Despedida
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El ruido iba llegando con mas claridad a sus oídos. Los sonidos comenzaban a ser percibidos por su sentido. Abrió los ojos y la claridad del día le lastimó haciendo que los cerrara inmediatamente y comenzara a abrirlos de nuevo con mas lentitud.
No podía recordar nada. Ningún pensamiento que atravesara su cabeza llegaba a concluirse.
Todo le daba vueltas y parecía mezclarse.
Permaneció acostado con los ojos cerrados otros instantes. Respiró profundo, queriendo inundarse de aire y sentirse mejor.
Lo logró...
Al cabo de unos instantes se pudo enderezar su tronco y observar alrededor. Estaba en su cuarto. Tenía su ropa de dormir puesta. Era temprano, según podía ver por la ventana. Pero no se sentía como un recién levantado, debía haber tenido algún sueño confuso o perturbador. La puerta de su cuarto se abrió y vio entrar al rubio, a Hyoga su novio.
Sí. Él era su novio. Ahora lo recordaba.
Tenía novio. Tenía amigos y tenía...
.... tenía un hermano...
Suspiró. Su cara se tornó triste y sus ojos se aguaron.
- Buenos días Shun. – dijo el rubio casi en un susurro.
- Buenos días Hyoga. – respondió el chico aún mas bajo.
El chico rubio se sentó a su lado en la cama, le miraba con sentimiento, con dolor y a la vez con miedo.
- Sé que fue difícil Shun... pero cuando estas cosas pasan, tenemos que aceptarlas. Tal como lo hicimos con nuestros padres. Tienes que ser fuerte...
El chico volteo y su mirada de ojos verdes se cruzó con los ojos celestes del otro chico. Le estaba recordando que no era la primera vez que tenía una gran perdida y había seguido adelante. Aunque antes, él estaba muy pequeño, el no recordaba nada, así que... nunca pudo extrañar del todo a sus padres, pues sintió que casi no los conoció.
Pero su hermano...
- Saldré adelante Hyoga... pero no es fácil. – susurró bajando su mirada nuevamente.
- Lo sé Shun. Lo sé... – Hyoga tomó su mano entre las suyas. – ya han pasado 3 meses... debes alimentarte mejor y debes salir de la mansión. Eso... eso es lo que a Ikki le hubiese gustado que hicieras...
Ikki...
Shun perdió su mirada en el suelo. Hyoga conocía a su hermano, también para él debía haber sido doloroso perder un amigo. Un compañero de lucha que nunca murió en guerra y ahora, había muerto así... en esa misma casa... y de esa manera que era tan dolorosa para los demás.
Sintió su pecho apretarse al recordar cuando lo vio allí. Tirado en la cama y con sus venas sangrando.
¿Acaso ya no existía razón por la cual vivir? . ¿Acaso no recordaba que tenía un hermano que le adoraba y que daría la vida por él?. ¿Acaso soportaba mas la guerra que la paz que al fin habían alcanzado?. ¿Por qué...?. ¿Por qué había decidido hacerlo?.
Los ojos de Shun se aguaron. Hyoga tomó su cabeza y la hizo apoyarse a su pecho. Para cuestiones como esa no hallaba que decir, la verdad no había nada que decir, no había forma de reparar ese dolor. Haría cualquier cosa por ayudarlo a que no sufriese, pero en este caso, no podía hacer nada...
- ¡¡AHHH!!... ¡SEÑORITA SAORI!... – Se escuchó un grito desde el pasillo. Era la voz asustada de Tatzumi. Ambos chicos, salieron corriendo del cuarto hacia el pasillo. Lo atravesaron hasta llegar a la habitación de Saori, chocar con Tatzumi quien aún veía horrorizado la escena y colocarse a un lado, para recibir un nuevo impacto...
Saori también estaba muerta.
Tatzumi lloraba a mas no poder. Shun, aún no caían en la noticia. Tenía... sangre en el abdomen y una daga al lado. ¡La famosa Daga!. ¿Un segundo suicidio?...
Shun sintió que las piernas le temblaban. Hyoga miraba con gesto sorprendido el cadáver de la chica en la cama.
- ¡¿Qué le pasa a Sao... ?! – Seiya y Shiryu llegaban con las ropas desordenadas por el apuro al oír el grito. Ambos se impactaron con la vista.
- ¡No!...
Seiya fue el primero en correr hacia la cama y tomarle la mano. Shiryu lo hizo al segundo tratando de sentirle el pulso.
- Está... muerta...
- ¡No!. ¡Saori!... – Seiya lloraba desesperado. Las lágrimas comenzaron a caer de los ojos de los otros presentes. Esto no se lo esperaban... esto era demasiado... en una guerra podían esperarlo, pero aquí no... ¡AQUÍ NO!...
El funeral fue largo y doloroso.
Muchísimos policías y detectives habían realizado investigaciones en la mansión. Sin conseguir nada. Esto no señalaba a otro lugar que el que todos estaban pensando: otro suicidio.
Pero era ilógico. La misma Saori, había estado muy dolida cuando la muerte de Ikki. No conocía sus razones, pero las respetaba. Por este motivo, decidió que ninguno de los demás tocase su cuerpo. Que ninguno de los otros se atreviese a hacerlo volver, tal cual lo hace un fénix y tal cual lo había hecho antes, naciendo nuevamente a través de sus cenizas.
Todos respetaron la decisión de Ikki. Y las palabras de su diosa, después de todo eso era ella y ya se acostumbraban al cambio. Debía ser así...
Ella se mostraba más imperativa que nunca, pero era así como ella debía ser. Y no la culpaban por eso. Los dioses, son seres absolutos y saben de asuntos que los mortales jamás han llegado a imaginar. Así ha sido siempre y por siempre debía ser así...
Nadie en el sepulcro lamentaba mas su partida que los cuatro caballeros, que en mas de una ocasión habían dado su vida por la de ella. Y esta, acababa de echar por la borda todo ese esfuerzo. Las guerras se habían acabado, pero la felicidad también...
Shun miraba con dolor hacia el hoyo aún sin tapar en el cementerio. Lanzó una rosa.
Ya no quedaban reporteros de prensa, radio ni ninguna otra persona. Solo ellos...
Solo él y sus tres amigos de batalla... los que quedaban...
Sintió que alguien pasaba una mano por su hombro, volteó y lo vio de nuevo. Hyoga siempre estaba con él en estos momentos duros. Un momento duro para ambos, en el que los dos necesitaban del otro. Él le tomó por la cintura también. Shiryu había conseguido levantar a Seiya, quien llevaba muchísimo tiempo arrodillado, frente a la lápida.
- Es tarde... – le dijo Shiryu queriéndole apurar.
- Si... – asintió Seiya susurrando con dolor. - ... es MUY tarde...
Los cuatro dieron media vuelta. No había ánimos para nada. Solo querían llegar a la mansión y quedarse allí encerrados, por el larguísimo resto de vida, que aún pensaba les quedaba por delante...
...Dos años después...
El tiempo acaba con todo. Con la infancia, con la juventud, con la vida, con la alegría, pero también con la tristeza. Durante el resto de su vida sentirían dolor por sus pérdidas, pero la vida continuaba y el tiempo les hacía borrosa la memoria cada vez más. Alejando ese dolor profundo y llevándoselo hasta rincones cada vez más difíciles de llegar. Dolores y pensamientos cada vez mas superados, aunque en ningún momento en su totalidad...
Shun y Hyoga jugaban dulcemente en la cama a repartirse besos, caricias y sonrisas. Ya pronto les tocaría hacer formal su relación. Ya se sentían completamente seguros de lo que sentía el uno por el otro. Era mucho tiempo de compañía, de convivencia, de tolerancia y habían logrado superar todas esas pruebas. Eran felices, habían estado juntos en buenos y en malos momentos, en la guerra y en la paz. Así debían permanecer.
- ¡ABRAN AHÍ!. – Gritó Tatzumi molesto tocando la puerta como lo hacía todas las tardes. Ese ya debía de saber de su amorío, siempre era lo mismo. Encerrados en el cuarto, solos en la cocina, limpiando juntos, lavando los carros y terminando jugando con agua, salir el mismo día los dos juntos al mismo lugar sin Seiya y Shiryu. Uno cuidaba del otro cuando estaba enfermo, le hacía comida, le acompañaba, lo mimaba le hacía cariño. Nunca peleaban, nunca se gritaban, siempre se echaban miradas raras. Se sentaban cerca, decían las mismas cosas...
<<No>>
Siempre concluían en sus pensamientos. Ellos NO creían que él sabía. Él SABÍA y punto. Pero no les había dado ningún problema, así que no se preocupaban por el asunto.
- ¡QUE ABRAN LA PUERTA CARAJO!...
El seguro se pasó y la puerta rechinó al abrir. El hombre de extrema calvicie se encontraba en la entrada con una mirada sumamente molesta y su vena marcada exageradamente en su cien.
- ¿Qué fue lo que les pedí ayer?. – Preguntó muy lentamente entre dientes.
- Que ayudásemos a limpiar el lugar... – dijo Shun.
- Lo otro... – dijo tatzumi.
- Que revisara la nevera... – dijo Hyoga.
- Lo otro...
- Que alimentase a los animales...
- Lo otro...
- Que quitásemos las telarañas...
- LO OTRO...
- Que hiciésemos el mercado...
- ¡NOOO! – Estalló el calvo. – QUE-PINTASEN-LA-PARED... ¿Costaba mucho?
Ambos se rascaron la cabeza.
- Sr. Tatzumi pero es su cuarto... – dijo Shun.
- ¿Y?. ¿Acaso nunca pueden hacerle un favor a uno?...
Ambos le miraban serios esperando que el mismo reaccionara sus palabras.
- ¿NO VERDAD?. ¡TODO LO TENGO QUE HACER YO!...
- Usted es el mayordomo... – dijo Hyoga mirando hacia las paredes y el techo.
Shun le dio suavemente por las costillas a Hyoga. Tatzumi se puso rojo.
- ¡CÓMO QUE EL MAYORDOMO PEDAZO DE IMBÉCIL!. ¡YO HE SERVIDO A ESTA FAMILIA POR MUCHO MAS TIEMPO DEL QUE TÚ TE PUEDAS IMAGINAR!. YO HE SIDO EL QUE HA PASADO TODA UNA VIDA ATENDIENDO ESTA CASA. Y AHORA, QUE HA QUEDADO SIN DUEÑO LEGÍTIMO Y SE HA REPARTIDO EL LUGAR CON “IGUALDAD”, TU ME VAS A VENIR A DECIR... ¡¡¿QUÉ YO SOY EL MAYORDOMO?!!... ¡JA!...
Se volteó. Estaba histérico.
- ¡QUIERO LA PARED PINTADA PARA MAÑANA MUCHACHITOS!. ¡USTEDES SON LOS JÓVENES EN LA CASA!.
- Pero..
- ¡SIN PEROS!...
Tatzumi se largó del lugar. Hyoga tenía ganas de congelarle su vacía cabeza calva pero Shun lo hizo contenerse. Igual, no pintarían nada. Planeaban irse muy pronto así que... ¿ya para qué?. Ya no había porque calarse a Tatzumi...
Si antes lo hacían era por Saori, porque ella le tenía aprecio. Por mas nada...
Ni Shun podía guardarle un aprecio que fuese mas allá del necesario para la convivencia.
Convivencia que había sido de este mismo modo desde hacía un tiempo y que ya se hacía en cierto modo insoportable.
- ¿Seiya?...
Shiryu acababa de entrar en la habitación del chico de cabellos castaños. Este escondió algo en su espalda muy rápido, tan obvio fue que él mismo respiró y decidió no esforzarse mucho en disimular.
- ¿Qué escondes ahí?. – volvió a hablar Shiryu.
- Es solo... una fotografía...
Shiryu se sentó a su lado y con propiedad, tomó la imagen que se encontraba detrás de Seiya. La observó. Eran... Saori y él... Seiya...
Él la sujetaba por la cintura mientras ella sonreía al igual que él. Con un brillo especial en los ojos...
- Seiya... ya tienes que olvidarte...
- Lo sé Shiryu pero no es fácil. No es fácil sentirse culpable...
Shiryu acercó su rostro al de Seiya y lo besó en los labios con los ojos cerrados. Al terminar el beso, volvió a hablar...
- Entonces comparte la culpa conmigo, para que así no sea tan pesada. Dámela en cada uno de tus besos, porque esa culpa también me pertenece... – Volvió a besarlo. Posó sus manos en la espalda de Seiya bajó y las sumergió por dentro de la camisa del chico.
- No... no, Shiryu ahora no... – Susurró Seiya haciendo detener al dragón. – Hagámoslo luego solo... ahora no me siento bien...
Shiryu le miró con extrañes mientras hablaba luego, su rostro se mostró molesto.
- ¡Seiya han pasado dos años y tu aún no logras olvidarte de ella!.
El silencio del chico menor solo hizo que se confirmara mas su acusación. Shiryu exhaló algo irritado volteando hacia la pared. Luego se levantó de la cama donde se había sentado junto a él.
- Ya la comida está servida. Deberías bajar ahora a comer... –
- Ahora bajaré. No te preocupes...
Sin mas que decir. Shiryu salió del cuarto cerrando la puerta. Seiya volvió a contemplar la foto mientras una lágrima le caía encima a la imagen de la chica de cabellos violeta.
Esa mañana desayunaron al igual que siempre. Shiryu había hecho la comida y a Hyoga le tocaba lavar los platos esta vez. Pero era de esperarse, que como siempre, Shun lo ayudase en su labor.
Seiya había comido apenas la mitad de su plato. Se le notaba desanimado. Desde hace dos años que ya no lo era tanto, pero ese día estaba particularmente mas desanimado que nunca. De cualquier forma lo entendieron y lo dejaron irse a mitad del plato sin decir nada. Solo Shiryu había suspirado algo irritado y, una vez terminada su comida, también se retiró del comedor. Shun y Hyoga no hicieron preguntas ni comentarios, eso pasaba frecuentemente y era de imaginarse por qué. Aunque si les extrañaba y mucho.
Shun solía llorar de vez en cuando a solas o con Hyoga cuando mucho por la pérdida de su hermano que aún le hacía muchísima falta y a su vez en su depresión, recordaba la muerte de Saori y la tristeza se hacia aun mayor. Pero... el caso de Seiya era diferente, el se sentía mal casi por cualquier motivo, comentario. Él, que siempre había sido un chico completamente animado y travieso, ahora se veía sumiso, triste y pensativo. Talvez, estuviese madurando...
Después de lavar los platos, ambos subieron al cuarto de Shun a dormir un rato, tomar una pequeña siesta como hacían todos los días después de comer. Y lo que era una excusa perfecta para hacer el amor o hacerse cariño casi todos los días. Esta vez, habían quedado muy llenos. Se conformaron con acostarse en la cama observándose el uno al otro.
Shun acarició el rostro sonriente de Hyoga, quien se dejaba acariciar cual gato mimado, haciendo reír mas al peliverde.
La risa del chico, hacia llenar de pensamientos la mente de Hyoga, quien lo tomó entre sus brazos y lo pego hacia si con una sonrisa pícara.
- ¡Au!...
- ¿Qué pasó?...
- Me... puyaste con algo... – dijo Shun.
- Uhh... ¿con qué habrá sido?. – Dijo Hyoga de igual manera, pícaro. Shun entendió su insinuación.
- Jeje... no, no fue con eso... eso no me molesta. Es algo que tienes en el pantalón. En el bolsillo...
Hyoga levantó una ceja recordando y luego al acordarse metió su mano en el bolsillo. Sacó, un llavero plateado con una única llave y lo puso en la mesita de noche que estaba al lado de la cama. Shun se extrañó, esta no era su llave de la casa, esas eran doradas. Esta en cambio tenía un llavero plateado, distinto...
- ¿De qué es esa llave?... – Preguntó curioso.
- De tu corazón... – contestó Hyoga juguetón volviéndose hacia él para besarlo y apretarlo entre sus brazos.
- Jaja, no vale, en serio... ¿de qué son esas llaves?...
- A pues, ¿y no me vas a creer?... – Hyoga volvió a colocar su rostro juguetón. Shun sonrió, amaba cuando se ponía así. Era simplemente hermoso. Esa llave carecía de importancia, mejor dedicarse por completo al amor de su vida en ese instante.
Así lo hicieron.
El cansancio pareció desaparecer en los cuerpos de ambos. Permitiéndoles continuar con su rutina de amor...
- Deja yo limpio ese armario...
- No, tranquilo. Yo lo puedo limpiar cuando termine aquí...
- Hyoga, pero si yo ya terminé lo que me tocaba, déjame ayudarte...
- No es que... yo soy el que tiene la llave del armario...
- ¡Bueno!. Entonces dámela y yo lo limpio. Nunca he abierto ese armario, ni he visto a nadie usarlo, ha de estar lleno de telarañas, Tatzumi se va a molestar...
- No. Yo lo limpiaré, tranquilo. ¿Mientras tanto me puedes hacer un favor?
- ¿Si...?
- Busca a Shiryu y dale esto... – Le entregó un pequeño cuaderno marrón. – Pensé que lo vería mientras bajábamos, se lo iba a entregar ahora. ¿Se lo das por favor?.
- Si, claro Hyoga... voy y vengo...
Se dio media vuelta y revisó todo el piso de abajo sin encontrar a Shiryu (ni a Seiya). Talvez ya habría subido a su habitación. Así que tomó las escaleras y llego hasta la habitación del dragón, abriéndola apurado por seguir buscando...
- Shiryu, ¿estas aq....?
Se tapo los ojos con la mano para no incomodar(los).
- ¡Perdón, perdón yo no sabia!. ¡Yo no.. Les... dejo esto... por aquí, Shiryu te manda Hyoga!. ¡Chao!... – salió lo más rápido que pudo de la habitación, después de dejar el pequeño cuadernito en la primera mesilla que tanteó con sus manos.
Primera vez que encontraba a sus amigos en... ¡Eso!...
Shun se quedó parado sorprendido dando la espalda a la puerta cerrada. Los había visto a ambos acostados, ¡desnudos!. No hacia falta ver mas para darse cuenta de lo que acabarían de hacer.
Sonrió...
Que gracioso era todo. Él había notado que su amistad, comenzaba a tornarse algo mas extraña, mucho mas afectiva, pero... no se osaba a imaginar que habían llegado a... “compenetrarse” tanto. Se rió con sus pensamientos.
Talvez, así era lo mejor. Seiya necesitaba mucho la compañía de alguien, la fuerza de alguien. La muerte de Saori debía haberle dejado una huella y un dolor profundo en su corazón y talvez Shiryu, sabría llenar ese espacio.
Saori y Seiya habían sido novios, una de las razones por la cual Shun había descartado completamente que tuviese algo con Shiryu, pensó que solo le gustaban las mujeres, pero no... ¡la vida es sorpresiva!, pensó mientras se dio cuenta de que llevaba algunos minutos parado en el mismo lugar, podrían pensar que los seguía espiando, así que comenzó a caminar de regreso de nuevo.
Quizás debió comentarle que no le diría a nadie y que los entendía perfectamente. Pero no se le ocurrió en el momento y no volvería a interrumpirlos.
Al volver junto a Hyoga, le dijo que ya le había entregado el cuadernito a Shiryu.
- ¿Ahora si te puedo ayudar?.
- Na... ya todo está listo. Yo también terminé. – Sonrió el rubio. – ¿Vamos a dormir otro ratito?
- ¿No te cansas de... “dormir”? – preguntó Shun con una sonrisa.
- No. ¿Y tú?. – le preguntó el cisne con la misma sonrisa.
- ¡Tampoco!. ¡Vamos!...
Shiryu fue el primero en abrir los ojos. Al hacerlo, se dio cuenta de que tenía a alguien entre sus brazos, debía ser Seiya. También se percató de que su larga cabellera les tapaba el rostro a los dos. Se levantó poco a poco. se echó el pelo para atrás y miró a su pequeño Seiya. Aún seguía dormido, como un angelito. Se le veía mas calmado...
Shiryu le acarició el rostro suavemente sin quererlo despertar. Luego se levantó de su cama totalmente desnudo. Se puso una ropa interior y un pantalón, una camisa negra y manga larga. Caminó hacia el espejo de su habitación sobre su gavetera y notó allí un pequeño cuadernillo marrón.
- Volviste... – dijo sonriendo de medio lado, mientras tomaba su cuadernillo y lo abría. En la primera hoja, la portada decía con letra muy legible.
“Si no te gusta que tome tus cosas, no tomes las mías”...
Entendió
perfectamente el mensaje. Tomó el cuadernillo y lo guardo dentro de una de
sus gavetas, donde siempre lo guardaba fuera de vista de cualquiera. Era un
diario, no gustaba de mostrárselo a nadie, si acaso a Seiya...
- ¿Qué haces Shiryu?.
- Nada, estudiando Shun, tu sabes. Esta semana son los exámenes.
- Ahm... – dijo Shun asintiendo, haciéndose el entendido. – Y... ¿son muy difíciles los exámenes de psiquiatría?...
Shiryu suspiró algo cansado.
- Pues, mas o menos... lo que pasa es que, cuando te gusta lo que estudias la cuestión se hace menos difícil. Pero igual, hay que leer mucho...
- Entiendo. Yo también estuve considerando estudiar psiquiatría. Sabes... me gradúo el próximo año y tengo que saber que es lo que voy a estudiar.
- Si, si... es una bonita carrera. Además, así te vería siempre en la universidad. – le sonrió, Shun le devolvió la sonrisa.
Se hizo un silencio incómodo por unos instantes.
- Y... ¿qué te va para ese examen?... – Preguntó Shun haciendo suspirar de nuevo a Shiryu.
- Pues... historia sobre la medicina. Es algo interesante, pero ya me he cansado un poco. Métodos utilizados antiguamente, desde el exorcismo y los electroshocks hasta pastillitas y aromaterapias de la actualidad. – Shiryu rió. – Es curioso como han cambiado los tratamientos... es de agradecerse el haber nacido en estos tiempos...
- ¿Electroshocks?. – Shun arrugó el rostro?.
- Si. – afirmó Shiryu. Volteó el libro que tenía en las manos permitiéndoselo mostrar a Shun. En la ilustración, podía verse una máquina de la que salían diferentes cables, dos de ellas conectados desde la máquina hasta las sienes de un hombre, acostado en una cama, parecían estar pegadas con algo a su cabeza. El hombre tenía algo que no llegaba a distinguir en su boca. – Fueron... comenzados a usar a partir de 1910, permiten el olvido de las experiencias recientes a través de una descarga de voltios en el paciente. Era... útil para hacer olvidar sus últimos pensamientos a algunos esquizofrénicos... y algunos otros enfermos mentales...
- Ahm... interesante.
- Si... pero agotador... – dijo Shiryu echándose para atrás en su mueble, algo cansado.
- ¿...Shun? – dijo alguien entrando al estudio.
- Aquí estoy Hyoga, no te quise despertar...
- Tranquilo. Solo te estaba buscando para que saliéramos a algún lugar, la verdad... estoy muy aburrido encerrado en este lugar.
Shun se levantó.
- Ok, solo deja que me bañe y salimos por ahí. ¿Querrás venir Shiryu? – Le preguntó al dragón volteándose.
- No, gracias Shun. Recuerda que tengo que estudiar...
- Cierto... bueno, no vemos luego entonces y suerte con tu examen. – le sonrió.
- Gracias. – le respondió Shiryu con el mismo gesto en el rostro.
Shun abandonó el estudio y se fue a tomarse a un baño antes de salir. Hyoga se quedó parado apoyado en el marco de la puerta, mirando a Shiryu con los ojos entrecerrados, este se había perdido nuevamente en su lectura, pero al cabo de unos instantes de sentir fija la mirada del rubio sobre él, bajó el libro y le habló con cara confundida.
- ¿Qué?. – le dijo. – No le he dicho nada...
Hyoga se dio media vuelta y salió de la habitación.
Salieron alrededor de las 8 de la noche. Pagaron por entrar a ver una película que ninguno de los dos conocía y que a ninguno de los dos realmente le importa, puesto que en verdad no la iban a ver. Otra perfecta excusa para hacerse cariños en la oscuridad de una sala (no muy visitada). El espectáculo del brillo en los ojos del otro era muchísimo mas entretenido que la intensa trama frente a ellos. Shun acariciaba el rostro de Hyoga tal cual siempre le gustaba hacerlo y como siempre al rubio le gustaba recibirlo.
- ¿Tu me quieres?...
- Te adoro Shun... haría lo que sea por ti....
- ¿Lo que sea?...
- Lo que sea...
- Yo también...
Acercó sus labios y le plantó un beso, que se prolongó en infinitos besos cortos, hasta que Hyoga decidió atrapar su boca en un solo beso apasionado y dulce.
Volvieron a la mansión en un taxi, cerca de las 11 de la noche, tomados de la mano sin mucha preocupación por los vecinos, tarde o temprano todos se darían cuenta, ya no importaba mucho disimular. Shun no le comentó a Hyoga sobre el estado en que había encontrado a Shiryu y a Seiya. Hyoga era su pareja y le gustaba comentarle todo pero... talvez, cuestiones como esa, era mejor que se las dijesen ellos mismos. De todos modos, no se había presentado un momento para tocarle el tema, entre tantos besos y palabras de amor casi nunca encontraba el momento de decir algunas cosas o simplemente se le olvidaban entre esas múltiples caricias y manifestaciones de entrega.
Hyoga se quedó dormido en su cuarto, después de hacer el amor con Shun. Este segundo, le acariciaba el rostro mientras lo arrullaba con palabras tiernas. Lo contempló dormir al parecer tranquilo, contento. Solo ante Shun, Hyoga se permitía comportarse así, como un niño, como un niño en busca de cariño pero esto le encantaba al peliverde, quien siempre lo complacía en todos sus caprichos.
Un ronquido le indicó que Hyoga ya se encontraba en las profundidades de su subconsciente, Shun sonrió de medio lado contento ante su bella imagen.
No tenía sueño...
Se acostó boca arriba viendo hacia el techo. Se sentía feliz de tenerlo. El ahora era su todo, lo amaba con toda su alma y en solo él, recaía todo su mundo y toda su felicidad. Solo él...
Ya no encontraba ningún sentimiento que se le acercase remotamente...
Se volteó nuevamente hacia Hyoga, contemplándolo.
Ojalá los Dioses nunca quisieran separarlos. Porque si le diesen ese golpe. Ya nada valdría la pena. Ya no tendría muro en que apoyarse, ni hombro en que llorar. Ni espacio en el corazón o en el alma, para alguien más...
Una brisa suave se internó en la habitación haciendo bailar suavemente las cortinas. Permitiendo entrar a los rayos de la hermosa luna. Shun vio un brillo frente a él debido a la luz en un pequeño segundo. Enfocó sus ojos, mas no pudo distinguir el causante del brillo.
Enderezó un poco su tronco, levantando la cabeza y pudo ver detrás de Hyoga, al lado de la cama, el objeto que brilló de esa manera:
La llave solitaria del armario de abajo, que descansaba sobre la mesita de noche...
¿Qué tendría ese bendito armario?. ¿Por qué Hyoga no le permitió limpiarlo?.
Él debía haberlo hecho, pero... lo sintió extraño en ese momento. Generalmente podían compartir todo e incluso, el siempre le pedía que le ayudase con lo que hacia para terminar mas rápido. Pero esta vez, esta única vez, había sido diferente...
Le pidió entregarle el bendito cuadernito a Shiryu...
Por cierto...
¿Qué tendría ese cuadernito?.
<<¡Por
los Dioses Shun!>> Pensó para si mismo. <<¡Pareces una
vieja metiche en los asuntos del marido!>>
Sacudió su cabeza y se volvió a acostar.
De verdad que debía ser bien ridículo, pero se moría de la curiosidad...
¿Qué hacia Hyoga con ese cuadernillo de Shiryu?. ¿Será que el ya sabía de la relación entre Shiryu y Seiya?.
<<¡El
insomnio es lo peor!>>
Se dijo para sus adentros, sorprendido de cómo su mente no le permitía dejar de pensar. Así fuese en cosas tan estúpidas y sin importancia como las que estaba pensando. ¿Qué importaba si Hyoga había decidido limpiar por el mismo el armario?. ¿Qué importaba si Shiryu le había confiado un cuaderno, eran amigos no?...
Se puso de lado nuevamente viendo hacia Hyoga y colocó un brazo alrededor de la cintura de él, dispuesto a dejar de pensar.
Brisa otra vez... y la llave volvió a brillar...
Se hizo insoportable.
Shun se levantó de la cama, se colocó su ropa interior y un short y tomó la llave que había en la mesa de noche.
Era insoportable la intriga una vez que había nacido. Y si quería dormir, sabía que debía quitársela de encima...
Salió del cuarto en silencio, sin encender ninguna luz para no despertar a nadie. Era pasada la media noche y mejor si nadie lo viese curioseando por allí. Bajó las escaleras sin hacer ruido, recorrió el pasillo oscuro muy lentamente, ya que no veía casi nada y ese pasillo carecía de luz, solo las habitaciones cercanas.
El armario, estaba en la habitación al final del pasillo. Podía ver la luz de la luna alumbrar ese cuarto, las cortinas estaban corridas permitiéndola entrar, al igual que a la brisa. Shun se arrepintió de no haberse puesto una camisa puesto que comenzaba a sentir frió, pero sería rápido. Vería se devolvería y se volvería acostar junto a Hyoga.
Sintió la cerámica fría del piso al entrar al cuarto. Allí estaba el armario de puertas blancas y cerradura gris. Metió su mano en el bolsillo del short, donde había guardado la llave, esta brilló al sacarla de su lugar, debía ser nueva, estaba muy brillosa. La introdujo en la cerradura...
- ¿Qué haces aquí?...
Esa voz casi lo hace matarse de un susto. Volteó rápidamente para encontrar al chico a sus espaldas.
- ¡Nada!... Nada... yo... solo... no podía dormir, solo eso... – respiró agitadamente. El chico levantó una ceja extrañado de su respuesta. - ¿Tu que haces despierto a estas horas Seiya?...
- Me dio hambre y quise bajar a buscar algo de comer...
- Vaya pero.... ¡me has pegado un susto!
- Y tu a mí. Pensé que era un ladrón... ¿qué haces abriendo ese armario a estas horas?
- Nada, nada, yo solo... quería ver si había guardado una cosa aquí, solo eso.
- ¿Qué cosa?. ¡Ábrelo yo nunca he visto que hay allí!...
<<Ni yo tampoco>>... Pensó Shun, mas no podía traicionar (más) la confianza de Hyoga. Ya de por si, había abusado con abrir el armario sin preguntarle, no podía también mostrarle su contenido a Seiya. Le había entregado confianza y él, tenía que respetarla.
- No Seiya yo... ya me acordé de donde estaba...
- Ahm...
Hubo silencio.
La impaciencia y la intriga eran gigantescas. Shun esperaba a que Seiya en cualquier momento decidiese retirarse y el pudiese a fin ver el contenido del armario. Pero este siguió allí... tan callado como él...
Finalmente tuvo que resignarse.
- Bueno... yo me... voy a dormir. ¡Hasta mañana Seiya!. – Le pasó por un lado.
- Hasta luego Shun... – se despidió este mirándolo curiosamente.
Y Shun no pudo dormir esa noche...
Al contrario, se despertó echo un ocho entre tantas suposiciones que ya habían pasado en su mente. Pero trataba de no prestarles atención, debía ser su imaginación mas nada. No se atrevió a bajar luego, pensando que Seiya podía estar allá y aunque no debía ser nada de importancia, no quería que nadie lo viese en ese plan. Podrían pensar, que el estaba ocultando algo...
...
¿Hyoga lo haría?...
Shun se castigó por esto. No le ocultaba nada, eso se veía en sus ojos. El sentía que siempre le había contestado con la verdad y eso no tenía ni un margen de duda.
Cuando Hyoga abrió los ojos se encontró con los de Shun, quien le contemplaba con una sonrisa.
- Buenos días... – le dijo este con una sonrisa.
- Shun... – dijo este desperezándose. - ¿No dormiste?... tienes los ojos rojos...
- No... no pude, pero no importa, esta noche seguro si dormiré... – volvió a sonreír.
Ese día Shun se encontraba particularmente callado.
Finalmente y en busca de algo que hacer habían decidido pintar las paredes del cuarto de Tatzumi. Hyoga había llamado a Shiryu y a Seiya, al fin y al cabo, Tatzumi les exigía no solo a ellos dos, sino a los cuatro y esa era una de las cosas que les había pedido a todos.
Mas sin embargo, solo Hyoga y Shun se encontraban el lugar y ya habían pintado dos y media de las cuatro paredes del cuarto para cuando los otros dos llegaron...
- A buena hora... – se quejó Hyoga. – Con esa rapidez que tienen podrían haber pintado las cuatro paredes antes que nosotros. – dijo irónico.
Shun se mantuvo callado, terminando apenas de pintar la tercera pared.
- Lo siento, fue mi culpa. No... no me sentía bien... – admitió Seiya.
¡De nuevo triste!. ¡¿Por qué estaría triste todo el tiempo?!.
No estaba solo. Tenía a Shiryu y si hacían el amor, era porque debían quererse mucho. O...¿sería despecho?...
- Dame acá Hyoga, no importa, yo termino de pintar las dos paredes que faltan... – dijo Shiryu algo irritado.
- Una y media. – le corrigió Hyoga algo molesto también.
¿Estarían bravos?...
- Una y media, dos lo que sea... si quieres hago el próximo mandado que te mande Tatzumi y así dejas la estupidez. – dijo Shiryu. Hyoga le observó molesto sin decir nada.
Al parecer... yo era el que se encontraba mas ‘normal’ ese día.
Shiryu... no era tan violento, siempre se había distinguido por tener una paciencia infinita, no se dejaba caer en provocaciones tan estúpidas.¿Y Hyoga...?, el solo era así, cuando estaba molesto con alguien...
- Bien... – dijo Hyoga asintiendo, guardándose mas de una palabra por decir. – Vámonos Shun, ellos terminaran de pintar...
Salió del cuarto rápidamente. Eso confirmaba que estaba molesto y parecía ser a Shun al único que esto le extrañase.
Pasando una última vez la brocha, Shun terminó de pintar la tercera pared.
- Gracias Shun... – le dijo Seiya muy bajo y extendiendo su mano para que le diese la brocha.
Le partió el alma ver a su amigo y casi hermano... así...
- No es nada Seiya... – le miró por unos instantes a los ojos. - ¿Pasa algo?. – no se aguantó la pregunta. Ya antes la había hecho y no conseguía respuesta, mas se asumía de que se trataba: Saori...
- No, no... no pasada nada. No te preocupes Shun... – sonrió. La misma respuesta de siempre, Shun le entregó la brocha, confiaba en que a Shiryu si lograse contarle y este lo ayudase, estaba harto de verlo así.
Salió del cuarto y cerró la puerta para dejarlos solos en caso de que quisieran hablar. Vio el cuarto que estaba en frente, pero se volteó para recorrer el pasillo y bajar las escaleras. Pero... no alcanzó a dar un solo paso...
Volteó de nuevo hacia el cuarto...
Era la habitación de Shiryu. Abierta...
Allí, debía estar el bendito cuadernito...
<<Bah...
parezco idiota creyendo ser detective>>
Se dijo a si mismo en su mente. Pero antes de dar un paso, escuchó una voz. La de Shiryu, dentro del cuarto, aun podía oírse perfectamente...
- Tienes que disimular mejor... – le decía.
- Lo sé... – se limitó a decir el otro.
- Te la pasas sintiéndote triste y culpable por eso. Y eso todo el mundo lo nota... desde hace ya mucho tiempo que estás así...
- No sé como disimular el cómo me siento...
- ¡Pero no fue tu culpa Seiya!.
- Sabes que si lo fue Shiryu. – dijo este subiendo mas el tono de su voz. – Sabes que fue nuestra culpa... específicamente fue MI culpa... yo... yo no debí haberle hecho eso...
Shun arrugó el rostro. Colocó un oído cerca de la puerta.
- ¡Seiya!. – el otro le regañaba. – Ella NO era una santa... ¡a ella le podía pasar eso como a cualquier otra persona!. ¡Tu sabes que es así!. Además... ¿Dónde quedaría yo en todo esto?. Acaso... ¿acaso ahora dudas de tu amor por mí?
- ¡No, Shiryu no! – se apresuró a decir Seiya. – Pero no puedo dejar de culparme... su muerte, es MI culpa...
Shun explayó los ojos y inconscientemente se llevó la mano a la boca. No entendía, no podía comprender lo que estaba oyendo.
- Bueno, pero ya es hora de que la olvides. – dijo un Shiryu con un tono más severo. – Estoy harto de verte llorar por ella todo el tiempo... me haces sentir... que he sido yo el que lo ha estropeado todo. Que he sido yo, el que vine a acabar con la vida de Saori...
- Shiryu sabes que no es así...
- ¡Pero me lo das a entender!. – le aclaró este. Parecía obstinado. – Con... tus lágrimas todos los días... ya no eres el mismo Seiya del que me enamoré.
Hubo silencio...
Al cabo de unos instantes, Shun escuchó el roce de la brocha con la pared de nuevo.
Mejor se quitaba de allí, debían de salir en un momento. Se dio media vuelta de nuevo y justo antes de retirarse volvió a mirar y considerar el cuarto de enfrente...
¿Le daría tiempo?...
Miró hacia la puerta cerrada enfrente.
Se arriesgaría...
Entró al cuarto de Shiryu y cerró la puerta con seguro...
Buscó el cuadernillo sobre la gavetera donde creía haberlo colocado la vez que entró. Pero no estaba allí y era la única mesa que estaba alrededor, Shiryu debía haberlo visto y guardado en otro sitio.
Abrió la primera gaveta y ahí estaba. Lo tomó. Y por un momento, volvió a dudar en abrirlo...
Era de su amigo... y no le había dado permiso...
Nunca había hecho eso pero... lo que acababa de oír no era normal. Sentía que el corazón se le iba a salir del pecho. Tenía miedo, miedo de lo que pudiesen decir o admitir en ese cuaderno.
Ellos eran los culpables de la muerte de Saori...
Shun se detuvo al terminar de asimilar esto. Así lo había dicho Seiya, ellos eran los causantes de la muerte de Saori.
Le estremeció la idea de imaginar que sus amigos pudiesen haber sido los asesinos de la misma Diosa a la que defendían con sus vidas. Vio el cuadernillo frente a él, debía darse prisa...
- Perdóname Shiryu..
Susurró para si mismo mientras abría el cuaderno en la primera página.
“Si no te gusta que tome tus cosas, no tomes las mías”...
Conocía perfectamente esa letra. Y no era la de Shiryu...
Se detuvo un momento, pero prefirió leer y luego pensar. Se adelantó hasta las primeras páginas con más escrito...
“06
de Enero. Esta tarde los muchachos y yo decidimos salir a la fundación...”
Eran relatos de este año. En una pequeña hoja al comienzo indicaba el número del año actual y desde allí comenzaban los registros con fechas al comienzo. Saltó unas cuantas fechas.
“12 de Febrero. He conseguido gracias a la universidad la increíble máquina de los electroshocks para continuar con mi tesis...”
Quiso adelantarlo todo ir directo al día al que murió Saori, pero...
Ahora la duda, era el doble de grande... y de temible...
Decidió pasar y llegas hasta el temible 19 de Mayo, día de la muerte de Ikki.
No encontró 19 de Mayo, pero si el 20...
“Ayer
no tuve tiempo ni ganas de escribir. El día de ayer, perdí a un amigo, a un
compañero de guerras, a un hermano. No de la manera en la que pude haber
aceptado perderle, muriendo en batalla, no... sino de un modo mucho más
drástico y doloroso para todos nosotros, porque fue él quien tomó la
decisión de irse de nuestro lado. Existiendo al fin paz en nuestras vidas y
una seguridad y felicidad que prometía durar por un largo, él lo ha
decidido, lo cual me hace pensar, que no soportó alcanzar sus metas, puesto
que lo veía imposible...
Talvez
fue eso. Talvez no se acostumbraba a la idea de vivir sin guerras. No se como
se encontraba su corazón, pero sé que estaba mal. Había sufrido mucho en la
Isla de la Reina Muerte y eso nos hace comprender y respetar cada una de sus
decisiones, por erradas que nos parezcan.
Los cinco, Seiya, Hyoga, Shun, Saori y yo, hemos llegado al acuerdo de respetar su decisión. Shun está muy dolido pero sé que podrá entenderlo, porque a pesar de todo respeta la decisión de su hermano. Sin embargo es un golpe fuerte que nos costará olvidar...”
Shun respiró hondo. Tenía los ojos mojados sin darse cuenta. Se sentía algo más aliviado. Shiryu no tenía que ver con la muerte de su hermano... la idea que nació, también murió en un segundo. Pero aún faltaba el verdadero motivo por el que había decidido revisar el cuadernillo. Dejó pasar las hojas hasta observar la siguiente fecha.
“21 de Mayo. El peor día de mi vida. Estoy harto. Harto, harto, harto. Harto de la muerte, harto de los celos, harto de mis sentimientos, harto del amor, harto de la amistad, harto de mi mismo. Este día, ha sido un golpe muy fuerte, pues una segunda amiga nos deja y se lleva consigo el alma que más aprecio en este mundo. Sé que Seiya no podrá perdonarse nunca lo que hizo, porque lo conozco como a la palma de mi mano y me duele, me duele muchísimo eso. No puedo evitar, el sentir una envidia gigantesca y me pregunto, si él lloraría tanto ante mí si yo fuese quien estuviese en el ataúd.
Soy
un egoísta talvez, no puedo reconocerme en estas propias líneas... ¡pero
estoy harto!. ¡Muy harto!... Harto de siempre mantener el control...
Y
Harto de sufrir eternamente. Harto de no admitirme a mi mismo que lo que
siento es una profunda envidia hacia Saori, porque él lo tiene, creo que él
lo tiene. Y mis sentimientos son caballos salvajes que no sé dominar...
Lo
siento Seiya, pero yo por ti hice, hago y haría lo que sea...
Lo
que sea...”
Shun revisó la siguiente hoja, leyó un poco pero no... ya no hablaba mas de ese día, eso era todo. Todo lo que Shiryu había escrito sobre el tema...
El Shiryu de esta lectura asustaba. Pero... no admitía, no confesaba haber sido él quien hubiese matado a Saori a pesar de tenerle un gran resentimiento.
Pero Seiya...
Él era el novio de Saori en esos momentos y no se perdonaba lo que le había hecho, por eso aún no olvidaba, por eso seguía triste.
La cabeza de Shun daba vueltas.
No podía imaginar, un solo culpable entre sus amigos...
¿Sería por Seiya por quien finalmente Saori había decido suicidarse?.
Tenía
que estar seguro. Tenía que saber... no quería culpar ni hacer suposiciones
de nadie antes de estar seguro. No quería considerarse un traidor, porque de
por sí ya le costaba mucho sospechar algo así de uno de sus amigos...
Penas,
Mentiras y Desahogos
Nunca consideró que sus amigos pudiesen matar con intención. Pero tampoco nunca se imaginó verlos tan cambiados y afectados. Seiya no era el mismo de antes y Shiryu había llegado a caer en sentimientos que nunca pudo imaginar de él.
<<Somos
humanos cometemos errores>>
Trataba de tranquilizarse con el pensamiento, pero no era suficiente. No todo estaba explícito en el diario de Shiryu. En la conversación que escuchó mientras pintaban el cuarto de Tatzumi ambos se referían con culpa. Mas aún Shun, no sabia que pensar. Eso, fue lo que lo llevo de nuevo hasta el marco de la puerta del estudio.
En silencio y con total inexpresividad, se mantuvo allí, observando a Shiryu por unos instantes. Él seguramente se había percatado de su presencia, pero seguía internado en la lectura de sus libros de psiquiatría. Fue cuando el silencio no podía ser más atormentante y su mirada dejaba de permitirle estudiar, que Shiryu bajó el libro y le observó.
- ¿Pasa algo?... – preguntó arrugando el rostro, había algo de nerviosismo en él, talvez el natural de cuando alguien se queda mirando a otro.
- No... – mintió Shun sin alzar mucho el tono de voz. – No pasa nada...
Shiryu pareció no convencerse con la respuesta.
- Y... ¿por qué no te sientas acá cerca?. ¿Por qué te quedas allí?...
Shun hizo un gesto sin importancia, pero de igual manera decidió acercársele y sentarse a su lado en una silla. Después de unos instantes sin hablar, Shiryu retomó la lectura.
Sí pasaba algo. Y Shun quería comentárselo a su amigo...
Pero no sabia como hacerlo, por donde empezar, preguntar o hablar sin estropearlo todo. Mas de una vez tomó aire muy bajo retándose a decir algo en el próximo segundo, pero sin emitir ningún sonido. Después de otro rato, rompió el silencio.
- ¿Shiryu tu...tienes...una relación especial... con Seiya, no?... – dijo lento, dudoso. El caballero del dragón subió lentamente la mirada clavándola en su frente. Como pensativo... talvez desconcertado. Luego volteó hacia Shun con el rostro arrugado y le respondió.
- Él... es mi mejor amigo. Pensé... que lo sabias.... – dijo el también lento, como si tuviese algo de miedo de defraudar a Shun si acaso el se consideraba el mejor amigo de Shiryu. Para nada, Shun tenía muy claro con quien se llevaba mejor él. Y ellos dos eran amigos, pero no los mejores...
Shiryu asintió un poco y como si estuviese algo avergonzado fue doblando la mirada hasta volverla de nuevo al libro.
- No me refería a eso... – dijo Shun muy suavemente. – me preguntaba... si tenían... ¿algo mas?...
Shiryu nuevamente miró hacia el frente, hacia los estantes llenos de libros enfrente. Respiró hondo, como llenándose de valor o paciencia. Cerró el libro, se colocó en las piernas y volteo hacia Shun. Sus ojos le veían curiosamente, como si dialogase haciéndole preguntas directamente a los ojos de Shun.
- Si... – admitió después de unos instantes. – Si tenemos algo... ¿por qué...?, ¿Por qué lo preguntas?...
Shun le miraba a los ojos de igual manera. No podía haber maldad en él. No le estaba mintiendo, le estaba siendo sincero, tenía un brillo y una mirada que comenzaba a mostrarse triste. Shun bajó la mirada.
- Seiya ha estado muy triste, desde la muerte de Saori...
Ahí estaba el nombre de nuevo. El verdadero motivo de la ‘visita’: Saori...
Shiryu se echó atrás, apoyándose en el espaldar de la silla y volviendo a respirar hondo.
- Sabes que ellos dos... tenía algo cuando Saori murió y...
- Shun. – ya no tenía ese brillo en los ojos. – Si lo que quieres saber es si nosotros dos andábamos antes de que Saori muriese... no, no fue así.
Shun seguía observando en sus ojos, cambiaban repentinamente, se notaban distintos. Volvió a bajar la mirada, con algo de resignación.
- Solo quería ayudar a Seiya... – dijo sin mentir, en parte, esa era su intención. – Y.. como tú eres su amigo más cercano...
- Entiendo, entiendo Shun, perdona si... soné grosero, es que... – respiró hondo de nuevo. – han sido dos años pensando todos los días en ello...
Shun asintió, entendiendo perfectamente. Durante cada uno de sus días siempre tuvo un momento para pensar en ellos, en ella y en su hermano.
- ¿Shiryu... ? – Seiya entró en el estudio. - ¿Me acompañarás al orfanato?
- No. Lo lamento Seiya el examen es mañana y... tengo que continuar estudiando. Dale saludos a Seika de mi parte.
- ¿Seika está trabajando en el orfanato?. – Preguntó Shun con curiosidad.
- Si así es. – asintió Seiya, al menos se le veía una pequeña sonrisa al hablar de su hermana. – Le gustan mucho los niños, creo que... eso se le quedó de cuando me criaba a mí, cuando éramos pequeños... – asintió. Luego explayó los ojos ocurriéndosele una idea. - ¿Quieres acompañarme?.
Shun sonreía. No le parecía mal la idea de verlo sonreír otro tiempo más.
- Sí. Me gustaría mucho. – se levantó del sillón.
Se encontraban en el cuarto de entrada. El orfanato era pequeño y humilde, pero no por falta de recursos, sino porque esa era precisamente la imagen que se quería que tuviese. Así lo niños podrían sentirse como en un hogar y compartir junto a los demás niños, como hermanos y en lo posible, ser una ‘familia’ normal.
Al llegar, saludaron a Miho una chica que trabajaba en el Orfanato desde hace ya muchísimo tiempo.
- Seika acaba de entrar a bañarse... – le respondió a Seiya después de que este preguntase por su hermana. – Iré a llamarla, si quieren la pueden esperar acá. – Seiya asintió. – Bien, entonces... voy a llamarla...
Seiya y Shun se sentaron en un cómodo mueble. Seiya respiró hondo y cruzó los brazos mirando con atención a los lados. Talvez buscando algo con qué distraerse. Se le notaba algo más vivaz.
- Te contenta mucho venir a ver a tu hermana ¿no?. – comentó Shun con una sonrisa.
- Si, así es. – dijo Seiya con orgullo. – Aun... se me resulta increíble todo lo que tuvo que pasar para que yo pudiese encontrarla. Tenerla de nuevo después de haberla perdido me da... una alegría muy grande... – Sonrió. Shun asintió.
- Entiendo. Yo también sé lo que es tener a un hermano de vuelta después de haberlo perdido. –
<<Y
volverlo a perder>>
Completó en su mente. Pero se ahorró el comentario, no arruinaría la alegría de su amigo hablando de su drama. Le hubiese gustado tocar el tema, pero no, se repetía, no quería arruinar el momento. Sin embargo, fue él quien lo tocó...
- Desde que Saori murió, no he podido dejar de sentirme culpable, hay algo que me mortifica todos los días y que creía no conocer en mí. Ella, Seika, es una de las pocas personas que... logra contentarme algo. – Asintió viendo hacia el piso. – Y Shiryu... – agregó instantes después. Talvez ya no se preocupaba en disimular...
- ¿Shiryu?. – preguntó Shun fingiendo no entender. Seiya sonrió como si le fuese a contar una de las travesuras que solía hacer tanto.
- ¿Te puedo contar algo?.
- Sabes que sí. Somos amigos...
- Bien. – Seiya asintió. – Yo... tengo... algo mas que... una amistad, con él...
Shun sonrió ampliamente sin siquiera actuar sorpresa.
- ¿No te sorprende?. ¿No te molesta?. – le preguntó Seiya incrédulo.
- No, para nada. – dijo Shun con sinceridad. Seiya le abrazó.
- ¡Gracias!... sabía que tú lo entenderías. – Se quedaron así abrazados, durante unos instantes, luego fue Seiya quien se separó de él. – Y... – dijo algo dudoso en continuar.- ¿puedo hacerte otra pregunta?.
- Las que quieras. ¡Te dije que somos amigos!.
- Cierto, cierto, pero es que... no sé como lo vayas a tomar...
Esa frase podía asustar, si la hubiese dicho en otro tono.
- ¿Tu... tienes algo... con Hyoga?. – preguntó después de mucho balbucear. Shun volvió a sonreír.
- ¿Se nota mucho?
- Demasiado jeje... – dijo Seiya sinceramente también. – pero me gusta eso, ustedes hacen una bonita pareja. – le sonrió.
- Ustedes no se quedan atrás. – respondió este juguetón picándole el ojo.
- Jeje... talvez... Shiryu es una persona hermosa. Siempre... siempre he sentido algo especial por él. Ya llevamos un tiempo estando juntos...
- ¿Mucho tiempo?
- Mas de dos años... – dijo Seiya moviendo la mirada hacia el piso.
Hubo silencio.
Shun notó, que eso... había sido un desahogo. Él había querido decir eso, sacarse eso de adentro...
Mas de dos años siendo pareja de Shiryu...
- ¿Mas... de dos?. – pregunto Shun arrugando ligeramente el rostro, preguntándose sino habría escuchado mal.
- Si... – dijo Seiya con algo de pesar. – Yo... le fui infiel a Saori, con él...
Shun asintió comprendiendo. Haciéndose el entendido, pero sin hacer... ningún gesto de desaprobación. Seiya, dudó y se preguntó si debió haber dicho eso, pero no aguataba... quería sacarlo de su interior.
- No le dirás a nadie... ¿verdad?. – preguntó con brillo en sus ojos.
Shun le miró. Decirle a alguien, podría ser dañar la felicidad que tenía en ese momento. Y él no quería volver a verlo triste.
- No... no le diré a nadie... – dijo serio. Seiya sonrió contento como un niño.
- Gracias Shun...
Se oyeron unos pasos.
- ¡Seiya!. – el chico volteo.
- ¡Seika!...
Se vieron y Seiya se paró a abrazar y besar a su hermana en la mejilla. Durante toda la visita, Shun pudo sentirse contento y no por motivo propio, sino por el hecho de ver a Seiya feliz. En ese lugar y en este momento, lo había visto convertirse en el Seiya animado y alegre de antes. Talvez solo le hacia falta sacarse esa pena de adentro. Solo eso...
Pero... había algo que no le dejaba estar completamente contento a Shun.
Shiryu le había mentido...
Durante los siguientes días. Shun se permitió entrar al cuarto de Shiryu y seguir revisando su diario, el cual en aquella primera oportunidad no había revisado por completo y que Shiryu seguía llenado y escribiendo cada día.
Seiya se encontraba mejor. Había mejorado considerablemente su ánimo, desde que le confesase eso a Shun. Se le notaba mas alegre más vivaz. El caballero de Andrómeda llegó a estar inseguro de si solo fuese por eso, pero... talvez, era en realidad todo lo que necesitaba para sentirse bien nuevamente.
Cada vez menos preocupados por disimular. Hyoga decidió mudarse y dormir todos los días en el cuarto de Shun, junto a él, haciendo el amor incluso varias veces al día.
- Te amo...
- Yo también te amo...
Todos los días se lo recordaban y se lo demostraban. En algunos momentos, Shun llegó a pensar que el sentimiento se estaba volviendo obsesión... Pero... ¿el amor tiene control?...
¿Los sentimientos tienen control?. Amaba a ese ser con toda su alma y sentía que él amaba de igual forma. Muchas personas decían hacerlo también, pero... ¿en realidad lo harían?.
<<Bah...
no importa>>
Siempre concluía. No le importaba estar enfermo ni obsesionado, siempre y cuando fuese de amor... de amor por Hyoga...
“15
de Junio, a Seiya se le nota más vivaz y más contento. Últimamente he visto
que busca juntarse con Shun mas que antes, la amistad ha vuelto a ser tan
fuerte como antes o incluso se ha incrementado. Seika, es también el motivo
de su alegría y la razón por la que sigue cada día. Él dice que yo
también soy su razón de existir y yo le creo, porque él es el mío...
Esta
vez escribo no para desahogar mi tristeza, sino para plasmar mi alegría. Mi
felicidad, contagiada por Seiya, porque si él es feliz yo soy feliz. Los
dioses han escuchado mi llamado desesperado y me han demostrado que mi
esfuerzo, paciencia y silencio no han sido en vano. Millones de veces me vi
tentado a romper mi silencio y talvez, estropearlo todo. Porque si lo hubiese
hecho seguro las cosas no estarían así. Mas sin embargo, hoy me siento osado
y me siento libre, con nada mas que un peso sobre mi hombro que creo no podré
quitarme nunca ni admitirle a nadie, a nadie mas que a un pequeño cuadernito
marrón... a un pequeño diario... yo sé quien mató a Atenea...”
Esa noche, tampoco fue mucho lo que pudo dormir...
Si lo hizo, fue solo porque su cuerpo no resistió el pasar dos días sin descansar. Pero habría de haberlo hecho en escasas horas que no recordaba haber estado despierto, incluyendo al amanecer. En la mañana, al despertar Hyoga no estaba a su lado. Por lo que supuso que debía haber bajado a desayunar. Efectivamente, al bajar los encontró a todos en la cocina. A los cuatro... Seiya, Shiryu, Hyoga y Tatzumi.
Era extraña la situación. Todos comían, excepto el rubio que parecía estar cocinando.
- Buenos días Shun. – fue él el primero en saludarlo. – Te hubiese pedido que me ayudases a cocinar pero tenías cara de no haber dormido muy bien y no te quise despertar. Pero no importa, ya terminé... – colocó su plato sobre la mesa. Eran unos plátanos algo quemados. Shiryu reía mientras movía la cabeza de lado a lado viendo el plato de Hyoga.
En la mesa, Seiya, Tatzumi y Shiryu comían un plato distinto, una ensalada que se veía por mucho mas provocativa que los plátanos de Hyoga. Y había otro plato de ensalada en la mesa, supuso que era para él. Le pareció curioso.
- ¿Estás volviendo a comer Hyoga?. ¿No quedaste lleno con la ensalada? – preguntó mientras se sentaba a su lado en la mesa.
- No comí ensalada... – dijo con normalidad mientras se comía sus plátanos simulando ser el alimento mas rico que jamás hubiese probado...
Hasta Tatzumi veía con asco esos plátanos...
- ¿Ah no?. ¿Acaso no quisiste ensalada?... –
- Tampoco, Shiryu no le quiso cocinar, creo que están peleados. – dijo Seiya indiscretamente. Mientras Shiryu le pisaba por debajo de la mesa. Mas igual por el rostro de Seiya, esto también se notó.
- ¿Es verdad eso muchachos?... – Se quedaron callados mientras seguían comiendo. – El silencio otorga... – dijo levantando una ceja. Luego miró a su plato y comenzó a comer. Shiryu e Hyoga estuvieron algo mas callados de lo normal y cuando charlaban lo hacían solamente con quien tenían al lado, Shiryu con Seiya e Hyoga con Shun.
Ya en la tarde, Shun no tenía duda del por qué Hyoga estaba molesto con Shiryu. Este segundo, debía de haber tomado alguna pertenencia del rubio y este en venganza había tomado su diario, escribiéndole aquello que encontró en la primera página.
“Si no te gusta que tome tus cosas, no tomes las mías”...
Pero... ¿que cosa podría ser esa?. Hyoga nunca había sido materialista, de hecho ninguno de ellos lo era, durante su vida y su entrenamiento habían tenido que conformarse con una vida humilde, donde se podían tener pocas cosas y muy pocos lujos, pero de igual forma se habían acostumbrado a vivir así...
Hyoga solamente había sido así con dos cosas... una, era la cruz de plata que su madre le había obsequiado de pequeño, mas por un valor sentimental que económico. Y la segunda, era una que hasta hace poco conocía... una brillante y pequeña, llave de plata...
Era de la mansión, así que seguramente se la habría dado Tatzumi, ¿tendría para él algún valor algo que viniese de Tatzumi?. Hasta le parecía cómico imaginar esa escena combinándola cuando lo veía sumamente molesto y con ganas de congelarle su ‘pequeña cabeza calva’.
Definitivamente tenía que saber que había en ese armario. Pero... a Shiryu, su amigo, le había dejado de hablar probablemente por eso. ¿Qué pasaría si se enterase que el también la a tomado?, ¿lo dejaría?, esa idea asustaba... asustaba mucho. Puesto que Shun lo había perdido todo, dependía únicamente de Hyoga y si este lo dejaba... se moriría de despecho y melancolía. Lo amaba mas que nada en el mundo y se criticaba a cada momento el pensar cosas como estas de él. Pero eran cosas reales... el estaba molesto con Shiryu y era una situación real, él no estaba inventando nada...
- ¿Te pasa algo Shun?. – Le preguntó el rubio sacándolo de sus pensamientos. Estaban sentados en un sofá en la sala, Hyoga cambiaba frenéticamente los canales buscando algo que ver, mientras que Shun se estaba sentado inmóvil con la mirada clavada un poco mas abajo del televisor. Shun sabía que no podría disimular que estaba distraído, además que prefería primero hablar con él, era lo que debía hacer, así que fue directo al grano.
- ¿Por qué estás molesto con Shiryu, Hyoga? ... – preguntó volteando para verle el rostro a Hyoga, el cual cambió de expresión al apenas nombrarse a Shiryu.
- Porque es un traidor...
- ¿Un traidor?. ¿Por qué?
- Nada... hace... hace tiempo le conté un secreto y... creo que se lo dijo a alguien... y algo me dice que aún no está conforme...
- ¿Qué secreto?. ¿A Quien?. – Shun sintió que talvez no estuviese presionando mucho. Pero cada vez le parecía que la cuestión se enredaba más.
- ¡A Seiya!...
- Pero... ¿qué secreto?, ¿me lo has contado a mí?
- Si, si Shun era... que... – miraba al piso, parecía que le costaba decirlo, o estaba pensando... – era lo que te conté de que... antes de ti... estuve con Blair...
- ¿Blair?. Pensé que eso no era un secreto... que no lo ocultabas...
- Pues si lo hago Shun, me gusta ser discreto y me molesta de sobremanera eso que hizo. – Shun arrugó el rostro.
- ¿Tanto como para dejar de ser su amigo?...
Hyoga pareció analizar la pregunta.
- Si... – contestó segundos después.
Ni él debía haberse creído ese cuento.
Esa noche, no tan tarde Shun salió del cuarto dejando nuevamente a un Hyoga dormido en la cama. Cerró la puerta con cuidado y se asomó en los otros dos cuartos, el de Shiryu y el de Seiya y ‘por si las moscas’ también echó un ojo en el cuarto de Tatzumi. Esta vez, había bajando con chancletas puestas pero caminó sin hacer ruido con ellas, bajó las escaleras, atravesó el pasillo y entró al cuarto iluminado por la luna abajo. El cuarto del armario...
La habitación carecía de puerta para poderla cerrar, cosa que el chico de cabellos verdes no lamentó mucho, pues sería muy breve.
La llave brilló una vez más al salir del bolsillo de Shun. La introdujo en la cerradura y dio dos vueltas, la puerta rechinó un poco y permitió ver su contenido.
Su rostro no fue de asombro, ni de terror. Fue de una extraña incomprensión. Sus cejas arrugadas y su mirada fija en la máquina de colores grises que se encontraba allí dentro. Sobre ella se veían algunos cables de tonalidades oscuras pero ligeramente diferentes enredados entre si....
¿Qué hacía eso allí?.... ¿Qué era?. Talvez Hyoga le hubiese dicho la verdad y Tatzumi le hubiese dado esa llave de ese cuarto solo para limpiarlo pues ya estaba en desuso. Pero... ¿qué era?, ¿qué...?
No hizo falta hacer la pregunta una vez más. Shun le observó y supo inmediatamente lo que era. Pareciendo comprender todo pero luego darse cuenta de que ahora, no entendía nada...
Cerró la puerta del armario y le pasó la llave. Salió del cuarto y subió de nuevo las escaleras en silencio, atravesó el pasillo y llegó a su habitación, Hyoga seguía dormido en la cama, Shun se acostó a su lado.
¿Era eso lo que realmente guardaba con tanto recelo?. ¿Aquello que podía valer mas que una amistad?, ¿Era realmente eso o su pensamiento estaba completamente desviado?...
Los ojos se le cerraban solos. Iban dos días con mal dormir y este era el tercero acostándose tarde. Los pensamientos le atormentaron sin parar de reproducirse ellos solos, por un tiempo más, pero el sueño pudo mas que ellos, dejándolo dormir después de que se repitiese unas cuantas veces en la noche la misma pregunta...
¿Qué hacía Hyoga guardando una máquina de electroshocks?...
Este no sería igual, este sería un nuevo y determinante día.
Su sueño fue apenas el suficiente para mantenerse despierto durante el día. No pudo dormir tan profundo como a su organismo le hubiese gustado. Al despertarse Hyoga seguía dormido a su lado, eran apenas las siete de la mañana, muy temprano para que su dormilón novio se despertase. Salió de su habitación y por pura curiosidad se asomó en el cuarto de Shiryu y Seiya. Este día se encontraba mas decidido a dejarse llevar por su intuición, porque era gracias a ella que había parado frente a todo esto, que quien sabe que sería, pero algo le decía que tenía que seguir, pues la intriga no le permitiría ver a sus amigos ni a su novio con los mismos ojos.
Si, ambos también seguían dormidos. Cerró la puerta con cuidado después de observar y suspiró. Ya no sabía que hacer. Ya no sabía que pensar. No podía preguntarle a Hyoga, pues le diría una mentira, tal cual lo había hecho con ese cuento de Blair. El estaba seguro que eso no era un secreto. No podía esperar dos años mas para que Shiryu hiciese una nota explícita en su diario. Le extrañaba mas bien que no estuviese escondiéndolo en una gaveta con llave o en un lugar mas difícil de encontrar, pero seguramente pronto lo haría...
No sabía por donde seguir...
Volteó su mirada rápidamente hacia el cuarto de Saori.
<<...me
pareció haber visto una luz...>>
Su intuición... debía dejarse llevar por ella, además aunque no quisiese, podía ser un enemigo...
Se acercó con lentitud al cuarto, sin hacer ruido. La puerta estaba abierta y desde el corredor podía verse el mover de una cortina por el viento. Allí era donde le parecía haber visto desaparecer la luz. Con cuidado pero con valor asomó su rostro al cuarto...
Estaba la cama vacía de Saori. Su closet, un espejo, una pequeña mesa al lado de su cama, una gavetera. Todo sumamente normal y como Tatzumi había mandado a dejarlo después de su muerte. Todo estaba... igual que siempre.
No, no lo estaba, había algo en el piso, algo que brilló en el piso y que Shun pensó podría haber sido el causante de la luz que observó. La tomó en su mano sintiendo una extraña sensación de Deja vú. ¿Por qué...?, ¿por qué la sentía?...
La puerta se cerró de golpe.
- Shun...
Se sobresaltó con el golpe y luego con la voz, volteó asustado, ahí estaba Hyoga. Por inercia se llevó las manos a la espalda, ocultando la daga que tenía entre ellas.
- ¿Qué haces aquí? – le preguntó el rubio, quien parecía observarlo detalladamente. - ¿Qué tienes en las manos?. – le preguntó con el rostro arrugado. El corazón de Shun latía nervioso ante el susto que acababa de recibir. Era obvio, no podía ocultar lo que tenía.
- ¡Hyoga!, ¡Me... asustaste! – admitió mas queriendo cambiar el tema que expresarlo. El gesto de Hyoga se hizo aún más curioso y examinador.
- ¿Qué te pasa?. ¿Por qué estás tan nervioso?. ¿Qué escondes detrás? – preguntó de nuevo estaba vez hablando aun mas claro y un poco mas alto. Como tratando de evitar que este le volviese a esquivar haciéndose el que no entendió.
- Nada, solo una cosa que encontré...
- ¿Qué?...
Shun se quedó observándolo unos instantes, el le veía de la misma forma. Lo notó en sus ojos, no era él el único que estaba nervioso... Hyoga también estaba así, lo sabía porque lo conocía como a la palma de su mano...
El Rubio estiró el brazo y la palma de su mano derecha.
- Muéstramelo... – le ordenó. Mientras tragaba saliva nervioso.
El chico de ojos esmeralda vio la mano de su pareja unos instantes, indeciso, desconfiado entre lo que debía y no debía hacer. Pero finalmente cedió, colocando la daga acostada en la mano de Hyoga.
El rubio explayó los ojos gigantescamente, abriendo la boca también inconscientemente. Tomó la daga y la observó con detenimiento.
- ¿Shun que hiciste?, ¿de donde sacaste esto?... – Preguntó sin tratar de disimular ya mucho su asombro.
Pero Shun no le respondía. Estaba perdido nuevamente en la sensación. En la sensación de haber vivido esto antes que, ahora que la daga estaba en manos de Hyoga, se había hecho mas grande.
- Shun respóndeme...
¿Por qué se le hacia familiar ver a Hyoga con una daga y verlo así de nervioso?. Estaba delirando, no había dormido, necesitaba dormir.
- ¡Respóndeme!... – le pidió alzando mas el tono de voz.
- No sé... – dijo Shun respondiendo sin pensar. – Solo... la encontré acá en el piso...
Hyoga veía extrañado su rostro. Su novio de cabellos verdes parecía pensativo ahora, pensaba mucho, recordaba mucho y eso no era bueno...
- ¿Seguro que eso es todo lo que has hecho?. – preguntó viéndole de lado entrecerrando los ojos. Shun se arrepentía de haberle dado la daga, con esa mirada se veía sumamente amenazante.
- Si. – respondió subiendo la mirada hacia él de nuevo. – Solo la encontré aquí, en el piso... – Hyoga asintió, al parecer... le creía...
- ¿Pero qué hacías en el cuarto de Saori?, se supone que no debemos entrar según Tatzumi...
- Tú tampoco debías entrar...
- Yo entré porque vi la puerta abierta...
- Entonces nos pasó lo mismo. – dijo Shun. – Yo también entré por eso...
Hyoga se quedó callado observándole. Shun lo veía algo amenazador también. Respiraban agitadamente. Si había encontrado la daga en el suelo, alguien había estado allí antes y había dejado la puerta abierta, con toda la intención de que pasase lo que pasó...
Hyoga asintió cambiando su gesto por uno mas calmado.
- Está bien Shun... yo te creo. Salgamos de aquí... no quiero pelear con Tatzumi hoy también... – suspiró como algo cansado. Relajándose, pero se quedó allí esperando a que Shun fuese el primer en salir.
Esperando a que le diese la espalda... pensaba Shun... quien también seguía parado dudando en el lugar. Sintiendo miedo de lo que podía hacerle...
Él sabia que no podría tocarlo porque lo amaba, pero... ahora dudaba si Hyoga no pudiese hacer lo mismo. Decidido al fin comenzó a caminar y pasó al lado de Hyoga, sintiéndose aterrado y tenso. Caminó con los ojos cerrados y el rostro arrugado, esperando recibir una puñalada en la espalda en cualquier momento...
Pero no pasó...
Hyoga cerró a puerta a sus espaldas, aún con la daga en mano.
- Hay que guardar esto... – dijo Hyoga. – Tatzumi se molestará si piensa que estuvimos ‘desordenando’ el cuarto de Saori... – Shun asintió.
Hyoga bajó las escaleras solo y Shun se quedó parado allí frente a la entrada del cuarto. Él no le había pedido que le acompañase, ni Shun tenía ganas de hacerlo, pero ya sabia perfectamente a donde la guardaría. En el armario junto al aparato que había encontrado...
“...
Me debe ver como un traidor y si, lo soy...
Nunca
he sido persona de mentiras ni secretos y estoy harto ya de llevar culpas que
no me corresponden. De vivir con alguien en quien no confío y de haberme
dejado manipular de semejante manera. Esa fue mi bajeza, ese fue mi error.
Incluso mucho más que el haber aceptado a Seiya aún cuando este se
encontraba con Saori. Porque él aún la quería, llegué a pensar que la
amaba... y ahora, me parece estar más que seguro, pero no sé que es lo que
siente hacia mí, y se lo pregunto constantemente, el responde que si, que me
ama y me lo demuestra cada vez que hacemos eso precisamente, el amor...
Yo
sé que no me miente. Pero no lo comprendo...
He
llegado a una calle ciega, solo puedo ir a los lados, a dos diferentes
caminos...
En
uno me espera la culpa en silencio, permanecer tal cuál lo he estado hasta
ahora en estos dos años que se me han sido eternos y en los que he sentido
esa extraña voz que me pide a gritos que diga la verdad y que pelee por ella
hasta la muerte sin hacerle caso. No logro imaginar, permanecer toda mi vida
así...
Pero
en el otro camino me espera la desdicha, el despecho, la melancolía y la
soledad...
Seiya
no me perdonará el haber callado. Ni yo mismo me lo perdono. No me perdono
haberlo hecho, ni en cierto punto haber deseado lo ocurrido...
¡Soy
un miserable...!
¡Yo,
que pelié tantas veces por ella...!
No...
no fue por ella. Y la verdad... siempre he estado claro en eso, solo que no
quise abrir los ojos. Yo no peleaba por Saori, ni por Athena, ni por mi viejo
maestro... yo peleaba por Seiya...
Porque
lo amo... desde el mismo instante que lo volví a ver hecho un caballero,
desde que me volvió a la vida con un golpe en la espalda justo del lado de mi
corazón. Y acertó, pues fue directamente a mi corazón a donde vino a
quedarse...
No
soportaría vivir sin él y en un comienzo, ese fue el motivo de mi silencio.
Pero ahora dudo. Dudo de mis actos, de mis pensamientos. Sé lo que es capaz
de hacer Hyoga, pero no le temo, me tiene sin cuidado. Mi único temor, es
perder a Seiya... y talvez por eso, es que entiendo a Hyoga que no quiere
perder a Shun...”
Shun se colocó el cuaderno abierto en el pecho. Respirando con la boca abierta, sentado en la cama. Estaba nervioso sin saber el motivo, triste, horrorizado. Eso era directo. Su novio, no era el ángel que tenía pensado. Pero... ¿qué podría ser tan grande como para que le perdiera?...
¡Nada!... ¡él lo amaba y era su razón de existir!. ¡No existía cariño alguno que pudiese compararse con el que sentía por él!...
Shun respiró hondo y de golpe mientras sus ojos se aguaban.
Si había alguien... y era su hermano...
<<
- ¿Shun que hiciste?, ¿de donde sacaste esto?... ¡Respóndeme!...
-
No sé... solo... la encontré acá en el piso...
-
¿Seguro que eso es todo lo que has hecho?.
-
Si....solo la encontré aquí, en el piso...
-
¿Pero qué hacías en el cuarto de Saori?, se supone que no
debemos entrar según Tatzumi...
-
Tú tampoco debías entrar...
-
Yo entré porque vi la puerta abierta...
-
Entonces nos pasó lo mismo. Yo también entré por eso...
- Shun... yo por ti, haría lo que sea... ¡lo que sea!...>>
¿Por qué había estado tan preguntón?. ¿Por qué estaba nervioso?. ¿Por qué se le hacía tan familiar y tan peligroso verlo con la daga en la mano?.
Un momento...
<<
- Shun... yo por ti, haría lo que sea... ¡lo que sea!...>>
Hyoga no había dicho eso en aquel momento...
Pero, sin embargo su mente recordaba su rostro ahora nítidamente cuando se lo decía. ¡Le hablaba desesperado!.
Se llevó las manos a la cabeza aterrado. ¡Lo recordaba!. ¡Era cierto, no era falso!. Solo venían pensamientos cortos a su cabeza, pero se sentía seguro de que no eran fabricados por su imaginación. Las lágrimas comenzaron a caer de su rostro... mientras la imagen de Hyoga repitiéndole esa frase una y otra vez se reproducía en su mente cada vez mas clara. Se sintió desesperado, recordó su sentir en ese instante, no podía moverse... estaba amarrado...
<<
yo por ti, haría lo que sea... ¡lo que sea!...>>
Shiryu estaba en ese cuarto de brazos cruzados. Al lado de algo muy familiar, pero que no hizo falta detallar para saber que era, ya lo sabía, todo tenía sentido. Ellos, habían usado el tratamiento de electroshocks para hacerlo olvidar. ¡Él debía haber visto algo!...
¡A Hyoga con la daga en mano!...
Se llevó la mano a la cara y comenzó a llorar sin poder contenerse. Sintiéndose totalmente inútil, impotente y estúpido, pero sobre todo destrozado. Nunca hubiese esperado algo así de ellos... y menos de Hyoga. Un asesino... también debía ser, el asesino de su hermano... este tenía cortadas en los brazos y no le hubiese sorprendido que fuese sido con la misma daga de Saori con la que le hizo eso a su hermano. Porque esa sería la única cosa que sabía no podría perdonarle...
Lloraba sin poder contenerse. El diario pequeño y marrón se resbaló de sus manos y cayó hasta el suelo. Esa era la última nota que Shiryu había escrito.
Alguien tocó la puerta.
- ¿Quién está ahí?...- Era Hyoga.
Shun tomó aire se limpió las lágrimas y tomó el diario que se había caído.
- ¿Qué pasa?, ¿estás llorando?. ¡Ábreme!, ¿eres tú verdad Shun?... – Hyoga parecía comenzar a desesperarse.
El chico de cabellos verdes tomó aire y habló con la voz mas normal que pudo.
- Si, soy yo Hyoga ya voy a salir...
- ¡Shun!... ¿Qué pasa pequeño, qué haces allá encerrado?. ¡¡¿Por qué lloras?!...
- No... yo no estoy llorando... – mintió. – Es solo que tengo la nariz tapada y pues...
- ¡No me mientas!
- ¡No te estoy mintiendo!. Me quedé dormido en este cuarto y... me desperté algo asustado cuando tocaste la puerta, ¡eso es todo!
- ¿Qué hacías durmiendo allí?
La puerta se abrió, Shun tenía una cara seria.
- ¿Por qué tanta preguntadera? – dijo el peliverde - ¿acaso no confías en mí?
- ¡Claro que confío en ti!. – Se apresuró a decir este. Tomándole del rostro con cuidado. – Solo que me preocupo... demasiado por ti mi ángel...
- Pues pareciese que no confiases en mí. – dijo Shun algo cortante, retirándole las manos del rostro y pasándole por un lado.
- ¿Qué te pasa?. – le preguntó Hyoga arrugando el rostro. - ¿Ya no me quieres?, ¿te he hecho algo?. ¡Shun!, ¡yo solo me he preocupado por ti!
- Si como digas Hyoga. – dijo con ironía. Como pocas veces se le había oído hablar.
El rubio no decía nada estaba atónito con el comportamiento de su pareja. Observó como se metía en su cuarto propio y cerraba la puerta con seguro dejándolo atrás, herido. Del otro lado de la puerta y al apenas cerrarla, Shun apoyó la espalda en ella y se dejó caer, llorando sin poder contenerse de nuevo. Era definitivo, su comportamiento lo acusaba. Le habría gustado creer que Hyoga era inocente, le hubiese gustado nunca haber escuchado ninguna bendita conversación ni haber revisando ningún asqueroso diario, pero ya no podía retroceder el tiempo, ya lo sabía todo y eso lo estaba matando...
Solo hacia falta una pieza en el rompecabezas... Solo había algo que no había y que sería la última prueba que condenara al amor de su vida a separarlos definitivamente y para siempre...
El teléfono sonó...
Que contestara Hyoga, Shun no tenía ganas de hablar. Y al parecer los otros debían de haber salido. Pero Hyoga no contestaba el teléfono y este seguía sonando. Pasaron mas de 15 rings para que Shun considerara el contestarlo. Talvez era una emergencia...
Talvez le convenía contestar... Talvez le convenía hablar con alguien y decirle que estaba encerrado en la casa solo con un asesino...
Indeciso aún de cual motivo era el verdadero que le impulsaba, tomó el teléfono y habló...
- ¿Aló?...
- Si revives a Ikki... Hyoga morirá...
Fue toda la llamada. Antes de la que persona colgase...
El viento chocaba directa y suavemente en su rostro. La imagen de en frente era dura y triste. Aún estaba indeciso en qué pasos dar, pero por algo había venido hasta aquí. Nunca había sido el miedo la razón por la que esquivase un reto, al menos no el miedo propio. El miedo por si mismo. Pero el mundo estaba al revés y ahora no temía por si mismo, sino por alguien más, por un chico que creía un asesino y que era la única persona que le quedaba en el mundo.
- Perdóname...
Apoyó su pie derecho en el suelo y luego el otro hasta incorporarse frente a la lápida. Tomó el recipiente de líquido transparente y lo regó en su frente y poco a su alrededor. Tendría cuidado, no cometería un error por el cual destruyese todo el cementerio, lugar de encuentro entre personas y sus seres queridos. Raspó el fósforo con la cajetilla, suspiró y lo lanzó encendido sobre el líquido el cual con apenas el roce se encendió.
Su aura colorada brilló a su alrededor y comenzó a controlar los vientos a su favor, como ya en otras ocasiones y batallas lo habría hecho. Controlando las llamas con el viento...
Sintió miedo de estar acabando con los restos que quedasen de su hermano en vano. Que hubiese pasado demasiado tiempo y ya no pudiese traerlo de vuelta. Cada minuto que pasó controlando el viento y observando las llamas se hacía mas desesperante. El fuego llegaba tan alto como el césped bajo se lo permitía, consumiendo el interior de la tierra. Con mas aire incentivo a crecer la llama... ¿habría encendido ya su ataúd?...
Prefirió no pensar eso... no imaginar un fea imagen de su hermano en esas circunstancias...
Se perdió con la mirada en el suelo y cuando la subió pudo observar perfectamente una alta silueta entre las llamas.
- ¡Ikki!...
Una ráfaga de viento muy fuerte se encargó de apagar las llamas. Shun corrió hasta abrazar el cuerpo de su querido hermano, quien se encontraba de pie, frente a él, sumamente consternado...
- Sh... ¿Shun...?
- ¡Perdóname Ikki!, ¡Perdón! – Shun apoyó su cara en el rostro de Ikki llorando de nuevo sin poder contenerse, esta vez con un ligero sentimiento de alegría, porque aunque no fuese la voluntad de su hermano, él estaba contento de verlo de nuevo... – Eres lo único que me queda... – le dijo con la voz cortada.
El moreno alto y de cabellos azules, tenía la mirada perdida en algún lugar en el frente. Respiraba con la boca abierta y entrecerraba los párpados, confundido. Pestañeó varias veces y sacudió su cabeza tratando de volver a la conciencia plena. Abrazó a su hermano quien lloraba en su regazo, tal cual siempre lo había hecho...
- Shun... no... tranquilo, tranquilo Shun...
- Perdóname... – le susurró subiendo la mirada. – perdóname si el irte fue tu decisión... quise respetarla pero... ya no pude... – se mordió los labios aún tratando de mantener la mirada fija en su hermano.
Ikki le veía sin comprender. Se llevó una mano a la cabeza y se sobó, le dolía algo la cabeza.
- Mi decisión... – repitió tratando de recordar.
- Si... ¿fue... tu decisión... verdad?... – preguntó Shun cayendo en cuenta de que esa era la pregunta que le carcomía y que no quería hacer sino hasta después de que su hermano se sintiese mejor, pero había salido sin siquiera pensarlo.
Ikki se sobaba la cabeza, respiró hondo y miró a Shun.
- Si... – dijo más para si mismo que para su hermano de cabellos verdes. – si fue mi decisión...
Shun dio un paso para atrás y su mirada bajó, ahora él estaba confundido. No sabía que sentir...
Estaba feliz de ver a su hermano, mal por no haber respetado su decisión y feliz de que... Hyoga no fuese el culpable. Pero no sonreiría allí. Solo abrazó a Ikki en un impulso.
- Entonces perdóname hermano... perdóname...
Ikki suspiró, sintiéndose dolido, cerrando los ojos y mordiéndose los labios. Una lágrima cayó de su rostro.
- Perdóname tú Shun... no debí abandonarte...
- ¿Por qué lo hiciste?... – le preguntó con la voz cortada. – ¿Acaso nunca... supiste cuanto te quería?...
- Si, si lo supe Shun... fui yo el que cometió un error... – el hermano mayor le acarició el rostro suavemente. – No debí cambiarte por nadie... – volvía a hablar para si mismo.
Shun notó eso... su hermano, no estaba igual... no estaba del todo bien...
Volvió a abrazarlo y se mantuvieron así unos instantes. No era el momento para hablar.
- Ven... vayamos a casa... – le susurró Shun tomándolo de la mano. Con pesar, Ikki asintió...
La puerta se abrió rechinando.
La entrada y toda la casa, estaba hecha hielo...
- ¡Hyoga!... – gritó Shun al entrar y corrió lo más rápido que pudo por el pasillo, subiendo las escaleras, viendo una luz blanca desaparecer rápidamente de la entrada de su cuarto, al que entró para encontrar más allá de lo último que quería ver... – No... – susurró suave para si mismo mientras negaba con su cabeza, nuevamente destruido...
Hyoga, Shiryu y Seiya yacían tirados... muertos... en el piso...
- ¡Noo!...
Se abalanzó hacia donde se encontraba el cuerpo de Hyoga lo tomó de la espalda, lo volteó y trató de hacerlo reaccionar.
- ¡Hyoga!. ¡Hyoga por favor, tu no!.... ¡Tu no me dejes!... ¡No ahora!... – lo movía pero este no volvía. - ¡Hyoga!... – su cosmoenergía se elevó, quería darle calor, darle calor como una vez lo había hecho y lo había salvado, dar su vida por él, hacer que volviese, se concentró lo máximo que pudo en hacerlo. ¡Pero su corazón había dejado de latir!...
- ¡SHUN!... – Gritó Ikki desde el pasillo y su espasmo se hizo aún mas grande cuando entró a la habitación, donde se encontraba su hermano. – Seiya... Shiryu...– susurró con dolor muy lento. Luego se apresuró y corrió hacia Shiryu tratando también de hacerlo levantar, moviéndolo y esforzándose en vano.
Shun lloraba...
Nada... nada, ¡No quedaba nada!...
Lloraba de rabia de impotencia... ¡Había matado a sus amigos!. ¡Había traicionado a su hermano y no podía hacer nada al respecto!... ¡Merecía morir!...
La energía se alejaba de su cuerpo, casi se desmayaba cuando se dio cuenta de que hiciera lo que hiciera Hyoga no volvería. El cuerpo de rubio cayó en el hielo inerte y Shun se levantó molesto y destrozado, volteando y fijando su mirada de una vez en una sola cosa, la ventana...
Corrió pero Ikki lo sostuvo por el brazo...
- ¡DÉJAME!
- ¡NO SHUN!. ¡NO LO HAGAS!... ¡NO ES TU CULPA!...
- ¡SÍ ES MI CULPA YO FUI QUIEN MATÉ A MIS AMIGOS!...
- ¡NO, NO FUISTE TÚ!... ¡FUE ELLA!...
La puerta del cuarto se cerró. Shun volteó la mirada de golpe y se impactó con la imagen de una mujer rubia frente a la puerta, con una mirada burlona y presumida, con un brillo de luz blanca a su alrededor.
Cerró la puerta con seguro...
Shun respiraba agitadamente, desesperado... Talvez lo iba a matar también, pero la verdad, era lo mejor que podía hacer, acabar con su vida de una vez por todas...
- ¡NO LO VAS A TOCAR!... – Amenazó Ikki poniéndose frente a Shun, estirando sus brazos tratando de protegerlo.
La mujer curveó su sonrisa y dio un paso hacia delante.
- Sabes que sin importar cuanto quieras no puedes protegerlo... – ella era la única que mantenía la calma en el lugar, se sentía victoriosa.
- ¡NO TE ATREVAS A TOCARLO!... – Volvió a amenazar Ikki.
- ¡Tú tienes un trato conmigo y no lo puedes deshacer!... – dijo la mujer alzando su tono de voz, mientras su aura blanca se hacía mas intensa.
Ikki calló mirándola con profunda rabia. Ya recordaba todo y bien sabía que tenía razón, pero NO se quitaría de frente a su hermano. Shun veía desesperado la escena, entonces recordó lo que dijo Ikki, ella debía de ser la responsable de la muerte de Hyoga y los demás...
- ¡¿Quién eres?¡... – le gritó desesperado.
La mujer solo volvió a sonreír, sin responder.
- Quítate de en frente Ikki... – ordenó.
- No... – dijo el chico en seco, incluso echándose más para atrás y haciendo retroceder a Shun.
- ¡Tú hiciste un pacto conmigo y debes tener palabra!...
- ¡Tú no tuviste palabra! – le gritó Ikki fúrico. - ¡Tú me prometiste que volvería a verla!
- ¡No puedes tener de nuevo a las personas que han MUERTO! –
- ¡Una Diosa con palabra si puede hacerlo!. – dijo Ikki temblando de tensión. La mujer se quedó callada unos instantes mirándole rencorosa y ofendida. - ¡Una verdadera Diosa que crea en el amor... y no solo lo use como herramienta, puede hacerlo!...
Eso era, pensaba Shun.
Eso debía ser esa mujer, una Diosa. Una hermosa y joven Diosa que utilizaba el amor, para usar a los demás...
- Afrodita... – le pidió Ikki casi en un ruego. – haz lo que quieras conmigo... pero a mi hermano, no lo toques.... – dijo muy bajo.
La rubia le miró por instantes respirando agitadamente y luego viendo al hermano menor de igual forma, dejando su mirada posada en él.
- No puedo hacerlo. – dijo firme. – Un reto, es un reto...
- ¡Ya te dije que puedes hacer conmigo lo que te plazca!
- ¡¿Y quien te dijo que era contigo?!... – subió una vez más el tono de voz, respiró calmándose y volvió a bajarlo. - ...Fue con otra mujer, que decía lo mismo que tú...
Como él... solo una hermosa y verdadera Diosa pensaba así...
- ¿Saori...? – se le escapó de los labios a Shun en un susurro.
El silencio otorgó por unos instantes. Afrodita había clavado su mirada en el chico de cabellos verdes, respiró hondo y asintió.
- Así es... – dijo. – Ella pensaba que el amor en ustedes... los humanos era algo grandioso e inquebrantable...incluso, llegó a creer en ‘la grandeza de los humanos’ aún por encima de la de los Dioses...
- ¡Y Por eso la mataste!... – completó Shun con una mirada fulminante.
- ¡Yo no la maté, ella aceptó mi reto!... – gritó.
Shun furioso se escapó de los brazos de su hermano y quiso abalanzarse sobre la mujer, pero el chico de cabellos azules volvió a halarlo hacia atrás por la camisa. La diosa impaciente ya, movió el brazo y un ruido estridente se escuchó mientras la figura de Ikki desaparecía en una luz blanca y fuerte...
- ¡TÚ AL IGUAL QUE TODOS ACEPTASTE MI RETO Y YA NO TIENES DERECHO DE ESTAR AQUÍ!...
Pareció una invocación o talvez, lo fuese, el punto fue, que al siguiente segundo, Ikki ya no se encontraba en la habitación...
- ¿qué hiciste con mi hermano?
- Lo envié a donde debía estar... – dijo en un susurro. – donde debiste haberlo dejado...
- Tú lo engañaste... – dijo Shun desde el suelo, en donde había caído después del ruido y la luz blanca incandescente. - ¡no cumpliste con tu palabra!...
- Él no sabe lo que dice, ni tú tampoco... – dijo la mujer.
- Yo creo en él, porque es mi hermano...
- ¡Hermano que prefirió abandonarte por su bien propio!.
- ¡Eso es mentira!... ¡No te creo!...
- ¡Es verdad!... Él prefirió dejarte tan solo por volver con su amada Esmeralda. Yo misma le propuse el trato.
Shun le veía incrédulo. Sabía mucho, pero era una Diosa, lo entendía y a la vez no...
- ¿Cómo puedes ser así?... – preguntaba. - ¿cómo pudiste engañarlo de esta forma?. ¡Una diosa debe tener palabra!.
- La tengo... y voy a cumplir con ella... – dijo mientras daba un paso hacia el chico de cabellos verdes quien por instinto se colocó en posición de ataque. - ... lo único que necesito, es que tú quieras reunirte con ellos... – dijo en tono aún mas bajo. – pero yo no voy a obligarte a ello... yo no he matado a nadie...
Su tono de voz era suave, incluso dulce, pero no tenía sentido, ¡no podía concordar con sus palabras!.
- ¡¿Entonces quien mató a Saori?!... – estaba aún más desesperado. - ¡¿Si no fuiste tú, quien fue el que llenó de desgracia esta casa?!...
- ¿Estás seguro que quieres saber?...
Hubo silencio.
No, no estaba seguro... su mirada le aterraba. Sentía un miedo horrible que hacía que hasta sus piernas temblaban, no quería decepcionarse de nuevo. Ahora que estaba tan cerca de la verdad sentía terror de saberla. Quería que todo volviese a la normalidad aunque no se pudiese...
- Si. – contestó en seco. – Estoy seguro...
La mujer le miró desconfiada, movió el brazo en un rápido movimiento de nuevo y la luz incandescente llenó toda la vista de Shun.
Sonó un relámpago escandaloso y horrible, esa noche había tormenta.
La luz de ese trueno iluminó su piel y una vez pasada pudo observar con claridad la daga dorada que se encontraba en su mano derecha. Respiraba agitado, temblaba de pies a cabeza y volteó hacia un lado asustado, encontrando a la chica de cabellos lavanda inerte sobre la cama, con la sangre tiñendo su vestido blanco. Sin mas nadie en la habitación...
Dejó caer la daga ante el espasmo...
¡No podía ser!...
Otro fuerte relámpago impidiendo que se dejase oír el choque de la puerta que se abría de golpe y chocaba contra la pared. Dejando entrar al rubio... a Hyoga en el lugar, tapándose la boca al ver tan horrible escena. Volteó hacia un lado y allí estaba el pequeño, temblando de pies a cabeza, la daga en el suelo y la mujer muerta en la cama.
Corrió tratando de sentirle el pulso pero solo confirmó que había dejado de respirar y de latir su corazón...
- Oh por Dios, ¿Shun, que hiciste? – preguntó el rubio con los ojos aguados, desesperándose.
- Yo.... yo.... ¡NO SÉ!.. .- El chico calló al suelo de rodillas llorando sin poder contenerse.
Shun mismo se veía desde un lado como lloraba sin cesar mientras Hyoga se tomaba el pelo explayando los ojos como platos, asustado, miró hacia el suelo y encontró la daga ensangrentada en el piso y la tomó incrédulo.
Afrodita le estaba permitiendo a Shun, revivir el momento... el doloroso momento...
- ¿Qué pasó aqu...?..
Alguien más entró por la puerta. Era Shiryu.
El chico de cabellos largos y negros miró incrédulo la escena, primero vio a Hyoga y luego a Shun...
- ¿Quién...?. ¡¿QUIÉN HIZO ESTO?!
El llanto de Shun se hizo mas fuerte debido a la culpa. Ahora era obvio quien lo había hecho, conociendo a sus amigos como los conocía.
- No... no puedo creer que... – Shiryu movía la cabeza de lado a lado.
- ¡Shiryu!. – le gritó Hyoga. - ¡Shiryu tienes que prometerme que no le dirás a nadie!. ¡No quiero que Shun sufra!...
- ¿Qué Shun sufra?... ¿¡PERO ACASO NO VES LO QUE ACABA DE HACER!?... ¡Ha matado a nuestra Diosa!...
- ¡No, no las cosas no son así!. ¡Algo le tuvo que haber pasado!...
- ¡Habla! – le gritó Shiryu a Shun, pero este no respondía, no recordaba, no había nada, solo una luz blanca en su mente y dolor en su alma...
- ¡No dice nada!... – Shiryu se dio media vuelta pero Hyoga lo sostuvo de los hombros y lo hizo voltear.
- ¡Shiryu!. ¡Shun no podrá vivir con la culpa, él no es así!, ¡Puedo Jurártelo!...
- ¡HYOGA ESTO NO PUEDE QUEDARSE ASÍ!. ¡TIENES QUE ABRIR LOS OJOS ÉL ES UN ASESINO!...
- ¡Lo sé, Lo sé!... – Gritó Hyoga. - ¡Pero YO LO AMO!, ¡LO AMO MAS QUE A MI VIDA PROPIA!... – Le gritó histérico debido a que este no le entendía. – ¡¿Acaso tu no harías lo mismo por Seiya?!... ¡¿Acaso tú no querías que Saori se Alejase para tú poder quedarte con él?!
- ¡Yo no le haría algo como esto!
- ¡Pero si Seiya lo hiciese!... ¿No lo cubrirías?...
Sonó otro relámpago fuerte.
Tanto Shiryu como Hyoga respiraban agitados. Solo oían el viento de afuera y el llanto incontenible de Shun arrodillado en un rincón.
- Por favor Shiryu... – le rogó Hyoga con la voz entrecortada. – ¿Acaso puedes creer... que de él haya nacido el matar a Saori?...
Eran demasiadas emociones para el dragón. Nadie se ponía en los zapatos de él. ¡También se sentía desesperado!. ¡No era común enterarse de que la Diosa a la que había protegido había muerto y mucho menos asesinada por el más pequeño y cariñoso del grupo!. ¡Por un querido amigo, que hasta entonces creía incapaz de cometer semejante atrocidad!.
No quería... y era cierto, ¡No podía creerlo!...
- Imagina que es Seiya quien está sentado allí... – le pidió Hyoga. Era su modo de pedirle que lo entendiese, que supiese cuanto estaba sufriendo al enterarse de eso. El rubio estaba llorando, no se contenía.
Solo necesitó cortos instantes. Nomás con visualizar a su chico, a Seiya destrozado tal cual lo estaba Shun en ese rincón, el corazón se le apretó con dolor y las lágrimas cayeron solas. Se llevó la mano a la cara, la palma a la frente, sin poder creerse lo que estaba punto de decir...
- ¿Qué quieres que haga?... – le preguntó con la voz entrecortada también.
- Que me ayudes a hacerlo olvidar... – dijo Hyoga con la mirada clavada en los ojos del dragón. Pidiendo talvez un imposible. Shiryu respiraba agitadamente, volteó una vez más hacia donde se encontraba el peliverde, tomándose de las rodillas y aún llorando sin parar.
Asintió.
- Llevémoslo abajo... creo tener el modo, de hacerlo olvidar...
“12 de Febrero. He conseguido gracias a la universidad la increíble máquina de los electroshocks para continuar con mi tesis...”
El recuerdo resonó en la mente de Shun que observaba como en otro momento el amor de su vida, Hyoga, lo había cargado hasta la cama y amarrado con las sábanas de los lados de la cama, dejándolo abierto y casi sin movilidad, pues aunque las sábanas no infligiesen mucha fuerza, el ya carecía de ella. Se veía aún llorando desesperado en la cama, mientras que Shiryu conectaba unos cables en la máquina gris que había colocado al lado de la cama...
- Ponle esto en la boca, evitará que se ahogue con la lengua... – era una goma de color rojo. Hyoga se acercó a Shun con delicadeza, temiendo lo que pudiese pasar si no se dejaba colocar eso en la boca.
- Shun por favor... déjame colocarte esto en la boca...
- ¡NOOO! ... – Gritaba Shun casi sin aire. - ¡YO NO... LO MEREZCO!... ¿POR QUÉ ME HACES ESTO?... ¿POR QUÉ HYOGA?... ¡¡¡¿POR QUÉ?!!!
- ¡Por que te amo Shun!... ¡yo por ti haría lo que sea!... ¡LO QUE SEA!...
Shiryu se estaba de brazos cruzados con gesto preocupado pero serio al lado de la máquina.
- Son 133 voltios en un cuarto de segundo, Hyoga métele esto rápido o se quedará grabando en su subconsciente y no podrá olvidarlo... –
- Perdóname Shun... – susurró Hyoga y de golpe le metió la goma en la boca. Shun lloraba desesperado moviéndose en la cama. Le había colocado dos cablecillos con pegostes en los extremos a su cien, al lado izquierdo y derecho de su cabeza.
- Uno... dos... tres.... – pulsó un botón. La descarga no llegó a durar más de lo previsto.
El cuerpo de Shun se movía frenéticamente por si solo, mas las sábanas que lo ataban impedían que se llegase a salir de la cama. Sus ojos se tornaron vidriosos.
- ¡Shun!... – exclamó Hyoga preocupado. Shiryu posó una mano en su hombro.
- Estará bien... – dijo en un susurro. – Solo llévalo a su cuarto y déjalo descansar. Cuando despierte, no recordará nada... – suspiró.
- Debemos guardar esta máquina, van a saber que la utilizamos...
- ¡No puedo Hyoga!. ¡Esta Máquina no es mía!
- ¡Pues compramos otra!. ¡Yo doy todo el dinero que me tocó si es necesario!...
- Hyoga...
- ¡Shiryu!... – dijo el rubio viéndolo seriamente. Luego suspiró y bajó la mirada. – Gracias... yo... me haré cargo de lo demás... – colocó una mano en su hombro y le vio a los ojos. – Esto, murió aquí...
Con pesar. Cómplice, Shiryu aceptó. Sabía cuanto le dolería a Seiya el enterarse de la muerte de Saori en un comienzo, pero allí estaría él de cualquier forma. No podía hacerles eso, ni creer eso de sus amigos...
Esa madrugada, todo pareció pasar muy rápido. Hyoga tomó a Shun en brazos una vez hubiese reposado unos instantes y se le hubiesen retirado los cablecillos. Lo llevó a su cuarto y lo acostó en su cama. Buscó entre las llaves alguna donde pudiese guardar esa máquina, encontrando el perfecto lugar en el armario de abajo que nunca recordaba y de hecho, nunca había sido usado. Su llave brillaba y Hyoga casi lo tomó como una señal. Guardó la máquina en ese armario, le cerró y sacó la llave del llavero junto a las demás. Dejándola sola y guardándola en su bolsillo.
Esa mañana cuando despertara, Shun no recordaría bien donde se encontraba, y mucho menos recordaría los sucesos de la noche anterior. Simplemente se despertaría encontrando a un Hyoga desvelado frente a él, acompañándolo en la cama, hasta que un grito asustado de una persona, Tatzumi, les alterase y les informara que la señora de la casa, había amanecido muerta.
El aliento que Shun tomó al terminar la visión fue sumamente profundo y alarmante. Cayó sentado en el suelo mientras que la Diosa del amor volteaba viéndole con una sonrisa aún dibujada en el rostro.
- ¿Ves lo hermoso que ha sido tu cisne... y lo poca cosa que has llegado a ser tú...?-
Shun seguía respirando hondo, pero seguía sin tener aire ni palabras suficientes para hablar. ¡Él era el culpable de todo!. Había sospechado y señalado a cada uno de sus amigos y a la final, había sido él mismo quien causase todo. ¡Incluyendo su muerte!, pues si no hubiese traído de vuelta a su hermano, esto no les habría pasado...
- Oh Dioses... – Shun se llevó las manos a la frente y al cabello. Sintiéndose desesperado, asustado y sumamente aturdido. La sonrisa de la diosa se hizo mas grande.
- Veo que empiezas a entender las cosas... es una lástima que hayas decidido ser el causante de tantas desgracias... ¿pero sabes qué? – dio unos pasos acercándose a él. - te perdono...
La respiración de
Shun estaba entrecortada. Su rostro daba al suelo pero sus ojos permanecían
cerrados mientras lloraban por si solos. Volteó hacia la Diosa sin saber por
qué, aún temblando, destrozado en su interior y dispuesto a sufrir
eternamente, porque sus amigos fuesen felices de nuevo.
Afrodita asumió que volteaba por su ‘propuesta’.
- Así es... te perdono... – dijo con tono y gesto sencillo. – Ellos pueden volver contigo, solo es cuestión de que tomes la decisión, de estar con ellos... – con su pie, empujó arrastrando suavemente la daga dorada en el suelo hasta acercarla de Shun. – El viaje no será largo y tú puedes decir que vía tomar... – Dijo viendo hacia la ventana, la cual permanecía abierta y también, podría significar una muerte segura, si no buscaba defenderse...
Shun temblaba de dolor. Y tal cual lo había hecho segundos antes, consideró que eso era lo que merecía: morir... pero no solo quería sufrir, los quería felices a ellos...
- ¡Tú no tienes palabra!. – se atrevió a amenazar, tal cual su hermano había hecho con anterioridad. El gesto de la Diosa cambiando a uno mas serio.
- ¡Entiende tu posición!. ¡Te estoy proponiendo volver con tus amigos si tan solo me entregas tu vida!. ¡Es un precio barato comparado a todas las muertes que has provocado!.
- ¡Yo no he provocado nada!.
- ¡Tú mataste a tu Diosa!...
- No... – Shun se llevó las manos a la cara nuevamente sujetándose con fuerza de nuevo. – Yo no lo hice...
- ¡SÍ LO HICISTE!. ¡LA MATASTE CON ESA DAGA DORADA Y POR CONSECUENCIA TRAGISTE LA DESGRACIA A ESTA CASA!...
- No...
- ¡Tú mataste a Saori!...
- ¡No!
- ¡Tú mataste a tus amigos!...
- ¡NO!...
- ¡TÚ MATASTE... A HYOGA!.
- ¡NOOOO!...
Desesperado y sintiéndose acorralado, tomó la daga en el piso por instinto. Temblaba de rabia, mas hacía un gigantesco esfuerzo por seguir sin inmutarse. La diosa volvió a sonreír mientras otro relámpago sonaba.
- ¿Lo ves?, llevas el instinto asesino por dentro... lástima que conmigo, eso no te va a funcionar... –
- no...te creo...nada... porque... tú no tienes palabra...
El gesto ofendido y rencoroso volvió.
- Soy una Diosa y claro que la tengo...
- No la tienes... tú engañaste a mi hermano...
Un aura de color azul brilló alrededor de Shun. Lo sabía, él le estaba acompañando en ese momento, sentía su presencia haber vuelto, su cosmos titilando ligeramente, apoyándolo. La Diosa pareció exaltarse y se apresuró a hablar...
- ¡Él prefirió a su amada Esmeralda que a un hermano mequetrefe e inútil como tú!...
- ¡NO ES ASÍ!. ¡TÚ LO OBLIGASTE A TOMAR ESA DECISIÓN, PORQUE SABÍA QUE AMABA A ESA MUCHACHA!...
El aura a su alrededor se hizo aún mas intenso. Mucho mas fuerte y comenzaba a expandirse...
- Pero no cumpliste con tu parte del trato... – agregó Shun. - ¡Por eso mi hermano dice que tú no eres una verdadera Diosa!...
- ¡CÁLLA!...
La mujer tenía un gesto fúrico en el rostro y tomando aire entre los diente apretados se hizo a un lado. Detrás de ella, Ikki se encontraba de nuevo, de regreso...
- ¡Ikki...! – Exclamó Shun.
- ¡No le hagas caso a lo que te diga Shun!. ¡No le creas nada!... – Gritaba su hermano.
- ¡Hagas lo que hagas ya no hay marcha atrás!, ¡No hay modo de que traigas a los muertos a la vida!. ¡Ni modo en que un humano pueda superar a un Dios!. ¡Acepta mi oferta o te haré sufrir eternamente!...
- ¡NO!...- Gritó de nuevo. - ¡Si hay modo de traerlos de vuelta!. ¡Yo SI creo en la fe!...
- ¡No hay modo en que puedas hacerlo muchachito!... ¡Ríndete o harás que te destruya con mis propias manos!... – La mujer de belleza infinita se notaba sumamente alterada por su estado de ánimo, estaba fúrica, sus cabellos se alzaban amenazadoramente.
- ¡No!... – Volvió a gritarle. – ¡Yo lucho por la verdad y esta, aún no está del todo clara!... ¡¿Qué le hiciste a mis amigos?!
- ¡Yo no les hice nada!. ¡Yo no he tocado a nadie, ellos se mataron por ti!. ¡Por TÚ culpa!...
- ¡Mentira!... ¡Tú tuviste algo que ver en esto!, ¡Tú les propusiste algo... al igual que a mi hermano!...
Su aura se tornó aún mas intensa. Entendía ahora la señal que esto significaba, ellos también se acercaban a medida que él descubría la verdad. Entonces, si había un modo de hacerlo, de traerlos de vuelta a la vida a sus amigos y a Hyoga...
- ¡Yo no les propuse nada!. ¡Ellos tomaron por si solo sus decisiones!... Son unos asesinos al igual que tú, que finalmente decidieron matarse entre si...
- ¡Eso no es verdad!. ¡Tú hiciste que ellos pelearan!. ¡Tú fuiste la causante de esto!. ¡Yo CREO en mis amigos!...
El Aura se elevaba más y la Diosa incluso dio un paso hacia atrás algo atemorizada. Era innegable hasta para si misma que el chico estaba llegando demasiado lejos.
Shun cerró los ojos por instinto, creía oír voces, voces que le repetían cosas en su mente...
<<En uno me espera la culpa en silencio, permanecer tal cuál lo he estado hasta ahora en estos dos años que se me han sido eternos y en los que he sentido esa extraña voz que me pide a gritos que diga la verdad y que pelee por ella hasta la muerte sin hacerle caso. No logro imaginar, permanecer toda mi vida así...>>
Voces... voces...
¿Sería que alguien hablaba con él, o era un recuerdo?, De cualquier forma, era innegable de quien se trataba, Shiryu. Inmediatamente recordó de donde venían esas líneas, de su diario...
Otra voz le habló directo a su mente...
<<Desde que Saori murió, no he podido dejar de sentirme culpable, hay algo que me mortifica todos los días y que creía no conocer en mí. Ella, Seika, es una de las pocas personas que... logra contentarme algo. Y Shiryu...>>
Este, era Seiya. Su voz era inconfundible y esas palabras tampoco, las había oído en el orfanato. Su corazón latía a millón, habían muchísimas sensaciones alrededor de él, su cosmoenergía aumentaba y la mujer frente a él parecía desesperada, observando al piso comenzando a confundirse o a estar igual de indecisa que el chico de cabellos verdes.
<<Porque es un traidor... hace tiempo le conté un secreto y... creo que se lo dijo a alguien... y algo me dice que aún no está conforme...>>
Una tercera voz hablaba en su mente, era la de Hyoga... la voz de su amor que también trataba de comunicarse con él.
<<Si no te
gusta que tome tus cosas, no tomes las mías...>>
¿Por qué no iban directo al grano?. ¿Por qué no le decían de la misma forma cuál era la verdad que necesitaba decir para traerlos de vuelta?. ¿Por qué se empeñaban en hacerlo adivinar en vez de decirle completamente?.
La cabeza de Shun daba vueltas entre líneas y otras, no sabía que pensar, si no fuese por el aura a su alrededor, su hermano y la mujer en frente, llegaría a pensar que estaba en un delirio por la cercanía de la muerte.
<<en los que
he sentido esa extraña voz>>
<<hay algo
que me mortifica todos los días>>
<<algo me
dice que aún no está conforme>>
Los tres pensamientos se ligaron en su mente junto a ese montón de voces repitiendo las mismas frases una y otra vez. Shun levantó los ojos abriéndolos gigantescamente. La Diosa le veía con los ojos explayados de la misma manera, amenazante.
- ¡Tú los hiciste ponerse en contra durante estos dos años!. – No decía, sino que pensaba en voz alta. En voz MUY alta. - ¡Tú querías... que se matasen entre ellos mismos, en vez de hacerlo con tus propias manos!. ¡Por eso dices que no has matado a nadie!...
La energía se hizo muchísimo más fuerte y tres auras de colores distintos aparecieron a los lados de Ikki. Haciendo aparecer consigo los cuerpos de sus dos amigos y su amor.
- ¡Bravo Shun!... – gritó Shiryu, conteniéndose desde su lugar.
- ¡Sigue así Shun no te dejes convencer! – Seiya fue el segundo en hablar.
- ¡No creas nada de lo que te dice, solo... cree en ti!... – La tercera voz. La voz que mas adoraba en todo el planeta y que con tan solo escuchar sus palabras, bastaba para creerlas incondicionalmente.
- ¡SON ILUSIONES!... – Gritó la Diosa ahora con la daga en la mano. - ¡LÁNZATE DE LA VENTANA DE UNA BUENA VEZ!. ¡NO PODRÁS TRAERLOS DE VUELTA!. ¡DALES PAZ A SUS ALMAS!...
- ¡NO!... ¡ELLOS SÍ ESTAN AQUÍ Y ERES TÚ LA QUE SE TIENE QUE IR!...
La diosa miró hacia los 4 chicos a sus espaldas, sus cosmoenergía se elevaban a niveles extremos al igual que el aura del chico de en frente, que le veía con furia. Estaba indecisa, asustada y desesperada, ya antes habrían estos mismos chicos destruido algunos Dioses y ella comenzaba a hacerse minúscula entre tanto poder que crecía y crecería hasta regresar por completo. Pues aún no lo hacían, aún sus almas no estaban por completo en ese lugar, ninguna excepto la de ese chico de cabellos verdes, era él el único que podía hacerle daño. Debía darse prisa o sería destruida mas tarde...
- Está bien.... ¡tú lo decidiste así!... – Echó su brazo hacia atrás sosteniendo la daga en la mano, tomándole impulso para lanzarla con fuerza. Una luz blanquecina rodeó todo su cuerpo y se concentró rápidamente en la daga. - ¡Adiós, Andrómeda!...
La luz blanca se hizo mas fuerte en el lugar. Shun oyó el grito de sus camaradas al observar a la Diosa lanzando la daga con toda su cosmoenergía, fuerte y directo hacia su corazón. Atravesando al parecer una luz de color dorada y aspecto de mujer que se encontraba frente a él.
Se levantó de golpe y respirando agitado.
La luz del día le lastimó los ojos, obligándole a entrecerrarlos ligeramente. Sus sentidos comenzaron a palpar su ubicación. Se encontraba en su cama. La luz que entraba por la ventana le indicaba que aún debía ser temprano. Se sentía tenso, debía haber tenido algún sueño confuso o perturbador. Mas no se sentía como un recién levantado...
Le costaba concluir los pensamientos en su cabeza...
En eso, la puerta de su cuarto se abrió y un chico rubio y hermoso entró. Lo reconoció y recordó en ese instante, era su novio. Ya no se sentía del todo desubicado, recordaba que esta en su cuarto, tenía un novio... tenía amigos y tenía... un hermano, que aún le quería y mimaba como si fuese su hijo consentido...
Sonrió...
- Buenos días Shun. – dijo el rubio.
- ¡Buenos días Hyoga! – respondió el chico con mucho mas ánimo, brincando de la cama para abrazarle, con una sonrisa de oreja a oreja. Se sentía feliz de haber despertado...
- Vaya... – dijo Hyoga sorprendido, con los ojos explayados. Él siempre se había caracterizado por contagiar su alegría, pero este día estaba particularmente contento como para pegar esos brincos aún estando recién levantado. – Parece que alguien está muy contento hoy ¿eh?...
Shun le besó.
- Así es... – le dijo.
- ¿Y Se puede saber por qué?...
- Porque no tengo motivos para estar triste – respondió con sencillez el peliverde.
Hyoga no entendía del todo esa respuesta. Era obvia, pero... ¿acaso era suficiente como para despertarse así?...
- AHHH... ¡SEÑORITA SAORI! – Se escuchó el grito de Tatzumi desde el pasillo. La sonrisa de Shun se borró de su rostro y salió corriendo al pasillo seguido por Hyoga. Entró al cuarto de la reencarnación de Atenea y la encontró guardando algo en una gaveta. - ¡Señorita Saori qué hacía usted sacando esa daga de nuevo!...
- No hacía nada Tatzumi... – respondió la chica mientras cerró la gaveta y volteó hacia él con una sonrisa. – Tan solo la observaba...
Shun suspiró aliviado. Todo estaba tan... normal, tan hermoso...
- ¡Veo que el grito de Tatzumi los despertó a todos jaja! – Bromeó Saori volteando la mirada hacia nosotros. Shun instintivamente voltio hacia atrás y allí tras de Hyoga y él, se encontraban Seiya, Shiryu y su hermano, asomados, asustados por el grito de Tatzumi, pero calmados al notar al igual que ellos dos, que las cosas se encontraban bien...
- ¡Vaya susto que nos pegó el idiota este!... – reclamó Ikki molesto.
- Es verdad Tatzumi... talvez no deberías ser tan gritón. – le aconsejó Saori. Haciendo al hombre rascarse la cabeza y bajar la mirada al suelo, solía hacerlo muy seguido. – Pueden irse tranquilos, acá no está pasando nada... – dijo Saori con sencillez.
Shun le sonrió de la misma manera, feliz de verla un día más como siempre, aunque sentía que llevaba una eternidad sin verla de esa forma. Se dio media vuelta y se dispuso a retirarse de la habitación al igual que los demás...
- Shun, quédate por favor... – le pidió la chica.
El chico de cabellos verdes volteó y le observó extrañado.
- ¿Yo?...
- Si por favor, necesito hablar contigo... a solas...
La puerta se cerró a sus espaldas. Y ambos chicos quedaron solos en la habitación. Saori se acercó a Shun mirando hacia el suelo, se mojó el labio inferior y finalmente subió la mirada para encararlo.
- Gracias Shun... Muchas gracias por todo...
No entendía... ¿acaso... no había sido un sueño?.
Pestañeó varias veces y se rascó la cabeza, tratando de comprender mejor. Saori sonrió ante ese gesto.
- Solo tú y yo sabemos lo que habría pasado o mejor dicho lo que pasó. Pero que le hiciste frente por todos nosotros... dándonos, una segunda oportunidad...
Era enredado de hablar. Pero Shun creía comprenderlo todo. O casi todo, habían aún algunas cuestiones que conversar.
- Que le hice frente... por todos... – susurró. Y Saori asintió. - ¿Por qué...?, ¿Por qué no morí en ese instante... en que Afrodita me quiso matar?...
- Porque no cumplió su palabra... – respondió Saori con el tono bajo. – Ella y yo habíamos hecho un pacto y lo quebrantó...
- Un pacto... – repitió Shun. Así que eso si había sido verdad, la Diosa tenía algo que cumplir y por eso era que buscaba hacer que él mismo se quitase la vida, antes de tratar de hacerse cargo por sus propias manos.
- Deja, que yo misma te cuente... lo que hubiese pasado anoche...
“La primera vez que Afrodita se apareció ante mí, fue tres días antes de la muerte de Ikki...”
- Athena...
- ¿Quién eres?, ¿qué haces aquí?...
- Soy la Diosa del amor, otra de tus hermanas...
- Afrodita...
- Así es. He venido a buscarte, al igual que antes lo han hecho Abel y Artemisa...
- Ya antes he dicho que no abandonaré la tierra y sigo firme en mi decisión.
- Athena, no puedes seguir amarrada a la tierra y a los sentimientos humanos, esa, no es la forma correcta en la que una Diosa debe pensar...
- Es la forma en que creo y la forma en la que conozco y pienso tú deberías conocer, amando...
- Amor... – Susurró la Diosa sonriendo y caminando con pasos lentos alrededor de Saori. - ¿Acaso tu sabes lo que es el amor?...
- Si... lo conozco, muy bien...
- No pareciera, pues te has dejado manejar por él tontamente...
Athena le miró con los ojos entrecerrados. En parte era cierto, pero no era ese exactamente su modo de pensar.
- Una Diosa no debe sentir esa clase de amor por un ser humano... fíjate hasta donde has llegado por culpa de ese sentimiento... ya ni siquiera sabes mantener el control de la tierra, no sabes ser una Diosa...
- Talvez... pero soy fiel a lo que creo. Y nada me hará cambiar de parecer.
Hubo un combate de miradas fúricas entre ambas Diosas. Como si una tratase de entrar en la mente de la otra a través de sus ojos.
- Debes olvidarte de él, si quieres ser una Diosa...
- No lo haré.
- Por favor Athena. Él ni siquiera te corresponde...
- Si lo hace, es mi...
- ¡No!, ¡no lo hace!, él, está enamorado de otra persona. De otro...hombre...
Athena apenas entrecerró los ojos sin inmutar su rostro.
- No te creo...
- Deberías creerme, es la verdad.
- No... no lo es...
- Bien Athena. Crees conocer mas del amor del que yo misma conozco, pero te llevarás una sorpresa, una triste sorpresa. Nos veremos en otra ocasión...
“Ni siquiera le respondí la despedida. Solo la vi desaparecer entre una luz blanca e incandescente. No avisé a nadie pues ni siquiera había recibido una amenaza directa. No quería alarmarlos, ya habían pasado mas guerras de las que creo nos tocaban aguantar. Pero no fue así. Al día siguiente, Seiya se reunió a solas conmigo y me lo confesó todo. Me admitió que llevaba tiempo teniendo algo con Shiryu, aún siendo formalmente mi pareja. No le dije nada, de hecho me quedé impactada. No me sentí asqueada, mas si profundamente decepcionada. Esa noche no salía mas de mi cuarto ni cuando me dio sed y fue la segunda oportunidad en que la mujer se me apareció. Y me encontró llorando en mi cama...”
- ¿Lo ves?... ¿Ves como tenía razón?. Yo soy la Diosa del amor, es lógico que lo conozco mas que tú...
- Déjame... a solas... Afrodita...
- No Athena. Tú debes tomar una decisión, ya debes ser consciente de que él estar aquí no vale nada la pena.
- Si lo vale... – dijo Athena sin saber de donde salían esas palabras. Pues se sentía doblemente traicionada, por su novio y por un amigo. Talvez, era el cariño que aún quedaba por los otros... y por la humanidad...
- Deja de buscar excusas y no querer generalizar. Sabes que son así todos los humanos...
- No, no es así...
- ¡Sí lo es!. – le dijo mas alto. – Hasta tu familiar mas querido, tu abuelo, te mintió al decirte que eras su nieta. Tus caballeros se han matado entre si en busca de la victoria y el poder. ¡Tu novio y tu amigo que creías fieles a ti, te han traicionado de una cruel manera!
- ...
- ¿Qué esperas para creer en mí?.
- Las... personas, cometen errores... ¡cometemos errores!. Y... yo... ¡yo los perdono por haberlo hecho!...
- ARGH!... ¡Por favor Atenea!, ¡No seas estúpida!. ¡No hay peor ciego que el que no quiere ver y mi infinita paciencia comienza a ver el fin!.
- Pues no... no puedo creer que... todos los humanos sean así...
- ¡Pues si lo son!. ¡Son iguales que ellos!. ¡Débiles!, ¡Pecadores!, ¡Inútiles!. ¡Es por eso que sería mejor si se eliminasen de la tierra!.
- ¡No!. ¡Eso nunca!
Afrodita le miró por unos instantes.
- ¿Y Qué es lo que piensas hacer?. Conozco tu alma, y sé lo que piensas, no llegarás a amar a nadie, como lo has hecho con Seiya... no volverás a ser feliz, sino es al lado de él.
Por más que quisiera negarlo, eso era lo que sentía en esos momentos. Ella ya se había planificado toda una vida con él a su lado, ese, había sido su gran error y se sentía muy dolida por las inesperadas vueltas que daba la vida.
Afrodita se acercó a Saori y le tomó del rostro observándola con cuidado, e incluso, con ternura...
- ¿Ni siquiera... pensarías hacer nada para luchar por él?
- No sé que es lo que puedo hacer... yo... quise darle todo de mí... y no sé como pelear esta batalla...
- Piensa frío... eres una Diosa. Sabes que si quieres, puedes hacerlos separar..
Ni siquiera había considerado la idea y de hecho, en ese momento, solo lo hizo por unos segundos.
- ¡No!. ¡Eso sería aprovecharme de ellos!.
- ¡¿Y Qué?!, ¡Eres una Diosa tú haces las reglas!.
- No me aprovecharé de ellos, si he de pelear por él lo haré de manera justa.
- Es lo que te conviene hacer... separarlos, ¡hazlo, si no quieres que mas gente sufra!...
- ¿Mas gente?... nadie puede sufrir mas por algo en lo que ni siquiera está inmiscuido
- Te equivocas... el amor no es algo tan simple Athena. Aún hay alguien, que puedes herir si tomas la decisión equivocada...
- ¿Quién?...
- No te lo diré. Confórmate con saberlo... Alguien ama a Shiryu y sabe que está con Seiya desde hace mucho tiempo, está dolido, muy deprimido. Y si no los separas hoy mismo, no tendrás tiempo después para arrepentirte...
Athena se quedó callada sin saber que pensar. Comenzaba a sentir respeto en el área del amor por la Diosa. Parecía saber lo que decía. Y ya incluso le había dado el mas triste pronóstico que nunca hubiese recibido. Mas sin embargo, debía creer en sus caballeros, tener fe en ellos. Ella no se perdonaría haber caído tan bajo para separar a Shiryu y a Seiya. Ella lo amaba de verdad y por tanto, quería su felicidad...
- Yo no los separaré...
De nuevo la mirada fúrica y fulminante de la Diosa del amor se posó en ella, casi botando chispas de cólera. Fue limitado lo que se permitió hablar.
- Pues entonces atente a las consecuencias y sufre con la culpa de ahora en adelante...
“La noche en que estuviste frente a Afrodita, yo estuve presente, sin poder hablar, sin que pudieses verme, sin poder hacer nada. Todo era parte de un pacto. Y allí, me enteré de la primera trampa de la Diosa. Esa que había hecho la misma noche en que recibí este nuevo pronóstico...
Esa noche, ella entró al cuarto de Ikki de la misma forma que lo hizo en el mío. Tu hermano nunca ha sido de los que grite pidiendo ayuda y esta vez no debió haber sido la excepción. Se presentó ante él como la Diosa del amor que era y le hizo una propuesta.
Ella, puede ver perfectamente en nuestros corazones y mira con facilidad el sentimiento mas intenso y grande que reside en nuestras almas, el amor...
El alma de tu hermano, estaba llena de amor por una chica. Por la chica que murió hace años y que hasta el sol de hoy añora muchísimo. Ella se aprovechó de eso. Y le propuso reunirlos nuevamente, con tan solo una condición.
Esa que ya conoces...
Ikki estaba confundido en un comienzo. No quería abandonarte Shun. Sabía que, aunque tu estuvieses con Hyoga seguirías añorándolo porque era tu hermano. Mas Afrodita hizo presión. O Era ya o no era nunca...
Tú tenías a Hyoga. Seiya tenía a Shiryu. Y yo también parecía tener a Seiya. Pero la chica, ella debía estar sola, sufriendo y necesitaba cuidarla. Tomó su decisión y esa misma noche se suicidó, después de hacer el pacto con Afrodita.
Sabes que como a todos, me viste destrozada. Pero lo estaba aún más de lo que se podía notar, porque me sentía culpable, e incluso, asesina...
La diosa solo volvió a aparecerse horas antes del entierro, con el mensaje de que no tratase de revivirle como lo había hecho en otras ocasiones. Si alguien lo hacía, tú y los demás, morirían. Esta vez, no dudé de su palabra...
No volví a verla, sino meses después.”
- ¿Te encuentras mejor...?
- Como si realmente te importara... – contestó Athena. Amargada y deprimida como lo había estado desde su primera visita.
- Te lo dije Athena, has sido tú la que no ha querido creer en mí... pero veo que al fin has hecho caso. ¿Acaso ya puedes ver claro y decidir volver con nosotros?...
- ¡NO!... – Le gritó. - ¡Yo no creo en ustedes!
- ¡¿Y Entonces en quien crees?!. ¿¡En los humanos!?. ¡Te he dicho que son débiles y traicioneros, no merecen ser admirados por nadie!.
- ¡No todos son así!. Yo... ¡creo en mis amigos!...¡creo en ellos!...
“Fue allí donde ella se dio cuenta del punto. No era solo el amor, sino mi amistad. Yo no creía en todos los seres humanos, pero creía en ustedes, así como ustedes creían en mí. Así se le ocurrió la idea y una sonrisa se dibujó en su rostro.”
- Has... un pacto conmigo...
- No lo necesito...
- Te demostraré que ellos son capaces de traicionarte y tú volverás con nosotros...
- ... no...
- ¿A que le temes?. ¿No que crees en ellos?. Demuéstralo...
- ...
“Era una prueba de fe. Era el todo por el todo. En ese momento fue que me di cuenta que esta era una nueva y extraña guerra. Una lucha de amor, que batallaban sin siquiera saber. Ella tenía razón, si en verdad creía en ustedes, debía poder correr el riesgo sin lugar a dudas. Y fue así que acepté el pacto. Ella pautó las reglas...”
- Deberás hacerte pasar por extinta...
- No... no quiero engañarlos...
- ¿Cómo verás entonces cuando ellos se engañen entre sí?. ¡Lo harán a tus espaldas como Seiya y Shiryu!. No en frente...
“Separó mi cuerpo y mi alma, dejando mi carne y hueso sobre mi cama. Clavó un puñal dorado en el vientre de mi cuerpo haciéndolo sangrar y luego dejó caer la daga en el piso.
Tu cruzabas el pasillo hacia tu cuarto cuando una luz blanca te hizo ir hacia el mío. Te quedaste atónito en el marco de la puerta. Te acercaste a mi cuerpo y me mediste el pulso, trataste de comprobar que estuviese viva, en vano. Y Te desesperaste en querer salir. Pero ella te cerró la puerta...
Tomaste la daga por instinto, por quererte defender. Ella solo rió. Hizo un movimiento de brazo, una luz salió de ella y te hizo olvidar, esos 5 últimos minutos de tu vida.
La luz blanca desapareció y te encontraste con la daga en mano y yo, muerta y ensangrentada en la cama...”
Shun tenía los ojos explayados como platos. En shock.
¡Todo había sido real!. Y... ¡Él no había matado a nadie!...
- Conoces parte... de lo que vino después de esa noche... – completó Saori. – Afrodita no solo jugó con Ikki y conmigo, sino que lo hizo con Shiryu, Hyoga y Seiya también, como creo ya te enteraste... se encargó de deprimir cada uno de los días de Seiya durante esos dos años, en sus sueños, sin él darse cuenta y queriendo que terminase por quitarse la vida él mismo. Ella no podía tocarlos, ese era el pacto. Haría traicionarlos entre ustedes, mas no podría hacerles daño por ella misma... Y así mismo, intentó con Shiryu. Él se encontraba deprimido por Seiya, porque lo amaba, ella se le apareció una vez y le tentó a usar la famosa máquina de shocks con él...
- No puedo usarla. Ha pasado mucho tiempo y él no lograría olvidar por más que quisiese.
- ¿No lo intentarás?. El sufre es por haberle sido infiel a Saori, por ser la causa de su suicidio... – decía Afrodita. - ¿Por qué no subes el voltaje... y le haces olvidar?
- ¿Subir el voltaje?. ¡Eso sería matarlo!...
- Seiya no morirá, ¡si en verdad lo amas debes intentar que no sufra!
- Yo no quiero que lo haga... pero no conozco el modo...
- Si lo conoces, te lo he dicho... – la Diosa tomó el rostro del chico y le susurró. – Hazlo...
Shiryu se vio tentado por unos instantes. Incluso, llegó a quitar la llave del armario que Hyoga guardaba con tanto recelo. Mas al final no se atrevió a correr el riesgo de perder a Seiya. Y guardó la llave, arruinado el plan de Afrodita, ella quería que Seiya muriese en ese momento... En venganza, se apareció esa noche en el cuarto de Hyoga y de igual forma, habló con él...
- El, piensa traicionarte... piensa contarlo todo...
- No... Shiryu no es así. Él no me traicionará, no dirá nada.
- ¿Entonces dónde está tu llave?. ¿La llave del armario?...
- La... debí haber dejado botado en alguna parte.
- No... él la tiene, la guardó en una de sus gavetas cuando te descuidaste. Él piensa delatarte, porque Seiya sufre a causa de ese secreto...
“Esa mujer, es una experta en las relaciones, esto es algo que no puedo negar, pues supo manipularnos a todos. Y todos, nos dejamos llevar. Todos, menos tú Shun...
Hyoga confirmó, la llave estaba allí, al igual que el pequeño cuaderno de Shiryu, fue por eso y por la manipulación de Afrodita que escribió esa frase en la primera hoja... era una amenaza y por eso, dejaron de hablar. Ella les hablaba por separado, en las noches a oscuras haciéndole odiarse el uno al otro y ese día que reviviste a Ikki, ella los hizo explotar estando a solas...”
- ¡EJECUCIÓN DE AURORA!
- ¡DRAGON NACIENTE!...
- ¡PAREN!...
“Fue el tercero, quien estuvo de más y por tratar de proteger, quedó en el medio de ambos ataques. Así fue que murió Seiya y que la cólera de Shiryu se hizo aún mas gigante. Cuando volviste, ambos habían luchado con todo. Y me dí cuenta, lo fuerte y lo débiles que nos hacía el amor... Shiryu murió por Seiya e Hyoga murió por ti...”
Lágrimas caían del rostro de Shun y Saori.
Este primero no tenía aliento después de todas las confesiones de Saori. Al parecer, habían llegado a su final. La nariz de Saori sonó y ella misma se quitó las lágrimas del rostro.
- Pero ya ha pasado... – se permitió sonreír suavemente. – Ya pasó... ella no cumplió su parte del pacto y trató de matarte. ¡Pero tú creíste en nosotros por sobre todas las cosas!. – Le abrazó con fuerza. - Por eso te dije y te lo vuelvo a decir: ¡Gracias!...
Se quedó impactado unos instantes más y luego, correspondió el abrazo de Saori. Aún incrédulo de todo lo que había sucedido. Y suponiendo que tan solo ella y él, conocían de esta batalla.
Ahora los días, tenían esplendor propio y renovado. En realidad, no había pasado ningún día, todo había vuelto a la época en que seguía siendo feliz con sus amigos, su Diosa, su hermano... y su novio. Pero si antes veía los día con felicidad, ahora, no existía palabra con qué describir como los veía.
La emoción era simplemente gigantesca y agradecía por cada una de las cosas que tenía todos los días y a toda hora.
Siguiendo haciendo el amor hasta diez veces por día con Hyoga. Y lo amó y amó aún más de lo que pudiese alguien pensar que se podía amar. Porque si en algún momento había llegado incluso a dudar de él, ahora confiaba plena y ciegamente en él, porque sabía que era capaz de hacer lo que sea por él y Shun a su vez, correspondía de la misma forma sin dudar, dando el todo por el todo cada vez que podía.
Seiya seguía siendo el chico animado de siempre. Serio en algunos momentos, pero agradecido a la vez. No entendía como Saori podía comprender que el amase a Shiryu y ni siquiera molestarse, se le hacía algo increíble pero estaba eternamente agradecido. El caballero de dragón, no podía sentirse diferente a como lo hacía su amado. Su admiración y devoción por su Diosa se hizo muchísimo mas grande de lo que nunca había sido y llegó a quererla y respetarla mas ninguno de los otros caballeros. Pues estaba, eternamente agradecido con ella...
Solo ellos dos no podían observarse completamente feliz.
Y aunque tratasen de disimularlo con una sonrisa, Shun sabía que se sentía solitarios.
Así que por eso los invitó un día a salir al cine ... a ella y a su hermano...
¡Qué casualidad que alguien llamó a Shun y no pudo entrar al cine con ellos! (aja, como no XD )
Y Que cuando regresaran, ya solo fuese cuestión de tiempo, para formalizar una nueva relación.
Shun se sintió como cupido cuando se enteró del noviazgo de Saori y su hermano. Pero por un momento ese pensamiento le atormentó. Cupido era Eros y Eros el hijo de Afrodita.
- ¡BAH! ¡Ja ja! –
rió, burlándose él mismo de sus pensamientos y
lanzándose a los brazos de Hyoga. Para él solo existía un Dios del
amor y era ese que tenía entre sus brazos.
Fin.