PONENCIA
“La Mariología del Documento
de la III Conferencia Episcopal de Latino América, Puebla a los 25 años.”
P.
Antonio Larocca SMC
Ponencia de formación
General en el Decanato de Teología del Seminario Arquidiocesano de
Barquisimeto, Divina Pastora, 9 de junio 2004
Introducción:
Los días 14 y 15 de febrero del presente año el Consejo
Episcopal Latino Americano (CELAM) organizó un encuentro por los XXV años de la
III Conferencia general que se celebró en Puebla de los Ángeles (México). Tanto
esta conferencia (1979) como la posterior en Santo Domingo (1992) fueron
presenciadas por Juan Pablo II. L´ Osservatore Romano n. 10 del 5 de
marzo del 2004, Pág. 8 (120), reporta el acontecimiento y publica el mensaje
del Santo Padre enviada al Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, Arzobispo
de Santiago de Chile y Presidente del Consejo episcopal latinoamericano en
ocasión de dicha celebración conmemorativa. "La Conferencia de Puebla
fue, indudablemente, un gran acontecimiento eclesial, y estaba llamada a servir
de luz y estímulo permanente para la evangelización de América Latina. Así lo
expresaba su tema: "La
evangelización en el presente y en el futuro de América Latina". Este sigue siendo el gran
desafío para el continente de la esperanza: evangelizar, anunciar a Cristo
vivo.". En el acto académico, entre otros invitados, el cardenal López
Trujillo, presidente del Consejo pontificio para la familia, pronunció la
conferencia "El desafío de Puebla" donde puso en evidencia la
relación de fondo entre las enseñanzas de la anterior conferencia celebrada en
Medellín (1968) y sobre todo de la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi de Pablo VI (1975). Este último no presenta una
clara evidencia mariológica, sólo en el numeral 82: María Estrella de
evangelización, pero se detecta su influencia en el tema de María, Iglesia
Pueblo de Dios en Puebla. Se evidencia una relación intrínseca entre los dos
documentos sobretodo en el aspecto del
Cristo evangelizador y de la Iglesia evangelizadora, comprometida en el anuncio
de la salvación. Cristo a través de la Historia, ayuda al hombre a liberarse
del pecado y del Maligno dentro de la alegría de conocer a Dios de ser conocido
por Él, de verlo y de entregarse a Él (EN n.9).
María en Puebla es descrita en la relación profunda
femenina, maternal y creyente entre Cristo cabeza del cuerpo Místico y el Pueblo de Dios como Familia de
Dios. Ella es madre de Cristo y madre
de la Iglesia, Pueblo de Dios, la familia de Dios "El pueblo creyente
reconoce en la Iglesia la familia que tiene por madre a la Madre de Dios",
(P n.285).
Cada vez que se evangeliza
abriéndose a los nuevos contextos históricos, culturales y sociales, se
pone en evidencia los vínculos recíprocos entre Iglesia y Evangelización. Está
claro, que en una reflexión teológica de tipo transversal es importante
ver como el magisterio contemporáneo influenció el desarrollo mariológico de
Puebla y a su vez como ese mismo documento fue utilizado para otros del
magisterio posterior. En el aspecto mariológico además consideramos el aporte
teológico de Pablo VI con la Carta Encíclica Mense Maio
(1965) de la publicación de la Exhortación Apostólica Signum Magnum (1967), y de la Exhortación Apostólica Marialis Cultus (1974). A parte se analizará la recíproca influencia entre
Puebla y el pensamiento mariológico de Juan Pablo II.
La posible relación metodológica entre la encarnación,
evangelización, inculturación de la mariología de Puebla presenta una
connotación esquemática esencialmente cristológica, eclesiológica y antropológica
(según el esquema de la Lumen Gentium y Marialis Cultus), donde se desarrolla
un anuncio kerigmático, compendio bíblico de los dogmas marianos a la luz de la
fe y de la historia de salvación, dentro del marco de la evangelización del
continente latinoamericano (ver Nuestra Señora de Guadalupe), ofrecido de
manera comprensible para una catequesis de iniciación y de adultos y para la
formación de los agentes pastorales (laicos, consagrados y sacerdotes).
Dentro del culto mariano el documento de Puebla marca una
pauta entre la devoción mariana, tan fuertemente presente en nuestra realidad
eclesial, la religiosidad popular y el proceso de inculturación del Evangelio.
En este sentido las mariofanías tradicionales como Guadalupe y Coromoto, aunque
no está directamente mencionada como tal, y las distintas advocaciones
marianas, adquieren se verdadera comprensión, significación y trascendencia
eclesial y pastoral.
También emerge una línea eclesiológica-mariologica que se
puede considerar un aporte específico de Puebla: la Iglesia pueblo familia de
Dios y María madre de la familia de Dios.
Por último es importante reflexionar el binomio Guadalupe-Czestochowa
(Las llamadas vírgenes morenas) y Juan Pablo II, que a partir de Puebla se fue
desarrollando en su ministerio Apostólico y en la Iglesia de América Latina, a
lo largo de sus distintas visitas y encuentros con los católicos de este
continente. En fin, la figura reconciliadora y liberadora de María, como
promotora de la dignidad de la mujer y del hombre, del proceso de comunión y
participación, surge de manera sencilla, profunda y renovadora para todo el
Pueblo de Dios.
Puebla, más que considerarse como el documento final de la
III Conferencia Episcopal Latinoamericana, se pudiera entender como parte del Kairós de la Iglesia en Latino América
ubicado en su contexto histórico: entre Medellín y Santo Domingo, entre el
Marialis Cultus (1974) y el Redemptoris Mater (1987), entre el Concilio
Vaticano II (1965) y el Sínodo de América (1999), de cara al la próxima
Conferencia del CELAM 2007.
Presentación general del Documento:
“La
mariología fue pensada y enfocada por los santos Padres (en el Concilio
Vaticano II) como eclesiología”[1].
Dentro de este contexto se desarrolla el magisterio de la Iglesia en Latinoamérica
como continuación directa del Lumen Gentium cap. 8 y a partir del cual se
desarrolla el gran aporte mariologico de
Puebla con su visión inculturada.
Dentro de las tendencias de cristologías recientes y en
correlación con la mariología, Juan Luis Bastero, en su reciente publicación
"Virgen Singular" (Bastero J.L., Virgen Singular, Ed.
Rialp, 2001, pp. 35-67) cita el trabajo de Amato A. Rassegna delle
principali cristologie contemporanee nella loro implicazioni mariologiche. Il
mondo católico. El autor presenta la cristología religioso-popular de
Puebla que ofrece una visión teológica que toma en cuenta los aportes
contextuales históricos-sociales de la teología de la liberación, madura su
reduccionismo trascendente, muestra al Cristo histórico, salvífico,
inculturado, con toda su centralidad ontológica y soteriológica y al mismo
tiempo presenta a María en su densidad bíblica y eclesial. Según Amato en
Puebla "María es madre y modelo del hombre latino americano y de
liberación integral y los dogmas marianos subrayan la verdadera dignidad del
hombre redimido por Cristo y ponen de manifiesto por contraste la situación de
no salvación y de no liberación que padece el hombre y la mujer
latinoamericana" (Ibidem p. 53)
A partir de este trasfondo cristológico se profundiza la
discusión mariológica con un sentido
eclesiológico desde Latino América. El paulatino aporte desde Medellín hasta
Puebla, después en Santo Domingo, define la línea unidireccional que el Magisterio desarrolla desde los
documentos de las conferencias del CELAM.
Medellín presenta, con una acentuación antropológica y
eclesiológica, una cristología contextual de las situaciones eclesiales y
sociales del continente, que se puede ver como respuesta a la necesidad del "aggiornamento"
de la Iglesia post-conciliar en la fase de cambio que Puebla (1979) y Santo
Domingo (1992) explicitarán cada vez más claramente en sus documentos:
Promoción Humana, Evangelización e Inculturación. Es en la Iglesia visible y en
sus estructuras, donde entre sí se fusionan las prioridades de acción pastoral
y allí tienen cabida todas las iniciativas societarias y las iniciativas
cristianas en la construcción histórica del plan de salvación. El texto de Jon
Sobrino ”Jesucristo Liberador, Lectura histórico-teológica de Jesús de
Nazareth" afirma[2]: “Es muy importante resaltar
este hecho, Medellín y Puebla son la expresión mejor y más original de la
tradición eclesial latinoamericana. Expresan la novedad de esa Iglesia con
relación a su propio pasado y con relación a otras Iglesias en el presente. Y
dado que la realidad del continente latinoamericano no ha cambiado en lo
sustancial con respecto al tiempo de Medellín y Puebla, ambos tienen que seguir
siendo punto de referencia obligado. Son nuestra tradición fundante"; está claro, que la visión
eclesiológica y antropológica en Medellín priva sobre la visión unitaria de
conjunto y la cristología amerita una recuperación apoyada en la visión
compensatoria mariologico-eclesial, como ocurre después en el documento de Puebla.
Sobrino en el 3.1 del mismo estudio afirma: "Medellín no elaboró ningún
documento sobre Cristo -como tampoco lo hizo el Vaticano II- ni presentó ningún
esbozo de cristología en sentido estricto, y por ello hablamos de imagen más
que de cristología... Medellín aborda la figura de Cristo desde el interés
salvífico... pero lo expresa en términos de liberación, lo cual va más allá de
los tradicionales términos de salvación o redención.”.
A partir de la reflexión de la liberación se recupera más
el sentido de redención-rescate-pecado-pueblo-opresión que enfatiza la eficacia
de la salvación a partir la etapa pre-pascual, frente al escándalo del
sufrimiento del oprimido; en Puebla la redención es presentada en relación al
misterio de la Encarnación que abarca lo pascual y lo pentecostal[3], tal como aparece también en la
Carta Apostólica TERTIO MILLENNIO ADVENIENTE de Juan Pablo II (1994), con
ocasión del gran Jubileo 2000. El memorial de la historia de la salvación
permite sumergirnos en nuestra real historia personal y ser salvados,
liberados, rescatados por el Cristo total, renovador y recreador del ser humano
en su integridad ético-moral, desde adentro del mismo misterio celebrado,
vivido e inculturado.
El documento de Puebla, además de reconocer el aporte de
Medellín de una búsqueda del rostro nuevo de Cristo que llena la legítima
aspiración a una liberación integral (n.173), recupera teológicamente la
finalidad de la realidad divina-humana de Jesús que evangeliza a los pobres. Se
plantea el principio, que la causa en sí de la acción liberadora, no son sólo
los pobres como tales (porque están desposeídos de sí mismos y sujetos a la
acción amoral del otro), sino el mismo Jesús pobre (que es el verdadero sujeto
ontológico-moral del Verbo en acción, que vino a transformarnos en sujetos de
amor recíproco): “El Hijo de Dios... se identificó con los hombres haciéndose
uno de ellos... asumiendo la situación en que se encuentran, en su nacimiento,
en su vida y, sobre todo, en su pasión y muerte donde llegó a la máxima
expresión de la pobreza (cfr. 3 del n. 1741, Fil. 2, 5-2; LG 8; EN 30; Med,
Justicia 1,3).
La segunda dimensión, la antropológica-eclesiológica
planteada en el texto “El compromiso evangélico de la Iglesia” es asumida en
María, que, en el mismo sub-capitulo 1.2 (n. 1144) de reflexión doctrinal, es
presentada como aquella que cantando el Magnificat “proclama que la salvación de Dios tiene que ver con la justicia hacia
los pobres y desde Ella parte el compromiso auténtico con los demás hombres...
especialmente los más pobres”. El texto fue tomado de una homilía de Juan
Pablo II[4], documento que además de presentar
la relación entre María y los pobres también lo hace con el sucesor de Pedro,
garante de la vicariedad de Cristo: “...porque siendo pobres tenéis derecho a
mis particulares desvelos... el Papa os ama porque sois predilectos de
Dios...”,[5]. Aquí
se expresa la conjugación
del principio mariano con el principio petrino[6].
Las figuras en relación de Pedro y María se unen en la
imagen histórico-temporal del Jesús de Nazaret y se ubican en el contexto
histórico-salvífico del Jesús de la fe, manifestando el aspecto eclesiológico
resultante. Por lo tanto, la eclesialidad cristotípica de María es determinante
en el documento de Puebla para presentar a Jesús como el único mediador dado a
los hombres que da razón de nuestra libertad (Gal. 5,1).
La mariología de Puebla encuentra su explicación en este
giro eclesiológico, partiendo desde una especifica dimensión cristológica
integral, dentro de un contexto antropológico y cultural, que hace de María
Madre de Dios y de la Iglesia como la pobre de Yahvé, la mujer entre las
mujeres, la de Pentecostés, la hija de Sión, la madre compasiva y
misericordiosa, la cooperadora, el signo de rostro maternal en la Guadalupe, la
estrella de nueva evangelización perfectamente inculturada en la religiosidad
del Pueblo de Dios. Sobre todo es interesante en el documento el concepto de la
intercesión de María desde el Misterio Trinitario, en comunión y participación (P.293), concepto que reafirma la
presencia del elemento pneumatológico mariano dentro del discurso
cristológico-eclesiológico.
El papel del Mediador histórico que libera a los pobres,
toma en cuenta la postura de fe del creyente que coopera por obra del Espíritu
Santo (GS 22), y al mismo tiempo se fundamenta
en la misma naturaleza divina y humana de Cristo que opera en María, por
obra del Espíritu Santo “a partir de la humillación de su esclava...
enalteciendo a los pobres y rebajando a los ricos”. Recordaremos el análisis de
A. Amato[7], que presenta la opción
eclesiológica de la mariología en Puebla después de un cierto silencio
mariológico en Medellín. Junto a Puebla la mariología en el contexto latino
americano se desarrolla según S. De Fiores [8] de la siguiente manera:
1-María en la teología de la liberación:
a)
El
cántico revolucionario de María (A. Paoli, J. Moltmann)
b)
María
profética y liberadora (L. Boff)
2-María en la pastoral latinoamericana (Puebla):
a) El rostro
mestizo de María y la primera evangelización
b) Mariología
y aculturación latinoamericana.
A parte, se trata el tema de María y la devoción y
religiosidad popular [9] y la propuesta de L. Boff acerca
de María rostro maternal de Dios y de su unión hipostática con el Espíritu
Santo[10]. Carlos Ignacio González, s.j.,
desarrolla un capitulo muy bien orientado teológicamente, por su equidistancia
metodológica, en el tratado de mariología[11], donde presenta, en el cap. 5 de
la parte III, el aporte de Puebla “María en la liberación de los pueblos” (RM
37; MC 37); María es presentada, según lo que el autor asume del documento
magisterial, como modelo de la Iglesia, espiritualidad de los pequeños (P.297),
mujer sencilla pero no pasiva (P 287,297,302), compañera de camino en las
tristezas y alegrías (P. 293, 298), María liberadora de los ídolos (P. 281,
294, 405, 491, 493, 500), la llena de gracia, camino de liberación (P 301). El
mismo Juan Pablo II, afirma, en la Homilía en la Basílica de Guadalupe, México,
el 27 de enero de 1979:
“Que tu maternal
presencia en el misterio de Cristo y de la Iglesia se convierta en fuente de
alegría y de libertad para cada uno y para todos”.
Subdivisión
del Documento:
En Medellín, el documento anterior a Puebla, se encuentra
en la Introducción la presencia de la Iglesia en la actual transformación de
América Latina, en el numeral 8 se presenta a María, Madre de la Iglesia,
rodeada de los apóstoles en el nuevo Pentecostés del Episcopado Latinoamericano
implorando el Espíritu Santo y perseverando en la oración. Sobre 395 numerales de todo el
documento el único numeral mariológico es el n.8 que representa el 0,2 % del
total.[12]
El documento de Puebla establece un criterio de continuidad
en específico “la Evangelización en el presente y en el futuro de América
Latina”. La subdivide en cinco partes.
La Primera Parte toca la visión pastoral de la realidad de Latinoamérica.
Encontramos el núcleo esencialmente mariológico en la Segunda Parte del
documento: Designios de Dios sobre la realidad de Latinoamérica, en el
Capítulo I dedicado al Contenido de la Evangelización: La verdad sobre
Jesucristo el Salvador que anunciamos, primero en los contenidos de la
Evangelización donde María es incluida con Cristo, la Iglesia y el hombre en el
numeral 168 y en el numeral 281 donde María es presentada en la Iglesia
instrumento de comunión como la intercesora que permitirá superar las
estructuras de pecado en la vida personal y social y le obtendrá la verdadera
liberación que viene de Cristo Jesús ( Juan Pablo II, Zapopán 11), y después en específico La verdad
sobre la Iglesia (María Madre y Modelo de la Iglesia) desde
282 hasta 303. El documento después sigue en
el final de esta parte con el punto de la verdad sobre el Hombre.
En el Capítulo II de la misma parte del documento se sigue
con el tema: ¿Qué
es Evangelizar?,
que toca la relación entre Evangelización, religiosidad popular 454, Cultura,
Liberación, Promoción Humana, Ideologías y Política. En este capitulo se vuelve
a evidenciar la presencia de María en la cultura, en el culto y la devoción de
Latino América.
También en la Tercera Parte: La Evangelización en la
Iglesia de América Latina. Comunión y participación hay dos puntos de
referencia mariológica, a parte del numeral de la parte anterior 293 que
específica la presencia de María en el misterio trinitario en comunión y
participación (Puebla-María modelo de vida consagrada n.745, y en la piedad
popular n. 844).
En la cuarta parte: Iglesia Misionera al Servicio de la Evangelización
en América Latina,
en el capítulo Iº: Opción Preferencial por los Pobres en la reflexión
doctrinal Jesús evangeliza a los pobres María es presentada desde el Magnificat
en el compromiso hacia los hermanos
pobres (P n. 1144, Juan Pablo II , Homilía Zapopán 4, AAS LXXI p. 230). En el
capítulo IIº: Opción Preferencial por los Jóvenes, se menciona a María
en la formación y participación de los jóvenes para que crezca en una
espiritualidad auténtica y apostólica (P n.1195). En la quinta parte: Bajo el Dinamismo del
Espíritu, en los
signos de esperanza y alegría por la vitalidad evangelizadora en el continente
se habla de la sed de Dios y su búsqueda en la oración y contemplación a
imitación de María que guardaba en su corazón las palabras y hechos de su Hijo
(P n. 1309).
En especifico, la parte mariológica propiamente dicha
aparece en el capítulo I: Contenido de la Evangelización, en el número 2: La
verdad sobre la Iglesia: el Pueblo de Dios signo y servicio de comunión; en 2.4
se encuentra como:
Esta agrupación de citas del documento se pudiera definir
como el “Núcleo Mariológico directo”, y se subdivide en:
“María, Madre y Modelo de la
Iglesia” desde el numeral 282 al 285:
·
n.
282: El anuncio de la Salvación, en Latinoamérica, ha presentado a María desde
los comienzos de la evangelización como su realización más alta y su aparición
de Guadalupe ha sido el signo del rostro maternal de la comunión entre el Padre
el Hijo y nosotros. A su vez los santuarios marianos son lugar de encuentro de
la fe de la Iglesia con la historia del continente.
·
n.
283: Pablo VI define María como elemento cualificador, intrínseco de la piedad
y del culto (MC 56) y Juan Pablo II lo señala como identidad propia de estos
pueblos[13].
·
n.
284: La piedad mariana ha sido el vínculo de resistencia en aquellos lugares
carentes de atención pastoral.
·
n.
285: El pueblo reconoce a la Iglesia por su vinculo con María, y al mismo
tiempo reconoce en María el modelo perfecto del cristiano.
“María, Madre de la Iglesia” desde
el numeral 286 al 291,
·
n.
286: La Iglesia venera a María como Madre con afecto de piedad filial (LG 13),
por eso Pablo VI la proclama como Madre de la Iglesia[14].
·
n.
287: María es madre de Dios en la Anunciación por el Espíritu, es Madre de la
Iglesia por ser Madre de Cristo, es madre de todos por “haber cooperado con su
amor” (LG 53), Madre en orden a la gracia (LG 61), y en Pentecostés por su
oración de invocación al Espíritu.
·
n.
288: La Iglesia engendra hijos en la evangelización en un proceso de
transformar desde adentro, renovando la misma humanidad (EN 18), en un parto
donde María, participe del Señorío de
Cristo, es nuestra madre y nos cuida como hermanos de su Hijo que todavía
peregrinan (LG 62) hasta la plenitud (Jn. 10, 10; Ef. 4, 13).
·
n.
289: María es reina maternal de todos los pueblos.
·
n.
290: María madre educadora de la fe (LG 63), pedagoga del Evangelio en América
Latina.
·
n.291:
“ No se puede hablar de la Iglesia si no está presente María (MC 28). Es la
presencia sacramental de los rasgos maternales de Dios.
“María, modelo de la Iglesia” desde
el numeral 292 al 293,
·
n.
292: En María todo se refiere a Cristo (MC 25) y ella estuvo en plena comunión con su Hijo desde la
Anunciación hasta el martirio del Gólgota. Una historia de amor a Cristo
íntima, santa y única.
·
n.
293: María vivió una participación máxima con Cristo, como colaboradora a la
obra. No fue una mujer pasiva (MC 37) sino cooperadora activa, asociada a
Cristo, desarrolla sus capacidades y responsabilidades hasta ser nueva Eva
junto al nuevo Adán. Por esta comunión y participación Ella vive en el misterio
trinitario alabando e intercediendo.
“Modelo para la vida de la Iglesia
y de los hombres”desde el numeral 294 al 297,
·
n.
294: La virginidad maternal de María en la Iglesia es toda de Cristo y con Él,
y es toda servidora de los hombres.
·
n.
295: María por su carisma maternal despierta la filialidad en cada hombre para
desarrollar la vida del bautismo en la
fraternidad.
·
n.
296: María es modelo en orden a la fe (Mc 3, 31-34), perfecta discípula frente
a la palabra (Lc. 2,51) aun frente al rechazo inicial de su hijo en Caná (Jn
2,4). Fe de la aceptación del Calvario y de asociación a la cruz árbol de vida
por lo cual se diga: “Dichosa tu que has creído.” (Lc 1,45).
·
n.
297: El Magnificat es el profetismo de María es el canto de Dios que con Ella
“ensalza a los humildes...y si es necesario, derriba a los potentados”[15].
“Bendita entre todas las mujeres”
el 298 y 299,
·
n.
298: La Inmaculada Concepción es el rostro de la recreación del proyecto del
Paraíso (Colecta de Navidad). El cuerpo glorioso de María Asunta representa la
dignificación completa del ser humano.
·
n.
299: En María la mujer quedó valorada plenamente donde ella es vocación de ser
alma, entrega que espiritualice la carne y encarne el espíritu.
“Modelo del servicio eclesial en
América Latina” desde el numeral 300 al 303.
·
n.
300: María es sierva del Señor
intercediendo por los hombres e invitándolos a su obediencia (Jn 2,5) y
provocando la fe de los discípulos (Jn 2,11).
·
n.
301: Por medio de María Dios se hizo carne, sin Ella el Evangelio se
desencarna, se desfigura, se transforma en ideología, en racionalismo
espiritualista.
·
n.
302: Pablo VI dijo: “María es la mujer fuerte que conoció la pobreza, el
sufrimiento, la huida, el exilio” (Mt. 2, 13-23), ayudó la fe en Cristo de la
comunidad apostólica (Jn 2,1-12) y cuya maternidad se dilató funciones
universales en el calvario (MC 37)
·
n.
303: La evangelización en América Latina se vuelve más carne y corazón con
María y no se queda como un barniz superficial en la cultura del pueblo (EN
20); esta es la hora de María y es tiempo de un nuevo Pentecostés junto con
Ella en oración, para recorrer el tramo de un nuevo peregrinar. María es la
estrella de la Evangelización siempre renovada que sigue guiando la Iglesia en
su camino (EN 81).
Además la Virgen María aparece en
otros puntos del documento según la ubicación cristológica, eclesiológica ó
antropológica que corresponda:
·
1: En
el capitulo I de la segunda parte “Contenido de la Evangelización” tenemos el
n. 168, donde María es celebrada como
estrella de la Evangelización y como Madre de todos los pueblos de América
Latina. En el mismo capitulo son anunciadas las verdades centrales de la
Evangelización: Cristo, La Iglesia (que celebra a María) y El Hombre (ver SD,
el discurso inaugural del Papa, n.5, coincide sustancialmente con los criterios
cristológicos, eclesiológico, antropológico allí presentados como directrices
de la nueva evangelización, y también ver que en el n. 168 hay un cf. EN n.82
que se refiere a este punto).
·
2:
Del mismo capitulo I, en el párrafo 1, dedicado a la verdad sobre Jesucristo,
en el punto 1.5 “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14): La
Encarnación, el numeral 188 presenta a Jesucristo el Hijo, como verdadero Dios
y Señor, enviado por el Padre en la plenitud de los tiempos (Gal. 4), nacido
del Padre antes de todos los siglos y como verdadero Hombre, nacido de María la
Virgen por obra del Espíritu Santo. El Hijo de Dios asume lo humano y lo
creado, restablece la comunión entre su Padre y los hombres.
·
3: En
el capitulo I aparece, en el párrafo 1 dedicado a la verdad sobre Jesucristo,
en el punto 1.12 Comunión y Participación, el numeral 217 muy interesante que
relaciona la comunión trinitaria del pueblo y familia de Dios con el culto,
(veneración, intercesión), a la Virgen María y a todos los santos, dada la
unión existente entre los bienaventurados y Cristo y de Él con Dios (LG 50).
·
4: En
el numeral 281 del párrafo La Iglesia instrumento de comunión, del punto 2.2,
del capitulo primero de la segunda parte del Designo de Dios sobre la realidad
de América Latina, María es presentada como protectora e intercesora para la
Iglesia que ayuda a superar las estructuras del pecado en la vida personal y
social y a obtener la “verdadera liberación que viene de Cristo Jesús[16].
·
5: El
numeral 334, del punto 2.3 El hombre renovado en Jesucristo, del párrafo 3
dedicado a la Verdad sobre el Hombre: la Dignidad Humana, del Capitulo I de la
segunda parte, recuerda que ante Cristo y María deben revalorizarse en América
Latina los grandes rasgos de la verdadera imagen del hombre y de la mujer.
·
6: En
el capitulo II, en el párrafo 3, punto 3.1, recordaremos el numeral 446 que
presenta a María que con su rostro mestizo de Guadalupe identifica y simboliza
el Evangelio Encarnado de Latino
América.
·
7: El
numeral 454 del punto 3.2 descripción de la religiosidad popular dentro del
párrafo 3 dedicado a la evangelización y religiosidad popular, del capitulo II
¿Qué es evangelizar? Se cita el amor a María como parte de la devoción “Ella y sus misterios pertenecen a
la identidad propia de estos pueblos y caracterizan su piedad popular”[17].
·
8:
Otro numeral de contenido mariológico es el 745 donde María es presentada como
modelo de consagración y como intercesora, en el encarnar la Palabra en su vida
y como Ella y con Ella ofrecer a los hombres en una continua evangelización.
Este numeral está contenido en punto B
del 2.2 de los Criterios de la Vida Consagrada, capitulo II N.2 del
documento.
·
9:
También en el capitulo II de la tercera parte, en el párrafo 3 dedicado a los
Laicos, en el punto 3.6 dedicado a la mujer, el numero 844 presenta a Maria
como mujer que acepta la palabra de Dios, sirve y anuncia la presencia del
Señor, canta proféticamente la libertad de los hijos de Dios y el cumplimiento
de las promesas, presenta al Verbo encarnado y nacido de Ella a todo tipo de
persona, acepta las consecuencias de la sospecha y de la persecución, guarda en
el corazón la impresión de los acontecimientos, en una presencia atenta a las
necesidades de los hombres provoca el “signo mesiánico”, fuerte en la cruz,
fiel y abierta a la acogida maternal universal, en la espera ardiente con la
Iglesia de la plenitud del Espíritu en la Asunción celebrada en la liturgia por
la Mujer, símbolo de la Iglesia del Apocalipsis. Este numeral sorprende por su
contenido concentrada altamente mariológico, dentro de la visión histórico
salvífica, que es recogida a partir de la LG y la MC de Pablo VI, es
reutilizada por la RM y MD de Juan
Pablo II. La misma citas bíblicas utilizadas desde el pie de pagina 63 hasta el
72, aparece concentrado todo lo básico de María Lc, 1,26; Lc, 2, 39-45; Lc 2,
46 ss; Lc 2, 1-8; Mt. 2 13-15; Lc 2, 52; Jn 2, 1-11; Jn 19 25-27; Hech. 1-2;
Ap. 12.
·
10:
El numeral 963 del punto c), perteneciente a las conclusiones 1.3, sobre piedad
popular, del párrafo 1 del Capitulo III Medios para la comunión y la
participación de la Tercera Parte, presenta la devoción a María y a los Santos
como la realización en ellos de la Pascua de Cristo (SC 104) y que debe llevar
al cristiano hacia la vivencia de la Palabra y al testimonio de vida.
·
11:
En la Cuarta Parte “Iglesia Misionera al servicio de la Evangelización,
Capitulo I: Opción preferencial por los pobres, en la reflexión doctrinal
“Jesús evangeliza a los pobres”, el numeral 1144 presenta a María que proclama
en el Magnificat que la salvación de Dios tiene que ver con la Justicia a los
pobres y “el compromiso con los demás hombres, especialmente los pobres y los
desdichados....para la necesaria transformación de la sociedad [18].
·
12:
El numeral 1195 del punto Formación y Participación, del Capitulo II “Opción
para el joven”, de la cuarta parte del documento dedicado a la Iglesia
Misionera, recomienda el la pastoral juvenil buscar que el joven crezca en
espíritu de oración, conocimiento de la Palabra de Dios, y el amor filial a María
Santísima, que al unirlo con Cristo lo hace solidario con sus hermanos.
En todo el documento hay 1310 numerales y mariológicos hay
33 numerales, lo que representa el 2,5 % del total. Como referencia, podemos
decir que en el documento de Santo Domingo sobre 301 numerales, existen 14
mariológicos, lo que representa el 4, 65 % del total. Si se quiere tener
una visión mariológica de conjunto
desde Medellín hasta Ecclesia in America se puede observar que sobre 76
numerales del documento tenemos 6 numerales con elementos mariológicos, lo cual
da un resultado del 7,8 % sobre el total.
Haciendo un calculo entre los numerales mariológicos de
todos los documentos (54) y todos los numerales sumados de los cuatros textos
(2082), tenemos que el porcentaje correspondiente global es de 2,5%, igualando
coincidencialmente al valor correspondiente a Puebla que es de 2,5%. Esto
confirmaría lo que siempre se ha dicho con respecto a la mariología
latinoamericana, que el momento de mayor expansión, expresión y sistematización
corresponde al documento de Puebla. La media entre los % es dada por la
división de la sumatoria total (15.15%) y el numero de documentos (4). El
resultado se ubica entre Puebla y Santo
Domingo. Lo que implica es que entre los dos textos se ubica el actual centro
del magisterio mariológico en Latinoamérica. Sería un modelo teológico“in
crescendo”, y este dato puede revelar la posibilidad de un futuro magisterio
mariológico cada vez mayor que, en un intervalo de máximo de 10-15 años,
duplique o triplique el actual. Esto se podría interpretar como la posibilidad
de una evolución mariológica promovida desde Latinoamérica ó la expresión
teológica de un contenido mariológico en un nivel magisterial, ó ambas
cosas.
Juan Pablo II y María en Puebla:
El Documento de Puebla expone una eclesiogénesis
mariológica marcada por una visión de la Iglesia desde la evangelización, una
reflexión más ponderada y abierta a la comunión y participación pero
reorientada a una definición de perfiles, contenidos, criterios y opciones
pastorales que de una manera mediatizada respondiera a las exigencias de cambio
de un Continente crisol de razas, culturas y tradiciones pero en un abierto
desafío tercer mundista a la búsqueda de unidad, solidaridad y alternativas más
justas a nivel personal y colectivo.
Indudablemente la personalidad de Juan Pablo II con el
comienzo de su pontificado en el 1978 irrumpe en el escenario latinoamericano
que ha sufrido un proceso histórico
bajo un mismo signo de fe. Por eso Puebla, que se celebró en el 1979 con la
participación del pontífice, no es solo el resultado que encausó las
conclusiones de Medellín, con todo lo que tiene de positivo, sino que fue el
fruto del discernimiento magisterial ponderado, oportuno, crítico y con claras
tomas de posición, que profundizaron el alcance mariológico y eclesiológico del
mismo documento.[19]
La homilía pronunciada en la Basílica de Nuestra Señora de
Guadalupe durante la concelebración con los participantes (27/1/79), pone de
manifiesto la sencilla respuesta del Espíritu que toma bajo el signo de María de Guadalupe, en el camino de la
metodología teológico-pastoral de la renovación del culto mariano, motivado en
el LG y expresado en el MC; el camino de desarrollo y profundización de la
veneración a María en la Iglesia y viceversa se establece así el camino de
transformación de la Iglesia Latinoamericana a partir del culto mariano
renovado.
Se podría decir que entre Polonia y Guadalupe se forjó el gran mensaje mariano “Totus Tuus” de Juan
Pablo II que bajo su Pontificado ha logrado el proceso de aggiornamiento
pastoral [20] “El Papa que viene de un país en
que tus imágenes, específicamente una, la de Jasnagora también signo de tu presencia en la vida de
la nación, en su azarosa historia”... es particularmente sensible a este signo
de tu presencia en la vida del Pueblo de Dios, en México, en su historia. “El Papa enlaza este cause de la evolución
del culto mariano con lo que dice MD en el capítulo “El Don de la Esposa” n. 27 cuando afirma: “En este sentido se
puede decir que la Iglesia es, a la vez mariana y apostólica petrina”.
Este perfil mariano es igualmente –sino lo es mucho
más- fundamental y característico para
la Iglesia, que el perfil apostólico y petrino al que está unido. Como bien lo ha dicho un teólogo contemporáneo, María es Reina de los
Apóstoles sin pretender por esto los
poderes apostólicos: "Ella tiene otra cosa y más"[21]. Seguramente este fue el sentido
moral y espiritual que interpretó Juan Pablo II a la luz del acontecimiento
Puebla cuando reafirmó el giro filosófico y teológico de María, mujer, persona en la Iglesia, Pueblo Familia de Dios
para valorar el desarrollo de la dignidad del ser humano en la realidad de
Latino América (MD n.11).
De este modo se inserta en Puebla el elemento de liberación
en el núcleo mariológico del Magisterio. María es presentada como la que
depende totalmente de Dios y está plenamente orientada hacia Él por el empuje
de su fe. La Madre al lado de su Hijo es la imagen más perfecta de la libertad
y de la liberación de la humanidad y del cosmos. La Iglesia debe mirar hacia Ella, Madre y Modelo, para comprender
en su integridad el sentido de su misión[22].
El método teológico pastoral de la Encarnación, Inculturación y
Evangelización se perfila como la posible lectura desde adentro de María
persona, icono, presencia, figura, modelo y conciencia de la Iglesia asociada
en el Misterio de la Encarnación y Pascual, a la memoria activa de un ejercicio
piadoso sin sacrificio, que equivale al culto mariano, y que en definitivo no
es un hecho litúrgico, pero que se podría interpretar por algún otro como una
noción litúrgica del Pueblo de Dios (307).
Así también en las plegarias I y
II se “expresa con intenso anhelo, el deseo de los santos de compartir con la
Madre la herencia de los hijos (MC 10).
Límites y aportes mariológicos del Documento de
Puebla:
Lo
que emerge de esta lectura de evaluación de Puebla a los 25 años de su
publicación es lo siguiente: La mariología de Puebla en el contexto de la
Iglesia Latino Americana presenta elementos de contextura metodológica de tipo "relación mediática inculturada"
entre lo cristológico, lo eclesiológico y lo antropológico,
El documento de Puebla muestra una
interesante combinación teológica (utilizando los criterios del Marialis Cultus
para la renovación de la devoción mariana: bíblico, antropológico, litúrgico,
ecuménico pastoral y al mismo tiempo la orientación cristológica,
eclesiológica, soteriológica, pneumatológica y trinitaria) con el anuncio del
Kerigma, los Dogmas, la Catequesis, las Pastorales, el Culto y la verdadera
devoción, la Nueva Evangelización, la Cultura, la Promoción Humana.
Pareciera, con respecto al tema de la religiosidad
popular, que los problemas de
devocionismo y de sincretismo en el culto a María no son detallados
exhaustivamente; también no se aprecia una mayor investigación del tema
arquetipal entre las distintas mitologías indígenas y la figura de la gran
Madre Tierra y su relación con las mariofanias tradicionales y las devociones
locales marianas. Consideramos que se pudiera haber logrado un mayor desarrollo
del aspecto pneumatológico relacionado con la participación de María en el
misterio de salvación.
Se ha observado un limitado desarrollo mariológico en los
desafíos o propuestas pastorales del documento de Puebla sobre la posible
utilización de la presencia Mariana en el Ecumenismo, sobretodo en la
metodología y lenguaje en la presentación de María y de su rol en la salvación.
Se nota una cierta pobreza del aporte patrístico directo a pesar del uso bíblico
en las referencias y también con respecto a una especifica respuesta
apologética frente a los errores de interpretación de las Sectas Evangélicas,
una orientación pastoral de los fenómenos asociados al culto popular a la
Virgen, mensajes apariciones, lágrimas, escarchas, etc. (C.E.V., Carta
Pastoral Colectiva en la Clausura del Año Jubilar de la Aparición y de la
Coronación de Nuestra Señora de Coromoto, de la Conferencia Episcopal
Venezolana, Caracas, 2003, n. 16), y por último una no detallada mistagógia de
la fe en María para poder contestar a las derivaciones neo gnósticas y
espiritualistas como el New Age. Se podría desarrollar este punto en el tema
María educadora de la fe para un próximo documento.
Aunque
el documento de Puebla no lo mencione, se
ha constatado la
necesidad de una
mayor producción teológico-pastoral (con centros de
investigación mariológica) que
interprete los continuos movimientos de renovación de la devoción
mariana y de su inculturación,
para reforzar la respuesta a las
sectas evangélicas y el fenómeno del secularismo y del impacto turístico
religioso en la pastoral de santuarios.
Por otro lado se puede considerar como aporte sustancial de
Puebla la sistematización de la Mariología, sobretodo María y la dignidad de la
mujer, María y el sufrimiento humano de nuestro Continente, María y la Familia,
María y la fe del Pueblo y la identidad del católico, María y la Inculturación
y la religiosidad popular: todo esto abriendo brechas hacia proyecciones y
acciones pastorales para la renovación de la devoción mariana[23].
Proyección del Documento:
El uso del documento de Puebla a nivel mariológico es
extenso en el magisterio posterior. Se
citarán los de mayor relevancia:
-Nuevo Diccionario de
Mariología: S. De
Fiores, voz Mariología, Pág.1298, cf. 78: n. 301 de Puebla, V. Maccagnan, voz
Guadalupe: pp. 818: cf. 32: Puebla n. 26, 189, 282-303, 351-354, 491 ss;
AA.VV., María en el acontecer de América Latina, Ed. Paulinas, 1979, 38-63, voz
Jesucristo: La interpretación religiosa popular de Puebla: Pág. 979-983,
Puebla: n. 444, 448, 446, 452, 166, 175, 178, 1310, 283, 282, 284, 446, 287,
297, 303, 333, 298, 334, 299, 843-844; R. Laurentin, o.c. 83, 843-844.
-Documento de la Congregación para la Educación
Católica, La Virgen María en la formación intelectual
y espiritual, 1987, n. 15: "Por la convergencia entre los datos de
la fe y los datos de las ciencias antropológicas, cuando éstas han dirigido su
atención a María de Nazaret, se ha comprendido más claramente que la Virgen es,
al mismo tiempo, la más alta realización histórica del Evangelio (cf. 38:
Puebla n. 282), y la mujer que por el dominio de sí misma, por el sentido de
responsabilidad, la apertura a los otros
y el espíritu de servicio, por la fortaleza y por el amor, se ha
realizado, de modo más completo en el plan humano". Este documento
propone enseguida líneas de acción como el acercar la figura de la Virgen a los
hombres de nuestro tiempo poniendo en relieve su imagen histórica de humilde
mujer hebrea, de mostrar los valores humanos de María, de manera que el estudio
sobre Ella ilumine el estudio sobre el hombre, sobre todo el tema María y la
mujer.
-Documento de Santo Domingo: El numeral 85, del párrafo 1.3.3,
del cap. I sobre la Nueva Evangelización, dedicado a la vida consagrada, presenta a la Virgen María , identidad
profunda de los pueblos latino americanos (DP 283), como modelo de vida para
los consagrados y su apoyo. Del mismo capitulo, pero en el párrafo 1.3.5. Las
mujeres, el numeral 104, propone a María que procede a la Iglesia en el modelo
de la Virgen y de la Madre (LG 63) y como la protagonista de la historia, por
su cooperación libre, llevada a la máxima participación con Cristo (DP 293).
María tiene un papel muy activo en la evangelización de las mujeres
latinoamericanas.
-Documento del Sínodo de
América Ecclesia in América el numeral 11 “Por medio de María encontramos a
Jesús” está en el Capitulo primero “El encuentro con Jesucristo vivo”, y
es prácticamente el numeral que le corresponde a María, y es el núcleo
mariológico del documento. Presenta muchos elementos condensados: La Madre es
signo del Hijo (ó mejor dicho el Hijo es signo de la Madre, Mt 2,21) y es
portavoz de la voluntad del Hijo, indicadora de las exigencias necesarias para
la manifestación del poder salvífico del Mesías. Por eso María es camino seguro para encontrar a Jesús. También la
Virgen María tiene un papel con respecto al nacimiento de la Iglesia en
Latinoamérica por la predicación de los misioneros. María-Guadalupe es el
“gran signo, de rostro maternal y misericordioso, de la cercanía del Padre y de
Cristo, con quienes ella nos invita a entrar en comunión... el rostro mestizo
de la Virgen del Tepeyac... un gran ejemplo de evangelización perfectamente
inculturada”, Patrona y estrella
de la primera y nueva evangelización en su intercesión para alcanzar la efusión
del Espíritu Santo en el Continente.
Ecclesia in America, aunque no pertenezca a la producción relacionada
directamente al CELAM, es un documento que representa y expresa el Sínodo de
todos los Obispos del Continente Americano sea del Norte como del Centro y del
Sur y su contenido mariológico sigue manteniendo la orientación eclesiológica
de los anteriores documentos y en específico de Puebla y dedica este párrafo
completo, (el n.11). Sobresale el elemento de Mariología en contexto para la
inculturación y nueva evangelización; también aparece el elemento de la mediación que cita el titulo
“por medio de María”, lo que da un seguimiento al trabajo teológico de Puebla y
Santo Domingo sobre el tema y por ultimo presenta las conexiones pastorales
posibles con la mariología como la familia, la mujer, la vida y la
eclesialidad. Por ultimo presenta la interesante conexión entre los documentos
del CELAM y el documento “Behold Your Mather Woman of Faith” de la Conferencia
Episcopal Norteamericana del 1973, en los pie de pagina n. 19 y 22 en el
párrafo dedicado a María, evidente esfuerzo de lograr por María el puente
teológico-pastoral entre el Norte y el sur del continente: un mensaje de
esperanza y futuro para la integración espiritual de todos.
-Directorio sobre la piedad
popular y la liturgia, Congregación para el Culto Divino, 2001: Los valores de la piedad popular: n. 62 y 63.
-Documento PAMI, La Madre del Signore, Memoria Presenza Speranza,
Cittá del Vaticano 2000: n. 51: cf. 173, p.78; n.62: cf. 232, p.103, cf. 237,
p.104; n. 64: cf. 244, p.108; n. 66: cf. 252, p.111.
La Eclesiología mariológica emergente en
Puebla: María y la Familia de Dios:
El pueblo latino americano llama a la Iglesia “Casa de
Dios” porque intuye que allí se congrega la Iglesia como Familia de Dios, se
encuentra esa misma expresión en la Biblia y en el Concilio para expresar la
realidad más profunda e intima del Pueblo de Dios (Sa. 60,8; Dt. 32, 8 ss; Ef.
2, 19; Rom. 8,29), (P. 238), (Voz: Familia de Dios, p. 228-229, María, madre de
la familia, p. 229). P. 239, La Iglesia es donde los hombres se sienten familia
de Dios, y se hacen, ontológicamente, Familia de Dios. La Iglesia Familia de
Dios es el hogar donde cada hijo y
hermano es también señor, destinado a participar del señorío de Cristo sobre la
creación y la historia por el proceso continuo de conversión y asimilación al
Señor (P. 242). El Espíritu Santo es el fuego que vivifica la Familia de Dios, suscita
la comunión de fe, esperanza y caridad que constituye su invisible, la
dimensión más profunda de la comunión interior que se expresa en el compartir.
Cristo convierte a los hombres en su familia (P. 243). La voluntad de unidad,
la coincidencia en la verdad de Jesucristo y la vivencia de los sacramentos, la
Eucaristía en especial se realiza el Pueblo de Dios como familia (P. 246). La
acentuación del rasgo histórico y social del Pueblo de Dios como familia,
destaca la necesidad de expresar dicha realidad como institución (P 255). El
esfuerzo pastoral de la Iglesia debe orientarse a la transformación de las
comunidades de Base en familia de Dios (M 15, 10).
El pueblo creyente reconoce en la familia la Iglesia que
tiene por madre a la Madre de Dios por ser María modelo perfecto imagen de la
Iglesia (P. 285). María es madre por haber cooperado con su amor (LG 53) en el
momento de la cruz cuando nació la familia de los redimidos y por eso es
nuestra madre en el orden de la gracia (LG 61), (P. 287). No se puede hablar de la Iglesia si no está presente
María (MC 28). Voluntad de acogida, amor y respeto por la vida (P 291), (P.
293)[24].
El estudio del autor dentro de
las publicaciones de estudios del CELAM sobre Puebla y su eclesiología[25],
propone la lectura familia-María-Iglesia: "El tema de Iglesia como
"Familia de Dios" debe verse en íntima relación con los textos
mariológicos que destacan el rol y presencia maternal de la Virgen en la
Iglesia de nuestro continente." (Ibidem, p. 134)
"María Madre despierta el
corazón filial que duerme en cada hombre. En ésta forma Ella nos lleva a
desarrollar la vida del Bautismo por el cual fuimos hechos hijos. Y
simultáneamente, ese carisma maternal hace crecer en nosotros la fraternidad,
Así, María hace que la Iglesia se experimente (a sí misma) como familia (P. n.
295)".
"El pueblo creyente
reconoce en la Iglesia la familia que tiene por madre a la Madre de Dios. En la
Iglesia confirma su instinto evangélico (sentido de la inculturación de la fe)
según el cual María es el modelo perfecto del cristiano, la imagen ideal de la
Iglesia. (P. n. 285)".
En el documento de Puebla el
modelo eclesiológico es la Iglesia Pueblo de Dios. Pero se profundizan los
aspectos relacionales del mismo concepto partiendo de la definición de Lumen
Gentium 13 que a su vez se desarrolla en el capitulo posterior sobre la
evangelización de la cultura que, a su
vez, hace emerger el aspecto de trasmisión familiar-comunitario
representante de lo tradicional popular.
El Pueblo de Dios es presentado
muestra en el Documento como Pueblo Universal. Pueblo que es Familia de Dios,
Pueblo Santo, Pueblo peregrino y Pueblo enviado (136). El tema Pueblo universal
trasciende toda cultura, raza o particularidad humana dado que se origina de
Dios por la fe en Jesucristo. La acentuación que tiene del carácter de
"Familia" en el pueblo de Dios (que en el sentido exegético sería su
sentido primordial) es tratado de forma extensa y novedosa afirma el autor
(Ibíd. p. 132).
Ya Medellín había puesto en
evidencia el tema Familia (n. 12) tomando en cuenta la situación peculiar que
atraviesa la familia en la realidad de Latino América, que por un lado resalta
los valores tradicionales afectivos y por el otro atraviesa una crisis de
valores en la cultura conyugal y en la paternidad responsable. Por esto la
respuesta de interés común sobre la Familia se acentúa en Puebla y es asociada
con la figura Pueblo Familia de Dios que expresa mejor las relaciones de los
miembros unos con otros del perfil eclesiológico Cuerpo Místico. A mi parecer
la imagen de Iglesia como Pueblo Familia de Dios logra un parentesco analógico
entre lo relacional intergrupal que expresa la familia pueblo de Dios y la
figura eclesial del Cuerpo Místico que
expresa el sentido de la relaciones con los roles correspondientes a nivel
funcional de los miembros del mismo cuerpo. De hecho "…la relación
vital de unos miembros con otros -incluido el tema de la unidad en torno a la
jerarquía se trata al hablar de la Familia de Dios. La relación
Cabeza-miembros, en lo que se refiere más bien a la conducción de la Iglesia,
forma parte del tema "Pueblo peregrino", (ibdm. p. 133). Se
pudiera decir que la figura Iglesia, Pueblo familia de Dios, se encuentra a
medio camino entre el polo Iglesia Pueblo de Dios (Gaudium et Spes) y el polo
Iglesia Cuerpo Místico (Lumen Gentium).
El documento de Puebla resalta
en este aspecto el uso de la imagen eclesial Familia de Dios como una respuesta
ante la creciente frialdad del mundo moderno (139). Al acentuar el carácter de
la pastoral familiar en la vida de la iglesia en sus necesidades y valores, el
documento final apela conscientemente a un modelo de vida cotidiano familiar en
la diócesis, parroquias, comunidades y grupos que "ofrece un camino y
fermento evangélico para dar alma que humanice y personalice, la adveniente
cultura urbana-industrial.", (Ibidem.). La Iglesia en esta perspectiva
no es solo el lugar teológico contextual sino el lugar donde "los
hombres se sienten y se hacen ontológicamente Familia de Dios. Se convierten
verdaderamente en hijos del Padre en Jesucristo (1Jn. 3,1), quien les participa
su vida por el poder del Espíritu Santo, mediante el Bautismo. Esta gracia de
la filiación divina es el gran tesoro que la Iglesia debe ofrecer a los hombres
de nuestro continente." , (Ibidem).
En el párrafo especialmente
logrado fue: “De la filiación en Cristo nace la fraternidad cristiana”.
El hombre Moderno no ha logrado construir una fraternidad universal sobre la
tierra. Porque busca una fraternidad sin centro ni origen común. Ha olvidado
que la única forma de ser hermanos es proceder de un mismo Padre (141). "La
Iglesia el hogar donde cada hijo y hermano es también Señor, destinado a
participar del señorío de Cristo sobre la creación y la historia (142)".
La imagen de Iglesia Familia de
Dios se convierte así en el punto crucial entre la realidad trinitaria con sus
relaciones interpersonales y procesos (pericorésis), y la realidad de las
personas humanas en sus relaciones dinámicas intra y extra familiares que
constituyen el entramado de coyunturas y tejidos que constituyen el pueblo
Familia de Dios en su realidad macroscópica y mística como cuerpo de Cristo. El
aporte subyacente de la figura de María Madre de Dios y Madre nuestra emerge
paulatinamente en la filigrana del cuadro sinóptico propuesto por Puebla y se
vuelve bisagra teológica entre el misterio trinitario Dios Familia y el
misterio Eclesial Familia de Dios dentro de la singularidad
virgen-madre-creyente que la caracteriza. María se configura madre espiritual
dentro de la revelación y de la tradición por la gracia del bautismo que
hermana a los hijos de Dios con Cristo el Hijo de Dios por naturaleza,
Primogénito entre muchos hermanos (Rom.; Puebla n. 285).
"El fuego que vivifica la
Familia de Dios es el Espíritu Santo. El suscita la comunión de fe, esperanza y
caridad que constituye como su alma invisible, su dimensión más profunda, raíz
del todo compartir cristiano a otros niveles" (143). La Maternidad
espiritual de María está presente como subyacente entre Cristo el Espíritu y la
Iglesia.
Del Equipo de reflexión
teológico-Pastoral, La Familia a la luz de Puebla, Consejo Episcopal Latino
Americano CELAM Aporte del CELAM para el Sínodo Episcopal del 1980, Ediciones
Trípodes, Venezuela, numeral 4.6 se ha tomado La misión de la familia y María,
pp. 58-59. La proyección social y eclesial de la familia cristiana descansa y
se juega, en definitiva, en su misión educadora. Para cumplir con éxito dicha
tarea, la familia necesita volverse a María (encuentra en María) no sólo para
contemplarla como modelo de la Iglesia y de los cristianos (Puebla 292-299)
como modelo de servicio a los hombres y a Dios (Puebla 300-303), sino porque
Ella es también "la madre educadora de la fe" (Puebla 209) y la
pedagoga del Evangelio en América Latina" (ib). Donde María llega
"crea ambiente familiar de comunión (Puebla 292) hecho interactuante
entre el Espíritu Santo, María y la Iglesia, pues posee un carisma especial
para despertar "el corazón filial que duerme en cada hombre" (ib). Al
hacernos hijos ante Dios hace crecer en
nosotros la fraternidad (ib) porque tiene un corazón tan amplio como el mundo
(Puebla 289) María es capaz de abrir la familia cristiana a una solidariedad
con los pobres, como la que Ella cantó en el Magnificat (Puebla 291). María que
conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio (Puebla 302), como
tantas familias de nuestros continente, pero que fue algo del todo distinto de
una mujer pasivamente remisiva o de religiosidad alienante (Puebla 293) nos
impulsa a ser, como Ella, protagonista de la historia junto a Cristo (Puebla
293). Su intercesión poderosa nos permite, dice Juan Pablo II, superar las
múltiples estructuras de pecado en que está envuelta nuestra vida personal,
familiar y social (Zopopan, 3; Cf. Puebla 281), para que así podamos construir
una sociedad más libre, fraterna y llena de Dios. Sólo Ella, la madre de la
familia de Nazaret y de la Iglesia del Cenáculo, puede ayudar a la Iglesia
doméstica y a la Familia de Dios a la plena realización de su vocación en
nuestro continente. Porque en América Latina "esta es la hora de María,
tiempo de un nuevo Pentecostés que Ella preside con su oración" (Puebla
303).
Stefano de Fiores en, Maria
en la Teología contemporánea, Ed. Sígueme, 1991, pp. 399-401, afirma que el
pueblo latino americano no puede llegar a aceptar una Iglesia que no sea
familia, porque reconoce en la Iglesia la familia que tiene por madre a la
Madre de Dios (285). El pueblo sabe que encuentra a María en la Iglesia
católica. La piedad mariana ha sido, a menudo, el vínculo resistente que ha
mantenido fieles a la Iglesia sectores que carecían de atención pastoral
adecuada (Puebla 284). La presencia de María en la Iglesia no está bajo el
signo del anonimato; suscita en los fieles una experiencia personal, que se
traduce en diálogo y oración a partir de la vida (291). En vez de detenerse en
una relación afectiva, la maternidad de María está comprometida en la formación
de los hijos de Dios, que lleven a su madurez la gracia del bautismo y vivan
como verdaderos hermanos (295)
J. Mejias, Il ruolo materno
di María nella teologia e nella missione della Chiesa latino-americana, en
Varios, Il ruolo di María nell'oggi della chiesa e del mondo. Simposio
mariologico, Roma ottobre 1978, Roma-Bologna 1979, 145; allí el autor remite a
su artículo La familia de Dios: Criterio 48 (1976) 743-750.
Conclusión:
La mariología de Puebla sigue
siendo un éxito y un reto para la próxima teología: el misterio de María es
parte del kerigma ubicado entre el misterio de Cristo y de la Iglesia como en
Lumen Gentium: fundamentación bíblica, fundamentación patrística (segunda
fuente) y fundamentación magisterial con un efecto tipo cascada: Río de Janeiro
Medellín, Puebla Santo Domingo, Ecclesia in América.
María mujer, madre, creyente es
presentada como modelo equidistante que teológicamente acoge la línea
liberacionista, con una fuerte acentuación soteriológica y escatológica, dentro
de una teología de comunión y participación del misterio trinitario en el
contexto de la historia de salvación en la Iglesia de este continente. De esta
manera la mariología de Puebla queda encaminada hacia la línea eclesiologica,
de donde emerge su configuración inculturada, antropológica, evangelizadora y
pastoralista, donde María queda, de manera significativa, como madre y modelo
de la Iglesia Pueblo-Familia de Dios. Un futuro lleno de cambios, crecimientos
y maduración cristiana en el mundo actual de Latino América junto a Ella para
que "María, Madre, despierte el corazón filial que duerme en cada hombre.
En esta forma, nos lleva a desarrollar la vida del bautismo por el cual fuimos
hechos hijos. Simultáneamente, ese carisma maternal hace crecer en nosotros la
fraternidad. Así María hace que la Iglesia se sienta familia." (Puebla n.
295). "Nuestra Señora de Coromoto madre de la Iglesia familia Venezolana,
ruega por nosotros. ¡Amén!"
[1] Cardenal Ratzinger, citando
Hugo Rahner, en el Osservatore Romano,
n.34, 25 de agosto del 2000.
[2] Jon Sobrino ”Jesucristo Liberador”, Lectura
histórico-teológica de Jesús de Nazaret, Editorial, Vozes Ltda., 1991,
Petrópolis, RJ, Brasil, 33-39, cap. 3 y
cfr. 16.
[3] ST, Sobre la conveniencia de
la Encarnación, Cuestión 1, artículos 1-6.
[4] Juan Pablo II, Homilía
Zopopán 4, AAS LXXI, 230.
[5] Juan Pablo II, la misma
reflexión doctrinal.
[6] Brendan Leahy, El
principio mariano en la eclesiología de H.U. V. Baltasar, Ciudad Nueva
2002, 130-182.
[7] A. Amato,en “Mariología en
contexto”, del Marianum XLII, 1980,
421-469, y en especifico 446-448.
[8] S. De Fiores en Maria en la teologia contemporánea,
Verdad y vida, Sígueme 1991, 386-403.
[9] S.De Fiores , 349-362.
[10] S. De Fiores, p.440.
[11] Carlos Ignacio González
s.j., “ Maria evangelizada y
evangelizadora”, CELAM, Bogotá, 1981, 411-420.
[12] Antonio Larocca, SMC, Magisterio y Sentido de la fe, estudio de la relación entre textos mariológicos del Magisterio y la devoción mariana en: Latino América, Venezuela y la Arquidiócesis de Barquisimeto, Tesis de Licenciatura, Marian Library, Dayton, 2001, págs. 59-108
[13] Juan Pablo II, Homilía
Zopopán 2, ASS LXXI.
[14] Pablo VI, AAS, 1964, 1007.
[15] Juan Pablo II, Homilía
Zapopán 4. ASS LXXI p.230.
[16] Juan Pablo II, Zapopán 11.
[17] Juan Pablo II, Homilía
Zapopán 2.ASS LXXI p.228.
[18] Juan Pablo II, Homilía
Zapopán 4. AAS LXXI p. 230.
[19] Juan Pablo II, Discurso Inaugural
pronunciado en el Seminario Palofoxiano de Puebla, México, 28/1/79.
[20] Juan Pablo II, n. 3 de la
Homilía en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
[21] H.U . Balthasar, Milano
1980, en la alocución a los Cardenales y Prelados de la Curia Romana, 22/12/1987,
L´Osservatore Romano 23/12/1987.
[22] Cfr. 93 de RM n. 37, para la
doctrina de la fe, Instrucción sobre
libertad Cristiana y Liberación,
22/3/86, n. 97.
[23] Víctor
Colina en “La
Evangelización desde Latinoamérica”,
Edit. Verbo Divino, 1990,
113-116, propone los siguientes
elementos para la renovación de la devoción
mariana:
·
Nuevos carismas laicales (y consagrados).
·
Nueva figura de Obispos y Sacerdotes.
·
Renovación de la vida religiosa.
·
Nuevo ecumenismo.
·
Integración de la religiosidad popular en la Iglesia.
·
El martirio.
[24] Iglesia
Doméstica (Germán Doig K., Diccionario Río, Medellín, Puebla, VE Lima
1990,p. 288).
Familia de Dios: La Iglesia P.
238 ss; La filiación divina en la Iglesia P 240; La fraternidad cristiana P
241-242; Vivificada por el Espíritu Santo P 243; Tiene en María su Madre P
285.(CELAM, Río de Janeiro, Medellín, Puebla, Santo Domingo, Bogotá, 1994).
[25] Puebla, Grandes Temas,
1ª parte, 38/ Consejo Episcopal Latino Americano-CELAM, Un Pueblo-Familia, pp.
132-134.