Si
tu supieras... Amor
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Las
noches de invierno en Japón…tan frías, nunca lo fueron tanto como ahora.
“Olvídame”
Fue lo último que tus labios pronunciaron antes de que te marcharas.
El viento revolvía sus cabellos escondiendo una lágrima que escurría por el
fino rostro de porcelana.
Tan fácil para ti decirlo.
Qué ironía… lo que para ti es una vana y simple palabra para mi lo es
todo… ¿Cómo lo hago Hyoga? Porque ya lo intenté miles de veces. Tantas
veces me he dicho “Olvídalo” y tantas veces me he prometido que lo haría,
pero no puedo… una y otra vez las promesas se han roto… Ya ni siquiera
creo ni en mi mismo.
Sus pasos se detuvieron al fin, llevaba ya muchas horas caminando por las
solitarias playas de Japón, se dejó caer sobre sus piernas y miró aquel
astro luminoso en el cielo
¿Cómo hacer para olvidarte?
¿Cómo se olvida lo que más se ama en la vida?
Cómo olvidar tus ojos… tus manos… tus sonrisas discretas… cómo olvidar
un “Te amo”
Es inútil...ya todo lo es. Tu voz llega a mi como un susurro del viento y
tus caricias las siento tatuadas en cada centímetro de mi piel.
Suspiró profundo y en un movimiento rápido cepillo su cabello echando para
tras los mechones que cubrían su frente.
Veo esa luz brillante que alfombra la oscuridad del inmenso mar ante mis
ojos. ¿Y si pudiera alcanzarla? ¿Y si pudiera tocarla y fundirme en ella?
Tal vez entonces tu resplandor desaparecería.
Se puso en pie y echó a un lado el grueso abrigo que lo cubría al igual que
los zapatos dejando que la suave arena acariciara sus pies desnudos. Sin
llevar prisa alguna comenzó a caminar en dirección al horizonte, la espuma
de las olas de mar comenzaba a rozar sus tobillos.
¿Cuántas noches como ésta han pasado? Era invierno también cuando te
fuiste y aún recuerdo lo que tu corazón piadoso me dio por consuelo...
“El tiempo te ayudará a olvidar”
¿Pero cuánto tiempo más debe pasar? Porque para éste tonto corazón no
ha pasado ni un solo día, te sigue amando igual que antes, quizá hasta más.
El agua ya cubría su cintura.
Sin explicaciones… simplemente te marchaste llevándote todo, en mi no
dejaste nada ni siquiera odio. Tú, egoísta ser! Todo te llevaste.
Pero sabes… si hay un momento en el que me siento bien: cuando mis ojos
se pierden en la profundidad del sueño y mi razón se esparce por las
longitudes de la inconsciencia, entonces tú estás ahí, conmigo, y, todo
vuelve a ser como los días en que nos faltaban horas para estar juntos,
cuando me abrazabas, me besabas y nos volvíamos un solo ser.
Las olas desestabilizaban su cuerpo atreviéndose algunas a tocar su suave
mentón. Miró aquel resplandor que se desfiguraba entre las olas y siguió
avanzando hasta que todo su cuerpo terminó cubierto con el cobijo de las
aguas saladas que envidiosas morían por devorar aquella inapreciable ofrenda.
Lentamente su cuerpo comenzó a hundirse en la profundidad de aquella
oscuridad. Sus ojos abrieron, el resplandor brillaba sobre él…tan cercano.
Estiró su brazo para tratar de tocarlo.
“Hyoga”
Pequeñas burbujas escaparon de su boca cuando con una sonrisa pronunció aquél
nombre. El bálsamo de agua dulce que brotaba de sus ojos se hermanaba con el
manto salado que lentamente opacaba el resplandor que su mano inocente aún
trataba de alcanzar. El sueño había comenzado.
Los rayos de sol golpearon su rostro terminando con aquel sueño. La espuma
del mar aún alcanzaba sus piernas que se habían enterrado ligeramente sobre
la arena, levantó su tórax y miró a unos metros sus cosas, se incorporó y
caminó hasta ellas. Sus ropas y cabellos estaban empapados de suerte que el
abrigo y zapatos no habían sido alcanzados por la marea.
Se tomó algún tiempo para contemplar el amanecer… si… otro amanecer más.
Minutos más tarde.
Había logrado llegar a su habitación sin que nadie lo viera entrar, se quitó
las ropas húmedas y se metió a la regadera. Minutos después ya estaba en la
cocina sirviéndose un poco de jugo.
Su hermano entró a la cocina y parecía que le diría algo pero en el último
momento se arrepintió, limitándose a mirarlo y resignado le palmeó un par
de veces el hombro.
- Shun te encuentras bien?
Era la pregunta de todas las mañanas… y como todas las mañanas la
respuesta fue la misma: una dulce sonrisa para su hermano.
-Estoy bien Ikki.
-¿Shun dónde te habías metido? –Seiya había entrado a la cocina- Estuve
buscándote… Recuerdas que quedamos de ir a comprar los regalos?
-Lo olvidé por completo… lo siento.
-Pero no respondiste la pregunta Shun -Aún sin que lo quisiera Ikki se
preocupaba por la tristeza que desde hace meses reflejaba la mirada de su
hermano- ¿En dónde estabas?
-Precisamente salí a comprar los regalos… sabes que estos días las tiendas
están repletas de gente, quise ir temprano para evitar las multitudes.
–Tantas veces ya había mentido a su hermano y a sus amigos… que importaba
una más. Prefería eso a preocuparlos y que lo inundaran con preguntas a las
que no podría contestar.
-¿Y qué compraste?
-En realidad no encontré nada que me gustara.
En ese momento Shiryu cargando un montón de cajas entró a la cocina, dejó
las cosas sobre la mesa y entonces prestó atención a los demás.
-Amigos no quisiera interrumpir su reunión pero tenemos cosas que hacer,
tendremos visitas importantes ¿Recuerdan?. Ikki, Saori está buscándote creo
que quiere los papeles de no sé que proveedor. Y tú Seiya… me vas a ayudar
con la cena o no?
Ikki suspiró no de muy buena gana. Ya tantas veces le había dicho a Saori
que no le gustaba que le hablaran de trabajo cuando estaba en la mansión.
Pero Ikki también sabía la ley de oro “negocios son negocios”
-Shun quiero hablar contigo más tarde -Se levantó y salió de la cocina.
Después que su hermano se marchara automáticamente su sonrisa desapareció.
-Shiryu, y yo? Te ayudo en algo?
-No es necesario, Seiya yo podemos con esto. Desayuna tranquilo… creo que
hay fruta en la nevera.
-En realidad no tengo apetito. Déjame ayudarles en algo…
-De acuerdo, falta colocar algunos adornos en la fachada de la casa. Sería de
mucha ayuda que los pusieras.
-Claro.
Salió de la mansión en busca de los adornos, a un costado de la puerta
principal estaba la escalera metálica de triángulo y un montón de luces
escarchas y adornos.
En realidad había sido buena idea, aquello le entretuvo varías horas, poco a
poco fue colocando las luces y las escarchas y buscó el lugar ideal para cada
uno de los adornos. Uno más y terminaba. Al centro del portón puso la
escalera y trepó a ella hasta el escalón más alto, parándose en puntas fue
que alcanzó a poner aquel letrero de “Feliz Año Nuevo” sobre uno de los
marcos más altos. Y listo, había terminado, sonrió complacido de su trabajo
y levantó la mirada para ver como había quedado aquel letrero. Pero su
mirada se encontró directamente con los rayos de sol, con un resplandor que
le hizo recordar el que vio mientras permanecía sumergido en las aguas
saladas del mar y, como en aquel entonces, estiró su mano para intentar
atraparlo. De lo que menos cuenta se dio fue que el equilibrio de sus pies
sobre la escalera se perdió y cayó de ella.
Un par de brazos atraparon su cuerpo antes de que golpeara contra el piso.
Shun entonces le miró pero sus ojos seguían segados con el resplandor de los
intensos rayos del sol. Y no fue hasta que su vista regresó a la normalidad
que pudo distinguirle.
Mejor sus ojos hubieran sido segados por siempre.
Tras aquel resplandor el rostro de Hyoga se hizo visible.
-¿Oye estás bien?
¿Qué si estoy bien? No…, tiene mucho tiempo que no lo estoy. ¡Por qué
me haces esto! Por qué vienes a revivir mi corazón.
-¿Shun?
-Si…estoy bien, lo lamento creo que resbalé. Bájame por favor.
Hyoga obedeció aquella petición.
-Qué sorpresa… no sabía que nos visitarías.
-En realidad no es una visita, le pedí a Saori que no dijera nada.
Cómo sea… me alegra verte, te ves muy bien -Haciendo un esfuerzo hizo a un
lado el dolor de aquella presencia y dejó que la alegría de ver a un amigo
tomara su lugar.
Hyoga sonrió ante el comentario. Eso no cambiaría nunca, Shun siempre tenía
ese efecto en él, y quiso devolver aquel gesto… pero la verdad era que Shun
no se veía nada bien… estaba mucho más delgado, su rostro más pálido y
aquella tristeza en sus ojos no pasaba desapercibida para él que tan bien le
conocía.
-¿Y los demás?
-Están adentro. Vamos… les dará gusto verte.
Y así fue, Seiya fue el primero en abrazarlo, Shiryu perdió aquella
serenidad con una sonrisa generosa se formó en su rostro al estrechar la mano
de su amigo.
-Bienvenido! que alegría que hayas regresado! -Seiya le sirvió alguna bebida
y se sentó en la silla frente a Hyoga- Cuéntanos ¿Cómo has estado?
Aquella alegría no le permitió a ninguno de los tres percatarse que Shun los
había dejado desde hace un par de minutos.
Subió corriendo a su habitación, cerró con llave y se echó sobre la cama
para que aquella almohada ahogara el intenso llanto que se le escapaba del
alma.
Ikki que recién terminaba los asuntos con Saori vio a su hermano correr de
esa forma hacia su habitación. Dejó los papeles sobre uno de los sofás de
la sala y de inmediato siguió a su hermano.
Un par de toquidos en la puerta de la habitación de su hermano… y nada.
-Abre la puerta… tenemos que hablar.
-No Ikki por favor… ahora no. –Gritó tratando que su voz sonara como
normalmente se escuchaba.
-Shun por favor… abre la puerta.
-Iré más tarde a tu cuarto… déjame ahora…
-Shun con mil demonios! Abre la puerta... es una orden!
La llave al girar sonó y la puerta lentamente se abrió. Shun desviaba su
mirada para no tener que ver a su hermano.
-¿En qué puedo ayudarte hermano?
Ikki entró y cerró la puerta, tomó suavemente el brazo de su hermano y
ambos se sentaron sobre la cama.
-¿Qué está pasando contigo Shun?
-Nada.
-Y entonces ¿Por qué llorabas?
-No lo sé… estas fechas… me deprimen un poco…
Ikki tomó el mentón de su hermano para que ambas miradas se encontraran.
-¿Eso merezco de ti? Si es así entonces vuelve a decir otra mentira.
Shun negó mientras las lágrimas volvían a escapar de sus ojos.
Ikki no pudo resistir el sufrimiento de su hermano, lo arropó en su pecho y
escondió sus labios entre los cabellos peliverdes.
-¿Qué tienes Shun?... Por favor…. Dímelo… te lo suplico.
-¡¡Vamonos Ikki!!... ¡¡No quiero estar aquí!! -Decía entre llanto- A dónde
tú quieras… pero vamonos ya…
En ese momento la puerta se abrió, Shiryu aparecía con un vaso de agua en su
mano, se detuvo algunos segundos al mirar aquella escena, había alcanzado a
escuchar las palabras de Shun, y ver sufrir de esa manera a su pequeño amigo
le dolió en el alma. Sin decir nada volvió a cerrar la puerta dejando en
privacidad a los dos hermanos.
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-Ahora comprendo todo.
-Para eso volví Seiya…
La conversación de Hyoga y Seiya se interrumpio cuando Shiryu entró y azotó
la puerta al cerrarla.
-Vaya… creo que quedó atrancada
-Ahora no Seiya -La voz seria le contestó. Shiryu caminó hasta Hyoga y sin
decir más así de la nada estrelló su puño contra el rostro del rubio.
-¡Shiryu! -Seiya de inmediato le reclamó tal acto.
-Escúchame bien Hyoga… ¡Tu estúpido orgullo le está destrozando el alma!
Y yo simplemente no puedo ver sufrir de tal forma a uno de mis hermanos y
quedarme así como si nada sucediera. Ellos van a marcharse para siempre… y
será sólo tu culpa.
Sin decir más Shiryu dejó la cocina haciendo una señal a Seiya para que lo
siguiera.
Hyoga llevó su mando a su rostro en la zona donde el golpe había asentado.
“Se marchará para siempre”
Varios minutos después la puerta de la cocina volvió a abrirse, Ikki entró
por ella. Las miradas de ambos chicos se cruzaron por un segundo pero ninguno
se atrevió a decir nada. Ikki puso a calentar un poco de agua y sacó algunos
sobres de té.
Hyoga podía sentir la hostilidad que había provocado su presencia, tal vez
Ikki a quién menos esperaba encontrar era a él, y eso sería porque ya lo
sabía todo.
-Ikki… yo llevaré eso.
-¡Aléjate de él!
Shun permanecía acostado en la cama, su mirada perdida en los rayos de sol
que aún iluminaban su habitación.
La puerta se abrió, su hermano había regresado con el té, y él lo que
menos tenía eran ganas de tomar té.
-Déjalo por ahí lo tomaré más tarde. –Dijo sin voltear a verle.
-Tu hermano tiene razón, te caerá bien. –Se sentó a un lado del cuerpo
tendido sobre la cama.
“Es Hyoga” Su mirada se estremeció más el resto de su cuerpo no
se movió ni un centímetro.
-anda Shun… toma un poco de té.
Shun se incorporó y tomó la taza que Hyoga le ofrecía.
-¿Es porqué regresé? Lo lamento.
-No, está es tu casa. - Le dio un sorbo al liquido tibio- Y más bien soy yo
el que tiene que pedirte perdón… no pude… -dudó un momento- …no pude
hacer lo que me pediste Hyoga. Pero ese es mi error -Se adelantó antes de que
el rubio hiciera preguntas- y entonces soy yo el que se tiene que ir. Yo sólo…
-una gota que escurría de su rostro cayó justamente en la taza que sostenía-
…no pude olvidarte como me pediste.
-No llores Shun, no hay condena más dolorosa que ver caer tus lágrimas.
–Retiró la taza de té de las manos de Shun y la dejó sobre la mesita
cercana a la cama. No llores más. No tienes razón de hacerlo. –Limpió el
camino formado por aquellos cristales líquidos. Acercó su rostro al del otro
chico y lentamente depósito un sutil beso en los labios finos que ligeramente
temblaban- Lamento mucho haberte hecho tanto daño… soy un idiota.... pero
el resto de mi vida lo dedicaré a enmendar mi error y suplicar por tu perdón.
-Yo te perdono Hyoga… te perdonaría todo… pero por favor… no te vuelvas
a marchar.
-No lo haré “¿Cómo lo haría? Si cada día que estuve lejos me enamoré
más de ti”.
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La noche había llegado a la mansión Kido, todo lucía espectacular lleno de
luces, música y alegría. Todos estaban sentados a la mesa esperando que el
reloj sonara. Shiryu retiraba la botella de vino que Seiya casi se había
bebido por completo, Saori platicaba amenamente con Julian y algunos de los
invitados que su amigo había llevado, Ikki reía ante las bromas de algunos
de los socios de su nueva empresa y en ocasiones miraba fascinado a su pequeño
hermano que sentado del otro lado de la mesa junto a Hyoga quien le abrazaba,
sonreía felizmente, tal vez como nunca antes había sonreído.
El reloj comenzó a sonar, todos alzaron sus copas y brindaron por la dicha
del año que nacía. Dos en la mesa se miraban, para ellos no sólo era un año
que comenzaba, era la vida misma la que renacía.
F i n
Fic inspirado en la canción:
“Si tú supieras... amor”
de: Miguel Ángel