La República de Platón.
Llevamos mucho tiempo viviendo en
sociedad. Los nacidos en esta
generación y en las mil anteriores, estamos demasiado acostumbrados a esto como
para extrañarnos. Y por ello mismo, muy pocas veces nos preguntamos cómo es que
llegó a ser esto posible, de qué manera el hombre, siendo un animal
evolucionado, logró conformarse en una comunidad tan compleja y tecnificada
como la nuestra.
A esto es
precisamente a lo que da respuesta Platón en su diálogo La República. Al estar
interrogándose sobre la verdadera importancia de la Justicia y la Bondad, se
remonta a los orígenes del problema (como todo gran sabio) e indaga hasta los principios de la
sociedad, la manera en como surgió, cómo fueron uniendo sus fuerzas algunas
personas para poder trabajar más adecuadamente, cómo empezaron a surgir nuevas
necesidades y cómo era preciso de más y más gente que las satisficiera. De esta
forma, la aldea fue creciendo en ciudad y ésta en Nación, para así convertirse
en lo que es hoy en día, después de miles de años de constante progreso.
Y, a estas
alturas, ¿todavía nos cuestionamos sobre el valor de la justicia? El discurso
de Platón nos parece todavía actual, parece como si lo que inquiere lo
estuviéramos preguntando hoy: tantos son los que aún cuestionan el valor de la
justicia y los valores en general. En una época en la que nos encontramos en
una Crisis de Valores, testimonios como el de Platón nos dejan mucho qué pensar
y nos hacen ver lo equivocado de muchos de nuestros razonamientos. ¿Dónde
pueden entrar los valores en un mundo globalizado, neoliberal, posmoderno? Para
nosotros los valores no significan nada ya y veamos qué es lo que hemos hecho
de nuestro mundo. Por eso seres como Platón se erigen incólumes al paso de los
siglos: desde la época en que vivieron, su lucidez fue inaudita: pudo estudiar
y dejar resueltas muchas de las cuestiones que hoy en día nos hace falta que
nos expliquen.
Platón nos
propone una República basada sobre la Filosofía, en la que los que
verdaderamente sepan sean los que gobiernen, no cualquiera, en la que desde
jóvenes se nos eduque en valores, actividades, gimnasia y artes, propone un
mundo feliz, utópico, y, al parecer de muchos (incluyendo a Aristóteles)
irrealizable. Pero hay otros autores,
como Tomás Campanella, escritor de La Ciudad del Sol, quienes piensan que, a
pesar de ser una república utópica, no por ello deja de ser deseable y de
servir de ejemplo para las sociedades en general. Asimismo, todas estas
propuestas “irrealizables” han dado resultados perfectamente realizables como
el socialismo científico de Mark y Engels que derivó en una aplicación real
de una comunidad sobre los bienes. En la misma forma están basadas las
religiones, sobre la idea de un paraíso (es decir, mundo perfecto) y todo lo
que podemos hacer para lograrlo. Y, en cambio, estas ideas aplicadas en la
religión no son mal vistas. ¿Quién los entiende?