Mis sentimientos por tí
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Adoro tanto sentirte tan cerca, descubrir por error
que me miras, para hacerte esquivar la mirada.
Ese se tu gran error, por que al desviar tus ojos de los míos no puedes darte cuenta que yo también me quedo mirándote, perturbado y sin saber que hacer para que tus hermosos ojos vuelvan a verme.
Solo me quedo embelesado viendo tu silueta, tu rostro de perfil imaginándome que tu estabas mirándome de la misma manera que yo lo hago ahora.
Y recorro con mi vista la caída de tu pelo sobre tu hombro, mientras que una delicada mano lo vuelve a su lugar, detrás de tu espalda.
Sigo por tu mejilla pálida, ahora descubierta, que parece estar hecha de marfil, un poco ruborizada por saber que te descubrí observándome.
Subo mas por tu rostro y me encandilan tus ojos, esos ojos que no se si son azules o tienden a ser verdes, quizás si me dejaras verte mas de cerca podría acertar su color.
Aun nervioso, al darte cuenta de que no he apartado la vista de ti, tus manos no dejan de moverse. Unos mechones rebeldes molestan tu visión y también la mía, pero lo sacas poniéndolos detrás de te oreja, dejándome seguir observándote.
Hay dios... Fue como verte en cámara lenta, tus dedos enredándose en tu cabello, tus ojos entre cerrados y esa sonrisa que dejaste escapar entre un suspiro liviano.
Repaso mi mente y caigo en la realidad de que nunca me había sentido igual, nunca me puse a describir ni siquiera a las personas que yo realmente creí que amaba, nunca me puse a escribir cosas tan románticas y cuidadas, queriendo poner todo mi corazón en esas palabras.
Daría lo que fuera, mi alma, mi vida, aun lo que no tengo, pero lo conseguiría para ti. Todo para saber que piensas, que sientes por mi.
Ahora vuelvo a la realidad y mi alma se congela, cuando veo cambiar esa sonrisa por un rostro serio y me muero por sentarme a tu lado, para preguntarte... “como estas?”.... “estas bien?”... “cuéntame quiero ayudarte”; pero no puedo, a tu lado esta tu hermano que sostiene su brazo alrededor de tu hombro, y yo muero de celos al ver como le regalas tu mejor sonrisa, dulce, tierna y sincera.
Ikki me descubre fijándome molesto, obligándome a dejar de mirarte, algo que no me agrada en lo mas mínimo ni en lo absoluto, pero lo hago para no enfrentarme a él.
Recorro la sala con la vista y encuentro a Shiryu sentado junto a Sunrey en un sillón, y en otro a Seiya y a Sahorí, ambos hacen muy lindas parejas, pero quedamos impares y en mi opinión tu hermano parece sobrar.
Vuelvo a desviar mi vista, esta ves hacia la ventana y fijo mi mirada en las estrellas en el firmamento, dejando que mi mente me lleve a esos momentos en que tu hermano no estaba. Una de ellas fue cuando el murió, no fue algo que me alegrara, el verte caer en un profundo dolor, solo aliviado con las lagrimas me rompía el corazón, pero ahí estaba para tratar de consolarte.
Ese momento es el mayor recuerdo que atesoro, fue cuando entre a tu cuarto después de un rato de golpear sin que contestaras, y te encontré acostado boca abajo con una almohada en la cabeza. Me senté a un lado de la cama y rocé tu espalda para llamarte.
Tu te levantaste y me miraste, tenias los ojos rojos de tanto llorar, bajaste tu mirada y sin decir nada te ofrecí mi abraso en donde comenzaste a llorar de nuevo.
Después de un tiempo de estar acariciándote el cabello, comenzaste a calmarte, tus latidos ya eran mas normales, al igual que tu respiración. Y así mas suelto apoyas tu cabeza en mi pecho.
Ya totalmente calmado el sueño te invadió, y creo que sintiéndote seguro en mis brazos dejaste que te lleve completamente.
Así te tuve entre mis brazos durmiendo, hasta que luego te acosté en tu cama, arropándote entre las sabanas.
No pudiendo contenerme, mis ganas me hicieron acariciar tu mejilla y en ese momento abriste los ojos, haciendo que mi corazón se detuviera.
Tomaste mi mano, que ya se alejaba de tu rostro, sonriéndome. La halaste hacia ti pidiéndome que me quedara, y así lo hice, te volví a tapar y me acosté a tu lado, apoyando mi cabeza sobre la tuya.
Esa fue la primera ves que te tuve tan cerca y sentí tus manos aferradas a las mías. Me sentí en la plenitud mas grande, en una paz enorme que reinaba en tu lecho, y por unos minuto me sentí un intruso en lo que era tu mundo.
Pero luego reaccione, por que tu me instaste a compartirlo, primero tu tristeza, y ahora tu tranquilidad. Donde ahora me siento guardián de un tesoro invaluable, todo por estar a tu lado.
Los recuerdos se acaban, mi mente vuelve a la realidad, sigo viendo las estrellas y me parece que brillan menos comparadas con tu sonrisa.
Comparadas al resplandor de tu alma, que se escapa de tu mirar, como una cálida caricia que regalas a los seres que te rodean.
Y me parece que eres demasiado para mi, que si alguna ves yo pudiera decirte lo que siento por ti, que te quiero y tu quizás correspondieras a ese amor, no lo merecería por completo, pues no soy como tu, puro en cuerpo y alma y no merezco tenerte a mi lado.
Aunque tu sola presencia me haya enseñado lo que es amar, a saber lo que es querer a alguien de tal manera, que nada mas parezca interesarme en el mundo.
Pero aun no puedo, no puedo decirte que te quiero, por que cada ves que te veo mi vos se ahoga en el mar de la desesperanza, no queriendo emitir palabra alguna, cuando mi corazón grita a los cuatro vientos lo que mi boca no puede pronunciar.
Pero sus gritos, como exaltados latidos no llegan a tus oídos, y no ves mi pecho agitado, tratando de contenerlos en su sitio.
Me vuelvo bruscamente hacia tu dirección, al sentir que Ikki se retira de la sala, no se despide como es su costumbre, pero te sonríe en gesto fraternal, solo para ti tiene esa ternura.
Ahora sin él en el medio creo poder hablarte, pero Shiryu llama tu atención, poniéndose a hablar contigo.
Maldigo en voz baja, yo o lo moleste cuando él hablaba con Sunrei, por que demonios no sigue con ella?... Sonrío a mi pensamiento tonto.
Seiya pidió por mi atención pero no le hice caso, cuando tu también volteaste a verme, me di cuenta que todos me veían, y reaccione preguntando. “ Que pasa?”.
“Nada pero te aconsejo que dejes la bebida”. Seiya siempre con sus comentarios de mal gusto, Sahori lo reprende en vos baja.
Alejo mi vista de ellos y la poso nuevamente sobre ti, veo tu rostro preocupado y tus labios que se entre abren, tratando de emitir sonido.
Ruego que lo hagas, que digas algo. “Te encuentras bien?”. Pero fue Shiryu, él que vuelve a interrumpir, y veo como tu intento de hablar se esfuma.
“Si, solo tengo calor ”. Conteste sin ganas. “Por que no vas un rato a la terraza?” Sahori sugirió y lo considere un momento... pero como estar afuera si tu estas aquí adentro?.
Abro mis ojos, dejando de pensar, y tu pequeña vos , como pidiendo permiso para ser oída, me pregunta... “Puedo acompañarte?”. Aunque me costo, deje mi asombro de lado tratando de seguir juicioso. “Claro que si, vamos” y por mas que trate de mantenerme firme, mi vos tembló un poco.
Te vi levantarte y tratar de estirarte con pesadez, pero no lo hiciste, caminaste hasta la puerta, esperándome en ella.
Mi cuerpo no reaccionaba, no me dejaba mover del sillón, aunque hubiera querido salir corriendo, para no hacerlo esperar.
A desgano, Seiya hizo una broma, a la cual reíste. Debió ser graciosa, no lo se, no podía ver otra cosa que a ti en la puerta, ni oír mas que a mi corazón palpitar.
Caminamos por el corredor hasta llegar al salón, lo atravesamos y abriendo uno de los ventanales, salimos a la terraza.
El aire era fresco y puro, y una brisa jugo alegre con tu cabello alborotándolo, te reíste de mi al ver que mi8 cabello también estaba despeinado.
Con una sonrisa en mis labios lo acomode y te sentí observarme, contuve las ganas de verte, para no hacerte desviar la mirada.
Apoya mis manos en el barandal, de espaldas al jardín y tu te apoyaste en una columna a un metro de mi, solo un metro pero te sentí tan distante y lejano.
En un momento, todo se torno silencio, no hablamos ni reímos, solo el viento cruzo la pequeña terraza, haciendo que el ventanal se cierre.
Atine a tratar de agarrarla, la gran puerta de vidrio se cerro golpeando mi mano.
Emití un sonido ahogado de dolor, y en un instante estuviste a mi lado preocupado como siempre por mi.
“Estas bien?”. Ese susurro entro en mi oído haciéndome abrir los ojos para verte tomar mi mano entre las tuyas delicadamente.
“Te duele?”. Preguntaste despacio y como si tus palabras sanaran, el dolor desapareció, o quizás estaba tan entretenido al verte, como para sentir que alguna parte de mi cuerpo dolía.
“Si un poco”. Conteste al ver que esperabas mi respuesta.
“Ven sentémonos”. Dijiste en vos baja, señalando el banco entre los grandes maseteros. Me tomaste de ambas manos guiándome al asiento, esos pocos pasos no parecieron que los hubiese caminado sino que flotaba gracias a tus manos.
Comenzamos a hablar de lo primero que nos vino a la mente, me dijiste que me notabas raro últimamente que... “Que te pasa?”.
“Nada” conteste queriendo en realidad decirte todo lo que te quería. Y no se que giro dio nuestra charla, que empezamos a hablar de las luchas de las doce casas. Con ese pie, me acorde de lo ocurrido en la casa de libra y tome suficiente valor para preguntarte, no iba a dejar pasar una oportunidad así. “Por que te arriesgaste tanto en la casa de libra?”.
Mi pregunta te dejo sin palabras, bajaste la mirada y te mantuviste callado por un tiempo.
“No lo se”. Contestaste con vos firme. “Quizás por que venia de perder a Ikki y no quería que tu también murieras”. Tu mirada estaba clavada en el infinito, como hablándole al viento, el cual traía tu respiración además de tus palabras.
Me quede callado, como si la respuesta no me hubiera gustado, pero sentí en tus palabras la inocencia de una persona tan pura, que me alegre por ello.
“Por que me lo preguntas?”. Te vi directamente a los ojos, apoyando mis manos en tus hombros. “Por que no quiero que vuelvas a hacer una locura así, y menos por mi”.
Mi corazón latía a mas no poder y mi respiración no me dejaba hablar, tu te sonrojaste por completo. “Tu eres muy importante para mi, y no me gustaría perderte”.
No se como pude juntar valor para decírtelo, pero lo hice. Me acerque a ti y corriendo los cabellos de tu cara, te di un beso corto en la frente, y sent. como tus manos se aferraban a mi cintura pidiéndome un abraso, el cual no dude en darte, durando un hermoso momento.
Antes de soltarte busque tu oído y por fin lo susurre. “Te amo”. Fue el mayor sentimiento de paz y tranquilidad que jamás haya sentido.
Quise ver tu rostro, tu reacción, pero lo pegaste a mi pecho, y de nuevo una vos pequeña se escucho. “Yo también”.
Al escucharte, mis manos buscaron presurosas tu rostro, la levantaron y no pude decir nada, solo me mantuve viéndote largamente, tu estabas sonriéndome.
Estiraste tus manos hacia mi, una tomo mi cuello y la otra se enredo en mi cabello, que estúpido, no me di cuenta de lo que me pedías. Pero reaccioné a tiempo pidiéndote disculpas y te reíste de mi.
Mis manos tomaron la misma posición que las tuyas, y lentamente hicieron el trabajo de acercarnos, mis labios temblaron y ambas bocas se juntaron en un beso manso. Tuve las ganas de penetrar mi lengua en tu boca, pero para que profanar tanta pureza de golpe?.
Simplemente me resistí, me conformo con tenerte e irte descubriendo lentamente.
Cuando nos separamos, tus labios brillaban en un tono nacarado, sabían a miel, pero no empalagaban, será por eso que quería volver a besarlos una y otra ves.
En el banco y sin decir una sola palabra, nos abrazamos mirando la noche. Creo que ninguno quiso arruinar el momento pidiendo explicaciones del por que de su amor, o el silencio delo mismo.
Solo nos quedamos allí viendo el presente, en el que estábamos juntos, tenia que ser que ese momento no duro demasiado. Ikki estaba llamándonos.
Todos estaban en la sala, viéndonos entrar por el ventanal. “Te sientes mejor, Hyoga?”. Sahori pregunto y yo conteste sonriendo. “Como nuevo”.
Nos retiramos a dormir, cada uno a su cuarto, con el castigo de no poder decirte buenas noches con un beso. Pero con la esperanza de que mañana, sin que nadie nos vea, podríamos pasar un rato juntos besándonos cuanto queramos.
Hasta mañana mi amor, te amo
HYOGA
P.D: Las palabras no se piensan se sienten.