¿Me Enseñas?
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Primera parte
Era un día en verdad hermoso y templado. El sol estaba presente, pero no era
extenuante como semanas atrás, cuando el simple hecho de poner un pie al aire
libre, representaba una deshidratación segura.
No... hoy el clima era delicioso... con la temperatura justa, la naturaleza
rebosante de colores brillantes y el viento necesario para refrescar sus
hermosas hebras doradas, después de un baño tan relajante como el que había
tomado.
¡Esto es vida!... exclamó Hyoga saliendo a su balcón y aspirando un
gran sorbo de aire.
- Hyoga... ¿estás allí?
Aquella voz hizo que el ruso sonriera ampliamente. Parte del hecho de que
aceptara radicar definitivamente en Tokio, no era sólo por la comodidad que
representaba la mansión Kido, por el clima acogedor ó por la insistencia de
Saori. No... había algo más... una presencia... una personita que merodeaba
fuera de su puerta y que siempre había considerado especial.
Él... quien lo hacía sonreír...
Él... quien era dulce... amable... tierno...
Él... que en todo momento estaba a su lado dispuesto a ayudarle.
Hyoga, rápidamente, entró a su cuarto y se miró al espejo para arreglarse
un poco el cabello y también la camisa. Se sintió algo tonto al hacerlo. No
había razón para preocuparse tanto por su apariencia y menos en ese
momento... ¿o si?
- ¡Hyoga! – volvió a decir una voz tras la puerta – Si estás allí ábreme...
please.
El ruso suspiró ampliamente y abrió la cancela de madera que con tanta
insistencia era tocada. Al hacerlo, un hermoso jovencito, de cabellos y ojos
esmeraldas, le sonrió ampliamente entrando al cuarto como si se tratara del
suyo.
- ¡Hola Hyoga! – saludó el chico sentándose en la cama con singular
inocencia.
- ¡Hola Shunni! – respondió el rubio - ¿Qué hay de nuevo? ¿Por qué
tanta premura en tirar la puerta de mi cuarto?
- ¡Oh!... ¿en verdad toqué tan fuerte? – inquirió el niño palideciendo
– Lo siento mucho... yo... yo no quería... yo...
- Shhh!!! – le dijo Hyoga tomando asiento junto a él y colocando su dedo índice
sobre sus labios – Sólo bromeaba... tú jamás harías algo tan malo y
destructivo... no te pareces en nada al bestia de tu hermano.
- Hyoga... no hables así de mi niisan... él... él es muy dulce en el fondo.
- Sí, en el fondo... ¡pero del mar!... y la verdad... creo que ni eso,
porque cuando pasó lo de Poseidón, seguía con el mismo carácter agrio de
siempre.
- ¡Hyoga! – exclamó Shun cruzándose de brazos.
- Está bien... me callo... pero... dime ¿qué te pasa? Parecías querer
hablar conmigo urgentemente.
- Sí – asintió Shun esbozando una tierna sonrisa – Es que... quería
pedirte un pequeño favor.
- ¿Un favor? – repitió intrigado el ruso - ¿Qué cosa?
- Nada del otro mundo... no te angusties... pero... es muy importante para mí.
- Tú sólo dime a quién hay que matar, y yo voy armado hasta los huesos.
- ¡Hyoga! – volvió a exclamar Shun riendo – Ya deja de embromarme.
- Okay... lo siento. Te prometo guardar la compostura.
- ¿Seguro?
- ¡Por supuesto! – exclamó Hyoga levantando su mano derecha – Aunque no
lo creas, soy un hombre de palabra.
- Vale – musitó Shun más tranquilo - Pues... lo que necesito que hagas por
mi... es... es...
El peliverde apretó sus manos nerviosamente. Hyoga esbozó una media sonrisa
y pasó su brazo a través de los hombros de su amigo. Sí él quería
sentirse apoyado... el cisne haría todo porque eso pasara... todo por Shun...
- Dime lo que quieres que haga, Shunni – le animó el ruso - Sea lo que sea,
yo te ayudaré.
- Es que... quizás no quieras...
- Querré.
- Quizás te niegues...
- No me negaré...
- Quizás... me odies...
- ¡Vamos Shun! – exclamó Hyoga – Me estás asustando... ¿qué en verdad
tendré que matar a alguien?
- ¡Claro que no!
- ¿Entonces?
- Bueno... te lo voy a decir... pero... no te vayas a enojar conmigo. ¿Prometido?
- Con la mano en el corazón.
Shun, al escuchar la respuesta de su amigo y ver su hermosa sonrisa, se sintió
muy seguro de si mismo. Respiró hondo y tomó valor.
- Lo que quería pedirte Hyoga... es que... que...
- ¿Qué? – le animó el ruso ya inquieto.
- ¿Me enseñas a besar?
Hyoga por poco cae de la cama. No lo hizo porque su colchón era tamaño king
size... ¡que si no!... ya estaría en el suelo, pálido y tosiendo a causa de
ahogamiento con su propia saliva.
- Hyoga... ¿estás bien? – preguntó Shun al ver lo lívido que estaba su
amigo.
- ¡Demonios Shun! – exclamó el rubio recuperando poco a poco la cordura -
¿Cómo... cómo quieres que esté bien si me pides... ¡lo que me pides!
- No quieres, ¿verdad? – mustió Shun bajando la mirada con tristeza.
- Shun... no es que no quiera... es que...
- No digas más... te entiendo – dijo el peliverde poniéndose en pie -
Yo... no debí haberte preguntado semejante cosa. Nos vemos después.
Shun comenzó a caminar lenta y dolorosamente hacia la salida de la habitación.
El ruso lo miró partir y sintió que algo dentro de su pecho se rompía. ¡Dios!
No podía dejarlo irse así... al menos no hasta que le dijera de dónde había
sacado esa loca idea de aprender a besar... ¡y que él fuera quien le enseñara!
- Momento jovencito... no tan rápido – dijo Hyoga deteniendo a Shun por el
brazo y encarándolo - Mírame a los ojos... – Shun tembló. Hyoga acarició
con dulzura su barbilla y la alzó para buscar sus pupilas esmeraldas – Anda
Shunni mírame y dime ¿qué pasa? ¿Por qué quieres aprender a besar y...
conmigo?
- Pues porque... – musitó el niño mordiendo ligeramente su labio inferior
– Todos... ¡todos ya ha besado a alguien menos yo!
- ¿Qué dices? – inquirió incrédulo el ruso.
- Eso mismo – apuntó Shun separándose de su amigo y volviendo a tomar
asiento en la cama – Shiryu... Seiya... mi niisan... tú... ¡todos lo han
hecho menos yo!
- Pero el que nosotros hagamos ciertas cosas no quiere decir que tú también
tengas que hacerlas.
- No me vengas con las mismas palabras de mi niisan, Hyoga – dijo Shun
frunciendo el ceño.
- Okay... no voy a sermonearte ni a darte consejos tontos... es sólo que...
besar es un acto muy personal, Shun.
- ¡Lo sé! – exclamó impotente el niño – Y por eso quiero hacerlo... ¡quiero
besar y que me besen!... y quiero hacerlo ya... sin esperar más tiempo, como
dice mi niisan. Ya estoy harto de esperar. Al paso que voy, moriré sin saber
lo que es un beso.
- Tranquilo, eso no va a pasar... un chico tan lindo como tú no puede morir
sin ser besado... además... ¿qué no estabas saliendo con June? Yo pensé
que tú y ella... pues... tú sabes... se besaban.
- Ella y yo salimos... pero no nos hemos besado.
- ¿Y por qué no?
- ¡Porque no quiero parecer un tonto! – sentenció el niño tumbándose en
la cama – Ella sí ha besado Hyoga... lo sé... y... no quisiera que se de
cuenta que yo no tengo ni la menor idea de lo que es un beso... sería...
humillante. ¿No se si me entiendes?
- Vale... sí entiendo... pero entonces, si no quieres besarla a ella...
pues... ¡practica con una naranja ó con tu almohada! Así empecé yo.
- Eso es para críos.
- Pues tú no eres muy adulto que digamos, muchachito – dijo el ruso
frunciendo el ceño.
- Ya... pero yo necesito aprender de verdad con alguien... besando a alguien.
- ¿Y porqué piensas que yo te habría de enseñar?
- Porque eres mi mejor amigo y además... me debes la vida.
- Oye sí, te la debo... pero tampoco es para que te cobres de forma tan
alevosa.
- No digas más – sentenció el peliverde volviendo a ponerse en pie –
Entiendo que no me quieres ayudar. Así que voy a conseguir alguien que sí lo
haga.
- Espera niño – dijo Hyoga volviendo a colocarse frente al peliverde - No
puedes andar por allí preguntándole a la gente si te quiere enseñar a
besar.
- ¿Y porqué no?
- Porque podrían aprovecharse de ti.
- No creo que Seiya se aproveche.
- ¿Seiya? – repitió anonadado el cisne - ¿Piensas pedirle a Seiya que te
enseñe?
- No creo que se niegue – sonrió de medio lado el peliverde.
- ¡NO! – dijo determinante el ruso - Ni loco dejo que Seiya te bese...
bueno... ¡ni dopado!
- ¿Entonces? – inquirió el niño cruzándose de brazos.
- Okay... ¡tú ganas escuincle endemoniado! – exclamó Hyoga impotente - Te
voy ayudar. Yo... yo te voy a enseñar a besar... pero.. ¡ni se te ocurra
contárselo a tu hermano!... porque soy muy joven para morir.
- Prometido Hyoga – saltó emocionado el peliverde - ¿Cuándo empezamos?
- Pues... ahora... si quieres... sólo... sólo déjame cerrar la puerta por
dentro... digo... para que nadie entre y nos vea.
- ¡Super!
Hyoga cerró la puerta y corrió el seguro interno. ¡Dios! No sabía porqué,
pero sentía un miedo atroz recorrerle de arriba a abajo la espina dorsal. ¿Cómo
demonios aceptó ser el maestro de Shun para besar? Si alguien se enteraba...
de hecho... si Ikki se enteraba, lo enterraba vivo... pero... tampoco podía
dejarlo ir a buscar a Seiya o a otro que tomara revancha de la situación.
No... sería terrible y más para Shunni que era tan inocente.
¡Ni hablar! Él tendría que asumir la responsabilidad de la inquietud
adolescente y hormonal de su mejor amigo.
Hyoga suspiró ampliamente y regresó al lecho, donde un Shun entusiasmado y
con los ojos muy brillantes, lo esperaba ansioso. El cisne tomó asiento y un
poco de aire... luego habló.
- Buenos pues... ¿en verdad nunca has besado a nadie, Shunni?
- Nunca – respondió candorosamente el niño.
- ¿Ni de piquito? – insistió incrédulo el cisne.
- Nop – dijo Shun con el entusiasmo saltando por sus poros.
- Okay... pues... comencemos entonces con eso – suspiró Hyoga – Lo
primero que vas a hacer es relajar tus labios y cerrar los ojos.
- ¿Me vas a besar? – preguntó inquieto Shun.
- Sí, pero será un contacto suave... y breve.
- Vale.
Shun hizo exactamente lo que Hyoga le pidió... o al menos eso intentó. La
verdad, es que aunque había cerrado sus ojos, sus labios no estaban
relajados, si no más bien, apretados hacia adelante esperando el ansiado
contacto.
El rubio sonrió ligeramente. Shun se veía tan lindo así, con sus ojitos
cerrados, sus labios dispuestos y su respiración intranquila. Era un delito
que nadie antes lo hubiera besado... aunque... no... con la vida que ellos había
llevado, llena de entrenamientos, batallas y sacrificios... era bastante lógico...
de hecho... era lo esperado.
Hyoga suspiró entrecortadamente y se acercó a Shun. De cerca su piel era a
un más perfecta... y blanca...
De cerca... era todavía más... hermoso...
De cerca... podía... tocarlo...
De cerca... sus labios se rozaron...
Shun abrió los ojos en aquel momento. Hyoga lo recibió con una sonrisa
dulce.
- ¿Qué tal? – preguntó el ruso cruzándose de brazos.
- Lindo... pero... simple.
- Es sólo el principio – advirtió el rubio – Ahora lo vamos a repetir
pero será un poquito más largo... ¿okay?
- Cómo digas.
Shun volvió a cerrar los ojos y levantar sus labios en una trompita adorable.
Hyoga sonrió encantado.
- Relaja los labios Shunni.
- ¿No los estoy relajando? – preguntó el niño abriendo sus ojos al
instante.
- No... los estás apretando – respondió el cisne – Mira, simplemente
respira hondo, cierra tus ojos y deja tus labios así... libres... sin
obligarlos a hacer nada, ¿vale?
- Ya – sonrió Shun emocionado.
El niño hizo tal cual lo que le pidió Hyoga. El ruso lo miró y se enterneció
de la forma tan mansa en que Shun hacía todo lo que le decía.
¿Así sería para todo?
El ruso movió su cabeza intentando quitarse perversas ideas de la mente.
Suspiró y buscó nuevamente lo labios de su amigo. Los encontró... y esta
vez... el roce duró unos cuantos segundos más... hasta que se rompió.
- ¡Guaauuu! – exclamó Shun suspirando ampliamente - ¡Que dulce fue Hyoga!
- Sí... es el básico – explicó el ruso - Cuando sales con una chica por
primera vez, es bueno utilizar este. Así ellas no se sienten acosadas.
- Me gusta... ¿lo hacemos de nuevo?
- Sí... pero esta vez será todavía más largo que el anterior... y...
bueno... te voy a tomar por el rostro, porque generalmente es así como lo
haces con una chica.
- Ah... ¿y yo que hago?
- Tú sólo relájate y respira por la nariz... si te falta el aire... me
dices y nos separamos.
- Okies.
Shun volvió a cerrar los ojos. Hyoga se acercó más al muchacho y tomó su
faz con mucha delicadeza, tanta, que sintió como Shun se estremeció de la
cabeza a los pies. Alentado por esta reacción, Hyoga acercó sus labios a los
de Shun y depositó en ellos el beso más largo de la tarde. Un contacto
directo, fuerte, pero sin exploración de por medio.
Hyoga agudizó el contacto al sentir que Shun se doblegaba por completo. Esa
era la señal de que le estaba gustando y no quería separarse. El ruso bajó
uno de sus brazos hacia la cintura del peliverde y lo atrajo más hacia su
cuerpo. Shun se mostró agitado y colocó sus palmas sobre el pecho de su
amigo, apenas cubierto por una hermosa camisa de seda blanca.
Siguieron juntos un buen rato, inmersos en miles de emociones, hasta que Shun,
definitivamente... se separó.
- Upa!!! – exclamó el peliverde apenas pudo tomar algo de aire - Eso fue...
agotador.
- Sí... es un beso más íntimo... aunque no tan provocativo – explicó el
ruso soltando a Shun - Si te late mucho la chica con la que sales, puedes
darle uno de estos al dejarla en la puerta de su casa. Eso nunca falla.
- ¡Sabes mucho de esto, Hyoga! – exclamó Shun con los ojos brillantes.
- No tanto... es... práctica.
- Pues sigamos practicando entonces – sonrió Shun entusiasmado.
- Bueno... el siguiente beso es un poquito más sexy – dijo el ruso con
mirada coqueta - Tienes que entreabrir tus labios y cerrar ligeramente tus
ojos. Mientras tanto, yo morderé ligeramente tu labio inferior para que tú,
en respuesta, me acaricies con el superior.
- ¿Suena agresivo? – dijo el peliverde asustado.
- No lo es tanto... te digo que es sexy – insistió Hyoga - A las chicas les
encanta cuando ya han entrado en más confianza.
- Dale pues – dijo Shun tomando nuevamente su posición.
Hyoga sonrió. En verdad Shun era un buen alumno. Obediente y totalmente
sumiso.
- No cierres tanto los ojos Shunni... si lo haces, no verás mis movimientos.
- Ah... okay... como tú digas.
El niño sonrió, pero apenas había hecho esto, cuando Hyoga asaltó su labio
inferior en un contacto totalmente sorpresivo. Shun sintió que el rubor subía
a sus mejillas con ese ligero apretón. No pudo reprimir entonces acariciar
con su labio libre parte de la boca del ruso.
Hyoga sonrió internamente al ver las reacciones del peliverde, y más al
percatarse que poco a poco comenzaba a tener independencia, pues apenas liberó
sus labios, el niño lo atacó para ahora ser él quien mordiera.
¡Qué intercambio más sensual estaban teniendo!
Era como jugar a besarse apasionadamente y quedarse en el camino... en el límite
de la provocación... en el límite de la batalla épica que clamaban sus
lenguas.
Hyoga se separó de Shun súbitamente, no sin antes, pasar su mano por la
mejilla del peliverde.
- ¡Vaya que aprendes rápido Shunni!
El niño se sonrojó ante tal mención, y más al darse cuenta que fue Hyoga
quien se alejó de su lado, pues él, ni loco habría podido liberar la boca
del cisne.
- ¿Te gustó el beso?
- Sí... me gustó mucho – aceptó el niño con el rostro sonrojado - ¡Hagámoslo
de nuevo!
- Mejor pasemos al más difícil de todos.
- ¿Difícil?
- Sí... el muy tradicional beso francés.
- ¿Es el de la lengua?
- Aja – sonrió el ruso con las pupilas brillando de ardor.
- No Hyoga – se negó de inmediato Shun – Ese beso me da mucho asco y no
creo que a June le agrade.
- Pues yo pienso todo lo contrario – refutó el rubio - Ese beso es el mejor
de todos y lo utilizas cuando ya estás cerquita de llevarte a la susodicha a
la cama.
- ¿Ah si? – inquirió impresionado Shun.
- Sí... ¿quieres probar?
- Bueno... pero un poquito nada más... y si me da asco... te apartas.
- Okay – sonrió Hyoga – Tienes que entreabrir tus labios más que en la
ocasión anterior, porque vas permitir la entrada de la lengua de tu pareja...
y una vez dentro... se explora todo. El paladar... el interior de las
mejillas... los dientes... debajo de la lengua... ¡todo!... y en determinados
momentos... puede haber una lucha entre tu lengua y la de tu pareja, pero no
te asustes, es algo muy rico. Te va a gustar.
- No sé – susurró Shun bajando el rostro - Me da un poco de miedo.
- Es normal... a todos nos da miedo dar este tipo de beso, pero es el que
tienes que aprender y practicar mejor.
- ¡Está bien! – exclamó el niño encogiéndose de hombros – Si tú lo
dices... te creo. ¡Hagámoslo!
- Vale – sonrió terriblemente inquieto el cisne - Cierra los ojos,
entreabre tus labios y coloca tus manos alrededor de mi cuello... para que yo
pueda tomar libremente tu cintura.
Shun obedeció todas y cada una de las indicaciones de Hyoga. El ruso comenzó
a sentir que su corazón latía más rápido de lo normal. No era nada raro.
Estaba abrazado a su mejor amigo, al cual, le enseñaría a dar un beso francés.
Eso no era cualquier cosa. De hecho... eso era lo más excitante que le había
pasado en toda su vida.
Shun... tan inocente... tan dulce... tan lindo y perfecto. De niño siempre se
sintió extrañamente atraído hacia él. De hecho, la primera vez que lo vio
en los cuartos de la mansión, dudó de si era un niño ó una niña. ¡Jamás
había visto a un varón con ojos tan grandes y hermosos... y mucho menos con
la piel tan blanca y los labios tan rojos!
¡Dios! Ese niño era como ángel caído del cielo... y ahora, que ya era un
joven cercano a la adultez, esa belleza no había disminuido ni un ápice. De
hecho, parecía cada vez más magnética y deslumbrante. No en vano, todas las
chicas morían por estar con Shun... por tenerlo como él lo tenía justo
ahora.
El ruso tuvo el impulso de devorar en aquel momento al objeto de deseo más
grande que había tenido en toda su vida... pero... al verlo temblar y
palidecer... se contuvo. Debía ser cortés y gentil con él. Shun... lo merecía.
- Relájate Shunni – susurró el ruso con dulzura – Nada malo te va a
pasar... yo... no te voy a lastimar.
- Lo sé... pero...
- Déjate llevar... es lo mejor en estos casos – aconsejó Hyoga afianzando
más el abrazo y obligando a Shun a hacer lo mismo – Sólo déjate llevar.
Shun atendió con premura el consejo de su amigo. Relajó su cuerpo y dejó
que el envolvente aroma de Hyoga, mezcla de maderas finas y bosque portentoso,
lo dominara por completo. Fue lo mejor, porque una vez que los labios de su
amigo llegaron a sus labios y asaltaron su boca... perdió por completo el
dominio de sí mismo... y sólo... sintió.
La lengua de Hyoga invadió aquella cueva virgen en un segundo... y una vez
dentro, se sintió terriblemente poderosa. Jamás había palpado un sabor tan
dulce y excitante al mismo tiempo. Esa saliva era demasiado embriagante, lo
mismo que cada pared de aquella cavidad, poblada por una tierna habitante,
hasta entonces dormida.
Hyoga jugó un poco con la lengua de Shun con toda la intención de
provocarla. Lo logró. Apenas un par de contactos y ya estaba luchando por
desplazarlo para ser ella quien entrara y reconociera sus deliciosos terrenos.
El ruso afianzó sus brazos sobre la cintura de Hyoga, y sin pensarlo
siquiera, se recostó junto con él en la cama, primero de lado, sin cortar el
beso, para después de un par de minutos, situarse encima del peliverde en el
contacto más estrecho que había tenido con el peliverde... su mejor amigo...
¿Amigo?
No... ahora... por más que quería, no podía pensar en Shun como un amigo,
si no más bien, como un amante por muchos años añoró y hoy por fin caía
en sus redes.
Un amante que poco a poco, comenzaba a despertar sensualmente, a causa de su
contacto... a causa de sus besos... y a causa de que sus pelvis, sin más,
comenzaban a rozarse y a despertar inquietas aquella gloria que resguardaban
con celo.
Hyoga sintió que Shun gimió levemente, aunque la acción no era tan audible,
pues sus labios le impedían al niño hacer otra cosa que no fuera besar...
pero sabía que se estaba excitando, y tan bien lo sabía, porque comenzaba a
sentir sobre su pierna derecha, una estocada dura y continua sumamente
sensual.
Y Shun no era el único que comenzaba a perder la razón. El mismo Hyoga ya
estaba completamente encendido, con su pelvis iracunda golpeando
insistentemente la parte baja del estómago de Shun... buscando una entrada...
clamando cobijo.
Shun no soportó más la falta de aire y desvió su rostro del de Hyoga. El
ruso, entonces, depositó sus labios sobre aquel nacarado y perfecto cuello
dejando el rastro de su saliva a través de esa piel deliciosa.
- ¡Dios Shun! – suspiró el ruso incorporándose del cuerpo de su amigo y
acostándose a su lado – Eso fue... brutal.
- ¿Tan mal lo hice? – preguntó el peliverde buscando los ojos del rubio.
- No... no lo hiciste mal... es sólo que fue un beso demasiado...
demasiado...
¿Provocativo?... ¿sensual?... ¿erótico?... ¿lujurioso?... ¿qué palabra
definiría lo que acababa de tener con Shun? ¿En verdad sólo había sido un
beso?
- ¿Fue horrible verdad? – preguntó el niño con sus ojitos humedecidos -
¿Te dio asco besarme así?
- No... ¡para nada! – respondió Hyoga atrayendo hacia sí el rostro
apesadumbrado del peliverde – Al contrario... fue tan exquisito... que... me
gustó... me gustó mucho.
- ¿En serio?... entonces vamos a hacerlo de nuevo.
Shun se sentó encima de Hyoga. El ruso lanzó un quejido audible, pues su
miembro completamente excitado se estrelló contra los glúteos del niño.
- ¡Shun! – exclamó Hyoga incorporándose abruptamente.
- Lo siento – se excusó el peliverde sonrojado – Yo no quería
lastimarte... yo sólo quería...
- Okay... está bien – dijo el ruso nervioso – Ahora... sí me
disculpas... necesito un momentito a solas.
- Pero... ¿no vamos a seguir practicando?
- No Shunni – dijo Hyoga intentando que sus pupilas azul celeste no se
fundieran con las verdes de su amigo - Ahora sabes como besar, así que ve y
busca June.
- Pero... no creo poder hacerlo con ella... no aún...
- Sí puedes Shun – sonrió ligeramente el cisne - Esto es más instinto que
experiencia... así que busca a tu novia y disfruta. Yo... yo te veo luego.
El ruso se puso en pie con mucho cuidado y caminó con dirección a su baño.
Shun, desde la cama, lo miró con una cierta dosis de tristeza. No obstante,
lo obedeció, se puso en pie y se dirigió a la puerta del cuarto.
- Gracias por ayudarme Hyoga – dijo con una gran sonrisa en el rostro –
Sabía que podía confiar en ti.
- No... de nada – dijo el ruso abriendo la puerta del baño e internándose
en él.
Apenas Hyoga escuchó que la puerta de su cuarto se cerró, abrió la
cremallera del pantalón, se despojó de él y posteriormente de su bóxer,
quedando desnudo de la cintura para abajo.
El joven se recargó sobre la pared recordando los acontecimientos que había
vivido. No soportó más, comenzó a masajear con fuerza su miembro
completamente erecto. Arriba y abajo... apretando y acariciando... lo que
fuera para descargar tanta excitación.
- ¡Demonios Shun! – susurró Hyoga entre miles de jadeos – Me hiciste
hervir como nunca nadie lo había hecho... nadie...
El joven siberiano se perdió por completo en las sensaciones que le prodigaba
su mano y en los recuerdos de un Shun inocente temblando entre sus brazos.
Estaba tan perdido, que no notó como, desde la puerta del baño, un par de
pupilas verdes veían la escena con extrema complacencia.
Lo había conseguido... había conseguido llevar a Hyoga al límite de su
sensualidad... a lo más alto y prohibido... a lo más extremo y
desesperado...
Y la próxima vez conseguiría más... la próxima vez no tendría piedad.
Shun observó detenidamente la maniobra desesperada que Hyoga ejercía sobre
su miembro minuto a minuto. Lo vio todo detenidamente, sin pestañear un solo
momento, hasta que el rubio terminó y calló exhausto al suelo, presa de
miles de espasmos.
El pequeño peliverde se alejó entonces del baño y salió del cuarto
haciendo el menor ruido. Tenía una imagen inigualable con la cual fantasear
hasta su próximo ataque... y no pararía hasta conseguir lo que por tantos años,
había deseado.
Segunda parte
Después de la experiencia terriblemente sensual que Hyoga había tenido al
lado de Shun, sus ánimos de salir por ahí e iniciar una casería masiva de
lindas damiselas, murió por completo.
No es que Hyoga no quisiera salir a divertirse... es sólo que estaba
demasiado inquieto y nervioso. ¿La razón? No lo sabía con certeza, pero
estaba seguro que tenía algo que ver con la información que recién le había
dado Seiya.
Shun no está. Dijo que saldría con June al cine y que regresaría
tarde... muy tarde.
¡Demonios!
No tenía porque molestarse porque Shun saliera con su novia... de hecho, ¡era
lo lógico! Ellos tenían poco tiempo como pareja... debían estar ansiosos de
verse y pasar tiempo juntos. Además, él mismo había lanzado a Shun a
practicar con June las lecciones de besos que le había dado. El niño,
obviamente, lo había obedecido como parecía obedecer todas y cada una de sus
indicaciones. Sí... Shun había hecho justo lo que él le pidió... ni más...
ni menos.
Hyoga se tumbó sobre su cama. Por más que intentaba olvidarlo, no podía
borrar de su mente el momento en que Shun, completamente inconsciente de sus
actos, se había sentado sobre su pelvis y rozado con sus glúteos aquella
parte tan sensible de su cuerpo.
¡No tengo que pensar en eso!, gritó para si mismo llevando ambas
manos a su cabeza... pero... por más que intentaba serenarse y pensar en algo
más liviano... no podía. Shun volvía su mente... Shun y sus ojos... sus
labios vírgenes... su estrechez inocente pidiendo silenciosamente ser tomada.
Si le hubiera dicho que quería enseñarle algo más que un beso...
posiblemente habría aceptado... y ahora ya sería mío.
Hyoga se incorporó asustado ante tales pensamientos. ¿Cómo podía imaginar
algo tan perverso? ¿Cómo podía siquiera pensar en que Shun y él pudiera
hacer tal cosa? Eran amigos... mejores amigos desde niños.
No... no podía pensar en Shun con tanta lujuria. Él no se lo merecía, y si
Ikki se enteraba, lo mandaba al infierno y sin pase de regreso.
Tengo que despejarme... pensar en otra cosa... quizás... ir a un bar y
buscar a una chica que me baje la calentura... sí... eso es lo que debo hacer.
Hyoga se puso en pie y caminó hacia el baño. Tomó una de sus lociones
favoritas y se colocó lo suficiente para hacer voltear a dos que tres
mujercitas. Luego regresó a su habitación, tomó su chamarra de piel negra y
se la colocó sobre la espalda. Tomó su cartera y abrió la puerta de su
habitación justo cuando la persona de la que tanto deseaba huir, se le
presentaba justo frente a sus ojos.
- ¡Hola Hyoga! – dijo Shun sonriente - ¿Vas a salir?
Sí... di que sí, le gritó su subconsciente fuertemente.
- No – musitó el rubio con una sonrisa boba – Yo... yo sólo...
- ¡Genial! – exclamó Shun internándose en el cuarto con su back-pack a
cuestas y volviendo a sentarse sobre la cama.
El rubio lo miró de arriba a abajo y no pudo evitar imaginárselo desnudo
alzando su brazos hacia él solicitando un abrazo. Sonrió con lujuria. ¡Dios!
Lo daría todo porque Shun se quitara la ropa y le permitiera... entrar.
- ¿Hyoga?... ¿Hyoga me estás escuchando?
- Eh... ¿qué dices?
Shun se cruzó de brazos con un mohín de disgusto en el rostro.
- ¿Ves como eres malo? – inquirió el peliverde – Yo aquí pidiéndote un
favor enorme, y tú que ni me escuchas.
- ¿Favor? – dijo Hyoga caminando hacia la cama y tomando asiento - ¿Qué
clase de favor? ¿Más besos acaso?
- No – río Shun dulcemente – Con lo que me enseñaste ha sido bastante.
Ahora quiero que me ayudes con algo más... íntimo.
Hyoga se puso de mil colores. De su frente, un par de gotas de sudor
resbalaron con violencia.
- ¿Qué... qué qui.. que qui... qui qui...
- ¿Qué quiero? – se adelantó a decir Shun.
- Aja – asintió Hyoga tembloroso.
- Bueno... es algo muy especial... y por demás íntimo... privado... y te lo
pido a ti porque... porque... ¡tú provocaste todo!
- ¿Qué yo qué?
Shun apretó sus manos temblando y miró de reojo a Hyoga. El rubio estaba
cada vez más alterado.
- Mira... tú me pediste que fuera con June y practicara lo de los besos, ¿no?
- Sí... ¿y qué con eso?
- Pues que fui... practiqué mucho y al final... pues ella... me propuso tener
sexo.
- ¿QUÉ HIZO QUÉ?
El grito de Hyoga hizo que Shun se encogiera de hombros. Jamás había visto a
su amigo ruso tan alterado.
- ¡Carajo Shun! – exclamó el cisne poniéndose en pie - ¿Con qué clase
de chica estás saliendo? ¿Es decir? ¿Cómo se atreve a pedirte semejante
cosa? ¿Qué no ve que no eres un tipo cualquiera?
- Tranquilo – susurró el peliverde tomando a su amigo de la mano y obligándolo
a sentarse – Yo le dije que todavía no era tiempo... que esperáramos a que
la relación madurara más.
- ¿Y ella que te contestó? Supongo que aceptó, ¿no? ¿O la muy ladina se
atrevió a presionarte?
- No... claro que no – río Shun – Ella estuvo totalmente de acuerdo...
pero el problema es que yo... pues...
- ¿Qué pasa? – inquirió el cisne cada vez más alterado - Dímelo Shun...
no me dejes con esta angustia.
- Es que June... bueno ella... no es virgen.
- ¿No? – cuestionó Hyoga sorprendido - ¿Y tú cómo lo sabes?
- Porque alguna vez lo comentó en la Isla Andrómeda.. y el rumor se esparció
como reguero de pólvora.
- Yap... ¿y entonces?
- Bueno... es que si June no es virgen... entonces... eso significa que sabe
hacer el amor... y yo... pues obviamente no... por lo que había pensado que
quizás tú... tú podrías...
- ¿Quieres que te enseñe a hacer el amor?
Shun abrió los ojos de forma desorbitada. Hyoga, al notar la palidez en el
rostro del peliverde, se llamó así mismo cobarde y degenerado. ¿Por qué
había dicho lo que había dicho? ¿Por qué no espero a que fuera Shun quien
lo pidiera?
¡Maldita desesperación!
Hyoga se llevó ambas manos a su cabeza y se tumbó sobre la cama. Esta vez sí
que había metido las cuatro patas... ¡y hasta el fondo!
- Yo... – musitó Shun débilmente - ... yo no había pensado en eso...
Hyoga.
Una puñalada más justo al centro del corazón del cisne. El rubio se tapó
la cara con las manos para ocultar su turbación y su terrible sonrojo.
- Yo había pensado que quizás tuvieras una amiga que... bueno... quisiera...
ayudarme... digo... después de todo... tú tienes muchas amigas... ¿no?
¿Una amiga?
¡Demonios!
¡Claro que una amiga! Sólo a él y su retorcida mente podría ocurrírsele
que el dulce y tierno Shun querría tener con él un acercamiento sexual.
¡Imposible! Por algo tenía una linda novia con la cual divertirse.
Sí... una novia... no un novio... no un mejor amigo depravado... no él...
Hyoga.
- Pero... – musitó el niño con voz tenue - Si tú crees que puedes ensañarme
a hacer el amor... pues... adelante... ¡hagámoslo!
¿Qué había dicho Shun? ¿Cuáles fueron sus últimas palabras? ¿Hagámoslo,
acaso?
Hyoga se incorporó y buscó la mirada de Shun. Ésta, tan transparente como
siempre, le sonrió con dulzura.
- ¿Qué es lo que vamos a hacer primero? – preguntó el peliverde con suma
ingenuidad.
- ¿Hacer? – repitió el ruso turbado – Entonces... ¿en verdad aceptas
hacerlo conmigo?
- Pues sí... digo... no tengo ni la menor idea de cómo lo haríamos tú y yo
siendo varones... pero... si tú dices que se puede...
- ¡Se puede! – confirmó en el acto el cisne – De eso no tengas la menor
duda.
- Okay... entonces... ¿me enseñas Hyoga?
¿Cómo decirle que no a Shun cuando preguntaba con esa carita mezcla de ardor
e inocencia? Habría que estar loco... y Hyoga no lo estaba... o al menos no
por el momento. Las cosas todavía estaban bajo control, pero tenían que
comenzar a salirse de sus manos para que la pasión tomara posesión de su
cuerpo... y del de su mejor amigo.
- Voy a cerrar la puerta con seguro – dijo Hyoga caminando hacia la cancela
– Y... y pondré música a todo volumen para que nadie escuche nada.
- No te apures tanto por eso – sonrió el niño – Mi niisan salió con
Saori y Tatsumi a una cena de negocios... y Seiya y Shiryu están en la
biblioteca estudiando mates... así que... estamos prácticamente solos.
¿Por qué en ese instante la voz de Shun le había parecido menos dulce que
de costumbre? ¿Por qué incluso sintió un marcado acento erótico en cada
una de sus palabras? Hyoga volteó su mirada hacia el jovencito sentado sobre
su cama y se topó con un par de pupilas verdes y serenas, que lo miraban con
una inquietud y un agradecimiento intenso.
No... Shun no podría estar seduciéndolo. Si aceptaba tener sexo con él era
para tener experiencia y luego ir con su novia. Nada más. Él jamás lo
provocaría de forma tan gratuita y mucho menos fingiría algo que no siente.
- ¿Pasa algo Hyoga? – preguntó Shunni mirándolo con una carita
preocupada.
- Pasa que para hacer el amor... hay que quitarse la ropa.
Shun se sonrojó y bajó la mirada. Hyoga se acercó a él y lo obligó a
mirarlo.
- Pero antes, para entrar en calor, un par de besos franceses.
Hyoga tomó a Shun entre sus brazos y depositó en sus labios un beso
sofocante. El peliverde no tuvo más remedio que abrir la boca al escrutinio
de su amigo y dejarlo hacer con total y plena libertad... además... se sentía
tan bien el roce de su lengua violenta y encendida... y sabía tan bien su
saliva mezclada con la suya... y el estar así, con sus cuerpos apretados, era
tan enloquecedor.
Hyoga depositó a Shun sobre la cama sin romper ni un momento el beso. Con sus
manos libres, sacó la camisa del niño de su pantalón para que sus manos
entraran por debajo de ella y rozaran libremente esa piel tan blanca. Shun se
estremeció al contacto y mucho más cuando los labios del ruso comenzaron a
subir y bajar ansiosos por su cuello.
El niño lanzó un gemido audible al momento en que Hyoga, premeditadamente,
provocó un choque entre su pelvis y la del peliverde. Era un hecho. Los dos
ya estaban encendidos.
- La antesala al acto sexual siempre debe ser erótica – dijo Hyoga al oído
del peliverde – Tienes que besar mucho a tu pareja... acariciarla...
provocarla... hacer que comience a sentir que la ropa le quema y debe quitársela.
Cuando eso pasa... quiere decir que están listos para la segunda fase.
- ¿Se... segunda fase? – tartamudeó Shun sin poder evitar abrir los ojos
inquieto.
- Caricias... al desnudo.
El rostro de Shun se sonrojó primorosamente. Hyoga sonrió al percatarse de
ello y aprisionó sus labios en un roce superficial, pero intenso. Luego se
incorporó levemente y sonrió con malicia.
- Está linda tu camisa...
- ¿Te... parece? – preguntó Shun aun perturbado por todo lo que Hyoga le
había hecho sentir.
- Sí... es hermosa... como tú.
- ¡Hyoga!
- Es parte del cortejo – sonrió el rubio – Hacer sentir a tu pareja
especial... amada... deseada. Eso es muy importante.
- Entonces... eso de que soy hermoso no es en serio ¿verdad?
- No – dijo el cisne comenzando abrir, botón por botón, la camisa del
peliverde – Eres más que eso... eres... divino.
- Pero Hyoga...
- Y desnudo te verás todavía mejor.
Shun volvió a sonrojarse, y más al notar que Hyoga no sólo se había
conformado con abrir su camisa, sino que además, había continuado su camino
sobre su cinturón y ahora iba con la cremallera.
- No... Hyoga espera – dijo el niño intentando ponerse en pie – Es que...
mira... yo no estoy seguro de que... arghhhh!!!!
Shun se estremeció sobre la cama como un poseso... ¡y eso que Hyoga sólo lo
había acariciado por encima del bóxer! El rubio sonrió complacido y comenzó
a despojarse de sus propias prendas. El momento de la verdadera acción estaba
próximo a llegar... y ya no aguantaba.
- Las chicas son excesivamente sensibles entre las piernas – explicó Hyoga
bajando lentamente el pantalón de Shun y tirándolo al suelo – Exactamente
como tú.
Un nuevo roce por parte de la mano del rubio. Shun apretó los ojos y mordió
sus labios para evitar gemir.
- Pero claro... ellas no tienen lo que tú sí.
- Hyoga... detente... por favor... mira... creo que no estoy listo.
- ¡Claro que lo estás! – sonrió malicioso el ruso bajando suavemente la
tela del bóxer de Shun – Justo como lo estoy yo.
Shun abrió sus ojos en ese momento. Se incorporó sobre el colchón ayudándose
con sus antebrazos y miró impactado el hermoso cuerpo que tenía delante.
Hyoga, completamente desnudo, se acercaba a él como león a su presa.
¡Por Buda que el caballero del cisne era más de lo que había imaginado!
Ese cuerpo bronceado poseedor de un torso firme y marcado... esos brazos
musculosos y fuertes cual piezas de acero... ese vientre plano sostenido por
un par de piernas largas y musculosas, entre las cuales, se mostraba erguido,
ese placer sublime envuelto entre finas hebras doradas.
- ¡Santo cielo! – musitó el peliverde desviando el rostro.
- ¿Qué pasa? – inquirió Hyoga mordaz - ¿Nunca habías visto a un chico
desnudo?
- A mi niisan... pero... cuando éramos niños.
- ¿Y además de él?
Shun negó con la cabeza. Hyoga sonrió y tomó la barbilla del niño para
obligar a mirarlo.
- Entre chicos, es fácil saber cuando estamos ardiendo de placer. Basta con
bajar la mirada y listo. No obstante, con las chicas es diferente. Ellas deben
estar muy lubricadas para que puedas hacer tu trabajo.
- Pero yo no soy una chica...
- Ni yo tampoco – sonrió divertido el ruso – Y por ello, tendremos que
lubricar de alguna otra manera para... descargarnos.
- Pero...
- Dame tu mano...
- ¿Mi mano? – repitió nervioso Shun - ¿Para... para qué?
- Ahora lo verás.
Shun, con timidez, extendió su palma hacia Hyoga. El ruso la acercó a su
miembro y comenzó a provocarle suavemente. Shun abrió la boca anonadado,
pero no protestó. ¿Cómo hacerlo si lo que él, involuntariamente le estaba
haciendo a Hyoga, el ruso lo hacía alegremente sobre él?
- De arriba a... abajo Shun – explicó Hyoga liberando la mano de su amigo
para que él comenzara a moverla con plena independencia – Primero suave...
y después rápido... cada vez más rápido.
Shun obedeció más guiado por sus sentidos, que por las palabras de su amigo.
La verdad, es que la sensación que Hyoga le hacía sentir era tan placentera,
que no podía menos que corresponderle de la misma forma.
- Se... se siente... genial – exclamó Shun agitado.
- Y es sólo el principio...
Hyoga detuvo sus caricias y obligó a Shun a que se tumbara completamente
sobre el colchón. El niño intentó levantar su cabeza para ver lo que
pasaba, pero justo en ese momento, su rubio amigo devoró el miembro que antes
acariciaba.
- ¡HYOGA! – gritó Shun intentando quitárselo de encima.
- Tranquilo – sonrió el muchacho lujuriosamente, al tiempo que daba una
lengüetada a la carne despierta del peliverde – Esto te va a encantar.
- Pero...
- Es sexo oral, Shun – explicó con tono didáctico el ruso - Puedes hacérselo
a una chica con tu lengua... y entre chicos... es justo como te lo voy a hacer
yo, así que mira y aprende.
- No Hyoga... yo no...
La voz de Shun se apagó al contacto con la lengua insistente de Hyoga. Los músculos
de su abdomen se contrajeron y su piel entera se erizó. El chico intentó ver
lo que su amigo hacía, pero era imposible. Su cabello rubio le cerraba todo
ángulo de visión y las sensaciones que agitaban su respiración eran
demasiadas como para tomar apuntes. No obstante, sabía que Hyoga tenía su
boca por completo sobre su miembro. Que subía y bajaba sobre él. Que lo
acariciaba con la lengua... lo lamía... y a veces... parecía apretarlo
suavemente... casi como en un juego de morder y soltar.
El niño apretó sus puños sobre la colcha obligándose a no gritar las
palabras obscenas que le venían a la mente. Hyoga lo estaba transportando a
un abismo del que seguramente no regresaría vivo... o al menos cuerdo. Estaba
volviéndose loco. Con cada caricia... con cada contacto... con cada sensación
provocada... Shun estaba perdiendo la razón.
Una sensación de temblor y contracciones continuas en el peliverde,
provocaron que Hyoga supiera que el más inocente de los caballeros de bronce,
pronto liberaría su hombría justo sobre su boca. Pensó por un momento en
apartarse para que él terminara fuera... pero una curiosidad malsana por
conocer el sabor más íntimo de Shun, lo obligó a quedarse sobre su sitio y
tomar la semilla que su amigo, sin más, derrochó sobre él.
Shun se estremeció tranquilo al sentirse completamente vacío y relajado...
pero Hyoga no estaba en su misma situación. A él todavía le faltaba
descargarse y ya tenía previsto como quería hacerlo.
El ruso escaló a través del cuerpo marfilado de su amigo y llegó hasta sus
labios, robándole un beso húmedo y entregado, que sorprendió a Shun por el
sabor distinto y quizás agridulce.
- Eres delicioso – susurró Hyoga sonriendo ampliamente – Y sumamente
suave.
El pequeño peliverde llevó su dedo índice a sus labios, para luego probarlo
suavemente con su lengua.
- ¿Este... es... mi sabor?
- Tú sabor aderezado con mi saliva – explicó el ruso complacido.
- Pues... sabe extraño... pero al mismo tiempo... rico.
- ¿Te gusta?
- Sí.
- ¿Y no quieres probar si lo mío sabe igual?
- ¿Lo tuyo?
Los ojos de Shun mostraron miedo. Los de Hyoga, ansiedad.
- Shunni... te acabo de enseñar cómo es el sexo oral, pero para comprenderlo
perfectamente, debes practicarlo conmigo.
- ¿Contigo?
- ¿Acaso no quieres?
- No es eso... es que...
- Ven – le dijo al niño invitándolo a incorporarse - Híncate frente a mi
y colócate entre mis piernas.
Shun dudó un poco pero al final aceptó. Hizo lo que Hyoga le pedía con el
rostro completamente sonrojado. El ruso levantó su barbilla y lo obligó a
mirarlo. ¡Demonios! Ni porque hace un momento habían hecho algo en verdad
innombrable, los ojitos de Shun perdían ingenuidad.
- Bien mi dulce niño, ahora con tu hermosa boquita vas a lamer lenta y
suavemente mi miembro... como si fuera un gran caramelo.
- Pero... ¿y si te lastimo?
- No me vas a lastimar.
- ¿Y si lo hago mal?
- Lo harás perfecto.
- ¿Y no me gusta tu sabor?
- Te apartas y asunto arreglado.
- Hyoga... no...
- Shun... por favor, compadécete de mi – rogó el ruso comenzando a
impacientarse – Tú ya estás tranquilo porque te ayudé a terminar... pero
mírame a mi... estoy que exploto por dentro... y me duele demasiado. ¡No
seas ingrato!
Shun levantó sus ojitos para observar la imponente erección de su amigo. Era
enorme... incluso más de lo que anteriormente había apreciado. Sonrió
malicioso por un momento... aunque Hyoga no pudo notarlo. La verdad, lo único
que el ruso quería es que su amigo rompiera sus prejuicios y de una buena vez
devorara su miembro.
- Shun... – dijo el cisne con voz desesperada.
- Está bien Hyoga – suspiró Shun lentamente – Pero lo voy a hacer a mi
manera... despacito...
- ¡Perfecto! – exclamó Hyoga abriendo más la piernas – Dale que ya no
aguanto.
El peliverde se acercó lentamente a la parte más íntima de su mejor
amigo... la parte que por años había deseado tener entre sus labios y que
justo hoy, se le servía en bandeja de plata. Sonrió ligeramente y con su
lengua comenzó a dar caricias tiernas sobre la punta, sin ir más allá.
Hyoga sintió que su mente se colapsaba de placer. Había estado con muchas
chicas antes y alguna vez, por curiosidad, había estado con un chico que le
había recordado a Shun... pero... en ninguna de esas experiencias se había
sentido tan encendido como ahora. Parecía que a cada lengüetada, su miembro
en lugar de relajarse, se hinchaba más. El chico apretó los dientes y miró
como Shun, ingenuamente, jugaba con la punta de su miembro a darle besitos y
pequeñas lamidas.
- Shunni... abre la boca y mételo... así es como se hace.
- Pues a mi me gusta más como lo hago yo.
- ¡Shun Kido no seas desobediente! – exclamó el rubio intentando sonar
estricto - ¡Yo soy el maestro aquí!
- Vale ya... tranquilo – susurró el niño besando todo el tronco despierto
del ruso – Voy a hacerlo justo como tú quieres.
Hyoga sonrió ante aquellas palabras y las sensuales caricias. Después, esa
sonrisa se convirtió en un gesto de placer desmedido cuando sintió que la
boca virgen de Shun se adentraba en su miembro latiente.
¡Que dulce sensación!
¡Qué maravilla sentir esa tierna saliva bañando su hombría!
¡Qué hermosa forma de entrenar a Shun en las artes del sexo!
El ruso ya no se reprimió y comenzó a gemir desesperadamente, con los
latidos de su corazón completamente desbocados. Sentía que estaba llegando
al límite... lo sentía porque la boca de Shun estaba haciendo arremetidas en
verdad intensas. Intentó entonces hacer que el niño se retirara... intentó
decirle que era suficiente y que podían pasar a la fase final... pero... tenía
la mente completamente colapsada y con el placer consumiéndolo lenta y
profundamente.
- ¡Demonios Shun! – exclamó el ruso en un arranque de pasión – Eres
mejor aprendiz de lo que pensé... Albiore... Albiore debió amarte.
- No tienes idea cuanto.
Aquellas palabras hicieron que Hyoga
abriera los ojos descomunalmente. Shun ya no estaba avocado a atender su
erección imposible. Ahora se encontraba delante suyo, y sin más, se había
colocado con sus glúteos rozando la punta de su miembro.
- Shun... – dijo Hyoga impresionado de ver como el ángel, todo bondad y
pureza, parecía haber adoptado un aire endemoniado y lascivo - ¿Qué... qué
haces?
- Es hora de la fase final... ¿no? – inquirió él fingiendo dulzura.
- Pero tú... tú... ¿sabes cuál es la fase final?
- La penetración – respondió él besando ligeramente los labios del
sorprendido cisne – ¿O me equivoco?
- No... estás... en... lo correcto – tartamudeó Hyoga nervioso – Es sólo
que yo pensé que tú... no tenías de idea de... aghhh!!!
Hyoga se estremeció de pies a cabeza. Shun, sin más, había bajado un poco más
haciendo que el glande de su miembro quedara ligeramente atrapado entre los glúteos
del peliverde.
- No soy tan ingenuo como crees, Hyoga – sonrió Shun de medio lado –
Después de todo, la clase de reproducción sexual la vi hace bastante tiempo
en la isla Andrómeda.
- Ya... pero... entonces... ¿tú y yo vamos a...?... digo... ¿tú vas a
dejarme a mi?... o sea... ¿yo voy a entrar en ti?
- ¡Claro que no! – exclamó Shun levantándose súbitamente del cuerpo del
rubio - Yo soy el que tiene que aprender a hacer el amor. Tú ya lo sabes.
- Pero...
- Yo debo entrar en ti, Hyoga.
- ¿Tú entrar? – repitió el rubio intentando ponerse en pie, pero el dolor
en su entrepierna, lo obligó a volver a tomar asiento - Shun... no... ¿cómo
crees?
- Anda Hyoga – dijo el niño hincándose frente al chico nuevamente - Sólo
así voy a aprender.
- ¡Ni madres! – exclamó el rubio negándose rotundamente – Va contra
todos mis principios.
- Déjame – suplicó el peliverde con un puchero mientras llevaba su dedo índice
a la punta del miembro de Hyoga - No seas malito... por favor.
- No Shun... – exclamó el chico apretando los dientes - Definitivamente
no... yo voy arriba... yo tengo que ir ahhh...
La mano de Shun apretó maliciosamente la hombría de su amigo. El ruso se
tensó en un grito reprimido.
- Shun...
- Anda – insistió el niño masajeando esa parte tan sensible – Dame
permiso.
- No...
- Dime que sí... dime que sí Hyoga...
- Eres... eres un demonio... con carita de ángel – replicó el ruso con los
puños apretados.
- ¿Entonces no? – preguntó el peliverde con los ojos llorosos.
- ¡Sí! ¡Tú ganas! – gritó el ruso - Pero primero termina lo que estabas
haciendo allá abajo.
- Como tú desees.
Hyoga no fue muy consciente de los acontecimientos que siguieron. Estaba
demasiado encendido para serlo. Lo único que sabía es que la boca de Shun,
magistralmente, succionó una y otra vez su miembro hasta obligarlo a
descargar y dejarlo completamente seco.
Después, sintió que Shun lo tomaba por los hombros y le daba la vuelta,
colocando entre sus glúteos, una sustancia de textura suave y humectante...
con la cual, comenzó algo que hasta antes de ese día, parecía imposible:
una penetración en su cuerpo.
- ¿Te duele? – preguntó Shun cuando uno de sus dedos comenzó a
introducirse en Hyoga.
- No... sigue... – respondió el chico dejándose llevar.
Y en verdad quería que siguiera. Deseaba que Shun entrara en él y tocara
lugares que nunca nadie había tocado. Internamente, siempre lo había
deseado... que ese niño peliverde lo dominara por completo y lo amara sin límites.
Sí... Shun era la única persona en el mundo que podía ejercer un control
total sobre él. Su madre también tuvo ese poder, pero tenía tanto tiempo
sin ella... sin su presencia y palabras, que prácticamente, se había
convertido en un vago recuerdo. Shun, en cambio, era otra cosa. Estaba vivo...
palpable... cerca.
Su fiel compañero de batallas, de manera paulatina, ocupó por completo su
corazón... por ello, sólo a él podría obedecerlo. Sólo sus palabras serían
órdenes de vida inmediatas. Sólo sus deseos se cumplirían irrefutablemente.
Hyoga se relajó completamente entregándose por completo a su amigo. El
peliverde sintió la completa rendición de su cisne y sonrió. Introdujo un
dedo más al tiempo que besaba su espalda. Él no se quejó, por el contrario,
gimió placenteramente, así que Shun fue por un tercero. Esta vez, el ruso se
movió con violencia. El peliverde se quedó quieto, con sus dedos dentro del
ruso y su mano libre sobre la pelvis de su amigo, para volver a atrapar su
sexo y encenderlo.
- Lo siento Hyoga – musitó Shun a los oídos del ruso – No quería
lastimarte.
- No... no lo hiciste – respondió el ruso al sentir un nuevo ataque sobre
su hombría – Es... la falta de costumbre... pero... tú haz lo que tengas
que hacer... entra... y aprende...
- Gracias.
Shun besó sensualmente el cuello del ruso y lo llevó, de manera suave, a
posicionarse con las rodillas y las manos sobre la alfombra. Así sería más
sencillo y el cisne no sufriría.
El joven peliverde, con su miembro completamente erecto y demandante, buscó
la entrada que las manos le habían abierto. Fue fácil encontrarla, y así,
lentamente, comenzó a introducirse en las entrañas de Hyoga, al tiempo que
no dejaba de masturbarlo, para poder opacar con placer cualquier vestigio de
dolor que su amigo tuviera.
Hyoga sintió entonces lo que era estar en la gloria y el infierno al mismo
tiempo. Aquello era dolorosamente placentero. Sentía que se desgarraba por
dentro... que cada avance de Shun era un claro signo de ardor y miedo... pero
al mismo tiempo, sentirlo tan cerca y tan avocado a provocarlo mientras lo
penetraba, era excitante.
Shun era suave y gentil aun en aquel momento. Sabía que podía haber entrado
ya, pero no lo hizo. Iba poco a poco, deteniéndose cuando el cuerpo de Hyoga
lo rechazaba y continuando cuando el mismo cuerpo reclamaba su hombría. ¡Dios!
La sensación de placer era demasiada y Hyoga sabía que moriría si Shun no
se enterraba en él completamente.
- ¡Maldición Shun! – dijo el ruso en un momento en que su garganta se
aclaró entre gemidos – Me... me estás matando... me estás... volviendo
loco.
- ¿Quieres que pare?
- ¡No! – respondió el cisne al instante – Por el contrario... quiero
que... que... llegues hasta el fondo.
- Te quiero mucho Hyoga... – susurró el niño besando la nuca del rubio -
No sabes cuanto te quiero.
- Yo... yo... aaaahhhhh!!!!!
Las palabras del ruso murieron en su garganta cuando sintió el miembro de
Shun entrar en él completamente. Parecía que el pequeño peliverde lo había
desgarrado por dentro, pues el dolor era insoportable. De los ojos del ruso se
desprendieron un par de lágrimas que resbalaron por sus mejillas para después
morir en el suelo. El chico estuvo a punto de desplomarse completamente
tembloroso... pero un cuerpo que por años percibió frágil, esta vez, lo
sostuvo con fuerza susurrándole al oído.
- Lo peor ya pasó... dulce caballero del cisne... ahora... dime qué es lo
que quieres que haga... cómo te gustaría que me moviera... ordéname y te
obedeceré. Yo... yo estoy aquí para aprender de ti.
Hyoga, con la respiración entrecortada, sonrió interiormente. Shun
definitivamente era un sueño hecho realidad... y su piel tan suave... la
misma piel que lo resguardaba y bajo la cual no podía rendirse... la misma
piel que alguna vez lo envolvió con su cosmos para devolverle la vida.
El ruso sonrió ampliamente al sentir que el dolor poco a poco se iba
difuminando. Recobró un poco la fuerza muscular... y de reojo... miró a su
hermoso amante.
- Mueve tus caderas de atrás para adelante... lento... muy lento Shun.
El peliverde sonrió y obedeció a su amigo. El rubio comenzó a suspirar
entrecortadamente al sentirse encendido nuevamente.
- Ahora más rápido Shun... y... no te olvides de mi miembro... no lo dejes
de acariciar mientras entras y sales de mi.
El niño hizo tal cual lo que Hyoga le pidió. Con mayor fuerza, su mano
masturbó la hombría impresionante del ruso, mientras su propia virilidad se
estrellaba completamente entre aquellos glúteos vírgenes.
Los minutos comenzaron a pasar y los jadeos de ambos amantes lo inundaron
todo. Hyoga pensó que debió poner música en la habitación. Puede que Seiya
y Shiryu estuvieran estudiando en la biblioteca, pero sus gemidos de placer
eran tan fuertes que sabía llegaban más allá del recibidor... pero... ¿qué
más daba si se daban cuenta? Lo que es más... ¿qué importaba que la misma
Saori o Ikki lo supieran? Por sentir lo que estaba sintiendo, valía la pena
dejarlo todo... perder la coherencia... el sentido común y hasta la vida.
Todo por no dejar de sentir como el pequeño peliverde acariciaba una y otra
vez algo dentro de su cuerpo que lo hacía gritar de placer... algo que nunca
pensó que existiera... pero que ahora, le aceleraba el corazón.
¡Qué excitante y morboso era lo que estaban viviendo!
¡Qué maravilloso ser mejores amigos y también perfectos amantes!
¡Qué placer llegar al cielo de la mano de la persona que más te quiere en
el mundo!
Hyoga liberó un gemido que se confundió con un grito apasionado proveniente
de Shun. El vaivén del amor estaba a punto de cumplir su cometido. Hyoga no
tardaría en liberar toda su ansiedad reprimida... y Shun haría lo mismo. El
rubio deseó entonces eternizar esa imagen para la posteridad. Congelarla en
su corazón para tenerla en sus recuerdos cuando los tiempos no fueran tan benévolos.
Y sin saberlo siquiera, Shun hizo lo mismo, sólo que en la mente del
peliverde, había la certeza de que aquella no sería la única vez que lo harían...
si no la primera de muchas veces... la primera de una historia de orgasmos sin
fin.
Shun abrazó a Hyoga con mucha fuerza previniendo el fin. Hyoga hizo lo mismo
pasando su brazo derecho por la nuca de su compañero. Después, el líquido
seminal de ambos salió a chorros cumpliendo su cometido.
La normalidad volvió a tomar forma delante de los ojos de ambos amantes, que
cual plumas al viento, se desplomaron suavemente sobre la alfombra...
completamente exhaustos.
- ¿Estás... bien Hyoga? – preguntó Shun llevando una mano al rostro de su
amigo.
- Más que bien... – sonrió el rubio - Estoy... vivo... sumamente vivo.
El peliverde sonrió dulcemente. Sus ojos se llenaron de lágrimas, que no
pudo evitar reprimir. Se incorporó del suelo y volvió a sentarse en la cama.
Tenía un fuerte nudo en la garganta.
- Gracias por ser tan bueno conmigo, Hyoga... y por enseñarme a hacer el
amor.
- No Shunni – susurró el rubio acercándose al cuerpo del niño y buscando
abrazarlo – Soy yo el que tiene que agradecerte porque... tú también me lo
has enseñado.
- ¿Yo?... pero...
- No digas nada – dijo Hyoga besando súbitamente los labios del niño – Sé
que no debería decirte esto y menos cuando tú tienes una linda novia esperándote...
pero... Shun... yo... yo tengo que confesarte algo que por años he callado...
pero que ahora es imposible que siga ocultando.
- Hyoga...
- Te amo, Shun Kido... y te amo más de lo que alguna vez pensé que sería
posible amar a alguien.
- Pero Hyoga... yo...
- Sí... sé que tienes novia... que eres feliz con ella, pero... si me dieras
una oportunidad... si tan sólo tú me aceptarás...
- ¡Te acepto! – sonrió el niño lanzándose súbitamente a los brazos del
ruso – Y te digo sí a todo lo que me pidas a partir de hoy.
- ¿En serio? – inquirió Hyoga sorprendido – Pero... ¿y June?
- June entenderá – respondió el niño aferrándose con fuerza al cuello de
su ahora novio – No tienes de qué preocuparte.
- Pero...
- Te amo, Hyoga.
Ante aquellas palabras y esos ojos tan brillantes, no había más que decir.
Hyoga aprisionó a Shun entre sus brazos y volvió a besarlo... pero esta vez
no como una cuestión didáctica, si no como una forma de demostrarle de
manera palpable que él era el chico que más amaba en el mundo... él chico
que aceptaba a su lado para vivir juntos por siempre.
- Esto es un sueño – susurró Hyoga besando delicadamente las mejillas de
Shun – Jamás pensé que tú y yo algún día... podríamos...
- ¿Ser amantes?
- Sí... pensé que nunca pasaría.
- Pues pasó – sonrió Shun con coquetería – Y espero que nunca termine.
- No terminará, porque yo también te amo.
- ¡Oh Hyoga! – exclamó el niño buscando los labios de su ruso.
Un nuevo beso llegó... un beso compartido y cien por ciento íntimo, que
despertó de inmediato las ansias nacientes del ruso.
- ¿Crees que podemos volver a hacerlo, Shunni?
- Las veces que quieras mi cisne... y si te apetece... ahora puedes estar
arriba.
- ¡Perfecto!
- Pero primero tengo que hacer algo.
Shun se puso súbitamente de pie y se acercó a la mochila que había dejado
previamente junto a la cama. Hyoga lo miró extrañado, pero al ver que el niño
sacaba un pequeño librito de tapa verde, aterciopelada, decidió no decir
nada.
El peliverde tomó una pluma que estaba en el escritorio del ruso y abrió el
libro. Miró a su hermoso cisne sonriendo y luego escribió.
Querido diario:
¡Lo conseguí!
Por fin, después de planearlo por tantos y tantos meses... por fin hice el
amor con Hyoga. Admito que tuve que engañarlo un poquito para que cediera...
pero al final, lo hicimos... y fue hermoso en verdad... con decirte que pude
estar arriba.
¡Fenomenal! ¿No te parece?
Ahora tendré que agradecerle a June cuando la vea. Si no hubiera sido por sus
consejos... jamás me habría atrevido a llevar a cabo este plan. Creo que
después de todo, tenía razón cuando decía que en ocasiones, uno debe ser
un poquito malicioso.
- ¿Qué haces mi vida? – preguntó Hyoga inquieto.
- ¡Escribo en mi diario que ya soy tu novio! – respondió tremendamente
orgulloso el peliverde.
- Shunni... tú siempre tan ingenuo – sonrió ampliamente el ruso – Pero
ya deja eso y ven aquí. Tenemos un asunto pendiente que atender.
- Voy en un segundo, amor.
Sí, querido diario, él piensa que soy ingenuo... y quizás en el fondo me
convenga que lo siga pensando. Se pone más pasional cuando siente que me está
pervirtiendo.
Hyoga... ¡tan dulce!
- Shun ven... te necesito...
- Voy...
Lo siento, pero tengo que dejarte. Él está ansioso por abrazarme y yo por
besarlo nuevamente. ¡Dios! De sólo imaginar lo que pasará entre nosotros...
me estremezco.
¡Vaya!
Puede que en el fondo, sí sea un poco ingenuo
.
Sinceramente tuyo,
Shun.
- ¡Shunni!... conejito... que me duele... date prisa.
PD. Disculpa que te cierre con candado, querido diario, pero no creo poder
escribir en un laaaargo rato. Él no me lo permitirá... y yo se lo agradeceré
encantado... además... tenemos que recuperar el tiempo perdido... ¡hay tanto
que aun quiero que me enseñe!
- ¡Shun Kido! – dijo Hyoga cruzándose de brazos – Voy a tirar ese
maldito diario si no vienes aquí ahora mismo.
- Eres un desesperado – rió el peliverde cerrando el diario, corriendo
hasta su mochila y colocando el candado entre ambas pastas – Me espera una
vida dura contigo, cisne.
- Dura... pero excitante – sonrió el rubio al recibir nuevamente a Shun en
su lecho - ¿Acaso te quejas?
- No podría.
- Entonces bésame y no repliques.
Shun obedeció a Hyoga y ambos chicos se fundieron nuevamente en un ardiente
juego de entrega total... un juego, que para su suerte, llevarían a cabo
noche a noche, a partir de ese momento y durante toda su vida.
OWARI