Los Cuatro Dogmas Marianos

 

Dra. Deyanira Flores



IV. La asunción de la Virgen María al cielo

 

1.         ¿Qué es la Asunción de la Virgen María al cielo?

 

            Es la glorificación corporal anticipada de la Virgen María. En otras palabras, es el hecho de que Jesucristo, al terminar su vida en la tierra, se la llevó al cielo en cuerpo y alma glorificándola a Su derecha como Reina y Señora de todo lo creado por ser Su Madre santísima.

 

 

2.         ¿Qué es la muerte? ¿Qué pasa con nosotros?

 

            Para entender mejor la Asunción de María, recordemos que la muerte es la separación del alma del cuerpo. Cuando una persona se muere, su cuerpo es sepultado en la tierra, y su alma va al cielo, si ya estaba totalmente preparada; al purgatorio, por un tiempo, si todavía tenía algo que saldar (y al terminar de saldar las deudas pendientes, va al cielo); al infierno, si estaba en pecado mortal al llegarle la muerte y hasta el último instante rechazó el amor de Dios y no quiso arrepentirse de sus pecados ni ir al cielo. Cuando Cristo venga por segunda vez al final de los tiempos, Él resucitará los cuerpos de todos los seres humanos y los reunirá de nuevo con sus almas para el juicio final. Después de éste, los justos irán para siempre en cuerpo y alma al cielo, y los impíos en cuerpo y alma al infierno.

 

 

3.         ¿Cuál es la diferencia entre la Asunción de María y lo que nos pasa a nosotros?

 

            La Virgen María es la única persona del mundo que se encuentra en el cielo en cuerpo y alma. Todas las demás personas que han muerto a lo largo de toda la historia humana, incluidos todos los santos, tienen su cuerpo enterrado aquí en la tierra, y es sólo su alma la que puede subir al cielo. Hasta el final de los tiempos, cuando Cristo regrese por segunda vez, se dará para todos nosotros la resurrección de nuestro cuerpo. Por un privilegio único, Dios ha realizado en María, por adelantado, lo que realizará con nosotros al final de los tiempos. A ella le ha concedido ya, por ser Su Madre, la glorificación perfecta que a nosotros nos prometió hasta Su Segunda Venida.

 

 

4.         ¿Por qué hablamos de "Ascención" de Cristo y de "Asunción" de María?

 

            Cuando hablamos de Cristo, hablamos de su Ascención a los cielos, ya que Cristo, como Dios que es, asciende al cielo por Su propio poder cuarenta días despues de Su Resurrección. En cambio, cuando hablamos de María, decimos Asunción, porque es Dios el que la sube al cielo, María no sube sola, por su propio poder, sino que es Dios el que se la lleva. En otras palabras, la Asunción de María es un don de Dios, una gracia infinita que la Santísima Trinidad le concede a esta creatura por ser la Madre del Hijo de Dios.

 

 

5.         ¿La Asunción de la Virgen María es un dogma de fe?

 

            Sí, la Asunción es un dogma de fe en el que debemos creer todos. Este dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950, con la Bula Munificentissimus Deus. El texto de la definición dice así:

 

"... Por eso, la augusta Madre de Dios, misteriosamente unida a Jesucristo desde toda la eternidad 'por un solo y mismo decreto' (Ineffabilis Deus) de predestinación, inmaculada en su concepción, virgen integérrima en su divina maternidad, generosamente asociada al Redentor divino, que alcanzó pleno triunfo sobre el pecado y sus consecuencias, consiguió, al fin, como corona suprema de sus privilegios, ser conservada inmune de la corrupción del sepulcro y, del mismo modo que antes su Hijo, vencida la muerte, ser levantada en cuerpo y alma a la suprema gloria del cielo, donde brillaría como Reina a la derecha de su propio Hijo, Rey inmortal de los siglos (cf. 1Tim.1, 17) ... Por eso ... para gloria de Dios omnipotente que otorgó su particular benevolencia a la Virgen María, para honor de su Hijo ... por la autoridad de nuestro Señor Jesucristo ... proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: Que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial" (DS 3902-3903).

 

 

6.         Si el dogma se proclamó hasta 1950, ¿eso quiere decir que fue hasta esa fecha que la Iglesia creyó en la Asunción?

 

            De ninguna manera. El hecho de que el Papa lo proclamara oficialmente "dogma" en 1950 no quiere decir que hasta esa fecha la Iglesia creyó en la Asunción de María. Simplemente el Espíritu Santo quiso que fuera en esa fecha que se proclamara dogma lo que ya la Iglesia creía y celebraba desde la antigüedad.

 

 

7.         ¿Desde cuándo celebra la Iglesia esta solemnidad?

 

            La Iglesia celebra litúrgicamente la fiesta de la Asunción de María al cielo el 15 de agosto desde el siglo VI. Esta celebración tiene el rango litúrgico más importante, que se llama "solemnidad". Es día de precepto: es obligación ir a Misa ese día.

 

 

8.         ¿Cuales son los testimonios más antiguos sobre la Asunción?

 

El testimonio escrito más antiguo sobre la Asunción es el apócrifo Transitus Mariae (R) (Vat.graec.1982) del siglo II. El primer Padre de la Iglesia que menciona la Asunción es San Epifanio (+  403), en un escrito de los años 374-377. Otros autores que se refieren a ello son Severiano de Gábala (d. 408); Hesiquio de Jerusalén (451); Ps. Dionisio (s. V); Timoteo de Jerusalén (s. VI) y San Gregorio de Tours (594). En los siglos VI y VII aparecen las primeras homilías para la fiesta de la Asunción o Dormición de María. En ellas, los autores intentan precisar el objeto de la fiesta, depurarlo lo más posible de los elementos fantasiosos de los apócrifos asuncionistas muy difundidos por ese entonces, y sobre todo establecer los fundamentos teológicos de esta verdad. Las homilías más antiguas que se conocen son de Teodosio de Alejandría (566); Juan de Tesalónica (c. 630); Teotekno de Livia (VI-VII) y San Modesto de Jerusalén (634). De especial importancia son las homilías (tres cada uno) de tres muy importantes Padres de la Iglesia: San Germán de Constantinopla (+ 733); San Andrés de Creta (+ 740), y San Juan Damasceno (+ 749).

 

 

9.         ¿La Biblia dice algo sobre la Asunción de María?

 

            Explícitamente no. La última mención de la Virgen María que nos da la Sagrada Escritura aparece en Hechos 1, 14, que nos relata como ella se encontraba junto con los Apóstoles y otros discípulos de Jesús, orando con ellos en la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. O sea, que la Biblia nos enseña que María se encontraba presente en el corazón de la Iglesia naciente, orando con y por la Iglesia. También nos enseña que San Juan la recibió en su casa y la cuidó después de la muerte y resurrección de Cristo, a pedido del mismo Señor (Jn.19, 25-27), ya que, como la Virgen María no tuvo otros hijos, el Señor la recomendó a Su discípulo predilecto para que cuidara de ella ahora que Él se iba. La Escritura no nos da más detalles, pero tenemos documentos de la Tradición que nos afirman claramente su Asunción. Además, tenemos también textos de la misma Biblia que implícitamente nos permiten afirmar la Asunción. Por ejemplo:

 

- Gen.3, 15: La victoria total del Hijo y de la mujer sobre la serpiente, incluye la victoria sobre la muerte.

 

- Ex.20, 12: El IV Mandamiento: "Honra a tu padre y a tu madre": Cristo es el primero en cumplirlo, honrando a Su Madre al darle el regalo de la Asunción.

 

- Sal.45, 10; 14-16: La reina que está a la diestra del rey es figura de María, que es llevada al lado del Rey, Cristo su Hijo, en la gloria del cielo.

 

- Lc.1, 28: A su incomparable plenitud de gracia en la tierra, corresponde su plenitud de gloria en el cielo.

 

- Rm.6, 8-9: María murió con Cristo como nadie, y por eso vive ya con Cristo como nadie.

 

- 2Tim.2, 10-12: María padeció con Cristo, y ahora vive con Él en plenitud; sufrió con Cristo, y ahora reina con Él.

 

- Apoc. 12,1: María es la mujer envuelta en el sol, con la luna bajo sus pies y la cabeza coronada de doce estrellas, ya gloriosa en el cielo.

 

- Mt.10, 28.32-33.37-39: Jesús reconoce a María ante el Padre como su perfecta discípula.

 

- Mt.20, 20-23: Con mayor razón que a los hijos de Zebedeo, el Padre le ha preparado un puesto en el cielo por haber bebido el cáliz de Cristo.

 

- Jn.6,35-40.48-51.58: María es la fuente del Pan que nos da la vida eterna.

 

- Jn.14,1-3.18-20: El amor que movía a Jesús a querer tener a Sus discípulos a Su lado, con mayor razón lo mueve a querer tener a Su Madre junto a Él.

 

- Jn.12, 26: María, la sierva fidelísima y seguidora devotísima de Cristo, está con Él.

 

- Lc.1,39-49.56: María, la sierva del Señor, nos enseña que es sirviendo a Dios y a los demás como se llega al cielo.

 

- Mt.6,19-21; 7,13-14.21; Lc.1-2; Mt.1; Jn.19, 25-27: María nos enseña que el camino al cielo es el estrecho.

 

- Mt.5,1-12: María, la "bienaventurada", fue la primera en vivir las bienaventuranzas.

 

 

10.       ¿Por qué era tan importante que también el cuerpo de María fuera glorificado? ¿Por qué el cuerpo de María no podía ser sepultado como todos los cuerpos de los demás hombres y esperar la resurrección final?

 

            La respuesta es muy sencilla: porque la Virgen María es la Madre de Dios real, verdadera y físicamente. María concibió en forma virginal, por obra del Espíritu Santo, en su seno, al Hijo de Dios. En ese vientre inmaculado de mujer ella llevó, durante nueve meses, a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Cristo tomó Su santísima Carne de la carne de María. Cristo tomó su preciosísima Sangre, con la que redimió el mundo, de la sangre de María. Fue la Virgen María la que le dio Su naturaleza humana, que Él unió hipostáticamente a Su Persona Divina para siempre.

            Nosotros tratamos con gran respeto el tabernáculo donde colocamos al Santísimo, el copón, la patena y todo lo relacionado con el culto sagrado, y hacemos muy bien, porque son instrumentos materiales que contienen lo más grande y santo que existe: Cristo mismo. Pero, cuando contemplamos el tabernáculo, recordemos siempre a la Virgen María. Vemos un tabernáculo construído de algún metal donde está reservado el Santísimo. La Virgen María fue el tabernáculo viviente de Dios. Dentro de su seno habitó Cristo durante nueve meses. ¡Ella sintió de primera los latidos de ese Sacratísimo Corazón de Jesús que tanto ha amado a la humanidad! ¡En Belén tuvo lugar la primera Hora Santa!

            Por eso su cuerpo no podía ser sepultado y corromperse en la tierra. ¡Porque ese cuerpo había sido el templo vivo del mismo Dios! Cuerpo inmaculado, santísimo, purísimo, ¡digna morada del Hijo de Dios!

            Cristo no podía permitir que el cuerpo virginal de Su santísima Madre, que lo había dado a luz, lo había alimentado, lo había cuidado, sufriera la corrupción de la tumba y se disolviera en el polvo.

            ¿Cuál hijo, si pudiera, no le evitaría a su madre el ser comida por los gusanos? Pues bien, Cristo, el mejor de todos los hijos, podía evitarlo, porque era Dios, y así lo hizo. Él ensalzó a Su Madre en cuerpo y alma a los cielos, a Su lado, en una glorificación total y perfecta de toda su persona humana, cuerpo y alma.

 

 

11.       ¿Qué nos enseña la Asunción sobre la Santísima Trinidad?

 

            - La Asunción es la coronación del amor de la Santísima Trinidad por la Virgen María.

 

            - La Virgen María es la verdadera Madre del Hijo de Dios, y por eso su Hijo la glorificó así. Con la Asunción, le demuestra Su amor de Hijo y Su poder divino.

 

            - Ella fue el tabernáculo viviente del Verbo y fuente de Su humanidad. Cristo no podía dejar que ese cuerpo se corrompiera.

 

            - Es justo que la Madre de la Vida goce ya de la vida eterna en su plenitud más perfecta.

 

            - En ella se cumplen perfectamente las palabras de San Pablo: "Si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos dará también vida a vuestros cuerpos mortales por virtud de su Espíritu, que habita en vosotros" (Rom.8, 11).

 

 

12.       ¿Qué nos enseña la Asunción sobre la Virgen María?

 

            - María es la Madre de Dios, y por eso su Hijo la ha glorificado ya en cuerpo y alma a Su lado en el cielo.

 

            - La Inmaculada Concepción nos muestra la victoria sobre el pecado; la Asunción, la victoria sobre la muerte. Ambas demuestran la potencia de la Redención de Cristo (redención preservativa y glorificación por anticipado).

 

            - Hay un paralelo también entre su virginidad y su Asunción desde un doble punto de vista: el físico, porque al igual que Dios le conservó la integridad física en la concepción y el parto virginales, ahora la preserva de la corrupción del sepulcro; el espiritual, porque la Asunción es el coronamiento supremo de su perfecta virginidad física y espiritual, de su total entrega a Él.

 

            - Como nueva Eva al lado y en dependencia total del nuevo Adán, ella participó íntimamente en la Obra redentora de su Hijo, en Su lucha y Su victoria contra el pecado y contra la muerte. Ella "fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejara de forma más plena a su Hijo, Señor de señores (Apoc.19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte" (LG 59). Su Asunción es la conformación total con Cristo de Su primera y más perfecta discípula.

 

            - María fue la primera y más perfecta discípula de Cristo, que supo tomar cada día su cruz y seguirlo; que fielmente se mantuvo a su lado "en la peregrinación de la fe" hasta el Calvario (cf. LG 58), donde sufrió un dolor tan grande que fue como si hubiera muerto con Cristo en la Cruz en ese momento. Por eso, porque supo morir con Cristo, se le concedió resucitar con Él. Porque supo sufrir con Cristo, ahora reina con Él en los cielos. Como extraordinario fue su dolor y su fidelidad, extraordinario fue su premio.

 

            - La Asunción es el cumplimiento de su vida de fe, obediencia, sacrificio y amor totales.

 

            - Es la coronación de su plenitud de gracia.

 

            - Es el encuentro definitivo con el Amado.

 

 

13.       ¿Qué nos enseña la Asunción sobre la Iglesia y nosotros?

 

            - El camino al cielo: María, la sierva del Señor, nos enseña la gloria de servir (cf. Lc.1, 39-56); nos enseña cuál es el camino al cielo (cf. Mt.6, 19-21; 7, 13-14.21); el camino de las bienaventuranzas (Mt.5, 1-12a).

 

            - En el cielo: la Asunción de María nos recuerda la gran belleza del proyecto de Dios para el hombre y la altísima vocación a la que hemos sido llamados todos y cada uno de nosotros: la vida eterna, que Jesús nos ha prometido. Ella nos recuerda la santidad de nuestro cuerpo, que es templo del Espíritu Santo y que al final de los tiempos resucitará para gozar junto con nuestra alma de la felicidad eterna del cielo. De ahí nuestro deber de respetar nuestro cuerpo y comportarnos de manera digna, sabiendo el premio que le espera.

 

            - María es imagen y principio de la Iglesia futura. Ella es signo de esperanza cierta y de consuelo para el pueblo de Dios (cf. LG 68).

 

            - Desde el cielo: la función de María en el cielo fue anticipada en las bodas de Caná (cf. Jn.2, 1-12): interceder por nosotros ante su Hijo en todas nuestras necesidades, e indicarnos cómo debemos hacer lo que Él nos diga. Su finalidad es siempre la gloria de su Hijo y que nosotros creamos en Él.

 

            - María fue elevada a los cielos por el Señor en cuerpo y alma no para alejarla de nosotros, sino todo lo contrario, para que como nadie se preocupara por nosotros e intercediera incesantemente ante su Hijo por nuestra salvación (cf. LG 62; 69). En Dios ella ve nuestras necesidades, como las vio en Caná de Galilea (Jn.2, 1-12), y ora y nos ayuda todo el tiempo, y no dejará de hacerlo hasta que tenga a todos sus hijos con ella en la Casa del Padre.

 

            - María es nuestra Madre, y nos ama más que ninguna madre, porque nos ama con el amor de Dios. Por eso, el 15 de agosto debemos celebrar con gran gozo la Asunción a los cielos de nuestra Madre celestial. Ella es nuestra Abogada, Auxiliadora, Socorro y Mediadora (cf. LG 62). Ella intercede en la Comunión de los Santos ante su Hijo para que todos los hombres se reúnan en el único Pueblo de Dios (cf. LG 69).

 

            - María en los cielos nos grita: ¡Creed en la Resurrección! Ella, que es una criatura como nosotros, ya ha recibido ese premio, y por eso es una garantía que Dios nos ha querido dar para que creamos que también a nosotros nos hará este regalo. En ella ya se ha cumplido lo que le espera a toda la Iglesia (cf. LG 68). ¡No nos dejemos engañar por el materialismo, el hedonismo, el ateísmo, y todas las ideas, filosofías o religiones contrarias a la resurrección como la reencarnación. No olvidemos nunca las enseñanzas de San Pablo: "Si la resurrección de los muertos no se da, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana nuestra fe ... Pero no, Cristo ha resucitado de entre los muertos ... " (1Cor.15, 13-14; 20; 57). ¡Él, y solamente Él, es "la Resurrección y la Vida" (Jn.11, 25)!

 

 

 

 

 

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