SANTUARIOS Y PEREGRINACIONES

P. JAVIER ALSON, SMC

SIMPOSIUM INTERNACIONAL MARIOLÓGICO

DAYTON, OHIO, JULIO DE 2006

 

INTRODUCCIÓN

            El tema de los Santuarios está ligado al de las Peregrinaciones. Generalmente cuando se habla de peregrinaciones se está presuponiendo la ida a algún Santuario. Para abordar estos dos tópicos es conveniente abordarlos en conjunto.

 

SANTUARIO

            Cuando hablamos de Santuario nos referimos a un lugar sagrado, un sitio donde el ser humano encuentra lo trascendente, encuentra a Dios. La realidad de los santuarios va más allá de las fronteras del catolicismo, llegando a todas las religioes, que tienen sus lugares especiales de peregrinación, como por ejemplo los indúes con el Río Ganges o los musulmanes con La Meca. Cuando decimos Santuario Mariano nos referimos a un lugar especial donde los fieles van a venerar a la Santísima Virgen María para encontrarse con Dios.

            Los Santuarios Marianos son lugares especiales, no sencillamente parroquias que lleven el nombre de María sino templos donde se da una especial veneración a María la madre del Señor, y que muchas veces no coinciden con una parroquia, aunque a veces sí coinciden, como el caso del Santuario de la Divina Pastora en Barquisimeto que es al mismo tiempo la Parroquia de Santa Rosa de Lima.

            Los primeros lugares de peregrinaciones de los cristianos se dieron alrededor de las tumbas de los mártires, en los lugares santos donde vivió Jesús, en Roma, en todos aquellos lugares referidos a la historia de la Iglesia. Hay santuarios dedicados a mártires, santos, otros dedicados al Sagrado Corazón de Jesús como en París.

            El origen de los santuarios marianos es muy variable, muchas veces se habla en la tradición de una intervención especial de la Virgen, una aparición, el encuentro milagroso de una imagen sea pintada o de bulto, la erección de un templo especial en honor a la Virgen, etc. Pero en todos ellos lo que ocurre en la actualidad y para que se mantengan activos son los milagros, los favores concedidos, que mantienen el tono de afluencia y participación de los creyentes.

            La existencia de Santuarios Marianos puede remontarse incluso hasta el siglo IV en adelante, en la zona de Egipto y de Grecia, Éfeso, en Roma y en otros lugares del mundo, pero se desarrollaron con mucha mayor fuerza después del siglo XII por toda Europa.

            Muchos santuarios han nacido y desaparecido luego, hay santuarios marianos que son locales, donde acude la gente de los lugares vecinos, hay otros regionales, hay otros nacionales y otros internacionales como Lourdes, Fátima, en Europa y como Guadalupe en México.

            Cuando se habla de santuario debe entenderse un lugar donde acude bastante gente y donde se ofrecen los medios de la gracia, es decir, la confesión y la eucaristía, además de una predicación especial. El santuario implica la peregrinación, muchas personas que acuden al lugar a lo largo del año buscando a Dios, con una actitud penitencial, peregrinos.

            Además hay otras personas que acuden a los santuarios más conocidos, que van como turistas, visitantes, estudiosos, atraídos por el fenómeno propio de los santuarios. La ubicación geográfica, la belleza del paraje, la relativa facilidad de acceso y otros factores pueden determinar la mayor o menor afluencia de la gente.

            En la actualidad la afluencia a santuarios de importancia internacional como Lourdes o Fátima ha tenido una verdadera explosión, millones de peregrinos acuden al año, de todas partes del mundo, el Santuario del Padre Pío, siendo más reciente, incluso ha superado en afluencia al de Lourdes.

En los santuarios la gente acude a pedir favores especiales, respecto a la salud, la familia, relacionados a la vida espiritual, en una palabra los peregrinos van buscando a Dios, profundizar su vida espiritual, la esencia espiriual del Santuario está en la conversión.

 

CONVERSIÓN

La Escritura utiliza el término griego de Metanoia, cambiar la mente y el corazón, alejarse del pecado para volverse a Dios en el amor fiel y en el servicio. Cambiar el corazón y la mente, cambiar el corazón, es la esencia de la vida cristiana. Los cristianos pueden realizar este cambio en la medida que se encuentran y siguen a Cristo de verdad, de todo corazón. Cuando se acude a un santuario la motivación más íntima es esa metanoia.

La Virgen María en la mayoría de las imágenes se presenta con Cristo en sus brazos, quien tiene el mundo en sus manos o está bendiciendo a la humanidad, sino está sola pero siempre en referencia a Cristo, a Dios, al Espíritu Santo, como la Inmaculada en Lourdes, que significa la Llena de Gracia, llena de Dios o la Guadalupe que está encinta de Jesús y representa la fecundidad divina revelada a los pueblos nuevos que nacen para Dios.

La intervención de la Virgen se hace evidente en los santuarios marianos, ella sigue su vocación y su tarea pedida por el mismo Jesús, ser nuestra madre espiritual y ayudarnos a encontrarnos con Cristo para obtener la vida eterna. He ahí a tu madre,… he ahí a tu hijo…(Cf. Jn 19,25ss) La fe cristiana se ha mantenido viva en Europa y otros lugares también por medio de los santuarios, los cristianos quizás en sus lugares de origen no encuentran una Iglesia animada y la fe se va perdiendo, pero en los grandes santuarios marianos la gente renueva su fe, recarga sus baterías espirituales y regresa dispuesto a luchar por la fe y la iglesia.

La devoción a María nunca puede estar separada de la conversión a Cristo y el objetivo primordial de toda devoción a María es desembocar en una mayor profundidad de fe cristiana. El pueblo sencillo vive una experiencia directa de afecto hacia María, como Madre del Señor y como Madre de la Iglesia, pero en el fondo de su corazón su proceso de peregrinación, su visita al santuario, su devoción a María está abierta a la trascendencia de Dios, es una ventana abierta al encuentro personal y afectivo con el Señor. Hay que valorar el potencial evangelizador y de conversión de los santuarios marianos, el poder de remover los corazones del pueblo de Dios que tiene la devoción mariana y que se concentra en los santuarios marianos y en las imágenes particulares marianas que existen a lo largo y ancho del mundo.

 

PEREGRINACIÓN

La otra cara de la moneda del santuario es la peregrinación. Es un fenómeno que está en el corazón de todos los pueblos de la tierra, el caminar hacia Dios, buscar a Dios en la vida. El hombre por ser consciente, como diría Teilhard de Chardin, es un ser teleológico, tiene conciencia de la muerte y su vida se convierte en una vida teleológica, una búsqueda del destino final de la existencia. Todo ser humano debe caminar hacia su destino definitivo y la vida, por ser tan corta y única se convierte en una peregrinación por el desierto hacia un fin desconocido. Todas las religiones en general tienen por lo tanto en su realidad las peregrinaciones a lugares especiales.

La fe bíblica monoteísta está marcada por un profundo sentido de la peregrinación. Abraham, el padre de los creyentes, el primer hombre que dejó los falsos dioses para abrazar la fe en el Dios vivo y verdadero, recibió de ese Dios la exigencia de dejar su tierra y su familia de origen para irse a caminar en el desierto, ser un “arameo errante” (Cf. Dt 26,5) y en ese desierto encontrarse con Dios, recibir la promesa del futuro, una descendencia “como las arenas del mar” (Cf. Gn 22,17). Todo peregrino es otro Abraham que espera encontrarse con el Dios vivo en su interior y recibir las promesas de Vida Eterna.

Una vez que el pueblo de Israel crece, fruto de la promesa de Dios a Abraham, es esclavizado en Egipto, y por intervención milagrosa de Dios, por medio de Moisés, el pueblo es sacado al desierto, liberado del yugo del Faraón. En el desierto el pueblo es de nuevo peregrino, y en la purificación de los 40 años del desierto recibe la revelación de Dios, las Tablas de la Ley de la Antigua Alianza, los Diez Mandamientos. Allí, en la peregrinación del desierto, el pueblo de Abraham se hace pueblo de Dios ratificando la alianza con Dios, allí se purifica de sus apegos al mundo materialista y engañoso de Egipto, un mundo más cómodo, más seguro, con agua y alimentos, pero con un yugo para la verdadera fe en Dios. El pueblo de Israel debe irse al desierto, peregrinar, dejarlo todo, renunciar a todos los apegos, vivir una experiencia de inseguridad, pobreza, falta de apoyo de las cosas conocidas para encontrarse verdaderamente con Dios, el Dios trascendente, infinitamente libre, que no hace acepción de personas, que no se somete a ningún poder terrenal, el Dios ante el cual Moisés debe despojarse incluso de sus sandalias para poder acercarse a él.

La fe de Israel ocurre dentro de su peregrinación en el desierto, allí se da el encuentro auténtico y renovado entre la descendencia de Abraham y Dios. La fe no puede simplemente heredarse, es necesario que los descendientes de Abraham se encuentren verdaderamente con Dios y se comprometan a seguirle de corazón en una Alianza espiritual y esto ocurre en medio de la peregrinación por el desierto. La fe de Israel está esencialmente ligada a la peregrinación por el desierto.

El creyente tiene tendencia a instalarse en una seguridad material por sus necesidades biológicas y sociales pero la vida se le va escapando cada día y se ve presionado para caminar en el espíritu. Se puede llegar a perder a Dios en nombre de la comodidad e instalación. Cuando se entra en el desierto del creer, en el vacío del sinsentido de la vida, el creyente se pone en camino para buscar a Dios, y muchas veces lo hace por medio de una peregrinación a un santuario.

La Iglesia en la medida que se instala demasiado, desaparece, la fe es como el rocío de la mañana que se seca al calentar el sol, es necesario siempre salir a caminar, desinstalarse, arriesgarse a caminar hacia Dios, renunciar a las cosas que nos dan seguridad y andar en el camino del Espíritu. Los santuarios marianos se mantienen como una opción concreta para las personas creyentes, siguen suscitando el sentido de la peregrinación, de la penitencia, del dejar las comodidades que adomecen nuestra vida espiritual. No hay que perder el sentido importante de los santuarios y las peregrinaciones y menos hoy día cuando el mundo se ha secularizado tanto.

 

El ponerse en camino es una realidad especial y concreta. El peregrino sale de su tierra, viaja a un lugar lejano, pasa trabajo, hambre, sed, necesidades, no duerme bien, no sabe lo que va a encontrar, puede tener accidentes en la vía, enfermarse, se aleja de su lugar seguro, de su nido, para volar. El peregrino busca a Dios, trae un problema, un sufrimiento, viene a implorar, se humilla ante Dios, pide humildemente. El peregrino reconoce sus pecados, busca el perdón de Dios, se despoja de su soberbia ordinaria, se quita las sandalias, como Moisés, quien estaba peregrinando en su vida y se encontró con Dios, luego cuando estaba peregrinando con el pueblo de Israel se encontró con Dios en el monte Horeb y recibió de Dios las tablas de la ley que son una referencia para toda la humanidad. El peregrino busca beber el Agua de la Vida, busca palabras de Vida, consuelo, alimento espiritual, el estado de peregrino es el mejor para la metanoia o conversión, es la disposición más adecuada para que Dios trabaje en el corazón y le dé la fuerza del Espíritu para continuar un auténtico camino en la vida, no el camino falso del engaño sino el camino que lleva a la Vida.

            Todos somos peregrinos de la vida, vamos caminando hacia nuestro destino definitivo, y en algún momento de nuestra existencia entramos en la dimensión del peregrino, sentimos la experiencia profunda de nuestra peregrinación. Por eso el peregrinar católico hay que considerarlo como un momento especial e importante, un momento profundo donde se pueden dar acontecimientos trascendentales para el creyente. Si queremos trabajar en la Iglesia fomentando la conversión tenemos que valorar la realidad de la peregrinación y por lo mismo de los santuarios, y asumirla como una auténtica labor pastoral.

 

LA RELIGIOSIDAD POPULAR

            El pueblo en general no profundiza demasiado intelectualmente, pero vive la intuición de la fe, el sensus fidelium, que es más profundo que cualquier conciencia simplemente intelectual. El Espíritu Santo es quien trabaja en la Iglesia para llevar al pueblo de Dios por los caminos espirituales. La Iglesia debe trabajar de acuerdo con el Espíritu Santo atendiendo al pueblo de Dios y ayudándolo a elevar y purificar su doctrina y su fe. La devoción mariana tiene un arraigo especial y misterioso en el pueblo de Dios, millones de personas se mueven por esa devoción a María y a otros santos. No pocas de esas personas no saben mucho de la doctrina cristiana pero acuden con gran fervor y espíritu religioso a los santuarios, peregrinaciones, procesiones dedicadas a esos santos.

            La Iglesia a veces sufre para que alguien la escuche y trate de convertirse a Dios, la gente que acude a los santuarios y peregrinaciones son millones de fieles que están dispuestos y muchas veces sedientos de escuchar el mensaje de Vida, en esas circunstancias en general están más abiertos a la palabra de Dios, más sensibles para abrir el corazón a Dios. El pueblo en el fondo busca a Dios, y lo hace de una manera sencilla, que está a la mano para su realidad intelectual y afectiva, lo hace por medio de devociones, de imágenes particulares, días especiales festivos, costumbres religiosas, etc.

            Hay que estar conscientes de que el pueblo tiene sed de Dios, pero que no sabe muchas veces cómo profundizar, se puede quedar en la imagen, la costumbre, los ritos tradicionales, pero en ningún momento debemos desvalorizar esta realidad religiosa espiritual, tampoco tenemos que tener un prejuicio solamente porque no la comprendemos. Debemos estar abiertos a la acción del Espíritu en medio de su pueblo, y cooperar para que esa acción ocurra lo mejor que podamos. La Iglesia tiene fuerza no solamente por su verdad, que es eterna e inconmovible, pero también por la gente, por la masa de creyentes. Una Iglesia sin gente no pierde su sentido pero llega a ser casi inútil. Se podría decir que una Iglesia sin gente no es Iglesia. Hay que valorar la gente, el pueblo de Dios, aunque sea impreparado, aunque sea inculto, aunque no tenga muchas veces una fe clara y pura. Ese pueblo es la tierra que debemos trabajar para llevarla a ser un jardín, pero no rechazarla.

 

 LA NUEVA EVANGELIZACIÓN CON MARÍA

            La experiencia que hemos tenido en Venezuela trabajando desde la devoción a María en una Evangelización nos ha enseñado muchas cosas. Una muy importante es la apertura que tiene el pueblo de Dios al mensaje evangélico cuando se realiza por medio de María. Cada uno de nosotros tiene en lo más profundo de su ser inscrito el amor de la madre, la confianza primordial de un ser humano está basada en la madre, es la persona en la cual cualquiera de nosotros puede confiar sin ninguna sombra de inquietud (a menos que sean casos especiales de madres problemáticas). La confianza profunda, subconsciente, que le tenemos a la madre se continúa en forma natural con la confianza a María, nuestra madre en el espíritu, dada por el mismo Jesús en la cruz (Cf. Jn 19,25ss).

            Una vez que el pueblo se convoca para una actividad con María, como por ejemplo rezar el Santo Rosario en un sector, una Misión Mariana, una celebración relacionada con la Virgen, una Procesión, etc., se le puede enseñar muchas cosas y ayudar a purificar su fe cristiana, irlo llevando hacia una fe cada vez más sólida y más limpia. El sentimiento afectivo espiritual se mantiene, el ambiente propio de apertura, de confianza, de comunión familiar, ayuda a realizar la evangelización y a sembrar la palabra en una tierra preparada por María.

 

            LA DIVINA PASTORA

            Como experiencia concreta en la Arquidiócesis de Barquisimeto a partir de la devoción a la Divina Pastora, este año se celebra el 150 aniversario de la visita de la sagrada imagen a la ciudad, tradición de fe que se ha mantenido y crecido a lo largo de esos 150 años de procesión, y donde el 14 de Enero, día de la procesión, se congregan más de un millón de personas de la región y de otras partes del país para acompañar a María desde su Santuario en Santa Rosa hacia la catedral de la ciudad, unos 8 kilómetros aproximadamente. La Misión de Evangelización fue requerida por los Obispos de la Arquidiócesis y se nos pidió ser los responsables de la misma. Elaboramos unos videos formativos, tocando la mariología básica, bíblica y dogmática, junto con la teología de la imagen de la Divina Pastora.  Al mismo tiempo se hicieron unos pequeños afiches con la imagen de la Virgen y la consagración de la familia a Dios y un Díptico con el resumen de la toda la doctrina de la Misión. En cada parroquia se formaron equipos de misioneros de acuerdo con sus párrocos, unos más entusiasmados que otros, que recibieron la formación doctrinal con los videos de la Misión, y se visitaron muchos hogares, entre 200.000 a 350.000, llevando el mensaje de Dios, de la Iglesia, a esos hogares, y dejando en ellos la imagen de la Virgen, muy querida por el pueblo, con la consagración del hogar en ella.

            No podemos medir exactamente el efecto de este trabajo, pero sí podemos resaltar algunos elementos positivos. Por una parte se están formando mejor los agentes pastorales (misioneros) de las parroquias, por otra parte se le está llevando al pueblo una formación cristiana mariana actualizada, que no va a romper su devoción a María sino que va a elevar su nivel de formación cristiana y le va a servir para ubicar y aprovechar mejor su devoción a María en el camino de conversión. Además se está motivando a las parroquias a mantener su carisma misionero, una fe viva que se transmite y se difunde.

 

            SANTUARIO DE LA COROMOTO

            La otra experiencia concreta relacionada a santuarios y peregrinaciones la tenemos en Guanare, con el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto, aparición de hace unos 350 años a una familia y tribu de indígenas y Patrona Nacional de Venezuela. Allí en la zona realizamos misiones 2 veces al año llevando el mensaje de la Iglesia casa por casa y dejando un pequeño díptico con un resumen doctrinal, motivando al pueblo para que participe de la Iglesia y compartiendo su sentimiento, su vida, sus sufrimientos y alegrías, ya ellos nos esperan y se sienten agradecidos de esas visitas y misiones. Los jóvenes que participan en ellas reciben siempre muchas gracias especiales, en el compartir con el pueblo, en ver a veces la pobreza cara a cara, las necesidades de personas concretas, además de tantos momentos especiales de oración, liturgia, compartir la alegría, la amistad, la dirección espiritual, etc.

            También ayudamos en el Santuario propiamente, sobre todo en la celebración del sacramento de la reconciliación a los peregrinos, celebrando algunas eucaristías, y también realizando una pequeña misión a los peregrinos y visitantes del Santuario.

            La experiencia más impactante que hemos tenido en el Santuario mismo es relacionada a la Confesión. Hay muchas personas que pasan por allí, a veces solamente de paso, porque el Santuario está ubicado cerca de una carretera nacional y muchas personas simplemente pasan, visitan un rato y siguen su camino, no son realmente peregrinos, aunque sin saberlo muchas veces sí lo son. En no pocos casos hay personas que sienten la necesidad de confesarse, y muchos de ellos tienen años sin hacerlo. A veces son problemas profundos y las personas reciben una gracia especial para encontrar el camino, renuevan su fe y su esperanza en la visita al santuario.

            Nuestra primera misa después de ordenados sacerdotes fue en el santuario de Guanare, y antes de la misa realizamos nuestras primeras confesiones, las dos primeras personas eran dos mujeres, una tenía 17 y la otra 22 años sin confesarse, pensaba que lo más difícil para el sacerdote sería la confesión, pero fue una sorpresa, fue y ha sido una de las cosas más hermosas que vivo en el sacerdocio.

            En el santuario la gente experimenta una libertad espiritual, como dijo Juan Pablo II en Scheztokowa, el santuario nacional de la Virgen de Iasna Gora en Polonia: “En Scheztokowa los polacos siempre hemos sido libres”. Esta libertad espiritual se puede explicar teológicamente por la realidad mariana de la Inmaculada Concepción. María es libre de pecado, nunca entró en ella el pecado, nunca tuvo negocios con él, y el santuario mariano es su casa. En esa casa de María no hay opresión espiritual, y el cristiano siente esa libertad interior, aunque de manera muchas veces subconsciente, y percibe con mayor claridad espiritual su necesidad de limpiar su corazón, percibe más claramente su pecado, y siente la necesidad de confesarse. Es innumerable la cantidad de personas que se confiesan en los santuarios, muchas de ellas que no venían con la intención de hacerlo.

            La otra experiencia en el sacramento de la Confesión y de la Eucaristía se da en las celebraciones especiales en el santuario. Por ejemplo la Arquidiócesis de Barquisimeto realiza cada año una peregrinación arquidiocesana a Guanare, el día 28 de Mayo, que es feriado a nivel civil, y prácticamente todas las parroquias de la arquidiócesis acuden a Guanare (2 horas de Barquisimeto) en esa peregrinación. Allí muchas personas se confiesan, se celebra la Eucaristía con el Arzobispo y Obispo auxiliar de Barquisimeto, se vive una experiencia enriquecedora de identidad eclesial, de predicación, de comunión, de encontrar las personas conocidas. Es una hermosa experiencia que purifica y fortalece la fe y la Iglesia, una experiencia de peregrinación eclesial a un santuario mariano que ayuda a renovar la fe y hacer la Iglesia más viva y más joven.

 

            Muchas personas acuden al Santuario, en peregrinaciones parroquiales, familiares o personales, a “pagar promesas”, por favores concedidos por diversas causas, de salud u otras necesidades. Otras van a buscar solucionar un problema espiritual y encuentran en la confesión una luz que los ilumina a la vez que sanan sus heridas, se liberan del pecado. Las personas sienten el regreso a la casa de Dios, son arropados en el corazón maternal de María, regresan como el hijo pródigo a la casa de su padre. Sienten la acogida de la Iglesia que los recibe, los perdona, los aconseja, no les cierra la puerta, a pesar de haber estado alejados por muchos años o por muchos pecados. Muchas de las personas lloran, se abren de corazón, sienten su impotencia y su necesidad de Dios. Es un misterio hermoso donde los creyentes van a buscar las Aguas de la Vida, renovar su bautismo y recuperar la gracia perdida, esta realidad es evidente sobre todo en el Santuario de la Coromoto, cuya aparición según la tradición dijo a los indios: “vayan donde los blancos que les echen el agua en la cabeza para ir al cielo”, refiriéndose al bautismo porque ellos no estaban bautizados. Es en este sentido una aparición interesante porque ocurre a una tribu que todavía no era cristiana, invitándolos a entrar en la Iglesia por medio del Bautismo.

           

CONCLUSIÓN

            Los Santuarios serán fuente de vida espiritual y religiosa por muchos años. No hay que desaprovecharlos. La Iglesia se revitaliza con la práctica de los Santuarios, con las peregrinaciones, con las prácticas que rompen la rutina, mueven a la gente, hacen salir de lo cotidiano, cuestionan. El punto central es siempre la conversión del corazón, una verdadera vida de fe cristiana, un verdadero seguimiento de Cristo, conversión a Dios. La devoción a María es un camino importante y presente en la Iglesia desde mucho tiempo atrás, que tiene su testimonio en el mismo Nuevo Testamento, y está presente a lo largo y ancho del mundo entero. Aunque a veces se dan casos de sincretismo o de cierto descentramiento de la devoción mariana respecto a la fe cristiana, sin embargo es un caudal de pueblo de Dios que se mueve sin tener que moverlo y que se pone en manos de la Iglesia para ser trabajado, no hay que despreciarlo.

            Me extrañó en USA cuando se celebró el Año Mariano a nivel mundial por los 150 años de la Inmaculada Concepción, y siendo que la Patrona de USA es la Inmaculada, no vi prácticamente ningún movimiento de peregrinaciones, de jornadas marianas, de actividades relacionadas con ese aconteciendo de la Iglesia Universal reflejado aquí (es posible que no me di cuenta). Estoy seguro de que muchas personas de muchas parroquias estarían contentas de ir al Santuario Nacional de la Inmaculada en Washington en peregrinación y realizar actividades especiales. No es tan costoso ni tan lejos, y puede resultar en una motivación de los cristianos y a la larga una renovación de la fe y de la Iglesia. A veces sentimos que las sectas se llevan a los creyentes y a la vez no utilizamos los medios que está a nuestro alcance para reavivar a la Iglesia y motivar a los creyentes e incluso atraer a otros hacia la Iglesia. Debemos cuestionarnos seriamente y revisar qué estamos haciendo desde nuestro carisma mariano para la evangelización de la Iglesia y del mundo.

            Que la Santísima Virgen María nos ayude en nuestro camino de fe en la Iglesia. Amén.

 

Bibliografía:

 

-Nuevo Diccionario de Mariología Stefano Di Fiores y Salvatore Meo. Ediciones Paulinas. Madrid 1988.  

    Voz: Santuarios, Peregrinaciones.

-Dizionario di Mistica. L. Borriello – E. Caruana. Librería Editrice Vaticana. 00120 Citá del Vaticano. 1998. Voz: Conversione.

-Biblia de Jerusalén.     

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