El Amor no Siempre trae la Felicidad II
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Yhoga abre los ojos lentamente. No sabe donde se encuentra ni recuerda lo que le ha pasado. Gira la cabeza y ve a Shun sentado en una silla al lado de la cama con medio cuerpo echado en la misma y con una de sus manos entre las suyas. Los recuerdos vuelven lentamente a su cerebro y un par de gruesas lágrimas se deslizan por sus mejillas.
- Mi pobre Shun, ¡Cuánto dolor innecesario te he causado! Y todo por amarte demasiado… ojala puedas perdonarme algún día mi precioso niño.
Libera su mano y la posa sobre sus verdes cabellos acariciándolos suavemente.
- Yhoga, esas despierto – murmura Shun pues las caricias del cisne le han despertado- ¿Cómo te encuentras? Llamare a la enfermera, me pidió que avisará en cuanto despertarás…
- No, espera unos minutos. Shun, solo quiero saber si ahora que te has separado de tu hermano por m i culpa, me odias o sigues amándome. Quiero que seas sincero, sabré si me mientes.
- Yhoga, te quiero más de lo que imaginas. Tú eres lo más importante para mí. Lamento que mi hermano no pueda entenderlo así, pero no voy a separarme de ti bajo ningún concepto.
- Gracias, Shun. Ahora ya puedes llamar a la enfermera.
El muchacho aprieta el botón de llamada y rápidamente se presenta una enfermera. Revisa minuciosamente los aparatos que tiene conectados y le quita la bolsa de sangre para poner una de suero en su lugar y otra en el otro brazo con calmantes y antibióticos. Le incorpora un poco levantando la cama y avisa a Shun de que no debe moverle bruscamente antes de irse.
- Parece que vas a tener que pasar unos cuantos días en esa posición.- sonrie mientras le acaricia una mano.
Pasan el resto del día charlando animadamente. Al anochecer Shun tiene que irse, pues al salir de la situación de peligro ya no le permiten quedarse en la habitación por la noche. Se despide de Yhoga con un beso y diciéndole que volverá al día siguiente.
Esa noche la pasa en una pensión de mala muerte. Las sábanas huelen a humedad, el suelo esta lleno de cucarachas, el baño es compartido al final del pasillo y consiste en un lavabo que se cae a pedazos y una taza roñosa y llena de suciedad incrustada. Pero esta muy cerca del hospital y el poco dinero en efectivo de que dispone no le alcanza para más.
Al día siguiente se levanta muy temprano y comienza a buscar un apartamento para los dos. Llama al hospital para que le digan que llegara a la hora de comer y que no se preocupe por él. Se patea la ciudad de arriba abajo hasta que encuentra un pequeño estudio. Se trata de un ático. Una habitación de tamaño aceptable, un baño completo, una cocina amueblada, un salón bastante grande y lo mejor de todo una enorme terraza que ocupa la mitad del edificio. El precio es asequible para ambos y lo apalabra.
Cuando llega al hospital lo primero que hace es describirle a la perfección el estudio que ha alquilado y el precio tan barato que tiene.
- Shun, siempre tan eficaz. Te ocupas de todo mientras yo estoy aquí en la cama. Lo siento mucho, me gustaría poder ayudarte más…
- Yhoga la mejor forma que tienes de ayudarme es recuperándote pronto y haciendo todo lo que el médico te diga. Escucha a partir de ahora vendré solo por la tarde, dedicare las mañanas para colocar nuestras cosas y arreglar algunos muebles que estan un poco mal.
- De acuerdo, pequeño. Pero prométeme que no trabajaras mucho. Deja algo para cuando yo salga y pueda ayudarte.
Esa noche al irse se lleva las dos armaduras y una de sus maletas para empezar a guardar cosas.
Al día siguiente después de un frugal desayuno, sale a comprar el periódico para buscar las ofertas de trabajo. Llama a todas las que encuentra hasta que por fin consigue una entrevista. Se trata de dependiente en una librería. Es a media jornada con lo cual podrá cuidar el resto del día de Yhoga. No podrá asistir a clase, pero eso ahora mismo es lo que menos le importa. Realiza la entrevista y obtiene el puesto. Empezará al día siguiente. Cuando llega al hospital lo primero que hace es contárselo.
- Shun, no puedes hacer eso. Tienes que terminar tus estudios, no quiero que trabajes, no es justo…
- Yhoga, ya has oído al médico no podrás hacer esfuerzos en varios meses, y no tenemos dinero. He de trabajar. No es tan malo después de todo. Me gustan los libros y si veo que no me cansa mucho, podré seguir estudiando a distancia.
El rubio le mira entristecido. Se siente responsable de que Shun tenga que dejar su carrera.
- Vamos, cielo. No es para tanto. En cuanto te hayas recuperado del todo, tú también trabajaras y me ayudarás.
- De eso puedes estar seguro, pequeño.
Han pasado varias semanas y por fin dan el alta a Yhoga. Cuando llega a casa se encuentra un estudio perfectamente arreglado y con un enorme cartel de bienvenida coloreado colgando de la lámpara.
- Gracias por el cartel, es muy bonito.
- Me alegro de que te guste. Mira aquí esta el cuarto de baño y esta es la alcoba. La cama no esta mal, suena un poco pero es cómoda y muy resistente.
-Lo de cómodo no lo niego – dice echándose cuidadosamente en ella- pero lo de resistente tendré que esperar algún tiempo para comprobarlo a conciencia.
Shun se sonroja completamente mientras le quita los zapatos provocando una alegre carcajada en Yhoga.
- Estas muy hermoso cuando te sonrojas, Shun.
Al día siguiente Shun se levanta muy temprano. Deja el desayuno preparado a Yhoga en una bandeja sobre la mesilla de su lado y se marcha a trabajar. Vuelve al medio día y prepara la comida para ambos. La tarde la dedica a estar con Yhoga, hacer la compra y atender la casa.
Así van pasando los días hasta que por fin dan el alta al rubio, pero prohibiéndole hacer muchos esfuerzos.
- Bien Shun – le dice cuando están de vuelta en casa- ya no tendrás que ocuparte de las tareas domésticas. A partir de ahora lo haré yo. Tú volverás a retomar tus estudios. Y no quiero oír ni una sola palabra en contra.
- De acuerdo, Yhoga – sonríe mientras le mira ardientemente- si ya estas dando ordenes eso significa que estas bastante más recuperado de lo que yo imaginaba.
Y efectivamente así lo hacen. Shun trabaja por la mañana en la librería y por la tarde se va a la universidad, mientras que Yhoga se ocupa durante todo el día de la casa. También ha encontrado un trabajo para hacer en los ratos libres, se trata de pegar pegatinas en mecheros. Cobra según los mecheros que haga, con lo cual, cada vez que tiene un minuto libre lo dedica a poner las pegatinas. Por la noche, si Shun no tiene que estudiar mucho o esta especialmente cansado, le ayuda con los mecheros.
Una mañana que Shun se encamina al trabajo, es atropellado pon un coche. El golpe lo desplaza varios metros y le produce varias heridas. Rápidamente lo llevan al hospital donde lo reconocen a conciencia.
Al cabo de una hora, el médico sale para hablar con Yhoga. Le explica que tienen que operarle. Tiene el bazo reventado y han de quitárselo, así como una fractura múltiple en la tibia que también requiere operación.
El rubio firma la autorización para la operación y se queda en la sala de espera rezando para que todo salga bien.
Al cabo de varias horas de horas sale el médico con la bata manchada de sangre por todas partes. Le comunica que las operaciones han sido un éxito, podrá verlo en cuanto salga del postoperatorio y se despierte.
- Hola, niño. Parece que has tenido envidia de mi y has pensado que nada mejor que meterte bajo un coche para que te cuiden y te mimen hasta la saciedad.
- Yhoga, lo siento, no le vi venir. Fue todo tan rápido, de repente me vi dando vueltas por el aire y luego todo se quedo oscuro… ¿Qué vamos a hacer ahora que no puedo trabajar?
- No te preocupes por eso, yo ocupare tu lugar hasta que puedas volver. Lo importante es que te recuperes, ¿de acuerdo, precioso?
Asiente lentamente con la cabeza tratando de sonreír y cayendo en un profundo sueño por los analgésicos que le han puesto en el suero.
Durante la primera semana el rubio no se separa de su lado. Esta continuamente pendiente de cualquier necesidad que tenga por mínima que sea. A partir de la segunda, se incorpora al trabajo de Shun y va a verle solo por las tardes.
Una mañana alguien entra en la librería a buscar un libro determinado sobre marketing. Reconoce la voz perfectamente. Se trata de Ikki. Trata de ocultarse para que no le vea pero es inevitable cuando la dueña de la librería le llama para que le cobre el libro.
-Vaya, pero si es el Cisne. ¿Aún sigues con mi hermanito o ya le has cambiado por otro?
- Sigo con Shun. Por favor págame y márchate, no quiero jaleos. Necesitamos este empleo para salir adelante.
- Claro, niño rubio. Aquí tienes el dinero. Y dime ¿Shun también trabaja?¿Se dedica a cuidar ancianitos o bebes? Es el único trabajo para el que sirve, a no ser que lo hayas metido de puta y tú seas su chulo.
Yhoga cierra los puños y se muerde el labio inferior para no soltarle un golpe allí mismo.
- Parece que he dado en el blanco. Me imagino que este trabajo solo es para justificar los ingresos, después de todo no parece que te canse mucho, Cisne. Si quieres puedo recomendaros a algunos clientes de la firma. Les encanta tirarse a cándidos jovencitos, especialmente si son vírgenes. Puedes decirle a mi hermano que finja ser virgen, no creo que eso sea muy difícil para él.
Yhoga ya no se contiene más y cogiéndolo del brazo lo saca bruscamente a la calle mientras dice a la dueña que volverá en una media hora. De un empujón lo mete en un taxi y le da la dirección del hospital. En ningún momento le dirige la palabra o se vuelve a mirarlo. Cuando llegan lo conduce hasta una habitación con un cristal en la puerta.
- Hay tienes el trabajo de Shun. Hace dos semanas lo atropellaron. Le han quitado el bazo y le han metido un par de clavos en la tibia derecha. El trabajo en la librería es suyo, yo ocupo su lugar hasta que se recupere. Vivimos modestamente en un pequeño estudio con lo que sacamos de la tienda y de hacer mecheros en casa a destajo. Ha seguido con sus estudios sacrificando preciosas horas de sueño.
Se vuelve hacia él y lo mira fijamente.
- Espero que estés orgulloso de tu obra Ikki. Le has destrozado el corazón obligándolo a separarse de ti. No hay noche que no te llame en sueños con lágrimas en los ojos. Te quiere a pesar de todo el daño que le has causado.
Ikki esta como hipnotizado mirando a su pequeño e indefenso hermano dormido en la cama del hospital. Nunca imagino que lo vería así.
- ¿Por qué no me llamaste? ¡Debiste haberme avisado!
- ¿Avisarte? ¿Para qué? ¿Para que me colgaras el teléfono entre insultos y desprecios? ¿Para escucharte decir que lo tiene bien merecido por ser un sodomita? No, él necesita amor y no odio y desprecio.
Ikki se gira apoyando la espalda en la puerta y conteniendo las lágrimas por orgullo sale de allí sin decir una sola palabra, sin volverse a mirar, pero con el corazón roto. Ahora comprende que es lo que les ha hecho a los dos. A pesar de todas las dificultades han seguido juntos, las han vencido y se aman cada vez más. Los ojos de Yhoga no mentían en ningún momento. Se maldice a si mismo por su estupidez y su estrechez de miras. Sus malditos prejuicios y orgullo le ha llevado a la soledad absoluta apartándole de su hermano y de su mejor amigo. Ojala pudiera cambiarlo todo. Ojala pudiera hacer retroceder el tiempo y cambiar todo el mal que hizo por bien.

Fin.

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