A dos años del Levantamiento indígena-miliar-social
del 21 de Enero del 2000

A dos años del levantamiento indígena-miliar-social del 21 de Enero del 2000
que en Ecuador derrocó al ex-presidente Jamil Mahuad Witt; en aras de coadyuvar al conocimiento y análisis de esta importante jornada de lucha en la historia contemporánea de América Latina y a la ruptura de las censuras y distorsiones que el Poder ha sometido sobre esta jornada en el 2002, la APDH ofrece a ustedes dos trabajos: las entrevistas realizadas por nuestro amigo, el intelectual mexicano-alemán
Heinz Dieterich, en su libro "La Cuarta Vía al poder", edición ecuatoriana, al compañero Coronel (r) Jorge Brito, uno de los Oficiales partícipes del 21 de Enero, y a nuestro Vocero nacional.

A continuación, una síntesis de la entrevista original al Coronel Jorge Brito. El día de mañana, 21 de Enero de 2002, remitiremos a ustedes una síntesis similar de la entrevista de Heinz Dieterich a Alexis Ponce.

Estas extensas pero interesantes publicaciones son enviadas en homenaje a la amplia resistencia civil del pueblo del Perú, cuya presencia masiva en las calles de Lima culminó con la fuga de Fujimori y el apresamiento de Montesinos...

En homenaje a la lucha del pueblo boliviano y a sus campesinos del Chapare, que sitiaron literalmente La Paz hace dos años y continúan luchando en estas mismas semanas...

En homenaje al pueblo venezolano y a su gobierno bolivariano, que vienen liderando un interesante proceso de nuevas vías de emancipación en América Latina, a contracorriente del neoliberalismo y la partidocracia latinoamericana...

En homenaje al pueblo argentino y a su hermosa lucha contra el neoliberalismo y la corrupción de la gerontocracia política que los desgobierna...

En homenaje a nuestros indígenas zapatistas y a su inolvidable Marcha de la Dignidad al Distrito Federal...

En homenaje al pueblo brasileño y, en especial, a los Sin Terra: tercos semilleros de la utopía latinoamericana...

En homenaje, finalmente y sobre todo, al pueblo del Ecuador y, muy en especial, a sus pueblos indígenas, movimientos sociales, organizaciones populares y militares patriotas que, ese 21 de Enero del 2000, con todo y errores cometidos, desataron -a su manera- estas oleadas sociales en América Latina y colocaron el nombre de nuestra dulce patria en la digna lista de la resistencia global... "Québec, Seattle, Génova, Quito...". En homenaje a todos los indios, "compas" y oficiales que todo lo dejaron por la utopía que nacerá.... 

Nada humano nos es ajeno

Dirección Nacional de la APDH del Ecuador

 

"ES NECESARIO TOMAR EL PODER"

Entrevista con Coronel Jorge Brito Albuja

 

·        Jorge, ¿podrías reseñar tu trayectoria por la vida?

Nací el 14 de octubre de 1952 en la ciudad de Machachi, cantón Mejía, provincia de Pichincha.

En 1981 con el grado de capitán fui designado Comandante del Destacamento "PAQUISHA ALTO", Cordillera del Cóndor, y combatí en el conflicto de Paquisha en defensa de la soberanía nacional. El 24 de mayo de ese año, el Presidente Jaime Roldós Aguilera, dos horas antes del accidente aéreo en el que perdió la vida junto a su esposa y comitiva, me impuso la Condecoración "CRUZ AL MERITO DE GUERRA" en el grado de "GRAN OFICIAL" por la participación en la acción de armas con el Perú en ese conflicto.

 

Por los resultados alcanzados en el Curso de Estado Mayor el Comando General del Ejército me seleccionó para viajar a los EEUU como Instructor invitado en la Escuela de las Américas, Fort Benning, Georgia, desde 1991 hasta 1993. Durante mi permanencia impartí las materias de Comando y Estado Mayor, Táctica General, Estrategia y Doctrina Soviética, a alumnos de 18 países del continente americano. Fue una gran experiencia, porque tuve la oportunidad de conocer de cerca el pensamiento de civiles y militares de los EE.UU. y su errada visión de la realidad de los países de Centro y Sudamérica, lo que se refleja en la manera de conducir su política con la región.

 

Ya en Ecuador fui seleccionado para desempeñar las funciones de Jefe de Estudios y profesor principal de las materias de Conducción Operativa y Estrategia de la Academia de Guerra de la Fuerza Terrestre. El 03 de febrero de 1995 recibí la disposición de organizar, equipar y entrenar a 2000 hombres que posteriormente conformaron la Brigada Especial de Combate "ELOY ALFARO". En esta unidad de combate desempeñé las funciones de Jefe de Inteligencia y Operaciones. Las decisiones y acciones realizadas por la brigada contribuyeron notablemente al triunfo militar del Ecuador en el Alto Cenepa. A partir de julio asistí al Curso de Observadores Militares en el Instituto Nacional de Guerra y el 9 de agosto fui promovido al grado de Coronel y recibí el distintivo de "Combatiente del Cenepa".

 

A partir del 12 de septiembre de 1995 fui representante del Ecuador en la Misión de Observadores Militares Ecuador-Perú (MOMEP), como Jefe del Contingente de Observadores Militares del Ecuador y miembro del Estado Mayor y del Comité Consultivo de la MOMEP. Suscrito el acuerdo de paz el 26 de octubre de 1998, finalizado el proceso demarcatorio el 13 de mayo de 1999 y concluido el proceso de desmovilización de la MOMEP el 12 de julio de año, retorné a Quito luego de 54 meses que duró el proceso de paz.

En octubre fui designado Subdirector de Operaciones de la Fuerza Terrestre. En esta función me desempeñé hasta el martes 25 de enero del 2000 en que fui detenido por los sucesos del 21 de Enero.

 

- ¿Cómo fue tu detención luego de los sucesos del 21 de Enero?

Pese a que mi participación en los hechos del 21 permitió una salida negociada y evitó un enfrentamiento armado, fui detenido el 25 de enero por orden del Dr. Gustavo Noboa, instituido como Presidente de la República por el General de Ejército TELMO SANDOVAL, Jefe accidental del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas a las 07h30 del sábado 22 de enero, luego que el General de Ejército CARLOS MENDOZA, en actitud repudiable propia de una persona débil e incapaz, en prueba irrefutable de sus limitaciones y manifiesta cobardía ante el reto, abandonara el cargo de Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y de Ministro de Defensa encargado, en un momento en que el Ecuador se debatía en una grave crisis interna.

Estuve detenido desde el 25 de enero hasta el 2 de junio del 2000, es decir 137 días, fecha en la que el Juez segundo de lo Penal de la Primera Zona Militar expidió la correspondiente boleta de excarcelación, una vez que el Congreso Nacional concedió la Amnistía General a todos los participantes, responsables o no, en los hechos del 21 y 22 de enero del 2000.

 

Ante la serie de violaciones a la Constitución, leyes y reglamentos militares por parte del Presidente de la República Gustavo Noboa Bejarano, del Ministro de Defensa Nacional Hugo Unda, de los Generales y Almirantes de las Fuerzas Armadas, sin allanarme a la "resolución" del Consejo de Oficiales Superiores de la Fuerza Terrestre, en un acto público de protesta y rebeldía decidí separarme voluntariamente de las filas de las Fuerzas Armadas del Ecuador, no sin antes dejar constancia por escrito de las irregularidades, abusos de autoridad y atropellos cometidos durante el tiempo que duró mi infame detención y el inicio de un juicio penal y de un consejo de guerra. Aunque realmente estos procesos, además de ilegales estaban condenados al fracaso desde su instauración, ante el temor del Presidente de la República, del Ministro de Defensa, del Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, General Telmo Sandoval, verdadero autor, cómplice y encubridor de los hechos del 21 de enero, y de todos los generales y almirantes de las FF.AA., cómplices y encubridores de los aprovechadores del 21 de enero, de que en el proceso se desenmascare a los verdaderos mentalizadores y responsables de las acciones u omisiones.

 

Actualmente, como ciudadano ecuatoriano, consciente de mis obligaciones y derechos he asumido la responsabilidad de intervenir en el análisis de los temas que preocupan a la nación en su conjunto, para con la mayor objetividad posible expresar mi opinión y que responda a los verdaderos intereses del pueblo ecuatoriano. Tal el caso de las privatizaciones del patrimonio de los ecuatorianos, el Plan Colombia y la Base de Manta, las autonomías; etc.

 

·        ¿Cómo es la experiencia de guerra que viviste?

La guerra es la manera extrema que tiene el ser humano para resolver los conflictos, cuando el diálogo y la negociación han fracasado; es la decisión del más fuerte de imponer su voluntad al más débil y de someterlo a sus arbitrios mediante el uso de la violencia y con el empleo de armas de destrucción masiva, que en la mayoría de los casos se torna indiscriminada y permite el cometimiento de graves violaciones del Derecho Internacional Humanitario y de las leyes de la Guerra.

 

Vi de cerca morir a mis soldados, abrazados a la tierra en un abrazo de muerte y sangre; devolví sus cuerpos destrozados por la metralla enemiga al seno de la madre tierra que los vio nacer y crecer y a la que juraron defender, a costa de perder su vida si era necesario. Con lágrimas de dolor, rabia e impotencia, en silencio y recogimiento, en lo más profundo de mi corazón juré que su muerte no sería en vano; escuché los gritos de dolor de los soldados heridos y mutilados y que fueron atendidos para mitigar temporalmente su sufrimiento; estimulándoles a todos a continuar adelante. La experiencia de participar en dos conflictos armados hizo que mi vida cambie profundamente; se valora la vida en el sentido de que es hermosa y que cada minuto hay que aprovecharlo. El soldado que se ha enfrentado a situaciones en las que ha estado en riesgo de perder la vida nunca será el mismo. Las guerras son duras y dejan huellas indelebles en la mente y en el espíritu de los que participan en ellas.

 

·        ¿Estuviste en la Escuela de las Américas del Ejército de los Estados Unidos?

El Comando General de la Fuerza Terrestre, considerando los resultados académicos obtenidos en el Curso de Estado Mayor, me designó para que desempeñe la función de Instructor Invitado en la Escuela de las Américas del Ejército de los Estados Unidos, en Fort Benning, estado de Georgia. Impartí las materias de Comando y Estado Mayor, Táctica, Estrategia y Doctrina Militar Soviética a los alumnos del Curso de Comando y Estado Mayor y del Curso Avanzado. Aproveché la permanencia para estudiar y comprender el pensamiento y carácter nacional de la nación americana. Entender el por qué de su desarrollo y su visión del mundo; sus intereses y, sobre todo, por qué se consideran el pueblo con el destino manifiesto para liderar el mundo, y en ese empeño no dudan en utilizar su poderío militar para conquistar y mantener sus objetivos políticos, económicos y estratégicos.

 

No estuve nunca de acuerdo con el contenido de algunas materias que se impartían en la escuela, especialmente los ejercicios aplicativos que se realizaban, basados en hipótesis de intervención en países americanos en los que se consideraban la presencia de fuerzas guerrilleras a los que se vinculaba con el narcotráfico, como es el caso de Perú, Colombia, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, etc.. Estos cuestionamientos los formulé en su oportunidad.

 

·        El ejemplo de Bolívar y de los ejércitos libertadores tiene alguna importancia en las enseñanzas de las Fuerzas Armadas ecuatorianas?

 

El Libertador Simón Bolívar será siempre admirado por su entereza y valor para luchar por la independencia de los países bolivarianos. Su visión de una sola Patria Grande Latinoamericana se mantiene vigente como una necesidad imperiosa e ineludible que nos permitirá enfrentar adecuadamente la agresión de los países globalizadores que a sangre y fuego pretenden imponernos un modelo económico injusto e inequitativo, que lo único que ha traído como resultado hasta el momento es el descalabro de las economías de los países menos desarrollados, como es el caso de Argentina, Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia, etc., con los elevados costos sociales que esta situación conlleva, lo que provoca la inestabilidad de las pseudo democracias vigentes.
 

·        ¿Cómo transcurrieron el 21 y 22 de enero para ti?

 

Considero importante mencionar algunos hechos ocurridos en el Ecuador antes del 21, pues así resulta más fácil comprender cuál era la verdadera situación que vivía el país luego de las festividades de Navidad y año nuevo y el papel que desempeñaron cada uno de los actores identificados y los que hasta el momento permanecen en el anonimato, ya sea por cobardía, ya por temor a las represalias y venganzas de los verdaderos conspiradores y aprovechadores de la caída del ex-presidente Mahuad.

 

El miércoles 5 de enero del 2000 el Gobierno de Mahuad decretó el Estado de Emergencia Nacional y como Zona de Seguridad todo el territorio de la República, con la finalidad de prevenir los incidentes que podrían producirse con los indígenas de la CONAIE, los integrantes de los Movimientos Sociales, del Frente Popular, de los Parlamentos Populares, organizaciones sociales, sindicales y de trabajadores que convocaron a un gran levantamiento nacional para derrocar a los tres poderes del Estado, lo que a criterio del Presidente Mahuad y su Gobierno era que "había algunos sectores interesados en desestabilizar al Gobierno constituido que anunciaron, para los próximos días, movilizaciones y actos de fuerza que no podían ser tolerados, a fin de garantizar la legalidad y el orden constitucional". Al parecer, el ex-presidente Mahuad y los miembros de su Gobierno no tomaban conciencia todavía de que la situación de inestabilidad la habían creado ellos mismos, por la corrupción y la falta de una política económica coherente con la crisis que fue provocada por el feriado bancario y el congelamiento de los fondos de los ecuatorianos, decretados única y exclusivamente para beneficiar a los banqueros corruptos que financiaron su campaña electoral: los hermanos Isaías (dueños del Filanbanco), Fernando Aspiazu (Banco del Progreso), Nicolás Landes (Banco Popular), Leonidas Ortega (Banco Continental) y Alejandro Peñafiel (Banco de Préstamos), entre los principales.

 

En las primeras horas del 5 de enero el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas emitió un INSTRUCTIVO PARA LA PREVENCION DE ACCIONES QUE TIENDAN A DESESTABILIZAR LA PAZ SOCIAL EN TODO EL TERRITORIO NACIONAL, A PARTIR DEL MES DE ENERO DEL 2000 (ESPECIAL ATENCION A LA PARTICIPACION DE LOS MOVIMIENTOS INDIGENAS) que en su numeral 2, "ACTITUD DE LAS FUERZAS ARMADAS", disponía: "Las FF.AA., como Institución encargada de preservar el orden legalmente constituido, ante acciones atentatorias al orden interno de características pacíficas mantendrán un control adecuado y disciplinado de las masas, permitiendo que los movimientos indígenas o clasistas realicen sus protestas en forma ordenada, pero ante manifestaciones violentas, emplearán gradualmente la fuerza y de acuerdo a la situación, tomarán medidas más restrictivas para eliminar las amenazas que pueden afectar a la seguridad de los bienes y servicios públicos o privados".

 

El mismo 5 de enero el Comando General de la Fuerza Terrestre emitió el "Instructivo No. 01-20 de Prevención de Acciones que tiendan a desestabilizar la paz social en todo el Territorio Nacional", en el que entre otros aspectos disponía: "Permitir que los movimientos indígenas o clasistas realicen sus protestas en forma ordenada, priorizando el empleo de medidas pasivas, evitando los enfrentamientos violentos que puedan agravar la situación que se viva". Se concluye que las FF.AA. decidieron no emplear las armas en contra del pueblo.

 

El viernes 7 de enero, a las 12h00, el general Telmo Sandoval, Comandante General de la Fuerza Terrestre, convocó a una urgente reunión a todos los oficiales del Ejército que laboraban en el edificio de la Comandancia General de la Fuerza Terrestre con el propósito de informar:

 

1.- Que la situación política, económica y social del país era sumamente crítica; que el Ecuador estaba convulsionado; que había incongruencia política y la sociedad estaba polarizada y habían adoptado posiciones extremas.

2.- Que era necesario una renovación del Gobierno.

3.- Que las Fuerzas Armadas tenían una credibilidad alta en el pueblo ecuatoriano lo que constituía un serio compromiso.

4.- Que las FF.AA. actuarían con lealtad en todas sus decisiones institucionales.

5.- Que cualquier decisión que se adopte sería una "decisión corporativa".

 

Informó a los presentes que a continuación, junto al general Carlos Mendoza, Jefe del Comando Conjunto, realizarían una visita a la Academia de Guerra, Escuela de Perfeccionamiento de Oficiales y Escuela Polítécnica, con la finalidad de informar a los oficiales de la situación que se vivía y escuchar criterios y recomendaciones para adoptar una posición institucional frente a los hechos. ¿Acaso estas reuniones eran parte de la estrategia diseñada en el balneario de Salinas?, lugar en el que disfrutaron las festividades de fin de año los dos generales Carlos Mendoza y Telmo Sandoval, oportunidad que fue aprovechada para mantener reuniones con el vicepresidente Gustavo Noboa Bejarano, en cuya residencia también, en esos días, se habría designado a Pablo Terán como Ministro de Energía y Minas -¿de qué Gobierno?-, como lo afirmó inocente o imprudentemente su esposa en la entrevista publicada en la revista Cosas del 13 de octubre del 2000.

 

El general Telmo Sandoval dispuso que el general José Lascano, Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Terrestre, con quien mantenía serias discrepancias, y los miembros del Estado Mayor Directorial realizaran una apreciación de la situación que vivía el país. El trabajo se realizó y en él, entre otras cosas, se recomendaba:

1.- Sucesión y disolución del Congreso con el apoyo de las Fuerzas Armadas.

2.- Reestructuración del sistema político.

3.- Control y vigilancia de áreas estratégicas del Estado por parte de las FF.AA.

 

Por información reservada proporcionada por un respetable amigo se pudo conocer de un hecho sui-géneris, por las implicaciones posteriores y por el personaje implicado. Esto ocurrió en las primeras horas de la noche del viernes 7 de enero: Juan José Vivas, entonces secretario particular del vicepresidente Gustavo Noboa, visitó sorpresivamente en su domicilio a un distinguido periodista y editorialista de la capital para solicitarle información sobre los generales y almirantes de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, que podrían ser designados para conformar el Alto Mando. ¿Qué se estaba preparando? ¿Acaso el vicepresidente de la República tenía la atribución constitucional para designar a los mandos militares y policiales? No, definitivamente no. Esa atribución le corresponde, única y exclusivamente, al Presidente de la República, que de acuerdo a la Constitución ecuatoriana es la máxima autoridad de la Fuerza Pública. ¿Acaso en esa fecha se anticipaba la renuncia, destitución o derrocamiento del presidente Mahuad? En la puerta de la oficina de Juan José Vivas en la vicepresidencia, colgaba un rótulo: "Oficina de desestabilización". Posiblemente el espionaje electrónico realizado al Presidente Mahuad se planificaba en esta oficina. ¿Con qué finalidad?

 

El sábado 08 de enero, luego de asistir a la reunión de Comando convocada por el General de Ejército Telmo Sandoval, Comandante General de la Fuerza Terrestre, preparé y entregué un Análisis de la Situación Nacional al General de División Braulio Jaramillo, Director de Operaciones de la Fuerza Terrestre, que requería para asistir a la reunión del Consejo de Generales y Almirantes de las Fuerzas Armadas. A esta reunión no fue invitado el Ministro de Defensa, sin embargo asistió y cuando se presentó e intervino para exponer su posición, fue cuestionado por algunos generales y almirantes. En el documento entregado al general Braulio Jaramillo, entre otras cosas, yo expresaba: "El gobierno nacional no demuestra predisposición para rectificar y corregir los errores cometidos. Su soberbia y obstinada actitud, divorciada de la angustiosa realidad en la que vive el pueblo ecuatoriano, ha provocado su total deterioro incapacitándolo para gobernar. Su permanencia generaría en los próximos días, una explosión social de impredecibles consecuencias, cuyo resultado final sería el caos total y la balcanización del Ecuador".

 

En cadena nacional a las 20h00 del domingo 9 de enero, el presidente Mahuad informó a la nación que había decidido que el Ecuador adopte el dólar como moneda oficial a un cambio fijo de 25.000 sucres. Esta medida, inoportuna y antitécnica, fue lanzada en un momento de extremada desesperación como una tabla de salvación, y con ella pretendía, aunque en última instancia, aferrarse al poder que sentía que se le iba de las manos a medida que los días transcurrían y las protestas se radicalizaban. Sorpresivamente a medio día, arribó a Quito el vicepresidente Gustavo Noboa acompañado de Marcelo Santos, Galo García Feraud, Juan José Vivas y Gustavo González, su yerno (actual equipo de Gobierno en Ecuador). Se trasladaron de inmediato a la vicepresidencia. Aproximadamente a las 15h30 el Presidente Mahuad se comunicó telefónicamente con el vicepresidente Gustavo Noboa para invitarle a que le acompañe en la cadena nacional. Esa invitación no fue aceptada, aduciendo que él -Gustavo Noboa- también había sido elegido por votación y que no servía para acompañar. Luego de la cadena nacional en la que Mahuad informó al país su decisión de dolarizar la economía y no renunció, en la oficina del vicepresidente de la República se produjo una escena en la que Juan José Vivas, a gritos y empleando términos soeces, increpó al vicepresidente reclamándole por qué le había engañado sobre la renuncia del presidente Mahuad. Un testigo presencial nos afirmó que esta escena fue muy desagradable.

 

El lunes 10 de enero se produjo la renuncia del General de Ejército S.P. José Gallardo Román, Ministro de Defensa Nacional del régimen de Mahuad. Su salida habría sido, entre otros motivos, el resultado de la incomodidad que provocó en el régimen la detención del banquero Aspiazu, que más tarde comprometió a Mahuad con el tema de los fondos para financiar la campaña electoral, uno de los detonantes de su descalabro. Por otra parte, los mandos militares con los generales Carlos Mendoza y Telmo Sandoval a la cabeza, habrían presionado al gobierno para la salida del Ministro de Defensa. La salida del general Gallardo le permite acceder al Ministerio en calidad de ministro encargado al general Carlos Mendoza.

 

De esta manera se tejía la conspiración contra Mahuad, que se orquestaba desde Guayaquil, desde los "crespones negros" (N. del E.: símbolo usado por las cámaras de empresarios, medios de comunicación vinculados a los banqueros y el partido socialcristiano, es decir la ultraderecha guayaquileña, para presionar por la defensa del banquero Aspiazu y la dolarización, en marchas masivas en las que se manipuló al pueblo guayaquileño, ocurridas en 1999 en esa ciudad) que apoyaban abiertamente al Vicepresidente Gustavo Noboa, también beneficiario de los dineros de Aspiazu, a quien agradeció personal y efusivamente en su oficina en noviembre de 1998, hecho recogido por diario "El Mercurio" de Cuenca. El Vicepresidente Noboa había tomado distancias prudentes con Mahuad en estas semanas previas y paralelamente mantenía reuniones en su residencia en Punta Blanca, especialmente los últimos días de diciembre de 1999. Los generales Mendoza y Sandoval habrían sido invitados a estas reuniones. La suerte del presidente Mahuad estaba echada. No se discutía su permanencia en el poder, ahora se ultimaban detalles de su derrocamiento. Paralelamente se orquestaba un movimiento con participación de civiles (la CONAIE y la Coordinadora de Movimientos Sociales, principalmente) y militares activos y pasivos -entre ellos el coronel Lucio Gutiérrez Borbúa- y de estas actividades habrían estado al tanto los generales Carlos Mendoza y Telmo Sandoval; el segundo incluso habría participado abiertamente en varias reuniones y ritos shamánicos. Estos hechos los relataré con detalle en un libro que será publicado muy pronto y en él constarán los nombres de los verdaderos cabecillas y quedarán al descubierto los nombres de otros personajes que hasta el momento han permanecido en el anonimato, quizás por temor a represalias y cobardía.

 

Pero prosigamos. Ante la realidad de los hechos, el 11 de enero Mahuad emitió el Decreto Ejecutivo No. 1681 que reformaba su previo Decreto Ejecutivo No. 1674, fechado el 5 de enero del 2000. En el artículo 1 disponía: "La movilización nacional total, en los términos y con todas las consecuencias que establece la Ley de Seguridad Nacional; las requisiciones que sean necesarias, de conformidad con la Ley; y el empleo de la fuerza pública, bajo un mando militar único, para restablecer las condiciones requeridas para el normal desarrollo de las actividades ciudadanas. Para el efecto, se ejercerán todas las facultades conferidas por la Ley de Seguridad Nacional".

 

El 13 de enero Mahuad le aceptó la renuncia al general José Gallardo de la función de Ministro de Defensa Nacional y designó al general Carlos Mendoza, Jefe del Comando Conjunto de las FF.AA. como Ministro de Defensa encargado, de conformidad con la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas. El viernes 14 el Presidente Mahuad se reunió con el Consejo de Seguridad Nacional en el Centro de Mando del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas para analizar la situación nacional y recibir recomendaciones sobre el contenido del Informe de Actividades que al día siguiente tenía que presentar al país.

 

El general Telmo Sandoval, Comandante General de la Fuerza Terrestre, acompañado del general Braulio Jaramillo, Director de Operaciones, asistió a la ceremonia militar en el campamento de La Balbina de la Brigada de Aviación del Ejército No. 15 "PAQUISHA", con motivo de su aniversario. En esta ceremonia el general Telmo Sandoval recibió del comandante de brigada la "boina insignia de piloto de la Aviación del Ejército". Luego asistió al brindis ofrecido en su honor; en un momento el general Telmo Sandoval consultó al comandante y a un grupo de oficiales que conversaban con él, que si él (el general Sandoval) asumía el poder político del país, le apoyarían. El comandante de la brigada, a viva voz, le manifestó que volaría con los helicópteros sobre el Palacio de Gobierno. Así se jugaba con el papel de las Fuerzas Armadas en esa grave crisis.

 

El sábado 15 de enero, el presidente Mahuad presentó ante el Congreso Nacional el Informe anual de actividades de 1999. En su intervención mencionó que no disponía de los recursos para devolver los fondos congelados en marzo del año pasado. Esta información generó un total rechazo de todos los afectados, actos masivos de protesta en contra de su gobierno y su suma a la CONAIE y Movimientos Sociales en las protestas..

 

Lo más negativo fue que no mencionó acciones concretas para combatir y sancionar la corrupción; evitó referirse a la situación judicial del ex presidente Bucaram y de los banqueros que se encuentran prófugos. La percepción general luego de escuchar y analizar el contenido del informe fue que la permanencia del Presidente Mahaud en el cargo duraría pocos días más.

 

El domingo 16 de enero trabajamos normalmente en cumplimiento al estado de emergencia. En el Centro de Operaciones Conjunto, a las 08h00 se inició la reunión de trabajo para analizar la situación nacional. La reunió la presidió el general Norton Narváez, Director de Operaciones del Comando Conjunto de las FFAA. A las 09h00 se incorporó el general Carlos Mendoza, Jefe del Comando Conjunto, que recomendó se intensifiquen las operaciones de inteligencia y se ejecuten operaciones psicológicas. Intervine para manifestar que el informe del Presidente Mahuad provocó un gran descontento en los acreedores de los bancos y que con seguridad se sumarían a la movilización convocada por la CONAIE, Movimientos Sociales y otras organizaciones sindicales, laborales y gremiales. Se analizaron el contenido y las implicaciones legales del nuevo Decreto Ejecutivo relativo a la emergencia nacional. Durante este día se realizaron tres reuniones. La última concluyó a las 24h00. La situación se agravaba aún más y los indígenas continuaban su marcha hacia Quito; en el resto del país se preveía acciones de violencia y continuaba el cierre de vías. El Coronel Lucio Gutiérrez, Jefe de la Sección C3I2 de la Dirección de Operaciones del Comando Conjunto, asistía también a las reuniones del Centro de Operaciones Conjunto, organismo encargado de procesar y digitalizar las informaciones que provenían de todas las provincias del país, a través de la red integrada de comunicaciones e informática.

 

El lunes 17 de enero se realizaron tres reuniones del Centro de Operaciones Conjunto, todas presididas por los generales Carlos Mendoza y Telmo Sandoval, a las que asistieron todos los miembros. Se analizó la situación nacional y se concluyó que existía división entre los dirigentes indígenas de la CONAIE y los evangélicos. En cuanto a la dolarización el general Carlos Mendoza, informó que había asistido a una reunión técnica en la presidencia de la República y que el proceso de dolarización es irreversible y se estaban estudiando mecanismos de ajuste, incremento de salarios y la devolución de los fondos congelados en los bancos. El general Roberto Moya Arellano, Director de Inteligencia del Comando Conjunto, manifestó que "las movilizaciones no tenían convocatoria", criterio equivocado pues los hechos confirmaban lo contrario. Seguramente este general, paisano y compadre del general Telmo Sandoval al que debía su ascenso a general de división, manipulaba la información con fines hasta hoy no claros para mí

 

El martes 18 aproximadamente a las 20h00, luego de asistir a la reunión en el Centro de Operaciones Conjunto, presidida por los generales Carlos Mendoza, Telmo Sandoval, Carlos Calle, luego de las exposiciones de los directores de Inteligencia y Operaciones del Comando Conjunto y de la explicación sobre las reuniones mantenidas en la tarde por los dos primeros generales con los dirigentes de la CONAIE y de la Coordinadora Movimientos Sociales, mantuve una reunión reservada con el General de División Carlos Calle, Jefe de Estado Mayor del Comando Conjunto, a quien manifesté que si el presidente Mahuad no implementaba medidas urgentes para superar la crisis su salida era inminente y que a mi criterio se produciría en el lapso de las próximas 48 horas, pues la decisión de los dirigentes de la CONAIE, los Movimientos Sociales y demás organizaciones populares y gremiales era invariable; los trabajadores petroleros amenazaron con paralizar el bombeo del petróleo y la producción de combustibles en la refinería de Esmeraldas, los indígenas seguían llegando a Quito, caminando y en vehículos de todo tipo, y estaban resueltos a todo.

 

El miércoles 19 de enero a las 08h10 asistí a la reunión del Centro de Operaciones Conjunto (COC). El Director de Inteligencia del Comando Conjunto expuso la situación nacional y concluyó que en todas las provincias del país las vías se encontraban interrumpidas en varios sectores y que la población se sumaba a las marchas y manifestaciones que se realizaban; sin embargo, no se habían registrados actos de violencia o enfrentamientos con la Fuerza Pública. Al momento en Quito se encontraban 5.000 indígenas, aproximadamente, y seguían llegando. Se dispuso que se arbitren las medidas necesarias para evitar la interrupción de los servicios básicos y que continúe el cierre de las vías. Se dispuso también que se evite enfrentamientos con los indígenas y manifestantes y se tomen precauciones para evitar secuestros de oficiales y tropa, frente a una información que se recibió.

 

En la tarde se realizó una nueva reunión a la que asistieron los generales Carlos Mendoza, Telmo Sandoval, Carlos Calle y todos los integrantes del Centro de Operaciones Conjunto. Las protestas, manifestaciones, cierre de vías y concentraciones continuaban con mayor intensidad en todas las provincias. Se dispuso se arbitren medidas especiales de seguridad para evitar la toma de los palacios de gobierno, legislativo y de justicia, por parte de los indígenas y pueblo en general que se seguía sumando a las protestas. El presidente de la República dispuso al general Carlos Mendoza mi traslado inmediato a la ciudad de Esmeraldas y asuma el mando de la Unidad de Tarea Conjunta "ESMERALDAS" y adopte las medidas pertinentes para garantizar el funcionamiento de la refinería de esa provincia y el normal abastecimiento de combustibles a todo el país. Inmediatamente de recibida la orden procedí a coordinar el viaje y a obtener información de lo que estaba ocurriendo en la provincia de Esmeraldas, particularmente con los trabajadores de la refinería. Sin embargo, el Vicealmirante Enrique Monteverde, Comandante General de la Fuerza Naval, y Vicealmirante Donoso, Jefe de Operaciones Navales, pariente político del vicepresidente Gustavo Noboa Bejarano, solicitaron al general Carlos Calle, Jefe del Estado Mayor del Comando Conjunto, que gestione la suspensión de la disposición impartida, pues se afectaría el prestigio profesional del capitán de navío que se encontraba al mando en la provincia de Esmeraldas. La orden fue revocada. Posteriormente me reuní con el general Carlos Calle para trasmitirle mi apreciación sobre lo que estaba ocurriendo en el país. Le manifesté que el presidente Mahuad no había aceptado las recomendaciones del Mando Militar y que su salida era cuestión de horas. El general Carlos Calle minimizó el problema, ya que a su criterio los indígenas se estaban desgastando y preveía que el fin de semana se acababa el problema. Le insistí sobre la ilegitimidad de la permanencia de Mahuad en el poder en consideración de que más del 90 % del pueblo ecuatoriano exigía su renuncia, que era conveniente se le sugiera su renuncia y evitar así el caos y la violencia. El coronel Lucio Gutiérrez continuaba en sus funciones en el C3I2 y trabajaba normalmente en el análisis de los "escenarios.posibles", para lo cual el general Carlos Mendoza había dispuesto su retorno inmediato de Guayaquil, a donde fue destinado por la Jefatura del Estado Mayor de la Fuerza Terrestre.

 

Como el estado de emergencia nacional estaba vigente, el jueves 20 de enero concurrí a las 06h00 de la mañana a mi oficina, pues la situación interna se había tornado difícil y según los reportes de inteligencia casi todo el país se encontraba paralizado por los bloqueos de las carreteras y la masiva presencia de los indígenas en el centro de Quito, en el parque de El Arbolito y en el Ágora de la Casa de la Cultura, donde acamparon, se incrementaba. La situación que se avizoraba era crítica y presagiaba un final anticipado y deseado por más del 90% de los ecuatorianos: la salida del Presidente Mahuad y su equipo de gobierno. En la mañana y tarde los indígenas intentaron ocupar los palacios de gobierno, legislativo y judicial. La Fuerza Pública evitó que se materialice estos intentos. Los indígenas aproximadamente a las 16h00 lograron cercar el palacio legislativo y la Corte Suprema de Justicia. No se produjeron actos de violencia, pero el personal que laboraba en esos momentos fueron impedidos de abandonar las instalaciones y se temía por su integridad física.

 

A las 17h00, cuando salía del edificio del Comando Conjunto luego de asistir a una conferencia sobre el proceso de dolarización impartida por el Dr. Augusto de la Torre, me encontré con el capitán César Díaz, al que conocía desde subteniente porque militamos en Gualaquiza y porque en diciembre de 1999 y la segunda semana de enero me visitó en la oficina con el propósito de conversar sobre algunos proyectos que él tenía en mente implementarlos con los combatientes del Cenepa que sufrieron mutilaciones. El capitán César Díaz es también Héroe del Cenepa, perdió su pierna derecha al explotar una mina en el destacamento Tnte. ORTIZ, en el sector del río Santiago. Le pregunté qué hacía allí; me respondió que había venido a conversar con el Coronel Lucio Gutiérrez. Al despedirnos, en son de broma -al menos esa fue mi percepción en ese momento- me manifestó: "mañana -refiriéndose al vienes 21- es el día D".

 

A las 17h30 se realizó una urgente reunión en el Centro de Operaciones Conjunto para evaluar los últimos incidentes. El general Carlos Mendoza dispuso al general Carlos Moncayo Gallegos, Comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta No 1, que actúe con más energía para repeler a los indígenas y refuerce el dispositivo de seguridad del palacio de Gobierno colocando concertinas (alambre de púas) en gran cantidad, cerrando las vías e impidiendo el tráfico vehicular en las inmediaciones del Palacio Legislativo y Palacio de Gobierno. El general Telmo Sandoval dispuso que se planifique el traslado de 5000 hombres para neutralizar la acción de los indígenas; que se dispare gran cantidad de gases para dispersarlos y se haga uso de las armas de fuego en caso de extrema emergencia, y si esto no era suficiente que se dispare a las piernas. Al salir de la reunión comenté al general Wilson Torres Zapata, Director de Inteligencia de la Fuerza Terrestre, que yo no estaba de acuerdo con la decisión de reprimir y desalojar a los indígenas, ya que la única solución era una negociación a nivel político. A esa hora los indígenas habían cercado el Palacio Legislativo y la Corte Suprema de Justicia y se analizaba la forma de rescatar a los funcionarios que se encontraban dentro de las dos instalaciones. Me reuní en forma reservada con el general Carlos Calle y le expresé que el presidente Mahuad estaba fuera de su cargo y que mientras más tiempo pasaba se corría el riesgo de que los indígenas actúen con violencia y se produzca un derramamiento de sangre con las consecuencias que esto acarrearía.

Cerca de las 24h00 me retiré a descansar a mi domicilio.

 

El viernes 21 de enero a las 00h50 recibí la llamada de un respetado amigo, el periodista Bernardo Abad, cuñado del economista Alfredo Arízaga, Ministro de Finanzas de Mahuad, para preguntarme mi opinión sobre si era conveniente efectuar en la madrugada un desalojo de los indígenas que habían cercado el Palacio Legislativo y la Corte Suprema de Justicia. Le respondí con firmeza que no era conveniente porque había mujeres y niños, que se producirían muchos muertos y heridos, y que en vez de solucionar, el problema se agravaría, se generaría violencia y caos con graves consecuencias para la estabilidad del país; que era necesario buscar alternativas menos violentas. Con la preocupación por los hechos ocurridos en la madrugada y la satisfacción de haber evitado un derramamiento de sangre ante el intento del Gobierno de emplear a la Policía Nacional para desalojar a los indígenas, a las 06h00 llegué a mi oficina; a las 07h00 mantuve una reunión con los oficiales de la Dirección de Operaciones (como lo hacía todos los días para mantener informados a los oficiales de lo que sucedía), para recibir informes de las actividades desarrolladas en cada departamento, realizar coordinaciones e impartir disposiciones administrativas y operativas. En esta ocasión, en base de los informes de inteligencia recibidos, realicé el análisis de la grave situación política que vivía el país y manifesté que lo más conveniente era que el presidente Mahuad renuncie a su cargo y así evite el caos y la violencia. El proceso que el general Telmo Sandoval personalmente había generado y patrocinado, sentía que se le iba de las manos.

 

A partir de las 07h55 hasta las 08h52 asistí a la reunión en el Centro de Operaciones Conjunto. Estaban presentes los generales Carlos Mendoza, Jefe del Comando Conjunto de las FF.AA.; Telmo Sandoval, Comandante General de la Fuerza Terrestre; Carlos Calle, Jefe de Estado Mayor del Comando Conjunto; José Lascano, Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Terrestre; Nortón Narváez, Director de Operaciones del Comando Conjunto; Braulio Jaramillo, Director de Operaciones de la Fuerza Terrestre; Roberto Moya Arellano, Director de Inteligencia del Comando Conjunto; Wilson Torres, Director de Inteligencia de la Fuerza Terrestre; el Director de Inteligencia de las Fuerzas Naval y Aérea, otros oficiales generales y los miembros del Centro de Operaciones Conjunto; es decir el Alto Mando Militar en pleno. Al momento de informar las novedades, se conoció que el Coronel Lucio Gutiérrez había pedido autorización para ir con su esposa al hospital.

 

El Director de Inteligencia del Comando Conjunto expuso la situación en el campo de Inteligencia, señalando que el país se encontraba completamente paralizado y que la situación tendía a complicarse mucho más; que en Quito se encontraban aproximadamente 8.000 indígenas; que continuaba el cerco al Palacio Legislativo y de la Corte Suprema Justicia; que no se habían producido actos de violencia, pero que era difícil prever la actitud de los indígenas. Al finalizar su exposición, para sorpresa mía, manifestó: "el Coronel Lucio Gutiérrez es un quinta columnista en el C3I2 y en el Centro de Operaciones Conjunto". Sin embargo no se habían impartido disposiciones para controlar las actividades del coronel Lucio Gutiérrez.

 

Luego el general Wilson Torres, Director de Inteligencia de la Fuerza Terrestre, pidió la palabra y procedió a leer un informe especial de inteligencia sobre la situación del país; recomendó que se realice una apreciación de la situación en la que se consideren todos los elementos que estaban participando en las protestas populares; que se determine quién tiene la razón y "que por el bien del país el Presidente Mahuad deje su cargo¨, que las Fuerzas Armadas se deben a la nación y hay que defenderla, que no podemos alinearnos con ninguna posición, que todos estamos inconformes con el actual Presidente". Un hecho que me llamó fuertemente la atención fue que el general Wilson Torres, luego de su intervención, dio lectura a un informe de Inteligencia Técnica relativo a "la interceptación de las comunicaciones telefónicas celulares entre los diputados de la Izquierda Democrática y ex militares Paco Moncayo Gallegos y René Yandún".

Por mi mente se cruzaron algunas ideas y presentimientos, como es obvio había hechos e informaciones que no conocía, pero lo cierto es que algo importante estaba pasando.

 

El general Telmo Sandoval manifestó que sería conveniente concentrar 5.000 hombres sin armas letales y con "garrotes" para desalojar a los indígenas y se dispuso se intensifiquen las actividades de Inteligencia y Operaciones Psicológicas. Esta disposición del general Sandoval me causó repugnancia, y eso que no sabía lo que hoy conozco del general Sandoval. ¡Qué cinismo! pensé, pues esa disposición contrastaba notablemente con la que me impartiera, en su oficina, el 5 de noviembre de 1999 antes de su viaje a La Paz, Bolivia, para asistir a la Conferencia de Ejércitos Americanos: que arbitre las medidas necesarias para que la Brigada de Ingenieros No. 23 "CENEPA" y el Grupo de Fuerzas Especiales acantonado en Santo Domingo de los Colorados proporcionen todo el apoyo y los equipos que soliciten los dirigentes de la CONAIE para su Congreso Nacional que se desarrollaría en esa ciudad, con la asistencia de más de 1000 representantes. Designó al coronel José Mejía, Secretario General de Ejército, para que asista al congreso como Coordinador de ese apoyo. En ese momento también recordé que el general Braulio Jaramillo, Director de Operaciones de la Fuerza Terrestre el 28 de diciembre me dispuso que entregue en forma reservada al general Telmo Sandoval una copia del documento "PLAN ESTRATEGICO DE SEGURIDAD Y DESARROLLO 2025", antes de su viaje a Salinas. El documento fue entregado al teniente coronel Albán, Ayudante de Ordenes del general Sandoval.

 

El general Carlos Mendoza informó que se reuniría con el Comité de Crisis, conformado por disposición del presidente Mahuad e integrado por: el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas en pleno, el Comandante General de la Policía Nacional y el Ministro de Gobierno Vladimiro Alvarez, para analizar la situación y recomendar las acciones a tomar.

 

Al concluir la reunión estaba confundido y tenía muchas interrogantes. Se me vino a la mente una información que me proporcionó un hermano a mediados diciembre de 1999, relacionada a que en el Congreso Nacional circulaban rumores sobre un golpe de estado que estaba siendo planificado por un coronel del Ejército de apellido Hernández o Gutiérrez; le respondí que no conocía nada pero que solicitaría información a la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Terrestre. Relacionando esta información con lo que mencionó el capitán César Díaz la tarde anterior, concluí que el Coronel Lucio Gutiérrez planificaba alguna acción.

 

Llegué a mi oficina en la Dirección de Operaciones de la Fuerza Terrestre, solicité al cabo Vicente Espinoza una taza de café y permanecí pensativo. A las 09h28 recibí una llamada telefónica del Coronel Gustavo Tapia, Rector de la Escuela Politécnica de la Fuerza Terrestre, para informarme que "100 oficiales alumnos se dirigían en tres autobuses hacia el Congreso Nacional". Informé el particular al general Braulio Jaramillo, Director de Operaciones, mi superior directo, quien me manifestó que ya conocía la novedad. De esta manera se confirmaba la información proporcionada días atrás por la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, referente a la posición de los oficiales alumnos de la Escuela Politécnica del Ejército, en la que apoyan incondicionalmente los planteamientos de la CONAIE y, en el caso de que se ordene su traslado, se negarían a cumplir la disposición. Este hecho motivó una visita previa del general Telmo Sandoval al instituto, para reunirse con los oficiales alumnos. En el desarrollo de esta reunión se expusieron varios escenarios entre los que constaba la posibilidad de que instaure un "Gobierno militar" de transición. Esta posibilidad causó desconcierto a los oficiales alumnos, quienes, al parecer, ya habían mantenido reuniones con el coronel Lucio Gutiérrez.

 

Mi preocupación se acrecentó al recordar las palabras del capitán César Díaz sobre el "Día D"; luego de 20 minutos logré obtener el número de su teléfono celular y le llamé; me contestó efusivo. Le pregunté que dónde se encontraba, me contestó: "sobre el objetivo" y cortó la comunicación. Deduje que el "objetivo" al que se refería el capitán Díaz era el palacio Legislativo.

 

A las 10h00 el presidente Mahuad continuaba en su cargo y, sin embargo, extrañamente, el general Carlos Mendoza, Jefe del Comando Conjunto y Ministro de Defensa Nacional encargado, disponía que el avión caza de la Aviación Naval que se encontraba en Guayaquil, se ponga a disposición del doctor Gustavo Noboa Bejarano, vicepresidente de la República, para que se lo traslade a Quito, según consta en la declaración realizada por el teniente coronel Fabián Narváez, Ayudante de Órdenes de general Carlos Mendoza en la Corte de Justicia Militar, en el juicio instaurado en contra del general Carlos Mendoza. ¿Acaso la toma del Congreso Nacional era la condición convenida para forzar la renuncia del presidente Mahuad? Seguramente este escenario había sido previsto en las reuniones de fin de año en el balneario de Punta Blanca.

 

Más o menos a las 11h00, ingresó violentamente a mi oficina un sargento cuyo nombre no recuerdo pero que trabajó conmigo en Gualaquiza durante el Conflicto del Alto Cenepa, y me manifestó: "Mi Coronel, le felicito, la Junta de Salvación Nacional le ha nombrado Comandante General de la Fuerza Terrestre". Me sonreí y le pedí que se tranquilizara; prendimos el televisor y observamos al coronel Lucio Gutiérrez lanzando una proclama junto a Antonio Vargas, Presidente de la CONAIE; a Napoleón Saltos, dirigente de la Coordinadora de Movimientos Sociales; Miguel Lluco, capitán César Díaz luciendo la Condecoración "CRUZ AL MERITO DE GUERRA"; a otros dirigentes indígenas y oficiales alumnos de la Escuela Politécnica del Ejército. Ese momento se confirmaron mis sospechas. En verdad, en el primer decreto promulgado por la Junta de Salvación Nacional, se designaba nuevos mandos militares a los coroneles de Estado Mayor Conjunto: Fausto Cobo, Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas; Jorge Luis Brito Albuja, Comandante General de la Fuerza Terrestre; Gustavo Lalama Hervas, Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Terrestre, y no se decía nada sobre los mandos de las otras ramas de las Fuerzas Armadas.

 

A las 11h15 recibí la disposición de presentarme inmediatamente ante el general Carlos Calle, Jefe de Estado Mayor del Comando Conjunto. La misma disposición había sido impartida a los señores coroneles Fausto Cobo, Director de la Academia de Guerra de la Fuerza Terrestre y Gustavo Lalama, Director de la Escuela de Perfeccionamiento de la Fuerza Terrestre. Me comuniqué con el coronel Fausto Cobo y le informé de la disposición que había recibido y que le esperaba en mi oficina. Con el coronel Gustavo Lalama no realicé ningún contacto. La televisión continuaba transmitiendo en vivo y en directo todo lo que sucedía en el Congreso Nacional.

 

A las 11h30 me presenté ante el general Carlos Calle; el ambiente era patético, había mucha preocupación y tensión: generales y almirantes que entraban y salían con los rostros desencajados; otros, sentados fumando y mirando la televisión; algunos caminaban de lado a lado profiriendo insultos en contra de los "insurrectos desleales" -ellos no sabían los antecedentes de lo que estaba ocurriendo-, todos sin atinar qué decisión tomar. La misma escena se replicaba en la oficina del general Carlos Mendoza, en la que se encontraban los Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas, asesores y edecanes. Los que estaban al tanto de lo que iba a suceder, en secreto, se frotaban las manos pletóricos de dicha y felicidad, pues todo salía de acuerdo a lo previsto. Hasta el momento no se habían producido actos de violencia o vandalismo y la salida de Mahuad, finalmente, se había concretado. Los nuevos miembros del gabinete designados en Punta Blanca, la mayoría del círculo cercano al doctor Gustavo Noboa, estarían preparando sus maletas para viajar a Quito. El general Carlos Calle me preguntó si yo conocía algo sobre lo que ocurría en el Congreso Nacional; le manifesté que no, pero que basado en los análisis que realizaba todos los días, le había expresado oportunamente lo que presumía que podía acontecer. Hasta ese momento Fausto Cobo y Gustavo Lalama no se presentaban.

 

El general Calle en su interior me estaría dando la razón. Siempre fui frontal y directo con él, porque considero que esa es la forma de practicar la lealtad y ser consecuente. En mi mente y corazón me congratulaba con lo que sucedía porque el pueblo ecuatoriano, sobre todo los indígenas, por primera vez se rebelaban con razón contra el desgobierno, la corrupción, el atraco de los banqueros, la pobreza, la injusticia, la inequidad y contra quienes habían destruido sus sueños, esperanzas y autoestima. Ciertamente era la hora de poner punto final a todo lo malo y generar las bases de un nuevo Ecuador. El pueblo ecuatoriano demostraba su complacencia con los civiles y militares rebeldes. El presidente Mahuad seguía en el Palacio de Gobierno, a la expectativa del desenlace de los acontecimientos. En realidad, él sabía que su tiempo había concluido; era demasiado tarde para los arrepentimientos y los intentos de enmendar errores. El general Mendoza, en la tarde del día anterior, en una tensa reunión realizada en la presidencia le había sugerido que tome una decisión constitucional. En Guayaquil, el vicepresidente de la República Gustavo Noboa Bejarano, su hermano Ricardo Noboa, actual Presidente del CONAM; el doctor Juan Manrique –inicialmente se desempeñó como asesor personal del Presidente instituido, luego, como Ministro de Gobierno-, Gustavo González (yerno), Juan José Vivas, Rodolfo Barniol, Alfredo Negrete y algunos "gustavinos" esperaban impacientes la hora de partida para viajar a Quito. El Almirante Hugo Unda planificaba con sus camaradas de la Fuerza Naval las acciones que tomarían para captar el control de las Fuerzas Armadas. ¡La Cofradía de Amigos del Mar, sin esfuerzo alguno, se había tomado el poder del país! Al fin, se estaban creando las condiciones para la implementación del Proyecto Singapur, el mismo que se iniciaría luego con la propuesta de las famosas autonomías, entiéndase separatismo-.

 

En el Comando Conjunto todo era confusión e incertidumbre, movimiento de generales, almirantes, oficiales y tropa. Para los verdaderos conspiradores todo funcionaba a la perfección, de acuerdo a lo planificado. En el Congreso Nacional había euforia y tensión a la vez, se lo percibía en los rostros que proyectaba la televisión. En las principales ciudades del país el pueblo apoyaba la rebelión.

 

Eran las 12h15 aproximadamente, cuando retorné a mi oficina a esperar a los coroneles Fausto Cobo y Gustavo Lalama, quienes también habían sido llamados al Comando Conjunto. A las 12h50, desde la ventana de mi oficina observé al generales: Carlos Mendoza, Telmo Sandoval, Ricardo Irigoyen, Comandante General de la Fuerza Aérea; Vicealmirante Enrique Monteverde, Comandante General de la Fuerza Naval; y, al general Jorge Villarroel, Comandante General de la Policía Nacional, asesores y edecanes, que salían apresuradamente del edificio del Comando Conjunto. Me contacté telefónicamente con el mayor Gustavo Acosta, ayudante del general Carlos Calle, y le pregunté qué sucedía, me respondió: "El Alto Mando Militar y de la Policía Nacional van hacia el Palacio de Gobierno para solicitarle al Presidente Mahuad que renuncie".

 

A las 13h10 el cabo Jácome que trabajaba en la sección administrativa de la Dirección de Operaciones me entregó un documento: El telegrama URGENTISIMO S.N. remitido por la Brigada de Ingenieros No. 23 "CENEPA" al Comando General de la Fuerza Terrestre, cuyo texto dice: "Fines consiguientes me permito informar personal de oficiales, voluntarios de la 23-BE "CENEPA" apoyamos moral, espiritual y físicamente al CRNL. E.M. LUCIO GUTIERREZ.- Atto. 23-BE". Las unidades militares de todo el país comenzaban a tomar posición frente a los hechos. El Cuerpo de Ingenieros de la Fuerza Terrestre, unidad jerárquica de esta brigada de Ingeniería, se presentaría horas más tarde en el Congreso Nacional.

 

A las 13h30 continuaba en mi oficina a la que acudieron algunos oficiales y tropa de la Dirección de Operaciones, quienes manifestaron su preocupación por lo que sucedía. Les manifesté que tenía que darse una salida negociada y que el Presidente Mahuad debía renunciar. De pronto, la televisión transmitió una rueda de prensa desde el Congreso Nacional; mi compañero, el coronel Fausto Cobo intervenía emotivamente y solicitaba la presencia de sus compañeros: Jorge Brito, Gustavo Lalama, Luis Aguas y Jorge Costa. Permanecí frente al televisor hasta que la rueda de prensa concluyó. Mi preocupación aumentó al punto que opté por llamar nuevamente al mayor Gustavo Acosta para averiguarle si el Alto Mando Militar había retornado; dijo que en 10 minutos llegarían y que habían dispuesto se prepare una rueda de prensa.

 

La presencia del coronel Fausto Cobo en el Congreso Nacional precipitó los acontecimientos y cambió radicalmente el panorama. Para los verdaderos conspiradores este hecho fue un baldazo de agua fría: "el libreto preparado tenía un nuevo personaje, cuya presencia hacía tabla rasa todo lo planificado". En Guayaquil, seguramente el vicepresidente Gustavo Noboa Bejarano y su comitiva sintieron que sus aspiraciones se quedaban sin piso, en el aire. Ese momento se iniciaron consultas, gestiones y presiones, tanto de políticos ecuatorianos como de la comunidad internacional, especialmente del Departamento de Estado de los EE.UU. También para Peter Romero la presencia de Fausto Cobo fue una sorpresa y que no concordaba con lo que él conocía desde algún tiempo atrás: la CIA estaba al tanto de lo que ocurría en el país, había concluido e informado al Departamento de Estado que para evitar una explosión social generalizada era conveniente que el Presidente Mahuad renuncie a su cargo.

 

El Presidente Mahuad ante la solicitud del Alto Mando para que renuncie en consideración de que "los escenarios se le habían agotado", les respondió iracundo que no renunciaría, que lo derroquen. A las 13h35, aproximadamente, según me relató Bernardo Abad, se comunicó telefónicamente con el general Carlos Calle, para consultarle si aceptaba la designación de Jefe del Comando Conjunto en reemplazo del general Carlos Mendoza, quien acababa de pedirle al Presidente que renuncie. Bernardo Abad insistió una vez más; el general Carlos Calle, no aceptó. En ese momento su carrera militar había concluido, pues desde hace 8 meses el general Carlos Mendoza apadrinaba al general Norton Narváez para que sea nombrado como Comandante General de la Fuerza Terrestre, lo que implicaba la salida obligatoria de los generales Carlos Calle y José Lascano. En varias oportunidades le comenté este particular al general Carlos Calle, pero él estaba demasiado confiado en la aparente amistad del general Mendoza.

 

A las 14h30, mientras me encontraba en la oficina recibí una llamada de la secretaria del general Carlos Mendoza, que me comunicaba que debía presentarme ante él para recibir disposiciones. Me levanté, respiré profundamente y dispuse a los cabos Juan Chimborazo y Vicente Espinoza que se preocupen de la seguridad de los documentos y de mi oficina, ya que presentía que iba a un viaje sin retorno. En cumplimiento a lo dispuesto me presenté ante el general Carlos Mendoza. En su oficina estaban reunidos todos los comandantes generales de las tres ramas de las Fuerzas Armadas y el de la Policía Nacional; el ambiente era tenso y se evidenciaba gran preocupación. El general Mendoza me preguntó si el coronel Gustavo Lalama ya había llegado, le respondí que acababa de llegar en ese momento. En la sala de reuniones contigua a la oficina del Jefe de Comando Conjunto se realizó una reunión para analizar la situación y buscar una urgente salida a la crisis. En esta reunión participaron algunos oficiales: general Carlos Mendoza; general José Lascano, partidario de una solución militar: atacar el Palacio Legislativo, coronel Gustavo Lalama, coronel Huberth De la Rosa, teniente coronel Oswaldo Moreno, teniente coronel Fabián Narváez, teniente coronel Celso Andrade, teniente coronel Hernán Altamirano y otros asesores. Se analizaron varias opciones:

 

1.- Que el general Carlos Mendoza salga en una rueda de prensa, acompañado de los coroneles Jorge Brito y Gustavo Lalama, para informar a la Nación que las Fuerzas Armadas retiraban el respaldo al Presidente Mahuad y que asumían temporalmente el control del país, para dar una salida democrática a la crisis. Esta opción fue aceptada.

 

2.- Se analizó la posibilidad de una acción militar, pero esta opción fue descartada por las graves consecuencias que acarrearía y el riesgo de escalar la crisis a una confrontación armada.

 

Luego de agitadas y tensas deliberaciones en las que se recomendó se adopte una posición firme frente al presidente Mahuad, el general Carlos Mendoza después de consultar a los miembros del Comando Conjunto, decidió enviar a los coroneles Jorge Brito y Gustavo Lalama para que salgamos al Congreso nacional como mediadores, conversemos con el coronel Fausto Cobo y le convenzamos que deponga su actitud. Esta opción fue tomando fuerza y se consideraba la más viable a fin de evitar enfrentamientos entre miembros de la institución.

 

Es así que en cumplimiento a una Orden Militar Verbal del general Carlos Mendoza, Jefe del Comando Conjunto de las FF.AA. y Ministro de Defensa Nacional encargado, con el conocimiento y aprobación del Alto Mando Militar, del Consejo de Generales y Almirantes de las Fuerzas Armadas y del Comandante General y Generales de la Policía Nacional, de conformidad con lo que se dispone en los Capítulos III y IV de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas, salimos rumbo al Congreso. Esta decisión fue adoptada por el general Carlos Mendoza ante la impotencia, inacción, incapacidad e inmovilismo que se evidenció de parte de los generales y almirantes -de quienes desconfiaba- responsables funcionales de manejar y buscar una solución inmediata a la crisis que se había producido, situación que no había sido considerada en ningún plan principal o alterno y, seguramente, por esta razón, tampoco fue considerada y analizada en los juegos de guerra de Defensa Interna desarrollados en el Instituto Nacional de Guerra y en las Academias de Guerra de las Fuerzas Armadas. La situación se enmarcó en una atípica situación de conducción, que demandaba la búsqueda inmediata de una solución no convencional a una crisis que tendía a agravarse rápidamente. Baso mi criterio en la experiencia adquirida a lo largo de mi carrera y como profesor de Estrategia y Táctica Militar en operaciones convencionales y no convencionales en la Escuela de las Américas del Ejército de los Estados Unidos y de Estrategia Militar y Conducción Operativa en la Academia de Guerra de la Fuerza Terrestre.

 

En el Manual de Defensa Interna no se considera la ejecución de "acciones de engaño", en consecuencia, tampoco en el Plan Militar de Defensa Interna "DEMOCRACIA III" se prevé la realización de este tipo de acciones; porque las Operaciones Militares de Engaño y Diversión son propias de la guerra convencional y deben ser planificadas meticulosamente y con la debida anticipación. En conclusión no es verdad que el Comando Conjunto y el Consejo de Generales y Almirantes de las Fuerzas Armadas, "prepararan una estrategia para solucionar la crisis"; tal afirmación cae por su propio peso pues un plan estratégico se prepara con mucha anticipación y, basado en la Apreciación de Inteligencia Estratégica, en él se establecen las diferentes fases y las acciones que deben realizarse en cada una de ellas, con la finalidad de alcanzar el Objetivo Estratégico Final, que en el caso del Comando Conjunto es asignado en el Concepto Estratégico Nacional de Seguridad Interna (CENSI), aprobado por el Presidente de la República y en el Plan Nacional de Seguridad Interna, preparado por el Consejo de Seguridad Nacional. En ningún momento, ni remotamente se consideró la posibilidad que oficiales y tropa de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, se unieran a la manifestación cívico-patriótica de los indígenas, de los Movimientos Sociales y de más del 90 % del pueblo ecuatoriano para la toma pacífica del Palacio Legislativo, la Corte Suprema de Justicia y el Palacio de Gobierno.

 

A las 15h05 el general Carlos Mendoza y los comandantes generales de las Fuerzas Armadas ofrecieron una rueda de prensa desde el salón de reuniones del edificio del Comando Conjunto, en la que manifestó: "Cumpliendo con el mandato constitucional hemos agotado todos los espacios y hemos hablado con el señor Presidente de la República y le hemos pedido que renuncie para evitar un estallido social. En ese sentido las Fuerzas Armadas, conscientes que debemos mantener el orden y la disciplina, hemos adoptado esta situación. Hace un momento hemos conversado con el Presidente de la República... Nuestra responsabilidad es mantener el ordenamiento jurídico. Hemos pedido al Presidente de la República, vuelvo a repetir, que renuncie".

 

En estas circunstancias, la misión a mí encomendada fue: "Concurrir conjuntamente con el coronel de Estado Mayor Conjunto GUSTAVO LALAMA HERVAS, teniente coronel de Estado Mayor CELSO ANDRADE y mayor de Caballería Blindada FIDEL ARAUJO, al lugar de la crisis –Palacio Legislativo-, tomar contacto con el coronel de Estado Mayor Conjunto FAUSTO COBO y mediar para que él, los demás oficiales y personal de tropa depongan su actitud y evitar un derramamiento de sangre". Esta orden la recibí luego de que el general de ejército Carlos Mendoza, previa decisión adoptada por el Alto Mando Militar y de la Policía Nacional, dispuso en mi presencia y la de otros generales y oficiales que el general de brigada Carlos Moncayo Gallegos, a las 15h10 comunique al Presidente de la República Jamil Mahuad que las Fuerzas Armadas le retiraban el respaldo y le invitaban a abandonar el Palacio de Gobierno porque no le garantizaban su seguridad personal. El general Carlos Mendoza, antes de que saliéramos hacia el Palacio Legislativo dispuso que quienes se encontraran en el lugar de la crisis no iban a ser sancionados ni disciplinaria ni administrativamente". Le solicité que la disposición de salir al Congreso Nacional y el compromiso de no sancionar a los compañeros me lo entregara por escrito y me manifestó que el tiempo apremiaba y que salgamos de inmediato al Congreso. Le tomé la palabra y a las 15h15 del viernes 21 salimos con dirección al Palacio Legislativo. Varios generales y oficiales fueron testigos presenciales de esos hechos.

 

El general Roberto Moya Arellano –aliado natural y cómplice del general Telmo Sandoval-, Director de Inteligencia del Comando Conjunto, ha manifestado en varias ocasiones que él no conoció de esta disposición, a pesar de que el capitán de Inteligencia Militar Edgar Villafuerte, su ayudante de órdenes, junto con otros miembros de Inteligencia y del Servicio Secreto se habían infiltrado en el Congreso Nacional para informar todo lo que allí sucedía.

 

El mayor Gustavo Acosta, ayudante del general Carlos Calle, con angustia y desesperación me dijo el rato de salir: "mi coronel, por favor no se vaya al Congreso, ¡le van a utilizar!". El mayor Gustavo Acosta tenía razón, la función que desempeñaba le permitió conocer el perfil de muchos generales y almirantes, particularmente el de los generales Carlos Mendoza y Telmo Sandoval y de su gran habilidad para el tráfico de influencias y para conspirar en contra de sus superiores y desprestigiar a sus subalternos. Sin embargo, por la gravedad de la crisis en la que se debatía el Ecuador en esos momentos, hice caso omiso de la recomendación y asumí con entereza el reto de evitar un enfrentamiento fratricida.

 

La misión asignada fue una misión de carácter político-estratégico, por lo que tuvimos "total libertad de acción" como lo establece el Manual de Estrategia Militar, ya que el éxito o fracaso en su cumplimiento tenía grandes riesgos debido a que la crisis había alcanzado un punto crucial y el nivel de tensión e incertidumbre que se vivía en esos instantes, se incrementaba a medida que el tiempo transcurría, con el peligro inminente de que las alternativas para solucionarla se agotaban y que, en corto plazo, con la "aparición repentina de eventos no previstos se llegaría a un punto de no retorno", lo que exigía del coronel de Estado Mayor Conjunto GUSTAVO LALAMA, de mi persona y de los dos oficiales acompañantes, toda la iniciativa y capacidad de persuasión para cumplir con la misión encomendada.

 

Mientras esto ocurría en la capital, en Guayaquil, Cuenca, Riobamba, Tena, Shell, Machala, Loja y en otras ciudades los oficiales y tropa manifestaban en forma unánime el apoyo a la acción que se desarrollaba en el Congreso. Se produjeron hechos que provocaron el derrumbe de frágiles y supuestos liderazgos que sucumbieron estrepitosamente ante la primera crisis.

 

A las 15h30 aproximadamente, llegamos al Congreso Nacional; la situación que se vivía en el lugar era de euforia y tensión extrema. Ingresamos a la oficina del Presidente del Congreso, en ella se encontraban los coroneles Fausto Cobo y Lucio Gutiérez y otros oficiales; los dirigentes Antonio Vargas, Miguel Lluco, Ricardo Ulcuango, y muchos más en una rueda de prensa. Saludé con Fausto Cobo y le hice una seña indicándole que deseábamos reunirnos con él. Había muchos periodistas de los medios de comunicación social del país y de las agencias internacionales. Pude detectar también la presencia de gran cantidad de agentes de inteligencia de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional infiltrados entre los presentes. El coronel Fausto Cobo concurrió al llamado y mantuvimos una reunión reservada en el baño de la sala privada de reuniones de la presidencia del Congreso Nacional. El coronel Gustavo Lalama y yo le informamos que el Presidente Jamil Mahuad había sido destituido por las Fuerzas Armadas y era conveniente que se revisen los procedimientos por el bien del país y de la institución; que era preciso evitar un enfrentamiento armado. El coronel Fausto Cobo manifestó que esa también era su intención. A continuación y como el tiempo apremiaba pedimos reunirnos con los dirigentes indígenas y de la Coordinadora de los Movimientos Sociales, para informarles sobre la destitución del Presidente Mahuad.

 

La reunión reservada se inició a las 15h40 con la presencia de las siguientes personas: coroneles Jorge Brito, Gustavo Lalama, Fausto Cobo, Lucio Gutiérrez; Antonio Vargas, Napoleón Saltos, Pablo Iturralde, Miguel Lluco, Edwin Piedra, Ricardo Ulcuango, Salvador Quishpe, algunos oficiales y otras personas más. Era la primera ocasión que conocía personalmente a los dirigentes presentes. Nos saludamos cordialmente, les expliqué que veníamos como mediadores con el propósito de buscar una salida incruenta a la situación; se les informó que el Presidente Mahuad había sido destituido y que queríamos escuchar sus ponencias. Manifestaron su satisfacción por la salida de Mahuad. Se resaltó la importancia de mantener la unidad de la República y evitar fracturas institucionales. El coronel Lucio Gutiérrez concordó con lo expuesto y manifestó que por el bien del país él declinaba su posición. Al preguntarles cuáles eran sus ponencias todos coincidieron en lo siguiente:

1.- Mantener la Junta de Salvación Nacional.

2.- Salida de los integrantes del gobierno de Mahuad y su detención.

3.- Salida de todos los generales y almirantes a quienes consideraban cómplices y encubridores de lo que sucedía en el país.

4.- Reestructuración del Estado y reformas a los tres poderes.

5.- Combatir y castigar la corrupción.

6.- Evitar enfrentamientos y manejar la crisis.

 

Relacionado al primer punto, se les manifestó que no era posible. Luego de intercambiar criterios se acordó buscar a un ciudadano que no tenga vínculos con ningún partido político y que no haya estado relacionado con actos de corrupción; que tenga el perfil semejante al de Yerovi Indaburu (presidente interino de la década de los sesenta. N. del E.), para que presida un gobierno de transición y que cumpla con los postulados del Mandato del Parlamento de los Pueblos del Ecuador para la Salvación Nacional, documento que me fue entregado en ese momento.

 

Se había logrado un avance importante: las tensiones bajaron un poco y se vislumbraba una salida negociada. Mientras se desarrollaba la reunión el general Carlos Mendoza se comunicó varias veces con el coronel Gustavo Lalama para preguntarle sobre lo que estaba ocurriendo; Gustavo Lalama le manifestó que la situación era difícil, inmanejable. Inclusive el general Carlos Mendoza conversó con Fausto Cobo para pedirle que salga del Congreso para mantener una reunión en el Hospital Militar. Los oficiales no permitían la salida de nadie aduciendo que era una trampa. En el último contacto telefónico Gustavo Lalama pidió al general Carlos Mendoza que viniera al Congreso Nacional para que se reúna con los dirigentes. Que le enviaría un grupo de oficiales para que le proporcionen seguridad. El general Carlos Mendoza le respondió: "no ingresaré porque creerán que soy un golpista". Esta es la respuesta de quien llegó al más alto grado militar sin haber corrido riesgos de ninguna naturaleza. El país se encontraba convulsionado y en serio peligro, y el General Mendoza evadía irresponsablemente implementar una solución.

 

Simultáneamente se recibían llamadas de comandantes de unidades de las tres ramas de las Fuerzas Armadas apoyando a los oficiales que permanecíamos en el Congreso Nacional. Miles de personas rodeaban el edificio y apoyaban el movimiento. Ciertamente el pueblo clamaba por un cambio y se regocijaba por lo que estaba ocurriendo. Se recibió la información que el Presidente Mahuad había abandonado el Palacio de Gobierno y que se dirigía al aeropuerto para abandonar el país.

 

Nuevamente se nos informó que se había dispuesto a tropas de Fuerzas Especiales ejecuten un ataque al Congreso y que Alto Mando había asumido los plenos poderes y que se dirigían al Palacio de Gobierno (aunque más tarde los generales y almirantes afirmarían que esa decisión fue parte de la estrategia de engaño). Esto causó profundo malestar a todos los que nos encontrábamos reunidos. Los ánimos se exaltaron. Los generales y almirantes se encontraban en sus oficinas cuidando el puesto mientras dos coroneles que buscaban una salida negociada eran traicionados por los verdaderos conspiradores y golpistas. Una vez más, a la incompetencia se sumaba la deslealtad, la traición y la falta de criterio.

 

Se improvisó una rueda de prensa en la que intervine para pedir a todos los militares que mantengan la calma y enviarles un mensaje de solidaridad. Civiles, oficiales y tropa en servicio activo y pasivo seguían sumándose al movimiento. La euforia del momento hizo que se decida realizar una marcha hacia el Palacio de Gobierno para ver qué pasaba con los generales y almirantes que ya se encontraban allí.

 

El coronel Gustavo Lalama y yo permanecimos en el Congreso Nacional, con la finalidad de mantener el control del personal militar que se encontraba allí y del que continuaba presentándose. Nos trasladamos a la presidencia del Congreso Nacional lugar desde el cual se impartieron disposiciones para mantener la calma a las unidades que se continuaban adhiriéndose. Los comandantes y estados mayores de algunas unidades se presentaron a presentar su respaldo. Se les ordenó que retornen a sus unidades y esperen disposiciones. Se evitó así la posibilidad de que se produzca un enfrentamiento. Se dispuso al teniente coronel Aguilar, Comandante de la Escolta Presidencial, que no dispare en contra de los civiles y militares que marchaban hacia el Palacio de Gobierno y respondió que cumpliría con la orden.

Con Gustavo Lalama y otros oficiales procedimos a realizar un análisis de la situación que se vivía en ese momento, concluimos que la rebelión del pueblo ecuatoriano estaba plenamente justificada y no había una salida enmarcada en un concepto tradicional: que la solución sería atípica como atípicos eran los hechos que se desarrollaban.

 

A las 19h00 aproximadamente se presentaron el Jefe y los miembros del Estado Mayor tanto de la Brigada de Ingenieros No. 23 "CENEPA" así como del Cuerpo de Ingenieros de la Fuerza Terrestre No. 23, en apoyo al movimiento. Se les dispuso que retornen a sus cuarteles, mantengan la tranquilidad y que esperen disposiciones. La televisión transmitía las escenas que se desarrollaban en la Plaza de la Independencia cuando el pueblo y los militares arribaban al lugar. No se produjeron enfrentamientos o acciones de represión de parte del personal militar que brindaba seguridad: cumplieron la disposición impartida. Los integrantes del Alto Mando Militar y de la Policía Nacional habían llegado al Palacio de Gobierno a las 18H15; el general Telmo Sandoval, con los brazos levantados, había declarado a los medios de comunicación social nacionales e internacionales: "Venimos a tomarnos el poder". Quedaba así confirmada la información: las Fuerzas Armadas habían asumido los plenos poderes. El general Telmo Sandoval, desesperado, temía que el poder se le vaya de las manos. Así mismo los medios de comunicación informaron que en el interior del Palacio de Gobierno se desarrollaban negociaciones entre la Junta Militar y los integrantes de la Junta de Salvación Nacional.

 

A las 20h00, mientras observábamos el canal Gamavisión y la manera de cómo se procesaba las informaciones y se realizaban parcializados análisis de lo que sucedía, lo que distorsionaba la verdad de los hechos y desorientaba a la ciudadanía, tomé la decisión de intervenir para aclarar al periodista Andrés Carrión: "No es un golpe de estado; el pueblo ecuatoriano, soberanamente, ha decidido revocar el mandato al Presidente Mahaud porque no ha cumplido con sus obligaciones".

 

A las 21h00 llegó un grupo de oficiales, entre ellos el teniente coronel Hidalgo, Profesor de la Academia de Guerra de la Fuerza Terrestre, con el mensaje de que era indispensable nuestra presencia en el Palacio de Gobierno, porque las negociaciones entre la Junta Militar y la Junta de Salvación Nacional no progresaban y se había llegado a un punto muerto. Nos trasladamos de inmediato; ingresamos al Palacio y fuimos a la sala contigua a la oficina del Presidente de la República. En ese lugar se encontraban: el Alto Mando que había asumido los plenos poderes, la Junta de Salvación Nacional, dirigentes indígenas, oficiales y tropa. El ambiente era extremadamente tenso. Pude percibir la mirada de odio del general Telmo Sandoval. Todo lo que ocurría, en gran parte, era su responsabilidad pues puso en grave riesgo la paz del país y la integridad institucional de las Fuerzas Armadas. Las intervenciones eran muy beligerantes. Nadie aceptaba la permanencia en el servicio activo de los generales y almirantes de las Fuerzas Armadas porque se les consideraba cómplices del caos político, económico y social del país; y a los generales Carlos Mendoza y Telmo Sandoval, traidores a los indígenas y al pueblo.

 

¿Qué compromisos habían adquirido?
 

1. Que la Junta de Salvación Nacional asumía el gobierno del país y el Alto Mando militar se mantenía sin cambios. El general Telmo Sandoval manifestó que no podía subordinarse a un coronel. Los dirigentes de la CONAIE: Antonio Vargas, Luis Macas, Miguel Lluco, Salvador Quishpe, Edwin Piedra, coronel Lucio Gutiérrez y Dr. Carlos Solórzano insistían que no habían venido a negociar nada e invitaban a los generales y almirantes a salir del Palacio.

2. Que en la Junta de Salvación Nacional se incluya al general Carlos Mendoza. Esta opción fue desechada con los mismos argumentos que la anterior.

3. Exactamente a las 22h30, como consta en la rúbrica de documentos, el capitán de navío Miguel Angel Valencia, asesor del vicealmirante Enrique Monteverde, Comandante General de la Fuerza Naval, me entregó un documento que contenía la posición oficial de las Fuerzas Armadas. Luego de recibirlo y antes de leerlo, intervine para manifestar y responsabilizar a los generales y almirantes y, particularmente, al Alto Mando Militar por la crisis que atravesaba el país y prevenir que en cualquier decisión que se adopte tendrá que evitarse la disolución del Ecuador y la fractura de las Fuerzas Armadas; que era indispensable evitar un enfrentamiento fratricida entre ecuatorianos.

 

Al concluir la lectura, la indignación de los civiles y militares presentes fue evidente; se pidió nuevamente a los generales y almirantes que abandonen de inmediato el Palacio. La situación se tornó muy tensa. En ese momento se acercó un oficial alumno de la Academia de Guerra y me informó que la gente que se encontraba en la Plaza Grande se encontraba muy inquieta y pugnaba por ingresar al Palacio, que era necesario impedir esta acción. Salí al balcón del Palacio y me dirigí a las personas que allí se encontraban pidiéndoles que mantengan la tranquilidad y paciencia, pues se estaban buscando una salida a la crisis; también bajé a la puerta principal de ingreso al Palacio para impedir que los oficiales, tropa y civiles se intranquilicen y causen incidentes.

 

Al retornar al salón presencié cuando el coronel Fausto Cobo intervenía para proponer que el general Carlos Mendoza reemplace al coronel Lucio Gutiérrez en la Junta de Salvación Nacional. Se acordó un receso de 30 minutos para que las partes analicen y deliberen sobre la propuesta. Antonio Vargas y los dirigentes de la CONAIE decidieron abandonar las negociaciones y el Palacio. Me acerqué a él y le manifesté que era necesario que analicemos la situación, que no era conveniente abandonar el Palacio; que pensemos sobre la propuesta presentada; Antonio aceptó. Durante 20 y más minutos conversamos sobre las consecuencias de la fractura de las Fuerzas Armadas. Luego de reflexionar, Antonio Vargas y los dirigentes de la CONAIE aceptaron a regañadientes la propuesta. Simultáneamente, los coroneles Fausto Cobo y Gustavo Lalama se encargaron de conversar con el coronel Lucio Gutiérrez y con el doctor Carlos Solórzano Constantine. El coronel Lucio Gutiérrez manifestó que por el bien y la tranquilidad del país y la unidad institucional de las Fuerzas Armadas, aceptaba la propuesta. El doctor Carlos Solórzano aceptó pero con la condición de que el coronel Lucio Gutiérrez sea designado Ministro de Gobierno.

 

Retornamos al salón y reiniciamos las conversaciones. Se informó al Alto Mando que la propuesta para que el general Carlos Mendoza sea parte de la Junta de Salvación Nacional fue aceptada, pero con dos condiciones: La primera que el coronel Lucio Gutiérrez será el nuevo Ministro de Gobierno; la segunda, que los militares y policías no sean sancionados -era la segunda ocasión en este día que el Alto Mando Militar y Policial se comprometía a lo mismo-. Aceptada la propuesta por el Alto Mando Militar y la Junta de Salvación Nacional, el capitán de navío Miguel Angel Valencia, intentó cuestionar la presencia del doctor Carlos Solórzano en la Junta. El coronel Lucio Gutiérrez se exaltó y exigió el cumplimiento de lo acordado. El general Telmo Sandoval, en ese crucial momento, le manifestó insistentemente al general Carlos Mendoza: "acepta Carlos...Nosotros te ayudamos". El vicealmirantes Enrique Monteverde mostraba signos de contrariedad; expresó tajantemente que solicitaría la disponibilidad; le manifesté que no era conveniente porque tenía ascendiente en la Fuerza Naval. Las tensiones disminuyeron. Para solemnizar el acuerdo alcanzado, el capitán de navío Miguel Angel Valencia propuso cantar el Himno Nacional, rezar un padrenuestro tomados de las manos, frente a un crucifijo localizado en una esquina del salón, y jurar, por el cumplimiento del compromiso, trabajar por el pueblo ecuatoriano y la Patria. El acto fue solemne -aunque el general Telmo Sandoval, en demostración de extremado cinismo en la entrevista con el peiodista Diego Oquendo en radio Visión el 27 de enero, afirmaría sin rubor alguno que todo fue parte de una "estrategia de engaño"-. Finalizado el acto los coroneles Jorge Brito, Fausto Cobo y Gustavo Lalama, nos presentamos ante los generales Carlos Mendoza y Telmo Sandoval. Se había logrado una solución coyuntural, incruenta y única a la crisis.

 

De esta manera se entregó al general Carlos Mendoza, Antonio Vargas, Dr. Carlos Solórzano y al Alto Mando Militar el control de la situación; se evitó así el derramamiento de sangre; se preservó la integridad física de todos los actores, civiles y militares, del Alto Mando Militar, sus ayudantes y asesores.

 

El reloj marcaba las 23h35 de la noche del viernes 21 de enero del 2000. Un día muy singular en mi vida, único, cuyas profundas huellas repercutirán por el resto de mi vida. Para mayor comprensión de lo que sucedía en el resto del país, hay hechos que es preciso recordarlos: Entre las 21:30 y 23:00 horas del viernes 21 de enero, de manera simultánea a las negociaciones que se desarrollaban en el Palacio de Gobierno un grupo de coroneles (y equivalentes) de las tres ramas de las Fuerzas Armadas, comandantes de algunas brigadas de la Fuerza Terrestre y similares en las otras Fuerzas, en cumplimiento de expresas disposiciones superiores (en el caso de la Fuerza Terrestre las disposiciones fueron impartidas mediante telegramas por los siguientes oficiales: general de división Braulio Jaramillo, Director de Operaciones; verbalmente, general de brigada Jaime Del Castillo, Director de Logística, y coronel de Estado Mayor Conjunto Octavio Romero, Director de Personal; todas estas acciones fueron presenciadas por los jefes, oficiales, tropa y empleados civiles de la Dirección de Operaciones de la Fuerza Terrestre) sin considerar el criterio de sus oficiales y tropa, se pronunciaron públicamente a través del Canal 5 de televisión "Telesistema", en el programa que conducía el periodista Gonzalo Ortiz Crespo, en favor de la decisión del Alto Mando Militar de "asumir los plenos poderes", mientras la mayoría de los Estados Mayores, comandantes de los batallones, grupos y similares se solidarizaban (más de 150 llamadas telefónicas debidamente registradas) con los participantes en los hechos del 21 de Enero.

 

Los oficiales antes citados no se percataron que cometían una infracción contra la seguridad interior del Estado, así tipificada en el Código Penal Militar. Grave error en el que incurrieron. Algunos de ellos, inclusive nos injuriaron de palabra, atentaron contra el honor y la dignidad de Gustavo Lalama y mi persona que buscábamos una salida negociada a la crisis. En julio todos ellos fueron calificados para su ascenso; sólo uno de ellos ascendería a general de brigada. Su acción en favor de los generales y almirantes no les sirvió de nada; los generales de la Fuerza Terrestre no fueron consecuentes y se portaron desleales con quienes "les salvaron" (y hasta llegaron a mentir para ponerse de su lado).

 

Eran las 23h45 cuando se realizó la rueda de prensa en la que el general Carlos Mendoza informó la conformación de la nueva Junta de Salvación Nacional. El descontento de la gente que colmaba la Plaza de la Independencia fue grande al observar al general Carlos Mendoza como miembro de la Junta de Salvación Nacional. Este hecho confirma que los generales y almirantes de las Fuerzas Armadas había perdido legitimidad ante la nación ecuatoriana. Cuando la rueda de prensa concluyó, el general Mendoza se reunió con Antonio Vargas y el doctor Carlos Solórzano en una oficina aledaña al despacho presidencial y delegó a su edecán y oficiales de confianza para que se reúnan con los dirigentes de la CONAIE y la Coordinadora de los Movimientos Sociales, con la finalidad de elaborar las propuestas y decretos del nuevo gobierno que se darían a conocer en las próximas horas, así como los nombres de las personas que ocuparían los cargos en el gobierno de la Junta de Salvación Nacional. La reunión en la que participaba el general Carlos Mendoza fue interrumpida por una llamada telefónica que solicitaba la urgente presencia de él en el Ministerio de Defensa.

 

Al salir de esta reunión el general Carlos Mendoza nos llamó al coronel Gustavo Lalama y a mí y nos dijo: "Jorge, Gustavo, yo me voy de aquí. Ellos no tienen nada, ningún plan...". Nosotros le manifestamos: "mi general, usted no puede irse en este momento, usted debe quedarse; tiene que asumir la responsabilidad, el país puede caotizarse. Permanezca al menos hasta la siete de la mañana, para que más tranquilos decidan la mejor salida, la mejor solución; no conviene que se dé un vacío de poder porque podría producirse de nuevo un caos mayor". Ante nuestra insinuación, él manifestó: "Me acaba de llamar Peter Romero desde Washington y me indicó que Estados Unidos va a suspender todo el apoyo y que ejercerá un bloqueo al Ecuador" -como siempre, el Gran Hermano amenazando y chantajeando-. Le insistí: "Usted no tiene que preocuparse de que EE.UU. le apoye o no, usted decidió asumir la responsabilidad". El general Mendoza dijo: "Leslie Alexander también me ha llamado, él me condecoró y yo no puedo defraudarlo. Me han llamado mi esposa y mi hijo para decirme que no están de acuerdo con lo que pasa. Mire, Jorge, voy a conversar con los generales y almirantes, con el Alto Mando, espérenme aquí". Después de esta conversación, a las 12h30 aproximadamente, el general Mendoza se dirigió al Ministerio de Defensa Nacional.

 

El general Carlos Mendoza no supo discriminar entre los intereses de la Patria, a la cual juró lealtad, y los problemas domésticos. Nunca estuvo preparado ni profesional ni psicológicamente para el grado y función que ejercía; se olvidó que el soldado, en esas circunstancias, tiene que sacrificar su vida si es necesario. Fue la última vez que lo vi. Hasta ahora no lo he vuelto a ver cara a cara.

 

El coronel Gustavo Lalama, los oficiales y tropa comenzaron a retirarse del Palacio de Gobierno; el coronel Lucio Gutiérrez y los alumnos de la Academia de Guerra y de la Escuela Politécnica se habían retirado; la gente que se encontraba en la Plaza Grande, decepcionada, abandonaba el lugar. Antonio Vargas, Carlos Solórzano, Napoleón Saltos Miguel Lluco, Salvador Quishpe, Blanca Chancoso, Edwin Piedra, Marcelo Larrea, Pablo Iturralde, Luis Macas, y otros dirigentes permanecían en el salón donde se desarrollaron las negociaciones.

 

Respiré más tranquilo, sin embargo, dudaba de la actitud del general Mendoza. Bajé a la oficina del comandante de la Escolta Presidencial; fui luego al comedor y me serví algunas tazas de café y algo de comer. Estaba cansado, la jornada hasta ese momento había sido larga y difícil y no concluía todavía. Retorné a la oficina del comandante de la Escolta Presidencial y esperé, mientras conversaba sobre lo que había ocurrido con el teniente coronel Carlos Obando, compañero en la guerra del Alto Cenepa, quien se encontraba al mando de las tropas que brindaban seguridad al Palacio de Gobierno, el teniente coronel Aguilar, comandante de la Escolta Presidencial y otros oficiales. El Palacio de Gobierno estaba solitario y el personal militar adoptó el dispositivo de seguridad.

 

A la 01h10 de la mañana del sábado 22, el general Carlos Mendoza, luego de presentar su disponibilidad ante el Consejo de Generales y Almirantes de las FF.AA., que se opusieron a que la Junta de Salvación Nacional se mantenga en el poder, particularmente los vicealmirantes y contralmirantes que tenían compromisos con el vicepresidente Gustavo Noboa, retornó al Palacio de Gobierno y se reunió con Antonio Vargas y Carlos Solórzano para comunicarles que renunciaba y se iba a su casa. Esta decisión complicó el panorama, se abría la posibilidad de que la solución coyuntural de la crisis podría fracasar. Según el general Carlos Mendoza "era menos vergonzoso ser cómplice de Mahuad que ser miembro de la Junta de Salvación Nacional". Para él fueron más importantes sus amigos Peter Romero, Leslie Alexander y las amenazas de León Febres Cordero y los politiqueros corruptos, que el futuro de doce millones de ecuatorianos. Traicionó a la Nación y no cumplió el juramento que realizó cuando se graduó de oficial.

 

A la 01h30 el mayor Gachet, segundo comandante de la Escolta Presidencial, me informó que en la puerta de la calle Chile se encontraban los generales Paco Moncayo y René Yandún acompañados del doctor Daniel Granda, y que querían conversar conmigo. El Palacio estaba en silencio y casi vacío. Salí a recibirlos e ingresé con ellos a la oficina. Les informé que el general Mendoza había renunciado a la Junta de Salvación Nacional. El general Moncayo manifestó: "Jorge, es urgente que analicemos los posibles escenarios; hay que buscar una salida lo más pronto posible, porque existe el riego de que el país se caotice". Llamé al coronel Fausto Cobo y analizamos las opciones posibles. Se concluyó que los generales y almirantes optarían por la sucesión presidencial: entregarían el poder al vicepresidente Gustavo Noboa, quien había esperado ansioso junto a su comitiva que lo llamen desde las 19h00, de acuerdo al plan que tenían; y a esta hora ya había arribado al edificio del Comando Conjunto. El teniente coronel Aguilar recibía a cada momento llamadas telefónicas de los generales que averiguaban lo que estaba ocurriendo. Sobre todo querían saber qué hacían los coroneles Jorge Brito y Fausto Cobo y algunos oficiales que permanecíamos en el Palacio. Los generales Paco Moncayo y René Yandún y el Dr. Daniel Granda se retiraron a sus domicilios, me recomendaron actuar con serenidad y prudencia. Se dispuso que el teniente coronel Aguilar solicite disposiciones al general Carlos Moncayo. El coronel Fausto Cobo solicitó hablar con el general Telmo Sandoval lo que fue aceptado.

 

A las 03h35, el coronel Fausto Cobo acompañado de los tenientes coroneles David Molina y Rafaél Dávila, profesores de la Academia de Guerra de la Fuerza Terrestre, salió hacia el Ministerio de Defensa. Los dirigentes de la CONAIE y de los Movimientos Sociales permanecían en el salón de reuniones analizando la situación. A las 03h45, el coronel Fausto Cobo se comunicó conmigo y me informó que había conversado con el general Telmo Sandoval y que me incorpore a mi función como Subdirector de Operaciones de la Fuerza Terrestre. Le manifesté que no era conveniente abandonar a los dirigentes de la CONAIE y de los Movimientos Sociales. Mi preocupación en ese momento era precautelar la integridad de quienes se encontraban en el Palacio. Presentía que los generales y almirantes iban a faltar a los compromisos y a su juramento y por esta razón me comuniqué con el coronel Lucio Gutiérrez y le recomendé que salga de su domicilio porque temía por su seguridad: el general Telmo Sandoval estaba al mando de las Fuerzas Armadas y su "compañero" el Dr. Gustavo Noboa, iba a asumir la presidencia. Me manifestó que saldría lo más temprano posible de su domicilio, para evitar su detención.

 

Los teléfonos de la oficina de teniente coronel Aguilar comenzaron a sonar insistentemente; los generales Carlos Moncayo, Luis Burbano y Carlos Calle se comunicaron conmigo con el propósito de conocer cuáles eran mis intenciones. Les manifesté que no abandonaría el Palacio mientras no sea relevado por un general que se encargue de mantener el enlace con los dirigentes indígenas y de los movimientos sociales. Ningún general tuvo el valor de concurrir al Palacio, relevarme y mantener el enlace y se repetía la escena de la mañana del viernes 21, cuando se produjo la toma del Congreso Nacional.

 

Al escuchar mi firme decisión, el general Telmo Sandoval se comunicó conmigo y le informé sobre mi decisión. Aproveché para manifestarle que no era conveniente para el país que se produzca un vacío de poder, pues a esa fecha yo no sabía que él había conspirado con el vicepresidente, quien a esa hora ya se encontraba en el edificio del Comando Conjunto preparando el discurso para instituirse en Jefe Supremo. Posiblemente por la preocupación que tenía, recomendé al general Telmo Sandoval que asuma como miembro de la Junta de Salvación Nacional en reemplazo del general Carlos Mendoza; y él me respondió: "Bueno, Jorge, me pone a pensar. Espere un momento, yo le llamo en cinco minutos". A los cinco minutos me llamó el general Carlos Calle y me preguntó: "Jorge, ¿es posible que usted venga acá, al Comando Conjunto, con todos los dirigentes que se encuentran en el Palacio?". Yo le respondí: "Creo que no hay inconveniente, voy a consultarles". Me dirigí al salón y les informé a todas las personas que estaban reunidas que el Alto Mando deseaba conversar con ellos. Cuando comuniqué el deseo del Alto Mando de conversar con los dirigentes de la CONAIE y de los movimientos sociales me aclararon que si era un pedido del general Telmo Sandoval y que estaban dispuestos a ir. El doctor Carlos Solórzano, Antonio Vargas, Edwin Piedra y los demás me dijeron: "Bueno coronel, si usted nos garantiza que no nos va pasar nada". Les respondí: "Yo les garantizo con mi vida que no les va a pasar absolutamente nada". Realizamos las coordinaciones para el transporte; en mi vehículo y en una camioneta de la Escolta Presidencial, a las 04h05 salimos con dirección al Ministerio de Defensa Nacional. Al llegar al acceso posterior observé el exagerado e inoportuno dispositivo de seguridad que se había adoptado innecesariamente.

 

A las 04h15 ingresamos al salón de reuniones del Comando Conjunto. Allí se encontraban los generales: Telmo Sandoval, Carlos Calle, José Lascano, Norton Narváez, Braulio Jaramillo, Raúl López, Luis Burbano, Carlos Moncayo y otros oficiales de las tres ramas de las Fuerzas Armadas. De la CONAIE y de los Movimientos Sociales estaban: Antonio Vargas, Carlos Solórzano, Miguel Lluco, Edwin Piedra, Salvador Quishpe, Ricardo Ulcuango, Marcelo Larrea, Pablo Iturralde y otros cuyos nombres no recuerdo. En los rostros de todos se notaba tensión. El primero en intervenir fue el general Telmo Sandoval para informar que las Fuerzas Armadas habían decidido entregar el poder al vicepresidente Gustavo Noboa, a quien le correspondía asumir de acuerdo con la Constitución. A continuación el Dr. Carlos Solórzano intervino y manifestó: "Me disculpan, aquí no hay seriedad; es la segunda ocasión que he sido objeto de burla, se vuelve a repetir la historia para una nueva traición, ¿no se dice que los militares son serios, que su palabra se respeta?, pero esta noche no se nota nada de esto, se está consumando una falta más de seriedad, una burla”.

 

Varios dirigentes indígenas y de los movimientos sociales intervinieron y con profunda emotividad expusieron, uno a uno, las justas razones de su reclamo y protesta. Antonio Vargas acusó a los generales Carlos Mendoza y Telmo Sandoval de traidores y además manifestó: "señores generales, nosotros no queremos el poder; queremos que ustedes se hagan cargo del poder; impidan que nos sigan robando, que nos saqueen; impidan que los políticos y los banqueros corruptos nos quiten el pan de la boca, pan que producimos con el sudor de nuestra frente y de todos los días; señores generales ¡asuman el poder, asuman el mando, nosotros no lo queremos! Les entregamos el mando a ustedes pero no lo entreguen al vicepresidente Noboa, él es de los mismos, es un asesino porque él fue el gerente del ingenio Aztra, en donde en el año 1978 se realizó la matanza de los trabajadores. Vamos a esperar seis meses para ver qué pasa; generales, nosotros les damos un plazo de seis meses, sino hay indicios de cambio y no hay una reforma importante y profunda del Estado y en el manejo de la economía, en seis meses nosotros nos levantamos y ahí ya no venimos con palos...". La emotividad de estas palabras hizo que algunos generales lloren ¿Acaso eran lágrimas de cocodrilo?.

 

Luego intervino el general Carlos Calle y manifestó: "¿De qué seriedad hablan? ¿Qué responsabilidad reclaman? Los responsables de la fractura, de la ruptura de la unidad del Ejército son ustedes. ¿Quién va a reconstruir esa imagen de seriedad, de respeto, de unidad de las FF.AA.?; tantos años que nos ha costado tener unas FF.AA. como las nuestras. ¿Quién va a pagar esto?...". Luego intervino el dirigente indígena amazónico Miguel Tancamash y les dijo: "los militares y los indígenas hemos defendido la Patria; en el último conflicto del Alto Cenepa esto fue una realidad, no fueron los políticos. En la amazonía los indígenas quieren y respetan a los militares por su valentía y seriedad ¿Qué van a decir ahora cuando se echan para atrás y abandonan al pueblo?".

 

El general Telmo Sandoval intervino nuevamente para manifestar: "Bueno, ustedes deben entender, la decisión está tomada, el vicepresidente Gustavo Noboa va asumir la presidencia de la República". La indignación de los dirigentes indígenas no se hizo esperar, se levantaron de los asientos y comenzaron a salir del salón; Edwin Piedra, asesor personal de Antonio Vargas, con lágrimas en los ojos y gritando, se dirigió al general Telmo Sandoval y le gritó: "!Telmo!, algún día te respeté, nos has traicionado, nos engañaste; hoy me dan asco, dónde quedaron los juramentos a la Patria y ante Dios. ¿Esta noche acaso no juraron ante Dios, no rezaron el padrenuestro, no cantamos el Himno Nacional? ¡Entiendan!, no están traicionando a Antonio Vargas, a los indios, le están traicionando al pueblo ecuatoriano, a los pobres de la Patria! ¿En dónde queda la decisión, la palabra, la ilusión de construir una Patria nueva? ¡No sean cobardes, nos engañan miserables, traidores, cobardes, la historia los juzgará... hijos de p...!¨

 

Algunos oficiales se le acercaron y le pidieron que se calmara. La reunión concluyó a las 06h35, aproximadamente. De hecho, en una sala contigua se encontraba el doctor Gustavo Noboa que a las 07h30 sería instituido Jefe Supremo por el Alto Mando Militar. Yo omito realizar un juicio de valor porque, con toda sinceridad, debo confesar que siento repulsión al describir, por primera vez, estas escenas que viví en las que los generales y almirantes hicieron gala de un cinismo sin límites.

 

A las 06H48 salimos del Ministerio de Defensa Nacional; le pregunté a Antonio Vargas ¿dónde nos dirigimos?; me contestó: "coronel, vamos al Congreso Nacional, tengo que informar a mi gente lo que ha pasado". Se mostraba decepcionado, traicionado, engañado y cansado. En mi vehículo se embarcaron Antonio Vargas, Carlos Solórzano, Miguel Lluco y Edwin Piedra. En el trayecto conversamos y les expresé que era necesario realizar un serio y detenido análisis de lo que había ocurrido. Antonio Vargas manifestó: "Coronel, en seis meses nosotros volvemos y ya no venimos con palos....". Eran las 07h15 de la mañana del sábado 22 de enero cuando frente al Congreso Nacional me despedí cordialmente de Antonio Vargas, Miguel Lluco, Carlos Solórzano y Edwin Piedra, a quien le solicité el número de su celular.

 

Retorné al Ministerio de Defensa Nacional y me presenté ante el general Carlos Calle, Jefe de Estado Mayor del Comando Conjunto, y le solicité disposiciones; en ese mismo momento el doctor Gustavo Noboa era instituido Jefe Supremo por el Alto Mando Militar. En el primer decreto que expidió ratificó a "su compañero" el general Telmo Sandoval como Jefe del Comando Conjunto. El general Carlos Calle, otra víctima de las ambiciones del general Sandoval y su cómplices, se comunicó con el general Telmo Sandoval y le preguntó qué disposiciones tenía para mí; el general Sandoval dispuso que me presente ante él. Me desplacé a la oficina del general Sandoval, en el cuarto piso de la Comandancia General de la Fuerza Terrestre, me presenté y le solicité disposiciones. Me dijo: "Jorge, preséntese al general Braulio Jaramillo y continúe normalmente en su función como Subdirector de Operaciones de la Fuerza Terrestre".

 

Subí y procedí a presentarme ante el general Braulio Jaramillo, me saludó y dijo que esté tranquilo y que reasuma mi función. En el centro cívico se encontraba formado todo el personal de oficiales y tropa de la Comandancia de la Fuerza Terrestre; el general Jaime Del Castillo, Director de Logística, les increpaba fuertemente empleando expresiones soeces y les arengaba para que disparen a matar a los indios en el caso de que se aproximen al Ministerio de Defensa.

 

A las 08h00 fui a mi oficina, procedí a revisar y tramitar los documentos y mensajes que habían sido enviados por las unidades durante el viernes 21. Prendí la radio y escuché que el coronel Lucio Gutiérrez había sido detenido por elementos de inteligencia del Comando Conjunto y su domicilio había sido allanado. La orden para la detención de los coroneles Jorge Brito, Fausto Cobo, Gustavo Lalama y Lucio Gutiérrez, la había recibido a las 04h00 el general Carlos Calle Calle directamente del general Telmo Aníbal Sandoval Barona. La detención y encierro bajo llaves del coronel Lucio Gutiérrez era vital para el general Telmo Sandoval, porque así evitaría cualquier posibilidad de que el coronel Lucio Gutiérrez declare a los medios de comunicación social todos los antecedentes del 21 de enero en los que estaba involucrado el general Telmo Sandoval, y al allanar su casa, se intentaba recuperar el(os) documento(s) que contenían "Los puntos programáticos del Gobierno del general Telmo Sandoval...presentados cuando postulaba para miembro de la Junta de Salvación Nacional".

 

Con la detención del coronel Lucio Gutiérrez, se confirmaron mis dudas y recelos: los compromisos y juramentos se violaban; se ponía en marcha la maquinaria revanchista y de persecución en contra de los militares patriotas que asumieron la responsabilidad histórica de luchar junto al pueblo ecuatoriano, los unos, y de evitar un enfrentamiento fratricida, los otros. Maquinaria orquestada por los verdaderos conspiradores y golpistas, cobardes y desleales, incapaces y traidores, a quienes no les queda otra alternativa, a mediano o largo plazo, de responder ante la justicia, ante el pueblo y, sobre todo, ante la historia de todas sus acciones y omisiones.

 

Me trasladé a la oficina del general Braulio Jaramillo y le informé que el coronel Lucio Gutiérrez había sido detenido. Le recomendé que no se actúe de esa manera porque podrían producirse reacciones. Me dijo que va averiguar qué pasaba; me invitó a tomar un café. Hasta ese momento no había pegado los ojos –30 horas de vigilia-.

 

A las 12h00, una vez concluida el trámite de toda la documentación, procedí a trasladarme a mi domicilio. Me esperaban mi esposa y mi hija; me abrazaron y me felicitaron por mi actuación. Me sentía muy cansado, tenía sueño. Estábamos reunidos en la salita militar de la casa en la que están las condecoraciones, premios y recuerdos recibidos durante mi carrera militar; respiré profundamente y hice conocer la decisión que tomé en ese momento: "Jorge Brito nunca más, nunca más, se subordinará a generales y almirantes que, cobarde y cínicamente, han lesionado la majestad de sus grados y la trascendencia de la función que desempeñan".

 

Mientras tanto, los coroneles Fausto Cobo y Gustavo Lalama, recibían llamadas y visitas de personas –Rubén Rodríguez y Alvaro Chiriboga, por ejemplo- enviadas por los generales Mendoza y Sandoval, quienes les pedían que se mantengan en silencio y tranquilos, ya que no se tomaría ningún tipo de represalia. Los generales y almirantes temían que se divulgue la verdad de los hechos. La tarde y noche dormí profundamente, había permanecido despierto 36 horas, aproximadamente.

 

·        ¿Cuál es la situación actual en las Fuerzas Armadas?

 

Este es un asunto que debe ser analizado con mucha madurez y objetividad para evitar que las fisuras en el interior de la institución se profundicen. La oficialidad respondió al llamado del pueblo ecuatoriano cansado del desgobierno y corrupción del régimen de Mahuad; sin embargo, las medidas revanchistas y represivas que se tomaron con los líderes visibles del 21 de enero y las sanciones impuestas y la persecución de que son objeto más de cuatrocientos oficiales, ha dejado resentimientos, rebeldía, rechazo y un profundo deseo de reivindicación en ellos y en sus familias. Este es un asunto que se ha manejado con poca madurez y responsabilidad, se ha dado rienda suelta a la venganza y revanchismo, lo que demuestra la falta de liderazgo y poca o ninguna inteligencia emocional. Los mandos militares se quedaron en el análisis superficial y parcializado de los hechos, de la coyuntura y de las circunstancias y, con evidente miopía y maledicencia, actuaron sin visión de futuro; y, lo que es peor, sin sabiduría, cualidad que deben poseer como requisito indispensable los que han sido seleccionados para comandar las instituciones armadas. Hay una bomba de tiempo que ha sido activada irresponsablemente y, en la medida que continúen aplicándose sanciones injustas, el riesgo de una reacción generalizada se incrementa día a día.

 

Algo que vale la pena rescatar es el hecho de que quedó claro para determinados sectores políticos, que las Fuerzas Armadas se deben a la Nación, al sector público real y no sólo al sector público gubernamental, y que esta Institución fundamental del Estado, no estará dispuesta a sostener a cualquier precio a gobiernos altamente corruptos y que atenten abiertamente a los intereses nacionales.En la medida de que las expectativas populares y nacionales se vayan materializando, las Fuerzas Armadas retornarán, como debe ser, a su papel de salvaguarda de la soberanía y orden nacionales.

 

La persecución y revanchismo de los generales y almirantes llegó al extremo de que amparados en el anonimato e impunidad que les brindan los sacros consejos de generales y almirantes, se realizaron juramentos en los que se comprometieron a destruir la carrera de todos los oficiales y tropa de las Fuerzas Armadas que osaron poner en riesgo su tranquilidad y comodidad; en esos foros, sin recato alguno, se injurió, vilipendió y calumnió a los oficiales y familiares.

 

En su inmoral empeño, no dudaron en violar los derechos civiles consagrados en el Art. 23 de la Constitución Política del Estado, referentes a la inviolabilidad de la correspondencia y a otros tipos de comunicación, empleando para ello recursos humanos y materiales que deben ser destinados, única y exclusivamente, para garantizar la seguridad exterior del Estado, como es la interceptación telefónica y clonación de los celulares, con la finalidad de descubrir supuestas vinculaciones con los presuntos participantes en los hechos del 21 y 22 de enero. Inclusive, en su ceguera revanchista, pagaron a testaferros para la publicación de comunicados de prensa y la elaboración y distribución de pasquines injuriosos en contra de los coroneles y sus familiares. A lo anterior se suma la campaña de pintas realizada en las paredes de la capital a partir del 9 de noviembre del 2000, por disposición del nefasto general Roberto Moya, ejecutada por el personal de la oficina de Contra Inteligencia Quito (CIQ) y supervisada personalmente por el general Carlos Vasco Cevallos, Director de Inteligencia del Comando Conjunto, siniestro personaje en los anales de la Fuerza Terrestre por su enfermiza obstinación en causar daño a todo oficial que no participe de sus ideas y apruebe su particular proceder. De él se afirma que es desleal hasta con su misma sombra.

 

Por todas estas razones, el actual Ministro de Defensa Nacional Hugo Unda Aguirre y los 35 generales y almirantes de las Fuerzas Armadas, actualmente en servicio activo, no son la Institución, y por los hechos ocurridos antes, durante y después del 21 y 22 de enero, no reúnen las condiciones profesionales, éticas ni morales para continuar al mando de la Institución Armada, sin mencionar otros aspectos que es preferible mantenerlos en reserva, al menos en las actuales circunstancias que vive el país.

 

·        ¿Cuál es la importancia futura del 21 de enero?

 

El 21 de enero del 2000 es una fecha que deberá constar en el calendario cívico nacional, para que sea recordada por las presentes y futuras generaciones, como el día del inicio de un proceso que deberá culminar, ineludiblemente, con el nacimiento de un nuevo Ecuador. En esta fecha gloriosa se produjo uno los hechos más importantes de la historia contemporánea del Ecuador. Por primera vez, más del 92% del pueblo ecuatoriano: "cholos, longos, indios, mestizos, chagras, montubios, negros, monos, serranos, chapas y milicos", se unieron en un fin digno, en una acción cívica e incruenta de singulares características por sus motivaciones y objetivos de reivindicación social, procedieron a revocar el mandato del presidente Mahuad, el más corrupto de todos los presidentes, cuyo desgobierno provocó el colapso político, económico y social del país; pisoteó la autoestima colectiva y destruyó los sueños, esperanzas y aspiraciones de la gran mayoría de ecuatorianos.

 

El 21 de enero será un referente histórico y un permanente llamado de atención para aquellos que hasta hace unos meses se consideraban los dueños del destino, los recursos y el futuro de la nación ecuatoriana. El pueblo ha manifestado su decisión irrevocable de que nunca más, nadie, absolutamente nadie, abuse del mandato que le otorga en las urnas; que estará atento a las decisiones que se tomen y fiscalizará el manejo de los recursos económicos y de las riquezas naturales. El 21 de enero es una fecha luminosa para el Ecuador y toda América Latina, que todos los años deberá celebrarse en todo el territorio nacional, con actos solemnes de recordación, como justo y merecido homenaje al pueblo indio particularmente, y a todos los ecuatorianos, civiles y militares participantes en estos acontecimientos.

 

·        ¿Por qué los generales y almirantes traicionaron? ¿Para proteger sus prebendas, por presiones de Estados Unidos?

 

 

Las Fuerzas Armadas se deben a la Nación, los generales y almirantes traicionaron este principio fundamental del Estado. Traicionaron al pueblo soberano que les entregó el poder para que lo protejan de los políticos corruptos que han conducido al país a la hecatombe total. Traicionaron a los oficiales y tropa, porque faltaron a su palabra e incumplieron los compromisos y juramentos realizados el 21 de enero, ante Dios y ante los símbolos patrios. Se traicionaron a sí mismos, es decir, traicionaron, a todos sin rubor alguno, con el pretexto de que todas sus actuaciones fueron parte de "una estrategia de engaño". ¿Para engañar a quién? Seguramente al pueblo ecuatoriano.

 

Traicionaron al faltar a la verdad y a la importancia del hecho histórico ocurrido el 21 de enero, al instaurar un proceso penal, inicialmente, y un consejo de guerra, posteriormente, instaurados en contra de los coroneles y oficiales de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional; los dos procesos se basaron en un informe apresurado, falso, tendencioso y lleno de contradicciones que no resiste un análisis serio, presentado por el nefasto general Roberto Moya Arellano, a esa fecha Director de Inteligencia del Comando Conjunto, ya que él, el general Telmo Sandoval y otros generales y almirantes, estaban al tanto de lo que iba a suceder y esperaban con avidez mal disimulada el desenlace de los acontecimientos ese 21.

 

Traicionaron al pueblo ecuatoriano al no cumplir con el mandato soberano que dispuso la "libertad incondicional de los militares y el archivo de los procesos", al impulsar una "amnistía penal" para los militares patriotas y declararlos "no confiables" para las Fuerzas Armadas y una amnistía general para los verdaderos conspiradores, golpistas, encubridores y aprovechadores, la mayoría no visibles aún. De esta manera se atribuyeron la potestad de interpretar una disposición constitucional relativa a la amnistía.

 

En conclusión prevalecieron los intereses personales y profesionales -cuidaron el puesto, las comodidades, prebendas económicas y materiales- sobre la crítica situación que vivimos todos los ecuatorianos. Cedieron sin cuestionamiento alguno a los chantajes y presiones de los politiqueros de siempre; cedieron a las amenazas de los verdaderos responsables de la crisis nacional, de aquellos que se vanaglorian de la "democracia ecuatoriana"; a los responsables de la redacción de la actual Constitución y de las leyes que benefician a determinados sectores en perjuicio de todo el pueblo. Yo me pregunto: ¿existe democracia en el Ecuador? No, definitivamente no, lo que impera en el Ecuador es una caricatura de democracia.

 

Cedieron también a las presiones y amenazas de un aislamiento político y un bloqueo económico y comercial realizadas por funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos (Peter Romero, por ejemplo) y de otros organismos internacionales, que exigían el respeto a la "democracia". ¿Por qué estos mismos personajes nada dijeron cuando el gobierno de Mahuad y los banqueros corruptos provocaron la crisis del país? ¿A eso le llamaban democracia? ¿Por qué no hicieron y aún no hacen alguna gestión para extraditar a los políticos, funcionarios y banqueros corruptos que viven plácidamente en los Estados Unidos y en otros países?

 

Todos los coroneles que participamos de una u otra manera en los acontecimientos del 21y 22 de enero realizamos cursos y desempeñamos funciones en los Estados Unidos, esa fue la causa de la indignación del Departamento de Estado: sus alumnos no respondieron a la visión que se les había propuesto, directa e indirectamente, en los diferentes contactos a lo largo de la carrera militar. Todos coincidimos en que no teníamos compromisos políticos o de otra naturaleza. Tuvimos, eso sí, una visión social del papel de las Fuerzas Armadas en vida de la nación. Y esa dirección trabajamos muy estrechamente con el pueblo indígena y con los sectores sociales menos favorecidos tanto en las ciudades como en el campo.

 

En definitiva, los generales y almirantes traicionaron a todos y a todo; fueron inconsecuentes con sus superiores, subordinados, con la tradición y filosofía de las Fuerzas Armadas y con el pueblo ecuatoriano.

 

·        ¿Fue ingenuo que ustedes confiaran en la palabra de esa gente?

 

Sí, creo que hubo exceso de confianza y un alta dosis de ingenuidad, pero, sobre todo, creímos que un juramento hecho ante un crucifijo y los símbolos patrios constituía un compromiso que iba a ser cumplido. La profesión militar se basa, fundamentalmente, en el cultivo de virtudes como el honor, lealtad, veracidad, valor, integridad, criterio, dominio de sí mismo y, sobre todo, justicia. En la carrera militar cuando se empeña la palabra, ésta se cumple y tiene tanto o más valor que un compromiso escrito, porque de lo contrario ¿qué sucedería si en guerra, en pleno combate, las órdenes tendríamos que impartirlas por escrito? Violaron y mancillaron este código de honor.

 

Cuando el 25 de enero fui detenido en mi oficina por el general Wilson Torres Zapata, Director de Inteligencia de la Fuerza Terrestre, en cumplimiento de expresas órdenes de la máxima autoridad de la Fuerza Pública (el presidente Gustavo Noboa Bejarano), en esa oportunidad le manifesté, frontal y enérgicamente: "mi general, si aún les queda un poco de vergüenza, pidan la disponibilidad, ya han causado mucho daño a la Institución".

 

Con relación a los generales Carlos Mendoza y Telmo Sandoval, en la segunda semana de septiembre de 1999, al interior de las Fuerzas Armadas circuló un documento cuya autoría fue reivindicada por una organización denominada OJEMA-FARE (Oficiales Jóvenes del Ejército, Marina y Aviación-Fuerzas Armadas Revolucionarias del Ecuador) en el que se afirma: "Al igual que en la China de Mao Tsé Tung, el comentario generalizado, por el nivel de corrupción que hay en las Fuerzas Armadas, es que LA BANDA DE LOS CUATRO (generales MENDOZA, SANDOVAL, SUAREZ Y GORDON), manipuladores permanentes a lo largo de su carrera, están ocupando las funciones más importantes dentro de las Fuerzas Armadas".

 

·        ¿Cuál es la lección para la CONAIE?

 

Se confirma que "la unión hace la fuerza"; la CONAIE aprendió una lección dura pero necesaria: confiaron en la buena fe y seriedad de los generales; sobrestimaron la capacidad de reacción de los dueños del poder político y económico del país, que emplearon todos sus recursos para no perderlo; así mismo se confirmó, una vez más, que su lucha no sólo debe orientarse a reivindicaciones etnocentristas propias de las comunidades indígenas sino a la consecución de objetivos que interesan al conjunto de la Nación ecuatoriana; es decir transitar a sujeto político-nacional. Su organización y poder de convocatoria son su fortaleza y ésta hay que manejarla con prudencia y firmeza a la vez. Su apoyo debe orientarse hacia aquellos líderes que realmente interpreten el sentir y las aspiraciones de todos y que sus ambiciones personales se subordinen a las del pueblo en general.

 

La CONAIE ha realizado un proceso de autocrítica que le ha permitido establecer los éxitos y los fracasos; discriminar los errores involuntarios de las omisiones temerarias, de las negligencias manifiestas; extraer las experiencias y las enseñanzas, para proceder a una reestructuración de la organización y a una reformulación de sus principales objetivos, con el propósito de estructurar un proyecto mucho más realista y con visión de futuro; luchar por la construcción de una nueva y verdadera democracia, democracia responsable y participativa, que busque el bienestar de la Nación.

 

En un plan estratégico político no sólo se debe contemplar la conquista de un objetivo, sino su posterior consolidación y mantenimiento.

 

·        ¿Cómo se puede cambiar al Ecuador?

 

Una pregunta difícil de responder considerando la crítica situación por la que atraviesa el país. Sin embargo, ahí radica el reto que está planteado para todos los ecuatorianos responsables y patriotas, que sí los hay todavía. La reconstrucción del Ecuador debe ser el resultado de un proceso revolucionario –revolución paradigmática de la educación, de los valores- que contemple la conquista y el ejercicio del poder, como un instrumento al servicio de los objetivos e intereses nacionales y el bien común. Proceso revolucionario basado en un proyecto nacional que deberá ser el resultado de los consensos y acuerdos de todos los sectores sociales, en un marco democrático responsable, que garantice la libertad, la justicia, la equidad; interprete las aspiraciones de la diversidad; integrador, solidario y que propicie un desarrollo sustentable.

 

Dos requisitos son indispensables para cambiar al Ecuador: el primero, es que el pueblo, principal actor del proceso, manifieste la decisión y voluntad de esforzarse y contribuir desinteresadamente para alcanzar este cambio; el segundo, que los líderes que conduzcan este proceso tengan la firmeza y transparencia suficiente para motivar a todos a seguirlos, aún a costa de pequeños y grandes sacrificios que serán inevitables. Todo cambio implica renunciamientos, solidaridad, paciencia, ponderación y perseverancia.

 

El tiempo se agota y los plazos para este cambio cada vez son más cortos. El cambio es urgente, ya no hay posibilidad de postergarlo, de lo contrario la explosión social, día a día, se convierte en una inevitable realidad. Este cambio debe considerar, también, en su verdadero alcance, la situación del país considerando con el mayor pragmatismo y objetividad posibles, la situación geopolítica, las tendencias y el entorno subregional, regional y mundial.

 

·        ¿Y si vuelve la amenaza de bloqueo de los EE.UU.?

 

Si el proceso de cambio se realiza por esta "Cuarta vía" y esto implica la posibilidad de que Estados Unidos imponga un bloqueo, el Ecuador debe seguir el ejemplo del pueblo cubano, que a pesar del riguroso bloqueo que soporta por más de tres décadas, desde el triunfo de la revolución, en las últimas olimpiadas mundiales demostró ser la primera potencia deportiva, considerando el número de habitantes, al alcanzar una medalla de oro por cada millón de habitantes, superando inclusive a los Estados Unidos que logró una medalla de oro por cada siete millones de habitantes. Esta es una demostración de cómo un pueblo luchador, perseverante, sacrificado y, sobe todo, consciente de su capacidad, puede triunfar, venciendo los obstáculos y las adversidades. En esa lucha no sólo han logrado avances en el campo deportivo sino también en los campos de la educación, medicina, biotecnología y agricultura. En el caso de Ecuador, jóvenes deportistas de modestos orígenes: Rolando Vera, Jefferson Pérez, Martha Tenorio, Silvio Guerra, Martha Fierro entre los más destacados, nos han dado ejemplo de que con esfuerzo, dedicación y perseverancia se pueden conquistar los objetivos y metas que el ser humano se propone. Lo mismo acontece en actividades científicas, culturales, artísticas y en otras disciplinas.

 

Una hipótesis geopolítica establece que "las condiciones difíciles las que determinan el génesis y desarrollo de los pueblos y civilizaciones". El filósofo Arnold Toynbee afirma que "el desarrollo de los pueblos es directamente proporcional al estímulo de los golpes y de las presiones". A lo largo de la historia de la humanidad, muchas naciones han demostrado fehacientemente lo afirmado.

 

Por esta razón, el Ecuador no debe preocuparse por esas amenazas; soberanamente debe labrar y construir su propio destino aún a costa de dejar a un lado concepciones políticas tradicionales, que al momento no se compadecen con la verdadera situación política, económica, social y militar del país.

 

·        ¿Está desmoralizado el movimiento?

 

Uno de los protagonistas del movimiento del 21 de Enero, Monseñor Luis Alberto Luna Tobar, el 9 de febrero del 2000 dijo: "Lo volvería a hacer siempre que el pueblo me lo pida y mi conciencia me lo exija". Los actores de los acontecimientos del 21 de enero no están desmoralizados, ni el resultado final ha sido un fracaso. La madrugada del sábado 22 los dirigentes indígenas y de los movimientos sociales entregaron el poder al Alto Mando Militar (generales y almirantes) y les solicitaron que gobiernen en beneficio del pueblo.

 

Se produjo la traición y se dio paso a la "sucesión constitucional", permitiendo así la permanencia en el poder de los mismos grupos políticos y económicos que han conducido al país a su actual debacle. Hasta el momento nada ha cambiado, más bien la crisis política, económica y social se ha agudizado y el pueblo comienza a dar muestras de impaciencia. Se está jugando con fuego. El Presidente Gustavo Noboa perdió la oportunidad de implementar las reformas urgentes que requería el país. Al contrario, se ha dedicado a ejercer un gobierno con tintes autoritarios que ha provocado la consecuente confrontación con el Congreso Nacional y el Tribunal Constitucional.

 

Se empeña en las privatizaciones del patrimonio de la Nación con el pretexto de la modernización del país; se adjudica la construcción del OCP mediante un proceso poco transparente; nada hace por solicitar a Estados Unidos la captura y extradición de los banqueros corruptos que se encuentran en ese país; apoya irresponsablemente la aplicación del Plan Colombia, para atender intereses extraños poniendo en grave riesgo la paz y tranquilidad nacional mantenida a altos costos para la sociedad ecuatoriana; no exige al Congreso Nacional la revisión del Acuerdo de la Base de Manta; promueve a través del CONAM los intentos separatistas disfrazados con proyecto autonómicos que no miden los riesgos de una disolución nacional, con el afán de dar rienda suelta a intereses sectarios y regionalistas. ¡Los ecuatorianos responsables no lo permitiremos!. Los dineros de los ecuatorianos continúan congelados y nada se hace en concreto para frenar la fuga de los ecuatorianos - un"migracidio"-, fenómeno que persiste con su secuela de dolor, tristeza, abandono, soledad, inseguridad y que provoca la desintegración de las familias y de toda la sociedad ecuatoriana, con las consecuencias para el futuro del país.

 

·        ¿Es necesario un nuevo levantamiento?

 

Durante las dos primeras semanas de septiembre del 2000, los actores del 21 de enero propiciaron un gran diálogo nacional y con el gobierno. Se realizaron sendas reuniones reservadas con el ministro de gobierno y el presidente de la República, con la finalidad de lograr los consensos necesarios en temas importantes, lamentablemente el gobierno no entendió el alcance de la propuesta formulada. Engañó, dio largas a los temas planteados y más bien inició una campaña de desprestigio en contra de los coroneles y oficiales, líderes de la CONAIE y de los movimientos sociales. Al final de este episodio el Gobierno sale derrotado y desgastado.

 

Estamos previendo todos los escenarios posibles y las acciones adecuadas para cada uno de ellos, pero en cualquiera de ellos nuestras respuestas serán firmes. No hay indicios de cambios importantes en el futuro inmediato.

 

Al concluir esta entrevista, quiero dejar constancia de que la carrera militar me permitió vivir experiencias inolvidables, no desperdicié oportunidad para cultivar la amistad con mis compañeros, la consideración para superiores, profesores y subordinados; practiqué y continuaré practicando la lealtad, racionalmente comprendida y valientemente practicada. Los 31 años de vida militar me permitieron, sobre todo, conocer y amar entrañablemente a mi Patria. La historia será la encargada de registrar, clara y objetivamente, los hechos y los juicios de valor correspondientes, para que las generaciones presentes y futuras tengan la oportunidad de estudiar esta página importante de la vida del Ecuador.

 

Finalmente es de justicia dejar constancia el papel cumplido por las esposas de los coroneles: Miriam de Brito, Pituca de Cobo, Alexandra de Lalama, Ximena de Gutiérrez, Patricia de Torres, Celina de Rivera, Zoila de Dávila y las de otros oficiales participantes en los acontecimientos del 21 y 22 de enero. Demostrando fortaleza lucharon denodadamente para lograr que el H. Congreso Nacional conceda la amnistía a los militares detenidos. Aunque al final de cuentas los únicos beneficiarios de la amnistía fueron el Presidente de la República, los generales y almirantes. El papel cumplido por los compañeros de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos fue relevante y rindió sus frutos; el apoyo incondicional proporcionado en todo momento y las actividades de protesta en las que participaron, así como la planificación y ejecución del festival artístico ¨YO TE NOMBRO LIBERTAD¨, merecen ser destacados y reconocidos por siempre. ¡Gracias, mil gracias a todos los que nos apoyaron y lucharon por nuestra causa!

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