El amor no siempre trae felicidad
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Ha pasado un año desde que las luchas terminaron.
Todos los caballeros se han disgregado por el mundo para seguir su camino.
Todos menos tres: Ikki, Shun y Hyoga. Los dos primeros continúan juntos
por ser hermanos, el tercero por amor, un amor que nadie sabe y que sufre
en silencio, sin atreverse a declarar por miedo a ser rechazado o peor aún,
a ser odiado por aquel a quien ama profundamente.
Los tres muchachos viven juntos en una casa de dos plantas en las afueras
de Tokio. Ikki trabaja todo el día para la Fundación, Shun estudia
en la universidad magisterio y Hyoga se ocupa de que no falte nada en la casa
y de tenerla siempre en orden.
Una tarde Ikki llega a casa de mal humor. Tiene que hacer un largo viaje a
Edimburgo, la capital de Escocia, para tratar un negocio de la Fundación.
- Hermano, alegra esa cara. Piensa que vas a conocer un país nuevo,
una ciudad con una gran historia y una cultura totalmente distintas a la nuestra.
- Todo eso que dices es cierto, Shun, pero no me apetece alejarme tanto tiempo
de ti.
- Vamos, Ikki, no estaré solo. Hyoga se queda conmigo, él me
cuidará muy bien, ¿verdad Hyoga?
- Claro que si, Shuny. Te cuidaré mucho mejor que Ikki, ya lo verás.
- Eso es lo que me preocupa –murmura Ikki mirando fijamente a Hyoga.
Esa noche cuando Shun se ha acostado, el Fénix entra en la cocina para
hablar con el siberiano,
- Hyoga, espero que no pase nada en mi ausencia.
- ¿Por qué dices eso? ¿Qué podría pasar
Ikki? Sabes que jamás lastimaría al pequeño.
- He visto como lo miras, como te las apañas para rozarle, para estar
lo más cerca de él… No quisiera tener que enfrentarme
a ti. Sabes lo que haría si algo le ocurriese.
- No te preocupes por eso Ikki. No pasará absolutamente nada. Y ya
que lo has notado, sería absurdo negar que amo con toda mi alma a tu
hermano. Ese niño me robó el corazón desde el principio
con su bondad y su ingenuidad.
- De acuerdo, ámale en silencio y todo estará bien.
- Si, eso es lo que hago desde hace años. Amar en silencio y sufrir
por ello. – se vuelve hacia Ikki y le mira dolorosamente- No lo sabrá
nunca por mi, eso le causaría mucha pena y no lo soportaría.
Da un profundo suspiro mientras apoya una mano en su brazo y le saca suavemente
de la cocina.
- Anda, ve a dormir. Tu avión sale temprano. Y no te preocupes por
nada.
Ikki se va a dormir sin poder quitarse de encima una extraña sensación.
De algún modo presiente que no debería irse, pero decide confiar
en el rubio, nunca les ha fallado a ninguno de los dos.
Al día siguiente los tres van al aeropuerto. Se despiden al pie del
avión y ven desde los cristales como despega hasta que desaparece de
su vista.
- Se fue, Shuny. Es hora de que volvamos a nuestras tareas. Tú a la
universidad y yo a hacer la compra.
- Hyoga, ¿puedo acompañarte al mercado? Hoy no me apetece ir
a clase…
- Shun, ¿cómo que no te apetece ir a clase? Sabes que es tu
obligación y no puedes eludirla. Además imagino que querrás
ser un buen profesor en el futuro, así que, no se hable más.
Te acompañare hasta el autobús, vamos.
- Esta bien, eres igual de duro que mi hermano. Y yo que pensaba que podría
hacer lo que quisiera.
- Pues no podrás, niño. Prometí que cuidaría de
ti y eso implica velar por que hagas tus obligaciones lo mejor posible.
Ambos rompen en alegres carcajadas y así continúan hasta llegar
a la parada del autobús. Una vez que Shun ha subido a él, Hyoga
se dirige al mercado, para después volver a casa y ocuparse de ella
hasta la hora de preparar la cena para su adorado Shun.
Los primeros días pasan sin que ocurra nada excepcional, hasta el sábado
por la tarde.
Ambos muchachos están tumbados en sus respectivos sillones viendo una
película, cuando de repente, Shun se levanta y se deja caer en la alfombra,
delante del sillón de Hyoga, apoyándose en él.
El rubio al principio no dice ni hace nada, pero al cabo de un rato, ya no
puede resistirlo más y comienza a acariciar dulcemente su verde cabello.
- Deberías volver a tu sitio – le dice- en el suelo debes estar
incomodo.
- No te preocupes, estoy bien –contesta escurriéndose más
hasta dejar la cabeza totalmente apoyada en el asiento.
Así permanecen en silencio durante un largo rato al cabo del cual Shun
se decide a hablar.
- La verdad si que se esta incomodo en el suelo, ¿puedo compartir el
sillón contigo?
- Claro que si, niño. No tienes ni que preguntar algo así –Hyoga
se sienta dejándole la mitad del sillón libre.
Shun se sienta a su lado para al instante siguiente tumbarse apoyando la cabeza
en su regazo.
- Me gustan tus caricias, por favor no dejes de prodigármelas.
- Claro, precioso, no dejare de acariciarte hasta que me lo digas.
La mano de Hyoga se mantiene por muy poco en su cabello, cuando quiere darse
cuenta esta deslizándose por su cuello, disfrutando de la piel suave
del muchacho. La retira rápidamente y la vuelve al cabello.
- ¿Por qué la quitas? No pasa nada, la verdad es que me estaba
gustando mucho.
Se gira boca arriba y clava sus ojos en los azules de Hyoga mientras coge
una de sus manos y la lleva a su pecho, introduciéndola por dentro
de la camisa.
- Shun, ¿qué haces? Eso no esta bien, será mejor que
vuelvas a tu sitio. No…
- ¿No que, Hyoga? ¿Acaso no lo deseas al igual que yo?
Se incorpora y le besa suavemente, apenas un leve roce de los labios.
- Hyoga, te deseo desde hace mucho tiempo. ¿Por qué crees que
te salve en la casa de Libra aún a riesgo de mi propia vida?
- Siempre he creído que era por amistad.
- ¿Amistad? No, mi precioso cisne, por amor. Te amo desde hace mucho
tiempo. Ya no puedo callarlo por más tiempo. Me gustaría que
tú sintieras lo mismo por mi, pero si no es así, por favor,
no me odies ni me desprecies por ello.
Apoya la cabeza en su pecho esperando una respuesta y sin poder dejar de temblar
de emoción y excitación.
- Shun, mi precioso niño, te quiero con toda mi alma. Pensé
que tú no sentías nada por mí más allá
de amistad. Si lo hubiera sabido, te lo habría dicho hace mucho, mucho
tiempo…
El pequeño levanta la cabeza y sonríe alegremente mientras rodea
con sus brazos a Hyoga y se pega a él todo lo que puede
- Entonces a que esperamos. Hazme tuyo esta noche. Quiero... no, deseo ser
totalmente tuyo, mi cisne de hielo.
- Tu hermano me matará por esto, Shun. Saben que si se entera tendré
que enfrentarme a él. Es muy celoso de ti y no quiere compartirte con
nadie. Me advirtió sobre lo que ocurriría si esto llegaba a
pasar.
- No te preocupes de él. Yo me ocupare de todo. Ahora solo piensa en
nosotros dos…
Hyoga se pone en pie y cogiendo en brazos a Andrómeda lo lleva a su
habitación. Lo deposita con mucho cuidado en la cama y comienza a desnudarle
lentamente, disfrutando de cada parte de su cuerpo que queda al descubierto.
- Pequeño, tienes un cuerpo delicioso.- dice mientras lo acaricia en
toda su plenitud, descubriendo de paso las zonas más sensibles.
Cuando se ha saciado de caricias, se pone en pie y se desnuda para tumbarse
sobre Shun y besarle una y otra vez, devorando sus labios, mordisqueándolos
hasta dejarlos rojos e hinchados. Explorando todo el interior de esa ansiada
boca con su lengua, enredándola con la de él.
Le cubre todo el rostro de besos para continuar por el cuello y llegar hasta
el pecho. Detenerse en las tetillas, besarlas, succionarlas y tirar de los
pezones suavemente con los dientes, hasta enrojecerlos y dejarlos completamente
erectos. Continúa con sus besos por el abdomen. En el ombligo se detiene
introduciendo su lengua y lamiendo todo su alrededor. Sigue bajando hasta
llegar por fin a su sexo. Lo cubre de besos en toda su extensión, le
da pequeñas lamidas y golpecitos con su lengua en la punta.
Levanta la cabeza y mira a Shun antes de continuar, pidiéndole permiso
con la mirada para seguir adelante.
- Mi amor, no te detengas. Sigue adelante, tómame, hazme tuyo para
siempre.
El rostro de Shun esta enrojecido, sus ojos cerrados, su boca entre abierta
lanzando continuos gemidos de placer, con su lengua se recorre los labios,
su cuerpo esta empezando a sudar, sus manos van a la cabellera de Hyoga y
empujan la cabeza de este hacia abajo, pidiendo más placer a gritos.
El Cisne no se hace rogar. Coge el miembro de Shun por la base y se lo introduce
en la boca. Comienza a lamerlo y succionarlo como si se tratara de un delicioso
helado. Sus labios presionan ligeramente mientras sus dientes le rozan suavemente
y su lengua le recorre de arriba abajo. Sus movimientos aumentan al tiempo
que los gemidos de Shun. Este arquea la espalda, sus manos se aferran a las
sábanas y con un pequeño grito deja escapar toda su semilla
en la boca de Hyoga. Sin desperdiciar una gota, le separa las piernas y la
vierte en la virgen entrada del niño para humedecerla al mimo tiempo
con su lengua. Se incorpora y le besa a la vez que introduce lentamente un
dedo en él.
- Tranquilo, pequeño. Relájate. Al principio duele un poco,
pero pronto pasará, ya lo verás.
- Lo sé, Hyoga – murmura Shun mientras se abraza a su amante
fuertemente.
Introduce un segundo y un tercer dedo y comienza a moverlos muy despacio,
para ensanchar la entrada virgen y causarle después el menor daño
posible.
- Te quiero, mi niño – le dice dulcemente mientras le mordisquea
el lóbulo de la oreja y acaricia con la otra mano todo su cuerpo.
Cuando considera que ya esta lo suficientemente abierto le penetra con sumo
cuidado. Parando en cada movimiento, besando su rostro, lamiendo sus lágrimas,
y hablándole lo más cariñosamente que puede.
- Duele… Hyoga du-duele mucho…
- Si, mi amor. Pero te prometo que solo será un momento. En seguida
comenzaras a disfrutar.
Por fin ha llegado al final. Esta totalmente en su interior. Se queda quieto
unos segundos para empezar a moverse con mucha lentitud al principio.
Shun se aferra fuertemente a él. El dolor le recorre todo el cuerpo.
Desea que pase cuando antes, pero no es así. Sus uñas arañan
sin querer la espalda del rubio mientras sus gritos aumentan de intensidad.
De repente, sin saber muy bien como, el dolor comienza a remitir. Es sustituido
por un placer exquisito. Un placer que crece con cada arremetida de Hyoga.
Sus piernas rodean el cuerpo de este, y lo atraen hacia sí todo lo
que pueden.
- Me gusta… Hyoga… es… es…tan… agradable…
no, no te… pares…más…deprisa
- Si… precioso… lo que… tú quieras…
Los movimientos de Hyoga aumentan de velocidad rápidamente, al tiempo
que las caderas de Shun se adecuan torpemente a su ritmo. La casa entera se
llena con los gemidos de placer de ambos. El rubio arquea la espalda al tiempo
que hecha la cabeza hacia atrás y en un grito de delirante placer se
vacía en el interior de Shun. Continúa moviéndose hasta
que este se vacía a su vez mojando el abdomen de ambos.
Al cabo de un rato de silencio en el que ambos intentan recuperar su respiración,
Hyoga sale lentamente del interior de Shun y se tumba a su lado, abrazándolo
y atrayéndolo hacia él. Le besa tiernamente la cabeza y acaricia
toda su espalda suavemente.
- ¿Cómo te sientes, pequeño? ¿Estas muy dolorido?
Lamento haberte causado dolor, pero, mi niño, no hay otro modo. La
primera vez siempre es así. Te prometo que la próxima será
totalmente distinta y disfrutarás mucho más.
- No te preocupes, amor. Estoy bien. Has sido muy dulce y cuidadoso conmigo.
Y al final me ha gustado mucho –bosteza perezosamente y se acomoda pegando
su cuerpo al de su amado cisne rubio- si no estuviera tan cansado te pediría
hacerlo de nuevo…
No termina de decir la frase cuando se ha dormido completamente. Hyoga lo
mira y sonríe mientras cubre a ambos con las sábanas y él
también se dispone a dormir.
Los días van pasando felizmente para ambos muchachos. Cada vez que
tienen tiempo hacen el amor en cualquier lugar de la casa, sea de día
o de noche. Saben que cuando Ikki vuelva ya no podrán tener esa libertad,
al menos hasta que averigüen como decírselo sin que mate a alguno
de los dos.
Una tarde en la que ambos están haciendo el amor en la alfombra del
salón, la puerta se abre de pronto entrando Ikki por ella. En su apogeo
ninguno de los dos se entera hasta que el Fénix lanza un furioso grito
y cogiendo a Hyoga por la cintura lo lanza contra la pared.
- ¡Te advertí de lo que pasaría si se te ocurría
tocarle, maldito pajarraco de hielo!
Hyoga por un lado queda algo atontado por el golpe, y por otro no quiere enfrentarse
a Ikki. Sabe que si le daña, aunque sea ligeramente, causará
un gran dolor a su niño del alma, y no quiere eso por nada del mundo.
El Fénix arremete contra él y comienza a golpearlo ciegamente
por todo su cuerpo a la vez que no deja de maldecirle.
Shun esta sentado en el suelo sin saber que hacer. No quiere herir a su hermano,
pero tampoco quiere que dañe a su amor. De repente escucha claramente
el ruido de un hueso al romperse, seguido de un grito de dolor de Hyoga.
- ¡Basta, hermano! ¡Déjale o le mataras! –se acerca
a Ikki gritando y tratando de alejarle de Hyoga.
El Fénix se libera de él bruscamente y lo aleja de un fuerte
empujón.
- No te preocupes hermanito, luego hablare contigo seriamente, pero antes
acabare con este mal nacido.
Comienza a patearle en la espalda sin cesar con toda la fuerza de que es capaz.
- ¡Voy a romperte en mil pedazos! ¡Maldito bastardo has pervertido
a mi hermano! ¡Te aseguro que lo lamentaras el resto de tu vida!
Hyoga esta a punto de perder el conocimiento. Su cara esta totalmente ensangrentada.
Esta echando sangre por la boca. El hueso roto han sido un par de costillas
que se le han clavado en el pulmón. Si sigue golpeándole de
ese modo terminara por romperle también la espalda.
Shun ya no puede resistirlo más y toma una decisión. Coge sus
cadenas e inmoviliza totalmente con ellas a su hermano, soltándole
una fuerte descarga eléctrica que le deja medio paralizado por unos
momentos. Lo suficiente para apartarle de Hyoga y mantenerle alejado de él
mientras lo atiende.
- Hyoga, amor, tranquilo te pondrás bien. Yo cuidare de ti. En seguida
estarás mejor.
Mientras Ikki trata de liberarse de las cadenas Shun llama a una ambulancia
para que lleven a Hyoga al hospital. Esta muy mal y no deja de sangrar por
la boca.
En pocos minutos la ambulancia se presenta llevándose al cisne al hospital
rápidamente. Shun se viste y libera a Ikki que en ningún momento
ha dejado de maldecirles a los dos.
- Shun, ¿cómo has podido rebajarte a algo así? ¿No
te da vergüenza?
- No, hermano. No me da vergüenza por que le amo. No hay nada malo en
nuestra unión. Nos amamos locamente y lamento que no puedas comprenderlo.
En cuanto me aseguren que se encuentra bien y se recuperara volveré
a recoger mis cosas y las suyas.
- ¿De qué estas hablando? Tú no sales de aquí.
Bajo ningún concepto permitiré que te vayas a vivir con ese
muerto de hambre, ¿me oyes?
- Tú ya no puedes prohibirme nada, Ikki. Ya no eres mi hermano. Reniego
de ti.
- Shun, ¿acaso te has vuelto loco? No puedes estar hablando en serio.
¿Es qué no te das cuenta de que solo trato de protegerte?
- El que no se da cuenta eres tú, Ikki. Yo ya no soy el niño
pequeño que tenías que cuidar. He crecido y me he enamorado
libremente. Amo a un hombre que me adora y al cual tú casi matas a
golpes. Con tus actos me has obligado a elegir y le elijo a él. Tengo
una vida por delante y quiero pasarla a su lado.
- Muy bien, Shun. Si eso es lo que deseas adelante. No te molestes en venir
a por vuestras cosas. Yo me ocupare de que las lleven al hospital. Pero cuando
comprendas que todo esto no es más que un capricho pasajero, que se
ha cansado de ti y que es incapaz de mantenerte como mereces, no vuelvas aquí
porque no pienso aceptarte, ¿me oyes? Si sales por esa puerta no te
atrevas a volver nunca, Shun. Dejarás de ser mi hermano y habrás
muerto totalmente para mí.
- De acuerdo, Ikki. Desde este momento ya no tengo hermano. Adiós.
Shun sale de la casa llorando por la perdida de su hermano. Sabe que nunca
volverá a verle. El Fénix nunca les aceptara y eso le causa
un gran dolor. Había pensado que podría hacerle comprender pero
es inútil. Su hermano jamás atenderá a razones. Quizás
sea mejor así, quien sabe. Ahora lo único que le preocupa es
Hyoga. Solo desea que no sea grave la causa de la hemorragia.
Ikki se queda parado en la puerta viendo como su hermano se marcha sin una
sola mirada hacia atrás. No puede comprender porque ha cambiado tanto.
Siempre le ha escuchado y obedecido, sin embargo, ahora se ha rebelado abiertamente
contra él hasta el punto de renegar de él. Nunca volverá
a verle ni a dirigirle la palabra. Shun ha muerto para él y nada podrá
cambiar ese hecho. De un portazo cierra la puerta y se dirige a la planta
de arriba. Rápidamente guarda de cualquier manera todas las pertenencias
de ambos chicos y llamando a un servicio de mensajería hace que lleven
todo, incluidas las armaduras al hospital.
Shun esta esperando en un pasillo del hospital. Están operando a Hyoga.
Tiene un pulmón encharcado de sangre y tienen que sacarle las costillas
que tiene clavadas en él. Al cabo de un par de angustiosas horas, sale
el médico para decirle que no se preocupe, todo ha ido bien. Tendrá
que permanecer ingresado durante un par de semanas mínimo y luego guardar
reposo absoluto.
Andrómeda le da las gracias y pasa a la habitación. Hyoga aún
esta bajo los efectos de la anestesia. Se sienta al lado de la cama y coge
una de sus manos entre las suyas, le besa la frente y le murmura al oído
un dulce “te quiero”. En eso llegan sus cosas. Las deja en un
lado de la habitación. Se quedará al lado de Hyoga hasta que
despierte y se asegure de que le puede dejar solo. Tiene que salir a buscar
un lugar donde vivir los dos y, lo más importante, un trabajo que les
permita salir adelante.
Fin.