va
fluidificando, y así se va automatizando la correcta acción del escribir a
máquina. Estamos hablando de un segundo circuito. El primero se refería al dolor
en el otro que yo registro en mí; el segundo circuito habla del registro
que tengo de la acción que produzco.
Ustedes conocen las diferencias que existen entre los
actos llamados catárticos y los actos transferenciales. Los actos catárticos se
refieren básicamente a las descargas de tensiones y ahí quedan. Los actos
transferenciales, diversamente,
permiten trasladar cargas internas, integrar contenidos y facilitar el
buen funcionamiento psíquico. Sabemos que allí donde hay islas de contenidos
mentales, contenidos que no se comunican entre sí, hay dificultades para la
conciencia. Si se piensa en una dirección, por ejemplo, pero se siente en otra
y, finalmente se actúa en otra diferente, comprendemos que esto no encaja y que
el registro no es pleno. Parece que únicamente cuando tendemos puentes entre
los contenidos internos, el funcionamiento psíquico se integra y permite
avanzar unos pasos más. Se conocen técnicas transferenciales muy útiles que
movilizan y transforman a determinadas imágenes problemáticas. Un ejemplo de
esa técnica está presentada en forma literaria en las Experiencias Guiadas.
Pero también sabemos que la acción, y no solo el trabajo de las imágenes, puede
operar fenómenos transferenciales y fenómenos autotransferenciales. No será lo
mismo un tipo de acción que otra. Habrá acciones que permitan integrar
contenidos internos y habrá acciones tremendamente desintegradoras.
Determinadas acciones producen en el ser humano tal carga de pesar, tal
arrepentimiento y división interna, tal profundo desasosiego, que esta persona
jamás quisiera volver a repetirlas. Y, desafortunadamente, han quedado tales
acciones fuertemente ligadas al pasado. Aunque no se repitieran tales acciones
en el futuro, seguirían presionando desde el pasado sin resolverse, sin
entregarse, sin permitir que la conciencia traslade, transfiera, integre sus
contenidos y permita al sujeto esa sensación de crecimiento interno de la que
hemos hablado anteriormente.
No
es indiferente la acción que se realiza en el mundo. Hay acciones de las que se
tiene registro de unidad y acciones que dan registro de contradicción, de
desintegración. Si se estudia esto cuidadosamente, a la luz de lo que se sabe
en materia de fenómenos catárticos y transferenciales, este asunto (de la
acción en el mundo, en lo que hace a la integración y desarrollo de los
contenidos), quedará mucho más claro. Pero, desde luego, toda esta simulación
de los circuitos para comprender el significado de la acción válida es un tema
complicado. Entre tanto, nuestro amigo sigue diciendo: “¿Y yo qué hago?”. Nosotros registramos como
unitivo y valioso llevar a ese que está sentado en la acera (sin referencia en
su vida), estas cosas que mínimamente conocemos pero en palabras y en hechos sencillos.
Si nadie hace esto por él, nosotros lo haremos (como tantas otras cosas que
permitirán superar el dolor y el sufrimiento). Al proceder así, trabajaremos
también para nosotros mismos.
Charla
ante un grupo de estudios
Hace 2.500 años, en una clase magistral de psicología
descriptiva, el Buda desarrolló uno de los problemas más importantes referidos
a la percepción, a la conciencia observadora de la percepción, basándose en un
método de registros. Este tipo de psicología es muy distinta a la psicología
oficial occidental que trabaja más bien con explicaciones acerca de los
fenómenos. Ustedes toman un tratado de psicología y van a ver como dado un
fenómeno, enseguida se organiza una cantidad de explicaciones sobre el
fenómeno, pero en cuanto al fenómeno mismo no se da el correcto registro. Así
pues las corrientes psicológicas (a medida que se modifican con el paso del
tiempo sus concepciones y sus datos, a medida que se amplían o se reducen sus conocimientos),
van explicando los fenómenos psíquicos de modo diferente. Así, si tomamos un
tratado de psicología de hace 100 años vamos a encontrar una cantidad de
ingenuidades allí, que hoy no pueden admitirse. Este tipo de psicología sin
centro propio, depende en gran medida de los aportes de otras ciencias. Por
ejemplo, una explicación neurofisiológica de los fenómenos de conciencia es
interesante y es un avance, pero al poco tiempo nos vamos a encontrar con otra
más compleja. De todos modos el conocimiento avanza en cuanto a explicación;
pero en cuanto a descripción del fenómeno en sí, tales explicaciones ni suman
ni restan. Sin embargo, una correcta descripción hecha hace 2.500 años nos
permite asistir a la aparición del fenómeno mental, del mismo modo que si dicha
descripción hubiera sido efectuada hoy. Así las cosas, una correcta descripción
hecha hoy servirá para mucho tiempo más adelante. Este tipo de psicología
descriptiva, no explicativa, se basa en registros similares para todos aquellos
que siguen la descripción. Es como si estas descripciones hicieran
contemporáneos a todos los seres humanos aunque estuvieran muy separados en el
tiempo y, por supuesto, los hace también coterráneos aun cuando estén muy
separados en las latitudes. Tal tipo de psicología es, además, un gesto de
acercamiento a todas las culturas (por diferentes que ellas sean), porque no
enaltece las diferencias ni pretende imponer el esquema propio de una cultura a
todas las otras. Este tipo de psicología acerca a los seres humanos, no los
diferencia. Es pues, un buen aporte a la comprensión entre los pueblos.
Yendo a nuestro tema. Al parecer, el Buda estaba reunido
con un conjunto de especialistas y a modo de diálogo desarrolló lo que fue
conocido posteriormente como “El Acertijo de la Percepción”.
De pronto el Buda alzó su mano y preguntó a uno de sus
discípulos más notables: -¿Qué ves Ananda?
Con su estilo sobrio, el Buda preguntaba y respondía cada
vez con precisión. Ananda era mucho más exuberante en sus desarrollos. Por consiguiente,
Ananda dijo: -Oh Noble Señor! Veo la mano del Iluminado que está delante mío y
que se cierra.
-Muy bien Ananda. ¿Donde ves la mano, y desde dónde?
-Oh Maestro, veo la mano de mi noble Señor que se cierra y
muestra el puño. La veo, desde luego, fuera de mí y desde mi.
-Muy bien Ananda. ¿Con qué ves la mano?
-Por supuesto, Maestro, que veo la mano exactamente con
mis ojos.
-Dime, Ananda ¿la percepción está en tus ojos?
-Por cierto, Venerable Maestro.
-Y dime, Ananda, ¿qué sucede cuando cierras los párpados?
-Noble Maestro, cuando cierro los párpados desaparece la
percepción.
-Eso, Ananda, es imposible. Acaso, Ananda, cuando se
oscurece este cuarto y vas viendo cada vez menos ¿va desapareciendo la
percepción?
-En efecto, Maestro.
-Y acaso, Ananda, cuando esta habitación queda a oscuras y
sin embargo tu estás con los ojos abiertos y no ves nada ¿ha desaparecido la
percepción?
-Oh, Noble Maestro, yo soy tu primo! Recuerda que nos
educamos juntos y que tú me querías mucho cuando pequeño, de manera que no me
confundas!
-Ananda: si se oscurece el cuarto no veo los objetos pero
mis ojos siguen funcionando. Así, si hay luz detrás de mis párpados, veo pasar
esa luz, y si hay total oscuridad queda esto a oscuras: de modo que no
desaparece la percepción por el hecho de cerrar los párpados. Dime Ananda, si
la percepción está en el ojo, y tu imaginas que ves mi mano ¿donde la ves?
-Será, Señor, que veo tu mano imaginándola también desde
mi ojo.
-¿Qué quieres decir, Ananda? ¿Que la imaginación está en
el ojo? Eso no es posible. Si la imaginación estuviera en el ojo, y tú
imaginaras la mano adentro de tu cabeza, tendrías que dar vuelta a tu ojo hacia
atrás para ver la mano que está adentro de tu cabeza. Tal cosa no es posible.
De manera que tendrás que reconocer que la imaginación no está en el ojo.
¿Dónde está pues?
-Será, -dice Ananda- que tanto la visión como la
imaginación no están en el ojo sino que están detrás del ojo. Y al estar detrás
del ojo, cuando imagino puedo ver hacia atrás, y cuando veo, cuando percibo,
puedo ver lo que hay adelante del ojo.
-En el segundo caso, Ananda, no verías los objetos sino
que verías el ojo...
Y así siguiendo con este tipo de diálogos. Con El Acertijo
de la Percepción, se van complicando los registros, se van presentando aparentes
soluciones, pero también se van dando cada vez
objeciones más fuertes hasta que finalmente Ananda, muy conmovido, le
pide al Buda una adecuada explicación de como es esta historia de la visión, y
de la imaginación, y de la conciencia en general. Y si bien el Buda es muy
estricto en las descripciones, en sus explicaciones comienza a dar enormes
rodeos y así se va cerrando ese capítulo contenido en el Surangama Sutra, uno
de los tratados más interesantes de estos estudiosos.
Cuando mostramos la mano, vemos la mano afuera y desde
adentro. Es decir que el objeto se nos aparece en un lugar diferente al punto
de observación del objeto. Si mi punto de observación estuviera afuera, no
podría tener noción de que veo. Por consiguiente, el punto de observación debe
estar adentro y no afuera y el objeto debe estar afuera y no adentro. Pero si,
en cambio, imagino la mano adentro de mi cabeza, sucede que tanto la imagen
como el punto de observación están adentro. En el primer caso, en la mano que
veo afuera desde adentro, pareciera que el punto de observación coincidiera
aproximadamente con el ojo. En el segundo caso, cuando la mano está adentro, el
punto de observación no coincide con el ojo; ya que si represento la mano
adentro de mi cabeza, puedo verla desde mi ojo hacia adentro, desde la parte
posterior de mi cabeza hacia adentro. Puedo también ver a mi mano desde arriba,
desde abajo, y así desde muchos lugares. Es decir, que tratándose de una
representación y no de una percepción, el punto de observación varía. Por lo
tanto, el punto de observación, en lo que a representación hace, no está fijado
al ojo.
Si imagino ahora mi mano que está en el centro de mi
cabeza saliendo hacia atrás, sigo imaginando mi mano desde dentro de mi cabeza,
aunque represente mi mano fuera de ella. Podría pensarse que el punto de
observación en algún momento sale de mi cabeza. Tal cosa no es posible. Si me
imagino a mi mismo, por ejemplo, mirándome desde frente de mí, puedo
representarme a esto que me mira, desde aquí, desde donde estoy. También puedo
llegar a imaginar mi aspecto como si estuviera visto desde allí, desde el que
me mira. Sin embargo, aún cuando me ubique en la imagen del que está frente a
mí, el registro lo tengo desde mí, desde donde estoy. No puedo decir del mismo
modo, que cuando me miro en el espejo, me veo adentro del espejo o me siento
dentro del espejo. Yo estoy aquí mirándome allí, y no estoy allí mirándome
aquí. Podría uno confundirse y creer que por enfrentar la representación de sí
mismo, allí está puesto el punto de observación; y ni aún en ese caso, tal cosa
es posible. En determinados casos esperimentales (cámara de silencio, por
ejemplo), al disminuir ciertos registros perceptuales, se pierde la noción del
yo. Y al perderse la noción del yo, al no tener referencia del límite táctil se
tiene a veces la impresión de que uno está fuera de aquí, e incluso que desde
allí se ve. Pero si uno cuidadosamente toma el registro, va a observar que esa
proyección táctil cenestésica, de todas maneras no pone el registro fuera de
uno sino que uno no tiene exacta noción del punto de registro porque se han
perdido sus límites.
Así pues, veo la mano fuera de mí y desde mí, o bien veo
la mano en mí y dentro de mí en el caso de que la imagine. Aparentemente, se
trata del mismo espacio. Hay un espacio en el que se emplazan los objetos que
observo, al cual puedo llamar espacio de percepción. Pero también hay un
espacio donde se emplazan los objetos de representación, que no coincide con el
espacio de percepción. Los objetos que se emplazan en estos dos diferentes
espacios, tienen características diferentes. Si observo la mano veo que está a
una determinada distancia de mi ojo. Veo que está más cerca que otros objetos,
y más lejos tal vez que otros. Veo que a la mano, a su forma, le corresponde un
color. Y aunque imagine otras cosas en torno a mi mano, la percepción se
impone. Ahora imagino a mi mano. Mi mano puede estar adelante o atrás de un
objeto. Inmediatamente puedo cambiar de ubicación. Mi mano puede hacerse muy
pequeña o puede cubrir prácticamente el campo de mi representación. La forma de
mi mano puede variar y puede cambiar su color. Así pues, la ubicación del
objeto mental en el espacio de representación, se modifica dependiendo de mis
operaciones mentales, mientras que la ubicación de los objetos en el espacio
externo, se modifica también pero no dependiendo de mis operaciones mentales.
Por mucho que piense yo en que esa columna se desplaza, en cuanto a
representación tal cosa es posible, pero perceptualmente tiene su permanencia.
Hay pues diferencias grandes entre el objeto representado y el objeto
percibido. Y hay grandes diferencias también entre el espacio de percepción y
el de representación.
Pero ahora sucede que cierro los párpados y represento mi
mano. Está bien si represento mi mano dentro de mi cabeza. Pero cuando cierro
los párpados y recuerdo mi mano que estaba afuera de mi cabeza, ¿dónde
represento mi mano ahora que la recuerdo? ¿La represento dentro de mi cabeza?.
No, la represento afuera de mi cabeza. Y, ¿cómo al recordar los objetos que
veo, cómo al recordarlos, puedo recordarlos ahora allí donde estaban, es decir,
emplazados en un espacio externo? Porque recordar un objeto externo que se
emplace dentro de mi cabeza es aceptable; pero esto de recordar un objeto que
no está dentro de mi cabeza sino afuera de ella, siendo que mis párpados están
cerrados y no los veo ¿qué tipo de espacio estoy viendo? O bien los objetos que
recuerdo están adentro de mi cabeza, y creo verlos afuera, o bien al cerrar los
párpados y recordar los objetos, mi mente va afuera de mi espacio interno y
llega al espacio externo. Tal cosa no es posible. Distingo bien entre objetos
interno y externos. Distingo bien entre el espacio de percepción y el espacio
de representación; pero se me confunde el registro cuando represento los
objetos en el lugar donde están, es decir: afuera de mi representación interna.
¿Cómo distingo entre un objeto que está representado en el
interior de mi cabeza, de un objeto que está representado o recordado fuera de
mi cabeza? Lo distingo porque tengo noción del límite de mi cabeza. ¿Y qué es
lo que pone el límite? El límite está puesto por la sensación táctil, y es la
sensación táctil de mis párpados la que me hace distinguir el objeto que está
representado adentro, o afuera. Si esto es así, el objeto representado afuera
no necesariamente está afuera, sino ubicado en la parte más superficial de mi
espacio de representación, lo que me da el registro traducido a imagen visual,
de que está afuera. Pero la diferencia de límite es táctil y no visual.
Tan poderosa es la representación, que incluso modifica a
la percepción. Si ustedes ven ese telón atrás y lo imaginan muy cerca de sus
ojos, van a ver que al mirar nuevamente el telón real, necesitan un tiempo para
que se acomode la visión. Es decir: ustedes imaginan que el telón está muy
cerca de sus ojos, y al imaginarlo su ojo se acomoda al telón imaginado y no al
real. A la inversa, si ustedes imaginan que ven a través del telón un edificio
que pudiera existir atrás, y luego miran el telón nuevamente, de nuevo el ojo
se acomoda; y se acomoda porque antes se desacomodó; y se desacomodó porque el
ojo puso la distancia de acuerdo a la imagen y no a la percepción. La imagen,
la representación, acomoda inclusive a la percepción. Si esto es así, los datos
de la percepción pueden modificarse seriamente de acuerdo a la representación
que esté actuando. Podría, por ejemplo, suceder que nuestro sistema de
representación acomodara al mundo en general de un modo no tan exacto a como nosotros
creemos que es. Sobre todo considerando esto de que a la vez los fenómenos que
se emplazan en el espacio de representación no coinciden con los fenómenos del
espacio de percepción. Y sabiendo que los fenómenos de representación modifican
la percepción, la percepción puede estar alterada de acuerdo al sistema de
representación. Y al decir “alterada” no hablo de casos particulares de
alteración, sino de la percepción en general. Esto es de enormes consecuencias
porque si mi representación corresponde a un determinado sistema de creencias
seguramente estaré modificando mi visión y mi perspectiva sobre el mundo
externo de la percepción
Puedo orientar mi cuerpo hacia los objetos gracias a la
percepción. Pero también puedo orientar mi cuerpo hacia los objetos gracias a
la representación. Si el objeto en lugar de estar representado afuera,
estuviera representado adentro de mi cabeza, no podría orientar mi actividad
hacia el objeto. Cuando estoy en vigilia y con los ojos abiertos, mi punto de
observación coincide con el ojo; y no solo con el ojo sino con todos los
sentidos externos. Pero cuando mi nivel de conciencia baja, mi punto de
observación se va hacia adentro. Esto es así porque a medida que disminuye el
nivel de conciencia, disminuye la franja de percepción de los sentidos externos
y aumenta el registro de los sentidos internos. Por lo tanto, el punto de mira
(que no es sino estructura de datos de memoria y de datos de percepción, al
disminuir los datos de percepción externos y aumentar los internos), se
desplaza hacia adentro. Este punto de mira se desplaza hacia adentro en la
caída de los niveles de conciencia, cumpliendo con la función de que la imagen
del sueño no dispare su carga y mueva al cuerpo hacia el mundo externo. Si
todas las imágenes que surgen en mis sueños movilizaran actividad hacia el
mundo, el sueño no serviría para mucho en lo que hace a recomposición de las
actividades. A menos que me encuentre en una situación sonambúlica, o de sueño
alterado, en la que hablo, me muevo, me agito, por último me levanto y echo a
andar. Esto es posible porque el punto de mira, en lugar de haberse
internalizado, se mantiene avanzando siguiendo las representaciones.
Si por problemas con mis propios contenidos, mi punto de
mira es expulsado hacia la periferia, o por estímulos externos mi punto de mira
es requerido hacia la periferia (aunque esté en situación de sueño), mis
imágenes tienden a estar emplazadas en el punto más externo del espacio de
representación y, por tanto, a disparar sus señales hacia el mundo externo. Cuando el sueño se hace
profundo, el punto de observación cae hacia adentro, las imágenes se
internalizan y la estructura en general del espacio de representación se
modifica. De este modo, cuando estoy en vigilia, veo las cosas desde mí pero no
me veo a mí, mientras que durante el sueño, me suelo ver a mí mismo. En
ocasiones, también en los sueños, muchas personas no se ven a sí mismas, sino
que ven de un modo parecido a como perciben el mundo en la vida diaria. Esto es
así porque su punto de mira está desplazado hacia los límites de la
representación. Su sueño no es tranquilo. Pero si el punto de mira cae hacia
adentro, me veo a mí mismo cuando me represento en sueños, desde afuera. Y no
es que mi imagen esté fuera de mi cabeza. Es que mi punto de observación se ha
corrido hacia adentro y observo en pantalla la película de la representación
donde aparezco yo mismo. Pero no voy percibiendo el mundo desde mí como en
vigilia, sino que me veo realizando determinadas operaciones. Esto mismo sucede
con la memoria antigua. Si se recuerdan a ustedes mismos a los 2 años de edad o
a los 3, o a los 4, no se recuerdan a viendo los objetos desde ustedes, sino
que se ven a ustedes mismos haciendo cosas o entre determinados objetos. La
memoria antigua en cuanto a imágenes, como la representación en el nivel de
sueño profundo, separa en profundidad el punto de mira. Este punto de mira no
es sino el yo. El yo se mueve, el yo se emplaza en una profundidad o en otra
del espacio de representación, desde el yo se observa el mundo, desde el yo se
observan las propias representaciones. El yo es variable, el yo adecua las
representaciones, y el yo modifica las percepciones según el ejemplo que hemos
visto.
Cuando represento imágenes que se emplazan en una
profundidad o en otra profundidad, por ejemplo cuando imagino que bajo
escaleras hacia las profundidades, o cuando imagino que subo escaleras, si
observo mi ojo veré que mi ojo baja, o mi ojo sube. Es decir, aunque el ojo
esté de más porque no tiene que ver ningún objeto externo, el ojo va siguiendo
las representaciones como si las percibiera. Si yo imagino a mi casa que está a
la izquierda, mi ojo tiende a ir hacia allá. Y si mi ojo no fuera hacia allá,
de todos modos mi representación corresponde a ese lugar del espacio.
Inversamente, si imagino a mi casa en el otro punto. Este ojo que sube y baja
siguiendo las imágenes, se va encontrando con distintos objetos. Porque, según
parece, a esa pantalla de representación en donde mira el yo, están conectados
todos los sistemas de impulso del propio cuerpo. De manera que en una franja
del espacio de representación hay impulsos de una parte del cuerpo, en otra
franja otros y así siguiendo. Y ustedes saben que estos impulsos se traducen,
se deforman, se transforman.
En un ejemplo muy conocido se apunta lo siguiente. Nuestro
sujeto comienza a descender en sus imágenes. Lo hace por una especie de tubo y
en su bajada se encuentra, de pronto, con una fuerte resistencia. Esa
resistencia es una cabeza de gato muy grande que le impide seguir bajando en el
tubo. Para poder pasar acaricia el cuello del gato. El, en imagen, acaricia el
cuello del gato, y el gato de pronto se achica. Simultáneamente, él registra
una distensión en su cuello y entonces pasa por el tubo. Es decir que el gato
no es sino, en ese caso, la alegorización de una tensión en el cuello del
sujeto mismo. Al producir la distensión, entonces el sistema de señal de esa
imagen alegorizada como gato, se modifica, disminuye la resistencia y nuestro
amigo desciende. En otro caso, un sujeto comienza a descender en su
representación. Allá, en las profundidades, se encuentra de repente con un
señor que le da una pequeña piedra oscura. Nuestro amigo comienza a subir y
llega hasta un plano medio digamos, mas o menos habitual, cotidiano, aunque
representado. Viene otro señor y le da un objeto diferente, pero de forma
parecida al objeto que vio allá abajo. Sigue subiendo hasta las alturas. Va
subiendo por las montañas, se pierde en las nubes y allá encuentra una especie
de ángel o algo por estilo, que le da un objeto más radiante, más claro, pero
con características similares. En los tres casos, nuestro amigo observa el
objeto en un punto preciso del espacio de representación. El mismo objeto no
aparece en un punto acá, en otro allá, en otro allá, sino que según el plano
por el que se desplaza, el objeto aparece en la mitad del plano, un poco
corrido hacia la izquierda. Y es claro, nuestro amigo tiene, y luego lo
recuerda, una vértebra artificial que da señal, aunque él habitualmente no lo
perciba siempre del mismo modo, y siempre traduciéndose esa señal como una
imagen.
De manera que los sistemas de alegorización, transforman
las señales del intracuerpo y las traducen como imágenes en distintos puntos
del espacio de representación. No es que el ojo al subir y bajar baje a
observar lo que sucede en el intracuerpo. No se metió el ojo adentro del
esófago sino que llegó hasta la pantalla de representación la señal de tensión,
sin que el ojo haya llegado hasta ese punto. Así pues, si desciendo, voy
tomando contacto con traducciones de distinto nivel del intracuerpo. Esto no
quiere decir que mi ojo se vaya introduciendo en mis vísceras y traduciendo lo
que veo.
A medida que se desciende en el espacio de representación,
este se va oscureciendo. A medida que se asciende en el espacio de
representación, este se va aclarando, según saben ustedes desde hace mucho
tiempo. Esta oscuridad en el descenso y claridad en el ascenso, tienen que ver
en realidad con dos fenómenos: uno, el alejamiento de los centros ópticos;
otro, con el habitual sistema de ideación y el habitual sistema de percepción
en donde tenemos asociada la luz del sol en el cielo, etc., la falta de luz en
las oscuridades. Esto, sin duda se modifica en lugares en que la nieve esta
casi de continuo abajo y el cielo es oscuro como describen los habitantes de
zonas muy heladas y brumosas. Por otra parte,
hay objetos en las alturas que son oscuros, aún cuando el espacio de
representación esté más iluminado y hay objetos que son claros en las
profundidades del espacio de representación. Sin embargo, hay puntos límites
tanto en el ascenso como en el descenso en el espacio de representación. Pero
esto, es motivo de otras descripciones.
Hemos
visto 15 asuntos: el 1º trató acerca de la ubicación del punto de mira con
respecto al objeto que estaba afuera; el 2º, el punto de mira si el objeto
estaba adentro; el 3º, si el punto de mira se colocaba atrás; el 4º, trató
sobre el falso punto de mira que parecía trasladarse, si uno se representaba a
sí mismo desde adelante; el 5º mostró qué pasaba con los objetos ubicados en el
espacio de representación en su parte más externa. El 6º, las diferencias entre
el espacio de representación de lo de afuera y de lo de adentro, destacadas por
esa barrera táctil que ponían los ojos; el 7º punto trató acerca de la
modificación de la percepción por la representación; en el 8º punto vimos lo
que sucedía cuando se emplazaba un objeto en el interior y se trataba de operar
con el cuerpo; en el 9º punto vimos la modificación del espacio de
representación cuando actuábamos a nivel vigílico; el 10º punto trató sobre la
modificación del espacio de representación cuando actuábamos a nivel de sueño;
en el punto nº 11 vimos qué sucedía con los objetos correspondientes al espacio
interno; en el punto nº 12, hablamos del espacio de representación y vimos que
este espacio estaba relacionado con distintos puntos del intracuerpo y surgía
ese espacio de representación como una suerte de pantalla; en el punto nº 13,
vimos que ascendiendo en las imágenes en el espacio de representación, éste
tendía a iluminarse; en el punto nº 14 vimos, finalmente, que descendiendo con
las imágenes en el espacio de representación, éste tendía a oscurecerse, aunque
admitía varias excepciones.
De
aquí en más, se puede extraer un sinnúmero de consecuencias.
El
sentido de la vida (México D.F.10/10/80)
Intercambio
con un grupo de estudios
Agradezco la oportunidad que me dan de discutir con
ustedes algunos puntos de
vista referentes a aspectos relevantes
de nuestra concepción sobre la vida humana. Digo discutir porque esto no
va a ser una disertación sino que va a ser un intercambio.
Un
primer punto de vista a considerar es aquel al que apunta todo nuestro
planteamiento. ¿Es que nuestro objeto
de estudio es el mismo objeto que estudian las ciencias? Si se tratara del mismo, las ciencias
precisamente tendrían la última palabra.
Nuestro
interés está puesto en la existencia humana,
pero no en la existencia humana como hecho biológico o social ( ya
que con respecto a ese punto hay
ciencias que le dedican su esfuerzo), sino a la existencia humana como
registro cotidiano, como registro diario personal. Porque,
aunque alguien se pregunte por el fenómeno social e histórico que es constitutivo del ser humano, ese
alguien hará tal pregunta desde su vida cotidiana; lo hará desde
su situación; lo
hará impulsado por sus
deseos, sus angustias, sus
necesidades, sus amores, sus
odios; lo hará impulsados por sus frustraciones, sus
éxitos; lo hará desde algo anterior a la estadística y a la teorización; lo hará desde la vida misma.
Y, ¿ qué es lo común y, al mismo tiempo, lo
particular en toda existencia
humana? La búsqueda de la felicidad y
la superación del dolor y el
sufrimiento es lo común y lo particular
de toda existencia humana. Es el mismo registro para todos y cada uno de
los seres humanos.
Ahora
bien, ¿ cuál es esa felicidad a la que aspira el ser humano? Ella es lo que el ser humano cree. Esta afirmación, un tanto sorprendente, se basa en el hecho de que las personas se
orientan hacia imágenes o ideales felicitarios diferentes. Es más.
El ideal de felicidad cambia con la situación histórica, social y
personal. De ello concluiremos que el ser humano busca lo que cree que lo hará feliz, y de acuerdo a ello lo que cree que lo alejará del sufrimiento y
el dolor.
Dada
la aspiración de felicidad, aparecerán
las resistencias del dolor y el sufrimiento. ¿Cómo podrán vencerse éstas
resistencias? Antes debemos
preguntarnos por la naturaleza de las mismas.
El
dolor para nosotros es un hecho físico. Todos tenemos experiencias del mismo.
Es un hecho sensorial, corporal. El hambre, las inclemencias naturales,
la enfermedad, la vejez, producen dolor. Y ese es el punto que
nosotros diferenciamos de fenómenos que
nada tienen que ver con lo sensorial.
Únicamente el avance de la sociedad
y la ciencia hacen retroceder el
dolor. Y ese es el campo específico en
el que pueden desarrollar sus mejores esfuerzos los reformadores sociales,
los científicos y por sobre
todo los mismos pueblos generadores del progreso del que se
nutren tales reformadores y tales
científicos.
El
sufrimiento, en cambio, es de naturaleza mental. No es un hecho sensorial
del mismo tipo del dolor. La
frustración, el resentimiento, son estados de los que también tenemos experiencia y que no podemos localizar en un
órgano específico, o en un conjunto de
ellos. ¿Es que aún siendo de naturaleza
diferente actúan entre sí el dolor y el sufrimiento? Por cierto que el
dolor motiva también al sufrimiento. En
tal sentido, el avance
social y el avance de
la ciencia hacen retroceder un aspecto del sufrimiento. Pero específicamente,
¿dónde hallaremos la solución para hacer retroceder el sufrimiento?. Esto
lo hallaremos en el sentido de
la vida y no hay reforma
ni avance científico que aleje el sufrimiento que da la frustración, el resentimiento, el temor a
la muerte, y el temor en general.
El sentido
de la vida es una dirección a
futuro que da coherencia a la vida, que permite
encuadrar sus actividades y que la
justifica plenamente. A la luz del
sentido aún el dolor en su componente mental y el sufrimiento en general,
retroceden y se empequeñecen
interpretados como experiencias superables.
Entonces,
¿cuáles son las fuentes del sufrimiento humano?. Son las que producen contradicción. Se sufre por vivir situaciones contradictorias,
pero también se sufre por recordar
situaciones contradictorias y por imaginar situaciones contradictorias.
Estas
fuentes de sufrimiento han sido llamadas las tres vías del sufrimiento y ellas se pueden modificar de acuerdo al estado en que se encuentre el ser
humano respecto del sentido de
la vida. Tendremos que
examinar brevemente estás tres
vías para luego hablar del significado y la importancia del
sentido de la vida.
-...
(pregunta poco audible en la grabación)
Es claro
que las agrupaciones humanas,
por ejemplo, son estudiadas por la Sociología. Así
como las ciencias pueden estudiar
los astros o los microorganismos.
También la Biología, la Anatomía y la Fisiología, estudian al cuerpo humano
desde diferentes puntos de vista. La Psicología estudia el comportamiento
psíquico. Todos estos que estudian (los estudiosos y los científicos), no estudian su propia existencia. No hay una
ciencia que estudie la propia existencia. La ciencia nada dice acerca de la situación que le
acontece a una persona cuando llega a su casa y allí recibe un portazo, un mal
trato, o una caricia.
Nosotros nos interesamos, justamente, por la
situación de la existencia humana y
por ello no es competencia nuestra
las discusiones que pueda tener la ciencia. Y también observamos que la
ciencia tiene serias falencias,
serias dificultades para definir lo que pasa en la existencia.
Qué sucede en la existencia humana,
cuál es la naturaleza de la vida humana con respecto al sentido,
cuál es la naturaleza del sufrimiento y del dolor, cuál es la naturaleza de la felicidad, cuál es la naturaleza de
la búsqueda de la felicidad.
Estos son objetos de nuestro estudio, de nuestro interés. Desde ese
punto de vista podría decirse que nosotros
tenemos una posición frente a la
existencia, una posición frente a la
vida, y no una ciencia referida a estas cosas.
-
...(pregunta poco audible en la grabación)
Es
claro que nosotros hemos puesto énfasis en esto que la gente busca, en aquello que cree que es la felicidad. El punto
está en que hoy se cree una cosa y mañana se cree otra. Si examinamos en nosotros mismos lo que
creíamos que era la felicidad a los doce años y en el día de hoy, veremos el
cambio de perspectiva; así mismo si consultamos a diez personas, seguiremos
viendo esa diversidad de puntos de vista. En
la Edad Media se tenía una idea general de la felicidad distinta a
la época de la Revolución Industrial y, en general, los pueblos y los individuos varían en su búsqueda de
la felicidad. No está
para nada clara la felicidad en cuanto
objeto. Parece que no
existiera tal objeto. Es más
bien un estado de ánimo que se busca y no un objeto tangible.
A veces a esto se lo confunde, en una
determinada forma de propaganda, que presenta un
jabón como la felicidad misma.. Desde luego, pero todos
comprendemos que, en realidad, se está tratando de describir un estado, el estado de felicidad pero no tanto el objeto porque que nosotros
sepamos, no existe tal objeto. Por
consiguiente, no está claro que
cosa sea el estado de felicidad. Nunca se lo ha definido convenientemente.
Es una suerte de escamoteo que se ha hecho y que no ha quedado nada claro. Bien,
así es que seguiremos avanzando
a menos que haya alguna otra pregunta...
-
...(pregunta poco audible en la grabación).
Esta
última pregunta es con respecto a la superación del dolor y el
sufrimiento. Cómo es que el dolor va
superándose con el avance de la sociedad y la ciencia y el sufrimiento no se
supera paralelamente?
Hay
alguna gente que sostiene que el ser humano
no ha avanzado para nada. Es obvio que el ser humano ha avanzado en su
conquista científica, en su conquista
de la naturaleza, en su
desarrollo. Está bien,
hay desarrollos de las civilizaciones que son desparejos, de acuerdo,
hay problemas de todo tipo pero el ser
humano y su civilización han avanzado. Eso es evidente. Recuerden ustedes
otras épocas donde una bacteria
hacía estragos, hoy una
droga suministrada a tiempo soluciona el problema rápidamente. Media Europa sucumbió en un momento por
una peste. Eso ha sido superado. Viejas y nuevas enfermedades son combatidas y
seguramente serán derrotadas. Las cosas
han cambiado y
han cambiado mucho. Pero es claro que en materia de
sufrimiento una persona de hace cinco mil años y una persona actual, registran
y sufren las mismas decepciones,
registran y sufren temores, registran y sufren resentimientos. Lo registran y lo sufren como si para ellos
no hubiera existido historia, como si en ese campo cada ser humano fuera el
primer ser humano. El dolor va retrocediendo con aquellos avances pero el
sufrimiento no se ha modificado en
el ser humano, no se ha
tenido adecuadas respuestas con respecto a esto. Y en ese sentido hay una
cosa despareja. Pero, ¿cómo podríamos decir que el ser humano
no ha avanzado? Tal vez porque haya avanzado lo suficiente
hoy se esté haciendo éste tipo
de preguntas y también por
eso se esté tratando de dar respuesta a esos interrogantes que probablemente en otra época no hubiera sido
necesario hacer.
Las
tres vías del sufrimiento no son sino
tres vías necesarias para la
existencia humana pero que han sido distorsionadas en su normal
funcionamiento. Trataré de explicarme. Tanto la sensación de lo que ahora vivo y percibo, como la memoria de lo que he vivido, y la
imaginación de lo que podría vivir, son
vías necesarias a la existencia humana. Cercenemos algunas de éstas funciones y la existencia se
desarticulará. Acabemos con
la memoria y perderemos
hasta el mismo manejo de nuestro
cuerpo. Eliminemos la sensación y perderemos
la regulación del mismo. Detengamos la imaginación y no
podremos orientarnos en ninguna dirección. Estas tres vías que
son necesarias a la
vida, pueden ser distorsionadas en su funcionamiento
convirtiéndose en enemigas de la vida,
en portadoras de
sufrimiento. Así, sufrimos cotidianamente por lo que percibimos, por lo
que recordamos y por lo que imaginamos.
Hemos
dicho en otras oportunidades que se sufre por vivir en una situación
contradictoria tal como la de querer
hacer cosas que se oponen entre
sí. También sufrimos por temor a no lograr lo que deseamos a futuro, o por
temor a perder lo que tenemos. Y, desde
luego, sufrimos por lo que hemos
perdido, por lo que no hemos
logrado, por aquello que ya
sufrimos antes, por aquella humillación, aquel castigo, aquel dolor físico que quedó en
el pasado, por aquella traición, por aquella injusticia, por aquella
vergüenza.Y esos fantasmas que llegan del pasado son vividos por nosotros como si fueran hechos presentes. Ellos,
que son las fuentes
del rencor, del resentimiento
y la
frustración, condicionan
nuestro futuro y hacen perder la fe en nosotros mismos.
Discutamos
el problema de las tres vías del sufrimiento.
Si
las tres vías son las que posibilitan la
vida, ¿cómo es que se han
ido distorsionando? Si se
supone que el hombre
va buscando la felicidad, debiera ir adecuándose
para ir manejando éstas tres vías a su
favor. Pero, ¿cómo es que de repente esas tres vías son precisamente sus
principales enemigas? Parece que en
el momento en que se amplió la
conciencia del ser
humano, cuando todavía no era un
ser muy definido, parece que allí mismo,
al ampliarse su imaginación, al ampliarse su memoria y su recuerdo
histórico, al ampliarse su percepción
del mundo en que vivía, en ese mismo momento, al ampliarse una función surgió la
resistencia. Tal cual sucede en las funciones internas. Como cuando
tratamos de movernos en
una actividad nueva, encontramos resistencia. Del mismo modo que se encuentra resistencia en la naturaleza. En el mismo instante que llueve y cae el agua y va por los ríos y
encuentra resistencia a su paso, en ese
vencimiento de las resistencias llega finalmente a los mares.
El ser humano
en su desarrollo, va
encontrando resistencias. Y al
encontrar resistencias se fortalece y al fortalecerse integra
dificultades y al integrarlas las
supera. Y entonces, todo éste sufrimiento que ha ido surgiendo en el
ser humano en su desarrollo ha sido
también un fortalecimiento del ser
humano por encima de ello. De
modo que en etapas anteriores esto del
sufrimiento ha de haber contribuido al desarrollo, en el sentido de crear
condiciones para superarlo.
Nosotros
no aspiramos al sufrimiento.
Nosotros aspiramos a reconciliarnos incluso con nuestra
especie, que tanto ha sufrido y gracias a la cual nosotros podemos hacer nuevos
despliegues. No ha sido inútil el
sufrimiento del hombre primitivo. No ha sido inútil
el sufrimiento de generaciones
y generaciones que
han estado limitadas por esas condiciones. Nuestro agradecimiento es para
aquellos que nos precedieron no
obstante su sufrimiento, porque gracias a ellos podemos intentar nuevas liberaciones.
Este
es el punto acerca de cómo el sufrimiento no nació de súbito, sino con el
desarrollo y la ampliación del hombre.
Pero es claro que nosotros no aspiramos, como seres humanos, a seguir sufriendo sino a avanzar sobre esas
resistencias integrando un nuevo camino
en éste desarrollo.
Pero
hemos dicho que hallaremos la solución al
problema del sufrimiento en
el sentido de la vida y hemos
definido a ese sentido como la dirección a futuro que da coherencia, que
permite encuadrar actividades y que justifica plenamente a la existencia.
Esta dirección a futuro es de máxima importancia
por cuanto, según hemos examinado, si se corta esta vía de la
imaginación, ésta vía del proyecto,
ésta vía del futuro, la existencia humana pierde dirección y ello es
fuente de inagotable sufrimiento.
Es claro
para todos que la muerte aparece
como el máximo sufrimiento del futuro. Es claro,
en esa perspectiva, que la vida tiene carácter de cosa provisoria. Y es claro que, en ese contexto, toda
construcción humana es una inútil construcción hacia la nada. Por ello tal vez,
el apartar la mirada del hecho de la muerte haya permitido cambiar la vida como
si la muerte no existiera... Quien piensa que todo termina para él con la
muerte, podrá alentarse con la idea de que será recordado por
sus espléndidas acciones, que no se olvidarán de él sus seres queridos
o tal vez las generaciones
venideras. Y, aunque esto fuera así,
todos marcharían finalmente
hacia una nada absurda que interrumpiría todo recuerdo. También podría
pensarse que lo que uno hace en la vida no
es sino responder a necesidades del mejor modo posible. Pues
bien, ya se acabarán esas necesidades con la muerte
y habrá perdido sentido toda lucha por salir del reino de la necesidad. Y
se podrá decir que la vida personal carece de importancia en
la vida humana, que por
lo tanto la
muerte personal no tiene significado. Si tal fuera el caso, tampoco tendría significado la vida ni las acciones personales. No se justificaría ninguna ley, ningún
compromiso y no habría,
en esencia, mayores diferencias
entre las acciones benéficas y las
malvadas.
Nada
tiene sentido si todo termina con la muerte. Y, si ese es el caso, el único recurso posible para transitar por
la vida es animarse con sentidos provisorios,
con direcciones provisorias a las
cuales aplicar nuestra energía y nuestra acción. Tal es
lo que sucede habitualmente, pero para ello es necesario proceder
negando la realidad de la muerte, es necesario hacer como si ella no existiera
Si
se pregunta a alguien qué sentido tiene para él la vida, probablemente
responderá por su familia, o por él
prójimo, o por una determinada causa que según él justifique la existencia.
Y, esos sentidos provisorios, habrán de conferirle dirección para afrontar la existencia, pero a poco que surjan problemas con los
seres queridos, a
poco que se produzca una desilusión
con la causa abrazada, a poco que algo cambie en el sentido
elegido, el absurdo y la desorientación volverán por su presa.
Por
último, sucede con los sentidos o las direcciones provisorias de vida que en el
caso de alcanzarse ya pierden referencia y por lo tanto dejan de ser útiles
para más adelante y, en el caso de no
alcanzarse, dejan de ser útiles como referencia. Por cierto que luego del fracaso de
un sentido provisorio siempre queda la alternativa de
poner un nuevo sentido provisorio, tal
vez en oposición al que fracasó.
De sentido en sentido se va borrando, a medida que pasan
los años, todo rastro de coherencia y con ello aumenta la
contradicción y, por tanto, el sufrimiento.
La
vida no tiene sentido si todo termina con la muerte. Pero, ¿es cierto que todo termina con la muerte?. ¿Es cierto que no se puede lograr
una dirección definitiva
que no
varíe con los accidentes de la vida?, ¿cómo se
ubica el ser humano frente al problema
de que todo termina con la muerte?. Examinémoslo pero luego de discutir lo
dicho hasta aquí.
(Intervalo
y discusión).....
Así
como destacamos tres vías del sufrimiento, observamos también cinco
estados con referencia al problema de la
muerte y la trascendencia. En éstos cinco estados se puede ubicar cualquier persona.
Hay
un estado en que una persona tiene evidencia
indudable dada por propia
experiencia, no por educación o
ambiente. Para ella es evidente que la
vida es un tránsito y que la muerte es un escaso accidente.
Otros
tienen la creencia de que el ser humano va a no sé que
trascendencia, y ésta creencia la tienen
dada por educación, dada por
ambiente, no por algo sentido, experimentado, no por algo evidente para ellos
sino por algo que les enseñaron
y que ellos aceptan sin experiencia alguna.
Hay
un tercer tipo de ubicación frente al sentido de la vida y es el de aquellas personas deseosas de tener
una fe o tener una experiencia. Ustedes
se deben haber encontrado con muchas personas que dicen :" si yo pudiera creer en ciertas cosas, mi
vida sería diferente". Hay
muchos ejemplos a mano.
Gentes a las cuales les han sobrevenido muchos accidentes, muchas
desgracias y que se han sobrepuesto a
esos accidentes, a esas
desgracias, porque o tienen fe o tienen
un registro de que todo esto, por transitorio o provisorio, no es el
agotamiento mismo de la vida sino en
todo caso una prueba, una resistencia
que de algún modo hace crecer en el conocimiento. Incluso pueden haber encontrado gentes que acepten el sufrimiento
como un recurso de aprendizaje.
No es que busquen el
sufrimiento (no como otros, que parece que tuvieran una especial
afición por el sufrimiento). Estamos hablando
de aquellos que simplemente,
cuando se da tal cosa, sacan la mejor partida de ello. Gentes que no andan buscando el sufrimiento, todo lo contrario, sino
que dada la situación lo asimilan, lo integran y lo superan.
Bien. Hay gentes entonces, que se ubican en ese
estado: no tienen fe, no tienen ninguna
creencia, pero desearían tener algo que
les diera aliento y le diera dirección a su vida. Sí, esas personas existen.
Hay
también aquellos que sospechan intelectualmente la posibilidad de que exista un
futuro tras la muerte, que exista una trascendencia. Simplemente lo consideran posible y no tienen ninguna experiencia de
trascendencia ni tampoco tienen
ningún tipo de fe, ni tampoco
aspiran a tener experiencia ni a tener fe. Conocerán a esas personas.
Y hay,
por último, aquellos
que niegan toda
posibilidad de
trascendencia. También ustedes
reconocerán aquí personas y, probablemente entre
ustedes haya muchos, que piensan
así.
De
manera que con diferentes variantes
cada uno puede efectivamente
ubicarse como aquellos que tienen
evidencia y para ellos
es indudable esto de la trascendencia, o bien como
aquellos que tienen fe porque así la asimilaron cuando pequeños,
o bien aquellos otros que quisieran tener una experiencia o
una fe, o aquellos otros más que
la consideran una posibilidad
intelectual sin hacerse mayores problemas, y
éstos otros que la niegan.
Pero
aquí no terminamos con el punto de ubicación
frente al problema de la
trascendencia. Hay, al parecer, diferentes profundidades en esto de
ubicarse frente al problema de
la trascendencia. Hay quienes incluso dicen que tienen una
fe, lo afirman, pero
esto que dicen no
responde efectivamente a lo
que experimentan. Nosotros no
decimos que ellos mientan,
decimos que esto lo dicen
superficialmente. Dicen tener una fe pero mañana pueden no tenerla. Así es que
observamos diferentes grados de profundidad en estas cinco posturas y por lo
tanto en la movilidad o la firme
convicción en cuanto a lo que se postula. Hemos conocido gentes que eran
devotas, creyentes de una fe y al
morirse un familiar, al morirse un ser
querido, desapareció toda la fe que
decían tener y cayeron en el peor de los sin sentidos. Esa fe era una fe de
superficie, una fe de mampostería, una fe periférica. En cambio, aquellos otros a los cuales sobrevinieron grandes catástrofes y afirmaron precisamente su fe, todo les
resultó diferente.
Hemos conocido
gentes que estaban convencidas de
la inexistencia total de la
trascendencia. Uno muere y desaparece. Por así decir, ellos tenían fe en que todo se acababa con la
muerte. Es claro que en alguna
ocasión, caminando cerca de un
cementerio han apurado el paso y se han sentido inquietos... cómo se compatibiliza todo esto con la convicción cierta de que todo
termina con la muerte? De este modo, hay gentes que aún en la
negación de la trascendencia están ubicadas en una situación muy superficial.
Así
pues, uno puede ubicarse en cualquiera
de éstos estados pero también uno puede
ubicarse en distintas profundidades. En
ciertas épocas de nuestra vida hemos creído
una cosa respecto de la trascendencia y luego
otra. Cambió, esto
es móvil. Esta no es una cosa estática. No solo en épocas distintas de
nuestra vida sino en situaciones.
Cambia nuestra situación
y cambia nuestra creencia
con respecto al problema de la trascendencia. Es más: cambia de un día a otro. A veces a la mañana estoy
creyendo una cosa determinada, a la
tarde ya no. Y esto que parece ser de suma importancia porque hace a la
orientación de la vida humana es algo
demasiado variable. Y al fin nos provocará desconcierto en la vida
cotidiana.
En esos cinco estados y grados se emplaza el
ser humano, pero cuál debería ser el correcto emplazamiento? Es que existe
acaso un correcto emplazamiento, o es que estamos
simplemente describiendo problemas sin dar solución?. Es que podemos
sugerir cuál es el mejor emplazamiento
frente al problema?
Algunos
dicen que la fe es algo que está o no está en las personas, que brota o que no
brota. Pero observen ese estado de conciencia. Alguien puede no tener fe en
absoluto, pero también puede desear,
sin fe y sin experiencia, obtener eso.
Puede inclusive comprender intelectualmente que tal cosa es
interesante, que puede valer la pena
orientarse en esa dirección. Pues bien,
cuando eso comienza a suceder es porque
algo ya se está manifestando en esa dirección.
Quienes
logran esa fe o esa experiencia
trascendente, aunque no puedan definirla en términos
precisos como no se puede definir el amor, reconocerán la
necesidad de orientar
a otros hacia el sentido, pero
jamás tratarán de imponer su paisaje a quienes no lo
reconozcan.
Y
así, coherentemente con lo
enunciado, declaro ante ustedes mi fe y
mi certeza de experiencia respecto a que la muerte no detiene el
futuro, que la muerte por lo
contrario modifica el estado provisorio de nuestra existencia
para lanzarla hacia la trascendencia inmortal. Y no impongo mi certeza ni mi
fe y convivo con aquellos que se encuentran en estados diferentes respecto
del sentido, pero me obligo a brindar
solidariamente el mensaje que
reconozco hace feliz
y libre al ser humano. Por
ningún motivo eludo mi responsabilidad
de expresar mis verdades aunque tales fueran discutibles por quienes experimentan la provisoriedad de
la vida y el absurdo de la muerte.
Por
otra parte, jamás pregunto a otros por
sus particulares creencias y, en todo
caso, aunque defino con claridad mi posición respecto a este punto, proclamo para todo ser humano la libertad de
creer o no creer en Dios y la libertad de creer o no creer en la inmortalidad.
Entre miles y miles de mujeres y hombres que codo
a codo, solidariamente, trabajan
con nosotros, se
suman ateos y creyentes, gentes con dudas y con certezas y a nadie se pregunta por su fe y
todo se da como orientación para que decidan por si mismos la vía que mejor
aclare el sentido de sus vidas.
No
es valiente dejar de proclamar las propias certezas, pero es indigno de la
verdadera solidaridad tratar de imponerlas.
El
voluntario (México D.F. 11/10/ 80)
Comentarios
(en un intervalo) ante un grupo de estudios
Al
parecer, muchas personas que actúan en nuestro Movimiento tienen antecedentes. Vienen con unos ciertos antecedentes de voluntariedad, no de
voluntarismo, que es cosa distinta. Hay
muchos asistentes sociales, enfermeras, médicos, maestros, gentes que si
bien desarrollan actividad, y actividad remunerada, parece que en la
remuneración que reciben por su trabajo
de ningún modo se sienten
compensados. Y es cierto que si les
pagan mal van a protestar más que los otros para que
les paguen mejor , pero la
orientación básica de sus actividades no termina en ellos sino que va hacia
afuera; luego vendrá, por problemas cotidianos y demás, la necesidad de ser remunerados y todo
esto. Desde luego, porque no se van a mover en el aire ! Pero esas personas que aunque les paguen mal
tienen esa fuerte tendencia a andar enseñando cosas, Qué quieren decirnos?
Estos otros que andan de asistentes
sociales, éstos otros
que andan desarrollando actividad y no se ve claro
qué ganan con eso. Parece que en nuestro Movimiento hay muchas personas que
tienen antecedentes de ese tipo... El que organizó su club de barrio, el
que cuando era un chico armó un equipo de algo...Vienen a nuestro
Movimiento y muchos de ellos son los que ponen todo en marcha. Otros no.
Otros vienen en otras
condiciones y buscando otras cosas, pero después entienden
el significado de éstos trabajos y a
su vez parten. Así es que son muchos los que se ponen en marcha tomando
de nuestro trabajo un sentido y
tomando una justificación interna.
Se ponen en marcha un poco en la tendencia que ya tenían y un
poco también utilizando la experiencia de cosas que habían hecho antes. Se lo puede observar, hay muchos ejemplos. No sé como
será acá, pero en todos lados
del mundo numerosos amigos tienen esas características y coinciden, en general, con los que ponen en marcha cosas. Tienen en
su biografía antecedentes de ese
tipo.
Pero, por qué algunas personas hacen cosas trascendiendo
el rebote inmediato de su acción
desinteresada? Qué es esto?.
Que es lo que hacen con su cabeza para moverse de un modo tan extraño?.
Desde el punto
de vista de las
sociedades consumistas, esa es
una forma atípica de moverse. Todo
aquel que ha nacido, se
ha educado, se ha desarrollado,
ha recibido el impacto y la
difusión de una
estructura consumista,
necesariamente tiende a ver el mundo en
sentido de nutrición personal. A ver si
me explico. Yo soy un consumidor, luego tengo que tragarme las cosas. Yo soy una suerte de gran buche que debe ser
llenado. De ninguna manera en mi
cabeza surge la idea o el registro de
que algo debe salir de mí. Al revés, yo puedo decir :" Bastante sale de mí
como para tener derecho a esos
bienes de consumo, o acaso no trabajo tantas horas en la
oficina, no cambio mi tiempo que
debería estar dedicado exclusivamente al consumo, no pago con mi tiempo todo ese tiempo que dejo de consumir para
trabajar en el sistema ?" Efectivamente y está bien planteado. El, a su modo, cambia horas de trabajo,
horas- hombre, por
remuneración. No es cierto?.
Pero dónde está puesto el acento?
El no pone el acento en la actividad que despliega frente al mundo. El considera esto un mal necesario para que el circuito termine
en sí mismo. Así están montados los sistemas de un signo y otro
signo. La cosa es la misma: el consumidor.
La
población se está poniendo neurótica.
Lógicamente, porque hay un circuito de entrada y otro de salida. Y si cercenamos el
circuito de salida, va a haber
problemas. Pero bueno,
el hecho es que la generalidad
de las personas están
en esta historia de
recibir, y al cundir la ideología del recibir no se explican, las
gentes, cómo pueden haber otros que
simplemente pueden hacer cosas sin
recibir. Desde el punto
de vista de
la ideología consumista, esto es
extremadamente sospechoso. Por qué motivo
alguien se va a mover sin recibir una paga equivalente? Esa sospecha, en realidad,
lo que revela es un pésimo conocimiento del ser humano, porque ellos han comprendido la utilidad en términos de dinero y no
saben que existe la utilidad vital, la
utilidad psicológica. No falta el que con un elevado nivel de
vida (que tenga solucionados los
problemas laborales, los problemas sanitarios, los problemas de vejez, los
problemas de jubilación), se nos tira
por la ventana, o vive todo el día
alcoholizado, o drogado, o en una de esas asesina a su vecino.
Nosotros
reivindicamos públicamente algo que está desprestigiado. Reivindicamos al que
salta de su cama porque se está incendiando una casa próxima. Él, rápidamente
se pone la ropa, se
pone su casco,
sale corriendo, va a apagar el incendio y cuando vuelve (a las seis de la
mañana: lleno de humo, chamuscado,
con heridas), su mujercita del alma le tira los platos en
la cara, diciendo: "Cuánto
te pagan por eso? Vas a
llegar tarde a tu
trabajo y vas a crearnos un
problema y una situación familiar por tus rarezas !”.
Y cuando va por la calle, lo
señalarán diciendo: "Sí, ese es el bombero voluntario". Una
suerte de idiota frente a otros
que al sentirse tan a gusto consigo mismos, se tiran por la ventana. Normalmente, los bomberos voluntarios no se tiran por la ventana. Es decir que
ellos, a su modo, empíricamente, han encontrado una forma de
aplicación de la energía hacia el
mundo. Ellos no solo
han podido lanzarse catárticamente a ciertas actividades (también los otros pueden hacerlo a través
del deporte, a
través de la confrontación, a través de muchísimas operaciones), sino que pueden hacer algo más. Ellos pueden, a
diferencia de los
otros, hacer algo
mucho más importante: poner un significado interno en el mundo. Y en
ese caso cumplen con una función empíricamente transferencial. Están componiendo contenidos que parten de
ellos hacia el mundo y no están respondiendo
a estímulos convencionales. Es muy distinto el que está obligado a
hacer determinadas cosas y
por hacerlas luego
es remunerado, que éste otro que
parte de su mundo interno hacia el mundo externo y en él se expresa. En él, voluntariamente, plasma contenidos
que no están nada claros para sí mismo y, a veces, trata de comprenderlos con
palabras como “solidaridad” sin entender cuál es el significado profundo de tal
vocablo. Es más: éste pobre voluntario (cada vez que llega a su casa le tiran los
platos y se mofan),
va a terminar pensando que él, efectivamente, es
una suerte de estúpido y va a
concluir: "siempre me pasa a mí esto". Ni qué hablar si en vez de un
voluntario se trata de una voluntaria. En esta sociedad, la cosa es mucho más
grave todavía.
Al
final, estos voluntarios terminan humillados y asimilados por el sistema porque
a ellos nadie les ha explicado cómo es todo esto. Ellos saben que son distintos a
los demás, pero no
pueden darse explicaciones sobre
lo que hacen. Y si los tomamos y les decimos:
"bueno, a ver, expliquen qué ganan ustedes”, van a balbucear y a encojerse de hombros
como si tuvieran que ocultar algo vergonzoso. Nadie los ha clarificado, nadie
les ha dado las herramientas suficientes para explicarse y explicar por qué
ese enorme potencial que tienen lo vuelcan hacia el mundo sin esperar
retribución. Y eso, desde luego,
es muy extraordinario.
Acto
público (Madrid 27/09/81)
Pabellón
de los Deportes
Nota.
Invitado por La Comunidad para el Desarrollo Humano de distintos países, Silo
emprendió una gira de difusión participando en varios eventos públicos. Sus
exposiciones fueron acompañadas por las de sus amigos Bittiandra Aiyyappa, Saky
Binudin, Petur Gudjonsson, Nicole Myers, Salvatore Puledda y Danny Zuckerbrot.
El
núcleo de las ideas presentadas por Silo en Madrid se repitió en
Barcelona, Reykjavik, Frankfurt,
Copenhague, Milán, Colombo, París y Ciudad de México. En este libro se incluyen
solamente las intervenciones en los actos públicos de Madrid y Bombay.
___________________
Hace
tiempo me dijeron: ¿por qué no explicas
lo que piensas?, entonces
expliqué. Después de eso, otros
dijeron: no tienes derecho a explicar lo que piensas, entonces callé. Pasaron
doce años y nuevamente me dicen: ¿por qué no explicas lo que piensas? Así que
lo haré nuevamente, sabiendo de antemano que otra vez se dirá: no tienes
derecho a explicar lo que piensas.
Nada
nuevo se dijo entonces; nada nuevo se
dirá hoy.
Y
bien, ¿ qué se dijo entonces? Se dijo: sin fe interna hay temor, el temor
produce sufrimiento, el sufrimiento
produce violencia, la violencia produce
destrucción; por tanto la fe interna evita la destrucción.
Nuestros
amigos han hablado hoy sobre el temor, el sufrimiento, la
violencia y el nihilismo, como máximo exponente
de destrucción. También han
hablado sobre la fe en sí mismo, en los demás
y en el futuro. Han dicho que es
necesario modificar la dirección destructiva que llevan los acontecimientos, cambiando el sentido de los actos humanos. Además, y como cosa
fundamental, han dicho cómo hacer todo esto; de manera que nada nuevo agregaré
hoy.
Solamente
quisiera hacer tres reflexiones. Una en torno al derecho que nos asiste para
explicar nuestro punto de vista; otra,
sobre cómo hemos llegado a esta
situación de crisis total y, por
último, aquella que nos permita tomar
una resolución inmediata y operar un
cambio de dirección en nuestras vidas. Esta resolución debería
concluir con un compromiso en
todo aquel que esté de acuerdo con lo dicho.
Pues
bien, ¿qué derecho nos asiste para explicar nuestro punto de vista y obrar en
consecuencia? En primer lugar nos asiste el derecho de diagnosticar el mal actual
de acuerdo a nuestros
elementos de juicio, aunque no coincidan con los establecidos. En tal sentido decimos que nadie tiene derecho
a impedir nuevas
interpretaciones basándose en verdades absolutas. Y en cuanto a nuestra acción,¿por qué habría
de resultar ofensiva para otros, siendo
que no interferimos en sus actividades?
Si en algún lugar del mundo se impide o
se deforma lo que decimos y lo que hacemos, nosotros podremos decir que allí
hay mala fe, absolutismo y
mentira. ¿Por qué no dejar que la verdad corra libremente y que las gentes libremente informadas puedan
elegir lo que les resulte razonable?
Y,
entonces, ¿por qué hacemos lo que hacemos?. Lo responderé en pocas palabras: lo
hacemos como supremo acto moral. Nuestra moral se basa en éste principio: "Trata a los demás como quieres que te traten". Y, si
como individuos queremos lo mejor
para nosotros, estamos exigidos
por este imperativo moral a dar
a otros lo mejor. ¿Quiénes son los otros? Los otros son los más próximos,
y allí donde lleguen mis posibilidades reales de dar y de modificar, allí está
mi próximo; y si
mis posibilidades de dar
y de modificar llegaran a todo el mundo, el mundo sería mi próximo. Pero sería un despropósito preocuparme
declamativamente por el mundo si mis posibilidades reales llegaran sólo hasta mi vecino. Por ello hay
una exigencia mínima en nuestro acto moral y es la de esclarecer o actuar cada
cual en su ámbito inmediato. Y es
contrario a ésta moral no hacerlo,
asfixiándose en un individualismo sin salida. Esta moral da una dirección precisa a nuestras acciones y además fija claramente a quiénes
están dirigidas. Y cuando
hablamos de moral nos referimos a
un acto libre,
a la posibilidad de hacerlo o no hacerlo y decimos que este acto está
por encima de toda necesidad y de
toda mecanicidad. Este
es nuestro acto libre, nuestro
acto moral: " Trata a los demás
como quieres que te traten". Y ninguna teoría, ninguna excusa, está por encima de este acto libre y moral. No es nuestra moral
la que está en crisis, son otras morales las
que están en crisis,
no la nuestra. Nuestra moral
no se refiere a cosas,
a objetos, a sistemas, nuestra
moral se refiere a la dirección
de los actos humanos. Y toda
crítica y toda transmisión que nosotros
hacemos o aportamos va orientada en el sentido de los actos humanos.
Pero
hay otro punto que debo tratar ahora y
se refiere a la situación de crisis a la que hemos llegado. ¿Cómo
sucedió todo esto y quiénes han sido los culpables? No haré de ello
un análisis convencional. Aquí no
habrá ciencia ni estadística. Lo pondré en imágenes que
lleguen al corazón de cada cual.
Sucedió
hace mucho tiempo que floreció la
vida humana en este planeta. Entonces
y con el correr de los milenios,
los pueblos fueron creciendo
separadamente y hubo un tiempo
para nacer, un tiempo para
gozar, un tiempo para sufrir y un tiempo para morir. Individuos y
pueblos, construyendo, se fueron reemplazando hasta que heredaron
por fin la tierra y dominaron las aguas
del mar y volaron más veloces que
el viento y atravesaron las montañas y con voces de tormenta y luz de sol
mostraron su poder. Entonces
vieron a lo lejos su planeta azul, amable protector velado por sus nubes. ¿Qué
energía movió todo? ¿Qué motor puso el
ser humano en la historia, sino la rebelión contra la muerte?
Porque ya desde antiguo, la muerte como sombra acompañó su paso. Y
también desde antiguo entró en él y quiso ganar su corazón. Aquello que en un
principio fue continua lucha
movida por las necesidades propias de la vida, luego fue lucha movida por temor y por deseo. Dos caminos se abrieron: el camino del sí y el camino del no. Entonces, todo pensamiento, todo sentimiento y toda
acción, fueron turbados por la duda del sí y del no. El sí
creó todo aquello que hizo superar el sufrimiento. El no agregó dolor al sufrimiento. Ninguna
persona, o relación, u organización quedó libre de su interno sí
y de su interno no. Luego los pueblos separados se fueron ligando y por fin
las civilizaciones quedaron
conectadas; el sí y el no de todas
la lenguas invadieron simultáneamente los últimos rincones del planeta.
¿Cómo
vencerá el ser humano a su sombra?
¿Acaso huyendo de ella? ¿Acaso
enfrentándola en incoherente lucha? Si el motor de la historia es la rebelión
contra la muerte, rebélate ahora contra la frustración y la venganza.
Deja, por primera vez en la
historia, de buscar culpables. Unos y
otros son responsables de lo que hicieron,
pero nadie es culpable de lo que
sucedió. Ojalá en éste juicio universal
se pueda declarar: "no hay
culpables" y se establezca como obligación moral para cada ser humano,
reconciliarse con su propio
pasado. Esto empezará aquí hoy en ti y serás responsable de que esto
continúe entre aquellos que te rodean,
así hasta llegar al último
rincón de la tierra.
Si
la dirección de tu vida no ha cambiado,
necesitas hacerlo; pero si ya cambió necesitas fortalecerla. Para que
todo esto sea posible,
acompáñame en un acto libre, valiente y profundo que
sea además un
compromiso de reconciliación.
Ve hacia tus padres, tu pareja, tus compañeros, amigos y enemigos y diles con
el corazón abierto: " algo grande y nuevo ha pasado hoy en mí”, y explícales
entonces este mensaje de reconciliación. Quisiera repetir estas frases: “Ve
hacia tus padres, tu pareja, tus compañeros, amigos y enemigos y diles con el
corazón abierto: ‘algo grande y nuevo ha pasado hoy en mi’ y explícales
entonces, este mensaje de
reconciliación.”
Para
todos paz, fuerza y alegría!
La
colectividad agrícola de Sri Lanka (Colombo 20/10/81)
Intercambio
con la Sanga budista en Sarvodaya
Saludo
a la Sanga...a los hermanos, las hermanas, los ancianos y a todos los aquí
presentes.
El
doctor Ariyaratne ha sido muy considerado con
nosotros y ha dicho cosas demasiado elevadas de nosotros.
Realmente,
cuando llegamos a este centro nos impresionamos por la sobriedad y el
valor del trabajo. Nosotros hemos
hablado con frecuencia de humanizar la Tierra, pero humanizar la Tierra debe verse en la
práctica. Humanizar la Tierra puede ser simplemente una idea, pero acá hemos
visto que humanizar la Tierra va a la
práctica. Hemos visto, por sobre todas las cosas, a una fuerza
moral en marcha. Inversamente, hemos visto en todas las latitudes que se está deshumanizando la Tierra y se está deshumanizando el mundo.
Yo
vengo de un lugar de base agrícola y en pocos años he presenciado como se ha
despoblado el campo y se ha concentrado la población en las ciudades. Como se
ha ido destruyendo la antigua familia y como han quedado desvalidos los
ancianos. Los campos se han despoblado
y las urbes crecen con cinturones
de personas sumidas en la pobreza. Si es cierto este dato que nos da la
O.N.U., en el año l950 la mitad
de la población del mundo estaba en el
campo y la otra mitad en la ciudad, en el pueblo, o la aldea. Al
parecer, siguiendo la tendencia estadística, hacia el año 2.000 más del 90% de los
trabajadores de la tierra estarán en las ciudades. Esto va a tener
consecuencias, desde todo punto de vista, explosivas.
El
trabajo que hemos visto en Sarvodaya
y en sus organismos sociales,
respecto a la descentralización y a la
creación de centros campesinos
compactos, es una idea que establece una nueva posibilidad
en el mundo. La
pregunta es si vamos a poder
ubicar a las nuevas generaciones en
centros, como los que aquí se proponen,
a donde tengamos a mano el
cuidado de la salud, la educación, la posibilidad de trabajo para todos. En
donde, incluso, la cultura y los centros
universitarios puedan estar en
áreas rurales...
El proceso mundial que vemos es de concentración continua en las ciudades. Concentración del
capital en pocas
manos, concentración urbana, concentración en todos los sentidos. Las aparentes descentralizaciones
simplemente rompen el orden anterior y promueven concentraciones en otro nivel.
Si se desintegran los estados, se concentra el Paraestado; si se desintegran
las empresas centralizadas, se fortalecen las corporaciones y el capital
financiero. Al parecer, nada tiene fuerza centrífuga. Todo se concentra y la aparente
desconcentración es un simple paso en el rompimiento de esquemas anteriores que
luego pasan a ser parte de una concentración mayor.
El
ser humano se ha convertido también en un consumista. El ser humano está pensando
que todo termina en él y que todo está en función de él. Acá, en Sarvodaya, se están proponiendo nuevas ideas, nuevos comportamientos y en
una dirección opuesta a la recién comentada. Acá no se trata de considerar al ser
humano como un consumista; acá
se trata de cumplir con las necesidades básicas. Aquí se trata de
distribuir y descentralizar, de llevar la cultura hacia el campo.
Aquí se trata, en definitiva, de desconcentrar este proceso compulsivo que lleva el mundo actual. Es de suma importancia comprender esta
experiencia. Independientemente del éxito que tenga esta en el futuro, en sí misma es una acción válida.
Por
otra parte, creo haber entendido la visión del ser humano y de la sociedad que
campea en Sarvodaya...Al parecer, el hombre aquí no está considerado como ser
aislado sino en relación social. Existe
la idea de compasión como
trasfondo de todo esto. De esa acción que no termina en uno sino
que llega al otro. Me ha parecido ver que no se considera al sufrimiento que uno pueda tener, sino que la
preocupación está puesta en el sufrimiento que pueda tener el otro.
Exactamente
este es el punto de vista que venimos sosteniendo desde hace mucho tiempo.
Nosotros no decimos que los problemas se resuelven en la propia conciencia, nosotros decimos que es necesario saltar por encima del
propio problema e ir hacia el dolor del otro.
Ese es un acto moral por excelencia: “Trata a los demás como quieres que te traten a ti .”
Hay
personas que piensan que tienen muchos problemas personales y como tienen esos
problemas no hacen nada por el otro. Es muy extraordinario ver en Occidente a
la gente de buen standard de vida, que está imposibilitada de ayudar a otros
porque cree que tiene innumerables problemas. Sin embargo, también hemos
visto a las capas más pobres de la población padeciendo enormes
dificultades reales pero
con capacidad de ir hacia los otros, con capacidad de compartir su
alimento, con capacidad
de saltar por
encima del propio sufrimiento en continuos actos de
solidaridad.
Acá
hemos visto esa misma fuerza moral pero de un modo organizado y en expansión.
Esa fuerza que va hacia los otros y que nos mejora a nosotros mismos en la
medida en que superamos el sufrimiento de los otros... Poco hemos conocido de
este centro pero nos hemos fijado con
mucha atención en los ojos de los niños recogidos de la calle; hemos observado la sonrisa y
el comportamiento de
los que aquí trabajan y hemos comprendido que detrás
de todo esto, nuevamente, hay una fuerza moral en marcha.
Este es
un gran movimiento social, es
más bien un movimiento espiritual, pero lo definiría como la gran fuerza
moral en marcha. Esta es una válida
impresión que puedo transmitir de lo poco que he visto de Sarvodaya.
También puedo decir que necesito más
tiempo para aprender de todo esto.
Agradezco
la atención que me han dispensado.
--
Quisiéramos escuchar su mensaje. Sila, en el Budismo theravada, es la regla
moral que lleva a la recta acción y usted debe ponerla en evidencia.
--
Reverendo, mi mensaje es algo simple y aplicable día a día. Es un mensaje que
se refiere al individuo y su medio
inmediato. No es un mensaje que se refiere al mundo en
general. Se refiere a las personas que
aman, viven y sufren en compañía de sus parejas, de sus familias, de sus amigos, en compañía de los que las
rodean.
El
mundo tiene sus graves problemas, pero sería una desproporción querer cambiar al mundo si no está en mis posibilidades reales hacerlo. Lo
único que puedo cambiar es a mi
medio inmediato y de algún modo
cambiarme yo. Y si mis posibilidades de acción y de
transformación llegaran más lejos, en
ese caso, mi prójimo sería algo más que mi pareja, mi amigo, mi compañero de
trabajo.
Nosotros decimos
que hay que tener conciencia
de las propias limitaciones para
realizar una acción cuerda y
eficaz. Por tanto, nosotros proponemos en todos los lugares por
donde pasamos, la formación de pequeñas
agrupaciones del individuo con su medio
inmediato. Estos grupos pueden ser de cualquier tipo, urbanos o no-urbanos y
deben convocar a todos los voluntarios que quieran saltar sobre sus propios
problemas para dirigirse a otros. En la
medida en que crezcan estas pequeñas
agrupaciones, se conectarán entre
sí y sus posibilidades de
transformación también crecerán.
En
qué se basa ese crecimiento y qué une a
esos grupos? Se basa en la idea de que dar es mejor que recibir. En la idea de que todo acto que termina en uno
mismo genera contradicción y
sufrimiento y en la
idea de que
las acciones que terminan en otro son las únicas capaces de hacer
superar el propio sufrimiento.
No
es la sabiduría la que puede hacer al hombre superar el propio
sufrimiento. Puede haber
un recto pensamiento
y una recta intención,
pero puede faltar una
recta acción. No hay
recta acción si no está inspirada por la compasión. Esta actitud
humana básica de compasión, esto
de que el acto humano vaya hacia
el otro, es la
base de todo
crecimiento individual y social.
Como usted
sabe estas cosas han sido dichas
hace mucho tiempo, de manera que nada nuevo estamos diciendo
aquí sino que estamos tratando
de hacer tomar conciencia de que este
encerramiento, este individualismo, esta vuelta de de las acciones sobre sí
mismo, están produciendo una desintegración total en el hombre de hoy. Sin embargo, estas ideas tan simples parecen
no ser fáciles de comprender en
muchos lugares. Por
último, hay mucha gente que piensa que encerrarse en los
propios problemas evita, por lo menos, nuevas dificultades. Esto, claro
está, no es cierto. Más bien
sucede lo contrario. La contradicción personal contamina al medio inmediato.
Cuando
hablo de contradicción, hablo de actos
perjudiciales a uno mismo. Me traiciono
a mi mismo cuando hago cosas opuestas a las que siento. Eso me
crea sufrimiento permanente y ese sufrimiento no queda solamente en
mi sino que contamina a todos los que me rodean. Este aparente
sufrimiento individual que
surge de la contradicción personal, termina siendo un sufrimiento social.
Hay
un solo acto que permite al
ser humano romper
su contradicción y sufrimiento permanente. Este es
el acto moral en
el que el ser humano se dirige a
otros para hacer superar sus sufrimientos. Cuando
yo ayudo a otro a
hacer superar su sufrimiento, yo me recuerdo luego en mi
propia bondad; en cambio, cuando realizo un acto de
contradicción yo recuerdo aquel
momento como algo que torció mi vida.
Así pues, los actos de contradicción invierten la rueda de la vida,
mientras que los actos que terminan en otro para hacer
superar el sufrimiento, ponen en marcha
la rueda de
la vida.
Todo acto
que termina en
uno fatalmente marcha hacia la contradicción, hacia la contaminación del medio inmediato. Aún la sabiduría pura, la sabiduría
intelectual que permanece en uno, lleva
a la contradicción. Este es tiempo de
acción y esta acción consiste en comenzar a ayudar a otros a superar el propio
sufrimiento. Esta es la recta acción, la compasión, el acto moral por
excelencia.
--
Con eso de unos ayudando a otros, no existe el peligro de que "el ciego
ayude al ciego"?
--
Reverendo. Es posible que un ciego use otros sentidos. Es posible que un ciego escuche en la noche el ruido de una catarata muy lejana o el
deslizar de una serpiente Por
tanto es posible para un ciego, basándose en otros sentidos, advertir a
los que no tienen la fineza de su oído, que cerca hay un peligro. Y digo más,
ese ciego no es solamente útil para otro de su misma condición sino para los
que tienen ojos y no pueden usarlos en la noche.
--
Para que esta armonía pueda generarse en nosotros mismos, es necesario
hacer algo en nosotros. Un niño crece con mucha naturalidad, sin pensar en
ello, pero todavía su conducta no tiene dirección hasta que aprende algo
sobre sí mismo. También las fuerzas de
la naturaleza actúan sin dirección, sin
conciencia de lo que hacen.
--
Reverendo. El ser humano también aprende por hacer y en la medida en que
hace aprende. Una persona aprende
a escribir a máquina en tanto
ejercite sus manos y así, por acierto y error, va perfeccionando sus
movimientos. Nosotros decimos que es
por la acción que se aprende. El
hecho mismo del
pensar, es una acción
primaria de la conciencia. Desde luego,
no es lo mismo pensar
divagando que pensar con dirección. El hecho de pensar con dirección implica ya
una acción en la conciencia. Y si me propongo dejar de pensar y hacer el vacío,
acciono en esa dirección.
--
Preguntamos: es la acción la que prima sobre el pensamiento, o el pensamiento
va antes que la acción?
--
Reverendo. Desde nuestro punto de vista en esto no hay causas y efectos lineales.
Se trata de un circuito que se
realimenta, donde una cosa
vuelve sobre otra y esto produce crecimiento. Puesto en imágenes visuales: si
lo vemos desde arriba ese proceso es circular, parece una rueda. Si lo vemos
lateralmente, comprendemos que se trata de un espiral en movimiento que crece
en cada vuelta. De este modo, una
persona puede no saber una
cosa, pero en la medida que trabaja en el punto en cuestión, su experiencia se enriquece y de este
enriquecimiento surgen ideas
y éstas se
aplican nuevamente sobre el punto. En este sentido, el ser humano ha
crecido con respecto a otros seres vivos.
Ha crecido al confrontar con el
dolor de su propio cuerpo tratando de lograr calor, abrigo, alimento y al
prever las futuras injurias físicas con que la naturaleza ha agredido a su
debilidad. De ese modo, ha transformado a la naturaleza, por acierto y error.
Ahora debe equilibrar el desajuste... siempre actuando, aprendiendo y
creciendo. Esta es la idea con la que respondería a la pregunta sobre el
pensamiento y la acción.
--
Desafortunadamente, el ser humano tiene
dificultades al confrontar con la naturaleza y esto le trae sufrimiento.
--
Reverendo. Desafortunadamente usted tiene razón. El ser humano ha tenido
sufrimiento con su confrontación, hoy mismo lo tiene, pero también hemos de
recodar que por este sufrimiento ha
aprendido. El progreso en realidad ha
sido una rebelión contra el sufrimiento, contra la muerte; el motor de la
historia humana ha sido la rebelión contra la muerte. Desde luego que el hombre ha sufrido enormemente.
Sabemos
que hay una gran diferencia entre dolor
y sufrimiento. El dolor es físico y éste dolor
será superado cuando la organización social y la ciencia se
desarrollen suficientemente. En efecto,
el dolor físico puede ser superado. La medicina lo corrobora, el progreso social
nos lo demuestra. Pero
una cosa muy diferente es
el sufrimiento mental. No hay ciencia, ni organización social
que puedan hacer superar el sufrimiento mental. El ser humano ha
ido creciendo en la medida que ha
logrado superar mucho de su dolor físico, pero no ha ido superando su sufrimiento mental. Y la gran función conque han cumplido los grandes mensajes y
las grandes enseñanzas,
radicó en hacer comprender que para superar el sufrimiento se requieren condiciones muy precisas y
nada podemos decir ahora sobre ese punto. Ahí están las enseñanzas y así como están las
respetamos.
Pero en
este mundo de lo perceptual, en este mundo
de lo inmediato, en este
mundo de agregados para la conciencia,
en donde la percepción ilusoria y la memoria ilusoria, dan en mí una
conciencia ilusoria y una conciencia del yo ilusorio; en este mundo en que provisoriamente estoy sumergido, en este mundo hago las cosas para que se
supere el dolor y trato que la ciencia y la organización social tomen una
dirección que termine en el mejoramiento de la vida humana. También comprendo
que cuando el ser humano necesite realmente superar el sufrimiento mental habrá
de apelar a comprensiones que rasguen el velo de Maya, que rasguen la ilusión.
Pero el recto camino debe transitarse en lo inmediato: en la compasión, en
ayudar a superar el dolor.
Acto
público (Bombay 01/11/ 81)
Playas
de Chowpatty
En
un pequeño pueblo campesino al pie de los montes más altos de Occidente,
en la lejana Sudamérica,
dimos nuestro primer mensaje.
Qué
dijimos entonces?
Dijimos: sin fe interna, sin fe en uno mismo hay
temor; el temor produce
sufrimiento; el sufrimiento produce
violencia; la violencia produce
destrucción. Por ello, la fe en
uno mismo supera la destrucción.
Y
también dijimos: hay muchas formas de
violencia y destrucción. Hay
una violencia física, una
violencia económica, una violencia racial, una violencia religiosa, una violencia
psicológica y una violencia moral. Y denunciamos las formas de violencia y
entonces nos dijeron que debíamos
callarnos. Y nos callamos, pero antes
explicamos: "Si es falso lo que hemos dicho, pronto desaparecerá. Si es
verdadero, no habrá poder en el mundo capaz de detenerlo."
Pasaron
12 años de silencio y ahora hablaremos
nuevamente y nos escuchan
miles y miles de personas en los distintos continentes de
la Tierra.
Y
en el Occidente cínico, ahora nos
dicen: "¿Cómo puede ser
que alguien te escuche si no prometes dinero, ni prometes la felicidad;
ni haces milagros, ni curas; si no eres un maestro, si eres
simplemente un hombre como todos?"
"¿Nada hay de extraordinario en
ti: no eres un ejemplo a seguirse, no eres un hombre sabio o alguien que
ha descubierto una nueva verdad...
Y ni siquiera hablas nuestra propia lengua. Cómo es posible que alguien quiera escucharte?"
Oh, hermanos del Asia, ellos no entienden la voz que habla de corazón a corazón!
Ellos
han logrado un cierto nivel de desarrollo material. Han logrado un nivel material que también nosotros
necesitamos. Pero queremos desarrollo y
progreso sin su suicidio, sin su alcoholismo,
sin su drogadicción, sin su
locura, sin su violencia,
su enfermedad y su muerte.
Nosotros
somos gentes comunes pero no somos cínicos y cuando hablamos de corazón a corazón, los hombres buenos en todas las latitudes nos entienden y nos quieren.
Y
¿qué decimos hoy desde India,
palpitante corazón del mundo?
Desde India cuya reserva espiritual
ha sido enseñanza y respuesta para un mundo de mente enferma. Decimos:
"Trata a los demás como quieres que te traten a ti!". No hay acto
humano superior a éste, no hay moral
más elevada que ésta. Cuando el
ser humano comprende esto y lo
lleva a la práctica
en cada día y en cada hora de su día,
progresa y hace progresar a
otros con él.
La
Tierra se deshumaniza y se deshumaniza la vida y la gente pierde fe en sí misma y en la vida. Por ello, Humanizar la
Tierra, es humanizar los valores de la vida.
¿Qué cosa hay más importante que superar el dolor y el
sufrimiento en los demás y en uno mismo? Hacer progresar la ciencia y el
conocimiento es un valor si va en la dirección de la vida. La generación y
distribución justa de los medios de subsistencia; la medicina; la educación; la
formación de intelectuales con sensibilidad
social, son tareas que deben emprenderse con
el entusiasmo y la fe que merece toda obra que lucha por superar el
dolor en los demás.
Bueno
es todo lo que mejora la vida. Malo es
todo lo que se opone a la vida. Bueno
es lo que une al pueblo. Malo aquello que lo desune. Bueno es lo que afirma:
"todavía hay futuro". Malo es decir: "no hay futuro ni sentido
en la vida". Bueno es dar a los
pueblos fe en ellos mismos. Malo es
el fanatismo que se opone a la vida.
Humanizar
la Tierra es humanizar también a
quienes tienen influencia y decisión sobre otros para que escuchen la voz de los que necesitan superar la enfermedad y
la pobreza. Nuestra Comunidad se inspira
en las grandes enseñanzas
que predican la tolerancia entre
los hombres. Y esa tolerancia va más lejos, porque pone como el valor
más alto de todo acto humano a éste
principio: "Trata a
los demás como quieres que te traten a ti". Únicamente si se pone
en práctica este principio opuesto a la
insensibilidad, el egoísmo y el cinismo, se podrá
comenzar a humanizar la Tierra.
Nuestra Comunidad es una fuerza moral tolerante y no violenta que predica como
valor más alto: "Trata a los demás
como quieres que te traten" Este es el impulso moral que se debe canalizar
en las nuevas generaciones y que debe practicar quien verdaderamente desee
comenzar a Humanizar nuestra Tierra. Muchas personas quieren perfeccionarse,
muchos quieren superar su
confusión interior y su
enfermedad espiritual y creen
que pueden hacerlo cerrando los ojos al mundo en que viven y yo digo que
crecerán espiritualmente sólo en el caso que comiencen por ayudar a otros a superar
el dolor y el sufrimiento. Por ello
proponemos actuar en el mundo:
no abandonar el partido,
ni la organización a la que
se pertenece, todo
lo contrario. Si uno cree que su organización puede contribuir
a superar el dolor y el sufrimiento uno debe militar entusiastamente
allí y si allí hay defectos, uno debe
empujar para corregirlos y convertirlos
en instrumentos al servicio de la humanización. Porque si no se renueva la fe en uno mismo, en el sentido en que uno puede contribuir al
progreso, y si no se renueva la fe
en las posibilidades de cambio de los
otros (aún cuando existan defectos), quedaremos paralizados ante el futuro y entonces
sí, triunfará la deshumanización de la Tierra.
Formar
comunidades de familia, de compañeros
de trabajo, de amigos, de
vecinos; formarlas en las ciudades y
los campos como fuerza moral
que dé fe en sí mismos a los
individuos y los conjuntos humanos, será crecer
espiritualmente mirando el rostros de tu hermano para que también crezca. Y si
crees en Dios, considera su infinita bondad y su designio para que el
ser humano se ponga un día en pie y honre a la Tierra humanizándola.
Debes
empezar una vida nueva y debes tener fe en
que puedes hacerlo. Para que
esto sea posible acompáñame en
un acto libre, valiente y profundo
que sea además
un compromiso de reconciliación. Ve hacia tus padres, tu
pareja, tus compañeros, amigos y enemigos y diles con el corazón abierto:
" algo grande y nuevo ha pasado hoy en mí”, y explícales
entonces, este mensaje de reconciliación. Quisiera repetir estas frases: “Ve
hacia tus padres, tu pareja, tus compañeros, amigos y enemigos y diles con el
corazón abierto: ‘algo grande y nuevo ha pasado hoy en mi’ y explícales
entonces, este mensaje de reconciliación.”
Para
todos paz, fuerza y alegría!
Acerca
de lo humano (Tortuguitas. Buenos Aires 01/05/83)
Charla
ante un grupo de estudios
Una
cosa es la comprensión del fenómeno humano en general y otra muy diferente es
el propio registro de la humanidad del otro.
Estudiemos
la primera cuestión, es decir: la comprensión del fenómeno humano en general.
Si
se dice que lo característico de lo humano es la sociabilidad o el lenguaje, o
la transmisión de experiencia, no se define cabalmente lo humano por cuanto en
el mundo animal (aunque desarrollado elementalmente), encontramos todas esas
expresiones. Observamos reconocimientos químicos de organismos de la colmena,
el cardumen, o la manada, y atracciones o rechazos consecuentes. Existen
organizaciones huéspedes, parásitas y simbióticas en las que reconocemos formas
elementales de lo que luego veremos peraltado en algunas agrupaciones
humanas...También encontramos una suerte de “moral" animal y resultados
sociales punitivos para los transgresores, aún cuando desde afuera de esas
conductas se las pueda interpretar por los instinto de conservación de la
especie, o por una imbricación de reflejos condicionados e incondicionados. El
rudimento técnico tampoco es ajeno al mundo animal y tampoco los sentimientos
de afecto, odio, pena y solidaridad entre miembros de un grupo, o entre grupos,
o entre especies.
Y
bien, ¿Qué define a lo humano en cuanto a tal?, lo define la reflexión de lo
histórico- social como memoria personal. Todo animal es siempre el primer
animal, pero cada ser humano es su medio histórico y social y es, además, la
reflexión y el aporte a la transformación o inercia de ese medio.
El
medio para el animal es el medio natural. El medio para el ser humano es el medio
histórico y social, es transformación del mismo y es adaptación de lo natural a
las necesidades inmediatas y a las de más largo plazo. Esta respuesta diferida
del ser humano frente a los estímulos inmediatos, este sentido y dirección de
su obrar respecto de un futuro calculado (o imaginado), nos presenta una
característica nueva frente al sistema de ideación, de comportamiento y de vida
de los exponentes animales. La ampliación del horizonte temporal de la
conciencia humana, permite a ésta retardos frente a los estímulos y ubicación
de estos en un espacio mental complejo, habilitante para el emplazamiento de
deliberaciones, comparaciones y resultantes, fuera del campo de lo perceptual
inmediato.
En
otras palabras: en el ser humano no existe “naturaleza" humana, a menos
que esta "naturaleza" sea considerada como una capacidad diferente a
la animal de moverse entre tiempos fuera del horizonte de percepción. Dicho de
otro modo: si hay algo "natural" en el ser humano, no es en el sentido
mineral, vegetal o animal, sino en el sentido que lo natural en él es el
cambio, la historia, la transformación. Tal idea de cambio no se aviene
convenientemente con la idea de "naturaleza" y por ello preferimos no
usar esta última palabra como se ha venido haciendo y con la cual se han
justificado numerosas deslealtades hacia el ser humano. Por ejemplo: porque los
nativos de un lugar eran diferentes a los conquistadores de otro lugar, fueron
llamados los "naturales". Porque las razas presentaron algunas
diferencias morfológicas o de coloración, fueron asimiladas a diferentes
naturalezas dentro de la especie humana y así siguiendo. De ese modo, existía
un orden "natural" y cambiar ese orden era un pecado contra lo
establecido de un modo definitivo. Razas distintas, sexos distintos, posiciones
sociales distintas, estaban establecidas dentro de un orden supuestamente
natural que debía conservarse de modo permanente.
Así
es que la idea de naturaleza humana sirvió a un orden de producción natural,
pero se fracturó en la época de la transformación industrial. Aún hoy quedan
vestigios de la ideología zoológica de la naturaleza humana, en la Psicología,
por ejemplo, en la cual todavía se habla de ciertas facultades naturales como
la "voluntad" y cosas
semejantes. El derecho natural, el Estado como parte de la naturaleza humana
proyectada, etc., no han aportado sino su cuota de inercia histórica y de
negación de la transformación.
Si
la copresencia de la conciencia humana trabaja gracias a su enorme ampliación
temporal y si la intencionalidad de aquella permite proyectar un sentido, lo
característico del ser humano es ser y hacer el sentido del mundo. Como se dice
en Humanizar la Tierra: “Nombrador de mil nombres, hacedor de sentidos,
transformador del mundo... tus padres y los padres de tus padres se continúan
en ti. No eres un bólido que cae, sino una brillante saeta que vuela hacia los
cielos. Eres el sentido del mundo y cuando aclaras tu sentido iluminas la
tierra. Te diré cuál es el sentido de tu vida aquí: Humanizar la Tierra. ¿Qué
es humanizar la Tierra?. Es superar el dolor y el sufrimiento, es aprender sin
límite, es amar la realidad que construyes...”
Bien,
estamos a una gran distancia de la idea de naturaleza humana. Estamos en lo
opuesto. Quiero decir, si lo natural había asfixiado lo humano, merced a un
orden impuesto con la idea de lo permanente, ahora estamos diciendo lo
contrario: que lo natural debe ser humanizado y que esta humanización del mundo
hace del hombre un creador de sentido, de dirección, de transformación. Si ese
sentido es libertador de las condiciones supuestamente "naturales" de
dolor y sufrimiento, lo verdaderamente humano es lo que va más allá de lo
natural: es tu proyecto, tu futuro, tu hijo, tu brisa, tu amanecer, tu
tempestad, tu ira y tu caricia. Es tu temor y es tu temblor por un futuro, por
un nuevo ser humano libre de dolor y sufrimiento.
Estudiemos
la segunda cuestión, es decir: el
propio registro de la humanidad en otros.
En
tanto registre del otro su presencia "natural" el otro no pasará de
ser una presencia objetal, o particularmente animal. En tanto esté anestesiado
para percibir el horizonte temporal del otro, el otro no tendrá sentido más que
en cuanto para- mí. La naturaleza del otro será un para- mi. Pero al constituír
al otro en un para- mi, me constituyo y me alieno en mi propio para- sí. Quiero
decir: "Yo soy para- mi" y con esto cierro mi horizonte de
transformación. Quien cosifica se cosifica y con ello cierra su horizonte.
En
tanto no experimente al otro fuera del para- mi, mi actividad vital no humanizará al mundo. El otro debería ser a
mi registro interno, una cálida sensación de futuro abierto que ni siquiera
termina en el sin sentido cosificador de la muerte.
Sentir
lo humano en el otro es sentir la vida del otro en un hermoso y multicolor arco
iris que más se aleja en la medida en que quiero detener, atrapar, arrebatar su
expresión. Tu te alejas y yo me reconforto si es que contribuí a cortar tus
cadenas, a superar tu dolor y sufrimiento. Y si vienes conmigo es porque te
constituyes en un acto libre como ser humano, no simplemente porque has nacido
"humano". Yo siento en ti la libertad y la posibilidad de
constituirte en ser humano. Y mis actos tienen en ti mi blanco de libertad.
Entonces, ni aun tu muerte detiene las acciones que pusiste en marcha, porque
eres esencialmente tiempo y libertad. Amo pues del ser humano, su humanización
creciente. Y en estos momentos de crisis, de cosificación, en estos momentos de
deshumanización, amo su posibilidad de rehabilitación futura.
La
religiosidad en el mundo actual (Casa Suiza. Buenos Aires 06/06/86)
Nota.
(Presentación del disertante a cargo de un socio fundador de la Comunidad para
el Desarrollo Humano).
Cuando
se presenta a un conferenciante, se suele aludir a sus anteriores
intervenciones y a las circunstancias que las rodearon... Eso haremos hoy.
La
primera exposición pública de Silo, no fue permitida debido al estado de sitio
que había implantado el régimen militar de aquella época. Consultadas las
autoridades sobre la posibilidad de dar la conferencia fuera de los centros
urbanos, éstas otorgaron el permiso con la acotación sarcástica de que no había
prohibición para "hablarle a las piedras". Así, el 4 de mayo de 1969
en un paraje montañoso de Mendoza, conocido como Punta de Vacas, Silo expuso
ante un reducido número de personas, hostigadas por hombres armados. De todas
maneras, la CBS retransmitió el mensaje más allá de las piedras, a 250 canales
de T.V. del planeta. El 20 de julio del mismo año, en Yala, Jujuy (y también a
campo abierto) la policía dispersó a los asistentes. No hubo conferencia. El 26
de setiembre en barrio Yapeyú, Córdoba, hubo gases y 60 detenidos, pero no hubo
conferencia. El 21 de octubre en Buenos Aires, mediando un pequeño atentado y
en conferencia de prensa, se comunicó la decisión de hacer otro intento. El 31
de octubre, en Plaza Once, hubo gases y 30 detenidos, pero no conferencia.
Al
cambiar la cúpula militar, se dio autorización para dictar un cursillo sobre
temas específicos y en privado. Eso ocurrió los días 16, 17, 18 y 19 de agosto
de 1972. Luego vino un gobierno civil, supuestamente democrático ya que fue
electo por el pueblo.. Entonces Silo dio en Córdoba una charla privada. Ese
día, 15 de agosto, hubo 80 detenidos. El 17 de agosto en Mar del Plata, las
fuerzas policiales interrumpieron la conferencia. Resultado: 150 detenidos. Y
el último intento, en esta misma sala, el 13 de septiembre de 1974, terminó con
500 detenidos y Silo en la cárcel de Villa Devoto... Y era la época de un gobierno
democrático.
Luego
vino la voladura de una casa en Mendoza, el 15 de octubre de 1974; el
encarcelamiento por seis meses de 11 compañeros y el asesinato de otros 2 en La
Plata, el 24 de julio de 1975. La persecución logró el despido de sus trabajos
de cientos de compañeros, el exilio de otros y, en suma, su dispersión fuera de
este país.
Con
el nuevo golpe militar ni se pensó en dar conferencias, pero corrió la noticia
que Silo daría un ciclo de charlas en Europa y Asia, ya que en nuestro país no
era posible hacerlo. Entonces una semana antes de partir, el 12 de agosto de
1981, se registró un atentado a balazos contra su persona. Al regreso, la
Editorial Bruguera al publicar uno de los libros de Silo, invitó a éste para
que hablara en la presentación en la VIII Feria Internacional del Libro en
Buenos Aires, el 10 de abril de 1982. Resultó entonces que se permitió entrar
al recinto a sólo 20 personas porque, según se explicó, "el piso estaba en
malas condiciones".
Agreguemos
a todo lo relatado la continua y malévola deformación hecha por la prensa de
los regímenes pasados y comprenderemos con qué moneda se ha pagado aquí a la
prédica pacifista y a la metodología de la no-violencia.
Como
hemos vuelto a un régimen democrático, hoy Silo opinará sobre religiosidad,
otro día sobre política y en cualquier ocasión sobre otro tema. Nosotros
suponemos que no habrá ya más inconvenientes.
___________________
¿Qué
utilidad puede tener plantear el tema de la religiosidad en el mundo actual?
Depende. Para quien se preocupa por el desarrollo de los fenómenos sociales,
toda variación en las creencias y en la religiosidad, puede ser de interés.
Para el político, el asunto no es de cuidado... si es que la religiosidad
retrocede; en cambio, merece atención si es que la religiosidad avanza. Para
nosotros, gentes comunes, todo esto puede resultar atractivo si es que tiene
que ver con algún tipo de búsqueda o de aspiración más allá de lo cotidiano. No
creo que en mi desarrollo pueda acertar con intereses tan diversos.
Así
las cosas, no pretendo hacer una exposición científica según el modelo de los
sociólogos, pero me empeñaré en ilustrar mis puntos de vista. Desde luego que
no definiré la religiosidad, ni la religión, sino que a estos dos términos los
dejaré flotando de acuerdo a lo que intuye hoy el ciudadano medio. Por supuesto
que no confundiremos a una religión, a su iglesia, su culto y su teología, con
la religiosidad o sentimiento religioso muy frecuentemente ajeno a toda
iglesia, culto o teología. Ese estado de conciencia, ese sentimiento
seguramente se referirá a algún objeto, ya que en todo estado de conciencia (y
en todo sentimiento), habrá una estructura en la que estarán relacionados actos
de conciencia con objetos.
A
partir de aquí espero que los eruditos en estos temas sepan acoger nuestras
ingenuidades con una benéfica sonrisa y no con un gesto de reproche. Abramos
pues el paquete de opiniones y veamos si alguna de ellas sirve para algo.
Yo
opino:
1º.
Que un nuevo tipo de religiosidad ha comenzado a desarrollarse desde las
últimas décadas. 2º. Que esta religiosidad tiene un trasfondo de difusa
rebelión. 3º Que como consecuencia del impacto de esta nueva religiosidad y,
desde luego, como consecuencia de los cambios vertiginosos que se están
produciendo en las sociedades, es posible que las religiones tradicionales
sufran en su seno reacomodaciones y adaptaciones de sustancial importancia. 4º.
Que es altamente probable que las poblaciones en todo el planeta, sean
sacudidas psicosocialmente interviniendo en ello como factor importante, el
nuevo tipo de religiosidad mencionado.
Por
otra parte y aunque parezca opuesto a la opinión de la generalidad de los
observadores sociales, no creo que las religiones hayan perdido dinámica, no
creo que se estén apartando cada vez más del poder de decisión político,
económico y social y tampoco creo que el sentimiento religioso haya dejado de
conmover a la conciencia de los pueblos.
Tratemos
de reforzar estas opiniones con algunos antecedentes.
Dicen
los manuales que si se toma una franja entre los paralelos 20 y 40 de latitud
norte y entre los meridianos 30 y 90 de longitud este, nos encontramos con una
zona del globo en la que se han generado grandes religiones que luego
terminaron cubriendo el mundo. Que, si precisamos más, detectaremos tres puntos
conocidos hoy como Israel, Irán e India, que actuaron desde hace miles de años
como centros de presión barométrica del espíritu humano, generando esas suertes
de ciclones que arrasaron con sistemas políticos, formas de organización social
y costumbres anteriores, al par que algunos difundieron en sus comienzos una fe
y una esperanza para quienes se sintieron fracasados ante un poder y un mundo
agonizantes.
El
Judaísmo produjo su religión nacional y también una religión misionera de
carácter universal: el Cristianismo. A su vez el genio del pueblo árabe
desentrañó de la diversidad de sus creencias tribales, una religión también
misionera y universal: el Islam (conocido a veces como Mahometismo) el cual
desde su origen debe al Judaísmo y al Cristianismo una importante base de
sustentación. El Judaísmo como religión nacional, el Cristianismo y el Islam en
tanto religiones universales, hoy viven y se transforman.
Más
hacia el este, en el Irán, su antigua religión nacional dio lugar a otras
religiones misioneras y universales. De la religión madre, solo quedan hoy
100.000 devotos en India, particularmente en Bombay. En su país de origen no
tienen ninguna relevancia ya que Irán quedó en manos del Islam. En cuanto a las
religiones misioneras del Irán, hasta el cuarto siglo de esta era, avanzaban
hacia oriente y occidente, al punto que compitiendo con el Cristianismo en
algún momento pareció que se imponían. Pero triunfó este último y aquellas
fueron abolidas al igual que el paganismo antiguo. Así, las religiones
generadas en ese lugar, aparentemente murieron para siempre. No obstante,
muchos de sus temas influyeron en el Judaísmo, en el Cristianismo y en el Islam
produciendo herejías dentro de la ortodoxia de esas religiones. La secta chiita
del Islam, que es religión oficial del Irán de hoy, ha sufrido fuertes
conmociones y en ese lugar, en el siglo pasado, surgió una nueva fuerza
religiosa, el Bâ y luego la fe Bahai.
Ya
en la India, la religión nacional produjo otras cuantas entre las que se
destaca por su carácter misionero y universal el Budismo. Tanto la religión
madre como otras (anteriores a esta era), siguen actuando vigorosamente. Y, por
primera vez, el hinduismo como religión nacional ha comenzado a moverse en este
siglo hacia Occidente, enviando misiones entre las cuales reconocemos la fe
Hare Krishna. Esta es, tal vez, una de las respuestas a la llegada del
Cristianismo favorecido en su momento por el colonialismo inglés.
No
dejamos de considerar importantes religiones como algunas de China, Japón, las
de África negra; o las ya desaparecidas del continente americano. Lo que sucede
es que todas ellas no llegaron a articular grandes corrientes supranacionales
como el Cristianismo, el Islam o el Budismo. Así, luego del desalojo musulmán
de Europa, el Cristianismo llegó y se implantó en América. El Islam pasó las
barreras del mundo árabe y se expandió por toda África, pero también hacia
Turquía, llegando a Rusia, India, China e Indochina. El Budismo, a su vez, se
abrió paso hacia Tíbet, China, Mongolia, Rusia, Japón y todo el sudeste
asiático.
Sucedió,
casi al comienzo de las grandes religiones universales, que empezaron los
cismas. Es decir, las religiones se dividieron en sectas. El Islam en sunnitas
y chiitas; el cristianismo en nestorianos, monofistas, etc. Ya desde las
reformas de Calvino, Lutero, Zwinglio y los anglicanos, el Cristianismo aparece
en dos grandes sectas, genéricamente llamadas Protestante y Católica, a las que
debe agregarse la Ortodoxa. De modo que con la fragmentación de las grandes
religiones aparecen las grandes sectas. Si la lucha por el poder temporal entre
las religiones fue larga y cruenta (como las Cruzadas por ejemplo), la guerra
entre las grandes sectas de una misma religión, alcanzó niveles inimaginables. Reformas
y contrarreformas de todo tipo azotaron al mundo en varias ocasiones. Así,
hasta la época de las revoluciones que marcan lo que escolarmente se llama la
"Edad Moderna".
En
Occidente la revolución francesa, la inglesa y las americanas, moderan los
excesos y nuevas ideas de libertad, igualdad y fraternidad, impregnan el ámbito
social. Es la época de las revoluciones burguesas. Aparecen curiosas tendencias
como la de la diosa Razón (una forma de religiosidad racionalista). Otras
corrientes más o menos científicas, proclaman ideales igualitarios derivando
hacia planificaciones de la sociedad, que muchas veces asumen ribetes de
Evangelio Social... El industrialismo ha comenzado a tomar carácter y las
ciencias a organizarse según nuevos esquemas. Para esa época la religión
oficial ha perdido terreno.
En
el Manifiesto Comunista, Marx y Engels describen la situación de aquellos
inventores de evangelios sociales. Cito el apartado tercero del capítulo III:
"Los sistemas socialistas y comunistas propiamente dichos, los sistemas de
Saint-Simón, de Fourier, de Owen, etc., hacen su aparición en el primer período
de la lucha entre el proletariado y la burguesía..." Y más adelante:
"...como el desarrollo del antagonismo de las clases marcha al par con el
desarrollo de la industria, no advierten de antemano las condiciones materiales
de la emancipación del proletariado y se aventuran en busca de una ciencia
social, de leyes sociales, con el fin de crear esas condiciones. A la actividad
social anteponen su propio ingenio, a las condiciones históricas de
emancipación, condiciones fantásticas; a la organización gradual y espontánea
del proletariado en clase, una organización completa fabricada por
ellos..."
Dentro
de esas corrientes del Evangelio Social, aparece un escritor llamado Augusto
Comte. Trabaja en el diario de Saint-Simón y además colabora con éste, en la
redacción del "Catecismo de los Industriales". A Comte se lo conoce
por haber dado lugar a una corriente de pensamiento, el Positivismo. También, por
haber elaborado el concepto y el nombre de las ciencias sociales, a las que
llamó "Sociología". Comte termina escribiendo el Catecismo
Positivista y fundando la Religión de la Humanidad. En Inglaterra, el culto
pervive escasamente y en Francia, su lugar de origen, ya no existe. No
obstante, se desplaza hasta América llegando a Brasil en el que verdaderamente
ha echado raíces y ha tenido consecuencias en la formación de varias
generaciones positivistas, no tanto desde el punto de vista religioso como
desde el filosófico.
En
las nuevas corrientes ya se ha llegado a un ateísmo militante como en el caso
de Bakunin y los anarquistas, enemigos de Dios y del Estado. En estos casos, no
se trata simplemente de irreligiosidad sino de furibundos ataques contra
aquello que suena a religión y particularmente a Cristianismo. Por su parte, el
"Dios ha muerto" de Nietzsche ya se ha hecho sentir.
Pero
otras mutaciones se están operando. León Rivail, en Suiza, es el organizador de
las ideas de Pestalozzi (uno de los creadores de la pedagogía moderna). Aquél
toma el nombre de Allan Kardek convirtiéndose en el fundador de uno de los
movimientos religiosos más importantes de los últimos años, llamado
"Espiritismo". "El libro de los Espíritus" de Kardek, se
publica en 1857 y el movimiento a que da lugar se expande por Europa, América y
llega al Asia.
Luego
vendrá la Teosofía, la Antroposofía y otras expresiones, a las que podemos
agrupar dentro de las corrientes ocultistas más que dentro de las religiones.
Ni el espiritismo, ni las agrupaciones ocultistas tienen carácter de secta
dentro de las religiones. Se trata de otro tipo de formaciones, de todas
maneras no ajenas al sentimiento religioso. Estas asociaciones entre las que
reconocemos también al Rosacrucianismo y a la Masonería, obtienen sus mayores
logros en el siglo pasado, exceptuando al Espiritismo que continúa
desarrollándose con vigor hasta el momento actual.
Ya
entrando al siglo XX el panorama se
presenta caótico. Han aparecido sectas cristianas como los Mormones y los
Testigos de Jehová y muchas otras que son sectas de sectas, en una
proliferación colosal. Otro tanto ha ocurrido en Asia donde también los
evangelios sociales se inclinaron hacia la mística. Antes había sucedido con
los Tai-Ping que en China, en la década de 1850, se apoderaron de importantes
zonas faltando sólo la toma de Pekin para proclamar una república socialista,
colectivizar los medios de producción e igualar las condiciones de vida del
pueblo. El "Rey Celeste", jefe del Movimiento, proclamó sus ideas
políticas impregnadas de Taoísmo y Cristianismo. La lucha contra el Imperio
cobró millones de vidas...
En
1910 muere Tolstoy en Rusia. Se había apartado demasiado de la Iglesia Ortodoxa
y el Santo Sínodo decidió excomulgarlo. Fue un cristiano convencido, pero a su
modo. Proclamó su evangelio: "No tomes parte en la guerra; no jures; no
juzgues; no resistas al mal por la fuerza." Luego abandonó todo: libros,
casa, familia. Ya no era el brillante escritor mundialmente reconocido, el
autor de Ana Karenina y La Guerra y La Paz, era el místico
cristiano-anarco-pacifista, fuente indudable de un nuevo planteamiento y de una
nueva metodología de lucha: la no-violencia. El anarco-pacifismo de Tolstoy,
junto con las ideas de Ruskin, con el Evangelio Social de Fourier (aquel que
mencionaba Marx en el Manifiesto), se combinan en un joven abogado indio que
lucha por la no-discriminación en África del Sur: Mohandas Gandhi. Este,
siguiendo el modelo de Fourier, funda un falansterio pero sobre todo ensaya una
nueva forma de lucha política. Regresa a India y, en los años siguientes,
empieza a aglutinarse en torno a su figura el independentismo indio. Con él
comienza la marcha pacífica, el paro de brazos caídos, la sentada callejera, la
huelga de hambre, la ocupación pacífica... En suma, lo que él llama
"resistencia civil". Ya no se trata de ocupar centros neurálgicos
según la táctica revolucionaria de Trotsky. Se trata de lo contrario: hacer el
vacío. Y, entonces, surge una extraña oposición: la fuerza moral, contra la prepotencia
económica, política y militar. Por cierto, ya con Gandhi no estamos hablando de
un pacifismo lacrimógeno, sino de resistencia activa. Probablemente, el tipo de
lucha más valiente en el que se exponen el cuerpo y las manos vacías ante las
balas de los invasores y colonizadores occidentales. Este "faquir
desnudo", al decir del Primer Ministro inglés, gana esa guerra y luego es
asesinado.
Por
otra parte, el mundo ha dado un vuelco formidable. Se ha desatado la Primera
Guerra Mundial y ha triunfado la revolución socialista en Rusia. Esta última,
demuestra en los hechos que aquellas ideas consideradas utópicas por los
bienpensantes de la época, no sólo se están aplicando sino que modifican la
realidad social. Las nuevas estructuraciones y la planificación del futuro en
Rusia cambian el mapa político de Europa. La filosofía que organiza las ideas
de la revolución echa a andar por el mundo con vigor. El marxismo salta
rápidamente no ya de país en país, sino de continente en continente.
Es
bueno recordar algunos acontecimientos que se producen en esa época de guerra:
1914-1918. Cualquier manual de fechas y hechos, nos dice más o menos esto:
Richardson describe su teoría electrónica de la materia; Einstein da su teoría
de la Relatividad Generalizada; Windhaus investiga la química biológica;
Morgan, los mecanismos de la herencia mendeliana; Mayerhof estudia la
fisiología muscular; Juan Gris revoluciona la pintura; Bartock escribe las
danzas húngaras y Sibelius, la Sinfonía Nº5; Siegbahn estudia el espectro de
los rayos X; Pareto escribe su Sociología; Kafka, la Metamorfosis; Spengler, la
Decadencia de Occidente; Maiacovsky, el Misterio Cósmico; Freud, Totem y Tabú y
Husserl, las Ideas para una Fenomenología.
Comienza
la guerra aérea y submarina; se usan gases asfixiantes. Surge el grupo
"Espartaco" en Alemania; se rompe el frente turco en Palestina;
Wilson proclama sus "catorce puntos"; los japoneses llegan a Siberia;
se producen revoluciones en Austria y Alemania; se proclama la república en
Alemania, Hungría y Checoslovaquia; nace el Estado yugoslavo y se produce la
independencia de Polonia; Inglaterra concede el voto a las mujeres; se abre el
canal de Panamá; se restablece el Imperio en China, los portorriqueños pasan a
ser ciudadanos estadounidenses; se proclama la constitución mejicana.
Estamos
en esa época en la alborada de la revolución tecnológica, el derrumbe del
colonialismo y el comienzo del imperialismo a escala mundial. Una lista de
hechos decisivos se multiplica en los años siguientes. Solo citarla, sería intolerable.
A nuestros efectos debemos señalar, sin embargo, algunos de ellos. En ciencia,
Einstein ha elastizado la razón. Ya no hay verdades absolutas sino relativas a
un sistema. Freud ha pretendido que la razón misma está movida por oscuras
fuerzas que en lucha con las superestructuras de la moral y las costumbres
determinan la vida humana. El modelo atómico de Bohr, muestra una materia en la
que predomina el vacío, todo lo demás es carga eléctrica y masa infinitesimal.
El Universo (según los astrofísicos), desde una explosión inicial se expande
estructurándose en galaxias, nidos de galaxias y universos-islas, marchando
hacia una entropía que terminará en catástrofe final... En una galaxia espiral,
poblada escasamente por 100.000 millones de estrellas, hay un sol amarillento
pendiente de su flanco, alejado del centro de su sistema por 30.000 años luz.
Una partícula absurda de 12.000 kilómetros de diámetro gira en torno a él y lo
hace a la insignificante distancia de ocho minutos-luz. Y en esa partícula ha estallado
una nueva guerra atrapando los puntos más distantes de ella...
Los
fascismos avanzan. Uno de sus representantes ya había proclamado: "¡Viva
la Muerte!" Pero esta nueva guerra no es un conflicto religioso. Es la
lucha de los hombres de negocios y de las ideologías delirantes. Genocidios y
holocaustos, hambre, enfermedad y destrozo a un nivel antes desconocido. La
vida humana queda reducida al absurdo. Piensan algunos: "¿para qué
existir?, ¿qué es existir?" El mundo ha estallado. Los sentidos engañan,
la realidad no es lo que vemos. Entonces un joven físico, Oppenheimer (mientras
estudia sánscrito para entender la religión védica hindú), dirige el proyecto
Manhattan. En la madrugada del 16 de Julio de 1945, entra en la historia. Ha
detonado en la Tierra un sol en miniatura. La era nuclear ha comenzado. Pero
también concluye la segunda guerra mundial. Otros hombres, han destruido
Hiroshima y Nagasaki. No queda civilización, ni punto en el globo que no esté
en contacto con los otros. La red de comunicaciones cubre el mundo. No se trata
sólo de objetos que se producen y se intercambian por vía aérea, marítima,
ferroviaria. Se trata además, de la comunicación de signos de lenguaje, de la
voz humana y de la información que llega a todos los lugares al instante.
Mientras el mundo cicatriza sus heridas, se independizan Pakistán e India y se
inicia la guerra de Indochina. Se proclaman el estado de Israel y la República
Popular China, con Mao a la cabeza.
En
1951 se crea el COMECON en el campo socialista Europeo y la Comunidad del
Carbón y del Acero en Europa Occidental. Estamos en plena guerra de Corea y en
esa otra, conocida como "guerra fría" entre el capitalismo y el
socialismo. En Estados Unidos, el senador Mac Carthy comienza la caza de brujas.
Se produce el arresto, la destitución y la muerte de sospechosos o espías
menores, como el matrimonio Rosemberg. El estalinismo, a su vez, realiza todo
tipo de atrocidades y represión. Muere Stalin y toma el poder Kruschov.
Entonces éste abre al mundo la realidad. Los intelectuales de buena fe que
consideraban todo aquello como simple propaganda del Oeste para desacreditar a
la U.R.S.S., quedan estupefactos. Vienen luego los desórdenes de Polonia y el
retorno de Gomulka al poder. Se produce la revuelta húngara. La dirigencia de
la U.R.S.S. debe optar entre la seguridad nacional rusa y la internacional y su
imagen. Opta por la seguridad: los tanques soviéticos entran en Hungría. Es un
shoc para el Partido a escala mundial.
Otros
vientos empiezan a soplar. La nueva fe entra en crisis. En África los
movimientos de liberación se suceden uno tras otro. Cambian las fronteras de
los países. El mundo árabe está en convulsión. En América Latina se profundizan
las injusticias que han reforzado regímenes tiránicos como tardía influencia de
los fascismos europeos. Golpes, contragolpes y caídas de dictadores se
continúan. Estados Unidos, ya establecido como imperio, tiene allí su
retaguardia. La enorme riqueza del Brasil está en pocas manos. El país crece y
la irritante desigualdad social se acentúa. Es un gigante dormido que está
despertando. Sus fronteras tocan a casi todos los países de América del Sur.
Sus cultos de origen angolano y de otros puntos de África, como la Umbanda y el
Candomblé ya se están expandiendo hacia Uruguay, Argentina y Paraguay. La
"Suiza de América", como era llamado el Uruguay, entra en bancarrota.
La Argentina agrícola y pastoril se ha transformado. Allí se han producido los
más formidables movimientos de masas que recuerda América. Un presidente
popular y su carismática mujer, proclaman la "mística social" de su
doctrina. Otro presidente anterior y casi opuesto a éste en sus actitudes (pero
también popular) ha sido de filiación espiritista y krausista. Allí, en 1955,
arden varios templos católicos... ¿qué está pasando en ese lugar? Ese tranquilo
país, que ya no es el "granero del mundo" lucha por sacudirse los
restos del colonialismo económico británico. En esos conflictos se forma
Ernesto “ché” Guevara. Luego estará en el poder en Cuba al concluir la revolución
que depone a Batista en 1959. Luchará en otros países y en otros continentes.
Una revuelta guevarista fracasará en Sri Lanka. Su influencia encenderá el
guerrillerismo juvenil en distintas latitudes. Es el teórico y el hombre de
acción. Usa los antiguos vocablos de San Pablo, trata de definir al
"hombre nuevo". Casi poéticamente dirá: "Desde hoy la Historia
deberá contar con los pobres de América"... Poco a poco se va alejando de
sus concepciones originales. Su imagen queda fijada en al fotografía que
recorre el mundo. Está muerto. En un lugar de Bolivia, es el Cristo de las
Higueras.
La
Iglesia Católica para esas épocas ha dado numerosos documentos sobre la
cuestión social y organiza la internacional Social-Cristiana con nombres
diversos según los países. En Europa, la Democracia Cristiana se impone en
varios lugares. Desde entonces, allí el poder oscila entre social-demócratas,
social cristianos y liberal-conservadores. El social-cristianismo se extiende a
América Latina. En Japón, el sintoísmo como religión imperial ha sufrido una
crisis importante. El budismo desarrolla entonces la pequeña secta Soka Gakkai
y en seis años la lleva a 6 millones de creyentes. A partir de allí lanza el
Komeito que se convierte en el tercer partido político de ese país.
En
1957 la U.R.S.S. pone en órbita el primer satélite artificial de la Tierra. Con
esto queda claro para el gran público, por lo menos dos cosas: 1º es posible un
viaje interplanetario; 2º con los satélites como antenas y relevadores, se
puede conectar el planeta televisivamente. Ya a partir de esto, la imagen es
llevada a cualquier punto en que se encuentre el receptor. La revolución
electrónica barre las fronteras. Desde luego, comienza otro problema: el de la
manipulación de la información y el uso de la propaganda altamente sofisticada.
Ahora, el Sistema entra en cada casa pero también entra la información.
Desde
las pruebas nucleares del atolón de Bikini se ha abierto paso en la moda la
prenda de baño que lleva ese nombre. La vestimenta de Mao Tse Tung se incorpora
a las camisas informales; las opulencias de Marylin Monroe, Anita Ekberg, Gina
Lollobrígida, van dejando lugar a otro tipo unisex que tiende a diluir las
diferencias. Los Beatles aparecen como un nuevo modelo juvenil. Los chicos de
todas partes, acarician sus jeans. Europa ha sufrido una importante disminución
proporcional de varones en su pirámide demográfica. Las mujeres ya desde la
guerra ocupan allí puestos laborales y a nivel gerencial. Pero también sucede
en U.S.A. y en otras partes donde no se produjo esa sangría. Es el proceso
mundial, pese a la tenaz resistencia de los discriminadores... pero ese proceso
no lleva la velocidad de otros factores. Nuevamente, fracasa en Suiza la
posibilidad del voto femenino. Sea como fuere, ya las muchachas están en los
colegios, los liceos y la universidad. Militan políticamente y protestan contra
el Stablishment.
A
fines de la década de los ‘60 la rebelión juvenil estalla en todo el mundo.
Primero los estudiantes del El Cairo, luego los de Nanterre y la Sorbona. La
onda llega a Roma y se extiende a toda Europa. En Méjico, las fuerzas de
seguridad abaten a 300 estudiantes. Las jornadas de Mayo de 1968, hacen
enmudecer a los partidos políticos. Nadie sabe bien qué pasa... tampoco lo
saben los protagonistas. Es una correntada psicosocial. Ellos proclaman:
"No sabemos lo que queremos, pero sabemos lo que no queremos." ¿Qué
necesitamos?... "¡La imaginación al Poder!" Las demostraciones
estudiantiles y de obreros jóvenes se han repetido en varios países. En
Berkeley toman el carácter antiguerra de Vietnam. En Europa y América Latina se
esbozan distintos motivos, pero la simultaneidad del fenómeno sorprende. Una
nueva generación muestra la unificación del planeta. El 20 de Mayo la huelga
francesa se extiende a 6 millones de obreros. El gobierno organiza
contra-manifestaciones y el régimen de De Gaulle se tambalea. En U.S.A el líder de los derechos civiles, un pastor
religioso llamado Martin Luther King, cae asesinado. Hippies, punks, modas
contestatarias y música, mucha música, rodea al nuevo ambiente juvenil. Una
facción de esa generación se arriesga por tres distintos caminos: el
guerillerismo, la droga y la mística. Cada una de esas vías está separada de la
otra. Normalmente entran en colisión pero todas parecen contener el mismo signo
de rebelión contra lo establecido. Los guerrilleristas se agrupan en comandos
del tipo Bader-Meinhoff, Brigadas Rojas, Tupamaros, Montoneros, Mir, etc.
Muchos tienen como modelo al Ché Guevara. Matan y se suicidan. Otros tienen
como modelo las enseñanzas de Aldous Huxley y los grandes psicodélicos como
Baudelaire. También muchos se suicidan. Finalmente, los terceros investigan
toda posibilidad de cambio interior. Tienen como modelo a Allan Watts, a San
Francisco de Asis y al orientalismo en general. También muchos de ellos se
destruyen. Por cierto que estas facciones son ínfimas respecto a toda una
generación, pero están dando el síntoma de los nuevos tiempos. La reacción del
Sistema no se hace esperar: "todos los jóvenes son sospechosos". La
cacería comienza en todas partes, aunque con metodología brutal o sofisticada
de acuerdo a los medios de que dispone el lugar. Fenómenos del tipo del IRA
(Movimiento de Liberación Irlandés), o de la ETA vasca, o del movimiento corso,
o por último de la OLP (Palestina) no responden exactamente al esquema
generacional que estamos describiendo. Son casos diferentes, aun cuando en
ocasiones se entrecruzan.
En
1969 Estados Unidos pone al primer hombre en la Luna. El descenso es televisado
en directo. Ya desde "La Guerra de
los Mundos" que sembró el pánico en Estados Unidos, la ciencia ficción ha
ido ganando terreno. No se trata sólo de marcianos que luchan con los
terrestres. En muchos relatos, películas y series de T.V. los protagonistas son
robots, o computadoras, o mutantes, o androides, o semidioses. Recordemos.
Desde 1945, en distintos lugares, se ha notificado crecientemente sobre
extraños objetos que se ven en el cielo. A veces son luces de difícil
aprehensión. Se los empieza a designar como "platillos volantes" o
genéricamente O.V.N.I. Su aparición es intermitente. Psicólogos (como Jung) se
ocupan del asunto. Físicos y astrónomos dan explicaciones escépticas. Algunos
escritores como Cocteau, llegan a afirmar que son "seres del futuro rastreando
su pasado". Se crean centros de observadores en todas partes
frecuentemente conectados entre sí y empiezan las prácticas de
"contacto" con supuestos seres de otros mundos. Hoy, tal creencia ha
ganado un considerable espacio. Los avistajes se han relatado como frecuente en
las Islas Canarias, sur de Francia, sur de la U.R.S.S, oeste de Estados Unidos,
Chile, Argentina y Brasil. En 1986, el gobierno de este último país declara
oficialmente el contacto visual y por radar con O.V.N.I. Por primera vez un gobierno
hace tal afirmación. Destaca, además, el ulterior seguimiento del fenómeno por
la fuerza aérea...
Si,
como dijéramos antes, el Catolicismo comienza a retomar espacio a través de
partidos políticos confesionales, el Islam no le va en zaga. Numerosas
monarquías y gobiernos tibios son derribados y comienzan a multiplicarse las
repúblicas islámicas. De este modo, ya en la década del ‘70, las grandes
religiones recuperan espacio político y económico. Sin embargo, hay gran
preocupación por la fe. Todos comprenden que no basta con recuperar el terreno
que las fuerzas políticas cobraron en su momento, convirtiéndose en
intermediarios del hombre con el Estado, de las necesidades con su solución.
Agudos observadores musulmanes advierten que muchas cosas han cambiado. La
antigua organización tribal ha quedado debilitada. La riqueza petrolera se ha
volcado en muchos lugares a la industria y los grandes centros urbanos
comienzan a levantarse. Las familias se reducen viviendo en propiedad
horizontal. Pero desde los países más pobres se acentúa el éxodo de
trabajadores hacia Europa buscando nuevas fuentes de trabajo y alterando el
paisaje de la juventud. Los países
musulmanes que empiezan a gozar de la prosperidad que les da su petróleo
experimentan también la influencia de las instituciones, los comportamientos y
las modas del modelo occidental particularmente en las capas dominantes de esas
sociedades. En este clima de cambio, el Sha de Irán impone la occidentalización
forzada. Lo hace despóticamente ya que posee el ejército mejor armado del
próximo oriente. La mano de obra rudimentariamente agrícola es absorbida por
los centros petroleros. Las ciudades crecen por el éxodo interior. Todo está
bajo control... Sólo hay un líder pero no es político, permanece exiliado en
Francia mientas los distintos partidos vigilados por la Savak hacen su juego
tironeados por sus amos foráneos. Desde luego que no se puede prestar atención
a un viejo teólogo de la Universidad de Quom,
"eso no es serio", opinan los analistas de la U.R.S.S. y los
occidentales. De pronto, nuevamente el ciclón del antiguo Irán se pone en
marcha. El mismo creador de corrientes espirituales universales, el formador de
herejías, de luchas religiosas. Durante una semana, el mundo entero asiste
atónito a una reacción en cadena psicosocial... parece un sueño. Los gobiernos
se suceden, la administración pública se vacía por dentro. El ejército queda
paralizado y se destruye. Solo funciona el orden religioso. Desde las
mezquitas, los mulahs y los ayatolahs siguen los dictados del mítico Imán. Todo
lo que ocurre luego es historia muy triste, muy sangrienta y muy reciente.
Kohmeiny ha dicho: "El gobierno islámico es el gobierno de derecho divino
y sus leyes no pueden ser mudadas, modificadas, ni discutidas. En esto reside
la diferencia radical entre un gobierno islámico y los diversos gobiernos
monárquicos o republicanos en donde son los representantes del Estado, o los
elegidos por el pueblo, los que proponen y votan leyes, al paso que en el
Islam, la única autoridad es el Todopoderoso y su divina voluntad." A su
vez, Muammar Al-Kaddahafi había ya dicho en su discurso de Octubre de 1972, en
Trípoli: "El Islam es una verdad inmutable; da al hombre la sensación de
seguridad ya que emerge de Dios. Las teorías inventadas por el hombre pueden
ser resultado de una locura tal como lo fue la anunciada por Malthus. Aún la
pragmática dictada por el hombre no está libre de caer en lo falso y en lo
disparatado. De ahí que es completamente erróneo gobernar la sociedad humana en
nombre de leyes temporales o Constituciones".
He
citado a estos expositores, desde luego, fuera de contexto. Pero lo que
pretendo transmitir es la comprensión del fenómeno religioso Islámico que
subordina a él toda actividad y, por cierto, la política. Y este concepto,
aparentemente en retroceso, parece estar vigorizándose. Sabemos que en los
Estados Unidos el Islam se está desarrollando. En Francia, al día de hoy
existen 200.000 conversos y no estamos hablando de árabes o descendientes de
ellos. Por supuesto que doy estos dos casos sólo como ejemplo porque también el
Islam se ha transformado considerablemente para avanzar hacia Occidente. Las
formas derviches y sufíes son otras variantes de la misma tendencia.
Podemos
observar en el Cristianismo actual que existe movilidad entre sus grandes
sectas. Así, mientras los protestantes son de algún modo "religión
oficial" en un país, se contraen hacia los centros de poder y los
católicos van ganando la periferia. Inversamente, en los países llamados "católicos",
mientras éstos abandonan la periferia, las sectas protestantes la van ocupando.
Este cambio es rápido, perceptible, lo que provoca alarma en ambas sectas pero
con sentido opuesto de acuerdo a su situación de dominio. En esa lucha, a veces
grupos de esas sectas apelan a golpes bajos. No se le puede echar las cargas al
Protestantismo en general si un demente, llamado Manson, anda con una cruz y
una Biblia mientras asesina gente, o si cristianos protestantes del
"Templo del Pueblo", en una parodia de Masada, terminan en Guyana en
el asesinato y el suicidio colectivo... Esos son fenómenos, según me parece,
propios de este disloque psicosocial y tienen valor de síntoma de
acontecimientos más amplios que la sociedad actual parece estar rozando.
A
mi ver, el Catolicismo tiene posibilidad de retomar una parte de su influencia
perdida en Latinoamérica y, de rebote, en África. Esa posibilidad puede jugarse
en el destino de la llamada "Teología de la Liberación". Cristianismo
y Evangelio Social son compatibles en este caso. La Nicaragua de estos días, es
el mejor ejemplo. En la primera entrevista realizada entre Fidel Castro y Frei
Betto en La Habana, el jueves 23 de Mayo de 1985, a las 21 horas, el sacerdote
hace esta declaración: "Comandante, estoy seguro de que esta es la primera
vez que un jefe de Estado de un país socialista da una entrevista exclusiva
sobre el tema de la religión. El único precedente que hay, en ese sentido, es
el documento que sacó la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación
Nacional en 1980, sobre la religión. Fue la primera vez que un partido
revolucionario en el poder sacó un documento sobre ese tema. Desde entonces, no
ha habido una palabra más informada, más profundizada, incluso desde el punto
de vista histórico, sobre el tema. Y, considerando el momento en que en América
Latina la problemática de la religión juega un papel ideológico fundamental;
considerando la existencia de numerosas Comunidades Eclesiales de Base
(indígenas de Guatemala, campesinos de Nicaragua, obreros de Brasil y de tantos
otros países); considerando también la ofensiva del imperialismo que desde el
Documento de Santa Fe quiere combatir directamente la expresión más teórica de
esta Iglesia comprometida con los pobres, que es la Teología de la Liberación,
pienso que esta entrevista y su aporte a ese tema son muy importantes..."
etc. A su vez, Armando Hard, ministro de Cultura de Cuba, en su nota a la
edición del libro "Fidel Castro y la Religión", dice celebrando el
diálogo cristiano-marxista: "Y esto es de por sí un acontecimiento
trascendental en la historia del pensamiento humano. La nota ético-moral
aparece en estas líneas cargada de todo sentido humano que agrupa a los
luchadores por la libertad y en defensa de los humildes y los explotados. ¿Por
qué puede suceder este milagro? Teóricos sociales, filósofos, teólogos y toda
una vasta capa de intelectuales en diferentes países, se deben hacer esta
pregunta".
...
Nosotros, por nuestra parte, ya no nos hacemos esa pregunta. Nos parece claro
que la religiosidad está en avance. Aquí, en Estados Unidos, en Japón, en el
mundo árabe y en el campo socialista: se trate de Cuba, Afganistán, Polonia o
la U.R.S.S. La duda que tenemos es mas bien si las religiones oficiales podrán
adaptar este fenómeno psicosocial al nuevo paisaje urbano o si serán
desbordadas. Podría ocurrir que una religiosidad difusa fuera creciendo en
pequeñas y caóticas agrupaciones sin constituir una iglesia formal, de manera
que no fuera fácil comprender el fenómeno en su real magnitud. Aunque la comparación
no sea del todo legítima, me permito recordar un antecedente lejano: a la Roma
Imperial comenzó a llegar todo tipo de culto y toda superstición de los
alrededores, al tiempo que la religión oficial perdía convicción. Y uno de esos
insignificantes grupos, terminó luego convirtiéndose en iglesia universal...
Hoy es claro que esta difusa religiosidad para avanzar deberá combinar el
paisaje y el lenguaje de la época (un lenguaje de programación, de tecnología,
de viajes espaciales), con un nuevo evangelio social.
Nada
más. Muchas gracias.
II. Presentación
de libros
Experiencias
Guiadas (El Ateneo. Madrid 03/11/89)
El
2 de Mayo de 1916, Ortega presentaba
aquí, en Madrid y en el Ateneo, a Bergson.
En esa oportunidad explicaba que esta sociedad, el
Ateneo, era una institución de
cultivo y de culto de las ideas.
Siguiendo ese punto de vista, es
que nosotros vamos a hablar aquí, en el
Ateneo, no de literatura como aparentemente propone la
naturaleza del libro
que presentamos, no de cuentos o narraciones (que constituyen el
material de este trabajo), sino de las
ideas de las que parten esos cuentos y
esas narraciones.
Desde
luego, no estamos diciendo que cuando
se trata un tema literario las ideas
están ausentes sino que, generalmente,
es el enfoque estético el que prima.
A veces
se examina el aspecto formal de
la obra y, desde luego, su contenido. El autor pasa revista a sus vivencias y nos acerca a su
biografía, a su sensibilidad y a su percepción del mundo. En qué sentido, entonces, hablaremos de ideas? Lo haremos en
tanto esta producción es la aplicación
práctica de una teoría de la conciencia
en la que la imagen, en cuanto
fenómeno de representación, tiene
especial relevancia. Es cierto que tendremos que decir unas cuantas cosas
previas, sobre todo para quienes no han tenido en sus manos el libro que hoy
comentamos, pero esas cosas
no afectarán, seguramente, la
transmisión de esa estructura de ideas, de esa teoría que
hemos mencionado.
Así
pues, veamos la noticia preliminar que puede darse de este trabajo.
Este libro
fue escrito allá por 1980,
corregido en 1988 y puesto
a vuestra consideración hace muy pocos días...En este punto, quisiera
leer al comentarista que nos dice lo siguiente:
“El libro
está dividido en
dos partes. La
primera, llamada
'narraciones', es un conjunto de doce cuentos y constituye el cuerpo más denso y complejo. La segunda, bajo el título de 'juego
de imágenes', consta de nueve descripciones
más sencillas (pero también más ágiles) que las de la primera parte.
A
este material, se lo puede considerar desde diferentes
puntos de vista. El
más superficial nos muestra una serie de relatos breves con final feliz. Estos tienen el carácter liviano de los borradores que se realizan
como práctica y sólo a modo de 'divertimento'. Según
esa apreciación, se trata de simples ejercicios literarios. Otro enfoque
revela a esta obra como una serie de prácticas psicológicas apoyadas en
formas literarias. Esto
queda mejor aclarado -continúa
diciendo el comentarista- en las notas ampliatorias y los comentarios que se insertan al final del
libro.
Conocemos
narraciones de todo tipo, escritas en
primera persona. Esa 'primera persona', habitualmente, no es
la del lector sino la del autor. En
este libro se corrige tan antigua descortesía, haciendo
que la ambientación de cada cuento sirva de enmarque para que el
lector llene la escena con él mismo y
sus propias ocurrencias. Colaborando con estos ejercicios literarios, aparece en los textos un asterisco que marca pausas y ayuda
a introducir, mentalmente, las imágenes que
convierten a un lector pasivo en actor y coautor de cada descripción
. Esta originalidad permite, a su vez, que una persona lea en voz
alta (marcando las
interrupciones mencionadas) y que
otras, escuchando, imaginen su
propio 'nudo' literario. Tal cosa que
en estos escritos es la
tónica, en otros más
convencionales destruiría toda secuencia argumental.
Debe anotarse que en toda pieza literaria, el lector o el espectador (si se trata
de representaciones teatrales,
fílmicas o televisivas), puede identificarse más o menos plenamente
con los personajes pero
reconociendo en el momento o, posteriormente, diferencias entre el actor que
aparece incluido en la obra y el observador que está 'afuera' de la producción y no es otro que él
mismo. En este libro ocurre lo
contrario; el personaje es
el observador, agente
y paciente de
acciones y emociones.
Resulten
o no de nuestro agrado estas 'Experiencias
guiadas', habremos de reconocer,
cuando menos, que estamos en
presencia de una novedosa
iniciativa literaria y que eso, indudablemente, no sucede todos los días."
Y
ahí concluye la nota explicativa.
Bien, como se ha comentado se trata de pequeños cuentos en los que un
asteriscado permite detener
la secuencia a fin de colocar,
en ese momento, la imagen que al lector le parezca
adecuada. De esa manera se
continúa el desarrollo pero ya
dinamizando el nuevo
elemento introducido.
Veamos un caso, que
bien puede ser el de
la primera narración titulada
"El Niño"...
"Estoy
en un parque de diversiones. Es de
noche. Veo por todas partes juegos mecánicos plenos de luz y
movimiento... pero no hay nadie.
Sin embargo, descubro cerca mío a un pequeño de unos diez años.
Está de espaldas. Me
acerco y cuando gira para mirarme,
advierto que soy yo mismo cuando era niño". Asterisco!, es decir: interrupción para ponerme
a mí mismo, en cuanto imagen, tal cual sugiere el escrito. La historia
continúa... "... le pregunto qué hace allí y me dice algo con referencia a una
injusticia que le han
hecho. Se pone a llorar y
lo consuelo prometiendo llevarlo
a los juegos. El insiste
en la injusticia. Entonces,
para entenderlo, comienzo a
recordar cuál fue la injusticia que
padecí a esa edad". Asterisco!
Con lo dicho anteriormente, queda explicada la mecánica de lectura de las
Experiencias Guiadas. Por
otra parte, existe
un esquema de construcción al que se ajustan todas
ellas. Primeramente hay una entrada en
tema y una ambientación general; luego un aumento de la tensión "dramática", por así decirlo; en tercer lugar, una
representación vital problemática;
cuarto, un desenlace como
solución al problema; quinto, una
disminución de la tensión general y sexto,
una salida no abrupta de la
experiencia, generalmente desandando
algunas etapas ya
vistas anteriormente en el relato.
Hemos
de agregar algunas otras consideraciones
respecto al armado del enmarque de situación, del contexto en el que se da la
experiencia. Si es que necesitamos
colocar al lector en un punto en el que toma contacto con él
mismo, debemos distorsionar la estructura del tiempo
y del espacio siguiendo
la enseñanza que, sobre esto,
nos dan los propios sueños. Debemos liberar la
dinámica de imagen
y quitar las racionalizaciones que impidan un fluido
desarrollo. Si podemos, además, desestabilizar el
registro corporal, la
posición del cuerpo en el espacio, estaremos en condiciones de
hacer aparecer preguntas referentes a
cualquier momento de la vida del
lector o, inclusive, a momentos futuros como posibilidad de acción a realizar. Vamos entonces a un
ejemplo que ilustre sobre lo
que estamos comentando. Para ello escogemos la
experiencia titulada "La Acción salvadora".
"Nos desplazamos velozmente por una gran
carretera. A mi lado conduce una persona que jamás he visto. En los asientos traseros, dos mujeres y
un hombre también desconocidos. El coche
corre rodeado por
otros vehículos que se
mueven imprudentemente, como
si sus conductores estuviesen ebrios o enloquecidos. No estoy seguro si está amaneciendo o cae la
noche.
"Pregunto a mi
compañero acerca de lo que está sucediendo.
Me mira furtivamente y responde
en una lengua extraña: 'Rex voluntas!'
"Conecto la
radio que me
devuelve fuertes descargas
y ruido de interferencia eléctrica. Sin embargo, alcanzo a escuchar una voz débil y metálica que monótonamente
dice:'... rex voluntas... rex voluntas...'
"El
desplazamiento de los vehículos se va haciendo lento mientras veo al costado de la ruta numerosos autos
volcados y un incendio que se propaga entre ellos. Al detenernos,
abandonamos el coche y corremos hacia
los campos entre un mar de gente que se abalanza despavorida.
"Miro
hacia atrás y veo entre el humo y las llamas a muchos desgraciados que han
quedado atrapados mortalmente, pero soy obligado a correr por la estampida humana
que me lleva a empellones. En
ese delirio intento, inútilmente,
llegar a una mujer que protege a su niño mientras la turba le pasa por
encima, cayendo muchos al suelo.
"En
tanto se generaliza el desorden y la violencia, decido desplazarme en una
leve diagonal que permita separarme del conjunto. Apunto hacia un lugar más
alto. Muchos desvalidos se toman de mis
ropas haciéndola jirones, pero compruebo que la densidad de gente va
disminuyendo.
"Un
hombre se desprende del conjunto y se acerca corriendo. Está con las ropas
destrozadas y cubierto de heridas. Al
llegar, me aferra un brazo y gritando como un loco señala hacia abajo. No
entiendo su lengua pero creo que requiere mi ayuda para salvar a alguien. Le digo que espere un poco porque en este momento es imposible... Sé que no me entiende. Su desesperación me
hace pedazos. El hombre, entonces,
trata de volver y en ese momento lo
hago caer de bruces.
Queda en el
suelo gimiendo amargamente. Por
mi parte comprendo
que he salvado su vida
y su conciencia , porque él
trató de rescatar a alguien pero se lo impidieron.
"Subo
un poco más, llegando a un campo de cultivo. La tierra está floja, surcada por
recientes pasadas de tractor.
Escucho a la
distancia disparos de armas y
creo comprender lo que está
sucediendo. Me alejo presuroso del lugar. Pasado un tiempo
me detengo. Todo está en silencio. Miro en dirección a la ciudad y veo un
siniestro resplandor.
"Empiezo a sentir que el suelo ondula bajo mis pies
y, un bramido que llega de las profundidades, me advierte sobre el inminente
terremoto. Al poco tiempo he perdido el equilibrio. Quedo en el suelo, lateralmente encogido pero mirando al cielo,
presa de un fuerte mareo.
"El temblor
ha cesado. Allí en el cielo está
una luna enorme, como cubierta de
sangre. Hace un calor insoportable y respiro el aire de una atmósfera cáustica.
Entre tanto, sigo sin saber si amanece o cae la noche...
"Ya
sentado, escucho un retumbar creciente. Al poco tiempo, cubriendo el
cielo, pasan cientos de aeronaves como
mortales insectos que se pierden hacia un ignorado destino.
"Descubro cerca
a un gran perro que mirando hacia la luna comienza a aullar casi como un lobo. Lo llamo. El animal se
acerca tímidamente. Llega a mi
lado. Acaricio largamente su pelambre
erizada. Noto un intermitente temblor en su cuerpo.
"El
perro se ha separado de mi y comienza a alejarse. Me pongo en pie y lo sigo.
Así recorremos un espacio ya pedregoso hasta llegar
a un riachuelo. El
animal sediento se abalanza y comienza a beber agua con avidez,
pero al momento retrocede y cae. Me acerco, lo toco y compruebo que está
muerto.
"Siento
un nuevo sismo que amenaza con derribarme, pero pasa.
"Girando sobre
mis talones diviso en el cielo,
a lo lejos, cuatro
formaciones de nubes que avanzan con sordo retumbar
de truenos. La primera
es blanca, la
segunda roja, la tercera
negra y la cuarta amarilla. Y
esas nubes se asemejan a cuatro jinetes armados
sobre cabalgaduras de tormenta, recorriendo los cielos y asolando toda
vida en la tierra. Corro tratando de
escapar de las nubes. Comprendo que si
me toca la lluvia quedaré contaminado. Sigo avanzando a la carrera pero,
de pronto, se alza enfrente una figura colosal. Es un gigante que me cierra
el paso agitando amenazante una espada de fuego. Le grito que debo avanzar porque se
acercan las nubes radiactivas.
El responde que es un robot puesto allí para impedir el paso de
gente destructiva. Agrega que está armado con rayos y así me advierte que
no me acerque. Veo que el coloso separa netamente
dos espacios; aquél del que provengo,
pedregoso y mortecino, de ese
otro lleno de vegetación y vida. Entonces grito: 'Tienes que dejarme pasar
porque he realizado una buena acción!'
"Qué
es una buena acción? - pregunta el robot.
"Es
una acción que construye, que colabora con la vida - respondo.
"Pues
bien - agrega -, qué has hecho de interés?
"He
salvado a un ser humano de una muerte segura y, además, he salvado su
conciencia.
"Inmediatamente,
el gigante se aparta y salto al terreno protegido en el momento en que caen las
primeras gotas de lluvia..."
Hasta
aquí el relato. En una nota se hace el
siguiente comentario: "El
enrarecimiento general del
argumento se ha
logrado destacando la indefinición del tiempo ('no estoy seguro si está amaneciendo o cae la noche');
confrontando espacios ('veo que el coloso separa netamente dos espacios; aquél del que provengo, pedregoso y mortecino, de ese
otro lleno de vegetación y
vida'); cortando la posibilidad de
conexión con otras personas,
o induciendo a una
babélica confusión de
lenguas ('Pregunto a mi compañero acerca de lo que está sucediendo.
Me mira furtivamente y
responde en una lengua extraña:
Rex voluntas). Por último,
dejando al protagonista a merced de
fuerzas incontrolables
(calor, terremotos, extraños fenómenos astronómicos, aguas y
atmósfera contaminadas, clima de
guerra, gigante armado, etc.).
El cuerpo del sujeto es
desestabilizado una y otra vez: empellones, andar sobre tierra floja
recientemente arada, caída por acción
del sismo.
En
muchas experiencias se repite el esquema del enmarque comentado pero con imágenes
diferentes y enfatizando en el
nudo particular que
se quiere tratar. Por
ejemplo, en la experiencia llamada
"El gran error" todo gira alrededor de una suerte de malentendido
encarándolo desde la confusión de las
perspectivas. A su vez, como se trata de un hecho que hay que
cambiar en el pasado, un hecho en nuestra vida que quisiéramos se hubiera presentado de otro modo,
debemos producir alteraciones temporoespaciales que modifiquen la percepción de
los fenómenos y terminen por modificar la perspectiva desde la que
vemos nuestro pasado. Así, es posible no ya modificar los hechos que
ocurrieron, pero sí el punto de vista
sobre los mismos y, en ese caso, la integración de tales contenidos cambia
considerablemente. Vamos a una parte de este cuento.
"Estoy de pie frente a una especie de
tribunal. La sala, repleta de gente,
permanece en silencio. Por todas partes veo rostros
severos. Cortando la tremenda tensión acumulada en la concurrencia, el
Secretario (ajustando sus gafas),
toma un papel y anuncia solemnemente: 'Este Tribunal, condena al acusado a la pena de muerte'.
Inmediatamente se produce un
griterío. Hay quienes aplauden,
otros abuchean. Alcanzo a
ver a una mujer que cae
desmayada. Luego, un funcionario logra imponer silencio. El
Secretario me clava su turbia mirada al tiempo que pregunta: 'tiene algo que decir?' Le respondo que
si. Entonces, todo el mundo vuelve a
sus asientos. Inmediatamente pido un vaso con agua y luego de
alguna agitación en la sala, alguien me lo acerca. Lo llevo a la boca y
tomo un buche. Completo la acción con
un sonora y prolongada gárgara. Después digo: 'ya está!' Alguien del Tribunal me increpa ásperamente - cómo que
ya está?-. Le respondo que si,
que ya está. En
todo caso, para conformarlo, le digo que el agua del lugar es muy buena, que quién
lo hubiera dicho y dos o tres gentilezas por el estilo...
"El Secretario termina de leer el papel con
estas palabras: '...
por consiguiente, se cumplirá
la sentencia hoy mismo, dejándolo
en el desierto sin alimentos y
sin agua. Sobre todo, sin agua. He
dicho!'. Le replico con fuerza: 'Cómo que he dicho!' El Secretario arqueando
las cejas afirma: 'Lo que he dicho, he dicho!'
"Al poco
tiempo me encuentro en medio
del desierto viajando en un vehículo
y escoltado por dos
bomberos. Paramos y uno de ellos
dice: 'Baje!'. Entonces bajo. El
vehículo gira y regresa por donde vino. Lo veo hacerse cada vez más pequeño a
medida que se aleja entre las dunas".
En
el cuento sobrevienen luego algunos incidentes y, finalmente, ocurre esto:
"Pasó
la tormenta, el sol se ha puesto. En el crepúsculo veo ante mi una semiesfera
blanquecina, grande como un edificio de
varios pisos. Pienso que se trata de un
espejismo. No obstante, me incorporo dirigiéndome hacia ella.
A muy poca distancia advierto
que la estructura es de un
material terso, como
plástico espejado, tal vez henchido
con aire comprimido.
"Me
recibe un sujeto vestido a la usanza beduina.
Entramos por un tubo
alfombrado. Se corre
una plancha al tiempo que me
asalta el aire refrescante. Estamos en el interior de la estructura. Observo que todo está invertido.
Se diría que el techo es un piso plano del que penden diversos
objetos: mesas redondas elevadas
con las patas hacia arriba; aguas que,
cayendo en chorros, se curvan y
vuelven a subir y formas humanas sentadas en lo alto. Al
advertir mi extrañeza, el beduino me pasa unas gafas mientras dice: 'póngaselas!'. Obedezco y se restablece la normalidad.
Al frente veo una gran
fuente que expele verticales chorros
de agua. Hay mesas y diversos objetos
exquisitamente combinados en color y forma.
"Se me
acerca gateando el Secretario. Dice
que está terriblemente mareado. Entonces, le explico
que está viendo la realidad al revés y que debe quitarse las gafas. Se
las quita y se incorpora suspirando
al tiempo que dice: 'Ahora todo
está bien, pero sucede que soy corto
de vista'. Luego agrega
que me andaba buscando para
explicar que yo no soy
la persona a la que se debía juzgar;
que ha sido una lamentable confusión. Inmediatamente, sale por una
puerta lateral.
"Caminando
unos pasos me encuentro con un grupo de personas sentadas en círculo sobre
unos almohadones. Son ancianos de ambos sexos
con características raciales y atuendos diferentes. Todos ellos de hermosos rostros. Cada vez que uno abre su boca, brotan de ella sonidos como de
engranajes lejanos, de máquinas gigantes, de relojes
inmensos. Pero también escucho
la intermitencia de los truenos,
el crujido de
las rocas, el desprendimiento de los témpanos,
el rítmico rugido
de volcanes, el breve
impacto de la lluvia gentil, el
sordo agitar de corazones; el motor,
el músculo, la vida...todo ello armonizado
y perfecto, como en una orquesta magistral.
"El beduino
me da unos audífonos diciendo:
'Colóqueselos, son
traductores'. Me los
ajusto y escucho claramente
una voz humana. Comprendo que es la misma sinfonía
de uno de los ancianos traducida para mi torpe oído. Ahora, al abrir él la boca
escucho: '... somos las horas, somos los minutos, somos los segundos, somos
las distintas formas del tiempo. Como
hubo un error contigo te daremos la oportunidad
de recomenzar tu vida.
Dónde quieres empezar de nuevo?
Tal vez en
tu nacimiento... tal vez un instante antes del primer fracaso.
Reflexiona.”Asterisco! etcétera, etcétera.
Debemos agregar ahora algunas consideraciones con
respecto al tipo de imágenes
usadas, porque da la impresión
que las descripciones cuentan con un
fuerte componente visual y
sucede que una buena parte de
la población trabaja habitualmente con un tipo de representación auditiva, o
kinestésica o cenestésica, o en todo
caso mixta. Sobre
este particular, quisiera leer
algunos párrafos extraídos de
una de mis producciones más recientes,
del libro "Psicología de la Imagen". Allí se dice esto:
"Los sicólogos
de todas las épocas han articulado largos listados en torno a las
sensaciones y percepciones y,
actualmente, al descubrirse nuevos receptores
nerviosos, se ha comenzado a hablar de
termoceptores, baroceptores, detectores
de acidez y alcalinidad interna,
etc. A las sensaciones correspondientes a los sentidos
externos, agregaremos
aquellas que corresponden a sentidos
difusos como las kinestésicas (de
movimiento y posicionamiento corporal) y
las cenestésicas (registro general del intracuerpo y
de temperatura, dolor,
etc., que aún explicadas en términos de sentido táctil interno no pueden reducirse a él)”.
Para
nuestras explicaciones es suficiente con lo anotado más arriba sin pretender
por esto agotar los posibles registros que corresponden a los sentidos internos y a las múltiples
combinaciones perceptuales entre unos
y otros. Importa
entonces, establecer un
paralelismo entre
representaciones y percepciones clasificadas
genéricamente como
"internas" y "externas". Es desafortunado que se haya
limitado tan frecuentemente la
representación a las imágenes visuales
y que la espacialidad esté
referida casi siempre a lo visual
cuando las percepciones y
representaciones auditivas denotan también a las fuentes de estímulo localizadas
en algún "lugar", así
como ocurre con las táctiles, olfatorias, gustativas y, desde luego, con
las referidas a la posición del cuerpo
y los fenómenos del intracuerpo. Ya
desde 1943 se había observado
en laboratorio que distintos individuos
propendían a otro tipo de imágenes no visuales. Esto llevó a G. Walter en 1967 a formular
una clasificación en
tipos imaginativos de
distinta predominancia.
Independientemente de lo
acertado de esa presentación,
comenzó a abrirse paso entre
los psicólogos la
idea de que
el reconocimiento del propio
cuerpo en el espacio o el
recuerdo de un objeto,
muchas veces no tomaba por base
a la imagen visual. Es
más, se empezó a considerar
con más seriedad
el caso de
sujetos perfectamente normales,
que describían su
"ceguera" en cuanto a la
representación visual. Ya
no se trataba, a partir
de estas comprobaciones, de
considerar a las imágenes visuales como núcleo del sistema
de representación, arrojando a otras formas imaginativas al basurero de la "desintegración eidética" o al campo
de la literatura en la que idiotas y retardados dicen cosas como
uno de los personajes de "El
Sonido y la Furia" de Faulkner: 'Yo no podía ver, pero mis manos la
veían, y podía oír que iba
anocheciendo, y mis manos veían la pantufla, pero yo no la podía ver, pero mis manos podían ver la pantufla, y allí estaba arrodillado, oyendo cómo
anochecía".
Siguiendo pues
con nuestro estudio sobre las
Experiencias Guiadas,
convengamos en que aún expuestas con predominancia visual cualquier
persona puede adaptar a ellas su
sistema de representación. Por
otra parte, no faltan
aquellas en las que claramente se
trabaja sobre otro tipo de imagen. Este es el caso de "El
Animal", experiencia de la que
paso a leer algún párrafo.
"Me encuentro
en un lugar totalmente obscuro.
Tanteando con el
pie, siento el terreno casi
vegetal. Sé que en alguna parte hay un abismo. Percibo muy cerca a ese animal que siempre me provocó la inconfundible sensación de asco y terror.
Tal vez un animal, tal vez muchos... pero es seguro que algo se aproxima
irremisiblemente. Un zumbido en mis oídos, a veces confundido con un viento lejano,
contrasta el silencio definitivo. Mis ojos muy abiertos no ven, mi corazón se
agita y si la respiración es fina como un hilo, la garganta oprime el paso de
un sabor amargo... Algo se acerca, pero qué hay atrás mío que me eriza y que
enfría mis espaldas como un hielo? Mis piernas flaquean y si algo me atrapa o
me roza con su aliento, o salta sobre
mí desde atrás, no tendré defensa
alguna. Estoy inmóvil... sólo espero".
Veamos otro
caso, pero ahora de diferentes tipos de imágenes
y de traducción de
un sistema de
representación a otro.
En esto puede ayudarnos una parte de la experiencia
llamada "El Festival".
"Acostado en
una cama, creo estar en la
habitación de un hospital. Escucho
apenas el goteo de un grifo de agua mal
cerrado.. Intento mover los miembros y la cabeza pero no me responden. Con
esfuerzo, mantengo los párpados
abiertos. El techo es blanco y liso.
Cada gota de agua que oigo caer, destella en su superficie como un trazo de
luz. Una gota, una raya. Luego otra.
Después muchas líneas. Más adelante, ondulaciones. El techo se va modificando
siguiendo el ritmo de mi corazón. Puede
ser un efecto de las arterias de mis
ojos, al pasar los golpes de sangre.
El ritmo va dibujando el rostro de una persona joven". Y más adelante, en esta misma experiencia, se traspasa la percepción visual y se
la incluye en un sistema de
representación más complejo
traducido a otras percepciones y, por ende, a otras
representaciones.
"Fijo la atención en una flor conectada a su rama
por un delgado tallo de piel
transparente en cuyo interior se
va profundizando el
verde reluciente. Estiro la mano pasando con suavidad un dedo
por el
tallo terso y fresco, apenas interrumpido por pequeñísimos
abultamientos. Así, subiendo por entre hojas de esmeralda, llego a los pétalos que se abren en explosión multicolor. Pétalos como cristales de catedral
solemne, pétalos como rubíes y como fuego de leños amanecidos en
hoguera... Y en esa danza de matices, siento que la flor vive como si fuera parte mía. Y la flor, agitada por mi
contacto, suelta una gota de rocío amodorrado, apenas prendida en una hoja final.
La gota vibra en óvalo, luego
se alarga y ya en el vacío se aplana para redondearse nuevamente,
cayendo en un tiempo sin fin.
Cayendo, cayendo, en el espacio sin límite... Por último,
dando en el
sombrero de un hongo rueda por
él como pesado mercurio para deslizarse hasta sus
bordes. Allí, en un espasmo
de libertad se abalanza
sobre un pequeño charco en
el que levanta el
tormentoso oleaje que baña a una isla de piedra- mármol. Adelante se desarrolla el
festival y yo sé que la música me
comunica con esa muchacha que mira sus vestidos y con
el hombre joven que, acariciando
un gato azul se respalda en el árbol.
Sé que antes he vivido esto mismo y
que he captado la rugosa silueta del árbol y las diferencias
de volumen de los cuerpos. En
las mariposas de terciopelo que vuelan a
mi alrededor, reconozco la calidez de los labios, la fragilidad de
los sueños felices".
Etcétera.
Pero en las experiencias, las imágenes no solamente están
emplazadas adelante del sujeto o a su alrededor sino en su interior. Es
conveniente aquí reconocer que en determinados sueños el durmiente se ve a sí
mismo en escena entre otros objetos, es decir que su mirada es
"externa". Pero también
ocurre que, a veces, el soñante ve la escena desde sí mismo, casi como en vigilia. Su mirada se hace interna. En la
representación cotidiana, ahora
mismo, vemos las cosas externas como "externas", es decir que nuestra mirada está "atrás" de un límite
cenestésico táctil dado por el registro de los propios ojos y de la cara y cabeza. De este modo puedo cerrar los ojos y
representar lo que antes vi. Sin embargo, lo experimento como
"afuera" aunque lo esté mirando no afuera como en la percepción,
sino en realidad "adentro" de
mí espacio de representación. De todas maneras, mi mirada está separada del objeto: lo veo afuera de mí aunque lo
represente, por así decir, "adentro de mi cabeza".
Cuando
en la experiencia del niño, me veo a mí mismo cuando era pequeño, veo en
realidad al niño desde el
registro mío actual en el cual
me reconozco. Es decir, veo al niño afuera mío, desde mi mirada interna actual. Ahora
bien, el niño (que soy yo antes), me habla ahora de una injusticia que
le hicieron y, para saber de qué se trata hago
un esfuerzo para recordar (yo
actual, no el niño que veo) aquello
que me pasó cuando era niño (ese-que-soy-yo-antes).
Cuando hago esto, mi mirada va "adentro" mío, a mi propio recuerdo y el niño que veo está
afuera de la dirección de mi recuerdo.
De manera que al encontrarme a mí mismo en una escena infantil, de qué manera me reconozco verdaderamente
como yo- mismo? Sin duda
que con una mirada externa a
mí, pero interna
con referencia a la externidad, en este caso, del
niño del parque de diversiones.
Esto
plantea interesantes cuestiones, pero
para allanar el tema digamos que, en general,
puedo hablar de representaciones puestas como "afuera" y de otras
puestas como "adentro",
recordando que a esto del "afuera" y el "adentro", simplemente
lo estamos considerando desde la
diferencia que pone el
límite cenestésico- táctil de
ojos, cara y
cabeza. Comprendido esto, veamos
algunos ejemplos de
diferencias en los emplazamientos de las miradas y las
escenas. En la experiencia llamada "El deshollinador", se dice :
"Pasado un
tiempo, el deshollinador se levanta y toma
un objeto alargado, ligeramente
curvo. Se pone enfrente mío
y dice: 'abra la boca!'. Le
obedezco. Luego siento que me introduce esa especie de larga pinza que me llega
hasta el estómago. Sin embargo, advierto
que puedo tolerarla... De pronto
grita: 'lo atrapé!' y comienza
a retirar el objeto poco a poco. Al
principio creo que me desgarra algo,
pero luego siento que se produce
en mí una sensación placentera como si desde
las entrañas y los
pulmones se fuera
desprendiendo algo que
estuvo malignamente adherido durante mucho tiempo." Aquí está claro
que estamos trabajando con registros cenestésicos, imágenes del
intracuerpo, pero cuando lo imaginado "afuera" (al igual
que lo percibido "afuera" en
la vida cotidiana), produce
acciones en el
intracuerpo el tipo
de modificación de escena y mirada sigue la mecánica que vimos en el
relato del niño, solamente que lo imaginado como
"afuera" no es como el niño
visualmente considerado sino que en el "afuera" pongo una
suerte de registro cenestésico, no en cuanto que siento
algo en mi interior y ahora ese sentir está afuera de mi
cuerpo, sino en tanto lo sentido en mi
interior es externo a mi mirada ( o a un nuevo registro cenestésico que se internaliza más
aún). Sin este mecanismo de cambio
en la posición y
perspectiva de la mirada y la escena
no serían viables numerosos fenómenos de la vida
diaria. Cómo sería posible que un
objeto externo me produjera repugnancia por el sólo hecho de mirarlo? Cómo podría
"sentir" ese horror
por el corte sufrido en la piel del otro? Cómo podría solidarizarme con el dolor
humano y con el sufrimiento y el placer
de los demás?
Examinemos unos
párrafos de la experiencia conocida
como "La Pareja Ideal".
"Caminando por
un espacio abierto,
destinado a exposiciones industriales, veo galpones y maquinaria. Hay muchos niños a los que se ha destinado juegos mecánicos de alta
tecnología. Me acerco hasta
un gigante hecho de material sólido. Está de pié. Tiene una gran cabeza
pintada en colores vivos. Una escalera llega hasta su boca. Por
ella trepan los pequeños hasta la enorme cavidad y, cuando uno entra,
ésta se cierra suavemente. Al poco
tiempo, el niño sale expulsado por la
parte trasera del gigante deslizándose por un tobogán que termina en la arena.
Uno a uno van entrando y saliendo,
acompañados por la música que
brota del gigante: 'Gargantúa
se traga a los niños con
mucho cuidado sin hacerles mal, ajajá, ajajá, con mucho cuidado sin hacerles mal'. Me decido
a subir por
la escalerilla y entrando en
la enorme boca, encuentro a un recepcionista que me
dice: 'los niños siguen
por el tobogán, los
grandes por el
ascensor'. El hombre
continúa dando
explicaciones mientras descendemos por un tubo transparente. En
un momento le digo que ya debemos estar a nivel del suelo. El comenta
que recién andamos por el esófago, ya que el resto del cuerpo
está bajo tierra, a
diferencia del gigante infantil que está
integro en la superficie. Sí, hay dos Gargantúas en uno
- me informa -, el de los niños y el de los grandes... Ya hemos pasado el
diafragma de manera que pronto hemos de
llegar a un lugar muy simpático.
Vea, ahora que se abre
la puerta de nuestro ascensor se nos presenta el estómago... quiere
bajar aquí? Como usted ve, es un moderno restaurante en el que se sirven
dietas de todas partes del mundo".
El planteamiento de las imágenes "externas" actuando sobre
la representación interna tiene en la experiencia de "El
Minero" una mejor expresión. Así:
"Grito con todas
mis fuerzas y
el suelo cede arrastrándome en su derrumbe... Un fuerte tirón en la cintura coincide con el súbito detenimiento de la caída. Quedo suspendido de la
cuerda como un absurdo péndulo cubierto de fango. Mi
carrera pues, se
ha detenido muy cerca de un piso
alfombrado. Veo ahora, en
el ambiente iluminado una
elegante sala en la que distingo una suerte de laboratorio y enormes bibliotecas. Pero la urgencia de la situación, hace que
me ocupe en cómo salir de ella.
Así es que con la mano izquierda ajusto la soga tensa y con la otra suelto la hebilla que la
sujeta a mi cintura. Luego, caigo suavemente sobre la alfombra. 'Qué modales amigo!... qué modales!', dice una voz
aflautada. Giro sobre
mis pies y
quedo paralizado. Tengo al
frente un hombrecillo
de, tal vez,
sesenta centímetros de altura.
Descartando sus orejas ligeramente
puntiagudas, se diría que es muy
proporcionado. Está vestido con alegres
colores, pero con un inconfundible estilo de minero. Me siento entre ridículo y desolado
cuando me ofrece un cóctel. De
todas maneras, me reconforto bebiéndolo sin pestañear. El hombrecillo junta sus manos y
las lleva adelante de la boca a
modo de bocina. Luego, emite un sonido
burlón. Le pregunto qué significa
esa mofa y responde que gracias
a ella mi digestión habrá de funcionar mejor en el futuro. El
personaje sigue explicando que
la cuerda que apretó mi cintura y abdomen en la caída han hecho muy buena
labor. Para terminar su extraño
comentario pregunta si tiene algún
significado para mí la frase: 'usted está en las entrañas de la tierra'.
Respondo que es una manera figurada de decir las cosas, pero él replica que, en este caso, se trata de
una gran verdad. Entonces agrega: 'Usted está en sus propias
entrañas. Cuando algo anda mal en las vísceras
las personas piensan
cosas extraviadas. A
su vez, los pensamientos negativos perjudican las
vísceras. Así es que en adelante cuidará usted este asunto. Si no lo hace, me pondré a caminar y
usted sentirá fuertes cosquilleos y todo tipo de molestias internas...
Tengo algunos colegas que se ocupan de otras partes como los
pulmones, el corazón, etcétera.'
Dicho eso, el hombrecillo comienza a caminar por las paredes y
el techo, al
tiempo que registro
tensiones en la
zona abdominal, el hígado y los
riñones. Luego me arroja un chorro
de agua con una manguera de oro,
limpiándome cuidadosamente el barro. Quedo seco al instante. Me tiendo en un
amplio sofá y comienzo a relajarme.
El hombrecito pasa rítmicamente una escobilla por mi abdomen y
cintura, logrando yo una
notable relajación en esas zonas.
Comprendo que al aliviarse los malestares del estómago, hígado o riñones, cambian mis ideas y
sentimientos. Percibo una
vibración. Siento que
me voy elevando. Estoy
en el montacargas subiendo hacia la superficie de la tierra, hacia el
mundo exterior".
En esta
experiencia, el hombrecillo nos ha resultado un verdadero experto de la teoría de la imagen cenestésica. Desde luego, no nos ha
dicho cómo es que pueda conectarse
una imagen con el intracuerpo
y actuar en él.
Anteriormente
vimos, con alguna dificultad, que la percepción de objetos externos servía
de base a la elaboración de la imagen y que ésta nos permitía presentar
nuevamente lo presentado previamente
a los sentidos. Vimos
que en la re- presentación se producían
variaciones de
emplazamiento, de perspectiva de la
"mirada" del observador respecto
a una escena dada y nos preguntábamos por la conexión entre lo percibido
frente a un objeto desagradable y nuestras reacciones internas. Ahora estamos
discurriendo acerca de sensaciones del
intracuerpo que sirven de base a representaciones también "internas".
Así es que estamos llenos de preguntas sin respuestas exhaustivas y temo que
así de trunco ha de
quedar nuestro desarrollo. De todas
formas quisiera agregar algunas consideraciones.
En tanto se siga considerando a la imagen como
una simple copia de la percepción, en tanto se siga creyendo que la conciencia en
general mantiene una actitud pasiva frente al mundo
respondiendo a él como reflejo, no podremos responder ni a las anteriores
preguntas ni a otras, en verdad, fundamentales.
Para nosotros
la imagen es una forma activa de ponerse la conciencia (como
estructura) en-el-mundo. Ella puede
actuar sobre el propio cuerpo y el
cuerpo en-el-mundo dada la intencionalidad que se dirige fuera de sí y no responde simplemente a un para sí
o a un en sí natural, reflejo y
mecánico. La imagen actúa en una
estructura espaciotemporal y en una
"espacialidad" interna a la que
llamamos, justamente,
"espacio de representación".
Las diferentes y complejas funciones con las que cumple la imagen
dependen, en general, de la posición que asume
en dicha espacialidad. La
justificación plena de esto que
afirmamos exige la comprensión de nuestra teoría de la
conciencia y, por ello, remitimos a
nuestro trabajo sobre Psicología de la Imagen. Pero si a través de estos
"divertimentos literarios", como dice nuestro comentarista, si a través de
estas narraciones o cuentos,
hemos podido hacer ver el
aspecto aplicado de una concepción muy vasta, no hemos faltado a lo
prometido al comienzo de nuestra explicación cuando dijimos que íbamos a
ocuparnos de este escrito, de estas Experiencias Guiadas, no desde el
punto de vista literario
sino desde las ideas que dan lugar
a esta expresión literaria.
Nada
más, muchas gracias.
Humanizar
la Tierra (Centro Escandinavo.
Reykjavik 13/11/89)
Este
trabajo, Humanizar la Tierra, es en realidad un conjunto de tres libros. El primero de ellos, la Mirada Interna, fue concluido en 1972 y
corregido en 1988. El segundo, El
Paisaje Interno, se terminó en 1981 y sufrió algunas modificaciones en
1988. Por último, El Paisaje
Humano, fue redactado en 1988.
Se trata pues, de tres producciones de distintas épocas que guardan
entre si diferentes tipos de relación, como veremos luego. Además, tienen
continuidad de desarrollo; están puestas en secuencia. Por ahora, quisiera que
se me permitiese considerar a esta obra desde el punto de vista formal.
Se trata
de tres libros escritos en prosa poética,
divididos en capítulos que a su vez se desglosan en parágrafos.
Esta segmentación
paragráfica, unida al
estilo apelativo tan
frecuentemente usado y, a algunos de los temas tratados, ha hecho
que algunos críticos ubicaran a
la obra dentro del género de la literatura mística. Desde luego, no me desagrada tal clasificación, pero creo que los elementos mencionados no
son suficientes para ello.
El primer
criterio usado por
la crítica, el
de la segmentación paragráfica,
el de las sentencias numeradas,
es común a numerosas producciones
de la literaturas mística, así lo vemos
en los versículos bíblicos o en los
suras koránicos o en los yasnas y fargards del
Avesta o, por último, en los
Upanishads. Pero debemos convenir en que así como otras producciones del género están apartadas
de ese ordenamiento, muchas
obras de carácter
legal, presentan esas
características. En efecto, los códigos civiles, penales,
de procedimientos, etc., están
redactados en secciones, títulos, artículos, incisos, y así siguiendo.
Otro tanto ocurre hoy con producciones
que provienen del campo de las matemáticas y de la lógica. Quien consulte los Principia de Russell o el
Tractatus de Wittgestein convendrá con nosotros en que no se
trata, precisamente, de obras místicas.
Examinemos
el segundo criterio, el de la función
apelativa del discurso formalizado en oraciones imperativas (a diferencia
de las declarativas), que no pueden
ser sometidas a
prueba de verdad.
Esto ocurre, frecuentemente en muchas obras de la literatura religiosa
pero también en otras que no lo son.
Por otra parte, las sentencias no están tratadas solamente de modo imperativo
sino que, muy frecuentemente, se discurre y se da oportunidad al lector para que compare con su propia experiencia la validez
de lo que se enuncia.
Quiero decir con
esto que si, elípticamente, se está clasificando a
esta obra como "mística" queriendo en realidad decir que se trata de una obra
"dogmática", los criterios usados para ello no son adecuados.
El
tercer criterio, el de alguno de los temas tocados, parece establecer
vínculos con la religión. En
efecto, asuntos como
"la fe", la "meditación", el "sentido
de la vida", etc. han sido tratados por ellas, pero también
por pensadores y
poetas preocupados por
cuestiones fundamentales del ser humano en tanto éste se encuentra con
problemas en su existir cotidiano.
También
se ha dicho que esta producción es de carácter filosófico, pero cualquiera que se adentre en sus
páginas verá que no se parece en nada a un
texto de ese tipo y mucho menos a un tratado ordenado
con rigor sistemático. El Paisaje Humano, tercer libro de esta obra,
es el que induce con mayor
fuerza a ese error de clasificación. En él, también, se ha visto a un escrito
sociológico o psicológico cuando en
realidad todo eso ha estado muy lejos
de la intención del autor. Lo que no
podemos negar es que
a lo largo de toda la obra se
deslizan apreciaciones que caen dentro del ámbito de esas disciplinas. No podría ser de otra manera cuando se
está tratando de presentar situaciones en las
que se desenvuelve la
vida humana. Así es que decir
que algunos temas son tratados con una óptica psicológica, sociológica, filosófica o mística,
sería del todo aceptable y desde ya lo admito. Pero clasificar a la obra
como específica de cualquiera de las
formas mencionadas, no parece correcto.
En definitiva,
me sentiría reconfortado si simplemente se dijera que este trabajo
está realizado sin pensar en encuadres
ajustados y que destaca los temas más generales, más amplios, con los que se encuentra una persona a lo largo de su vida. Y,
si se me exigiera una suerte de
definición, diría que se trata de una obra de pensamiento sobre la vida humana tratada en estilo de prosa
poética. Terminada esta breve
discusión en torno
a cuestiones formales, entraremos en materia.
El
primer libro titulado La Mirada Interna, trata sobre el sentido de la vida. El
tópico principal que se estudia es el estado de contradicción y se aclara que el registro que se tiene de la contradicción en la vida es el sufrimiento; que la superación del sufrimiento mental
es posible en la medida en
que se oriente la propia
vida en acciones
no contradictorias y que estas acciones son aquellas que van más allá de
lo personal y se dirigen positivamente
a otras personas. En resumen:
La Mirada Interna habla de la superación del sufrimiento mental
lanzada hacia el mundo social,
el mundo de las otras personas
siempre que esa acción sea registrada como no contradictoria. El texto de este libro se hace un tanto oscuro por la gran cantidad de
alegorías y símbolos que aparecen en forma de caminos, moradas y paisajes extraños por el que va
pasando una persona de acuerdo a la
situación que le toca vivir en su vida.
Una de las alegorías más importantes es la del árbol, ese
viejo árbol de la vida que aparece en la kábala, o en las leyendas de
creación de los aborígenes makiritare
que profesan el culto
yekuana en las selvas amazónicas.
Es el árbol del mundo que
conecta el cielo y la
tierra y que en vuestra Völuspá islandesa es el Yggdrásill... Así, en este libro hay una especie de plano, de mapa de los estados internos en los que
se encuentra una persona en un momento dado de su vida.
El estado de confusión, de venganza, de desesperanza, aparecen alegorizados
en las
posiciones de caminos
y moradas que
se recorren en
el "Yggdrásill" de La Mirada Interna, pero también están allí las salidas de las situaciones contradictorias,
la esperanza, el futuro, la alegría, en
suma: el estado
de unidad o no
contradicción. En este
libro encontramos también una
parte dedicada a Los Principios
de acción válida. Estos son un conjunto de recomendaciones o
dichos para recordar ciertas leyes de
comportamiento que contribuyen a lograr una vida con unidad y
sentido. Al no escapar al estilo
alegórico de todo este libro, los
Principios toman un
carácter metafórico del que
cito algunos ejemplos:
"Si para ti están bien el día y la noche,
el verano y el
invierno, has superado las
contradicciones"; "No te
opongas a una gran fuerza.
Retrocede hasta que aquella se
debilite, entonces avanza con resolución". Recomendaciones de este tipo
encontramos, por ejemplo, en el Hávamál,
cuando se dice: "El hombre
con tacto debe saber medir su fuerza;
cuando hay valientes no se puede contra todos"... Los Principios son, en realidad, especies de leyes de
comportamiento pero que no están pensadas
como prescripciones de tipo moral o jurídico, sino como constantes
de fuerzas que actúan en acción o reacción según
sea la ubicación de quien actúa.
El segundo
libro, El Paisaje Interno, se continúa en el estilo del precedente
poniendo ya menos énfasis en las alegorías y en los símbolos. La descripción
se va externalizando hacia
el mundo de los valores culturales y con referencias cada vez más decididas hacia
el campo social. En
los comienzos de este segundo libro se lee: "...salta por encima
de tu sufrimiento y no crecerá el
abismo sino la vida que hay en ti. No hay
pasión, ni idea, ni acto humano que se desentienda
del abismo. Por tanto, tratemos lo único que merece ser tratado: el
abismo y aquello que lo sobrepasa".
Este planteamiento aparentemente
dualista, pone en evidencia las preocupaciones fundamentales sobre el
"crecimiento de la vida" y la aniquilación de la vida. La aniquilación parece tomar una cierta sustancialidad al
designarla como "abismo",
pero no se trata sino de una
licencia poética en la que la sola mención de
nihilización del ser o "tachadura" del ser, como propondría
Heidegger, provocaría una fractura de estilo irreparable. No estamos pues hablando de
"abismo" en término de
sustancia sino de anonadamiento u oscurecimiento de sentido en la vida
humana. Queda en claro que el primer efecto
dualista desaparece al comprender el concepto de abismo como no ser,
como no vida y no como entidad en sí. Se escogió el concepto de
"abismo" por las implicaciones psicológicas que tiene ya que suscita registros internos
del tipo del vértigo asociados a
una contradictoria sensación
de atracción y rechazo. Esa atracción de la nada que vence en el
suicidio o en la embriagadora furia
destructiva y que moviliza al nihilismo de
un individuo, de un grupo o de
una civilización. Aquí no se está
tratando la angustia como
en Kierkegaard o la náusea como
en Sartre, en
el sentido de una pasiva desintegración del sentido o como una encrucijada de la elección, sino el vértigo
y la atracción de la nada como actividad hacia
la destrucción. Como una suerte de motor de acontecimientos personales y
sociales que disputan con la
vida la preeminencia y el
poder. Así, pues, si en el ser humano existe la libertad de elegir, entonces es posible modificar aquellas condiciones que se
preanuncian catastróficas
en su mecánico desarrollo. Si,
por el contrario, la libertad humana
es sólo un mito piadoso no
importará qué decidan los individuos y los pueblos
ya que los acontecimientos habrán
de desarrollarse hacia el crecimiento de la vida, simple y mecánicamente o bien, todo irá
hacia la catástrofe, hacia la nada, hacia el sin-sentido.
En este libro se afirma la libertad de la vida
humana, libertad entre condiciones, pero libertad al fin. Es
más, se dice que su sentido es por esencia libertad y que esta libertad
rechaza el absurdo y lo
"dado" aun cuando lo dado sea la misma Naturaleza. Es esta lucha contra lo dado, contra el dolor y el sufrimiento, contra las adversidades que ha puesto la
naturaleza al ser humano, lo que ha permitido el desarrollo de la sociedad
y la civilización. De manera que la vida humana
no ha crecido gracias al dolor y el sufrimiento sino, al
contrario, se ha pertrechado para vencerlos. La
decisión de ampliar la libertad no
queda ya limitada al individuo ya que
éste no tiene una naturaleza fija sino
una dinámica histórica y social
y, por esto, el individuo
debe responsabilizarse y actuar
por la sociedad y por
todos los seres humanos. De acuerdo a lo anterior, en
el capítulo VII se dice: "Nombrador de mil nombres, hacedor de sentido,
transformador del mundo... Tus padres y los padres de tus padres se continúan
en ti. No eres un bólido que cae, sino
una brillante saeta que vuela hacia los cielos. Eres el sentido del mundo y
cuando aclaras tu sentido iluminas la tierra.
Cuando pierdes tu sentido, la tierra se oscurece y el abismo se
abre" Y más adelante, "Te
diré cuál es el sentido de tu vida
aquí: humanizar la Tierra. Qué
es humanizar la Tierra? Es
superar el dolor y el sufrimiento, es
aprender sin límite, es amar la
realidad que construyes... No cumplirás
con tu misión si no pones tus fuerzas en superar el dolor y el sufrimiento en aquellos
que te rodean y si logras que ellos,
a su vez, emprendan la tarea de humanizar el mundo, se abrirá su
destino hacia una vida nueva".
En
resumidas cuentas, El Paisaje
Interno trata sobre el sentido de la
vida con referencia a la lucha contra el nihilismo en el interior
de cada ser humano
y en la vida social y exhorta
a que
esta vida se convierta en actividad y militancia al servicio de la humanización del mundo.
Como puede comprenderse, en este libro no se habla de soluciones
simplemente personales ya que estas no existen en un mundo
social e histórico. Quienes
piensan que sus
problemas personales pueden ser solucionados con una suerte de
introspección o técnica psicológica
cometen un gran error porque es la acción hacia el mundo y hacia
las otras personas, desde luego
la acción con sentido, la que permite salir hacia todas las soluciones. Y
si se dijera que una técnica
psicológica puede tener
utilidad, parece responderse en el
libro que su beneficio solo podrá ser
medido en la perspectiva de la acción hacia
el mundo, en la perspectiva de considerarla una herramienta auxiliar
de la
acción coherente. Finalmente, este escrito trata el problema del tiempo
y lo hace de un modo alegorizado. Es el
tiempo el que aparece en su
temporalidad real actuando simultáneamente y no como pretende la percepción ingenua o numerosas teorías filosóficas en
las que el pasado, el presente y el futuro
no tienen estructura sino que son una sucesión de instantes que fluyen en un infinito hacia
"atrás" y hacia "adelante" sin tocarse entre sí en cuanto
instantes. En el libro el tiempo
vivencial está presentado como una
estructura en la
que actúa simultáneamente todo
lo que me ha ocurrido en la vida, tanto como lo que en este
instante me ocurre y también lo
que me va a suceder como posibilidad, como proyecto en plazo más o menos previsible. Si bien ese futuro se me aparece como "todavía
no", él está determinando mi
presente de acuerdo al proyecto que
lance desde mi ahora, desde mi "en este momento". La idea del
tiempo como estructura y no como
simple sucesión de instantes independientes, es una intuición que
el ser humano ha tenido desde
antiguo aunque la
haya desarrollado en base a mitos y leyendas. Así leemos en vuestra Edda Mayor en "La
visión de la Adivina", parágrafo
19 y 20: "...Yo sé que se riega un fresno sagrado, el alto Yggdrásil, con
blanco limo... Venían de allá muy sabias mujeres, tres, de las aguas que están
bajo el árbol: una Urd se llamaba, la otra Verandi - su tabla escribía -, Skuld
la tercera. Los destinos regían
a los seres humanos, le daban su suerte
a los hombres". Así,
el pasado, el presente y el futuro no son sucesiones de instantes sino determinantes estructurales de
situación. Bien, en
el Paisaje Interno leemos: "...
Extraños encuentros éstos en los que
el anciano sufre por el corto futuro
y se refugia en su largo pasado. El hombre sufre por su situación
actual, buscando abrigo en lo que pasó o habrá
de suceder según se lo ajuste por el frente o por atrás.
Y el joven sufre porque un corto pasado muerde sus
talones, impulsando su fuga hacia
un largo futuro... Sin
embargo, reconozco en el rostro
de los tres mi propio rostro y me parece advertir que todo ser humano, sea cual fuere su edad, puede transitar
por esos tiempos y ver en ellos fantasmas que no existen.
O es que existe hoy aquella
ofensa de mi juventud? O existe hoy mi vejez? O
anida hoy, en esta oscuridad,
mi muerte? Todo sufrimiento se desliza por recuerdo, por imaginación
o por aquello que se percibe.
Pero gracias a esas tres vías,
existe el pensamiento y el
afecto y el quehacer humano. Ha de
ser, entonces, que si esas vías son
necesarias, también son conductos de destrucción si las contamina el sufrimiento".
El tercer
libro, El Paisaje Humano, está dedicado en sus primeros capítulos a esclarecer los significados de
paisaje y de mirada
que se refiere a ese paisaje,
cuestionando la forma de mirar el mundo y de apreciar los valores establecidos. Hay, en este
trabajo, una revisión sobre el significado del propio cuerpo y sobre el
cuerpo de los otros, sobre la
subjetividad y sobre el curioso fenómeno de
apropiación de la subjetividad del
otro. Consecuentemente, se
desarrolla un estudio fragmentado en
capítulos sobre la
intención: la intención
en la educación; en el relato que se hace de la
Historia; en las ideologías; en la
violencia; en la Ley; en el Estado y en la Religión. Este no es un libro, como
se ha dicho, simplemente contestatario porque propone nuevos modelos respecto a cada tema que critica. El Paisaje Humano trata de fundamentar la
acción en el
mundo reorientando significados e interpretaciones sobre valores
e instituciones que
parecían definitivamente aceptados.
Con respecto al concepto de "paisaje" diré que
él se constituye en pieza fundamental
de nuestro sistema
de pensamiento como luego se ha visto en otras producciones como Psicología de la Imagen y también en Discusiones
Historiológicas. Sin embargo, en el
libro que estamos comentando, la idea de
"paisaje" está más modestamente explicada y dentro del
contexto de la obra que aparece sin
las pretensiones del pensar
riguroso. Así pues,
se dice: "Paisaje
externo es lo que percibimos
de las cosas; paisaje interno
es lo que tamizamos de ellas con el cedazo de nuestro mundo
interno. Estos paisajes son
uno y constituyen nuestra indisoluble
visión de la realidad". Nadie mejor que vosotros, islandeses, para comprender estas
ideas. Si bien el ser humano se
encuentra siempre en un paisaje no por
ello tiene conciencia de tal cosa. Pero
cuando el mundo en que uno vive se presenta como el contraste máximo, como la
contradicción imposible de sostener,
como el equilibrio inestable por
excelencia, el paisaje se convierte en un dato vivo de la realidad.
Los habitantes de los inmensos desiertos
o de las llanuras infinitas tienen en común que su horizonte comunica allí, en la
distancia, la tierra con los
cielos en una secuencia en la que al final no se
sabe cuál es la tierra y cuál
el cielo... sólo la continuidad vacía aparece ante los ojos. Pero hay
otros lugares donde choca el máximo hielo con el máximo fuego, el glaciar con el volcán, la isla con el mar que la rodea. Donde las
aguas, además, furiosamente irrumpen
desde la tierra impulsadas en el
géiser hacia el cielo.
Donde todo es contraste, todo es finitud, el ojo se dirige a
consultar las estrellas inmóviles buscando su descanso. Y, entonces, los cielos
mismos comienzan a moverse, los dioses
danzan y cambian de forma y de color en auroras boreales gigantescas. Y el ojo finito se repliega sobre sí
generando sueños de mundos armoniosos,
sueños eternos, sueños que
cantan historias de mundos idos en la esperanza del mundo por venir. Por ello
creo que esos lugares son paisajes en los que todo habitante es un poeta que no
se reconoce a sí mismo como tal; en donde todo habitante es un viajero que lleva su visión a otros
lugares. Así las cosas,
en otra medida y con otra conformación, todo ser humano tiene algo de isleño
porque su paisaje
original siempre se impone
a su visión perceptual, porque todos nosotros vemos no solamente lo
que está ahí delante sino que
nuestras comparaciones y aún el descubrimiento
de lo nuevo lo hacemos desde lo que ya antes hemos
conocido. De este modo, soñamos al
ver las cosas y las tomamos luego como si ellas fueran
la misma realidad.
Pero
el concepto tiene más amplitud ya que
el paisaje no es, solamente, lo
natural que aparece ante los
ojos sino también lo humano,
lo social. Por cierto
que cada persona interpreta a las otras
desde su propia biografía y pone
en lo ajeno más de lo que percibe. De
acuerdo a esto, nunca vemos de la
realidad del otro lo que el otro es en sí, sino que tenemos del otro un
esquema, una interpretación surgida
de nuestro paisaje interno.
El paisaje interno se superpone
al externo que no solamente es natural
sino social y humano. Claramente
ocurre que la sociedad cambia y que las generaciones se suceden y, entonces, cuando a una generación
le toca actuar lo hace tratando de
imponer valores e interpretaciones formados en otra época.
Las cosas van relativamente bien en momentos históricos
estables, pero en momentos como el actual, de gran dinámica, la distancia generacional se acentúa al
tiempo que el mundo cambia bajo nuestros pies. A dónde irá nuestra mirada? Qué
debemos aprender a ver? No es extraño que en estos días se popularice la idea
de "dirigirnos a una nueva forma de pensar". Hoy hay que
pensar rápido porque todo va más
rápido y lo que creíamos hasta ayer como si fuera una realidad inmutable,
hoy ya no es más. Así pues, amigos,
no podemos pensar ya
más desde nuestro
paisaje si este
no se dinamiza y universaliza,
si no se hace válido para todos los seres humanos. Hemos de comprender que los
conceptos de "paisaje" y de "mirada" pueden servirnos para
avanzar a esa anunciada "nueva forma de pensar" que está exigiendo este proceso de mundialización
crecientemente acelerado.
Pero
volviendo al tercer libro, al Paisaje Humano, diremos que los temas de las
instituciones, la Ley y el Estado se hacen relevantes y que en la
formación del paisaje humano, la educación recibida, las ideologías vigentes y
la concepción del momento
histórico en que se
vive son factores dignos de ser
tenidos en cuenta. De todo ello se
habla en este tercer libro, no simplemente para criticar sus aspectos
dañinos sino, sobre todo, para proponer
una forma especial de observarlos, para ayudar a la mirada a buscar otros
objetos, para aprender a ver de
un modo nuevo.
Concluyendo con
estos comentarios agregaré que
los tres libros que forman el cuerpo de Humanizar la Tierra, son tres momentos puestos en secuencia que van desde la interioridad
más profunda, desde el mundo de los
sueños y los símbolos, hacia los paisajes externo y humano. Se trata de un
recorrido, de un deslizamiento del
punto de vista que comenzando en lo más
íntimo y personal concluye en apertura al mundo interpersonal, social e
histórico.
Nada
más. Muchas gracias.
Contribuciones
al Pensamiento (Centro Cultural San Martín. Buenos Aires. 04/10/90)
Comentar el
libro que se
acaba de editar,
comentar digo, Contribuciones al
Pensamiento, parece tarea un poco técnica y
si este es el tratamiento al que
estamos exigidos por el presente material debemos aclarar que
trataremos de hacer
una presentación en la que resalten los nudos principales del escrito
sin llegar a rigorismos excesivos.
Será ésta, además,
una exposición breve.
Este
libro, como sabemos, consta de dos ensayos reflexivos en torno a tópicos
que aparentemente se
encuadran dentro de la
Psicología y de la Historiografía según revelan sus respectivos
títulos: Psicología de
la Imagen y
Discusiones Historiológicas.
Pero ya se
verá cómo ambos
estudios se entrelazan apuntando
al mismo objetivo que es el de
echar las bases para
la construcción de una teoría general de la acción humana, hoy
por hoy no suficientemente fundamentada. Cuando
hablamos de una teoría de la
acción no estamos
planteando solamente la comprensión
del trabajo humano como lo hace
la praxiología de Kotarbinski,
Skolimowski o en general la
escuela polaca que, por cierto,
tiene el mérito de haber desarrollado el tema
in extenso. Nosotros
nos dirigimos más
bien a la comprensión del fenómeno
del origen de
la acción, de
su significado y de su sentido.
Desde luego, podrá objetarse que la acción humana no requiere de ninguna
justificación teórica; que la acción es antípoda de la teoría; que
las urgencias del momento son por demás prácticas; que los resultados de la acción se
miden en términos de logros
concretos y que, por último, no es éste el momento de teorías ni de ideologías
ya que éstas han demostrado su fracaso
y su derrumbe definitivo, dejando por fin el paso
libre a la realidad concreta,
paso que debe enderezarse a la
elección de las circunstancias más adecuadas para el logro de la acción eficaz.
El fárrago
de objeciones anteriores muestra
un indudable trasfondo
pragmático que, como sabemos, se exhibe
cotidianamente como una actividad
antiideológica que somete el
valor de su prueba
a la realidad misma. Pero los
defensores de tal actitud nada nos
dicen en torno a qué cosa es esa realidad que mencionan, ni entre qué
parámetros se emplaza la acción para ser medida como "eficaz". Porque
si el concepto de "realidad" queda reducido a la burda comprobación perceptual, nos mantenemos
dentro de la superstición que la ciencia
desmiente a cada
paso de su desarrollo. Y si se menciona la "eficacia de la acción" será bueno, como mínimo, establecer si el supuesto éxito de ésta se mide en términos inmediatos
concluyendo en el hecho mismo o si sus consecuencias continúan desarrollándose aún cuando la acción haya terminado. Porque si decimos lo
primero, no se advierte cómo una acción puede conectarse con otra, quedando el
campo libre a la incoherencia o a la contradicción entre la acción de un
momento B respecto de la acción del momento A.
Si, en cambio, existen consecuencias de la acción, es claro que en un momento
A ésta puede ser exitosa y que en un momento B deje de
serlo. En fin, ésta ideología que pretende no serlo, debe ser contestada
a modo de digresión
y aún a riesgo de
una caída de
nivel expositivo, porque aún
siendo escaso su valor
argumental ha logrado una cierta
instalación como creencia pública lo que
hace generar reacciones
desfavorables frente a todo planteo como el que nosotros presentamos.
Por nuestra
parte, apreciamos el valor de
las formulaciones teóricas en
torno al problema de la acción
y encuadramos a nuestra
concepción dentro de
las posturas ideológicas, entendiendo por
"ideología" a
todo conjunto de pensamiento,
científico o no, que se articula
en sistema de interpretación de
una determinada realidad. Y, desde otro
ángulo, rescatamos para nosotros
una total independencia con respecto
a las teorías que,
nacidas en el siglo pasado,
han demostrado su fracaso
no solamente práctico sino,
sobre todo, teórico.
Así pues, el derrumbe
de las ideologías decimonónicas en
nada disminuye sino más bien lo
contrario, a las nuevas concepciones que
hoy están en proceso de
gestación. Además, decimos
que tanto "El Fin de las
Ideologías" preconizado por Daniel Bell
en la década del '60 y "El
Fin de la Historia" anunciado hace
poco por Fukuyama responden a una percepción anticuada porque tienden a
cerrar un debate que en términos ideológicos quedó ya agotado en
la década del '50, por supuesto
mucho antes de que algunas espectacularidades políticas
actuales, sobresaltaran a quienes advirtieron con retraso
el paso de
la Historia, hipnotizados como estaban con los supuestos del éxito práctico. Así es que este pragmatismo añejo,
cuyas raíces encontramos en el Metaphisycal
Club de Boston hacia 1870 y que James
y Peirce expusieron con
la modestia intelectual que
los caracterizaba, fracasó también en términos ideológicos hace ya
mucho tiempo y ahora solo resta ver las espectacularidades que han de acabar
con los supuestos del
"Fin de la
Historia" y del "Fin de
las Ideologías".
Aclarado
el objetivo que plantea el presente
libro, esto es, echar las bases para la construcción de una teoría general
de la acción humana, iremos a los
puntos más importantes del primer trabajo titulado Psicología de la imagen. En él se trata
de fundamentar una hipótesis según la cual, la conciencia no es producto ni reflejo
de la acción del medio, sino que
tomando las condiciones que éste impone
termina por construir una imagen
o conjunto de ellas capaz
de movilizar la acción hacia el
mundo y con esto modificarlo. El productor de la acción
con ella se modifica
y en continua
retroalimentación se evidencia
una estructura sujeto- mundo
y no dos términos
separados que,
ocasionalmente, interactúan. Por
tanto, cuando hablamos
de "conciencia"
lo hacemos en
simple acuerdo con
el enfoque psicológico que
impone el tema de la
imagen, pero a
la vez entendemos a la
conciencia como el momento de la interioridad
en la apertura de la vida humana en-el-mundo. De
acuerdo a lo anterior, a ese término se lo debe comprender en el contexto de la existencia
concreta y no separado de ella como suele
hacerse en las distintas corrientes psicologistas. En
el trabajo que comentamos, es una pieza de importancia la determinación de los fenómenos de representación con
referencia a la espacialidad, precisamente porque
gracias a esto
el cuerpo humano
puede desplazarse y, en suma, actuar en el mundo del modo que le
es característico. Si nos alcanzara con la explicación reflexológica
tendríamos, en parte, solucionado el problema pero he aquí que la
respuesta diferida frente
a los estímulos, la respuesta postergada necesita
de una comprensión más amplia.
Y si hablamos de una elaboración en la que el sujeto
llega a la conclusión de operar en una dirección y
no en otra, se nos diluye tanto el concepto de reflejo que al final no explica
nada.
Para
el estudio de la conciencia convertida en conducta, buscamos antecedentes encontrándonos con varios estudiosos y
pensadores entre los cuales sobresale Descartes, quien
en una singular epístola enviada
a Cristina de Suecia habla del punto
de unión entre pensamiento y
movilidad del cuerpo. Casi
trescientos años después, Brentano
introduce en la Psicología el concepto de intencionalidad que en su momento había rescatado la escolástica al comentar a
Aristóteles. Pero es con Husserl que el
estudio de la intencionalidad se hace
exhaustivo, particularmente en
sus Ideas Relativas a
una Fenomenología Pura
y una Filosofía Fenomenológica.
Este autor, al poner en duda los datos del mundo externo y
aún los del
mundo interno, siguiendo
la mejor tradición de
la reflexión estricta,
abre el camino
de la independencia del
pensar respecto de la materialidad de los fenómenos, pensar que hasta ese momento se
encontraba asfixiado en la pinza que por un lado representaba el idealismo absoluto hegeliano y por otro las ciencias físico naturales, a la
sazón en rápida proceso de desarrollo.
Husserl no se quedará en el simple estudio del dato hylético, material,
sino que producirá una reducción eidética a partir de la
cual ya no se podrá volver atrás. Con
referencia a la espacialidad de la representación en general, habrá
de considerarla como una
forma de la cual los contenidos no pueden ser
independientes. Con distinta amplitud, comprobará que el color en toda
imagen visual es no independiente de la
extensión. Y este punto es de
importancia capital porque instala a
la forma de la extensión como condición de
toda representación. Es allí donde este aserto es tomado por nosotros
como la base teórica de la
formulación de la
hipótesis del espacio de
representación.
Lo anterior,
sin embargo, requiere de
algunas explicaciones
auxiliares que consideraremos muy por
encima. En primer lugar
habremos de entender a la sensación
como el registro que
se obtiene en la detección de un estímulo proveniente
del medio externo o
interno y que hace variar el
tono de trabajo del sentido afectado. Por otra parte, comprenderemos a la
percepción como una estructuración de sensaciones efectuada
por la conciencia, referida a un sentido o a un conjunto de
ellos. Bien sabemos que ya en la más
elemental sensación existe un fenómeno de estructuración, pero concediendo a la Psicología clásica una aproximación a nuestro tema no
discutiremos excesivamente las definiciones anteriores. Por último, diremos de la imagen que se
trata de una re- presentación
estructurada y formalizada de las
sensaciones o percepciones que provienen o
han provenido del medio externo o interno y que,
precisamente por la estructuración que
efectúan, no pueden ser consideradas como meras
"copias" pasivas de las sensaciones según creyó la Psicología
ingenua.
En una
discusión con la Psicología
atomista, llegamos a la
conclusión que tanto las sensaciones, como las percepciones y las
imágenes, son formas de conciencia y
que sería más correcto hablar de
"conciencia de la
sensación, conciencia de
la percepción y conciencia de la imagen", sin necesitar para ello colocarnos en actitud
aperceptiva. Lo que se quiere decir es
que la conciencia modifica su modo de estar,
que ésta no es sino un modo de
"estar", por ejemplo
"emocionada", "expectante", etc. De acuerdo a
la idea de intencionalidad, es
claro que no
hay conciencia sino de algo y
que ese "algo" no puede escapar
a la espacialización del representar. Así como todo
representar en cuanto acto de conciencia se refiere a un objeto
representado y no puede separarse a uno
de otro por cuanto forman estructura, el hecho de representar cualquier
objeto involucra al
acto correspondiente de conciencia en la espacialidad de aquel. Y por más
que se experimente con representaciones externas que tienen por
base a los cinco sentidos clásicos,
como aquellas internas que se
originan en la cenestesia o la
kinestesia, siempre se espacializará. Por otra parte, así como la espacialidad de la sensación y percepción están
referidas a la
ubicación en
"lugares" del cuerpo
en el que se alojan
los detectores
sensoriales, las re- presentaciones
correspondientes siguen el mismo
camino. Representar, p.ej.,
un dolor de muelas hoy ya inexistente, es tratar de "re-
crearlo" en un punto preciso de la cavidad bucal y no en una pierna.
Esto es claro y vale para todas
la representaciones. Pero aquí
es donde surge uno de los
problemas más interesantes. La imagen puede modificarse de tal modo
que recreando al
objeto original termina
haciéndolo irreconocible. Y esta
"deformación" fue considerada como uno de los defectos fundamentales de la imagen según
la Psicología ingenua. Para
ella la idea estaba clara: si la
imagen era una simple copia de la sensación que servía a la
memoria para poder recordar, es decir,
era un instrumento de aquello que
llamaban "facultad de la
memoria", toda deformación era
casi un pecado contra la "naturaleza", que ya habrían de poner en brete
los psiquiatras de la época con
enérgicos tratamientos cuando algunos
desafortunados se excedían en su alteración de la realidad. Pero, bromas aparte, era evidente que el
naturalismo, y no podía ser de otro modo, invadía a la Psicología como al Arte,
a la Política o a la Economía. Pero he aquí que este "defecto" de
la imagen que hace que esta se deforme, se transforme y,
por último, se traduzca
(como en los sueños) de una fuente sensorial a la
localización en otra fuente, muestra no
sólo la plasticidad del fenómeno sino su extraordinaria
actividad. Se comprenderá que
desarrollar cada enunciación
presentada caería fuera de
los límites de la conferencia,
así es que continuaremos con la
idea inicial de mostrar
los nudos más
importantes de esta investigación. Entre otros, nos
encontramos con aquel que muestra a
la imagen actuando en distintos niveles
de conciencia y produciendo diferentes
abreacciones motrices según
sea la interiorización o exteriorización en que esta se acomode.
Para confirmar lo dicho
se comprueba que
una misma imagen
que posibilita la extensión
de la mano en vigilia,
al ser internalizada durante el sueño, no mueve a este
miembro salvo casos excepcionales de sueño alterado o de
sonambulismo en los que
la imagen tiende
a externalizarse en
el espacio de representación. Aún en vigilia, un fuerte golpe emocional hace, en ocasiones, que la imagen de huida o repulsa se internalice
de tal manera que
finalmente el cuerpo
quede paralizado.
Inversamente, en los
estados alterados de conciencia
puede comprobarse cómo la
proyección de las imágenes, es
decir las alucinaciones, dinamizan la actividad corporal con referencia a fuentes
sensoriales que están
traslocadas y que
traducen reelaboraciones del mundo interno. De esta suerte, la
ubicación de la imagen en distintas posiciones y profundidades del espacio de
representación disparan la
actividad corporal. Pero
es conveniente recordar que
estamos hablando de imágenes que tienen por
base a diferentes grupos de sentidos sean estos externos
o internos, de manera que las
imágenes cenestésicas si obran en la profundidad y emplazamiento correspondiente provocarán abreacciones
o somatizaciones en
el intracuerpo y
las correspondientes a la kinestesia serán las que finalmente actúen sobre el cuerpo desde
"adentro" para que
este se ponga
en movimiento. Pero en qué dirección lo hará el cuerpo ya que
la kinestesia delata fenómenos
de interioridad? Lo hará siguiendo direcciones que
habrán de "trazar" otras
representaciones que tienen a
los sentidos externos por base sensorial.
Inversamente, al imaginar mi brazo extendido hacia adelante comprobaré
que éste no se mueve por ese sólo
hecho, sino que trazaré la
dirección (según comprueba la
experimentación del cambio de
tonicidad muscular), pero este
habrá de moverse cuando la imagen visual se traduzca en kinestésica.
Avanzando un
poco más, incursionaremos en los temas de
la naturaleza del espacio de
representación y en los conceptos de copresencia, horizonte y paisaje en el
sistema de representación. Nada nuevo habremos de agregar a lo dicho en los
parágrafos 3 y 4 del capítulo 3 de Psicología de la Imagen, salvo en lo
referente a la conclusión final de este trabajo.
"No
hemos hablado de un espacio de representación en sí ni de un cuasi espacio mental. Hemos dicho que la representación como tal
no puede independizarse de la
espacialidad sin afirmar por ello
que la
representación ocupe un
espacio. Es la
forma de representación espacial la que tenemos en cuenta.
Ahora bien, cuando no
mencionamos a una
representación y hablamos
del ‘espacio de representación’ es porque estamos considerando al conjunto de percepciones e imágenes internas que dan el registro y
el tono corporal y de conciencia en el que me reconozco como 'yo', en el que me reconozco como un 'continuo', no obstante el fluir y el cambio que
experimento. De manera que ese 'espacio
de representación' es tal no porque sea un contenedor vacío que debe ser llenado
por fenómenos de
conciencia, sino porque
su naturaleza es representación
y cuando sobrevienen
determinadas imágenes la conciencia no puede sino representarlas bajo la
forma de extensión. Así,
también podríamos haber
enfatizado en el aspecto material de la cosa representada, refiriéndonos a la sustancialidad, sin
por ello hablar de la imagen en el
sentido en que lo hacen la Física o la Química. Nos referiríamos, en
este caso, a los datos hyléticos,
a los datos materiales que proviniendo de la materialidad de la sensación
no son la materialidad misma. Y,
por supuesto, a nadie se le ocurriría pensar que la conciencia tiene color,
o que es un
continente coloreado por el
hecho de que las representaciones visuales
sean presentadas
coloreadamente. Subsiste, no
obstante, una dificultad. Cuando
decimos que el espacio
de representación muestra distintos
niveles y profundidades, es que estamos hablando de un espacio
volumétrico, tridimensional, o es que la estructura percepto-
representativa de mi
cenestesia se me presenta volumétricamente? Sin duda, se
trata de lo segundo y es gracias a ello que las representaciones pueden
aparecer arriba o abajo, a izquierda
o a derecha y hacia adelante o hacia
atrás, hacia afuera o hacia adentro, y que la 'mirada' del observador de
la representación se ubica respecto de
la imagen también en un emplazamiento, en una perspectiva
determinada. ...Podemos considerar al
espacio de representación como la 'escena' en la
que se da la representación, excluyendo
de ella a la ‘mirada’. Y, es claro,
que en una escena se desenvuelve una estructura de
imagen que tiene o ha
tenido numerosas fuentes perceptuales y percepciones de
anteriores imágenes”.
Existe para
cada estructura de representación un
sinnúmero de alternativas que no se despliegan totalmente, pero
que actúan copresentemente,
acompañando a las imágenes que se manifiestan en la “escena”. Desde luego, aquí no estamos hablando de
contenidos “manifiestos” y “latentes”,
ni de vías asociativas que llevan
a la imagen en una u otra dirección.
Ejemplifiquémoslo así: cuando imagino
un objeto de mi habitación aunque no estén presentes en "escena" otros
objetos del mismo
ámbito, estos acompañan copresentermente al objeto representado; participan
del mismo ámbito en el que se da
el objeto y gracias a esa región en la que están incluidos otros objetos no
presentes, puedo hacer desfilar a voluntad
unos u otros siempre dentro
de los límites que enmarcan a lo
que designo como "mi habitación".
Así también, las regiones se estructuran unas con otras no solo en tanto
conjuntos de imágenes sino de
expresiones, significados y relaciones.
A cada región o conjunto de ellas puedo diferenciarla de otras merced a
"horizontes", suertes de
límites, que me dan ubicación
mental y que, además, me permiten el traslado por tiempos
y espacios mentales diferentes.
Cuando percibo
el mundo externo,
cuando cotidianamente me desenvuelvo en él, no solo lo constituyo
por las representaciones que me permiten reconocer y actuar, sino que lo
constituyo además por sistemas copresentes de representación. A esa estructuración que hago
del mundo, la llamo
“paisaje”, y compruebo que la percepción del mundo es siempre reconocimiento e interpretación de una realidad de acuerdo a mi paisaje. Ese mundo que tomo por la realidad misma es mi propia biografía en acción, y esa acción de transformación que efectúo
en el mundo es mi
propia transformación. Y cuando hablo de mi mundo interno, hablo también
de la interpretación que de él hago y de la transformación que en él efectúo.
Las distinciones que hemos hecho hasta
aquí entre espacio “interno” y espacio “externo”,
basadas en los registros de límite que ponen las percepciones cenestésico- táctiles, no pueden
ser efectuadas cuando hablamos de esta globalidad de la conciencia en
el mundo para la cual el mundo es su “paisaje” y
el yo su “mirada”. Este modo
de estar la conciencia en
el mundo es básicamente un modo de acción en perspectiva
cuya referencia espacial inmediata
es el propio cuerpo, no
ya solamente el intracuerpo. Pero el cuerpo, al ser
objeto del mundo es también objeto del paisaje y objeto de transformación. El cuerpo termina deviniendo prótesis de la
intencionalidad humana.
Si las
imágenes permiten reconocer
y actuar, conforme
se estructure el paisaje en individuos y pueblos, conforme sean sus necesidades (o lo que
consideren que sean sus
necesidades), así tenderán a
transformar el mundo.
Para
concluir con estos comentarios sobre Psicología de la Imagen, agregaré que
en la configuración de todo
paisaje actúan
copresentemente contenidos téticos,
especies de creencias
o relaciones entre creencias
que no pueden ser sostenidas racionalmente y
que acompañando a cada
formulación y a cada acción constituyen la base sobre la que
se asienta la vida humana en su desenvolvimiento.
Por consiguiente, una futura teoría de
la acción habrá
de comprender cómo es ésta posible desde su más elemental expresión,
cómo es que la actividad del ser humano
no es simple reflejo de
condiciones y cómo es que esta acción al transformar al mundo transforma también
a su productor. Las conclusiones
a que
se arribe no serán
indiferentes, como tampoco
lo serán las direcciones que se acometan, no
solamente desde el punto de vista de
una ética futura
sino desde la
perspectiva de las posibilidades del progreso humano.
Hemos
de pasar ahora, rápidamente, a comentar el segundo ensayo del presente
libro.
Discusiones Historiológicas, pretende estudiar
los requisitos previos
necesarios que deben cumplirse para la fundamentación de lo que llamamos
"Historiología". Para
comenzar la discusión se pone en
duda que las
designaciones de "Historiografía" o "Filosofía de la Historia" puedan seguir siendo útiles
durante mucho tiempo más, porque se las ha utilizado con significados
tan diversos que es muy difícil llegar a una determinación del objeto al cual
se refieren. El término
"Historiología" fue acuñado
por Ortega allá por 1928, en su
escrito "La Filosofía de la Historia de
Hegel y la
Historiología". En una nota de
nuestro ensayo citamos a
Ortega cuando dice:
"Es inaceptable en
la historiografía y filología
actuales el desnivel existente entre
la precisión, usada al obtener
o manejar los
datos y la imprecisión, más aún, la miseria intelectual en el uso de las ideas constructivas. Contra este estado de las cosas en el reino
de la
historia se levanta la Historiología.
va movida por el convencimiento de que la historia, como
toda ciencia empírica, tiene que ser ante todo una construcción y no un
'agregado'... Con la centésima parte de los datos que hace tiempo
están ya recogidos y pulimentados bastaba para elaborar algo de
un porte científico mucho
más auténtico y substancioso
que cuanto, en efecto, nos presentan los libros de
historia".
Siguiendo
pues ese debate iniciado hace mucho tiempo,
en nuestro ensayo se habla de Historiología en el sentido de la interpretación y construcción de una
teoría coherente en la que los datos históricos en sí no pueden
yuxtaponerse o manejarse a modo
de simple "crónica" de acontecimientos so pena de vaciar al
hecho histórico de
todo significado. La pretensión
de una Historia (con mayúscula) ajena a
toda interpretación es un contrasentido que
ha invalidado numerosos
esfuerzos de la Historiografía anterior.
En
este trabajo se estudia, desde Herodoto
en adelante, la visión del hecho
histórico a partir de la introducción del
paisaje del historiador en la
descripción. De este modo se llega
a advertir no menos de cuatro
deformaciones de la óptica
histórica. En primer lugar,
la forma intencionada de introducción del propio momento en que vive el historiador para destacar
o minimizar hechos de acuerdo a
su perspectiva. Este defecto se observa en la presentación del
relato y afecta a la
transmisión tanto del hecho como del mito, la leyenda, la religión o la literatura que
sirven de fuente. El segundo error es el de la manipulación de las
fuentes que por su impostura no merece mayores comentarios. El tercero corresponde a la simplificación y la
estereotipia que permite peraltar o
descalificar hechos de acuerdo a un modelo más o menos aceptado. Es tal el
ahorro de esfuerzo con que se manejan los
productores y los lectores de tales obras,
que suelen resultar de gran
difusión aunque de escaso valor
científico. En esos trabajos,
a menudo se sustituye la información
veraz por "historias",
por "habladurías" o informaciones de segunda mano. Y en lo que hace a
la cuarta deformación que hemos anotado,
ésta se refiere a la "censura" que, a veces, no está solamente puesta en la pluma del historiador sino en la cabeza del lector.
Esta censura impide que
nuevos puntos de
vista se difundan correctamente porque
el momento histórico
mismo, con su repertorio de creencias forma una barrera tal que solamente el tiempo, o
bien, acontecimientos dramáticos
que desmienten lo comúnmente aceptado, permiten
franquearla.
En
éstas Discusiones, se ha visto en general las dificultades que existen para la
apreciación de los acontecimientos mediatos, pero nuestra desazón
crece al comprobar que aún en el relato
de la historia inmediata, la
propia, la biográfica, el sujeto se cuenta a
sí mismo o cuenta a terceros,
acontecimientos inexistentes o
francamente deformados todo ello,
a su vez, dentro
de un ineludible sistema de
interpretación. Si esto es así qué no habrá de ocurrir con respecto a sucesos
que no han sido vividos por el
historiador y que forman parte de
lo que
llamamos "historia
mediata". De todas
maneras, lo anterior
no nos lleva necesariamente al escepticismo
histórico, gracias a que
hemos reconocido la necesidad de que la Historiología sea constructiva y que, desde luego, cumpla con
ciertas condiciones si es que va a ser
considerada como ciencia cabal.
Las Discusiones
continúan, pero ahora con
lo que llamamos "concepciones
de la Historia sin el fundamento temporal". Así comentamos en nuestro trabajo, en el capítulo 2, parágrafo 1:
"En los numerosos sistemas
en que aparece un rudimento
de Historiología todo el esfuerzo parece apuntar a justificar
la fechabilidad, el momento de calendario aceptado,
desmenuzando cómo
ocurrieron, por qué ocurrieron, o cómo deberían
haber ocurrido las cosas, sin considerar qué es esto del
'ocurrir', cómo es posible, en
general, que algo ocurra?". Todos aquellos que han emprendido la
construcción de verdaderas catedrales de la Filosofía de la Historia, en la
medida en que no han respondido a la
pregunta fundamental por la naturaleza del ocurrir, nos
han presentado una Historia de
la fechabilidad civil aceptada pero sin la dimensión de la
temporalidad, necesaria para que aquella sea
aprehendida. En términos
generales, observamos que
la concepción del tiempo que ha primado es aquella propia
de la percepción ingenua
en la que los hechos se
desenvuelven sin
estructuralidad y en sucesión desde un
fenómeno anterior a uno posterior, en secuencia lineal, en
la que cada evento está "uno al lado del otro" sin comprenderse cómo
es que un momento deviene en otro, sin aprehenderse en suma, la transformación
íntima de los hechos. Porque decir que un acontecimiento va desde un momento A
hacia uno B, y así
hasta un momento n;
desde un pasado, transitando por un presente y
proyectándose hacia un futuro, sólo nos
habla de la
ubicación del observador en
un tiempo de fechabilidad convencional haciendo
resaltar la percepción del tiempo
propio del historiador
y, como percepción
que es, espaciándolo hacia un "atrás" y hacia un
"adelante" del modo en que
las manecillas del reloj espacializan el tiempo para mostrar que este
transcurre. Comprender esto, no
ofrece dificultades luego de saber que toda percepción y
representación se da en la forma de
"espacio". Ahora bien, por
qué habría de transcurrir el tiempo
desde un atrás hacia un adelante y no,
por por ejemplo en sentido inverso, o a "saltos"
imprevisibles? No puede responderse con un simple "porque así
es¡". Si cada "ahora"
es, "por ambos lados", sucesión indeterminada de instantes se
llega a la conclusión de que el tiempo es infinito
y al aceptar esa supuesta "realidad" se aparta la mirada de la
finitud del que mira y se transita
por la vida con la presencia de que el hacer entre las cosas
es infinito, aunque
copresentemente se sepa que la vida tiene
una terminación. De este modo, "las cosas que
hay que hacer" eluden la
muerte de cada instante, por esto se
"tiene más o menos tiempo para determinadas cosas, porque
"tener" se refiere a las
"cosas" y el mismo transcurrir de la vida se convierte en cosa, se naturaliza.
La concepción naturalista del tiempo que han
padecido hasta hoy la Historiografía y la Filosofía de la Historia
reposa en la creencia
de la pasividad del ser humano en la
construcción del tiempo histórico
y con ello se ha llegado a considerar
a la historia humana como "reflejo", epifenómeno, o simple polea
de transmisión de acontecimientos naturales. Y, cuando,
en un aparente salto
de lo natural a lo social, se
ha hablado del conjunto humano como productor del hecho histórico, se ha
seguido arrastrando el naturalismo
en el que la sociedad
se ha "espacializado"
dentro de una ingenua visión del tiempo.
Un pensar reflexivo estricto nos lleva a
comprender que en todo quehacer humano
los tiempos no se suceden "naturalmente" sino que
constructivamente actúan los instantes pasados presentes y futuros, siendo tan determinante lo ocurrido en
cuanto memoria y conocimiento como los proyectos que se tratan de alcanzar por
la acción actual. El
hecho de que el ser humano
no posea una "naturaleza" del modo en que
la tiene cualquier objeto, el hecho
de que
su intención tienda
a superar las
determinaciones naturales
muestra su historicidad radical.
Es el ser humano el que se constituye y se construye en su
acción-en-el-mundo y con ello dota
de sentido a su transcurrir y al absurdo
de la no intencional naturaleza.
La finitud, en términos de
tiempo y espacio está
presente como primera
condición absurda, sin sentido, que la naturaleza impone
a la vida humana con claros registros de dolor y sufrimiento. La
lucha contra ese absurdo, la superación
del dolor y el sufrimiento, es
la que da sentido al largo proceso de
la historia.
No continuaremos aquí el difícil y extenso debate en torno al problema de
la temporalidad, al tema del
cuerpo humano y su transformación y al
del mundo natural como creciente prótesis
de la sociedad, sino que
enunciaremos los nudos principales que,
a modo de hipótesis, se
sostienen en el presente ensayo. En primer término, se estudia la constitución
histórica y social de la vida humana,
buscando la temporalidad interna
de su
transformación, lejos ya de la
sucesión de los acontecimientos lineales "uno al lado del otro".
Posteriormente, se observa la coexistencia en un mismo escenario
histórico, de generaciones que
han nacido en momentos diferentes y cuyos paisajes de formación, experiencia y proyecto son no
homogéneos. La dialéctica generacional,
es decir la lucha por el control del espacio central social, se
verifica entre acumulaciones
temporales en las que prima el pasado,
el presente o el futuro y en las que dichas acumulaciones estén representadas por generaciones de diferente edad. A su vez,
los paisajes de cada generación
con el sustrato de creencias que les es
propio, dinamizan su acción hacia el mundo. Pero que
el nacimiento y la
muerte de las
generaciones sea un
hecho biológico, no nos permite biologizar su dialéctica. Por ello, la concepción ingenua de las generaciones
según la cual "los jóvenes son revolucionarios, los de mediana edad se tornan conservadores y los más viejos
reaccionarios", encuentra en
numerosos análisis históricos,
fuertes desmentidas que de
no considerarse, nos llevan a un nuevo mito naturalista en el
que la glorificación de la juventud es
su correlato. Lo que va a definir el
signo de la dialéctica generacional en
cada momento histórico habrá de ser el proyecto de transformación o conservación que cada una lance
a futuro. Por cierto,
que son más de tres las
generaciones que coexisten en el
mismo escenario histórico, pero el protagonismo está a cargo de las que hemos
mencionado, es decir, de aquellas que resultan contiguas y
no de las que existen "copresentemente", esto es la de los niños y ancianos. Pero
como toda la estructura del momento histórico está en transformación, su
signo va cambiando conforme los
niños ingresan a la franja juvenil y los de edad madura son desplazados
hacia la ancianidad. Este continuum histórico, nos muestra la temporalidad en
acción y hace comprender a los seres
humanos como protagonistas de su propia historia.
En fin,
al entender el
funcionamiento de la
temporalidad rescatamos de estas Discusiones Historiológicas algunos
elementos que, junto a los
estudiados en Psicología de la
Imagen, con referencia al
espacio de representación nos permitirán,
tal vez, fundamentar una completa teoría de la acción.
Nada
más, muchas gracias.
Mitos
Raíces Universales (Centro Cultural San Martín. Buenos Aires 18/04/91).
Antes de
empezar el comentario sobre Mitos
Raíces Universales quisiera explicar
qué motivos me llevaron a escribirlo
y qué relación guarda con
mis obras anteriores.
En
primer lugar los motivos.
He ido a los mitos de las distintas culturas
con una intención más parecida a
la de la psicología social que
a la de las religiones comparadas,
la etnología o la
antropología. Me he preguntado: por qué no revisar los sistemas de
ideación más antiguos, de
manera que al no estar directamente
comprometidos con ellos
aprendamos en perspectiva bastante más sobre
nosotros mismos? Por qué no
introducirnos en un mundo de creencias ajenas que con seguridad acompañaron a
otras actitudes vitales? Por qué
no flexibilizarnos tanto
cuanto sea posible para comprender, con aquellas
referencias, por qué se tambalean
hoy nuestras creencias fundamentales? Estas han sido
mis inquietudes motivantes a la
hora de recorrer las producciones
míticas. Es cierto que
podríamos haber seguido el hilo
conductor de la historia de las instituciones, o de las ideas, o del arte, para tratar de llegar a la base de creencias
que operaron en distintos tiempos y lugares,
pero en ningún caso
hubiéramos obtenido
fenómenos tan puros y directos como
el que
nos presenta la mitología.
El proyecto inicial del libro consistía en
exponer los mitos de los distintos
pueblos acompañándolos con breves
comentarios o notas que
no constituyeran una
interferencia, una
interpretación. A poco
de andar me
encontré con varias dificultades. En primer lugar tuve que limitar mis aspiraciones ya que necesitaba apelar a
textos certificados por la
verdad histórica, descartando otros que recogían material más antiguo, o
que lo comentaban, presentando de ese
modo numerosos defectos. A este
problema, naturalmente, no pude superarlo aún cuando
me limitara a tomar los textos fuente en base a los cuales
había llegado hasta nosotros la información del caso. Por otra
parte, tampoco podía apelar a la
tradición oral que los investigadores
actuales rescatan de
colectividades cerradas. Sobre
esta exclusión me decidió la observación de ciertas
complicaciones metodológicas de las que doy un ejemplo citando a
Mircea Eliade. En Aspects du Mythe, este autor dice: "En
comparación con los mitos que narran el
fin del mundo en el pasado, los mitos
que se refieren a un fin por venir son
paradójicamente poco numerosos entre los primitivos. Como lo hace notar Lehmann, esta rareza se
debe quizá al hecho de que los
etnólogos no han planteado estas
preguntas en sus encuestas. Es a veces difícil precisar si
el mito concierne a una catástrofe pasada o por venir.
Según el testimonio de de E. H.
Man, los andamaneses creen que después del fin del mundo hará su aparición una
nueva humanidad, que gozará de
una condición paradisíaca; no
habrá ya ni enfermedades, ni vejez,
ni muerte. Los
muertos resucitarán después
de la catástrofe. Pero
según R. Brown, Man habría combinado varias versiones, recogidas de informadores
diferentes. En realidad, precisa Brown, se trata
de un mito que relata el fin
y la recreación del mundo; pero el mito se refiere al pasado y no al futuro.
Como, según la
observación de Lehmann,
la lengua andamanesa no posee
tiempo futuro, es difícil decidir si se trata de un acontecimiento pasado o futuro". En
estas observaciones que hace
Eliade aparecen por lo menos tres discusiones de los investigadores
frente a un mismo mito. 1.- La posibilidad
de que las encuestas hechas a los
sujetos de una colectividad, hayan sido mal
formuladas; 2.- que las fuentes
informativas no sean homogéneas y 3.- que la lengua en la
que se dio la información no cuente
con un tiempo necesario,
justamente cuando se trata de comprender un mito temporal.
Inconvenientes del tipo mencionado a los que se sumaron
muchos otros, me impidieron pues aprovechar la gran masa informativa que
nos entregan hoy los investigadores de campo.
De esta suerte, no pude hacer ingresar en mi plan a los mitos del África
negra, los oceánicos, los polinésicos y
ni siquiera los de América del Sur.
Al aferrarme
a los textos más antiguos, me encontré con una gran desproporción documental. Por ejemplo,
de la cultura sumero-acadia
contamos con el gran poema de Gilgamesh como obra casi completa y el resto de los fragmentos en ningún
caso llegan a su altura. En cambio, la
cultura india nos abruma con su enorme producción. Para lograr un mínimo equilibrio, recurrí a tomar de ésta, "muestras" breves que emularan a
aquella. Así, utilizando los modelos
sumero-acadio y asirio-babilónico, reduje el material superabundante de otros
pueblos y terminé poniendo ante los
ojos del lector los mitos, a mi juicio, más significativos de
diez culturas diferentes.
Por todo lo anterior, debo reconocer que ha resultado una obra muy incompleta pero que, en lo esencial, ha logrado destacar un
punto de importancia en el sistema de
creencias históricas. Me refiero
a lo que llamo "mito
raíz" y que entiendo como
aquel núcleo de ideación
mítico que no obstante la
deformación y
transformación del escenario en que desarrolla su acción, no obstante
las variaciones de los nombres de los personajes y de
sus atributos secundarios, ha pasado
de pueblo en
pueblo conservando su argumento
central más o menos intacto y con ello
ha logrado universalizarse. El doble
carácter de "raíz" y de "universal" de ciertos mitos me
permitió centrar el tema y tomar aquellos que
cumplieran con esas condiciones.
Esto no quiere decir que no reconozca la existencia de otros núcleos que no he presentado en esta recopilación sumaria.
De este modo, creo haber respondido a la pregunta sobre los motivos que
me llevaron a escribir este libro comentando, además,
las dificultades que encontré para lograr los
objetivos que me
propusiera inicialmente.
Pero aún
quedan puntos por aclarar. Me
refiero a la segunda pregunta que hiciéramos al comienzo, en torno a la
relación que guarda esta obra con mis
producciones anteriores.
Muchos de
ustedes, seguramente, leyeron La Mirada Interna y posiblemente El
Paisaje Interno y El Paisaje
Humano. Recordarán que esos
tres libritos escritos en diferentes
épocas fueron ensamblados
bajo el título de Humanizar la
Tierra. La prosa poética me había permitido hacer un deslizamiento del punto
de vista que comenzando en un mundo onírico, personal, cargado de símbolos
y alegorías, concluía en apertura
a lo interpersonal, social e
histórico. En realidad,
existía como base de
esa producción la misma concepción
que fue desarrollándose en obras
posteriores aunque con tratamientos y estilos diferentes. En las Experiencias Guiadas, una sucesión de cuentos cortos me permitió
"montar" varios escenarios posibles en los que se pasaba revista a distintos problemas de la
vida diaria. Desde una
"entrada" más o menos
irreal, el lector podía moverse por
escenas en las que alegóricamente se enfrentaba a sus dificultades. Luego se producía un
"nudo" literario que aumentaba la tensión general de la
escena, un desenlace y, finalmente, una "salida" o final auspicioso. Las ideas centrales de las Experiencias
Guiadas eran estas: 1.- Así
como en los sueños aparecen
imágenes que son expresión alegorizada de tensiones
profundas, en la
vida cotidiana ocurren fenómenos parecidos a los que no
se presta demasiada atención;
son los ensueños y las
divagaciones que convertidos en
imágenes, portan cargas síquicas que
cumplen con funciones de mucha importancia para la vida. 2.-
Las imágenes permiten mover el
cuerpo en una u otra dirección, pero aquellas no son solamente visuales;
hay imágenes correspondientes a
los distintos sentidos externos y ellas son las que
permiten una apertura de la
conciencia al mundo movilizando al
cuerpo. Ahora bien, como
también existen los
sentidos internos,
correlativamente se producen imágenes cuya carga se dispara hacia el interior
y al hacerlo logran disminuir
o aumentar las tensiones del intracuerpo. 3.- Toda la biografía, es decir,
la memoria de una persona también actúa a través de imágenes
que están asociadas a las distintas tensiones y climas afectivos con los que
fueron
"grabadas". 4.-
Esa biografía está actuando
continuamente en cada uno de nosotros y, por tanto, en cada nueva
percepción no captamos pasivamente el
mundo que se nos presenta sino que
actúan las imágenes
biográficas como "paisaje" previamente
constituido. De esta suerte, y a diario, realizamos distintas actividades
"cubriendo" al mundo con nuestros ensueños, compulsiones y aspiraciones más profundas. 5.- La acción o la inhibición frente al mundo está estrechamente ligada al
tema de la imagen, de manera que sus transformaciones son
también claves importantes de la
variación conductual. Siendo
posible transformar las imágenes
y transferir sus cargas, es necesario inferir de ello que en tal caso ocurrirán cambios de
conducta.
6.- En los sueños y ensueños, en la
producción artística y en los mitos, aparecen imágenes que responden a tensiones
vitales y a las "biografías"
sea de individuos o pueblos. Estas imágenes son orientadoras de conductas también individuales o colectivas según sea el caso. Esas seis ideas enunciadas estaban en la
base de las Experiencias Guiadas y por ello muchos lectores habrán
encontrado en las notas que las acompañan,
material reelaborado de antiguas leyendas, historias y mitos,
aunque aplicados al lector individual o tal vez a quienes comparten
esos escritos en pequeños grupos.
Pasando a
mi producción más
reciente, Contribuciones al Pensamiento. A nadie escapa
que su estilo es el del
ensayo filosófico. En los
dos trabajos del
libro, se estudia respectivamente la Psicología de la
Imagen (en una cuasi teoría de la
conciencia) y el
tema de la
Historia. Los objetos
de investigación son, por
cierto, muy distintos pero en
definitiva el tema del "paisaje" y de los entepredicativos epocales, es decir, de las creencias, tiene en ambos su punto de unión. Como puede verse,
el actual Mitos Raíces
Universales conserva una estrecha relación con las
obras anteriores aunque
aquí se enfatice en
las imágenes colectivas y,
por otra parte,
se verifique un nuevo cambio
en el
modo expositivo. Sobre
este particular quisiera agregar
que no considero a este
momento en que vivimos como adecuado para la producción sistemática
y de estilo uniforme. Creo más bien lo
contrario, la época
pide diversificación para que las nuevas ideas lleguen a destino.
Mitos Raíces Universales se apoya en la misma
concepción de las otras obras
y creo que cualquier nuevo libro mantendrá esa continuidad ideológica, aunque trate
sobre temas diversos y el estilo y el género expositivo varíen una vez más.
En fin, me parece
que he explicado sintéticamente
los motivos que dieron
lugar al escrito actual y las relaciones que este guarda con otros anteriores.
Despejado
lo anterior, entremos en el cauce de los Mitos Raíces.
El
uso de la palabra "mito" ha sido diverso. Ya desde Jenófanes, hace
dos mil quinientos años, se
comenzó a utilizar para rechazar aquellas expresiones de Homero y Hesíodo que
no se referían a verdades
probadas o aceptables. Luego
“mithos” fue oponiéndose a
“logos” y a “historia” que, por su
parte, daban razón de las cosas o relataban hechos realmente acontecidos. Poco a poco el mito fue
desacralizado y se asimiló aproximadamente a
la fábula o la ficción aún tratando sobre dioses en los que todavía se
creía. Fueron también los
griegos los primeros en intentar comprensiones suficientes sobre este fenómeno. Algunos utilizaron una
suerte de método de interpretación alegórico
y pesquisaron las razones subyacentes bajo la cobertura mítica. De ese
modo, pensaron que
aquellas producciones fantásticas eran rudimentos explicativos de
leyes físicas o
fenómenos naturales. Pero
ya en el gnosticismo alejandrino y en
épocas de la patrística
cristiana, se trató
de comprender al
mito como alegorización también
de ciertas realidades que, a la sazón, eran propias del alma, hoy diríamos propias de la psique.
Con un segundo método
interpretativo se trató
de rastrear los antecedentes históricos de los albores
de la civilización. Así, los
dioses no eran sino vagos recuerdos en los
que antiguos héroes habían sido
elevados de su condición mortal. De
acuerdo a esto, los acontecimientos que
se relataban también dignificaban
excesivamente hechos históricos
que, en realidad, habían
sido mucho más modestos. Esas
dos vías que se usaron para comprender
al mito (desde luego existieron
otras), han llegado
hasta nosotros. En ambos casos
subyace la idea de la "deformación"
de los hechos y
del encanto que esa deformación produce
en la mentalidad ingenua. Es
cierto que los mitos fueron utilizados por los grandes trágicos griegos y
que, en alguna medida, el género teatral derivó de la
representación de los
acontecimientos míticos,
pero en ese
caso el encanto
sobre el espectador era de tipo estético y
conmovía por su calidad artística
y no porque se creyera
en esas representaciones. Es en el orfismo, el
pitagorismo y las corrientes neoplatónicas, donde el mito cobra un nuevo
sentido: se le
atribuye un cierto
poder de transformación en el espíritu de quien se pone en contacto
con él. Así, representando escenas míticas los órficos pretendían lograr una “catarsis”, una limpieza interior que
les permitía ulteriormente
ascender a comprensiones mayores en el orden de las ideas y
las emociones. Como
puede verse, todas
estas interpretaciones han llegado a nosotros y forman parte de
las ideas que tanto el público en general como
los especialistas manejan sin mayores cuestionamientos. A decir verdad, el mito griego se
oscureció durante mucho tiempo en Occidente hasta que con
los humanistas en el Renacimiento, y luego en la época
de las revoluciones europeas,
echó a caminar de nuevo. La admiración por los clásicos, hizo
que los estudiosos volvieran a la fuente helénica. Las artes
fueron tocadas por ella y así el mito griego
ha continuado actuando. Transformándose una vez más,
se ha incrustado en la base de
las nuevas disciplinas que estudian los
comportamientos humanos. Particularmente la Psicología profunda que nace en Austria,
todavía impregnada de
Neoclasicismo declinante, es tributaria de aquellas antiguas corrientes,
aunque experimente ya la atracción del
irracionalismo romántico. No es
extraño que los temas de Edipo,
Electra, etc., hayan
sido tomados de los
trágicos griegos y que con ellos se hayan dado explicaciones en torno al funcionamiento mental
instrumentándose, además, técnicas catárticas
de recreación dramática en la línea de
la concepción órfica.
Por otra parte no está demás diferenciar al mito
de la leyenda, la saga,
el cuento y la fábula. En el caso de la
leyenda, efectivamente, la historia se halla deformada por la
tradición. La literatura épica es muy rica en ejemplos de
este tipo. Con respecto al cuento, autores como de Vries, consideran que éste
se aparta de la leyenda e
introduce en su
seno elementos folklóricos con
los que se matiza el relato. Ahora
bien, la saga se acerca al
cuento llegando casi siempre
a un desenlace trágico,
mientras que el cuento deriva en una conclusión feliz.
De todas maneras, tanto en la saga pesimista como en el cuento optimista se introducen a menudo elementos míticos desacralizados.
Un género muy diferente es el de
la fábula que oculta una posición moral bajo el ropaje de la
ficción. Estas distinciones elementales sirven a nuestros
efectos para considerar las
diferencias que existen con el mito según nosotros lo venimos
considerando, viendo en él la presencia
de los dioses y de sus acciones aunque estas se realicen por medio de hombres, héroes o semidioses. Así, cuando hablamos de mitos nos referimos
también a un ámbito tocado por la
presencia divina en la que se cree y que contamina a todos sus elementos constituyentes. Muy distinto es referirse a esos mismos dioses pero en una atmósfera desacralizada, en
un ámbito donde la creencia se ha
convertido en, por ejemplo,
delectación estética. Esto hace
a una
gran diferencia en la presentación de las mitologías en boga
(que describen a las creencias
antiguas de manera
externalizada y formal), con la exposición sacralizada, desde "adentro" de
la atmósfera en que el mito fue
creado. En nuestro trabajo
hemos adherido a la segunda actitud.
De ella deriva el respeto por los textos originales que en
caso de lagunas
o exigencia de comprensión hemos completado, pero
destacando siempre en letra diferente y
con las llamadas del caso aquello que no
corresponde al escrito original. En verdad, en el presente libro hay
mucho de esto y si se lo pudiera
interpretar como una recreación paralela digo que el lector siempre tiene a la vista el material básico, diferenciado del texto de nuestra autoría.
Continuando
con las diferenciaciones, es conveniente explicar que no nos hemos inmiscuido
en la religión viva que sin duda acompañó a
los mitos, ni
tampoco en los
aspectos ritualísticos o ceremoniales. No hemos entrado en el Cristianismo, el Islam o el Budismo, bastándonos presentar algunos profundos
mitos del Judaísmo, del Hinduismo y del Zoroastrismo para comprender la poderosa
influencia que sus imágenes han tenido en
aquellos. De este modo la idea
de mito raíz y universal, creo que se
ha hecho plena.
Pero ya contemporáneamente y en el lenguaje común,
la palabra "mito"
señala dos realidades distintas. Por
una parte, la de los relatos fantásticos sobre las divinidades de
diferentes culturas y, por otra, aquellas cosas que se creen con fuerza pero
que en realidad son falsas.
Claramente, ambos significados
tienen en común la idea de que ciertas creencias tienen
fuerte arraigo y que la demostración racional en contra de
ellas se abre paso con dificultad. Así,
nos sorprende el
hecho de que
pensadores esclarecidos de la
antigüedad hayan podido creer en cuestiones que nuestros niños escuchan como
cuentos a la hora de dormir. Las creencias
en la tierra plana o en el geocentrismo
hacen brotar una sonrisa piadosa mientras comprendemos que
tales teorías no eran sino mitos explicativos de una realidad sobre la
que el pensamiento científico no
había dicho su última palabra. Y así, cuando consideramos hoy
algunas de las cosas que creíamos
hace pocos años, no nos queda sino sonrojarnos por nuestra ingenuidad,
al tiempo que somos capturados por nuevos mitos sin recordar que nos está ocurriendo el mismo fenómeno
padecido anteriormente.
En
estos momentos de vertiginosa transformación de nuestro mundo hemos
asistido, correspondientemente, al
desplazamiento de algunas
creencias que sobre el individuo y la sociedad se tenían por verdades netas
hace menos de un lustro. Digo
"creencias" en lugar de teorías o doctrinas, porque me interesa destacar el núcleo de los antepredicativos, de los prejuicios que operan antes de la
formulación de esquemas más o menos científicos. Así como a las novedades tecnológicas se las acompaña con
expresiones tales como "fabuloso!" o "increíble!", que
equivalen a un aplauso oral, también
nos estamos acostumbrando a escuchar el
difundido "increíble!"
asociado a los cambios políticos,
a las caídas de ideologías
completas, a las conductas de líderes y
formadores de opinión, a los
comportamientos de las
sociedades. Pero este segundo "increíble!" no
coincide exactamente con el estado de ánimo que se manifiesta ante el prodigio
técnico sino que refleja sorpresa y desazón ante fenómenos que no se creía
posibles. Así, simplemente, gran parte de nuestro contemporáneos creían
que las cosas eran de otro modo y que
el futuro llevaba otra dirección.
Debemos pues reconocer que ha existido un importante
consumo de mitos y que eso ha tenido
consecuencias en las actitudes vitales, en
el modo de encarar la existencia. Debo advertir
que no entiendo a
los mitos como
falsedades absolutas sino, opuestamente, como verdades
psicológicas que coinciden o no con la percepción del mundo en que nos toca
vivir. Y hay algo más, esas
creencias no son solamente esquemas pasivos
sino tensiones y climas emotivos que, plasmándose en imágenes, se convierten en fuerzas
orientadoras de la
actividad individual o
colectiva. Independientemente
del carácter ético o ejemplificador que a veces les
acompaña, ciertas creencias
poseen una gran fuerza referencial por su misma naturaleza. No se nos escapa que la creencia referida a los dioses presenta importantes diferencias con las fuertes creencias desacralizadas pero aún salvando las distancias reconocemos, en ambas, estructuras comunes.
Las
débiles creencias con las que nos movemos en la vida diaria, son
fácilmente reemplazables a poco
de comprobar que nuestra
percepción de los hechos fue equivocada.
En cambio, cuando hablamos de fuertes creencias
sobre las que montamos nuestra
interpretación global de las cosas, nuestros gustos y rechazos más
generales, nuestra irracional
escala de valores, estamos
tocando la estructura del mito
que no
estamos dispuestos a discutir en profundidad porque nos
compromete totalmente. Es más, cuando uno de estos mitos cae, sobreviene una profunda crisis en la que nos
sentimos como hojas arrastradas por el
viento. Estos mitos privados
o colectivos orientan nuestra conducta y de su acción profunda solo podemos advertir ciertas
imágenes que nos guían en una determinada dirección.
Cada
momento histórico cuenta con creencias básicas fuertes, con una estructura mítica colectiva,
sacralizada o no, que sirve a la cohesión
de los conjuntos humanos,
que les da
identidad y participación en un
ámbito común. Discutir los mitos
básicos de época significa exponerse a
una reacción irracional de diferente
intensidad conforme sea la potencia de la crítica y el arraigo de la creencia afectada. Pero, lógicamente, las generaciones se suceden y los momentos
históricos cambian y así, lo que en
un tiempo anterior era
repelido, comienza a
ser aceptado con naturalidad como si fuera la verdad
más plena. Discutir en el momento
actual el gran mito del dinero implica
suscitar una reacción que impide
el diálogo. Rápidamente nuestro
interlocutor se defiende afirmando por ejemplo: "cómo que el dinero es
un mito, si es necesario para vivir!"; o bien:
"un mito es algo
falso, algo que no se ve; en cambio
el dinero es una realidad tangible
mediante la cual se mueven las cosas", etcétera. De nada valdrá que
expliquemos la diferencia entre lo tangible del dinero y lo intangible que se cree puede lograr el dinero; no
servirá que observemos la distancia entre un signo representativo del valor que se atribuye
a las cosas y la carga psicológica que
ese signo tiene. Ya nos
habremos convertido en
sospechosos. Inmediatamente
nuestro oponente comienza a observarnos
con una mirada fría que pasea por nuestra vestimenta,
exorcizando la herejía mientras
calcula los precios
de nuestra ropa
que, indudablemente, ha costado
dinero... reflexiona en
torno a nuestro peso y las
calorías diarias que consumimos, piensa
en el lugar en que vivimos y así
siguiendo. En ese momento podríamos ablandar nuestro discurso diciendo
algo así: "En verdad hay que distinguir entre el dinero que se
necesita para vivir y el dinero innecesario"... pero esa concesión
ha llegado a
destiempo. Después de todo, allí están los bancos, las
instituciones de crédito, la moneda en sus diferentes formas. Es
decir, distintas "realidades"
que atestiguan una
eficacia que aparentemente nosotros negamos.
Bien vistas las
cosas, en esta
ficción pintoresca, no hemos negando la eficacia instrumental del
dinero, es más, lo
hemos dotando de un
gran poder psicológico
al comprender que a ese objeto se
le atribuye más magia que la que
realmente tiene. El nos dará la
felicidad y de alguna manera la
inmortalidad, en la medida que impida
que nos preocupemos por el problema de la muerte. Este mito desacralizado
muchas veces operó cerca de los dioses.
Así, todos sabemos que la
palabra "moneda" deriva de Juno Moneta, Juno Avisadora, al lado de
cuyo templo los romanos acuñaban, precisamente, la moneda. A Juno Moneta se
pedía abundancia de bienes, pero para los creyentes era más importante Juno que
el dinero de cuya buena voluntad
éste derivaba. Los verdaderos creyentes hoy piden
a su dios diferentes
bienes y, por tanto, también
dinero. Pero si verdaderamente creen en su divinidad ésta se mantiene en la
cúspide de su escala de valores. El dinero como fetiche ha sufrido
transformaciones. Por lo menos en
Occidente, durante mucho tiempo tuvo como respaldo al oro, ese metal misterioso, escaso y atractivo
por sus especiales cualidades. La
Alquimia Medieval se
ocupó en producirlo artificialmente. Era
un oro todavía sacralizado al que se atribuía
el poder de multiplicarse sin límite,
que servía como medicamento universal
y que daba la longevidad además
de la riqueza. También ese oro
movió afanosas búsquedas en las tierras
de América. No me refiero solamente a
la llamada "fiebre del "oro" que
impulsó a aventureros y
colonizadores en Estados Unidos, más bien hablo
de Eldorado que
buscaban algunos
conquistadores y que también estuvo
asociado con mitos menores como la fuente
de juventud.
Pero
un mito de fuerte arraigo, hace girar en torno a su núcleo a los mitos
menores. Así, en el ejemplo que nos ocupa,
numerosos objetos están nimbados
por cargas transferidas del núcleo central. El
automóvil que nos presta utilidad,
es también un símbolo
del dinero, del "status" que nos abre las puertas a más dinero.
Sobre este particular Greeley dice:
" Basta con visitar el
salón anual del automóvil para
reconocer una manifestación religiosa profundamente ritualizada. Los colores, las luces, la música,
la reverencia de los
adoradores, la presencia de
las sacerdotisas del templo (las
modelos), la pompa y el lujo,
el derroche de dinero, la masa compacta (todo esto
constituiría en otra civilización un
oficio auténticamente litúrgico). El culto del
automóvil sagrado tiene sus fieles y sus iniciados.
El gnóstico no esperaba con más
impaciencia la revelación oracular
que el
adorador del automóvil los primeros
rumores sobre los nuevos modelos. Es en ese momento del
ciclo periódico anual cuando los pontífices del culto (los vendedores de
automóviles), cobran una importancia
nueva, al mismo tiempo que una
multitud ansiosa espera impacientemente el advenimiento de una
nueva forma de salvación". Por supuesto no estoy de
acuerdo con la dimensión que ese autor atribuye a la devoción hacia el fetiche-
automóvil. Pero de todas maneras tiene
la virtud de acercarse a la comprensión del tema mítico en un objeto
contemporáneo. En verdad se trata de un
mito desacralizado y, por tanto,
tal vez pueda verse en él una estructura similar a la del mito sagrado
pero justamente sin su característica fundamental de fuerza
autónoma, pensante e independiente. Si el autor
tiene en cuenta los ritos de
la periodicidad anual, también vale su
descripción para las celebraciones de los cumpleaños, Año Nuevo, entrega del Oscar
o ritos civiles semejantes que
no implican una atmósfera religiosa como ocurre en los mitos sacralizados.
Establecer las diferencias entre mito y ceremonial hubiera sido de
importancia, aunque tal cosa escaparía de nuestros objetivos
inmediatos. También hubiera sido de
interés establecer separaciones entre el universo de las voluntades
míticas y el de las fuerzas
mágicas en los que
la oración es reemplazado por el rito de encantamiento, pero también
este tema está más allá del presente estudio.
Cuando
consideramos uno de los mitos desacralizados centrales de esta
época (me refiero al
dinero), lo tuvimos en cuenta
como núcleo de un sistema de ideación.
Me imagino que los oyentes no
habrán imaginado una figura semejante a la que propone el modelo atómico de Bohr en la que el núcleo
es la masa central alrededor del cual
giran los electrones. En verdad el
núcleo de un sistema de ideación tiñe con sus peculiares características a
gran parte de la vida de las
personas. La conducta, las aspiraciones y los principales temores
están relacionados con ese tema. La
cosa va más lejos aún: toda una interpretación del mundo y de los
hechos conectan con el núcleo.
En nuestro ejemplo, la historia
de la humanidad tomará un
carácter económico y
esta historia se detendrá paradisíacamente cuando cesen
los conflictos que discuten la supremacía del dinero.
En fin,
hemos tomado como
referencia uno de
los mitos desacralizados centrales para aproximarnos al
posible funcionamiento de los
mitos sagrados de que habla nuestro libro.
Hay, de
todas maneras, grandes distancias entre un
sistema mítico y otro porque lo numinoso, lo divino, falta completamente en uno de ellos y eso pone
diferencias difíciles de eludir. Sea como
fuere, las cosas están cambiando a gran velocidad en el
mundo de hoy y así, me parece ver que se ha cerrado un momento histórico y se está abriendo otro.
Un momento en el que una nueva escala
de valores y una nueva sensibilidad parecen asomar. Sin embargo, no
puedo asegurar que nuevamente los dioses se están acercando al
hombre. Los teólogos
contemporáneos sufren la angustia de la ausencia de Dios, tal como la experimentara Buber. Una angustia
que no pudo superar Nietzsche luego de
la muerte divina. Ocurre que demasiado antropomorfismo
personal ha habido en los mitos antiguos y tal vez aquello que
llamamos "Dios" se exprese sin voz a través del Destino de
la humanidad.
Si
se me preguntara cabalmente si espero el surgimiento de nuevos mitos diría que eso, precisamente, está
ocurriendo. Solo pido que esas fuerzas tremendas que desencadena la Historia sean para generar una civilización planetaria y
verdaderamente humana, en la que
la desigualdad y la intolerancia sean abolidas para siempre. Entonces, como dice un viejo libro, "las
armas serán convertidas en herramientas de labranza".
Nada
más, muchas gracias.
Pensamiento
y obra literaria (Gran Palace. Santiago 23/05/91)
Agradezco
a Editorial Planeta y a los numerosos amigos que me han invitado a disertar
sobre algunos escritos editados en estos días en forma de colección. Desde luego,
agradezco la presencia de todos ustedes.
En
conferencias dadas en distintos países nos hemos ocupado de cada uno de los
libros conforme éstos aparecían publicados. Hoy, en cambio, trataremos de dar
una visión global sobre las ideas que forman la base de sustentación de estas
producciones. Sin embargo, debemos mencionar algunas características de cada
uno de los cuatro volúmenes que hoy presentamos ya que éstos no son uniformes
en temática ni estilo. Como veremos, los intereses que motivan a esas obras son
diversos, y las formas expositivas varían desde la prosa poética de Humanizar
la Tierra, al cuento corto de Experiencias Guiadas, a la exégesis de Mitos
Raíces Universales y al ensayo de Contribuciones al Pensamiento.
Deteniéndome
un poco en cada volumen diré que el primero de ellos, Humanizar la Tierra, es
un tríptico formado por libros escritos sucesivamente en 1972, 1981 y 1988. Me
estoy refiriendo a obras que circularon separadamente bajo los títulos de La
Mirada Interna; El Paisaje Interno y El Paisaje Humano. Humanizar la Tierra se
divide en los tres libros mencionados que, a su vez, se desglosan en capítulos
y éstos en parágrafos numerados. En general, el discurso cumple con una función
apelativa formalizada por oraciones imperativas que dan cierta dureza al texto.
Como descargo digo que a menudo aparecen las sentencias declarativas que
permiten al lector cotejar aquello que se enuncia, con sus propias
experiencias. Pero esta obra, un tanto polémica, presenta una dificultad mayor
dada por el deliberado forzamiento que se hace de la lengua castellana; así,
mediante ese recurso se logra una atmósfera acorde con las emociones que se
quiere transmitir, pero esto acarrea problemas de significado y, por tanto, de
comprensión cabal como quedó resaltado a la hora de la traducción a otros
idiomas. En definitiva, Humanizar la Tierra es una obra de pensamiento, tratada
en estilo de prosa poética, que versa sobre la vida humana en sus aspectos más
generales. Utiliza el deslizamiento del punto de vista desde la interioridad
personal hacia lo interperpersonal y social, exhortando a superar el sinsentido
de la vida; proponiendo actividad y militancia a favor de la humanización del
mundo.
El
segundo volumen, titulado Experiencias Guiadas, fue redactado en 1980. Se trata
de un conjunto de cuentos cortos escritos en primera persona, pero debemos
aclarar que esa "primera persona" no es la del autor, como ocurre
casi siempre, sino la del lector. Esto se logra haciendo que la ambientación en
cada relato sirva de enmarque para que el lector llene la escena con él mismo y
sus propios contenidos. Colaborando con el texto, aparecen asteriscos que
marcan pausas y ayudan a introducir, mentalmente, las imágenes que convierten a
un observador pasivo en actor y coautor de cada descripción. En las obras
literarias, en las representaciones teatrales, fílmicas y televisivas; el
lector o el espectador puede identificarse más o menos plenamente con los
personajes, pero reconociendo al momento, o posteriormente, diferencias entre
el actor que aparece "adentro" de la escena y el observador que se
encuentra "afuera" y no es otro que él mismo. En las experiencias
guiadas ocurre lo contrario: el personaje es el observador, agente y paciente
de acciones y emociones. Por otra parte, en las notas del libro se dan
elementos para que cualquier persona con mínima aptitud literaria pueda
construir nuevos relatos que sean motivo de delectación estética o bien,
parámetros de reflexión sobre situaciones vitales que exigen un cambio de
conducta o una respuesta inminente que, sin embargo, no está definida. A
diferencia de Humanizar la Tierra, que mediante la prosa poética trataba
situaciones generales de vida exhortando en una dirección también general, las
Experiencias Guiadas, utilizan la técnica del cuento corto para servir al
lector en el ordenamiento y orientación de la acción que él decida en
situaciones particulares de la vida cotidiana.
El
tercer volumen, Mitos Raíces Universales, se escribió en 1990. En él no se
tocan ya imágenes individuales como ocurre en las Experiencias Guiadas, sino
que se cotejan y comentan las imágenes colectivas más antiguas que las
distintas culturas han plasmado como mitos. Se trata de un trabajo de exégesis,
de interpretación sobre textos ajenos que, en parte, aparecen reelaborados
tratando con esto de llenar los vacíos que presentan los originales y de
superar las dificultades de las traducciones en las que nos basáramos. En el
escrito se trató de aislar aquellos mitos que conservaban una cierta
permanencia en su argumento central aunque a través del tiempo se modificaran
nombres y atributos secundarios. Esos mitos, a los que llamamos
"raíces", tomaron además el carácter de universales no solamente por
la dispersión geográfica a que llegaron sino por la adopción que otros pueblos
hicieron de ellos. Considerando la doble función que nosotros atribuimos a la
imagen como traducción de tensiones vitales y como impulso de conducta en
dirección a la descarga de dichas tensiones, la imagen colectiva plasmada en el
mito nos sirve para entender su base psicosocial. Por ello, Mitos Raíces
Universales nos acerca a la comprensión de los factores de cohesión y
orientación de los grupos humanos más allá de que los mitos en cuestión posean
una dimensión religiosa o simplemente actúen como fuertes creencias sociales
desacralizadas.
Dos
ensayos: Psicología de la Imagen escrito en 1988 y Discusiones Historiológicas,
producido en 1989, forman un cuarto volumen titulado Contribuciones al
Pensamiento. En él se exponen sucintamente los temas teóricos, para nosotros
más importantes, acerca de la estructura de la vida humana y de la historicidad
en la que esa estructura se desarrolla.
Los
comentarios hechos hasta aquí nos ponen en condiciones de intentar una
presentación global sobre las ideas que sirven de fundamento a nuestras
distintas producciones, pero debo recordar que es en Contribuciones al
Pensamiento donde se encontrarán expuestas con mayor precisión, algunas de
éstas ideas.
Entremos
hora en tema con algunas consideraciones en torno a las ideologías y los
sistemas de pensamiento. Nuestra concepción no se inicia admitiendo
generalidades, sino estudiando lo particular de la vida humana; lo particular
de la existencia; lo particular del registro personal del pensar, el sentir y
el actuar. Esta postura inicial la hace incompatible con todo sistema que
arranque desde la idea, desde la materia, desde el inconsciente, desde la
voluntad, etcétera. Porque cualquier verdad que se pretenda enunciar acerca del
hombre, acerca de la sociedad, acerca de la historia, debe partir de preguntas
en torno al sujeto que las hace; de otro modo hablando del hombre nos olvidamos
de él y lo reemplazamos o postergamos como si lo quisiéramos dejar de lado
porque sus profundidades nos inquietan, porque su debilidad cotidiana y su
muerte nos arrojan en brazos del absurdo. En este sentido, tal vez las
distintas teorías sobre el hombre han cumplido con la función de adormideras,
de apartamientos de la mirada del ser humano concreto que sufre, goza, crea y
fracasa. Ese ser que nos rodea y que somos nosotros mismos, ese niño que desde
su nacimiento tenderá a ser objetivado, ese anciano cuyas esperanzas de
juventud han sido ya quebradas. Nada nos dice cualquier ideología que se
presente como la realidad misma, o que pretenda no ser ideología, desplazando
la verdad que la denuncia como una construcción humana más. El hecho de que el
ser humano pueda o no encontrar a Dios, pueda o no avanzar en el conocimiento y
dominio de la naturaleza, pueda o no lograr una organización social acorde a su
dignidad, pone siempre un término de la ecuación en su propio registro. Y si
admite o rechaza cualquier concepción, por lógica o extravagante que esta sea,
siempre él mismo estará en juego, precisamente, admitiendo o rechazando.
Hablemos pues de la vida humana.
Cuando
me observo, no desde el punto de vista fisiológico sino existencial, me
encuentro puesto en un mundo dado, no construido ni elegido por mi. Me
encuentro en situación respecto a fenómenos que empezando por mi propio cuerpo
son ineludibles. El cuerpo como constituyente fundamental de mi existencia es,
además, un fenómeno homogéneo con el mundo natural en el que actúa y sobre el
cual actúa el mundo. Pero la naturalidad del cuerpo tiene para mí diferencias
importantes con el resto de los fenómenos, a saber: 1.- el registro inmediato
que poseo de él; 2.- el registro que mediante él tengo de los fenómenos
externos y 3.- la disponibilidad de alguna de sus operaciones merced a mi
intención inmediata. Pero ocurre que el mundo se me presenta, no solamente como
un conglomerado de objetos naturales sino como una articulación de otros seres
humanos y de objetos y signos producidos o modificados por ellos. La intención
que advierto en mí aparece como un elemento interpretativo fundamental del comportamiento
de los otros y así como constituyo al mundo social por comprensión de
intenciones, soy constituido por él. Desde luego, estamos hablando de
intenciones que se manifiestan en la acción corporal. Es gracias a las
expresiones corporales o a la percepción de la situación en que se encuentra el
otro, que puedo comprender sus significados, su intención. Por otra parte, los
objetos naturales y humanos se me aparecen como placenteros o dolorosos y trato
de ubicarme frente a ellos modificando mi situación. De este modo, no estoy
cerrado al mundo de lo natural y de los otros seres humanos sino que,
precisamente, mi característica es la "apertura". Mi conciencia se ha
configurado intersubjetivamente: usa códigos de razonamiento, modelos emotivos,
esquemas de acción que registro como "míos" pero que también
reconozco en otros. Y, desde luego, está mi cuerpo abierto al mundo en cuanto a
este lo percibo y sobre él actúo. El mundo natural, a diferencia del humano, se
me aparece sin intención. Desde luego, puedo imaginar que las piedras, las
plantas y las estrellas poseen intención pero no veo cómo llegar a un efectivo
diálogo con ellas. Aún los animales en los que a veces capto la chispa de la
inteligencia, se me aparecen impenetrables y en lenta modificación desde
adentro de su naturaleza. Veo sociedades de insectos totalmente estructuradas,
mamíferos superiores usando rudimentos técnicos, pero repitiendo sus códigos en
lenta modificación genética, como si fueran siempre los primeros representantes
de sus respectivas especies. Y cuando compruebo las virtudes de los vegetales y
los animales modificados y domesticados por el hombre, observo la intención de
éste abriéndose paso y humanizando al mundo.
Me
es insuficiente la definición del hombre por su sociabilidad ya que esto no
hace a la distinción con numerosas especies; tampoco su fuerza de trabajo es lo
característico, cotejada con la de animales más poderosos; ni siquiera el
lenguaje lo define en su esencia, porque sabemos de códigos y formas de
comunicación entre diversos animales. En cambio, al encontrarse cada nuevo ser
humano con un mundo modificado por otros y ser constituido por ese mundo
intencionado, descubro su capacidad de acumulación e incorporación a lo
temporal; descubro su dimensión histórico-social, no simplemente social. Vistas
así las cosas, puedo intentar una definición diciendo: “el hombre es el ser
histórico, cuyo modo de acción social transforma a su propia naturaleza”. Si
admito lo anterior, habré de aceptar que ese ser puede transformar intencionalmente
su constitución física. Y así está ocurriendo. Comenzó con la utilización de
instrumentos que puestos adelante de su cuerpo como "prótesis"
externas le permitieron alargar su mano, perfeccionar sus sentidos y aumentar
su fuerza y calidad de trabajo. Naturalmente no estaba dotado para los medios
líquido y aéreo y sin embargo creó condiciones para desplazarse en ellos, hasta
comenzar a emigrar de su medio natural, el planeta Tierra. Hoy, además, está
internándose en su propio cuerpo cambiando sus órganos; interviniendo en su
química cerebral; fecundando in vitro y manipulando sus genes. Si con la idea
de "naturaleza" se ha querido señalar lo permanente, tal idea es hoy
inadecuada aún si se la quiere aplicar a lo más objetal del ser humano, es
decir, a su cuerpo. Y en lo que hace a una "moral natural", a un
"derecho natural" o a instituciones naturales encontramos,
opuestamente, que en ese campo todo es histórico-social y nada allí existe por
naturaleza.
Contigua
a la concepción de la naturaleza humana, ha estado operando otra que nos habló
de la pasividad de la conciencia. Esta ideología consideró al hombre como una
entidad que obraba en respuesta a los estímulos del mundo natural. Lo que
comenzó en burdo sensualismo, poco a poco fue desplazado por corrientes
historicistas que conservaron en su seno la misma idea en torno a la pasividad.
Y aún cuando privilegiaron la actividad y la transformación del mundo por sobre
la interpretación de sus hechos, concibieron a dicha actividad como resultante
de condiciones externas a la conciencia.
Pero
aquellos antiguos prejuicios en torno a la naturaleza humana y a la pasividad
de la conciencia hoy se imponen, transformados en neoevolucionismo, con
criterios tales como la selección natural que se establece en la lucha por la
supervivencia del más apto. Tal concepción zoológica, en su versión más
reciente, al ser trasplantada al mundo humano tratará de superar las anteriores
dialécticas de razas o de clases con una dialéctica establecida según leyes
económicas naturales que autorregulan toda la actividad social. Así, una vez
más, el ser humano concreto queda sumergido y objetivizado.
Hemos
mencionado a las concepciones que para explicar al hombre comienzan desde
generalidades teóricas y sostienen la existencia de una naturaleza humana y de
una conciencia pasiva. En sentido opuesto, nosotros sostenemos la necesidad de
arranque desde la particularidad humana; sostenemos el fenómeno
histórico-social y no natural del ser humano y también afirmamos la actividad
de su conciencia transformadora del mundo, de acuerdo a su intención. Vimos a
su vida en situación y a su cuerpo como objeto natural percibido inmediatamente
y sometido también inmediatamente a numerosos dictados de su intención. Por
consiguiente se imponen las siguientes preguntas: cómo es que la conciencia es
activa, es decir, cómo es que puede intencionar sobre el cuerpo y a través de
él transformar al mundo? En segundo lugar, cómo es que la constitución humana
es historico- social? Estas preguntas deben ser respondidas desde la existencia
particular para no recaer en generalidades teóricas desde las cuales se deriva
luego un sistema de interpretación. De esta manera, para responder a la primera
pregunta tendrá que aprehenderse con evidencia inmediata cómo la intención
actúa sobre el cuerpo y, para responder a la segunda, habrá que partir de la
evidencia de la temporalidad y de la intersubjetividad en el ser humano y no de
leyes generales de la Historia y de la sociedad. Vamos pues al primer punto.
Para
alargar mi brazo, abrir la mano y tomar un objeto, necesito recibir información
sobre la posición de mi brazo y mi mano. Esto lo hago gracias a percepciones
kinestésicas y cenestésicas, es decir, percepciones de mi intracuerpo. Para
ello estoy equipado con sensores que cumplen con tareas especializadas del modo
en que los sentidos externos lo hacen con sus censores táctiles, auditivos,
etc. Debo, demás, recoger datos visuales de la distancia de mi cuerpo respecto
al objeto. Es decir, antes de estirar el brazo he tomado información compleja
en lo que puedo llamar una “estructura de percepción" y no una sumatoria
de percepciones separadas. Así es que en la medida en que me dispongo a tomar
el objeto selecciono información descartando, además, a otra que no viene al
caso. Para dirigir la estructura de percepción, homogénea con la intención de
tomar el objeto, no me basta con la explicación segun la cual estoy percibiendo
pasivamente. Esto se me hace más claro en la medida en que comienzo el
movimiento y lo ajusto en realimentación con los datos que me van entregando
los sentidos. El poner en marcha el brazo y reajustar su trayectoria, no tiene
explicación tampoco por vía de la percepción. Para evitar que en este estudio
se me confundan los registros, he decidido cerrar los párpados y colocarme
frente al objeto realizando operaciones con mi brazo y mi mano. Nuevamente
registro las sensaciones internas, pero al faltar la vista, el cálculo de la
distancia se entorpece. Si equivoco la posición del objeto representándolo,
imaginándolo, en un lugar diferente al que realmente está, seguramente mi mano
no dará con él. Es decir, mi mano irá en la dirección que ha
"trazado" mi imagen visual. Otro tanto puedo experimentar con los
distintos sentidos externos que traerán información de los fenómenos y a los
que corresponderán también imágenes que, aparentemente, serán
"copias" de la percepción. Así puedo contar con imágenes gustativas,
olfatorias, etc. y también con imágenes correspondientes a los sentidos
internos como posición, movimiento, dolor, acidez, presión interna, etc.
Siguiendo
con el tema, descubro que son las imágenes las que imprimen actividad al cuerpo
y que si bien reproducen a la percepción, tienen gran movilidad, fluctúan y se
transforman tanto voluntaria como involuntariamente. Aquí debo decir que para
la Psicología ingenua, las imágenes eran pasivas y servían solamente para
fundamentar el recuerdo, por tanto en la medida en que se apartaban de la
dictadura de la percepción caían en la categoría de los desvaríos carentes de
significado. En aquellos tiempos toda una pedagogía se basó en la cruel
repetición memorizada de textos y se minimizó la creatividad y la comprensión,
ya que como comentáramos, la conciencia era pasiva. Pero sigamos el estudio.
Es
evidente que también tengo percepción de la imagen lo cual me permite
distinguir a una de otra así como distingo entre diversas percepciones. O acaso
no puedo rememorar imágenes, representar cosas imaginadas anteriormente?
Veamos. Si trabajo ahora con los ojos abiertos y efectúo la operación de tomar
el objeto, no alcanzo a percibir la acción de la imagen que va superponiéndose
a la percepción, pero si imagino al objeto en una posición falsa, aún cuando lo
vea en su posición verdadera, mi mano se abalanzará hacia el imaginado y no
hacia el visto. Es pues la imagen la que determina la actividad hacia el objeto
y no la simple percepción. Se replicará con el expediente del arco reflejo
corto que ni siquiera pasa por la corteza cerebral, cerrándose a nivel medular
y dando respuesta aún antes de que el estímulo pueda ser analizado. Pero si con
esto se quiere decir que existen respuestas automáticas que no requieren de la
actividad de la conciencia nosotros podemos abundar en multitud de operaciones
involuntarias, naturales, comunes al cuerpo humano y al de diversos animales.
Solo que esa postura nada explica en torno al problema de la imagen.
Con
respecto a las imágenes que se superponen a la percepción, agregaremos que esto
es lo que ocurre en todos los casos aunque no alcancemos a observarlo con la
claridad que tuvimos al imaginar un falso objeto al lado del percibido. Debemos
considerar aún que por el sólo hecho de imaginar visualmente el movimiento del
brazo, éste no responde. El brazo se moverá cuando se dispare una imagen hacia el
intracuerpo que corresponda a las percepciones internas de su propio nivel. Lo
que ocurrirá con la imagen visual será que esta trazará la dirección por la que
habrá de transitar el brazo. Tales afirmaciones se confirman en el sueño cuando
el durmiente, no obstante la gran proliferación de imágenes, permanece con el
cuerpo quieto. Y es claro que su paisaje de representación está internalizado,
por tanto sus imágenes van hacia el intracuerpo y no hacia las capas
musculares. En el sueño los sentidos externos tienden a retraerse, e igualmente
el trazado de las imágenes. Si se pone como ejemplo la agitación de las
"pesadillas" o del sonambulismo, diremos que desde el nivel de sueño
profundo se va pasando al de semisueño activo; los sentidos externos se activan
y las imágenes comienzan a externalizarse poniendo en marcha al cuerpo. No
entraremos en los temas del espacio de representación; ni en la traducción,
deformación y transformación de impulsos que, por otra parte, se encuentran
desarrollados en el ensayo Psicología de la Imagen. Con lo ya visto podemos
avanzar hacia otras ideas como las de co presencia; estructura temporal de la
conciencia; mirada y paisaje.
Un
día cualquiera entro en mi habitación y percibo la ventana, la reconozco, me es
conocida. Tengo una nueva percepción de ella pero, además, actúan antiguas
percepciones que convertidas en imágenes están retenidas en mí. Sin embargo,
observo que en un ángulo del vidrio hay una quebradura... "eso no estaba
ahí", me digo al cotejar la nueva percepción con lo que retengo de
percepciones anteriores. Además, experimento una suerte de sorpresa. La
“ventana” de actos anteriores ha quedado retenida en mí, pero no pasivamente
como una fotografía, sino actuante como son actuantes las imágenes. Lo retenido
actúa frente a lo que percibo, aunque su formación pertenezca al pasado. Se
trata de un pasado siempre actualizado, siempre presente. Antes de entrar a mi
habitación daba por sentado, daba por supuesto, que la ventana debía estar allí
en perfectas condiciones; no es que lo estuviera pensando, sino que simplemente
contaba con ello. La ventana en particular no estaba presente en mis
pensamientos de ese momento, pero estaba co presente, estaba dentro del
horizonte de objetos contenidos en mi habitación. Es gracias a la copresencia,
a la retención actualizada y superpuesta a la percepción, que la conciencia
infiere más de lo que percibe. En ese fenómeno encontramos el funcionamiento
más elemental de la creencia. En el ejemplo, es como si me dijera: "yo
creía que la ventana estaba en perfectas condiciones". Veamos. Si al
entrar a mi habitación aparecieran fenómenos propios de un campo diferente de
objetos, por ejemplo el motor de un avión o un hipopótamo, tal situación
surrealista me resultaría increíble no porque esos objetos no existan, sino
porque su emplazamiento estaría fuera del campo de copresencia correspondiente
a mis retenciones. Ahora bien, yo fui a mi habitación guiado por la intención,
guiado por las imágenes de conseguir un bolígrafo. Mientras caminaba, tal vez
olvidado de mi objetivo, las imágenes de lo que debía lograr en un futuro
inmediato continuaban actuando co presentemente. El futuro de conciencia estaba
actualizado, estaba en presente. Desafortunadamente encontré el vidrio quebrado
y mis intenciones se modificaron por la necesidad de solucionar otras
urgencias. Ahora bien, en cualquier instante presente de mi conciencia puedo
observar el entrecruzamiento de retenciones y de futurizaciones que actúan co
presentemente y en estructura. El instante presente se constituye en mi
conciencia como un campo temporal activo de tres tiempos diferentes. Las cosas
aquí son muy diferentes a las que ocurren en el tiempo de calendario en el que
el día de hoy no está tocado por el de ayer, ni por el de mañana. En el calendario
y el reloj, el "ahora" se diferencia del "ya no" y del
"todavía no" y, además, los sucesos están ordenados uno al lado del
otro en sucesión lineal y no puedo pretender que eso sea una estructura sino un
agrupamiento dentro de una serie total a la que llamo "calendario".
Pero ya volveremos sobre esto cuando consideremos el tema de la historicidad y
la temporalidad.
Por
ahora continuemos con lo dicho anteriormente respecto a que la conciencia
infiere más de lo que percibe; con aquello que viniendo del pasado, como
retención, se superpone a la percepción actual. En cada mirada que lanzo a un
objeto veo en él cosas deformadas. Esto no lo estamos afirmando en el sentido
explicado por la física moderna que claramente expone nuestra incapacidad para
detectar al átomo y a la longitud de onda que está por encima y por abajo de
nuestros umbrales de percepción; esto lo estamos diciendo con referencia a la
superposición que las imágenes de las retenciones y futurizaciones hacen de la
percepción. Así, cuando asisto en el campo a un hermoso amanecer, el paisaje
natural que observo no está determinado en sí, sino que lo determino, lo
constituyo por un ideal estético de hermosura al que adhiero; por el contraste
con la vida ciudadana; tal vez por alguien que me acompaña y por la sugerencia
que su luz suscita en mí, como esperanza de un futuro abierto. Y esa especial
paz que experimento me entrega la ilusión de que contemplo pasivamente, cuando
en realidad estoy poniendo activamente allí numerosos contenidos que se superponen
al simple objeto natural. Y lo dicho no vale solamente para este ejemplo sino
para toda mirada que lanzo hacia la realidad.
Hemos
dicho en Discusiones Historiológicas que el destino natural del cuerpo es el
mundo y basta ver su conformación para verificar este aserto. Sus sentidos y
sus aparatos de nutrición, locomoción, reproducción, etc., están naturalmente
conformados para estar en el mundo, pero además la imagen lanza a través del
cuerpo su carga transformadora; no lo hace para copiar al mundo, para ser
reflejo de la situación dada sino, opuestamente, para modificar la situación
previamente dada. En este acontecer, los objetos son limitaciones o
ampliaciones de las posibilidades corporales y los cuerpos ajenos aparecen como
multiplicaciones de esas posibilidades, en tanto son gobernados por intenciones
que se reconocen similares a las que manejan al propio cuerpo. Por qué
necesitaría el ser humano transformar el mundo y transformarse a sí mismo? Por
la situación de finitud y carencia temporoespacial en que se halla y que
registra como dolor físico y sufrimiento mental. Así, la superación del dolor
no es simplemente una respuesta animal, sino una configuración temporal en la
que prima el futuro y que se convierte en impulso fundamental de la vida aunque
esta no se encuentre urgida en un momento dado. Por ello, aparte de la
respuesta inmediata, refleja y natural, la respuesta diferida para evitar el
dolor está impulsada por el sufrimiento psicológico ante el peligro y está
representada como posibilidad futura o hecho actual en el que el dolor está
presente en otros seres humanos. La superación del dolor aparece, pues, como un
proyecto básico que guía a la acción. Es ello lo que ha posibilitado la
comunicación entre cuerpos e intenciones diversas, en lo que llamamos la
"constitución social". La constitución social es tan histórica como
la vida humana, es configurante de la vida humana. Su transformación es
continua pero de un modo diferente a la de la naturaleza porque en esta no
ocurren los cambios merced a intenciones. La organización social se continúa y
amplía, pero esto no puede ocurrir solamente por la presencia de objetos
sociales que aún siendo portadores de intenciones humanas no han podido seguir
ampliándose. La continuidad está dada por las generaciones humanas que no están
puestas una al lado de otra sino que se interactúan y se transforman. Estas
generaciones que permiten continuidad y desarrollo son estructuras dinámicas,
son el tiempo social en movimiento sin el cual la sociedad caería en estado
natural y perdería su condición de sociedad. Ocurre, por otra parte, que en
todo momento histórico coexisten distintas generaciones de distinto nivel
temporal, de distinta retención y futurización que configuran paisajes de
situación y creencias diferentes. El cuerpo y el comportamiento de niños y
ancianos delata, para las generaciones activas, una presencia de la que se
viene y a la que se va. A su vez, para los extremos de esa triple relación,
también se verifican ubicaciones de temporalidad extremas. Pero esto no
permanece jamás detenido porque mientras las generaciones activas envejecen y
los ancianos mueren, los niños van transformándose y comienzan a ocupar
posiciones activas. Entre tanto, nuevos nacimientos reconstituyen continuamente
a la sociedad. Cuando por abstracción se "detiene" al incesante
fluir, podemos hablar de "momento histórico" en el que todos los
miembros emplazados en el mismo escenario social pueden ser considerados
contemporáneos, vivientes de un mismo tiempo. Pero observamos que no son
coetáneos en su temporalidad interna en cuanto a paisajes de formación, en
cuanto a situación actual y en cuanto a proyecto. En realidad, la dialéctica
generacional se establece entre las "franjas" más contiguas que
tratan de ocupar la actividad central, el presente social, de acuerdo a sus
intereses y creencias. Es la temporalidad social interna la que explica
estructuralmente el devenir histórico en el que interactúan distintas
acumulaciones generacionales y no la sucesión de fenómenos linealmente puestos
uno al lado del otro, como en el tiempo del calendario, según nos lo explica la
historiografía ingenua.
Constituido
socialmente en un mundo histórico en el que voy configurando mi paisaje
interpreto aquello a donde lanzo mi mirada. Está mi paisaje personal, pero
también un paisaje colectivo que responde en ese momento a grandes conjuntos.
Como dijimos antes, coexisten en un mismo tiempo presente, distintas
generaciones. En un momento, para ejemplificar gruesamente, existen aquellos
que nacieron antes del transistor y los que lo hicieron entre computadoras.
Numerosas configuraciones difieren en ambas experiencias, no solamente en el
modo de actuar sino en el de pensar y sentir... y aquello que en la relación
social y en el modo de producción funcionaba en una época, deja de hacerlo
lentamente o, a veces, de modo abrupto. Se esperaba un resultado a futuro y ese
futuro ha llegado, pero las cosas no resultaron del modo en que fueron
proyectadas. Ni aquella acción, ni aquella sensibilidad, ni aquella ideología
coinciden con el nuevo paisaje que se va imponiendo socialmente.
Para
terminar con este esquema en torno a las ideas que se expresan a través de los
volúmenes hoy publicados, diré que el ser humano por su apertura y libertad
para elegir entre situaciones, diferir respuestas e imaginar su futuro, puede
también negarse a sí mismo, negar aspectos del cuerpo, negarlo completamente
como en el suicidio, o negar a otros. Esta libertad ha permitido que algunos se
apropien ilegítimamente del todo social. Es decir, que nieguen la libertad y la
intencionalidad de otros reduciéndolos a prótesis, a instrumentos de sus
propias intenciones. Allí está la esencia de la discriminación, siendo su
metodología la violencia física, económica, sexual, racial y religiosa. La
violencia puede instaurarse y perpetuarse gracias al manejo del aparato de
regulación y control social, esto es, el Estado. En consecuencia, la
organización social requiere un tipo avanzado de coordinación a salvo de toda
concentración de poder, sea esta privada o estatal. Pero como habitualmente se
confunde al aparato estatal con la realidad social debemos aclarar que por
cuanto la sociedad, no el Estado, es la productora de bienes, la propiedad de
los medios de producción debe, coherentemente, ser social.
Necesariamente,
aquellos que han reducido la humanidad de otros, han provocado con eso nuevo
dolor y sufrimiento, reiniciándose en el seno de la sociedad la antigua lucha
contra la adversidad natural, pero ahora entre aquellos que quieren
"naturalizar" a otros, a la sociedad y a la Historia y, por otra
parte, los oprimidos que necesitan humanizarse humanizando al mundo. Por esto
humanizar es salir de la objetivación para afirmar la intencionalidad de todo
ser humano y el primado del futuro sobre la situación actual. Es la
representación de un futuro posible y mejor lo que permite la modificación del
presente y lo que posibilita toda revolución y todo cambio. Por consiguiente,
no basta con la presión de condiciones oprimentes para que se ponga en marcha el
cambio, sino que es necesario advertir que tal cambio es posible y depende de
la acción humana. Esta lucha no es entre fuerzas mecánicas, no es un reflejo
natural; es una lucha entre intenciones humanas. Y esto es precisamente lo que
nos permite hablar de opresores y oprimidos, de justos e injustos, de héroes y
cobardes. Es lo único que permite practicar con sentido la solidaridad social y
el compromiso con la liberación de los discriminados sean éstos mayorías o
minorías.
Finalmente,
en cuanto al sentido de los actos humanos, no creemos que sean una convulsión
sin significado, una "pasión inútil", un intento que concluirá en la
disolución del absurdo. Pensamos que la acción válida es aquella que termina en
otros y en dirección a su libertad. Tampoco creemos que el destino de la
humanidad esté fijado por causas anteriores que invalidarían todo posible
esfuerzo, sino por la intención que haciéndose cada vez más consciente en los
pueblos, se abre paso en dirección de una nación humana universal.
Nada
más, muchas gracias.
Cartas
a mis Amigos (Centro Cultural Estación Mapocho. Santiago 14/05/94)
Agradezco
a las instituciones organizadoras de este Primer Encuentro de la Cultura
Humanista, la invitación que oportunamente me cursaran para presentar el libro,
de edición chilena, "Cartas a mis Amigos". Agradezco las palabras
pronunciadas por Luis Felipe García en representación de Virtual Ediciones.
Agradezco la intervención de Volodia Teitelboim, a quien quisiera responder a
futuro y comentar, con el detalle que merecen, muchos de los brillantes
conceptos que vertiera en esta ocasión. Agradezco la presencia de destacadas
personalidades de la cultura, de los medios de Prensa y, por supuesto, de los
numerosos amigos que hoy nos acompañan.
En
esta breve exposición, quisiera ambientar el libro que hoy se lanza
públicamente destacando que no se trata de una obra sistemática sino de una
serie de comentarios presentados en el conocido y, tantas veces utilizado,
estilo epistolar. Desde las "epístolas morales" de Séneca, ha llegado
hasta hoy un fárrago de exposiciones que se han diseminado por el mundo y que
han tenido, por cierto, despareja influencia y desparejo interés. Hoy ya son
muy conocidas las "cartas abiertas" que si bien parecen dirigidas a
una persona, una institución, o un gobierno, están escritas con la intención de
que lleguen más allá del destinatario explícito, es decir, con la intención de
llegar a los grandes públicos. En éste último sentido, es que se ha pensado
nuestro presente trabajo. El título completo del volumen es: "Cartas a mis
amigos sobre la crisis social y personal en el momento actual".
¿Quiénes
son estos "amigos" a quienes se dirigen las misivas? Son, sin duda,
aquellas personas que coinciden o difieren con nuestra postura ideológica pero
que, en todos los casos, lo hacen con la genuina intención de lograr una mayor comprensión y una mejor
adecuación de la acción para superar la crisis que estamos viviendo. Eso en
cuanto al destinatario.
En
cuanto a la temática, no se ha dejado de destacar el campo de crisis dentro del
que se inscriben tanto las sociedades como los individuos. Al concepto de
"crisis" lo consideramos en su sentido más habitual de término de un
acontecer que se resuelve en una dirección u otra. La "crisis" hace
salir de una situación e ingresar en otra nueva que plantea sus propios
problemas. Se entiende popularmente a la "crisis" como una fase
peligrosa de la que puede resultar algo beneficioso o pernicioso para las
entidades que la experimentan y estas entidades son, en este caso, la sociedad
y los individuos. Para algunos es redundante considerar a los individuos ya que
se los implica al hablar de la sociedad, pero desde nuestro punto de vista esto
no es correcto y la pretensión de hacer desaparecer a uno de los términos se
apoya en un análisis que no compartimos. Con esto, doy por concluido el
comentario sobre el título del libro.
Ahora
bien, el orden razonable del discurso indica que se debería entrar en tema con
el estudio de los contenidos de la obra. Sin embargo, preferiríamos no seguir
esa secuencia escolar, sino adentrarnos en las intenciones que han determinado
a toda esta producción. Estas intenciones son las de recoger el pensamiento del
Nuevo Humanismo y volcar su dictamen sobre la situación que nos toca vivir. El
Nuevo Humanismo está planteando una advertencia sobre la crisis general de la
civilización y está planteando unas medidas mínimas a tomar para superar esta
crisis. El Nuevo Humanismo es consciente del apocalipsismo de fin de siglo y de
fin de milenio de acuerdo a lo que enseña la historia. Bien sabemos que en
estas coyunturas epocales se levantan las voces de quienes proclaman el fin del
mundo y que, traducidas a distinto folklore, señalan o el fin del ecosistema, o
el fin de la Historia, o el fin de las ideologías, o el fin del ser humano
atrapado por la máquina, etc. Nada de esto sostiene el Nuevo Humanismo, él
simplemente dice: "¡He, amigos, hay que cambiar el rumbo!” ¿Que nadie
quiere oírnos? ¿Que estamos equivocados? Pues enhorabuena, porque si estamos
equivocados las cosas marchan por un camino justo y vamos recorriendo la
vía hacia el Paraíso en la Tierra.
Algunos estructuralistas nos dirán que la crisis actual es una simple
reacomodación del sistema, un reordenamiento necesario de factores en un
sistema que sigue realimentando el progreso; algunos postmodernistas afirmarán
que simplemente se ha desajustado el relato del siglo XIX y que los
"decididores" sociales están ofreciendo un incremento de poder y de
pacificación, gracias a la transparencia tecnológica y comunicacional. Ah,
¡bien amigos!, podemos descansar confiando en que el Nuevo Orden se encargará
de pacificar el mundo. No más Yugoslavas, Medio Oriente, Burundi o Sri Lanka.
No más hambruna, no más un 80% de la población mundial en la línea y bajo la
línea de subsistencia. No más recesión, no más despidos, no más destrucción de
las fuentes de trabajo. Ahora si, administraciones cada vez más limpias, tasas
de escolaridad y de educación crecientes, disminución de la delincuencia y la
inseguridad ciudadana, disminución de alcoholismo y drogadicción... en suma,
conformidad y felicidad creciente para todos. Eso está bien, amigos. Seamos
pacientes, ¡el Paraíso está muy cerca! ... Pero si esto no fuera así, si la
situación actual siguiera en deterioro o se perdiera el control, ¿cuáles serían
las alternativas a seguir?
Ese
es el discurso de las "Cartas a mis amigos". Y no creemos que sea
ofensivo considerar, a modo de tímida opinión, la posibilidad de que ocurra un
penoso desenlace. Nadie se ofende porque los edificios cuenten con sus
escaleras de emergencia, que los cines y los lugares de reunión pública estén
pertrechados con equipos de extinción, con puertas de escape; nadie protesta
porque los estadios deportivos se vean obligados a habilitar portones de salida
suplementarios. Y, por supuesto, cuando uno va a un cine o entra a un edificio
no está pensando en incendios ni en catástrofes, porque todo se entiende en el
contexto que pone la prudencia. Si no se incendia el edificio, ni el cine, ni
en el estadio se produce el desborde, ¡enhorabuena!
En
la sexta Carta se recoge el Documento de los Humanistas en el que éstos exponen
sus ideas más generales, su alternativa a la crisis. No es un Documento de
aguafiestas, no es un ideario pesimista, es una exposición sobre la crisis y
una presentación de alternativas. Al leerlo, aún aquellos que no estuvieran de
acuerdo, deberían decir: "Bien, es una alternativa. Debemos cuidar a estos
muchachos, las sociedades necesitan escaleras de incendio. No son nuestros
enemigos, son la voz de la supervivencia".
El
Documento de los Humanistas, que recoge la Carta sexta, nos dice: "Los
humanistas ponen por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital; la
cuestión de la democracia real frente a la democracia formal; la cuestión de la
descentralización frente a la centralización; la cuestión de la
antidiscriminación frente a la discriminación; la cuestión de la libertad
frente a la opresión; la cuestión del sentido de la vida frente a la resignación,
la complicidad y el absurdo... Los humanistas son internacionalistas, aspiran a
una nación humana universal. Comprenden globalmente el mundo en que viven y
actúan en su medio inmediato. No desean un mundo uniforme sino múltiple:
múltiple en las etnias, lenguas y costumbres; múltiple en las localidades, las
regiones y las autonomías; múltiple en las ideas y las aspiraciones; múltiple
en las creencias, el ateísmo y la religiosidad; múltiple en el trabajo;
múltiple en la creatividad. Los humanistas no quieren amos; no quieren
dirigentes ni jefes, ni se sienten representantes ni jefes de nadie...
" Y, al final del Documento se
concluye: "Los humanistas no son ingenuos ni se engolosinan con
declaraciones de épocas románticas. En ese sentido, no consideran sus
propuestas como la expresión más avanzada de la conciencia social, ni piensan a
su organización en términos indiscutibles. Los humanistas no fingen ser
representantes de las mayorías. En todo caso, actúan de acuerdo a su parecer
más justo apuntando a las transformaciones que creen más adecuadas y posibles
en este momento que les toca vivir".
¿No
está plasmado en este Documento un fuerte sentimiento de libertad, de
pluralismo, de autolimitación? A eso bien se lo puede llamar planteo
alternativo y de ninguna manera
propuesta avasalladora, uniformante y absoluta...
¿Y
cómo es este proceso de crisis?, ¿hacia donde apunta? En las diversas cartas se
ejemplifica sobre un mismo modelo. El modelo de sistema cerrado. Este comenzó
en el surgimiento del Capitalismo. La Revolución Industrial lo fue potenciando.
Los estados nacionales, en manos de una burguesía cada vez más poderosa,
comenzaron a disputarse el mundo. Las antiguas colonias pasaron de las testas
coronadas a manos de las compañías privadas. Y la banca comenzó su tarea de
intermediación, de endeudamiento de terceros y de apoderamiento de las fuentes
de producción. Ya la banca financió campañas militares de las burguesías
ambiciosas, prestó y endeudó a las
partes en conflicto y casi siempre salió gananciosa de todo conflicto. Cuando
aún las burguesías nacionales se planteaban el crecimiento en términos de
explotación inclemente de la clase trabajadora, en términos de crecimiento
industrial, en términos de comercio, siempre referenciando como centro de gravedad
al propio país que manejaban, ya la banca había saltado por encima de las
limitaciones administrativas del Estado nacional. Llegaron las revoluciones
socialistas, el crac bursátil y las reacomodaciones de los centros financieros,
pero estos siguieron en crecimiento y
concentración. Luego del último estertor nacionalista de las burguesías
industriales, luego del último conflicto mundial, quedó claro que el mundo era
uno, que las regiones, los países y los continentes quedaban conectados y que
la industria necesitaba del capital financiero internacional para sobrevivir.
Ya el Estado nacional comenzó a ser un estorbo para el desplazamiento de
capitales, bienes, servicios, personas y productos mundializados. Comenzó la
regionalización. Y con ello el antiguo orden empezó a desestructurarse. El
viejo proletariado que en su momento era la base de la pirámide social
arraigada en las industrias extractivas primarias y que pasó poco a poco a
formar parte de los regimientos de trabajadores industriales, empezó a perder
uniformidad. Las industrias secundarias y las terciarias, los servicios cada
vez más sofisticados fueron absorbiendo mano de obra en una reconversión
continua de los factores de producción. Los antiguos gremios y sindicatos
perdieron poder de clase direccionándose hacia reivindicaciones inmediatas de
tipo salarial y ocupacional. La revolución tecnológica provocó nuevas
aceleraciones en un mundo desparejo en el que vastas regiones postergadas se
alejaban cada vez más de los centros de decisión. Esas regiones colonizadas,
expoliadas y destinadas a ocupar sectores de abastecimiento bruto en la
división internacional del trabajo, cada vez vendían más barata su producción y
cada vez compraban más cara la tecnología necesaria a su desarrollo. Entre
tanto, las deudas contraídas para seguir el modelo de desarrollo impuesto,
seguían creciendo. Llegó el momento en que las empresas necesitaron
flexibilizarse, descentralizarse, agilizarse y competir. Tanto en el mundo
capitalista como en el socialista, las estructuras rígidas comenzaron a
resquebrajarse al tiempo que se imponían gastos cada vez más agobiantes para
mantener en crecimiento a los complejos militar- industriales. Sobreviene
entonces, uno de los momentos más críticos de la historia humana. Y es allí, desde
el campo socialista desde donde comienza el desarme unilateral. Solo la
historia futura determinará si aquello fue un error o fue, precisamente, lo que
salvó a nuestro mundo del holocausto nuclear. Toda esta secuencia es fácilmente
reconocible. Y así llegamos a un mundo en el que la concentración del poder
financiero tiene postrada a toda industria, a todo comercio, a toda política, a
todo país, a todo individuo. Comienza la etapa del sistema cerrado y en un
sistema cerrado no queda otra alternativa que su desestructuración. En esta
perspectiva, la desestructuración del campo socialista aparece como el preludio
de la desestructuración mundial que se acelera vertiginosamente.
Este
es el momento de crisis en el que estamos ubicados. Pero la crisis tiende a
resolverse en diversas variantes. Por simple economía de hipótesis y, además
para ejemplificar en grandes trazos, en las Cartas se esbozan dos
posibilidades. Por una parte, la variante de la entropía de los sistemas
cerrados y, por otra parte, la variante de la apertura de un sistema cerrado
merced a la acción no natural sino intencional del ser humano. Veamos la
primera matizada con un cierto pintoresquismo descriptivo.
Es
altamente probable la consolidación de un imperio mundial que tenderá a
homogeneizar la economía, el Derecho, las comunicaciones, los valores, la
lengua, los usos y costumbres. Un imperio mundial instrumentado por el capital
financiero internacional que no habrá de reparar aún en las propias poblaciones
de los centros de decisión. Y en esa saturación, el tejido social seguirá su
proceso de descomposición. Las organizaciones políticas y sociales, la
administración del Estado, serán ocupadas por los tecnócratas al servicio de un
monstruoso Paraestado que tenderá a disciplinar a las poblaciones cada vez con
medidas más restrictivas a medida que la descomposición se acentúe. El
pensamiento habrá perdido su capacidad abstractiva reemplazado por una forma de
funcionamiento analítico y paso a paso según el modelo computacional. Se habrá
perdido la noción de proceso y estructura resultando de ello simples estudios
de lingüística y análisis formal. La moda, el lenguaje y los estilos sociales,
la música, la arquitectura, las artes plásticas y la literatura resultarán
desestructuradas y, en todo caso, se verá como un gran avance la mezcla de
estilos en todos los campos tal como ocurriera en otras ocasiones de la
historia con los eclecticismos de la decadencia imperial. Entonces, la antigua
esperanza de uniformar todo en manos de un mismo poder se desvanecerá para
siempre. En este oscurecimiento de la razón, en esta fatiga de los pueblos
quedará el campo libre a los fanatismos de todo signo, a la negación de la
vida, al culto del suicidio, al fundamentalismo descarnado. Ya no habrá
ciencia, ni grandes revoluciones del pensamiento... solo tecnología que para
entonces será llamada "Ciencia". Resurgirán los localismos, las
luchas étnicas y los pueblos postergados se abalanzarán sobre los centros de
decisión en un torbellino en el que las macrociudades, anteriormente hacinadas,
quedarán deshabitadas. Continuas guerras civiles sacudirán a este pobre planeta
en el que no desearemos vivir. En fin, esta es la parte del cuento que se ha
repetido en numerosas civilizaciones que en un momento creyeron en su progreso
indefinido. Todas esas culturas terminaron en la disolución pero,
afortunadamente cuando unas cayeron, en otros puntos se erigieron nuevos
impulsos humanos y, en esa alternancia, lo viejo fue superado por lo nuevo.
Está claro que en un sistema mundial cerrado no queda lugar para el surgimiento
de otra civilización sino para una larga y oscura edad media mundial.
Si
lo que se plantea en las cartas en base al modelo explicado es del todo
incorrecto, no tenemos por qué preocuparnos. Si, en cambio, el proceso mecánico
de las estructuras históricas lleva la dirección comentada es hora de
preguntarse cómo el ser humano puede cambiar la dirección de los
acontecimientos. A su vez, ¿quiénes podrían producir ese formidable cambio de
dirección sino los pueblos que son, precisamente, el sujeto de la historia?
¿Habremos llegado a un estado de madurez suficiente para comprender que a
partir de ahora no habrá progreso sino es de todos y para todos? Esta es la
segunda hipótesis que se explora en las Cartas.
Si
hace carne en los pueblos la idea de que (y es bueno repetirlo) no habrá
progreso sino es de todos y para todos, entonces la lucha será clara. En el
último escalón de la desestructuración, en la base social empezarán a soplar
los nuevos vientos. En los barrios, en las comunidades vecinales, en los
lugares de trabajo más humildes, comenzará a regenerar el tejido social. Este
será, aparentemente, un fenómeno espontáneo. Se repetirá en el surgimiento de
múltiples agrupaciones de base que formarán los trabajadores ya independizados
de la tutela de las cúpulas sindicales. Aparecerán numerosos nucleamientos
políticos, sin organización central, en lucha con las organizaciones políticas
cupulares. Comenzará la discusión en cada fábrica, en cada oficina, en cada
empresa. De los reclamos inmediatistas se irá cobrando conciencia hacia la
situación más amplia en la que el trabajo tendrá más valor humano que el
capital y en la que el riesgo del trabajo será más claro que el riesgo del
capital a la hora de considerar prioridades. Fácilmente se llegará a la
conclusión de que la ganancia de la empresa debe reinvertirse en abrir nuevas
fuentes de trabajo o derivar hacia otros sectores en los que la producción siga
aumentando en lugar de derivar hacia franjas especulativas que terminan engrosando
el capital financiero, que producen el vaciamiento empresarial y que llevan a
la posterior quiebra del aparato productivo. El empresario comenzará a advertir
que ha sido convertido en simple empleado de la banca y que, en esta
emergencia, su aliado natural es el trabajador. El fermento social comenzará a
activarse nuevamente y se desatará la lucha clara y franca entre el capital
especulativo, en su neto carácter de fuerza abstracta e inhumana y las fuerzas
del trabajo, verdadera palanca de la transformación del mundo. Empezará a
comprenderse que el progreso no depende de la deuda que se contrae con los
bancos sino que los bancos deben otorgar créditos a la empresa sin cobro de
intereses. Y también quedará claro que no habrá forma de descongestionar la
concentración que lleva al colapso sino es mediante una redistribución de la
riqueza hacia las áreas postergadas. La Democracia real, plebiscitaria y
directa será una necesidad porque se querrá salir de la agonía de la no
participación y de la amenaza constante del desborde popular. Los poderes serán
reformados porque ya habrá perdido todo crédito y todo significado la
estructura de la democracia formal dependiente del capital financiero. Sin
duda, éste segundo libreto de crisis, se presentará luego de un período de
incubación en el que los problemas se agudizarán. Entonces comenzará esa serie
de avances y retrocesos en que cada éxito será multiplicado como efecto
demostración en los lugares más remotos gracias a las comunicaciones
instantáneas. Ni siquiera se tratará de la conquista de los estados nacionales sino de una situación
mundial en la que se irán multiplicando estos fenómenos sociales antecesores de
un cambio radical en la dirección de los acontecimientos. De este modo, en
lugar de desembocar el proceso en el colapso mecánico tantas veces repetido, la
voluntad de cambio y de dirección de los pueblos comenzará a recorrer el camino
hacia la nación humana universal.
Es
esta segunda posibilidad, es a esta alternativa a la que apuestan los
humanistas de hoy. Tienen demasiada fe en el ser humano como para creer que
todo terminará estúpidamente. Y si bien no se sienten la vanguardia del proceso
humano se disponen a acompañar ese proceso en la medida de sus fuerzas y allí
donde estén posicionados.
No
quisiera tomar más tiempo en comentar el libro que hoy tenemos en nuestras
manos. Solamente desearía reconocer la paciencia y la tolerancia que ustedes
han mostrado al seguir este aburrido
desarrollo.
Nada
más. Muchas gracias.
III
. Conferencias
Humanismo
y Nuevo Mundo (Universidad de Bellas Artes. México D. F. 07/07/91)
El
tema de hoy, "Humanismo y Nuevo Mundo", merece un breve encuadre.
Cuando se habla de "Humanismo" suele hacerse referencia a esa
corriente que, contemporánea a la explosión renacentista, arranca en las letras
con Petrarca. En otras civilizaciones y aún en las más próximas a Occidente,
puede verse una serie de temas tratados con un enfoque parecido al de los
Humanistas del Renacimiento. Cicerón es un epónimo de esto en la cultura
romana. Los humanistas desde entonces, colocaron al ser humano no simplemente
como el sujeto y el productor del hecho histórico, sino como el centro de toda
actividad fundamental. El ser humano, fue también el escalón mas alto de una
axiología que bien podría resumirse así: "Nada por encima del hombre y
ningún hombre por encima de otro".
En
el Renacimiento, particularmente, la palabra "humanismo" toma su real
dimensión en la lucha que, contra el oscurantismo, inicia el Arte y la Ciencia.
Sería excesivo en esta ocasión, considerar el aporte de Giordano Bruno, Pico de
la Mirandola y por supuesto, Galileo, figuras veneradas por los humanistas de
hoy. Todos ellos sufrieron la persecución de un sistema en el que se amputaba
la real dimensión del ser humano y que tenía por encima de todo a la divinidad,
luego al príncipe, al estado y las leyes, como subsidiarios de esa divinidad.
La
irrupción humanista trastoca esa escala de valores y aparece en el centro de
escena el alma y el cuerpo del ser humano, tomando prestado las más de las
veces concepciones propias del paganismo grecorromano fuertemente impregnado
por las escuelas de pensamiento neoplatónico y neopitagórico. Un formidable
debate se desarrolla en la vieja Europa. Simultáneamente esta desplaza su
influencia hacia las Américas y, como es lógico, lo hace avanzando en su
colonización y conquista no con los elementos progresivos que se abren paso en
los círculos áulicos, sino con la brutalidad e ideología aún dominante, que a
la sazón es oscurantista y monárquica por derecho divino. La Inquisición y
persecución del libre pensamiento se trasladan a las nuevas tierras, pero
también, aunque silenciosamente por aquel entonces, pasan las ideas que harían
explosión en la Revolución Francesa y en las guerras y revoluciones de la
independencia Americana.
Es
el desarrollo de la visión humanista, antropocéntrica, la que finalmente
inaugura la modernidad expresándose ya no solamente en el arte y en la ciencia,
sino en la política de la época, jaqueando a la monarquía y al poder eclesial.
Sea cual fuere la adhesión o rechazo que se experimente por aquel período que
inaugura la etapa revolucionaria en toda su dimensión, por lo menos en
occidente, debe hacerse un especial reconocimiento al aporte que en ese sentido
hace el Humanismo.
Hoy,
en el ocaso de las revoluciones, también aparenta declinar aquel efervescente
humanismo, frente a una tecnología que parece haber absorbido la transformación
revolucionaria de las estructuras económico- sociales, despojando al discurso
político de toda comunicación, reemplazando las ideas de Fraternidad y
Solidaridad por la economía de competencia y mercado, por supuestas leyes de
autorregulación y por variables descarnadas de macroeconomía. Se reconstruye
una vacía escala de valores, en la que el ser humano concreto es desplazado de
su lugar central y se instala el culto del dinero. Desde luego que en el mito
contemporáneo existe una ideología que lo justifica. La ideología del Fin de
las Ideologías y la del Fin de la Historia, en las que reconocemos los acordes
del pragmatismo inaugurado a mediados
del siglo pasado.
A
mi ver, este pragmatismo elemental apoyado por un neodarwinismo que zoologiza a
la sociedad por su trasfondo de lucha por la supervivencia del mas apto, se
abre paso no por su excepcional calidad, sino porque los grandes sistemas de
pensamiento se han derrumbado debido a la acción de múltiples factores. Se
trata en realidad de un vacío enorme que ha dejado el fracaso de los sistemas
estructurados y de pensamiento, vacío que puede ser llenado por cualquier cosa
de inferior calidad, siempre que venga a satisfacer los intereses de quienes
controlan los resortes económicos.
Comprendo
que lo dicho hasta aquí debería ser justificado plenamente y que aún así, daría
lugar a variadas discusiones. Sin embargo, he destacado algunos puntos que me
parecen importantes para llegar a la situación del Humanismo en el momento
actual. De todas formas debo destacar que aquellas corriente que se han hecho
cargo del humanismo en este siglo han sido en verdad muy pocas.
Reconocemos
el rescate de la cuestión en "El existencialismo es un humanismo" de
Sartre y en la "Carta sobre el humanismo" de Heidegger, producciones
que aunque opuestas pueden colocarse en la línea del humanismo existencialista.
También podemos destacar un seudo "Humanismo" de cuño cristiano
representado por Maritain; un contra humanismo marxista en Althusser y una
dialéctica marxista entre humanismo burgués y humanismo proletario en Aníbal
Ponce.
Comentaría
muy esquemáticamente a las corrientes que en el pensamiento contemporáneo hacen
un intento por reformular teóricamente al humanismo tomando las variantes
principales: las existencialistas y las cristianas. Sin embargo, la palabra
"Humanismo" ha rebasado esa división y es bien aceptada popularmente
como si simplemente estuviera denotando toda disposición favorable al ser
humano en contraposición al avance de la maquinización y la tecnología. En este
sentido, hoy parece de bon ton adherir a un humanismo a la moda que nada tiene
que ver con su fatigoso y trágico desarrollo y sobre todo con su preciso
encuadre del que me permito citar algunas características esenciales: 1o. La
afirmación de la actividad de la conciencia, frente a posturas que consideren a
la conciencia humana como "reflejo" de condiciones objetivas; 2o. La
historicidad del ser humano y de sus producciones, en tanto el ser humano no es
un ser natural sino social e histórico; 3o. La apertura del hombre-al-mundo en
las que aquellas dicotomías de individuo y sociedad, de subjetividad y
objetividad, son resueltas; 4o. La fundamentación de la acción y de la ética
desde el ser humano y no desde otras instancias como pudiera ser la divinidad.
El
humanismo consecuente de hoy, por tanto, se considera libertario, solidario,
activo y comprometido con la realidad social. De ninguna manera opone el arte a
la ciencia y no comete el error de identificar arte con humanismo y ciencia con
tecnología. A ambos términos los considera incluidos en el proceso de desarrollo
cultural humano, comprendiendo ciertas facetas de la tecnología como una
instrumentación al servicio de quienes detentan el predominio económico.
Para
centrar nuestro tema en los términos de "Humanismo y Nuevo Mundo",
diremos que el avasallamiento de las culturas americanas por acción de las
potencias europeas, nada tiene que ver con una dialéctica entre cultura y
tecnología, sino que responde al modelo social que desde hace 500 años hasta
hace poco tiempo, se desarrolló al calor del oscurantismo y de las
instituciones absolutistas. Tal fenómeno fue histórico, político y social y
para nada un largo evento en el que se comprometieron los pueblos y las clases
populares de Europa , a la sazón tan oprimidas como en otras partes del mundo.
Por lo demás, tanto los humanistas europeos, como luego los humanistas de
América, sufrieron la misma persecución en ambos continentes, hasta que
pudieron hacer su aporte al cambio revolucionario, también en ambos
continentes.
Pero
hoy nuevos peligros amenazan a Latinoamérica y particularmente a este país de
perfil cultural singular que es México. ¿Estableceremos una equivocada
dialéctica entre cultura y tecnología o pondremos de relieve nuestra
idiosincrasia vigorosa, alcanzando a otras regiones que hoy parecen monopolizar
la ciencia y la técnica? Estos temas, de enorme importancia, no pueden ser
soslayados sin reflexión y por ello es
que propongo la formación de una comisión de estudio que lleve estas
inquietudes a lo largo y ancho de toda América, propiciando la realización de
una conferencia permanente para discutir la relación entre cultura y tecnología
en el año 1992, año en que se recuerda los 500 años del desembarco europeo en
América. Hoy como entonces, comienza una lucha que debe ser considerada en toda
su amplitud y creo que debe ser México, precisamente, el centro físico y
cultural de ese debate.
Nada
más, muchas gracias.
La
crisis de la civilización y el Humanismo (Academia de Ciencias. Moscú 18/06/92)
Agradezco
a la Academia de Ciencias de Moscú, agradezco al Club de Intenciones
Humanistas, agradezco a los representantes del campo de la cultura aquí
presentes agradezco a los editores de mis escritos agradezco al cuerpo de
traductores y a los numerosos amigos que me han invitado a disertar hoy aquí.
Agradezco la asistencia de los medios informativos y, desde luego, agradezco la
presencia de todos vosotros.
Seguramente
sabréis perdonar algunas dificultades debidas al hecho mismo de la traducción y
comprenderéis que al estar obligados a reducir el tiempo de exposición por el
inconveniente mencionado, tendremos que comprimir más de una idea.
Nuestro
tema de hoy, "La crisis de la civilización y el Humanismo" exige que
consideremos el concepto de "civilización" como paso previo a todo el
desarrollo. Mucho se ha escrito y discutido en torno a la palabra
"civilización". Ya en los comienzos de la Filosofía de la Historia se
empieza a entender a las distintas civilizaciones como suertes de entidades
históricas que tienen su proceso, su evolución y su destino. Esta entidad, la
civilización, aparece como un ámbito, como una región de comportamientos
humanos que permite identificar a los pueblos con cierto modo de producción,
ciertas relaciones sociales, cierta juridicidad y cierta escala de valores. En
general, no se identifica la idea de "pueblo" o "nación"
con la de civilización sino que se incluye a numerosos pueblos y naciones, más
allá de sus fronteras respectivas, dentro del ámbito común mencionado. Tradicionalmente
se ha relacionado a las civilizaciones con suertes de "espacios
culturales" radicados dentro de límites geográficos y se les ha atribuido
la capacidad de irradiar y recibir influencias de otras más o menos contiguas.
Cuando
se habla de la civilización egipcia, o griega, se está haciendo alusión a esos
ámbitos de comportamientos humanos ya mencionados y no se está pensando que un
artificio más o menos centralizador como el Estado sea el factor decisivo en la
articulación de dichos ámbitos. Que los macedonios o los espartanos
participaran de la cultura helénica sin formar parte de una liga de ciudades-
estados o que, inclusive, lucharan entre sí, muestra que no es el Estado lo
sustancial en su definición. De todas maneras, la radicación en cierto espacio
ha permitido hablar de la civilización "mesopotámica", de la
civilización del "Nilo", de las civilizaciones "isleñas" y
así siguiendo. Este tipo de clasificación, desde luego, lleva implícita una
concepción según la cual toda civilización está determinada por razones geográficas,
del mismo modo que cuando se habla de las civilizaciones del "vino, la
leche y la miel", o las civilizaciones del "maíz" se hace
alusión a los recursos alimenticios, y cuando se menciona a la civilización
"neolítica", se denota los estadios culturales dados por la
producción instrumental y técnica.
Pero
más importante que el esfuerzo clasificador ha sido el trabajo emprendido desde
Vico en adelante para tratar de comprender cuáles son los pasos temporales,
cómo es el devenir de una civilización y cuál es su destino. Desde ese corsi e
ricorsi de los acontecimientos humanos que el genial napolitano trata de
aprehender (apoyándose en una idea general sobre la forma del desarrollo
histórico, en un conjunto de axiomas y en un método filológico), hasta la
historiología de Toynbee (que se fundamenta en una concepción de
reto-respuesta, ya anticipada por Pavlov en sus estudios fisiológicos), ha
corrido mucha tinta y se ha tratado de hacer ciencia con ideas más o menos
difusas. Naturalmente, tales esfuerzos han sido premiados con mayor o menor
éxito. Comte mencionaba una ley que la civilización cumplía al partir de una
etapa heroica y teológica, al avanzar hacia un estadio metafísico y al
adentrarse, finalmente, en un momento positivo de racionalidad, abundancia y
justicia. Hegel nos habló de las civilizaciones como manifestaciones de los
pasos dialécticos del Espíritu Absoluto en su desarrollo y Spengler nos
presentó a las civilizaciones como protoformas biográficas, como entidades que
biológicamente seguían etapas de nacimiento, juventud, madurez y muerte.
Se
han realizado grandes trabajos para entender el funcionamiento y destino de las
civilizaciones, pero muchos de los investigadores y filósofos que acometieron
esas tareas no han profundizado suficientemente en el hecho primario de
reconocer que sus preguntas y respuestas surgieron desde el paisaje cultural,
desde el momento histórico en que vivieron. Y si hoy se quisiera encontrar una
nueva respuesta al tema de la civilización ya no se podría eludir la dificultad
(o facilidad) del paisaje cultural en que nos hemos formado y del momento
histórico en el que nos toca vivir. Hoy deberíamos preguntarnos por las
condiciones de nuestra propia vida si es que queremos comprender ese devenir y
con esto humanizaríamos el proceso histórico sobre el que reflexionáramos. No
lo haríamos por interpretar externamente a los hechos producidos por el ser
humano, como se hace en un libro de historia, sino por comprender desde la
estructura histórica y dotadora de sentido de la vida humana lo que ocurre en
la situación en que vivimos. Este enfoque nos lleva a advertir las limitaciones
que padecemos para formular ciertas preguntas y para dar ciertas respuestas
porque el momento mismo en que vivimos nos impide romper el límite de nuestras
creencias y supuestos culturales y es, precisamente, la ruptura de nuestras
creencias, la aparición de hechos que considerábamos imposibles, aquello que
nos permitirá avanzar en un nuevo momento de la civilización.
Como
todos comprenden, estamos hablando de la situación vital de crisis en la que
estamos sumergidos y, consecuentemente, del momento de ruptura de creencias y
supuestos culturales en los que fuimos formados. Para caracterizar la crisis
desde ese punto de vista, podemos atender a cuatro fenómenos que nos impactan
directamente, a saber: 1.- Hay un cambio veloz en el mundo, motorizado por la
revolución tecnológica, que está chocando con las estructuras establecidas y
con los hábitos de vida de las sociedades y los individuos; 2.- Ese desfasaje
entre la aceleración tecnológica y la lentitud de adaptación social al cambio
está generando crisis progresivas en todos los campos y no hay por qué suponer
que va a detenerse sino, inversamente, tenderá a incrementarse; 3.- Lo
inesperado de los acontecimientos impide prever qué dirección tomarán los
hechos, las personas que nos rodean y, en definitiva, nuestra propia vida. En
realidad no es el cambio mismo lo que nos preocupa sino la imprevisión
emergente de tal cambio y 4.- Muchas de las cosas que pensábamos y creíamos ya
no nos sirven, pero tampoco están a la vista soluciones que provengan de una
sociedad, unas instituciones y unos individuos que padecen el mismo mal. Por
una parte necesitamos referencias, pero por otra las referencias tradicionales
nos resultan asfixiantes y obsoletas.
A
mi ver es aquí, en esta zona del planeta más que en cualquier otra, donde se
está produciendo la aceleración más formidable de las condiciones del cambio
histórico; aceleración confusa y dolorosa en la que se está gestando un nuevo
momento de la civilización. Hoy aquí nadie sabe qué pasará mañana, pero en
otras partes del mundo se supone, ingenuamente, que la civilización va en una
dirección de crecimiento previsible y dentro de un modelo económico y social ya
establecido. Desde luego que esta forma de ver las cosas se acerca más a un
estado de ánimo, a una manifestación de deseos que a una posición justificada
por los hechos, porque a poco que se examine lo que está ocurriendo se llega a
la conclusión de que el mundo, globalmente considerado y no esquizofrenicamente
dividido entre Este y Oeste, está marchando hacia una inestabilidad creciente.
Tener la mirada puesta exclusivamente en un tipo de Estado, un tipo de
administración o un tipo de economía para interpretar el devenir de los
acontecimientos muestra cortedad intelectual y delata la base de creencias que
hemos incorporado en nuestra formación cultural. Por una parte, advertimos que
el paisaje social e histórico en que estamos viviendo ha cambiado violentamente
respecto al paisaje en que vivíamos hace muy pocos años y, por otra parte, los
instrumentos de análisis que utilizamos todavía para interpretar estas
situaciones nuevas, pertenecen al viejo paisaje. Pero las dificultades son
mayores aún porque también contamos con una sensibilidad que se formó en otra
época y esta sensibilidad no cambia al ritmo de los acontecimientos.
Seguramente por esto, en todas partes del mundo, se está produciendo un
alejamiento entre quienes detentan el poder económico, político, artístico,
etc. y las nuevas generaciones que sienten de un modo distinto a la función
conque deben cumplir las instituciones y los líderes.
Creo
que es el momento de decir algo que resultará escandaloso a la sensibilidad
antigua, a saber: a las nuevas generaciones no les interesa como tema central
el modelo económico o social que discuten todos los días los formadores de
opinión, sino que esperan que las instituciones y los líderes no sean una carga
más que se agregue a este mundo complicado. Por un lado esperan una nueva
alternativa porque los modelos existentes les parecen agotados y, por otra
parte, no están dispuestas a seguir planteamientos y liderazgos que no
coincidan con su sensibilidad. Esto, para muchos, es considerado como una
irresponsabilidad de los más jóvenes pero yo no estoy hablando de
responsabilidades sino de un tipo de sensibilidad que debe ser tenido
seriamente en cuenta. Y este no es un problema que se solucione con sondeos de
opinión o con encuestas para saber de qué nueva manera se puede manipular a la
sociedad; este es un problema de apreciación global sobre el significado del
ser humano concreto que hasta ahora ha sido convocado en teoría y traicionado
en la práctica.
A
lo comentado anteriormente se responderá que, en esta crisis, los pueblos
quieren soluciones concretas pero afirmo que una cosa es una solución concreta
y otra cosa muy diferente es prometer soluciones concretas. Lo concreto es que
ya no se cree en las promesas y esto es mucho más importante, como realidad
psicosocial, que el hecho de presentar soluciones que la gente intuye no serán
cumplidas en la práctica. La crisis de credibilidad es también peligrosa porque
nos arroja indefensos en brazos de la demagogia y del carisma inmediatista de
cualquier líder de ocasión que exalte sentimientos profundos. Pero esto, aunque
yo lo repita muchas veces, es difícil de admitir porque cuenta con el
impedimento puesto por nuestro paisaje de formación en el que todavía se
confunde a los hechos con las palabras que mencionan a los hechos.
Aquí
estamos llegando a un punto en el que salta a la vista la necesidad de
preguntarse de una vez por todas si es adecuada la mirada que hemos estado
usando para entender estos problemas. Lo que comento no es algo tan extraño
porque desde hace unos años los científicos de otros campos dejaron de creer
que observaban la realidad misma y se preocuparon por entender cómo interfería
su propia observación en el fenómeno estudiado. Esto, dicho con nuestras
propias palabras, significa que el observador introduce elementos de su propio
paisaje que no existen en el fenómeno estudiado y que incluso la mirada que se
lanza hacia un campo de estudio ya está dirigida a cierta región de ese ámbito
y podría ocurrir que estuviéramos atendiendo a cuestiones que no son importantes.
Este asunto se hace mucho más grave a la hora de justificar posturas políticas
diciendo siempre que todo se hace teniendo en cuenta al ser humano cuando
resulta que esto es falso porque no se parte de tenerlo en cuenta a él sino a
otros factores que colocan a las personas en situación accesoria.
De
ninguna manera se piensa que únicamente comprendiendo la estructura de la vida
humana se puede dar razón cabal de los acontecimientos y del destino de la
civilización y esto nos lleva a comprender que el tema de la vida humana está
declamado y no es realmente tenido en cuenta porque se supone que la vida de
las personas no es agente productor de acontecimientos sino paciente de fuerzas
macroeconómicas, étnicas, religiosas o geográficas; porque se supone que a los
pueblos hay que demandarles objetivamente trabajo y disciplina social y,
subjetivamente, credulidad y obediencia.
Luego
de las observaciones hechas en torno al modo de considerar los fenómenos de la
civilización teniendo en cuenta nuestro paisaje de formación, nuestras
creencias y valoraciones, es conveniente que volvamos a concentrarnos en el
tema central.
Nuestra
situación actual de crisis no está referida a civilizaciones separadas como
podía ocurrir en otros tiempos en los que esas unidades podían interactuar
ignorando o regulando factores. En el proceso de mundialización creciente que
estamos sufriendo debemos interpretar los hechos actuando en dinámica global y
estructural. Sin embargo, vemos que todo se desestructura, que el Estado nacional
está herido por los golpes que le propinan desde abajo los localismos y desde
arriba la regionalización y la mundialización; que las personas, los códigos
culturales, las lenguas y los bienes se mezclan en una fantástica torre de
Babel; que las empresas centralizadas sufren la crisis de una flexibilización
que no alcanzan a implementar; que las generaciones se abisman entre sí, como
si en un mismo momento y lugar existieran subculturas separadas en su pasado y
en sus proyectos a futuro; que los miembros de la familia, que los compañeros
de trabajo, que las organizaciones políticas, laborales y sociales experimentan
la acción de fuerzas centrífugas desintegradoras; que las ideologías, tomadas
por ese torbellino, no pueden dar respuesta ni pueden inspirar la acción
coherente de los conjuntos humanos; que la antigua solidaridad desaparece en un
tejido social cada vez más disuelto y que, por último, el individuo de hoy que
cuenta con mayor número de personas en su paisaje cotidiano y con más medios de
comunicación que nunca, se encuentra aislado e incomunicado. Todo lo mencionado
muestra que aún esos hechos desestructurados y paradojales responden al mismo
proceso que es global y que es estructural y si las antiguas ideologías no
pueden dar respuesta a estos fenómenos es porque ellas forman parte del mundo
que se va. Sin embargo, muchos piensan que estos hechos marcan el fin de las
ideas y el fin de la Historia, del conflicto y del progreso humano. Por nuestra
parte, a todo ello le llamamos "crisis", pero estamos muy lejos de
considerar a esta crisis como una decadencia final porque vemos que en realidad
la disolución de las formas anteriores va correspondiendo a la ruptura de un
ropaje que ya queda chico al ser humano.
Estos
acontecimientos que han comenzado a ocurrir más aceleradamente en un punto que
en otro no tardarán en cubrir a todo el planeta, y en aquellos lugares donde
hasta hoy se sostenía un triunfalismo injustificado veremos aparecer fenómenos
que el lenguaje cotidiano calificará de "increíbles". Estamos
avanzando hacia una civilización planetaria que se dará una nueva organización
y una nueva escala de valores y es inevitable que lo haga partiendo del tema
más importante de nuestro tiempo: saber si queremos vivir y en qué condiciones
queremos hacerlo. Seguramente, los proyectos de círculos minoritarios
codiciosos y provisionalmente poderosos no tendrán en cuenta este tema válido
para todo ser humano pequeño, aislado e impotente y, en cambio, considerarán
como decisivos a los factores macrosociales. Sin embargo, al desconocer las
necesidades del ser humano concreto y actual serán sorprendidos en unos casos
por el desaliento social, en otros casos por el desborde violento y, en
general, por la fuga cotidiana a través de todo tipo de droga, neurosis y suicidio.
En definitiva, que tales proyectos deshumanizados se atascarán en el proceso de
implementación práctica porque un veinte por ciento de la población mundial no
estará en condiciones de sostener por mucho más tiempo la distancia progresiva
que lo va separando de ese ochenta por ciento de seres humanos necesitados de
condiciones mínimas de vida. Como todos sabemos, ese síndrome no podrá
desaparecer por el simple concurso de psicólogos, de fármacos, de deportes y de
sugerencias de los formadores de opinión. Ni los poderosos medios de
comunicación social, ni el gigantismo del espectáculo público servirán para
convencernos que somos hormigas o simple número estadístico pero si lograrán,
en cambio, que se acentúe la sensación de absurdo y de sin sentido de la vida.
Yo
creo que en la crisis de civilización que estamos padeciendo existen numerosos
factores positivos que deben ser aprovechados del mismo modo que aprovechamos
la tecnología cuando se refiere a la salud, la educación y la mejora de las
condiciones de vida, aunque la rechacemos si se aplica a la destrucción porque
está desviada del objetivo que la hizo nacer. Los acontecimientos están
contribuyendo positivamente a que revisemos globalmente todo lo que hemos
creído hasta hoy, que apreciemos la historia humana desde otra óptica, que
lancemos nuestros proyectos hacia otra imagen de futuro, que nos miremos entre
nosotros con una nueva piedad y tolerancia. Entonces, un nuevo Humanismo se
abrirá paso por este laberinto de la Historia en el que el ser humano creyó
anularse tantas veces.
La
crisis actual se propaga en todas las direcciones del planeta y no se radica
simplemente en una Comunidad de Estados Independientes o en Moscú, que a la
sazón fueron los puntos de expresión más notables de dicha crisis. La
civilización mundial, hoy en marcha, no puede prescindir de las iniciativas de
este gran pueblo porque de las soluciones que encuentre para sus problemas
depende el futuro de todos nosotros en tanto partícipes de la misma
civilización mundial.
Hemos
hablado del concepto de civilización y de lo que consideramos es hoy la
civilización que se mundializa; hemos tocado también el tema de la crisis y el
de las creencias en que nos apoyamos para interpretar este momento en que
vivimos. En cuanto al concepto de "Humanismo" , que aparece
integrando el título de esta conferencia solo quiero indicar algunos tópicos.
En primer término, no estamos hablando del Humanismo histórico, del de las
letras y las artes que se constituyó en motor del Renacimiento y que rompió las
ataduras oscurantistas de aquella larga noche medieval. El Humanismo histórico
tiene su caracterización precisa y de él nos sentimos continuadores no obstante
la falsedad de ciertas corrientes confesionales actuales que se auto titulan
"humanistas"... no puede haber Humanismo allí donde se ponga algún
valor por encima del ser humano. Debo
destacar, además, que el Humanismo extrae su explicación del mundo, de los
valores, de la sociedad, de la política, del Arte y de la Historia, básicamente
de su concepción del ser humano. Es la comprensión de la estructura de ésta la
que da claridad a su enfoque. No puede procederse de otro modo, no puede
llegarse al ser humano desde otro punto de arranque que no sea el ser humano.
Para el contemporáneo no se puede partir de teorías sobre la materia, sobre el
espíritu o sobre Dios... es menester partir de la estructura de la vida humana,
de su libertad y su intención y, lógicamente, ningún determinismo o naturalismo
puede convertirse en humanismo porque su supuesto inicial hace accesorio al ser
humano.
El
Humanismo de hoy define al ser humano como "...aquel ser histórico cuyo
modo de acción social transforma a su propia naturaleza." Encontramos aquí
los elementos que, desarrollados debidamente, pueden justificar una teoría y
una práctica que dé respuesta a la emergencia contemporánea. Extendernos en
consideraciones sobre la definición dada nos llevaría demasiado lejos y no
contamos con tiempo suficiente para hacerlo.
No
escapa a nadie que la rápida descripción que hemos hecho de la civilización y
de la crisis actual parten de tener en cuenta a la estructura de la existencia
humana y que tal descripción es justamente la del Humanismo contemporáneo en su
aplicación a un tema dado. Los términos de "Crisis de Civilización" y
"Humanismo" quedan ligados cuando proponemos una visión que puede
contribuir a sortear algunas de las dificultades actuales. Aunque no abundemos
más en su caracterización queda en claro que estamos considerando el tema del
Humanismo como conjunto de ideas, como quehacer práctico, como corriente de
opinión y como posible organización que lleve adelante objetivos de
transformación social y personal, dando acogida en su seno a particularidades
políticas y culturales concretas sin que estas desaparezcan como fuerzas de
cambio diferentes pero convergentes en su intención final. Flaco favor haría a
este momento de cambio quien se sintiera destinado a hegemonizar y
universalizar una determinada tendencia precisamente en el momento de la
descentralización y del clamor de reconocimiento de las particularidades
reales.
Quisiera
terminar con una consideración muy personal. En estos días tuve la oportunidad
de asistir a encuentros y seminarios con personalidades de la cultura,
científicos y académicos. En más de un caso me pareció advertir un clima de
pesimismo cuando intercambiábamos ideas sobre el futuro que nos tocaría vivir.
En esas ocasiones no me sentí tentado a hacer exaltaciones ingenuas, ni a
declarar mi fe por un futuro venturoso. Sin embargo, en este momento creo que
debemos hacer el esfuerzo de sobreponernos a este desaliento, recordando otros
momentos de grave crisis que vivió y superó la especie humana. En este sentido
quisiera evocar aquellas palabras, que comparto plenamente, y que vibran ya en
los orígenes de la Tragedia griega: " ... de todos los caminos,
aparentemente cerrados, siempre el ser humano encontró la salida”.
Nada
más, muchas gracias.
Visión
actual del Humanismo (Universidad Autónoma de Madrid 16/04/93)
Agradezco
a la Universidad Autónoma de Madrid la oportunidad que me brinda para expresar
mi punto de vista. Agradezco a su Forum Humanista la invitación que me hizo
llegar para disertar hoy aquí. Agradezco la presencia de profesores, alumnos,
gente de Prensa y amigos. Agradezco la asistencia de todos vosotros.
La
última vez que expuse públicamente en Madrid fue el 3 de Noviembre de 1989. En
el Ateneo hablé sobre uno de los libros que, en ese momento, me publicaba una
editora de este país. Hoy no tocaremos temas de literatura ni de poesía, sino
que habremos de considerar a una corriente de pensamiento, una corriente que
postula la acción transformadora y que comienza a ser tenida en cuenta merced a
los cambios profundos que se están operando en la sociedad. El Humanismo es
esta corriente. Muy brevemente revisaremos sus antecedentes históricos, su
desarrollo, y la situación en que se encuentra actualmente.
Dos
son las acepciones que se suelen atribuir a la palabra "Humanismo".
Se habla de "Humanismo" para indicar cualquier tendencia de
pensamiento que afirme el valor y la dignidad del ser humano. Con este
significado se puede interpretar al Humanismo de los modos más diversos y
contrastantes. En su significado más limitado, pero colocándolo en una perspectiva
histórica precisa, el concepto de Humanismo es usado para indicar ese proceso
de transformación que se inició entre finales del siglo XIV y comienzos del XV
y que, en el siglo siguiente, con el nombre de "Renacimiento", dominó
la vida intelectual de Europa. Basta mencionar a Erasmo; Giordano Bruno;
Galileo; Nicolás de Cusa; Tomás Moro; Juan Vives y Bouillé para comprender la
diversidad y extensión del Humanismo histórico. Su influencia se prolongó a
todo el siglo XVII y gran parte del XVIII, desembocando en las revoluciones que
abrieron las puertas de la Edad Contemporánea. Esta corriente pareció apagarse
lentamente hasta que a mediados de éste siglo ha echado a andar nuevamente en
el debate entre pensadores preocupados por las cuestiones sociales y políticas.
Los
aspectos fundamentales del Humanismo histórico fueron, aproximadamente, los
siguientes:
1.-
La reacción contra el modo de vida y los valores del Medioevo. Así comenzó un
fuerte reconocimiento de otras culturas, particularmente de la grecorromana, en
el arte, la ciencia y la filosofía.
2.-
La propuesta de una nueva imagen del ser humano, del que se exaltan su
personalidad y su acción transformadora.
3.-
Una nueva actitud respecto a la naturaleza, a la que se acepta como ambiente
del hombre y ya no como un sub- mundo lleno de tentaciones y castigos.
4.-
El interés por la experimentación e investigación del mundo circundante, como
una tendencia a buscar explicaciones naturales, sin necesidad de referencias a
lo sobrenatural.
Estos
cuatro aspectos del Humanismo histórico, convergen hacia un mismo objetivo:
hacer surgir la confianza en el ser humano y su creatividad y considerar al
mundo como reino del hombre, reino al cual éste puede dominar mediante el
conocimiento de las ciencias. Desde esta nueva perspectiva, se expresa la
necesidad de construir una nueva visión del universo y de la historia. De igual
manera, las nuevas concepciones del movimiento humanista llevan al replanteo de
la cuestión religiosa tanto en sus estructuras dogmáticas y litúrgicas, como en
las organizativas que, a la sazón, impregnan las estructuras sociales del
Medioevo. El Humanismo, en correlato con la modificación de las fuerzas
económicas y sociales de la época, representa a un revolucionarismo cada vez
más consciente y cada vez más orientado hacia la discusión del orden
establecido. Pero la Reforma en el mundo alemán y anglosajón y la Contra
reforma en el mundo latino tratan de frenar a las nuevas ideas re proponiendo
autoritariamente la visión cristiana tradicional. La crisis pasa de la Iglesia
a las estructuras estatales. Finalmente, el imperio y la monarquía por derecho
divino son eliminados merced a las revoluciones de fines del siglo XVIII y XIX.
Pero
luego de la Revolución francesa y de las guerras de la independencia
americanas, el Humanismo prácticamente ha desaparecido no obstante continuar un
trasfondo social de ideales y aspiraciones que alienta transformaciones
económicas, políticas y científicas. El Humanismo ha retrocedido frente a
concepciones y prácticas que se instalan hasta finalizado el Colonialismo, la
Segunda Guerra Mundial y el alineamiento bifronte del planeta. En esta
situación se reabre el debate sobre el significado del ser humano y la
naturaleza, sobre la justificación de las estructuras económicas y políticas,
sobre la orientación de la Ciencia y la tecnología y, en general, sobre la
dirección de los acontecimientos históricos.
Son
los filósofos de la Existencia los que dan las primeras señales: Heidegger para
descalificar al Humanismo como una Metafísica más ( en su "Carta sobre el
Humanismo"); Sartre para defenderlo (en su conferencia "El
Existencialismo es un Humanismo"); Luypen para precisar el enmarque
teórico (en "La Fenomenología es un Humanismo"). Por otro lado,
Althusser para levantar una postura Antihumanista (en "Pour Marx") y
Maritain para apropiarse de su antítesis desde el Cristianismo (en su
"Humanismo Integral"), hacen algunos esfuerzos meritorios.
Luego
de este largo camino recorrido y de las últimas discusiones en el campo de las
ideas, queda claro que el Humanismo debe definir su posición actual no
solamente en tanto concepción teórica sino en cuanto actividad y práctica
social. Para esto, nos apoyaremos continuamente en su reciente documento
fundacional.
El
estado de la cuestión humanista, debe ser planteado hoy con referencia a las
condiciones en que el ser humano vive. Tales condiciones no son abstractas. Por
consiguiente, no es legítimo derivar al Humanismo de una teoría sobre la
Naturaleza, o una teoría sobre la Historia, o una fe sobre Dios. La condición
humana es tal que el encuentro inmediato con el dolor y con la necesidad de
superarlo es ineludible. Tal condición, común a tantas otras especies,
encuentra en la humana la adicional necesidad de prever a futuro cómo superar
el dolor y lograr el placer. Su previsión a futuro se apoya en la experiencia
pasada y en la intención de mejorar su situación actual. Su trabajo, acumulado
en producciones sociales pasa y se transforma de generación en generación en
lucha continua por superar las condiciones naturales y sociales en que vive.
Por ello, el Humanismo define al ser humano como ser histórico y con un modo de
acción social capaz de transformar al mundo y a su propia naturaleza. Este
punto es de capital importancia porque al aceptarlo no se podrá,
coherentemente, afirmar luego un derecho natural, o una propiedad natural, o
instituciones naturales o, por último, un tipo de ser humano a futuro, tal cual
hoy es, como si estuviera terminado para siempre.
El
antiguo tema de la relación del hombre con la naturaleza, cobra nuevamente
importancia. Al retomarlo, descubrimos esa gran paradoja en la que el ser
humano aparece sin fijeza, sin naturaleza, al tiempo que advertimos en él una
constante: su historicidad. Por ello es que, estirando los términos, puede
decirse que la naturaleza del hombre es su historia; su historia social. Por
consiguiente, cada ser humano que nace no es un primer ejemplar equipado
genéticamente para responder a su medio, sino un ser histórico que desenvuelve
su experiencia personal en un paisaje social, en un paisaje humano. He aquí que
en este mundo social, la intención común de superar el dolor es negada por la
intención de otros seres humanos. Estamos diciendo que unos hombres naturalizan
a otros al negar su intención: los convierten en objeto de uso. Así, la
tragedia de estar sometido a condiciones físicas naturales, impulsa al trabajo
social y a la ciencia hacia nuevas realizaciones que superen a dichas
condiciones; pero la tragedia de estar sometido a condiciones sociales de
desigualdad e injusticia impulsa al ser humano a la rebelión contra esa
situación en la que se advierte no el juego de fuerzas ciegas sino el juego de
otras intenciones humanas. Esas intenciones humanas, que discriminan a unos y a
otros, son cuestionadas en un campo muy diferente al de la tragedia natural en
la que no existe una intención. Por esto es que siempre existe en toda
discriminación un monstruoso esfuerzo por establecer que las diferencias entre
los seres humanos se debe a la naturaleza, sea física o social, pero que
establece su juego de fuerzas sin que intervenga la intención. Se harán
diferencias raciales, sexuales y económicas justificándolas por leyes genéticas
o de mercado, pero en todos los casos se habrá de operar con la distorsión, la
falsedad y la mala fe.
Las
dos ideas básicas expuestas anteriormente, en primer lugar la de la condición
humana sometida al dolor con su impulso por superarlo y, en segundo término, la
definición del ser humano histórico y social, centran el estado de la cuestión
para los humanistas de hoy. Sobre estos particulares remito a mis
"Contribuciones al Pensamiento" en el ensayo titulado:
"Discusiones Historiológicas".
En
el Documento fundacional del Movimiento Humanista, se declara que ha de pasarse
de la prehistoria a la verdadera historia humana recién cuando se elimine la
violenta apropiación animal de unos seres humanos por otros. Entre tanto, no se
podrá partir de otro valor central que el del ser humano pleno en sus
realizaciones y en su libertad. La proclama: "Nada por encima del ser
humano y ningún ser humano por debajo de otro", sintetiza todo esto. Si se
pone como valor central a Dios, al Estado, al Dinero o a cualquier otra
entidad, se subordina al ser humano creando condiciones para su ulterior
control o sacrificio. Los humanistas tenemos claro este punto. Los humanistas
somos ateos o creyentes, pero no partimos del ateísmo o de la fe para
fundamentar nuestra visión del mundo y nuestra acción; partimos del ser humano
y de sus necesidades inmediatas.
Los
humanistas planteamos el problema de fondo: saber si queremos vivir y decidir
en qué condiciones hacerlo. Todas las formas de violencia física, económica,
racial, religiosa, sexual e ideológica, merced a las cuales se ha trabado el
progreso humano, repugnan a los humanistas. Toda forma de discriminación,
manifiesta o larvada, es motivo de denuncia para los humanistas.
Así
está trazada la línea divisoria entre el Humanismo y el Antihumanismo. El
Humanismo pone por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital; la
cuestión de la Democracia real frente a la Democracia formal; la cuestión de la
descentralización frente a la centralización; la cuestión de la
antidiscriminación frente a la discriminación; la cuestión de la libertad
frente a la opresión; la cuestión del sentido de la vida frente a la
resignación, la complicidad y el absurdo.
Porque
el Humanismo cree en la libertad de elección posee una ética valedera. Así
mismo, porque cree en la intención distingue entre el error y la mala fe.
De
este modo, los humanistas fijamos posiciones. No nos sentimos salidos de la
nada sino tributarios de un largo proceso y esfuerzo colectivo. Nos
comprometemos con el momento actual y planteamos una larga lucha hacia el
futuro. Afirmamos la diversidad en franca oposición a la regimentación que
hasta ahora ha sido impuesta y apoyada con explicaciones de que lo diverso pone
en dialéctica a los elementos de un sistema, de manera que al respetarse toda
particularidad se da vía libre a fuerzas centrífugas y desintegradoras. Los
humanistas pensamos lo opuesto y destacamos que, precisamente en este momento,
el avasallamiento de la diversidad lleva a la explosión de las estructuras
rígidas. Por esto es que enfatizamos en la dirección convergente, en la intención
convergente y nos oponemos a la idea y a la práctica de la eliminación de
supuestas condiciones dialécticas en un conjunto dado.
En
el Documento, los humanistas reconocemos los antecedentes del Humanismo
histórico y nos inspiramos en los aportes de las distintas culturas, no
solamente de aquellas que en este momento ocupan un lugar central; pensamos en
el porvenir tratando de superar la crisis presente; somos optimistas: creemos
en la libertad y el progreso social.
Los
humanistas somos internacionalistas, aspiramos a una nación humana universal.
Comprendemos globalmente al mundo en que vivimos y actuamos en nuestro medio
inmediato. No deseamos un mundo uniforme sino múltiple: múltiple en las etnias,
lenguas y costumbres; múltiple en las localidades, regiones y autonomías;
múltiple en las ideas y las aspiraciones; múltiple en las creencias el ateísmo
y la religiosidad; múltiple en el trabajo; múltiple en la creatividad.
Los
humanistas no queremos amos; no queremos dirigentes, ni jefes, ni nos sentimos
dirigentes, jefes, ni representantes de nadie. Los humanistas no queremos un
Estado centralizado ni un Paraestado que lo reemplace. Los humanistas no
queremos ejércitos policíacos, ni bandas armadas que los sustituyan...
Inmediatamente,
el Humanismo entra en la discusión de las condiciones económicas. Sostiene que
en el momento actual no se trata de aclarar detalles sobre las economías
feudales, las industrias nacionales o los grupos regionales. Se trata de que
aquellos supervivientes históricos acomodan su parcela a los dictados del
capital financiero internacional. Un capital especulador que se va concentrando
mundialmente. De esta suerte, hasta el Estado nacional requiere para sobrevivir
del crédito y el préstamo. Todos mendigan la inversión y dan garantías para que
la banca se haga cargo de las decisiones finales. Está llegando el tiempo en
que las mismas compañías, así como los campos y las ciudades serán propiedad
indiscutible de la banca. Está llegando el tiempo del Paraestado, un tiempo en
que el antiguo orden debe ser aniquilado. Parejamente, la vieja solidaridad se
evapora. En definitiva, se trata de la desintegración del tejido social y del
advenimiento de millones de seres humanos desconectados e indiferentes entre sí
a pesar de las penurias generales. El gran capital domina no solo la
objetividad, gracias al control de los medios de producción sino la
subjetividad gracias al control de los medios de comunicación e información. En
estas condiciones puede disponer a gusto de los recursos materiales y sociales
convirtiendo en irrecuperable a la naturaleza y descartando progresivamente al
ser humano. Para ello cuenta con tecnología suficiente. Y así como ha vaciado a
las empresas y a los estados, ha vaciado a la Ciencia de sentido convirtiéndola
en tecnología para la miseria, la destrucción y la desocupación. No se requiere
abundar en argumentación cuando se enfatiza que hoy el mundo está en
condiciones tecnológicas suficientes para solucionar en corto tiempo los
problemas de vastas regiones en lo que hace a pleno empleo, alimentación,
salubridad, vivienda e instrucción. Si esta posibilidad no se realiza es,
sencillamente, porque la especulación monstruosa del gran capital lo está
impidiendo. El gran capital ya ha agotado la etapa de economía de mercado en los
países avanzados y en su reconversión tecnológica comienza a disciplinar a la
sociedad para afrontar el caos que él mismo ha producido. La desocupación
creciente, la recesión y el desborde de los marcos políticos e institucionales
marca el comienzo de otra época en la que ya los estamentos y los cuadros de
dirección deben ser renovados y adaptados a los nuevos tiempos. Estos cambios
de esquema no representan más que un paso hacia la crisis general del Sistema
en camino a la mundialización.
Pero
frente a esta irracionalidad, no se levantan dialécticamente las voces de la
razón como pudiera esperarse, sino los más oscuros racismos, fundamentalismos y
fanatismos. Y, si es que este neoirracionalismo va a liderar regiones y
colectividades, el margen de acción para las fuerzas progresistas queda día a
día reducido. Por otra parte, millones de trabajadores ya han cobrado
conciencia tanto de las irrealidades del centralismo estatista como de las
falsedades de la democracia capitalista. Así ocurre que los obreros se alzan
contra las cúpulas gremiales corruptas, del mismo modo que los pueblos
cuestionan a los partidos y los gobiernos. Pero será necesario dar una
orientación a estos fenómenos que de otro modo se estancarán en un
espontaneísmo sin progreso. Es necesario ir al tema central de los factores de
producción.
Para
el Humanismo existen como factores de la producción el trabajo y el capital, y
están demás la especulación y la usura. En la actualidad es decisivo que la
absurda relación establecida entre esos dos factores sea totalmente
transformada. Hasta ahora se ha impuesto que la ganancia sea para el capital y
el salario para el trabajador, justificando tal relación con el
"riesgo" que asume la inversión, pero sin tener en cuenta el riesgo
del trabajador en los vaivenes de la desocupación y la crisis. Aparte de la
relación entre los dos factores, está en juego la gestión y la decisión en el
manejo de la empresa. En definitiva, la ganancia no destinada a la reinversión
en la empresa, no dirigida a su expansión, o diversificación, deriva en
especulación financiera. La ganancia que no crea fuentes de trabajo, deriva
hacia la especulación financiera. Por consiguiente la lucha justa y posible de
los trabajadores consistirá en obligar al capital a su máximo rendimiento
productivo. Pero esto no podrá implementarse a menos que la gestión y dirección
sean compartidas. De otro modo, cómo se podría evitar el despido masivo, el
cierre y el vaciamiento empresarial? Porque el gran daño está en la
subinversión, la quiebra fraudulenta, el endeudamiento forzado y la fuga del
capital. Y, si se insistiera en la apropiación de los medios de producción por
parte de los trabajadores, siguiendo las enseñanzas del siglo XIX, se debería
tener en cuenta también el reciente fracaso del Socialismo real. En cuanto a la
objeción de que encuadrar al capital, así como está encuadrado el trabajo,
produce su fuga hacia puntos y áreas más provechosas, ha de aclararse que esto
no ocurrirá por mucho tiempo más ya que la irracionalidad del esquema actual lo
lleva a su saturación y crisis mundial. Esta objeción, aparte del
reconocimiento de una inmoralidad radical, desconoce el proceso histórico de la
transferencia del capital hacia la banca, resultando de ello que el mismo
empresario se va convirtiendo en empleado sin decisión dentro de una cadena en
la que aparenta autonomía. Por otra parte, a medida que se agudice el proceso
recesivo, el mismo empresariado comenzará a considerar estos puntos.
La
acción humanista no puede limitarse al campo de lo estrictamente laboral o
reivindicatorio sindical sino que es necesaria la acción política para impedir
que el Estado sea un instrumento del capital financiero mundial; para lograr
que la relación entre los factores de la producción sea justa y para devolver a
la sociedad su autonomía arrebatada.
En
el campo político, la situación muestra que el edificio de la Democracia se ha
ido arruinando al resquebrajarse sus bases principales: la independencia entre
poderes, la representatividad y el respeto a las minorías. La teórica
independencia entre poderes se encuentra en la práctica severamente afectada.
Basta pesquisar en muchas partes del mundo el origen y composición de cada
poder, para comprobar las íntimas relaciones que los ligan. No podría ser de
otro modo. Todos forman parte de un mismo Sistema. De manera que las frecuentes
crisis de avance de unos sobre otros, de superposición de funciones, de
corrupción e irregularidad, se corresponden con la situación global, económica
y política, de un país dado.
En
cuanto a la representatividad. Desde la época de la extensión del sufragio
universal, se pensó que existía un solo acto entre la elección y la conclusión
del mandato de los representantes del pueblo. Pero a medida que ha transcurrido
el tiempo se ha visto claramente que existe un primer acto mediante el cual
muchos eligen a pocos y un segundo acto en el que estos pocos traicionan a los
muchos, representando a intereses ajenos al mandato recibido. Ya ese mal se
incuba en los partidos políticos reducidos a cúpulas separadas de las
necesidades del pueblo. Ya, en la máquina partidaria, los grandes intereses
financian candidatos y dictan las políticas que éstos deberán seguir. Todo esto
evidencia una profunda crisis en el concepto y la implementación de la representatividad.
Los humanistas plantean transformar la práctica de la representatividad, dando
la mayor importancia a la consulta popular, el plebiscito y la elección directa
de los candidatos. Porque aún existen, en numerosos países, leyes que
subordinan candidatos independientes a partidos políticos, o bien, subterfugios
y limitaciones económicas para presentarse ante la voluntad de la sociedad.
Toda ley que se oponga a la capacidad plena del ciudadano de elegir y ser
elegido, burla de raíz a la Democracia real que está por encima de dicha
regulación jurídica. Y, si se trata de igualdad de oportunidades, los medios de
difusión deben ponerse al servicio de la población en el período electoral en
que los candidatos exponen sus propuestas, otorgando a todos exactamente las
mismas oportunidades. Por otra parte, deben imponerse leyes de responsabilidad
política mediante las cuales todo aquel que no cumpla con lo prometido a sus
electores arriesgue el desafuero, la destitución o el juicio político. Porque
el otro expediente, el que actualmente se sostiene, mediante el cual los
individuos o los partidos que no cumplan sufrirán el castigo de las urnas en
elección futura, no interrumpe en absoluto el segundo acto de traición a los
representados. En cuanto a la consulta directa sobre los temas de urgencia,
cada día existen más posibilidades para su implementación tecnológica. No es el
caso de priorizar los sondeos y las encuestas manipuladas, sino que se trata de
facilitar la participación y el voto directo a través de medios electrónicos y
computacionales avanzados.
En
una Democracia real, debe darse a las minorías las garantías que merece su
representatividad pero, además, debe extremarse toda medida que favorezca en la
práctica su inserción y desarrollo. Hoy, las minorías acosadas por la xenofobia
y la discriminación, piden angustiosamente su reconocimiento y, en ese sentido,
es responsabilidad de los humanistas elevar este tema al nivel de las
discusiones más importantes, encabezando la lucha en cada lugar hasta vencer a
los neofascismos abiertos o encubiertos. En definitiva, luchar por los derechos
de las minorías, es luchar por los derechos de todos los seres humanos. Pero
también ocurre en el conglomerado de un país que provincias enteras, regiones o
autonomías , padecen la misma discriminación de las minorías merced a la
compulsión del Estado centralizado, hoy instrumento insensible en manos del
gran capital. Y esto deberá cesar cuando se impulse una organización federativa
en la que el poder político real vuelva a manos de dichas entidades históricas
y culturales.
En
síntesis, poner por delante los temas del capital y el trabajo, los temas de la
Democracia real y los objetivos de la descentralización del aparato estatal, es
encaminar la lucha política hacia la creación de un nuevo tipo de sociedad. Una
sociedad flexible y en constante cambio, acorde con las necesidades dinámicas
de los pueblos hoy por hoy asfixiados por la dependencia.
En
la situación de confusión actual es necesario discutir el tema del Humanismo
espontáneo o ingenuo y ponerlo en relación con lo que nosotros entendemos por
Humanismo consciente. Es evidente que los ideales y aspiraciones humanistas
campean en nuestras sociedades con un vigor desconocido hace pocos años atrás.
El mundo está cambiando a gran velocidad y, este cambio, aparte de barrer con
viejas estructuras y viejas referencias está liquidando a las antiguas formas
de lucha. En tal situación, surgen espontaneísmos de todo tipo que parecen
acercarse más a catarsis y desbordes sociales que a procesos con dirección. Por
esto es que al considerar a grupos, asociaciones e individuos progresistas como
humanistas, aún cuando no participen de este Movimiento Humanista, estamos
atendiendo a la unión de fuerzas en una misma dirección y no a un nuevo hegemonismo
continuador de enfoques y procedimientos uniformadores.
Consideramos
que es en los lugares de labor y habitación de los trabajadores, donde la
simple protesta debe convertirse en fuerza consciente orientada a la
transformación de las estructuras económicas, pero también existen numerosas
actividades que reúnen a miembros combativos de organizaciones gremiales y
políticas. El Humanismo no plantea que estos se desarraiguen de sus colectivos
a fin de participar de este Movimiento. Todo lo contrario. La lucha por la
transformación de sus cúpulas, haciendo que se orienten más allá de simples
reivindicaciones inmediatistas, coloca a esos elementos progresivos en
dirección de convergencia con los planteamientos humanistas. Vastas capas de
estudiantes y docentes, normalmente sensibles a la injusticia, también irán
haciendo consciente su voluntad de cambio, y a medida que la crisis general los
afecte. Y, por cierto, la gente de Prensa en contacto con la tragedia cotidiana
está hoy en condiciones de actuar en dirección humanista al igual que sectores
de la intelectualidad cuya producción está en contradicción con las pautas que
promueve este sistema inhumano. También son numerosas las posturas que,
teniendo por base el hecho del sufrimiento humano, invitan a la acción
desinteresada a favor de los desposeídos o los discriminados. Asociaciones,
grupos voluntarios y sectores importantes de la población se movilizan, en
ocasiones, haciendo su aporte positivo. Sin duda que una de sus contribuciones
consiste en generar denuncias sobre esos problemas. Sin embargo, tales grupos
no plantean su acción en términos de transformación de las estructuras que dan
lugar a esos males. Estas posturas se inscriben en el Humanitarismo más que en
el Humanismo consciente. En ellas se encuentran ya protestas y acciones
puntuales susceptibles de ser profundizadas y extendidas.
Pero
así como existe un sector social amplio y difuso que bien podríamos llamar
"campo humanista", el sector al que podríamos denominar "campo
antihumanista" no es menos extenso. Desafortunadamente, existen millones
de humanistas que aún no se han puesto en marcha con una clara dirección de
transformación, al tiempo que comienzan a aparecer fenómenos regresivos que se
consideraban superados. A medida que las fuerzas que moviliza el gran capital
van asfixiando a los pueblos, surgen posiciones incoherentes que comienzan a
fortalecerse al explotar ese malestar canalizándolo hacia falsos culpables. En
la base de estos neofascismos está una profunda negación de los valores
humanos. También en ciertas corrientes ecologistas desviatorias se apuesta en
primer término a la naturaleza en lugar del hombre. Ya no predican que el
desastre ecológico es desastre, justamente, porque hace peligrar a la humanidad
sino porque el ser humano ha atentado contra la naturaleza. Según algunas de
estas corrientes, el ser humano está contaminado y por ello contamina a la
naturaleza. Mejor sería, para ellos, que la medicina no hubiera tenido éxito en
el combate con las enfermedades y en el alargamiento de la vida. "La
Tierra primero", gritan histéricamente, recordando las proclamas del
nazismo. Desde allí, a la discriminación de culturas que contaminan, de
extranjeros que ensucian y polucionan, hay un corto paso. Estas corrientes se inscriben
también en el Anti-humanismo porque en el fondo desprecian al ser humano. Sus
mentores se desprecian a sí mismos, reflejando las tendencias nihilistas y
suicidas a la moda. Una franja importante de gente perceptiva también adhiere
al ecologismo porque entiende la gravedad del problema que este denuncia. Pero
si ese ecologismo toma el carácter humanista que corresponde, orientará la
lucha hacia los promotores de la catástrofe, a saber: el gran capital y la
cadena de industrias y empresas destructivas, parientes próximas del complejo
militar- industrial. Antes de preocuparse por las focas se ocupará del hambre,
el hacinamiento, la mortinatalidad, las enfermedades y los déficits sanitarios
y habitacionales en muchas partes del mundo. Y destacará la desocupación, la
explotación, el racismo, la discriminación y la intolerancia, en el mundo
tecnológicamente avanzado. Mundo que, por otra parte, está creando los
desequilibrios ecológicos en aras de su crecimiento irracional.
No
es necesario extenderse demasiado en la consideración de las derechas como
instrumentos políticos del Antihumanismo. En ellas la mala fe llega a niveles
tan altos que, periódicamente, se publicitan como representantes del
"Humanismo". Tan enorme es la mala fe y el bandolerismo en la apropiación
de las palabras, que los representantes del Antihumanismo han intentado
cubrirse con el nombre de "humanistas". Sería imposible inventariar
los recursos, instrumentos, formas y expresiones de que dispone el
Antihumanismo. En todo caso, esclarecer sobre sus tendencias más solapadas
contribuirá a que muchos humanistas espontáneos o ingenuos revisen sus
concepciones y el significado de su práctica social.
En
cuanto a la organización del Movimiento Humanista, éste dinamiza frentes de
acción en el campo laboral, habitacional, gremial, político y cultural con la
intención de ir asumiendo un carácter cada vez más amplio. Al proceder así,
crea condiciones de inserción para las diferentes fuerzas, grupos e individuos
progresistas sin que éstos pierdan su identidad ni sus características
particulares. El objetivo de tal acción consiste en promover la unión de
fuerzas capaces de influir crecientemente sobre vastas capas de la población,
orientando con su acción la transformación social.
Los
humanistas no somos ingenuos ni nos exaltamos con palabras vacuas. En ese
sentido, no consideramos a nuestras propuestas como la expresión más avanzada
de la conciencia social, ni pensamos a nuestra organización en términos
indiscutibles. Los humanistas no fingimos ser representantes de las mayorías.
En todo caso, actuamos de acuerdo a nuestro parecer más justo apuntando a las
transformaciones que creemos adecuadas y posibles en este momento que nos toca
vivir.
Para
terminar con esta exposición quisiera transmitir a ustedes mi personal
preocupación. De ninguna manera pienso que vamos hacia un mundo deshumanizado
tal cual nos lo presentan algunos autores de ciencia ficción, algunas
corrientes salvacionistas o algunas tendencias pesimistas. Creo, sí, que nos
encontramos justo en el punto, por lo demás muchas veces presentado en la
historia humana, en que es necesario elegir entre dos vías que llevan a mundos
opuestos. Debemos elegir en qué condiciones queremos vivir y creo que, en este
peligroso momento, la humanidad se apresta a hacer su elección. El Humanismo
tiene un papel importante que jugar a favor de la mejor de las opciones.
Nada
más. Muchas gracias.
Las
condiciones del diálogo (Academia de Ciencias. Moscú 06/10/93)
Señor
Vicepresidente de la Academia de Ciencias de Rusia, Vladimir Kudriatsev,
respetados profesores y amigos.
La
distinción que me otorgara la Academia de Ciencias de Rusia en la sesión del
Consejo Científico del Instituto de América Latina, realizada el 21 de
Setiembre pasado, fue para mí de enorme importancia. Pocos días después de
recibida la noticia me encuentro aquí para agradecer este reconocimiento y para
reflexionar en torno al diálogo sostenido a lo largo de varios años con los
académicos de diversos institutos de vuestro país. Este intercambio, efectuado
a través del contacto personal, a través de la correspondencia y a través del
libro, ha puesto de relieve la posibilidad de establecer ciertas bases de ideas
compartidas siempre que, como en este caso, el diálogo sea riguroso y
desprejuiciado. Por contraste, quisiera extenderme sobre algunas dificultades
que entorpecen la fluidez del diálogo en general y que, muy frecuentemente, lo
llevan a un callejón sin salida.
Acabo
de mencionar la palabra "diálogo" casi en el sentido griego del
diálogos y del posterior dialogus, que recoge la misma idea y que siempre
implica la alternancia en la plática entre personas que manifiestan sus ideas o
afectos. Pero el diálogo, aún cumpliendo con todos los requerimientos formales,
a veces fracasa sin que se llegue a la comprensión cabal de aquello que se
considera. La forma filosófica y científica del pensar, a diferencia de la
forma dogmática, es esencialmente dialógica y muestra una estrecha relación con
aquella estructura dialéctica que ya nos presentara Platón como herramienta de
aproximación a la verdad. Estudiosos contemporáneos han vuelto nuevamente a
reflexionar sobre la naturaleza del diálogo sobre todo a partir de la
Fenomenología y de la formulación del "problema del Otro" cuyo representante
más conspicuo es Martin Buber. Ya Collingwood había puesto de relieve que un
problema no se resuelve si no se entiende y no se entiende si no se sabe que
clase de cuestión plantea. Pregunta y respuesta transcurren dentro del diálogo
hermenéutico pero toda respuesta no cierra el círculo sino que se abre a nuevos
interrogantes que, a su vez, exigen reformulaciones.
La
tesis que hoy defiendo puede plantearse así: No existe diálogo completo sino se
considera a los elementos pre dialogales en los que se basa la necesidad de
dicho diálogo. Para ilustrar lo enunciado me permitiré ir a ciertos ejemplos
cotidianos que me involucran personalmente.
Cuando
se me pide que explique mi pensamiento en una conferencia, un escrito, o una
declaración periodística, tengo la sensación de que tanto las palabras que uso
como el hilo de discurso que desarrollo pueden ser entendidas sin dificultad
pero que no aciertan a "conectar" con muchos oyentes, lectores o
gente de Prensa. Esas personas no están en peores condiciones de comprensión
general que muchas otras con las que mi discurso "conecta".
Naturalmente, no me estoy refiriendo al desacuerdo que puede haber entre las
propuestas que formulo y las objeciones de la otra parte; esa situación se me
aparece como de perfecta conexión. Aún, en una disputa acalorada compruebo ese
contacto. No, se trata de algo más general, de algo que tiene que ver con las
condiciones del diálogo mismo (entendiendo a mi exposición como un diálogo con
otra parte que acepta, o rechaza, o duda de mis aserciones). La sensación de no
conexión surge con fuerza al advertir que lo explicado ha sido comprendido y
que, sin embargo, se vuelve a preguntar lo mismo, o se insiste en puntos que no
se derivan de lo expuesto. Es como si una cierta vaguedad, un cierto
desinterés, acompañara a la comprensión de lo planteado; como si el interés se
radicara más allá (o más acá) de lo que se enuncia. Aquí podemos tomar al
diálogo como una relación de reflexión o discusión entre personas, entre
partes. Sin abundar en rigorismos, conviene acordar ciertas condiciones para
que exista esa relación o para que se siga razonablemente una exposición. Así,
para que un diálogo sea coherente es necesario que las partes: 1.- coincidan
respecto al tema fijado; 2.- ponderen el tema en un grado de importancia
similar y 3.- posean una definición común de los términos decisivos usados.
Si
decimos que las partes deben coincidir en la fijación del tema, estamos
aludiendo a una relación en la que cada cual tiene en cuenta el discurso del
otro. Por lo demás, la fijación de un tema no quiere decir que éste no admita
transformación o cambio a lo largo de su desarrollo, pero en todos los casos
cada una de las partes debe saber mínimamente de qué está hablando la otra.
Al
decir, en la siguiente condición, que debe existir una ponderación o grado de
importancia parecido, no estamos considerando una coincidencia estricta sino
una cuantificación aceptable de la importancia que el tema tiene, porque si
éste recibe una ponderación de primer orden para una de las partes y para la
otra es trivial, podrá haber acuerdo sobre el objeto tratado pero no sobre el
interés o función con que cumple el conjunto del discurso.
Finalmente,
si los términos decisivos tienen definiciones distintas para las partes, se
puede llegar a alterar el objeto del diálogo y con ello el tema tratado.
Si
las tres condiciones anotadas son satisfechas se podrá avanzar y se podrá estar
en acuerdo o desacuerdo razonable con la serie de argumentos que se expongan.
Pero existen numerosos factores que impiden el cumplimiento de las condiciones
del diálogo. Me limitaré a tomar en cuenta algunos factores pre dialogales que
afectan a la condición de ponderación de un tema dado.
Para
que exista un enunciado es necesario que haya una intención previa que permita
elegir los términos y la relación entre ellos. No basta conque enuncie:
"Ningún hombre es inmortal", o "Todos los conejos son
herbívoros", para dar a entender de qué tema estoy hablando. La intención
previa al discurso pone el ámbito, pone el universo en el que se plantean las
proposiciones. Tal universo, no es genéticamente lógico; tiene que ver con
estructuras pre lógicas, pre dialogales. Otro tanto vale para quien recibe el
enunciado. Es necesario que el universo de discurso coincida entre quien
enuncia y quien recibe la enunciación. De otro modo puede hablarse de no
coincidencia del discurso.
Hasta
hace poco tiempo se pensaba que del juego de las premisas derivaba la
conclusión. Así, si se decía: "Todos los hombres son mortales, Sócrates es
hombre, luego Sócrates es mortal", se suponía que la conclusión derivaba
de los términos anteriores, cuando en realidad quien organizaba los enunciados
ya tenía en mente la conclusión. Había pues una intención lanzada hacia cierto
resultado y eso permitía, a su vez, escoger enunciados y términos. No ocurre
algo diferente en el lenguaje cotidiano, y aún en Ciencia el discurrir va en
dirección a un objetivo previamente planteado como hipótesis. Ahora bien,
cuando se establece un diálogo cada una de las partes puede tener intenciones
diferentes y apuntar a objetivos distintos y, por sobre todo, cada cual tendrá
sobre el tema mismo una apreciación global en torno a su importancia. Pero esa
"importancia" no está puesta por el tema sino por un conjunto de
creencias, valoraciones e intereses previos. Abstractamente, dos personas
podrían ponerse de acuerdo al fijar el tema del "sentido de la vida",
como de suma importancia y, sin embargo, una de las partes estar convencida que
el tratamiento de tal materia es de escasa practicidad, que no resolverá nada y
que, por último, no es de urgencia cotidiana. Que el interlocutor escéptico
siga los desarrollos de la otra parte, o que participe activamente en el
diálogo queda explicado por otros factores pero no por el tema cuya
sustancialidad ha descalificado previamente. De esta suerte, los elementos pre
dialogales ponen no solamente el universo que pondera el tema sino las
intenciones que están más allá (o más acá) del mismo. Desde luego que los
elementos pre dialogales son pre lógicos y actúan dentro del horizonte epocal,
social, que los individuos frecuentemente toman como producto de sus personales
experiencias y observaciones. Y ésta es una barrera que no se puede franquear
fácilmente hasta tanto cambie la sensibilidad epocal, el momento histórico en
el que se vive. Es, precisamente por esto, que numerosos aportes hechos en el
campo de la ciencia y en otras regiones de las actividades humanas, han sido
aceptados con total evidencia solo en momentos posteriores pero hasta tanto se
llegara a ese punto los promotores de tales ideas y actividades se encontraron
con un vacío dialogal y muy a menudo con una barrera de hostilidad erigida ante
la sola posibilidad de discutir públicamente los nuevos puntos de vista. Pasada
la turbulencia inicial y habiendo accedido al escenario histórico una o varias
nuevas generaciones, la importancia de aquellos aportes anticipados se hace
común a todos y todos coinciden en el asombro de que dichos aportes hayan sido
negados o minimizados anteriormente.
De
manera que cuando expongo mi pensamiento (no coincidente con ciertas creencias,
valoraciones e intereses del universo epocal), comprendo esa desconexión con
muchos de mis interlocutores con los que en abstracto parecería estar todo en perfecto
acuerdo. En mi tarea de difundir el Humanismo encuentro frecuentemente las
dificultades comentadas. Si se explica la concepción del Humanismo
contemporáneo y se hace claramente, no por ello resultará una conexión adecuada
con muchos interlocutores porque aún quedan rémoras y creencias de etapas
anteriores que ponen como tema de importancia otras cuestiones por encima del
ser humano. Desde luego, mucha gente dirá que es "humanista" porque
la palabra "humanismo" puede resultar decorativa, pero es claro que
aún no existe un genuino interés por entender las razones ni las propuestas de
esta corriente de pensamiento y de esta práctica social. Si se supone que la
organización de ideas en sistema es una ideología y la moda dicta el fin de las
ideologías, está claro que no se tenderá a considerar las formulaciones
sistemáticas del Humanismo. Se preferirá, contradictoriamente, respuestas
coyunturales a problemas que son globales y toda respuesta sistemática
aparecerá como una generalización excesiva. Ocurriendo, en esta época de
mundialización, que los problemas fundamentales que vivimos son estructurales y
son globales tales dificultades no serán aprehendidas de ese modo y se habrá de
encarar un conjunto de respuestas desestructuradas que por su misma naturaleza
llevarán a complicar más las cosas en una reacción en cadena sin control. Por
supuesto que esto ocurre porque los intereses económicos de los círculos
privilegiados manejan al mundo, pero la visión de esa minoría privilegiada ha
hecho carne aún en las capas más perjudicadas de la sociedad. De esta suerte,
es patético escuchar en el discurso del ciudadano medio los acordes que antes
percibiéramos en los representantes de las minorías dominantes a través de los
medios de difusión. Y esto seguirá así y no será posible un diálogo profundo ni
una acción concertada globalmente hasta que fracasen los intentos puntuales de
resolver la crisis progresiva desencadenada en el mundo. En el momento actual
se cree que no debe discutirse la globalidad del sistema económico y político
vigente, ya que éste es perfectible. Opuestamente, para nosotros, este sistema
no es perfectible ni puede ser gradualmente reformado, ni las soluciones
desestructuradas de coyuntura producirán una creciente recomposición. Esas dos
posturas enfrentadas podrán establecer su diálogo pero los pre dialogales que
actúan en uno y otro caso son inconciliables como sistemas de creencias y como
sensibilidad. Únicamente con un creciente fracaso de las soluciones puntuales
se arribará a otro horizonte del preguntar y a una condición adecuada de
diálogo. En ese momento, las nuevas ideas comenzarán a ser gradualmente
reconocidas y los sectores cada vez más desesperanzados empezarán a
movilizarse. Hoy mismo, aún cuando se pretenda que hay que mejorar algunos aspectos
del sistema actual, la sensación que se generaliza en las poblaciones es la de
que a futuro las cosas habrán de empeorar. Y esa difusa sensación no está
revelando un simple apocalipsismo de fin de siglo sino un malestar difuso y
generalizado que naciendo de las entrañas de las mayorías sin voz, va llegando
a todas las capas sociales. Entre tanto, se sigue contradictoriamente afirmando
que el sistema es coyunturalmente perfectible.
El
diálogo, factor decisivo en la construcción humana no queda reducido a los
rigores de la lógica o de la lingüística. El diálogo es algo vivo en el que el
intercambio de ideas, afectos y experiencias está teñido por la irracionalidad
de la existencia. Esta vida humana con sus creencias, temores y esperanzas,
odios, ambiciones e ideales de época, es la que pone la base de todo diálogo.
Cuando dijimos que "No existe diálogo completo sino se considera a los
elementos pre dialogales en los que se basa la necesidad de dicho diálogo"
estábamos atendiendo a las consecuencias prácticas de tal formulación. No habrá
diálogo cabal sobre las cuestiones de fondo de la civilización actual hasta
tanto empiece a descreerse socialmente de tanta ilusión alimentada por los
espejuelos del sistema actual. Entre tanto, el diálogo seguirá siendo
insustancial y sin conexión con las motivaciones profundas de la sociedad.
Cuando
la Academia me hizo llegar su reconocimiento, comprendí que en algunas
latitudes ha comenzado a moverse algo nuevo, algo que empezando en diálogo de
especialistas estará luego ocupando la plaza pública.
Mi
agradecimiento a esta magna institución, a todos vosotros, y mi deseo fervoroso
de que el diálogo fructífero se profundice y extienda más allá del claustro
académico.
Foro
Humanista ( Moscú 07/10/93)
Estimados
amigos.
El
Foro Humanista tiene por objetivo estudiar y fijar posición sobre los problemas
globales del mundo de hoy. Desde ese punto de vista, es una organización
cultural en sentido amplio que se preocupa por relacionar estructuralmente los
fenómenos de la ciencia, la política, el arte y la religión. El Foro Humanista
hace de la libertad de conciencia y del desprejuicio ideológico la condición
indispensable para el trabajo en la comprensión de los complejos fenómenos del
mundo contemporáneo.
El
Foro Humanista tiene, a mi ver, la ambición de convertirse en un instrumento de
información, intercambio y discusión entre personas e instituciones
pertenecientes a las más diversas culturas del mundo. Pretende, además, tomar
un carácter de permanente actividad de manera que toda información relevante
pueda circular de inmediato entre sus miembros.
Se
podrá preguntar si diversas instituciones hoy existentes no pueden realizar
esta labor con mayor éxito dada su experiencia, su solvencia económica y su
disponibilidad profesional y técnica. Así, podría pensarse que en los centros
de extensión universitaria, en las fundaciones privadas y oficiales, y hasta en
los organismos culturales de Naciones Unidas se podría encontrar el medio
adecuado para encarar investigaciones de envergadura y para, desde allí, dar
difusión a las conclusiones a que se arribe, suponiendo que ellas fueran de
algún valor. No descartamos la colaboración y el intercambio con diversas
entidades, pero necesitamos una gran independencia, una gran libertad de juicio
en la formulación de las preguntas, en la fijación de las áreas de interés y
esto no es tan sencillo cuando se trata de instituciones que tienen su propia
dinámica y, desde luego, su dependencia material e ideológica.
El
Foro Humanista pretende fundar las bases de una discusión global futura. Pero
no debe descalificar apriori los aportes hechos hasta hoy por diferentes
corrientes de pensamiento y de acción, independientemente del éxito o fracaso
práctico que éstas hayan tenido. De mayor interés será tener en cuenta a
diversas posturas y comprender que en esta civilización planetaria que comienza
a gestarse, la diversidad de posiciones, valoraciones y estilos de vida
prevalecerá en el futuro a pesar de los embates de las corrientes uniformantes.
En este sentido, nosotros aspiramos a una nación humana universal posible
únicamente si existe la diversidad. No podrá mantenerse un hegemonismo central
sobre las periferias, ni un estilo de vida, ni un sistema de valoraciones, ni
un presupuesto ideológico o religioso que se imponga a costa de la desaparición
de otros. Hoy ya estamos viendo que la centralización va generando respuestas
secesionistas porque no se respeta la verdadera entidad de pueblos y regiones
que podrían converger perfectamente en una federación real de colectividades.
No vaya a pensarse que el control económico puede hacer milagros. ¿O hay
todavía quien cree que para otorgar créditos para el desarrollo habrá
primeramente que reformar el Estado, luego la legislación, posteriormente el
modo de producción, más adelante las costumbres y hábitos sociales, un tiempo
después la vestimenta, el régimen alimenticio, la religión y el pensamiento?
Ese
absolutismo ingenuo está encontrando dificultades crecientes para imponerse y, como
en el caso de las secesiones anotadas más arriba, está contribuyendo e
endurecer y radicalizar posiciones en todos los campos. Si, efectivamente, a
través de la dictadura del dinero pudiera pasarse a una sociedad plena el tema
admitiría un tiempo más de discusión pero si para lograr una sociedad
decadente, sin sentido para el conjunto y los individuos es necesario, además,
aceptar los requisitos de una involución humana, el resultado será el aumento
del desorden y del infortunio general.
El
Foro Humanista no puede perder de vista el lineamiento de la diversidad, no
puede estudiar a las distintas culturas con la óptica de un primitivismo
zoológico según la cual aquella cultura en la que uno está asentado representa
la cima de una evolución que debe ser imitada por las demás. Mucho más
importante será comprender que todas las culturas hacen su aporte a la gran
construcción humana. Pero el Foro Humanista debe fijar sus condiciones mínimas.
La primera es que no puede dar participación a aquellas corrientes que
propicien la discriminación o la intolerancia; la segunda es que no puede dar
participación a aquellas corrientes que propicien la violencia como metodología
de acción para imponer su concepción o sus ideales por altos que éstos sean.
Quitando esas limitaciones no tiene por qué haber otras.
El
Foro Humanista es internacionalista, ¿pero quiere decir esto que en razón de su
ecumenismo descalifica lo regional y lo puntual? ¿Cómo podría descalificarse a
alguien porque ama a su pueblo, ama a su tierra, ama a sus costumbres, a su
gente, a sus tradiciones? ¿Podríamos endilgarle el simple epíteto de
"nacionalista" para dejar luego de considerarlo? Porque amar las
propias raíces es también ser generoso en la consideración del trabajo y el
sufrimiento de las generaciones anteriores. Únicamente ese
"nacionalismo" se distorsiona cuando la propia afirmación es en
desmedro del reconocimiento de otras colectividades, de otros pueblos. ¿Con qué
derecho este Foro podría descartar los aportes de quien se siente socialista
sintiendo el ideal de lograr una sociedad igualitaria y justa? ¿Qué podríamos
rechazar sino uno de los tantos modelos posibles en los que ese ideal es
deformado por la imposición de una tiranía uniformante? ¿Por qué este Foro
dejaría de tener en cuenta a ese liberal que considera a su modelo económico
como un instrumento de bienestar para todos, no para unos pocos? ¿Tendría el
Foro que actuar discriminando a los creyentes o a los ateos en razón de sus
respectivas concepciones? ¿Podría el Foro sostener a conciencia la superioridad
de unas costumbres sobre otras? Creo que las limitantes no pueden ser sino las
dos y exclusivamente las dos que apuntáramos antes. En tal caso, el Foro se
propondrá en términos de inclusión y no de exclusión de la variedad humana.
No
puedo extenderme más en esta exposición, solamente quisiera mencionar algunos
temas sobre los que todos queremos tener una clara comprensión y sobre los que
necesitamos encontrar la mejor fórmula práctica de acción. Estos temas son, a
mi ver: el racismo y la discriminación crecientes; la intervención en aumento
de supuestos organismos de paz en los asuntos internos de los países; la
manipulación de los derechos humanos como pretexto de intervención; la verdad
del estado de los derechos humanos en el mundo; el aumento de la desocupación
mundial; el aumento de la pobreza en diversas regiones y en diversas capas aún
de las sociedades opulentas; el deterioro progresivo de la salud y la
educación; la acción de las fuerzas secesionistas; el aumento de la drogadicción;
el aumento del suicidio; la persecución religiosa y la radicalización de los
grupos religiosos; los fenómenos psicosociales de alteración y violencia; los
peligros reales, debidamente priorizados, de la destrucción ambiental.
Quisiéramos tener también una clara percepción del fenómeno de
desestructuración que comenzando en las agrupaciones sociales y políticas
termina comprometiendo la relación interpersonal, la articulación de la cultura
y todo proyecto de acción común de los conjuntos humanos.
Por
otra parte, desearía llamar la atención de quienes pondrán en marcha las
comisiones de trabajo, en el sentido de que el Foro no requerirá de una
organización compleja sino más bien de algún mecanismo de contacto y
circulación de la información; que no necesitará de enormes recursos para
funcionar y que el problema económico no será decisivo para una agrupación de
este tipo; que deberá contar con un medio informativo periódico más al estilo
de un boletín que de una revista formal; que habrá de conectar entre sí a
personas e instituciones que pueden producir en común pero que en razón de las
distancias están impedidas de hacerlo; y que, finalmente, tendrá que contar con
un ágil cuerpo de traductores. Tal vez una comisión del Foro pueda constituir
el Centro mundial de Estudios Humanistas y esto contribuir a dar permanencia a
las actividades al tiempo que, fijando ciertas prioridades, pueda también
calendarizar las tareas a realizar.
Saludo
fraternalmente a los miembros de este Foro y expreso a todos el mejor deseo
para la realización de los trabajos que hoy se inician.
Qué
entendemos hoy por Humanismo Universalista ( Comunidad Emanu-El, sede del
Judaísmo Liberal en Argentina. Buenos Aires 24/11/94)
Agradezco
a la comunidad Emanu-El y al rabino Sergio Bergman la oportunidad que me
brindan de exponer hoy aquí. Agradezco
la presencia de los miembros de la Comunidad, de los expositores del presente
ciclo y, en general, de los amigos del humanismo.
El
título de la presente disertación afirma la existencia de un humanismo
universal, pero esta afirmación, desde luego, debe ser probada. Para ello habrá que considerar qué se
entiende por "humanismo", dado que no hay acuerdo general sobre el
significado de esta palabra y, por otra parte, será necesario discutir si es
que el "humanismo" es propio de un punto, de una cultura, o si
pertenece a las raíces y al patrimonio de toda la humanidad. Será conveniente, para comenzar, explicitar
nuestros intereses respecto a estos temas ya que de no hacerlo podría pensarse
que estamos motivados simplemente por la curiosidad histórica o por cualquier
tipo de trivialidad cultural. El
humanismo tiene para nosotros el cautivante mérito de ser no solo historia sino
también proyecto de un mundo futuro y herramienta de acción actual.
Nos
interesa un humanismo que contribuya al mejoramiento de la vida, que haga
frente a la discriminación, al fanatismo, a la explotación y a la
violencia. En un mundo que se globaliza
velozmente y que muestra los síntomas del choque entre culturas, etnias y
regiones, debe existir un humanismo universalista, plural y convergente. En un mundo en el que se desestructuran los
países, las instituciones y las relaciones humanas, debe existir un humanismo
capaz de impulsar la recomposición de las fuerzas sociales. En un mundo en el que se perdió el sentido y
la dirección en la vida, debe existir un humanismo apto para crear una nueva
atmósfera de reflexión en la que no se opongan ya de modo irreductible lo
personal a lo social ni lo social a lo personal. Nos interesa un humanismo creativo, no un humanismo repetitivo; un
nuevo humanismo que teniendo en cuenta las paradojas de la época aspire a
resolverlas. Estos temas, en algunos
casos de apariencia contradictoria, irán emergiendo con más detalle a lo largo
de esta exposición.
Al
preguntar "¿qué entendemos hoy por humanismo?", estamos apuntando al
origen y también al estado actual de la cuestión. Empecemos por lo reconocible
históricamente en Occidente, dejando las puertas abiertas a lo sucedido en
otras partes del mundo en las que la actitud humanista ya estaba presente antes
del acuñamiento de palabras como "humanismo", "humanista" y
otras cuantas del género. En lo
referente a la actitud que menciono, y que es posición común de los humanistas
de las distintas culturas, debo destacar las siguientes características: 1.
ubicación del ser humano como valor y preocupación central; 2. afirmación de la
igualdad de todos los seres humanos; 3. reconocimiento de la diversidad
personal y cultural; 4. tendencia al desarrollo del conocimiento por encima de
lo aceptado como verdad absoluta; 5. afirmación de la libertad de ideas y
creencias; y 6. repudio de la violencia.
Adentrándonos
en la cultura europea, particularmente en la de Italia prerrenacentista,
observamos que el studia humanitatis (estudio de las humanidades), estaba
referido al conocimiento de las lenguas griega y latina poniendo especial
énfasis en los autores "clásicos".
Las "humanidades" comprendían a la historia, poesía, retórica,
gramática, literatura y filosofía moral.
Trataban sobre cuestiones genéricamente humanas, a diferencia de las
materias propias de los "juristas", "canonistas",
"legistas" y "artistas" que estaban destinadas a una
formación específicamente profesional.
Desde luego que éstos últimos también contaban en su capacitación con
elementos propios de las humanidades, pero sus estudios eran dirigidos hacia
aplicaciones prácticas propias de sus respectivos oficios. La diferencia entre "humanistas" y
"profesionales" fue ahondándose en la medida en que los primeros
enfatizaron en los estudios clásicos y en la investigación de otras culturas,
separando del encuadre profesional un interés por lo genéricamente humano y por
las cosas humanas. Esa tendencia siguió
su desarrollo hasta incursionar en campos muy alejados de lo aceptado en su
momento como "humanidades", dando lugar a la gran revolución cultural
del Renacimiento.
En realidad, la actitud humanista se había comenzado a
desarrollar mucho antes y esto podemos rescatarlo en los temas tratados por los
poetas goliardos y por las escuelas de las catedrales francesas del siglo
XII. Pero la palabra
"umanista", que designó a un cierto tipo de estudioso, recién comenzó
a usarse en Italia en 1538. En este
punto remito a las observaciones de A.
Campana en su artículo "The Origin of the Word 'Humanist’ “,
publicado en 1946. Con lo anterior
estoy destacando que los primeros humanistas no se reconocían a sí mismos bajo
esa designación que, en cambio, tomará cuerpo mucho más adelante. Y aquí habría que consignar que palabras
afines como "humanistische" ("humanístico"), de acuerdo con
los estudios de Walter Rüegg, comienzan a usarse en 1784 y
"humanismus" ("humanismo") empieza a difundirse a partir de
los trabajos de Niethammer de 1808. Es
a mediados del siglo pasado, cuando el término "humanismo" circula en
casi todas las lenguas. Estamos
hablando, por consiguiente, de designaciones recientes y de interpretaciones de
fenómenos que seguramente fueron vividos por sus protagonistas de un modo muy
diferente a como los consideró la historiografía o la historia de la cultura
del siglo pasado. Este punto no me
parece ocioso y quisiera retomarlo más adelante al considerar los significados
que ha tenido hasta hoy la palabra "humanismo".
Si
se me permite una digresión diré que en el momento actual nos encontramos aún
con aquel sustrato histórico y con las diferencias entre los estudios de las
humanidades que se imparten en las facultades o institutos de estudios
humanísticos y la simple actitud de personas no definidas por su dedicación
profesional sino por su emplazamiento respecto de lo humano como preocupación
central. Cuando hoy alguien se define
como "humanista" no lo hace con referencia a sus estudios de
"humanidades" y, parejamente, un estudiante o estudioso de
"humanidades" no por ello se considera "humanista". La actitud "humanista" es
difusamente comprendida como algo más amplio, casi totalizador, más allá de las
especialidades universitarias
En
el mundo académico occidental se suele llamar "humanismo" a ese
proceso de transformación de la cultura que comenzando en Italia,
particularmente en Florencia, entre fines del 1.300 y comienzos del 1.400
concluye, en el Renacimiento, con su expansión por toda Europa. Esa corriente apareció ligada a las humanae
litterae (que eran los escritos referidos a las cosas humanas), en
contraposición a las divinae litterae (que ponían el acento en las cosas
divinas). Y éste es uno de los motivos
por el cual se llama a sus representantes "humanistas". Desde esa interpretación el humanismo es, en
su origen, un fenómeno literario con una tendencia clara a retomar los aportes
de la cultura grecolatina, asfixiados por la visión cristiana medieval. Debe anotarse que el surgimiento de este
fenómeno no se debió simplemente a la modificación endógena de los factores
económicos, sociales y políticos de la sociedad occidental, sino que ésta
recibió influencias transformadoras de otros ambientes y civilizaciones. El intenso contacto con las culturas judía y
musulmana y la ampliación del horizonte geográfico, formaron parte de un
contexto que incentivó la preocupación por lo genéricamente humano y por los
descubrimientos de las cosas humanas.
Creo
que Puledda acierta al explicar, en sus "Interpretaciones Históricas del
Humanismo", que el mundo europeo medieval prehumanista era un ambiente
cerrado desde el punto de vista temporal y físico que tendía a negar la
importancia del contacto que se daba, de hecho, con otras culturas. La historia, desde el punto de vista
medieval, es la historia del pecado y de la redención; el conocimiento de otras
civilizaciones no iluminadas por la gracia de Dios no reviste gran
interés. El futuro prepara simplemente
el Apocalipsis y el juicio de Dios. La
Tierra es inmóvil y está en el centro del Universo, siguiendo la concepción
tolomeica. Todo está circundado por las
estrellas fijas y las esferas planetarias giran animadas por potencias
angélicas. Este sistema termina en el
empíreo, sede de Dios, motor inmóvil que mueve a todo. La organización social se corresponde con
esta visión: una estructura jerárquica y hereditaria diferencia a los nobles de
los siervos. En el vértice de la
pirámide están el Papa y el Emperador a veces aliados, a veces en pugna por la
preeminencia jerárquica. El régimen
económico medieval, por lo menos hasta el siglo XI, es un sistema económico
cerrado fundado en el consumo del producto en el lugar de producción. La circulación monetaria es escasa. El comercio es difícil y lento. Europa es una potencia continental encerrada
porque el mar, como vía de tráfico, está en manos de bizantinos y árabes. Pero los viajes de Marco Polo y su contacto
con las culturas y la tecnología del extremo oriente; los centros de enseñanza
de España desde donde los maestros judíos, árabes y cristianos irradian
conocimiento; la búsqueda de nuevas rutas comerciales que eludan la barrera del
conflicto bizantino- musulmán; la formación de una capa mercantil cada día más
activa; el crecimiento de una burguesía ciudadana cada vez más poderosa y el
desarrollo de instituciones políticas más eficientes como los señoríos de
Italia, van marcando un cambio profundo en la atmósfera social y ese cambio
permite el desarrollo de la actitud humanista.
No debe olvidarse que ese desarrollo admite numerosos avances y
retrocesos hasta que la nueva actitud se hace consciente.
Cien
años después de Petrarca (1304-1374), existe un conocimiento diez veces mayor
de los clásicos que a lo largo de todo el período anterior de mil años. Petrarca busca en los antiguos códices
tratando de corregir una memoria deformada y con ello inicia una tendencia de
reconstrucción del pasado y un nuevo punto de vista del fluir de la historia
atascado, a la sazón, por el inmovilismo de la época. Otro de los primeros humanistas, Manetti, en su obra De Dignitate
et Excellentia Hominis (la dignidad y excelencia de los hombres), reivindica al
ser humano contra el Contemptu Mundi, el desprecio del mundo, predicado por el
monje Lotario (posteriormente Papa, conocido como Inocencio III). A partir de allí, Lorenzo Valla en su De
Voluptate (el placer), ataca el concepto ético del dolor, vigente en la
sociedad de su tiempo. Y así, mientras
ocurre el cambio económico y se modifican las estructuras sociales los
humanistas concientizan ese proceso generando una cascada de producciones en la
que se perfila esa corriente que sobrepasa el ámbito de lo cultural y termina
poniendo en cuestión las estructuras del poder en manos de la Iglesia y el
monarca.
Numerosos
especialistas han destacado que ya en el humanismo prerrenacentista aparece una
nueva imagen del ser humano y de la personalidad humana. A ésta se la construye y se la expresa por
medio de la acción y es en ese sentido que se da especial importancia a la
voluntad sobre la inteligencia especulativa.
Por otra parte, emerge una nueva actitud frente a la naturaleza. Ésta ya no es una simple creación de Dios y
un valle de lágrimas para los mortales, sino el ambiente del ser humano y, en
algunos casos, la sede y el cuerpo de Dios.
Por último, ese nuevo emplazamiento frente al universo físico fortalece
el estudio de los distintos aspectos del mundo material, tendiente a explicarlo
como un conjunto de fuerzas inmanentes que no requieren para su comprensión de
conceptos teológicos. Esto muestra ya
una clara orientación hacia la experimentación y una tendencia al dominio de
las leyes naturales. El mundo es ahora
el reino del hombre y éste debe dominarlo por el conocimiento de las ciencias.
Por
la orientación comentada, los estudiosos del siglo XIX encuadraron no solamente
a numerosas personalidades literarias del Renacimiento como
"humanistas" sino que al lado de Nicolás de Cusa, Rodolfo Agrícola,
Juan Reuchlin, Erasmo, Tomás Moro, Jacques Lefevre, Charles Bouillé, Juan
Vives, colocaron también a Galileo y a Leonardo.
Es
sabido que muchos temas implantados por los humanistas siguen adelante y
terminan inspirando a los enciclopedistas y a los revolucionarios del siglo
XVIII. Pero luego de las revoluciones
americana y francesa, comienza esa declinación en la que la actitud humanista
se sumerge. Ya el idealismo crítico, el
idealismo absoluto y el romanticismo, inspiradores a su vez de filosofías
políticas absolutistas, han dejado atrás al ser humano como valor central para
convertirlo en epifenómeno de otras potencias.
Esa cosificación, ese "ello" en lugar de un "tú",
como destacara agudamente Martin Buber, se instalan a nivel planetario. Pero las tragedias de las dos guerras
mundiales conmueve de raíz a las sociedades y resurge frente al absurdo la pregunta
por el significado del ser humano. Esto
se hace presente en las llamadas "filosofías de la existencia". Sobre la situación contemporánea del
humanismo volveré al fin de esta exposición.
Por ahora quisiera destacar algunos aspectos fundamentales del humanismo
entre los que encontramos su actitud antidiscriminatoria y su tendencia a la
universalidad
El
tema de la mutua tolerancia y de la posterior convergencia es muy caro al
humanismo y, por ello, quisiera traer nuevamente ante ustedes lo explicado por
el Dr. Bauer en su conferencia del tres
de noviembre. El dijo: "... en la sociedad feudal musulmana,
particularmente en España, la situación de los judíos fue muy diferente. De su marginación social ni siquiera se
puede hablar, como tampoco de la de los cristianos. Y solo excepcionalmente podían surgir tendencias que hoy
llamaríamos "fundamentalistas".
La religión dominante no se identificaba con el orden social en la misma
medida como en la Europa cristiana. Ni
siquiera cabe el término de "división ideológica" aquí, por más que
existieran, paralelamente y con tolerancia mutua, diferentes cultos. A las escuelas y universidades oficiales
iban todos juntos, cosa inconcebible en la sociedad medieval cristiana. El gran Maimónides era en su juventud discípulo
y amigo de Ibn Roshd (Averroes). Y si
más tarde los judíos y el propio Maimónides sufrieron presiones y persecuciones
por parte de los fanáticos de origen africano que se habían apoderado del poder
en El Andalús, el filósofo árabe que para ellos era hereje, tampoco se salvó de
las mismas. En tal atmósfera sí podía
surgir un amplio y profundo humanismo, tanto por parte de los musulmanes como
de los judíos... En Italia, la
situación era parecida, no solo bajo el breve imperio del Islam sobre Sicilia,
sino igualmente después e incluso durante mucho tiempo bajo el dominio directo
del Papado. Un monarca, de origen
alemán, el emperador Federico II de Hohenstaufen, residente en Sicilia y poeta
él mismo, tuvo la audacia de proclamar para su régimen una raíz ideológica
tripartita: cristiana, judía y musulmana, e incluso a través de ésta última, la
continuidad con la filosofía clásica griega". Hasta aquí la cita.
En
lo que hace al humanismo en las culturas judía y árabe no hay mayores
dificultades en rastrearlo, solamente quisiera traer aquí algunas observaciones
del académico ruso Artur Sagadeev en la conferencia que sobre "El
humanismo en el pensamiento clásico musulmán" diera en Moscú en noviembre
del año pasado. Él destacó que ... "la infraestructura del humanismo en el
mundo musulmán, era determinada por el desarrollo de las ciudades y de la
cultura de las ciudades. Por las cifras
siguientes es posible juzgar acerca del grado de urbanización de este mundo: en
las tres ciudades más grandes de Savad -o sea, Mesopotamia del sur -; y en las
dos ciudades más grandes de Egipto, vivía cerca del 20% de toda la
población. Por el porcentaje de
habitantes de ciudades con una población mayor a cien mil cada una, la Mesopotamia
y Egipto en los siglos VIII y X superaron a países de la Europa occidental del
siglo XIX, tales como los Países Bajos, Inglaterra, el País de Gales o
Francia. Según cálculos muy cuidadosos,
Bagdad contaba en aquel tiempo con 400.000 habitantes y la población de
ciudades como Fustat (que después fue El Cairo), Córdoba, Alejandría, Kufa y
Basra, era de cien mil a doscientos cincuenta mil cada una. La concentración en las ciudades de grandes
recursos, provenientes del comercio y de los impuestos, determinó el
surgimiento de una capa bastante numerosa de la intelectualidad medieval, una
dinamización de la vida espiritual, la prosperidad de la ciencia, la literatura
y el arte. En el centro de atención de
todo, estaba el ser humano, como género humano y como personalidad única. Hay que señalar que el mundo musulmán
medieval no conoció una división de la cultura en cultura urbana y cultura
opuesta a los habitantes de las ciudades por sus orientaciones axiológicas,
tales como la que representaron en Europa los habitantes de los monasterios y
los de los castillos feudales. Los
portadores de la educación teológica y los grupos sociales análogos a los
feudales de Europa, en el mundo musulmán vivían en las ciudades y
experimentaron la influencia poderosa de la cultura formada en el seno de los
habitantes urbanos adinerados de las ciudades musulmanas. Sobre el carácter de las orientaciones
axiológicas de los habitantes adinerados de las ciudades musulmanas, podemos
juzgar por el grupo de referencia que ellos querían imitar, como encarnación de
los rasgos obligatorios de una personalidad ilustre y bien educada. Este grupo de referencia lo formaban los
Adibes, gente de amplios intereses humanitarios, gente de conocimientos y alta
moral. El Adab, o sea el conjunto de
cualidades propias del Adib, suponía ideales de la conducta ciudadana,
cortesana, refinamiento, humor, y era por su función intelectual y moral
sinónimo de la palabra griega "paideia" y de la palabra latina
"humanitas". Los Adibes
encarnaban ideales del humanismo y eran a la vez divulgadores de ideas
humanistas que a veces tenían forma de sentencias lapidarias: "El hombre
es problema para el hombre"; "Quien cruza nuestro mar, para aquél no
existe otra orilla que no sea él mismo".
La insistencia en el destino terrenal del ser humano, es típica para el
Adib, y lo conducía a veces al escepticismo religioso, a la aparición entre sus
portadores de la gente de moda que hacia ostentación de su ateísmo. Adab significaba inicialmente la etiqueta
propia de los beduinos, pero adquirió su perfección humanista gracias a que el
Califato, por primera vez desde Alejandro Magno, se convirtió en el centro de
interrelación de diferentes tradiciones culturales y de la existencia de
diferentes grupos confesionales, que unía el Mediterráneo con el mundo iraniano-indio. En el período de prosperidad de la cultura
musulmana medieval, el Adab, por un lado se coronaba con la exigencia de
conocer la filosofía helénica antigua y por el otro absorbió programas de
educación elaborados por científicos griegos.
Para la realización de estos programas, los musulmanes disponían de
enormes posibilidades. Baste decir que
según el cálculo de los especialistas solo en Córdoba se concentraban más
libros que en toda Europa, fuera de Al- Andalous. La transformación del Califato en centro de influencias
recíprocas con otras culturas, en la mezcla de diferentes grupos étnicos,
contribuía a la formación de otro rasgo más del humanismo: el universalismo,
como idea de la unidad del género humano.
En la vida real, a la formación de esta idea le correspondió el hecho de
que las tierras habitadas por musulmanes se extendían del río Volga en el norte
hasta Madagascar en el sur y de la costa atlántica de África en el occidente
hasta la costa pacifica de Asia en el oriente.
Aunque con el transcurso del tiempo el imperio musulmán se desintegró y
los pequeños estados formados en sus escombros eran comparados con las
posesiones de los sucesores de Alejandro Magno, los fieles al Islam vivían
unidos por una sola religión, una sola lengua literaria común, una sola ley,
una sola cultura y en la vida cotidiana ellos se comunicaban e intercambiaban
con valores culturales de diferentes y muy diversos grupos de confesiones. El espíritu del universalismo dominaba en
los círculos científicos, en las reuniones ("Madjalis") que unían a
musulmanes, cristianos, judíos y ateos que compartían intereses intelectuales
comunes y que llegaban de diversos rincones del mundo musulmán. Los unía la "ideología de la
amistad" que había unido antes a las escuelas filosóficas de la
Antigüedad, como por ejemplo a estoicos, epicúreos, neoplatónicos, etc., y en
el Renacimiento italiano al círculo de Marsilio Ficino. En el plano teórico, los principios del
universalismo ya eran elaborados en los marcos de Kalam y después se convirtieron
en la base de la concepción del mundo, tanto de los filósofos racionalistas
cuanto de los místicos sufíes. En las
discusiones organizadas por los teólogos Mutakallimies (los Maestros del
Islam), cuyos partícipes eran representantes de diferentes confesiones, era
norma fundamentar la autenticidad de sus tesis no con referencias a textos
sagrados, porque estas referencias no tenían base para los representantes de
otras religiones, sino apoyándose exclusivamente en la razón humana".
La
lectura que acabo de hacer de la contribución de Sagadeev no contempla la
riqueza descriptiva que este estudioso hace de las costumbres, vida cotidiana,
arte, religiosidad, derecho y actividad económica del mundo musulmán en la
época de su esplendor humanista. Quisiera
pasar ahora a otro trabajo, también de un académico ruso, especialista en
culturas de América. El profesor
Serguey Semenov en su monografía de agosto de este año, titulada
"Tradiciones e innovaciones humanistas en el mundo iberoamericano",
efectúa un enfoque totalmente novedoso en el rastreo de la actitud humanista en
las grandes culturas de la América precolombina.
Los dejo con su palabra: ..."cuando hablamos de las tendencias humanistas en el mundo iberoamericano, nosotros podemos analizarlas ante todo tomando el material de la obra artística, la obra de masas y la obra profesional que se materializa en los monumentos de la cultura y se graba en la memoria del pueblo. Este enfoque interdisciplinario de análisis de las manifestaciones concretas del humanismo, tiene muchas posibilidades de aplicación al mundo iberoamericano que es pluralista por excelencia y que personifica la síntesis cultural que se realiza a ambos lados del Atlántico, en cuatro continentes. Por supuesto, estos principios se diferenciaban mucho de las tradiciones del mundo eurasiático, pero les aproximaba al reconocimiento universal de la unidad de principio de todos los seres humanos, independiente de su pertenencia tribal o social. Estas nociones del humanismo, las constatamos en Mesoamérica y en América del Sur en el período precolombino. En el primer caso se trata del mito de Quetzalcoatl, en el segundo de la leyenda de Viracocha, dos deidades que rechazaban los sacrificios humanos, comúnmente de prisioneros de guerra que pertenecían a otras tribus. Los sacrificios humanos eran comunes para Mesoamérica antes de la conquista por España. Sin embargo, los mitos y las leyendas indígenas, las crónicas españolas y los monumentos de la cultura material demuestran que el culto de Quetzalcoatl que aparece en los años 1200-1100 antes de nuestra era, se vincula en la conciencia de los pueblos de esta región con la lucha contra los sacrificios humanos y con la afirmación de otras normas morales que condenan el asesinato, el robo y las guerras. Según una serie de leyendas, el gobernante tolteca de la ciudad de Tula, Topiltzin, que adoptó el nombre de Quetzalcoatl y que vivía en el siglo X de nuestra era, tenía rasgos de héroe cultural. Según estas leyendas él enseñó a los habitantes de Tula la orfebrería, prohibió hacer inmolaciones humanas y de animales y permitió sólo flores, pan y aromas como ofrendas a los dioses. Topiltzin condenaba los asesinatos, las guerras y los robos. Según la leyenda tenía aspecto de hombre blanco, pero no rubio sino moreno. Algunos cuentan que se fue al mar y otros que se encendió en una llama ascendiendo al cielo, dejando la esperanza de su regreso plasmada en la estrella matutina. A este héroe se le adjudica la afirmación del estilo de vida humanista en Mesoamérica, denominado "toltecayotl", que asimilaron no sólo los toltecas sino los pueblos vecinos que heredaron la tradición tolteca. Este estilo de vida se basaba en principios de hermandad de todos los seres humanos, de perfeccionamiento, veneración del trabajo, honestidad, fidelidad a la palabra, estudio de los secretos de la naturaleza y visión optimista del mundo. Las leyendas de los pueblos mayas del mismo período demuestran la actividad del gobernante o del sacerdote de la ciudad de Chichen-Itzá y fundador de la ciudad de Mayapán, de nombre Kukulkán, análogo maya de Quetzalcoatl. Otro representante de la tendencia humanista en Mesoamérica fue el gobernante de la ciudad de Texcoco, el filósofo y poeta Netzahualcóyotl, que vivió entre 1402 y 1472. Este filósofo también rechazaba los sacrificios humanos, cantaba la amistad entre los seres humanos y ejerció profunda influencia en la cultura de los pueblos de México. En América del Sur observamos un movimiento similar al comienzo del siglo XV. Este movimiento se vincula con los nombres del Inca Cuzi Yupanqui, que recibió el nombre de Pachacutéc, "reformador", y de su hijo Tupac Yupanqui, y con la expansión del culto del dios Viracocha. Al igual que en Mesoamérica, Pachacútec como su padre Ripa Yupanqui, asumió el título de dios y se llamó Viracocha. Las normas morales por las cuales se regía oficialmente la sociedad de Tahuantinsuyo fueron vinculadas con su culto y con reformas de Pachacútec, que al igual que Topiltzin tenía rasgos de héroe cultural". Y hasta aquí la cita de un trabajo, por supuesto, mucho más extenso y enjundioso.
Con
la lectura de estos dos materiales he querido acercar una muestra de esto que
llamamos "actitud humanista" en regiones muy separadas y que, por
supuesto, podemos encontrar en períodos precisos de diferentes culturas. Y digo "en períodos precisos"
porque tal actitud parece retroceder y avanzar de un modo pulsante a lo largo
de la historia hasta que muchas veces desaparece definitivamente en los tiempos
sin retorno que preceden al colapso de una civilización. Se comprenderá que establecer vínculos entre
las civilizaciones a través de sus "momentos" humanistas, es una
tarea vasta, de grandes alcances. Si en
la actualidad, los grupos étnicos y religiosos se repliegan sobre sí mismos a
fin de lograr una fuerte identidad, tenemos en marcha una suerte de chauvinismo
cultural o regional en el que amenazan chocar con otras etnias, culturas o
religiones. Y si es que cada cual ama
legítimamente a su pueblo y su cultura, también puede comprender que en él y en
sus raíces existió o existe ese "momento humanista" que lo hace, por
definición, universal y semejante al otro con el que se enfrenta. Se trata pues de diversidades que no podrán
ser barridas por unos o por otros. Se
trata de diversidades que no son una rémora, ni un defecto, ni un retraso, sino
que constituyen la riqueza misma de la humanidad. Allí no está el problema, sino en la posible convergencia de
tales diversidades y es ese "momento humanista" al que aludo cuando
me refiero a los puntos de convergencia.
Quisiera,
por último, retomar el estado de la cuestión humanista en el momento
actual. Dijimos que luego de las dos
catástrofes mundiales, los filósofos de la existencia reabrieron el debate
sobre un tema que parecía muerto en el pasado.
Pero este debate partió de considerar al humanismo como una filosofía
cuando en realidad nunca fue una postura filosófica sino una perspectiva y una
actitud frente a la vida y las cosas.
Si en el debate se dio por aceptada la descripción del siglo XIX, no es
de extrañar que pensadores como Foucault hayan acusado al humanismo de estar
incluido en ese relato. Ya antes,
Heidegger había expresado su antihumanismo al considerar a éste como una "metafísica"
más en su "Carta sobre el Humanismo". Tal vez la discusión estuvo basada en la posición del
existencialismo sartriano que planteó la cuestión en términos filosóficos. Viendo estas cosas desde la perspectiva
actual nos parece excesivo aceptar una interpretación sobre un hecho como el
hecho mismo y, a partir de ello, atribuir a éste determinadas
características. Althusser,
Lévy-Strauss y numerosos estructuralistas han declarado en sus obras su
antihumanismo, del mismo modo que otros han defendido al humanismo como una
metafísica o, cuando menos, una antropología. En realidad, el humanismo
histórico occidental no fue en ningún caso una filosofía, ni aun en Pico de la
Mirándola o en Marsilio Ficino. El
hecho de que numerosos filósofos estuvieran incluidos en la actitud humanista
no implica que ésta fuera una filosofía.
Por otra parte, si el humanismo renacentista se interesó por los temas
de la "filosofía moral", debe entenderse a esa preocupación como un
esfuerzo más por desbaratar la manipulación práctica que en ese campo efectuó
la filosofía escolástica medieval.
Desde esos errores en la interpretación del humanismo, considerado como
una filosofía, es fácil llegar a posturas naturalistas como las que se
expresaron en el "Humanist Manifesto" de 1933, o a posiciones social-
liberales como en el "Humanist
Manifesto II" de 1974. Así las
cosas, autores como Lamont han definido sus humanismos como naturalistas y
antiidealistas afirmando el antisobrenaturalismo, el evolucionismo radical, la
inexistencia del alma, la autosuficiencia del hombre, la libertad de la
voluntad, la ética intramundana, el valor del arte y el humanitarismo. Creo que éstos tienen todo el derecho a
caracterizar así a sus concepciones pero me parece un exceso sostener que el
humanismo histórico se haya movido dentro de esas direcciones. Por otra parte, pienso que la proliferación
de "humanismos" en los años recientes es del todo legítima siempre
que éstos se presenten como particularidades y sin la pretensión de absolutizar
al humanismo en general. Por último,
también creo que el humanismo actualmente está en condiciones de devenir en una
filosofía, una moral, un instrumento de acción y un estilo de vida.
La
discusión filosófica con un humanismo histórico y, además localizado, ha sido
mal planteada. El debate recién comienza
ahora y las objeciones del antihumanismo tendrán que justificarse ante lo que
hoy plantea el Nuevo Humanismo Universalista.
Debemos reconocer que toda esta discusión ha sido un tanto provinciana y
ya lleva bastante tiempo este asunto de que el humanismo nace en un punto, se
discute en un punto y tal vez se quiera exportar al mundo como un modelo de ese
punto. Concedamos que el
"copyright", el monopolio de la palabra "humanismo", está
asentado en un área geográfica. De
hecho hemos estado hablando del humanismo occidental, europeo y, en alguna
medida, ciceroniano. Ya que hemos
sostenido que el humanismo nunca fue una filosofía sino una perspectiva y una
actitud frente a la vida, ¿no podremos extender nuestra investigación a otras
regiones y reconocer que esa actitud se manifestó de modo similar? En cambio,
al fijar al humanismo histórico como una filosofía y, además, como una
filosofía específica de occidente no solo erramos sino que ponemos una barrera
infranqueable al diálogo con las actitudes humanistas de todas las culturas de
la Tierra. Si me permito insistir en
este punto es por las consecuencias no solamente teóricas que las posturas
antes citadas han tenido y aún tienen, sino por sus consecuencias prácticas
inmediatas.
En
el humanismo histórico existía la fuerte creencia de que el conocimiento y el
manejo de las leyes naturales llevaría a la liberación de la humanidad, que tal
conocimiento estaba en las distintas culturas y había que aprender de todas
ellas. Pero hoy hemos visto que existe
una manipulación del saber, del conocimiento, de la ciencia y de la
tecnología. Que este conocimiento ha
servido a menudo como instrumento de dominación. Ha cambiado el mundo y se ha acrecentado nuestra
experiencia. Algunos creyeron que la
religiosidad embrutecía la conciencia y para imponer paternalmente la libertad,
arremetieron contra las religiones. Hoy
emergen violentas reacciones religiosas que no respetan la libertad de
conciencia. Ha cambiado el mundo y se
ha acrecentado nuestra experiencia. Algunos
pensaron que toda diferencia cultural era divergente y que había que uniformar
las costumbres y los estilos de vida.
Hoy se manifiestan violentas reacciones mediante las cuales las culturas
tratan de imponer sus valores sin respetar la diversidad. Ha cambiado el mundo y se ha acrecentado
nuestra experiencia...
Y
hoy, frente a esta trágica sumersión de la razón, frente al crecimiento del
síntoma neoirracionalista que parece invadirnos, todavía se escuchan los ecos
de un racionalismo primitivo en el que fueron educadas varias
generaciones. Muchos parecen decir:
"¡Razón teníamos al querer acabar con la religiones, porque si lo
hubiéramos logrado hoy no habría luchas religiosas; razón teníamos al tratar de
liquidar la diversidad porque si lo hubiéramos logrado no se encendería ahora
el fuego de la lucha entre etnias y culturas!" Pero aquellos racionalistas
no lograron imponer su culto filosófico único, ni su estilo de vida único, ni
su cultura única y eso es lo que cuenta.
Sobre todo cuenta la discusión para solucionar estos serios conflictos
hoy en desarrollo. ¿Cuánto tiempo más
se necesitará para comprender que una cultura y sus patrones intelectuales o de
comportamiento, no son modelos que la humanidad en general deba seguir? Digo
esto porque tal vez sea el momento de reflexionar seriamente sobre el cambio
del mundo y de nosotros mismos. Es
fácil pretender que cambien los otros, solo que los otros piensan lo
mismo. ¿No será hora de que comencemos
a reconocer al "otro", a la diversidad del "tú"? Creo que
hoy está planteado con más urgencia que nunca el cambio de mundo y que este
cambio para ser positivo es indisoluble en su relación con el cambio
personal. Después de todo, mi vida
tiene un sentido si es que quiero vivirla y si es que puedo elegir o luchar por
las condiciones de mi existencia y de la vida en general. Este antagonismo entre lo personal y lo
social no ha dado buenos resultados, habrá que ver si no tiene mayor sentido la
relación convergente entre ambos términos.
Este antagonismo entre las culturas no nos lleva por la dirección
correcta, se impone la revisión del declamativo reconocimiento de la diversidad
cultural y se impone el estudio de la posibilidad de convergencia hacia una
nación humana universal.
Por
último, no pocos defectos se ha atribuido a los humanistas de las distintas
épocas. Se ha dicho que también
Maquiavelo era un humanista que trataba de comprender las leyes que rigen el
poder; que el mismo Galileo mostró una suerte de debilidad moral frente a la
barbarie de la Inquisición; que Leonardo contaba entre sus invenciones con
avanzadas máquinas de guerra que diseñó para el Príncipe. Y, siguiendo la cadena, se ha afirmado que
también muchos escritores, pensadores y científicos contemporáneos han mostrado
aquellas debilidades. Seguramente en
todo esto hay muchas cosas ciertas.
Pero debemos ser justos en nuestra apreciación de los hechos: Einstein
no tuvo que ver con la fabricación de la bomba atómica, su mérito radica en la
producción de la célula fotoeléctrica gracias a la cual se desarrolló tanta
industria, incluido el cine y la T.V., pero por sobre todo su genio se destacó
en la formulación de una gran teoría absoluta: la teoría de la
Relatividad. Y este Einstein no tuvo
debilidades morales frente a la nueva Inquisición. Ni tampoco Oppenheimer a quien se le presentó el proyecto
Manhattan para la construcción de un artefacto que diera fin al conflicto
mundial solamente como arma disuasiva que jamás iba a ser utilizada contra los
seres humanos. Oppenheimer fue vilmente
traicionado y por ello elevó su voz en fuertes llamamientos a la conciencia
moral de los científicos. Por ello se
lo destituyó y por ello fue perseguido por el Mackartismo. Muchos defectos morales atribuidos a
personas de actitud humanista no tienen que ver con su posición frente a la
sociedad o la ciencia sino con su tesitura de seres humanos enfrentados al
dolor y el sufrimiento. Si es por
consecuencia y por fortaleza moral, la figura de Giordano Bruno frente al martirio,
aparece como el paradigma del humanista clásico y, contemporáneamente, tanto
Einstein como Oppenheimer pueden ser considerados con justeza humanistas de una
pieza. ¿Y por qué, más allá del campo
de la ciencia, no habríamos de considerar como genuinos humanistas a Tolstoy, a
Gandhi y a Luther King? ¿No es
Schweitzer un humanista? Estoy seguro
que millones de personas en todo el mundo sostienen una actitud humanista ante
la vida, pero cito a unas pocas personalidades porque constituyen modelos de
posición humanista reconocidos por todos.
Yo sé que a estas individualidades se les puede objetar conductas, en
ocasiones procedimientos, sentido de la oportunidad o tacto, pero no podemos
negar su compromiso con los otros seres humanos. Por otra parte, no estamos nosotros para pontificar acerca de
quién es o no es un humanista sino para opinar, con las limitaciones del caso,
acerca del Humanismo. Pero si alguien
nos exigiera definir la actitud humanista en el momento actual le
responderíamos en pocas palabras que "humanista es todo aquel que lucha
contra la discriminación y la violencia, proponiendo salidas para que se
manifieste la libertad de elección del ser humano".
Nada
más. Muchas gracias.
Encuentro
para el diálogo filosófico - religioso
(Sindicato de Luz y Fuerza. Buenos Aires 29/10/95)
El
tema de Dios
Trataré,
en los veinte minutos que se me han otorgado, de exponer mi punto de vista
sobre el primero de los tópicos fijados por los organizadores de este evento,
me refiero al “tema de Dios”.
El
tema de Dios puede plantearse de distintas formas. Yo elegiré el ámbito
histórico- cultural emplazándome aquí
no por afinidad personal sino en atención al enmarque implícito establecido
para este encuentro. Dicho enmarque incluye otros puntos tales como “la
religiosidad en el mundo contemporáneo” y “la superación de la violencia
personal y social”. El objeto de esta exposición será, por consiguiente, “el
tema de Dios” y no, “Dios”.
Por
qué habríamos de ocuparnos del tema de Dios? Qué puede tener de interesante
para nosotros, gente ya del siglo XXI, semejante asunto? No se lo había dado
por concluido luego de la afirmación de Nietzsche: “Dios ha muerto”? Al
parecer, esta cuestión no ha sido cancelada por simple decreto filosófico. Y no
ha podido ser cancelada por dos importantes motivos: en primer término porque
no se ha comprendido cabalmente el significado de semejante tema; en segundo
lugar, porque puestos en perspectiva histórica comprobamos que lo que hasta
hace poco tiempo era considerado “extemporáneo” hoy anima nuevas preguntas. Y
este preguntar resuena no en las torres de marfil de los pensadores o los
especialistas, sino en la calle y en la misma entraña de la gente sencilla. Se
podrá decir que lo que hoy se observa es un simple crecimiento de la
superstición, o un rasgo cultural de pueblos que al defender su identidad
vuelven con fanatismo a sus libros sagrados y a sus liderazgos espirituales. Se
podrá decir, en sentido pesimista y de acuerdo a ciertas interpretaciones
históricas, que todo ello significa un regreso a oscuras edades. Como cada cual
prefiera, pero el asunto permanece y eso es lo que cuenta.
Yo
creo que la afirmación de Nietzsche: “Dios ha muerto!”, marca un momento
decisivo en la larga historia del tema de Dios, por lo menos desde el punto de
vista de una teología negativa o “radical”, como quisieran llamarla algunos de
los defensores de esa postura.
Está
claro que Nietzsche no se ubicó en los espacios de duelo que fijan
habitualmente para sus discusiones los teístas y los ateos, los espiritualistas
y los materialistas. Más bien se
preguntó: Es que todavía se cree en Dios o es que está en marcha un proceso que
acabará con la creencia en Dios? En su
Zaratustra dice: “... Y así se separaron el anciano y el hombre, riendo como
ríen los niños... Más cuando Zaratustra estuvo solo, habló así a su corazón:
‘Será posible! Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que
Dios ha muerto!?’ ”. En la IV parte de la misma obra, pregunta Zaratustra: “Qué
sabe hoy todo el mundo? Acaso que no vive ya el viejo Dios en quien todos
creyeron en otro tiempo?” “- Tú lo has
dicho - respondió el anciano contristado- Y yo he servido a ese Dios hasta su
última hora”. Por otra parte, en su Gaya Ciencia, aparece la parábola del
demente que buscando a Dios en la plaza pública, decía: “Os diré dónde está
Dios... Dios ha muerto! Dios sigue muerto! “ Pero como sus oyentes no
entendían, el demente les explicó que había llegado prematuramente, que la
muerte de Dios todavía estaba ocurriendo.
Es
evidente, en los párrafos citados, que se está haciendo alusión a un proceso
cultural, al desplazamiento de una creencia, dejando de lado la determinación
exacta de la existencia o inexistencia en sí de Dios. La implicación que tiene
el desplazamiento de tal creencia es de consecuencias enormes porque arrastra
tras de si a todo un sistema de valores, por lo menos en el Occidente y en la
época en que escribe Nietzsche. Por otra parte, esa “pleamar del nihilismo” que
este autor predice para los tiempos venideros, tiene como trasfondo su anunciada
muerte de Dios.
Dentro
de esa concepción puede pensarse que si los valores de una época están
fundamentados en Dios y éste desaparece, tendrá que sobrevenir un nuevo sistema
de ideas que de cuenta de la totalidad de la existencia y que justifique una nueva
moral. Ese sistema de ideas debe dar cuenta del mundo, de la historia, del ser
humano y su significado, de la sociedad y de la convivencia, de lo bueno y lo
malo, de lo que se debe hacer y de lo que no se debe hacer. Ahora bien, ideas
de ese tipo habían comenzado a aparecer desde hacía mucho tiempo hasta
desembocar, finalmente, en las grandes construcciones del idealismo crítico y
del idealismo absoluto. Para el caso daba igual que un sistema de pensamiento
se aplicara en dirección idealista o materialista porque su entramado, su metodología de conocimiento y
acción era estrictamente racional y, en todo caso, no daba cuenta de la totalidad de la vida. Las cosas, para la interpretación
nietzscheana, ocurrían exactamente al revés: surgían las ideologías desde la
vida para dar razón y justificación de ella misma. Recuérdese que Nietzsche
y Kierkegaard, ambos en lucha con el
racionalismo e idealismo de la época, pasan por ser los antecesores de las
filosofías de la existencia. Sin embargo, en el horizonte filosófico de estos
autores no aparecía todavía la descripción y comprensión de la estructura de la
vida humana, situación a la que se arriba en tiempos posteriores. Era como si
de trasfondo todavía actuara la definición del hombre como “animal racional”,
como naturaleza dotada de razón y esta “razón” pudiese comprenderse en términos
evolutivos animales, o en términos de “reflejo”, etc. En esa época todavía
podía pensarse con legitimidad que la “razón” era lo más importante, o a la
inversa, que los instintos y las fuerzas oscuras de la vida orientaban a la
razón. Este segundo era el caso de Nietzsche y de los vitalistas en general.
Pero luego del “descubrimiento” de la “vida humana” las cosas han cambiado... Y
aquí debo disculparme por no desarrollar este punto, en razón de las
limitaciones existentes para esta exposición. Sin embargo quisiera mejorar un
poco la sensación de extrañeza que se experimenta cuando se afirma que “la vida
humana” es de reciente descubrimiento y comprensión. En dos palabras: desde los
primeros hombres hasta hoy todos hemos sabido que vivimos y que somos humanos,
todos hemos experimentado nuestra vida, sin embargo es muy reciente en el campo
de las ideas la comprensión de la vida humana con su estructura típica y sus
características propias. Es como decir: los humanos siempre hemos vivido con
códigos de ADN y ARN en nuestras células, pero hace muy poco tiempo que han
sido descubiertos y comprendidos en su funcionamiento. Así las cosas, conceptos
como intencionalidad, apertura, historicidad de la conciencia,
intersubjetividad, horizonte, etc. son de reciente precisión en el campo de las
ideas, y con ellos se ha dado cuenta de la estructura no de la vida en general,
sino de la “vida humana”, resultando de
todo esto una definición radicalmente diferente a la del “animal racional”. De
este modo, por ejemplo, la vida animal, la vida natural, comienza en el momento
de la concepción, pero cuándo comienza la vida humana si es por definición
“ser- en - el - mundo” y éste es apertura y medio social? O bien: la conciencia
es reflejo de condiciones naturales y “objetivas” o es intencionalidad que
configura y modifica a las condiciones dadas? O esto otro: el ser humano está
definitivamente terminado o es un ser capaz de modificarse y construirse a sí
mismo no solamente en sentido histórico y social, sino en sentido biológico?
Así, con ejemplos interminables de nuevos problemas que plantea el
descubrimiento de la estructura de la vida humana, podríamos llegar a rebasar
el ámbito de las preguntas que se plantearon en la época del “Dios ha muerto!”,
dentro del horizonte histórico en el que todavía estaba vigente la definición
del ser humano como “animal racional”.
Volviendo
a nuestro tema.
Si
a la muerte de Dios no ocurría una sustitución que fundamentara al mundo y al
quehacer humano, o bien, si se impusiera forzadamente un sistema racional en el
que escapaba lo fundamental (la vida ), el caos y el derrumbe de los valores
habría de sobrevenir arrastrando tras de sí a toda la civilización. A eso llamó
Nietzsche, “la pleamar del Nihilismo” y, en ocasiones, “el Abismo”. Está claro
que no alcanzaron sus estudios sobre la “Genealogía de la Moral” ni sus ideas
del “Más allá del Bien y del Mal” para producir la “Transmutación de los
valores” que buscaba afanosamente. Más bien, buscando algo que pudiera superar
a su “último hombre” del siglo XIX construyó un Superhombre que, como en las
más recientes leyendas del Golem, echó a andar sin control destruyendo todo a
su paso. Se puso en pié el irracionalismo y la “Voluntad de Poderío” como
máximo valor, constituyendo el trasfondo ideológico de una de las mayores
monstruosidades que recuerda la historia.
El “Dios ha muerto” no pudo ser resuelto o
superado por una nueva y positiva fundamentación de los valores. Y las grandes
construcciones del pensamiento quedaron ya clausurados en la primera parte de
este siglo sin lograr ese cometido. Actualmente, nos encontramos inmovilizados
frente a estas preguntas: por qué deberíamos ser solidarios? por qué causa
habríamos de arriesgar nuestro futuro? por qué deberíamos luchar contra toda
injusticia? Simplemente por necesidad, o por una razón histórica, o por un
orden natural? La vieja moral basada en Dios, pero sin Dios, es acaso sentida
como una necesidad? Nada de esto es suficiente!
Y
si hoy nos encontramos con la imposibilidad histórica de que surjan nuevos
sistemas totales y fundamentantes, la situación parece complicarse. Recordemos
que la última gran visión de la Filosofía aparece en las “Investigaciones
Lógicas” de Husserl en 1900, al igual que la visión completa del psiquismo
humano que propone Freud en “La Interpretación de los Sueños”. La cosmovisión
de la Física se plasma en 1905 y en 1915 en la relatividad de Einstein; la
sistematización de la lógica en los “Principia Mathematica” de Russell y
Whitehead en 1910 y en el “Tratado Lógico- Filosófico” de Wittgenstein en 1921.
Ya con “El Ser y el Tiempo” de
Heidegger en 1927, obra inconclusa que pretendió fundamentar la nueva ontología
fenomenológica, se marca la época de ruptura de los grandes sistemas de
pensamiento.
Aquí,
es necesario recalcarlo, no se está hablando de una interrupción del pensar
sino de la imposibilidad de continuar con la elaboración de los grandes
sistemas capaces de fundamentarlo todo. El mismo impulso de esas épocas pasa
también por la grandiosidad en el campo de la estética: allí están Stravisnky,
Bartok y Sibelius, Picasso, los
muralistas Rivera, Orozco y Siqueiros; los escritores de largo aliento como Joyce;
los épicos del cine como Einsenstein, los constructores del Bauhaus con Gropius
a la cabeza; los urbanistas, los espectaculares arquitectos: Wright y Le
Corbusier. Y, acaso, se ha detenido la producción artística en los años
posteriores o en el momento actual? No lo creo, pero tiene otro signo: se
modula, se deconstruye; se adapta a los medios; se realiza merced a equipos y
especialistas, se tecnifica al límite.
Los
regímenes políticos sin alma que se imponen en aquellas épocas y que, en su
momento, dan la ilusión de monolitismo y completitud, bien pueden entenderse
como retrasos fácticos de romanticismos delirantes, como titanismos de la
transformación del mundo a cualquier precio. Ellos inauguran la etapa de la
barbarie tecnificada, de la supresión de millones de seres humanos, del terror atómico,
de las bombas biológicas, de la contaminación y destrucción en gran escala.
Esta es la pleamar del nihilismo que anunciaba la destrucción de todos los
valores y la muerte de Dios de Zaratustra! En qué cree ya el ser humano? Acaso
en nuevas alternativas de vida? O se deja llevar en una corriente que le parece
irresistible y que no depende para nada de su intención?
Y
se instala firmemente el predominio de
la técnica sobre la ciencia, la visión analítica del mundo, la dictadura del
dinero abstracto sobre las realidades productivas. En ese magma se reavivan las
diferencias étnicas y culturales que se suponía habían sido superadas por el
proceso histórico. Los sistemas son rechazados por el deconstructivismo, el
postmodernismo y las corrientes estructuralistas. La frustración del
pensamiento se hace lugar común en los filósofos de la inteligencia débil. La
mezcolanza de estilos que se suplantan entre sí, la desestructuración de las
relaciones humanas y la propagación de todo tipo de superchería, recuerdan las
épocas de la expansión imperial tanto en la vieja Persia, como en el proceso
helenístico y durante el cesarismo romano... No pretendo, con lo anterior,
presentar un tipo de morfología histórica, un modelo espiralado de proceso que
se alimenta de analogías. En todo caso, trato de destacar aspectos que para
nada nos sorprenden o nos parecen increíbles porque ya en otros tiempos
afloraron, aunque en diferente contexto de mundialización y de progreso
material. Tampoco quiero transmitir la atmósfera de inexorabilidad de una
secuencia mecánica en la que para nada cuenta la intención humana. Más bien
pienso lo contrario, creo que gracias a las reflexiones que suscita la
experiencia histórica de la humanidad se está hoy en condiciones de iniciar una
nueva civilización, la primera civilización planetaria. Pero las condiciones
para ese salto son en extremo difíciles. Piénsese en cómo se agranda la brecha
entre las sociedades postindustriales y de la información, y las sociedades
hambrientas; en el crecimiento de la marginación y la pobreza en el interior de
las sociedades opulentas; en el abismo generacional que parece detener la
marcha de la superación histórica; en la peligrosa concentración del capital
financiero internacional; en el terrorismo de masas; en las secesiones
abruptas; en los choques étnico - culturales; en los desequilibrios ecológicos;
en la explosión demográfica y en las megalópolis al borde del colapso...
Piénsese en todo eso y, sin entrar en la variante apocalíptica, habrá de
convenirse en las dificultades que presenta el escenario actual.
El
problema está, a mi ver, en esta difícil transición entre el mundo que hemos
conocido y el mundo que viene. Y, como al final de toda civilización y al comienzo de otra, habrá que atender a un
posible colapso económico, a una posible desestructuración administrativa, a un
posible reemplazo de los estados por paraestados y por bandas, a la injusticia
reinante, al desaliento, al empequeñecimiento humano, a la disolución de los
vínculos, a la soledad, a la violencia en crecimiento y al irracionalismo
emergente, en un medio cada vez más acelerado y cada vez más global. Por sobre
todo, habrá que considerar qué nueva imagen del mundo habrá de proponerse? Qué
tipo de sociedad, qué tipo de economía, qué valores, qué tipo de relaciones
interpersonales, qué tipo de diálogo entre cada ser humano y su prójimo, entre
cada ser humano y su alma?
Sin
embargo, para toda nueva propuesta hay por lo menos dos imposibilidades que
paso a enunciar: 1.- Ningún sistema completo de pensamiento podrá hacer pié en
una época de desestructuración; 2.- Ninguna articulación racional del discurso
podrá sostenerse más allá del inmediatismo de la vida práctica, o más allá de
la tecnología. Estas dos dificultadas embretan a la posibilidad de fundamentar
nuevos valores de largo alcance.
Si
es que Dios no ha muerto, entonces las religiones tiene responsabilidades que
cumplir para con la humanidad. Hoy tienen el deber de crear una nueva atmósfera
psicososial, de dirigirse a sus fieles en actitud docente y erradicar todo
resto de fanatismo y fundamentalismo. No pueden quedar indiferentes frente al
hambre, la ignorancia, la mala fe y la violencia. Deben contribuir fuertemente
a la tolerancia y propender al diálogo con otras confesiones y con todo aquel
que se sienta responsable por el destino de la humanidad. Deben abrirse, y ruego que no se tome esto
como una irreverencia, a las manifestaciones de Dios en las diferentes
culturas. Estamos esperando de ellas esta contribución a la causa común en un
momento por demás difícil.
Si
en cambio, Dios ha muerto en el corazón de las religiones podemos estar seguros
que ha de revivir en una nueva morada como nos enseña la historia de los
orígenes de toda civilización, y esa nueva morada estará en el corazón del ser
humano muy lejos de toda institución y de todo poder.
Nada
más, muchas gracias.
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