La
esperanza en el cambio sigue incólume. Nunca, como ahora, había sucedido que
un gobierno inicie su gestión con medidas económicas antipopulares y continué
contando con el apoyo mayoritario de los ecuatorianos. La rebeldía de los
pueblos que habitan este país, no ha permitido aquello a ninguno de los
gobiernos neoliberales que se han sucedido hasta el 15 de enero pasado.
Sin
embargo, nadie puede negar que el anuncio del incremento de los precios de la
gasolina y el diesel no gustó, que es una medida que golpea la escuálida
economía de los hogares pobres del país, por la escalada inflacionaria que
trae consigo, y que sí existen alternativas que podían tomarse.
En
el último número de OPCIÓN, por ejemplo, el economista Rafael Correa, que
era uno de los candidatos a ocupar el Ministerio de Economía, hablaba de
aplicar una política de optimización en la recaudación del Impuesto a la
Renta y, sobre todo, de la necesidad de recabar lo que deben las empresas
evasoras (que son 13.219 y que adeudan más de 1.500 millones de dólares).
Además, en la mejora de la recaudación aduanera se podrían recuperar, por
ejemplo, hasta 200 millones de dólares. Y la opción más lógica es aquella
de no pagar la totalidad de las obligaciones en cuanto a deuda externa, es
decir, se podían haber pagado hasta 1.500 millones de dólares, con una
reprogramación negociada con los organismos financieros, para contar así con
un colchón de por lo menos 500 millones de dólares, entre otras medidas de
este tipo.
Pero
más allá de la solución del problema fiscal, heredado del gobierno
anterior, que actuó junto a los grupos económicos de poder para dejar un
Estado en bancarrota, como parte de la conspiración contra el proyecto patriótico
que se configuraba desde que Gutiérrez ganó la primera vuelta, la clave está
en el manejo económico que se plantea a largo plazo, y en eso, para perjuicio
del país, parece que han tomado ventaja las posiciones neoliberales del
ministro Mauricio Pozo.
Lo
que ocurre, y no hay que admirarse, es que existe una contradicción entre las
elites económicas y políticas que han dominado el país en estos 24 años,
con los pueblos del Ecuador, tanto fuera como dentro del gobierno. La lucha
contra los poderosos, luego de ganadas las elecciones, continúa.
Ese
“compás de espera”, que ningún formador de la opinión pública ha
solicitado, pero que la población le está dando a Gutiérrez, se explica
porque los ecuatorianos mantienen vivas sus expectativas en lo que puedan
hacer, en este escenario, las organizaciones populares y los partidos de
izquierda que están en el gobierno. En ellos recae la responsabilidad de
enrumbar este proyecto hacia objetivos más ambiciosos.
Pero
también las organizaciones del espectro popular, democrático y patriótico,
que están fuera del Gobierno, tienen vela en este entierro. De ellas se
requiere una actitud responsable frente a sus bases, de no simplemente
‘palanquearse’, como en algunos casos, cuotas burocráticas con sus
actitudes pseudocríticas. El proyecto que el pueblo anhela que se concrete es
el del cambio, y eso solo se lo puede hacer, en este momento, actuando en el
gobierno y fuera de él para derrotar a las oligarquías que se mueven en una
actitud conspirativa permanente.
La esperanza de cambio sigue incólume, y es necesario responder bien a ella.