La Pureza de un Ángel
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.Acodado sobre el barandal del amplio balcón, Shun tarareaba alegremente una melodía, contemplando las nubes con un gesto soñador.
No creía poder ser más feliz de lo que ya era.
Las batallas habían quedado muy atrás, la necesidad de envestir su armadura para defender a su Diosa ya no existía, sus amigos estaban vivos y bien, junto a él...
...La vida le sonreía...
...y "él" le amaba...
Siempre tuvo miedo de expresar sus sentimientos, miedo al rechazo y al desprecio... durante años había acallado ese grito doloroso que luchaba por liberarse, las lágrimas agolpándose en las esmeraldas de sus ojos. Se contentó con estar a su lado, luchar a su lado, de ser necesario moriría a su lado, daría su vida por él...
...y, literalmente, lo había hecho una vez...
Lo amó desesperadamente, lo amó en secreto, en silencio, en su soledad... convencido de lo absurdo de su amor, de lo imposible que era que le correspondiese de la misma forma...
...Su amigo...
...su compañero...
...su camarada...
...un hombre, como él...
Temió el rechazo... cómo podía amarlo a él, cómo podía siquiera abrigar un mínimo de esperanza..._ Ambos eran hombres, era una locura, un pecado...
...Si ni hubiera sido tan cobarde...
...Si se lo hubiera dicho antes...
Sonrió levemente.
"...Tendremos que recuperar tanto tiempo perdido..."
Nunca lo esperó... Nunca lo soñó, siquiera...
Y en aquél momento... cuando apenas habían regresado de la terrible batalla contra el oscuro Dios que dormía en su corazón, Hades...
Sus palabras...
"-Tuve tanto miedo... no puedo resistir la idea de perderte... te amo, Shun..."
...Te amo...
Tan simples palabras. Tan breves, tan suaves...
...Y sin embargo, tan poderosas... Capaces de sanar un alma enferma de tristeza... como la suya...
Recordó su tartamudeante disculpa, suplicando que le matara si era su deseo, por haber tenido la osadía de aspirar al corazón de un hombre, de un Dios, su corazón... que lo matara, que desintegrara su cuerpo mandando su alma al Infierno, pero que no le dejara sin una respuesta...
Recordó sus lágrimas... su cuerpo tembloroso postrado ante él, de rodillas, humillándose ante él ala vista de todos sus amigos, incluso de su Diosa... no le importaba quién estuviera, dijo, no podía seguir ocultando sus sentimientos por más tiempo...
Recordó sus palabras...
"-Mátame si quieres, no me importa... pero no me dejes así... por favor, responde..."
...Y recordó... sí, recordó cómo se arrodilló frente a él, recordó haberlo abrazado con todas sus fuerzas, recordó haber llorado inconteniblemente, lágrima de alivio y alegría infinitos, recordó sus propias palabras...:
"-...Yo jamás te haría daño... porque yo también te amo..."
...Lo amaba... lo amaba tanto...
Se besaron delante de todos, llorando; besos dulces con resabios de sal que insuflaban vida a sus cuerpos lacerados... que los sanaban por dentro y por fuera...
...Su primer beso...
Se ruborizó, aún sonriendo; en las ramas vecinas gorjeó un cardenal.
-Al fin te encuentro... -un par de fuertes brazos rodearon su cintura, arrancándolo deliciosamente de su abstracción. Ese calor lo abrigó protectoramente, unos labios posándose en su nuca acariciando su piel con un beso ligero -...estuve buscándote, mi Angel...
-Tú sabes dónde encontrarme... si no es aquí--
-...es en el lago...
Sonrió, soltándose del lazo para enfrentar al amor de su vida. Nuevamente los brazos tomaron su fino talle, acercando los cuerpos.
-...Sí que me conoces bien...
-...Cómo evitarlo, mi Angel... cómo no estar pendiente de mi razón de ser... -las bocas se aproximaron hasta unirse en un beso profundo. Shun cerró sus ojos, disfrutando de esa dulzura tan única, tan especial... y tan suya. Enredó sus manos trémulas en la brillante melena revuelta, que destellaba al sol como hilos de oro...
Gimió separándose lentamente, sintiendo ese dulce ardor en su corazón...
-...Mi blanco Cisne...
Hyoga sonrió bellamente, acariciando aquellos labios nacarados con las yemas de sus dedos.
-...Por siempre, sólo tuyo...
Y volvieron a besarse sintiéndose inmensamente dichosos de poder tenerse, de poder disfrutar de la presencia del otro, la compañía del otro, el amor incondicional del otro...
...Un amor bendecido...
Cuando, en aquella ocasión, ambos se giraron hacia Saori, aún de rodillas, abrazados como dos niños asustados, suplicaron la Muerte si es que su amor no era aceptado. Si no podían estar juntos en la Vida, ambos estaban decididos a bajar juntos hasta las más oscuras entrañas del Inframundo...
Pero la Diosa sólo los contempló largamente...
...y sonrió.
...No los acusó... no renegó de ellos... no los maldijo, ni intentó separarlos...
"-Quién soy yo para ir en contra de los deseos puros de un Dios...?
-Pero Saori, yo--
-No tú, Shun... sino Eros... Si él desea unirlos, si es su destino permanecer juntos, lo único que yo estoy dispuesta a decir es...: que sean felices, hijos..."
Ambos besaron las manos de la bondadosa Diosa, una cada uno, llorando de alegría... Y sus amigos se acercaron sonriendo, algo sorprendidos, pero sin ninguna palabra dura en sus labios...
...Habían comprendido y aceptado... y dejarían a sus hermanos de armas que buscasen su dicha juntos, con alegría en sus corazones...
...aunque...
...uno de esos corazones...
-...Hyoga... -gimió Shun al sentir la boca de su amado posarse en su garganta. Esas manos sostenían su cintura con firmeza empujándolo contra el barandal, los cuerpos fundiéndose en calor -...Hyoga... detente... por favor...
El rubio se separó con lentitud contemplando el ruborizado rostro de su pequeño.
-...Sabes que no iré más lejos, si tú no quieres...
-...Gomen... es que me da algo de miedo...
-...No debes temer... yo jamás te lastimaría, mi Angel...
Lo guió con toda delicadeza al interior de la habitación, blanca y fresca como un albo navío de espuma. Lo recostó en la blanda cama, boca arriba, y él se tendió a su lado sin dejar de acariciarlo con devoción.
-Estás listo para el viaje de pasado mañana...?
Sí... se irían de la Mansión... Irían a Inglaterra a comenzar una nueva vida juntos; la misma Saori les había ofrecido la espaciosa casa, ocupándose de todos los detalles.
...Una vida nueva...
...juntos...
Shun se giró, acurrucándose en los brazos de su dueño.
-...Mientras esté contigo seré el ser más feliz y afortunado de este mundo... te seguiré a donde sea...
Hyoga le besó tiernamente, ajustando el abrazo.
Desde el día en que se confesaron su mutuo amor, nunca se habían separado por demasiado tiempo; lo que sentían era sincero y hermoso, estaban convencidos de su decisión...
...pero así y todo, aún no habían compartido la cama.
Hyoga comprendía perfectamente la ansiedad de su Angel, ansiedad nacida de su pureza, y lo cubría de besos tiernos y caricias suaves dándole a entender que estaba con él y esperaría hasta que estuviese seguro de querer dar el siguiente paso. Shun agradecía su comprensión y su paciencia mientras luchaba con sus miedos, ganándoles terreno día a día. Se sentía cada vez más confiado, más firme... el ansia comenzaba a encender su tenue llama, mientras que los recelos comenzaban a morir...
...Pronto...
-Esta noche dormiré en mi departamento... Debo preparar el resto de mi equipaje y terminar de organizar unas cosas...
-Quieres que te acompañe, Shun...?
-No es necesario... mañana estaré aquí a primera hora...
-...Voy a extrañar tu calor...
-...No me extrañes, Hyoga... muy pronto estaremos siempre juntos...
-...Por siempre...
-...Para siempre...
-...Amén...
Sellaron ese juramento final con un beso largo y dulce, a medida que el sol de la tarde comenzaba a teñir las nubes con su tinta de oro.

******

Miró el reloj, ya con un dejo de temor.
Eran más de las doce del mediodía.
Se sentó en un sillón, cansado de dar tantas vueltas por la sala...
...¿Por qué no llegaba...?
Era siempre tan puntual...
-...No te preocupes Hyoga, de seguro que se distrajo con algo, o se quedó dormido... ya debe estar en camino... -había tratado de tranquilizarle Seiya, con una sonrisa breve.
Hyoga asintió, pero no abandonó su gesto angustiado...
...algo no estaba bien...
Sentía aún ese dolor en su pecho... un dolor tan agudo...
...Un dolor que lo había asaltado a mitad de la noche, arrancándolo de su sueño... no pudo volver a dormir por más que lo intentó, rondado por vagos temores sin voz ni rostro...
...Y ese dolor... esa angustia que no se iba...
-Nadie atiende... el teléfono suena pero nadie atiende...
Saori hablaba muy compuesta mientras entraba en el salón; pero sus ojos reflejaban cierta preocupación... algo no era normal... lo intuía...
Hyoga se levantó de golpe, decidido.
-Iré a buscarlo.
Antes de que nadie osara siquiera hablar, el rubio abandonó el lugar a grandes pasos, acompañado únicamente por esa opresión sobre su pecho.
"...Shun..."

******

El departamento de Shun quedaba a diez minutos en taxi. No tenía idea de si estaba o no allí, pero por algún sitio tenía que empezar.
Tanteó el picaporte y se sobresaltó al descubrir que la puerta no estaba cerrada.
Shun era muy cuidadoso, jamás olvidaría cerrar con llave...
Con el corazón en la garganta, entró en silencio. Las cortinas corridas dejaban el salón sumido en una desagradable penumbra.
Shun amaba tanto al sol...
Sus ojos rastrearon cualquier indicio que delatara... "algo"... Pero el lugar se veía normal...
Un rumor proveniente de la recámara lo puso en alerta. Avanzó con más seguridad, pero seguido por ese temor...
-Shun...? -llamó, abriendo la puerta entornada. Toda su angustia se disolvió en un suspiro al contemplar a su adorado Angel de pie junto a una cajonera, quien se irguió al instante de sentir esa voz llamándolo.
...Y al ver el gesto en su rostro, la precaria sonrisa del rubio se trocó en una expresión inquieta...
Shun se veía muy alterado. Su dulzura habitual había sido reemplazada por un dejo opaco y triste; su boca no dibujaba aquella sonrisa que tanto adoraba Hyoga, y sus ojos estaban apagados, enrojecidos...
...como si hubiera llorado... mucho...
-Shun... -musitó el recién llegado, no logrando salir de su azoramiento.
-...Hyoga... -su voz apenas si se elevó en el silencio del cuarto... sonaba cansado, abatido... Se giró y volvió a lo que estaba haciendo, sin agregar nada más.
El rubio necesitó unos segundos más para darse cuenta:
Shun estaba desarmando su equipaje y colocando cada prenda en su lugar correspondiente, con toda parsimonia; una maleta ya estaba vacía y la otra a medio vaciar, abierta sobre la cama aún deshecha.
-Sh-- Shun...? -Hyoga contemplaba a su Angel afanándose en tal labor, cada vez más confundido, la angustia ganándolo de nuevo -...qué haces...?
No hubo respuesta. Ese silencio lo inquietó aún más.
-...Shun...?
La ropa continuó siendo acomodada en los respectivos cajones...
-¡¡Shun!!
Ante el grito el muchacho se sobresaltó, temblando. No miró a Hyoga, apoyado en la cómoda, bajando blandamente la cabeza...
No se movieron por un minuto, que semejó un siglo. Hyoga respiraba con fuerza, ansiando una contestación que aclarase tal conducta.
-Shun... -musitó de nuevo, tratando de hallar su voz tras su angustia -...Qué pasa, te estuve esperando... por qué... -miró expresivamente las valijas vacías, y de nuevo a Shun, quien guardaba silencio.
Por fin... aún temblando, sin mirarle en ningún momento, Shun susurró:
-...Hyoga... yo... yo ya no puedo ir contigo...
Un puñal afilado no hubiera podido herir con más tino el corazón del Cisne que esas palabras huecas y átonas.
-...qué...?
-...Lo siento Hyoga... pero no puedo... perdóname...
El rubio se sintió desfallecer. Qué le estaba diciendo su Angel, su luz, su vida, la razón de su existencia...?
-...Shun, qué rayos quieres decir con eso...
Su angustia y dolor hallaron fuerzas prestadas de la ignorancia y la furia.
Shun no lo miraba; había recomenzado su tarea de desempaque.
-¡¡¡SHUN, QUÉ RAYOS QUIERES DECIR CON ESO!!! -avanzó casi colérico y sujetó al chico por su brazo con cierta brusquedad, obligándole a enfrentarlo -¡¡RESPONDE, SHUN!!! -casi imploró, las lágrimas comenzando a agolparse en sus ojos.
Shun giró su rostro para no ver el gesto de su rubio.
-...Por favor, no me preguntes... no me pidas explicaciones, sólo entiende que ya no puedo ir contigo... por favor, vete de aquí y olvida que me conoces, vete Hyoga...! -gimió, casi en llanto.
-¡¿Qué!? -Hyoga tomó a Shun por los brazos y lo giró hacia él, buscando su mirada, histérico -¡¿Qué dices?!!! Estás diciendo que ya no me quieras, que ya no me amas...??? -tomó su rostro y lo forzó a mirarlo -Ayer mismo me juraste tu amor, ayer mismo me dijiste que te sentías el ser más afortunado del planeta, ayer mismo me prometiste que estaríamos juntos por siempre...!!! Qué ha pasado contigo, maldita sea!!??
Jadeó sin aire, las lágrimas rodando libres por sus mejillas. Se contuvo un poco al notar que su pequeño también lloraba, sus ojos cerrados, su boca soltando débiles sollozos.
Entre conmovido y arrepentido, Hyoga acarició el rostro de su amado tiernamente, con manos temblorosas.
-...Shun... -siguiendo un impulso repentino, capturó esa boca en un beso profundo... Pero en una ráfaga de segundo Shun se separó violentamente de él.
-No!
Intentó alejarse, pero el rubio supo retenerlo en sus brazos.
-Shun, qué te pasa!
-No me toques, por favor, déjame, Hyoga!!
-No lo haré hasta que respondas...!
-¡Déjame!
Comenzaron a forcejear y al tironear Shun hacia atrás perdió en equilibrio, arrastrando a Hyoga consigo; ambos cayeron sobre la cama, el rubio sobre él.
-¡No, basta, déjame, quítate de encima!!
Apoyó sus manos en sus hombros empujando desesperado, sus ojos fuertemente cerrados.
-¡Háblame Shun, por favor!! -Hyoga no hizo ademán de abandonar su posición; sujetó las muñecas del niño, inmovilizándolo en el lecho. Pero Shun se retorcía cada vez más aterrado.
-¡¡¡Déjame, no me toques, no me lastimes más, por favor, no me hagas esto!!!
-¡¡Cálmate!! -Hyoga no sabía qué hacer para contenerlo. El muchacho lloraba abiertamente, sin dejar de luchar.
-¡¡No me toques!! ¡¡No me toques!!!
Aquel cuerpo tan frágil se tensó de pronto, y al segundo se aflojó completamente, el llanto persistiendo. La lucha cesó, y Shun giró su cabeza a un lado.
Hyoga contempló a su dulce Angel, sumido en la desesperación.
-...Shun... qué tienes...
De repente, a través de sus propias lágrimas, algo llamó su atención. Su mirada celeste observó la amplia cama desarmada, con sábanas blancas de algodón... tan blancas...
...salpicadas de sangre...
Sus ojos se abrieron al máximo, aterrado.
...Sangre...
-...Shun... -apenas logró balbucear, temblando -...qué te pasó...
El niño lloraba débilmente, sus ojos cerrados...
-...Shun...
-...por favor... ya no me lastimes más...
-...Shun... qué es esta sangre...? Qué pasó aquí...?
En ese instante, por primera vez, Shun miró a Hyoga a los ojos; una expresión desolada...
-...Hyoga...
Su voz era tan sumisa, ahogada por el llanto, derrotada, sin esperanzas...
El Cisne se reincorporó y tomó con dulzura a Shun, acunándolo en sus brazos. Su voz, no obstante, era fuerte y decidida:
-...Shun... qué te han hecho...
El niño tembló febrilmente.
-...ay, Hyoga...
-...Quién te ha hecho daño, mi Angel...
Shun comenzó a llorar de nuevo, y Hyoga ajustó el abrazo.


Ya había terminado de organizar sus cosas, al fin. Era bien tarde y estaba sumamente agotado; deseaba tirarse en la cama y dormir, y soñar tal vez con su dulce amor... Mañana lo volvería a ver y ya no se separarían por nada del mundo; iniciarían una nueva vida juntos, felices... sonrió, una sonrisa ingenua y pura...
Unos golpes en la puerta lo despertaron de su ensueño.
"...Visitas...? Tan tarde...? Quién podrá ser...?"
Algo temeroso (pues las desgracias no tienen horario) abrió la puerta...
Quedó paralizado en el lugar...
-...Hola... -el visitante sonrió levemente -...puedo pasar...?
Shun tardó unos instantes en reaccionar... por fin, logró articular una palabra:
-...Niisan...
Sin esperar una invitación más formal, Ikki entró al departamento; se quitó el abrigo, tirándolo luego sobre el sofá, y giró hacia Shun quien apenas había atinado a cerrar la puerta.
Hacía mese que Ikki había desaparecido, como solía ser su costumbre; precisamente unas semanas después de su regreso del Inframundo, tras la batalla contra el Dios de la Muerte. Shun no se preocupó demasiado al respecto, porque sabía de sobra que su hermano mayor podía desenvolverse muy bien solo... y además, porque ahora Hyoga estaba a su lado. No había sentido demasiado su ausencia... no como antes...
-...Vaya, no pareces muy feliz de verme... -el Fénix esbozó una sonrisa torcida -...qué pasa otouto, no me extrañaste...?
Shun volvió en sí y se sintió algo culpable; en efecto, no le había extrañado...
-...Perdona niisan, es que me sorprendió verte... -sonrió bellamente y se acercó para abrazarlo -...te extrañé...
-...Je, pues no parece... -sonrió Ikki, aunque su voz era amarga -...De todas formas, aquí estoy... yo sí te extrañaba mucho, Usabi...
Shun se sintió aún más culpable. Amaba a su hermano, pero no podía evitar otorgar la mayoría de su tiempo (y de su corazón) a su Hyoga... era un cariño diferente...
Perdido en su pensamiento, casi no notó que los brazos de Ikki lo rodeaban con más fuerza, ajustando el lazo.
-...Usabi...
Shun reaccionó de repente, al sentir la caricia quemante de su aliento en su nuca. Empujó levemente e Ikki lo soltó, sonriendo.
Shun le sonrió a su vez, pero por algún extraño motivo no se sentía cómodo...
-Te quedarás aquí, hermano...?
-...Puedo...?
-Claro que sí, eres bienvenido!! -Shun se dio media vuelta, rumbo a la cocina -Has comido? Quieres cenar...? No hay mucho, pero...
-No te preocupes, no tengo hambre...
-Oh... entonces, estarás cansado... -esta vez se dirigió hacia la única alcoba del apartamento; le daría su cama a su hermano, él bien podía dormir en el sofá -; ven Ikki, dormirás en mi cuarto.
El aludido avanzó tras él, contemplándolo.
-...Y tú, dónde dormirás...?
-No te preocupes, niisan -sonrió -; puedo dormir en el sofá...
-Cómo...? Claro que no, deja, yo dormiré en el sofá, que soy el intruso...
-De ninguna manera! -Shun tomó a su hermano por el brazo, antes de que saliera de la recámara -; eres mi huésped Ikki, dormirás aquí...!
El Fénix rió y tomó a su hermano por la barbilla, mirándole fijo.
-Y entonces, por qué no dormimos juntos...? Solucionaríamos el problema...
Shun se ruborizó levemente.
-...Pero niisan...
-Qué pasa? -rió Ikki, divertido de contemplar el gesto avergonzado de su hermano -; ya antes dormíamos juntos, recuerdas...?
-...Pero eso era cuando éramos niños...
-Y qué tiene...? No veo que nada haya cambiado gran cosa... sigues siendo mi Usabi lindo... sólo que ahora tienes un cuerpo mejor desarrollado...
Esa aseveración tranquilizó menos a Shun.
Una extraña inquietud se estaba apoderando de él. Pero mientras Ikki se quitaba la camisa y la remera, sentado en la cama, trató de pensar en lo absurdo de su recelo; Ikki tenía razón, eran ellos dos, los de siempre... nada había cambiado demasiado, entonces... de dónde provenía ese temor...?
-...Vas de viaje, otouto...? -la voz de Ikki lo trajo de nuevo a la realidad.
El hermano mayor contemplaba las dos valijas armadas, listas, arrimadas a una esquina, con un gesto triste.
-...Eh, oh, bien... sí, esteeem, yo... -carraspeó, acercándose un poco -; sí, pasado mañana... iremos a Inglaterra.
-...Iremos...
Ikki volvió a incorporarse; sólo tenía puestos sus pantalones, su torso descubierto. Giró hacia Shun, quien se cohibió un poco.
-...Sí, iremos... Hyoga y yo...
-...Ah, claro... Hyoga... -se acercó a su hermano pequeño, sonriendo cínicamente -...el gaijin que se robó el corazón de mi otouto...
Shun se sintió ofendido.
-No digas eso, niisan! Eres injusto, sabes que amo a Hyoga y él me ama también...! Pensé que lo habías comprendido...!
Ikki abandonó su sonrisa.
-...Y acaso crees que yo soy de piedra...? Yo también te amo, otouto...
Shun suspiró, algo dolido.
-Ay, hermano... perdóname... yo también te amo, pero...
-...pero no tanto como a ese gaijin...
-¡Ya basta Ikki! Es verdad que amo a Hyoga, pero no es menos cierto que te amo a ti también...! Eres mi hermano...
-...Sí... así es... -Ikki se aproximó más a Shun, hasta rodearlo con sus brazos; el chico aspiró, sorprendido por el gesto repentino -...somos hermanos... nuestra sangre es la misma, nos une un lazo permanente...
Se separó apenas para levantar el rostro de su otouto hacia el suyo.
...Y Shun vio algo en esos ojos que no le gustó nada... era un destello erróneo... el reflejo de un deseo que no debía ser...
-...Ikki...?
-...Nosotros somos uno, Usabi... por qué quieres alejarte de mí...? -el hermano mayor se aproximó a aquél rostro pálido que le observaba con ojos desmesuradamente abiertos; unió su boca con la de su hermano menor, penetrándola con su lengua, hambriento...
Shun se tensó íntegro al percibir esa invasión inesperada, y trató de alejarse echándose hacia atrás; pero Ikki se lo impidió sujetando su nuca y cintura a la vez, con violencia, a la par que profundizaba el beso aún más.
Aterrado, el niño aún seguía empujando; se estaba quedando sin aire...
"...Dios mío..."
Ikki... su hermano...
...estaba besándolo...
Lo besaba y acariciaba de una forma que no correspondía a un cariño fraterno...
...Qué sentía en el cuerpo de su hermano...?
...Era una especie de ardor, que nada tenía que ver con su Cosmos...
...Era rabia...? tristeza...?
...celos...? ansia...?
...tal vez...
...amor...?
Pero... qué clase de amor...?!
Shun tembló.
"...Dios mío... Dios mío..."
De repente, y usando toda su fuerza, el joven logró separarse del asaltante, jadeando, las lágrimas brillantes pendiendo de sus pestañas.
-¡¡Déjame Ikki, qué me has hecho!! -casi chilló, aún retorciéndose por zafar de aquellos brazos que lo mantenían cautivo junto a ese cuerpo ardiente.
-Yo nada te hice, Usabi... -susurró el moreno, sin inmutarse -...la pregunta aquí es qué me has hecho tú...
-...?!... ¡Yo no te hice nada, nada para que me trates así...!!
-...Ay hermanito, mi dulce hermanito... -Ikki lo abrazó con más dureza y Shun gimió asustado, sus ojos verdeazul clavados en aquellas oscuras pupilas famélicas -...por qué quieres irte...? por qué permites que te alejen de mí...? Te necesito otouto, te necesito conmigo... no tienes idea de cuánto...
Shun desvió su mirada; no podía resistir el influjo que aquellos ojos tan posesivos ejercían sobre él.
-...Esto... está mal... -apenas alcanzó a pronunciar.
Qué era lo que su hermano le decía...?
Que lo amaba...?
Que lo deseaba...?
Que sentía por él algo que un hermano no debería sentir...?
Ikki lo forzó a mirarle de frente, sujetando su barbilla con brusquedad.
-...te amo, hermano... debería corresponderme a mí que he dado mi vida, que lo sacrifiqué todo por ti... me debes tanto, otouto...
-¡¡Pero Ikki, esto no puede ser, es imposible, somos hermanos de sangre, no puedo amarte así...!!!
Ikki frunció el ceño... en un gesto siniestro...
-...No puedes...? o no quieres...?
-¡¡Ikki!!! -Trató nuevamente de escapar pero esta vez el Fénix lo arrojó violentamente sobre la cama, arrancándole en el proceso la camisa que traía puesta.
Shun no tuvo tiempo de recuperarse; aquellos brazos lo forzaron a permanecer inmóvil sobre su espalda, sus muñecas prisioneras en una zarpa de acero, sus brazos tirados hacia atrás por encima de su cabeza. Ahogó un grito al percibir la presión de aquél cuerpo sobre el suyo, el roce de esa piel quemante, de su aliento sobre su garganta. Se tensó, las lágrimas fluyendo libremente, al darse cuenta de que su propio calor comenzaba a incrementarse, contrario a su voluntad...
-¡¡Basta, déjame!! ¡¡Hermano, déjame!!!
Ikki lo ignoró olímpicamente, concentrado en sus propias sensaciones.
-...Sí, tú "puedes" amarme otouto, el problema es que no quieres, prefieres que sea ese ruso imbécil quien te toque, lo prefieres a él...
Comenzó a besar su cuello, lamiendo y mordisqueando esa blanca piel. Shun lanzó un largo gemido de desesperación.
-...Mi niño bello, mi Usabi precioso... -la mano libre se deslizaba en caricias peligrosas por el pecho y vientre del ángel estremecido; Shun abrió la boca, jadeando, e Ikki aprovechó para invadirla con su lengua, entrando, saliendo, acariciando, y finalmente besándolo en profundidad...
Shun lloraba sintiéndose traicionado y sucio, sintiendo esas caricias y besos, sintiendo que el templo de su amor era vilmente profanado por la persona en quien más confiaba, su propio hermano, su protector, su sangre...
Ikki partió el beso, contemplando al niño con una sonrisa lasciva...
-...Ah, otouto, no culpo al rubio estúpido por amarte tanto, eres increíble, tan hermoso y excitante...
-¡...Basta Ikki, no me toques...!
-...Seguro que no le dices eso al gaijin cuando te posee...
-...no... Ikki... no...
-No, seguro que gimes en sus brazos, cada vez que entra en tu cuerpo, no...? ...Mmmhhh, debes disfrutar que él te toque, te penetre, te obligue a gritar...
Sin soltarlo, Ikki se había deslizado hacia abajo besando su pecho suave, lamiendo y chupando sus sensibles tetillas.
-...debes gozarlo tanto, Usabi...
Shun sentía que se quemaba irremediablemente, nunca había sentido un ardor tan grande y doloroso, no quería sentirlo pero era incapaz de controlarlo, su hermano estaba forzándolo a experimentar cosas tan nuevas, tan horriblemente placenteras...
...y él no quería...
...no quería...
-...N-- no... Ikki... Hyoga y yo... n-- nunca...
Ante sus gemidos, el Fénix mordió ligeramente una de sus tetillas obligándolo a gritar, tensándose.
-...Otouto... dices que el ruso idiota aún no te ha hecho el amor...?
Shun le miró, suplicante, los rastros de sus lágrimas claros en sus mejillas.
-...Detente, por favor... ya no me hagas esto...
Pero Ikki le devolvió una sonrisa llena de sadismo, sus ojos chispeantes...
-...Vaya... no me esperaba esto... pensé que ese imbécil no perdería el tiempo... qué bien...
En ese instante, su mano bajó hasta la línea de su cintura y se aferró a la tela con furia.
Shun gimió adolorido y aterrado cuando Ikki básicamente le arrancó los pantalones que traía, y luego siguió con su ropa interior, rasgándosela.
-¡¡No Ikki, basta, no me hagas esto, no me toques Ikki!!!
El pobre ángel lloraba, sus fuerzas drenadas, ahogadas por ese calor que lo torturaba, lo esclavizaba...
-...te irás con él, hermanito, te alejarás de mí, nunca volveremos a estar juntos...
Mordió su hombro blanco, mientras comenzaba a desprender los botones de sus jeans.
-...Déjame... no me toques... no me lastimes...
La voz de Shun, quebrada por el llanto...
-...Te amo, mi dulce hermano... -Ikki había soltado sus muñecas, acariciando el cuerpo albo de Shun expertamente, sintiendo cómo esa piel se erizaba bajo su contacto -...te irás con él... pero no podrás olvidarme... estaré presente en tu ser siempre, no te desharás de mí... -mientras hablaba, su respiración trocada en jadeos profundos, sujetó las piernas finas del niño y lo obligó a abrirse para él; sus dedos acariciaron suavemente el pequeño espacio en aquél cuerpo que estaba a punto de hacer suyo...
-¡¡¡No Ikki, por favor!!!
-...Voy a darte un lindo obsequio de despedida, otouto... para que me recuerdes siempre...
-¡¡¡No, no, no quiero, Ikki por favor no lo hagas, déjame, AH, no, no, Ikki, hermano, te lo suplico, no, NO, NO, NO ME TOQUES!!!
¡¡¡IKKI!!!
¡¡¡NO!!!

Shun lloraba boca abajo en la cama, su cuerpo estremeciéndose ante el recuerdo de lo que su hermano le había hecho... de lo que su propio hermano le había forzado a hacer...
"...Ikki... por qué... yo te amaba tanto, hermano..."
Su alma entera se arqueaba de dolor...
...Ese terrible dolor parecía jamás querer abandonarlo... al contrario, se incrementaba a cada instante, con cada latido, con cada lágrima...
Sentado a su lado, Hyoga miraba la nada frente a sí, estático. Su llanto silencioso caía sobre su regazo y sus puños crispados, sus uñas clavándose furiosas en las palmas de sus manos.
...Dios...
...Cómo se había atrevido...?
¡¿...Cómo osó ultrajar así a su propio hermano menor, cómo pudo hacerlo...?!
-...Bastardo... -la palabra salió mordida entre sus dientes apretados.
No estaba allí, como era de esperarse...
Cuando todo terminó, se levantó y volvió a vestirse como si nada, sin agregar palabra alguna. Besó a su hermano, quien yacía desnudo en la cama, sus ojos vidriosos fijos en el techo, sin expresión, y se marchó quién sabe a dónde... sin ningún tipo de remordimiento...
Hyoga deseaba con toda el alma salir a buscarlo; lo hallaría, sí, en donde quiera que se escondiere, y lo mataría con sus propias manos de la forma más dolorosa y lenta posible... Quería verlo sufrir y pagar con creces por lo que le había hecho a Shun, a su Angel de amor...
Pero, ahora menos que nunca, no se atrevería a dejar solo a su niño... giró el cuerpo para contemplarlo largamente, sus ojos claros embebidos en el dolor...
-...Shun...
Acarició suavemente su cabello sedoso, bajando por la línea de su espalda, tratando de reconfortarlo...
Shun se estremeció, incorporándose; su rostro estaba encendido por el llanto, sus ojos enrojecidos.
-...No Hyoga, no me toques... -se puso de pie, sintiéndose muy débil.
-Por qué no, Shun...? -gimió el Cisne, dolido.
-...Porque soy impuro... estoy sucio, doy asco, qué no lo ves?! -comenzó a llorar de nuevo, temblando sin control -¡...Soy un desastre, nunca podré volver a tocarte ni abrazarte porque cada vez que lo haga sólo voy a mancharte, no te merezco, Hyoga!!!
Ocultó su rostro entre sus manos, vibrando visiblemente.
-¡Shun, qué diablos dices!! -Hyoga se levantó de un salto y tomó a Shun por los hombros -Cómo te atreves a decir que eres impuro?! Eres el ser más noble, bondadoso y limpio que existe en este mundo...! ¡Lo eres, Shun!
-¡Déjame, Hyoga! ¡Por qué mientes, para qué engañarme, fui violado por Ikki, por mi propio hermano mayor, Dios mío...! ¡Mi cuerpo está manchado, ya nunca nada será igual para mí!! ¡¡JAMÁS!!
Trató de soltarse pero el Cisne lo atrajo a sí y lo abrazó con todas sus fuerzas, conteniendo sus intentos por soltarse, la cabeza del Angel apoyada en su pecho.
-...No Shun, estás equivocado, mi amor... todo va a cambiar, todo va a mejorar si te lo propones, y yo estoy aquí para ayudarte... siempre voy a estar a tu lado, entiendes...? siempre... -Shun dejó de forcejear, las lágrimas humedeciendo la remera de su rubio -...Tu cuerpo está lastimado, es cierto, pero yo curaré tus heridas... las sanaré con mi amor, con mis besos... -le levantó el rostro para contemplar sus ojos esmeraldinos, sonriendo -...Lo que no puedes ni debes permitir, Angel mío, es que tu alma quede envenenada... haz eso por mí, Shun... lucha por mí... no te abandones al dolor...
-...Hyoga... -gimió Shun con un hilo de voz -...en verdad... serías capaz de amarme... a pesar de que le pertenecí a Ik-- a otro hombre...? A pesar de que otra persona se llevó mi virginidad...?
-Yo no te exigí que seas virgen para amarte, Shun... además...
Secó sus lágrimas con un gesto suave.
-...para mí sigues siendo virgen, amor...
-...Pero...
-...Hay muchas clases de pureza... aunque tu cuerpo fue manchado, tu alma y corazón siguen limpios, lo sé... tus ojos así me lo dicen... -besó devotamente su frente, y Shun sintió que la dulzura de ese beso se desparramaba por todo su ser, aliviándolo -...sigues siendo puro, Shun... Ikki sólo tocó tu exterior, nunca llegó a tu esencia... nunca llegó a ti...
Con toda delicadeza acercó su rostro al del niño y acarició sus labios brevemente con los suyos. Shun tembló y cerró sus ojos, y Hyoga lo besó con toda su ternura, abrazándolo protectoramente.
Una imagen nefasta llegó a la mente de Shun haciendo que interrumpiera el beso, asustado.
-No Shun, no temas... -Hyoga comprendía exactamente el origen de su temor y sonrió, acariciando su cabello -...soy yo, Hyoga...
Lo dejó unos instantes para abrir las ventanas y correr las cortinas de la alcoba; el sol de mediatarde entró a raudales entibiando el ambiente, haciendo retroceder al joven Andrómeda algo deslumbrado.
El rubio contempló la cama, las sábanas blancas manchadas de sangre, la sangre de Shun, la sangre de su castidad robada. De unos tirones arrancó todos los cobertores dejando el colchón limpio, quitando inclusive las almohadas.
Shun contemplaba su accionar, algo confundido; Hyoga se acercó a él, sonriendo con dulzura.
-Ven, Shun... no temas, no voy a lastimarte... -tomó sus manos, guiándolo hasta el lecho bañado de luz. A los pocos pasos Shun tembló violentamente y se giró, ruborizándose.
-...No...
Pero Hyoga lo contuvo, acariciando su espalda para aliviarlo. El pequeño cerró sus ojos y bajó la cabeza.
-No Shun, no cierres tus ojos... -el Cisne tomó la barbilla del niño haciendo que lo contemplase -...mírame, Shun... mírame... -susurró, sus rostros muy cercanos.
Shun observó aquel rostro tan apacible enmarcado en oro, aquellos claros ojos celestes, como zafiros pálidos...
-Hyoga...
-Sí... yo soy Hyoga... Hyoga... -se acercó nuevamente para besarlo con toda la suavidad de que era capaz, con todo el dulce amor que sentía por él. Shun sintió su corazón latir con fuerza, una onda tibia derramándose por todo su ser.
Era tan diferente a lo que había sentido con Ikki en la noche... era tan puro... sincero... limpio...
El Cisne lo abrazó con ternura, sentándolo en la cama. Acarició su rostro con sus manos, con sus labios, besó sus mejillas, su frente, sus párpados, limpió los viejos rastros de su llanto, su dolor...
Empujó con suavidad ese cuerpo sobre la cama, acomodándolo e inclinándose sobre él, sin posarse aún. Shun volvió a temblar cuando Hyoga comenzó a desprender, uno a uno, los botones de su camisa...
-...n-- no... -levantó sus manos trémulas, tratando de parar sus acciones. Hyoga sólo le sonrió y besó aquellas manos blancas y finas una y otra vez. Al sentir que se relajaba se las apartó del pecho, besando tenuemente esa piel tersa, libre de la tela de la camisa. Shun suspiró, estremeciéndose.
Hyoga se incorporó y se quitó la remera, descubriendo su propio pecho de bronce. Tomó una de las manos de nieve de su Angel y lo invitó a acariciarlo; aún algo temeroso, Shun la deslizó tímidamente por sus hombros siguiendo la línea de la clavícula, y luego comprobó la firmeza de sus pectorales. Al hacerlo, rozó una de aquellas sensibles tetillas, arrancándole al rubio un leve gemido.
Shun retiró la mano, asustado.
-...No Shun... no debes temer... no pasará nada malo, no te lastimaré... -Hyoga volvió a tomar esa mano, esta vez guiando las caricias hacia sus rosados pezones, suspirando, contemplando a su niño directo a los ojos sonriendo calmadamente, transmitiéndole su serenidad.
Shun se perdía en esa mirada celeste, el dulce calor llenándolo, vivificándolo...
...el dolor que lo había mortificado desde la noche comenzaba a desaparecer...
Sonrió, moviendo sus manos hacia el rostro de su blanco Cisne.
-...Hyoga...
El rubio quedó extasiado. Dios, qué hermoso era su Angel! Tan puro... tan dulce...
-...Nada ni nadie en este Mundo podrá arrancarte jamás tu pureza, Shun... eres un ángel... eres MI Angel...
Se inclinó sobre él, besándolo, abrazándolo tibiamente, disfrutando de su calor y su inocencia innata, esa inocencia que habían tratado de arrebatarle tan brutalmente. Dejó su boca y trazó un lento camino de besos hasta su blanco cuello, raspando su piel con sus dientes incitantemente, no mordiéndolo... no deseaba dejar ninguna marca en ese mapa de seda...
Shun se tensó, clavando su mirada en el techo; Hyoga lo percibió y tomó una de sus manos con la suya, entrelazándolas.
El joven Andrómeda bajó sus ojos hasta distinguir esos mechones dorados y fragantes; suspiró, entrecerrando sus párpados...
"...Hyoga... Hyoga... Hyoga... mi dulce Cisne..."
El rubio se incorporó un poco y volvió a contemplarlo. Los rayos del sol prestaban una luz celestial a esa piel de porcelana, y arrancaba destellos esmeraldinos de su melena imposible. Sus ojos refulgían, brillantes y cálidos... el sufrimiento que había visto en ellos cuando lo encontró ya se estaba retirando, derrotado...
Hyoga se arrodilló y comenzó a quitarse sus pantalones. Shun se ruborizó y giró su cabeza a un lado, entre temeroso y avergonzado...
-...Mírame, Angel... -Hyoga tocó su barbilla con un dedo y Shun se atrevió a contemplarle de nuevo, sobre él, vestido con el traje que mejor le sentaba: su propia piel tostada y tersa... Sintió ese calor brotando de su corazón como un manantial: Hyoga era bello como un Dios...
El rubio se inclinó sobre él, su cuerpo parcialmente sobre el suyo, acariciando sus hombros delicadamente con sus manos; enredó una de sus piernas entre las del niño, controlando la naciente ansiedad reflejada en las gemas verdeazul de sus ojos. Buscó esa mirada al besar con suavidad sus labios entreabiertos; al separarse, sonreía brevemente...
-...Estás bien...?
-...Hyoga... mi Cisne... mi blanco Cisne...
Volvieron a besarse con más seguridad, con más pasión, con más entrega. La mano del rubio recorrió el camino desde su rostro por su garganta, sus hombros, su pecho, su vientre, hasta reposar en la línea de su cintura blandamente. Buscó el botón de sus pantalones y lo soltó, sus dedos deslizando el cierre hasta abajo... pero no fue más allá... aún...
Hyoga, sin partir el beso, estudió la expresión de aquél suave rostro; sus mejillas ruborizadas parecían rosas de satén, sus ojos cerrados con candidez, sus labios finos devolviendo el beso tímidamente... sin dejar de observarle, su mano lo despojó con toda la delicadeza del mundo de las últimas piezas de ropa que traía encima, su mórbida blancura quedando expuesta sobre el lecho tibio.
-...Qué hermoso eres, Angel... -suspiró el rubio, ruborizándose al contemplarlo limpio y puro, su pecho agitado, su boca entreabierta, sus bellos ojos color de mar embebidos de cálida ternura...
...y de miedo también..
Sin embargo, Hyoga ya había decidido qué hacer; de ninguna forma haría algo que lastimara a Shun... curaría sus heridas de la forma más suave posible, sanaría esas terribles llagas con que lo cubrió el roce ígneo de su propio hermano...
...Estaba dispuesto a todo... a cualquier cosa...
-...Shun... -le llamó mansamente, recostándose a su lado; sus brazos invitaron al niño a girarse hacia él acercándolos más, los cuerpos desnudos rozándose, el calor aumentando... -...te amo...
Shun sintió que Hyoga se colocaba boca arriba, arrastrándolo sobre él parcialmente; el muchacho contempló confundido al rubio quien sonreía apocadamente, algo temeroso ahora...
-...Hyoga...? -las posiciones habían cambiado: ahora era Shun quien se encontraba sobre Hyoga, quien temblaba levemente... parecía juntar coraje para tomar una decisión importante...
-...Angel... -susurró al fin mirándolo directamente a los ojos, sonriendo -...te quiero dentro de mí...
-...ah...? -fue lo único que logró articular el joven, tomado por sorpresa; no daba crédito a sus oídos, su rostro encendido representando la máscara perfecta del desconcierto.
Por "respuesta", Hyoga abrió las piernas y Shun quedó automáticamente ubicado entre ellas; el niño se ruborizó más furiosamente, un escalofrío recorriendo su ser...
¿...Hyoga le estaba pidiendo...
...a él...
...que lo poseyera...?
-...Pero... Hyoga... yo--
-...No quiero lastimarte, mi Angel... por favor... -el rubio gemía, qué diablos, estaba asustado, él tampoco se había entregado jamás a nadie...
...Pensó que el temor que sentía en esos momentos debía ser semejante al que experimentó Shun ante Ikki... con una diferencia determinada por la violencia de su acto...
Su corazón se encogió con dolor... Cuánto debió sufrir su pequeño...!
Lo contempló amorosamente, acariciando su rostro de marfil.
-...Por favor Shun... ven... quiero que me tomes... quiero darte todo de mí...
En ese instante, Shun entendió lo que Hyoga trataba de hacer; un par de lágrimas cristalinas rodaron por sus mejillas, cayendo sobre el pecho de su amante... sin embargo sonreía...
-Shun...? -el Cisne contempló esas lágrimas sin entender. Por qué lloraba ahora...?
-...Agradezco lo que intentas hacer, Hyoga... -el niño se acercó a su rostro, acariciándolo con su dulce aliento -...quieres protegerme, no es así...?
-...
-...quieres evitarme un dolor similar al que Ikki me provocó...
-...Shun, yo no quiero---
-Yo lo sentí, Hyoga... lo sentí dentro de mí... -el semblante de Shun no expresaba ninguna emoción, sus ojos repentinamente apagados -...lo sentí tocándome, penetrándome, haciéndome suyo en contra de mi voluntad... lo sentí claramente cuando se vino dentro de mí, sentí cómo me llenaba con sus semilla ardiente, derramándose en mi interior... -se estremeció con furia -...aún puedo sentirlo...
Hyoga estaba devastado, oír tales cosas de Shun lo lastimaban, lo colmaban de rabia y de impotencia... por qué no estuvo ahí cuando su amor lo necesitaba, por qué le había pasado algo tan terrible a un ser tan bueno...?
-...Ikki me ha estigmatizado... estoy lleno de él... le pertenezco...
De repente volvió a sonreír, una sonrisa luminosa...
-...es por eso que no puedo hacer lo que me pides...
-Shu--
-...si quieres curarme, Hyoga... entonces eres TÚ quien debe poseerme.
El rubio dio un respingo.
-Pe-- pero Shun... n-- no quiero causarte dolor, y creo que si yo--mmmmhhh...
No pudo continuar; Shun lo había besado suavemente sobre los labios, acariciando su rostro con su mano fina.
-...Quiero que entres en mí, Hyoga... quiero que borres las huellas de mi hermano en mi cuerpo... quiero llenarme de ti...
El beso se profundizó más; Hyoga sintió el dolor, el ansia, el amor de su niño en el ardor de sus labios. Respondió al momento, acariciando sus hombros y espalda con lentitud, tratando de hacerse a la idea, de aceptar lo que su Angel le pedía... tenía miedo...
El beso se interrumpió, los labios de Andrómeda resbalando por la curva de su cuello, depositando más besos breves sobre el amplio y fuerte pecho del Cisne, bajando aún más...
-...¿¡Shun...?!
El lindo niño estaba ahora a la altura de su cadera, contemplándole con un gesto algo asustado pero pleno de amor...
-...Nunca hice esto antes... -susurró ruborizándose, sus manos acariciando la hombría de Hyoga reconociendo esa piel tan increíblemente suave, provocándole una descarga de electricidad al rubio -...podrías decirme si lo hago bien...?
-...hacer qu---AAHH...!!!
Hyoga no pudo evitar exhalar un grito ahogado al sentir los labios de Shun rodear esa parte de su cuerpo, su lengua suave acariciando de una forma tímida pero enloquecedora a la vez. Se tensó echando su cabeza hacia atrás, hundiéndola en el colchón, el placer azotándolo con dulzura...
-...aahhh Shun... aahh... nunca pensé... que tú--aahhh, Diooooss...
No podía hilar sus pensamientos (y mucho menos expresarlos), mientras su Angel continuaba dándole placer con su boca deliciosa.
-...lo hago bien, mi Cisne...? -gimió Shun mientras lo frotaba con su mano, jadeando, contemplándole con terneza.
-...AAAHHHH Shuuuuunn...!
Sin aguardar otra "respuesta", el niño dio un largo suspiro y finalmente abrió su boca para dejar entrar a su amor reiniciando el movimiento, cada vez más rápido, haciéndolo ingresar lo más que podía...
"...mmhh... tu placer es mi placer... Hyoga..."
El rubio se estremeció de goce al percibir cómo Shun comenzaba a complacerlo a un ritmo que se aceleraba paulatinamente, gimiendo con cada roce, con cada caricia... se sentía tan ardiente, casi no podía respirar, nunca esperó que las cosas se desarrollaran así, nunca le pasó siquiera por la mente que su pequeño le hiciera lo que le estaba haciendo en esos instantes...
-¡...Aaahhh, Shun, no--AH, Dios, espera, yaaa, que me voy a--!!!
Al segundo Shun se detuvo, respirando con fuerza; Hyoga estaba igual, tratando por todos los medios de controlarse...
-...No... Hyoga... todavía no... -el rostro del ángel estaba totalmente encendido, sus labios brillantes y en fuego. Contempló por un momento esa parte del cuerpo del Cisne que se hallaba tan excitada, dura, reluciente, húmeda con su saliva, impaciente... luego examinó el semblante de su rubio, estremecido de deleite.
...estaba listo...
-¡Shun, qué--?! -Hyoga no tuvo tiempo de nada y ya Shun se había ubicado abierto sobre él a la altura de su cadera, arrodillado con una pierna a cada lado de su cuerpo -...Shun, por favor, yo--
-...No quieres seguir...? Es porque no quieres hacerlo...? o porque temes por mí...?
El Caballero del Cisne admiró a ese ser divino bañado con la luz del sol; ese cuerpo fino, frágil, esa piel de nieve, ese cabello de esmeraldas en hebras, ese rostro de niño que le sonreía, esos ojos... que lo miraban con amor...
...Realmente eso estaba pasando...?
...era tan prefecto...
...divino...
-...Temo por ti... -gimió al fin; no deseaba herir a Shun, pero su cuerpo estaba prácticamente fuera de control...
-...No Hyoga, no temas por mí, mi blanco Cisne... -Shun terminó de acomodarse, guiando la hombría de Hyoga a su entrada sin dejar de mirarle a los ojos, transmitiéndole su seguridad, sus propias ansias, su necesidad de él -...te amo... y te quiero dentro de mí... quiero que me dejes lleno de ti... ayúdame a sanar, amor... ayúdame a olvidar...
-...Shun... -el rubio tomó aquellas pálidas caderas con sus manos, temblando de deseo y aprensión a la par. Shun cerró sus ojos y apoyó sus blancas manos sobre los antebrazos del Cisne...
-...hazlo, amor...
-Ah, Shun... -Hyoga ya no luchó más, haciendo bajar esas caderas y a la vez elevando apenas las suyas. Un débil grito escapó de la boca de Shun, un rabioso temblor recorriéndolo entero; el dolor lo azotó de nuevo pero esta vez era Hyoga quien entraba en él, favorecido por la humedad en su sexo luego del ejercicio anterior...
Un leve empujón y el Cisne entró por completo, tocando algo dentro del niño. Algo que lo obligó a gritar de goce, el sudor perlando su piel de alabastro...
-¡Hyogaaaahhh...!! -ignorando esas punzadas, comenzó a moverse lentamente, sus ojos cerrados de momento, su boca entreabierta dejando escapar profundos gemidos con cada maniobra. El rubio lo contemplaba entre complacido y herido...
...no podía dejar de pensar en su dolor, en lo que debió haber sufrido en los brazos de su hermano... su corazón volvió a encogerse ante tal idea...
-...Hyoga...! -la voz suplicante de Shun lo trajo de nuevo en sí. Se dio cuenta de que el pequeño vio la pena que lo atormentaba, reflejada en sus ojos glaciales y cálidos...
-...Shun...ahh... mi Angel...
-Hyoga... me estás amando... eres... tú... quien... me... está... haciendo... el... amor...
Shun comenzó a galopar sobre su amado, sintiendo su calor, su olor, sintiéndolo dentro de su ser, sintiendo que el dolor punzante que lo había martirizado desde la noche comenzaba a remitir... Aquella imagen que se cernía sobre él, sobre su alma, se desdibujaba reemplazada por la luminosa presencia de Hyoga...
-AAAHHH SHUN TE AMO!!!!! -el rubio sujetó firmemente al joven por la cintura sincronizando los movimientos lo mejor que podía, incrementando el placer en ambos. Le hubiera gustado continuar por horas pero sentía que ya no soportaría, estaba demasiado excitado...
-¡¡¡¡AAAHHHHH DIOS MIO YA NO AGUANTOOOO!!!!!!!
De repente echó la cabeza hacia atrás rugiendo de deleite, y Shun se sintió de golpe sacudido por un calor terrible y dulce al derramarse su adorado Cisne dentro de su cuerpo con violentos espasmos; gritó también, las lágrimas saltándose de sus ojos...
...lágrimas de alivio y felicidad...
-...Ahh, Hyogaahh... -jadeó, aflojándose. Se sentía tan bien, no quería moverse, le gustaba sentirse lleno de Hyoga, le gustaba ahogarse en su calor...
"...Ikki... hermano...
...adiós..."
...Su padecimiento había terminado al fin...
-...Mi dulce Angel... -la voz del Cisne aún era un resuello tras otro. Esa había sido la experiencia más increíble que había vivido...
Su corazón le dolía de amor...
...Por fin, eran uno...
...aunque...
Hyoga miró al delicioso niño sentado sobre él...
"...mmmhh... tal vez aún falta algo..."
-...??!!... Hyog-- -un rápido movimiento, y las posiciones se intercambiaron casi inexplicablemente.
-...Pe-- pero Hyoga -Shun le observaba extrañado, recostado de espaldas, aún sintiéndolo en su interior -...no entiendo qué-- ummmhhh...!
Hyoga se había soltado de él con toda delicadeza, sonriendo sin dejar de mirarle, borracho de amor.
-...Shun, me has hecho el hombre más feliz de la Tierra... pero creo que tú todavía no tocas el cielo, verdad...? -se deslizó hacia abajo besando tiernamente su garganta, su pecho, su vientre... el muchacho jadeó, estremeciéndose... -...ahora quiero que sientas lo mismo que tú me hiciste gozar...
Shun volvió a sonrojarse violentamente al sentir un contacto delicado y quemante en aquella parte tan sensible, y a esas alturas, tan enardecida...
-...Hyog--AAHHH!!!!! -ahora era su turno de gemir al percibir cómo su rubio comenzaba a estimular su sexo con sus manos y su boca, la lengua caliente cubriéndolo de caricias húmedas y enloquecedoras...
-¡...Aahh, ahh-- ahhhh, Hyogaaahhh... sí, mmhhh, síiii, sigue, por favor...!
El blanco cuerpo se retorcía en la cama atacado por el placer, los ojos cerrados, la boca abierta liberando jadeos entrecortados con cada movimiento de la boca de Hyoga... gritó cuando finalmente lo hizo entrar, acelerándose; sus caderas se movían a la par lo mejor que podía, intentando seguir su cadencia... enredó sus dedos en la seda dorada de su melena, incitándolo a seguir...
-¡...ay Hyoga...!
...fue un rato largo (bastaaante largo...) de gemidos placenteros, hasta que...
-¡...Hyoga, ay, Hyoga, AH--- ya, ya, espera, no puedo maaaaasss...!!!!
-...Sigue, mi Angel... -ronroneó el rubio mientras usaba su mano para estimularlo.
-¡...Ay, no, deja que me voy a venir...!!!
-...Eso es lo que quiero... -volvió a metérselo en la boca, arrastrando a Shun al éxtasis...
-¡¡¡AAAAHHH SSSSÍÍÍÍÍÍ ME VENGOOOOOO!!!!!!!!!!!!!
Ese cuerpo se tensó íntegro, asaltado por el orgasmo más profundo que jamás soñó experimentar, y el Cisne lo recibió en su boca, saboreando la semilla de su precioso Angel con sumo placer.
-...Ay Hyoga... -fue lo primero que logró jadear al relajarse, sacudido aún por el deleite; estaba lleno de él, abrumado de satisfacción, su corazón floreciendo de bienestar -...me siento... tan bien...
Hyoga se incorporó, contemplándolo tiernamente...
...su Shun...
...su niño...
...su Angel...
...su amor...
-...Gracias, mi Angel... -susurró al recostarse junto a él recibiéndolo en sus brazos, agotado pero pletórico de felicidad.
Shun se acurrucó junto a su corazón, sintiendo la tibieza de su cuerpo a la par de la caricia cálida del sol sobre su piel...
...Lo sentía entero... sentía a Hyoga con todo su ser...
...se sentía lleno de él...
...lo sentía SÓLO a él...
...Ese peso sobre su alma, ese dolor en su corazón ya no estaban...
...se sentía puro... limpio de nuevo...
-...No, Hyoga... yo te agradezco... agradezco tu amor... curaste mi dolor, mis heridas...
Una lágrima solitaria se sumió en los mechones verdosos, anónima...
-...me trajiste de nuevo a la Vida...
El rubio lo contempló largamente, y besó la frente alba del niño.
Ikki podía irse al Infierno...
Nunca volvería a separase de su amor...
Nunca permitiría que nadie le hiciese daño de nuevo...
-...Es que tú eres mi vida, Shun... soy capaz de cualquier cosa por ti... te amo... te amaré siempre...
Shun sonrió, cubriendo la pasada vergüenza con un sano, definitivo manto de olvido...
...Ahora todo estaba bien...
...todo iría bien...
Mientras Hyoga estuviese a su lado, podría seguir... hasta el fin de los Tiempos...
...mientras Hyoga estuviese a su lado...
...no pedía más...
-...Por siempre...
-...Para siempre...
"...Amén..."
Fundidos en un abrazo ajustado, sumergidos en su calor, satisfechos de amor, ambos quedaron dormidos, sus cuerpos enredados, sus corazones latiendo al unísono, sus vidas entrelazadas para siempre en un mismo destino...
...como debía ser...
OWARI.

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