Dulce Compañía
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Un trueno ensordecedor estremeció la tierra, los relámpagos
recortándose en el cielo, desgarrándolo como una negra capa
de seda plumosa recorrida por culebras de luz.
Shun se tapó los oídos instintivamente, cerrando con fuerza
los ojos. Rayos, siempre era igual!! Nunca pudo acostumbrarse, las tormentas
eternamente lo ponían nervioso... era un temor irracional, lo sabía,
pero había estado con él desde que era un niño. Nunca
pudo deshacerse de este miedo, ese nerviosismo, esa angustia que lo embargaba
cada vez que un trueno hacía vibrar el ambiente... como el grito furioso
de alguien, insultándolo, retándolo...
“...Rayos...! Por qué me pasa esto...? Por qué no puedo controlar este temor...?”
Shun se sentía tonto. Él, un Caballero de Atenea, asustándose
con truenos... Había enfrentado a decenas de enemigos, Dioses, demonios,
incluso al espíritu de Hades que dormía en su interior...
Había luchado contra terribles adversarios, y había salido siempre
triunfante...
...y ahora, temblaba ante un simple trueno...
“...parezco una criatura...”
De seguro, Ikki se enfadaría con él, si supiera que aún...
Shun suspiró, sentado en la cama, rodeando sus finas piernas con sus
brazos.
-Hermano...
Ikki, en aquellos tiempos de su infancia, era quien le consolaba en esas
noches horrendas de temor. Era su querido hermano mayor quien le amparaba,
abrazándole con ternura mientras calmaba su ansiedad y secaba sus lágrimas
inocentes.
Cuántas noches había pasado Ikki durmiendo junto a Shun, cuántas
noches exorcizando los miedos de su hermanito, ahuyentando a la tormenta y
sus angustiantes aullidos de lobo infernal...!
Shun volvió a suspirar, más quedamente. Hacía rato que
no sabía nada de Ikki; le había comentado en una carta, hacía
algún tiempo, que pronto volvería. Pero Shun sabía que
el término ‘pronto’ para su niisan podía significar
varios días, semanas, meses...
...Ikki siempre fue así de inconstante con las fechas...
Un sonoro estampido en la noche casi le hizo saltar de la cama; aún
abrazándose fuertemente cayó de costado sobre el lecho, temblando
y respirando con fuerza. Parecía un bebé deseando volver al
vientre materno, a un lugar en donde pudiese estar seguro, a salvo, en paz...
“Soy un estúpido, soy un estúpido, no debo tener miedo...”
Pero no podía...
...era más fuerte que él...
-Ay, Niisan, dónde estás...? –casi lloriqueó,
en una momentánea regresión... cuánto necesitaba de consuelo
en esos instantes...! Cuánto necesitaba de su hermano mayor, cuánto
lo extrañaba...!
Estaba tan perdido en su oración, que no notó que la puerta
de su alcoba se abría lentamente para dar paso a una silueta que se
deslizó silenciosa en el interior del cuarto oscuro, cerrándola
tras de sí.
Shun mantenía sus ojos cerrados, como si eso evitara que la tormenta
siguiera martirizándolo.
-Niisan... niisan... dónde estás...?
Una lágrima estaba a punto de escaparse entre sus pestañas...
...y fue entonces cuando una mano se posó tiernamente sobre su hombro, sobresaltándolo.
-AH!
Dio un nuevo brinco, hasta sentarse en la cama; la sombra que le había
acariciado dio un paso atrás.
-...Perdón... no quise asustarte...
El corazón del santo Andrómeda bajó un poco las revoluciones
al reconocer esa voz. Con un gesto nervioso borró la indiscreta lágrima
que se había fugado de sus ojos, tras tan súbita sorpresa...
-...Hyoga...?
Tras las cortinas oscuras del anonimato, se asomó el rostro sereno
del Cisne, apenas iluminado por un corto relámpago.
-Estás bien, Shun...? escuché como un gemido...
El rubio se sentó en el borde de la cama, contemplando al muchacho
que se abrazaba las piernas como queriendo desaparecer, su rostro algo ruborizado,
sus bellos ojos brillantes.
-...Sí... no es nada...
Su voz fue apenas un susurro. Hyoga sonrió para darle ánimos;
su amigo se veía por demás agitado...
-Seguro que estás bien...?
Shun ya no respondió. Un trueno, como una bomba, hizo temblar los cristales
de las ventanas, la lluvia azotando los vidrios como látigos; el pobre
chico, demasiado angustiado, no aguantó más y se arrojó
a los brazos de su amigo, quien lo recibió amistosamente casi sin desconcierto.
-...No tengas miedo, Shun, yo estoy aquí...
-...Odio las tormentas... –casi lloriqueó Shun (de nuevo), ocultando
su rostro encendido en el pecho de Hyoga -...nunca pude superarlo...
-...lo sé, lo sé... calla ahora, relájate...
El Cisne acarició con cariño la melena esmeralda del chico,
con una mano temblorosa.
...Tiernamente...
Shun, acurrucado casi en su regazo, temblando tenuemente, su lindo rostro
algo enrojecido...
Se veía tan bonito así, tan dulce...
...tan...
El muchacho mayor suspiró levemente, sacudiendo la cabeza... esos
pensamientos...
-...debes pensar que soy peor que una criatura... yo, un caballero de Atena,
con miedo a los truenos... –Shun estaba totalmente ruborizado de vergüenza,
al tener que confesar esos temores infantiles a su amigo.
-No digas eso, Shun... no pienso eso, ni lo pensé nunca siquiera...
Shun se separó un poco de él, apoyando sus manos sobre el pecho
del Cisne; sus ojos contemplaron el glaciar que se ocultaba en la mirada de
Hyoga... Un glaciar que no helaba, más bien, entibiaba su alma...
Sonrió, el suave gesto de su agradecimiento. Hyoga sintió su
alma abrirse, como un capullo que floreciese ante el sol de esa sonrisa...
su corazón latió fuerte en su pecho...
...tan cálido... tan puro...
-Ya es tarde, Shun... supongo que no has podido dormir aún...
-...con estos truenos, creo que definitivamente velaré esta noche...
–susurró el joven de cabellos verdes, acomodándose de
nuevo en la cama, sentado frente a Hyoga; éste extrañó
de repente la tibieza del cuerpo de Shun...
Suspiró con más fuerza. Esta vez Shun lo notó...
-Te pasa algo, Hyoga...?
-...No, no es nada... Shun... –Hyoga trató de ocultar su nerviosismo;
contempló casi de reojo al niño frente a él – Dime,
Shun...
-...Sí...?
Ante su mirada esmeraldina, Hyoga volvió a cohibirse, su propio rostro
ardiendo de repente. Pero volvió a su neutralidad habitual al momento.
-...quieres que te... emm...
-...Sí...?
-...Quieres que te acompañe esta noche...?
Shun pestañeó varias veces, como confuso.
-Cómo dices...?
Hyoga se acercó un poco más, y esta vez el niño se sonrojó
levemente.
-Que si quieres que te acompañe esta noche... digo, por los truenos...
Shun giró el rostro hacia abajo.
-No te molestes, Hyoga... le temo a las tormentas pero no hasta ese punto,
no soy un bebé...
El rubio se dio cuenta de que Shun creyó que lo estaba subestimando,
tal vez que estaba burlándose de sus temores.
-No, Shun, no pienses eso! –exclamó al segundo –Yo no pienso
que seas un bebé... Además, esta es una fobia muy común,
por otra parte... los miedos aparecen siempre, el ser humano vive con ellos...
Shun apenas levantó la vista hacia el ruso.
-...pero tú no temes a las tormentas...
-A las tormentas, tal vez no... pero le temo a otras cosas...
Shun pareció interesarse. Hyoga se felicitó por dentro, al lograr
que su amigo olvidase el propio temor.
-En verdad...? A qué le temes...?
-...Bueno... por ejemplo... me aterra hacer el ridículo en público...
por eso es que prefiero siempre estar solo, lejos de las multitudes...
Shun sonrió. “Igual que mi hermano...”
-...pero así, te alejas de la gente que te quiere también...
Hyoga sintió que su corazón daba un salto.
“Nunca me alejaría demasiado de ti, Shun...”
Un trueno, de nuevo y más fuerte. Shun lanzó un gemido, y Hyoga
casi podía jurar que vio ese cuerpo recorrido por un temblor sísmico.
El rubio, en un impulso, tomó una de las manos del chico entra las
suyas. Shun se estremeció con el roce.
-...Shun, no vas a descansar así... y supongo que tienes mucho sueño...
no...?
El santo pareció considerar sus palabras. Finalmente levantó
la cabeza, sonriendo apenas.
-...Tienes razón... tal vez... tal vez, tú... digo...
Hyoga sonrió.
-...No te apenes, Shun... qué tiene de malo que durmamos juntos...?
–el rubio se retrepó y se acomodó sobre las mantas, sin
desarmar la cama, y esperó a que su amigo se decidiera a acompañarlo.
-...qué pasa...?
Shun desvió su mirada esta vez; agradecía la penumbra de su
habitación, así el Cisne no podría notar su rubor.
Tan cerca de Hyoga... tan cerca...
Su corazón latía muy fuerte, y hasta llegó a pensar
que sus latidos indiscretos podían ser oídos por toda la mansión.
“No... no está bien... no debería pensar así...
no de Hyoga... él nunca me correspondería... tan sólo
como amigo...”
Suspiró quedamente y contempló a Hyoga, sonriendo más
dueño de sí.
“...No importa... me basta con que esté a mi lado, aunque sólo
sea así...”
Tan perdido estaba en sus pensamientos, que una breve risa lo sobresaltó.
-Qué...? qué pasa...?
-No Shun, perdón... es que me acabo de acordar de algo, y me dio una
sensación de dejavu......
El joven Andrómeda se acercó al rubio, para oír mejor;
éste aprovecho para sujetar su brazo y casi obligarlo a acostarse junto
a él... Shun se estremeció de pies a cabeza, pero no trató
de resistirse, y menos aún al percibir la cercanía de aquél
cuerpo fuerte y estilizado...
...aquellos brazos rodeándolo...
...aquel calor...
-...Hyoga...
-Shun, recuerdas cuando éramos niños, y vivíamos en el
orfanato de la Fundación...?
El muchacho trató de olvidar ese ardor que estaba ahogándolo,
por estar tan pegado a Hyoga, y de prestar atención a sus palabras.
-...Sí... lo recuerdo...
Hyoga sonrió. Con toda delicadeza pasó uno de sus brazos tras
los hombros de Shun, amparándolo tiernamente.
En ese instante, una onda tibia y dulce recorrió el cuerpo del joven
Santo, una sensación casi olvidada volvió a embargarlo, un sentimiento
que venía de años atrás... suspiró, y de repente
sintió que no podía existir un lugar en el mundo en donde pudiera
sentirse más seguro y feliz...
...era casi como...
...su hermano...
...casi...
-...Sabes Shun...? en una noche como ésta... hace... no sé...
seis o siete años...? Bueno, éramos chicos...
Shun apenas levantó su cabeza, contemplando a Hyoga algo confundido,
mientras el rubio deshilaba el ovillo de recuerdos, sonriendo...
*^*^*
-IKKI!!!! OTRA VEZ PELEANDO!!!! YA TE HE DICHO, NIÑO, QUE SI VOLVÍAS
A PELEAR, RECIBIRÍAS UN CASTIGO!!!!!
-Ellos me molestaron!!!!
-NADA!!!! Ahora veremos si después de una noche en el altillo te quedan
ganas de buscarle camorra a los demás...!!!!!
Sin agregar ni media palabra más, Tatsumi sujetó al niño
por el cuello de la remera y lo arrastró hasta el ático clausurado,
en donde solía encerrar como escarmiento a los chicos que se pasaban
de listos. Ikki ya se conocía de memoria el lugarcito, húmedo
y helado, lleno de arañas enormes y con alguna que otra rata inquilina;
tantas veces había ido hasta allá, castigado con (y a veces
sin) motivos...
-AQUÍ TE QUEDAS, MUCHACHITO!!! HASTA MAÑANA!!!!!
Y cerró sonoramente la puerta tras de él.
Ikki se lanzó contra la hoja de madera, atacándola con sus puños
una y otra vez.
-Sácame de este asqueroso lugar, maldición!! SÁCAME DE
AQUÍ!!!!!
Pero era inútil. Siempre lo era.
Un trueno sacudió el lugar hasta sus cimientos. La tormenta se acercaba.
Tras espiar la forzosa retirada de su hermano mayor rumbo al altillo, Shun
corrió a su habitación, sus hermosos ojos verdes llenos de lágrimas.
Otra vez castigado, otra noche de soledad, otra vez llorar solito y asustado,
como uno de esos pichones de cardenal que habían encontrado en una
ocasión, piando por su madre.
Shun se sentía igual que esos pajaritos pequeños, indefensos,
temblorosos, suplicantes...
Un trueno, más potente que el anterior, casi lo hizo saltar en el pasillo.
De un tirón abrió la puerta de su cuarto y la cerró tras
de sí, apoyándose en la hoja, aún lloriqueando.
Comenzaba a llover.
Temblando, se acercó a la cama y se sentó abrazándose
fuertemente. Algunos mechones verdosos cubrían su mirada infantil,
asustada, entristecida...
-...Niisan...
Y ahora... quién iría a consolarlo...? Su hermano, castigado
hasta el día siguiente, y los demás chicos, en quienes no confiaba...
A quién acudir...?
Nadie...
Sólo él, con la tormenta...
Descorrió las mantas, para acostarse; pero un sonoro estampido le
obligó a entrar de un salto a las sábanas, enredándose
en ellas, aún sollozando apenas.
-...Niisan...
Tapó sus oídos con sus pequeñas manos, como si fuese
suficiente para acallar esos estruendos...
...de ninguna manera lo era...
Las lágrimas escapaban de sus ojos, mojando su rostro, empapando la
tela alba de su ropa de noche... no podía dejar de temblar... Cuánto
iría a durar esa tormenta...? cuánto duraría ese suplicio...?
Una hora...? dos...? tres...?
...toda la noche...?
-....niisan...
Arrastrándose bajo las sábanas, Shun llegó hasta la almohada
y escondió su cabeza bajo el mullido cojín, sus manos crispadas
de miedo.
Sus sollozos ya eran más audibles, las sábanas se estremecían
constantemente. Comenzó a repetir una y otra vez esa oración
que le había enseñado Ikki una vez... una oración para
ahuyentar el miedo, el terror de su corazón, una oración simple
que su madre le había enseñado en el confín de los tiempos...
Ángel de la Guarda, dulce compañía, no me desampares, ni de noche ni de día...
Sus labios se movían pero la voz no salía, ahogada por los gimoteos continuos, los ojos fuertemente cerrados, abrazándose estrechamente. Dónde...? Dónde estaría su Angel, en esos momentos...? Dónde estaba su salvación, su consuelo...?
...Ángel de la Guarda... dulce compañía...
Los truenos se sucedían uno tras otro...
...No me desampares...
Shun creía que el miedo lo mataría, tan oprimido sentía su corazón, tantos saltos daba...
...ni de noche... ni de...
-...Shun...?
El pobre chico no se detuvo a pensar siquiera en el hecho que alguien había
entrado en su cuarto sin llamar, ni mucho menos... una sola imagen, azuzada
por el miedo que estaba torturándolo, llegó a su mente...
-NIISAN!!!- surgiendo bajo las mantas, Shun dio casi un salto y se abrazó
a esa figura pequeña como él que se encontraba de pie junto
a la cama. –Niisan, qué bueno que estás aquí...!!
–lloró aún quedamente, ajustando el lazo, temblando de
alivio. No se le ocurrió pensar en cómo había logrado
salir de aquél ático horroroso, ni si había posibilidad
de tal cosa, ni en cómo reaccionaría Tatsumi...
...su hermano mayor estaba ahí, eso era lo que importaba para él...
...claro que...
-...Sh...Shun...?
El pequeño abrió sus ojos; repentinamente cayó en cuenta
de una cosa...
...esa no era la voz de su niisan...
Se separó con violencia, asustado, su mirada espantada clavada en
aquel desconocido que no se movía ni un ápice.
-...Tú... n-no... qu-quién...?
El niño temblaba febrilmente, sus ojos verdeazul fijos en aquella silueta
que aún no se movía, anónima en la tiniebla procelosa.
Por fin, una voz infantil llegó a sus oídos, igualmente temerosa
e insegura...
-No te asustes... yo no quise... es que...
Shun comenzó a relajarse lentamente; ese chico parecía casi
tan asustado como él...
-...escuché un llanto...
-...eh... sí... era yo...
-...por qué llorabas...?
-...los truenos me asustan...
-...en serio...? a mí también, un poco...
Un relámpago silente iluminó el cuarto a través de las cortinas claras del ventanal. El rostro tímido de un chico rubio quedó descubierto efímeramente, y se apagó al instante...
-...tú eres...?
-...Hyoga...
-...ah, sí... te recuerdo... perdona, pero no me doy con los nombres...
-...no hay problema...
-...pero tú recuerdas el mío...
El niño rubio miró hacia abajo.
-...sí... –respondió muy bajito.
-...entonces, ahora yo no olvidaré el tuyo... Hyoga...
...y sonrió...
En ese instante, el trueno que seguía a la flama celestial retumbó
en toda la Mansión, y Shun prácticamente se arrojó a
los brazos de Hyoga, quien permaneció casi inmóvil algo sorprendido
y sintiendo una suerte de cosquillas en el estómago, muy parecida a
la vergüenza. Sus mejillas se colorearon con un carmín suave...
-...perdón... –Shun levantó su rostro de querube hacia
su compañerito.
-...duermes solo...?
Silencio. Técnicamente dormía solo, pero eran muchas las noches
en que su hermano mayor le acompañaba en su descanso, escabulléndose
de su propia habitación que quedaba junto...
-...a veces... con mi hermano...
-...dónde está...?
Shun se apartó de Hyoga y se sentó en la cama; el rubio le imitó.
-...castigado...
-...oh...
De pronto notó que unas lágrimas brillantes rodaban por aquellas
mejillas sonrosadas.
-...no llores, Shun...
-...no—quiero-- llorar... pero—tengo-- miedo... y—mi—niisan...
–balbució quedamente.
Ese rostro quedó oculto entre las manitos blancas, aún más
lágrimas cayendo...
-No, no llores, no tengas miedo... –por algún motivo que no comprendía,
Hyoga no podía resistir ver a ese niño llorar... su propio corazón
se encogía en el pecho, de angustia e impotencia... casi sin pensar,
apoyó su mano sobre el hombro estremecido del muchachito más
pequeño -...yo te acompañaré esta noche para que no temas....
Automáticamente, Shun levantó el rostro hacia el rubio, con
un gesto indescifrable. Hyoga, por una vez, mantuvo la vista alta, a pesar
de ese calor que quemaba sus mejillas.
-...quedarte...?
-...sí... si quieres... es decir...
Shun contempló al niño frente a él con un cierto recelo...
pero la tormenta no daba apariencias de terminar... además, Hyoga parecía
tan afable...
-...bueno... –apenas se oyó su vocecita -...pero si llegan a
descubrirte fuera de tu pieza...
-...no tiene importancia... –Hyoga mismo se sorprendió de tal
respuesta; ambos niños subieron al amplio lecho y se acomodaron, frente
a frente, para dormir...
...o, al menos, intentar dormir...
Se quedaron un largo rato mirándose, como avergonzados, separados
por unos centímetros extensísimos. Los truenos continuaban,
pero ahora eran más parecidos a los gruñidos de un lobo que
a los rugidos de una bestia.
Aún el pequeño se estremecía...
-...Shun...
-...mh...?
-...cuando duermes con tu hermano...
Pausa.
-...sí...?
Hyoga suspiró apenas.
-...él... te abraza...?
Shun le contempló, casi diríase aliviado. Sus ojos de agua se
iluminaron cálidamente...
-...sí...
Pausa.
-...quieres que... ehmm...?
Por respuesta, Shun se acercó más a él y permitió
que aquellos brazos tímidos lo rodearan, como solía hacerlo
su adorado niisan; apoyó levemente su cabeza en el hombro del rubio
y suspiró. Sólo entonces su corazón se relajó,
latiendo más calmadamente, una sensación de bienestar recorriendo
su ser... una sensación tan agradable...
Sonrió.
Niisan...
Hyoga sentía algo similar. En las brumas de su memoria, recordaba
vagamente a una persona que le arropaba en las noches de tormenta, brazos
albos y suaves envolviéndolo en un capullo amoroso, amparándolo
contra el mal...
Ahora, teniendo a ese pequeñito a su lado, sosteniéndolo así,
volvía a ser bendecido por aquellas emociones casi olvidadas...
Sonrió a su vez.
Mamá...
El bramido de la tempestad ya no llegaba a ellos; agotados y sintiéndose a salvo en los brazos del otro, no tardaron en caer en un sueño profundo y tranquilo.
*^*^*
-...no me acordaba de eso...
Ambos jóvenes permanecían recostados en la cama, el muchacho
de cabellos esmeraldinos yaciendo en los brazos fuertes y cálidos del
Cisne.
...como en aquella vez...
Shun sonrió ante el recuerdo. Ya entonces, ya siendo niños,
Hyoga le había resguardado desinteresadamente...
Y luego, al ser Santos de Atenea...
Tantas batallas, tantos combates mortales...
...él le había salvado la vida tantas veces... le había
amparado, como en aquella ocasión cuidó de su sueño infantil...
Cómo pagarle...?
Cómo retribuirle...?
Hyoga...
Contempló lánguidamente a Hyoga, directo a los ojos. Éste
retribuyó la mirada, sonriendo.
Estaban tan cerca de aquellos ojos angélicos, tan cerca de ese ser
divino, de esa alma tan pura, de ese cuerpo...
...tan cerca...
Shun...
-...vamos a dormir ahora...?
El caballero de Andrómeda sonrió y asintió apenas. Cerró
sus ojos y su cuerpo se distendió casi inmediatamente.
El rubio permaneció un largo rato sumido en un éxtasis, perdido
en la observación de aquél rostro suave y amable, lindo y dulce,
que poco a poco perdía la tensión de la vigilia para perderse
en los brazos del sueño. Sus mejillas, tenuemente sonrosadas ahora,
su boca delicada entreabierta, sus labios nacarados apenas separados... su
aliento tibio cosquilleando sobre su propia piel...
El corazón de Hyoga dio un vuelco... cómo era hermoso ese niño!
Hermoso, puro e inocente... como un ángel...
Ese calor que nacía de su pecho estaba quemándolo por dentro.
Estar tan cerca de él, tan cerca que sólo necesitaba inclinarse
un poco sobre su rostro sereno para robarle lo que tanto deseaba...
...una caricia de aquellos labios...
...ambrosía de los Dioses...
...un beso...
Casi inconscientemente se dejó llevar por su ansia, acercándose
un poco más a aquél chico que ya dormía profundamente,
sin saber nada de lo que pasaba a su alrededor... no se daría cuenta,
estaba en otro Mundo en esos momentos...
...y él estaba tan ávido...
La boca de Hyoga casi se posaba, hambrienta, sobre los labios de Shun...
Pero en el último instante, el movimiento se congeló...
...Cómo...?!
Profanar de esa forma ese templo de pureza...??!
Contempló ese rostro, tan cercano ahora, tan deseable...
No... no puedo... no así...
Lo quería, era cierto... pero también era cierto que lo respetaba y que nunca se perdonaría ser él el culpable de arruinar aquél capullo de azahar con un beso robado...
Mordiendo sus labios, el rubio se apartó unas pulgadas, mandando a
su mente a acallar aquellos latidos enloquecidos en su pecho...
...inútil empresa era...
Miró algo dolido a su niño junto a él...
“MI” niño...? ...no... no aún...
Acarició con las yemas de sus dedos la piel de su rostro, apartando
algunos mechones verdosos. Sus ojos se perdían en aquella visión
divina.
-...No así... algún día, tal vez... tal vez... no será
necesario que te robe un beso...
Sonrió ante aquella luz de esperanza, y rozó la frente inmaculada
de Shun en lugar de su boca. Un beso devoto de amistad.
Era suficiente, por ahora...
Se acomodó, suspirando, sintiendo el aroma suave de la piel y los cabellos
de Andrómeda, sintiendo una inmensa paz en su alma, sintiendo que jamás
hallaría en todo el mundo a nadie con quien pudiese sentirse así...
Los relámpagos alumbraron brevemente el cuarto, el lecho, los jóvenes
abrazados tiernamente...
La tormenta, aunque lanzara toda su furia, ya no podía hacer mella
en aquellos corazones.
Fin