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Psychology Notes - Cultural Association for Psychology Research

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Consideraciones sobre el enfoque de la Teor�a del Attachment acerca del v�nculo afectivo materno-filial en la primera infancia

By Juan Carlos Garelli and Eliana Montuori


1. Las separaciones Tempranas

Introducci�n

La Teor�a del Attachment es, a nuestro juicio, el cuerpo de conocimiento cuyas conceptualizaciones nos parecen m�s rigurosas, prometedoras y fruct�feras para comprender el desarrollo socio-emocional de los ni�os. Nos permite seguir de cerca el desarrollo de sus v�nculos afectivos desde el nacimiento en adelante y c�mo �stos juegan un rol fundamental en la explicaci�n de porqu� algunos ni�os crecen felices y seguros de s� mismos, otros ansiosos y deprimidos y otros fr�os, agresivos y antisociales.

Las investigaciones emp�ricas que avalan estas afirmaciones han permitido al mismo tiempo un desarrollo y un enriquecimiento de las elaboraciones te�ricas referentes a la comprensi�n de la psicopatolog�a del ni�o y del adulto y la de sus relaciones personales (John Bowlby, 1969, 1973, 1980).

Entendemos por Attachment el vinculo afectivo que une una persona a otra especifica, claramente diferenciada y preferida, vivida como m�s fuerte y protectora, y que las mantiene unidas a lo largo del tiempo. Un individuo puede estar vinculado (attached) a m�s de una persona, pero siempre se trata de un n�mero peque�o de personas, nunca a muchas.

El vinculo que une el beb� a su madre es un attachment, siendo esta uni�n una conducta de tipo instintivo, surgida en el curso de la evoluci�n de la especie, por su innegable valor de supervivencia (en t�rminos darwinianos), (Darwin, 1859, Dawkins, 1976, Bowlby, 1969/82) . Para poder mantener el Attachment el individuo se encuentra munido del Comportamiento de Attachment (Attachment behavior), entendi�ndose por esto toda forma de conducta que tiene como resultado previsible el que un individuo obtenga o se mantenga en proximidad de otro individuo claramente diferenciado, preferido y protector.

Estas conductas, como toda conducta instintiva, se mediatizan a trav�s de sistemas comportamentales (Bowlby, 1969/82). La puesta en marcha de estos sistemas comportamentales va acompa�ada de intensas emociones, que surgen durante la formaci�n, el mantenimiento, la ruptura o la renovaci�n de un vinculo calificado como Attachment.

Es precisamente la ruptura del vinculo materno-filial, la que dio inicio a las observaciones e investigaciones, que finalmente desembocaron en la creaci�n de esta teor�a .

El efecto de las separaciones y en especial de la separaci�n de la madre en ni�os peque�os comenz� a ser estudiado en forma sistem�tica a partir de la segunda guerra mundial, cuando Europa en particular, y el mundo en general, viv�a y sufr�a los efectos de la guerra, con el consecuente cuadro desolador de los campos de ni�os hu�rfanos y sin familia que se extend�an por Inglaterra y el Continente.

Las consecuencias de las separaciones tempranas, ya sea temporarias como definitivas, sobre el desarrollo de la personalidad se pueden observar, en el corto plazo, a trav�s de cambios inmediatos en la conducta de los chicos, que luego describiremos, o m�s tard�amente en el largo plazo, a trav�s de alteraciones emocionales que perturban definitivamente el funcionamiento de la personalidad en los adultos.

El rol de las separaciones tempranas

A nuestro juicio, gran parte de la psicopatolog�a puede ser comprendida como la psicopatolog�a de las vicisitudes de los v�nculos afectivos tempranos y posteriores de un individuo. Las separaciones tempranas, por sus efectos distorsionadores de los primeros v�nculos, son un agente provocador de patolog�a psicol�gica que es menester tomar en consideraci�n. La conciencia que exist�a en la sociedad del efecto de las separaciones tempranas para el futuro desarrollo del ni�o ha ido atenu�ndose desde la segunda guerra mundial hasta hoy en d�a, en que esos acontecimientos parecen ya lejanos, con la subsiguiente consecuencia de que �stos tienden a no ser suficientemente tomados en cuenta y sus ense�anzas a ser deso�das.

Durante la d�cada 1940-1950 muchos investigadores, entre ellos destacamos a Anna Freud (1971, 1976), Dorothy Burlingham (1944), James Robertson (1958), Heinicke y Westheimer (1966), describieron las dificultades que se encontraban en la crianza de los ni�os separados de sus madres y dise�aron investigaciones para estudiar el problema en forma sistem�tica. En la misma �poca, Spitz (1958) publicaba sus estudios sobre las caracter�sticas de los ni�os de pocos meses abandonados por sus madres, criados en instituciones sin ninguna figura materna, ni siquiera substituta.

Los efectos de las separaciones se hab�an comenzado a observar ya durante la guerra, cuando el padre de familia era llamado al combate y la madre quedaba sola al cuidado de los hijos, por lo tanto muy frecuentemente los ni�os deb�an quedar al cuidado de otra persona. De modo que, en los pa�ses intervinientes en la 2� Guerra Mundial se pudieron ver, estudiar y sufrir los devastadores efectos de las separaciones parento-filiales en ni�os peque�os.

En 1954 Bowlby a partir del resultado de estas investigaciones en su informe para la OMS recomienda: "Es esencial para la salud mental que el beb� y el ni�o peque�o tengan una relaci�n �ntima, c�lida y continua con su madre en la que los dos encuentren alegr�a y satisfacci�n".

Por lo tanto, las separaciones temporarias que algunos ni�os sufren, generalmente por causa de fuerza mayor, fueron tomadas por Bowlby como el paradigma del estudio de campo para la observaci�n de los efectos de �stas sobre los ni�os en su primera infancia.

Separaciones temporarias

Bowlby (1969/82) y Robertson (1958) describieron una secuencia de tres fases en la conducta de ni�os de entre quince y treinta meses de edad, criados por sus madres en forma exclusiva y que por primera vez deb�an temporariamente separarse de ellas y pasar un periodo en una instituci�n.

Estas tres fases son las siguientes:

Fase 1: de Protesta
Fase 2: de Desesperaci�n
Fase 3: de Desapego

Fase de protesta: La fase inicial de protesta se inicia a poco de partir la madre y dura desde unas pocas horas hasta una semana aproximadamente. Durante esta fase el ni�o est� ansioso, nervioso, excitado, llora intensa, larga y fuertemente, golpea y sacude su cuna, busca a su madre, tiene expectativas de que vuelva pronto, pregunta por ella y se niega a recibir ayuda o consuelo de otras mujeres que se le acerquen, rechaz�ndolas. Cuanto mejor la relaci�n con su madre, mayor el grado de ansiedad que el ni�o muestra en esta etapa, la ausencia de la etapa de protesta es indicadora de una relaci�n insatisfactoria previa con la madre.

Fase de desesperaci�n: durante esta fase su excitaci�n psicomotriz empieza a disminuir, llora con menos intensidad en forma m�s mon�tona, est� distante e inactivo y su conducta sugiere desesperanza, empieza a dudar de que su madre vaya a volver.

Nada le interesa, no se conecta con el medio que lo rodea, y se pasea de ac� para all� sin objetivos, como sinti�ndose profundamente deprimido.

Fase de desapego: En esta fase desaparece la excitaci�n psicomotriz, el chico deja de llorar y empieza nuevamente a interesarse por el medio que lo rodea, parece como si se estuviera recuperando. Ya no rechaza a las enfermeras u otras personas desconocidas a su cargo: acepta sus cuidados, la comida y los juguetes que le ofrecen y a veces hasta sonr�e y est� m�s sociable. Pero cuando la madre viene a visitarlo se encuentra con un ni�o cambiado, que parece haber perdido todo inter�s en ella, parece no reconocerla, se mantiene indiferente, ap�tico y distante. Sin embargo, peri�dicamente se observan sollozos, ataques de agresividad, no desea compartir sus juguetes con los otros ni�os y los esconde para que no se los quiten.

Si su estad�a es suficientemente prolongada, poco a poco puede llegar a perder inter�s en las personas e interesarse cada vez m�s en los objetos materiales, juguetes, caramelos y comida. Ya no se lo ve m�s ansioso frente al cambio de enfermeras, idas y venidas de los padres, ya no hace m�s caprichos, ya no le tiene m�s miedo a nadie, ni le importa de nadie.

Las reacciones de los ni�os muestran la influencia que la separaci�n de la madre tiene sobre ellos y los mecanismos psicol�gicos defensivos que se movilizan para sobreponerse a la perdida.

Es necesario tener en cuenta que si bien estas tres fases se observan en todos los casos, la duraci�n e intensidad de cada una var�a seg�n el ambiente en el que el ni�o transcurre su per�odo de separaci�n de la madre. Para el beb� es muy diferente si queda a cuidado de un pariente conocido y en su propia casa que si es trasladado a una instituci�n, un hogar para ni�os, p. ej., y lo mismo ocurre con la persona o personas destinadas a su cuidado: resulta mucho m�s traum�tico para el ni�o no contar con una figura estable que lo cuide, tal como sucede en los asilos.

Es de notar que el reencuentro posterior con la madre tambi�n muestra a un ni�o alterado emocionalmente y afectado psicol�gicamente en su relaci�n con la mam�. Reconciliarse con la mam� despu�s de la separaci�n le llevar� un tiempo que depender� de la duraci�n de la separaci�n y de las caracter�sticas del v�nculo que previamente ten�a con su madre.

La vuelta a casa: Al reencontrarse con la madre por primera vez, despu�s de un periodo de d�as o semanas de alejamiento, todos los chicos muestran alg�n grado de desapego m�s o menos duradero; en general en concordancia con la duraci�n de la separaci�n.

Algunos no la reconocen, otros se alejan, otros se muestran asustados o inexpresivos.

Despu�s de esta primera etapa de desapego, viene una etapa en que los ni�os se muestran marcadamente ambivalentes hacia sus padres: se muestran caprichosos, d�scolos, exigentes, pegotes, desobedientes, a veces desafiantes y hostiles y lloran amargamente cuando la madre se va, muy atemorizados de que el abandono prolongado vuelva a repetirse, la reciben llorando y a veces enojados por haber sido abandonados una vez m�s, etc.

Las madres se encuentran con ni�os muy distintos de los que hab�an dejado, en cuanto al car�cter se refiere. Esta fase puede durar largo tiempo: desde semanas hasta meses, dependiendo, en gran medida, de la actitud de la madre y de su tolerancia a las demandas contradictorias de su ni�o, y de su relaci�n previa con �l. Muchas veces ocurre que el ni�o parece completamente recuperado y su conducta no muestra diferencias respecto de las de ni�os que no sufrieron separaciones en la vida diaria, pero frente a situaciones fuera de lo habitual suelen mostrarse m�s t�midos o ansiosos que el resto de los ni�os. En este sentido los efectos de las separaciones tempranas pueden pasar desapercibidos o ser olvidados y volver a observarse s�lo tiempo despu�s, a veces cuando el individuo ya es adulto.

Las separaciones cotidianas

Las reacciones de los ni�os peque�os a las separaciones anteriormente descriptas llamaron la atenci�n de los investigadores y los llevaron a estudiar las respuestas llamativamente similares, aunque menos intensas, observables en la vida diaria, durante separaciones que duraban desde un par de horas hasta un d�a. Se tom� como objeto de estudio el ingreso al jard�n de infantes o la ida a un centro de investigaci�n que investiga las separaciones cotidianas (!).Adem�s, con el objeto de tener evaluaciones confiables en esta suerte de microan�lisis de las relaciones tempranas entre el beb� y su madre, se vio la necesidad de idear tests para examinar estas respuestas.

De estas investigaciones y de las de separaciones brev�simas en un setting experimental (Ainsworth, (1978, 1982) se arriba a las siguientes conclusiones:

a) Los ni�os r�pidamente detectan la ausencia de la madre y muestran cierto desasosiego y preocupaci�n que va desde la ansiedad hasta la angustia intensa. Paralelamente dejan de jugar completamente o casi completamente.

b) Los ni�os no se reponen r�pidamente despu�s de la reuni�n con la madre.

c) Muchos ni�os muestran reacciones de enojo por haber sido dejado solos

d) En general los varones muestran mayores signos de stress que las nenas.

e) Los chicos quedan sensibilizados frente a la situaci�n experimental de separaci�n, puesto que si el experimento se repite reaccionan con m�s intensidad.

De aqu� surge la recomendaci�n de que, en la medida de lo posible, los ni�os no ingresen al jard�n de infantes antes de los tres a�os o de que en caso de que esto suceda, se preste atenci�n a los s�ntomas que puedan surgir o, lo que es m�s importante a�n, a la ausencia de s�ntomas.

Existe el prejuicio que un chico normal de entre dos y tres a�os no deber�a llorar ni resistirse frente a la partida de su madre y que si lo hace, esto indica que la madre lo malcr�a o lo sobreprotege.

Volvemos a insistir que, contrariamente a lo que habitualmente se piensa, lo normal es que el beb� proteste, llore, grite y se resista en�rgicamente a cualquier tipo de separaci�n durante los primeros tres a�os de vida, y que la pronta aceptaci�n por parte del ni�o de la partida de la madre debe hacernos sospechar que existe patolog�a en el v�nculo.

De los tests que se han ideado para estudiar la reacci�n de los ni�os frente a las separaciones, el de la Strange Situation de Mary Ainsworth (1978) es considerado de gran valor diagn�stico, a punto tal que hoy en d�a se usa en la cl�nica de ni�os para evaluar la calidad del v�nculo entre ellos y sus madres a los 12 meses de vida.

Se distinguen dos tipos de separaciones parento-filiales: las f�sicas y las emocionales, estas �ltimas de por s� merecen ser tratadas en forma especial y exceden los l�mites de este trabajo. Llamamos separaciones f�sicas cuando por cualquier causa (enfermedad, viaje, muerte) el ni�o est� f�sicamente separado de sus padres por un tiempo variable (entre 24 horas y varios d�as). Denominamos separaciones emocionales -o mejor ser�a llamarlas socio-emocionales- cuando no existe separaci�n f�sica, pero se verifican ciertos par�metros observables de desconexi�n psicol�gica de la madre con el beb�.

La separaci�n f�sica de los padres significa un importante stress psicol�gico para los ni�os peque�os, muchas veces con consecuencias para el desarrollo de su futura personalidad, pero no s�lo la separaci�n f�sica, sino tambi�n la falta de contacto emocional y afectivo profundo puede dejar severas huellas en el ni�o. Una madre emocionalmente ausente debido a la causa que fuere: depresi�n, preocupaci�n por otras cuestiones: ya sea econ�micas, de enfermedad, afectivas, tambi�n es un factor de stress en la crianza de ese ni�o.

Mucha de la psicopatolog�a que hoy en d�a observamos, en ni�os y en adultos, est� relacionada con la problem�tica del abandono espiritual -socio-emocional- de los ni�os: delincuencia, psicopat�a, trastornos psicosom�ticos y los Ataques de P�nico, etc., que cada vez son un motivo m�s frecuente de consulta al m�dico en general y al psiquiatra. El inter�s desmedido por los bienes materiales, el insaciable ansia de poder, la codicia tan frecuentemente observadas en nuestra sociedad de consumo, objeto de gran preocupaci�n de fil�sofos y pensadores muchas veces remite a la fase de desapego antes mencionada.

Hoy en d�a se sabe que la psicopatolog�a puede ser entendida desde el punto de vista de las vicisitudes de los v�nculos afectivos de un individuo desde la infancia hasta la adultez. La psicopatolog�a del miedo y la ansiedad cr�nicas (Garelli, 1983) son un ejemplo de esto, siendo derivadas de separaciones, o amenazas de separaci�n de las figuras amadas.

Por fin concluimos junto con Bowlby (1988) que: "Ser un padre exitoso implica un duro trabajo. Cuidar a un beb� o a un ni�o que empieza a caminar es un trabajo de veinticuatro horas diarias, durante los siete d�as de la semana.....Actualmente para la gente �sta es una verdad desagradable. Dedicarles tiempo y atenci�n a los ni�os significa sacrificar otros intereses y actividades....Diversos estudios indican que los adolescentes y adultos j�venes, sanos,felices y seguros de s� mismos son el producto de hogares estables en los que ambos padres dedican gran cantidad de tiempo y atenci�n a los hijos....Por razones pol�ticas y econ�micas diversas la sociedad no les brinda a los padres esta posibilidad" (p�g. No. 2).

Bibliograf�a:

Ainsworth, M. (1982) Attachment: retrospect and prospect. In: CM Parkes & J. Stevenson-Hinde (eds.) The place of attachment in human behaviour. New York: Basic Books.

Ainsworth, M. et al (1978) Patterns of attachment. Lawrence Erlbaum.

Bowlby,J. (1954) Los cuidados maternos y la salud mental. Editorial Humanitas

Bowlby, J. (1969/82) A&L, vol. 1: Attachment. Basic Books.

Bowlby, J. (1973) A&L, vol. 2: Separation. The Hogarth Press.

Bowlby, J. (1980) A&L, vol. 3: Loss. The Hogarth Press.

Bowlby, J. (1988) A Secure Base. Routledge, London

Burlingham, D & Freud, A (1944) Infants without Families. Reprinted in Reports on the Hampstead Nurseries 1939-1945. New York: International Universities Press, 1973

Darwin, C. (1859) The Origin of Species. Pelican Classics (1979).

Dawkins, R. (1976) The Selfish Gene. OUP.

Freud, Anna (1971) Normalidad y Patolog�a en la Ni�ez. Editorial Paid�s

Freud, Anna (1976) Psicoanalisis del Desarrollo del Ni�o y del Adolescente. Editorial Paid�s

Garelli, J.C. (1983) Bases biologicas del miedo y la angustia (Biologicalbases of fear and anxiety). Buenos Aires, Psicoanalisis, 5, 477-503

Heinicke, C. & Westheimer, y. (1966) Brief Separations. New York: International Universities Press

Robertson, J. (1958). Young children in Hospital. London: Tavistock, Second Edition, 1970

Spitz, R (1958) El Primer A�o de Vida del Ni�o.Aguilar


Eliana Montuori M.D.
(Attachment Research Center - Buenos Aires)
e-mail: [email protected]

Juan Carlos Garelli M.D. Ph.D.
(Department of Early Development - Buenos Aires)
e-mail: [email protected]


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