Acompañame II
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Entró a la oficina apenas alumbrada por el tenue brillo de la noche. Dejò sobre el escritorio el portafolios con los proyectos que debian ser aprobados, se quitó el saco, aflojò un poco el nudo de la corbata y caminó al cuarto contiguo.

Una de las paredes presumìa en ventanal enorme permitiendo vista inigualable de la ciudad. Saori habia mandado construir ese cuarto especialmente para èl, y aunque Shun apreciaba las buenas intenciones de su amiga, pero él simplemente odiaba ese lugar.

Sin embargo no siempre había sido así.

*¿En dònde estàs?*

Posó una mano sobre el enorme cristal mientras el brillo de la luna se reflejaba en su rostro.

*¿Te olvidaste de mi?*

*Algo debió pasarle*

Bajò la mirada entristecida. Eso no podia continuar asì, sin importar lo que fuera èl debìa saber què era lo que estaba pasando.

La mañana era fresca, el vuelo hacia New York era anunciado por el altavoz. Shun caminaba rumbo a la sala de abordaje, sòlo llevaba una pequeña maleta, su viaje seria corto; no avisó a nadie que lo haria, en la compañia sòlo dijo que visitaría algunos clientes para finiquitar negocios.

Esperaba poder ver a Hyoga y aunque no estarìan mucho tiempo juntos, por lo menos averiguaría cómo se encontraba el chico encargado de robar sus sueños.

Horas después, el avión por fin arribó a la ciudad de la gran manzana. El viaje había sido desgastante, la tormenta de nieve obligó al piloto a hacer escala improvista para horas después retomar el curso.

Shun enrolló la bufanda a su cuello y mientras salía del aeropuerto terminaba de acomodar los guantes en sus manos.

El viaje no habia empezado nada bien; el retraso del vuelo, ese horrible frío y la señorita de la ventanilla que al parecer hablaba de japonés lo mismo que él de inglés. Mejor optó por correr su propia suerte y salir en busca de las instalaciones Galahar.

Cansado de caminar tomó asiento en una de las bancas del parque al que por azar habia llegado. Dejó su maleta a un costado y suspiró profundo al tiempo que hundía la mirada en el asfalto.

¿Qué desequilibrada idea lo había seducido a llegar a ese lugar?... Si, en definitiva el viaje era un error, o por lo menos los incidentes lo acercaban mucho a eso. Hubiera sido mas sencillo hacerlo bajo el cobijo de Saori, o Seiya, que ya tantas veces había viajado a esa ciudad. Ahora lo único que podia hacer era llamar a la lejana mansión Kido y pedir a su amiga la ayuda que ya tanto empezaba a necesitar

Abruptamente sus pensamientos terminaron cuando escuchó un ligero ruido a su costado, alcanzó a ver el rostro joven de un hombre que tomaba su equipaje y a toda velocidad comenzaba su carrera a través de los arbustos. Shun se levantó de inmediato y siguió al hombre, pero éste conociendo de antaño el lugar no tardó demasiado en separarse de su perseguidor. Fue entonces que Shun decidió detener la persecución, después de todo aquello podría ser peligroso, y a sabiendas de las circunstancias no deseó empeorarlas. Cabizbajo regresó lentamente hacia la banca donde descansaba minutos atrás.

Ahora si que las cosas se habían arruinado, su única salvación se había ido en aquel equipaje junto con las tarjetas y dinero que llevaba. La única solución que se le ocurría era buscar algún policía y tratar que éste lo ayudara. Con su mano cepilló sus cabellos; ya podía imaginar los encabezados de los diaros: ..."Shun Kido en la estación de Policias de N.Y."... Eso perjudicaría la “pulcra” imagen de la fundación Galahar, sin contar con el enfado de Saori y los demás.

"Soy un estúpido" Cubrió con ambas manos su rostro.

-¿Qué es lo que te pasa muchacho?

Shun levantó el rostro hacia al hombre alto, de ojos y cabellos azulados, que se había detenido frente a él.

El hombre se quedó estático al mirar aquél rostro tierno de facciones finas que acompañaban los ojos mas hermosos que había visto jamás.

-¿Usted puede entender lo que le digo?

La voz suave del muchacho peliverde hizo apartar sus ojos de aquel fino rostro. -Si, por supuesto- El hombre se quedó una vez más sin saber qué hacer cuando el chico de cabellos verdes se levantó de aquella banca y lo abrazó.

-¡¡Por favor tiene que ayudarme!! -Dijo el chico casi entre sollozos- Recién llego de Japón, un ladrón me robó mi equipaje, no conozco este lugar... y me he quedado sin nada.

El hombre aún sorprendido de sus propias reacciones sintió la necesidad de acariciar aquellos cabellos... y lo hizo. No podía comprender cómo era que un chiquillo desconocido podía provocar ese tipo de emociones en todo su ser.

-Está bien, yo te ayudaré. -Lo separó de sus brazos y con suavidad deslizó sus manos por las mejillas pálidas mientras disimuladamente recorría de pies a cabeza la figura esbelta del chico -¿Necesitas dinero?

Shun negó con un movimiento de cabeza -Solamente quisiera encontrar esta dirección. -Sacò el pequeño papel que por fortuna había guardado en la bolsa de su abrigo y lo entregó al hombre.
“¡¡No puede ser!!” Por un segundo su mirada se sobresaltó

-¿Ocurre algo?

-No... no es nada. El lugar no está demasiado lejos, sólo tienes que caminar algunas calles hasta llegar al edificio mas alto y elegante, no tienes posibilidad de perderte. Dime ¿Quieres que te acompañe? -Ofreció a su dueño el papel, y Shun lo tomó, mientras lo hacia la mano de aquel hombre se posó sobre su hombro y comenzó a acariciarlo- Si lo deseas podríamos ir a un lugar muy agradable...y tan bonito como tú.... nos divertiríamos mucho.

Por primera vez Shun miró a aquel hombre con desconfianza. -No... no es necesario, usted ya me ha ayudado demasiado. - Se apartó de él e hizo un ademán- Le estoy muy agradecido por ello.

El hombre dibujó una sonrisa incompleta en su rostro. –Está bien muchacho, nos veremos después.
-Si -Atinó a decir mientras comenzaba a caminar rumbo a la dirección que el hombre había indicado.

La noche asentuaba el frio que acompañaba a los pequeños copos de nieve. Pero en realidad ya nada de eso importaba, Shun no podía evitar la sonrisa en su rostro, sus pensamientos eran totalmente dedicados a Hyoga. A “su” Hyoga. Más de dos años sin saber de él, de su otra mitad de cielo, de su todo, de su amor. Ahora eran sólo unos metros los que lo separaban de él.

Por fin llegó al edificio señalado por aquel hombre, del cual apenas había caído en cuenta que nunca se presentaron, estaba agradecido con él y quizás algún día lo buscaría para devolver un poco de su gentileza, pero en ese momento sólo sentía los latidos de su corazón apresurar su ritmo con cada paso que daba dentro del edificio.

-Disculpe... ¿Podría decirme en que piso se encuentra la oficina de Kido Hyoga? -Dijo dirigiéndose a la señorita en la recepción.

-La oficina del SEÑOR Kido se encuentra en el piso 28 -Contestó la mujer con un poco de tosquedad.

-Le agradezco la información. –Emocionado oprimió su puño y apresuró su paso hacia el ascensor. Pero apenas unos pasos y...

-¡¡Un momento!! –Gritó la desde la recepción- ¡No puede pasar! Necesita tener una cita previa.

-No... no la tengo.

-Entonces no puedo permitirle el paso. Váyase o llamaré a seguridad.

-Pero es que usted no entiende, vengo desde Japón sólo para hablar con él.

-Lo siento mucho, pero asi son las reglas.

-Escuche... yo soy Shun Kido.

-¿Podria mostrarme una identificación?

-No, cuando venía camino a este lugar un ladrón se llevó mi equipaje, ahí estaba mis documentos.

-Lo lamento pero no puedo hacer nada por usted, faltan pocos minutos para la hora de salida asi que es mejor que se marche.

-No puedo hacer eso, -Miró a la mujer sintiendo un balde de agua helada caer sobre su cuerpo- no puedo irme sin antes hablar con él. ¿Por qué no lo llama? Si le dice que soy yo, seguramente bajará él mismo a recibirme.

-Por supuesto que no, escuche… No tengo porque darle esta información, pero ya no quiero seguir perdiendo el tiempo con usted,.... el Señor Kido no se encuentra en su oficina, pidió unas vacaciones, según versiones extra oficiales tiene algunos problemas con su salud.

Al escuchar aquellas palabras sintió el corazón detenerse por unos segundos mientras en su mente aparecía la imagen de su amado Hyoga convaleciente por alguna fatídica enfermedad.

"Entonces Yo tenía razón.... Hyoga no quería mortificarme"

-Pero dígame.... ¿Es algo grave? –Articularon por fin sus labios cuando la impresión se despejó de su mente.

-No lo sé, al parecer nadie sabe con exactitud lo que le pasa al Señor Kido.

-¡¡Por favor tiene que decirme dónde puedo localizarlo!!... ¡¡Se lo suplico!!

La mujer estaba por negar la petición pero, la mirada estremecida del muchacho peliverde le hicieron de alguna inexplicable manera acceder a sus ruegos. Se acercó al computador y comenzó a buscar la información. Un par de minutos después escribía en una pequeña tarjeta.

-Ésta es su dirección, muestre a cualquier persona lo que dice el papel y le dirán como llegar, es una zona exclusiva conocida por la mayoría de las personas de esta ciudad.

-Jamás terminaré de agradecerle esto que está haciendo por mi –Dijo mientras una enorme sonrisa devolvìa la luz a su rostro.

-La mejor forma en que podrías agradecerme es olvidando que estoy haciendo, si alguien llegara a enterarse sería despedida de inmediato.

-Le doy mi palabra que ninguna de esas dos cosas pasarán.

-Confío en ti muchacho.

-No la defraudaré Señorita Shaina -Dijo adivinando que el nombre aparecido en el anverso de la tarjeta pertenecía a ella. Sujeto una de las manos de la mujer y le dio un suave beso.

-Estaré en deuda con usted por toda mi vida. -Diciendo esas palabras comenzó a marcharse.

La mujer lo miraba alejarse mientras una sonrisa se formaba en su rostro. De pronto le parecia que el afecto de ese chico por el Señor Kido no era tan malo.

-Sabes, no hay nada que disfrute más que esto. Me encanta estar a tu lado, aquí, sólo tú y yo, acostados en el sillón viendo una película que a decir verdad no tengo idea de qué se trata. –Dijo mientras daba calurosos besos muy cerca de los labios de su acompañante.


-Si pusieras un poco de atención en el televisor, y no en mí, sabrías de qué se trata.


-No me importa la película, yo quiero estar contigo. -Con voz suave le hablò al chico sentado entre sus piernas- Afuera esta haciendo mucho frío ¿Por qué no te quedas esta noche?


-Porque no puedo hacerlo, es mi trabajo, no puedo sólo decir que estoy enfermo de algo y faltar, no tengo tratos especiales como los que a ti te dan.


-Yo puedo darte todo lo que deseas.

-Eso es verdad –Dijo con pequeñas risas mientras acariciaba el pecho del otro chico.

-No tienes que trabajar, y menos si arriesgas tu vida de esa manera.

-Ya hemos hablado de eso. –Miró su reloj, suspiró y dio un suave beso al otro chico- Es tarde, tengo que preparar la cena antes de que me vaya. No quiero que mi amante muera de hambre en mi ausencia. –Dijo guiñando un ojo.


El chico salió de entre las cobijas que aminoraban el frío clima, y quedando en bata de baño, se dirigió a la cocina. Sacó algunas verduras de la nevera, y puso a hervir un poco de agua, tenía que preparar una cena deliciosa para que su amante no lo extrañara demasiado en la noche fría. Echó las verduras al agua caliente y con el cucharón comenzó a darles vueltas mientras sazonaba un poco.

-¿Mi Chef favorito requiere un poco de ayuda? –Abrazó por la espalda al chico que cocinaba al tiempo que dejaba caer un poco de sal al platillo que se preparaba en la estufa.

-Espera sólo un poco, no tardará mucho en estar listo. Una sopa caliente nos vendrá de maravilla con este frío.

-Yo no tengo frío. –Deslizó sus manos abriéndose paso entre la bata del otro chico y comenzó a acariciar el pecho del muchacho y a dejar pequeños mordiscos en su cuello- Sí tú tienes frío... yo puedo quitártelo. –Dijo hablándole suavemente al oído.

-Te digo que tengo que preparar la cena.

-Deja eso... pediremos pizza -Diciendo esto levantó la bata de baño y comenzó a acariciar el trasero firme del muchacho.

-Espera, ahora no, estamos en la cocina ...Hyo... -Un gemido interrumpió sus palabras al sentir la mano hábil de su amante frotando su parte más íntima. No podía evitarlo, su excitación crecía con cada caricia que su cuerpo recibía. Y su amante lo sabía.
Desabrochó la bata que inmediatamente cayó al piso al igual que la suya, y aprovechando la rendición del muchacho lo llevó unos pasos atrás donde se encontraba una pequeña mesa en donde recargó el pecho del muchacho dejando al descubierto aquel pequeño orificio que se había vuelto desde hace meses sólo para él, y él no lo desperdiciaría, disfrutaría de eso, y de todo lo que aquel chico le ofrecía. Introdujo uno de sus dedos dilatando aquella parte, no dejando nunca de disfrutar de la respiración agitada, los gemidos y todo lo que producía en su amante, una vez que supo había logrado su propósito, colocó su miembro firme en la pequeña entrada y lentamente comenzó a penetrar sintiendo la natural resistencia del aquel estrecho orificio. Acarició lentamente la espalda tersa del chico como si con ello previniera del siguiente paso, sin pensarlo más, de un jalón decidió llegar hasta el fondo. El chico bajo él, lanzó un grito y se sujetó de la extremidad de la mesa para oponer resistencia al ir y venir que su amante dejaba sentir sobre su cuerpo. Una lágrima asomó por sus ojos; nunca había dejado de ser difícil acostumbrarse, pero él simplemente no cambiaría por nada ese momento, el amaba ese dolor, ese placer, ese intenso hervor en lo más profundo de su ser.


No tardaron mucho en llegar al clímax. Con una sonrisa discreta en ambos rostros, los cuerpos sudados terminaron tendidos sobre el piso.


-Estuvo increíble Hyoga. –Dijo el muchacho aún con la respiración agitada.


Hyoga miraba aquellos ojos juguetones que el tiempo ya se había encargado de hacerlos parte de su vida cotidiana.

-Lo sé. –Dio un beso apasionado al muchacho.

La puerta al décimo piso se abrió, Shun salió del elevador, sonreía abiertamente y su corazón latía tan fuerte que parecía querer escapar de su sitio. Observó un poco el lugar, sin duda era una zona exclusiva, no cualquiera podría pagar el lujo de vivir en tan ostentoso lugar tan elegantemente decorado. El elevador había dado paso a una pequeña estancia donde se encontraban algunas plantas de sombra, algunos asientos, e incluso un pequeño ángel en mármol por el cual resbalaba una delgada corriente de agua.

Tomó asiento en uno de los lujosos sofás y observó el corredor que se encontraba enfrente suyo. Suspiró y arropó con sus manos su pecho, cerró los ojos y sintió con transparencia el latir de su corazón. Entonces, recordó aquel paraje en la montaña donde había sentido latir de igual manera el corazón de aquel chico que desde el momento que conoció se había encargado de robar su corazón. Volvió a suspirar, y lentamente abrió los ojos, en eso, pudo distinguir a un hombre que salía de la puerta más distante del corredor, era un hombre alto, delgado y de inigualable cabellera rubia.

Se puso en pie de inmediato y dio algunos pasos en dirección del corredor, cuando pudo ver que de la misma puerta salía otra persona. Entonces se ocultó a la sombra del ángel en mármol, y esperó a que la lejanía se acortara y aquellos rostros se hicieran nítidos a sus ojos. Y así fue, a unos metros pudo indiscutiblemente distinguir el rostro de su amado Hyoga y, un par de metros más cerca, descubrió que aquella otra persona que acompañaba a Hyoga... era otro hombre, un muchacho unos centímetros más bajo en estatura, de cabellos castaños igual que sus ojos grandes, y con una sonrisa tiernamente traviesa.

Su alegría creció al doble al reconocer completamente a su querido amigo Seiya. Nunca imaginó que aparte de reencontrar a su amor, estaría también a unos metros del amigo que desde su infancia había sido el ser en el cual podía desahogar sus tristezas, su llanto, su alegría, sus sueños.

Éste sin duda se convertiría en uno de los momentos más felices de su vida... y no había nadie más con quien deseara compartirlo que con su amigo Seiya.

Salió de su escondite, pero a sólo unos pasos, súbitamente sintió helar su sangre y al tiempo despiadadamente detenerse en aquel cuadro que se reflejada en sus ojos.

Seiya se aferraba al cuello de Hyoga, y éste apresaba al otro chico por la cintura mientras ambos se desleían en el beso eterno que por sentencia se encargaba de destruir el corazón que había imprudentemente jugado de espía.

El escondite dio lugar a la huída, con pasos cortos y lentos Shun logró llegar hasta la puerta del ascensor, y con una mano nunca antes tan temblorosa atinó por fin a llamar al elevador.

El sonido de la pesada puerta abriéndose pareció distraer la historia de aquel beso, Hyoga levantó la mirada y...
...dudó...
...dudó de aquella figura...
...del destino...
...de la eternidad del beso en el que estaba sumergido...

...Dudó que eso estuviera pasando.

Se apartó bruscamente de su amante y dio unos pasos para que sus ojos terminaran con aquella desleal ilusión, pero no fue asi. Aquellos ojos que en cualquier situación eran bellos lo miranban sin reclamo, sin condena, simplemente estaban llenos de confusiòn, desiluciòn y dolor. Hyoga sintió como si una daga atravesara su corazón. En ese momento se sintió el peor hombre sobre la tierra, y, recordó que él se había traicionado, y peor aún, lo había traicionado a él.

-¡¡ESPERA!! -Gritó en forma desesperada cuando la puerta del elevador comenzaba a cerrarse. Trató con todas sus fuerzas de llegar a tiempo, pero fue inútil, un paso antes que él lo lograra la puerta cerró. Sin perder tiempo corrió a las escaleras y comenzó a descender mientras rezaba para que aquel elevador no llegara a su destino final antes que él.


-¡Hyoga! ¿A dónde vas? –Seiya gritó sin lograr entender– ¡¿Qué es lo que está pasando?! –Al no recibir respuesta decidió ir tras él.

Por fin llegó a la planta baja y logró ver el ascensor el cual permanecía abierto y completamente vacío. Hyoga salió del edificio y miró hacia todas direcciones. No podía encontrarlo, las personas que transitaban por la acera, los inoportunos copos de nieve y la obscuridad de la noche dificultaban su búsqueda. Pero el chillar de unas llantas le hizo volver la vista hacia aquel lugar. No muy lejos logró ver a Shun que asustado se había paralizado por segundos frente al auto que por muy poco lograba arrollarlo. Hyoga sin pensarlo se dirigió hacia él, y muy pronto estuvo a unos metros del chico peliverde.

-¡SHUN POR FAVOR ESPERA!

Pero Shun no hizo caso y siguió su camino.

-Maldición! -Hyoga apresuró su carrera hasta por fin lograr alcanzarlo. Sujetó uno de sus brazos, pero Shun forcejeaba intentado liberarse. Desesperado, Hyoga lo abrazó por la espalda y aunque el otro chico seguía resistiéndose lo cargó hasta llevarlo a un pequeño callejón que para fortuna de Hyoga se encontraba a unos pasos de donde ellos estaban. Lo bajó y aprensó sus muñecas contra la pared.

-¡Shun no es lo que estás pensando!

-¡¡¿Qué no es lo que estoy pensando?!!.... ¿Qué es lo que quieres que piense Hyoga?....¡¡Yo los vi!!....¡LOS VI BESARSE!

-Shun... yo...

-¡¿Por qué Hyoga?!.... ¿Y lo que pasó aquel día?... ¿Acaso todo fue mentira? Yo confiaba en ti creyendo que lo que había entre nosotros era algo serio, algo importante, algo hermoso... ¿Por qué mentiste?

-Lo siento Shun, no era mi intención lastimarte.

-Siempre fue una mentira. –Dijo en un susurro mientras los mechones aglomerados en su rostro ocultaban su mirada.

-No, no lo fue. Después de que nos separamos lo estuve pensando por mucho tiempo... Tú tenias tu vida en Japón y yo la mía en este lugar. Escucha Shun, hay muchas personas que aprovecharían cualquier oportunidad para estar contigo, yo no podía saber si habías conocido a alguien y te habías enamorado, o si te habías olvidado de mi; yo simplemente no podía vivir despertando todas las mañanas y ver que tú no estabas a mi lado, y lo que era peor, saber que no lo estarías. Las cosas pasan por algo, y quizá nuestro destino no era que estuviéramos juntos.

-¿Destino?... ¡Cómo puedes decir eso! ... Nosotros hacemos nuestro destino. Yo nunca te traicioné! Mi corazón jamás podría ver a otro que no fueras tú. Pero en cambio tú y....Seiya... –Su cuerpo tembló y aquellas manos que en un principio lo aprensaban contra la pared se convirtieron en su único sostén.

Hyoga dejó que en un movimiento suave aquel cuerpo debilitado se deslizará al piso hasta quedar ambos arrodillados.

-Shun debes saber que en ese tiempo sin ti, y mi corazón y mente confundidos, él llegó a mi vida, no sé cómo paso, pero en poco tiempo yo me encontré en sus brazos. No voy a mentirte Shun, él se ha convertido en parte de mi vida... eso no puedo negarlo.

El muchacho de cabellos peliverdes parecía haber enmudecido, estático mantenía la mirada clavada en la nieve acumulada en el piso.

Hyoga apoyó sus manos sobre los hombros de Shun, y como si ese movimiento hubiera sido detonante, un par de hilos cristalinos resbalaron por las mejillas del pálido rostro.

-No por favor... te lo suplico. No llores Shun... no hagas esto mas difícil. No quiero que sufras por mi, no vale la pena.

-Hyoga.... tú.... ¿lo amas?

Por unos segundos Hyoga miró ese par de esmeraldas que expectantes esperaban cada palabra que fuera pronunciada por el chico rubio.

--Al fin te encontré!! -La voz ajetreada de Seiya interrumpió.

-Debo irme. - Sin mirar al recién llegado, Hyoga le habló con suavidad al chico peliverde.


--¿Qué es lo que está pasando? –La sonrisa de Seiya desapareció y miró confundido al chico que se encontraba frente a su amante- ¿Shun... eres tú?

Shun tomó las manos de Hyoga y las apartó de sus hombros, secó aquellos hilos cristalinos de su rostro, y se puso en pie. Miró por unos segundos al chico de cabellos almendrados, y sonrió dulcemente, después siguió con su camino.

Seiya miró fijamente el rostro de su amigo, aquella sonrisa inconfundible era la que siempre recibía de parte de él, sin embargo, aquel par de esmeraldas decían otra cosa; la tristeza y la alegría compartían un mismo espacio “¿Es eso posible?” Al ver que Shun se marchaba, estiró su brazo para tratar de alcanzarlo, pero no se atrevió a tocarlo, él simplemente no quiso arriesgarse a dar pie a una reconciliación. Shun se había marchado “No tiene porqué haber más” Con ese pensamiento repitiéndose en su mente se acercó hasta quedar a un par de pasos de Hyoga quién permanecía de pie mirando el vacío dejado por aquella silueta.

-…Hyoga… - Pronunció aquel nombre con tal suavidad que consiguió de inmediato la atención del chico rubio- ¿Qué está pasando?...¿Por qué Shun se marchó llorando?....No entiendo nada, por favor explícame qué fue todo eso.

La mirada de Seiya se turbó y un escalofrío recorrió su cuerpo, mientras esos agudos ojos celestes permanecían clavados en él.

-Hyoga....

-Necesito estar solo. -Sin decir una palabra más el chico rubio se marchò.

Apenas dobló en la esquina del callejón, la mascara cayó, aquella sonrisa desapareció por completo de su rostro.


“¿Por qué?”

“¿Por qué tuvo que terminar algo que apenas comenzaba?”

“A dónde se irán todas esas caricias, esos besos, esas palabras, ese amor... todo aquello que nunca fue dicho, que nunca fue dado, que nunca fue sentido”

“¿Cómo pudo pensar qué yo me fijaría en otra persona?”

“El tiempo, la distancia y la desconfianza terminaron con el amor que había entre los dos”

“Él encontró otra persona, alguien que pudo darle lo que yo no, alguien que tuvo el valor de darle los besos y caricias que yo sólo soñé”

“Él se olvidó de mi”

“Terminó”

Los pasos lentos y secos terminaron por llevarlo de regreso al pequeño parque donde horas antes había estado. Se detuvo justo a la luz de una farola y volteó su rostro hacia aquella deslumbrante luz.


“¡No!”


“¡No ha terminado! ¿Ahora qué hago con este inmenso dolor que cubre mi corazón? ¿Cómo me quito de la cabeza aquella promesa, sus ojos celestes, su voz, su sonrisa? ¿Cómo olvido que por él incluso podría dar mi vida?...

- ¡¡Cómo podría olvidarme de Hyoga sí yo lo amo!!


Shun se dejó caer arrodillado sobre el piso, cubrió su rostro con sus manos mientras las lágrimas agolpadas volvían a escurrir de sus ojos.

A unos cuantos metros de la farola, sobre la avenida, un flamante auto deportivo se detuvo, y un hombre salió de él. Por unos minutos miró con curiosidad al chico bajo el resplandor y, se acercó a él apoyando sus manos sobre los hombros angostos.

Shun al sentir aquellas manos reaccionó asustado y levantó su rostro para mirar a su dueño, pero la intensa luz de la farola ensombrecía el rostro frente a él. Arrastrándose hacia atrás, hizo lo posible por alejarse, pero el hombre estirando su brazo logró sujetarle de un tobillo

-Suélteme!

-Espera, no tengas miedo.

Logró liberar su tobillo. Pero apenas intentó ponerse en pie cuando sintió aquel cuerpo mas grande y pesado sobre el suyo. El hombre sujetó sus manos impidiéndole cualquier escape.

-Déjeme ir!! -Su cuerpo temblaba de miedo y la desesperación comenzaba a invadirlo.

-Tranquilo... ¿qué no me reconoces?... soy yo, mírame bien.

Shun dejó de intentar liberarse y miró fijamente el rostro cercano de aquel hombre.

-Acaso ya no me recuerdas?

Su mente más tranquila logró reconocerlo. -Yo lo siento... estaba un poco distraído....

-Está bien no importa.

El hombre se puso en pie y ayudó a Shun hacer lo mismo.
-Ya es muy tarde. Qué haces a estas horas aquí?

-Nada... yo sólo... sólo caminaba señor.

-Caminabas? No me pareció que hicieras eso hace un momento. Pensé que algo te había pasado por eso fue que me acerqué.

Shun bajó la mirada apenado por mentir.
-No te pongas así, por lo que haya sido me alegra verte de nuevo. Dime muchacho ¿Cuál es tu nombre?

-Shun.

-Shun? Vaya es un nombre inusual para un japonés. Y qué fue lo que paso Shun? Acaso no lograste llegar a la dirección que querías?

-Si, estuve ahí.

-Entonces qué es lo que te pasa?

Pero Shun no respondió sólo hizo un movimiento negativo con su cabeza.

-Mmmm.... debe ser por ese chico al que amas, no es asi?
La mirada de Shun se estremeció y miró al hombre sorprendido, pero no pudo preguntar como era que se había enterado ya que su boca fue sellada por el nudo que se formó en su garganta al recordar al chico en cuestión.

-Así que tengo razón.

Un lloroso gemido se escapó de los labios del chico peliverde y no pudiendo contener mas sus lágrimas cubrió su rostro con ambas manos.

-No llores, todo estará bien. –Dijo rodeando con sus brazos al muchacho.

-¿Cómo pudo hacerme eso?... –Los sollozos apenas hacían entendibles sus palabras.

-Desahógate lo que quieras yo estoy aquí. –Acarició el suave cabello peliverde.

-Por qué las cosas tienen que ser así, sí yo lo quiero tanto. –Dijo hundiendo su rostro en el pecho que lo protegía.

No fue hasta después de varios minutos que logró calmar aquellos sollozos.

-Te llevaré a tu hotel, ahí estarás mejor.

-No tengo un lugar a dónde ir, antes que pudiera hacer algo fue que me robaron el equipaje.

Aprovechando que Shun no lo veía sonrió discretamente. - En ese caso serás mi huésped de honor. Vamos sube al auto, iremos a mi casa y te daré un poco de té para que puedas relajarte un poco.

El hombre lo condujo hasta su auto y abrió la puerta del copiloto.

-Sube.

Pero Shun dudaba en hacerlo.

-Vamos… no tengas miedo, somos amigos no?

-Si señor.

-No me digas “Señor” me haces sentir demasiado viejo… llámame "Kanon". Ahora sube al auto, prometo tratarte bien… como todo un huésped de honor.

-Eres muy amable Kanon. –Shun subió al auto.

Después que el chico se acomodara en el asiento Kanon de inmediato cerró la puerta, con una enorme sonrisa caminó hacia el lado del conductor, encendió un cigarrillo, subió al auto e hizo rugir el motor.

No tardaron mucho en llegar a la casa que resultó ser una enorme mansión, Kanon sin duda era uno de esos millonarios que no reparaban en gastos con tal de vivir con los mayores lujos posibles. Pero a Shun todo aquello le pasaba desapercibido, durante el camino permaneció callado, y aunque Kanon no paraba de hablarle, su atención no estaba en ese lugar; sin que él lo quisiera las palabras de Hyoga y ese beso con Seiya, una y otra vez volvían a su mente.

Por su parte Kanon había aprovechado cualquier momento para mirar a su acompañante. Esa pequeña sonrisa no desaparecía ni por un segundo de su rostro porque él sabía que la desgracia de unos podía ser la felicidad de otros. Él había tenido suerte de ver a Shun en el parque. Ese muchacho llamó fuertemente su atención, y Kanon no era el tipo de hombre que desperdiciaba oportunidades, fue por eso que ordenó a uno de sus sirvientes robar el equipaje de Shun. Después sólo se acercó a él, y tampoco fue casualidad que lo volviera a encontrar en el parque, él discretamente lo había seguido todo el tiempo, e incluso presenció a lo lejos aquella escena en el callejón.

Salió del auto y abrió la puerta del copiloto.

-Hemos llegado Shun.

Shun salió del auto ayudado por la mano de Kanon.

-Lamento mucho ocasionarte todas estas molestias.

-No son molestias recuerda que eres mi invitado de honor. Vamos entremos.


Por primera vez después de todo lo ocurrido Shun sonrió ligeramente y aunque no era una sonrisa sincera si era llena de agradecimiento.

Ambos chicos se quitaron los abrigos y Kanon llevó a Shun al comedor.

-Espera un momento, iré por un poco de té, ¿No quieres comer algo? Debes estar hambriento.

-No, con el té será suficiente.

Kanon no tardó mucho en regresar con las dos tazas de té. Mientras bebían su té ambos permanecían en silencio, hasta que Kanon alzó su mano, fue entonces que uno de sus sirvientes apareció.

-Traiga lo que les he encargado.

El sirviente que de una habitacion habia aparecido, obediente se retiro.

-Shun, tengo algo para ti. –Dijo Kanon mirando al chico peliverde quien parecía confundido.

El sirviente regresó cargando una pequeña maleta.

-Mi equipaje!! ....pero.... cómo es que lo consiguieron?

-Bueno, digamos que solo tuve que pagar algunos dólares para que me informaran el lugar donde se escondía el ladrón, lo demás fue sencillo.

-Kanon no debiste hacerlo, pudiste resultar herido.

-Pero no fue asi – Kanon tomó la maleta y con la mirada ordenó al sirviente retirarse. Caminó hasta el lugar donde se encontraba Shun quien se había puesto de pie y le entregó su equipaje.

-Ahora te sientes mejor?

-Si gracias, creo que nunca terminaría de agradecer todo lo que has hecho por mi.

-Bueno podríamos empezar por algo.

Kanon tomó el equipaje y lo echó a un lado, se acercó a Shun y levantando un poco aquellos mechones que caían sobre los hombros del chico y comenzó a besar su cuello.
Sus ojos se estremecieron y su cuerpo tembló al sentir aquellos labios sobre su piel, y de inmediato se apartó de Kanon.

-No espera Kanon, yo estoy muy agradecido contigo, me has demostrado ser una buena persona, pero, no quiero esto. Además, yo amo a alguien más..

-Pero él no a ti.

Shun volvió a sentir el ardor de aquella herida.

-Lo sé, pero aún así yo lo amo.

-Solo te haces daño. Yo te puedo ayudar a olvidarlo. –Abrazó a Shun por la espalda y sin dejar de besar su cuello comenzó a jugar con sus pezones, provocando en el chico una rápida y extraña excitación.

-No, no puedo...

-Si, si puedes, porque él también pudo hacerlo, seguramente lo ha hecho cientos de veces con su otro amante, y eso es porque tú ya no le importas, sólo fuiste algo temporal en lo que encontraba algo mejor.
Todas las palabras pronunciadas por Kanon llegaban directo a su corazón y aunque cada una de ellas eran dolorosas sabía que no eran más que la verdad.
-Déjame ayudarte a olvidar. – Kanon aprovechó el desconcierto de Shun para besarlo al tiempo que desabrochaba su camisa.

Su cabeza era un mar de pensamientos, por un lado la promesa de Hyoga en amarlo por una eternidad, y por otra parte Seiya besando a Hyoga. Eso destrozaba no sólo su corazón sino también parte de su alma. Pero dentro de aquel dolor había algo que le estaba haciendo sentirse mejor... eran esos besos, esas caricias, ese cuerpo lleno de ardor y pasión.

Sintió como la mano de Kanon acariciaba su parte más íntima y aquellos besos que casi lo dejaban sin aliento volverse mas salvajes e intensos.

Sin dejar de besarlo, Kanon recostó a Shun sobre la mesa y acariciaba con intensidad los pezones y pecho del chico mientras que hacia notar la dureza de su propio miembro frotándolo toscamente contra el del otro chico.

Shun no podía evitar mostrar su excitación ante todo aquello, continuos gemidos de placer escapaban de su boca.

Kanon desabrochó el pantalón del chico y sintió los brazos de Shun rodear su espalda. Sin pensarlo dos veces aprovecho el momento y cargó a Shun hasta la sala recostándolo en uno de los sofás. El rostro blanco de Shun se había tornado en matices carmesíes y una ligera capa de sudor cubría su cuerpo. Kanon sonrió divertido y, terminó de quitarle el pantalón aprovechando también para quitarse la camisa. -Asi estaremos mejor– Volvió a recostarse sobre el chico, pero esta vez fue Shun quien buscó aquellos labios y acariciaba con suavidad la espalda ancha tratando de frotar su cuerpo semidesnudo contra el pantalón rasposo de Kanon.

Entre desenfrenados besos y caricias Kanon había logrado excitar por completo al otro chico, decidió entonces dar el siguiente paso; con cuidado volteó a shun boca abajo, desabrochó su pantalón y sujetó las manos del otro chico para impedirle cualquier escape.

-KANON!!!

Kanon volteó a ver al hombre que recién había llegado y lo miraba enfadado.

-¿Qué es lo que quieres?... ¿Qué no ves que estoy ocupado?

-Eres un cínico Kanon!! Te he dicho que no puedes traer a tus amates a este lugar!

-Pero Saga...

-Callate! No me interesa lo que quieras decir, esta es mi casa y aquí se hace lo que yo diga,, sino te parece… puedes largarte cuando quieras.

Kanon guardó silencio pero su mirada expresaba la rabia que sentía contra su hermano.

-Ahora dile a tu amiguito que se vaya.

-No creo que pueda hacer eso –Sonriendo se apartó comenzando a vestirse.

-¿Qué dices? -Miró al chico que a falta de su amante frotaba deliciosamente su cuerpo contra la suavidad del sofá de terciopelo. Saga se acercó a él y levantó su mentón notando la mirada perdida. –¿Lo drogaste?

-Yo sólo le ofrecí algo para que se relajara.

-Eres tan miserable.... es un niño!!

-Si... y no hay muchos como él, no te parece un encanto? Kanon en lugar de sentirse avergonzado parecía disfrutar aquellas palabras.

-No dejaré que fastidies a este chico –diciendo esto Saga cargó a Shun en sus brazos y caminó hacia las escaleras.
-Espera un momento Saga! Acaso crees que voy a dejar que me quites lo que es mío?

Pero Saga ni siquiera prestó atención a las palabras de su hermano, entró a su habitación y cerró con llave.

“No puedo dejarte en otro lugar, Kanon sería capaz de hacerte daño” Miró el rostro inocentemente enrojecido, y con cuidado colocó a Shun sobre la cama.

Saga se sirvió un trago, y mientras lo bebía, no podìa dejar de mirar el cuerpo casi desnudo de ese chico, Kanon no se equivocaba en una cosa, era muy bello.

El efecto de la droga debía estar pasando, Shun ya no hacia ningún movimiento. Saga se preparó para dormir y se acostó al otro lado de la cama quedando su rostro frente al del otro chico, notó entonces como un par de lágrimas resbalaban por el rostro pálido.

“Está soñando”

Saga conmovido por la fragilidad de ese chico se acercó casi hasta quedar sobre él, levantó su rostro hasta que sus labios tocaron los del otro chico, y lo besó. Shun entreabrió los ojos; se miró así mismo acostado en la cama de una habitación extraña, sintiendo la desnudez de su cuerpo y correspondiendo al suave beso de un desconocido. Cerró sus ojos lentamente, el cansancio terminó por llevarlo al sueño.

La luz que entraba por la ventana lo despertó, sentía su cuerpo agotado y un malestar general que aumentó cuando tomó conciencia de la situación en que se encontraba… a lado suyo estaba ese hombre, recordó entonces como ambos se habían besado la noche anterior.

Se asustó de aquel recuerdo y se puso de inmediato en pie.

Tomó algunas de las ropas que estaban en el cuarto, muy despacio abrió el cerrojo de la puerta y caminó hasta llegar a la sala, ahí pudo encontrar su pequeña maleta y vio como las prendas que usaba el día anterior estaban desparramadas por el piso. Sin detenerse a pensar más cautelosamente logró salir de la mansión.

************************************************************


Frente a él, el inmenso mar chocaba con furia las enormes olas contra los riscos, y una brisa helada humedecía su rostro mientras la noche se despedía brindando los primeros rayos de sol.

El motor de un coche se apagó muy cerca de donde él estaba, y el sonido ligero de unos pasos se acercó a él.

-Tenemos que hablar. –Seiya se recargó en el barandal del mirador y compartió junto con ese par de ojos celestes la vista hermosa del amanecer.

-¿Cómo me encontraste?

-Recuerdo bien que hace tiempo cuando te encontrabas confundido y triste, este lugar era tu refugio. –Seiya cerró sus ojos y entregó por completo su rostro para que aquella fría brisa se posara en él- Aquí fue donde nos besamos por primera vez, ¿lçLo recuerdas Hyoga? bañados bajo esta misma brisa pasamos la noche haciendo el amor.

-Sería difícil olvidarlo.

-Sabes... desde ese día mi vida cambió por completo, pasábamos tantas noches juntas que al final terminé viviendo en tu departamento y entregándome por completo a ti. Yo te amo tanto Hyoga que simplemente ya no podría imaginar mi vida sin ti. Estando junto a ti no importa cuan incierto pueda parecer el futuro.

-Seiya tengo que decirte algo....

-Si Hyoga! Tendremos un futuro hermoso, podemos irnos a vivir a otro lugar y construir una hermoso hogar; con muchas habitaciones, un garage para mi colección de motos, y un jardín enorme ...incluso podriamos tener una mascota ...sería genial!! –La mirada de Seiya se llenaba de brillo con cada palabra que decía- Sabes, incluso he pensado en que podríamos casarnos y algún día tener un niño al cual cuidar.

-Seiya... –Apartó la vista del amanecer y miró con seriedad al otro chico.

-¿Qué pasa?.... ¿No te gusta la idea?... Bueno si no hay otra opción nos iremos para Siberia aunque termine congelándome, -Seiya sonrió divertido- supongo que tendrías que pasar mucho tiempo junto a mi para calentarme un poquito jejeje.

-No existe ese futuro Seiya.

-.....¿Qué dices? -Sintió que aquellas palabras paralizaban su cuerpo y de pronto no supo que decir.

-Lo siento Seiya, pero lo nuestro debe terminar. Por favor trata de entenderlo.

-...¿Qué?!!

-Debemos terminar.

-....estás bromeando verdad?

-No Seiya, no bromeo, lo siento así debe ser. Estoy seguro que pronto encontrarás a esa persona que sea la que en verdad merezca tenerte, la que pueda darte todo, la que sin dudar dé hasta su vida por verte feliz.

-No puedo creer que estés diciendo eso, ¿qué tienes?

-Será mejor que me vaya. –Comenzó a caminar hacia su auto estacionado a unos metros.

-Pero... “¿Por qué?”...Espera Hyoga.... ESPERA!! - Seiya sin aun poder creer lo que estaba pasando corrió para alcanzar a Hyoga y jalándolo del brazo lo obligó a que lo mirara- ¿Por qué Hyoga?... ¿Qué dije? ¿Qué hice mal?... Dimelo!!....por favor! –Por el rostro de Seiya resbalaron un par de lágrimas.
Hyoga mantenía la vista baja tratando de evitar la mirada desconsolada del otro chico.

-Hyoga por favor perdóname! No quise decir o hacer algo que te lastimara... Pero... no te vayas! Dame otra oportunidad...

-No Seiya, tú no has hecho nada mal.

-Entonces por qué?? No lo entiendo, ayer estábamos felices haciendo el amor en la cocina del departamento. ¿Cómo es que así de pronto ya no quieres saber nada de mi?

-Lo siento Seiya.

-Todo esto tiene que ver con la extraña visita de Shun, verdad?! -Seiya pudo notar la turbación en la mirada de Hyoga al pronunciar aquel nombre- Entonces tengo razón, Shun es el culpable de todo esto. No puedo creer que esté en contra de nuestra relación. Se supone que es mi amigo! No se lo perdonaré nunca!! -Seiya se limpió el rostro y se acercó acariciando el rostro de Hyoga- Pero ni él podrá separarnos. No dejaré que se meta en nuestras vidas. No importa lo que él o alguien más piense, mientras estemos juntos no importa nada más.

-No es tan fácil Seiya.

-Lo sé, pero juntos lograremos hacerlo.

-Antes de venir a N.Y. yo le prometí a Shun que lo amaría por siempre.

Seiya desconcertado miraba al chico rubio.

-Shun y yo teníamos una relación Seiya.

-Por qué nunca dijiste nada?

-Porque ni yo mismo estaba seguro de lo que sentía.

-Está bien... eso no importa –Dijo abrazándolo
Seiya lo tenía sorprendido, él esperaba una reacción distinta llena de reclamos y enfado.

-Creo que no me entiendes. Cuando te encontré aún le escribía a él diciéndole que lo amaba, cuando hacíamos el amor pensaba que aquellos gemidos de placer eran de él, cuando acaricia tu piel imaginaba que era la de él, cuando te besaba...

-Callate... Callate!! Hyoga, eso no me importa... lo olvidaremos, nuestro amor nos hará ser fuertes y terminaremos olvidándonos de eso.

-Cuál amor?

Seiya no podía salir del asombro ante tales palabras.

-Entre nosotros no hay amor, nuestra relación está basada en el sexo, tú lo sabes.

-Mientes! ¿Por qué dices eso?

Hyoga abrazó a Seiya y lo apretó fuertemente contra él mientras las lágrimas se asomaban por sus ojos.

-Perdóname Seiya. Yo solamente quería saber si había dejado de amar a Shun... si podía olvidarme de él. Estaba confundido, y entonces tú llegaste, y pensé que si podría hacerlo. Pero ayer... con sólo verlo... con sólo tocar su piel... con sólo sentir su calor... No, no puedo, aunque quisiera no puedo engañarme; lo amo, lo amo incluso más que antes.
Después de varios minutos Seiya apartó a Hyoga, y más que con reclamo lo miró con tristeza.

-Comprendo Hyoga.

-Seiya...

-Que bueno que lograste aclarar tus sentimientos. –La voz de Seiya era extremadamente serena.

-No te culpo por odiarme, soy un ser despreciable! Lo sé.

-Pasaré mas tarde a recoger mis cosas al departamento. Ahora... te voy a pedir que te vayas.

-Quédate con el departamento, yo buscaré otro lugar, sé que no tienes un lugar a donde ir...

-Hyoga vete ya... por favor.

-Ojalá algún día puedas perdonarme.

Hyoga caminó hasta llegar a su auto. –“Adios Seiya”– Arrancó el motor y se fue del mirador.


Cuando no quedó rastro de aquel auto, mientras las lágrimas caían de sus ojos, Seiya se dejó caer arrodillado frente al inmenso mar que no lo era tanto comparado con el enorme dolor que ahora sentía. Golpeó con su puño el piso y sonrió con una desmedida tristeza.

-“Ikki tenía razón”.


Semanas después…

-El café se está enfriando Shun.

Pero aquella mirada permanecía perdida mirando a la gente pasar por las concurridas calles de Tokio.

-….Shun? –Pasó una mano frente al rostro del muchacho.

-aah si Shiryu, lo siento yo estaba pensando…

-Y en que pensabas?

-No… en nada… cosas de la oficina ya sabes… -Nerviosamente le dio un sorbo al café.

-Sigues actuando muy raro. Pasas mucho tiempo en la oficina o solo en tu casa. Aún no me quieres contar lo que pasó aquel fin de semana?

-Ya te conté lo que paso, -Sonrió por un segundo- simplemente decidí darme un par de días de descanso. –Se levantó de la silla- Bueno tengo trabajo pendiente en la oficina. Te verè después Shiryu. –Sin esperar siquiera a que su amigo dijera algo saliò de la cafeterìa y tomò el ascensor.


- - - - - -

Desde que regresó de Nueva York se había hecho la promesa de no volver a mencionar el nombre de Hyoga, pero lo cierto era que su corazón tenia otros planes, y continuamente le recordaba cuanto había sido lastimado; pero no era solo eso, como si no hubiera sido suficiente, había cometido la torpeza de acostarse con un completo extraño.

El timbre del intercomunicador sonó.

-Si dígame.

-Señor Kido, le recuerdo que en 5 minutos comenzará la junta de ejecutivos de la empresa.

-Lo había olvidado, gracias por el aviso señorita Maho.


Se puso el saco, ajustó la corbata y de inmediato se dirigió hacía la sala de juntas.

Suspiró profundo antes de entrar, a pesar de que su trabajo le apasionaba, habìa aprendido a detestar esas juntas ya que desde hacía semanas no faltaba alguien que le comentara sobre su deteriorado aspecto.

Empujó la puerta y entró. Todos le miraron.

-Llegas tarde Shun. –La chica de cabellos lilas le reprochó.

-Lo siento Saori, no se repetirá. –Sin prestar atención a los demàs rápidamente tomó el asiento que le correspondía y comenzó a ordenar las hojas que llevaba.


Saori miró a los presentes, solo faltaba uno por llegar.


-Que extraño que no comience la junta si ya estamos todos –Shiryu que ocupaba el asiento a su lado comentó a Aioria.

-Quizá es uno más de sus caprichos. Tiene algunos meses con un carácter insoportable.


En ese momento la puerta se abrió, de ella apareció la figura de un hombre alto, y elegante, sin mencionar su impresionante cabellera rubia.


-Hyoga! Fue la exclamación de varios de los presentes.

Shiryu sonrió con la alegría que da el ver a un viejo amigo, y quiso compartirla con la de Shun, pero al mirar a su joven amigo su sonrisa desapareció al notar la palidez que había tomado aquel rostro.

-Como pueden notar Hyoga se reincorpora a la fundación y ocupará su antiguo puesto.

-Nos alegra tenerte de vuelta Hyoga. –Shiryu se levantò y estrechó la mano de su amigo.

-Gracias Shiryu. –Hyoga sintió que Shun lo observaba pero en cuanto le miró el otro desvió la mirada.


La junta prosiguió con normalidad, con excepción que el chico peliverde no pronunció palabra alguna durante todo ese tiempo. Cuando hubo terminado Shun tomó sus papeles y salió a toda prisa.


Shiryu notó el nerviosismo de Shun y supuso que algo había pasado entre ellos; el misterio de aquel viaje había desaparecido, Hyoga debía ser el responsable del cambio repentino en Shun. Sin falta alguna más tarde tendría una larga conversación con Hyoga, además que era el pretexto perfecto para saber de Seiya.

- - - - - -


-Se siente bien Señor Kido? -Preguntó Maho al ver entrar con tal prisa a Shun a la oficina.

Cerró la puerta, botó los papeles que llevaba en la mano sobre el escritorio y aflojó el nudo de la corbata.
Se sentía totalmente confundido, no sabía si el volver a ver a Hyoga era algo que le producía alegría o repugnancia. Ahora tendrían que trabajar juntos, su oficina estaba a un lado de la suya, sería imposible ignorarlo… imposible hacer a un lado ese dolor que es agudizaba en su corazón con sólo pensar en él.


“Por qué!!?” –Le reprochó al destino.


De pronto, una sensación extraña le hizo voltear hacia el ventanal… sentía como si estuviera siendo observado. Caminó hacía aquel lugar pero se detuvo al escuchar la puerta abrir.


-Shun tenemos que hablar.

-Creo que ya dijiste lo suficiente.

-Volveremos a ser compañeros, no podemos estar así. –Dijo Hyoga mientras cerraba la puerta.

-Si quieres hablar de trabajo arréglate con Maho.

-No es de trabajo que quiero hablarte… Yo…

-Maho está afuera y puede escuchar, no es el lugar para hablar de esas cosas… además… no quiero hacerlo.

-No te preocupes por ella, le pedí que se fuera.

Shun agudizó su mirada.

-No tienes derecho de venir y meterte en mi vida! Mañana mismo presentarè mi renuncia a Saori.

-Shun… escucha….

-No quiero estar contigo! No quiero verte! –Bajó la mirada- Es verdad que fui un iluso al creer en aquel juramento…. Pero no permitiré que sigas burlándote de mi! Por que a eso regresaste, no es verdad Hyoga? –Miró con reclamo al chico rubio.

-No es así. -Se fue acercando haciendo que Shun diera pequeños pasos hacia atrás- Yo me equivoqué, cometí un enorme error. No fui lo suficientemente fuerte para resistir los obstáculos que se interpusieron entre tú y yo. Perdòname Shun. –Hyoga consiguió acorralarlo contra el ventanal- Fui un estúpido. Pero todo lo que sucedió me sirvió para entender que eres lo más valioso de mi vida. Y no resistiría estar sin ti. Te necesito, porque aún más que antes te amo Shun. –Con ambas manos tomó el mentón del chico y lo beso.

Shun intentó desprenderse de ese beso, pero acorralado como estaba le resultó imposible.

Cuando al fin Hyoga se apartó, sin pensarlo dos veces, levantó la palma de su mano y lo abofeteó, y aprovechando el desconcierto del rubio se escabulló de ese lugar y salió de la oficina lo más rápido que pudo.

- - - - - - -


Hyoga regresó a su oficina, no hizo el intento de seguir a Shun, sabia que era mejor así. Ahora todo dependería de que aquel corazón dulce y gentil fuera capaz de perdonarlo.

Alguien tocó a su puerta.

-Largo! Estoy ocupado! -No tenía ánimos de recibir a nadie.

Pero se escucharon un par de toquidos más y la puerta lentamente se abriò.

-Pero que demonios!… acaso no escuchó!!? -Hyoga molestó se levantó de la silla para encarar al hombre que se atrevió con tal insolencia hacer caso omiso de sus palabras.

-Tu eres Hyoga?

-Usted que cree?

-No debiste volver a Japòn. –Sin que Hyoga le autorizará entró a la oficina y cerró la puerta.

-Lo conozco?

-No lo creo.

-Escuche, No tengo tiempo de ver a nadie.

-Descuide… Serè breve.

-Pero quién se ha creído!!?

Una vez más el hombre volvió a ignorar sus palabras.

-Observe una hermosa escena hace unas horas.

-Què dice?...

-Como sea… -El hombre suspiró y fijó su mirada en los ojos celestes de Hyoga- Desde siempre todo lo que he deseado ha sido mío.

-Y eso a mi que puede importarme.

El hombre sonrió con cinismo.

-Shun no fue la excepción.

La mirada de Hyoga se estremeció, eso era algo que definitivamente no se esperaba.

-¿Qué está diciendo? Shun sería incapaz!!

-Solo quería que los supieras.

-Ha venido a desperdiciar su tiempo. -Hyoga sonrió con indiferencia- No creo ni una sola de sus palabras. No sé quién demonios sea y no me interesa. Lárguese de aquí o llamaré a seguridad para que lo echen!

-El problema es que tú interfieres en mis planes Hyoga. Y mejor que sepas quién soy yo, porque no me gusta deberle nada a nadie. Mi nombre es Kanon. Y no, no vine solo a hablar...

Kanon sacó el arma que ocultaba bajo el saco.

-.....he venido a matarte!

La mirada de Hyoga se contrajo pero en ningún momento mostró temor alguno.

-No serás más un obstáculo… –Apuntó el arma contra el chico rubio- Hasta nunca Hyoga…

- - - - -


Al escuchar aquel disparo, Shiryu que caminaba por el pasillo apresuró su paso hasta llegar a la oficina de Hyoga. Al entrar vio una sombra desaparecer a travès de la ventana y deslizarse por las escaleras de seguridad. Pero se olvidó por completo de ello al mirar horrorizado sobre el piso el cuerpo de Hyoga bañado en un charco de sangre.


-HYOGA!!!

Por una extensa vereda que rodeaba uno de los lagos más hermoso de Francia un hombre joven caminaba tan lentamente que sus pasos mostraban no tener intención de llegar a ninguna parte.

Los atardeceres se habían grabado en su mente, ya habían pasado muchos días desde la última vez que lo vio. Y desde entonces no estaba de ánimos para nada, ni siquiera para los seriales que tanto amaba, sin pensarlo dos veces renunció a la competencia sin importar que solo quedaban pocos circuitos y que de haberlos terminado seguramente hubiera ganado el primer lugar.

Se detuvo un momento y miró el horizonte. Todo estaba tan tranquilo, tan normal, al mundo no le importaba lo que le estuviera pasando; de hecho no le importaba a nadie. Pateó con fuerza una pequeña piedra que botando un par de veces terminó con la pasividad del agua.


-Podría darnos su autógrafo?!


Miró al par de chiquillos que se habían acercado a él.


-Usted es el famoso corredor de motos, Seiya, verdad?


-Somos sus admiradores! Nos gustaría algún día participar en una competencia.


-Tenía el serial casi ganado… por qué se retiró de la competencia?


-Yo...lo siento, creo que me confunden. -Sin decir más, dio la espalda a los pequeños y se alejó- “Que chicos tan inoportunos”


-Y a mi no me da su autógrafo?


Seiya sorprendido volteó de inmediato hacia el lugar de donde provenía aquella voz.


-Tú?


-Y a quién esperabas? -El chico de cabellos cortos azulados, permanecía recostado resguardado por la sombra de las ramas de un enorme árbol.


-Por qué no te sientas un rato? desde aquí la vista es hermosa. –Dijo mientras encendía un cigarrillo.


-Un día, eso te va a matar Ikki. –Seiya miró al otro chico por un momento, algo había cambiado en él, su cuerpo se veía aún más varonil que antes, sus brazos fuertes, su espalda ancha y firme, y aquella cicatriz remarcaba la seriedad y perfección de ese atractivo rostro.


-Mira nada más... Ahora tú me vas a decir lo que debo y no debo hacer. –Dijo echando el humo del cigarrillo hacia el rostro de Seiya quien se había sentado a su lado.


-Oye!... no tengo tanta prisa por morir.


-En serio? tu rostro dice lo contrario.


-Desvarías.


-Tal vez. ¿Y qué haces aquí Faster?


-Lo mismo que tú, dejando que se consuma el tiempo.


Ikki no pudo evitar soltar una carcajada. -Seiya!...Seiya!... nunca dejas de sorprenderme.


-No le veo la gracia.

-Bien... hablemos de otra cosa entonces, que te parece de “el rubio”.

-No hay nada que hablar sobre eso.


-No me digas, se aburrió de ti?


-Eso a ti no te importa.


-Lo arruinaste.


-Yo no arruiné nada, fue sólo que...


-Te advertí que no te metieras entre ellos.


-Pues cuando te dije que lo buscaría, la idea no pareció desagradarte mucho.


-Por supuesto que no, y aún sigo pensando igual, siempre estaré a favor de cualquier cosa que sea capaz de apartar a ese mal nacido de mi hermano. Aunque te advertí que estabas jugando con fuego.


-Yo tenía que intentarlo.


-Intentar qué? Sabías perfectamente que entre mi hermano y ese asqueroso rubio había algo.

-Yo…. estaba seguro que podría hacer que lo olvidara, y lo
hubiera hecho, sólo que a Shun se le ocurrió aparecerse de la nada y arruinar mis planes.


-Así hubieran pasado 20 años, ellos seguirían con esa tonta idea de estar juntos.


-Eso nadie puede saberlo.


Ikki formó una sonrisa incompleta en su rostro.


-Deja de engañarte, sabes que tengo razón, incluso yo que jamás aceptaré esa relación puedo ver eso, y tú también puedes, sólo que tienes esa loca idea de querer olvidarte de otro.


-El loco eres tú Ikki.


-Lo crees asi? Bueno tal vez. Y mi loca cabeza dice que el rubio fue un escape para olvidarte de Shiryu.


-Estás completamente enfermo. Para mi el ya no existe, entiendes?!!


-El amor no se puede manejar a voluntad, y tú lo sigues amando.


-Tú eres el menos indicado para hablar de amor. Tú no amas a nadie y nadie te ama a ti.


Aquél prolongado silencio acentuó aún más la entrada de la noche.


Muy cerca de sus labios el fuego del cigarrillo se terminó de consumir, Ikki mantenía los párpados cerrados, y con aquella sonrisa incompleta tan conocida en él, abrió los ojos mirando fijamente los de Seiya.


-Si, tienes razón. Se acabó esta charla. –Se puso en pie y comenzó a caminar.


Sintiéndose mal por aquellas palabras Seiya miraba a su amigo alejarse.

-Ikki no quise decir eso! -Gritó.


Pero Ikki sin voltear a verlo sólo levantó su mano en señal de despedida. Subió a su deportivo mientras por el retrovisor veía la figura pequeña de Seiya perderse por aquel sendero.
Su mirada se desvió hacia una figura que caminaba muy discretamente tras de su amigo.

De pronto un auto apareció casi de la nada deteniéndose muy cerca de donde estaba Seiya, el hombre que caminaba tras de èl lo sujetó por la espalda y en pocos segundos lo obligaron a subir al auto el cual arrancó a toda velocidad.
Ikki de inmediato encendió el motor del deportivo y a toda prisa arrancó tratando de alcanzar aquel auto donde llevaban a Seiya, desafortunadamente un auto se cruzó en su camino haciéndole perder el rastro del auto donde iba seiya.

Continuará...


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