Historia de un erizo

    

Más vale que les cuente este relato del argentino Marco Denevi que para mi gusto tiene particular valor en esta era tan estética, estética del cuerpo y de la apariencia y del qué dirán.

-¡Qué bien se te ve! -es el máximo halago que puede recibir hoy una persona. Por eso yo mismo, cuando puedo, uso jeans ajustados y rotosos. Pero vayamos mejor a la pieza literaria que les anuncié.

"El erizo era feo y lo sabía. Por eso vivía en sitios apartados, en matorrales sombríos, sin hablar con nadie, siempre solitario y taciturno, siempre triste, él que en realidad tenía un carácter alegre y gustaba de la compañía de los demás."

Una vez alguien lo encontró y se dedicó a embellecerlo, y le puso perlas encima, uvas de cristal, piedras preciosas, lentejuelas, y lo decoró todo, con diversos elementos, plumas, botones. ..Todos vinieron a mirarlo, a admirarlo, porque era un espectáculo muy hermoso.

"El erizo -cuenta Denevi­ escuchaba las voces, las exclamaciones, los aplausos y lloraba de felicidad. Pero no se atrevía a moverse por temor de que se le desprendiera aquel ropaje miliunanochesco. Así permaneció durante todo el verano. Cuando llegaron los primeros fríos había muerto de hambre y de sed, pero seguía hermoso."

Querido lector, en tus manos encomiendo este relato. Los cuentos no tienen un significado. Cuentos son. Pero evocan significados, problemas, reflexiones. Conflictos, de esos que nunca se resuelven porque aparecen y reaparecen constantemente. Ésos, precisamente, exigen filosofar.

 

 

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