Los Cuatro Dogmas Marianos

 

Dra. Deyanira Flores



I. La maternidad divina de la Virgen Maria

 

1.         ¿Se puede llamar a la Virgen María "Madre de Dios"?

 

            Claro que sí. No sólo podemos, sino que debemos llamarla verdadera Madre de Dios.

 

 

2.         ¿Por qué podemos decir que María es de verdad la Madre de Dios?

 

            Por una razón muy sencilla: porque su Hijo es Dios. Jesucristo, que es el Hijo de Dios desde toda la eternidad, para salvarnos, quiso hacerse hombre en el vientre de la Virgen María. Él mismo, en Persona, bajó del cielo y se encerró en el vientre inmaculado de María, habiéndole pedido primero su consentimiento - si quería ser Su Madre (Lc.1, 26-37) --, y María habiendo respondido que sí: "He aquí a la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc.1, 38).

            El misterio central de nuestra fe cristiana es que Jesucristo es una Persona Divina con dos naturalezas: la naturaleza divina que recibió del Padre desde toda la eternidad, y la naturaleza humana que recibió de la Virgen María hace 2004 años, o sea, desde el instante en que se encarnó por obra del Espíritu Santo y para siempre desde ese momento. Es la Persona Divina del Verbo la que baja del cielo al vientre virginal de María y toma de Ella la naturaleza humana y la hace Suya para siempre. Esto se llama en teología la Unión Hipostática, que quiere decir la unión de la naturaleza divina y la naturaleza humana en la única Persona Divina del Verbo.

            María no le dio a Cristo Su naturaleza divina, que tiene del Padre desde toda la eternidad, sino Su naturaleza humana, que tomó de ella. Pero como Jesucristo tomó esa naturaleza humana y la hizo totalmente Suya, de Su Persona Divina, podemos decir que María es verdadera Madre de Dios y que el Hijo de Dios murió en la Cruz. En teología esto se llama la comunicación de idiomas o intercambio de atributos en Cristo.

            En cuanto Dios, Jesucristo existe desde siempre. Jesucristo es el único hijo que ha escogido a Su madre; Él es el único que ha creado a Su propia madre. Pero en cuanto hombre, verdaderamente ha sido concebido virginalmente por María, ha nacido virginalmente de María y se ha convertido para siempre en su Hijo.

            En el caso de todo niño, el padre y la madre lo que le dan al hijo es el cuerpo. El alma, única e irrepetible para cada ser humano, la crea Dios de la nada en el instante mismo en que se da la concepción, y Dios infunde ("mete") esta alma, en ese mismo instante en que se da la concepción, en el cuerpo recién concebido. Es por eso que desde el primer instante de la concepción tenemos a un ser humano, compuesto de cuerpo y alma, a una persona humana, y por eso el aborto procurado, aunque sea minutos después de la concepción, es un asesinato. La madre, pues, lo que le da a su hijo es el cuerpo, pero nunca diríamos que es la madre de un cuerpo, sino de una persona humana.

En el caso de la Virgen María, ella concibe sin concurso de varón, por milagro de Dios omnipotente, por obra del Espíritu Santo, como nos enseña la Sagrada Escritura (Mt.1, 18.20; Lc. 1, 35), al Hijo de Dios. Ella lo que le da a Cristo es el cuerpo; el alma humana de Cristo la crea Dios de la nada y la infunde en el cuerpo en el instante de la concepción virginal, y este cuerpo y alma, esta naturaleza humana, creada en el momento de asumirla, es asumida por el Verbo y unida hipostáticamente a su Persona Divina en el vientre virginal de María. Sin embargo, María, al igual que todas las madres, no es la madre de un cuerpo, sino de una persona, sólo que en su caso se trata de la Persona de Jesucristo, que es una Persona Divina, pues Él es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios. Ella se convierte, por gracia infinita de Dios, en la Madre de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que se encarna en su vientre virginal y nace de ella hecho hombre.

En cuanto Dios, por tanto, Cristo existe desde siempre y es el Creador de Su propia Madre. En cuanto hombre, Cristo ha nacido de la Virgen María y es y será siempre verdaderamente Hijo suyo. No son dos hijos: uno de Dios y otro de María, sino que es uno solo y el mismo Hijo, Jesucristo Nuestro Señor, Hijo de Dios y de María, como ya lo llamaba San Ignacio de Antioquía (+ c.110), el primer Padre de la Iglesia que habló de la Virgen María (Ef.7, 2: "kai; ejk Mariva" kai; ejk Qeou'").

 

 

3.         ¿Quién es el Niño que nace de la Virgen María?

 

            Para entenderlo mejor, recordemos quién es el Niño que nace de la Virgen María. Imaginémonos por un momento que nos encontramos en Belén, en una noche fría, en un pobre establo para guardar animales, y que contemplamos en un pesebre (o sea, un comedero de animales) a un bebé recién nacido, recostado sobre paja, llorando, en la pobreza y sencillez más grandes. Y vemos a su lado a Su Madre, de rodillas junto a Él, amándolo como ninguna otra madre ha amado nunca a su hijo, tratando de ofrecerle con todo su corazón todos los pobres cuidados que están a su alcance, y adorándolo como ninguna persona jamás ha adorado a Dios, con toda la intensidad del amor y de la entrega total. Y cerca de ella vemos al hombre justo, San José, llamado por Dios a ser el padre adoptivo de ese Niño Dios, temblando de respeto y adoración, de amor y admiración, prodigando al Niño y a Su Madre todos los cuidados que le son posibles.

            Ese niño que yace en el pesebre no es un bebé como cualquier otro: es el Hijo de Dios, que por amor a cada uno de nosotros, quiso bajar del cielo, encarnarse por obra del Espíritu Santo en el vientre virginal de María, y nacer virginalmente de ella para venir a salvarnos. Siendo Dios, quiso hacerse hombre, sin dejar ni por un instante de ser Dios. Siendo nuestro Señor, quiso hacerse hermano nuestro, igual en todo a nosotros menos en el pecado. Siendo todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, quiso hacerse un niño diminuto, dependiente de los cuidados de Su Madre. Siendo infinitamente rico, dueño de todo el universo, quiso hacerse pobre para enriquecernos a nosotros. Siendo la Vida misma, quiso tomar de la Virgen María nuestra naturaleza humana para poder morir por nosotros en la Cruz como un criminal, abandonado y traicionado por todos excepto Su Madre, para salvarnos del pecado y de la muerte, abrirnos las puertas del cielo, y hacernos hijos de Dios por adopción, como Él, que es el Hijo de Dios por naturaleza. Siendo, pues, Hijo de Dios desde toda la eternidad, quiso ser Hijo de la Virgen María también, "cuando llegó la plenitud del tiempo" (Gal.4, 4). Teniendo un Padre desde siempre, que es Dios Padre, quiso tener una madre, la Virgen María. Habiendo sido eternamente engendrado del Padre sin madre, quiso ser engendrado en el tiempo de la Madre sin padre. ¡Y todo ésto sólo por amor a nosotros!

 

 

4.         ¿Es un dogma de fe que María sea la Madre de Dios?

            Sí, es un dogma de fe que fue definido solemnemente en el Concilio de Efeso del año 431, siendo Papa Celestino I. Uno de los documentos oficiales del Concilio de Efeso, la II Carta de San Cirilo de Alejandría (+ 444) a Nestorio, dice así:

 

"Así, aunque Él tiene la existencia y ha sido engendrado del Padre antes de todos los tiempos, nosotros decimos que ha sido engendrado también según la carne de una mujer, no en el sentido de que Su naturaleza divina ha comenzado a existir en la Santa Virgen o ha tenido necesariamente necesidad de un segundo nacimiento por medio de ella después de el del Padre (sería una tontería y un sin sentido afirmar que tiene necesidad de comenzar a existir por segunda vez el que existe antes de todos los tiempos y es coeterno con el Padre); pero dado que Él por nosotros y por nuestra salvación ha unido a sí según la hipóstasis la naturaleza humana y ha nacido de una mujer, en este sentido decimos que ha nacido según la carne. En efecto, no fue engendrado primero como hombre común de la Santa Virgen y luego bajó sobre Él el Verbo, sino que afirmamos que el Verbo se ha unido y ha soportado nacer según la carne del vientre de ella, en el sentido que ha hecho propio el nacimiento de Su carne.

De la misma manera afirmamos que Él ha también sufrido y ha resucitado, no en el sentido que el Verbo de Dios haya sufrido en Su propia naturaleza los golpes y los huecos de los clavos y las otras heridas (en efecto, lo que es divino es impasible en cuanto es también incorpóreo), pero porque lo que se ha convertido en Su propio cuerpo ha sufrido tales padecimientos, por eso decimos que Él ha sufrido por nosotros ...

Esto predica la doctrina de la fe más segura; esto encontramos que sostuvieron los santos Padres; en efecto, no tuvieron inconveniente en llamar a la Santa Virgen Theotokos (Madre de Dios), no en el sentido de que la naturaleza del Verbo y Su Divinidad hayan tenido de la Virgen el principio de su origen; sino que, habiendo tomado de ella aquel sagrado cuerpo perfeccionado por el alma inteligente, al cual el Verbo de Dios se había unido según la hipóstasis, se dice nacido según la carne" (DS 251).

 

            En otro documento del Concilio de Efeso, llamado "Los Doce Anatematismos de Cirilo de Alejandría", se dice que:

 

"Si alguno no confiesa que el Emmanuel es en verdad Dios, y que por eso la Santa Virgen es Madre de Dios (Theotokos), porque ella dio a luz según la carne al Verbo proveniente de Dios y hecho carne, sea anatema" (DS 252).

 

            En la Fórmula de Unión del año 433, otro documento muy importante, se dice que:

 

"Confesamos nuestra fe en el Señor nuestro Jesucristo, Hijo de Dios, Unigénito, Dios perfecto y hombre perfecto, de alma racional y cuerpo, engendrado del Padre antes de los siglos según la divinidad, y el mismo en los últimos tiempos, por nosotros y por nuestra salvación, nacido de María Virgen según la humanidad, consustancial al Padre según la divinidad y consustancial (homooúsios) a nosotros según la humanidad.

Porque se hizo la unión de las dos naturalezas, por eso confesamos a un solo Cristo, un solo Hijo y un solo Señor.

Según el concepto de esta unión sin confusión, confesamos que la santa Virgen es Madre de Dios (Theotokos), por haberse encarnado y hecho hombre el Verbo de Dios y por haber unido consigo, desde la misma concepción, el templo (la naturaleza humana) que de ella asumió ..." (DS 272).

 

            Por tanto, nadie que niegue que María es la Madre de Dios puede ser cristiano, porque estaría negando que Cristo es Dios y que se hizo hombre, que es la doctrina central del cristianismo, y estaría negando también consecuentemente que Cristo nos salvó. Todos los Padres de la Iglesia enseñan con gran fuerza esta unión indisoluble entre ontología y soteriología, entre quién es Cristo y nuestra salvación: si Cristo no es verdadero Dios, o no se hizo verdadero hombre sin dejar de ser Dios, no hay salvación.

 

 

5.         ¿Está escrito en la Biblia que María es Madre de Dios?

 

            Sí. Tenemos un texto explícito en Lc.1, 43, cuando Isabel, anciana y esposa de un sacerdote, al llegar la joven María, prometida de un carpintero, a su casa y saludarla, exclama: "¿Quién soy yo para que venga a mí la madre de mi Señor?". La palabra "Señor" que aparece en este texto se usaba en el Antiguo Testamento para referirse solamente a Yahveh Dios. Por tanto, Isabel lo que está diciendo es: "¿Quién soy yo para que venga a mí la Madre de mi Dios?". Lo dice inspirada por el Espíritu Santo, que la ilumina para que reconozca en esa jovencita a la Madre de Dios, que trae en su vientre al Hijo de Dios. Con sus mismas palabras, y con su actitud de gran reverencia, veneración y respeto, está indicando que reconoce en aquella humilde jovencita a la Madre de Dios, y por eso no se siente digna de ser visitada por ella.

            Tenemos también muchos otros textos en el Nuevo Testamento donde se dice que Jesús es Dios, y textos donde se dice que María es Madre de Jesús (Mt.1, 18-25; Lc.1, 26-56; 2, 1-52; 8, 19; 11, 27-28; Jn.2, 1-12; 19, 25-27; He,1, 14, etc.), y por tanto, si Jesús es Dios, y María es la Madre de Jesús, ella es lógicamente la Madre de Dios.

 

 

6.         ¿Por qué la Maternidad Divina es el dogma mariano más importante?

 

            Es el dogma mariano más importante porque es el que fundamenta y explica todos los demás. Porque María es la Madre de Dios, fue concebida inmaculada para que brillara con toda la santidad necesaria para convertirse en la Madre del Hijo de Dios, y por eso recibió por adelantado los méritos de su Hijo Redentor. Porque es la Madre de Dios, ella concibió a su Hijo virginalmente, sin concurso de varón, por obra del Espíritu Santo, y lo dio a luz virginalmente, sin perder su virginidad y sin dolor. Porque es la Madre de Dios, consagró toda su vida al servicio de su Hijo, de Su Persona y Su Obra, conservando para siempre su virginidad, y nunca tuvo otros hijos. Porque es la Madre de Dios, colaboró con su Hijo en la obra de la Redención y se convirtió en la Madre de todos nosotros, los miembros del Cuerpo Místico, del cual su Hijo es la Cabeza. Porque es la Madre de Dios, al final de su vida en la tierra fue asumida en cuerpo y alma al cielo y goza ya de la glorificación perfecta en cuerpo y alma que Dios nos ha prometido a todos. Por ser la Madre de Dios es que le rendimos un culto tan especial, no de adoración, que se le da sólo a la Santísima Trinidad, ni de simple veneración ("dulía"), que es el que le rendimos a los santos y ángeles, sino de veneración máxima ("hiperdulía"). Porque es la Madre de Dios y nuestra Madre amantísima, podemos acudir a ella confiadamente en todas nuestras necesidades, seguros de que ella siempre intercede por nosotros ante su Hijo como lo hizo en Caná de Galilea (cf. Jn.2, 1-12), y siempre nos acompaña y protege. Así lo ha querido Dios, que fue el que la escogió y la hizo Madre Suya y nos la dio por Madre nuestra.

 

 

7.         ¿Por qué es tan importante la verdad de que María es Madre de Dios?

 

            Porque si nosotros decimos que María no es Madre de Dios, estamos diciendo también que Jesús no es Dios, sino un hombre cualquiera. Y si Jesús no es Dios, no hay salvación, porque sólo Dios salva (Sal.61; He.4, 12, etc.). Es el Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo, el único que salva (Jn.3, 16; Gal.4, 4-7; Fil.3, 20; 1Jn.4, 14, etc.). La Virgen María, Madre de Dios, con su virginidad, nos garantiza que Jesucristo es Dios, y con su verdadera maternidad, que Jesucristo se hizo verdadero hombre para salvarnos. Como ya dijimos, ambas verdades son indispensables para garantizar la salvación: la verdadera divinidad y la verdadera humanidad de Jesucristo. Y, como decía San Juan Damasceno, ambas están admirablemente sintetizadas en el título "Theotokos", Madre de Dios, definido por el Concilio de Efeso. Si es verdadera "madre", el Verbo se hizo verdadero hombre; si es virgen madre "de Dios", Jesucristo es Dios. La Virgen María nos muestra a la perfección el Misterio del Verbo encarnado.

 

 

8.         ¿Celebra la Iglesia en su liturgia el dogma de la Maternidad Divina?

 

            Si, la Iglesia celebra el 1ero. de enero la Maternidad Divina de la Virgen María, o sea, el hecho de que María es verdaderamente la Madre de Dios. Por ser una celebración tan importante, la Iglesia le ha dado el grado más alto, que se llama "solemnidad", y es obligación ir a Misa ese día. Esta es la celebación más importante de este día.

            La Iglesia también celebra el 1ero. de enero "el día mundial de la paz", para pedir a Dios por este don tan preciado el día en que comienza el año civil. (El año litúrgico comienza el primer domingo de Adviento). El único que da la paz verdadera es Jesucristo, el Príncipe de la Paz, el Hijo de la Virgen María.

 

 

9.         Celebra la Iglesia en otros momentos también la Maternidad Divina?

 

            Sí, hay otros dos momentos en que la Iglesia celebra también la Maternidad Divina de María. Se trata de dos de las tres soleminades más importantes de todo el Año Litúrgico (la otra es la Pascua): la Encarnación del Verbo el 25 de marzo, cuando celebramos el momento en que el Hijo de Dios bajó del cielo y se encarnó en el vientre virginal de María y se hizo hombre, y la Natividad del Señor, el 25 de diciembre, cuando celebramos el día en que la Virgen María dio a luz virginalmente al Hijo de Dios en el establo de Belén. El 25 de diciembre es obligación ir a Misa; el 25 de marzo tampoco deberíamos faltar, para darle gracias a Dios por amarnos tanto y haber venido a salvarnos, y a la Virgen María por haber dicho "sí" a la Encarnación.

 

 

10.       ¿Cuál es la voluntad de Dios con respecto a la Virgen María?

 

            A la Virgen María no la inventó la Iglesia. Fue Dios mismo el que quiso que su Hijo tuviera una Madre y viniera al mundo naciendo de una Virgen (cf. Gal.4, 4-5). Fue Dios el que la escogió y la llamó para la vocación más grande que ha tenido nunca ningún ser humano: ser la Madre del Hijo de Dios. Fue Dios el que quiso que María tuviera un papel tan importante dentro de Su plan de salvación. Fue Dios el que quiso que María fuera la Madre, no sólo de Jesucristo, sino también de todos nosotros. Es, pues, Su voluntad, que nosotros le agradezcamos y alabemos por las grandes cosas que ha hecho en María. Que aceptemos a María en nuestras vidas y permitamos que ella nos ame y nos ayude como lo hizo con Jesús. Jesucristo, al venir al mundo, no solamente nos ha dado a Su Padre, Dios, para que fuera también nuestro Padre (cf. Jn.20, 17), y todos nosotros fuéramos hijos de Dios, sino que también nos ha dado a Su Madre, la Virgen María, para que también tuviéramos una Madre (cf. Jn.19, 25-27). ¿Vamos a rechazar este regalo maravilloso que Jesucristo nos ha dado con tanto amor?

 

 

11.       ¿Cuál es la voluntad de Dios con respecto a nosotros?

 

            La voluntad de Dios es que amemos a la mujer que Él escogió para que fuera Su Madre y quiso compartir también con nosotros para que fuera madre nuestra. Esa es Su Voluntad. Una madre goza de ver a su hijo alabado y amado. Un hijo goza de ver a su madre querida y respetada. Si no fuera así, serían malas madres y malos hijos. ¡Cuánto no goza María al ver a Jesús adorado y amado! ¡Cuánto no goza Jesus al ver a Su Madre amada y venerada por nosotros! Desde que se encarnó, Jesús será siempre el Hijo de la Virgen María, y la Virgen María será siempre Su Madre. Jesús quiere que la honremos como Madre de Dios que es, y la amemos como madre nuestra amantísima. Y la Virgen María sólo desea que amemos y sirvamos a su Hijo. ¡Es, pues, voluntad de Dios que amemos a la Virgen María! ¡Amémosla sin ningún miedo! De hecho, nadie ama a María tanto como su hijo Jesucristo. Acudamos a ella con toda la confianza con que se acude a una mamá amorosa y buena. Tengamos siempre absoluta seguridad de que la Virgen María nunca nos alejará de Jesucristo, sino todo lo contrario, nadie como ella nos puede ayudar mejor a amar y servir al Señor. El único deseo de la Virgen María es ver que amemos a Jesús y alcancemos el cielo. Encomendémonos a ella para que nos proteja siempre, "ahora y en la hora de nuestra muerte". Amén.

 


 

 

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