La Droga y la Espiritualidad en el Mundo Moderno.

 

   En la vida de todas las personas llega una etapa en la que se ha perdido la ilusión por todo lo que acontece, en la que el conocimiento de lo que es el  mundo y su  gente es tan común y cotidiano que ya no lo tomamos en cuenta. Llegados a esta etapa de la vida, la depresión es una constante, ya que, aunque no poseemos un conocimiento completo y profundo del mundo, así lo creemos y nos parece que somos incapaces de encontrar nada nuevo en él.

   La Humanidad está llegando a una etapa similar. Los increíbles avances técnicos y científicos le han permitido al hombre conseguir lo que siempre soñó: desentrañar los misterios de la naturaleza y de sí mismo, pero, llegando a esto, y aún cuando el conocimiento aún por adquirir es inmenso, estamos cayendo en el vacío de creerlo conocer todo.Y así como sucede con la vida de los individuos, la sociedad está sumergiéndose en la depresión.

    Ya nada nos es poco común. En esta Era de la Información no existe nada verdaderamente nuevo. Las respuestas a las grandes preguntas ya han sido dadas, tal pareciera que no hay ya nada por descubrir, y en esta crisis, el mundo pierde sentido y buscamos desesperadamente encontrarle algo más, hurgar en algún sitio de la realidad que no haya sido exporado o que, por lo menos, no nos ofrezca respuestas tan firmes como las que nos da la ciencia.

   Es por eso que en esta época está resurgiendo el espiritualismo y la drogadicción, ambos como búsqueda de nuevas realidades, aún a pesar de lo diferentes que se antojan.

   Es muy conocido el resurgimiento de las sectas religiosas que, ofreciendo a las personas nuevas respuestas al mundo, las convencen de cometer atrocidades y éstas se dejan llevar fácilmente. Cuando uno está desesperadamente buscando algo, cualquier cosa es buena, cualquier idea que se nos venda es aceptada.

   De igual forma, los “gurús” de la droga nos venden nuevas realidades, nos ofrecen nuevos “paraísos”, nos dan la llave a un mundo más hermoso, más misterioso y con sentido. Nos afirman que la tal pastilla o el polvito equis serán la puerta de entrada a un mundo en donde las respuestas no están dadas y que podremos nosotros indagar libremente en él. De igual forma a como sucede con los nuevos cultos, al estar ansiosos buscando esas respuestas, aceptamos cualquier tipo de cosas que nos traten de vender.

   Concientes de este problema, se han dado gran cantidad de campañas en contra de la drogadicción, como la famosa “Vive sin Drogas” de TVAzteca o “Con la Droga Pasa Igual”, de los Centros de Reintegración Juvenil. Desafortunadamente, estas campañas no van al fondo del problema. Hacen énfasis en los daños que pueden ocasionar las drogas en quienes las consumen, pero está suficientemente demostrado que esto no ayuda a evitar su uso, en primera porque se trata de una adicción fisiológica y en segunda por que siempre nos creemos más poderosos que la droga. Además, ante la fabulosa imagen que nos ofrecen los “capos-gurús” sobre las oportunidades que nos brinda la droga, hacemos caso omiso de dichas campañas y aún más, pueden tener éstas sobre nosotros un efecto negativo al pensar: ¿porqué no quieren que accedas a este mundo fascinante?

 

 

En este contexto de modernidad, hemos visto que, básicamente, en los lugares en donde es más elevado el consumo de la droga es en los países desarrollados. Esto revela lo certera de nuestra afirmación respecto a que el consumo de drogas responde al vacío que la vida moderna ha dejado en las personas.

   De esta forma, vemos también que en los países en desarrollo el consumo es inferior al de aquellos desarrollados. Es notoria la diferencia que existe a este respecto entre los Estados Unidos y México. Se dice que nuestro país es la sede mundial del narcotráfico (palabras de Jeffrey Davidow, embajador estadunidense en México), y es sabido que es debido a que el vecino del norte es el principal conumidor del mundo. Nuestro país sirve de trampolín para los consumidores de allá, mientras que aquí, aunque sí hay consumo, no lo es en tan gran medida.

 

   Lo curioso que habría que analizar aquí es por qué, si México es un país subdesarrollado, la espiritualidad es muy grande dentro de él, si acabamos de decir que el crecimiento de la misma es respuesta a la modernidad. Lo que sucede es algo curioso: que nuestro país está en una etapa intermedia entre la modernidad y el atraso.

   Es sabido que en los pueblos primitivos la explicación de los fenómenos naturales buscaba darse con elementos teológicos, que cabría llamar espirituales. Con el paso del tiempo, el incremento del conocimiento científico del mundo, la tendencia a buscar respuestas sobrenaturales se redujo, quedando el hombre satisfecho con la explicación que de los fenómenos daba la ciencia. Pero en nuestros días, la tendencia se ha revertido por la vacía imagen que tenemos del mundo, a consecuencia, paradójicamente, de los avances de la ciencia. Le hemos perdido el sentido, el “chiste”; es por eso que la espiritualidad renace, como búsqueda de sentido al mundo vacío heredado por la ciencia.

  Vemos, pues, la espiritualidad como principio de la vida humana, y ahora la vemos resurgir, como una gigantesca rueda de la historia que ha girado para dejarnos donde estábamos al principio, como una vuelta de tuerca de magníficas proporciones.

   Entonces, con la espiritualidad al principio, como muestra de atraso, y al final, como signo de modernidad, en México estamos justamente en medio de ambos: el atraso en que vivimos inmersos como país milenariamente espiritual, nos da cierta dosis de espiritualidad, y, a la vez, la modernidad, con su resurgir de la espiritualidad, nos brinda otra dosis más. Ésa es la razón por la cual la espiritualidad está viva en nuestro país, aún cuando no seamos país del primer mundo.

  

  

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