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Gutiérrez compara su
arresto
con el fútbol
Por Sandra Cruz
Después
de haber permanecido 130 días detenido en la Brigada de Infantería
#13 Pichincha (en Conocoto), el coronel Lucio Gutiérrez Borbúa,
se dirigió a la media noche de este viernes a su casa ubicada al
norte de Quito. "Mi primera hora de libertad la pasé en la
calle porque no podía entrar a mi domicilio...unas dos horas
antes, mi esposa Ximena fue a buscarme al cuartel donde estuve
detenido, y como ella tenía las llaves yo no podía entrar,
encontré las luces apagadas, las puertas cerradas...pero
bueno", dice aún en tono emocionado.
Pero confiesa que lo que nunca se le pasó por la mente es
que el mismo día en que recuperó su libertad, ese mismo día, la
vida le daba otra oportunidad: acompañar a su hija Karina de 16 años
de edad a uno de los momentos más importantes: recibir la
confirmación. "Realmente nunca pensé que esto iba a
ocurrir, la verdad es que me daba mucha tristeza pues mi hija me
había reclamado y soñaba con que yo le acompañe a este
acto".
Para el coronel fue una "gran satisfacción" el
poder acompañar también a su hija Viviana a la Casa Abierta del
Colegio Militar, que al momento celebra sus bodas patronales.
Viviana, de 10 años de edad, es cadete (alumna) del sexto grado
de la institución castrense.
Gutiérrez -vestido con un elegante terno color azul marino-
nos concedió la entrevista en el interior de su automóvil, pues
los apuros del momento, el corre y corre de ir a la Iglesia y al
colegio Militar, impidió que esta conversación se desarrolle de
manera más formal.
Al momento, Karina estudia en el cuarto curso del colegio
San Francisco de Sales. "Ella está feliz que yo la haya
podido acompañar este día tan especial, ella es profundamente
cristiana al igual que toda mi familia, como no puede ser de otra
manera. Tratamos de ser buenos practicantes de la vida
religiosa", dice con orgullo mientras conduce su vehículo.
El momento más tenso de la entrevista se dio cuando Gutiérrez
hablaba y conducía su auto y por un instante perdió la
concentración, lo que lo obligó a frenar a raya su Toyota Corola
verde azulado, en una intersección de las avenidas Eloy Alfaro y
República.
Pero, sin perder tiempo, volvió a tomar el control de la
situación y el relato continuó... "Sentí inmensa alegría
cuando entré a mi casa después de cuatro meses y medio, vi todo
igual, sentí un profundo cariño, uno realmente ama las cosas
personales", subraya.
Piensa que una cualidad de los ecuatorianos es que somos muy
sentimentales y muy apegados a lo nuestro. "También me sentí
emocionado cuando ingresé a mi estudio, éste es mi lugar
preferido porque allí tengo mis libros, la computadora, allí nos
reunimos con mis hijas a estudiar".
Generalmente, Gutiérrez les ayuda en materias de ciencias
exactas como la física y matemáticas "aprovechando mi
profesión de ingeniería civil". Agrega que la mascota
preferida de sus hijas es una conejita, aunque a Viviana todavía
le gustan las muñecas y los muñecos de peluche.
A Gutiérrez le agrada mucho la comida típica del Ecuador:
el yaguarlocro, el hornado, los ceviches, y los manjares de la
Costa. Ocasionalmente, en sus tiempos libres, la familia se
traslada al Parque Metropolitano. "Ventajosamente allí no
hay contaminación, el aire aún es puro", dice mientras su
teléfono celular no deja de timbrar, por lo que opta
desconectarlo un momento mientras concluye la conversación.
Recuerda, asimismo, que aunque hace pocos años solía
montar bicicleta con sus hijas, hoy piensa hacerlo nuevamente,
comenta al llegar a su destino...Se baja del auto y camina hacia
la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, donde su hija
recibió la confirmación.
Después de permanecer casi una hora en el templo,
escuchando la Eucaristía oficiada por el Obispo Auxiliar de
Quito, Mons. Julio Terán Dutari, Gutiérrez, su esposa e hijas se
trasladaron al Colegio Militar.
Todavía todo está revuelto
Después de recibir aplusos y reconocimiento de los transeúntes,
la familia se dirigió a su domicilio. "Tengo que arreglar
las cosas que ayer (viernes) saqué de forma muy apresurada del
cuartel donde permanecí detenido, todavía está todo revuelto
dentro de sábanas de sobrecamas", señala.
Desde las 16h00 de ayer se reunió con su familia en la casa
de su hermano político, Napoleón Villa, marido de su hermana
Janet. De este encuentro también participó su padre, y sus
hermanas Susana y Paola quienes llegaron del Tena. Gutiérrez no
ha visto a su papá desde hace tres meses.
La celebración por la libertad del coronel continuará hoy,
cuando nuevamente se reúna con su familia, y se dirijan a la casa
del Myr. Rafael Jácome, quien les extendió una invitación a una
parrillada. "Igualmente aquí seguiremos compartiendo las anécdotas,
los momentos vividos durante estos cuatro meses y medio que pasé
lejos de mis amigos, de mi familia, de mis compañeros".
Tiempo pasó rápido
Aún con el rostro tenso, la mirada lejana, y con el ceño
fruncido (sin querer reconocerlo), Gutiérrez recuerda que desde
la noche del viernes los acontecimientos se desarrollaron con
mucha rapidez. "Imagínese, disponer únicamente de 25
minutos para acomodar todas las cosas y salir en forma abrupta del
lugar en que uno estuvo por más de cuatro meses, además, yo
estaba preparado para salir el domingo (hoy), y de pronto hubo una
contraorden...entiendo que debió ser del Comando del Ejército".
En todo caso, a "mí me la transmitió (la orden) el
comandante del Fuerte Militar Atahualpa, Crnl. Pablo Viteri, y
como no podía ser de otra manera la acaté en forma
disciplinada", expresa.
Gutiérrez comparó el tiempo que estuvo detenido como
cuando se asiste a un "intenso partido de fútbol... El
partido de fútbol no parece que dura 90 minutos, sino sólo 10 o
15. Para mí es como haber estado detenido tres días, o una
semana", dice.
"Cuando un partido de fútbol es aburrrido, a uno le
parece extremadamente largo, igualmente debe ser cuando uno está
detenido por alguna causa justificada o porque cometió algún
robo, los días deben ser desesperantes... pero cuando uno está
detenido por una causa noble y justa como la de luchar contra los
males tremendos de nuestro País como la corrupción, la
impunidad, la injusticia social, uno tiene una tranquilidad
espiritual y de conciencia que los días pasan y pasan como que
fuera horas".
Confiesa que no se arrepiente de lo que hizo, pero "me
duele que el pueblo ecuatoriano perdió una oportunidad histórica
de realizar cambios profundos". Gutiérrez dice estar
convencido que el País requiere hoy cambios estructurales en lo
político, económico y social...debe haber un giro de 180 grados.
"...Se perdió la oportunidad, pero pienso que es el momento
de la unidad nacional, dejar de lado los intereses personales, es
el momento que los empresarios y los banqueros se den cuenta que
si pagan salarios justos a los trabajadores va a disminuir la
delincuencia", expresa.
Se muestra confiado que el Alto Mando Militar no impondrá
sanciones disciplinarias porque "demostraremos que no
cometimos ningún delito, y que simplemente acudimos a defender la
Constitución que fue violada por el Gobierno anterior".
"Pero si nos sancionan será otro de los precios que
tendremos que pagar por haber luchado junto al pueblo", dijo,
mientras sus ojos se humedecían y trataba de hacer un esfuerzo
por no dejarse vencer por las lágrimas.
Salió libre porque Diosito así lo quiso, dijo Karina.
"Diosito sabía los ideales sinceros que tenía mi
papi". Ahora, trataremos de recuperar el tiempo perdido
"desde hoy en adelante estaremos juntos, eso es lo más
importante".
Quito-Redacción El Telégrafo
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