El Caracol
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El mar se veía de un hermoso tono topacio esa
tarde. Lentamente el sol comenzaba su retiro, sus rayos apenas comenzando
a rozar el extenso manto salado.
Shun, sentado en la arena, sentía silbar el viento entre sus cabellos
de tono esmeraldino y sonreía a la nada acuosa que se extendía
frente a él, una sonrisa suave y tierna.
Su piel se estremecía con el roce de la brisa marina, pero no tenía
frío; le encantaba esa sensación tan dulce, como la caricia
de una madre amorosa...
Las gaviotas solitarias sobrevolaban la extensa playa, como despidiendo al
día antes de sumergirse en la seguridad de sus nidos...
Shun suspiró... nunca antes había amado tanto la compañía
de la soledad...
Su mente por completo relajada...
Su cuerpo esbelto en reposo...
Casi podía salirse de su ser de carne, para flotar en la inmensidad
del mar... le agradaba esa sensación...
-Shun...!
Giró la cabeza a un lado, casi sin sorprenderse... esa voz era conocida.
-Hyoga...!
El rubio se acercó a paso lento, un gesto de agrado en su rostro... parecía como si el encuentro con el santo de Andrómeda hubiese sido fortuito...
-Qué haces aquí...? Ya va a anochecer...
Se sentó a su lado... no muy cerca... aún.
-Quiero ver el atardecer... no es hermoso?- agregó con un gesto de
felicidad casi infantil, señalando los cambiantes colores del mar-
...es un paisaje tan bello que me quedaría horas contemplándolo...
-...sí... es hermoso... –la voz de Hyoga no era muy segura...
Su mente divagaba un poco, algo nervioso por la cercanía de Shun...
...tan cerca de su dulce mirar... de su cuerpo incitante...
...el paisaje era hermoso...?
...no...
“...tú eres hermoso, Shun...”
Sus ojos, que estaban desviados hacia el perfecto perfil del
niño, se enfocaron en el océano intentando controlarse...
“...shimatta... me mata tenerte así y no poder decirte lo que
siento...”
Suspiró apenas. Shun no lo notó.
Durante un tiempo sólo miraron a lo lejos cómo el sol moría en el manto salado, de un tono entre sangre y fuego... sólo era una media naranja brillante sobre el mar...
-...Cómo me encontraste, Hyoga...?-preguntó
de golpe en muchacho, tomando al rubio por sorpresa- Creía que este
sitio estaba bien lejos del camino...
-Oh...! ermmm...-Hyoga se ruborizó apenas, pero en las luces esquivas
del atardecer no se notó -...pues salí a caminar, y llegué
aquí de casualidad... no tenía idea de que estabas por los alrededores,
suponía que saliste con Ikki al centro o que estabas durmiendo en la
Mansión... es un paisaje maravilloso, no pude dejar de observarlo...
El rubio temblaba al hablar... estaba mintiendo de cabo a
rabo... Él había seguido al niño desde el instante en
que lo vio salir de la Mansión, y siempre desde lejos se había
regodeado con la contemplación de ese ángel de belleza indescriptible,
y había caído en una especie de arrobamiento extático
durante todo ese tiempo...
...Shun, sentado frente al mar...
...Tan bello... tan dulce...
-Oh, qué casualidad...! –rió inocentemente
el pequeño, y Hyoga se obligó a corresponder a esa risa con
otra algo torpe.
Una racha de viento más frío los hizo estremecer... el sol ya
estaba terminando de ocultarse, y sólo algunos rayos de oro furioso
teñían el horizonte playero...
-...ya hace frío...
Shun se abrazó tratando de darse calor, y Hyoga lo
vio tan desvalido y dulce tuvo que hacer grandes esfuerzos para contener el
deseo de rodear esos frágiles hombros con sus brazos, atraer al niño
hacia él y...
...sacudió la cabeza...
-Sí, es cierto...
Shun se incorporó estirando sus entumidos miembros,
y el rubio le imitó.
De repente, y en virtud de un rayo moribundo de sol, algo llamó la
atención de Hyoga.
Se alejó del niño, y casi se adentró en las débiles
olas que lamían la playa de arenas grisáceas.
-Qué pasa, Hyoga...? –Shun estaba algo confuso.
Sin responder, Hyoga se inclinó sobre el límite entre el mar
y la tierra y levantó algo en sus manos. Shun, curioso, se aproximó
para ver...
-Qué es—OH, qué hermoso!!! –fue su exclamación, sus ojos verdemar brillando con admiración...
Hyoga sostenía un caracol marino de gran tamaño,
vacío, que a los rayos agónicos del sol semejaba de oro macizo...
-Qué hermosa caracola...!!! –volvió a exclamar Shun, arrobado
como una criatura ante una vidriera de juguetes. Hyoga rió a la inocente
fascinación del muchacho.
-Es un caracol marino...
-Sí, por eso, es una caracola...
-Ah...? Yo le digo caracol...
-Es lo mismo... –y volvió a reír...
Hyoga quedó hipnotizado por esa risa tan fresca y pura...
...tan hermoso...
“...Shun...”
El joven Andrómeda no percibió la mirada amante
de su compañero, distraído en su contemplación del tesoro
marino.
-...es hermoso...
-...si, lo eres...
Shun pestañeó, perplejo.
-Cómo dices?
Hyoga dio un respingo.
-...LO ES...!! el caracol, digo...
Shun asintió, y el ruso dio un suspiro.
Hyoga llevó el caracol a su oído, escuchando...
-Cuidado, no sea que tenga un cangrejo adentro...
-...no, no tiene nada...
Silencio...
-Qué se escucha...?
-No, me da ocupado....
-Hyoga...!
-Era un chiste...! –rió a su amigo; quedó un rato pensativo,
mirando a lo lejos -...escucho el eco de antiguas dianas marinas... y los
secretos tesoros de las minas azules del fondo del mar...
Shun estaba arrobado.
-Qué poético...!
-Verdad...? De repente recordé un poema que alguna vez leí...
La mirada de Shun se volvió de golpe codiciosa.
-Dámelo!
Pero cuando estiraba su blanca mano para tomar el caracol
dorado, Hyoga lo esquivó alejando el objeto de su alcance.
-Oh no, es mío, yo lo encontré... –agregó en tono
juguetón.
-Entonces, préstamelo... –Shun cambió su actitud por otra
más persuasiva.
Pero Hyoga no iba a dar el brazo a torcer tan fácil...
-Nooo, porque apenas lo tengas querrás quedártelo...
Shun se ofuscó y puso un morro malhumorado que Hyoga encontró
sencillamente adorable.
-Hyoga!!
-Este caracol es mío, mío, mío~~~ -canturreó suavemente,
con una risita.
-Hyoga, dame ese caracol...!
Ahora esa voz era imperativa, aunque no verdaderamente enojada...
El rubio le sacó la lengua en burla.
-HYOGA! –Shun se abalanzó sobre la mano que sostenía el
caracol de oro, pero el Santo del Cisne fue más rápido y tornó
a esquivarlo. Algo más picado, Shun atrapó ese brazo y tiró
para ponerlo a su alcance, pero Hyoga era más fuerte.
Riendo, Hyoga disfrutó de ese contacto con el ser que amaba en secreto...
una onda cálida lo envolvió al percibir que el niño se
arrojaba sobre él, muy cerca de su cuerpo, casi pegado, tratando de
alcanzar en puntillas el bello tesoro del mar, alto en la mano del rubio.
-Hyoga, no seas así, dame el caracol...! lo quiero...! –Shun
dio un saltito en un intento por atrapar el objeto, pero falló de nuevo...
Cayó contra el cuerpo de Hyoga, quien lo sostuvo inconscientemente
por la estrecha cintura con un brazo...
Shun se sorprendió un poco, y mal que le pese, se ruborizó.
Por un momento se olvidó del caracol para prestar atención a
la mirada celeste fija en él...
-Hyoga... déjame...
Pero el rubio no lo soltó.
-Dime, Shun... de veras quieres el caracol...?
El tono de su voz era grave y suave, como el viento entre
los peñascos del mar...
Shun se estremeció. Pero intentó guardar compostura y continuar
el juego.
-Sí, lo quiero...
Hyoga sonrió... pero de una forma tan extraña que a Shun no
le gustó nada...
El lazo en torno a su cintura se aflojó, y el muchacho dio un paso
atrás.
-Te daré el caracol... –el rubio hizo ademán
de otorgárselo -...pero... –lo volvió a alejar de la mano
ávida de Shun...
-...pero...?
-...tendrás que darme algo a cambio...
El tono de su voz era inusual. Shun comenzó a experimentar
cierto incomodo...
-..darte algo a cambio...? Pero qué...? Bueno, en fin, dame el caracol,
y cuando lleguemos a la Mansión—
-No en la Mansión –cortó secamente el Cisne, aproximándose
un poco más, sin dejar de mirar al niño directo a los ojos -...aquí
y ahora...
Shun estaba confuso... y aunque no lo quería admitir, algo asustado...
Los últimos rayos del sol casi morían en el mar...
El viento era más fresco y fuerte...
-...pero... pero no tengo nada qué darte...
-...sin embargo, hay algo que quiero de ti...
Shun se estremeció... pero no de frío...
Hyoga estiró el caracol dorado hacia el niño,
quien lo tomó con cierta confusión aún...
Levantó la vista hacia Hyoga...
-...qué quieres de mí...?
...esas palabras tan suaves dispararon una descarga de adrenalina
en el cuerpo del rubio...
...ya no pudo controlar más su deseo...
De repente, sintió Shun que las manos de Hyoga atraparon sus hombros con brusquedad; no terminó de sorprenderse y se sintió atraído hacia él, hasta pegarse a su cuerpo... el calor subió hasta su rostro, encendiéndolo furiosamente...
-Hyoga!!! Qué haces!? -...pero no pudo continuar...
Sus ojos se abrieron enormemente al sentir la boca de Hyoga unirse con la
suya. Quedó paralizado, no dando crédito a lo que ocurría...
...una oleada de fuego lo azotó por dentro y por fuera...
Aprovechando su sorpresa, y sin capacidad para resistirse, Hyoga acarició
con su lengua los labios del niño muy suavemente, antes de forzar su
entrada en esa boca deliciosa...
Al percibir la invasión, Shun se aterró y trató de zafarse,
pero el rubio lo sujetó por la espalda, una de sus manos reposando
en su cintura y la otra sujetando su nuca y acariciando sensualmente la base
de su cuello...
...el beso se tornó más profundo aún...
“...Hyoga, qué me has hecho...”
Shun gimió un poco, todavía resistiéndose...
pero finalmente cerró sus bellos ojos perlados con diminutas lágrimas,
y se aflojó casi por completo...
...ese calor lo estaba ahogando...
...su cuerpo espigado se veía tan frágil entre los fuertes brazos
del Cisne...
“...Hyoga...”
..casi sin darse cuenta, correspondió suavemente a
ese beso...
...casi sin darse cuenta...
Durante un minuto que semejó una eternidad, Hyoga libó de sus labios el dulce néctar de ese primer beso, acariciando con delicadeza el cuerpo estremecido de su pequeño amor...
“...te amo, Shun...”
...Finalmente, se separó de él con lentitud,
aún sosteniéndolo.
Shun creía que si Hyoga lo dejaba, caería al suelo de tan débil
que se sentía...
...el sabor de ese beso en su boca...
...el calor...
...ese calor tan delicioso...
...tan nuevo...
Su corazón era incapaz de bajar sus revoluciones.
Hyoga lo contempló largamente... no sonreía... sus ojos celestes
se opacaban un poco por la culpa de no haber sido capaz de refrenar sus deseos...
por ese beso robado a aquellos labios virginales...
...pero no se arrepentía de nada...
-...Shun...
Al oír su voz, el niño reaccionó.
Se soltó bruscamente de sus manos, sin levantar la vista. Su cabello
esmeraldino era casi negro en la luz efímera del crepúsculo.
Un sonido sordo, al caer el caracol que aún sostenía en su mano
sobre la arena oscura y fría.
Un segundo pasó, y otro sonido más claro al cruzar la mano temblorosa de Shun el rostro impasible de Hyoga.
El rubio no se movió ni dijo nada; su mano tocó
la mejilla que ardía por la bofetada, pero no se atrevió a recriminarle
nada...
Shun estaba temblando, azotado por sentimientos tan confusos que lo asustaban.
Su mirada estaba oculta por sus mechones de seda negra; sentía que
su piel se quemaba, su respiración era entrecortada y febril...
...lloraba...
Sin una palabra, se largó a correr por la playa en
dirección a la Mansión.
Hyoga no se volteó para verlo alejarse de él.
El caracol sobre la arena destelló por última vez, al morir
el rayo final del día sobre su superficie de nácar.
Fin.