El hombre al que le pagaron por no pensar.
Estaba yo ahí, sentado,
esperando.
Esperando no sé a qué, sólo
me dijeron que esperara, y como no puedo pensar —me pagaron para no hacerlo—,
no puedo pensar por qué será que me están haciendo esperar.
Así que me limito a hacerlo.
Veo a la gente pasar, al
lado mío, alejarse paso aprisa. ¿Adónde irán? No puedo saberlo, y no puedo
pensar para tratar de averiguarlo. Veo que de repente más gente pasa a mi lado,
cada vez más rápido, como apurados.
Como espantados, casi podría
decir.
Me dijeron que me vistiera
de tal y tal forma, con lentes oscuros, y que me recortara la barba de cierta
manera, de candado. No me dijeron para qué. Parece que querían que me
disfrazara de alguien, hacerme pasar por otra persona. No sé la razón. Pero
sobre todo, me pagaron para que no pensara sobre ello. Fueron muy enfáticos en
decírmelo. “Tú tienes que ir ahí y esperar sentado y, pase lo que pase, o veas
lo que veas, no debes de pensar en ello, por que si no, no verás este dinero”
que extendían frente a mis ojos. Y pensé que era una buena oportunidad de
ganarme algo de dinero sin hacer gran cosa. Cada quien tiene sus perversiones,
¿no? Si ellos me querían ver vestido de esa forma, ¿por qué no complacerlos? Me
pagarían, ¿no? Así que ¿qué más importaba?
Pero debo detenerme, porque
ya lo estoy pensando.
La gente se apura, gritan,
tropiezan. Comienzo a preocuparme. ¿Qué sucederá?
No puedo pensarlo. Demonios.
Pero me intriga.
Se hacen a un lado. Dejan
pasar a un tipo armado hasta las cachas, que se para frente a mí.
—Miren, aquí está el “pelón”
Rodríguez tal como nos lo dijeron...
Y me apunta con su arma. No
sé a dónde esconderme.
—Qué bueno que nos volvimos
a encontrar, “pelón”...
—Espere... ¡¡pero yo no soy
el pe...!!
Y disparó. Mientras caía al
suelo pensé. Un poco. Unos instantes.
Había comprendido por qué
querían que no pensara...