Guayaquil, domingo 4 de junio del 2000

Gutiérrez compara su arresto
con el fútbol

Por Sandra Cruz

Después de haber permanecido 130 días detenido en la Brigada de Infantería #13 Pichincha (en Conocoto), el coronel Lucio Gutiérrez Borbúa, se dirigió a la media noche de este viernes a su casa ubicada al norte de Quito. "Mi primera hora de libertad la pasé en la calle porque no podía entrar a mi domicilio...unas dos horas antes, mi esposa Ximena fue a buscarme al cuartel donde estuve detenido, y como ella tenía las llaves yo no podía entrar, encontré las luces apagadas, las puertas cerradas...pero bueno", dice aún en tono emocionado.

Pero confiesa que lo que nunca se le pasó por la mente es que el mismo día en que recuperó su libertad, ese mismo día, la vida le daba otra oportunidad: acompañar a su hija Karina de 16 años de edad a uno de los momentos más importantes: recibir la confirmación. "Realmente nunca pensé que esto iba a ocurrir, la verdad es que me daba mucha tristeza pues mi hija me había reclamado y soñaba con que yo le acompañe a este acto".

Para el coronel fue una "gran satisfacción" el poder acompañar también a su hija Viviana a la Casa Abierta del Colegio Militar, que al momento celebra sus bodas patronales. Viviana, de 10 años de edad, es cadete (alumna) del sexto grado de la institución castrense.

Gutiérrez -vestido con un elegante terno color azul marino- nos concedió la entrevista en el interior de su automóvil, pues los apuros del momento, el corre y corre de ir a la Iglesia y al colegio Militar, impidió que esta conversación se desarrolle de manera más formal.

Al momento, Karina estudia en el cuarto curso del colegio San Francisco de Sales. "Ella está feliz que yo la haya podido acompañar este día tan especial, ella es profundamente cristiana al igual que toda mi familia, como no puede ser de otra manera. Tratamos de ser buenos practicantes de la vida religiosa", dice con orgullo mientras conduce su vehículo.

El momento más tenso de la entrevista se dio cuando Gutiérrez hablaba y conducía su auto y por un instante perdió la concentración, lo que lo obligó a frenar a raya su Toyota Corola verde azulado, en una intersección de las avenidas Eloy Alfaro y República.

Pero, sin perder tiempo, volvió a tomar el control de la situación y el relato continuó... "Sentí inmensa alegría cuando entré a mi casa después de cuatro meses y medio, vi todo igual, sentí un profundo cariño, uno realmente ama las cosas personales", subraya.

Piensa que una cualidad de los ecuatorianos es que somos muy sentimentales y muy apegados a lo nuestro. "También me sentí emocionado cuando ingresé a mi estudio, éste es mi lugar preferido porque allí tengo mis libros, la computadora, allí nos reunimos con mis hijas a estudiar".

Generalmente, Gutiérrez les ayuda en materias de ciencias exactas como la física y matemáticas "aprovechando mi profesión de ingeniería civil". Agrega que la mascota preferida de sus hijas es una conejita, aunque a Viviana todavía le gustan las muñecas y los muñecos de peluche.

A Gutiérrez le agrada mucho la comida típica del Ecuador: el yaguarlocro, el hornado, los ceviches, y los manjares de la Costa. Ocasionalmente, en sus tiempos libres, la familia se traslada al Parque Metropolitano. "Ventajosamente allí no hay contaminación, el aire aún es puro", dice mientras su teléfono celular no deja de timbrar, por lo que opta desconectarlo un momento mientras concluye la conversación.

Recuerda, asimismo, que aunque hace pocos años solía montar bicicleta con sus hijas, hoy piensa hacerlo nuevamente, comenta al llegar a su destino...Se baja del auto y camina hacia la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, donde su hija recibió la confirmación.

Después de permanecer casi una hora en el templo, escuchando la Eucaristía oficiada por el Obispo Auxiliar de Quito, Mons. Julio Terán Dutari, Gutiérrez, su esposa e hijas se trasladaron al Colegio Militar.

Todavía todo está revuelto

Después de recibir aplusos y reconocimiento de los transeúntes, la familia se dirigió a su domicilio. "Tengo que arreglar las cosas que ayer (viernes) saqué de forma muy apresurada del cuartel donde permanecí detenido, todavía está todo revuelto dentro de sábanas de sobrecamas", señala.

Desde las 16h00 de ayer se reunió con su familia en la casa de su hermano político, Napoleón Villa, marido de su hermana Janet. De este encuentro también participó su padre, y sus hermanas Susana y Paola quienes llegaron del Tena. Gutiérrez no ha visto a su papá desde hace tres meses.

La celebración por la libertad del coronel continuará hoy, cuando nuevamente se reúna con su familia, y se dirijan a la casa del Myr. Rafael Jácome, quien les extendió una invitación a una parrillada. "Igualmente aquí seguiremos compartiendo las anécdotas, los momentos vividos durante estos cuatro meses y medio que pasé lejos de mis amigos, de mi familia, de mis compañeros".

Tiempo pasó rápido

Aún con el rostro tenso, la mirada lejana, y con el ceño fruncido (sin querer reconocerlo), Gutiérrez recuerda que desde la noche del viernes los acontecimientos se desarrollaron con mucha rapidez. "Imagínese, disponer únicamente de 25 minutos para acomodar todas las cosas y salir en forma abrupta del lugar en que uno estuvo por más de cuatro meses, además, yo estaba preparado para salir el domingo (hoy), y de pronto hubo una contraorden...entiendo que debió ser del Comando del Ejército".

En todo caso, a "mí me la transmitió (la orden) el comandante del Fuerte Militar Atahualpa, Crnl. Pablo Viteri, y como no podía ser de otra manera la acaté en forma disciplinada", expresa.

Gutiérrez comparó el tiempo que estuvo detenido como cuando se asiste a un "intenso partido de fútbol... El partido de fútbol no parece que dura 90 minutos, sino sólo 10 o 15. Para mí es como haber estado detenido tres días, o una semana", dice.

"Cuando un partido de fútbol es aburrrido, a uno le parece extremadamente largo, igualmente debe ser cuando uno está detenido por alguna causa justificada o porque cometió algún robo, los días deben ser desesperantes... pero cuando uno está detenido por una causa noble y justa como la de luchar contra los males tremendos de nuestro País como la corrupción, la impunidad, la injusticia social, uno tiene una tranquilidad espiritual y de conciencia que los días pasan y pasan como que fuera horas".

Confiesa que no se arrepiente de lo que hizo, pero "me duele que el pueblo ecuatoriano perdió una oportunidad histórica de realizar cambios profundos". Gutiérrez dice estar convencido que el País requiere hoy cambios estructurales en lo político, económico y social...debe haber un giro de 180 grados. "...Se perdió la oportunidad, pero pienso que es el momento de la unidad nacional, dejar de lado los intereses personales, es el momento que los empresarios y los banqueros se den cuenta que si pagan salarios justos a los trabajadores va a disminuir la delincuencia", expresa.

Se muestra confiado que el Alto Mando Militar no impondrá sanciones disciplinarias porque "demostraremos que no cometimos ningún delito, y que simplemente acudimos a defender la Constitución que fue violada por el Gobierno anterior". "Pero si nos sancionan será otro de los precios que tendremos que pagar por haber luchado junto al pueblo", dijo, mientras sus ojos se humedecían y trataba de hacer un esfuerzo por no dejarse vencer por las lágrimas.

Salió libre porque Diosito así lo quiso, dijo Karina. "Diosito sabía los ideales sinceros que tenía mi papi". Ahora, trataremos de recuperar el tiempo perdido "desde hoy en adelante estaremos juntos, eso es lo más importante".

Quito-Redacción El Telégrafo

Hosted by www.Geocities.ws

1