Dulce Tormento
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Dulce tormento, en esta noche oscura, en que las estrellas radiantes brillan, vencedoras ante la luna nueva que de mi dolor se esconde. Fiel tormento que a cada hora me acompañas sintiendo el mal que por mi pecho avanzas, cruel tortura.
Distingues de entre todos mi solitaria figura y a ti me amarras en la soledad sombría que mi alma oculta a tus ojos misericordes… Por que dueles más que la muerte, por que te amo más que a mi vida, y en mis ojos sombríos, y sin luz alguna, solo resuena, tu nombre.
Verde esmeralda, que eres la luz de mis días, y el calvario de mis noches. Me estremezco de solo pensarte en sus brazos, sabiendo que de los míos huiste, por mis faltas y errores.
Tú siempre te quejaste de mi falta de afecto, del poco cariño que te demostraba, sin saber, que en realidad, amarte mas no podía. Abrirte mi corazón y desnudarte mi alma, eso nunca ya podré.
Sentir tu candor más allá de mi piel, mientras el miedo atenazaba mis acciones, el miedo a que tú me dieses muerte, por que tú eras el único capaz de hacerme daño, solo tu mano podía dañar mi piel…
Abrir por completo mi ser, para mí siempre un imposible… porque mi vida, un muro de hielo parezco, y sin embargo por dentro, más frágil que un fino cristal soy… ya harto dañado por los embates de la vida, dando el ultimo golpe has dejado hecho añicos mi corazón.
Ya ves, que aunque mi dolor no lo reflejen las lagrimas, ese dolor quiebra mi ser al saber, que de mi te has olvidado y que jamás volveré a tenerte entre mis brazos, sintiendo tu frágil cuerpo estremecer, como en las noches en que yo te ame.
Desde aquel nefasto día, en que nuestros caminos se separaron, el día en que yo morí. Mi vida se detuvo, y no encontré ningún futuro para mí, ni el calor de otros brazos ha conseguido arrancarme tu aroma, ni la pasión de otros besos puede hacerme olvidar tu sabor. Soy un muerto en vida. Por que aunque me puedas ver respirar, me falta el aire, aunque puedas ver mi rostro, mi sonrisa se fue, y cuando tú no puedes ver mis lágrimas ellas se dejan caer…
Mi pequeño niño, mi gran amor, yo no te culpo, nunca podría hacerlo, por que en realidad la culpa es mía… Solo has de saber, que mi debilidad es más grande que el apego por mi vida, y el dolor tan intenso que la soledad me brinda, me hace temer que no pueda esperar volver a ver amanecer.
Estos son los últimos desvaríos de un loco, este es el único testamento que soy capaz de legar. Mi insulsa e inútil vida por fin llega a su final, tan triste y solitaria como su inicio… Solo una cosa más me resta por decir, gracias amor mío, gracias, por haberme dado parte de ti, por haber compartido conmigo los únicos días en los que la felicidad conocí… gracias, y espero que el consiga lo que yo no pude… solo espero, que el consiga hacerte feliz.
Cerro aquel sobre lentamente dejando que las ultimas lagrimas escapasen de sus grandes y bellos ojos azules. Mirando la luna nueva, desde la ventana de su habitación.
Unas risas llamaron su atención hacia dos jóvenes que se acababan de encontrar.
De pie, frente a la ventana de su habitación, observándolo con ojos vidriosos como salía de la mansión y se abrazaba a su amante, dirigió una fugaz mirada a aquel que de pie vigilaba, entrecerrando sus ojos para poder verlo mejor.
Sintiendo como su corazón se partía en mil pedazos, al ver ese pasional beso, Hyoga abandono su puesto, lanzándose contra la cama. Golpeando con fuerza el colchón, maldiciendo su mala suerte mientras el mismo se reprochaba por haber sido tan necio, por haber dejado escapar a aquel ángel, que de su lado hacia huir la soledad que en su corazón siempre reino.
Había visto en su mirada, el fuego de los celos crepitar, al tiempo que una gota salada resbalaba por su mejilla. Gotas como las que el derramo tantas veces por su culpa, por frío y distante carácter que aun en la intimidad le demostraba, aquel carácter que para su pesar jamás abandono.
Por eso aquel ultimo día, en que su extraña indiferencia le hirió una vez más. Aquella vez en que ya no lo pudo soportar, dio fin a aquella historia de un modo frío y carente de expresión. Dando por terminado algo que le quitaba la razón, del único modo que pudo…. Del único modo que de el aprendió.
Satisfecho, por saber que su venganza se llevaba a cabo, rápido, se marcho con su acompañante. Esta noche volvería tarde…
Miro aquel pequeño bote que guardaba en un cajón, aquel que hace unos días en alguna tienda había comprado… pero que hasta ahora, ni siquiera se había atrevido a tocar, relegándolo en un rincón olvidado…
Pero en este momento, lo necesitaba, sentía que era mejor olvidar, tomo un par de pastillas… y trato de esperar a que la calma llegara. Pero esa sangrante herida en su corazón, le impedía hasta respirar e impulsado por una extraña fuerza que le hacia necesitar sosiego, tomo un par mas… sin embargo no su efecto no aparecía, no conseguía alcanzar esa paz en su alma, por lo que sin pensarlo, siguió tomando mas.
Había pasado ya un buen rato, su cuerpo comenzaba a parecer flotar. A su alrededor todo parecía dar vueltas, se sentó en su cama, sintiendo como sus sentidos se embotaban… De pronto todo parecía calmado. Se vio a si mismo, caer tumbado a cámara lenta sobre la cama, incapaz de controlar su cuerpo, un pesado sopor invadía su mente… Por fin había logrado aquel ansiado silencio en su cabeza, por fin podía dejar de pensar…
Unas calidas manos sujetaron sus hombros, zarandeándole con fuerza… Un par de cachetes en sus mejillas, mientras una extraña revolución se formaba a su alrededor… y ese malestar en su estomago…
Borrosas figuras corrían alarmadas frente a el a cámara lenta, delirante espectáculo que le hacia sonreír, mientras los últimos rastros de su conciencia se perdían y un frío amenazante se aferraba su piel…
-Shun…-
Se había quedado dormido… Regreso a la mansión ya siendo mediodía. Entro tranquilamente y echo un vistazo a la salita… Se le hizo raro no ver a Seiya pegado como siempre a la tele, o a Shiryu allí sentado leyendo un libro como era su costumbre, pero tampoco le dio mayor importancia. A fin de cuentas, prefería el silencio en aquella gran mansión.
Subió las escaleras, rumbo a su habitación, por alguna extraña fuerza, sus ojos se fijaron en aquella puerta… ¿Estará ahí dentro o habrá salido? ¿Por qué se pregunto aquello? ¿Acaso todavía le importaba?
Era obvio que si… por mucho que soples, la el fuego de la pasión que siento por ti, jamás se podrá apagar… pero nunca, nunca mas te lo volveré a demostrar. Ya sea que el infierno se congele, o que el mar se seque. Ya sea que la tierra se pare de golpe, que el sol se apague o la luna desaparezca, tal vez pueda ser que el hielo que cubre los polos se funda, que se, que por mucho tiempo que pase, ese hielo que cubre tu corazón jamás lo hará… no por mi.
Involuntariamente su imaginación voló, recordando lo ocurrido durante este tiempo atrás…
Habían sido pareja por más de dos años. Sin embargo, para Hyoga, parecía ser un ataúd de hielo, tan bello como frío, tan inquietante como nefasto… no consiguió nunca entender su actitud, digno sucesor de su maestro, a el nada parecía perturbarle, nunca exponía sus pensamientos, y jamás se interesaba por los suyos… Shun no conseguía saber en que se diferenciaba su relación con la de sus compañeros…solo en el sexo… si, muy tarde comprendió que para el esa era toda su relación.
El siempre callado, el siempre hermético Hyoga, vivía su vida, sin contar con nadie…
-¿Cómo te entreno? ¿Encerrándote en una nevera hasta que te acostumbraste a esa soledad?- Aun seguía enojado con el.
Sin embargo, tras la ruptura, fue peor… Entonces supo lo poco que para el significo. Fácilmente lo acepto, solo le pregunto una vez el porque… y tragándose sus lagrimas le dio justamente la razón. Esa fue toda la conversación, ahí acabo todo entre ellos…
Quizas todo no, al menos para Shun no. Desde ese mismo día, le vio marchar todas las noches, sabia que cada una la pasaba, en un lugar diferente, con un amante distinto… Aquello se clavaba en su corazón como un hierro rusiente, causándole más que nunca un enorme dolor…
El agua de la ducha caía sobre su bien formado cuerpo, formando pequeñas gotas en su blanca tez, que a desgana caía hasta el suelo, resistiéndose a dejar de acariciar aquella sedosa piel…
Había cambiado mucho, su cuerpo había dejado de ser el de aquel muchacho de aspecto frágil, que todo el mundo trataba de proteger, convirtiéndose en un apuesto hombre, que mantenía la delicadeza de sus facciones…
Pero el mayor cambio había sido en su interior, había madurado en tan poco tiempo de un modo espectacular. Si bien es cierto que había dejado atrás su sensiblería infantil, esa que tantas veces trato de eliminar su hermano sin conseguirlo, también había perdido aquella alegría natural que le caracterizaba, y con ella también su encantadora inocencia… Todo ello en menos de tres años…
-Sin duda fuiste mi mejor maestro….- susurro para si, mientras sus mojados mechones escondían su triste mirada. Todo había cambiado tanto…
Salio de la ducha, una toalla cubría parte de su húmedo cuerpo, ahora se sentía como nuevo… y allí en la cama sentado, con sus brazos cruzados estaba su hermano.
Se quedo observándole detenidamente, como siempre serio, con gesto solemne, mantenía sus ojos cerrados… No pudo evitar la añoranza de los años pasados, recordando tiempos mejores en que su relación no era tan distante… ¿Qué les había pasado?.... Ah… Si….Hyoga...
¿Pero que demonios hacia ahora allí el?
-Hola hermano…- dijo sin mucho afán, mientras se dirigía a un armario para sacar algo de ropa.
Ikki abrió sus ojos y le observo unos instantes, sin responder al saludo, cosa que tampoco pareció importarle mucho a su hermano.
-¿Dónde has pasado la noche?- Pregunto Ikki con voz grave.
Shun torció un gesto de disgusto. Aquello era increíble, ¿acaso iba a comenzar otra vez con el sermón de siempre? La última vez creyó haberlo dejado bastante claro…
-¿Te pregunto yo donde pasas tu las noches?... aunque no es necesario se que lo haces con Shaka.- fue la tajante respuesta del mas joven.
Ikki no respondió, tan solo quedo un momento pensativo. ¿Desde cuando su dulce e inocente hermano se había convertido en ese desconocido?... No le costo mucho encontrar la respuesta… desde que cierto rubio decidiese interponerse entre ambos y destruir la inocencia de su querido hermano, ya nada había vuelto a ser lo mismo… Ya no quedaba nada del dulce hermano, en su lugar ese maldito ruso le había dejado a ese frío y calculador extraño, solitario y desconfiado, un nuevo Shun…
-Si tan solo has venido a eso, ya puedes marcharte… me gustaría cambiarme tranquilamente- añadió el peliverde ante el mutismo del otro.
-No…- respondió sin variar ni su tono ni su posición, recibiendo una sorprendida mirada de su hermano.- he venido por otra razón… he venido por…- no termino la frase, no sabia muy bien como explicarle lo que había ocurrido...
Un dolor en su garganta, con un extraño sabor dulzón… Su cuerpo le dolía enormemente, sentía todos sus nervios punzando bajo su piel, sus parpados pesaban y ese maldito dolor en su cabeza… ¿Qué es lo que había pasado?
Abrió sus ojos con lentitud, cansados y secos, le dolían fuertemente, enviando desgarradores impulsos desde sus cuencas, hasta su cerebro…
Intento fijar su vista borrosa en ese bulto negro que a su lado había, aunque no conseguía descifrar que o quien era…
Trato de hablar, pero algo en su garganta le impidió hacerlo, intento alzar su mano hasta su boca para liberarla de esa molestia, pero no fue capaz… sus manos estaban atadas. Torpemente comenzó a tirar de ellas tratando de soltarlas, más se sentía casi sin fuerzas, y solo alcanzaba a escuchar un tintineo metálico que se mezclaba con una cantidad de pitos y ruidos de pequeñas maquinas…
¿Pero donde estaba?...
Se empezó a poner nervioso, intentaba en vano moverse, haciendo pequeños ruidos guturales con su garganta, tratando de llamar la atención de aquel bulto…
-Shhhh… Hyoga… tranquilo, no te muevas…- era la suave voz de Shiryu… aquello le tranquilizo por el momento…- no te muevas, podrías hacerte daño… espera que avise a la enfermera…-
Escucho una puerta que se abría… ¿Enfermera? ¿Estaba en un hospital? Su corazón se acelero, sintió miedo por no saber que estaba ocurriendo… ¿acaso había habido una batalla?… pero, ¿Por qué no lo recordaba? ¿Y Shun?¿estaría el bien? Sintió un miedo feroz extenderse como bálsamo frío por su cuerpo…Y extendió una plegaria desesperada, rogando a los dioses que su niño estuviese a salvo, aun a coste de su propia vida.
Shiryu no tardo en regresar con la enfermera. Esta sin apenas mirarle, incluso tratándole con rudeza, comenzó a examinarle, y poco a poco le extrajo aquel molesto aparato que había estado conectado a sus pulmones… En todo momento sintió la mirada del dragón que le observaba serio…
-¿Que ha pasado?- Pregunto con voz ronca, en cuanto fue capaz de hacerlo… Shiryu le miro entonces sorprendido….
-Hyoga… ¿Por qué lo hiciste?- Esa pregunta llena de tristeza, descoloco todavía mas al cisne… ¿Hacer que? ¿Que había hecho?... Un profundo terror le invadía…
La enfermera terminado su trabajo, llamo a Shiryu, dándole algunas instrucciones que el Cisne no fue capaz de escuchar…
Hyoga les miraba expectante… Pidiendo con sus ojos una explicación, intento incorporarse, mas sus manos seguían amarradas… ¿Sus manos atadas?¿Pero en que clase de hospital se encontraba?
-Shiryu… ¿Por qué estoy atado?- Pregunto un confundido Hyoga, recibiendo la mirada triste de Shiryu…
-Hyoga…-Intento explicar el joven moreno, mas la enfermera acercándose a el, con un talante serio y un extraño desdén hacia el, le experto en la cara, sin apenas levantar la voz..- Son las normas, todos los enfermos de esta planta deben permanecer atados… por su propia seguridad.-Para después marcharse del mismo modo en que había llegado…
El rubio miro al dragón intentando comprender esas palabras…- Shiryu?...-
-Mejor será que descanses… y mas tarde hablaremos…- intento tranquilizar al ruso
-Shiryu, que esta pasando, porque ha dicho eso… que esta ocurriendo aquí-Su voz comenzaba a elevarse en aquel lugar, su nervios estaban a flor de piel.
-Hyoga… ahora todo está bien… no pienses más y descansa…- Trato de calmarle un preocupado Shiryu.
-Responde… ¿Qué hago aquí? ¿Que es lo que ha pasado? ¿Porque me han atado?... responde...- la voz del joven se elevo fuerte, necesitaba una respuesta, respuesta que no le llegaban a dar… tiraba de las ataduras tratando de liberarse…
-Hyoga… no grites… yo te lo explicare… tu… anoche… te encontramos… inconsciente- trataba de explicar el asunto con el mayor tacto posible…
-¡Por Athena! ¡Shiryu Explícate!.. ¡Y suéltame de una vez!- dijo Hyoga con autoridad y elevando mas su tono de voz, mientras forcejeaba con las ligaduras.
-Por favor Hyoga, cálmate… anoche tu… tu…trataste de suicidarte…-aclaro, viendo imposible explicárselo de otro modo, mientras vigilaba la puerta, temiendo que de un momento a otro viniese alguien a tratar de sofocar el pequeño escándalo que su amigo estaba provocando… tal y como había visto que ocurriese con otros enfermos durante la noche…
-¿QUEEEEEE? ¿DE QUE DEMONIOS HABLAS?...SUELTAME AHORA MISMO…-
-Hyoga… cálmate, cálmate será mejor, que te tranquilices... si no- demasiado tarde, un par de celadores aparecieron, acompañados por una enfermera que portaba algún tipo de medicamento en una jeringuilla...
Ambos hombres sujetaron al ruso con fuerza, tratando de impedir que se moviese, mientras el, forcejeaba y trataba de liberarse del agarre insistiendo en la necesidad de ser soltado y pidiendo ayuda a su compañero, mientras un impotente Shiryu observaba la escena, incapaz de comprender, como había llegado a ese punto su amigo…
-Hyoga… no te resistas- aconsejaba el dragón, convencido de que aquello era lo correcto.
En pocos minutos, el silencio se hizo de nuevo en la habitación, Hyoga, quedo tendido, sin fuerzas en la cama, con su mirada perdida en el vació, inexpresiva, su cuerpo relajado y su respiración mas que tranquila, aquel tranquilizante le había hecho su efecto…
Shiryu trato de aguantar las ganas de llorar, desviando la mirada… ¿Cómo había llegado el ruso a esto?
-Estará sedado durante un par de horas… no se preocupe, es lo mejor para el... le aconsejo que descanse… - dijo la enfermera tratando de consolar un preocupado Shiryu
-Siéntate Shun… debo explicarte algo serio…-Comenzó su explicación Ikki…-Al parecer, anoche…. Hyoga perdió la razón… y se tomo un montón de pastillas.- dejo caer la frase, sin mirar a su hermano, esperando ver de el alguna reacción.
- ¿Pastillas? -Pregunto Shun algo incrédulo.
Ikki asintió…- Shiryu fue a su habitación, para preguntarle sobre su fiesta de cumpleaños… Querían asegurarse de que mañana acudiera… pero al ver que no respondía, entro… según dijo estaba en la cama tumbado, semi-inconsciente… y había un bote vacío por el suelo… - se detuvo el fénix en su explicación.
- ¿Pero me estas hablando en serio?- La sorpresa de su voz, se veía reforzada por sus ojos completamente abiertos.
Ikki volvió a asentir- Como no vieron forma de hacerlo reaccionar… pues lo llevaron al hospital… El muy idiota se tomo más de 20 pastillas… Por poco no lo cuenta…- Ikki todavía no se decidía si contarle el resto…
Shun estaba estático, pálido, pareciese que había sido tallado en piedra… Aquella revelación por parte de su hermano le había dejado más que sorprendido…
-¿Pero… porque?- acertó a preguntar, todavía asombrado
-Vete a saber… Ese ruso nunca estuvo en sus cabales, es posible que incluso simplemente lo hiciese por llamar la atención…- respondió Ikki, pensando que había hecho lo correcto al ocultarle a su hermano la existencia de esa carta…
-Y… ¿como se encuentra?- pregunto un evidentemente preocupado Shun, sorprendiendo a Ikki por esa reacción, tan inapropiada en su recientemente adquirido carácter.
-No lo se… hace unas horas volvieron Saori y Seiya. Por lo que se ve y al parecer todavía no había despertado… - Ikki se levanto de la cama, y se dirigió a la puerta, pero antes de salir, se detuvo...-Shun, si deseas ir a verle te acompañare… después de todo tu fuiste su…- el peliazul no termino la frase, su hermano le corto tajante antes de que lograra continuar…
-¿Su amante?... Te recuerdo que tu también te lo trastes un par de veces… - Soltó con desdén Shun, sin duda toda esa coraza de frialdad había comenzado a calar hasta su alma…
*** Cierto, pero la carta no iba a mi dirigida…*** Pensó para si Ikki
.-…tu novio….Yo iba a ir a relevar a Shiryu… tu puedes hacer lo que te plazca.- con esas ultimas palabras, Ikki salio de la habitación.
Al mismo tiempo que cerro esa puerta una gran desazón se instalo en su alma, se sentía mal, cada día que pasaba, se alejaban más y más sin ninguna solución… Ikki deseaba volver a tener con su hermano esa complicidad que habían perdido, ese especial cariño de hermanos que ahora parecía olvidado y todo por ese estúpido ruso...
Pero su cabeza no podía negar que, en el fondo, todo había sido culpa suya. El fue quien sedujo al rubio, el fue quien se lo dijo a su hermano, y el mismo fue quien quedo colgado de la belleza del chico de hielo, acosándolo hasta limites para el mismo insospechados… Hyoga ejercía sobre el un gran poder de atracción, tenia algo que le hacia desear y necesitar su cuerpo como si fuese una droga… Pero todo eso jamás lo admitiría.
Entre tanto Shun todavía repasaba mentalmente la información que había recibido de Ikki… Sabía que al final iría al hospital, sin embargo no quería parecer ansioso por conocer el estado de Hyoga, además, ahora mismo creía tener otras preocupaciones…. Como por ejemplo Shura.
Si bien la relación con su nuevo novio, para el no era mas que un modo de darle celos a Hyoga, se había dado cuenta que el dorado, sentía algo mas profundo, parecía experimentar algún tipo de dependencia con el… Pero para el nuevo Shun, analizándolo fríamente, esa debilidad le asqueaba.
Sentado en la cama, meditaba su pasado. Ahora sentía que esa guerra fría que entre Hyoga y el estallo, fue la responsable de romper la amistad de todo el grupo, fue responsable de separarle de su único hermano, fue la que propicio que su tierno corazón se escarchara convirtiéndose en un pedazo de hielo inservible ya para amar, fue la culpable de otorgarles un futuro en el que seguramente se llevarían mas victimas inocentes por delante y cuyos efectos destructivos apenas habían comenzado a aflorar…
Pero Hyoga, como siempre había elegido egoístamente el camino mas fácil, había dado fin al conflicto de una forma radical, rindiéndose incondicionalmente…*** Era eso lo que quería, ¿no?*** …Ya no estaba seguro de sus intenciones, la ira que durante tanto tiempo se alimento de su propio dolor comenzaba a ser desplazada por la compasión y la culpabilidad, forzada por el estado en el que aquel por el cual mas se una vez hubiese dado su vida sin reservas, había acabado cayendo victima de sus ansias de venganza. Sin embargo ahora que sentía que había triunfado, de nuevo volvió a pensar en Hyoga como aquella persona que fue, y sin darse cuenta comenzó a avivar aquella llama que todavía no se había consumido en su corazón….
-¡Maldita sea¡ ¿Por qué no puedo ser tan frío y manipulador como tu?-grito Shun al tiempo que lanzaba una foto de ambos contra la pared de enfrente…
Se estaba traicionando a si mismo, estaba traicionando aquella promesa que un fatal día se hiciese a si mimo, para no volver a sentir nunca mas. Sintiendo como de nuevo sus sentimientos salían a flote, ni el ruido de los cristales rotos consiguió calmar sus ánimos… de nuevo una lucha encarnizada se llevaba a cabo en su interior.
Incapaz de mantener aquel semblante de indiferencia en esta situación, decidió enfrentar la verdad cara a cara…Rápidamente se vistió y bajo al hall a esperar a su hermano para acudir al hospital…
El efecto de la droga parecía comenzar a pasar, pero aun así no era capaz de pensar claramente y a pesar de que ya comenzaba a moverse, no era capaz de coordinar sus movimientos… esas pastillas que le habían hecho tragar seguramente tenían la culpa.
Había pasado casi toda la mañana como un muñeco roto, incapaz de hacer nada, sumido en aquella pesadilla, inmerso en sus tinieblas, viendo como imágenes del pasado se mezclaban con alucinaciones presentes, embotando su cabeza, martilleando su alma, desgarrando la poca razón que el quedaba…
Una cara conocida se había acercado a el… claro era Shiryu, el maldito traidor que giro su cara para evitar ver lo que le hacían… Seguramente su intención era hacerse con aquellas drogas para mantenerle a su lado, porque lo sabia, el dragón todavía seguía enamorado de el…
***si supieses que realmente me acosté contigo solo para quitarme de encima a Ikki… tal vez así me repudiarías igual que ya han hecho todos los demás*** pensó el cisne para si mismo…
-Hyoga… han venido Shun e Ikki a verte…-dijo sonriente el dragón esperando ver en aquella casi inexpresiva cara una sonrisa… sin embargo la respuesta fue radicalmente distinta…
De pronto Hyoga pareció sufrir algún tipo de ataque, comenzó a revolverse en la cama, tirando de los amarres, gritando descontrolado cosas incoherentes para el dragón…
-Hyoga, ¡¡¡cálmate!!!- pedía Shiryu cada vez mas preocupado mientras trataba de sujetarle sin éxito, sin comprender el porque de aquella reacción…
Sus alaridos llegaron hasta la pareja de hermanos que aguardaban en la sala de espera….-¡¡¡¡Nooooooo!!!!¡¡¡¡¡¡ Que se vaya!!!!!!- un rotundo silencio se hizo en aquella sala, donde la gente se miraba del mismo modo que ambos hermanos, sorprendidos, horrorizados por aquellos desgarradores gritos e incapaces de entender lo que sucedía.
Poco mas duro aquel arranque descontrolado, los enfermeros, haciendo a un lado a Shiryu, sedaron de nuevo a Hyoga, quedando de nuevo en aquel estado vegetativo, a caballo entre la realidad y la fantasía, entre la locura y la razón.
*** No puedo permitir que me veas, no de este modo. No quiero ver la pena reflejada en tu rostro, quiero que me recuerdes tal y como era, tal y como debía ser…
Ya no controlo mi cuerpo, ya no controlo mi futuro, ya no controlo nada. Soy prisionero de un cuerpo hostil, perdido entre una tiniebla de pensamientos, a la deriva en este mar bravío, directo contra las rocas me dirijo, consciente, que mi fin no llegara sino tras una larga estancia en este infierno…
Soy incapaz de entender porque se obstinan en mantenerme con vida, haciendo mas larga esta tortura, obligándome a encarar la verdad de en quien me he convertido, obligándome a vivir una vida vacía en la que nada tengo, nada puedo dar y nada puedo ofrecer.
Desearía poder disponer de libertad para dar fin a mi vida, desearía poder echar marcha atrás y dejarme vencer en una de esas batallas que libramos y de las cuales acabamos saliendo con vida…
Porque se que ahora eres mas feliz de lo que nunca fuiste conmigo y que mi existencia tan solo os ha provocado sufrimiento, dolor y angustia.
Soy un mal tercio, jamás debí de haber salido de aquel barco, debí quedar en aquella tumba de hielo, donde a nadie hubiese dañado, donde nunca habría sufrido la carga de vivir.
¿Acaso no lo entendéis? Quiero perderme en el olvido, quiero llegar a mi fin… No soy capaz de soportar mas este continuo sin vivir… ya nada hay por lo que pueda seguir… nada. ***
Shiryu había salido de la habitación con su rostro descompuesto. La natural tranquilidad del dragón parecía ahora menguar, y sus temblorosas manos atestiguaban cuan afectado estaba el joven.
No tardo mucho en quebrarse, nada mas acercarse Shun, el compungido joven se echo en sus brazos buscando un hombro sobre el que llorar amargamente. El frío Shun, sin hablar, permitió que Shiryu se desahogase, entendiendo su necesidad, comprendiendo la dureza de la situación.
-Lo van a internar….- decía entre sollozos desesperados…- no comprendo porque no desea seguir viviendo… no entiendo porque nos hace esto…-
Shun tan solo acariciaba la larga melena de Shiryu, tratando de reconfortarle, sin decir nada, pues en su interior sabia la respuesta, sabias que el era la causa y que tras haberle empujado hasta el borde de aquel precipicio, ahora permanecía estático observando como caía por el lanzando gritos desesperados.
*** ¿Era lo que quería?... o no… tal vez no. ***
-¿Camus!… bienvenido- la voz de Saori resonó en el hall de la gran mansión...
- Hola Athena…- dijo haciendo una reverencia a modo de saludo ante ella, seguido por Milo que a su espalda entraba en ese momento.
- Athena- musito Milo.
- Por favor, pasad, os estábamos esperando…- agregó la joven dirigiéndose hacia uno de los salones donde varios de sus compañeros allí aguardaban.
Sus caras serias denotaban el sentir general. Aquella reunión la cual se había organizado en menos de 48 horas había dado comienzo. Seiya, Shiryu, Shun, Ikki, Milo y Camus eran los presentes junto a Saori.
- Tomad asiento…- dijo la muchacha a los recién llegados que apenas si saludaron breve y fríamente a quienes estaban esperándoles…
- esta bien… - comenzó con voz grave a hablar la reencarnación de la diosa, mirando fijamente algunos de sus documentos…- todos sabéis el motivo de la reunión, por lo que me ahorrare el explicarlo… - ahora los miraba consciente de la difícil situación que se les había presentado…
- ¿Donde esta el?- La voz fría de Camus interrumpió a la diosa en su discurso, clavando aquellos zafiros en los ojos de la joven.
- Esta en el hospital todavía…- respondió ella imitando el gesto.
- ¿Le habéis dejado allí… solo?- pregunto incrédulo el santo de hielo.
- No esta solo, esta siendo atendido por las enfermeras…-justifico ella- además, hay que llevar a cabo este asunto todos reunidos para encontrar la mejor solución.- agrego mientras el pequeño desafío entre sus miradas se prolongo por algunos instantes, casi eternos, hasta que una voz elimino aquella tensión.
- El hecho es que ahora mismo se pasa el día sedado… Por lo cual, apenas si es consciente de quien hay a su alrededor…- la triste voz de Shiryu se había escuchado, dirigiendo todas las miradas hacia su visiblemente cansado rostro…
- ¿Esta todo el día sedado?- esta vez el gesto del acuariano denotaba incredulidad y sorpresa…-¿Por qué razón?-
- Debido a que cuando es consciente de lo que a su alrededor sucede, se pone excesivamente violento… por esa razón, di mi autorización para que fuese sedado, porque con su poder, podría resultar peligroso para alguien mas aparte de el mismo, incluso a pesar de estar totalmente inmovilizado…- la muchacha no expresaba sentimiento alguno al relatar todos estos hechos, su voz calmada, solo denotaba un deje de molestia por lo que la situación suponía para todos ellos… una carga.
Camus no daba crédito a lo que escuchaba, su más querido alumno, aquel que parecía haber heredado su frío talante, junto con su consabido autocontrol, se encontraba sedado y atado en un hospital psiquiátrico. Aquel que superara las perdidas mas dolorosas, aquel que supiese resistir el dolor físico extremo producido por mil muertes durante la batalla y la soledad mas estricta de la vida, aquel que había vencido a sus maestros sobreponiéndose a las consecuencias de sus mismos actos… aquel joven que tantas cosas había conseguido, se encontraba perdido en la mayor de las locuras debido a… ¿debido a que? ¿Que podría haber perturbado de tal modo su mente?
Bajo su mirada consternado por ello, recibiendo en su hombro el apoyo de la mano de Milo, quien también parecía incapaz de encontrar sentido a tan traumáticas circunstancias…
- Si podemos continuar…- la molestia estaba presente en su rostro, la diosa, parecía detestar la situación que la triste debilidad del cisne había provocado… -debemos decidir quien se hará cargo de el…- el mutismo del grupo demostró el sentimiento compartido por todos.
- Camus podría llevarle al santuario consigo, allí no seria un peligro para nadie, y estaría vigilado todo el tiempo…- Hablo finalmente Seiya, esgrimiendo la solución que para el resultaba la más conveniente y que dejaba el camino libre para poder conseguir apartar a Shiryu del rubio fácilmente.
No creo que sea posible…- Hablo Camus – ..allí estaría expuesto si hubiese cualquier ataque contra el santuario… ademas, carecemos de las instalaciones necesarias para poder mantener a alguien en su estado- dijo bajando su mirada, consciente de que sus verdaderas razones se debían a otros motivos menos nobles…
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- Ahhhhhhh… ¡No pares!!!!- la voz de Hyoga resonaba por el templo de acuario, entre jadeos.- Ahhhhh……mas… dame más…….-
Camus acababa de volver de una misión que le había sido encomendada hacia unos días. La misión finalizo más pronto de lo esperado, y tan pronto pudo, volvió al santuario, deseoso de encontrarse con su alumno y su novio.
Al entrar a su templo escucho aquellos jadeos, evidencias notables de que su alumno se encontraba más que bien acompañado. Sin saber porque, se quedo escuchando los sonidos provenientes de la habitación, acercándose a ella, tal vez por curiosidad, tal vez por el morbo, o tal vez por la incordiarte vocecilla que dentro de su mente le indicaba que algo allí andaba mal.
- Dilo…- la ronca voz de su amante se escucho embriagada de placer, junto con todos aquellos sonidos, que cuanto mas cercano se encontraba a la puerta, mejor era capaz de distinguir, llegando incluso a sentir el calor que de aquella habitación provenía…
-… ¡Mas fuerte!!!.... ahhhhhh… ¡hazlo!!!...- la voz entrecortada de Hyoga gemía, extasiada por aquella pasión que parecía consumirles.
- ¡Dilo!..ahhh... ¡dilo!!!- la voz de su amante se escuchaba con fuerza, igualmente alterada, exigente… y conocida.
- Ahhhhhh… Milo!!!!!!!- Hyoga pronuncio su nombre, justo en el momento en que ambos parecieron llegar al clímax, dejando escapar gemidos extasiados… en ese momento la puerta se abrió, dejando ver a un Camus, que como congelado por su propio ataque, observaba aquella escena…
Dos sudorosos y perfectos cuerpos, entremezclados junto con las sabanas, jadeantes y claramente sorprendidos. La faz de ambos, expresaba sorpresa, culpa, vergüenza y miedo… La faz de Camus, inexpresiva, salvo por un acuoso residuo que parecía acumularse en sus azules ojos…
Durante interminables segundos nadie se movió, el silencio de la habitación solo era roto por las agitadas respiraciones de aquellos que yacían en el lecho, mientras el calor de la habitación comenzaba a desaparecer, siendo sustituido por una cada vez mayor sensación de frío.
De pronto, Hyoga, separándose de aquel que todavía estaba sobre el, se levanto de la cama y comenzó a vestirse con sus ropas, ignorando lo sucedido, dejando que el velo de la frialdad cubriese de nuevo su semblante…
- ¿Dónde crees que vas?- La amenazante voz de Camus resonó cual trueno por la habitación, dejando por primera vez traslucir sus sentimientos…
- Me voy…- la fría voz de Hyoga, sonó calmada, al tiempo que se giraba para encarar a su maestro, mientras acababa de vestirse…
- ¡Tu de aquí no te mueves hasta que yo te diga!- Camus parecía comenzar a perder los nervios ante la actitud de su pupilo… Mientras Milo, todavía recostado en la cama, solo observaba la escena, con su rostro desencajado, sintiendose culpable por haber cedido al deseo que el cuerpo del joven le producía…
- te equivocas… me voy… aquí ya no hago nada...- dijo con desdén, al tiempo que comenzaba a salir del lugar acabando de ponerse, con total tranquilidad la camiseta.
La mano de Camus le sujeto del brazo…- Háblame con mas respeto… ¡soy tu maestro!-
- Mírate… te estas dejando dominar por tus sentimientos… ¿no es eso lo que siempre dijiste que debía evitar…? - espeto soltándose, y mirándole de un modo desafiante
- Maldito crío… ¿Quién te crees que eres para tirarte a mi novio y encima venir a darme lecciones?- La rabia de Camus era mas que evidente, descontrolado lanzo un ataque contra el joven quien lo detuvo sin dificultad, mientras sus lagrimas fluían raudas desde sus ojos acariciando su bella cara…
- Ni siquiera puedes cumplir lo que enseñas ¿Y tu eres mi maestro?- dijo con total indiferencia dándole la espalda…
- Desgraciado… ¡Marchate! Y no vuelvas… No quiero volver a saber de ti…!jamás!...- gritaba Camus desde el mismo punto, incapaz de controlar toda aquella indignación que le recorría su ser.
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Desde aquel día no se habían vuelto a ver, de ello ya hacia mas de un año… las cosas se habían resuelto entre el y Milo, pero aun así en su corazón quedaba una dolorosa huella, recuerdo de lo sucedido aquel día… Por mucho que apreciase al joven, por mucho que en su interior les hubiese perdonado, no podía admitir que pudiese estar tan cerca de Milo, de nuevo.
- Camus dice la verdad… allí seria muy complicado mantener la vigilancia necesaria.- dijo Milo serio, como pocas veces se le podía ver.
- En ese caso tendrá que quedarse aquí…- dijo Shiryu.
- Ya hemos hablado de eso, y sabes bien que no es posible…- Saori corto tajante a Shiryu…
- ¿Por qué razón? Aquí puedes poner todo lo indispensable para que el pueda ser atendido cómodamente…- Shun desde su asiento, elevo su vista hasta la diosa cuya mirada furiosa, hubiese fulminado al joven de haber podido.
- Por que aunque podemos crear las instalaciones necesarias ya que el dinero no es problema…-dijo con cierto tono sarcástico- estamos en iguales condiciones a las del santuario… en un ataque sorpresa, seria un blanco demasiado fácil, una debilidad en nuestra contra.- Saori, había hablado, todos sabían lo que le esperaba finalmente al joven santo.
Hyoga, el cisne, el caballero de bronce que juro protección a Athena, el que sangro junto con sus compañeros, el que arriesgo su propia vida por ellos y su causa demostrando su profunda amistad, aquel que amo y fue amado… aquel, estaba ahora solo, abandonado por todos aquellos que alguna vez dijesen ser sus amigos o incluso algo mas.
- ¿Verdaderamente le vamos a dejar allí recluido? ¿Drogado de por vida? ¿No vamos a hacer nada por ayudarle?... Y nosotros nos consideramos sus amigos…- recrimino Shiryu a los allí presentes…
-¡Oh! Ya vamos Shiryu… ¿Después de todo lo que ha hecho pretendes que seamos unas hermanitas de la caridad con el? Hace tiempo que la amistad entre nosotros acabo… Tiene justo lo que busco.- dijo Ikki, que hasta el momento había permanecido callado.
- En ese caso, mejor hubiese sido dejarle morir como pretendía… ahora comienzo a comprender sus motivos…- dijo hablando con tristeza, y lanzando una mirada reprobatoria a Shun.
- No me mires a mi de ese modo… lo nuestro acabo hace mucho y no fui yo quien le convirtió en un témpano insensible.- lanzo el aludido
Camus miro al joven incrédulo por su descaro, aun incapaz de reconocer a aquel dulce niño que una vez fuera… algo extraño le había ocurrido a aquel grupo de jóvenes que una vez, unidos por su amistad, habían conseguido vencer todos los obstáculos…
- no te atrevas a juzgarme… esa es una parte del entrenamiento que todo caballero de los hielos debe cumplir.- señalo poniéndose en pie amenazante ante Shun… - y lo que le ha llevado a la demencia, por lo que tengo entendido no fueron mis entrenamientos…- lanzo venenosamente viendo como Ikki se levantaba cual resorte de su asiento…
-¿Qué es lo que estas insinuando? Mi hermano no tiene nada que ver en eso… ellos hace mucho que no están juntos.- defendió rápidamente Ikki.
-Si claro… pero Hyoga cambio tras romper con el, y no para bien, esa es la verdad…- añadió Camus.
- tal vez, en ese cambio, tuvo que ver tu novio… creo que por esa época, estuvieron muy unidos…no?- apenas pronuncio la frase un puño que cubrió su cara, regalándole un duro golpe en ella.
-Una pared blanca, dos paredes blancas, tres paredes blancas, cuatro paredes blancas…. Y una puerta….- monótona melodía….-¡AHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!¡¡¡Sacadme de aquí!!!!!!!
En una habitación acolchada, impoluta y diáfana se encontraba en un rincón, sentado, recostado, casi hecho un ovillo... Sus brazos apresados por la banca tela, cuyas mangas atadas alrededor de su cuerpo le impedían cualquier movimiento. Su cabello salvaje y despeinado, sus ojos cansados, ojerosos, desprendían de vez en cuando algunas lagrimas sueltas y sus labios se movían nerviosos tratando de pronunciar en voz alta aquello que pasaba por su cabeza… Vano intento de silenciar la atronadora quietud de aquel cuarto que dañaba sus oídos.
- ¿Que sentido tiene?- murmuro cabizbajo, observando sus pies desnudos- ¿Qué sentido tiene mantenerme así? ¿ME HABEIS OIDO? – gritaba con todas sus fuerzas tratando de ser escuchado por alguien a través de la insonorizada puerta…
Llevaba allí… ni siquiera lo recordaba. En realidad no sabía cuanto tiempo había pasado desde que aquella noche deseara dejar de sentir…
*** Debí escoger un cuchillo… es mas eficaz… si es que… hasta en eso me equivoque…. No hay nada… nada que hiciese bien*** Pensó para si mientras golpeaba su rubia cabeza contra las acolchadas paredes a modo de auto castigo, hasta que finalmente se sintió demasiado mareado para continuar y cayo de lado…
Desesperado desde el suelo trato de eludir el abrazo de la prenda que le impedía el movimiento, sin embargo, por mas esfuerzo que hiciese, la maldita camisa seguía abrazado a el. Revolcándose por el suelo, intentando encontrar el modo de separarse de la tela, pero por más tiempo que estuvo no consiguió más que fatigarse en el intento. Por lo que finalmente vencido, cansado, humillado y sin más posibilidad desistió por liberarse y por hablar, fundiéndose con el silencio de la sala diluyéndose finalmente en la nada… Tal y como siempre debió ser.
El tiempo inexorable pasaba, mas Hyoga continuaba en es suelo, bocabajo, con su mirada triste, vacía, perdida en algún punto de algo que tan solo el podía ver…
La puerta por fin se abrió, y una estirada figura se interno en la pequeña cámara, observando al joven fijamente…- Hyoga…- una voz conocida le llamaba, mas el ya se había dado por vencido, finalmente lo aceptaba… Había comenzado a desconectarse lentamente, en realidad, ya ni orgullo le quedaba…
-Hyoga…- aquella voz insistente…- mírame…- calmada pero enérgica, seria pero calida… sus ojos le miraron, pero apenas vio las marcas de su rostro.
Camus sintió un escalofrío… Hyoga había estado allí durante tres días, sin sedantes, tan solo con la medicación necesaria… estaba pálido, demacrado, ausente…
-¿Hyoga… que te ha pasado? – pregunto Camus con un deje de tristeza, arrodillándose a su lado, incorporándole levemente, mientras sus ojos se aguaban, unos por tristeza otros por rabia.
El cisne no respondió, tan solo le miro interrogante, incapaz de entender por que su maestro estaba allí…- Hyoga… ¿Qué paso?-
Lo conocía, sabia que es lo que iba a intentar, pretendía arrancarle un descargo para su conciencia y así dormir en paz… Pues por el no seria, si no tenia libertad, entonces al menos el no dormiría…
- Demasiado bien sabes…- Su voz sonó excesivamente ronca… tras más de tres días, en ese cuarto incomunicado, había perdido el hábito…
-Hyoga… ¿por que todavía tratas de recordar aquello?...- pregunto triste Camus
- Te equivocas… hace mucho que me olvide de ti...- respondió apartando su mirada…
- ¿Porque me tienes ese rencor?- pregunto Camus dispuesto a llegar al final.
- Por que eres como todos… todos me utilizasteis… cada uno de vosotros saco algo de mí, me robo una parte de mi alma, vosotros me quitasteis todo lo que yo era… obligándome a ser así… - respondió entre lagrimas traicioneras…
Esa no era la idea… Camus siempre conseguía obtener de el la verdad… así, de nuevo se había escabullido ella sola entre sus labios, sin esperar para poder atacar y así poder vencer al enemigo, dejándole sin defensas a su merced.
- Tú me utilizaste durante tu soledad… cuando no tenias a Milo me metiste en tu cama sin importarte si eras el primero, si acaso lo quería o no lo deseaba… y tu pago… fue quitarme mi único recuerdo… y aun preguntas si mantengo mi rencor hacia ti…
- Me equivoque, lo admito… pero fue por Athena…- pronuncio casi en una suplica, creyendo realmente lo que hablaba
- Athena… maldita diosa… ella nos robo nuestra identidad, nos forzó a combatir por ella, prometiéndonos la paz, el amor y el descanso del alma… algo que nunca nos llego a dar, que siempre nos negó… Athena… para ella nunca fuimos más que meros peones en su cruel juego… No me digas que fue por ella, no me lo digas por favor…- hablo lentamente, con profundo dolor desde sus labios, consciente de haber perdido la fe en el símbolo que guiara su vida.
- de acuerdo, se que tienes razón… aun así, tu venganza fue mas cruel que mi pecado…- respondió el frío Camus entre lagrimas…
-… Aquello no fue una venganza… quería…-comenzó a hablar Hyoga, pero retiro su mirada, sintiendo aquella explicación estúpida…
-…continua…- pidió Camus
- … quería… quería saber si Milo podía calmar el dolor que sentía…. tal y como hizo contigo… quería conocer el descanso a tanto dolor…apagar ese ansia que me quemaba… pero no lo logre…y solo me llevo a pasar de cuerpo en cuerpo hasta que en mi no quedo mas que dar…- dijo mirando esos ojos profundamente azules…
- … pero... ¿Y Shun?, siempre pensé que el era quien…- Camus corto su pregunta, al ver la cara de profundo dolor de su alumno…
- Shun…- su voz casi quebrada no pudo continuar…- … el fue… el único…-
- Hyoga…- Camus le abrazaba con fuerza tratando se consolarle…
-Pero no me di cuenta hasta…hasta que fue demasiado tarde…- la respiración de Hyoga se había vuelto agitada, trataba de estirar su cuello tratando de conseguir el necesario elemento que sus pulmones ansiaban a consecuencia de su profuso llanto…
Durante un rato estuvieron de ese modo, abrazados Hyoga llorando y su maestro dándole el soporte que tanto necesitaba…
- Maestro… no puedo seguir… no puedo mas… el dolor pesa demasiado…- susurro con su cara todavía hundida en su hombro…
- Hyoga… todo tiene solución… tan solo si hablases con el…- intento animarle, pero recibió una negativa tajante del cisne, moviendo su cabeza negativamente con seguridad…
-no… es tarde… nunca podrá perdonarme lo que le he hecho… solo hágame un favor…- la voz del rubio era profunda y grave, su vista escondida tras sus rebeldes mechones...
-Lo que desees…te lo prometo…- dijo elevando su rostro para mirarle a los ojos, haciendo firme su promesa…
- Ayúdame… ayúdame a acabar con todo…-
-¿De que hablas?- Pregunto Shura colérico
-De que esto se acabo… esta claro, ¿no?- dijo Shun en su habitual tono frío…
-Es por ese maldito Hyoga, ¿verdad?... pues si crees que voy a admitir que me dejes por el estas equivocado…- le dijo tomándolo con fuerza del brazo.
-Suéltame Shura, a mi nadie me obliga a nada… ¡y menos tu!...- dijo soltando su brazo bruscamente…- yo voy con quien quiero y donde quiero… ¿entiendes?- Apenas acabo esa frase una bofetada cruzo su rostro...
- Conmigo no se juega Shun… estas advertido-
Shun miraba entre sorprendido y atónito a Shura….