Una
reflexión del profesor Mauricio Ramos sobre el papel actual de los
militares en Venezuela y su deber ser como institución dedicada a
conservar el monopolio de la violencia armada. El autor destaca la
escasez de material escrito sobre la institución en el país
suramericano.
EL MILITAR VENEZOLANO ANTE LA ÉTICA: ¿ADMINISTRADOR DE LA VIOLENCIA O GERENTE SOCIAL? *
Mauricio Ramos Alvarez**
Área de Ciencia y Tecnología, Centro de Estudios del Desarrollo, CENDES
Universidad Central de Venezuela, UCV
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Resumen
El
presente artículo tiene por objetivo analizar el papel de la Fuerza
Armada Venezolana en los procesos de adquisición de tecnología de uso
militar, y su relación con la ética. En su primera parte, el trabajo
presenta como antecedentes de esta relación, el papel de la Fuerza
Armada en la formación de una política de equipamiento militar en
Venezuela. Seguidamente, se presenta como marco referencial teórico,
las diferencias entre las connotaciones de la "ética absoluta" y el
"relativismo ético" en la organización militar. Finalmente, el análisis
de estas diferencias en relación al equipamiento de la FAN permite
alertar sobre algunas amenazas a la estabilidad democrática y
determinar algunas premisas para la organización futura de la
institución militar en Venezuela.
Palabras clave: Fuerzas Armadas, Tecnología, Ética, Organización Militar, Relaciones Cívico-Militares, Venezuela.
Abstract
This
article aims to analyze the role of the Venezuelan Military Forces
concerning the acquisition processes of military technology, and their
relationship to ethics. In the first part, this paper presents as the
antecedents of this relationship, the role of the Military Forces in
the policy-making process of military equipment in Venezuela.
Continuously, a theoretical referential frame is presented on the
differences between the connotations of "absolute ethics" and "ethical
relativism" in the military organization. Finally, the analysis of
these differences concerning the equipment of the Venezuelan armed
forces allows to make aware about some threatens to democratic
stability and to determine some premises for the future organization of
the Venezuelan Military Forces.
Key Words: Armed Forces, Technology, Ethics, Military Organization, Civil-Military Relationships, Venezuela.
Paralelamente
a la frecuente discusión en Venezuela ocasionada por la iniciativa
presidencial de sustituir a los civiles en posiciones gerenciales
públicas por oficiales militares tanto activos como retirados, trayendo
nuevamente un viejo debate entre lo que es militarismo y lo que es militarización,
es pertinente dilucidar de algún modo las consecuencias de estas
medidas, y si esta iniciativa tendrá implicaciones indeseables para la
propia institución de las Fuerzas Armadas. Este hecho está también
unido al arribo de los oficiales a posiciones políticas de gobierno
local o regional. Se hace oportuno alertar que muchas veces al tratar
de cambiar abruptamente la cultura organizacional(3)
de una empresa o institución por otra cultura distinta se producen
efectos contraproducentes en detrimento tanto de la propia organización
receptora de los nuevos valores y normas como de la institución
proveedora de éstos. A este respecto, existe todo un cuestionamiento
sobre el protagonismo concedido a la Fuerza Armada Nacional (FAN) en la
Venezuela de los últimos cuarenta años y reflejado en la siguiente cita:
"...
La presencia de los militares en funciones públicas es un grave riesgo,
porque eso tiende a hacer a la FAN responsable de la ejecución de las
políticas. Y así cae sobre la Fuerza Armada la mancha de lo negativo
que haga Chávez. La utilización de la Fuerza Armada es
perversa"(Declaraciones de Gabriel Puerta Aponte en el diario El Nacional, 25-03-2001, p. D/1)
Nos
preguntaríamos, entonces, si es éste el caso de la institución militar
venezolana y para ello estudiaremos justamente, la manera cómo la
tecnología y la ética como variables relevantes, han estado y están
relacionadas con la organización militar.
1. EL PAPEL DE LA FUERZA ARMADA EN LA FORMACIÓN DE UNA POLÍTICA DE EQUIPAMIENTO MILITAR. ANTECEDENTES EN VENEZUELA.
Inicialmente
nos basaremos en un trabajo de Müller Rojas (1986) sobre la formación
de una política no explícita de equipamiento militar en el caso de
Venezuela; sobre la cual se podrían identificar tres etapas: programación, ejecución y evaluación,
que bien pudieran servirnos para estudiar el rol de estos actores en
relación con la tecnología y a la ética. En primer lugar, está la etapa de programación
la cual estaría caracterizada por una inadecuada formulación de
alternativas en lo referente al material a adquirirse. Esta etapa está
influenciada por la concepción ideológica del régimen democrático en el
proceso de adquisición de armamento frente a posibles amenazas
externas, lo cual ha convertido a los Comandos Generales de Fuerzas, en
los entes que toman las decisiones y no a aquellos legalmente
establecidos como participantes en el proceso de adquisiciones como
corresponde a la Junta Superior de las Fuerzas Armadas, la cual
armoniza los componentes institucionales intersectoriales con el
Consejo Nacional de Seguridad y Defensa, órgano que a su vez armoniza
la conducta de los sectores de la administración pública que tienen
relación con la seguridad del Estado. Como evidencia ilustrativa de
esta etapa tenemos el caso de la negociación de los aviones F-16,
adquiridos bajo la hipótesis de conflicto con Cuba. El equipamiento del
Plan Global de Adquisiciones, posterior a la incursión de la corbeta
colombiana Caldas, en 1987, es otra evidencia de esta etapa de
programación que obedece también a contingencias ante posibles
hipótesis de conflicto con países vecinos.
Seguidamente, existe una etapa de ejecución
caracterizada por una falta de armonización inter fuerzas militares (e
intersectoriales en el área de seguridad) que presentan una política de
equipamiento desarticulada y desvinculada de una política nacional de
Seguridad y Defensa integral, desviándose justamente del concepto de la
Seguridad y Defensa, objetivos principales de la institución. No se
incluye en esta etapa la consulta a los organismos conjuntos militares
como la Junta Superior de las Fuerzas Armadas Nacionales y el Estado
Mayor Conjunto ni a organismos intersectoriales como el Consejo de
Seguridad y Defensa y el actual Ministerio de Planificación y
Desarrollo (CORDIPLAN) quienes pierden la capacidad de control
convirtiéndose en inoperantes. Finalmente, la etapa de evaluación
está caracterizada por una falta de sistematización en las demandas de
las Fuerzas Armadas evaluándose los efectos de cada proyecto dentro de
un programa dado y para cada fuerza en particular, no habiendo sinergia
ni continuidad en dichos programas, muchos de los cuales se paralizan
totalmente.
Müller
Rojas (1986), también revela que en lo referente a la participación de
las Fuerzas Armadas en los procesos de equipamiento militar, éstas no
han actuado de una manera coherente sino a través de sus componentes
funcionales en las etapas del proceso anteriormente descritas, donde se
incentiva la competencia interfuerzas por los recursos financieros con
la consecuente división de la cúpula militar en función de los
intereses generados en cada uno de los subsectores correspondientes(4).
El autor argumenta que el hecho de que el Ministro de la Defensa (quién
por las Leyes Orgánicas de las Fuerzas Armadas y de la Administración
Central, tiene facultades para decidir en materia de adquisiciones)
dependa de la Presidencia de la República, subordina su participación
en estos procesos, lo cual incentiva el conflicto polarizado inter e
intrafuerzas. Esto se ha incrementado con un "pacto tácito" de
rotatividad en la alternabilidad del Ministerio de la Defensa,
correspondiendo el cargo a un representante de fuerzas diferentes de
una manera alterna. Este hecho justificaría parcialmente la designación
actual de un civil como Ministro de la Defensa, como es el caso actual
de la designación de José Vicente Rangel como Ministro de la Defensa.
Este análisis del trabajo de Müller Rojas, es particularmente importante en el estudio del impacto socio-político de estos procesos de adquisición de armamento ya que trae a colación las dos interpretaciones atribuidas a la política nacional(5) (Escola Superior de Guerra del Brasil, 1988):
- política nacional
entendida como la relación de fuerzas internas y grupos de presión
ocupando puestos del gobierno o Estado, sus maniobras, también las
maniobras de los políticos en la conquista del poder y las alianzas
entre estos grupos para mantenerse en el poder.
- política nacional entendida como el arte, capaz de identificar los llamados Objetivos Nacionales Permanentes,
(a largo plazo y relacionados con el Desarrollo Nacional) mediante una
interpretación de los intereses, deseos y aspiraciones nacionales, y
capaz de orientar y conducir el proceso global que lleve a la conquista
y mantenimiento de aquellos objetivos.
De
la manera como se decida interpretar esta política nacional dependerá
el rol de las organizaciones militares. En su manual básico, la Escuela
Superior de Guerra del Brasil denomina la primera interpretación como política nacional interna y la segunda como política nacional global. La política nacional interna
está caracterizada por un distanciamiento entre la política y la ética
en la sociedad actual (a pesar de los consejos contrarios de los
teóricos), en donde el ciudadano militar, que antes de este estado de
disgregación y alta entropía de la sociedad actual, recibía acusaciones
de tutor de la voluntad de la nación y que ahora, paradójicamente,
recibe las acusaciones de haber permitido lo que se está viviendo en
nuestros días: la complicidad, la corrupción y la caldeirinha de la opinión pública (Porto da Luz, 1989).
Por otro lado, la política nacional global
permite registrar que hay sectores donde las Fuerzas Armadas pueden
contribuir para el porvenir de la sociedad actual, notoriamente en el
diseño de modelos y formulación de las concepciones estratégicas
globales para el logro de Objetivos Nacionales Permanentes (a largo plazo y relacionados con el desarrollo de la nación) u Objetivos Nacionales Actuales (fijados a corto plazo, período de gobierno).
2. LA ÉTICA ABSOLUTA Y EL RELATIVISMO ÉTICO EN LA ORGANIZACIÓN MILITAR
Estas formulaciones de políticas y sus estrategias resultantes que pueden operar en el área del deber ser,
abarcan campos del desarrollo y de la seguridad, los cuales constituyen
reconocidamente los campos de aplicación de las expresiones del Poder
Nacional, expresiones: política, económica, psicosocial, militar y
también, científico-tecnológica(6)
Puede
deducirse, entonces, que la interpretación de la política nacional que
ha prevalecido en Venezuela corresponde a la política nacional interna
caracterizada por su distanciamiento con la ética y en la cual está
envuelta la institución de las fuerzas armadas(7). Relacionado
con esta afirmación y ante la ausencia de textos venezolanos
relacionados "con el tema propiamente dicho de la ética militar"(8),
se han revisado algunos trabajos de autores brasileños que pueden
aportar un marco referencial teórico al presente artículo. Es así como
en el trabajo de Mercadante (1978, en Taddei, 1992) denominado Militares e Civis: a Ética e o Compromisso se distinguen dos conceptualizaciones relacionadas con la ética, siendo éstas: a) una ética absoluta y b) un relativismo ético.
En referencia a la ética absoluta,
ésta no cuestiona cuáles son las consecuencias de una acción en la cual
los medios son justificados por los fines, paralelamente a su
reconocimiento de la excepción que representan los militares en relación a las presiones por adaptarse a un debilitamiento moral y a la existencia en los militares, de un desarrollado sentido de responsabilidad personal. Mercadante sustenta también que el sentido de alejamiento de los temas sociales conduce a elevar el concepto de oficial.
Asimismo, problemas entendidos como de cuestión política representarían
un verdadero tabú para el espíritu del verdadero soldado. Como
consecuencia de este alejamiento de los estudios y análisis en materia
política, el militar se aferraría, en el campo del conocimiento, a la ciencia y la tecnología,
en la medida en que éstas permitiesen con un sentido de exactitud, una
mejor correspondencia con una inflexibilidad típica de la ética
absoluta, podríamos decir, en la medida en que la ciencia y la
tecnología a manera de ejemplo, no genere en los militares dilemas
éticos en cuanto a su aplicación y uso.
A ese carácter acrítico y pasivo del militar en relación con la política, en cuanto a ser portador de una ética absoluta,
sin tergiversaciones y que había llegado (en el caso de Brasil),
encapsulado en la Contra-Reforma a través de los jesuítas, Mercadante
(en Taddei, 1992: 111) antepone una ética relativa, que se
habría incrustado en el pensamiento brasileño trazada por la filosofía
del Romanticismo, particularmente literario, el cual privilegió una
emoción, un sentimiento y una naturaleza sobre la razón clasista (9).
Según
Taddei (1992), la lectura de Mercadante en 1978 precedió a
transformaciones en la geopolítica internacional como la desintegración
de la Unión Soviética y definición de temas de interés planetario (la
ecología, el combate al narcotráfico, el terrorismo organizado). El
desconocimiento de Mercadante de estos hechos, tendencias o juegos de
poder, llevaría su trabajo a una visión distante a pesar de que algunas
de sus conclusiones fueron revividas catorce años después por una tesis
de doctorado titulada A Formaçao do Oficial Brasileiro e a Transiçao Democrática, la cual según su autor (Ludwig, 1992) presenta un análisis de la dimensión política e ideológica de la enseñanza militar realizada a través de un análisis de la currícula y prácticas pedagógicas en las tres academias militares brasileras, las
cuales podrían servir de comparación, en el contexto de Venezuela, como
una referencia a la formación ética de los militares.
Una de las conclusiones más relevantes de esta tesis es la afirmación de que las escuelas de enseñanza militar preparan a un profesional inclinado para la violencia, encaminado a defender los intereses de las clases dominantes y no a la democracia. La enseñanza militar, según establece el estudio, se caracteriza por un autoritarismo mucho mas intenso que el verificado en las escuelas civiles, del
cual serían ejemplos las amenazas y uso frecuente de castigos, la
vigilancia, las decisiones tomadas del tope hacia abajo y los métodos
coercitivos de reclutamiento, que producen una severidad en la
obediencia y la disciplina de los cuarteles.
Agrega Ludwig (1992:14), que una visión del mundo de
una sociedad ordenada, estable y sin conflictos desarrollaría en el
oficial una expectativa de la sociedad moldeada según un mismo
paradigma de orden y estabilidad, atributos que chocan con el espíritu
naturalmente inestable y conflictivo de la democracia, a la que
los militares piensan aplicar la violencia como solución. Dentro de las
soluciones ofrecidas a la enseñanza militar, Ludwig (1992:14) prescribe
una democratización de las prácticas pedagógicas, disminuyendo o
eliminando la vigilancia, las amenazas y los castigos, estimulando a
los cadetes a participar en la elaboración de su propia enseñanza.
Según este autor, es preciso sustituir las aulas expositivas por
técnicas pedagógicas más dinámicas, como el trabajo en grupo, para
desarrollar la habilidad tanto para solucionar problemas, como para
estimular la iniciativa y solidificar la cohesión del equipo.
Respecto
a las prescripciones de Ludwig, Taddei (1992:113) nos recuerda que la
técnica de trabajo de grupos es la base del trabajo del Estado Mayor de
donde nació, puesto que estas técnicas tienen un origen militar y en
consecuencia, están impregnadas en cierta forma, de las escuelas
militares. De cualquier manera, según Taddei, las escuelas bien
asesoradas, podrían ver enriquecidas sus contenidos y curricula,
perfeccionados sus procesos de evaluación formativa y sumativa así como
el control de calidad de su producto, y afirma lo siguiente:
con
la visión crítica del Profesor Ludwig, podríamos modernizar nuestra
enseñanza asistida por el computador, simulaciones computarizadas,
sistemas de tele-enseñanza, o tratamiento audiovisual de objetivos
actitudinales, y finalmente, nuestros métodos de solución de problemas,
como el estudio de casos, o delphi, o análisis de prospectiva,
construcción de escenarios, lado a lado con oficinas, seminarios y
paneles. Su contribución para la técnica de elaboración y revisión de
análisis profisiográficos, instrumentando el trabajo curricular, sería
muy bienvenida a nuestras secciones técnicas y psicotécnicas en sus
previsiones y acompañamiento de la enseñanza-aprendizaje,
particularmente en lo que se refiere a los fines de realización
personal del aprendiz (Taddei,1992:113).
Sobre
un tema tan sensible como el relacionado con el militar y la violencia,
Taddei (1992) argumenta que la violencia no es ni buena ni mala,
dependiendo de la ética de su aplicación exponiendo algunos casos
ilustrativos donde impera la violencia contemplada en el Código Penal,
incluyéndose el uso de la misma en el estricto cumplimiento del deber, justificándose algunas situaciones en las cuales el individuo no puede ser asaltado por las naturales incertidumbres de un relativismo ético. De manera similar, para Savater (1998:85) en su libro Las Razones del Antimilitarismo y otras Razones, la
denominación "no violencia" le parece particularmente desacertada,
aunque ocasionalmente resulte estimable por quienes practican la
resistencia a la violencia; según Savater: "decir ‘no violencia’ es
como decir ‘no sexo’ o ‘no sociedad’, o sea, que parece proponer la
supresión de uno de los ingredientes imprescindibles de la condición
humana".
Según
Taddei, tenemos que reconocer que una abominación del empleo de la
fuerza, de la cual participan igualmente civiles y militares, no significa que toda violencia deba ser recriminada; por el contrario, somos obligados a convivir con ella...;
pero al mismo tiempo, este autor revela que convivir con la fuerza no
basta para el cumplimiento del deber militar. Es preciso saber prever,
planificar y administrar, como también aplicar, monitorear y evaluar el
empleo de la violencia desde el punto de vista estratégico,
técnico-táctico, siempre a la luz de principios legales y legítimamente
establecidos, lo cual equivale a decir, en el ámbito de una ética de principios.
A la luz de estas preocupaciones, uno de los problemas educacionales de
las escuelas militares envuelve la capacitación y el entrenamiento para
aplicar con oportunidad y eficacia, una violencia que será siempre
instrumento y nunca un fin en si misma. La pregunta a contestar será
entonces: ¿qué currículo y experiencia de aprendizaje servirían a
este objetivo específico, cualquiera que sea el nivel de tecnología y
autonomía de los equipos, aeronaves y submarinos (nucleares o
convencionales), que la Nación concede a los militares para su defensa?.
En
respuesta a la pregunta, Taddei (1992: 115) afirma que se hace
necesario el trabajo sobre objetivos actitudinales más que sobre
objetivos psicomotores o cognitivos, requeridos para operar misiles,
blindados y minas antipersonales o antitanques, ya que está en juego la
vida del combatiente, así como las vidas de los que le están
subordinados. En cualquier condición o escenario de conflicto habrá
siempre las exigencias de un ejercicio de liderazgo que trasciende al
solo empleo del hardware. Superar el miedo, infundir confianza
e integrar equipos de subordinados, principalmente comandar en busca de
un resultado concreto, exigen experiencias de aprendizaje diferentes a
otras áreas, lo cual implica una valorización de estos campos de
conocimiento y actividad. Para los profesionales que tienen que
administrar más que recurrir a la violencia, son apropiados
determinados tipos de comportamiento, resultados de ejercicios
diferentes a las exposiciones en el aula, aquellos realizados a través
de desafíos, provocaciones y exhortaciones al espíritu de equipo (al
contrario de invitaciones o solicitudes protocolares), para llevar a un
ser humano a recorrer una pista de guerra en la selva o la montaña,
operar desde un submarino o adelantarse con su pelotón bajo fuego real,
bajo condiciones severas de clima y de desgaste físico y emocional.
Aplicar una violencia legal y legítima exige una adhesión integral a un
cuerpo de principios éticos, y a los valores que le son inminentes.
Según Taddei, no será relativizando patrones de moralidad que las
fuerzas armadas van a cumplir los fines y las funciones que les
atribuye la Constitución.
Sobre
las otras conclusiones de la tesis de Ludwig (en Taddei,1992:116)
existen algunas críticas. Afirmar que existe coerción en el
reclutamiento de las academias constituye un equívoco, ya que las
academias sólo aceptan voluntarios sin distinción de orígenes, credos o
segmentos de la sociedad, los cuales se someten a diferentes pruebas de
aptitudes intelectuales, físicas y psicológicas, lo cual convierte a
las fuerzas armadas en un gran canal de movilidad social postulado por
todas las democracias. En cuanto a la participación de los cadetes en
la elaboración de su propia enseñanza, entendiéndose en este caso la
formación de comités de alumnos para aprobar las decisiones de
especialistas, es contraproducente, se trata de una medida simpática y
un ejemplo acabado de populismo que para algunos carga consigo mayor
violencia y tiranía que las dictaduras. Según Taddei, sería comparable
con una votación de los pasajeros para escoger al piloto del avión.
Esto no descartaría, en forma provechosa, que los ex alumnos y
comandantes, ya formados, acompañados y evaluados en sus desempeños
técnicos y socio-afectivos, provean información valiosa para
realimentar el proceso permanente de actualización del currículum.
Resumiendo
lo planteado anteriormente en relación al distanciamiento entre la
política y la ética, en el cual están envueltos los militares, de
acuerdo con Taddei (1992) no es fácil conciliar operativamente una
ética de fines y una ética de resultados, la historia está llena de
casos de cómo muchas tentativas fracasaron, entre éstos: el caso de la
convivencia del colonialismo con la democracia, del cristianismo con la
existencia del Santo Oficio, de la democracia con la esclavitud para
cuya lógica fueron engendrados todos los tipos de ideas y tesis, todos
los determinismos y evolucionismos. Para este autor, esa
compatibilización entre ética absoluta y relativización ética, sin
resbalar en una carnavalización de la dinámica de la vida social y
política, es un gran desafío. El autor se apoya en que una ética de los principios también tiene su historia de perversión y se pregunta: ¿la
sociedad igualitaria de la utopía comunista no degeneró revelando una
historia de tiranía y aristocracia? ¿No serán ejemplos de degeneración
del relativismo ético un Congreso que legisla en su propio interés?
En lo que respecta a los militares, no existe manera de cómo
imaginarlos viéndose a sí mismos como evangelistas de una moralidad
privada. Según Taddei, jamás pretendieron ser propietarios exclusivos
del bien en el cual creen.
3. EL CASO DE LOS PROCESOS DE ADQUISICIÓN DE TECNOLOGÍA MILITAR Y SUS IMPLICACIONES ÉTICAS EN VENEZUELA
Una
ilustración de lo expuesto anteriormente sobre la "relativización de la
ética" y la "ética absoluta" en el contexto de Venezuela, podría ser el
caso de la deshonestidad en las operaciones comerciales vinculadas al
abastecimiento de las Fuerzas Armadas(10),
la cual ha sido una materia que desde la época colonial ha estado en la
atención de la sociedad civil y de los propios miembros de la
organización castrense; pero ella solo se había manejado en el plano de
los rumores y la murmuración, y eventualmente en algunos informes
oficiales poco divulgados; así, en muy pocas ocasiones ella se colocó
como un tópico de discusión pública abierta. Para Müller Rojas (1992)
muchos de los actos militares de indisciplina e, incluso muchas de las
intervenciones violentas de las Fuerzas Armadas en la política, tienen
evidentemente como una de sus motivaciones fundamentales la reacción
frente a la corrupción de los mandos castrenses y políticos
responsables por la realización de tales operaciones . Esto lógicamente
nos trae a la mente la discusión anterior sobre la aplicación de la
ética absoluta y sin tergiversaciones mencionada por Taddei (1992) .
No es extraño leer entonces, en el documento del Movimiento Bolivariano Revolucionario MBR-200 titulado Hay que volver a Carabobo como primera justificación desde el punto de vista militar de las jornadas del 4-F de 1992, lo siguiente:
La
corrupción administrativa, desde la compra de armas y municiones con
sobreprecios y en mal estado, la repotenciación de los Tanques AMX-30,
el Caso Turpial, el proyecto Beta donde sus artífices son Generales,
Almirantes y Coroneles; y hasta el vulgar robo de los sobrantes y
alimentación y del Pago de Reintegros al personal de tropas por parte
de algunos Comandantes de Unidades, donde el subalterno que denuncia es
mal evaluado y está expuesto a perder su carrera porque la Fuerza no
tiene un organismo que lo ampare al hacer estas denuncias (el acusador
se convierte en acusado) (Zago, 1992: 149).
Este
párrafo expresa la importancia dada por parte de los protagonistas del
4-F, al distanciamiento entre política interna y la ética y refleja las
denuncias previas del Comandante Francisco Arias Cárdenas (líder de la
insurrección y especialista en armamento) acerca de la adquisición por
las Fuerzas Armadas Nacionales de 5 mil cohetes Colmenas en mal estado
a un costo de 2.500 millones de bolívares y de la suscripción irregular
de un contrato con la empresa Industrias Militares de Israel, a través
de la cual se adquirieron cohetes field guard, plataformas de tiro y porta plataformas AMX-15 en condiciones desventajosas para el Estado venezolano. (El Globo, 2-2-93, Jiménez,1996).
También podemos apreciar esta motivación para el golpe, en el mensaje del video que no llegó a transmitirse durante los acontecimientos del 27-N en donde el Contraalmirante Hernán Grüber Odremán (11), líder de este nuevo intento de golpe, revela :
¡Compañeros
del Ejército, Armada, Aviación y Guardia Nacional! oficiales,
sub-oficiales profesionales de carrera, sargentos, clases, guardias
nacionales, soldados, marineros, infantes de marina, policías militares
navales y aéreos, ustedes son testigos y actores del estado de
deterioro a que han llegado nuestras Fuerzas Armadas por culpa de la
corrupción imperante. Las columnas vertebrales del poder militar están
deterioradas; los tanques AMX-30 perdidos por falta de criterio e
imprevisión; las fragatas misilísticas operando a duras penas: los
tanques anfibios de la infantería de Marina, perdiéndose criminalmente
bajo el sol de Paraguaná; y la Fuerza Aérea con una alta
indisponibilidad de aeronaves. Y a ti te digo: Compañero, un estado de
degeneración total que nos impide vislumbrar un futuro cierto en
nuestra institución (en Ojeda, 1993).
En lo citado
anteriormente, se puede observar que existe una invocación aparente de
los militares venezolanos insurrectos a las llamadas virtudes militares
y a la racionalidad técnica, en los procesos de negociación y
adquisición de equipamiento militar, basados en lo que Cunha Couto
(1990) llama la competencia técnica y concepción sistémica del militar. Este autor afirma que la diferencia entre el militar actual y su antecesor está básicamente en la creciente tecnologización de
las disciplinas bélicas, principalmente por convertirse en un
especialista en la operación de equipos de tecnología avanzada y
coordinador de sistemas complejos(12). Este argumento de Cunha Couto está de acuerdo con Von Baudissin (1982) como una de las bases conceptuales de las Normas Internas la
cual une al sistema de valores y patrones contenidos en la constitución
alemana a situaciones reales de liderazgo, instrucción y adiestramiento
vigorizantes en las Fuerzas Armadas y como afirma Eden Brotto:
tales
individuos integran un grupo socio-profesional amplio y bastante
diferenciado, en virtud de la sofisticación tecnológica exigida por
modernas y efectivas Fuerzas Armadas. El militar como profesional
especializado, deberá mantener una gran pluralidad de relaciones
complejas con una sociedad civil envolvente, notoriamente con los
civiles de especialización idéntica o similar a la suya. (Eden Brotto, 1987: 245).
Esta
integración entre civiles y militares con igual especialización técnica
de la que habla Brotto es muy interesante, puesto que a este punto
cobra importancia la interpretación de la política nacional global
establecida por la Escola Superior de Guerra de Brasil, ESG (1988) como
el arte de organizar y gobernar un estado y dirigir sus acciones,
internas y externas, en busca del bien común del conjunto de
ciudadanos, civiles o militares, pobres y ricos, sin discriminaciones.
A la manera de entender de Lemos de Azeredo (1991) sobre los objetivos
nacionales a alcanzar con esta política nacional global, han de hacerse
propuestas de políticas y estrategias con un listado de medidas las
cuales deben satisfacer tres factores: educación, innovaciones tecnológicas y gerencia,
las cuales convergen para el desarrollo del país. Asimismo, en cuanto a
nuestro punto de interés en este estudio, la relación entre la ética y
las adquisiciones tecnológicas de uso militar, existe un
pronunciamiento de la Escuela Superior de Guerra del Brasil sobre la
necesidad primordial de integrar el desarrollo tecnológico con la
estrategia militar y los conceptos operacionales como se describe a
continuación:
...
el desarrollo y uso intensivo de la ciencia y la tecnología contribuyen
a alterar el balance de poder... . Como se sabe la expresión militar, a
través de uno de sus dos factores (capacidad científica y tecnológica)
en contacto íntimo con los sectores civiles integrados a programas
nacionales que persigan la creación de una capacidad tecnológica
endógena refuerzan la capacidad defensiva del país. La institución
militar junto con las instituciones políticas y económicas constituyen
el triángulo de poder, según Wright Mills (Manual Básico de la ESG, 1988: 281).
En Venezuela, este
pronunciamiento acerca del rol de las unidades de investigación y
desarrollo científico y tecnológico de las organizaciones militares, no
ha sido internalizado del todo (13).
En referencia a las estrategias de investigación, cabe resaltar también
que el tema de Ciencia y Tecnología relacionado con la Seguridad y
Defensa es el tópico menos investigado en el Instituto de Altos
Estudios de la Defensa Nacional, IAEDEN (Segnini,1994). Por otra parte,
aunque se trata de tópicos relevantes a los fines de Seguridad y
Defensa, la gerencia de tecnología y transferencia de tecnología son
temas marginales (en términos globales), en las investigaciones de los
siguientes centros educativos militares: la Escuela Superior de Guerra
Naval (ESGN), Escuela Superior de Guerra Aérea (ESGA), Escuela Superior
del Ejército (ESE) y en el Centro de Investigación y Postgrado de la
Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas (UNEFA). Aparte
de algunos esfuerzos aislados en su mayor proporción, de la Armada
Venezolana y la Fuerza Aérea, las cuales han desarrollado proyectos de
investigación y desarrollo conjuntos con algunas universidades e
institutos de investigación del país, no existe una vinculación sistemática entre estos actores.
Quizás la causa sea el relativo bajo perfil en el nivel de capacitación
de las Fuerzas Armadas para negociar, comercializar, gerenciar y
participar en programas de investigación y desarrollo científico-
tecnológico (14). Demás está decir que tampoco existen políticas de mantenimiento efectivas (15) pese a la declaración, en la toma de posesión del cargo como Ministro de la Defensa, del Vicealmirante Radamés Muñoz León:
Para
las Fuerzas Armadas será motivo prioritario, igualmente, el desarrollo
de la industria nacional, en función de los contratos militares, por
ello es vital la transferencia de tecnología y la formación de personal
calificado en pro de asegurar futuros mantenimientos con el parque
industrial del país ahorrándole a la nación cuantiosas sumas de divisas
que impacten negativamente la balanza de pagos. ( Revista Zeta # 951, 01-07-93: 24).
La
intención explícita en la cita anterior, nos trae a la mente la
necesidad de planificar. De acuerdo con Luz (1984), la planificación de
la investigación y el desarrollo experimental, destinada a las
operaciones militares, conducen a la caracterización de un subconjunto
de la ciencia y tecnología que se podría denominar "ciencia y tecnología militar"
o de otra forma podría decirse que, en la realidad no existe ciencia y
tecnología militar. Lo que existe son conocimientos provenientes de la
investigación, destinados a fenómenos relativos a materiales y hombres,
que si se toman en cuenta en las operaciones militares, pueden mejorar
la respectiva relación costo-eficiencia en la solución de problemas
militares.
Esta
aclaratoria sobre lo que es y no es ciencia y tecnología militar,
permite hacer referencia a esta tecnología como conocimiento o software a la par que a equipamiento militar o hardware, y
es quizás el interés expresado cuando se habla de la transferencia
concebida como el flujo de conocimiento desde las unidades de
investigación y desarrollo del país a la industria nacional,
disminuyendo la importación de este conocimiento (tecnología) desde los
países desarrollados. Al mismo tiempo, Luz (1984) habla del
mejoramiento en la relación costo-eficiencia como objetivo de esta transferencia,
tenida como relevante en cualquier política de adquisición,
mantenimiento y evaluación de los sistemas de armas. Estos
planteamientos son más relevantes en los actuales momentos, cuando
Venezuela incrementa su equipamiento tecnológico-militar(16).
4. LA "ÉTICA ABSOLUTA" COMO MOTIVACIÓN PARA UNA INTERVENCIÓN VIOLENTA DEL SISTEMA POLÍTICO
De todo lo anteriormente expuesto, pueden deducirse dos premisas importantes:
- El
desarrollo social y tecnológico vigorizante en las sociedades modernas,
según Von Baudissen (1982), puede ayudar a superar las
incompatibilidades de principios entre las categorías militar y civil,
así como en sus estructuras(
17).
- La
pericia de que son capaces los militares en el campo de sus funciones
específicas pueden constituir una de las características de
profesionalismo que contribuye para una intervención. Ellos, los
militares, visualizan a la nación desde el punto de vista militar
esencialmente, como una reserva de potencial humano y material en
condiciones de ser movilizados para la guerra (Finer, 1962). Los
militares son, según estos autores citados, especialistas absolutos en
el ejercicio de sus funciones sobre las cuales tienen una autoridad
indiscutible, impregnados (agregaríamos) con las consideraciones de una
ética absoluta, por eso cuando están en desacuerdo con una política
inapropiada de Seguridad y Defensa gubernamental se juzgan en el deber
de imponer sus puntos de vista, defendiendo "todo aquello que
consideran como su base civil de operación" en sus aspectos
territoriales, socio-económicos o políticos, y según nuestro estudio, también en su aspecto científico-tecnológico.
Quizás lo más importante de estas dos premisas anteriores, está en la advertencia que hace Finer, en su libro "The Man on Horseback"
publicado en 1962, en donde expresa lo absurdo de pensar que una
intervención militar podría ser evitada solamente a través del
profesionalismo de lo cual podríamos interpretar que la preparación
tecnológica y gerencial de la FAN no basta para evitar una irrupción
violenta de los militares en el Sistema Político(18),
y contrariamente, la preparación técnico- profesional del militar,
unido a la aplicación de una "etica sin tergiversaciones" podría
convertirse en un catalizador que aceleraría una intervención violenta
en la política.
En
referencia a la cooperación conjunta de civiles y militares para
contribuir al desarrollo tecnológico y social, Rincón revela en su
tesis de grado en 1996, que "obrar en beneficio de la sociedad"
como orientación de la doctrina militar basada en la preparación de la
FAN, está influenciado por el poder de la ideología capitalista lo
cual, agregaríamos, resulta hoy paradójico en una llamada "revolución"
con reminiscencias comunistas y que critica ampliamente el
"neoliberalismo salvaje" (19);
pero que ello no significa que las Fuerzas Armadas (aunque hoy día
aparezca en singular) constituye una estructura monolítica, ni tampoco
el Estado.
Rincón
(1996:119) basa su argumento en el hecho que la organización militar
como formas de organización social, está compuesta por individuos con
diferentes orígenes, creencias, expectativas, intereses, (y ahora
agregaríamos, con diferentes tendencias políticas no beligerantes según
la nueva "Constitución de la República Bolivariana de Venezuela"), los
cuales implican distintos niveles de rivalidad tanto a nivel individual
como a nivel de grupos(20)
y pone como ejemplo, las jóvenes generaciones de suboficiales y
oficiales subalternos: subtenientes, tenientes y capitanes, quienes se
inclinan hacia el patrón tecnocrático y profesionalista; pero
que pueden identificarse por un lado, con la tendencia acomodaticia y
"arribista" que caracteriza a los altos oficiales (generales y
vicealmirantes tradicionalmente alineados con la cúpula económica y
empresarial y como siempre gubernamental, agregaríamos); y por otro
lado, pueden identificarse con posiciones críticas y nacionalistas, "especies
de reservas morales, representadas en grupos minoritarios que hacen
vida alrededor de la oficialidad media: capitanes, mayores,
tenientes-coroneles" .
En
relación a estas tendencias, J. Machillanda (en El Globo, 11-04-96:5),
afirma que la tesis del descontento en el medio militar está y ha
estado presente y podría señalarse que crece, debido a la incapacidad
del gobierno nacional para dar respuesta a la carencia de una buena
gerencia en cuanto a equipamiento tecnológico, a la continuidad en los
comandos y jefes en la institución, y sobre todo el "control subjetivo"
que ejerce el comandante en jefe con la altisonante condición de
discrecionalidad que otorga la ley. Para este autor conocedor y
estudioso del ámbito militar venezolano, "el control subjetivo" es la
aplicación del poder político, tratando de influir de manera sesgada en
la institución, potenciando el amiguismo, el clientelismo, la
co-optación, para ganarse jefes y comandantes por adhesión. Para Regan
(2001:16) por su parte, el control político (o control subjetivo) de
las fuerzas armadas conlleva a que se les exija a los militares
"actuaciones inapropiadas", que incluso pueden desafiar la lógica
militar debido al propósito de satisfacer un objetivo político urgente,
poniendo de ejemplo la batalla de Goose Green durante el conflicto de
las Malvinas en 1982, o durante la intervención británica en Grecia en
1941. Esta desviación de las tareas "lógicas" de los militares,
correspondiente a la interpretación de política nacional caracterizada
por su distanciamiento con la ética, aumentan el descontento en el seno
de algunos grupos de la FAN, contribuyendo a la probabilidad de una
intervención violenta de los militares en el sistema político
venezolano.
Por
otra parte, para contrarrestar cualquier tendencia golpista violenta se
aconseja (Alonso Baquer,1988) que sea engendrada y sostenida la
organización militar plural, híbrida y segmentada donde quepan grupos
adscritos a lo institucional (armas combatientes), a lo ocupacional (cuerpos facultativos) y a lo organizativo
(estados mayores y cuerpos administrativos). El Modelo Híbrido
propuesto por Moskos (en Alonso Baquer, 1988), permite paliar los
peligros que se manifiestan cuando el "ideal patriótico" interpretado desde el ángulo institucional intenta perturbar el equilibrio social; cuando el "ideal tecnológico"
interpretado desde el ángulo ocupacional persigue el logro de la máxima
eficacia pese a lo falta de humanitarismo que resulte y cuando el "ideal del control burocrático" interpretado desde el ángulo organizativo, queme todas las iniciativas de cambio. Este modelo híbrido propugna con un cierto equilibrio,
las moderaciones de la profesionalidad: modera las explosiones
nacionalistas, las exageraciones técnicas y las formalidades rigurosas:
"es un modelo subordinado a las directrices de las autoridades legítimas. Hacia este modelo podríamos orientar a la Fuerza Armada Venezolana.
CONCLUSIÓN
En el
presente trabajo, hemos analizado la diferenciación entre la "ética
absoluta" y la "ética relativa" dentro del contexto de la aplicación de
la violencia por parte de los militares, uno de los aspectos más
cuestionados en referencia a la ética. En relación a la pregunta si los
militares venezolanos se caracterizarían como administradores de la
violencia o gerentes sociales podríamos afirmar que desde su "génesis"
en el proceso de formación de las academias militares, puede observarse
la internalización de los aspectos éticos con una orientación hacia la
aplicación sin tergiversaciones de una "ética absoluta", la cual
justifica el uso de la violencia en determinadas circunstancias,
teniéndose como una de las más importantes "virtudes militares", al
menos en términos teóricos.
Al mismo tiempo, una vez
intentado relacionar los procesos de adquisición de tecnología militar,
podemos comprobar que en la práctica, más que una ausencia de ética por
parte de los militares en cuanto a su actuación en estos procesos,
existe un distanciamiento con la misma, interpretado como una
"relativización" de la ética, la cual en determinadas condiciones
(necesarias y suficientes), podría requerir una "absolutización" de la
misma y contribuir a un intervención violenta del sistema político
venezolano. Quizás una de las características de los últimos tiempos,
es la profundización de los hechos de corrupción, de la cual no escapan
civiles y militares. Pero ninguno de éstos podría aisladamente servir
de "paladín de la virtud" para derrotar las malas prácticas, y tal como
se determina en este estudio, la cooperación de ambos para el
desarrollo social y tecnológico, podría ayudar a mitigar las
incompatibilidades de principios entre civiles y militares.
De
cuidado especial, se reviste un enfoque "miope" que permitiría por un
lado incrementar la incompatibilidad de principios entre ambos grupos,
poniéndolos a competir por las mismas posiciones de poder o posiciones
de liderazgo en la gerencia social (con marcada preferencia hacia los
militares a través del mencionado "control subjetivo de los mismos") y
por otra parte, un enfoque "miope" ignoraría la consideración que hacen
los militares de los civiles como su "base civil de operación". La
ventaja de grupo, está precisamente en el legítimo y legal manejo de
las armas o tecnología militar lo cual hace la diferencia como ha sido
expuesto a través de este trabajo, y también hace pertinente una
recomendación tal como la implantación en la Fuerza Armada del Modelo
Híbrido de Moskos, el cual permite moderar las explosiones
nacionalistas, las exageraciones técnicas y las formalidades rigurosas. Cuál
opción tendrá sentido poner en práctica: el militar como administrador
de la violencia o como gerente social, dependerá de cómo los
responsables de las políticas hacia el sector defensa reorganizarán a
la Fuerza Armada Nacional, de su visión de la misma y de sus
habilidades para planificar y ejecutar tales políticas.
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