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Boletin Ejercicios 16 |

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Editorial:
Los Ejercicios del que da Ejercicios (12) |
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“... dolor con Cristo doloroso...” (203) |
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+ y con el ejercitante que tengo delante. Dar Ejercicios es siempre una subida a Jerusalén, a la revelación total, por el amor total, que supone vaciamiento total, Una subida siempre distinta, nueva, en la qu será necesario apoyarse en el “bastón de hombre viejo” de una técnica que voy dejando por el camino y que, una vez llegados arriba, he de arrojar del todo. Dar Ejercicios es una “entrega” no de cosas (ideas, doctrina...), sino de vida, que va condoliendo (Constituciones 667). Es como un compartir “repartiéndose” en una cena pascual.
+ No sin razón Ignacio comienza la Tercera Semana por el misterio de la Cena (191). Después de haber comido el banquete pascual (un rito. Dar Ejercicios es una liturgia, no de formas) y de haber cenado (un camino compartiendo juntos el hacer de Dios), les lavó los pies (un servicio. No hay lenguaje más claro sobre Dios) y dio su santísimo cuerpo y preciosa sangre a sus discípulos (no se puede escamotear la entrega entera de la propia personal) y les hizo sermón (ahora sí, ya se puede hablar, dar noticia...).
+ Luego el Señor se esconde (196). Habla sólo la vida, que en este caso es la muerte “voluntariamente aceptada”. El “escándalo” de un Dios que se revela escondiéndose donde menos nos imaginaríamos a Dios, en el sufrimiento, tardarán en comprenderlo los discípulos. No se puede pretender dar Ejercicios desde la autoexhibición. El estilo del que da Ejercicios es también “esconderse”. Nadie tiene que seguirle a él. Escondiéndose, revela Al que hay que seguir.
+ El desde ... hasta de las contemplaciones de la Pasión está indicando un camino, no sólo para el que hace Ejercicios, sino también para el que los da. También Él ha de “pasar”, recorrer su proceso pascual, hasta el “todo está cumplido” (Jn. 19,30) que abre las puertas a la vida nueva del Espíritu. Ahora puede “haber Espíritu”, porque el Señor ha sido glorificado, y el servidor del Señor también (Jn.7, 37-39). Porque su “gloria” la única, es realizar todo lo del Padre ... entregándose del todo. Es el CAMINO VERDADERO, que conduce a la VIDA (Jn. 14.6). No hay otro.
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Recomendamos... |
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Alemania
+ DIETZFELBINGER, W./ FALKNER, A., “Rechtfertigungslehre und Exerzitien”, Geist und Leben 1998/4, 304-311.
FRICK, E., “Kurz-Exerzitien in der Strafkolonie”, Korrespondenz zur Spiritualität der Exerzitien 73 (48. Jahrgang 1998), 30-32.
+ GENN, F., “was der Geist den Gemeinden sagt (Offb 2,7)”, Geist und Leben 1998/3, 165-178.
+ HERWARTZ, Ch., “Arm vor Gott - Liebe zu Gott”, Korrespondenz zur Spiritualität der Exerzitien 73 (48. Jahrgang 1998), 2-9.
+ JODLBAUER, V., “Gott umarmt uns durch die Wirklichkeit-’Projekt-Jahr’ und ‘Exerzitien-Woche’”, Korrespondenz zur Spiritualität der Exerzitien 73 (48. Jahrgang 1998), 40-49.
+ KIECHLE, S., “Über das Wählen”, Geist und Leben 1998/3, 225-228.
+ LEFRANK, A., “Exerzitien als Umwandlungsprozess”, Geist und Leben 1998/4, 261-275.
+ MERTES, K., “Fünf geistliche Regeln für das Spendensammeln”, Geist und Leben 1998/4, 296-303.
+ SEIDEL, J., “Teilhards ‘Göttliches Milieu’ und Ignatius’ Exerzitien”, Geist und Leben 1998/4, 287-295.
+ SUDBRACK, J., “Spiritualität - Modewort oder Zeichen der Zeit”, Geist und Leben, 1998/3, 198-210.
+ SUDBRACK, J., “Gott finden in allen Dingen”, Geist und Leben (September-Oktober 1998), 362-375.
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Argentina
+ BOJORGE, H., “Desorden de mis operaciones y primer modo de orar”, Boletín de Espiritualidad, 169 (Enero-Febrero 1998), 1-18.
+ CAMARGO, J., CHÁVEZ, R., “Jesucristo resucitado se aparece a su madre”, Boletín de Espiritualidad,169 (Enero-Febrero 1998), 19-26.
+ LOPEZ ROSAS, E., “Actitudes básicas para un buen discernimiento”, Boletín de Espiritualidad, 171 (Mayo-Junio 1998), 1-23.
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Brasil
+ AMERICO MAIA, P., “Desolaçao”, Itaici, 33 (Setembro 1998), 77-81.
+ CABARRÚS, C.R., “A mesa do banquete do Reino, critério fundamental do discernimiento”, Itaici, 33 (Setembro 1998), 5-38.
+ GIULIANI, M., “O caminho para a contemplaçao evangélica”, Itaici, 32 (Junho 1998) 39-43.
+ GONZÁLEZ-QUEVEDO, L., “Pressupostos para o discernimento espiritual”, Itaic,i 33 (Setembro 1998) 93-97.
+ IGLESIAS, M.E., “A consolaçao, bússola da vida espiritual”, Itaici, 33 (Setembro 1998), 67-76.
+ NAJARRO REYES, E., “Viver os exercícios espirituais de s. Inácio de Loyola: o discernimento espiritual”, Itaici, 33 (Setembro 1998), 55-66.
+ NAVARRO, Mª A., “Discernimento e deliberaçao na vida do cristao”, Itaic,i 33 (Setembro 1998), 82-90.
+ PEDREIRA DE FREITAS, P., “Introduçao às regras do discernimento dos espíritos”, Itaici, 33 (Setembro 1998), 39-54.
+ WERNER PIRES, C., “O uso da Sagrada Escritura nos exercícios”, Itaici, 32 (Junho 1998), 5-27.
+ “Bibliografía sobre o discernimento espiritual”, Itaici 33 (Setembro 1998), 102-103.
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Canadá
+ BEAUPRÉ, J., “Notre-Dame du quotidien. Lc. 2,39-40, 51-52” Cahiers de Spiritualité Ignatienne 86 (Avril-Juin 1998), 139-144.
+ CUSSON, G., “Les Exercises spirituels et l’experience chrétienne. Fondement et Première Semaine des Exercises”, Cahiers de Spiritualité Ignatienne, 86 (avril-Juin 1998), 103-115.
+ ÉMONET, P. “Exercices en périodes d’incroyance. Difficultés et possibilités de l’experience de Dieu depuis le champ théologico-culturel”, Cahiers de Spiritualité Ignatienne 86 (Avril-Juin 1998), 125-138.
+ LEWIS, J., “Saint Ignace enseigne à Pierre Favre l’art de ‘donner les Exercises”, Cahiers de Spiritualité Ignatienne, Supplément 46
+ NADEAU, G., “La spiritualité du prête diocesain et la spiritualité ignatienne”, Cahiers de Spiritualité Ignatienne, 86 (avril -Juin 1998), 79-102.
+ PERRIN, D.B., “Spiritual Direction, Hermeneutics, and the Textual Constitutions of Selfhood”, Église et Théologie, 29, nº1 (1998), 31-62.
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Chile
+ GILBERT, E., “El trabajo interior de escuchar”, Cuadernos de espiritualidad, 109 (Mayo-Junio 1998), 3-10.
+ RAMBLA, J.Mª, “‘No anticiparse al Espíritu’. Variaciones sobre acompañamiento espiritual”, Cuadernos de espiritualidad, 109 (Mayo-Junio 1998), 11-20.
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Estados Unidos
+ TORRENS, J. “The Word That Clamors. Jesuit Poetry That Reflects the Spiritual Exercises”, Studies in the Spirituality of Jesuits, 30/3 (May 1998), 61 pp..
+ TYLENDA, J.N., “The books that led Ignatius to God”, Review for Religious vol. 57/3 (May-June 1998), 286-298.
Francia
+ GERVAIS, P., “Ignace de Loyola et Jean de la Croix”, Christus, 179 (Juillet 1998), 352-363.
+ RONDET, M., “Le discernement dans la vie de l’Église”, Christus, 179 (Juillet 1998), 275-283.
+ ÉMONET, P., “Ignace de Loyola et le Pèlerin russe”, Christus, 180 (Octobre 1998), 480-89.
Inglaterra
+ QUASH, B., “Ignatian Dramatics: First Glance at the Spirituality of Hans Urs von Balthasar”, The Way, 38/1 (January 1998), 77-86.
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ARTÍCULOS LEÍDOS PARA UD.:
* LEWIS, J., “Saint Ignace enseigne à Pierre Favre l’art de ‘donner les Execises”, Cahiers de Spiritualité ignatienne, Supplement nº 46, 17-22.
Por la carta de 1536 a Manuel Miona sabemos que Ignacio consideraba a Fabro como el que mejor daba los ejercicios espirituales. Este artículo nos ayuda a entrar en cómo Ignacio entendía el ministerio que él mismo había creado de dar los Ejercicios.
El Memorial nos iforma sobre los inicios de la relación Ignacio - Fabro y de cómo el primero ayudó al segundo en la búsqueda de la voluntad divina. Sabemos también de los “retiros” semanales que Ignacio realizaba con un grupo de estudiantes parisinos entre los que sin duda se encontraría Fabro y con el que inició una amistad que fue mucho más allá de la del predicador - fiel.
Fabro, de origen saboyano combinó durante su infancia y adolescencia los estudios primarios con el pastoreo de los rebaños de su padre hasta que a los 19 años se inscribe en el colegio de Santa Bárbara de París donde se encontraría con Ignacio. Ordenado en 1534, Fabro fue el primer sacerdote de la Compañía. Gozó en vida de gran prestigio dentro y fuera de la Compañía debido tanto a su carácter personal como al alcance de su pensamiento teológico.
Con Fabro topamos con una personalidad sensible, agradable y querida por cuantos le conocieron, personalidad no exenta de los problemas y pruebas propias de una vida espiritual vivida en profundidad y seriedad. Gran devoto del Espíritu Santo, se confiaba a él para la orientación ordenada de toda su afectividad y en él confiaba toda su sensibilidad y pensamiento.
Su carácter y su propia personalidad y espiritual, fueron sin duda apoyos importantes para su manera peculiar de dar los Ejercicios. Lejos de la erudición y de la elocuencia, los ejercicios de Fabro mostraban al hombre sensible, al hombre del diálogo, del saber contactar con el interior del ejercitante. Ignacio nunca pensó en el que da los ejercicios como el conferenciante que ha de hablar a un grupo determinado y numeroso de personas; al contrario , los puntos han de explicarse breve y sumariamente. Para Ignacio el que da los Ejercicios es mucho más un confidente, que un orador o un teórico.
Con Fabro, el que da los Ejercicios encuentra un modelo que ayuda a integrar la experiencia espiritual en el contexto de la ayuda y de la colaboración con el que se ejercita para encontrar la voluntad de Dios.
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GERVAIS, P., “Ignace de Loyola et Jean de la Croix”, Christus, 179 (Juillet 1998), 352-363).
Sólo una cinquentena de años separan a estos dos creyentes. No obstante las diferencias importantes que encontramos a primera vista son numerosas: uno el hombre de la acción, el otro de la mística y la poesía; uno inmerso en la Devotio Moderna, heredero de los místicos renano-flamencos el otro; uno portador del método “nuevo” de los Ejercicios, otro adscrito a las tres tradicionales vías (purgativa, iluminativa, unitiva). Este artículo intenta destacar las diferencias, sí, pero sobretodo las afinidades que hay entre estas dos cumbres de la espiritualidad del siglo XVI.
Para los dos la persona humana guarda en sí la posibilidad de experimentar el amor de Dios, pero se distancian en el modo como acceder a él. Juan prefiere la vía de la nada, o del negarlo y de negarse a todo para acceder al solo Dios; Ignacio opta por la vía del tanto quanto, del valor de las cosas en función de lo que ayudan al hombre para la consecución del fin para el que es creado: servir, alabar y hacer reverencia a Dios N.S.
La consolación. Ignacio habla en los Ejercicios de dos tipos de consolación: consolación sin causa, aquella que se produce en el alma por la sola actuación de Dios, sin intermediarios, y consolación con causa, en la que pueden participar intermediarios (ángeles) y servirse de las realidades criadas. Para Juan, por el contrario, la consolación es sólo de Dios, sin causa; es más, para lograr a solo Dios, hay que renunciar a toda otra consolación posible: “Y no quieras enviarme de hoy más mensajero que no saben decirme lo que quiero” (Cántico, estrofa 6). Para Ignacio las criaturas pueden servir de medio, para Juan lo son en la medida que lo son en Él. Al excluir las criaturas como mediación de la presencia de Dios (consolación), Juan excluye, por tanto, el discernimiento de su sistema espiritual. Con Ignacio encontramos una espiritualidad de tipo apostólico, con Juan de tipo contemplativo.
La meditación y la contemplación. Para Juan, contemplación es toda forma de oración discursiva que tiene lugar por la memoria, el entendimento, la imaginación o la voluntad. Ahora bien, ninguna de estas facultades me permite conocer a Dios porque Dios está siempre más allá y sobrepasa todo conocimiento limitado por las potencias del hombre. Es necesario, pues, caminar en tinieblas, en oscuridad, confiando, sin saber nunca la total verdad sobre Dios, hasta que Él la infunda en la contemplación. en el paso de la meditación a la contemplación donde se opera la conversión fundamental.
Ignacio atravesó en su vida por un momento de parecida y singular importancia en Manresa. Allá le permitió el Señor superar la etapa de meditación (Primera Semana) marcada por el sentimiento de pecado, los escrúpulos y los deseos de penitencia, para adentrarse en la etapa de la contemplación en la que Dios le enseñaba “como un maestro de escuela a un niño”.
Ahora bien, las contemplaciones sanjuanista e ignaciana son comprendidas de manera distinta. Para Juan de la Cruz la creación no es objeto de contemplación, sólo se realiza a través del Verbo, sentado a la derecha del Padre. Para Ignacio las criaturas sí pueden ser objeto de contemplación y tiene por centro a Jesús Señor “que por mí se ha hecho hombre”, por lo que la contemplación evangélica, se convierte encontemplación de los misterios de la vida de Jesús.
El paso de la meditación a la contemplación lo apunta Juan de la Cruz por las inclinaciones del alma que se encuentra ya satisfecha de la meditación y que no se siente ya inclinada a meditar a partir de alguna materia concreta, sino que, por el contrario, sólo busca reposo y paz en la amistad con el Señor. Ignacio ofrece una serie de medios que puedan ayudar al ejercitante y a quien le acompaña a pasar de la primera a la segunda semana: las repeticiones, el discernimiento de consolaciones y desolaciones, el examen ... medios que posibilitan descubrir la voluntad de Dios de seguir adelante en el seguimiento de Jesús.
Tal contemplación tiene un contenido: “conocimiento oscuro, general y amoroso” para Juan, “conocimiento interno del Señor que por mí se ha hecho hombre” para Ignacio. Se trata para los dos de un conocimiento amoroso, más allá de lo meramente intelectual. Para Juan es oscuro porque pertenece al ámbito de la fe, sólo puede ser general descartando toda forma, figura, representación... ya que Dios todas las supera. Para Ignacio la contemplación no es oscura; pueden darse momento de oscuridad en el proceso de Ejercicios, pero es la alegría de la consolación tanto de Primera y Segunda semana, la que pone luz en medio del proceso y ayuda a comprender por dónde desea Dios llevar al ejercitante. De la misma manera tampoco Ignacio llamará “general” a la contemplación, al contrario, remite siempre a contextos precisos, de lugar, de palabra, de gestos... La contemplación de la Encarnación o la de la aparición del resucitado pueden servir de ejemplos
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IGLESIAS, M.E., “A consolaçao, bússola da vida espiritual”. Itaici, 33 (Setembro 1998), 67-76.
Después de unos años de formulado secularismo en nuestra sociedad (allá por los años 60) estamos asistiendo a un renacer de la preocupación y de la búsqueda de la experiencia espiritual, de la personalización y comprobación personal de Dios en una sociedad que por sí misma ni lo facilita ni lo favorece.
Como, para el mismo Ignacio el camino de las “cosas de Dios” supone una novedad “¿qué vida es esta que agora comenzamos?” (Aut. 21) y necesita una pedagogía, un método, un camino. Ignacio reconoció desde un comienzo a Dios como su propio maestro (“maestro de escuela”) y precisó de acompañantes espirituales (recordemos la figura del confesor) que fueron guía y luz en el oscuro mar de las mociones.
Este artículo desarrolla uno de los puntos más característicos de la espiritualidad ignaciana surgidos de su propia experiencia, que es la consolación espiritual, medio para ir caminando en el proceso de seguimiento de Jesus, fiados de la presencia del Señor en nuestro propio camino.
La consolación es definida por Ignacio en el 316 de los EE. Se trata de un movimiento interior que primero inflama a la ánima en amor de su Criador y Señor; segundo puede provocar las lágrimas por amor de su Señor; y tercero puede producir un aumento de esperanza, fe y caridad y de alegría interior. Otra definición “indirecta” de la consolación, la encontramos en la definición de la desolación, en el 317 de los EE, de donde podemos concluir que la consolación trae luz y claridad, serenidad, mociones a lo alto, tranquilidad y paz, alegría y comunión. La consolación es el lenguaje habitual de Dios con la persona que lo busca.
Con todo, no toda consolación en sus diversas manifestaciones ha de ser identificada como originada en Dios, pues Ignacio alerta sobre la consolación bajo “apariencia de bien”. ¿Cómo distinguirlas? Por el proceso o camino que siguen los pensamientos. La consolación verdadera, que es de Dios, es pura en todo su proceso, desde el principio hasta el final, mientras que la falsa consolación, aquella que viene del mal espíritu provoca en algún momento del proceso, tristeza, turbación o debilidad. Ignacio invita, como método pedagógico, a caer en la cuenta de dónde y por qué se produjo la tal consolación “para que con tal experiencia conocida y notada se guarde para delante de los engaños del enemigo”. (334). La consolación que es de Dios nos invita a buscar a Dios y a su voluntad; se trata de algo más allá de una sensación agradable o de un sentimiento placentero. Es una entrega a Dios, una disponibilidad que supera todo posible sentimiento egoista centrado en el propio yo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Ir creciendo en esta actitud es la piedra de toque de la vida espiritual
La pregunta importante para nosotros es aquí ¿cómo podemos favorecer y cultivar la consolación? De varias maneras: el examen de la oración que nos vaya ofreciendo las huellas del lenguaje de Dios con cada uno. El acompañamiento espiritual que ayude a descubrir la senda del Espíritu en la propia historia. La vida comunitaria tanto en la familia como en las comunidades religiosas como fuente de alegría y de amistad. En fin, la vida diaria comprometida con el Reino de Dios puede ser para cada uno fuente y motivo de consolación.
La consolación espiritual es pues más que un sentimiento nuestro. Es una experiencia de encuentro y comunión con el Dios trino, un Dios que se hace encontradizo, que se deja sentir y tocar y que nos invade desde el lenguaje de la libertad. “Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoje a Él!” (Sal. 34,9). De cada uno depende expresar de la manera más adecuada esta experiencia.
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BIBLIOGRAFÍA IGNACIANA.
GONZÁLEZ MAGAÑA, E.El “taller de la conversión” de los EE.EE. Una oferta para jóvenes a la luz de las anotaciones 18, 19 y 20. Madrid, UPCo, 1998.
El objetivo fundamental de este estudio es analizar cómo, de acuerdo a su proceso personal, Iñigo López de Loyola llegó a construir un “taller de conversión” que ofreció a otros a través de los Ejercicios Espirituales.
Determinar qué tipo de ejercitantes se vieron favorecidos con la práctica del método ignaciano durante los primeros años de la Compañía de Jesús y, asímismo, conocer si los jóvenes fueron o no considerados sujetos idóneos para la experiencia de los EE.EE. “exactamente y en retiro” siguiendo las disposiciones de las anotaciones 18, 19 y 20.
El libro implica una amplia y detenida lectura de las fuentes directas que “Monumenta” ofrece y rescata el movimiento primero de los ejercicios más allá de los dados por Ignacio ayuda a comprender mejor la “opción preferencial por los jóvenes” realizada por el p rimer grupo de jesuitas. El libro sirve, en fin, a determinar en tiempos no fáciles, el destinatario y el método más adecuado para él/ella en el camino personal con Jesús.
TORRENS, J., The Word that Clamors. Jesuit Poetry That Reflects the Spiritual Exercices, Studies in Spirituality of Jesuits, St. Louis, Missouri, 30/3 (May 1998)60 pp.
Tal vez pueda sorprender a más de uno que la seria y metódica experiencia que Ignacio propone en su libro de los Ejercicios pueda ser expresada en poesía. Desde luego que no se trata de un sustituto de las contemplaciones, pero sí de textos bellos y acertados que pueden iluminar con su palabra aquella experiencia que uno, con frecuencia, no sabe expresar ni a sí mismo ni a Dios.
El autor organiza los poemas siguiendo la estructura “semanal” de los Ejercicios y ofrece el texto original (francés, español....) cuando se trata de poemas no ingleses. La mayor parte son autores norteamericanos a los que se suman otros de Colombia, de Australia o de Argentina. Una lúcida y original aportación no sólo para los amantes de la literatura, sino para todo aquel que reconoce en la poesía uno de los medios privilegiados para expresar la relación con Dios.
LÓPEZ TEJADA, D., Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Comentario y textos afines. Edibesa, Madrid, 1998. 1051 pp.
Esta nueva presentación del libro de los Ejercicios ayuda al lector, al que los da y al que recibe los Ejercicios “meterse en el ambiente en el que se escribió y conocer su finalidad”. Cada una de las partes del texto ignaciano se ilumina con testimonios “afines” de los primeros compañeros y colaboradores de Ignacio. Además otros textos de las Congregaciones generales, de la Sagrada Escritura, del Magisterio y de los padres y doctores de la Iglesia ofrecen su significado para la mejor comprensión del escrito ignaciano. No se trata de una yuxtaposición erudita y muy valiosa de textos, sino que el autor va tejiendo los números de los Ejercicios, amenizando los diferentes testimonios con breves y pedagógicas introducciones. Libro interesante de manera especial para el director de Ejercicios y para el estudioso de los mismos.
VARIOS AUTORES,Spirituality and Spiritual Guidance, The Way Supplement (1998/1), 156 pp.
Los siempre interesantes y novedosos suplementos de The Way nos ofrecen esta vez una serie de artículos sobre el acompañamiento espiritual (AE), tema abordado desde divesras disciplinas, lo cual siempre enriquece el objeto que se estudia. La importancia del AE ante la grandeza de Dios es abordada por Hamilton en el primer artículo. Gratton y Tucker tocan el tema acerca de la profesionalización del acompañamiento ¿es un carisma?, ¿hay que aprenderlo?, ¿qué papel juega en la vida del cristiano hoy? La perspectiva bíblica del AE, especialmente desde los escritos de Pablo y los evangelios, es iluminada por Dreitcer. Por su parte H. Gray sitúa el valor y la función del AE en la vida religiosa con el fin de lograr una integración en la misión de la comunidad religiosa. Callahan presenta el valor de la aportación de la mujer a la comprensión de Dios y enfatiza la relevancia de la comprensión de lo femenino en el acompañamiento. Por fin, la perspectiva intercultural nos viene dada gracias a las aportaciones de Rakoczy (Reflections on spiritual direction in cross cultural settings) y de Compaore (“Personal names and Spiritual Direction among the Moose”) quien se detiene en las prácticas religiosas de grupos de Burkina Faso.
NOVEDAD
Ignacio en Música. “Tras el rastro de Jesús. Oratorio musical”.
Música de Pedro Javier Sagüés; texto de William Hewett y adaptación de Juan Lorente.
Se trata de dos casetes y un CD que siguen los pasos de Ignacio en su Autobiografía organizados en 32 piezas, desde su juventud en Loyola hasta la Compañía en misión por todo el mundo. Junto con las cintas y el CD se reparte también un libreto con los textos. Los pedidos pueden hacerse a EDIBESA, c/ Madre de Dios 35 bis, 28016 MADRID (España).
Ud. Pregunte ...
PREGUNTA:¿Es necesaria la confesión en Ejercicios?
RESPUESTA:
Ignacio:
- la motiva: tres provechos: actualizar el dolor de los pecados, mayor conciencia de ellos y mejor disponerse a la Eucaristía;
- la recomienda, tanto en Ejercicios leves (18), como “en los que tienen mucho deseo de pasar adelante” (Dir. autógrafo, 14) o simplemente “deseo de pasar adelante para determinar estado” (ib.).
- la supone y da preparación para ella (Dir. 3: Notas de palabra) y
- la sitúa: “se hará mejor al final de los ejercicios de la primera semana” (44), (Dir, autógrafo 14).
-Desde luego, no forma parte de la relación del ejercitante con el que se los da (17), “mejor es, pudiendo, que otro le confiese” (Dir. 1,4).
- Lo fundamental para Ignacio es la experiencia de misericordia (53) que supone un reconocimiento de los pecados (examen). Experiencia que propone (y educa para ello) que sea expresada y vivida, de modo habitual, en el encuentro sacramental. -iniciativa de Dios saliendo al encuentro del hombre- cuya recepción recomienda.
- Los directorios, en su conjunto, refiriéndose a ella abundantemente (cfr. MI., series II, tom. II, Index. p. 822) se expresan en términos que resuenan más exigentes que los de Ignacio mismo.
- Desde un punto de vista práctico (y más, si no se trata de EE completos), ayudar al ejercitante a observar y a valorar su “deseo de pasar adelante”, puesto que se trata de un sacramento de crecimiento pascual. También para este asunto vale el criterio ignaciano de “se han de aplicar los tales ejercicios” (18).
AMIGOS EN EL SEÑOR
Del 30 de Agosto al 4 de septiembre se ha celebrado en Chantilly (Francia) eñ IV Coloquio de Historia y Espiritualidad de la Compañía. Asistieron más de 70 jesuitas venidos de los cinco continentes. El tema que se trató fue “Amigos en el Señor”. Cada día se presentó una ponencia: “Jesuitas contemporáneos como amigos en el Señor” (Howard Gray, sj), “Caridad en unión de corazones. Una exploración hermenéutica del período de Aquaviva” (Philippe Lécrivain), “Nueve amigos en el Señor...” (Javier Osuna) e “Identidad del Cuerpo S.J. Promover la unión y la cohesión en la Compañía de Jesús” (Franz Meures). Las actas saldrán próximamente publicadas en dos volúmenes de la revista CIS (Roma).
Los grupos de trabajo y las asambleas generales diarias permitieron la confrontación y discusión de diversas cuestiones sobre un asunto tan actualo en la Compañía como es el de la vida comunitaria y las relaciones entre los jesuitas. El P. Jacques Gellard, asistente “ad providentiam” del P. General, expuso en una ponencia final sus impresiones sobre algunos temas aparecidos en el Coloquio y su repercusión en la Compañía hoy día.
Los asistentes contemplaron la despedida de los jesuitas franceses de la casa de Chantilly, que desde el día siguiente pasaba definitivamente a otras manos. Los coloquios fueron puestos en marcha por iniciativa de Edouard Gueydan, con quien colaboraron últimamente Mark Rotsaert (Presidente) y Philip Endean (Secretario). Dentro de tres años el V Col.oquio pasará a celebrarse previsiblemente en el muy ignaciano Centro de Espiritualidad de Loyola, que ha aceptado la organización de estas fecundas sesiones de jesuitas interesados en la Historia y la Espiritualidad de la Compañía.
TEXTO:De la segunda Conferencia de Casiano, “Sobre discernimiento” (en CASSIAN, J., “On Discernment”, Conferences, The classics on Western Spirituality. Paulist Press, New Jersey, 1985 61-62.
“Recuerdo aquellos años cuando yo todavía era un niño que algunos hombres ya ancianos venían a visitar al abad Antonio para hablar con él sobre la perfección. Podían estar hablando durante horas, hasta que el tema propuesto alcanzaba su parte más interesante. Para bastantes de ellos la cuestión más importante era cuál de las virtudes o cuál de las observancias podría mantener al monje alejado de los engaños del maligno y hacerle perseverante en el camino hacia la perfección. Para algunos, mantenerse en las vigilias y los ayunos ayudaba a mantener una pureza de cuerpo y alma, lo cual favorecía la unión con Dios. Para otros, el desapego de todas las cosas ayudaría a mantener el corazón en solo Dios y por tanto favorecería la unión con Él. Otros pensaban que era necesario alejarse completamente del mundo y vivir en soledad y en silencio del desierto para poder estar junto a Dios. Por último hubo quien opinó que la práctica de la caridad, o sea, la hospitalidad, la asistencia a los necesitados (según aquello de Mateo 25) era el camino adecuado hacia Dios.
Por último el Abad Antonio intervino y dijo: “Todas estas cosas que habéis mencionado son buenas y ayudan al monje a vivir en unión con Dios. Pero hemos conocido a personas muy cumplidoras con sus vigilias, muy ardientes en sus ayunos, muy estrictos en su soledad y en su silencio y muy generosos en su atención a los hermanos y, sin embargo, muchos de ellos no alcanzaron el fin que al principio se habían propuesto. Es cierto que algunas de las virtudes antes comentadas crecieron en ellos, pero fue la ausencia de discernimiento lo que les mantuvo siempre alejados del fin. La ausencia en el camino de la ayuda de los ancianos les mantuvo alejados de la práctica del discernimiento, lo cual es lo que enesña al monje a caminar simpre en el camino de la verdad. El discernimiento es lo que la Escritura enseña acerca del ojo y la lámpara del cuerpo (Mt. 6, 22-23). Este ojo ve a través de todo pensamiento y acción del hombre, examinando e iluminando cada cosa que debemos hacer. Si este ojo no es fortalecido por el buen juicio y por un conocimiento bien fundado; si es oscurecido por el error o la presunción, provocará la oscuridad en todo el cuerpo”.
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