CONTRIBUCIONES AL
PENSAMIENTO
SICOLOGIA DE LA IMAGEN Y
DISCUSIONES HISTORIOLOGICAS
SILO

APROXIMACION A
CONTRIBUCIONES AL PENSAMIENTO
Aunque referidas a campos
distintos estas dos producciones guardan entre sí muy estrecha relación y, en
algún sentido, se esclarecen mutuamente. Es por ello que su publicación, bajo
el título abarcante de Contribuciones al Pensamiento, parece del todo adecuada.
Los enfoques de Sicología de
la Imagen y de Discusiones Historiológicas
son característicos de la reflexión filosófica y no nacen de la entraña
misma de la Sicología ni de la
Historiografía. Sin embargo,
ambos trabajos se dirigen a las mentadas disciplinas de modo fundamentante.
En Sicología de la Imagen, se expone una novedosa teoría sobre
lo que el autor llama "espacio de representación","espacio"
que surge al evidenciarse los objetos de re-presentación (no simplemente de
percepción) y sin el cual no puede entenderse cómo es que la conciencia puede
dirigirse a y distinguir entre los llamados "mundo externo" y
"mundo interno". Por otra parte, si la percepción da cuenta de los
fenómenos al perceptor, en qué lugar éste se ubica respecto a aquellos?, porque
si se dijera que se ubica a sí mismo en la espacialidad externa, acorde con la
externidad del fenómeno percibido, cómo es que puede mover el cuerpo
"desde adentro" guiándolo en esa externidad? Mediante la percepción
puede explicarse el advenimiento del dato a la conciencia pero no se puede, por
aquella, justificar el movimiento que la conciencia imprime al cuerpo. Puede el
cuerpo actuar en el mundo externo si no existe una representación de ambos
términos? Obviamente no. Esa representación, por tanto, ha de darse en algún
"lugar" de la conciencia. Pero, en qué sentido puede hablarse de
"lugar", o "color", o "extensión" en la
conciencia? Estas son algunas de las dificultades que se abordan exitosamente
en el presente ensayo, cuyo objetivo ha sido sostener las siguientes tesis: 1.-
La imagen es un modo activo de estar la conciencia en el mundo y no simple
pasividad como han sustentado las teorías anteriores; 2.-ese modo activo no
puede ser independiente de una "espacialidad" interna y 3.- las
numerosas funciones con que cumple la imagen dependen de la posición que esta asume en aquella
"espacialidad". Si lo sostenido por el autor es correcto, la acción
del ser humano debe ser reinterpretada. Ya no será la idea, o una supuesta
"voluntad", o la misma "necesidad objetiva" las que muevan
al cuerpo hacia las cosas, sino la imagen
y el emplazamiento de ésta en el espacio de representación. La idea,
pues, o la "necesidad objetiva", podrán orientar la actividad en la
medida en que se emplacen como imagen y en una perspectiva de representación,
en un paisaje interno adecuado. Pero no solamente las necesidades o ideas
tendrán esa posibilidad sino también las creencias y aún las emociones
convertidas en imágenes. Las consecuencias que derivan de esto son enormes y el
autor parece insinuarlas al cerrar su trabajo con estas palabras: "Si las
imágenes permiten reconocer y actuar, conforme se estructure el paisaje en
individuos y pueblos, conforme sean sus necesidades (o lo que consideren que
sean sus necesidades), así tenderán a transformar el mundo".
En Discusiones
Historiológicas, se pasa revista a las distintas concepciones que el autor
engloba bajo la designación de "Historia sin temporalidad". Pero por
qué es que se ha dado cuenta, hasta hoy, de la historia humana considerando al
hombre como epifenómeno o "simple polea de transmisión en la que cumple
con la función de paciente de factores extrínsecos"? Qué ha motivado la
falta de explicación suficiente sobre la temporalidad
y de qué naturaleza es ésta?
El autor explica que la
Historiología solo devendrá
en ciencia en la medida en que pueda responder a esas preguntas y aclare los pre requisitos necesarios a todo discurso
histórico, a saber: de qué
historicidad y de qué
temporalidad estamos hablando? En el prólogo a esta obra se dice: "Hemos
fijado como objetivo de nuestro trabajo dilucidar los requisitos previos
necesarios para la fundamentación de la Historiología. Está claro que un saber
fechado sobre los acontecimientos históricos no basta como para efectuar
reclamos acerca de su cientificidad..." La Historiología no puede
prescindir de la comprensión de la estructura de la vida humana ya que el
historiólogo, aún cuando quisiera hacer simple historia natural, se vería
compelido a estructurarla desde una óptica y una interpretación humana. Pero,
precisamente, la vida humana es historicidad, temporalidad, y en la comprensión
de esa temporalidad está la clave de toda construcción histórica. Pero cómo es
que se suceden los acontecimientos humanos, como es que devienen unos en otros?
Son las generaciones con su acumulación temporal, los agentes de todo proceso
histórico y aunque éstas coexistan en un mismo
momento, su paisaje de
formación, desarrollo y lucha es diferente, ya que unas han nacido antes que
otras. Aparentemente viven el mismo tiempo histórico como lo hacen el niño y el anciano pero aún
coexistiendo representan paisajes y acumulaciones temporales diferentes. Por
otra parte, las generaciones nacen unas de otras en un continuum biológico pero
lo que las caracteriza es su constitución social y temporal.
Contribuciones al
pensamiento, se nos presenta como una estructura en la que las categorías de
espacio y tiempo son revisadas desde una óptica sin antecedentes. En esta obra
está en juego no solamente una visión
conceptual sino la justificación
de la acción humana, que
cobrará un sentido diferente, de acuerdo a las respuestas que se den a las
preguntas por las dos categorías fundamentales.
SICOLOGIA DE LA IMAGEN
PROLOGO
Cuando decimos "espacio
de representación", tal vez alguien piense en una suerte de
"continente" en cuyo interior se dan determinados
"contenidos" de conciencia. Si, además, cree que esos
"contenidos" son las imágenes y que éstas operan como meras copias de
la percepción, tendremos que sortear algunas dificultades antes de ponernos de
acuerdo. En efecto, quien así piensa, se ubica en la perspectiva de una
Sicología ingénua tributaria de las ciencias naturales, que parte sin discusión
de una visión orientada al
estudio de los fenómenos síquicos en términos de materialidad.
Desde ya es oportuno
advertir que nuestra ubicación respecto al tema de la conciencia y sus
funciones, no admite el presupuesto comentado.Para nosotros, la conciencia es
intencionalidad. Algo por cierto inexistente en el fenómeno natural y
totalmente ajeno al estudio de las ciencias ocupadas en la materialidad de los
fenómenos.
En este trabajo pretendemos
dar cuenta de la imagen como un modo activo de estar la conciencia en el mundo,
como un modo de estar que no puede ser independiente de la espacialidad y como
un modo en el que las numerosas funciones con que cumple, dependen de la
posición que asume en esa espacialidad.
Mendoza (Argentina),
Noviembre de 1988.
Capítulo I. El problema
del espacio en el estudio de los fenómenos de conciencia.
1.- Antecedentes.
Resulta en extremo curioso
que muchos sicólogos al aludir a los fenómenos que produce la sensación los hayan emplazado en un
espacio externo y que luego, hayan hablado de los hechos de representación
(como si se tratara de copias de lo
percibido) sin preocuparse por develar "en dónde" se daban tales
fenómenos. Seguramente, consideraron que
con describir los hechos de conciencia ligándolos al transcurrir (sin
explicar en qué consistía tal transcurrir) y con interpretar las fuentes de
tales hechos como causas determinantes (ubicadas en el espacio externo),
quedaba agotado el tema de las primeras preguntas y de las respuestas que
debían efectuar para fundamentar su ciencia. Creyeron que el tiempo en el que
acaecían los fenómens (tanto externos como internos), era un tiempo absoluto y
que el espacio era sólo válido para la "realidad" externa, no para la
conciencia, por cuanto ésta frecuentemente lo deformaba en sus imágenes, en sus
sueños, en sus alucinaciones.
Desde luego que fué preocupación de varios de ellos tratar de entender si el representar era propio del alma, o del cerebro, o de
otra entidad.No podemos dejar de recordar aquí la célebre epístola de Descartes
a Cristina de Suecia en la que menciona el "punto de unión" entre
el alma y el cuerpo para explicar el hecho del pensamiento y la actividad
volitiva que pone en marcha a la
máquina humana. Y es por demás extraño, que justamente el filósofo que nos
acercara a la comprensión de los datos inmediatos e indudables del pensar, no haya reparado en el tema de la
espacialidad de la representación, como dato independiente de la espacialidad
que los sentidos obtienen de sus fuentes externas. Por otra parte, Descartes,
como fundamentador de la óptica geométrica y creador de la geometría analítica,
estaba familiarizado con el tema de la ubicación precisa de los fenómenos en el
espacio. Contando entonces con todos los elementos necesarios (por una parte,
su duda metódica y por otra, sus conocimientos en torno al emplazamiento de los
fenómenos en el espacio), faltó que diera un paso mínimo para terminar plasmando la idea de la ubicación de la representación en diferentes
"puntos" del espacio de conciencia.
Fueron necesarios casi
trescientos años para que el concepto de representación se independizara de la
percepción espacial ingénua y cobrara sentido propio en base a la
revalorización (en verdad, recreación), de la idea de intencionalidad que ya
había anotado la escolástica en base a los estudios sobre Aristóteles. El mérito
cabe a F. Brentano. En su obra hay
numerosas menciones sobre el problema que nos ocupa y, si bien, no lo formula
en toda su extensión, deja sentadas las bases para avanzar en la dirección
correcta.
Es la obra de un discípulo
de Brentano, la que permite poner a punto el problema y desde allí avanzar
hacia soluciones que,a nuestro entender, terminarán revolucionando no solamente
el campo de la Sicología (que aparentemente es el terreno en el que se
desarrollan estos temas), sino de muchas otras disciplinas.
Así las cosas, en las
"Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía
fenomenológica" Husserl estudia la "Idea" regional de cosa
en general, como aquel algo idéntico que se mantiene en medio de las
infinitudes del curso determinado de tal y cual forma y que se da a conocer en
las correspondientes series infinitas de nóemas también de formas determinadas.
La cosa se da en su esencia ideal de res temporalis en la "forma"
necesaria del tiempo; se da en su esencia ideal de res materialis en su unidad
sustancial y se da en su esencia ideal de res extensa en la "forma"
de espacio, no obstante los cambios de formas
infinitamente variadas, o
según el caso ( dada una forma fija), no obstante cambios de lugar que también pueden ser
infinitamente variados, o de
"movilidad" in infinitum. "Así- dice Husserl- aprehendemos la
'Idea' del espacio y las Ideas incluídas
en ella". El problema
del origen de la representación del espacio, queda reducido al análisis
fenomenológico de las diferentes expresiones en que éste se exhibe como unidad
intuitiva.(1)
Husserl nos ha colocado así
en el campo de la reducción eidética y de su trabajo extraemos innumerables
enseñanzas, pero nuestro interés está orientado a temas propios de una
sicología fenomenológica más que de una filosofía fenomenológica y aunque
repetidamente abandonemos la epojé propia del método husserliano, no por ello
ignoraremos tal irregularidad y haremos tales transgresiones en atención a una
explicación más accesible de nuestros puntos de vista. Por otra parte, podría
ocurrir que si la sicología
post-husserliana no ha considerado el problema que nosotros llamamos del
"espacio de representación", algunas de sus tesis deberían ser
revisadas. En todo caso, sería injusto atribuírnos una recaída ingénua en el
mundo de "lo síquico natural." (2)
Por último, nuestra
preocupación no se dirije al
"problema del origen de la representación del espacio", sino
opuestamente, al problema del "espacio" que acompaña a toda
representación y en el que se da toda representación. Pero como el
"espacio" de representación
no es independiente de las representaciones, cómo podríamos tomar tal
"espacio" sino como conciencia de la espacialidad en cualquier
representación? Y si tal es la dirección de nuestro estudio, al observar
introspectivamente (y por tanto ingenuamente) toda representación y observar
también introspectivamente la espacialidad del representar, nada impide que
atendamos a los actos de conciencia que se refieren a la espacialidad y que de
ello hagamos, posteriormente, una reducción
fenomenológica o la
posterguemos sin por ello desconocer su importancia. Si este último fuera
nuestro caso, podría decirse a lo sumo que la descripción ha sido incompleta.
Debemos anotar finalmente,
en orden a los antecedentes, que en cuanto a descripción de la espacialidad de
los fenómenos de representación, Binswanger(3)ha realizado su aporte sin por
ello haber llegado a comprender el significado profundo del "donde"
se dan las representaciones.
2.- Distinciones entre
sensación, percepción e imagen.
Definir la sensación en
términos de procesos nerviosos aferentes que comienzan en un receptor y se
trasmiten al sistema nervioso central, o cosas semejantes, es propio de la
Fisiología y no de la Sicología. De manera que a nuestros efectos, esto no es
útil.
También se ha tratado de
entender la sensación como una
experiencia cualquiera del número total de experiencias perceptibles que pueden
existir dentro de una modalidad determinada por la fórmula (US-UI)/UD, en la
que US denota el umbral superior, UI el umbral inferior y UD el umbral
diferencial. Ocurre con esta forma de mostrar las cosas (y en general con todas las
presentaciones de trasfondo atomístico), que no se alcanza a comprender la
función del elemento que se estudia y, a la inversa, se apela a una estructura
(p.ej., la percepción), para de ese ámbito aislar sus elementos
"constitutivos" y
desde allí, nuevamente, tratar de explicar la estructura.
Provisionalmente,
entenderemos a la sensación como el registro que se obtiene al detectar un
estímulo proveniente del medio externo o interno y que hace variar el tono de
trabajo del sentido afectado. Pero el estudio de la sensación debe ir más lejos
cuando comprobamos que hay sensaciones que acompañan a los actos del pensar,
del recordar, del apercibir, etc. En todos los casos, se produce una variación
del tono de trabajo de algun sentido, o de un un conjunto de sentidos, (como
ocurre en la cenestesia), pero es claro que no se "siente" del pensar
en la misma forma y modo que se "siente" de un objeto externo. Y,
entonces, la sensación aparece como una estructuración que efectúa la
conciencia en su quehacer sintético, pero que es analizada arbitrariamente para
describir su fuente originaria, para describir el sentido del cual parte su
impulso.
En cuanto a la percepción,
se han dado de ella diversas definiciones como la que sigue: "Acto de
darse cuenta de los objetos externos, sus cualidades o relaciones, que sigue
directamente a los procesos sensoriales, a diferencia de la memoria o de otros
procesos mentales".
Por nuestra parte,
entenderemos a la percepción como una estructuración de sensaciones efectuadas
por la conciencia refiriéndose a un sentido, o a varios sentidos.
Y en lo que hace a la imagen,
se ha ensayado este tipo de caracterización: "Elemento de la experiencia
suscitado centralmente y que posee todos los atributos de la sensación".
Preferimos entender a la
imagen como a una re-presentación estructurada y formalizada de las sensaciones
o percepciones que provienen o han provenido del medio externo o interno. La
imagen pues, no es "copia" sino síntesis, intención y, por tanto,
tampoco es mera pasividad de la conciencia.(4)
3.- La idea
de "estar la conciencia en el mundo" como recaudo descriptivo
frente a las interpretaciones de la Sicología ingénua.
Hemos de rescatar la idea de
que todas las sensaciones, percepciones
e imágenes, son formas de conciencia y, por tanto, sería más correcto hablar de
"conciencia de la sensación, conciencia de la percepción y conciencia de
la imagen". Y aquí no estamos ubicándonos en la posición aperceptiva(en la
que se tiene conciencia de un fenómeno síquico). Estamos diciendo que es la conciencia misma la que
modifica su modo de estar o, mejor, que la conciencia no es sino un modo de
estar p.ej., "emocionada", "expectante", etc.
Cuando estoy imaginando un
objeto, no está la conciencia ubicada ajenamente, descomprometida y neutra
frente a tal operación; la conciencia es en este caso un compromiso que se
refiere a ese algo que se imagina. Aún en el caso de la apercepción antes
mencionada, debe hablarse de una conciencia en actitud aperceptiva.
Por lo anterior, queda claro
que no hay conciencia sino de algo y que ese algo se refiere a un tipo de mundo
(ingénuo, natural o fenomenológico; "externo", o
"interno"). Así es que muy poco favor se hace a la comprensión con
estudiar un estado de miedo al peligro, por ejemplo, dando por supuesto que se
está investigando un tipo de emoción que no interesa a otras funciones de la
conciencia, en una suerte de esquizofrenia descriptiva. Las cosas son de muy
diferente manera, porque en el miedo al peligro, toda la conciencia está en
situación de peligro y aún cuando pueda reconocer otras funciones como la
percepción, el raciocinio y el recuerdo, todas ellas aparecen en esa situación
como traspasadas en su accionar por la situación de peligro, en función del
peligro. De manera que esa conciencia es un modo global de estar en el mundo y
un comportamiento global frente al mundo. Y si se habla de los fenómenos
síquicos en términos de síntesis, debemos saber a qué síntesis nos referimos y
cuál es nuestro punto de partida para comprender lo que nos aleja de otras
concepciones que también hablan de "síntesis", "globalidad",
"estructura", etc.(5)
Por otra parte, habiendo
establecido el carácter de nuestra síntesis, nada impedirá adentrarnos en
cualquier tipo de análisis que nos permita aclarar o ilustrar nuestra
exposición. Pero esos
análisis, estarán siempre
comprendidos en un contexto mayor y el objeto o el acto considerado no podrá
independizarse de tal contexto ni podrá ser aislado de su referencia a algo.
Otro tanto ocurrirá respecto de la
"funciones" síquicas que estarán trabajando en acción conjunta de acuerdo al modo de ser de la
conciencia, en el momento que la
consideremos.
Pretendemos decir, entonces,
que en plena vigilia y frente a un problema matemático que ocupa todo nuestro
interés, están trabajando las sensaciones,
las percepciones y las imágenes, siendo que la abstracción matemática
para realizarse, debe eludir todo tipo de "distracciones"? Afirmamos
que no es posible tal abstracción si el matematizante no cuenta con registros
sensacionales respecto de su actividad mental, si no percibe la sucesión temporal
de su discurrir, si no imagina a través de signos o símbolos matemáticos
(convencionalmente aceptados y luego memorizados). Y si, finalmente, el
sujeto matematizante desea trabajar con
significados, habrá de reconocer que éstos no son independientes de las
expresiones formalmente expuestas ante su vista o ante su representar.
Pero aún vamos más
lejos cuando afirmamos que otras
funciones están actuando simultáneamente, cuando decimos que aquél nivel
vigílico en que se realizan las operaciones no está aislado de otros niveles de
actividad de la conciencia; no está aislado de otras operaciones que se hacen
plenas en el semisueño o el sueño.
Y es esa simultaneidad de
trabajo de distintos niveles la que en ocasiones nos permite hablar de
"intuición", "inspiración", o "solución
inesperada", y que aparece como una irrupción en el discurso lógico
aportando sus propios esquemas dentro del contexto del matematizar, que en este
caso estamos considerando.
La literatura científica
está plagada de problemas cuyas soluciones aparecen en actividades posteriores
a las del discurso lógico y que muestran precisamente el compromiso de toda la
conciencia en la búsqueda de soluciones a tales problemas. Para afirmar lo
anterior no nos apoyamos en los esquemas neurofisiológicos que confirman estos
asertos mediante el recurso de la actividad registrada por medio del
electroencefalógrafo. Tampoco apelamos a la acción de un supuesto
"subconciente" o "inconciente", o de algún otro mito epocal cuyas premisas científicas están incorrectamente formuladas. Nos
apoyamos en una sicología de la conciencia que admite diversos niveles de
trabajo
y operaciones de
distinta preeminencia en cada fenómeno
síquico,
siempre integrado en la
acción de una conciencia global.
4.- El registro interno del
darse la imagen en algun "lugar".
Este teclado que tengo ante
mis ojos,en el accionar de cada tecla
va imprimiendo un carácter
gráfico que visualizo en el monitor conectado a él. Asocio el movimiento de mis
dedos a cada letra y automaticamente las frases y las oraciones discurren,
siguiendo mi pensamiento. Cierro los párpados y así, dejo de pensar en el
discurso anterior para concentrarme en el teclado. De algún modo lo tengo
"ahí adelante", representado en imágenes visuales, casi calcado de la
percepción que tenía antes de ocluír los ojos. Me levanto de la silla, camino
algunos pasos por la habitación, cierro nuevamente los párpados y al recordar
el teclado lo imagino globalmente a mis espaldas, ya que si quiero observarlo
tal cual se presentó anteriormente a mi percepción, debo ponerlo en posición
"ante mis ojos". Para ello, o giro mentalmente mi cuerpo, o
"traslado" del "espacio externo" a la máquina, hasta
emplazarla enfrente mío. La máquina ahora está "ante mis ojos", pero he producido una
dislocación del espacio ya que frente a mí, si abro los párpados, veré una
ventana...
Se me ha hecho evidente que
la ubicación del objeto en la representación, se emplaza en un
"espacio" que puede no coincidir con el espacio en el que se dió la
percepción original.
Puedo, además, imaginar el
teclado colocado en la ventana que tengo ante mí y distanciar o acercar el
conjunto. Si fuera el caso, puedo aumentar o disminuír el tamaño de toda la
escena o de alguno de sus componentes; también puedo deformar esos cuerpos y,
por último, nada impide que cambie su coloración.
Pero descubro algunas
imposibilidades. No puedo, por ejemplo, imaginar esos objetos sin
coloración por más que los
"transparente", ya
que esa "transparencia" marcará contornos o diferencias precisamente
de color o acaso "sombreados" distintos. Es claro que estoy comprobando que la extensión y el color son
contenidos no independientes y por ello, no puedo imaginar tampoco un color sin
extensión. Y esto es, precisamente, lo que me hace reflexionar en torno a que
si no puedo representar el color sin extensión, la extensión de la representación denota también la
"espacialidad" en la que se emplaza el objeto representado. Es esta
espacialidad, la que nos interesa.
Capítulo II. Ubicación de lo
representado en la espacialidad del representar.
1.- Diferentes tipos de
percepción y representación.
Los sicólogos de todas las
épocas han articulado largos listados en torno a las sensaciones y percepciones
y, actualmente, al descubrirse nuevos receptores nerviosos, se ha comenzado a
hablar de termoceptores, baroceptores, detectores de acidez y alcalinidad
internos, etc.
A las sensaciones
correspondientes a los sentidos externos, agregaremos aquellas que corresponden
a sentidos difusos como las kinestésicas (de movimiento y posicionamiento
corporal) y las cenestésicas (registro general del intracuerpo y de
temperatura, dolor, etc., que aún explicadas en términos de sentido táctil
interno, no pueden reducirse a él).
Para nuestras explicaciones
es suficiente con lo anotado más arriba, sin pretender por esto agotar los
posibles registros que corresponden a los sentidos externos e internos y a las
múltiples combinaciones perceptuales entre unos y otros.
Importa, entonces,
establecer un paralelismo entre
representaciones y
percepciones clasificadas genericamente como "internas" o
"externas".
Es desafortunado que se haya
limitado tan frecuentemente la representación a las imágenes visuales(6)y
además, que la espacialidad esté
referida casi siempre a lo visual cuando las percepciones y representaciones
auditivas denotan también a las
fuentes de estímulo localizadas en algún "lugar", así como ocurre con
las táctiles, gustativas, olfatorias y
desde luego con las referidas a la posición del cuerpo y los fenómenos del
intracuerpo.(7)
2.- Interacción de imágenes
referidas a diferentes fuentes perceptuales.
En el automatismo que fué
mencionado en nuestro ejemplo, se habló de una conexión entre el discurrir en
palabras y el movimiento de los dedos que tecleando en la máquina iban
imprimiendo caracteres gráficos en el monitor. Está claro que se ha podido
asociar precisas posiciones espaciales a registros kinestésicos y que de no
existir espacialidad en éstos últimos, tal asociación hubiera sido imposible.
Pero, además, es interesante comprobar cómo el pensamiento en palabras se
traduce en movimiento de los dedos asociados a posiciones de las teclas. Esta
"traducción" es por demás frecuente y ocurre con las representaciones
que tienen por base a percepciones de diferentes sentidos. Para ejemplificar:
basta cerrar los párpados y escuchar diferentes fuentes sonoras y, al hacerlo,
comprobar cómo los globos oculares tienden a desplazarse en la dirección de la
percepción acústica. O bien, al imaginar un aire musical, comprobar cómo los
mecanismos de fonación tienden a acomodarse (sobre todo en los agudos y en los
graves). Este fenómeno de "verbigeración" es independiente de que el
aire musical haya sido imaginado como cantado o "tarareado" por el
sujeto, o bien que la representación se haya efectuado teniendo por base una
orquesta sinfónica. Y es la mención de
los sonidos agudos como "altos" y los graves como "bajos"
la que delata espacialidad y posicionamiento del aparato de fonación asociado a
los sonidos.
Pero también existe interacción entre otras imágenes
correspondientea a diversos
sentidos y, en estos temas, el decir popular informa mejor que numerosos
tratados. Desde el "dulce" amor y el "amargo" sabor de la "derrota", hasta las
palabras "duras", las ideas "sombrías", los
"grandes" hombres, los "fuegos" del deseo, los pensamientos
"agudos", etc.
No resulta pues extraño que
numerosas alegorizaciones que se dan en los sueños, en el folklore, en los
mitos, en las religiones y aún en el ensoñar cotidiano, tengan por base esas
traducciones de un sentido a otro y por consiguiente de un sistema de imágenes
a otro. Así, cuando en un sueño aparece un gran fuego y el sujeto despierta con
una fuerte acidez estomacal, o cuando un enredo de piernas en las sábanas dicta imágenes de hundimiento en arenas movedizas, lo más adecuado parece
una investigación exhaustiva de los fenómenos que nos ocupan en lugar de
agregar a esas dramatizaciones, nuevos mitos para interpretar lo inmediato.
3.- La aptitud de
transformismo de la representación.
En nuestro ejemplo, vimos
cómo el teclado podía ser alterado en su color, forma, tamaño, posición,
perspectiva, etc. Es claro que, además, podemos "recrear"
completamente nuestro objeto hasta hacer irreconocible al original. Pero si,
finalmente, nuestro teclado queda convertido en una piedra (así como el
príncipe en sapo), aún cuando todas las características en nuestra nueva imagen
sean las de una piedra, para nosotros esa piedra será el teclado convertido...
Tal reconocimiento será posible gracias al recuerdo, a la historia que
mantenemos viva en nuestra representación. De modo que la nueva imagen visual
ha de ser una estructuración no ya
visual sino de otro tipo. Es, precisamente, la estructuración en la que se da
la imagen la que nos permite establecer reconocimientos, climas y tonos
afectivos, que hacen al objeto en cuestión aunque éste haya desaparecido o se
encuentre severamente modificado.
Inversamente, podemos
observar que la modificación de la estructura general, produce variaciones en la imagen (en cuanto recordada o superpuesta a la percepción).(8)
Nos encontramos en un mundo en el que la percepción parece
informarnos sobre sus variaciones al tiempo que la imagen, actualizando
memoria, nos lanza a reinterpretar y a modificar los datos que provienen de ese
mundo. De acuerdo a esto, a toda
percepción corresponde una representación que indefectiblemente modifica los datos
de la "realidad".
Dicho de otro modo, la
estructura percepción-imagen es un comportamiento de la conciencia en el mundo,
cuyo sentido es la transformación de ese mundo.(9)
4.- Reconocimiento y
desconocimiento de lo percibido.
Cuando veo el teclado, puedo
reconocerlo merced a las
representaciones que
acompañan a las percepciones de ese objeto. Si, por alguna circunstancia ignorada, el teclado hubiera sufrido alguna importante
modificación, al verlo nuevamente experimentaría una no-correspondencia con las
representaciones que de él poseo. Así, una extensa gama de fenómenos síquicos
podría agolparse frente a ese hecho. Desde la desagradable sorpresa, hasta el
desconocimiento del objeto que se me estaría presentando como "otro" diferente al que pensaba encontrar. Pero ese
"otro" no coincidente revelaría el desajuste entre las nuevas
percepciones y las antiguas imágenes. En ese momento estaría cotejando
diferencias entre el teclado que recuerdo y el actual.
El desconocimiento de un
nuevo objeto que se me presenta es, en realidad, un re-conocimiento de la
ausencia del nuevo objeto respecto de una imagen correspondiente.Así es
como, muy frecuentemente, trato de
acomodar la nueva percepción a interpretaciones "como si".(10)
Hemos visto que la imagen
tiene aptitud para independizar al objeto del contexto en el que fué percibido.
Tiene suficiente plasticidad como para modificarse y dislocar sus referencias.
Esto es correcto de tal forma que el reacomodamiento de la imagen a la nueva
percepción no ofrece mayores dificultades
(dificultades que se
patentizan en los hechos anexos a la imagen en sí, como ocurre con los
fenómenos emotivos y los tonos corporales que acompañan a la representación).
Por consiguiente la imagen puede transitar (transformándose), por tiempos y
espacios diferentes de conciencia. Así, puedo en este momento actual de
conciencia, retener la imagen pasada de este objeto que se ha modificado y
también puedo protenderla hacia supuestas modificaciones de lo que
"llegaría a ser", o de los posibles modos de ser del objeto
considerado.
5.- Imagen de la percepción
y percepción de la imagen.
A toda percepción
corresponde una imagen, dándose éste hecho en estructura. En cuanto a la
afectividad y al tono corporal, advertimos que no pueden ser ajenos a esa
globalidad de la conciencia.
Hemos mencionado más arriba
el caso del seguimiento de percepciones e imágenes traducidas, en la
acomodación del aparato de fonación y el desplazamiento de los globos oculares
buscando, por ejemplo, una fuente sonora. Pero, resulta más fácil ubicarnos en
una misma franja
percepto-representativa-motriz, para seguir la descripción.
Así pues, si frente al
teclado cierro los párpados, podré extender mis dedos y acertar con aproximada
exactitud siguiendo la imagen que, en
este caso, obrará como "trazadora" de mis movimientos. Si, en
cambio, emplazo la imagen hacia el costado izquierdo del espacio de
representación , mis dedos seguirán el "trazado" hacia la izquierda y
es claro que no coincidirán con el teclado externo. Si luego,
"internalizo" la imagen hacia el centro del espacio de representación
(colocando la imagen del teclado "adentro de mi cabeza"), el
movimiento de mis dedos tenderá a inhibirse. Inversamente, si "externalizo" la imagen varios
metros adelante, experimentaré la tendencia no sólo de los dedos sino de zonas
más amplias del cuerpo, en esa dirección.
Si las percepciones del
mundo "externo" se corresponden con imágenes
"externalizadas" ("afuera" del registro cenestésico-
táctil de la cabeza,
"dentro" de cuyo límite permanece la "mirada" del
observador), las percepciones del mundo "interno", se corresponden
con representaciones "internalizadas" ("dentro"de los
límites del registro cenestásico-táctil, que a su vez es "mirado"
también desde "adentro" de dicho límite, pero desplazado de su
posición central que ahora ocupa lo "mirado"). Esto muestra una
cierta "externalidad de la mirada" que observa o experimenta
cualquier escena. Extremando el caso, puedo observar la "mirada", en
cuyo caso el "observar" como acto se hace externo respecto de la
"mirada" como objeto que ahora ocupa el lugar central. Esta
"perspectiva" evidencia que a más de la "espacialidad" de
lo representado como contenido no independiente (segun explicara Husserl),
existe "espacialidad" en la estructura objeto-mirada. Podría decirse
que, en realidad, no se trata de una "perspectiva" en sentido
espacial interno, sino de actos de conciencia que al ser retenidos aparecen
como contínuos y producen la ilusión de "perspectiva". Pero aún
tratándose de retenciones temporales, éstas no pueden escapar, en cuanto
representación, de ser contenidos no independientes y, por tanto, sujetas a
espacialidad, se trate de un
objeto representado puntual o se trate de la estructura objeto-mirada.
Algunos sicólogos han
advertido esa "mirada" referida a la representación y la han
confundido ora con el "yo",
ora con el "foco atencional", seguramente llevados por su
desconocimiento de la distinción entre actos y objetos de conciencia y, desde
luego, por sus prejuicios respecto a la actividad de la
representación.(11)
Ahora bien, ante un peligro
inminente, p.ej. el tigre que se avalanza hacia los barrotes de
la jaula al frente mío, mis representaciones se corresponden
con el objeto que, además, reconozco como peligroso.
Las imágenes que
corresponden al reconocimiento de "lo peligroso" externo, se
estructuran con las percepciones posteriores (y, por ende con las
representaciones) del intracuerpo que cobran especial intensidad en el caso de
la "conciencia en peligro" modificando la perspectiva desde la
que se observa el objeto, con lo cual
se obtiene el registro de "acortamiento del espacio" entre yo y lo
peligroso. De este modo, la acción de las imágenes en distintos emplazamientos
del espacio de representación modifican muy claramente (y como ya viéramos
respecto de las imágenes "trazadoras") la conducta en el mundo.
Dicho de otro modo: El
peligro exalta la percepción y las imágenes correspondientes del propio cuerpo,
pero esa estructura está directamente referida a la percepción-imagen de lo peligroso (exterior al cuerpo), con lo
cual la contaminancia, la "invasión" del cuerpo por lo peligroso está
asegurada. Toda mi conciencia es, en este caso, conciencia-en-peligro dominada por lo peligroso. Sin frontera, sin
distancia, sin "espacio" externo por cuanto siento el peligro en mí,
para-mí (adentro mío), en el "interior" del espacio de
representación, dentro del registro cenestésico-táctil de mi cabeza y de mi
piel. Y mi respuesta más
inmediata, más
"natural" es la de huír del peligro, huír de mí mismo en peligro
(mover imágenes trazadoras desde mi espacio de representación en dirección
opuesta a lo peligroso y hacia "afuera" de mi cuerpo). Si, en este
caso por un proceso de autorreflexión,
decidiera permanecer enfrentando a lo peligroso, debería hacerlo "luchando
conmigo mismo", rechazando lo peligroso de mi interior, poniendo distancia
mental entre lo compulsivo de la huída y el peligro por medio de una nueva
perspectiva. Tendría, en suma, que modificar el emplazamiento de las imágenes
en la profundidad del espacio de representación y, por tanto, la percepción que
de ellas tengo.
Capítulo III. Configuración
del espacio de representación.
1.- Variaciones del espacio de representación en los niveles de
conciencia.
Habitualmente se acepta que
durante el sueño, la conciencia abandona sus intereses cotidianos desatendiendo los estímulos de los
sentidos externos y responde a éstos, excepcionalmente, cuando los
impulsos sobrepasan un determinado umbral o cuando rozan un "punto de
alerta".
Sin embargo, durante el
sueño con ensueños, la profusión de imágenes revela una enormidad de
percepciones correlativas que tienen lugar en tal situación. Por otra parte,
los estímulos externos no solamente son amortiguados sino transformados en
función de la conservación de ese nivel.(12)
Esta forma de estar la
conciencia en el sueño no es, por cierto, una forma de no estar en el mundo,
sino una particular manera de estar en él y de actuar aunque esta acción sea
dirigida al mundo interno. Por ésto, si durante el sueño con ensueños las
imágenes tienden a transformar las percepciones externas contribuyendo así a
conservar el nivel, además
colaboran en las tensiones y
distensiones profundas y en la economía energética del intracuerpo. Tal cosa
también ocurre con las imágenes del "soñar despierto" y,
precisamente, en ese nivel intermedio se tiene acceso a dramatizaciones propias
de los impulsos traducidos de un sentido a otro.
A su vez, en vigilia, la
imagen no sólo contribuye al
reconocimiento de la
percepción sino que tiende a lanzar la actividad del cuerpo hacia
el mundo externo.
Necesariamente, también de esas imágenes se tiene registro interno por
lo cual terminan, además, influyendo en el comportamiento del
intracuerpo.(13) Pero tal
cosa es secundariamente perceptible cuando el interés está puesto en dirección
a la tonicidad muscular y la acción motriz. De todas formas, la situación
experimenta un rápido cambio cuando la conciencia se configura
"emocionalmente" y el registro del intracuerpo se amplifica al tiempo
que las imágenes siguen actuando sobre el mundo externo o,
en ocasiones, inhiben toda
acción como una "acomodación táctica del cuerpo" a la situación, lo
que luego podrá interpretarse como una actitud correcta o equivocada, pero que
sin duda es una adecuación de conducta frente al mundo.
Según hemos visto, las
imágenes en su referencia a la
exterioridad o interioridad,
para operar deben emplazarse en distinta profundidad del espacio de
representación.
Durante el sueño puedo ver
las imágenes como si las estuviera observando desde un punto ubicado en la
escena misma (como si yo estuviera en la escena y viera desde "mí"
sin verme desde "afuera"). Desde tal perspectiva, debería creer que
no veo "imágenes" sino la misma realidad perceptual (por cuanto no
tengo el registro del límite en el que
se da la imagen como ocurre en vigilia
conforme cierro los ojos). Y es lo que sucede. Creo que veo con los párpados
abiertos lo que ocurre "afuera" mío. Sin embargo, las imágenes
trazadoras no movilizan tonicidad corporal ya que la escena está realmente emplazada en el espacio de
representación aunque crea que percibo la "exterioridad". Los globos
oculares siguen el desplazamiento de las imágens pero el movimiento corporal
está amortiguado, del modo en que están amortiguadas y traducidas las
percepciones que provienen de los sentidos externos. Tal caso es pues, similar al alucinatorio con la
diferencia que en éste (como veremos más adelante), el registro del límite
cenestésico-táctil ha desaparecido por algún motivo, mientras que en el estado
de sueño descripto tal límite no ha desaparecido, sino que sencillamente no
puede existir.
Emplazadas así las imágenes,
seguramente trazan su acción hacia el intracuerpo valiéndose de diferentes
transformismos y dramatizaciones, lo que permite además reestructurar
situaciones vividas actualizando memoria y, por cierto, descomponiendo y
recomponiendo emociones primitivamente estructuradas en sus imágenes. El sueño
paradojal (y en alguna medida el "soñar despierto"), cumple con
importantes funciones de entre las cuales la transferencia de climas afectivos
a imágenes transformadas no puede ser descuidada.(14)
Pero existe, por lo menos,
otro caso diferente de emplazamiento en la escena onírica. Es aquel en que me
veo "desde afuera", es decir, veo la escena en la que estoy incluído
realizando acciones, desde un punto de observación "externo" a la
escena. Este caso se asemeja al verme "desde afuera" en vigilia (tal
cual sucede cuando represento, teatralizo o finjo una determinada actitud). La
diferencia está, sin embargo, en que en vigilia tengo apercepción de mí mismo
(regulo, controlo, modifico mi proceder) y que en el sueño "creo" que
la escena se desarrolla según su presentación, situación en la que la
autocrítica está disminuída. Por tanto, la dirección del sueño en su secuencia
parece escapar a mi control.
2.- Variaciones del espacio
de representación en los estados alterados de conciencia.
Dejaremos de lado las
diferencias que clasicamente se establecen entre ilusión y alucinación, para
adentrarnos en los fenómenos de los estados alterados de conciencia teniendo
por referencia a ciertas imágenes que, por sus características, suelen
confundirse con percepciones del mundo externo. Desde luego que un "estado
alterado" no es sólo eso, pero es lo que a nosotros nos interesa de él en
este caso.
Alguien podría, en vigilia,
"proyectar" imágenes confundiéndolas con francas percepciones del
mundo externo. De esa manera,creería en ellas como creía el durmiente del
primer tipo, considerado en el parágrafo anterior. En aquel caso, el soñante no
distinguía entre el espacio externo y el interno porque la frontera
cenestesico-táctil de la cabeza y los
ojos no podía estar emplazada en ese sistema de representación. Es más, tanto
la escena como la mirada del sujeto se
ubicaban en el interior del espacio de
representación sin noción de "interioridad".
De acuerdo a lo anterior, si
alguien en vigilia pierde la noción de
"interioridad" es porque el
registro divisorio entre lo "externo" y lo "interno", por
algún motivo, ha desaparecido. Pero las imágenes proyectadas hacia
"afuera" conservarían su poder trazador impulsando la motricidad
hacia el mundo. El sujeto en cuestión
se encontraría en un peculiar estado de "soñar despierto", de
semisueño activo, y su conducta expresada en el mundo externo perdería total eficacia objetal. Podría dialogar con personas inexistentes,
podría acometer acciones no concordantes con los objetos y con otras
personas...
Tal situación suele ocurrir
en la hipnosis, el sonambulismo, los estados
febriles y, a veces, al entrar o salir del sueño.
Seguramente, en los casos de
intoxicación, acción de drogas y, por qué no, en determinadas perturbaciones
mentales, el fenómeno que permite la proyección de imágenes es correlativo a
ciertas "anestesias" cenestesico-táctiles, ya que faltando éstas sensaciones
como referencias divisorias entre el espacio "externo" y el
"interno", las imágenes pierden "frontera".
Algunas experiencias en
cámara de supresión sensorial, muestran que los "límites" del cuerpo
(flotando éste en una solución salina saturada y a temperatura de piel, a más
de silencio y oscuridad) desaparecen y el sujeto tiene el registro de que sus
dimensiones varían. Frecuentemente, advienen alucinaciones p. ej., de mariposas
gigantes que aletean ante los ojos abiertos que el sujeto, posteriormente, reconoce
como "originadas" en su trabajo pulmonar o en dificultades
pulmonares. Se podrá preguntar, de cara al ejemplo: por qué el sujeto tradujo y
proyectó como "mariposas" a sus registros pulmonares; por qué otros
sujetos en la misma situación no padecen alucinaciones y por qué unos terceros
proyectan "balones de gas" en ascenso? El tema de las alegorías
correspondientes a impulsos del intracuerpo no puede estar desligado de la
memoria personal, que es también sistema de representación. En el caso de las
antiguas "cámaras de supresión" (esto es, cuevas solitarias a las que
acudían los místicos de otras épocas), también se obtenían resultados
satisfactorios, en cuanto a traducciones y proyecciones hipnagógicas, sobre
todo si se observaba un régimen de ayuno, oración, sobrevigilia y otras
prácticas que amplificaban el registro del intracuerpo. Sobre este particular,
son numerosos los escritos que pueblan la literatura religiosa mundial, en los
que se da cuenta de procedimientos y en los que se describen los fenómenos
obtenidos. Y es claro que, aparte de las visiones particulares de cada
experimentador, estaban aquellas que correspondían a representaciones de la
cultura religiosa en la que aquél estaba inscripto.
Otro tanto ocurre, a veces,
en las fronteras de la muerte. En esas ocasiones, las proyecciones se
corresponden con las particularidades de cada sujeto pero, además, están
relacionadas con elementos de sus propias culturas y de sus propias épocas. Aún
en laboratorio, las experiencias realizadas con la mezcla de Meduna, o hasta
con procedimientos de hiperventilación, presión carotídea y ocular, acción de
estroboscopio, etc., determinan en muchas personas la aparición de imágenes
hipnagógicas con sustrato personal y cultural.
Pero el punto importante,
para nosotros, está en la conformación
de esas imágenes, en la
ubicación de la
"mirada"
y la "escena" en
diferentes profundidades y niveles del espacio de representación. En tal
sentido, el relato de sujetos sometidos a la acción de cámara de supresión
sensorial es casi siempre concordante (aún cuando no se den alucinaciones)
respecto a la dificultad de saber exactamente si estaban con los párpados
abiertos o cerrados y, por otra parte, a la imposibilidad de percibir los
límites del propio cuerpo y del ambiente en el que su cuerpo se encontraba, a
más de sentirse "desubicados"
respecto a la posición de sus miembros y cabeza.(15)
Pero debemos extraer
consecuencias. Entre otras: un
ensimismamiento de la
representación motriz, o sea, el amplazamiento de la imagen más
"adentro" del exigido para "trazar" (como en el ejemplo del teclado puesto
"adentro" de la cabeza en lugar de "frente a mis ojos"),
impide la acción hacia el mundo externo.(16) Respecto de las
"anestesias", la pérdida de sensación de "límite" entre
espacio interno y externo, impide el correcto emplazamiento de la imagen que,
en ocasiones
"externalizándose",
produce efectos alucinatorios. En semisueño ("sueño despierto" y
sueño paradojal), la internalización de
imágenes actúa en el intracuerpo. También en situación de "conciencia
emocionada" numerosas imágenes tienden a actuar hacia el intracuerpo.
3.- Naturaleza del espacio
de representación.
No hemos hablado de un
espacio de representación en sí, ni de un cuasi-espacio mental. Hemos dicho que
la representación como tal no puede
independizarse de la espacialidad sin afirmar por ello que la
representación ocupe un espacio. Es la forma de representación espacial la que
tenemos en cuenta. Ahora bien, cuando no mencionamos a una representación y
hablamos del"espacio de representación" es porque estamos
considerando al conjunto de percepciones e imágenes (no visuales) que dan el
registro y el tono corporal y de conciencia en el que me reconozco como
"yo", en el que me reconozco como un "contínuo", no
obstante el fluír y el cambio que experimento. De manera que ese "espacio
de representación" es tal no porque sea un contenedor vacío que debe ser
llenado por fenómenos de conciencia, sino porque su naturaleza es
representación y cuando sobrevienen determinadas imágenes la conciencia no
puede sino presentarlas bajo la forma de extensión. Así también podríamos haber
enfatizado en el aspecto material de la
cosa representada, refiriéndonos a la sustancialidad sin por ello hablar de la
imagen en el sentido en que lo hace la Física o la Química. Nos referiríamos en
ese caso, a los datos hyléticos, a los datos materiales que no son la
materialidad misma. Y, por supuesto, a nadie se le ocurriría pensar que la
conciencia tiene color o que es un continente coloreado, por el hecho de que
las representaciones visuales sean presentadas coloreadamente.
Subsiste, no obstante, una
dificultad. Cuando decimos que el espacio de representación muestra distintos
niveles y
profundidades, es que
estamos hablando de un espacio volumétrico, tridimensional, o es que la
estructura percepto-representativa de mi cenestesia se me presenta
volumetricamente? Sin duda, se trata de lo segundo y es gracias a ello que las
representaciones pueden aparecer arriba o abajo, a izquierda o a derecha y hacia adelante o hacia atrás,
y que la "mirada" también se ubica respecto de la imagen en una
perspectiva delimitada.
4.- Copresencia, horizonte y
paisaje en el sistema de
representación.
Podemos considerar al
espacio de representación como la "escena" en la que se da la
representación, excluyendo de ella a la "mirada". Y es claro que en
una "escena" se desenvuelve una estructura de imágen que tiene o ha
tenido numerosas fuentes perceptuales y percepciones de anteriores imágenes.
Existe para cada estructura
de representación un sinmúmero de alternativas que no se despliegan totalmente,
pero que actúan copresentemente mientras la representación se manifiesta en
"escena". Desde luego que aquí no estamos hablando de contenidos
"manifiestos" y "latentes", ni de "vías
asociativas" que llevan a la imagen en una u otra dirección.
Ejemplifiquemos con el tema
de las expresiones y los significados
en el lenguaje. Mientras
desarrollo mi discurso, observo que existen numerosas alternativas de elección
que voy tomando no en sentido asociativo lineal sino de acuerdo a significados
que a su vez tienen relación con el significado global de mi discurso. Así,
podría comprender a todo discurso como una significación expresada en una
región determinada de objetos. Es claro que podría llegar hasta otra región de
objetos no homogéneos con la significación global que quiero trasmitir, pero me
abstengo de hacerlo para no destruír, precisamente, la trasmisión de la
significación total. Se me hace claro que esas otras regiones objetales están
copresentes en mi discurrir y que podría dejarme llevar por "asociaciones
libres" sin finalidad dentro de la región escogida. Aún en ese caso, veo
que tales asociaciones corresponden a
otras regiones, a otras totalidades significantes. En este ejemplo del
lenguaje, mi discurso se desarrolla en una región de significados y expresiones, se estructura dentro de los
límites que pone un "horizonte" y se separa de otras regiones que
seguramente estarán estructuradas por otros objetos o por otras relaciones
entre objetos.
Así pues, la noción de
"escena" en que se dan las imágenes, corresponde aproximadamente a la
idea de región, limitada por un horizonte, propio del sistema de representación
actuante. Veamoslo así: cuando represento el teclado, copresentemente actúan el
ámbito y los objetos que lo rodean dentro de la región que, en este caso,
podría llamar "habitación". Pero compruebo que no solamente actúan
alternativas de tipo material (objetos contiguos dentro de un ámbito), sino que
aquellas se multiplican hacia distintas regiones temporales y sustanciales y
que su agrupamiento en regiones, no es
del orden: "todos los objetos que
pertenecen a la clase de..."
Cuando percibo el mundo
externo, cuando cotidianamente me desenvuelvo en él, no sólo lo constituyo por
las representaciones que me permiten reconocer y actuar, sino que lo constituyo
además por sistemas copresentes de representación. A esa estructuración que
hago del mundo la llamo "paisaje" y compruebo que la percepción del
mundo es siempre reconocimiento e interpretación de una realidad, de acuerdo a
mi paisaje. Ese mundo que tomo por la realidad misma, es mi propia biografía en
acción y esa acción de transformación que efectúo en el mundo es mi propia
transformación. Y cuando hablo de mi mundo interno, hablo también de la
interpretación que de él hago y de la transformación que en él efectúo.
Las disticiones que hemos
hecho hasta aquí entre espacio "interno" y espacio
"externo", basadas en los registros de límite que ponen las
percepciones cenestesico-táctiles, no pueden ser efectuadas cuando hablamos de
esta globalidad de la conciencia en el mundo para la cual el mundo es su
"paisaje" y el yo su "mirada". Este modo de estar la
conciencia en el mundo es basicamente un modo de acción en perspectiva cuya
referencia espacial inmediata es el propio cuerpo, no ya solamente el
intracuerpo. Pero el cuerpo al ser objeto del mundo, es también objeto del
paisaje y objeto de transformación. El
cuerpo termina deviniendo prótesis de la intencionalidad humana.
Si las imágenes permiten
reconocer y actuar, conforme se estructure el paisaje en individuos y pueblos,
conforme sean sus necesidades ( o lo que consideren que sean sus necesidades),
así tenderán a transformar el mundo.
NOTAS A SICOLOGIA DE LA
IMAGEN
1.- "Lo que tomamos,
ingénuos fenomenologicamente, por meros facta, el que a nosotros,'los hombres'
nos aparece una cosa espacial siempre con cierta 'orientación', por ejemplo, en
el campo de la percepción visual, orientada hacia arriba y abajo, hacia la
derecha y la izquierda, hacia la cercanía y la lejanía; el que solo podemos ver
una cosa a una cierta 'profundidad' o 'distancia'; el que todas las cambiantes
distancias a las cuales es visible se refieren a un centro de todas las
orientaciones en profundidad, invisible pero como punto límite ideal bien
conocido de nosotros y 'localizado' por nosotros en la cabeza; todas estas
supuestas facticidades o contingencias de la intuición del espacio, extrañas al
'verdadero' espacio 'objetivo', se revelan hasta en sus menores detalles
empíricos como necesidades esenciales. Se hace patente, pues, que lo que
llamamos una cosa espacial, no solo para nosotros los hombres, sino también
para Dios -como el representante ideal del
conocimiento absoluto-, sólo
es intuíble mediante apareceres en los cuales se da y tiene que darse en
'perspectiva', cambiando en múltiples pero determinados modos y en cambiantes
'orientaciones'. Se trata ahora no sólo de fundamentar esto como tesis general,
sino también de perseguir todas sus formas especiales. El problema del 'origen
de la representación del espacio', cuyo sentido más profundo, fenomenológico,
jamás se ha aprehendido, se reduce al análisis fenomenológico de la esencia de
todos los fenómenos noemáticos ( o noéticos) en que se exhibe intuitivamente el
espacio y se 'constituye' como unidad de los apareceres, de los modos
descriptivos de exhibición, lo espacial". E. Husserl. Ideas relativas a
una Fenomenología Pura y una Filosofía Fenomenológica. F. C. E. México. 1986.
Parágrafo 150.
2.- En el parágrafo 6 del
epílogo, Husserl dice: "De todo punto natural le parece a quien vive
dentro de los hábitos mentales de la ciencia natural el considerar el ser
puramente síquico o de la vida síquica como un curso de acontecimientos,
semejante al natural, que tendría lugar en un cuasi-espacio de la conciencia.
Es aquí patentemente indiferente del todo, para hablar en principio, el que se
acumulen 'atomísticamente' los datos síquicos como montones de arena, bien que
sometidos a leyes empíricas, o el que se los considere como partes de todos
que, sea por obra de una necesidad empírica o de una necesisdad a priori, sólo
pueden darse como tales partes, como
cima, digamos, en el conjunto de la conciencia entera, que está ligada a
una forma fija de totalidad. Con otras palabras, tanto la sicología atomística
como la estructural se quedan en principio en el mismo sentido del
'naturalismo' sicológico, que tomando en cuenta la expresión de 'sentido
íntimo' se puede llamar también 'sensualismo'. Patentemente, permanece también
la sicología brentaniana de la intencionalidad dentro de este hereditario
naturalismo, aunque se le debe la reforma de haber introducido en la sicología
como concepto descriptivo universal y fundamental el de la
intencionalidad". Ibid.pág. 389 y sig.
3.-
Ludwig Binswanger, Grundformen und Erkenntnis menschlichen Daseins, Niehans,
Zurich 1953; Ausgewahlte Vortrage und Aufsatze, Francke Berna, 1955. Véase, Henri Niel: La
psychanalyse existentiale de Ludwig Binswanger, en Critique, octubre de 1957. Citado por Fernand-Lucien Mueller en
Historia de la psicología, F.C.E. Madrid 1976, pág. 374 y siguientes.
4.- Esta discusión arranca
desde muy atrás. En su estudio crítico sobre las distintas concepciones de la
imaginación, Sartre dice: "El asociacionismo sobrevive aún, con algunos rezagados partidarios de
las localizaciones cerebrales; está latente sobre todo en numerosos autores
que, a pesar de sus esfuerzos, no han podido desprenderse de él. La doctrina
cartesiana de un pensamiento puro que puede reemplazar a la imagen en el
terreno mismo de la
imaginación conoce con Büler renovado
fervor. Un número muy grande de sicólogos sostiene por fin, con el R.P.
Peillaube, la tesis conciliadora de Leibniz. Experimentadores como Binet y los
sicólogos de Wurzburgo afirman haber comprobado la existencia de un pensamiento
sin imagen. Otros sicólogos, no menos escrupulosos de los hechos como Titchener
y Ribot, niegan la existencia y hasta la posibilidad de un pensamiento
semejante. No hemos progresado más allá de Leibniz cuando publicaba, en
respuesta a Locke, sus Nuevos Ensayos.
"El punto de partida no
ha variado. En primer lugar, se mantiene la vieja concepción de
la imagen. Sin duda, se ha vuelto dúctil. Experiencias como
las de Speier han revelado una suerte de vida allí donde no se veía, treinta
años antes, más que elementos solidificados. Hay auroras de imágenes,
crepúsculos; la imagen se transforma bajo la mirada de la conciencia. Sin duda,
las investigaciones de Philippe mostraron una
esquematización progresiva
de la imagen en el inconsciente. Se admite ahora la existencia de imágenes
genéricas; los trabajos de Messer revelaron , en la conciencia, una multitud de
representaciones indeterminadas y el individualismo berkeleyano está
completamente abandonado. La vieja noción de esquema, con Bergson, Revault,
D'Allonnes, Bez, etc., vuelve a estar de moda. Pero el principio no se abandona:
la imagen es un contenido síquico indepenediente que puede servir de soporte al
pensamiento pero que posee también sus leyes propias; y si un dinamismo
bilógico ha reemplazado a la concepción mecanicista tradicional, no es menos
cierto que la esencia de la imagen sigue siendo la pasividad". J. P.
Sartre. La Imaginación. Ed. Sudamericana. Buenos Aires. 1973. pág.68.
5.- "Todo hecho síquico
es síntesis, todo hecho síquico es forma y posee una estructura. Tal es la
afirmación en la que concuerdan todos los sicólogos contemporáneos. Y,
ciertamente, esta afirmación coincide plenamente con los datos de la reflexión.
Desgraciadamente se originan en ideas a priori: conviene con los datos del
sentido íntimo, pero no proviene de ellos. De donde resulta que el esfuerzo de
los sicólogos ha sido análogo al de los matemáticos que quieren encontrar lo
contínuo por medio de elementos discontínuos; se ha querido encontrar la
síntesis síquica partiendo de elementos proporcionados por el análisis a priori
de ciertos elementos metafísico-
lógicos. La imagen es uno de
esos elementos y representa a nuestro juicio el fracaso más completo de la
sicología sintética. Se ha intentado volverla dúctil, afinarla, hacerla tan
sutil, tan transparente como fuera posible, para que no impida que las síntesis
se constituyan. Y, cuando ciertos autores se dieron cuenta que aún así
disfrazadas debían romper necesariamente la continuidad de la corriente
síquica, la abandonaron
completamente, como pura
entidad escolástica. Pero no vieron que sus críticas estaban dirigidas contra
una cierta concepción de la imagen, no contra la imagen misma. Todo el mal
provino del hecho de que se llegó a la imagen con la idea de síntesis, en lugar
de extraer una determinada concepción de la síntesis de una reflexión sobre la
imagen. Se planteó el problema siguiente: cómo puede conciliarse la existencia
de la imagen con las necesidades de la síntesis (sin advertir que en el modo
mismo de formular el problema estaba ya contenida la concepción atomista de la
imagen). En efecto, hay que responder claramente: la imagen no podría de ningun
modo conciliarse con las necesidades de la síntesis, si sigue siendo contenido
síquico inerte. No puede entrar en la corriente de la conciencia sino es ella
misma síntesis y no elemento. No hay, no podría haber imágenes en la
conciencia. Pero la imagen es un cierto tipo de conciencia. La imagen es un
acto y no una cosa. La imagen es conciencia de algo". Ibid. , pág. 128.
6.- Probablemente esa sea la
confusión que ha llevado a pensadores como Bergson a afirmar: "Una imagen
puede ser sin ser percibida; puede estar presente sin estar representada".
7.- Ya desde 1943 se había
observado en laboratorio que distintos individuos propendían a las imágenes
auditivas, táctiles y cenestésicas, más que a las visuales. Esto llevó a G.
Walter en 1967 a formular una clasificación en tipos imaginativos de distinta
predominancia. Independientemente de lo acertado de esa presentación, comenzó a
abrirse paso entre los sicólogos la idea de que el reconocimiento del propio
cuerpo en el espacio o el recuerdo de un objeto, muchas veces no tomaba por
base a la imagen visual. Es más, empezó a considerarse con seriedad el caso de
sujetos , perfectamente normales, que describían su "ceguera" en
cuanto a la representación visual. Ya no se trataba, a partir de estas
comprobaciones, de considerar a las imágenes visuales como núcleo del sistema
de representación, arrojando a otras formas imaginativas al basurero de la
"desintegración eidética", o al campo de la literatura en la que
idiotas y retardados dicen cosas como éstas: "Yo no podía ver, pero mis
manos la veían; y podía oir que iba anocheciendo, y mis manos veían la
pantufla, pero yo no la podía ver, pero mis manos podían ver la pantufla, y
estaba allí arrodillado, oyendo cómo anochecía". W. Faulkner. El Sonido y
la Furia. Ed. Futuro. Buenos Aires 1947, pág. 56.
8.- Debemos recordar aquí, el ejemplo que da Sartre en
Esbozo de una teoría de las Emociones, cuando destaca la modificación del
espacio que se percibe ante un animal feroz que, aunque encerrado tras sólidos
barrotes, al saltar amenazante hacia nosotros, nos impresiona como si la
distancia que nos separa hubiera desaparecido. Esta modificación de la
"espacialidad" también es destacada por Kolnai en El Asco. Allí
describe la sensación de repugnancia como una defensa frente al
"avance" de lo tibio, viscoso y vitalmente difuso que se acerca hasta
"pegarse" al observador. Para él, el reflejo del vómito frente a
"lo asqueroso" es un rechazo, una expresión visceral de una sensación
que se ha "introducido" en el cuerpo.
Nos parece que en los dos
casos mencionados, es la representación la que juega un papel sustantivo y que
superpuesta a la percepción termina por modificar a ésta. Así, toda la
"peligrosidad" que es ignorada por el niño, cobra relevancia en el
adulto o en quien ha sufrido un percance anterior. En el otro caso, el rechazo
frente a "lo asqueroso", suele estar ponderado por recuerdos
asociados al objeto o a determinados aspectos del objeto. Si esto no fuera así,
sería inexplicable que algunas exquisiteces gastronómicas para un pueblo,
fueran platos inaceptables y repugnantes para otro. Por lo demás, cómo
entenderíamos una fobia o el temor
"injustificado" de
unas persona hacia un objeto que a los ojos de otra resulta inofensivo? Es en
la imagen, o mejor, en la estructuración de la imagen en donde aparece la diferencia frente al objeto, en tanto la
percepción no difiere tan extraordinariamente
entre sujetos normales.
9.- Se entiende que cuando
hablamos de "mundo" nos estamos refiriendo tanto al llamado
"interno" como al llamado "externo". Y también queda en
claro que la aceptación de esa dicotomía está dada porque nos ubicamos, en este
nivel expositivo, en la posición ingénua o habitual. No nos parece ocioso
recordar lo dicho en el capítulo 1, parágrafo 1, respecto de la recaída ingénua
en el mundo de lo "síquico natural".
10.- Como si...este objeto
fuera más o menos similar a otro que conozco; como si a un objeto conoido le
hubiera ocurrido algo; como si le faltara alguna característica para llegar a
ser otro objeto conocido, etc.
11.- Usamos la palabra
"mirada" con un significado más extenso que el referido al visual.
Tal vez, más correcto sería hablar de "punto de observación". Aclarado
esto, cuando decimos "mirada" podemos referirnos a un registro de
observación no-visual pero que da cuenta de una representación (kinestésica
p.ej.).
12.- La tendencia a la
conservación del nivel también se da en vigilia ya que en esta se rechazan las
actitudes de abandono hacia los intereses cotidianos. La vigilia y el sueño
tienden a agotar sus respectivos hemiciclos y luego a sustituírse entre sí en
una secuencia más o menos previsible, a diferencia de lo que ocurre con los
casos del "soñar despierto" y del sueño paradojal o con imágenes
visuales, que irrumpen en diferentes momentos de los niveles mencionados. Tal
vez a esta situación intermedia que podríamos llamar de "semisueño"
corresponden reacomodaciones, o "tomas de distancia" que permiten
conservar el nivel.
13.- Cómo se podría explicar
la somatización, sin entender la función de modificación corporal que posee la
imagen interna? La comprensión de éste fenómeno debe contribuír al desarrollo
de una medicina sicosomática en la que el cuerpo y sus funciones (o
disfunciones), debería reinterpretarse globalmente en el contexto de la
intencionalidad. El cuerpo humano sería visto así, como prótesis de la
conciencia en su acción hacia el mundo.
14.- No obstante, la
investigación de estos tópicos nos llevaría lejos de nuestro tema central. Una
teoría completa de la conciencia (que no es nuestra pretención actual), debería
dar cuenta de todos estos fenómenos.
15.- Sin duda que la
experiencias descriptas, merecen sagaces interpretaciones neurofisiológicas,
pero éstas no están relacionadas con nuestra temática, ni pueden resolver
nuestras incógnitas.
16.- Luego de fuerte susto,
o de sufrir un importante conflicto, el sujeto constata que sus miembros no
responden a su voluntad; la parálisis se mantiene brevemente o se continúa a lo
largo del tiempo. Casos como el de
enmudecimiento súbito por choque emotivo, correponden a la misma gama de
fenómenos.
DISCUSIONES HISTORIOLOGICAS
PROLOGO
Hemos fijado como
objetivo de nuestro trabajo dilucidar
los requisitos previos necesarios para la fundamentación de la
Historiología. Está claro que un saber fechado sobre los
acontecimientos históricos no basta como para
efectuar reclamos
acerca de su
cientificidad. Tampoco basta con acompañar a la investigación con los recursos que hoy otorgan nuevas
técnicas. La Historiología no devendrá
en ciencia por el sólo hecho de quererlo, o de hacer ingeniosos aportes,
o de obtener logros informativos suficientes, sino por sortear las dificultades
que presenta un preguntar por la justificación de sus
premisas iniciales. Este escrito no trata siquiera acerca del modelo
ideal o deseable de construcción histórica, sino de la posibilidad del
construír histórico coherente.
Desde luego, en el presente
opúsculo no se entiende a la "Historia" en el sentido que
clasicamente se dió a ese término. Recordemos que en su Historia animalium,
Aristóteles, describió a la Historia como una actividad de búsqueda de la
información. Tal actividad, con el tiempo, quedó convertida en simple relato de
acontecimientos sucesivos. Y así la Historia (o Historiografía), terminó siendo
un conocimiento de "hechos" ordenados
cronologicamente siempre dependiente de materiales
informativos disponibles que en ocasiones fueron escasos o, a veces,
superabundantes. Pero lo más desconcertante aconteció cuando se presentó a
todas esas piezas obtenidas por investigación, como la realidad histórica misma
dando por supuesto que el historiador no establecía un orden, no priorizaba la
información y no estructuraba su relato en base a selección y expurgación de
las fuentes utilizadas. De ese modo se llegó a creer que la tarea
historiológica no era interpretativa.
Los defensores de tal
actitud, hoy reconocen algunas dificultades técnicas y metodológicas pero
insisten en que su trabajo es válido por cuanto su intención está dedicada al
respeto por la verdad histórica (en el
sentido del no falseamiento de los hechos) y a la vigilancia por evitar todo forzamiento metafísico a
priori.
De lo anterior resulta que
la Historiografía ha devenido en una suerte de eticismo larvado, justificado
como rigor científico, que parte de considerar a los fenómenos históricos
vistos desde "afuera" atropellándose
el hecho del "mirar" del historiador y, por consiguiente, del
distorsionar del historiador.
Queda claro que no tendremos
en cuenta la postura comentada. Para nosotros será de mayor interés una
interpretación de la Historia, o bien una filosofía de la Historia que vaya más
allá del pulcro relato (o de la simple
"crónica" según ironizara B. Croce). En todo caso, no nos
preocupará que tal filosofía tenga por
base una sociología, una teología o hasta una sicología con tal de que sea
mínimamente conciente de la construcción intelectual que acompaña al quehacer
historiográfico.
Para terminar: usaremos a
menudo el término "Historiología" en lugar de "Historiografía"
o "Historia" ya que éstos dos últimos han sido utilizados por tantos autores y con implicaciones tan
diversas que sus significados resultan hoy equívocos. En cuanto al primero, al
término "Historiología", lo tomaremos en el sentido en que lo acuñara
Ortega.(1) Por otra parte, el vocablo "historia" (con
minúscula), habrá de referirse al hecho histórico y no a la ciencia en
cuestión. Mendoza (Argentina),
Agosto de 1989.
Capítulo I. Lo pasado visto
desde el presente.
1. La deformación de la
historia mediata.
Conviene, preparatoriamente,
despejar algunos defectos que no contribuyen al esclarecimiento de los
problemas fundamentales de la Historiología. Estos defectos son numerosos, pero
la consideración de algunos de ellos ayudará a la eliminación de un modo de tratamiento de los temas, un modo que
lleva al oscurecimiento histórico concreto
resaltado no por la ausencia del dato, sino por la interferencia particular
del historiador frente al dato.
Si ya en el Padre de la
Historia queda claro el interés por
destacar diferencias entre su pueblo y los bárbaros,(2) en Tito Livio el relato
se transforma en el contraste de las excelencias de la antigua república con la
época del imperio que le toca vivir.(3)Esa forma intencionada de presentar
hechos y costumbres, no es ajena a los historiadores de Oriente y Occidente que
desde el origen mismo del relato escrito construyen desde su paisaje epocal,
una particular Historia. Muchos de ellos, comprometidos con su tiempo no
manipulan maliciosamente los hechos sino que, al contrario, consideran que su
trabajo consiste en devolver la "verdad histórica" que ha sido
reprimida o escamoteada por los poderosos.(4)
Hay muchas maneras de
introducir el propio paisaje actual en
la
descripción de lo pretérito.
A veces, a través de una leyenda o con la excusa de una producción literaria se
hace historia o se pretende influír en ella. Uno de los casos más claros de lo
que mencionamos se encuentra en La Eneida de Virgilio.(5)
La literatura religiosa
muestra a menudo deformaciones de interpolación, expurgación y traducción.
Cuando esos errores han sido producidos intencionalmente caemos en el caso de
la alteración de situaciones pretéritas justificada por el "celo" que
impone el propio paisaje del historiador. Cuando los errores simplemente se han
deslizado por por algún otro motivo, quedamos de igual manera a expensas de
hechos que solamente las técnicas historiológicas deben dilucidar (6)
Existe, además, la
manipulación del texto-fuente en el que se apoya posteriormente el comentario
histórico, todo ello realizado con la intención de imponer una determinada
tesis. Imposturas sistemáticas de este tipo, han cobrado relevancia en la
producción de la noticia cotidiana actual.(7)
Por otra parte, el exceso de
simplificación y la estereotipia, no es de los defectos menores y cuenta con la
ventaja del ahorro de esfuerzo al dar dar una interpretación global y
definitiva sobre los hechos, peraltando o descalificando de acuerdo a un modelo
más o menos aceptado. Lo grave de este procedimiento es que permite construír
"historias" sustituyendo los datos por "habladurías" o
informaciones de segunda mano.
Hay, pues, numerosas
deformaciones pero seguramente la menos evidente (y la más decisiva) es aquella
que está puesta no en la pluma del historiador sino en la cabeza del que lee al
historiador y lo acepta o descarta conforme la descripción se ajuste a sus
particulares creencias e intereses, o a las creencias e intererses de un grupo,
pueblo o cultura en un preciso momento histórico. Esta suerte de
"censura" personal o colectiva no puede ser discutida porque está
tomada como la realidad misma y son solamente los acontecimientos en su
choque con lo que se cree que es la realidad, los que finalmente barren con los
prejuicios hasta ese momento aceptados. Desde luego, cuando hablamos de
"creencias" nos estamos refiriendo a esas suertes de formulaciones antepredicativas de Husserl que son usadas tanto en la vida
cotidiana como en Ciencia. Por tanto, es indiferente que una creencia tenga
raíz mitica o científica ya que en
todos los casos se trata de antepredicativos implantados antes de cualquier
juicio racional.(8) Historiadores
y hasta arqueólogos de
distintas épocas cuentan con amargura las dficultades que tuvieron que sortear para obtener datos
que estaban practicamente eliminados porque se los consideraba irrelevantes y
fueron, precisamente, los hechos abandonados o descalificados por el "buen
sentido" los que provocaron un
vuelco fundamental en la Historiología.(9)
Hemos visto cuatro defectos
en el tratamiento del hecho histórico que quisiéramos mencionar sumariamente
para, en lo posible, no volver a ellos y descartar toda obra que esté inmersa
en esa particular manera de encarar los temas. La forma intencionada de introducir el propio momento en
que vive el historiador
tanto en el relato como en el mito, en la religión y la
literatura, es un caso; otro
es el de la manipulación de
las fuentes; otro el de la simplificación y la estereotipia y,
finalmente, el de la
"censura" por antepredicativos epocales. No obstante, si alguien
hiciera explícitos o manifestara la inelubilidad de tales errores podría ser
considerado con interés por cuanto su presentación se ha hecho reflexiva y
puede asistirse racionalmente a su desarrollo. Afortunadamente, este caso es
frecuente y nos permite una discusión fecunda.(10)
2. La deformación de la
historia inmediata.
Cualquier autobiografía,
cualquier relato sobre la propia vida (que aparece como lo más indubitable,
inmediato y conocido para uno mismo), sufre innegables distorsiones y
alejamientos de los hechos que ocurrieron. Estamos dejando de lado toda traza
de mala fe, si esto es posible, suponiendo que el mencionado relato es para uno
mismo, no para un público externo. Bien podríamos apoyarnos en un
"diario" personal y al releerlo constatar que: 1- los
"hechos" escritos casi en el mismo momento de ocurrir fueron
enfatizados en ciertos nudos significantes para aquel momento pero
irrelevantes para el momento actual (el
autor podría ahora pensar que
debería haber consignado otros aspectos y que de reescribir su
"diario" lo haría de manera muy diferente); 2.- que la descripción
tiene carácter de reelaboración de lo ocurrido como estructuración de una
perspectiva temporal diferente a la actual; 3.- que las valorizaciones de los
hechos corresponden a una escala muy diferente a la de este momento; 4.- que
variados y, a veces, compulsivos fenómenos sicológicos apoyados en el pretexto
del relato, han teñido fuertemente las
descripciones al punto de avergonzar hoy al lector por el autor que éste fué
(por la candidez, o la perspicacia forzada, o la alabanza desmedida, o la
crítica injustificada, etc). Y así hay una quinta y sexta y séptima
consideración que hacer respecto a la deformación del hecho histórico personal.
Qué no habrá de ocurrir entonces a la hora de describir hechos históricos (no
vividos por nosotros), previamente interpretados por otros? De esta suerte, la
reflexión histórica se hace desde la perspectiva del momento histórico del que
reflexiona y con ello se vuelve al suceso modificándolo.
En la línea de pensamiento
desarrollada más arriba parece destacarse un cierto escepticismo respecto a la
fidelidad de la descripción histórica. Sin embargo, la intención no está puesta
en ese punto por cuanto ya hemos admitido, desde el comienzo de este escrito,
la construcción intelectual que opera en la tarea de historiar. Lo que nos mueve
a poner las cosas de este modo, es la necesidad de advertir que la propia
temporalidad y perspectiva del historiador son temas ineludibles de la
consideración historiológica. Porque cómo es que se produce tal distancia entre
el hecho y su mención?, cómo es que la mención misma varía con el transcurrir?,
cómo es que transcurren los hechos
fuera de la conciencia? y
qué grado de relación existe entre la temporalidad
vivencial y la temporalidad del mundo sobre el que opinamos y sustentamos
nuestros puntos de vista? Estas son algunas
de las preguntas que deben ser contestadas si es que se quiere fundamentar cabalmente no ya una historiología
consagrada como ciencia, sino la posibilidad de que ésta exista como tal. Se
podrá argumentar que la Historiología (o
Historiografía) ya existe de
hecho. Sin duda, pero tal cual están las cosas, esta posee más las
características de un saber que de una
ciencia.
Capítulo II. Lo pasado visto
sin el fundamento temporal.
1. Concepciones de la
historia.
Desde hace pocos siglos ha
comenzado a buscarse una razón o un sistema de leyes que explique el desarrollo de los hechos históricos pero
sin dar cuenta de la naturaleza de los hechos mismos. Para estos autores ya no
se trata simplemente de relatar
acontecimientos sino de
establecer un ritmo o una forma que pueda ser aplicada a ellos. Mucho se ha
discutido también sobre el sujeto histórico y una vez aislado se ha pretendido
colocar en él al motor de los hechos. Se trate del ser humano, de la Naturaleza
o de Dios, nadie nos ha explicado qué es esto del cambio o del movimiento
histórico. La cuestión se ha eludido frecuentemente dando por sentado que así
como el espacio, el tiempo no puede ser visto en sí mismo sino con relación a
una cierta sustancialidad y se ha ido, sin más, a la sustancialidad en
cuestión. De todo ello ha resultado una especie de "rompecabezas"
preparado por un niño, en el que las piezas que no encajaban se forzaron para que entraran en el juego.
En los numerosos sistemas en
que aparece un rudimento de Historiología todo el esfuerzo parece apuntar a
justificar la fechabilidad, el momento de calendario aceptado, desmenuzando
cómo ocurrieron, por qué ocurrieron, o cómo deberían haber ocurrido las cosas,
sin considerar qué es esto del "ocurrir", cómo es posible, en
general, que algo ocurra. A esta
forma de proceder en materia
historiológica, la hemos llamado "historia sin temporalidad". He aquí
algunos de los casos que presentan esas características.
Que Vico(11)aportara un
nuevo punto de vista al tratamiento de la historia y que pase por ser, en
alguna medida, el iniciador de lo que posteriormente fué conocido como "Historiogrfía",nada
dice respecto del fundamento de esa ciencia en él. En efecto, si bien destaca
la diferencia entre "conciencia de la existencia" y "ciencia de
la existencia", y en su reacción
contra Descartes enarbola el conocimiento histórico, no llega por esto a explicar
el hecho histórico en cuanto tal. Sin duda, su gran aporte radica en tratar de
establecer: 1.- una idea general sobre la forma del desarrollo histórico;
2- un
conjunto de axiomas y 3.- un método ("metafísico" y filológico).(12)Por
otra parte, define: "Esta ciencia debe ser una demostración, por así
decirlo, del hecho histórico de la providencia, pues debe ser una historia de
las órdenes que ella ha dado a la gran ciudad del género humano, sin previsión
ni decisión humana alguna y muy
frecuentemente contra los mismos propósitos de los hombres. Por tanto, aunque
este mundo haya sido creado en un tiempo particular, sin embargo, las leyes que
la providencia ha puesto en él son universales y eternas".(13)Con lo cual
Vico establece que "Esta Ciencia debe ser una teología civil razonada
de la providencia divina"(14), y no una ciencia del hecho histórico en
cuanto tal.
Vico, afectado por Platón
y el agustinismo (en su concepción de una historia que participa de
lo eterno), anticipa numerosos
temas del romanticismo.(15)Desconociendo la capacidad ordenadora del
pensar "claro y distinto" trata de penetrar el aparente caos de la
historia. Su interpretación cíclica como curso y recurso en base a una ley de
desarrollo de tres edades: divina (en
la que priman los sentidos);
heroica (fantasía) y humana
(razón), va a influír poderosamente en
la formación de la filosofía de la historia.
No se ha destacado suficientemente el nexo que une a Vico
con Herder(16) pero si en éste
reconocemos el nacimiento de la filosofía de la historia
(17) y no simplemente la recopilación histórica propia de la Ilustración,
debemos conceder a aquél o la anticipación o la influencia directa en el
surgimiento de esta disciplina. Herder dirá:
"...por qué si todo tiene
en el mundo su filosofía y su ciencia, lo que nos alcanza más directamente, la
historia de la humanidad, no ha de tener también una filosofía y una
ciencia?". Por otra parte, las tres leyes del desarrollo que establece
Herder no coinciden con las enunciadas por Vico, pero la idea de la evolución
humana (partiendo de su género de vida y su medio natural) en la que ésta
recorre distintas etapas hasta llegar a una sociedad basada en la razón y la
justicia nos hace recordar la voz del pensador napolitano.
Ya en Comte(18)la filosofía
de la historia adquiere dimensión social y explica el hecho humano. Su ley de
los tres estadios (teológico, metafísico y positivo) hace resonar aún la
concepción de Vico. Comte no se preocupa
especialmente por aclarar la naturaleza de esos "estadios"
pero, una vez establecidos, le son de especial utilidad para comprender la
marcha de la Humanidad y su dirección, es decir, el sentido de la Historia:
"On peut assurer aujourd'hui que la doctrine que aura suffisamment
expliqué l'ansemble du passé obtiendra inévitablement, par suite de cette seule
épreuve, la présidence mentale de l'avenir".(19) Está claro que la
Historia servirá como herramienta para la acción dentro del esquema del destino
práctico del conocimiento, dentro del "voir pour prévoir".
2. La historia como forma.
Como en Comte, aparece en
Spengler(20)un no disimulado interés práctico por la previsión
histórica. Por lo pronto le parece posible tal previsión. Así: "En este
libro se acomete por vez primera el intento de predecir la historia. Trátase de
vislumbrar el destino de una cultura, la única de la tierra que se halla hoy en
camino de la plenitud: la cultura de América y de Europa occidental. Trátase,
digo, de perseguirla en aquellos estadios de su desarrollo que todavía no han
transcurrido".(21)En cuanto al interés práctico, pretende que las nuevas
generaciones se dediquen a ciertas actividades como la ingeniería, la
arquitectura, la medicina,
abandonando toda filosofía o pensar abstracto que ya entra en su "etapa
declinante". Y tiene otros intereses, además, al indicar un tipo de
política (tanto en sentido específico como lato) que debe corresponderse con el
momento preciso e inmediatamente posterior de la cultura en que él escribe.(22)
Para Comte todavía podía
ser comprendida la historia a escala humana. Su ley de los tres
estadios era válida tanto para la humanidad como para el individuo en su
desarrollo. Ya para Spengler la historia se des-humaniza y se convierte en
protoforma biográfica universal que solo tiene que ver con el hombre
biológico (como con el animal y la planta),
en tanto a éste le sucede el nacimiento, la juventud, la madurez y la muerte.
La visión spengleriana de
la"civilización" como último momento de
la cultura, no ha impedido
que Toynbee(23) tome a la civilización
como unidad de
investigación. En efecto, ya en la introducción de su Estudio de la historia
Toynbee discute el problema de la unidad mínima histórica y descarta la
"historia nacional" como aislada e irreal ya que esta se corresponde
con múltiples entidades que abarcan una
región más amplia. Importa para él, sobre todo, el estudio comparativo entre civilizaciones. Pero el concepto de
"sociedad" es utilizado frecuentemente en reemplazo de
"civilización". Lo más interesante (para nuestros fines) está en la interpretación del proceso histórico.
El sujeto de la historia ya no es un ser biológico que está marcado por el
destino, sino una entidad guiada por impulsos o detenimientos entre lo abierto
y lo cerrado. Una suerte de reto - respuesta da cuenta del movimiento social. Pero, ni el impulso
es considerado en estricto sentido bergsoniano ni la concepción del reto-
respuesta es una simple
traspolación de la idea de estímulo -
respuesta, de reflejo, como
en Pavlov. Por último, a su entender, las grandes religiones trascienden la
desintegración de las civilizaciones y son las que nos permiten intuír un "plan" y un
"propósito" en la historia. En
todo caso, la acomodación de su modelo a una cierta forma histórica lo mantiene afuera de la
comprensión de la temporalidad.
Capítulo III. Historia y
temporalidad.
1. Temporalidad y proceso.
Ya Hegel nos había enseñado
a distinguir (en el tercer libro, segunda sección de su Ciencia
de la Lógica) entre procesos mecánicos, químicos y vitales. Así,
"el resultado del proceso mecánico, ya no se halla preexistente a sí
mismo; su fin no se halla en su comienzo, como acontece con la finalidad. El
producto es un determinación puesta en el objeto como de modo extrínseco".
Su proceso es, además, externidad que no altera su mismidad y que no se explica
por ella. Más adelante nos dirá:
"El propio quimismo es la propia negación de la objetividad
indiferente y de la exterioridad de la
determinación ; está, por ende, todavía afectado por la independencia inmediata
del objeto y por la exterioridad. En consecuencia, no es todavía, por sí,
aquella totalidad de la autodeterminación, que resulta de él, y en la que más
bien él se elimina". En
el proceso vital aparecerá la finalidad en tanto el individuo viviente
se pone en tensión contra su presuposición originaria y se coloca como sujeto
en sí y por sí, frente al presupuesto mundo objetivo...
Pasará un tiempo luego de la
muerte de Hegel hasta que aquel esbozo de vitalidad se convierta en tema
central de un nuevo punto de vista, el de la filosofía de la vida de W.
Dilthey. Este no entiende por "vida" solamente a la vida síquica sino
a una unidad que se encuentra en permanente cambio de estado y en el que la
conciencia es un momento de la identidad subjetiva de esa estructura en proceso
que se constituye en relación con el mundo exterior. La forma de correlación
entre la identidad subjetiva y el mundo es el tiempo. El transcurrir aparece
como vivencia y tiene carácter teleológico: es un proceso con dirección.
Dilthey intuye claramente pero no pretende realizar una construcción
científica. Para él, al fin de cuentas, toda verdad se reduce a la objetividad
y, como anota Zubiri, "... aplicado esto a cualquier verdad, todo, hasta
el principio de contradicción sería un simple hecho". De este modo, las
brillantes intuiciones de la filosofía de la vida influirán poderosamente en el
nuevo pensar, pero serán renuentes a buscar fundamento de carácter científico.
Dilthey nos explicará la historia desde "adentro" y desde donde ésta
se da, en la vida, pero no se detendrá a precisar la naturaleza misma del
devenir. Es aquí donde encontramos a la Fenomenología que promete, luego de
fatigosos rodeos,
enfrentarnos a los problemas
de fondo de la Historiología. Seguramente, la dificultad de la Fenomenología en
justificar la existencia de otro "yo" distinto al propio y de
mostrar, en general, la existencia de un mundo diferente al "mundo"
obtenido luego de la epojé, hace que la problemática se extienda a la historicidad
en cuanto externa a lo vivencial. Es
tema remanido que el solipsismo
fenomenológico hace de la subjetividad una mónada "sin puertas ni
ventanas", siguiendo aquella figura cara a Leibniz. Pero son, en verdad,
así las cosas? Si este fuera el caso, la posibilidad de dotar a la
Historiología de principios indubitables como los que obtiene la Filosofía en
tanto ciencia estricta, se vería seriamente comprometida. Porque está claro que
la Historiología no puede tomar burdamente principios rectores de las ciencias
de la naturaleza, ni de las matemáticas e incorporarlos sin más a su propio
acerbo. Acá estamos hablando de la justificación en tanto ciencia y, si es el caso, se debe asistir a su surgimiento sin apelar tampoco a la simple "evidencia"
de la existencia del hecho histórico para luego derivar de él la ciencia
histórica. A nadie se le puede escapar
la diferencia que existe entre la
ocupación sobre una región de hechos y el hacer ciencia sobre tal región. Tal
cual Husserl comenta en su discusión con Dilthey: "...no se trata de dudar
de la verdad de hecho, se trata de saber si puede ser justificada tomándola como universalidad de principio."
El gran problema que rodea a
la Historiología está en que mientras no se comprenda la naturaleza del tiempo
y de la historicidad, la noción de proceso aparecerá injertada en sus
explicaciones y no las explicaciones serán derivadas de tal noción. Por ello
insistimos en que un pensar estricto debe hacerse cargo del problema. Pero la filosofía ha tenido que renunciar una y otra vez a explicar
esto mientras trató de ser ciencia positiva, como en Comte; ciencia de la
lógica, como en Hegel; crítica del lenguaje, como en Wittgenstein o ciencia del
cálculo proposicional, como en Russell. Y por ello, cuando la Fenomenología,
efectivamente, aparece cumpliendo con los requisitos de una ciencia estricta,
nos preguntamos si no está en ella la posibilidad de la fundamentación de la
Historiología. Para que esto ocurra debemos despejar algunas dificultades.
Centrando el tema: la
insuficiente respuesta sobre la historicidad en Husserl, está dada por un incompleto desarrollo de este
punto en particular, o es la Fenomenología la que está impedida de hacer
ciencia de la intersubjetividad, de la mundanidad y, en definitiva, de los
hechos temporales externos a la subjetividad?(24)
Husserl dice en Meditaciones
cartesianas: "Si pudiera mostrar que todo lo constituído como propiedad, y
por tanto también el mundo reducido, pertenece a la esencia concreta del sujeto
constituyente como
determinación interior inseparable, entonces, en la autoexplicitación del yo se
encontraría su mundo propio como en el interior y, por otra parte, recorriendo
este mundo directamente, el yo se encontraría a sí mismo como miembro de las exterioridades
del mundo, y distinguiría entre él mismo y el mundo exterior." Lo cual
invalida en gran medida lo establecido en la "Ideas relativas a una
Fenomenología pura y una filosofía fenomenológica", en el sentido de que
la constitución del yo, como "yo y mundo circundante" pertenece al
campo de la actitud natural. Hay una gran distancia entre la tesis de 1913
(Ideas) y la de 1929 (Quinta meditación cartesiana). Esta última es la que nos
acerca al concepto de "apertura", de ser-abierto-al-mundo como esencialidad
del yo. Ahí se encuentra el hilo conductor que permitirá a otros pensadores
encontrarse con el ser-ahí, sin tratarse de un "yo" fenomenológico
aislado que no podría constituírse sino en su existencia o, como diría Dilthey,
"en su vida". Daremos un rodeo, antes de reencontrar a Husserl.
Cuando
Abenhazan(25)explica que el hacer humano se efectúa para
"despreocuparse", muestra que el "ponerse antes" está en la
raíz del hacer. Si en base a ese pensar se
montara una
Historiología "vista
desde afuera" seguramente se trataría de explicar los hechos históricos
por distintos modos del hacer con referencia a esa suerte de des-pre-ocupación.
Si, en cambio, alguien tratara de organizar la mentada Historiología
"vista desde adentro", procuraría
dar razón del hecho humano histórico desde la raíz del "ponerse
antes". Resultarían pues, dos tipos bien diferentes de exposición, de
búsqueda y de verificación.
El segundo caso se acercaría
a una explicitación de las características esenciales del hecho histórico,
en tanto producido por el ser humano y
el primero quedaría en explicación sicologista y mecánica de la historia sin
entenderse cómo el simple "despreocuparse" puede engendrar procesos y
ser, él mismo, proceso. Pues bien, esta forma de entender las cosas ha primado
hasta el momento actual en diversas filosofías de la historia. Esto, no las ha
alejado demasiado de lo que ya Hegel nos participara cuando estudiaba los
procesos mecánicos y químicos. Es claro que
semejantes posturas resultan
admisible hasta antes de Hegel, pero a partir de sus explicaciones insistir en
ello denota, cuando menos, cortedad intelectual dificilmente compensada por la
simple erudición histórica.
Avenhazan destaca
el hacer como
un alejamiento de lo que
nosotros podemos llamar el "ponerse antes" o el
"pre-ser-se-ya-en
(el mundo) como
ser-cabe" heideggeriano. Toca la estructura fundamental humana en tanto la
existencia es proyección y en esta proyección el existente juega su destino.
Si ponemos las cosas del
modo antedicho nos remitimos a una exégesis de la temporalidad por cuanto la
comprensión que se
tenga de ella permitirá entender el
pro-yecto, el "ponerse antes". Tal exégesis no es accesoria
sino ineludible. No habrá forma de saber cómo la temporalidad ocurre en
los hechos, cómo a éstos se los puede
temporizar en una concepción histórica si no se da razón de la intrínseca
temporalidad de quienes los producen. Así se convendrá acordar: o la historia es un
ocurrir que ubica al ser humano en calidad de epifenómeno y, en tal
caso, sólo podemos hablar de historia natural (por lo demás, injustificada sin construcción humana), o hacemos historia humana (por lo demás, justificadora de cualquier construcción). Particularmente,
adherimos a lo segundo. Veremos pués, qué se nos ha dicho de significativo
sobre el tema de la temporalidad.
Hegel nos ha ilustrado sobre
la dialéctica del movimiento pero no en cuanto a la temporalidad. A esta la
define como la
"abstracción del
consumir" y la ubica al lado del lugar y del movimiento, siguiendo la
tradición de Aristóteles
(particularmente en la
Enciclopedia de las ciencias filosóficas, cap.: Filosofía de la naturaleza).
Nos dirá que el ser del tiempo es el ahora pero en tanto ya no es o todavía no
es y, por consiguiente, como un no-ser.
Si a la temporalidad se la despoja
de su "ahora",
desde luego que se la convierte en
"abstracción
del consumir" pero
subsiste el problema del "consumir"
en tanto este transcurre. Por otra parte, no puede aprehenderse cómo de
la posición lineal (según nos explica más adelante) de infinitos ahoras, puede
obtenerse la secuencia temporal. "La negatividad que se refiere como punto
al espacio y en
éste desarrolla sus
determinaciones como línea y
superficie, existe en el ser-
fuera-de-sí igualmente para
sí, poniendo sus determinaciones en esto para sí al par que en la esfera del
ser-fuera-de-sí, mostrándose indiferente
al quieto uno-junto-a-otro. Así
puesta para sí, es la negatividad del tiempo" (citado por Heidegger en El
Ser y el Tiempo, par. 82).
Heidegger dirá que tanto la
concepción ingénua del tiempo como la
hegeliana, que comparte la misma percepción, ocurre por la nivelación y
encubrimiento que oculta la historicidad del ser-ahí para quien el transcurrir
no es, en el fondo, un simple alineamiento horizontal de "ahoras". Se
trata, en realidad, del fenómeno del apartar la mirada del "fin del ser en
el mundo" por medio de un tiempo infinito que, para el caso, podría no ser
y con ello no afectar el fin del ser-ahí.(26) De este modo, ha resultado hasta
hoy inaccesible la temporalidad, ocultada por la concepción vulgar del tiempo
que lo caracteriza como un "uno tras otro" irreversible. "Por
qué es el tiempo irreversible? De suyo y justo cuando se atiende exclusivamente
al flujo de los ahoras, no se divisa por qué la secuencia de éstos no habría
de empezar de nuevo en la dirección
inversa. La imposibilidad de la
inversión tiene su fundamento en el proceder el tiempo público de la
temporalidad, cuya temporación, primariamente advenidera, 'marcha'
extáticamente a su fin de tal forma que ya 'es' en el fin".
Así es que
solamente partiendo de
la temporalidad del "ser
ahí" se puede comprender cómo es
inherente a ella el tiempo mundano. Y la temporalidad del "ser ahí"
es una estructura en la que coexisten (pero no uno junto al otro como
agregados) los tiempos pasados y futuros y éstos últimos como proyectos, o más
radicalmente, como "protensiones" (conforme enseñara Husserl)
necesarias a la intencionalidad. En realidad, el primado del futuro explica el
pre-ser-se-en-el-mundo como raíz ontológica del "ser ahí"... Esto,
desde luego, es de enormes consecuencias y afecta nuestra pesquisa historiológica. En boca del mismo Heidegger: "La
proposición 'el ser ahí es histórico' se revela como una proposición
ontológico-existenciaria fundamental. Está muy lejos de expresar una mera
comprobación óntica del hecho de que el 'ser ahí' tiene lugar en una 'historia
del mundo'. La historicidad del 'ser ahí' es el fundamento de un posible
comprender historiográfico, el cual trae a su vez consigo la posibilidad de un
desarrollo intencionado de la historiografía como ciencia". Con ésto
ultimo, nos encontramos en el plano de los pre requisitos que necesariamente
deben ser develados para justificar el surgimiento de la ciencia histórica.
En el fondo, hemos vuelto a Husserl desde Heidegger.(27)No respecto
a la discusión en torno a si la filosofía debe o no ser ciencia, sino en
cuanto a que el análisis existencial basado en la
Fenomenología permite la fundamentación de la ciencia historiológica. De
cualquier manera las acusaciones de solipsismo que cayeron sobre la
Fenomenología, ya en manos de Heidegger resultan inconsistentes y así la
estructuralidad temporal del "ser ahí" confirma, desde otra perspectiva,
el inmenso valor de la teoría de Husserl.
2. Horizonte y paisaje
temporal.
No es necesario discutir
aquí que la configuración de cualquier situación se efectúa por representación
de hechos pasados y de hechos más o menos posibles a futuro de suerte que,
cotejados con los fenómenos actuales, permiten estructurar lo que se da en
llamar la "situación presente". Este inevitable proceso de
representación frente a los hechos hace que estos, en ningun caso, puedan tener
en sí la estructura que se les atribuye. Por ello cuando hablamos de
"paisaje" nos estamos refiriendo a situaciones que siempre implican
hechos ponderados por la "mirada" del observador.
Ahora bien, si el
estudioso de la historia fija su
horizonte temporal en el pasado, no por esto llega a un escenario histórico en
sí, sino que lo configura de acuerdo a su especial paisaje porque su actual
estudio sobre el pasado se articula como todo estudio de situación ( en lo que
a representación se refiere). Esto nos hace reflexionar sobre algunos
lamentables intentos en los que el historiador trata de
"introducirse" en el escenario escogido a fin de revivir los
hechos pasados sin advertir que tal "introducción" es, al fin de
cuentas, la introducción de su propio paisaje actual.
A las luz de estas
consideraciones advertimos que un capítulo importante de la Historiología debe
estar dedicado al estudio del paisaje de los historiadores ya que a través de su
transformación puede
vislumbrarse también el cambio histórico. En tal sentido, aquellos tratadistas
nos ilustran mejor sobre la época que les tocó vivir que sobre el horizonte
histórico que escogieron para su estudio.
Podría objetarse a lo
anterior el hecho de que el estudio de los paisajes de los historidores se
efectúa también desde un paisaje. Esto es así, en efecto, pero esa suerte de metapaisaje permite establecer
comparaciones entre elementos homogeneizados en tanto se los hace pertenecer a
una misma categoría.
Un examen primario de la
anterior proposición podría dar como resultado que se la asimilara a cualquier
otra visión
historiológica. Si un
supuesto historiólogo adhiriera a la "voluntad de
poderío" como motor de la historia, podría inferir (de acuerdo a lo dicho)
que los historiadores de diferentes epocas son los representantes del
desarrollo de tal voluntad, o bien,si compartiera la idea de "clase
social" en tanto productora de la movilidad histórica, situaría a los
historidores como representantes de una clase y así siguiendo. Tales
historiólogos se verían a sí mismos, a su vez, como adalides concientes de la
mencionada "voluntad" o "clase" y ello les permitiría
aplicar su propia impronta a la categoría "paisaje". Podrían intentar
estudiar, por ejemplo, el paisaje de la voluntad de poderío en los
distintos historiadores. Sin
embargo, ese intento sería solamente un proceder basado en una expresión
y no en un significado ya que la patencia del concepto "paisaje"
requiere de la comprensión de la temporalidad que no deriva de la teoría de la
voluntad. En este tema, sorprende cómo muchos historiólogos han podido
apropiarse de explicaciones de la temporalidad ajenas a su esquema
interpretativo, sin necesidad de aclarar (desde su teoría) cómo es que se configura la representación del mundo en general y del
mundo histórico en particular. La aclaración previa que mencionamos es
condicionante del ulterior desarrollo de las ideas y no un paso más del que se
pueda prescindir alegremente. Este asunto
es uno de los requisitos previos necesarios al discurso historiológico y
no se lo puede descartar rotulándolo de cuestión "sicológica" o
"fenomenológica"(es decir: "bizantina"). Oponiéndonos a
esos antepredicativos de los que derivan designaciones como las
mencionadas afirmamos, con mayor
audacia aún, que la categoría "paisaje" es aplicable no solamente a
la Historiología sino a toda visión del mundo, por cuanto permite destacar la
mirada de quien observa al mundo. Se trata, pues, de un concepto necesario para
la Ciencia en general.(28)
Si bien la mirada del
observador, en este caso la mirada del historiólogo, se modifica al ponerse
frente un nuevo objeto, el paisaje con
que aquél cuenta contribuye a
direccionar su mirada. Si se opusiera a esto la idea de una mirada libre
orientada sin supuestos hacia el hecho histórico que irrumpe (algo así como la
mirada que es atraída reflejamente por un estímulo súbito de la vida
cotidiana), se debería considerar que
ya la puesta en situación frente al fenómeno emergente cae dentro de la
configuración de un paisaje. Seguir sosteniendo que el observador para hacer
ciencia debe ser pasivo, no aporta gran cosa al conocimiento salvo la
comprensión de que tal postura es el traslado de una concepción en la que el sujeto es simple reflejo de estímulos
externos. A su vez, tal obediencia a las "condiciones objetivas"
muestra la devoción que profesó cierta antropología por la Naturaleza, en la
que el hombre era un simple momento de
ésta y
por tanto, él mismo, un ser
natural.
Ciertamente, en otras épocas
se preguntó y respondió por la naturaleza del ser humano sin advertir que
aquello que lo definía era, precisamente, su historicidad y por tanto su
actividad transformadora del mundo y transformadora de sí mismo.(29)
Hemos de reconocer, por otra
parte, que así como desde un paisaje se puede incursionar en escenarios puestos
por diferentes horizontes temporales
(es decir, la ocurrencia habitual
del historiador que estudia un hecho), también sucede que en un mismo horizonte
temporal, en un mismo
momento histórico, concurren los
puntos de vista de quienes son contemporáneos y por tanto coexisten, pero lo
hacen desde paisajes de formación
distintos en razón de acumulaciones
temporales no homogéneas. Este descubrimiento, levanta la obviedad que se ha padecido hasta hace muy poco
tiempo, destacando la enorme distancia
en la perspectiva que sostienen las generaciones. Estas, aunque ocupen
el mismo escenario histórico, lo hacen desde diverso nivel situacional y experiencial.
Aunque el tema de las
generaciones fué tratado por varios autores (Dromel, Lorenz, Petersen,
Wechssler, Pinder, Drerup, Mannheim, etc.), debemos a Ortega el haber
establecido, en su teoría de las
generaciones, el punto de
apoyo para comprender el movimiento intrínseco del proceso histórico.(30)Si es
que se va a dar razón del devenir de los
hechos, habrá que hacer un
esfuerzo similar al que en su momento ejercitó Aristóteles cuando gracias a los
conceptos de potencia y acto trató de explicar el movimiento. La argumentación
apoyada en la percepción sensorial no era suficiente para justificar el
movimiento, como no es hoy suficiente la explicación del devenir histórico por
factores aplicados al ser humano en
una relación en la que éste responde
como simple paciente o, en
todo caso, polea de transmisión de un
agente que permanece externalizado.
3. La historia humana.
Hemos visto que la
constitución abierta del ser humano se refiere al mundo, en sentido no
simplemente óntico sino ontológico.
Además, hemos considerado
que en esa constitución abierta prima el futuro como pro-yecto y como
finalidad. Esa constitución, proyectada
y abierta, estructura el momento en
que se encuentra de manera que, inevitablemente, lo "apaisaja" como
situación actual por
"entrecruzamiento" de retenciones y protensiones temporales de
ninguna manera dispuestas como lineales "ahoras", sino como
actualizaciones de tiempos diferentes.
Agregaremos: la referencia
en situación es el propio cuerpo. En él se relaciona su momento subjetivo con
la objetividad y por él puede comprenderse como "interioridad" o
"exterioridad" según la dirección que de a su intención, a su
"mirada". Frente a este cuerpo está todo-lo-que-no-es-él, reconocido
como no dependiente inmediatamente de la propia intencionalidad pero susceptible
de ser actuado por intermediación del propio cuerpo. Así, el mundo en general y
otros cuerpos humanos ante los que el propio cuerpo tiene alcance y registra su
acción, ponen las condiciones en las que la constitución humana configura su
situación. Estos condicionantes determinan la situción y se presentan como
posibles a futuro y en la relación futura con el propio cuerpo. De esta manera,
la situación presente puede ser comprendida como modificable en el futuro.
El mundo es experimentado
como externo al cuerpo, pero el cuerpo es visto también como parte del mundo ya
que actúa en éste y de éste recibe su acción. De tal manera, la corporeidad es también una configuración temporal, una
historia viviente lanzada a la acción, a la posibilidad futura. El cuerpo
deviene prótesis de la intención,
responde al colocar-delante-propio-de-la-intención, en
sentido temporal y en sentido espacial. Temporalmente, en tanto puede
actualizar a futuro lo posible de la intención; espacialmente, en tanto
representación e imagen de la
intención.(31)
El destino del cuerpo es el
mundo y, en tanto parte del mundo, su destino es transformarse. En este
acontecer, los objetos son ampliaciones de las posibilidades corporales y los
cuerpos ajenos aparecen como multiplicaciones de esas posibilidades, en cuanto
son gobernados por intenciones que se reconocen similares a las que manejan al
propio cuerpo.
Por qué necesitaría esa
constitución humana transformar el mundo y transformarse a sí misma? Por la
situación de finitud y carencia temporoespacial en que se halla y que registra,
de acuerdo a distintos condicionamientos, como dolor (físico) y sufrimiento
(mental). Así, la superación del dolor no es simplemente una respuesta animal,
sino una configuración temporal en la que prima el futuro y que se convierte en
un impulso fundamental de la vida aunque ésta no se encuentre urgida en un
instante dado. Por ello, aparte de la respuesta inmediata, refleja y natural ,
la respuesta diferida y la construcción para evitar el dolor están impulsadas
por el sufrimiento ante el peligro y son re-presentadas como posibilidades futuras o actualidades en las que el dolor
está presente en otros seres humanos. La superación del dolor, aparece pues,
como un proyecto básico que guía a la acción. Es esa intención la que ha posibilitado
la comunicación entre cuerpos e intenciones diversas en lo que llamamos la
"constitución social".
La constitución social es
tan histórica como la vida humana, es configurante de la vida humana. Su
transformación es contínua pero de un modo diferente a la de la naturaleza. En
esta no ocurren los cambios merced a intenciones. Ella se presenta como un
"recurso" para superar el dolor y el sufrimiento y como un
"peligro" para la constitución
humana, por ello el destino de la misma naturaleza es ser humanizada,
intencionada. Y el cuerpo, en tanto naturleza, en tanto peligro y limitación,
lleva el mismo designio: ser intencionalmente transformado, no solo en posición
sino en disponibilidad motriz; no solo en exterioridad sino en interioridad; no
solo en confrontación sino en adaptación...
El mundo natural va
retrocediendo, en tanto naturaleza, en la medida en que se amplía el horizonte
humano. La producción social se continúa y amplía, pero esta continuidad puede
ocurrir no solamente por la presencia de objetos sociales que, por sí, aún
siendo portadores de intenciones humanas, no han podido (hasta ahora) seguir
ampliándose. La continuidad está dada por las generaciones humanas que no están
puestas "unas al lado de otras"
sino que se interactúan y transforman.
Estas generaciones que permiten continuidad y desarrollo son estructuras
dinámicas, son el tiempo social en movimiento, sin el cual una sociedad caería
en estado natural y perdería su condición de sociedad.
Ocurre, por otra parte, que
en todo momento histórico coexisten generaciones de distinto nivel temporal, de
distinta retención y protensión y que, por tanto, configuran paisajes de
situación diferentes. El cuerpo y el comportamiento de niños y ancianos delata,
para las generaciones activas, una presencia de la que se viene y a la que se
va y, a su vez, para los extremos de esa triple relación, ubicaciones de
temporalidad también extremas. Pero esto no permanece jamás detenido porque
mientras las generaciones activas se ancianizan y los ancianos mueren, los
niños van transformándose y comienzan a ocupar posiciones activas. Entre tanto,
nuevos nacimientos reconstituyen continuamente a la sociedad.
Cuando, por abstracción, se
"detiene" el incesante fluír, puede hablarse de un "momento
histórico" en el que todos los miembros emplazados en el mismo escenario
social pueden ser considerados contemporáneos, vivientes de un mismo tiempo (en
cuanto a fechabilidad se refiere), pero observan una coetaneidad no homogénea
(en lo que hace a su temporalidad interna: memoria, proyecto y paisaje de
situción). En realidad, la dialéctica generacional se establece entre
"franjas" más contiguas que tratan de ocupar la actividad central (el
presente social) de acuerdo a sus intereses y creencias. En cuanto a las ideas
que las generaciones en dialéctica ponen de manifiesto, éstas toman
forma y fundamento desde los antepredicativos básicos de su propia formación,
lo que incluye un interno registro de futuro posible.
Que con el
"retículo" o "átomo" mínimo del momento histórico se puedan
comprender procesos más vastos (por así decir: "dinámicas"
moleculares de la vida histórica) es, a todas luces, posible. Desde luego,
habría que desarrollar una completa teoría de la historia. Tal emprendimiento
nada tiene que ver con los límites fijados a este pequeño trabajo.
4. Los pre requisitos de la
Historiología.
No somos nosotros quienes
debamos decidir en cuanto a las características que debe tener la Historiología
como ciencia. Ello es tarea de los historiólogos y de los epistemólogos.
Nuestra preocupación ha estado puesta en hacer surgir las preguntas necesarias
para la comprensión fundamental del fenómeno histórico visto "desde
adentro", sin lo cual la Historiología podría llegar a ser ciencia de la
historia en sentido formal pero no ciencia de la temporalidad humana en sentido
profundo.
Habiendo comprendido la
estructura temporoespacial de la vida humana y su dinámica social generacional,
estamos en condiciones de decir ahora que sin la captación de esos conceptos no
existirá una Historiología coherente. Son precisamente esos conceptos, los que
se convierten en requisitos previos necesarios de la futura ciencia de la
historia.
Consideremos unas últimas
ideas. El descubrimiento de la vida humana como apertura ha roto las viejas barreras que existían
entre una
"interioridad" y una "exterioridad" aceptadas por las
filosofías anteriores.
Las filosofías anteriores
tampoco han dado cuenta suficiente sobre cómo el ser humano aprehende la
espacialidad y cómo es posible que actúe en ella. Porque haber determinado que
el tiempo y el espacio son categorías del conocimiento, o cosas semejantes,
nada nos dice de la constitución temporoespacial del mundo y, particularmente,
del ser humano. Por ésto ha quedado esta brecha abierta, infranqueable hasta ahora, entre la filosofía y las
ciencias fisico matemáticas. Ests últimas han terminado dando su especial
parecer respecto a la extensión y duración del ser humano y de sus procesos
internos y externos. Las deficiencias de la anterior filosofía han permitido,
sin embargo, esa fructífera independencia de las ciencias fisico matemáticas.
Ello ha traído
algunas dificultades para la comprensión del ser humano y su sentido y por tanto para
la comprensión del sentido del mundo y así, la Historiología primitiva se ha
debatido en la oscuridad de sus conceptos fundamentales.
Hoy, habiendo comprendido
cómo es la estructural constitución de la vida humana y cómo la temporalidad
y la
espacialidad son en esa constitución, estamos en condiciones de
saber cómo actuar
hacia el futuro saliendo de
un "natural" ser-arrojado-al-mundo, saliendo de una pre-historia del
ser natural y generando intencionalmente una historia mundial, en tanto el
mundo se va convirtiendo en pró-tesis de la sociedad humana.
NOTAS A DISCUSIONES
HISTORIOLOGICAS
1.- "Esta palabra -
historiología - se usa aquí, según creo, por vez primera..." Y más
adelante: "Es inaceptable en la historiografía y filología actuales el
desnivel existente entre la precisión, usada al obtener o manejar los datos y
la imprecisión, más aún, la miseria intelectual en el uso de las ideas
constructivas. Contra este estado de las cosas en el reino de la historia se
levanta la historiología. Va movida por el convencimiento de que la historia,
como toda ciencia empírica, tiene que ser ante todo una construcción y no un
'agregado' - para usar el vocablo que Hegel lanza una vez y otra contra los
historiadores de su tiempo -. La razon que éstos podían tener contra Hegel -
oponiéndose a que el cuerpo histórico fuese construído directamente por la
filosofía - no justifica la tendencia, cada vez más acusada en aquel siglo, de
contentarse con una aglutinación de datos. Con la centésima parte de los que
hace tiempo están ya recogidos y pulimentados bastaba para elaborar algo de un
porte científico mucho más auténtico y substancioso que cuanto, en efecto, nos
presentan los libros de historia." La Filosofía de la Historia de Hegel y
la Historiología. J. Ortega y Gasset, Revista de Occidente, febrero 1928.
Inserto en Kant - Hegel - Scheler, Madrid, Alianza, 1982, pp. 61 y 72.
2.- Herodoto (484 - 420
a.C), Historias.
3.- Tito Livio (59 a.C - 17
d.C), Historia de Roma (conocida luego como las Décadas).
4.- A modo de ejemplo, la
siguiente cita: "Comenzaré este trabajo del consulado de Sergio Galba la
segunda vez, y de Tito Vinio; porque muchos escritores han dado cuenta de las
cosas de aquellos primeros siglos, de setecientos y veinte años después de la
fundación de Roma, mientra se podían escribir los sucesos del pueblo romano con
igual elocuencia y libertad: más después de la jornada de Accio, y que por la
paz universal se redujo a uno solo el imperio del mundo, faltaron aquellos
floridos ingenios, y con ello la verdad, ofendida en muchas maneras."
Historias, Cayo Cornelio Tácito, del manuscrito Mediceus II, de la Real
Biblioteca Laurenziana. Trad. C. Coloma. Madrid, Librería de los sucesores de
Hernando, 1913, p.1.
5.- Virgilio vivió entre el
70 y el 19 a.C. El poeta comienza su obra maestra una vez que Octavio César,
luego de la batalla de Accio, consolida el imperio. Para ese entonces, Virgilio
era una celebridad reconocida por sus producciones: las Bucólicas y las
Geórgicas. Pero es a partir de su nuevo trabajo cuando cuenta con todos los
favores del emperador. Desde luego que no se trata de un palaciego como
Teócrito o de un mercenario como Píndaro pero, de todas maneras, es alguien
estimulado en la dirección de los intereses oficiales.
Virgilio pone en la epopeya
de Eneas la genealogía de Roma. La historia, se retrotrae al fin de la guerra
de Troya. Los dioses profetizan a Eneas que de él saldrá una progenie que
gobernará al mundo. En el escudo que Vulcano forja al héroe aparecen los
cuadros históricos de lo que vendrá, llegando hasta la figura central de César
Augusto, un emperador que traerá la Paz Universal.
En Virgilio, el sentido de
la Historia es divino porque son los dioses quienes enderezan las acciones
humanas hacia sus propios designios (tal como sucede en su fuente de
inspiración homérica), pero ello no impide que se interprete tal Destino desde
los designios terrenos del poeta o de su protector... En el S.XIV vendrá La
Divina Comedia en la que otro vate retomará el hilo de Virgilio y pondrá a éste
como guía en sus incursiones por territorios misteriosos, con lo que la
autoridad de ese modelo quedará reforzada considerablemente.
6.- He aquí un caso. En la
Encíclica Divino Afflante Spiritu dada por Pío XII se habla de "las
dificultades del texto que no han sido resueltas todavía", con referencia
al libro de Daniel. En efecto, aún cuando estas dificultades no se enumeren,
podemos resaltar algunas por nuestra cuenta. El libro se ha conservado en tres
lenguas: hebrea, aramea y griega. Las partes hebreas y arameas entran en el
canon judío de las Escrituras. La parte griega ha sido reconocida por la
Iglesia Católica que, con la versión de los LXX, fué recibida de los apóstoles
como parte de sus Escrituras. Los judíos no cuentan, a su vez, a Daniel entre
los profetas sino entre los hagiógrafos. Por otra parte, algunos cristianos
inspirados por las Escrituras editadas por las Sociedades Bíblicas Unidas (en
base a la versión de Casiodoro de Reina de 1569), se encuentran con un Daniel
bastante modificado respecto del mismo de los católicos, por ejemplo el de la
versión de Eloíno Nácar Fúster y A. Colunga. Y eso no parece un simple error ya
que la versión de C. de Reina fué revisada por Cipriano de Valera (1602),
sobreviniendo luego las revisiones de 1862, 1908 y 1960. En la versión católica
aparecen largos tramos inexistentes en la protestante, como los
Deuterocanónicos (Gr. 3, 24-90) y el Apéndice (Gr. 13-14). Pero las
dificultades mayores no están en lo comentado hasta ahora, sino en el texto
mismo que hace remontar la historia de Daniel llevado al palacio real de
Babilonia después del año tercero de Joaquín (esto es el 605 a.C). Y eso
sucedió en deportación anterior a las dos que conocemos historicamente
ocurridas en 598 y 587 a.C.
Destaca en una nota a La
Biblia (ed.23. Paulinas), el erudito M. Revuelta Sañudo: "Las referencias
históricas de los primeros seis capítulos no concuerdan con lo que de ellos nos
dice la historia. Según el texto Baltasar es hijo y sucesor inmediato de
Nabucodonosor, y ultimo rey de la dinastía. En realidad Nabucodonosor tuvo como
sucesor a su hijo Evil-Merodac
(Avil-Marduk, 562-560) y como cuarto sucesor, no dinástico, a Nabonid (Nabu-
na'id 556-539), el cual
asoció al trono a su hijo Baltasar (Bel-Shazar). Babilonia cayó definitivamente
a manos de Ciro, no de Darío el Medo, desconocido por la historia". Este
defecto histórico no puede interpretarse como un forzamiento de mala fe pero es
un elemento más que se va acumulando en la deformación del texto.
Por otra parte, en la visión
profética de Daniel se relata la sucesión de reinos que bajo alegorías
corresponde a los cuernos de la Bestia y que no son sino los reinos de Alejandro
Magno; Seleuco I Nicator;
Antíoco Soter; Antíoco II Calínico;
Seleuco III Cerauno; Antíoco II el Grande; Seleuco IV Filopater; Heliodoro y
Demetrio I Soter. Mientras se imterpretan libremente estas alegorías, se puede
pensar que el espíritu prfético de Daniel se anticipa unas cuantas centurias,
pero ya cuando se lee la explicación aparecen giros
correspondientes a más de
trescientos años después. Así dice: "El carnero de dos cuernos que has
visto son los reyes de Media y Persia; el macho cabrío es el rey de Grecia, y
el gran cuerno de entre sus ojos es el rey primero, al romperse y salir en su
lugar otros cuernos, cuatro reyes se alzarán en la nación, más no de tanta
fuerza como aquel." Obviamente, se está refiriendo a la lucha del imperio
persa contra Macedonia (334-331 a.C) y la fracción del nuevo imperio a la
muerte de Alejandro. Daniel aparece profetizando acontecimientos que ocurren
250 años después, cuando en realidad las interpolaciones son probablemente del
S.I. a.C bajo influencia de los Macabeos o bien, algo más adelnte, bajo influjo
cristiano. En 11, 1-5 se lee: "...Habrá todavía tres reyes en Persia y el
cuarto acumulará más riquezas que los otros; cuando por sus riquezas sea
poderoso, se levantará contra el reino de Grecia. Pero se alzará en éste un rey
valeroso que dominará con gran poder y hará cuanto quiera. Y cuando esté en la
altura se romperá su reino y será dividido hacia los cuatro vientos; no será de
sus descendientes, ni ya tan poderoso como fué, pues será dividido y pasará a
otros distintos a ellos." En efecto, fué dividido a la muerte de Alejandro
(323 a.C) entre sus generales (no su descendencia) en cuatro reinos: Egipto,
Siria, Asia Menor y Macedonia. En tanto, en Macabeos, se da cuenta de esos
hechos históricos sin artificiosidades. Pero Macabeos, escrito en hebreo fué
redactado probablemente entre 100 y 60 a.C. Por último, las diferencias de
sentido dadas a las diversas traducciones
son notables como en el caso de la judía y la católica que
en Daniel 12-4, la
primera dice: "Pasarán muchos y aumentará la sabiduría" (del
texto hebreo revisado por M. H. Leteris. Traducida al castellano por A. Usque.
Ed. Estrellas, Bs.As., 1945) y la segunda lo presenta así: "Muchos se
extraviarán y aumentará la iniquidad." La deformación histórica de Daniel
termina dando gran autoridad profética a ese libro y, por ello, Juan de Patmos
retoma su sistema de alegorización en el Apocalipsis (particularmente en 17,
1-16), con lo que se refuerza el antiguo modelo y se prestigia a la nueva obra.
7.- La actividad de
sistemática manipulación de la información cotidiana ha sido tratada no
solamente por estudiosos del tema y por historiógrafos sino también por
escritores de ficción entre los cuales G. Orwell en su 1984, da algunas de las
más acabadas descripciones.
8.- Nuestro punto de vista
según el cual se aprehende al hecho histórico no como este es, sino como se lo
quiere entender está justificado por lo expuesto y no se apoya en la
perspectiva kantiana, negadora del conocimiento de la cosa en sí, o en un
relativismo escéptico respecto del objeto de conocimiento histórico. En este
mismo sentido hemos dicho en otro lugar: "Desde luego que se continuará
entendiendo el proceso histórico como el desarrollo de una forma que, en suma,
no será sino la forma mental de quienes así ven las cosas. Y no importa a que
tipo de dogma se apele, porque el trasfondo que dicte tal adhesión siempre será
aquello que se quiera ver." El Paisaje Humano (inserto en Humanizar la
Tierra). Silo, Buenos Aires, Planeta, 1989, pág. 107.
9.- Recordemos, como ejemplo,
el caso de Schliemann y sus penosos descubrimientos.
10.- Muchos historiadores
han razonado en otros campos como Worringer con su Abstraction und Einfühlung
aplicada al estudio del estilo en el arte. Como tal estudio debe apelar,
indefectiblemente, a una concepción del hecho histórico, este autor sicologiza
a la historia del arte (y sicologiza a las interpretaciones históricas de lo
artístico), haciendo una violenta pero conciente declaración sobre su propio
punto de vista. "He aquí la consecuencia de un error profundamente
arraigado sobre la esencia del arte en general. Este error tiene su expresión
en la creencia, sancionada por muchos siglos, de que la historia del arte es la
historia de la capacidad artística, y que el fin evidente y constante de esa
capacidad es la reproducción artística de los modelos naturales. De esta
manera, la creciente verdad y naturalidad de lo representado fué estimada como
progreso artístico. Nunca se planteó la cuestión de la voluntad artística,
porque esa voluntad parecía fija e indiscutible. Sólo la capacidad fué problema
de valoración; nunca, empero, la voluntad. Creyóse, pues, realmente, que la
humanidad había necesitado milenios para aprender a dibujar con exactitud, esto
es, con verdad natural; creyóse, realmente, que la producción artística queda
en cada momento determinada por un progreso o un retroceso en la capacidad.
Pasó inadvertido el conocimiento - tan cercano sin embargo y hasta tan obligado
para el investigador que quiera comprender muchas situaciones en la historia
del arte - de que esa capacidad es sólo un aspecto secundario que recibe
propiamente su determinación y su regla de la voluntad, factor superior y único
determinante. Más la actual investigación en la esfera del arte no puede ya -
como hemos dicho - prescindir de ese conocimiento. Para ella ha de ser
axiomática la máxima siguiente: se ha podido todo lo que se ha querido, y lo
que no se ha podido es porque no estaba en la dirección de la voluntad
artística. La voluntad, que antes pasaba por indiscutible, se convierte ahora
en el problema mismo de la investigación, y la capacidad queda excluída como
criterio de valor." La Esencia del Estilo Gótico. G. Worringer, Revista de
Occidente Argentina, Buenos Aires, 1948, pp. 18 y 19.
11.- G. Vico (1668-1744).
12.- Esta es la temática de
la parte primera, segunda y cuarta de su Principi di scienza nuova d'intorno
alla natura delle nazioni, per li quali si ritrovano altri principi del diritto
naturale delle genti.
13.- Ciencia Nueva. G. Vico,
Buenos Aires, Aguilar, 1981, p. 186.
14.- Op.cit., p. 186, par.
342.
15.- La filosofia de G.B.V.
e l' etá barocca. L. Giusso.
16.- J. Herder (1744-1803).
17.- En relidad se trata de
una concepción "biocultural" de la historia, pero no por ello menos
filosófica que cualquier otra. En cuanto a designación, es Voltaire uno de los
primeros en hablar de "filosofía de la historia."
18.-
A. Comte (1798-1857).
19.-
Discours sur l'esprit positif, Schleicher, par. 73. Inexistente en par. 73 de la
edición francesa de la Sociedad Positivista Internacional.
20.- O. Spengler
(1880-1936).
21.- La Decadencia de
Occidente, O. Spengler, Madrid, Espasa-Calpe, 1976, I. Introducción.
22.- Años Decisivos. O.
Spengler, Espasa-Calpe, Madrid, 1982.
23.- A. Toynbee (1899-1975).
24.- En una nota a las
Meditaciones Cartesianas, M. Presas hace las siguientes observaciones: "La
Quinta meditación responde a la objeción de solipsismo trascendental y
puede ser considerada - según opina
Ricoeur - como el equivalente y el sustituto de la ontología de Descartes que
introduce en su III Mditation por medio de la idea de lo infinito y por el
reconocimiento del ser en la presencia misma de esta idea. Mientras que
Descartes trasciende el cogito gracias a este recurso a Dios, Husserl
trasciende el ego por el alter ego; así, pues, busca en una filosofía de la
intersubjetividad el fundamento superior de la objetividad que Descartes
buscaba en la veracitas divina. Cf. Paul Ricoeur, étude sur les Meditations cartésiennes de Husserl, en Revue
Philosophique de Louvain, 53 (1954), p. 77. El problema de la intersubjetividad
ya se le había planteado a Husserl con motivo de la introducción de la
reducción. Unos cinco años después extiende la reducción a la
intersubjetividad, en las lecciones sobre Grundprobleme der Phänomenologie,
dictadas en el semestre de invierno de 1910/11 en Gotinga. En varias ocasiones
alude Husserl a estas lecciones publicadas ahora en el tomo XIII de la
Husserliana, sobre todo cf. Formale und transzendentale Logik, p. 215, nota.
Allí anuncia la breve exposición de las investigaciones que aparecerán en las
Meditaciones Cartesianas; pero señala que hay muchas y difíciles
investigaciones especiales, explícitas, que espera publicar el próximo año.
Como es sabido, Husserl no llegó a publicar estas investigaciones explícitas
sobre temas especiales de la intersubjetividad..." Meditaciones
Cartesianas. E. Husserl, Madrid, ediciones Paulinas, 1979, nota p. 150.
25.- Cit. art.
"Cuidado". Diccionario de Filosofía, J. Ferrater Mora, Madrid,
Alianza, 1984.
26.- "Es la tesis
capital de la exégesis vulgar del tiempo, la tesis de que el tiempo es
'infinito', lo que hace patente de la manera más perentoria la nivelación y encubrimiento del tiempo mundano, y con él
de la temporalidad en general, que entraña semejante interpretación. El tiempo
(para esta interpretación), se da inmediatamente como ininterrumpida secuencia
de ahoras. Todo ahora es también ya 'hace un instante' o un 'dentro de un instante'. Si la caracterización del tiempo
se atiene primaria y exclusivamente a esta secuencia, no cabe, radicalmente,
encontrar en ella en cuanto tal ningún principio ni fin. Cada último ahora es
en cuanto ahora siempre un ya un 'dentro de un instante ya no', o sea, tiempo
en el sentido del 'ya no ahora', del pasado; cada primer ahora es un 'hace un
instante aún no', esto es, tiempo en el sentido del 'aún no ahora', del
'porvenir'. El tiempo es, de consiguiente, y 'por ambos lados', sin fin. Esta
tesis acerca del tiempo solo resulta posible sobre la base del orientarse por el 'en sí' flotando en el vacío de un
transcurso de ahoras 'ante los ojos', en que el pleno fenómeno del ahora es
encubierto por lo que respecta a la fechabilidad, mundanidad, distensividad y
localización en la forma peculiar del 'ser ahí' y rebajado al nivel de un
fragmento irreconocible. Si dirigiendo la atención al 'ser ante los ojos' y el
'no ser ante los ojos', 'uno piensa' la secuencia de los ahoras 'hasta el fin',
no cabe encontrar nunca un fin. De aquí, de que este pensar el tiempo hasta el fin tiene que pensar siempre más tiempo, se infiere que el tiempo
es infinito." El Ser y el Tiempo. M. Heidegger, México, F. C. E., 1980, p.
457.
27.- A pesar de la
declaración de Husserl: "...nada tengo que ver con la sagacidad
heideggeriana, con esa genial falta de cientificidad." Cit. por Iso Kern,
tomo XV de las Husserlianas, XX ss.
28.- Tan necesario es el
concepto de "paisaje" que aparece como obvio en las declaraciones de
los físicos contemporáneos. Así, Schrödinger, como eximio representante de
éstos nos dice: "Qué es la materia? Cómo es nuestro esquema mental de la
materia? La primera pregunta es ridícula. (Cómo vamos a decir qué es la materia
- o, por precisar, qué es la electricidaad - si se trata de fenómenos observables
una sola vez?). La segunda trasluce ya un cambio radical de actitud: la materia
es una imagen de nuestra mente - por lo tanto la mente es anterior a la materia
(a pesar de la curiosa dependencia empírica de nuestros procesos mentales a los
datos físicos de determinada porción de
materia: a nuestro propio cerebro). En la segunda mitad del siglo XIX, la
materia parecía ser algo permanente, perfectamente alcanzable. Habría una
porción de materia que jamás había sido creada (al menos, que lo supieran los
físicos) y que nunca podría ser destruída! Se podía agarrar con la seguridad de
que no se esfumaría entre los dedos. Además, los físicos afirmaban que esta
materia estaba por entero sujeta a leyes en lo que se refiere a su
comportamiento y a su movimiento. Se movía con arreglo a las fuerzas con que
actúan sobre ella, según sus posiciones relativas, las partes de la materia que
la circundan. Se podía predecir el comportamiento, estaba rigidamente
predeterminado para todo el futuro por las condiciones iniciales. Todo esto era
muy cómodo, al menos en ciencia física, mientras se tratara de materia externa
inanimada. Pero si lo aplicamos a la materia que constituye nuestro cuerpo, o
la que constituye el de nuestros amigos, , o incluso el de nuestro gato o nuestro
perro, se plantea la consabida dificultad en lo que respecta a la aparente
libertad de los seres vivos para mover sus miembros a voluntad. Hablaremos de
ello más adelante. De momento trataré de explicar el cambio radical en las
ideas que sobre la materia ha tenido lugar durante el último medio siglo. Se
dió paulatina e inadvertidamente, sin que nadie lo deseara. Creíamos seguir
moviéndonos dentro del antiguo marco 'materialista' de ideas, cuando en
realidad, nos habíamos salido ya de él. Ciencia y Humanismo. E. Schrödinger,
Barcelona, Tusquets, 1985, pp. 21 y 22.
29.- Ningún ser natural,
ningún animal por grande que haya sido su fuerza de trabajo y por social que
sea su orden o familia, ha producido cambios tan hondos como los realizados por
el ser humano. Sin embargo, esta evidencia pareció no contar durante mucho
tiempo. Si hoy, en parte, como resultado de la revolución tecnológica y de las
modificaciones operadas en el modo de producción, información y comunicación,
se reconoce tal actividad es evidente que para muchos esto se hace a
regañadientes oscureciéndolo con los "peligros" que el avance
engendra para la vida. Así, se ha trasladado la ya insostenible pasividad de la
conciencia a la conciencia culposa por haberse trsgredido un supuesto orden
natural.
30 - Cómo ha sido posible
que semejante concepción haya pasado casi inadvertida para el mundo de la
historiología es uno de esos
grandes misterios, o más bien tragedias, que se explican por la acción de
antepredicativos epocales presionando en el ambiente cultural. En la época del predominio ideológico alemán, francés y
anglosajón, el pensamiento de Ortega fué asociado a una España que, a
diferencia de hoy, marchaba a contramano del proceso histórico. Para colmo de
males, algunos de sus comentaristas hicieron de aquella obra fecunda, una
exégesis pequeña e interesada. Desde otro ángulo, Ortega pagó caro el esfuerzo
de traducir a lenguaje accesible, casi periodístico, importantes temas de
filosofía. Esto jamás le fué perdonado por los mandarines de la pedantería
académica de las últimas décadas.
31.- Ver del mismo autor
Sicología de la Imagen.
INDICE
Aproximación a
Contribuciones al Pensamiento
...... 2
Sicología de la Imagen ...... 4
Prólogo
...... 5
Capítulo I. El problema
del espacio en el estudio de los fenómenos de conciencia. 1.- Antecedentes
...... 6 2.- Distinciones entre sensación, percepción e
imagen...... 8
3.- La idea de "estar
la conciencia en el mundo" como
recaudo descriptivo frente a
las interpretaciones
de la Sicología ingénua ...... 9
4.- El registro interno del
darse la imagen en algun
"lugar"
...... 10
Capítulo II. Ubicación de
lo representado en la
es
pacialidad del representar.
1.- Diferentes tipos de percepción y representación...... 12
2.- Interacción de imágenes
referidas a diferentes
fuentes perceptuales ...... 12
3.- La aptitud de
transformismo de la representación......
13
4.- Reconocimiento y
desconocimiento de lo percibido ...... 14
5.- Imagen de la percepción
y percepción de la imagen...... 14
Capítulo III. Configuración
del espacio de representa
ción.
1.- Variaciones del espacio
de representación en los
niveles de conciencia ...... 17
2.- Variaciones del espacio
de representación en los
estados alterados de
conciencia ...... 18
3.- Naturaleza del espacio
de representación ...... 20
4.- Copresencia, horizonte y
paisaje en el sistema de
representación ...... 21
Notas a Sicología de la
Imagen ...... 23
Discusiones
Historiológicas
..... 26
Prólogo
..... 27
Capítulo I. Lo pasado visto
desde el presente.
1.- La deformación de la
historia mediata ..... 29
2.- La deformación de la
historia inmediata ..... 30
Capítulo II. Lo pasado visto
sin el fundamento temporal.
1.- Concepciones de la
historia ..... 32
2.- La historia como
forma .....
33
Capítulo III. Historia y
temporalidad.
1.- Temporalidad y
proceso
..... 35
2.- Horizonte y paisaje
temporal ..... 39
3.- La historia humana ..... 41
4.- Los pre requisitos de la
Historiología ..... 43
Notas a Discusiones
Historiológicas .....
45