María una persona inculturada en Latinoamérica

Padre Antonio Larocca S.M.C. de Venezuela

International Mariological Symposium

Dayton, OH, 29 de julio del 2006

 

 

 

Introducción.

 

Vamos a presentar a la Virgen María en su proceso histórico inculturado que es expresión de la  evangelización de todo un continente y trataremos de comprender un poco más este misterio de amor maternal presente a lo largo y a lo ancho y en lo profundo del espíritu latino americano y que hace parte de la propia identidad que lo caracteriza.

 

  1. Contexto histórico mariano en Latino América en su primera evangelización.

 

El cristianismo viene en parte a descodificar el momento mitológico religioso precolombino para luego reedificarlo y recodificarlo en sentido soteriológico cristológico devolviendo la conciencia de la gracia y del pecado, hecho que ciertamente ocurrió en parte para la justificación de la eclesialización del territorio dentro del acuerdo del Patronato Regio establecido entre la Corona y el Estado en la Iglesia Hispana del siglo XV. Dentro de este marco la figura de María cumple con la integración entre los elementos religiosos anteriores relacionados con la figura de la madre antropológica cultural y cultual y al mismo tiempo satisfacen las exigencias del reformismo de Concilio de Trento que invoca a María como madre de Dios y protectora maternal de la fe y de la tradicional doctrina y del sensum fidelium de la Catolicidad frente al Protestantismo anti mariológico, anti petrino y anti romano.[1] Marina Warmer esquematiza con importante sentido del significado histórico de los acontecimientos entrelazados y correlacionados, los eventos históricos más sobresalientes relacionados con la historia de la Iglesia y el desarrollo del culto a la Virgen. Pone en evidencia un elemento de correlación cronológica entre Lutero 1517 (con la promulgación de las 95 tesis) la conquista de México por Cortez 1519-1521, el reconocimiento de Enrique VIII como cabeza de la Iglesia inglesa, el Concilio de Trento 1545-1563  y las apariciones de la Vírgen de Guadalupe en México el 1531. Indudablemente la historia mariana en el Continente nace marcado por un especial momento de la historia de la Iglesia europea en pleno proceso de Reforma y de divisiones, algunos autores definen la conquista como la última de la guerras medievales tipo cruzada desarrolladas desde el viejo Continente. Las apariciones guadalupanas en México 1531 y las coromotanas en Venezuela 1652 (las únicas  de la primera evangelización con reconocimientos pontificios). El mensaje es claro a la luz de los acontecimientos posteriores: María se transforma en el modelo de evangelización inculturada más evidente de la historia del continente americano y una propuesta de respuesta teológico pastoral. Frente al modelo de María entendida exclusivamente como la que glorifica al Señor por la obra realizada en ella propuesta en el Magnificat de M. Lutero[2] con lo que implicó la postura antimariológica y anti devocional del Protestantismo y después por el sectarismo evangélico, y que crea una fisura en el Kerigma de anuncio del Evangelio, entre la figura operante de la madre disociada del Hijo en la obra de la salvación, las nuevas culturas amerindias, asiáticas y africanas, integradas en el proceso de formación de cultura y sociedad hispano americana, reciben dos vertientes de influencia doctrinal: una mariológica en las catequesis y en la liturgia y otra mariana en el desarrollo de la devoción religiosa popular de las imágenes que y de las devociones que se sobreponen como en todo el proceso cultural evangelizador anterior en Medio Oriente y Europa a los mitos y creencias de diosas femeninas correspondientes. Pero en Latinoamérica ocurre además un hecho insólito que según algunos autores fue aprovechado en la conquista de América por el proceso de desarrollo de las aplicaciones de las contrarreformas del Concilio de Trento que afirma la doctrina de la Inmaculada Concepción o la Purísima. Dentro de este marco histórico hay unos acontecimientos que vienen a fundamentar toda la labor misionera en el continente. Vamos a analizar los dos casos de devoción mariana en Latino América que es relacionan con las pariciones del primer ciclo de evangelización y aprobadas por la Iglesia.

 

  1. La figura de las diosas y la mujer indígena en la América Precolombina.

 

Hay muchas etnias diferenciada a lo largo y a lo ancho del territorio de Meso América y del Caribe y de de la América Latina Sur-Continental. A modo de ejemplo se pueden considerar los elementos indígenas del mismo ámbito Nahautl donde redesarrolla el acontecimiento  guadalupano y la consideración etno-cultural de la figura familiar en Venezuela fruto de la mezcla de culturas amerindia, africana y europea, contexto este último de las apariciones coromotanas. Un trabajo muy interesante de Juan M. Spermán[3]  trata sobre la figura cultural antropológica de la figura de la Madre valorada sea en ámbito espiritual como en el ámbito de la vida cotidiana, el autor recuerda la importancia de la diosa Tlazoltéotl en la confección de los pecados y las implicaciones religiosas y culturales de esa figura en la expresiones maternales en los ritos del hogar y también de Cuatlicue, la diosa madre-virgen con sus representaciones simbólicas que valoran la importancia del rol femenino en sus actividades esponsales y maternales y todo lo que implica el nacimiento de la nueva cultura emergente  a partir de la concepción de la tierra madre como raíz maternal de los hombres y de la Tonántzin que es la Nuestra Madrecita la misma celebrada en el cerro del Tepeyac. Los elementos religiosos son representativos de los mismo valores culturales de la figura de la mujer y del hombre la familia es el lugar donde se desarrolla la vida afectiva y es el lugar de los ritos de iniciación el matrimonio y la despedida a los difuntos. La maternidad cubre los distintos momentos de la vida del individuo. La diosa madre está presente como seno, regazo acogedor y al mismo tiempo, tenebroso como aspectos complementarios de la vida considerada como don divino. La orientación dice el autor hacia la diosa madre era en función del reencuentro de sus propias raíces o para descansar de los conflictos y pruebas de la vida. La recuperación moral del individuo en nombre de la justicia se daba en el gesto misericordioso del perdón ritual dentro de la expresión maternal de la imagen de la diosa Tlazoltéotl y el retorno a Dios conciliador es el retorno en nombre de la Diosa Madre. El rito de confesión de los pecados tiene un sentido divino y a la vez antropocentrico dado que ¨los Dioses quieren… es la conservación del orden cósmico y la continuidad de los hombres¨ (Juan M. Spermán, Ibid.,  154). Falta el sentido original del pecado de cómo confrontación divino humano y existe, según el autor, una total pertenencia e identificación de los seres humanos a la divinidad. Por último dentro de la cultura religiosa y espiritual de muchas etnias  amerindias estaba presente la relación con los antepasados que eran considerados padres y madres divinas, un verdadero culto a los ancestros que anticipaba el sentido cristiano de la comunión de los santos y del culto cristiano a los difuntos y de la oración de intercesión por ellos.

 

  1. La presencia histórico-maternal de María en Latino América: Guadalupe y Coromoto.

 

En la historia de la Iglesia se dan hechos cuya lectura sinóptica ayuda a entender la forma de la economía de la salvación de Dios. El relato de la Guadalupe además de su lectura simbólica que conjuga la cultura azteca, la tierra, la mujer, María y el mundo indígena  el rito y la fiesta, expresa la continuidad religiosa entre la veneración al Dios-Madre Tonantzin en el monte Tepeyac y la madre de Dios que en su mariofanías (1531) manifiesta el sentido eclesiológico y pneumatológico de la consolación reconciliadora y liberadora, de la acogida divina al mundo evangelizado amerindio por intercesión de la María de Guadalupe. La persona de Juan Diego el vidente realza y dignifica plenamente el mundo cultural y religioso indígena y presenta un modelo de encarnación evangelizadora donde la acción del Espíritu y la presencia del Hijo del Padre son indisociables en la motivación del desarrollo de la cultura criolla cristiana[4]. En Venezuela las apariciones de Nuestra Señora de Coromoto (1652) que invita a los pobladores indígenas a unirse al proceso de evangelización de los misioneros capuchinos en los Llanos de Caracas (específicamente entre el pie de monte andino y la ilimitada llanura del corazón de Venezuela en Guanare Portuguesa) para fundamentar en un proceso de integración multiétnico y multicultural el camino de cristianización.[5] Las apariciones del la Guadalupe  Tonantzin que es la “Nuestra Madrecita” y de la Coromoto entre los indígenas Cospes de Venezuela “la bella Señora” no contradicen ese sentido histórico eclesial más bien vienen además a valorar esos elementos primordiales de la América indígena y libre, cosmológica y virgen, pero no cristiana, que fungen de relación entre el arquetipo subyacente de la madre mediadora compasiva y permisiva en la dimensión relacional entre los hijos que garantice según el contenido de los mensajes acogida, protección intercesión patronazgo social y personal, frente a una religión a veces considerablemente opresiva de los conquistadores de espada y cruz. El documento de Santo Domingo habla de manera equilibrada de luces y sombras de la primera evangelización e invoca un proceso de reconciliación liberadora o de liberación reconciliada para el perdón histórico que corresponde a esta primera etapa de historia eclesial de Latino América (Doc. De Santo Domingo n. 123: “Con alegría testimoniamos que en Jesucristo tenemos la liberación del pecado, de la muerte y de la esclavitud, que está hecha de perdón y de reconciliación”). Así como en  el magisterio latinoamericano se habla de semillas del verbo también se pudiera hablar de una estructura antropológico cultural portante facilitante que se pudiera considerar en el nivel de las semillas del verbo, un elemento maternal filial dentro del contexto familiar prototípico presente en todas estas culturas que de un modo u otro lo celebran en el ritual de la familia la existencia del templo del hogar y que se hace portadora de las mismas semillas del verbo presentes en estas culturas. La inculturación va de acuerdo con la encarnación del verbo en el proceso de evangelización y este elemento portante antropológico cultural se manifiesta de forma original y se manifiesta  en sintonía con las apariciones de la primera evangelización Guadalupe y Coromoto. A partir de las mariofanías que coinciden con la tradición propia ancestral y con las catequesis de la evangelización se produce un efecto o mejor dicho un acto de conciencia eclesial personal y social de dimensión histórica: Dios se ha hecho presente en su pueblo con su Madre santificada y glorificada.

 

La figura de la mujer a pesar de las condiciones que vive frente a los modelos familiares tradicionales negativos que buscan de rebajarla y marginarla en el contexto, influyen paulatinamente en el proceso de dignificación personalizante eclesializante y socializante de la mujer en Latino América hasta la recuperación de la figura completa de la familia nuclear totalmente de acorde con el modelo ético moral y espiritual de la familia cristiana y la implementación del modelo eclesial de la Iglesia Familia de Dios. La evangelización y la mujer latino americana pasa por María.    

 

  1. Comprensión del  proceso de evangelización inculturada.

 

Se puede encontrar un significado inculturado de las mariofanías guadalupanas y coromotanas dado que ambos acontecimientos  presentan elementos similares de conjugación sinóptica de los caracterizan:

 

 

Estos acontecimientos históricos producen dos efectos mariológicos marianos:

 

 

 

Esto fue creando desde el comienzo de nuestra historia una mentalidad inculturada y evangelizadora: de que María es realmente una persona viva y inter-actuante entre nosotros cuyo influjo maternal frente a las necesidades espirituales y materiales siempre se percibe más allá de un simple sentimentalismo o endiosamiento de su figura, como ocurre en ciertos casos de sincretismo religioso popular de nuestros pueblos.

 

  1. El proceso de María cultura personal, social e histórica  de nuestros pueblos.

 

La inculturación además de asumir corrige la presencia del pecado, purifica exorciza los anti-valores de la cultura de la muerte y fortalece y profundiza según el Evangelio los valores de la cultura de la vida presentes en cada pueblo (P 405). Al mismo tiempo realiza un transvasamiento del mensaje evangélico, como paso de un envase a otro de otra forma pero con la misma capacidad de recibimiento, acogida, tomando en cuenta el lenguaje antropológico y los símbolos de la cultura en la que se inserte (P 404). En Latino América se entrecruzan la culturas amerindias, precolombinas, las africanas con las europeas íbero lusitanas (P 409-411). Emerge un perfil propio cultural religioso, social y personal. La religiosidad de nuestros pueblos es penetrada por hondo sentido de la trascendencia y de cercanía a Dios, con rasgos populares contemplativos que se expresa en la manera de convivencia con la naturaleza y el ambiente ecológico y los demás hombres, con un sentido del trabajo y de la fiesta, de la solidaridad de la amistad y del parentesco (P 413). El método mental más que acercarse al sistema lógico por deducción o inducción, pareciera moverse en un plan analógico, colateral que favorece las artes y la capacidad sensibles y sensitivas afectivas del corazón y de sus intuiciones (P 414-15-169), pero que tampoco incapacita en lo racional y lo científico, sino que lo hace más elástico, dinámico y adaptable a las circunstancias.

 

Lo más difícil y complejo para la realidad de la Iglesia Latino americana ha sido y es el papel profético junto al papel pastoral, mediador entre las diferencias engendradas por el pecado personal y social del hombre. Por esto la figura de María además de cumplir por obra del Espíritu con un papel moralizador  dentro de la obra de restauración de Cristo es inspiradora y motivadora de promoción humana y espiritual. El pueblo de Dios encuentra en María una fidelidad al misterio de  Dios que corresponde una fidelidad al misterio del Hombre. El creyente lo experimenta y lo solicita a la vez sabiendo que el papel de María en la Iglesia es totalmente subordinado y coordinado al de Cristo su Hijo.

 

Es la respuesta de restauración escatológica basada en la presencia pneumatológica de María que está unida al mismo misterio de personificación de la redención y su sucesiva eclesialización que produce una semilla de una encarnación del Verbo a partir de una mariofanía que coincide con el proceso fundacional histórico de una Iglesia local en territorio de misión a nuevos mundos desconocidos y no pertenecientes a lo conocido.

 

La inculturación además de asumir corrige la presencia del pecado, purifica exorciza los antivalores de la cultura de la muerte y fortalece y profundiza según el Evangelio los valores de la cultura de la vida presentes en cada pueblo (P 405). Al mismo tiempo realiza un transvasamiento del mensaje evangélico, como paso de un envase a otro de otra forma pero con la misma capacidad de recibimiento, acogida, tomando en cuenta el lenguaje antropológico y los símbolos de la cultura en la que se inserte (P 404). En Latino América se entrecruzan la culturas amerindias, precolombinas, las africanas con las europeas íbero lusitanas (P 409-411). Emerge un perfil propio cultural religioso, social y personal. La religiosidad de nuestros pueblos es penetrada por hondo sentido de la trascendencia y de cercanía a Dios, con rasgos populares contemplativos que se expresa en la manera de convivencia con la naturaleza y el ambiente ecológico y los demás hombres, con un sentido del trabajo y de la fiesta, de la solidaridad de la amistad y del parentesco (P 413). Sería  no sol el ser y el hacer Iglesia sino también el Sentire Ecclesiam sentirse Iglesia que propone V.Balthasar para explicar mejor los movimientos eclesiales[7]

 

  1. La inculturación mariana.

 

El Documento del  Tercer Encuentro latino americano del CELAM en Santo Domingo, por el cuatricentenario de la primera evangelización en el encuentro de dos mundos 1492-1992, hizo un interesante labor de análisis histórico pastoral objetivo sobre luces y sombras de la historia de la Iglesia Latinoamericana. Encuentra en la realidad de la presencia de los elementos primordiales proto evangelizadores de las semillas del Verbo un elemento de gran potencialidad ya en parte desarrollada y todavía a seguir madurando. Nos dice al respecto:

 

(SD n. 17): La presencia creadora, providente y salvadora de Dios, a pesar de las dificultades y errores históricos que se pudieron cometer, acompañaba ya la vida de estos pueblos.  Las semillas del Verbo, presentes en el hondo sentido religioso de las culturas precolombinas, esperaban el fecundo rocío  del Espíritu.  Tales culturas ofrecían en su base, junto a otros aspectos necesitados de purificación, aspectos positivos como la apertura a la acción de Dios, el sentido de gratitud por los frutos de la tierra, el carácter sagrado de la vida humana y la valoración de la familia, el sentido de solidaridad y la corresponsabilidad en el trabajo común, la importancia de lo cultural, la creencia en una vida ultraterrena y tantos otros valores que enriquecen el alma latinoamericana.  Esta religiosidad natural predisponía a los indígenas americanos a una más pronta recepción del Evangelio,  aunque hubo evangelizadores que no siempre estuvieron en condiciones de reconocer esos valores… .

 

La Iglesia parte en su evangelización de aquellas semillas esparcidas por Cristo y de estos valores, frutos de su propia evangelización (SD n. 403). En todo el continente a partir de este profundo proceso de Nueva Evangelización, Inculturación y Promoción Humana como propuso el Documento del CELAM de Santo Domingo 1992.  Sin romper la caña  quebrada y sin extinguir la mecha humeante, la Iglesia acepta con gozo y respeto, purifica e incorpora al orden la fe, los diversos “elementos religiosos y humanos” (GS n. 92) que se encuentran ocultos en esa religiosidad como semillas del Verbo (AG n.11) y que constituyen o pueden constituir una “preparación evangélica” (LG n.11).

 

  1. El hoy de María en Latinoamérica.

 

Los documentos de la distintas Conferencias Episcopales desde Rio de Janeiro hasta Santo Domingo y mirando hacia la próxima en Aparecida 2007 han progresivamente puesto en evidencia esta relación profunda entre María, inculturación, encarnación y evangelización en nuestro continente. Vamos a recordar en especial Puebla y Santo Domingo.

 

El Documento de Puebla (1979) muestra a María tal como está presente en la fe del pueblo de Dios y en la doctrina de nuestra Iglesia en Latino América. Hemos escogido algunos puntos más sobresalientes y significativos:

 

 

 

 

 

 

El documento de Santo Domingo 1992 presenta a María como modelo de la mujer latino americana:

 

 

Se puede decir que el Magisterio Latino Americano desde su experiencia eclesial y pastoral percibe una profunda importancia en la relación entre María mujer, esposa y madre persona cultural, su modelo antropológico que no permanece invariado sino que progresa en el caminar de los tiempos y que sigue tendiendo influencia en la tipología de lo femenino y de lo religioso en cada circunstancia. Esto se debe esencialmente al designo de Dios sobre María y a la característica histórica de sufrimiento religioso y social de nuestros pueblos, como en definitiva ocurre en todos los que viven las mismas condiciones de marginalidad espiritual debido a los procesos históricos correspondientes.

 

María signo maternal escatológico de la Iglesia peregrina lleva a los hombres y mujeres de Latino América hacia un experiencia continua de un universo un sentido de la escatología intermedia dentro de unas culturas autóctonas no complejas y cosmogónicas, son  a la vez de tipo primordial. En Latino América se da en definitiva una integración entre encarnación anuncio del Kerigma, inculturación encuentro de culturas sobre la base de los arquetipos ancestrales, y una evangelización descubrimiento y acogida el Hijo de Dios y de María que también es sentida, aceptada e invocada como madre de todos los hombres. Así María es percibida esencialmente como una persona culturalmente resucitada y asunta desde su honda dimensión realizada en el espíritu de Cristo su maternidad divina y eclesial. María es percibida como la que has creído y por lo tanto es proclamada como bienaventurada. La fe de María es la fe de la Iglesia. De allí que su conciencia personal femenina que es la conciencia de la Iglesia es percibida y experimentada por el pueblo de Dios en Latino América como maternidad espiritual en su nexus familiaris mysteriorum. Y esta percepción del sensum fidelium sobre María que la hace percibir como mater fidei y la presenta como mater fidelium es acompañada por el contenido de las mariofanías y por la presencia maternal en las devociones relacionadas a sus santuarios y de manera más mezclada en la religiosidad popular. El acontecimiento guadalupano y coromotano de evangelización latino americana a partir de una lectura inculturada es un modelo de comprensión para la comprensión del proceso histórico salvífico de la Iglesia peregrina unida filialmente y escatológicamente a María que se expresa en la veneración, en  la devoción y religiosidad popular mariana verdadera. Pero Puebla (P n. 450ss) insiste sobre la necesidad de revisión y purificación cuando este encuentro entre devoción cultura y evangelización puede quedar incompleto sino es acompañado por un auténtico camino de conversión y de fe por lo cual el sincretismo resultante presente en la religiosidad popular necesita de una catequesis de profundización  bíblica, litúrgica, antropológica y pastoralista, como nos recuerda el Marialis Cultus de Pablo VI (25 de marzo del 1974). Este trabajo evangelizador implica un respeto absoluto de la fe, la devoción aún expresada de manera insuficiente pero auténtica y popular al mismo tiempo que implica un acompañamiento mistagógico basado en el misterio de camino de fe de María en los misterios de Cristo y de la Iglesia.

 

  1. La familia matricentrada: un ejemplo de catequesis inculturada  mariana a realizar.

El modelo antropológico predominante de la actual cultura venezolana  es la familia matricentrada. Siendo esta la forma familiar más presente entre nosotros desde remotos tiempos históricos, ha acabado por convertirse en un componente cultural. Esta realidad de familia tiene, por tanto, consecuencias antropológicas, psicológicas y sociales que cualquier proyecto de evangelización tiene que tomar en consideración, por constituir el sustrato humano sobre el que la palabra evangélica ha de operar. La estructura matricentrada de la familia, por su componente cultural, se ha convertido en una forma de vida y tiene repercusiones en la personalidad o en la manera de ser de la mayoría de los venezolanos para quienes este ha sido el ambiente en que se han formado.

En el seno de la familia matricentrada se forma un tipo de mujer y de varón profundamente marcados por la función de madre y la función de hijo, respectivamente. La mujer, desde niña, aprende a percibirse e identificarse con la función materna, así como el varón se forma e identifica como hijo, con las dificultades psicológicas y culturales para su identificación con la función de padre y ejercer a plenitud la paternidad. Igual dificultad existe en la mujer para permitir en el varón el ejercicio de esa paternidad, favoreciendo así el machismo.

 

A parte de estas dificultades propias del modelo antropológico cultural que implica en las relaciones interpersonales, la familia matricentrada presenta unos elementos positivos como ¨la transmisión de la fe, y el refuerzo de la identidad cultural que da especial relevancia a lo afectivo, la acogida, la capacidad de llegar a acuerdos, a la comprensión y solidaridad, a lo relacional por encima de lo individual, lo que conlleva a grandes dosis de sacrificios¨ (Concilio Plenario de Venezuela, Documento sobre Iglesia Familia: presente y futuro, Agosto del 2002, n. 11). Este ejemplo implica todo un reto de trabajo de nueva evangelización donde la figura de María tiene que motivar  la valorización cultural antropológica de figura de la mujer reubicado en su verdadero contexto de modelo de familia cristiana nuclear.

 

La dimensión mariana del proceso continuo de inculturación para Latino América tiene una importancia fundamental desde los orígenes de la misma evangelización en el continente. También María es modelo de evangelización de la cultura: así como mujer judía representa su pueblo, así también acompaña a los apóstoles y se hace presente en la evangelización de los pueblos  (SD 229) y de esta forma el proceso de inculturación es conducido desde el interior de cada pueblo con la mediación del lenguaje y de los símbolos (P 243).

 

Esto ha llevado a una búsqueda de acciones y de dialogo con las religiones afro-americanas y de los pueblos indígenas, dispuestos a descubrir en ellas las semillas del Verbo, con verdadero discernimiento cristiano, ofreciéndoles el anuncio integral del Evangelio y evitando cualquier sincretismo religioso (SD138) y purificando esa parte de religiosidad popular que no coincide con los valores cristianos. Pero al mismo tiempo no significa caer en la tentación de un racionalismo de la fe que esteriliza la devoción mariana y empobrece al Pueblo de Dios de su alma espiritual.

 

Se plantea que aún en la Latino América tan mariana es necesaria una continuidad y actualización espiritual y pastoral de la devoción mariana en la evangelización, la inculturación y que se inserte en la promoción humana de nuestro continente para que el modelo de fe, esperanza y caridad de la persona de María no se vuelva obsoleto y vacío como ya ha ocurrido en otros procesos culturales. El teólogo Karl Rahner al respecto recuerda la importancia de no caer en tentaciones racionalistas con respecto a la devoción mariana en la actualidad y de cara al futuro.[8]

 

  1. Tendencias Post Moderna: hacia donde va María en Latino América?

 

El Cardenal Kasper en su discurso en el acto de regreso del ícono Nuestra Señora de Kazan a Rusia[9] cuyo valor semántico religioso por su historia y lo que representa es símbolo de la profunda unidad de Oriente y Occidente (Ibid., de la oración compuesta por Juan Pablo) afirma que este ícono es un símbolo y un punto de referencia para la Iglesia Rusa como de igual manera lo es Nuestra Señora de Czestochowa en Polonia y Nuestra Señora de Guadalupe en México (y Latino América)…Europa en la búsqueda de un proceso de unificación puede encontrar motivos de renovación de la fe  como:

 

 

Esto es valido para todos los pueblos del mundo y es en grandes rasgos la dimensión mariológica y mariana para este tiempo de peregrinación escatológica e histórica de los hombres. Latino América, mientras vive desde el comienzo de su historia y todavía una desgastante Pascua de Liberación y Reconciliación está también a la espera de que se cumplan las promesas, como el pueblo de Israel, de una sociedad cristiana perfecta en libertad, justicia y paz para todos y proclama como María el Magnificat de las grandes cosas que ha hecho, está haciendo y hará en nuestros pueblos, historias, culturas. La Iglesia que subsiste en la unicidad de Cristo que une en las diferencias se mueve cada vez más hacia la nueva evangelización, la inculturación, la promoción humana del Continente y en su proyección mundial.

 

María de Guadalupe, Coromoto, Aparecida, Luján, Chiquinquirá entre otras, en Latino América, sigue estando presente como signo vital y actuante entre los hombres y las mujeres que la acogen, y Ella intercede maternalmente introducida en el misterio trinitario para los hijos adquiridos en la sangre de su Hijo en la obra de la redención. Sigue motivando el proceso de unificación integradora, comunión, participación, corresponsabilidad, de la persona en la figura de los pobres, de los jóvenes, de los indígenas, de los emigrantes, de los que sufren, de los perseguidos políticos, los marginados y de los incomprendidos, de los esposos, las familias, las mujeres, los niños abandonados, los no nacidos, los ancianos desatendidos. Esto plantea unos retos y desafíos dentro de una pastoral mariana de conjunto:

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Perspectivas de una pastoral mariana el siglo XXI: llamado a la misión continental (Aparecida 2007).

 

Frente a un proceso histórico cada vez más fuertemente ubicado en la globalización política socioeconómica de una sociedad que apunta hacia una cultura mundial,[10] la evangelización para el siglo XXI puede encontrar su propuesta de desarrollo a partir de los elementos bíblicos de un Magnificat que responde a la Encarnación del Reino de Dios entre nosotros y que abre las puertas al espíritu y propone una globalización desde la caridad, desde la solidaridad, desde la valoración completa del hombre persona que coopera con el plan de salvación de Dios, dentro de si mismo y a partir de si mismo que reconoce a Cristo como el puntal de la puerta de su corazón y del diálogo. Es una evangelización que mira a través del cristal del misterio de la encarnación y encuentra en el misterio de la cooperación de María al Verbo que se encarna en ella y que se encarna como palabra en todos: una globalización de la comunicación espiritual del Hijo[11] que la escuchan y la ponen por obra, al Padre que le entrega a su propio Hijo a María para que todos los hijos del mundo con María puedan descubrir a su Hijo Jesús (globalización de la familiaridad con Dios y con el prójimo), y a la acción del Espíritu que la cubrió a ella con su sombra y a la misión evangelizadora de la Iglesia junto a los apóstoles en Pentecostés, donde todos escucharon las lenguas de todos y se entendían (globalización del mensaje de la unidad del Espíritu). Así María es un modelo que desde lo arquetipal, ancestral de lo femenino maternal terrenal, es ascendida como signo escatológico hasta el Cielo, como la esposa mujer ciudad que espera, que se solidariza con su Hijo y con los discípulos queridos de su Hijo. María, desde esta dimensión teológica de la esperanza femenina, esponsal y maternal, cubre las expectativas futuribles de las angustias existenciales que son difíciles de borrar porque se fundamentan en su antropología personalizante y eclesializante plasmada por el Espíritu, la de la ternura y del afecto, que son la puerta abierta a la solidaridad, al compromiso a la caridad que Jesús, su Hijo, establece entre nosotros con su madre. El documento de participación de Aparecida,[12] en preparación par el próximo encuentro Latino Americano del CELAM propone una gran misión continental sobre el tema del discipulado de Cristo. María primera discípula del Señor es modelo de educación, aprendizaje y compromiso para nuestros pueblos. Se sigue así renovando en Latino América la motivación eclesial desde María, en María, con María.

 

Vamos a agregar la presentación de la invitación para el primer encuentro latino americano de Pastoral mariana a realizarse en México en este año: “En camino hacia la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se llevará a cabo, Dios mediante, en mayo de 2007 en Aparecida, Brasil, realizaremos este Encuentro Continental de Pastoral Mariana, que quiere poner de relieve y acoger vivamente el amor y la piedad de nuestros pueblos hacia la Sma. Virgen María, Madre de Jesús y de sus discípulos. La intención de este Encuentro es profundizar, mediante la devoción mariana, el encuentro con Jesucristo vivo y el vínculo de pertenencia a la Iglesia, vivificando la vida litúrgica, la formación catequética, la vida comunitaria, la acción misionera y solidaria, la evangelización de la cultura, es decir, todas las dimensiones de la vida cristiana. Se desea que se sigan abriendo caminos al amor que nuestros pueblos profesan a la Sma. Virgen María, gran riqueza que hemos recibido de Dios, de manera que los Obispos, los sacerdotes, los agentes pastorales y todos los miembros del pueblo de Dios sepan cultivarla, y ella dé todos sus frutos” (Tomado del proceso de inscripción y presentación para el evento cuya fecha es desde el 27 de septiembre al 1 de octubre del 2006).

 

  1. Conclusión.

 

Con María la evangelización aprende a sentirse Iglesia y a enseñar sentir la Iglesia, hasta que a uno le duela. Puede ser que en un mundo cada vez más difícil de entender, las psicologías de masas y las pastorales de masas habrá que entenderlas, no como una actividad con un conglomerado humano, que está reunido al mismo tiempo, en el mismo lugar, realizando el mismo acto, sino como miles de personas difusas y regadas por el mundo, en sintonía con el Espíritu y en sincronía con la acción de la Caritas Christi, operante desde la conciencia hacia los compromisos solidarios y ciertos para los demás que sufren y son marginados. Y María sigue cantando las maravillas del Señor hechas en nuestra vida. María es maestra de la santidad de Cristo escondida presente, actuante, perseverante para que El reine en los corazones del mundo, hasta que vuelva con su evangelización definitiva: la del amor que no se acaba. ¨María, la Virgen, la Madre, nos enseña qué es el amor y donde tiene su origen, su fuerza siempre nueva. A ella confiamos la Iglesia, su misión al servicio del amor¨.[13] Al inicio del Tercer Milenio estamos abriéndonos a un hecho siempre nuevo y novedoso en sus formas, modos y métodos, la Iglesia Latino Americana, profundamente identificada con María que acompaña el misterio del Hijo y de nosotros sus hijos en el Espíritu, se encuentra entre dolores de partos de una nueva época,[14] que nos desafía y nos propone un camino de procreación y de generación por el Espíritu y en la Gracia de Cristo, un itinerario de discipulado y un compromiso de misionero con connotaciones ascéticas y pedagógicas donde María madre de Dios y madre de la Iglesia es Madre discípula y maestra espiritual. Encomendemos a Ella esta gran misión continental para la Iglesia Latino Americana “de vida nueva en Cristo”[15] que nos hace, en calidad de hijos, de hermanos (Gal 4, 4-5) y de amigos de Dios, partícipes con María, mujer amiga, esposa y madre, de la naturaleza divina (2 Pe 1,4) para poder decir mirando hacia delante: “Pero la Jerusalén de arriba es libre: esa es nuestra madre” (Gal 4, 26). ¡Nuestra Pastoral de la Esperanza!  

 

 



[1] Marina Warner, Sola fra le donne Mito e culto di Maria Vergine, Palermo 1980, 402-403

[2] The Magnificat, Luther´s Commentary transleted by A.T.W. Steinhaeuser, 1967

[3] I Simposio Mariológico del Centro Mariano o.s.m., México 1989, Juan M. Sperman V. O.SM., Expresiones maternales en la religión Nahuatl, 137-156

[4] Víctor Codina, Creo en el Espíritu Santo, ensayo de Pneumatología narrativa, Sal Terrae, 1994, 213-215

[5] Carta Pastoral Colectiva de la C.E.V., en ocasión de la Clausura del Año Jubilar de la Aparición y de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de Coromoto, 8 de septiembre del 2003, n. 4

[6]  I Simposio Mariológico, Centro Mariano O.S.M.1989, México, Walter M. Brennan, OSM, La cuestión de los arquetipos en la devoción mariana, 105-135; Juan M. Spermán V., OSM, Expresiones maternales en la religión Nahuatl, 137-155

[7] Brendan Lealy, Il principio Mariano sulla Chiesa, Cittá nuova Roma 1999, 201

[8]  Kart Rahner, Theological investigations, vol. XXIII, 1992, cap. 11, Courage for devotion to Mary, An antropological approach, 131: “Should some one say that the veneration of Mary is a continuation of the cult of mother divinities of pre Christian religions, we should no consider this, if is rightly understood, an objection to veneration to Mary. At most it proves the wonderful fact that in its religiosity Christianity does not omit a single human dimension, that it is no afraid of points of contact, that it does not consider the loftiness of its relation to God through grace to be endangered when Christian existence becomes earthly, carnal, full blonded, willing to assume what ever is human. If today when compared with its past, devotion to Mary seems to have become abstract and anemic, then discovering human influences in the ancient cult is a challenge for us today. 130 the weakness of the veneration of Mary is basically the result of a human weakness in us”

[9] Roma 25 de agosto 2004: The Marian Library Newsletter n. 49-50 Summer 2005, 1-3

[10] Concilio Plenario de Venezuela, documento sobre La proclamación profética del Evangelio de Jesucristo en Venezuela, Febrero del 2002, 52-53; CELAM, Aparecida 2007: Documento de participación, Hacia la V Conferencia del Episcopado Latino Americano y del Caribe, Bogotá, 2005, pp.81-85, n. 112-123: La globalización un desafío para la Iglesia

[11] Pontificia Comisión para América Latina, Actas de Nueva Evangelización en América Latina, Ciudad del Vaticano 2003, Mons. Jorge Enrique Jiménez Carvajal, Obispo de Zipaquirá, Presidente del CELAM. Los desafíos a la Nueva Evangelización  en América Latina  y el Caribe  en el contexto de la Globalización mundial. Reflexiones del CELAM  1999- 2003, 74-78

[12] CELAM, Documento de Participación Aparecida 2007, Bogotá 2006

[13] Benedicto XVI, Deus Caritas est, 25 de diciembre del 2005, n. 42

[14] Documento de Participación Aparecida, 94-158

[15] Documento de Participación, Aparecida 163

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