SEMINARIO DE LOGOTERAPIA PARA PROGRAMA "ESCUELA DE VIDA"

            Participantes al Seminario "Introducci�n a la Logoterapia", conducido por el Licenciado Miguel Molla, desarrollado durante 15 horas de clases, entre el 23 de Junio y el 21 de Julio de 2000.
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Psic�logos y usuarios del Programa de ayuda para personas con problema de drogas, "Escuela de Vida"  presidido por religiosa Misionera Montfortiana, Anna Mar�a Coughi, Sor Emma.


 

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 La obra de Madre Emma

Nace el 06 de Junio de 1935 en Castellmassa, Rovigo (Regi�n del Venetto), Italia. Hace su primera profesi�n de votos como religiosa en 1959 y su profesi�n perpetua en 1964, gradu�ndose de enfermera profesional en Italia. Llega al Per� el 11 de Octubre de 1967 y trabaja en la posta m�dica de �a�a. El a�o 1967, viaja a Yanahuanca, Cerro de Pasco, Provincia de Daniel Carri�n, y vive en la zona rural trabajando en la salud de la poblaci�n, en la posta m�dica. Como an�cdota cuenta que muchas veces tuvo que ir a caballo para ayudar a nacer a ni�os de pueblos lejanos o curar y asistir enfermos graves. Permanece all� hasta 1975 en que viaja a Italia y regresa el mismo a�o para trabajar en el Hospital de "Bravo Chico" y luego en la Cl�nica "La Santa" de Chaclacayo, por 5 a�os. En 1980 trabaja en la barriada "La Taboadita" del Callao en la formaci�n de postulantes. En 1981 vive en Huanuco trabajando en la salud de zonas rurales. En 1989 viaja a Italia y realiza su formaci�n en la Programas de comunidad Terap�uticos de lucha contra las drogas en C.T. de Pavia (cerca a Mil�n), conociendo a los Padres Santino Brambilla y Luciano Cicerrelli que tambi�n trabajaban un programa con el modelo del CeIS. En 1989 funda "Escuela de Vida" y es apoyada entre otras por las  misioneras Hna. Elizabeth y Hna. Benedetta (Beny) muy recordada.  Ha sido representante de la conferencia episcopal peruana ante el S�nodo sobre Droga en el Vaticano. Su obra es una  Comunidad Terap�utica de especial m�rito. Es una persona muy querida entregada a ayudar a los que sufren, con un carisma muy elevado, propio de su espiritualidad monfortiana

Extractos copiados de la p�gina  que proveen  en Internet los Misioneros Monfortianos.

 

 

La Espiritualidad de San Luis Mar�a de Montfort

San Luis Mar�a de Montfort es conocido probablemente sobre todo por su devoci�n a la Sant�sima Virgen. Pero su espiritualidad particular se basa en el misterio de la Encarnaci�n de Jesucristo, y es verdaderamente cristoc�ntrica. Es un error considerarla como una espiritualidad �nicamente "mariana". Las l�neas que siguen pretenden hacer una s�ntesis de ella. Para una presentaci�n m�s completa, le remitimos al art�culo Spiritualit� montfortaine en el Dictionnaire de Spiritualit� montfortaine.


Las siglas empleadas en el texto son:
ASE Amor de la Sabidur�a Eterna
VD Tratado de la Verdadera Devoci�n a la Sant�sima Virgen
SM Secreto de Mar�a
CT C�nticos

S�ntesis de la espiritualidad monfortiana

La divisa de san Luis Mar�a de Montfort, que repite m�s de 150 veces en sus escritos, era "Dios Solo" Esta divisa manifiesta que para �l, Dios es el �nico valor absoluto; solo �l da sentido a todo lo que existe. Pero tambi�n manifiesta que s�lo Dios es suficiente: "Dios solo basta" (CT 28:23). Se requiere pues ubicar en el contexto del absoluto de Dios todo lo que �l dir� de la historia de la salvaci�n y de nuestra vida personal. A decir verdad, cuando san Luis Mar�a habla del lugar de los humanos en la creaci�n, comienza por Dios y su designio en el cual �l ve el amor. Se puede distinguir en el pensamiento de san Luis Mar�a un movimiento descendente y tambi�n un movimiento ascendente.

Un movimiento descendente

Para san Luis Mar�a todo comienza por el Padre, cuyo �nico deseo es compartir su amor a la creaci�n. Crea al ser humano para que sea la imagen perfecta de su belleza y perfecci�n: "Su admirable obra maestra, la imagen viviente de su belleza y perfecciones, el vaso maravilloso de sus gracias, el tesoro admirable de sus riquezas y su �nico lugarteniente en la tierra" (ASE 35).

Sabidur�a de Dios


Esta afirmaci�n concuerda con la interpretaci�n de la Sagrada Escritura y la de numerosos autores espirituales. Pero lo que le distingue de otros autores es que cuando habla de este amor de Dios y de lo que Dios desea para la humanidad, recurre a los "libros sapienciales" del Antiguo Testamento, particularmente al libro de la Sabidur�a y al de los Proverbios. Considera la Sabidur�a como una persona que proclama: "Yo estaba junto a Dios y dictaba leyes con precisi�n tan perfecta y con variedad tan agradable a la vez, que todo era como un juego con el cual me divert�a y complac�a a mi Padre" (Prov 8,30-31) (citado en ASE 32). La tradici�n cristiana ha identificado a esta persona de la Sabidur�a como si fuera Jesucristo, la segunda persona de la Sant�sima Trinidad, el Hijo. San Luis Mar�a hizo de este nombre de Jesucristo, Sabidur�a divina eterna y encarnada, su nombre preferido. En efecto, esta Sabidur�a de Dios es quien, seg�n la Escritura, ama a los humanos con un amor infinito y desea, a cambio, ser amada. "Esta eterna y soberanamente amable belleza tiene deseo tan vivo de la amistad del hombre, que para conquistarlo ha escrito expresamente un libro (el libro de la Sabidur�a), manifestando en �l sus excelencias y los deseos que tiene de los hombres. Libro que es como una carta de la amante a su amado para ganar su afecto. Los deseos de poseer el coraz�n del hombre que manifiesta en �l son tan apremiantes, la solicitud que revela para ganarse su amistad es tan delicada, sus llamadas y anhelos son tan amorosos, que -al o�rla hablar - se dir�a que no es la soberana del cielo y de la tierra y que para ser feliz necesita de los hombres" (ASE 65).

El pecado y la salvaci�n


Pero, san Luis Mar�a reconoce tambi�n que, aunque creados para ser "la imagen viviente de la belleza de Dios", los humanos han dejado que el pecado trastorne el plan de Dios: " Pero �oh desgracia suprema!... �Este vaso de Dios se quiebra en mil pedazos!" (ASE 39). Entonces, Dios que ama siempre a la humanidad, se propone librarla del estado de postraci�n en que se encuentra: "Me parece ver a esta amable Soberana convocando y reuniendo por segunda vez a la Sant�sima Trinidad para decidir la restauraci�n del hombre, como lo hab�a hecho cuando la creaci�n" (ASE 42), y la Sabidur�a Eterna se ofrece para salvar a la humanidad: "�Proceder asombroso! �Amor incomprensible llevado hasta el extremo! La amable y soberana Princesa se ofrece ella misma en holocausto al Padre para satisfacer su justicia, aplacar su c�lera, liberarnos de la esclavitud del demonio y de las llamas del infierno y merecernos una eternidad feliz" (ASE 45). La encarnaci�n es entonces decretada, y la "Sabidur�a Eterna" se hace la "Sabidur�a Eterna y Encarnada". Para san Luis Mar�a, como para la mayor�a de los miembros de la llamada "Escuela francesa de espiritualidad", la Encarnaci�n es el misterio central del designio de Dios para la salvaci�n de la humanidad. En este misterio se revelan, no s�lo el amor de Dios por los humanos, sino tambi�n el medio que les permitir� beneficiarse de los frutos de este designio.

La encarnaci�n


Para san Luis Mar�a, la Encarnaci�n es no s�lo un acontecimiento (el Hijo de Dios que se hace hombre), sino tambi�n una realidad nueva para la humanidad y tambi�n para toda la creaci�n. Es un estado que contiene todo lo que Jesucristo ha hecho y cumplido como hombre-Dios. La Encarnaci�n contiene el "misterio pascual" - la muerte y la resurrecci�n de Cristo que sella nuestra salvaci�n. Considera toda la vida de Cristo como la manifestaci�n de su amor y la realizaci�n del designio de Dios. Pero en todo este conjunto, considera el sacrificio de la muerte de Cristo (la Cruz) como "el m�s grande secreto del Rey" - el m�s grande misterio de la Sabidur�a eterna" (ASE 167). "La raz�n m�s poderosa que puede impulsarnos a amar a Jes�s, la Sabidur�a encarnada, es, a mi juicio, la consideraci�n de los dolores que quiso padecer para mostrarnos su amor" (ASE 154). La Cruz, mas que el castigo que Dios impuso a Cristo en nuestro lugar, es el testimonio definitivo de su amor por nosotros. Este amor es lo que constituye la victoria. Aunque san Luis Mar�a no habla casi de la Resurrecci�n de Cristo, la Cruz es para �l el triunfo del amor sobre el pecado y el odio y de la vida sobre la muerte.

El rol de Mar�a


En el misterio de la Encarnaci�n, san Luis Mar�a ve tambi�n el puesto de Mar�a. Aunque El era libre para escoger el medio que quisiese para realizar su designio de salvaci�n, ("este gran Se�or, siempre independiente y suficiente a s� mismo, no tiene ni ha tenido absoluta necesidad de la Sant�sima Virgen para realizar su voluntad y manifestar su gloria") (VD 14), Dios juzg� bueno servirse del consentimiento libre de Mar�a y de su docilidad al Esp�ritu para que se realice la Encarnaci�n y, por ella, la salvaci�n de la humanidad. "Habiendo querido Dios comenzar y culminar sus mayores obras por medio de la Sant�sima Virgen" (VD 15). Cuando ella da su libre consentimiento, representa por decirlo as�, a la humanidad de todos los siglos, que por Ella da su consentimiento. Ella se convierte as� en el "tipo" o figura de la Iglesia, asamblea de todos los humanos que entran en el misterio de salvaci�n. San Luis Mar�a desarrollar� este tema mucho m�s ampliamente cuando dir� c�mo esta salvaci�n debe realizarse para toda la humanidad.
Este movimiento descendente del amor de Dios manifestado en la Encarnaci�n de la Sabidur�a eterna y encarnada por la salvaci�n de la humanidad, gracias a la cooperaci�n de la Virgen Mar�a, y que culmina con el triunfo de la Cruz de Cristo, es para nosotros una invitaci�n de Dios a aceptar y acoger su designio de amor. Pero es necesario que demos una respuesta libre.

Un movimiento ascendente

San Luis Mar�a afirma que nuestra respuesta a la llamada de Dios debe ser conforme a la manera como esta llamada se nos manifiesta y se realiza en la historia. Como �l mismo afirma, Dios no cambia: "Es de creer que no cambiar� jam�s de proceder; es Dios, y no cambiar� ni en sus sentimientos ni en su manera de obrar" (VD 15; ver Mal 3,6; Rom 11,29; Heb 1,12). Como Dios se hace hombre al encarnarse su Hijo, estamos invitados a "revestirnos de la naturaleza divina" transform�ndonos en imagen de Jesucristo, para volver a encontrar as� el estado que nos hac�a "la imagen viviente de la belleza (de Dios)" (ASE 35). Dicho de otra manera, necesitamos llegar a ser conformes a la Sabidur�a eterna de Dios, manifestada en Jesucristo, o, como dice Luis Mar�a, estamos invitados a "adquirir y conservar la divina Sabidur�a" (ver ASE 203).

La b�squeda de la Sabidur�a

 

La felicidad se encuentra en la adquisici�n de la divina Sabidur�a. En ASE, san Luis Mar�a considera otras clases de sabidur�a (medios para lograr la felicidad) y las desprecia todas porque son ineficaces e indignas del llamado sublime dirigido a la humanidad , ver ASE cap. 7). Solamente respondiendo con amor al amor de Dios y convirti�ndonos as� en imagen de Jesucristo, podremos lograr nuestra finalidad. Pero para amar a Cristo, Sabidur�a eterna y encarnada, necesitamos primero conocerlo. "�Se puede amar ardientemente lo que s�lo se conoce imperfectamente?...Conocer a Jesucristo, la Sabidur�a encarnada, es saber lo suficiente. Saberlo todo, pero no conocerlo a El, es no saber nada" (ASE 8,11). Estamos, pues, invitados a conocer a Jesucristo, Sabidur�a de Dios, luego a amar lo que hemos aprendido a conocer y, finalmente, a conformarnos a su imagen. Con muchos otros en la Iglesia, san Luis Mar�a llama a este proceso Consagraci�n. Este proceso se inicia en el Bautismo que, como dice san Pablo, nos "incorpora" en Cristo.

Jes�s el �nico salvador

 

Jesucristo es el fin hacia el cual tendemos. En todos nuestros esfuerzos no puede haber ning�n otro fin: "El fin �ltimo de toda devoci�n es Jesucristo, Salvador del mundo, verdadero Dios y verdadero hombre. De lo contrario, tendr�amos una devoci�n falsa y enga�osa. Jesucristo es el alfa y la omega, el principio y el fin de todas las cosas...Efectivamente, s�lo en Cristo habita realmente la plenitud de la divinidad y todas las dem�s plenitudes de gracia, virtud y perfecci�n. S�lo en Cristo hemos sido bendecidos con toda bendici�n del Esp�ritu. Porque El es el �nico Maestro que debe ense�arnos, el �nico Se�or de quien debemos depender, el �nico Modelo al que debemos asemejarnos" (VD 60-61). Jesucristo es el �nico Se�or. Nuestro �nico fin es establecer su reinado en el mundo.

El camino de Mar�a


Pero, como lo dice tambi�n san Luis Mar�a, necesitamos tomar el mismo camino escogido por Dios. Este camino que ha tomado su amor para venir hasta nosotros ha pasado por Mar�a. En nuestra ascensi�n hacia Dios necesitamos seguir el mismo camino: "Por medio de la Sant�sima Virgen Mar�a vino Jesucristo al mundo, y por medio de Ella debe tambi�n reinar en el mundo" (VD 1). Sin embargo, es necesario advertir que Mar�a no es el s�lo y �nico camino; ella no es la meta de nuestro viaje, sino el reinado de Jesucristo, el reinado de Dios. La devoci�n a Mar�a es un medio para llegar a esta meta. Tambi�n es un medio entre varios para adquirir la divina Sabidur�a, siendo con todo, "el mejor medio y el secreto m�s maravilloso para adquirir y conservar la divina Sabidur�a" (ASE 203), precisamente porque Mar�a ha sido el medio escogido por Dios para realizar su designio de amor.

La "perfecta" devoci�n a Mar�a - la consagraci�n total


La devoci�n a Mar�a ser� "el mayor medio...para adquirir y conservar la divina Sabidur�a" a condici�n de que sea "aut�ntica" o "verdadera" y no falsa, superficial o imaginaria. San Luis Mar�a reconoce que hay muchas formas de devoci�n a Mar�a que responden a los criterios de la "verdadera" devoci�n, pero sostiene que entre todas las devociones hay una que es "camino f�cil, corto, perfecto y seguro para llegar a la uni�n con el Se�or" (VD 152). Consiste en consagrarse totalmente a Mar�a para consagrarse totalmente a Jesucristo. La finalidad �ltima no es, pues, la consagraci�n a Mar�a sino a Cristo. Pero sostiene que �sa es la manera m�s segura para realizar esta consagraci�n, que �l considera id�ntica a la consagraci�n de s� mismo en el bautismo, pero hecha de una manera m�s personal y consciente. Las razones por las que privilegi� a Mar�a como camino que conduce a esta consagraci�n son: a) porque Mar�a ha sido el camino escogido por Dios para testimoniarnos su amor y b) porque Mar�a es la criatura consagrada a Dios por excelencia, en su Hijo, y es para nosotros modelo de consagraci�n. Una vez m�s ella es la "figura o tipo" de la Iglesia, del conjunto de los disc�pulos de Cristo, puesto que ha sido la perfecta disc�pula e imitadora de su Hijo.

La forma que propone de devoci�n a Mar�a, y por ella a Cristo, se llama a veces "consagraci�n", aceptando que en sentido estricto, "consagraci�n" no puede aplicarse m�s que en relaci�n con Dios. Tambi�n dice que prefiere hablar s�lo de Consagraci�n a Cristo, Sabidur�a eterna y encarnada, por las manos de Mar�a. Pero cita otras expresiones que hoy se podr�an emplear muy bien. Otro tanto se puede decir de la expresi�n "santa esclavitud", con que se designa durante su vida esta devoci�n. En nuestros d�as esta expresi�n puede parecer chocante e inaceptable.

El "Secreto" de Mar�a

 

Como sab�a muy bien que esta forma de devoci�n no se presentar�a de golpe muy atractiva para todos, san Luis Mar�a la consideraba como un "secreto", es decir algo no conocido por todos. Exig�a un estudio m�s profundo para percibir su valor, pero que, una vez aceptado, producir�a preciosos frutos. Por ello, habla de Mar�a como un "secreto" "�Feliz, una y mil veces en esta vida, aquel a quien el Esp�ritu Santo descubre el secreto de Mar�a para que lo conozca!" (SM 20).

La Cruz


Otro "secreto" en que insiste para asegurar una conformidad real con Cristo y la adquisici�n de la divina Sabidur�a, es el secreto de "la Cruz". As� como la Cruz de Cristo ha sido la victoria m�s grande de la Sabidur�a divina y la m�s grande prueba del amor de Dios por nosotros, as� tambi�n la aceptaci�n de la cruz en nuestras vidas constituye un medio seguro para entrar en el movimiento que nos lleva a Dios. Se trata de la aceptaci�n del sufrimiento inevitable cuando se busca permanecer fiel a los compromisos con Dios, y de la aceptaci�n de otras formas de sufrimiento que pueden tener como efecto purificar nuestra conciencia y nuestras intenciones, por ejemplo, la "mortificaci�n". La Cruz es "la insignia, el distintivo y arma de todos sus elegidos" (ASE 173). La "mortificaci�n" es uno de los medios esenciales para adquirir la Sabidur�a divina (ver ASE cap. 16). San Luis Mar�a jam�s considera la cruz como algo negativo sino siempre como compa�era y consecuencia del amor, tanto en el movimiento descendente del amor de Dios hacia nosotros como en el movimiento ascendente de nuestro retorno hacia �l.

Se podr�a resumir la espiritualidad monfortiana con la f�rmula: "A Dios solo, por medio de Cristo-Sabidur�a, en el Esp�ritu, en comuni�n con Mar�a, por el reino de Dios".



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