Sin Miedo a Nada
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
- ¿Qué estás haciendo? –
preguntó, entrando intempestuosamente.
Shun se apresuró a esconder lo que tenía en la mano.
- Nada... – respondió un poco intimado – tan solo te estaba
buscando...
- ¿Para qué?
- Necesitaba preguntarte algo... pero ya no tiene sentido... – se dio
vuelta y salió de la habitación.
Sobre la cama se hallaba la maleta abierta, a medio llenar, tal como la había
dejado hacía rato. ¿Qué podía estar haciendo Shun
en su habitación? Era difícil de saberlo.
Dio vuelta observando todos los objetos que allí se hallaban. Todo
estaba igual. Tomó algunos y los tiró sobre la cama; eso es
lo que llevaría.
“Siberia” pensó “muy pronto lo veremos”, y
sintió una punzada en el corazón. No quería irse.
Pero...
¿Por qué quedarse?
No tenía ganas de seguir sufriendo.
“Sufrir”
¿Por qué sufrir?
¿Por estar a su lado?
No lo sabe.
Si tan solo...
Lentamente terminó de armar su equipaje y se recostó. Le esperaba
una noche muy movida.
**********
“¿Por qué te tienes que ir?... ¿por qué
me dejas solo?... te vas, mi amor... y me duele... ¿por qué
no puedo contarte cuanto sufro por ti?... ¿Qué pensarás
en este momento?... no puedo reprocharte tu abandono, si nada nos ata...”
Tenía su foto en la mano. Recostado en la cama, pensaba en el futuro
sin él. Lentamente, el dolor iba creciendo dentro suyo. El eterno reproche
volvió a su mente.
“Nunca”
**********
“El vuelo 475 de Russian Airlines con destino a Rusia, anuncia su partida
de las 22:45 por la puerta 21” anunció la operadora del aeropuerto.
- Ese es mi vuelo – comentó Hyoga, con una triste sonrisa en
los labios.
- Shun parece que no va a venir – era la primera vez que Seiya notaba
la ausencia de alguien – pero no te vayas triste por eso... que tengas
un buen viaje... te estaremos esperando...
Aunque eso no le importaba mucho ahora, muy dentro de su corazón quería
que Shun lo hiciera; que lo esperara hasta que tuviera el valor de hablar
con él.
- Adiós a todos...
Con tristeza lo vieron desfilar por el pasillo hacia el avión.
Nadie notó que en ese momento había otra persona observándolo
todo; que no le quitaba los ojos de encima al cisne; y que se fue cuando ya
no quedaba rastro del avión que lo alejó del su amor.
**********
Era la vigésima vuelta que daba en la cama, y la trigésima que
miraba la hora. No podía conciliar el sueño. Cada vez que cerraba
los ojos lo veía irse, alejarse de él; y sentía su corazón
romperse.
Se fue.
“Soy un cobarde”
“Si tan sólo pudiera verlo... decirle cuanto lo amo”
“No puedo... ganaría su odio... no soportaría eso... Además...
está su verdadero amor... contra él no puedo luchar...”
**********
- Si que le afectó la ida de Hyoga...
- Es verdad... nunca lo vi tan mal... en Shun se entiende, pero él...
Todos sabían del amor mutuo que se profesaban Hyoga y Shun, aunque
no se lo confesaban.
Ya habían pasado tres semanas. Todos extrañaban a Hyoga, en
especial Shun; pero había alguien más que sufría.
- La semana que viene es el cumpleaños de Shun...
- ¿Qué podemos regalarle?
- Estaba pensando en algo especial...
**********
“FELIZ CUMPLEAÑOS”, decía la tarjeta n el sobre
que encontró sobre su almohada.
Con un poco de tristeza lo abrió. Lentamente se dibujó una sonrisa
en su rostro cuando vió lo que había dentro. Cerró los
ojos, y volvió a mirar. Era un pasaje a Rusia. No lo podía creer.
Saltó de la cama y fue a bañarse. Cuando salió, volvió
a mirar el pasaje. Aún no podía creer que hubieran acertado
en su deseo.
Bajó corriendo a la cocina, donde estaban sus amigos.
- Feliz cumpleaños, Shun – Seiya fue el primero en saludarlo
– espero que te guste el regalo...
- Por supuesto... muchas gracias
- De nada... feliz cumpleaños – lo saludó Shiryu
- Gracias
- Muchas felicidades, otouto – lo abrazó Ikky, casi quitándole
el aire con el apretón
- Gracias... hermanito... – apenas pudo responder
- Así que aquí estás – dijo Sahory, entrando en
la cocina – ven... feliz cumpleaños... – y le dio un fuerte
abrazo – te hacía preparando tu equipaje para ir a Siberia...
o acaso no viste la fecha?...
**********
Estaba preparando las maletas. Iba y venía por toda la habitación,
acomodando cosas. No podía pensar en nada, por fin vería a su
amor.
- Shun... estás ahí?... – una voz preguntó del
otro lado de la puerta
- Sí... pasa...
Cuando entró observó el desastre que había en la habitación.
Ropa por todos lados, cosas por el piso. Y Shun, casi corriendo de un lado
a otro.
- Si que estás atareado aquí... – le dijo, siguiéndolo
con la vista
- Es que el pasaje es para hoy... debo estar listo... no quiero olvidar nada...
- Se lo extraña... como me gustaría que volviera... ¿a
ti no?
- Sí, claro que me gustaría que estuviera aquí
- Entonces por qué no lo convences?
- Convencerlo de qué?
- De que vuelva
- No podría hacer eso... Hyoga debe estar donde quiere... yo no puedo
influir en su decisión...
- Debes – le dijo seriamente.
Shun se detuvo a mirarlo un segundo. La idea no estaba mal, pero no podría
hacer que Hyoga volviera contra su voluntad.
**********
- Shun!!!!... – fue lo único que entendió en el barullo
del aeropuerto de Rusia.
- Hyoga!!!!...
Y corrieron uno hacia el otro.
Durante todo el camino a Siberia, fueron hablando de distintas cosas. Se contaron
todo lo que habían vivido desde que se separaron.
Para Hyoga era como iniciar su vida de pareja, aunque no pudiera expresarse
abiertamente. Estaba demasiado nervioso. Su amor por Shun había crecido,
y la idea de pasar algún tiempo juntos, solo, le había seducido
desde que se la mencionaron. Tenía planeado unos excelentes días
para tratar de entretener (léase “seducir”) a Shun.
A Shun, por su lado, la idea de pasar unos días con Hyoga, le producía
cosquillas en la panza. La alegría de verlo se mezclaba con el sufrimiento
y la angustia de amarlo en secreto; lo que le recordó la conversación
que había tenido el día anterior con su amigo.
**********
“Están solos... es terrible pensarlo...”
No soportaba que Hyoga y Shun estuvieran juntos. Se amaban, lo sabía.
Lo había notado en tantas oportunidades.
“No puedo dejar que suceda... pero no tengo oportunidades... no siente
lo mismo que yo....”
Una nueva aguja se clavó en su corazón , provocando más
dolor que las que ya estaban allí.
“Si tan solo tuviera una oportunidad...”
“El sueño de que me ames”
“Hyoga... si no fuera tan cobarde”
“Si no te hubieras fijado en él... si no existiera”
“Tú lo amas como yo a ti...”
“No puedo interponerme entre ustedes...”
**********
- Qué los cumplas feliz ...
Shun no podía creer que hubiera preparado una fiesta de cumpleaños.
Lo veía, incrédulo, venir con un pastel, cantándole el
feliz cumpleaños. Algo le decía que esa noche era especial.
- ¿Tu preparaste todo esto para mi?
- Claro, te lo mereces.
Y le regalo una de sus dulces sonrisas.
La noche fue avanzando, y los brindis se sucedían. La botella de Champagne
ya estaba llegando a su fin. Se acercaba el momento de la verdad, la primera
noche juntos (y solos). El corazón de Hyoga dio un salto. Temía
lo que podía llegar a pasar. Estaban empezando a perder el control
de sus actos y sus palabras.
- Sabes... lo único que me hace infeliz es una pena de amor... –
Shun ya se hallaba bajo los efectos del alcohol.
“Pena de amor... sufre por alguien... quién es tan malvado como
para hacerlo sufrir... yo no lo haría penar por mi...”
- Y ¿por quién?
- No, no, no... no te lo diré... no debes saber que me enamoré...
tengo prohibido decírtelo... – empezó a delirar Shun.
- Y quién te lo prohibe? – preguntó Hyoga, con más
dominio de sí mismo que su compañero.
- Nadie – y comenzando a llorar – yo mismo soy mi propio enemigo...
- Creo que debes ir a dormir... estás borracho...
- No Hyoga... no me obligues a hacer lo que no quiero... – el champagne
sí que lo había intoxicado – no quiero dormir contigo...
- No es necesario que lo hagas... – y muy profundamente albergó
esperanzas.
- Pero... quiero hacerlo....
Lo miró con un dejo de ilusión.
“Será verdad... no, no puede ser... es mi imaginación,
y el amor, que me hacen pensar cualquier locura...”
- ¿Por qué? – había algo de ansiedad en su voz.
- Porque te amo...
Miró fijo a los ojos esmeraldas que tenía enfrente, y besó
los labios rubíes que se le ofrecían. Lo besó con la
furia de la prohibición que significaba amarlo en secreto; derrumbando
todas las barreras que le hicieron huir de él, intentar odiarlo para
no amarlo tanto, callar por temor a su rechazo. Por primera vez, en mucho
tiempo, se sentía libre y feliz.
**********
Casi un mes había pasado desde que Shun se fue a Siberia. Su miedo
parecía confirmarse día a día; sino, por qué Shun
aún no volvía, si no era porque se habían confesado que
se amaban. Algo, muy dentro suyo, le decía que ya no tenía oportunidades
con Hyoga. Por dentro se reprochaba cada vez más el no haber hablado
cuando podía.
“Todo lo que me pasa me lo merezco, soy un perfecto cobarde... no tengo
derecho a seguir pensando en él, a seguir amándolo como lo hago...”
Tomó la foto de Hyoga. La observó un rato, sintiendo su corazón
destrozarse.
“Desearía que Shun jamás existiera... que tu jamas te
hayas fijado en él... que yo hubiera podido hablarte... que no fueras
correspondido...”
- Aquí estabas – interrumpieron sus pensamientos.
- ¿Qué deseas? – respondió amoscado.
- Nada... tan solo contarte que Shun volverá mañana...
- ¿Y eso qué?
- Que vendrá con Hyoga...
Por un instante vio la posibilidad de decirle a Hyoga cuanto lo amaba. Pero,
luego pensó en que su regreso significaría que Shun lo hubiera
aceptado, que estaban juntos.
Otra vez una punzada muy profundo. Se amaban y los odiaba por ello; pero,
aún así, seguía amando a Hyoga.
**********
- Tengo que hablar contigo – Shun sonaba algo molesto.
- ¿De qué? – la idea de hablar con él le molestaba.
- Sobre nosotros
- Nosotros?... qué tenemos que hablar de nosotros?... que yo sepa no
hay nada de que hablar
- Si... – estaba tratando de no enojarse – hay algo que nos incumbe
a los dos... Hyoga
- No quiero hablar de eso contigo
- Pues... lo harás... Hyoga y yo somos pareja, así que te pediré
que te hagas a un lado definitivamente... creías que no me iba a dar
cuenta de tu propósito
- ¿De qué estás hablando?
- De la declaración de amor que le hiciste esta mañana...
Se quedó estático. ¿Cómo podía saber Shun
sobre lo que habló esa mañana con Hyoga? “Seguro que fue
el mismo Hyoga el que se lo contó” Había mucha fidelidad
entre ellos.
- Eso ya no importa... él me rechazó... por tu causa...
“esto me recuerda que tengo que alejarte de él” pensó
con algo de malicia, viendo esa como la única solución a sus
penas.
**********
“Ya tienen que estar durmiendo... hace mucho que se retiraron...”
Salió de su habitación y fue hacia la cocina. Sabía que
Shun se levantaba todas las madrugadas a tomar un vaso de leche, que dejaba
preparado antes de acostarse. Lo que tenía que hacer era vaciar a ampolla
en el vaso. Esto terminaría con su problema.
Le habían asegurado que el cianuro sería difícil de detectar
en una autopsia, aunque todavía no estaba muy convencido.
Se acercó a la puerta de la habitación que compartían
su amor y su víctima. Ambos dormían abrazados y sonrientes.
Por un instante dudó en su empresa, pero tenía que separarlos
de alguna forma.
Ya en la cocina, tomó el vaso de leche y le mezcló el líquido
de la ampolla.
“Ya está... ahora a tranquilizarse y esperar... mañana
por la mañana serás libre para mi, Hyoga”
**********
Se despertó y se sentó en la cama. Hyoga dormía. Se tomó
unos minutos para pensar donde había quedado su ropa.
- ¿Qué haces?... mi amor
- Nada... busco la camisa para ir por mi vaso de leche...
- Tu camisa... – penso mientras se sentaba – deja que yo vaya
por la leche... y te la traigo a la cama...
- Cómo me mimas!... te estaré esperando...
- Ya regreso... – le dio un beso en la boca y salió de la habitación.
Fue hacia la cocina y no le costó encontrar el vaso de leche de su
amado Shun.
Al ver el líquido blanco, sintió ganas de probarlo. “No
creo que Shun se moleste porque le falte un sorbo a su leche”
**********
“Se tarda mucho...” Estaba algo preocupado, aunque le ganó
el sueño. Sin darse cuenta se quedó profundamente dormido, y
no se dio cuenta de que Hyoga no había subido a acostarse de nuevo
a su lado.
Se despertó sobresaltado, miró a su lado. “No puede ser
que aún no venga a dormir...”
Se levantó y fue hacia la cocina. Cuando llegó allí,
no pudo más que gritar al ver el cuerpo de Hyoga tirado en el piso.
- ¡¡¡ Hyoga!!! – se acercó desesperado –
despierta...
Pero se hallaba inmóbil en medio de la habitación.