Había una vez una cueva
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Hay una cueva y en ella habitan multitudes de personas. Ahí nacen y ahí se desarrollan. Están como encadenadas de tal manera que solamente pueden ver los objetos que tienen delante de sus ojos. Detrás de ellos, a distancia, hay un fuego, una fuente de luz, que ilumina la cueva y lanza sobre las paredes sombras, figuras, imágenes. Entre la fuente de luz y los hombres hay cosas, objetos. La luz proyecta delante de todos las sombras de esas cosas, de esos objetos. Como no pueden darse vuelta, no saben que esos objetos o cosas existen. Todo lo que ven son las sombras, y al no saber que hay cosas entienden que las sombras son las únicas cosas existentes, la única realidad. Así viven, así mueren, engañados en esa visión. Tampoco saben que son esclavos, porque desde que nacen están como están. Pero una vez un hombre logró liberarse de las cadenas. Salió por una puerta que encontró a la luz del sol. Esa luz lo encegueció. Quiso volver urgentemente a la cueva, a protegerse de esa luz. Cerró los ojos, y volvió a abrirlos lentamente, y se fue acomodando a mirar con esa luz radiante, la del sol. Ahí fue cuando vio las cosas reales y tomó conciencia de que había vivido hasta entonces entre sombras, irrealidades. Entonces volvió a la caverna y les contó a todos lo que pasaba, que eran esclavos, que estaban encadenados, que veían sombras en lugar de cosas y que vivían engañados. Lo rechazaron, con asco y odio: -¡Vete, mentiroso! -le dijeron unos. >-Estamos cómodos como estamos -le dijeroon otros-. El que miente eres tú. -Eso que dices que son sombras, son la vverdad, y nos gusta tal cual es, y no vengas a molestarnos con tus engaños y tus falsas historias. La mayoría permaneció ahí donde estaba y no quiso moverse. Algunos, pocos, fueron detrás de aquel hombre que había visto el sol, la realidad, pero eran muy pocos. El resto sigue ahí, en la cueva, calentitos, cómodos, confortables. Viven entre sombras, ya lo mejor lo saben. Pero lo que seguramente saben es que prefieren ese confort, no tener que hacer esfuerzos, y que desde atrás alguna fuerza oscura les dicte qué tienen que pensar, qué tienen que decir y qué tienen que ver.
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