Ella

 

Qué oscuridad hay esta noche.

El humo de un cigarro se eleva dando volteretas por el aire. Se escuha el suave soplido que hace la boca al exhalar el humo y soltarlo al aire.

El clima es calmo. Seco. Solitario.

Sólo se oye su respiración. Y el roce de su piel y la tela que la cubre, cuando cambia de posición.

Espera.

Con la vista lenta, calma, mira de soslayo a su alrededor.

Y vuelve a exhalar. Tranquila. Sin pausa. Nada le preocupa. Aguza su oído y no escucha nada. Respira.

De pronto, se pone de pie y apaga la colilla del cigarro en el cenicero. Hace atrás la silla y pasa. Apoya finalmente la mano en el escritorio y descansa el peso de su cuerpo en una pierna.

Se acomoda el cabello.

Observa.

Sus ojos azules, grandes, penetrantes, se adentran en la oscuridad, descifrando lo que hay más allá. Contemplan. Con absoluta calma. Miran, casi con indiferencia. Podría decirse que se hayan muy lejos, contemplando alguna visión imaginaria de su portadora.

Un trago de saliva. Ella pasa la lengua suavemente por sus labios, humedeciéndolos. Parpadea. Respira.

¿Quién es quien vendrá hacia ella?, se pregunta. ¿Tendrán realmente tanto en común? Esta cita a ciegas, ¿de verdad tendrá un resultado satisfactorio?

Tal vez este encuentro sea totalmente banal, un incidente intrascendente de esos que pasan miles en la vida de cualquier persona, un pasaje quizás a recordar de paso en una charla de café, justo como se haría con respecto a algo gracioso sucedido en el día, pero sin mayor trascendencia. Pero quizás este encuentro más bien la transformara, se llegara a convertir en algo tan especial que hiciera que el rumbo de su vida girara por completo, y rompiero con todo lo que antes consideraba como "normal" o "seguro". Sólo lo sabría cuando llegara. Y ahora que pensaba en esto es cuando se empezaba a poner realmente nerviosa.

¿Sería correcto lo que estaba haciendo?

 

De pronto, una voz la sacó de su pensamiento. No entendió lo que decía. Eran dos voces, más bien. Algo lejos. Pero sabía de qué se trataba. El momento estaba cerca, el acceso había sido otorgado, y ahora la otra persona caminaría hasta ella, la saludaría y se conocerían por fin en vivo.

Se acomodó un poco. Pasó su mano por su cabello largo. Humedeció de nuevo sus labios. Entreabrió un poco más la parte superior de su blusa, el escote.

Y esperó.

 

Escuchó los pasos, acercándose, y pronto alcanzó a perfilarse la figura emergiendo de entre las sombras. La figura era agradable, y su andar tranquilo, seguro. Ella se arregló otro poquito el escote de su blusa. "Espero que le guste", se dijo en silencio.

Y por fin apareció. Se miraron. Al parecer lo que vieron les agradó, por que sendas sonrisas se dibujaron en sus rostros. Se acercaron.

 

"Eres justo como te imaginé".

 

"Tú no. Eres más guapa en persona". Y otra sonrisa apenada recorrió sus rostros.

 

"Bueno... Pues esta soy yo. Me alegra conocerte por fin. Ven... acércate."

 

Le extendió la mano y con un gesto le dijo todo.

 

"Hace tiempo que esperaba esto".

 

Y las dos bocas se encontraron, en un beso cálido, suave y confortable.  Ese beso emanaba sensualidad, sensibilidad.

 

Sí. Esto marcharía bien. No cabía duda.

 

"Vámonos. La noche nos espera".

 

Tomó sus cosas del escritorio, acomodó otro poco más el escote -sabía que lo que había visto ahí había guustado- y le sonrió. Estiró la mano y comentó:

 

"¿Nos vamos?"

 

Una sonrisa afirmativa. Un cálido y tierno estrecharse de las manos. El paso simultáneo que comienza.

 

Y las dos mujeres se alejaron caminando tomadas de la mano...

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