Déjame ir
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Estaba allí, sentado al lado del lecho de
su amor. Su alma, sufriendo el arrepentimiento, sintiéndose culpable.
- ... ódiame si quieres... pero no te rindas... no me dejes... –
apenas hablaba entre lágrimas – podría vivir sabiendo
que estas bien, aunque sea lejos mío.
- No es hora de llorar arrepentimientos y culpas – Shiryu sintió
compasión por su compañero, que sufría – Ven...
salgamos un rato... necesitas respirar aire puro.
- Ya le avisaron a Ikky?
- Él ya está aquí.
***************
Hacía más de una hora que Ikky estaba encerrado en la habitación
de su hermano. Hyoga, Shiryu y Sahory estaban en el bar de la planta baja.
- Necesito que me cuentes con detalles lo que pasó esta tarde –
pidió Sahory.
Hyoga no podía hablar, mucho menos contarle por qué Shun salió
corriendo de esa forma. Era completamente culpable.
- Hyoga... tengo que saber por qué Shun tomó semejante determinación
– insistió.
Silencio. El rubio no podía pronunciar palabra. “Sahory... por
favor no me pidas que te lo diga; jamás confesaría mi amor por
Shun... no después de que fe la causa de su accidente.”
- Sahory – Seiya venía llorando – Shun acaba de fallecer...
***************
Acababan de llegar del sepelio. La cara de cada uno reflejaba el estado de
ánimo general. Pero los que peor estaba eran Ikky e Hyoga. Para el
Fénix se había ido el motivo de su vida, su pequeño,
su hijo. Ya no quería vivir. “Para que continuar sufriendo, si
a él no le importó nada cuando se tiró bajo las ruedas
de ese camión.”
Todos comprendían el dolor y el sufrimiento de Ikky.
En cambio, Hyoga estaba peor que él, aunque los demás no podían
comprender el por qué. Sabían que habían estado juntos
aquel letal día, pero parecía sufrir la culpa del chofer que
atropelló a Shun.
- Creo que necesitamos descansar – Sahory estaba muy triste y cansada.
Era consciente de que sus caballeros hacía ya dos días que no
dormían, y los quería fuertes para superar el dolor del duelo
– vayan a dormir un rato... se sentirán mejor.
- No quiero sentirme mejor – Ikky estaba muy dolido – quiero estar
muerto... como él.
- No... no entiendes que ahora debemos estar todos juntos... ¿qué
gamas con eso?... – Sahory ya se estaba cansando de tener que aplacar
el dolor en el hermano; dulcifico su voz para volver a hablarle – Shun
no hubiera querido que mueras por su causa... debes ser fuerte... no me hagas
sufrir más – apenas susurró.
- A todos nos cuesta – Seiya intervino – a todos nos duele esto...
por favor... todos amábamos a Shun... no eres el único...
Al escuchar esto, Ikky salió de la sala dando un portazo. Por esta
discusión, nadie notó que Hyoga había desaparecido.
***************
Lloraba otra vez como un niño, como cuando se refugiaba en las faldas
de su madre. No concebía la vida sin su amor, sin su Shun. Se sentía
solo, abandonado.
“Cuanto te extraño... te necesito... me haces tanta falta...
Shun ¿por qué te fuiste?... ¿por qué me dejaste
solo?”
Deseaba morir, pero la muerte no lo apartaría del dolor. “Me
gustaría tener el poder para volver el tiempo atrás... jamás
te confesaría mi amor, sabiendo que así, en este momento estarías
vivo y conmigo...”
Deseaba morir, pero la muerte no lo apartaría del dolor. “Me
gustaría tener el poder para volver el tiempo atrás... jamas
te confesaría mi amor, sabiendo que así, en este momento, estarías
con vida y junto a mi”
- Hyoga...
- ¿Shun?... ¿Eres tú? – había algo de esperanza.
- Sí... estoy aquí... – Shun sonaba distinto; había
algo que le decía que “su pequeño” había
cambiado – ... ¿por qué me haces esto?
Hyoga se sorprendió con esta pregunta. Cerró los ojos, intentando
despertar. No podía creer que escuchara la voz de Shun. Se estaba volviendo
loco. Este sufrimiento lo estaba destruyendo.
- Respóndeme por favor...
Otra vez. Esto estaba empeorando. Quería salir corriendo, pero aún
tenía la esperanza de despertar; de creer que fue un mal sueño.
Abrió los ojos y quedó paralizado. Allí, delante suyo,
estaba Shun, “su Shun”, observándolo. Volvió a cerrar
los ojos. Pero algo se los abrió de nuevo. Sintió la tentación
de tocarlo, pero no lo logró.
- No puedes tocarme... estoy muerto, recuerdas.
Tras oír esto, Hyoga perdió la conciencia.
***************
Desde aquella noche, hacía ya tres meses, no había vuelto a
estar solo. Había padecido una paranoia que molestaba a sus compañeros.
En cuanto quedaba solo la voz y la imagen de Shun lo atormentaban. Con gran
pesar, veían sus compañeros crecer su demencia.
Pero aquella mañana nadie podía quedarse en casa con Hyoga.
Todos tenían quehaceres, así que quedaría solo, por primera
vez en meses.
En cuanto lo supo, empezó a sufrir una de sus crisis de pánico.
Sabía que le fantasma de Shun aún vagaba por la mansión,
y aunque lo amaba, le temía. Lo único que hacía era recordarle
aquel día en que se convirtió en el culpable de su muerte.
- Llévame contigo Shiryu – pidió, al borde de la desesperación
– tú sabes que si no fuera grave no te lo pediría.
- No puedo... – pero al notar en el estado en le que estaba su amigo,
le aconsejó – quédate encerrado en tu habitación,
con el rosario colgado en la puerta, así no entrará.
***************
- Ven Hyoga... sal de ahí... no podrás escapar de mi...
- No – gritó, y cerró fuerte los ojos – No... déjame...
por favor...
- No puedo dejarte... eres tú quien me retiene aquí...
- ¿Yo?... Cómo?
- Tu... hay algo que no resolvimos mientras estuve vivo, y hasta que no lo
resolvamos, estaré aquí, contigo.
Abrió los ojos. Se paró y camino lentamente hacia la puerta.
Tenía que enfrentar a “su Shun”; si él era el culpable
de que se encuentre allí, tenía que solucionarlo.
***************
- Por fin das la cara hoy – dijo Shun, con un dejo de sarcasmo.
- ¿Qué te pasó?... ese no eres tú...
- Nada... aún no me acostumbro a ser un fantasma.
- Dijiste que no podías irte por mi culpa... ¿qué puedo
hacer para que descanses en paz?
- ¿Recuerdas aún aquella tarde? – su voz era suave; volvía
a ser el de antes – ¿Recuerdas lo que me dijiste?
- Si... aún recuerdo como te empujé a la muerte... – y
ya no pudo más, comenzó a llorar.
- No llores... tan solo me asuste... no fue tu culpa...
- Si lo fue... si tan solo no hubiera dicho nada...
- ... Aún estaría sufriendo por amarte en secreto...
Hyoga dejó de llorar y levantó la vista. Lo vio a los ojos,
y sintió el amor recorrer todo su cuerpo. De pronto el temor que sentía
desapareció.
- Tú... tú... me... amas... – apenas pudo musitar. No
podía creer que Shun le correspondiera.
- Si... – y empezó a acercarse – y no me puedo ir hasta...
En ese momento lo besó. Hyoga no recordaba recibir un beso tan apasionado,
como el que Shun le estaba dando.
- Ven... – le dijo tomándolo de la mano – vamos a un lugar
más cómodo.
- ¿Qué quieres?
- Ya lo verás.
***************
Eran las 8 de la noche. Recién empezaban a volver a casa. Shiryu fue
el primero en llegar.
- Hola... Hyoga... ¿dónde estás? – grito al abrir
la puerta “¿Dónde estará? Lo llamé durante
todo el día y no contestó”
Se dirigió hacia la habitación de Hyoga. Cuando entró
no había nadie. Presentía que le había pasado algo malo.
Buscó por toda la casa, hasta que finalmente lo encontró. Estaba
muerto en la cama de Shun.
FIN