¿CUÁNTOS ATEOS SE NECESITAN PARA CAMBIAR UN FOCO?

Por Bobbie Kirkhart.

Co-Presidente de Atheists United.

 Unos diez.

Bueno, uno solo para cambiar el foco, pero los primeros nueve que encuentras probablemente digan "Bueno, no hay luz. ¿Por qué hacer un escándalo por eso?" O, tal vez, "Tal vez sí hay una luz, y simplemente no podemos verla".

Cuando nos identificamos como ateos, nos encontramos con varias preguntas y objeciones:

¿Cómo puedes estar tan seguro?

Debido a que la palabra ateo es clara y sin ambigüedad, mucha gente supone que tenemos una especie de fe negativa, una certeza capaz de resistir cualquier evidencia de un dios, incluso si tal evidencia fuera revelada.

La verdad es que en un sentido absoluto, con una total certeza lógica, no estamos seguros. ¿Quién lo está? Sólo aquellos que afirman creer, no solamente en algún dios espiritual nebuloso, sino en esas antiguas religiones que, de hecho, han sido refutadas. Tenemos evidencia directa y apodíctica de que la historia del Arca de Noé no es cierta. Aun así, las personas que consideran que este relato es irrebatible están entre aquellas que nos desafían por decir que somos a –(sin) teos (creyentes en un dios).

Tal vez exista un dios que gobierne el universo, y tal vez haya criaturas que vivan bajo las piedras de Marte y controlen nuestras mentes mediante telepatía. No hemos buscado debajo de todas las piedras marcianas. Ambas ideas son imposibles de refutar. Incluso si algún día llegamos a mirar debajo de todas las piedras de Marte, tales criaturas, como controlan nuestra mente, pueden hacernos imposible detectarlas.

La gente que quiere que digamos las cosas con delicadeza se halla frecuentemente entre aquellos a quienes les agrada pretender que en realidad no existimos. Predican que no hay ateos en las trincheras, a pesar de las protestas de veteranos de guerra ateos, y repiten relatos falsos de conversiones en el lecho de muerte de bien conocidos librepensadores, desde Darwin hasta Darrow.

Muchos creyentes usan iconos en sus cuellos o en sus autos porque se sienten obligados a anunciar que lo que piensan es verdad. Algunos entregan folletos en las esquinas, o incluso tocan a las puertas de hogares de desconocidos para compartir su visión del mundo. En este ambiente, si nos asustamos demasiado de declarar nuestra incredulidad, estamos ayudando a la causa de éstos.

Sí existimos. No creemos. Y tenemos el derecho, e incluso la obligación, de decirlo en un lenguaje claro.

¿Qué diferencia hay?

Todo ser humano tiene la responsabilidad de averiguar la verdad, lo mejor que él o ella puedan, y de atestiguar esa verdad.

Todas las religiones – no sólo las fundamentalistas – tienen inclinaciones que nosotros no tenemos. Todas creen que nuestro yo físico representa sólo una parte menor de nuestra humanidad. Todas ellas creen que disfrutarán de alguna vida después de que la actual termine. Esto afecta su enfoque de muchos de nuestros problemas más graves.

Sus ideas sobre dioses y almas humanas no necesariamente los descalifican en asuntos sociales, ni nuestra falta de creencia nos hace ser infalibles. Pero los problemas de hoy son complicados. Enfrentamos decisiones sobre cómo tratar con la sobrepoblación, la economía global, los derechos individuales al aborto y a la muerte. Es obvio que la discusión de estos temas debería incluir a todos los puntos de vista. Hoy, la voz de los ateos raramente es escuchada en estas discusiones.

En resumen, deberíamos tener nuestro puesto en el mercado de las ideas. Si estamos equivocados, aquellos que sostienen la verdad no tienen nada que temer de nosotros, y si estamos en lo correcto, nuestras ideas pueden ser necesarias para formar soluciones efectivas a los problemas del mundo.

Finalmente, es importante permitir que los demás sepan que existimos, que somos personas felices, normales e incluso rectas. Pocos ateos quieren desviar a los verdaderos creyentes de sus iglesias, pero en esas iglesias hay gente joven que piensa que hay algo malo en ellas por su incapacidad de creer. Necesitamos ofrecernos como ejemplo para ellos.

La gente...

... te odiará. Algunos lo harán. Ciertos tipos piensan que es muy grosero proclamarnos ateos. Por supuesto, muchos de ellos se llaman abiertamente protestantes, apenas conscientes del hecho de que la palabra proviene de su protesta contra la religión católica. Pocos católicos de hoy día se ofenden cuando oyen este término. Del mismo modo, nadie tiene motivo para ofenderse cuando decimos que no tenemos religión.

Siempre que hay un desastre natural con grandes pérdidas de vidas, las cámaras de televisión invariablemente encuentran al menos un creyente que dice, en la propia cara de los padres que vieron morir a sus hijos, "Dios me estaba cuidando. Tiene algún propósito especial para mí". ¿Son éstos los que encuentran ofensiva nuestra incredulidad?

Ciertamente, muchos creyentes actuales no son tan fanáticos, pero hay cierto riesgo social en declarar que uno no es creyente. Unirse a una organización de librepensadores es una forma de lograr apoyo de una comunidad de amigos racionales y una forma de ser más visible como ateo.

... te despedirá. Hay personas que han perdido sus trabajos a causa de su abierto ateísmo, y a nadie debería pedírsele arrostrar semejante riesgo. Esta es una razón mayor para que nos expresemos siempre que podamos, disminuir el riesgo para otras personas.

... incluso te matará. Eso es posible, ciertamente. La América del nuevo milenio ha tenido una abultada cuota de creyentes violentos, como puede atestiguar cualquier clínica que practique abortos.

Sin embargo, es importante mantener el riesgo en perspectiva. Ha habido personas muertas por ser comunistas, capitalistas, partidarias de las libertades civiles, baptistas, budistas o practicantes del vudú. El niño mayor o la más pequeña niña podrían convertirse en blancos.

Cuando no haya una amenaza directa, no seamos paranoicos. En este país de hoy cualquier loco con un rifle puede oponerse a cualquier filosofía que uno pudiera mencionar. Si dejamos que esa gente dirija nuestras vidas, nos quedamos sin una vida que valga la pena vivir.

¿Cuántos ateos se necesitan para cambiar un foco?

Solamente uno.

Y la luz que uno solo de nosotros arroje puede ser exactamente la luz que alguien necesita para guiar a su confusa y atormentada mente por el camino de la razón.

Enlaces: http://www.atheistsunited.org/

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