SANTUARIOS
Y PEREGRINACIONES
P.
JAVIER ALSON, SMC
SIMPOSIUM
INTERNACIONAL MARIOLÓGICO
DAYTON,
OHIO, JULIO DE 2006
INTRODUCCIÓN
El tema de los Santuarios está ligado al de las
Peregrinaciones. Generalmente cuando se habla de peregrinaciones se está
presuponiendo la ida a algún Santuario. Para abordar estos dos tópicos es
conveniente abordarlos en conjunto.
SANTUARIO
Cuando hablamos de Santuario nos referimos a un lugar
sagrado, un sitio donde el ser humano encuentra lo trascendente, encuentra a
Dios. La realidad de los santuarios va más allá de las fronteras del
catolicismo, llegando a todas las religioes, que tienen sus lugares especiales
de peregrinación, como por ejemplo los indúes con el Río Ganges o los
musulmanes con La Meca. Cuando decimos Santuario Mariano nos referimos a un
lugar especial donde los fieles van a venerar a la Santísima Virgen María para
encontrarse con Dios.
Los Santuarios Marianos son lugares especiales, no
sencillamente parroquias que lleven el nombre de María sino templos donde se da
una especial veneración a María la madre del Señor, y que muchas veces no
coinciden con una parroquia, aunque a veces sí coinciden, como el caso del
Santuario de la Divina Pastora en Barquisimeto que es al mismo tiempo la
Parroquia de Santa Rosa de Lima.
Los primeros lugares de peregrinaciones de los cristianos
se dieron alrededor de las tumbas de los mártires, en los lugares santos donde
vivió Jesús, en Roma, en todos aquellos lugares referidos a la historia de la
Iglesia. Hay santuarios dedicados a mártires, santos, otros dedicados al
Sagrado Corazón de Jesús como en París.
El origen de los santuarios marianos es muy variable,
muchas veces se habla en la tradición de una intervención especial de la
Virgen, una aparición, el encuentro milagroso de una imagen sea pintada o de
bulto, la erección de un templo especial en honor a la Virgen, etc. Pero en
todos ellos lo que ocurre en la actualidad y para que se mantengan activos son
los milagros, los favores concedidos, que mantienen el tono de afluencia y
participación de los creyentes.
La existencia de Santuarios Marianos puede remontarse
incluso hasta el siglo IV en adelante, en la zona de Egipto y de Grecia, Éfeso,
en Roma y en otros lugares del mundo, pero se desarrollaron con mucha mayor
fuerza después del siglo XII por toda Europa.
Muchos santuarios han nacido y desaparecido luego, hay
santuarios marianos que son locales, donde acude la gente de los lugares
vecinos, hay otros regionales, hay otros nacionales y otros internacionales
como Lourdes, Fátima, en Europa y como Guadalupe en México.
Cuando se habla de santuario debe entenderse un lugar
donde acude bastante gente y donde se ofrecen los medios de la gracia, es
decir, la confesión y la eucaristía, además de una predicación especial. El
santuario implica la peregrinación, muchas personas que acuden al lugar a lo
largo del año buscando a Dios, con una actitud penitencial, peregrinos.
Además hay otras personas que acuden a los santuarios más
conocidos, que van como turistas, visitantes, estudiosos, atraídos por el
fenómeno propio de los santuarios. La ubicación geográfica, la belleza del
paraje, la relativa facilidad de acceso y otros factores pueden determinar la
mayor o menor afluencia de la gente.
En la actualidad la afluencia a santuarios de importancia
internacional como Lourdes o Fátima ha tenido una verdadera explosión, millones
de peregrinos acuden al año, de todas partes del mundo, el Santuario del Padre
Pío, siendo más reciente, incluso ha superado en afluencia al de Lourdes.
En los
santuarios la gente acude a pedir favores especiales, respecto a la salud, la
familia, relacionados a la vida espiritual, en una palabra los peregrinos van
buscando a Dios, profundizar su vida espiritual, la esencia espiriual del
Santuario está en la conversión.
CONVERSIÓN
La Escritura
utiliza el término griego de Metanoia, cambiar la mente y el corazón, alejarse del pecado
para volverse a Dios en el amor fiel y en el servicio. Cambiar el corazón y la
mente, cambiar el corazón, es la esencia de la vida cristiana. Los cristianos
pueden realizar este cambio en la medida que se encuentran y siguen a Cristo de
verdad, de todo corazón. Cuando se acude a un santuario la motivación más
íntima es esa metanoia.
La Virgen María
en la mayoría de las imágenes se presenta con Cristo en sus brazos, quien tiene
el mundo en sus manos o está bendiciendo a la humanidad, sino está sola pero siempre
en referencia a Cristo, a Dios, al Espíritu Santo, como la Inmaculada en
Lourdes, que significa la Llena de Gracia, llena de Dios o la Guadalupe que
está encinta de Jesús y representa la fecundidad divina revelada a los pueblos
nuevos que nacen para Dios.
La intervención
de la Virgen se hace evidente en los santuarios marianos, ella sigue su
vocación y su tarea pedida por el mismo Jesús, ser nuestra madre espiritual y
ayudarnos a encontrarnos con Cristo para obtener la vida eterna. He ahí a tu madre,… he ahí a tu hijo…(Cf.
Jn 19,25ss) La fe cristiana se ha mantenido viva en
Europa y otros lugares también por medio de los santuarios, los cristianos
quizás en sus lugares de origen no encuentran una Iglesia animada y la fe se va
perdiendo, pero en los grandes santuarios marianos la gente renueva su fe,
recarga sus baterías espirituales y regresa dispuesto a luchar por la fe y la
iglesia.
La devoción a
María nunca puede estar separada de la conversión a Cristo y el objetivo
primordial de toda devoción a María es desembocar en una mayor profundidad de
fe cristiana. El pueblo sencillo vive una experiencia directa de afecto hacia
María, como Madre del Señor y como Madre de la Iglesia, pero en el fondo de su
corazón su proceso de peregrinación, su visita al santuario, su devoción a
María está abierta a la trascendencia de Dios, es una ventana abierta al
encuentro personal y afectivo con el Señor. Hay que valorar el potencial
evangelizador y de conversión de los santuarios marianos, el poder de remover
los corazones del pueblo de Dios que tiene la devoción mariana y que se
concentra en los santuarios marianos y en las imágenes particulares marianas
que existen a lo largo y ancho del mundo.
PEREGRINACIÓN
La otra cara de
la moneda del santuario es la peregrinación. Es un fenómeno que está en el
corazón de todos los pueblos de la tierra, el caminar hacia Dios, buscar a Dios
en la vida. El hombre por ser consciente, como diría Teilhard de Chardin, es un
ser teleológico, tiene conciencia de la muerte y su vida se convierte en una
vida teleológica, una búsqueda del destino final de la existencia. Todo ser
humano debe caminar hacia su destino definitivo y la vida, por ser tan corta y
única se convierte en una peregrinación por el desierto hacia un fin
desconocido. Todas las religiones en general tienen por lo tanto en su realidad
las peregrinaciones a lugares especiales.
La fe bíblica
monoteísta está marcada por un profundo sentido de la peregrinación. Abraham,
el padre de los creyentes, el primer hombre que dejó los falsos dioses para
abrazar la fe en el Dios vivo y verdadero, recibió de ese Dios la exigencia de
dejar su tierra y su familia de origen para irse a caminar en el desierto, ser
un “arameo errante” (Cf. Dt 26,5) y en ese desierto
encontrarse con Dios, recibir la promesa del futuro, una descendencia “como las
arenas del mar” (Cf. Gn 22,17). Todo peregrino es
otro Abraham que espera encontrarse con el Dios vivo en su interior y recibir
las promesas de Vida Eterna.
Una vez que el
pueblo de Israel crece, fruto de la promesa de Dios a Abraham, es esclavizado
en Egipto, y por intervención milagrosa de Dios, por medio de Moisés, el pueblo
es sacado al desierto, liberado del yugo del Faraón. En el desierto el pueblo
es de nuevo peregrino, y en la purificación de los 40 años del desierto recibe
la revelación de Dios, las Tablas de la Ley de la Antigua Alianza, los Diez
Mandamientos. Allí, en la peregrinación del desierto, el pueblo de Abraham se
hace pueblo de Dios ratificando la alianza con Dios, allí se purifica de sus apegos
al mundo materialista y engañoso de Egipto, un mundo más cómodo, más seguro,
con agua y alimentos, pero con un yugo para la verdadera fe en Dios. El pueblo
de Israel debe irse al desierto, peregrinar, dejarlo todo, renunciar a todos
los apegos, vivir una experiencia de inseguridad, pobreza, falta de apoyo de
las cosas conocidas para encontrarse verdaderamente con Dios, el Dios
trascendente, infinitamente libre, que no hace acepción de personas, que no se
somete a ningún poder terrenal, el Dios ante el cual Moisés debe despojarse
incluso de sus sandalias para poder acercarse a él.
La fe de Israel
ocurre dentro de su peregrinación en el desierto, allí se da el encuentro
auténtico y renovado entre la descendencia de Abraham y Dios. La fe no puede
simplemente heredarse, es necesario que los descendientes de Abraham se
encuentren verdaderamente con Dios y se comprometan a seguirle de corazón en
una Alianza espiritual y esto ocurre en medio de la peregrinación por el
desierto. La fe de Israel está esencialmente ligada a la peregrinación por el
desierto.
El creyente
tiene tendencia a instalarse en una seguridad material por sus necesidades
biológicas y sociales pero la vida se le va escapando cada día y se ve
presionado para caminar en el espíritu. Se puede llegar a perder a Dios en
nombre de la comodidad e instalación. Cuando se entra en el desierto del creer,
en el vacío del sinsentido de la vida, el creyente se pone en camino para
buscar a Dios, y muchas veces lo hace por medio de una peregrinación a un santuario.
La Iglesia en
la medida que se instala demasiado, desaparece, la fe es como el rocío de la
mañana que se seca al calentar el sol, es necesario siempre salir a caminar,
desinstalarse, arriesgarse a caminar hacia Dios, renunciar a las cosas que nos
dan seguridad y andar en el camino del Espíritu. Los santuarios marianos se
mantienen como una opción concreta para las personas creyentes, siguen
suscitando el sentido de la peregrinación, de la penitencia, del dejar las
comodidades que adomecen nuestra vida espiritual. No hay que perder el sentido
importante de los santuarios y las peregrinaciones y menos hoy día cuando el
mundo se ha secularizado tanto.
El ponerse en
camino es una realidad especial y concreta. El peregrino sale de su tierra,
viaja a un lugar lejano, pasa trabajo, hambre, sed, necesidades, no duerme
bien, no sabe lo que va a encontrar, puede tener accidentes en la vía,
enfermarse, se aleja de su lugar seguro, de su nido, para volar. El peregrino
busca a Dios, trae un problema, un sufrimiento, viene a implorar, se humilla
ante Dios, pide humildemente. El peregrino reconoce sus pecados, busca el
perdón de Dios, se despoja de su soberbia ordinaria, se quita las sandalias,
como Moisés,
quien estaba peregrinando en su vida y se encontró con Dios, luego cuando
estaba peregrinando con el pueblo de Israel se encontró con Dios en el monte Horeb y recibió de Dios las tablas de la ley que son una
referencia para toda la humanidad. El peregrino busca beber el Agua de la
Vida, busca palabras de Vida, consuelo, alimento espiritual, el estado de
peregrino es el mejor para la metanoia o conversión, es la disposición más
adecuada para que Dios trabaje en el corazón y le dé la fuerza del Espíritu
para continuar un auténtico camino en la vida, no el camino falso del engaño
sino el camino que lleva a la Vida.
Todos somos peregrinos de la vida, vamos caminando hacia
nuestro destino definitivo, y en algún momento de nuestra existencia entramos
en la dimensión del peregrino, sentimos la experiencia profunda de nuestra
peregrinación. Por eso el peregrinar católico hay que considerarlo como un
momento especial e importante, un momento profundo donde se pueden dar
acontecimientos trascendentales para el creyente. Si queremos trabajar en la
Iglesia fomentando la conversión tenemos que valorar la realidad de la
peregrinación y por lo mismo de los santuarios, y asumirla como una auténtica
labor pastoral.
LA RELIGIOSIDAD POPULAR
El pueblo en general no profundiza demasiado
intelectualmente, pero vive la intuición de la fe, el sensus fidelium, que es más profundo que
cualquier conciencia simplemente intelectual. El Espíritu Santo es quien
trabaja en la Iglesia para llevar al pueblo de Dios por los caminos
espirituales. La Iglesia debe trabajar de acuerdo con el Espíritu Santo
atendiendo al pueblo de Dios y ayudándolo a elevar y purificar su doctrina y su
fe. La devoción mariana tiene un arraigo especial y misterioso en el pueblo de
Dios, millones de personas se mueven por esa devoción a María y a otros santos.
No pocas de esas personas no saben mucho de la doctrina cristiana pero acuden
con gran fervor y espíritu religioso a los santuarios, peregrinaciones,
procesiones dedicadas a esos santos.
La Iglesia a veces sufre para que alguien la escuche y
trate de convertirse a Dios, la gente que acude a los santuarios y
peregrinaciones son millones de fieles que están dispuestos y muchas veces
sedientos de escuchar el mensaje de Vida, en esas circunstancias en general
están más abiertos a la palabra de Dios, más sensibles para abrir el corazón a
Dios. El pueblo en el fondo busca a Dios, y lo hace de una manera sencilla, que
está a la mano para su realidad intelectual y afectiva, lo hace por medio de
devociones, de imágenes particulares, días especiales festivos, costumbres
religiosas, etc.
Hay que estar conscientes de que el pueblo tiene sed de
Dios, pero que no sabe muchas veces cómo profundizar, se puede quedar en la
imagen, la costumbre, los ritos tradicionales, pero en ningún momento debemos
desvalorizar esta realidad religiosa espiritual, tampoco tenemos que tener un
prejuicio solamente porque no la comprendemos. Debemos estar abiertos a la
acción del Espíritu en medio de su pueblo, y cooperar para que esa acción
ocurra lo mejor que podamos. La Iglesia tiene fuerza no solamente por su
verdad, que es eterna e inconmovible, pero también por la gente, por la masa de
creyentes. Una Iglesia sin gente no pierde su sentido pero llega a ser casi
inútil. Se podría decir que una Iglesia sin gente no es Iglesia. Hay que
valorar la gente, el pueblo de Dios, aunque sea impreparado,
aunque sea inculto, aunque no tenga muchas veces una fe clara y pura. Ese
pueblo es la tierra que debemos trabajar para llevarla a ser un jardín, pero no
rechazarla.
LA NUEVA EVANGELIZACIÓN CON MARÍA
La experiencia que hemos tenido en Venezuela trabajando
desde la devoción a María en una Evangelización nos ha enseñado muchas cosas.
Una muy importante es la apertura que tiene el pueblo de Dios al mensaje
evangélico cuando se realiza por medio de María. Cada uno de nosotros tiene en
lo más profundo de su ser inscrito el amor de la madre, la confianza primordial
de un ser humano está basada en la madre, es la persona en la cual cualquiera
de nosotros puede confiar sin ninguna sombra de inquietud (a menos que sean casos
especiales de madres problemáticas). La confianza profunda, subconsciente, que
le tenemos a la madre se continúa en forma natural con la confianza a María,
nuestra madre en el espíritu, dada por el mismo Jesús en la cruz (Cf. Jn 19,25ss).
Una vez que el pueblo se convoca para una actividad con
María, como por ejemplo rezar el Santo Rosario en un sector, una Misión
Mariana, una celebración relacionada con la Virgen, una Procesión, etc., se le
puede enseñar muchas cosas y ayudar a purificar su fe cristiana, irlo llevando
hacia una fe cada vez más sólida y más limpia. El sentimiento afectivo
espiritual se mantiene, el ambiente propio de apertura, de confianza, de
comunión familiar, ayuda a realizar la evangelización y a sembrar la palabra en
una tierra preparada por María.
LA DIVINA PASTORA
Como experiencia concreta en la Arquidiócesis de
Barquisimeto a partir de la devoción a la Divina Pastora, este año se celebra
el 150 aniversario de la visita de la sagrada imagen a la ciudad, tradición de
fe que se ha mantenido y crecido a lo largo de esos 150 años de procesión, y
donde el 14 de Enero, día de la procesión, se congregan más de un millón de
personas de la región y de otras partes del país para acompañar a María desde
su Santuario en Santa Rosa hacia la catedral de la ciudad, unos 8 kilómetros
aproximadamente. La Misión de Evangelización fue requerida por los Obispos de
la Arquidiócesis y se nos pidió ser los responsables de la misma. Elaboramos
unos videos formativos, tocando la mariología básica, bíblica y dogmática,
junto con la teología de la imagen de la Divina Pastora. Al mismo tiempo se hicieron unos pequeños
afiches con la imagen de la Virgen y la consagración de la familia a Dios y un
Díptico con el resumen de la toda la doctrina de la Misión. En cada parroquia
se formaron equipos de misioneros de acuerdo con sus párrocos, unos más
entusiasmados que otros, que recibieron la formación doctrinal con los videos
de la Misión, y se visitaron muchos hogares, entre 200.000 a 350.000, llevando
el mensaje de Dios, de la Iglesia, a esos hogares, y dejando en ellos la imagen
de la Virgen, muy querida por el pueblo, con la consagración del hogar en ella.
No podemos medir exactamente el efecto de este trabajo,
pero sí podemos resaltar algunos elementos positivos. Por una parte se están
formando mejor los agentes pastorales (misioneros) de las parroquias, por otra
parte se le está llevando al pueblo una formación cristiana mariana
actualizada, que no va a romper su devoción a María sino que va a elevar su nivel
de formación cristiana y le va a servir para ubicar y aprovechar mejor su
devoción a María en el camino de conversión. Además se está motivando a las
parroquias a mantener su carisma misionero, una fe viva que se transmite y se
difunde.
SANTUARIO DE LA COROMOTO
La otra experiencia concreta relacionada a santuarios y
peregrinaciones la tenemos en Guanare, con el Santuario Nacional de Nuestra
Señora de Coromoto, aparición de hace unos 350 años a
una familia y tribu de indígenas y Patrona Nacional de Venezuela. Allí en la
zona realizamos misiones 2 veces al año llevando el mensaje de la Iglesia casa
por casa y dejando un pequeño díptico con un resumen doctrinal, motivando al
pueblo para que participe de la Iglesia y compartiendo su sentimiento, su vida,
sus sufrimientos y alegrías, ya ellos nos esperan y se sienten agradecidos de
esas visitas y misiones. Los jóvenes que participan en ellas reciben siempre
muchas gracias especiales, en el compartir con el pueblo, en ver a veces la
pobreza cara a cara, las necesidades de personas concretas, además de tantos
momentos especiales de oración, liturgia, compartir la alegría, la amistad, la
dirección espiritual, etc.
También ayudamos en el Santuario propiamente, sobre todo
en la celebración del sacramento de la reconciliación a los peregrinos,
celebrando algunas eucaristías, y también realizando una pequeña misión a los
peregrinos y visitantes del Santuario.
La experiencia más impactante que hemos tenido en el
Santuario mismo es relacionada a la Confesión. Hay muchas personas que pasan
por allí, a veces solamente de paso, porque el Santuario está ubicado cerca de
una carretera nacional y muchas personas simplemente pasan, visitan un rato y
siguen su camino, no son realmente peregrinos, aunque sin saberlo muchas veces sí
lo son. En no pocos casos hay personas que sienten la necesidad de confesarse,
y muchos de ellos tienen años sin hacerlo. A veces son problemas profundos y
las personas reciben una gracia especial para encontrar el camino, renuevan su
fe y su esperanza en la visita al santuario.
Nuestra primera misa después de ordenados sacerdotes fue
en el santuario de Guanare, y antes de la misa realizamos nuestras primeras
confesiones, las dos primeras personas eran dos mujeres, una tenía 17 y la otra
22 años sin confesarse, pensaba que lo más difícil para el sacerdote sería la
confesión, pero fue una sorpresa, fue y ha sido una de las cosas más hermosas
que vivo en el sacerdocio.
En el santuario la gente experimenta una libertad
espiritual, como dijo Juan Pablo II en Scheztokowa,
el santuario nacional de la Virgen de Iasna Gora en
Polonia: “En Scheztokowa los polacos siempre hemos
sido libres”. Esta libertad espiritual se puede explicar teológicamente por la
realidad mariana de la Inmaculada Concepción. María es libre de pecado, nunca
entró en ella el pecado, nunca tuvo negocios con él, y el santuario mariano es
su casa. En esa casa de María no hay opresión espiritual, y el cristiano siente
esa libertad interior, aunque de manera muchas veces subconsciente, y percibe con
mayor claridad espiritual su necesidad de limpiar su corazón, percibe más
claramente su pecado, y siente la necesidad de confesarse. Es innumerable la
cantidad de personas que se confiesan en los santuarios, muchas de ellas que no
venían con la intención de hacerlo.
La otra experiencia en el sacramento de la Confesión y de
la Eucaristía se da en las celebraciones especiales en el santuario. Por
ejemplo la Arquidiócesis de Barquisimeto realiza cada año una peregrinación arquidiocesana a Guanare, el día 28 de Mayo, que es feriado
a nivel civil, y prácticamente todas las parroquias de la arquidiócesis acuden
a Guanare (2 horas de Barquisimeto) en esa peregrinación. Allí muchas personas
se confiesan, se celebra la Eucaristía con el Arzobispo y Obispo auxiliar de
Barquisimeto, se vive una experiencia enriquecedora de identidad eclesial, de
predicación, de comunión, de encontrar las personas conocidas. Es una hermosa
experiencia que purifica y fortalece la fe y la Iglesia, una experiencia de
peregrinación eclesial a un santuario mariano que ayuda a renovar la fe y hacer
la Iglesia más viva y más joven.
Muchas personas acuden al Santuario, en peregrinaciones
parroquiales, familiares o personales, a “pagar promesas”, por favores
concedidos por diversas causas, de salud u otras necesidades. Otras van a
buscar solucionar un problema espiritual y encuentran en la confesión una luz
que los ilumina a la vez que sanan sus heridas, se liberan del pecado. Las
personas sienten el regreso a la casa de Dios, son arropados en el corazón
maternal de María, regresan como el hijo pródigo a la casa de su padre. Sienten
la acogida de la Iglesia que los recibe, los perdona, los aconseja, no les
cierra la puerta, a pesar de haber estado alejados por muchos años o por muchos
pecados. Muchas de las personas lloran, se abren de corazón, sienten su
impotencia y su necesidad de Dios. Es un misterio hermoso donde los creyentes
van a buscar las Aguas de la Vida, renovar su bautismo y recuperar la gracia
perdida, esta realidad es evidente sobre todo en el Santuario de la Coromoto, cuya aparición según la tradición dijo a los
indios: “vayan donde los blancos que les echen el agua en la cabeza para ir al
cielo”, refiriéndose al bautismo porque ellos no estaban bautizados. Es en este
sentido una aparición interesante porque ocurre a una tribu que todavía no era
cristiana, invitándolos a entrar en la Iglesia por medio del Bautismo.
CONCLUSIÓN
Los Santuarios serán fuente de vida espiritual y
religiosa por muchos años. No hay que desaprovecharlos. La Iglesia se
revitaliza con la práctica de los Santuarios, con las peregrinaciones, con las
prácticas que rompen la rutina, mueven a la gente, hacen salir de lo cotidiano,
cuestionan. El punto central es siempre la conversión del corazón, una
verdadera vida de fe cristiana, un verdadero seguimiento de Cristo, conversión
a Dios. La devoción a María es un camino importante y presente en la Iglesia
desde mucho tiempo atrás, que tiene su testimonio en el mismo Nuevo Testamento,
y está presente a lo largo y ancho del mundo entero. Aunque a veces se dan
casos de sincretismo o de cierto descentramiento de la devoción mariana
respecto a la fe cristiana, sin embargo es un caudal de pueblo de Dios que se
mueve sin tener que moverlo y que se pone en manos de la Iglesia para ser
trabajado, no hay que despreciarlo.
Me extrañó en USA cuando se celebró el Año Mariano a
nivel mundial por los 150 años de la Inmaculada Concepción, y siendo que la
Patrona de USA es la Inmaculada, no vi prácticamente
ningún movimiento de peregrinaciones, de jornadas marianas, de actividades
relacionadas con ese aconteciendo de la Iglesia Universal reflejado aquí (es
posible que no me di cuenta). Estoy seguro de que muchas personas de muchas
parroquias estarían contentas de ir al Santuario Nacional de la Inmaculada en
Washington en peregrinación y realizar actividades especiales. No es tan
costoso ni tan lejos, y puede resultar en una motivación de los cristianos y a
la larga una renovación de la fe y de la Iglesia. A veces sentimos que las sectas
se llevan a los creyentes y a la vez no utilizamos los medios que está a
nuestro alcance para reavivar a la Iglesia y motivar a los creyentes e incluso
atraer a otros hacia la Iglesia. Debemos cuestionarnos seriamente y revisar qué
estamos haciendo desde nuestro carisma mariano para la evangelización de la
Iglesia y del mundo.
Que la Santísima Virgen María nos ayude en nuestro camino
de fe en la Iglesia. Amén.
Bibliografía:
-Nuevo Diccionario de Mariología Stefano Di Fiores y Salvatore Meo. Ediciones Paulinas. Madrid 1988.
Voz: Santuarios, Peregrinaciones.
-Dizionario di Mistica. L. Borriello – E. Caruana. Librería Editrice
Vaticana. 00120 Citá del Vaticano. 1998. Voz: Conversione.
-Biblia de Jerusalén.