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| La Libertad |
Erich From - Notas de Jaime Barylko |
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En el curso de la historia moderna -escribe Fromm la autoridad de la Iglesia se vio reemplazada por la del Estado, la de éste por el imperativo de la conciencia, y, en nuestra época, la última ha sido sustituida por la autoridad anónima del sentido común y la opinión pública, en su carácter de instrumentos del conformismo. Como nos hemos liberado de las viejas formas manifiestas de autoridad, no nos damos cuenta de que ahora somos prisioneros de este nuevo tipo de poder. Nos hemos transformado en autómatas que viven bajo la ilusión de ser individuos dotados de libre albedrío. Tal ilusión ayuda a las personas a permanecer inconscientes de su inseguridad, pero ésta es toda la ayuda que ella puede darnos.
Somos autómatas de los mandatos sociales, comerciales, televisivos. Pero al mismo tiempo declaramos cuán libres somos. De esa manera mientras la realidad es de sumisión, el discurso suena a liberación, y uno elude la angustia de la inseguridad. Aprendimos a hablar mágicamente. Gritamos "libertad" mientras vamos a donde todos nos mandan, y creemos mágicamente que, en efecto, esa libertad es nuestra. La vida y el comentario de la vida van discrepando más y más. Y el agujero interno crece en consecuencia.
En su esencia el yo del individuo ha resultado debilitado, de manera que se siente impotente y extremadamente inseguro. Vive en un mundo con el que ha perdido toda conexión genuina y en el cual todas las personas y todas las cosas se han transformado en instrumentos, y en donde él mismo no es más que una parte de la máquina que ha construido con sus propias manos. Piensa, siente y quiere la que él cree que los demás suponen que él debe pensar, sentir y querer, y en este proceso pierde su propio yo, que debería constituir el fundamento de toda seguridad genuina del individuo libre.
Para releer y meditar. No es tan fácil, según se ve, ser libres. O te ordenan unos, o te liberas de ellos y el espacio que queda libre es llenado por el autoritarismo de otro. Porque hay un valor que, detrás de bambalinas, es el que más rige nuestras vidas: el de la seguridad. Ser libre es estar inseguro, salirse de rutinas, pensar todos los días. Y eso, hay que confesarlo, es un trabajo fatigoso.
¿LIBERTAD = PÉRDIDA DE IDENTIDAD = INSEGURIDAD? Seguimos leyendo a Fromm y vemos que la que nos caracteriza es la pérdida de identidad. Nos liberamos de todas las autoridades, pertenencias, adherencias y sometimientos, es decir dependencias, y nos quedamos libres. Es decir vacíos, sin identidad.
Entonces, esta pérdida de la identidad hace aún más imperiosa la necesidad de conformismo; significa que uno puede estar seguro de sí mismo sólo en cuanto logra satisfacer las expectativas de los demás. Si no la conseguimos, no sólo nos vemos frente al peligro de la desaparición pública y de un aislamiento creciente, sino que también nos arriesgamos a perder la identidad de nuestra personalidad, lo que significa comprometer nuestra salud psíquica. Al adaptarnos a las expectativas de los demás, al tratar de no ser diferentes, logramos acallar aquellas dudas acerca de nuestra identidad y ganamos así cierto grado de seguridad El hombre moderno está hambriento de vida. Pero puesto que siendo un autómata no puede experimentar la vida como actividad espontánea, acepta como sucedáneo cualquier cosa que pueda causar excitación o estremecimiento: bebidas, deportes o la identificación con la vida ilusoria de los personajes ficticios de la pantalla. ¿Cuál es, entonces, el significado de la libertad para el hombre moderno?
LA LIBERTAD NEGATIVA, ÉSA ES LA FÁCIL La salida de prisión o la anulación de autoridades que dominan tu vida y la manejan, eso es la libertad negativa. Se niega algo. "¡No lo quiero más!", es el grito de la Revolución Francesa contra el Rey. N o más rey, libertad. Muerto el Rey, suprimidas las vallas y los obstáculos que surgen en la vida de cada uno, ha de llegarse al planteo más difícil: ahora hay que afirmar qué es lo que sí quiero, a qué quiero apostar esta libertad que tengo entre manos. Ésta es la libertad positiva. Afirma algo, está dispuesta a jugarse por algo. Reclama tu propia participación como persona, sin responsabilidades ni culpas ajenas. Ya no dices que tus padres te empujaron hacia ciertas acciones, ni la sociedad en que vives, ni la educación que recibiste. Ahora eres tú el libro, tú el hacedor y tú el responsable por tu acción. Aquí comienza también el campo de la ética. Responde. Actúa. Tienes que hacer algo. No qué sientes, ni qué experimentas, ni qué sueñas, ni qué piensas. No. Libertad es eso que haces con tu libertad, tu acción. En términos de Fromm: Esta libertad el hombre puede alcanzarla realizando su yo, siendo lo que realmente es. ¿En qué consiste la realización del yo? La pregunta es incisiva. Cómo derrumbar muros, sabemos. De hecho cayó el Muro de Berlín y en la película El muro, con el grupo Pink Floyd, aprendemos lecciones de cómo tirar paredes que coartan la libertad. La película que le sigue, la de construcción de tu vida, la de la escuela que ha de reemplazar a la otra escuela, a esa vieja institución de represiones, lecciones, bancos y disciplinas militares, esa aún nadie la ha hecho. Ni creo que alguien piense hacerla. Ésa es la película que falta. La de qué hacer con esa libertad conquistada, liberada.
LA LIBERTAD POSITIVA ... Creemos que la realización del yo se alcanza no solamente por el pensamiento, sino por la personalidad total del hombre, por la expresión activa de sus potencialidades emocionales e intelectuales. Éstas se hallan presentes en todos, pero se actualizan sólo en la medida en que lleguen a expresarse. En otras palabras, la libertad positiva consiste en la actividad espontánea de la personalidad total integrada.
¿Qué es la espontaneidad? ¿Lo que primero se te ocurre? ¿Eso que te "sale"? ¿Eso que la gente practica diciéndole al prójimo la primero que le viene a los labios con el pretexto de que después de todo uno es sincero, y la sinceridad es un valor primordial, aunque le diga al otro que más vale que se suicide porque su vida no vale nada, y termine afirmando "bueno, es la que yo pienso, y quería decírtelo"? Eso, con el perdón de la expresión, es vómito; no es espontaneidad. Para Fromm la espontaneidad es un acto que afirma la individualidad del yo y al mismo tiempo une al individuo con los demás y con la naturaleza. Un acto libre, mío, pero referido a otros, a ti, y por lo tanto regido por la ética. En la actividad espontánea, analiza Fromm, el individuo se liga con otros, con el mundo, con el cosmos, en un acto de integración interna y externa. Ahora su seguridad no le viene de afuera, de las zapatillas que gasta o del automóvil que luce. Le brota de una actividad creadora y el gozo concomitante. No es hacer algo que te dará dividendos. Es salirse del mercado del uso, de la utilidad, del negocio, del tráfico interhumano. Aquí no vales por lo que produces, o por los títulos que ostentas, sino por tu ser en plenitud y en libertad, que al ser así te vuelve creación, novedad, arte y éxtasis.
Dice Fromm: Si el individuo realiza su yo por medio de la actividad espontánea y se relaciona de este modo con el mundo, deja de ser un átomo aislado; él y el mundo se transforman en partes de un todo estructural... Por ahí anda el sentido de la felicidad.
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"La libertad humana exige libertad en nuestros gustos y en la determinación de nuestros propios fines, libertad para trazar el plan de nuestra vida según nuestro propio carácter, para obrar como queramos, sujetos a las consecuencias de nuestros actos, sin que nos lo impidan nuestros semejantes en tanto no les perjudiquemos."
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Erich From - (Notas de Jaime Barylko) |
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