El ‘cataboom’ petrolero del 2003

  Por Franklin Falconí
EDITOR DEL PERIÓDICO OPCIÓN

“Cada guagua llega con el pan bajo el brazo”. Esto se acostumbra decir a los preocupados padres cuando nace un nuevo hijo, como para tranquilizarlos un poco. Si fuera cierto todo lo bueno que se nos han dicho sobre el Oleoducto de Crudos Pesados (OCP), que entrará en funcionamiento en agosto del 2003, podríamos decir lo mismo del gobierno que nace el 15 de enero. Pero, lamentablemente, el segundo “boom” petrolero que se prometió que llegaría al Ecuador con ésta, “la más grande obra de los últimos tiempos, comparable solo al ferrocarril que entró en funcionamiento en junio de 1908”, se va mostrando como una más de esas falsas quimeras que siempre nos vendió el chistoso “Presi”, Gustavo Noboa, como la dolarización en su momento.

Si bien desde la década de los 60 el petróleo es el recurso natural más importante del que dispone el Estado ecuatoriano para financiar su presupuesto anual, no debe esperarse que solamente por contar con un tubo nuevo (el OCP), asistiremos a otro “boom petrolero”, como el que se dio hace 31 años, cuando por condiciones de crisis internacional, las grandes potencias buscaron nuevos enclaves de producción petrolera, y regresaron la mirada al Ecuador.

Por lo pronto, sabemos que por el OCP no se transportarán los 390 000 barriles que se anunciaron inicialmente. Andy Patterson, presidente ejecutivo del Consorcio OCP Ltd. anunció que la operación comenzaría con 220 000 barriles. Pero el problema no es simplemente técnico; para que se construya el OCP, las compañías privadas se habían comprometido a incrementar su producción en una relación de más de 3 000 millones de dólares de inversiones en cinco años, con lo cual se llenaría el tubo. Pero la realidad es que tomando en cuenta su volumen de inversión actual, se hace imposible pensar que cumplirán con ese compromiso. Mientras en el 2000 el porcentaje de ejecución de los planes de inversión fue de 116%, en el 2001 apenas alcanzó el 61%, y probablemente en el 2002 no supere el 75%. Las razones son los graves problemas que estas compañías tienen por la crisis internacional, tal es el caso de las compañías Repsol YPF y Pérez Companc, que sufrieron un sacudón por la crisis argentina.

Como dice el ingeniero Mariano Santos, es difícil incrementar de un solo golpe la producción actual. “Las expectativas que se han trazado las compañías yo las veo difíciles de cumplir. Hablemos de las reservas: tienen actualmente entre 1 000 y 1 100 millones de barriles. A una tasa de producción de 200 000 barriles diarios, que equivalen a  unos 73 millones de barriles anuales, estos 1 000 millones de barriles de reserva se agotarían en menos de 14 años. Peor aún si intentan sacar 400 000 barriles diarios, esas reservas se reducirían a unos cuatro años de explotación”.

En este momento, las compañías privadas transportan por el SOTE (Sistema de Oleoductos Transecuatoriano) aproximadamente 170 000 barriles diarios y lo que van a incorporar para el próximo año no sería más de 40 000 barriles adicionales. Con esto, el OCP podría tener hasta 210 000 barriles, es decir, no se llegaría a los 220 000 que tiene previstos el consorcio OCP.

Por otro lado, los campos sufren una declinación. Es ilógico pensar que la producción siempre vaya en línea horizontal y mucho menos en ascenso. La experiencia dice que la declinación normal de los campos está en un 8% aproximadamente. De esos 170 000 barriles que producen actualmente y lo transportan por el SOTE, el 8% serían unos 14 000 barriles menos, es decir, que no llegarían ni siquiera a una producción de 200 000 barriles.

Por el lado de Petroecuador existirían, hipotéticamente, menos problemas, porque sí tiene mayores reservas. Se calcula que son del orden de 3 000 millones de barriles. El problema es que los gobiernos, sobre todo el último, no han tenido la entereza política de invertir. Y no se trata de inversiones gigantescas, según dicen técnicos de Petroecuador. “Esa ha sido una de las grandes mentiras que se la ha presentado como una opinión técnica; se dice que se necesitan inversiones de más de 1 000 millones de dólares, pero no es verdad. Se necesita echar a andar este andamiaje y poco a poco, con la producción que va en aumento, se va autofinanciando lo que requerimos”, sostiene Santos.

El campo de Petroecuador que mayores reservas tiene, del que se dice que produciría 120 000 barriles diarios, el Ishpingo Tiputini Tmabococha (ITT), podría ser explotado por el Estado en una modalidad excepcional. Este es un campo que está alejado totalmente de la infraestructura, pues está casi en la frontera con el Perú; no existe oleoducto, por lo que hay que construirlo, es un petróleo pesado, por lo que la extracción será costosa. En este sentido, las inversiones para este campo son altas, para sacar el primer barril se calcula en 600 o 700 millones de dólares.

Desde el punto de vista patriótico, el próximo gobierno debería buscar una alianza con una empresa extranjera estatal, que podría ser Venezuela, por ejemplo. El escenario diferente que se da en la región, con la llegada de Lula al poder en Brasil, Gutiérrez en Ecuador y Chávez en Venezuela, hace pensar en propuestas como la que hizo el Frente Patriótico, acerca de fundar una empresa multinacional estatal, con el propósito de que los países dependientes se unan frente al capital transnacional. La idea sería unir a Petrobras de Brasil, PDVSA de Venezuela y Petroecuador. Juntando tecnología, capitales y profesionales, se podrían hacer inversiones conjuntas en campos como el de ITT en Ecuador, o en cualquier otro país dependiente, sobre todo par evitar el saqueo que hacen las empresas transnacionales.

Otra alternativa iría por el lado de conformar una especie de fideicomiso. Actualmente se estima que existen en el extranjero muchos capitales del país, que estarían en un monto similar al de la deuda externa, alrededor de 17 000 millones de dólares. Estos capitales podrían ser repatriados, no a través de inversiones en la banca privada que aún tiene problemas, sino en un fidecomiso de actividades altamente productivas en el área petrolera. A esas personas se les puede dar porcentajes de ganancia mayores a los de los bancos. Entonces podríamos invertir en actividades productivas en la industria petrolera.

Lo otro que hay que hacer es realizar una comercialización directa, tanto de crudo como de los derivados del petróleo como el Fuel Oil, que también exporta el país. Se deben hacer contactos a nivel de país, con los consumidores finales, ya sean empresas o Estados. Por ejemplo, El Caribe está lleno de refinerías generalmente privadas. Esto nos permitirá tener mejores precios por la venta del crudo. El próximo gobierno debería investigar el polémico diferencial, que en este gobierno, sobre todo desde el año pasado hasta hoy, ha variado de forma inexplicable. “En otras épocas ese diferencial estuvo en dos dólares, máximo dos 50, pero en éste, en un momento llegamos a tener hasta más de diez dólares, y esto no puede ser explicado técnicamente”.

Hay que hacer una auditoría integral, sin excepción, porque si en los grandes contratos se ven, de forma evidente, irregularidades, ¿qué será en contratos más pequeños?

Estos contratos dejan muy poco beneficio al país, y hasta se podría hablar de que existe un subsidio a las empresas extranjeras, porque el promedio en el porcentaje de lo que dejan las compañías extranjeras, en su conjunto, no rebasa el 23%. Esto significa que el petróleo que nos están “entregando” las compañías extranjeras es carísimo.

Hay que ver dónde están los recursos, porque el supuesto déficit, que bordearía los 1 000 millones de dólares, según se dice, seguro no contempla los excedentes en los ingresos petroleros. En el año 2000, por ejemplo, se fijó para la venta del crudo el precio de 14,70 dólares el barril, como referencial, sin embargo se vendió a alrededor de 25 dólares, es decir una diferencia de 10 dólares en cada barril. Como en ese año se exportaron 40 millones de barriles, por 10 dólares cada uno, el Estado debería haber tenido como excedente 400 millones de dólares, y en ese año también se hizo una venta anticipada, y nunca se supo en qué se utilizaron esos recursos, que eran por el orden de 150 millones de dólares. Lo grave de la venta anticipada última, que intentó el gobierno de Noboa es que estamos embargando más de la cuarta parte de nuestras exportaciones. Si se ha hecho una venta anticipada por dos años de 36 000 barriles diarios, y si el país exporta diariamente 120 000, sale más de la cuarta parte. Sin tomar en cuenta que según la última Ley de Responsabilidad Fiscal, ya tenemos la obligación, por ley, como ningún otro país en el mundo, de pagar la deuda externa con más del 70% de lo que produzca el OCP.

La explotación petrolera debe servir para el despegue del país. Sí es posible pensar en ello, pero como en las otras áreas del Estado, cambiando la concepción con que se ha manejado. Pensando en el desarrollo nacional, con una fortalecida empresa estatal y con una inserción adecuada en el mercado internacional. Las propuestas deben ser tomadas en cuenta.

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