La Totalidad en el Universo y en la Creación del Hombre.

 

La Multimedia de nuestra computadora de escritorio es, de alguna manera, el resumen de lo que espera el hombre con respecto al Universo, la idea de que todo esté hecho, en el fondo, de un mismo y único material. Siguiendo el curso de la historia de los descubrimientos científicos, se ha ido comprobando cada vez más que las cosas no son tan distintas en el fondo como nuestros sentidos nos quieren hacer ver.

El estudio del cuerpo humano, en su interior, nos hizo saber que todos los seres humanos somos básicamente iguales, a pesar de las diferencias de color de piel, creencias e ideologías. A través del descubrimiento del ADN nos hemos dado cuenta de que no sólo los seres humanos, que siempre nos hemos sentido apartados de los animales como “raza superior” que creemos ser, sino todos los seres vivos estamos constituidos de igual forma, que lo que nos da diferencia son sólo detalles. La investigación sobre la formación de la materia nos ha dicho, al principio, que todos los materiales del mundo, a pesar de todas sus apariencias, características y formas de reaccionar, están fabricados por los mismos materiales a los que se dio el nombre de elementos y, más tarde se vio que, profundizando, la estructura más básica de todos los cuerpos del Universo era esencialmente la misma, formada de protones, neutrones y electrones, quarks, neutrinos y sólo algunas más de las llamadas partículas subatómicas. Investigando más allá se ha visto que las mismas están formadas por los mismos materiales básicos. Todo apunta (y la idea es hermosa) de que todo lo que existe en el mundo está formado por una sola forma de materia.

Einstein rompió las creencias tradicionales y vio una forma de Universo en el que no sólo lo material estaba unidos en su estructura más íntima, sino que también lo intangible, la energía, el tiempo, y el espacio, todas son una y la misma cosa. La fórmula que lo llevó a la fama, E=mc2, implica una cuestión antes inconcebible: que la materia y la energía son lo mismo. Cualquier cantidad de materia puede ser transformada en energía, y la energía puede “materializarse”. El tiempo mismo, que antes fuera concebido como un río que fluía a nuestro paso y que nosotros, lo material, lo físico, no tenía real ligazón con él, fue considerado por Einstein como una parte inseparable de lo material, llegó a la conclusión de que el tiempo, “eso que transcurre” y el espacio “eso que está” eran una y la misma cosa. Tan así es, que a través de su mirada el tiempo llegó a convertirse en la cuarta dimensión.

Inclusive, en el quehacer de los científicos, ellos, y el mismo Einstein, se han llegado a dar cuenta de que las fuerzas básicas de la naturaleza son manifestaciones de lo mismo, que todas ellas son lo mismo. La física de partículas nos enseña que hasta la energía puede ser concebida como partículas, que la fuerza de gravedad está formada por minúsculos paquetes que la hacen interactuar con el mundo material. La fuerza nuclear “fuerte”, que mantiene unidos los núcleos de los átomos, la fuerza electromagnética, responsable de las interacciones eléctricas que todos conocemos, la fuerza de gravedad y la fuerza llamada “débil” son todas ellas expresiones de lo mismo, se aspira a  encontrar que, en el principio del Universo todas ellas eran una sola, que el Universo funciona con tan sólo un tipo de fuerza.

Sabiendo ver en el trasfondo de las cosas nos damos cuenta de que el mundo parece ser más sencillo de lo que nunca imaginamos, que todas las cosas son lo mismo y que las diferencias son sólo apariencia. Y la magistralidad del hombre es tal, que no sólo ha sido capaz de darse cuenta de que esta característica tiene el Universo (decía Einstein que lo más incomprensible del Mundo es que éste fuera comprensible), sino que ha llegado a imitar la estructura básica del mismo con sus creaciones, y la muestra más patente de esto es la que se presenta ahora mismo, la que me ha permitido a mí escribir este artículo y la que ha sido en gran medida responsable de que esta publicación saliera a la luz: la computadora.

Multimedia es una palabra que puede definirse como el uso de las más diversas formas de expresión a través de un solo medio. La computadora es capaz de transmitir información de todo tipo, no sólo textos, sino imágenes, que son de alguna forma más etéreas que el texto y, aún más allá, manejar sin ninguna dificultad aspectos tan etéreos como el sonido, el video. En una sola herramienta el hombre ha sabido instrumentar todas las funciones, las ha rebajado al mismo nivel, las ha convertido en una y la misma cosa. Ha recreado el Universo en su escritorio.

¿De qué manera ha sido esto posible? A través de la comprensión que adquirió, contemplando el Universo, de que todo en el fondo es lo mismo. La computadora sólo maneja una cosa: impulsos eléctricos. No hay nada más que maneje, todo se resume en ello. El hombre supo cómo transformar el texto en electricidad. Las imágenes a todo color las volvió corrientes y cargas eléctricas. Las vibraciones en el aire, el sonido, las volvió simples chispazos que pudo controlar a voluntad. El movimiento mismo, tan intangible como parece, lo transformó en señales que pudo trasladar de un lado a otro, modificar, voltear de cabeza si así le parecía. Las ideas mismas las transformó en pulsos, la creatividad, el talento los volvió todos cargas medibles y manipulables.

El hombre ha rebasado la última de las fronteras en su comprensión hacia el mundo. Ha entendido que las ideas y su propia esencia están hechas de la misma materia que conforma el Universo.

 

 

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